Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 108 - ver ahora
Transcripción completa

Esta tarde va a venir Carlos a buscar el frontal

que se dejó en la excursión. Sí... El frontal.

¡Chicas! No, no, un momento.

¿Qué pasa? ¿No estáis escuchando?

(AMBAS) ¿Qué?

Violines.

¡Por favor! ¡Qué burras sois!

Va, parad.

Bueno, toma. Gracias.

Y... Oye, nosotros ya hemos cenado, pero ¿quieres tomar algo,

una cervecita? Sí, claro.

Sí. Así relajamos.

A partir de ahora

voy a ser el mentor de nuestra joven aspirante

a abogada. -Pues me parece una muy buena idea,

la verdad.

De Francisco no te preocupes. Perdió el poder.

No se fía de sus socios y ellos no le aguantan.

Jesús le robó el despacho, y Lourdes, su mujer, acabo de saberlo,

le ha echado de casa. Se ha ido a un hotel.

Había pensado que podía venir aquí hasta que alquile un piso.

Porque vivir en un hotel es lo más solitario que hay.

Aquí solo hay esa galleta.

Cómo echo de menos los desayunos de mi madre.

Envenenar a un perro porque molesta a tu gato es bastante excesivo.

-¿Tú crees que lo hicieron Paula y Gonzalo?

-Eso aseguran nuestros clientes.

Ya me he dado cuenta de que la única razón por la que dejé a Madison

es lo que siento por Julia. Y los dos estáis libre. A por Julia.

No. Es que ahí está la cosa.

Que creo que Julia está con alguien.

¿Entonces qué haces, qué esperas? Ataca con toda la artillería ahí.

A lo mejor está empezando algo serio y entro a interrumpir.

O sea, por favor, Giorgio, tío. En el amor y en la guerra vale todo.

Gente como Jorge no necesita trabajar, pero no está mal hecho.

Eh... Héctor, Jorge trabaja mucho.

Soy su secretaria y así me consta.

No es ningún niño pijo que no hace nada.

Creo que sigues enamorada de Jorge.

Más clara ya no puedo ser.

Que sigo sintiendo cosas por Jorge es evidente, pero enamorada no.

Dime que no estás enamorada de Jorge.

Pues estás guapérrima tú hoy. No, ya pago yo.

Gracias. Ay, gracias también.

Toma. "Merci", nena.

De nada.

La verdad, es bonito tener esta sensación

como de que estamos empezando algo y de que lo podemos compartir, ¿no?

Sí. Yo también estoy muy contenta. Qué bien.

Pero yo no tengo claro que esté empezando nada, ¿eh?

Ah, ¿no? ¿No estás con Héctor?

A ver, eh... Sí, estamos saliendo.

Pero que tampoco hay nada serio. Quiero decir, que todavía no...

Ah, no os habéis liado todavía. Bueno.

No. No pasa nada.

Pero imagino que si seguimos quedando, en algún momento...

Seguro, claro que sí. Pues yo con Carlos,

ni nos hemos besado, pero tengo la sensación

de estar empezando algo.

Qué bien. Me alegro mucho por ti, de verdad.

¿Y os volveréis a ver? Sí.

No sé, digo yo... Con la excusa... de devolveros algo.

No hace falta ya devolvernos nada.

Hemos quedado hoy para hacer ejercicio.

Ah, ejercicio. ¿Qué?

¿Qué tipo de ejercicio? ¡Por favor!

Hemos quedado para... ir a caminar por el parque y ya está. Nada...

Nada más. Ay, no sé. Estoy como... Como emocionada,

porque después de tantos años con José,

no sé, esto es nuevo,

y tengo una sensación como de... Como de vértigo.

Exacto, como de vértigo.

Pues disfrútala, Sofi. Esa sensación puede ser maravillosa.

Sí. Gracias. Vamos a trabajar. Vamos.

(Sintonía "Derecho a soñar")

Qué honor que me invites a tu despacho.

-Siéntate, por favor.

-Volvemos a hacer negocios.

-Depende de ti que volvamos a hacer negocios

o que nos llevemos mal. -Ya empezamos

con las amenazas.

No eres nada diplomático. -Quiero ser claro, no diplomático.

-Pues adelante.

-¿Qué hacías en el despacho de Victoria?

-¿Qué dices? -Quiero saber

qué hacías en el despacho de Victoria.

-Pues estaba echando una cabezadita. -Ya.

Echando una cabezadita. ¿Y no estabas mirando su ordenador?

-No digas estupideces. ¿Qué voy a hacer yo mirándolo?

-Pues no lo sé, déjame pensar. ¿Quizá buscar algún contacto?

-Ah, contacto. Como esos a los que tengo derecho y me negáis.

-Entiende que te estoy protegiendo.

-Oh. Eso sí que es nuevo, protegiéndome.

¿Se puede saber de quién?

-De los mismos que mataron a Felipe Leiva.

¿O quieres acabar como él?

-Felipe Leiva acabó como acabó porque no quiso colaborar.

Mi caso es exactamente contrario.

Sí, entregué a Fajardo, pero a ellos les protegí.

-"Les protegí". Francisco, no seas hipócrita.

Si no lo hiciste es porque no conocías sus nombres.

-¿Tú qué sabes lo que yo conozco o no?

-¿Qué crees que pasaría

si por tu cuenta y riesgo contactaras con ellos?

-Pues no lo sé, pero me gustaría averiguarlo.

Siéntate.

¿Hace falta? Sí. Sí, sí.

Debo hablar un tema delicado contigo.

Claro.

Quiero repasar todos los detalles del viaje de Ángel a las Caimán.

Ah... Del viaje. ¿Qué quieres saber?

Yo solo me encargué de los billetes y del alojamiento.

¿Tú podrías repetir

toda la información que le diste al fiscal?

¿Está todo bien? Porque no quiero volver a aquella época.

Está todo bien, no te preocupes.

Vale. Solo que yo quiero ordenar...

algunos datos. Ya está. ¿Vale?

Pues si quieres puedo recopilar todos los documentos

que le presenté al fiscal. Perfecto.

Eso me vendría muy bien.

Otra cosa: hay un pendrive

que me dio Ángel en su momento. Es gris.

Tú no lo habrás visto por ninguna parte.

Ay, no... No lo recuerdo, la verdad. No sé.

¿Cuando te cambiaste de despacho

lo trajiste aquí todo?

Sí, yo creo que sí. ¿Sí?

¡Ah! Es uno que iba en una cajita, ¿no?

Sí. Yo creo que debe estar en uno de estos cajones. ¿Te ayudo?

No, ya me encargo yo. Gracias.

Vale. Gracias.

Pues me pongo a ello ahora mismo. Muy bien.

"¿Te importa la raza, la edad o el tamaño del perro al adoptar?".

Pues no.

-Oye, y digo yo: ¿tú no preferirías adoptar a un joven

con un futuro prometedor?

-Quita, quita. Yo desde Pietro, no.

Yo prefiero relacionarme con animalitos.

-Hombre, las tía siempre decís que somos unos animales.

-Yo no lo digo. Bueno, después de Pietro igual sí.

Pero yo quiero un animal que me mueva la colita al llegar,

me haga fiesta, me llene la cara de lametones...

No un animal que se vaya a Italia sin avisar

y me dé la puñalada trapera, ¿sabes?

-Ya. No, si tienes toda la razón.

-A ver, "metros cuadrados de tu vivienda".

¿Eso se mide con los pasos o con...? No me acuerdo ya de cómo se mide.

-Yo lo sé medir.

Cuando salga, puedo pasarme, te ayudo y preparamos

la llegada del bicho. -No. Tampoco te quiero molestar.

Además, mi casa está bien apañada para tener perro.

No creo que vengan a ver cuánto mide mi casa.

Tengo unas ganas de quitarme esto de encima y de adoptar...

Me apetece tanto tener un cachorrito...

-¿Tú sabes que igual no es un cachorrito?

-Bueno, me da igual. Me gustaría que fuera un cocker.

Con las orejitas caídas, ¿sabes?

Me encantan. Tienen una carita como de pena.

-Ya, pero es que igual tampoco es un cocker.

-Bueno, ¿te cobro? -Sí.

Eh... Los dos, ¿vale? Uno es para don Francisco.

-Ah. ¿Está en la oficina? No le he visto subir.

-Ya ves. La cárcel le cambió las rutinas.

-¿Y qué tal el ambiente por ahí?

Llevas siempre camisas superchulas.

Hola. -Azúcar, por favor.

-Ah, vale. ¿Te vale en forma de rosquilla?

-No, que tiene demasiado hueco.

Quiero un cruasán de chocolate más grande que un mamut.

-Oye, yo...

quería consultarte

por páginas para buscar piso. -Ah, luego.

Ahora mismo necesito café, azúcar y bien de grasas trans.

-¿El piso es para ti?

-Sí, hija, sí. Al final abrazo la independencia.

Muy bien, ¿verdad? -Muy bien.

-Hala, hasta luego. -Hasta luego.

Oye...

¿Es verdad que le ha echado la madre?

-Yo no sé cómo le ha aguantado tanto tiempo.

Bien.

A ver.

A ver por dónde empezamos.

-"Buena pregunta. Soy tu asistente. ¿En qué puedo ayudarte?".

-No hablo contigo. ¿Por qué me contestas?

Lo que necesito ahora es concentrarme.

-"No puedo responder a eso".

-Pues si no puedes, mejor que te calles.

Eh... Perdona, ¿te interrumpo?

No, qué va. Pasa.

Tranquilo. Dime.

¿Todo bien?

Todo bien. ¿Seguro?

Seguro.

Nada, solo quería preguntarte si habías hablado con Larrechea.

No. La verdad es que no.

Lo tengo presente, lo haré.

Pero he contactado con el perito.

Ah, perfecto. Muy bien. Sí.

De todas formas, lo de Larrechea no lo dejes mucho,

que nos interesa saber su opinión.

Por supuesto. ¿Vale? Gracias.

Hasta luego.

¿Te... cierro la puerta? Sí, gracias.

Veamos: la casa de nuestros clientes está separada de la de sus vecinos

por una valla de madera antigua.

Y me di cuenta que tenía una parte rota

por donde puede pasar un perro ágil como es...

Bueno, como es no, como era Sultán.

-¿Y hablaste con los vecinos?

-Sí, tuve suerte. Bueno, suerte.

Sacan a pasear a los perros cada tarde, y hablé con ellos.

-¿Y qué averiguaste? -Pues...

Lucía tiene razón, y lo que dice es verdad.

Parece ser que Gonzalo tenía al perro sentenciado.

He citado a la vecina de enfrente

para que venga a declarar esta tarde.

-Muy bien. Me estás poniendo de los nervios.

¿Qué te pasa, qué tienes?

-Ya. Es que hay una plaga de hormigas en la urbanización,

y ayer fui su merienda, y me estoy...

-Pues haz el favor de ir a la farmacia a por una pomada.

Así puedes trabajar tranquila. Venga.

-Yo pensaba cortarme las piernas.

Me encanta ese anillo, Carlota.

Me encanta, de verdad. Es precioso.

¿Dónde lo has comprado?

Por cierto, ayer Reyes no paraba de mirártelo.

Aunque no solo miraba el anillo.

-¿Sí, seguro?

-Segurísimo. Para ser actor

disimula bastante mal. Es que no paraba de mirarte, Carlota.

No paraba.

Jorge, aquí tienes la documentación sobre patrimonio histórico.

Gracias. Déjalo...

Bueno, donde encuentres un hueco.

¿Qué estamos, de mudanza o qué? No.

Creía que ya asignasteis un despacho a Don Francisco.

Sí, sí. Y por suerte no es este.

No, qué va. Estoy recogiendo un poco el despacho,

que lo tengo que daba asco.

Pues hablando de orden,

¿tú has oído hablar de la gurú japonesa del orden?

¿La qué?

Bueno, una gurú que da consejos sobre orden.

La que escribió "Ordena tus sueños". ¿Te suena?

No. Pues digamos que...

Su filosofía va mucho más allá del simple acto de recoger.

Pues igual debo comprarme su libro.

En parte hago esto porque nunca encuentro nada.

Es interesante lo que dice.

Dice que cuando tú te pones a ordenar

una habitación, tu casa o lo que sea,

pues en ese momento también ordenas tus pensamientos y tu pasado.

Y que ahí es cuando te das cuenta de las cosas que necesitas.

Quiero decir, que tiene sentido.

Pues me viene muy bien, porque...

creo que estoy en un momento de mi vida

donde por primera vez tengo claro lo que necesito.

No sé, a lo mejor...

te estoy contando todo esto y esta gurú no existe.

¿Cómo no va a existir? ¿No?

Héctor me comentó el otro día que lo que hacen muchas editoriales

es contratar a redactores profesionales

para que se encarguen

de escribir este tipo de libros.

Que no son expertos, pero se documentan,

y luego firman con pseudónimos.

Como el caso de Nora Lavanda.

Exacto, lo mismo. Ya...

Así que... Héctor y tú os estáis viendo.

Cenamos con Oli, los tres.

Oye, mira, yo sé que no tengo derecho

a meterme donde no me llaman, pero...

Bueno, antes te estaba diciendo que...

que es un momento de mi vida en el que tengo claras las cosas.

Sé lo que quiero, lo que no... Es por eso que...

No, Jorge. No sigas, por favor.

Eh...

A ver.

Yo me alegro mucho de que tú tengas las cosas claras.

Pero yo todavía estoy tratando de aclararme.

A ver, que a lo mejor no me he explicado bien.

Lo que quiero decirte es que por fin

tengo claro lo que siento. Después de todo este tiempo y estos meses...

No, Jorge. Es que no lo quiero oír. De verdad, no quiero.

Mira, eh...

Yo no quiero dejarme llevar por lo que sienten los otros.

Necesito saber qué siento yo.

Y... para saberlo necesito...

necesito tiempo y espacio.

Necesito escucharme a mí misma.

Entonces no... ¿No estás con Héctor?

No, Jorge. No se trata de si estoy con Héctor o no.

Lo que necesito es tiempo para saber qué quiero

y en quién puedo confiar.

Sí.

De verdad, te agradecería que lo respetaras.

Por supuesto. Claro. Además, no puedo hacer otra cosa.

Y no te estoy imponiendo nada ni quiero forzar nada.

Es tu vida y son tus tiempos.

Tienes todo el derecho del mundo.

Y... me gustaría que en el trabajo solo habláramos de trabajo.

Por supuesto. Que yo a veces me lío

y empiezo a... No, ahora he sido yo.

Te pido disculpas. No, ya está.

Bueno, me voy a poner con la ley de Patrimonio Histórico,

que me da a mí que... tiene tela, sí.

Sí.

Un poco como nosotros.

Pues sí, como nosotros.

Toma, hija. -Gracias por ayudarme.

-La próxima vez le pides ayuda a tu mentor.

-Calla, que por su culpa voy como el culo.

-Relaja, que solo intentaba ayudarte. -¿Contándome sus batallitas?

Solo he aprendido a hacer horas extras

para suplir el tiempo que le escucho.

-Y eso que no te contó toda la verdad.

-¿Qué quieres decir?

-Que antes de que ganase ese caso,

como te había contado durante media hora con pelos y señales,

ya había perdido cuatro antes. -Te lo estás inventando.

-No. Está todo en las redes. Que cuenta lo que quiere.

-¿Y tú ahora por qué indagas tanto sobre don Francisco?

-Ven. (SUSURRA) Ven.

Te voy a contar un secreto. Pero lo guardas a cal y canto.

-Vale. ¿Qué pasa? -Pero si te digo que es

a cal y canto, es a cal y canto.

Francisco me ha pedido que le mire el ordenador a Victoria.

-¿Cómo? ¿Y tú lo has hecho?

-He conseguido acceder a su correo. -Pero ¿tú estás loca?

Te puedes meter en un buen lío.

-Bueno, yo no puedo más con Victoria. Me tiene harta.

Y todo lo que sea comando anti-Victoria, bienvenido sea.

-Vale, pero esto me parece demasiado.

-¿Tan exagerado te parece?

-Sí. ¿Sabes qué quiere don Francisco?

-Me ha dicho que no pregunte, pero es lo que suele hacerse.

-Hablas como una delincuente a sueldo.

-Es que ha sido emocionante.

He conseguido meterse en su ordenador y en su correo sin rastro.

-Vale, y te felicito.

Pero deberías saber qué quiere Francisco. ¿Por qué Victoria?

-Si es nueva. Es que ni la conoce. -Pues por eso mismo será.

Porque no sabe quién es y querrá saberlo. No sé.

-Está claro que busca un correo. Por eso lo de entrar en su "mail".

-Que no. No será ningún "mail" en especial.

Querrá ver si es trigo limpio.

-Pues va a ver que no lo es.

Igual yo como su pupila le puedo sacar algo de información.

-No, ni de coña. Como digas algo, te mato.

-Vale. Pero...

-¿Qué?

-Que si necesitas ayuda, pídemela. Me gusta el comando anti-Victoria.

-Vale. Pero ni una sola palabra.

-Vale.

¿No podemos ir más despacio?

-Si no puedes, cogemos un taxi. -Que no es eso.

Pero es molesto. Me pegan las bolsas en las piernas.

No es cómodo ir por la calle cargado con medio almacén.

-Pues nos sentamos un poco, coges aire y dejas de quejarte.

-Yo no me he quejado. -Pues eso, no te quejes.

-¿Estás contenta con las compras? -Claro.

-Pues eso es lo importante.

Que tengas todo lo necesario para las tareas del hogar.

-Oye, ¿tú qué crees, que eso es cosa de mujeres?

-Pues es cosas de... Bueno, también es de hombres, sí.

Todos estos aparatejos son unisex, como los baños del bufete.

-¿Los baños del bufete lo son? -Bueno, que sí. Lo importante

es que te haga la vida más fácil. -Eso digo yo.

¿Para qué arriesgar mi vida sacando medio cuerpo al vacío para limpiar

pudiendo comprar un robot que lo haga?

-Eso. Se acabó. La limpieza, un riesgo.

-Nunca más. -Nunca más.

Solo falta que inventen un robot para hotel

que me salude por las mañanas,

al que decirle que el café está poco cargado,

que me ayude a escoger corbata...

-¿Y por qué no me has invitado a desayunar a tu hotel?

-¿A mi hotel? -Sí, Paco, a tu hotel.

No sé, un desayuno romántico en la habitación

no suena nada mal. -No, si tienes razón.

Mira, estoy tan falto de cariño en este momento

que entro en la habitación

y me imagino que es la celda. -Ya.

Imagino lo que has debido pasar.

Te mentiría si dijera otra cosa. -Si es que...

Mira que volver a casa de tu mujer. Qué pocas luces

tienes a veces. -Ah... Sí, sí.

No, en casa de mi mujer, es cierto.

Ha sido todo lamentable. Lo he pasado fatal. Un infierno.

-Era de esperar que salieras de allí. Tarde o temprano debía pasar.

-Pues ya está. Aquí estoy, libre de verdad.

Sí. Dispuesto a empezar una vida nueva.

-He hablado con Alba.

Puedes venir a casa unos días.

Hasta que encuentres piso. -Ah.

¿De verdad? Oye, tampoco quiero ser una molestia.

Si igual es mejor dejar las cosas como están, ¿no?

-Eso es decisión tuya. Pero yo te digo

que como en mi casa, en ningún sitio.

-Desde luego que no. Por supuesto.

Ya me estoy imaginando cenando juntos...

Qué placer, ¿eh? Pasar día y noche con vosotras.

-Espero que sea mutuo, pero no te acostumbres.

Es algo temporal,

hasta que tengas tu piso de soltero.

¿Queda claro? -Sí, sí.

Tú mandas. -Claro que mando yo.

Que no se te olvide. -No se me olvida.

Por fin vamos a ser una familia.

-Bueno, pero no una cualquiera.

Yo no estoy acostumbrada a compartir cama, y necesito descansar.

-Lo entiendo perfectamente. -Entonces también entenderás

que como para mí es importante

que conservemos la pasión, durmamos separados.

-Pero si en la casa hay dos habitaciones.

¿Cómo separados? -Por eso. Dormirás en el salón.

Como ya conoces el sofá de las siestas,

no te pasará nada por pasar ahí la noche.

-Vale, bien. Pues hala. Ahora vamos a coger un taxi.

-Paco, cuidado con las bolsas.

Es usted vecina de Marcos y Lucía Garrido.

¿Conocía a Sultán, el perro de Lucía y Marcos?

-Sí.

-¿Ha presenciado alguna vez a Gonzalo Balló

proferir amenazas de muerte contra Sultán?

-Sí, amenazas de muerte.

-¿Ha visto en alguna ocasión a Gonzalo

perseguir y amenazar con un palo de escoba

por el jardín de su casa a Sultán?

-Sí, en numerosas ocasiones.

-¿Sabe si Sultán acostumbraba a perseguir a Luna,

la gata de Gonzalo? -Sí, frecuentemente.

-Bien. ¿Y cree

que representaba un peligro el perro para la vida de la gata?

-Señoría, pido la impugnación de la pregunta.

-Aceptada.

-No hay más preguntas.

Tengo los resultados de la investigación del perito.

Ah, perfecto.

A ver, cuéntame.

Las piezas no se han podido datar exactamente,

pero sin ninguna duda son auténticas.

Quizá del siglo II o III antes de Cristo.

Entonces sí que tienen valor.

Son vestigios de arte ibérico. Ni más ni menos.

Pues Elena insiste en que las piezas no tienen ningún valor,

que el primer examen

no dijo nada...

Y yo le creo.

Si no, no me explico que permita

que su hijo regale las piezas a los clientes.

¿Su hijo regala piezas a los clientes?

Sí.

¿Estás seguro de eso? Sí, claro.

Es lo que te decía. Ella insiste

en que el primer examen dijo que las piezas no tenían valor.

Entonces a modo de detalle o de...

atención con los clientes, les regalan las piezas al irse.

Según nuestro informe, son restos arqueológicos relevantes

que deben ser patrimonio histórico y estar bajo custodia.

Si todo eso lo sabe el hijo de Elena,

quizá esté haciendo negocio

con esos suvenires que según él regala por ahí.

Crees que el hijo tiene un negocio ilegal de objetos artísticos.

Necesitamos evaluar la situación,

pero no podemos descartar ninguna posibilidad.

Porque es 100 por 100 seguro que estas piezas son una reliquia.

De eso no hay ninguna duda.

Pues a ver qué hacemos.

Yo he mirado la ley de Patrimonio Histórico, que por cierto,

tengo unas cosas que consultarte, porque oye,

yo no la recordaba tan compleja. He pasado horas.

Y polémica. No es nada transparente esa ley.

Bueno, veremos lo que hacemos.

En mi opinión, todo apunta a que el hijo ha hecho trampas.

Y lo ha hecho a espaldas de su madre.

Si él era conocedor del valor de las piezas, tiene sentido

que quisiera ocultar el yacimiento.

Así se evitó que entrase la Administración,

le parasen las obras, los permisos...

En definitiva, que pudieran montar el hotel.

Hay que seguir investigando en esa línea.

Lo primero es tratar de localizar a los peritos del primer informe

y averiguar en qué se basaron.

Voy a ver si en internet encontramos algo.

Perfecto. Yo voy a seguir con la jurisprudencia.

Ah, y recuerda llamar a Larrechea. Es importante.

Sí. Hay que llamar a Inés Larrechea, sí.

(TELÉFONO) "Llamar a Inés Larrechea".

"Llamando". -No, Sari. No.

Sari, no llames.

¡Chis, para!

¿Necesitas ayuda? Solo un momentito.

-"Hola, ahora no puedo atenderte".

"Por favor, deja tu mensaje tras la señal".

(Pitido)

Usted afirma que varias veces ha visto a Gonzalo

perseguir a Sultán con un palo.

¿En alguna de esas ocasiones

le vio usted proferir un golpe al perro?

-No. No lo vi.

-Ah. Entonces se podía decir

que era solo una medida intimidatoria

para ahuyentarlo de su jardín.

El viernes 23... El 23.

Fue el día del deceso de Sultán.

¿Lo vio colarse o merodear en el jardín de los vecinos?

-No, en el jardín no.

-Con la venia, no hay ningún testigo que alegue

haber visto a Sultán en el jardín de mi cliente.

-Letrado, limítese

a interrogar a la testigo presente en la sala, por favor.

-Bien, señoría.

Usted ha declarado

que Sultán se escapaba con frecuencia.

¿Siempre lo hacía por casa de los vecinos

o por algún otro sitio?

-Deambulaba por cualquier sitio.

-¿Está en conocimiento de las denuncias

que habían interpuesto Lucía y Marcos contra otros vecinos de la zona?

-Sí.

-Sí. Muy bien.

Me gustaría hacer constar en acta

que Lucía interpuso tres demandas, tres,

contra miembros de su vecindario.

Una por contaminación lumínica,

otra por...

contaminación sonora y otra por temas de basuras.

-¿Y eso qué tiene que ver?

-¿Diría usted que Lucía y Marcos son vecinos queridos?

¿O son más bien vecinos conflictivos?

-¿Qué se ha creído? ¡Esto no es ni justicia ni es nada!

-Le llamo al orden.

-No tenemos la culpa de que matasen a nuestro perro.

Él es el asesino. -Lucía, por favor.

-Es que no estamos aquí para juzgar si soy buena vecina.

Gonzalo tiene la culpa de todo.

-A la siguiente se va fuera de la sala. ¿Lo ha entendido?

Seguimos.

Sé un caso muy mediático.

Sí. Estaba ahí toda la prensa, pendiente de mi interrogatorio.

Tendría yo 28... No, 27 añitos tenía yo.

Esto no se lo cuentes a nadie, pero yo por aquella época

me tomaba siempre una tila antes de empezar cualquier caso.

Sí. Esto te lo cuento

para que veas que los grandes tenemos nuestras debilidades.

No hay que avergonzarse de nada.

-No, si yo no me avergüenzo. Es algo humano.

-Ni yo. Por eso te lo digo. Pero que quede entre nosotros.

Lo importante es que conseguí recuperar

todo el dinero para mi cliente.

Toma nota: 25 millones de las antiguas pesetas.

Era una gran cantidad. Una barbaridad.

-Pero ¿ese dinero no era de las familias?

-No, era de mi cliente. Para eso está el Código Civil.

No. Según el artículo...

1001... Da igual qué artículo fuera.

El caso es que los dos firmaron sendos documentos

sin ninguna coacción, sin amenazas, por propia voluntad.

-Creo que era el artículo 1091.

Dice que las obligaciones de los contratos toman fuerza de ley

entre las partes contratantes.

Pero igual las familias no sabían lo que firmaban.

-Bueno, el caso es que nuestro deber como abogados

es conseguir que la ley se ponga de lado de nuestros clientes.

Ya está. Nadie está exento de sus obligaciones. Toma nota.

Esta es nuestra máxima.

Debemos cuidar de nuestros clientes,

y jugar todas las cartas que estén a nuestro favor.

-Tenía esperanza en no volver a verte aquí. Pero sigues usurpando

un lugar que no te corresponde.

¿Te ha quedado alguna duda sobre lo que se decidió en la junta?

-Siéntate, Carol.

Tienes razón, Carlota. Este despacho

es el de Jesús, sí.

Pero yo no he recibido por su parte ninguna disconformidad,

e intuyo que tú tampoco has recibido queja, ¿verdad?

¿No será algo personal?

Si nos permites seguir con la reunión...

¿Por dónde íbamos?

Pero aquí casi no hay pisos.

-Pues chico, es el mejor buscador.

O lo era antes del boom este de los apartamentos turísticos.

-Si me da igual que sea turístico.

Quiero un piso en condiciones, con terraza,

o vistas, o patio o algo.

-Te lo acabo de decir.

La gente prefiere alquilárselos a turistas. ¡Pagan mejor!

-Eh... Yo puedo pagar.

-¿Te digo cuánto cobra un alemán? -¿Cuánto?

-1500 euros mínimo. Y en Luxemburgo, 2000.

-¿2000 pavos? -2000.

-Si su jornada es de 35 horas.

-No me lo recuerdes. En fin, deja de soñar.

Por semana te costaría 800 euros mínimo.

¿Hago cuentas? -No, deja.

Nada de apartamentos turísticos.

De todas formas, aquí salen pocos.

¿Seguro que no me estás tomando el pelo?

-Yo creo que el que me toma el pelo eres tú.

Tu bolsa ha estado en mi sala de mantenimiento toda la semana.

Y creo que al "gym" no has ido.

-Eh... Pues te equivocas, porque voy todos los días.

-¿Sí? A ver. No se nota. -¿No?

-¿A qué has ido, a ducharte?

No sé qué insinúas, pero rebuscar en cosas de otro puede ser delito.

-"Sorry", pero es por la seguridad del bufete.

¿Y si es una bomba?

-¿Una bomba?

¿Una bomba?

¡Anda!

Charlie, te estaba buscando.

Tengo una tarea para ti. Necesito tener

toda la información sobre dos arqueólogos. Te mandé un "mail".

-Voy, voy. Vale. -No, no, espera.

Otra cosa:

¿Tú me podrías revisar el móvil?

Es que llevo días teniendo problemas con Sari.

-¿Con Sari? -Sí, la voz que sale.

-Ah, la asistente virtual. -Sí.

Está como que tiene vida propia. Me habla cuando quiere.

¿Podrías mirármelo?

-Sí, es fácil. Solo hay que desactivarlo.

Lo que pasa es que a veces se vuelve un poco loco.

-Ya, pero no desactives nada. Déjamela, por favor.

Tampoco se trata de...

Tú mejor revísalo y ya está.

Será algo de la configuración.

(Teléfono)

-"Sorry".

-¿Hola?

-"Sí. Tengo una llamada perdida de este número".

-Sí. Soy Jesús Zabálburu. La llamé hace un ratito.

-Hombre, Jesús. ¿Cómo estás? -"Bien, bien".

Es por un tema sobre la ley de Patrimonio.

Por una consulta a usted.

"Me imagino que tendrá una agenda complicada".

¿Cuándo le vendría bien que la visitara?

-Ah, pues sí. Nos vemos cuando quieras.

Mañana mismo.

-Vale, mañana.

No sé qué se me hará más raro, si vivir con mi padre o con mi jefe.

Lo raro es que se junten las dos cosas.

Además, después de tanto tiempo en la cárcel, el pobre...

¿Qué quieres decir? Que después de tanto tiempo

estará muy necesitado de vosotras, ¿no?

Tu madre estará muy contenta, ¿no?

Habrá soñado con este momento.

Yo creo que sí. Ella dice que no, pero yo creo que sí.

Yo cenaré con ellos y me iré a dormir con Ángel.

Así los dejo a solas.

Bien hecho.

Además, debo estrenar el secador. ¿El secador?

Es que me ha regalado cosas para casa, pero para dejarlas en la suya.

Ah. Uy, uy, uy.

Que esto huele a proposición.

Muy romántico. ¿A que sí?

No entendía nada. Pensé que era una indirecta.

Yo tampoco habría entendido nada.

Chicas, que un chico detallista vale por tres.

Sí. Pues sí.

Es como si se estuviese ordenando todo en mi vida.

Mi padre viene a vivir con nosotras, mi madre tiene solvencia,

Ángel está siendo un amor...

Me da miedo decirlo en voz alta.

No quiero despertar.

Que esto no es un sueño.

Eso te está pasando a ti aquí y ahora.

Así que disfrútalo.

A ver, Alba, yo no quiero ser aguafiestas, pero...

que tu padre se instale en casa también tiene sus contras.

Quiero decir, que la adaptación no es fácil.

Y te lo digo por experiencia. Nos pasó con mi hermano.

Francisco... no sé.

Bueno, pero no creo que pase eso. Mi padre es adulto

y ha vivido bastante. Irá todo como la seda.

Seguro.

Bueno, Sofi, ¿y tú qué tal?

Bien, bien. Hoy quedamos para ir a pasear.

Ah. Qué monos.

Sí.

A ver, es una estupidez,

pero como es una cita y a la vez vamos a caminar,

no sé si ir maquillada o no.

Siempre voy con los labios pintados. ¿Qué hago?

Pues tú tienes que hacer lo que tú quieras.

Ya, pues sí. Yo estoy con Julia.

Como ya sabemos que le gustas...

No, eh, eh. Eso no lo sabemos. Somos dos amigos que vamos a pasear.

Yo no quiero hacerme ilusiones.

Cómo eres, Sofi.

¿Y tú con Héctor? ¿Sabes algo más del plan sorpresa?

Eh...

Pero si es sorpresa. Claro.

Eh... Ay, chicas, no sé, pero esta sensación me encanta.

Qué bien. ¿Te imaginas?

Imagínate: te cita en un lugar público y te dice

que lleves solo una gabardina. ¿Puedes ser más peliculera?

¿Qué pasa, que a ti Ángel te lo ha pedido?

¿Te lo ha pedido? No, pero me encantaría.

Ah. Pues pídeselo tú.

Ay. Cuántas novelas has leído.

(Chasquidos)

¿Qué hay? -Hola.

-Oye, ¿qué ruido es ese?

-¿Eh? Tome asiento, que ya está el previo del partido.

-¿Qué partido?

-¿Cómo que qué partido? La final. Es hoy.

Me he bajado una aplicación para verla.

-Ni me acordaba. Madre mía. -No se preocupe. No se la pierde.

Y ahora que funciona esto, puedo ir a por el proyector.

-No, no te preocupes. No, si no voy a...

Además, que quiero saber de dónde sale ese ruido.

-Ah, no se preocupe. ¿No lo huele?

-Ay, ¿son palomitas?

-Una final sin palomitas...

-¡Palomitas! Cuánto tiempo sin probarlas.

Me acuerdo cuando mi abuela nos las hacía

en una sartén así de hierro, con una tapa.

Y para hacernos reír, quitaba la tapa y: ¡pa, pa, pa, pa!

-Nunca las he visto hacer así.

El microondas se carga la tradición.

Mi único recuerdo gracioso con las palomitas

es cuando mi madre abría el paquetón y se le caían.

-Mi abuelo decía que mi abuela desperdiciaba la comida.

Pero para nada. Nosotros nos tirábamos al suelo

a cogerlas todas.

-A mí también me flipaban. Una vez casi me asfixio.

Las palomitas son de las principales causas

de atragantamiento. Han muerto muchos niños...

Ya.

¿Y usted dónde guarda la maleta? -No, no.

Si no la estoy guardando. La he sacado, porque me voy.

Se han solucionado mis problemas.

Mari Carmen me ha rogado que me vaya a vivir con ella.

-Bueno, pero eso es una buena noticia.

-Ya te digo que sí. Por fin una cama caliente.

Tengo la espalda hecha polvo.

-Ya, normal. ¿Se queda a ver el partido?

-Ya me gustaría, pero no.

Me esperan para cenar. Soy cabeza de familia.

-No, claro. Es normal.

Pues nada, pues... supongo que esto es una despedida.

-En toda regla, sí.

Venga, ven aquí. Pero mañana por la mañana nos vemos.

-Sí, claro. -Chaval,

a ver si solucionas tus problemas.

Que no tienes edad de andar durmiendo así.

-Sí, no, no. Estoy en ello. Esto es menos que temporal.

-Bueno. Pues hala.

-Dele recuerdos a Mari Carmen. Bueno, no de mi parte, que no...

¿Quiere que le ayude? -Nada, nada.

Bueno, pues ya me voy.

Eres la definición perfecta de arreglada pero informal.

Pues sí, arreglada pero informal.

Ya. Yo es que lo de ir a pasear maquillada no...

No le veo mucho sentido.

Pero ¿por qué? ¿Qué pasa? Yo soy así.

Me gusta ir así. Yo siempre voy maquillada.

Álex, ¿me escuchas?

De verdad... Sácate los cascos para seguir hablando conmigo.

¿Qué quieres?

¿Que qué quiero? Ya soy mayor para saber cómo quiero ir a caminar.

Yo voy maquillada. Estoy cómoda. Claro.

Y como eres mayor, puedes hacer lo que quieras.

Claro. Y si no les gusta, que se aguanten. Yo estoy bien así.

¿A ti qué te pasa? ¿Cómo que qué me pasa?

Que papá me habría dejado ir de excursión.

Ya, claro. ¿Eh?

O igual no, pero al menos me habría dejado explicarme.

Que van a ir todos mis amigos.

Todos. Vale, es eso, ¿no? Papá.

Mira, no toques ese tema, ¿vale?

Esta situación es bastante complicada para mí también.

Estaría bien que te pusieras en mi lugar.

Si me pongo en tu lugar. Eres tú la que no se pone en el mío.

Soy el único pringado que no va a ir.

Que ya no es solo el hecho de no poder ir,

es el aguantar todos los días la coña de los amiguitos.

(Timbre)

De verdad... Acuérdate de recoger a Cris.

¿Ves? Esa es otra. Es que...

para ir a por Cris sí valgo. Hola, Carlos. Salgo.

Para ir a por Cris soy responsable, mayor y adulto.

Y para ir con los amigos soy un crío. Luego hablamos.

Hasta luego.

Mira. Hola.

Hola. -Hola, Jorge.

¿Qué te pongo? Pues una cerveza, por favor.

Y la más fría que tengas, ¿eh?

Estábamos intercambiando alguna receta.

Ah, qué bien.

Bueno, yo me voy. Os dejo. ¿No te quedas?

Eh... No.

Gracias. ¿Todo bien?

Todo bien. Hasta mañana, Jorge. Hasta mañana.

-Chao, Charlots. -Gracias, Olivia.

-De nada.

¿Qué tal, Oli? Pues aquí,

superando lo de Pietro.

Ya lo siento.

¿Y tú? Bien, bien. Nada...

¿Y qué tal por casa, todo bien?

Sí, sí. Estupendamente.

¿Hoy... también tenéis cenita?

¿Cenita?

Cenita.

¿Lo dices porque ayer cenamos...?

Sí, me lo contó Julia. Ah, te lo ha contado.

¿Y qué te contó?

Bueno, que estuvisteis cenando los tres muy a gusto.

Sí. Vino, risas...

Queso... Sí, sí.

¿Y no te contó nada más? ¿No te dijo lo del pique?

¿Qué pique? ¿Hubo un pique entre ellos?

Pero... ¿hubo mal rollo? He metido la pata.

He metido la pata. No, yo qué sé.

Hay plena confianza.

A ver, que quede clarita una cosa, ¿vale?

Yo no te he dicho nada de esto.

¡Eh!

No. Tú no me has dicho nada.

Pero soy abogado, y en nuestro bufete

guardamos el secreto profesional. Pues voy apañada.

A ver... ¿Me lo vas a contar o no?

Héctor te criticó.

¿A mí?

Perdona. Que me criticó en la cena.

Un poco. Ah...

¿Y se puede saber qué dijo el pequeño letrado sobre mí?

A ver, que yo no quiero que haya enfrentamientos entre vosotros dos.

Y el comentario fue inocente,

pero dijo que eras un pijo.

Qué original, vamos. Un pijo.

Claro. Muy bien.

Y eso te parece un comentario inocente, como...

A ver, que yo tampoco quiero que le cojas tirria, Jorge. Pero...

Lo que quiero que te quede bien claro

es que tú a Julia le importas.

¿Que yo le importo a Julia?

¿Y a qué viene esto ahora?

Porque te defendió a muerte.

¿Me defendió?

Sí. A mí.

Y cuando él dijo eso, ¿ella qué le dijo?

No. Te lo has creído tú que te lo voy a decir.

No me dejes así. Me sueltas así la noticia y no...

No, porque eso sería ya cruzar el umbral del cotilleo chungo,

y yo no soy cotilla. No.

Para nada. No lo soy.

No eres cotilla, y si me lo contaras, tampoco.

En todo caso serías...

una especie de heroína. Una heroína...

Del amor. Del amor, eso es.

Una heroína del amor

que lo único que hace es preocuparse y cuidar de su amiga.

Ojo, que tampoco te emociones. Yo no estoy de parte de ninguno.

Yo solo quiero que Julia esté bien,

y que elija a la persona que le hace feliz.

¿Sabes qué te digo? ¿Qué?

Que ya me encargaré yo de hacer todo lo posible

por que Julia elija bien.

Pues a ver si nos ponemos las pilas.

Toma. ¿Quieres algo para picar? No, qué va.

Con un poco de agua fría, perfecto. Perfecto.

Oye, que... me ha gustado mucho esto de ir a caminar y hablar.

Me he sentido a gusto.

Yo también.

Y siento si he sido muy pesada. Es que me acababa de pelear con Álex

y necesitaba alguien que me entendiera.

No te disculpes. Yo tampoco me quedé corto.

No. Te he contado cosas

que ni mis mejores amigos saben.

Bueno, pues me ha gustado mucho ser tu confesora.

Pero te digo una cosa:

si quieres que te guarde el secreto, tendrás que...

¿Qué? ...que ir a caminar más.

Vale, será un placer si me acompañas. Trato hecho.

La verdad es que aún tengo agujetas del fin de semana. La montaña...

La verdad, ese camino era difícil. Sí.

Yo no estoy acostumbrada a esto del senderismo...

Te acostumbrarás. Lo verás.

Bueno, la verdad es que no solo no estoy acostumbrada

a hacer ejercicio, sino que...

Que no estoy acostumbrada a ser madre soltera

y a tomar decisiones yo sola y esas cosas.

Ojalá los padres tuviéramos un gen

que nos permitiera confiar más en los hijos.

Haría todo más fácil.

Pues sí, sería más fácil, la verdad.

¿Y tu hermana? -Hola, "nen".

Ay, de verdad... Hola, "nen".

Oye, él es Carlos. ¿Te acuerdas, Álex?

Sí. Hola.

-Hola.

-Que acabo de hablar con Cris. Se quiere quedar un ratillo.

Así que voy a buscarla en 20 minutos.

Vale, perfecto. Que lo sepas.

Te quedas a cenar, ¿no? Álex, que Carlos tendrá sus planes.

-No tengo ningún plan mejor.

Ah, ¿no? Pues si te quieres quedar a cenar...

Si me invitas, encantado. No tengo nada especial, pero bueno.

No te preocupes. Cualquier cosa. Vale.

Había pensado en ensalada y una tortilla de patatas.

Perfecto. ¿Cómo cortas la patata para la tortilla?

¿A dados o a rodajas? No, rodajas.

Rodajas finas. Vale, me quedo.

Que si quieres... No. Eso es un sacrilegio.

No. La auténtica tortilla de patatas

se corta... a rodajas.

Sí. A ver, no es una teoría...

científicamente comprobada, pero sí empíricamente.

Yo soy un gran catador de tortillas.

Bueno, pues espero que seas un gran pelador.

Maravilloso.

Ah, ¿sí? Sí.

Pero voy a comprar vino para nosotros y helado para los niños. ¿Te parece?

Perfecto. Ahora vuelvo.

Bueno.

Esto ya está. Espero no haberme quedado corta de sal,

pero no quiero que te suba la tensión.

-Pero si estoy hecho un toro. A ver

lo que me ha preparado mi reina. -Adivina.

-¿Has hecho mi plato favorito?

¡Oh!

Ah... Al fin los tres juntos.

Esto es parte de un sueño hecho realidad.

No sabéis lo feliz que soy estando aquí,

compartiendo con vosotras mesa e intimidad.

-No te pongas tontorrón, que me emociono.

(SUSPIRA) Yo tampoco pensé que llegaría este día.

Yo tampoco. Pero porque pensaba que mi padre estaba muerto.

Ya, bueno. Tú tenías tus fantasías, pero vamos a dejar eso.

No, tranquilos.

-Bueno, basta ya de cháchara.

Por favor, ¿quién me sirve un poquito de este manjar?

A ver. Sí. Y otra más.

Y ya, vale. Ya está.

-¿Solo vas a comer este poco?

-El doctor me ha dicho que no cometa excesos por la noche.

Y me tengo que cuidar para ti.

A mí poquito también, que no tengo mucha hambre.

-Vaya, estáis hechos los dos un par de flojos.

-Lo que me dijo el doctor es extensible para los dos, ¿verdad?

Gracias. Ya sé que me repito,

pero es que me siento muy afortunado.

Vamos a pasar nuestra primera noche juntos.

Espero que recordemos esto como el principio de algo importante.

Yo luego había pensado en...

No sé, en... Ay. En hacer un brindis. Perdón.

No. No.

Es que había hablado con... para...

-Hija, si hablas, acaba la frase.

Nada, que he cambiado de opinión. Un momentito.

Ya ves cómo es la juventud. Todo el día con el móvil.

¿Un brindis?

-¡Sí! Estupenda idea.

-Compré lambrusco. -Ah...

No. Eh. Esto es cosa de hombres.

-Bueno, comamos, que esto frío no vale nada.

¡Ah! -¡Eh!

Oye, oye... ¿Son las 22:00 ya?

Por favor, ¿dónde está el mando? El mando de la tele.

Que tengo que ver el partido.

-¿Ahora vas a ver el fútbol? -El fútbol no, la final.

-¿Y es más importante que nuestra cena?

-¿Cómo va a ser más importante el fútbol?

No, pero la final es hoy. Cenas hay muchas. El mando.

¿Dónde está el mando?

(TV) "Saltan al terreno de juego...". -Gracias.

-"El equipo local...". -Cariño, cariño...

¿Te molesto? -"...a la derecha.".

"Gran partido de fútbol que vamos a ver en esta final".

¡Eh! ¡Buenos días!

-¿Qué hora es? -Las 9:00.

¿Qué haces aquí? -¿Y por qué no me suena el...?

-Vaya humor. -Sí, me has pillado. ¿Contento?

¿Qué me darías si te cuento un secretito

que haría a Tino comer de tu mano? -Lo que quieras.

Según el testimonio de su vecina,

varias personas pudieron matar a Sultán.

-Pero lo hizo Gonzalo. Lo mató él.

-Pero por mucho que lo repita,

si no tenemos pruebas, no vale de nada.

¿Te pasa algo? Que no quiero dar pie a cotilleos.

¿Qué cotilleos? Que hablen... Bueno, ya lo sabes.

La culpa sería de alguien que pasara por aquí,

nos viera trabajar juntos

y sacar las cosas de contexto. Claro.

¿Y no te parece que contra eso tú y yo no podemos hacer nada?

Don Francisco no me suelta, y tengo problemas con Victoria.

Yo pensé que tener como mentor a un abogado de su talla

era un privilegio. Sí, lo es.

Pero yo no tengo tanto tiempo.

Puedes solucionarlo explicándole las cosas tranquilamente

y no escondiéndote por los pasillos.

El hijo de Elena, al salir las primeras piezas,

vio el negocio. Solo tenía que ocultar el yacimiento

y así podría hacer lo que quisiera.

¿Qué parte crees que tendrá la madre en todo esto?

Estaba en el bar con Olivia...

y había un amigo de tu jefe.

Decía que había algo entre Jorge y tú.

Ah...

Me gustas muchísimo,

y antes de que me gustes aún más, necesito saber si tenéis algo.

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Derecho a soñar - Capítulo 108

13 jun 2019

Jesús continúa con su caso relativo al Patrimonio Histórico, mientras en el juzgado Carlota y Berta se enfrentan a la vista previa por la muerte de un perro, cuya dueña acusa a uno de sus vecinos. Olivia, deprimida por la traición de Pietro, se plantea adoptar una mascota. Francisco y Daniel, cada vez más cómplices, siguen durmiendo clandestinamente en el bufete. Alba se entera de que Lourdes ha echado a Francisco de su casa, cree que duerme en un hotel, y lo comenta con Daniel, que no conocía el verdadero motivo de las presencias nocturnas de Francisco en el bufete. Alba, angustiada por la situación de su padre, logra convencer a su madre, Maricarmen, para que lo acoja temporalmente en su casa. Jorge, por su parte, no sabe cómo hacerle saber a Julia que la relación con Madison se ha roto. Julia se siente ahora fuertemente atraída por un nuevo hombre en su vida, Héctor. Algo similar le ocurre a Sofía con su compañero de excursiones, Carlos.

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