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Curro Jiménez - Retorno al hogar - ver ahora
Transcripción completa

Música de guitarra flamenca.

Acordes de guitarra.

Guitarra flamenca.

Acordes de guitarra.

Disparos.

-¿Qué te pasa?

¿Otra vez esos sueños?

¿Por qué no intentas olvidar, Curro?

Vives obsesionado con tus recuerdos.

¿De qué otra cosa se puede vivir si no de recuerdos?

¿Cómo estar cerca de los seres queridos si no?

¿De los lugares a los que me está prohibido volver,

las callejuelas por las que corrí cuando era chico?

Tantas cosas difíciles de entender para los que no las han vivido.

Estoy preso en medio de estas montañas.

-Ya tienes bastante dinero.

Vete lejos de aquí.

Mi vida es esta y no la puedo cambiar.

Curro, ¿por qué no intentas traer a tu madre?

No estoy loco...

todavía.

-La nostalgia que sientes te va a traer disgustos.

No, no estás loco

pero presiento que estás dispuesto a cometer una locura.

¿Me equivoco? No sé lo que quieres decir.

-Te vengo observando hace mucho tiempo...

Piensas volver a tu casa, ¿verdad?

Lo sabía.

No hace falta decirte el peligro que corre tu vida.

El grave peligro.

Me pregunto si esto que yo hago es vivir.

-Llévame contigo. No.

-Por favor. No.

-¿Cuándo piensas marcharte?

En cualquier momento.

-Esa gente te busca para matarte.

¿O lo has olvidado? No, no lo he olvidado,

calla de una vez.

-Menuda alegría le vas a dar a tu madre cuando

se sienta responsable de tu muerte. He dicho que te calles.

Perdona...

Estoy un poco nervioso.

Cacareo del gallo.

-Pero ¿qué hace, María?

Después de la noche que ha pasado, se pone a lavar.

-Ya estoy bien. -Ande, ande.

Déjeme que yo lo haga.

Vaya dentro y descanse.

-El descanso es un lujo que los pobres

no podemos permitirnos.

-Yo soy tan pobre como usted, no me niegue lo poco que tengo;

el gusto de ayudarla.

-Eres muy buena conmigo.

¿Sabes una cosa?

He encontrado en ti a la hija que nunca tuve y que tanto desee.

Cuando hablaba de ello con mi marido mi Curro,

que era muy niño, se ponía celoso.

Imagínate, mi Curro celoso de cariño.

Era muy crío.

¿Quién iba a pensar que la vida iba a ser tan dura con él?

-Le quiere mucho, ¿verdad?

-Todo lo que una madre puede querer.

-Ha llegado carta de Sevilla, tiene usted concedida la audiencia.

-¿Quién firma la carta, el corregidor?

-Su secretario, la audiencia es el miércoles.

-Ah.

Me has cortado, ¡imbécil!

-Perdone, señor. -Anda, vete, fuera de mi vista.

Ese infeliz no tiene la culpa de que yo no pueda ver correr

ni una sola gota de sangre por mi cara.

-¿Cuántos años hace que Curro Jiménez se cruzó

en su camino, don Julián? -¿Y cuánto hace que tú

prometiste entregármelo? -No puedo hacer en unos meses

lo que usted no consiguió en años. Tenga paciencia.

-Y tú no tengas miedo.

-No tengo por qué arriesgarme inútilmente.

Prefiero pensar y trazar un plan que afortunadamente está

a punto de cumplirse. -Palabras...

-Pronto se convencerá de que se equivoca.

-Quiero su cabeza.

-La tendrá.

-¿No habíamos quedado en que se iba a acostar?

-Siéntese, por lo menos, no sea testaruda.

-¿Por qué pierdes el tiempo conmigo?

¿Qué haces a tus años junto a una vieja enferma...?

-Y tozuda.

Ande, ande. Déjeme.

-Usted me ha dado un techo,

de alguna manera tengo que pagárselo.

-Tus padres no te han echado de su casa...

y viven a pocas leguas de aquí.

-Mi padre bebe demasiado y mi madre llora demasiado.

Yo al principio me acerqué a usted por curiosidad,

siempre he oído hablar de Curro Jiménez,

de sus hazañas, de su valentía, de su generosidad.

-De las canalladas que le hicieron.

-Conocer a su madre era una forma de acercarme al héroe.

-Según todo el mundo mi hijo es solo un forajido.

-Perdóneme,

lo que no comprendo es cómo la tiene en este abandono.

-No me ha olvidado jamás.

-Entonces, ¿por qué deja que todo el pueblo piense mal

de su hijo? -Piensan mal de todos modos.

No tengo confianza en la gente...

como ahora la tengo en ti.

Harían preguntas,

hablarían de más

y yo comprometería a la persona

que siempre me trae noticias de Curro.

Relincho.

Relincho.

Nos veremos dentro de cinco días en la venta de Los Lobos.

Lleva los ojos bien abiertos.

Suerte.

(RELINCHA)

Ladridos.

-¿Ha descansado bien? -Sí.

-Ya tiene el desayuno preparado.

Voy a hacer una vista a mis padres,

le he pedido el carro al vecino. Volveré mañana por la mañana.

Pórtese bien. Ya he planchado las sábanas

y le dejo el fuego encendido. -Ve tranquila.

Y quédate un poco más con tu madre.

-¿Quiere librarse de mí? No podrá.

¿No quiere acompañarme hasta la barca?

-No, no me gusta verla.

Relincho.

(RÍEN) -¡Ah!

¡Ay...!

(RÍE) ¡Curro!

Hijo.

Cacareo del gallo.

-¡Madre! -¿Qué vienes a hacer aquí?

¿A husmear en nuestra miseria?

-¿Así me recibes, madre? -¡Me has dejado completamente sola

en medio de este caserón con un borracho

y tres niños que alimentar!

-Les he dado un techo, no he podido más.

-¿A esta pocilga le llamas un techo?

-¿Y los niños? -¡Qué sé yo!

Por ahí, arrancando raíces.

-Cuando deberías ser el sostén de tus padres enfermos,

te dedicas a ayudar a quien nada ha hecho por ti.

-¡Tú, cállate! Tú no estás enfermo, lo que estás es borracho.

-Eso, envenena a tus hijos contra mí.

-¡Bah! -¿Cómo has podido dejar

a tu familia en este abandono

y desvivirte por la madre de un forajido?

-Tened paciencia, no me olvido de vosotros.

Gritos. -¡Gloria!

-¡Gloria!

¿Te vas a quedar con nosotros? -No te marches.

-Qué alegría.

(RÍEN)

¿Quién duerme en ese camastro?

-Una buena muchacha, se llama Gloria,

me hubiera gustado que la conocieras.

¿Quién es, una vecina? -Un ángel.

Un ángel que cayó del cielo.

No sabes qué ayuda, qué cariño, qué compañía...

Una hija.

Lo que usted se merece, madre.

¿En qué piensa, madre?

-Siempre pienso en lo mismo.

Vámonos lejos, Curro,

donde no haya llegado tu fama,

donde puedas vivir tranquilo y respetado...

Casarte, tener hijos

y olvidar el pasado.

Se necesitaría mucho dinero para pagar tantos silencios.

¿Sabe, madre?

Yo...

Yo nunca guardo dinero.

Dicen que los que han conocido la miseria son avaros pero...

Yo no.

Yo lo derrocho todo.

-Lo das.

A veces un poco. -Lo das...

a tus amigos, a los necesitados...

Exagera.

-También a mí me has dado mucho.

Demasiado.

Unas pocas monedas.

-Alcanzarán para irnos lejos y empezar otra vida.

Y yo las tengo, Curro.

¿Qué quiere usted decir?

Le envié este dinero para que viviera mejor

y no ha gastado nada.

-Alguna vez recurrí a él,

el resto he preferido guardarlo para ti.

¿Y esto?

¿También lo ha guardado para mí?

Este medallón lo compré para usted, madre,

me hacía mucha ilusión que lo luciera.

Estas cosas no son para una mujer de pueblo.

Pero usted es la madre de Curro Jiménez.

Le prohíbo que se lo quite nunca. -Gracias, hijo.

Te esperaba mañana. Tengo visita.

Creo que te he hablado de él.

-¿Tú eres Curro, verdad?

Te agradezco mucho lo que estás haciendo por mi madre.

-Ella se lo merece.

-Soy muy feliz de tenerte aquí, hijo mío. Pero debes marcharte.

Cada momento que pasa

tengo el temor de ver aparecer por esa puerta

a alguien que venga a detenerte.

Saldré mañana al amanecer.

-Son tristes las despedidas.

Pero no hay otra solución.

Así es.

Me siento responsable de muchas cosas pero...

Ya no es hora de remover el pasado.

Vendré a verla cuantas veces pueda

y seguiré pagando mis culpas con nuestra separación.

-No te atormentes más, ellos te cerraron todos los caminos.

Los males empezaron a llegarnos

cuando te negaron la posibilidad de pedir justicia

a los que debían proteger tus derechos.

Volveré, madre.

Gracias por todo lo que estás haciendo por ella.

-Me ha dado un hogar. Si conocieras el mío...

Te haré llegar algún dinero;

no dejes que mi madre viva tan pobremente.

-¿Por quién lo recibiré? La primera vez lo traeré yo mismo.

-¿Volverás?

Sí, cuando liquide un asunto en Lora del Río.

-Me alegrará que vengas.

No quisiera preocuparte, pero tu madre no está bien.

Su corazón se ha debilitado con los años.

Y las penas... ¿La ha visto el médico?

-Le ha ordenado reposo absoluto, pero ya la conoces.

Tendré que pensar alguna solución. Quizá sacarla de aquí.

Ya hablaremos a mi vuelta. Si necesitas avisarme algo,

ve a la venta de Los Lobos y dile al ventero estas palabras:

"¿Ha visto usted un perro llamado Julio César?"

-"¿Ha visto usted un perro llamado Julio César?"

-Ahora bajas el caballo y lo dejas ahí.

Yo volveré enseguida. -Muy bien.

Canto de un gallo.

-Es demasiado lujo. Pero mi Curro quiere que lo lleve.

-Su hijo tiene razón, llévelo.

-Perdón. ¿Dónde está Curro?

Me han dicho que podría encontrarle aquí.

-¿Quién pregunta por él?

-Su mujer. -Mi hijo no tiene mujer.

-Se equivoca.

-Tú no puedes ser la mujer de Curro.

-¿Por qué? No estoy leprosa.

¿Es esa la elegida?

Ya me lo supongo todo.

Os habéis confabulado para atraparle.

Mosquitas muertas como tú he conocido muchas.

Muy candorosas por fuera y luego...

-¡Váyase de mi casa!

-No se excite, no vale la pena.

Si no quiere decirme dónde está su hijo, yo le buscaré.

Me voy a quedar en Cantillana todo el tiempo que sea necesario.

Con Dios.

-Si realmente te importa mi hijo, no preguntes por él.

Si se enteran de que ha estado en Cantillana,

lo buscarán hasta encontrarlo.

Campanadas.

-¿Dónde diablos está la posada? -Ahí enfrente.

-Será un lugar decente, supongo.

¿Habrá cama limpia, se podrá comer sin morir envenenada?

-No lo sé, pero tiene muy buenas cuadras.

El caballo estará bien atendido.

-Si esa es la posada, no está mal.

-No, mujer, esa es la casa de Julián de Castro,

el más rico del pueblo.

-¿Uno que tiene una cicatriz en la cara?

-¡Vaya que si la tiene! ¿Sabes quién se la hizo?

Curro Jiménez. -¿Quién es Curro Jiménez?

-¿Te estás burlando? ¿Vas a hacerme creer que tú no lo conoces?

¡Mira, ahí viene! -¿Curro?

-No, tonta, don Julián. Curro no se asoma por Cantillana.

-¡So!

-¿Qué, qué te parece?

-Una pocilga.

¿Pero quién te crees que soy?

-No lo sé. Pero lo supongo.

¿De qué pueblo te han echado? -De uno de mojigatos.

¡Aparta esas manos!

Estoy demasiado cansada, llevo dos días cabalgando.

-¡Pobrecilla!

¿Te duele aquí? -¡Déjame en paz!

-Esta noche hay juerga.

No te faltarán clientes. -Cuánto me cobras por este tugurio.

-Según el uso que hagas de él.

Por cada cliente se dobla el precio.

Pero a ti, si eres complaciente, podría salirte gratis.

-Preferiría pagarte una moneda de oro

por cada chinche que encontrara en esta casa.

¡Largo de aquí!

-Si Curro se decidiera a cambiar de vida, ¿te vendrías con nosotros?

-¿Por qué piensa que me querría a su lado?

-Nunca ha conocido a una muchacha como tú.

¿Vas a salir?

-Tengo que ir a casa, los problemas de siempre.

-Debes ir inmediatamente.

-No me gusta dejarla sola con esa mujer rondando.

-No te preocupes por mí, sé cómo tratarla.

Anda, ve.

Si necesitas algún dinero...

-De ningún modo, su dinero es sagrado.

-Eh, ¿os habéis fijado en aquella mujer?

-Sí.

-¿Es usted forastero?

-No, soy novicia de un convento.

Y la madre superiora me ha dado permiso por esta noche.

(RIENDO) -¡Qué buena estrella la mía!

-¡Quiero comer en paz!

-¿Mal genio, eh? -El peor.

-¿Eso os enseñan en el convento?

-Y muchas cosas más. ¿Te gustaría saberlas, verdad?

¡Oiga, mesonero, diga a este hombre que me deje o llamo a un gendarme!

-Por favor.

No deberías ser tan arisca.

Podrías ganarte unas monedas de plata con el caballero.

-Oye, que a mí no me venden un carromato por un piano.

Yo sé distinguir un caballero y ese es un truhan.

-Pero un truhan que le procura esparcimiento

al hombre más rico de la ciudad. Hazme caso, piénsalo bien.

Mira, ¿ves ese palacio?

Si fueras amable con él,

tal vez esta noche podrías dormir en sábanas de Holanda.

Pero ya no, se te han adelantado.

El viejo tiene visita. Y más joven y guapa que tú.

-Ese ejemplar no existe. -Ya lo creo que existe

y no puede ocultarlo en su rebozo. Una paloma,

la pequeña con carita de ángel ojillos de porcelana.

-Iré sola a esa venta y atraeré a Curro a casa de su madre.

Villar y sus hombres harán el resto.

-Tendréis vuestra recompensa.

-¿Cuál será la mía? -La convenida.

Todavía no comprendo

por qué no corriste a avisarnos que Curro estaba en la casa.

-Hubiera sospechado.

Usted sabe muy bien a lo que me exponía.

-Sería una lástima. Pero te pago por ese riesgo.

-¿Y qué he conseguido? ¿Un techo miserable para mis padres

y unos mendrugos? -Ahora tendrás una fortuna.

-Y usted a Curro.

-¿Qué haces aquí? -Tomar el fresco.

Lo que se me antoja.

-EL frío dirás. -La posada está llena de humo

y de tunantes. Esos gañanes rompen todo lo que tocan.

-Yo tengo manos más delicadas.

-Quita, eso ya me lo demostrarás más tarde.

-¿Damos un paseo? -Pero no demasiado lejos.

Órdenes de la madre superiora.

-Te has puesto muy guapa.

¿Podrías hacer por mí algo más que entregarme a Curro Jiménez?

-Ese tipo de servicios le costaría

mucho más caro que el bienestar de mi familia, don Julián.

-Puede que tengas razón.

No mezclemos los negocios con estas cosas.

(RÍE)

-Anda, volvamos a la posada, tengo frío.

-Pues quítatelo con aguardiente.

-Contigo quisiera quitármelo. -Está bien, pero...

Viene alguien.

¿La conoces?

-De vista. -Ya.

-¡No seas mal pensada!

Es con el viejo don Julián con quien tiene relaciones.

-¿Personales?

-Más bien profesionales.

Ella sabe algo de lo que él se quiere enterar.

-¿Ella qué hace?

-Juega sus cartas.

-No tiene mal gusto el de la cicatriz.

-Mejor lo tengo yo.

Campanadas.

(BOSTEZA)

-¿Adónde vas?

-Tengo que hacer unas cosas. -¿Puedo ayudarte?

-No. Te veré esta noche.

-Acércate.

Esta noche brindaremos juntos.

Creo que tendré algo que celebrar.

-¡Estás mintiendo! ¿Gloria en casa de ese hombre y a esas horas...?

¿Y esperas que te crea? -De allí la vi salir.

¡Es una espía, una soplona!

-Te hacen hablar los celos.

¿Me creerá cuando le traigan a Curro muerto?

-Eso es lo que tú querrías. ¡Me estás mintiendo,

quieres sacar de mentira verdad!

No es la primera vez que los enemigos de Curro

me envían a alguien como tú para hacerme hablar.

Vete y déjame sola.

Que venga el propio don Julián a hablar conmigo.

-¡Está loca... está loca!

¡Nunca se va a arrepentir lo bastante del error que comete!

(JALEA AL ANIMAL)

-¿Le ocurre algo?

-¡Ha estado esa mujer! ¡Tengo miedo, Gloria, tengo mucho miedo!

Creo que nos traerá complicaciones. Si supiera dónde está Curro...

-Yo le puedo encontrar. -¿De veras? Avísale entonces,

¡dile que no venga a esta casa,

adviértele de la presencia de esa mujer!

Estoy segura de que le están tendiendo una trampa.

-Perdón. ¿Ha visto usted un perro llamado Julio César?

-Venga conmigo.

-Tu madre está mal. Debe haber sido

la emoción de volver a verte después de tanto tiempo.

Además, le ha afectado la visita de una mujer que preguntó por ti.

¿Una mujer? -Ha despertado sospechas

y han estado rondando por la casa.

Por eso debes tranquilizarte y esperar a mañana por la noche.

Tú acecharás desde el monte;

yo pondré una luz en la ventana para indicarte que no hay peligro.

No va a ser fácil esperar, estando mi madre enferma.

-¿De qué le serviría que te matasen a la puerta de su casa?

Te repito que no se está muriendo.

Se siente débil y quiere verte.

No te preocupes. Yo haré por ella todo lo que haya que hacer.

Y ahora, Curro, me voy.

Escucha. Será mejor que pases la noche aquí.

A estas horas los caminos son peligrosos.

Hay muchos sinvergüenzas sueltos por ahí y por aquí.

Dile al posadero que te prepare una habitación.

Estudiante,

mañana la sigues.

Acordes de guitarra flamenca.

(TACONEA)

Aplausos.

Música de guitarra.

-¿Por qué te has retrasado? -Yo hago las preguntas.

¿Has visto a Curro? -Sí.

Esta noche le tendréis en su casa.

Conviene que vosotros lleguéis antes, a última hora de la tarde.

-¿Sospechó algo? -No.

Pero está un poco intranquilo por la salud de su madre.

Puede que no espere y baje antes.

-Debimos apresarle en la venta de Los Lobos.

-Allí estaba rodeado de sus hombres;

el posadero, todos los de allí son sus amigos.

Es imposible llegar sin que se entere.

-¿Vendrá solo? -Eso espero.

Tú te encargarás de que don Julián pague, no me fío.

-No te preocupes, pagará.

Por cierto, anteanoche estuviste mucho rato con él.

-¿Cómo lo sabes? -Te vi.

-¿Celoso? -Podría estarlo.

No repitas mucho esas visitas. Podría ser malo para ti.

Ya está aquí el Estudiante.

Acertaste, Curro, esa mujer te ha mentido.

Tenía una cita con un tipo al que pude seguir.

Es un matón a sueldo de ese cacique.

Don Julián.

-¿Está claro entonces? Al anochecer rodearéis la casa.

Debéis hacerlo con sigilo para que nadie os vea.

¿Habéis comprendido?

No podemos correr el más ligero riesgo de que alguien dé la alarma.

-El lugar es solitario. No será fácil encontrar donde escondernos.

-No descuidad los detalles,

que Gloria se encargue de la madre,

que la entretenga hasta vuestra llegada.

-Intentaremos traerle vivo. -Eso no es imprescindible.

Aquí va un tercio de lo convenido.

El resto, por la cabeza de Curro Jiménez.

-¿Le has encontrado, has podido hablar con él?

-Tranquila, no se preocupe, su hijo no vendrá.

-¿Estás segura? -Completamente.

Era verdad, esa mujer tramaba algo contra él,

pero ahora Curro está avisado. -Gracias...

¡Gracias de todo corazón!

Tú, da la vuelta; tú, por ahí.

¿Dónde está tu amo?

¡Arriba no hay nadie!

He venido a hablar contigo.

-¡Curro!

¡Vuelve atrás!

(GRITA) ¡No sigas, Curro! ¡Vuelve!

(GRITA) -¡Ah! ¡Hijo!

(LLORA) ¡Ah!

-¡Es una trampa!

(GRITA) -¡Ah!

(GRITA) -¡Ah!

(GRITA) -¡Ah!

(GRITA) -¡Ah!

Esperarme aquí.

-¡Hijo!

(LLORA) ¡Hijo, hijo!

No es nada, madre.

No es nada, no pasa nada. -Gracias a Dios.

Llanto.

Hijo, hijo mío.

Curro...

Hijo.

(LLORA)

-¡Quieto! ¡Quieto o la mato!

(GRITA) ¡Noo! ¡Déjame!

¡Noooo!

(LLORA) ¡Déjame, déjame!

(SE QUEJA) ¡Ah!

(GRITA) ¡Aaah!

-Buenos días.

Padre, ahí fuera he dejado el cadáver de una mujer...

nadie va a reclamarlo,

nadie podrá reconocerlo en la comarca.

Se llamaba Dolores y había nacido en Marchena.

Yo vengo a pedirle que le dé sepultura

y que rece una misa por su alma.

Cometió muchos pecados, pero era una mujer de buen corazón

que murió por salvar a un amigo.

Esto es para los pobres de la ermita.

-Dios te lo pague.

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Curro Jiménez - Retorno al hogar

08 ago 2016

Curro Jiménez, nostálgico, decide ir a ver a su anciana madre. Allí se encuentra con una jóven que ayuda a la anciana, al parecer desinteresadamente. En realidad, se trata de una espía enviada allí por un enemido del bandonero.

Histórico de emisiones:
19/07/2012
12/09/2013

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