www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
3702282
No recomendado para menores de 7 años Curro Jiménez - La noche de la garduña - ver ahora
Transcripción completa

Disparo.

(ASUSTADA) -¡Ah!

-Hijo mío...

(LLORA)

Murmullo.

Oración.

-Tomen asiento.

Oración.

-Ha sido una fatalidad.

-¿Qué le vamos a hacer? Resignación.

-Pase, don Jeremías.

Les he convocado aquí como amigos del difunto

para comunicarles una decisión que tal vez les escandalice.

Voy a enterrar a don Esteban en tierra santa.

Don Esteban era un hombre virtuoso, un cristiano cabal...

-El más fiel de los amigos.

-Un hombre en quien ardía la llama de la caridad.

Querido por todos, por los más humildes

de mi feligresía, a los que siempre protegió

como un padre... ¿Un hombre así pudo haber cometido

el más abominable de todos los crímenes

poniendo fin a su propia vida?

No lo creemos, ¿verdad?

Ninguno de nosotros lo cree.

O fue presa de un súbito rapto de locura...

-Completo suidea, señor cura...

O alguien le mató y simuló un suicidio.

-La idea de que hayan podido matar a un hombre

como Esteban me parece más descabellada

que la de suicidio, y sin embargo...

-Atengámonos por el momento a la hipótesis de la locura.

-Padre, yo sólo he podido explicármelo de un modo:

el hijo.

Cuando se alejó repentinamente hace tres años

todos pudimos comprobar el sufrimiento de Esteban,

su decepción, su amargura...

¿Puede ese dolor explicar tal vez...?

-Estoy en condiciones de decir, sin transgredir el secreto

de la confesión, que don Esteban se aprestaba a llamar a su hijo

a su lado para ponerle al frente de toda su hacienda,

y más aún, de sus obras filantrópicas.

Le había perdonado,

la misma mañana de su muerte me lo dijo paseando por el parque.

Ese hombre no estaba pensando en matarse.

Campanadas de duelo.

-¡So...!

So...

Oración en latín.

(REZA EN LATÍN)

(TODOS) Amén.

-Oh, Dios, rogámoste humildemente por el alma de tu siervo Esteban,

a quien mandaste hoy emigrar de este mundo,

para que no le entregues en manos del enemigo

ni la olvides para siempre. Antes ordénese sea recibida

por los santos ángeles y llevaba a la patria del paraíso

a fin de que...

-Adiós, Esteban Ferrer.

Tu viuda, tu hijo, tus amigos,

tus servidores, tus vecinos,

todos los que te conocieron...

Alzamos una oración por ti...

(RELINCHAN)

-¿Quién es, forastero?

-Debe ser miembro de la sociedad filantrópica.

A este caballero me parece haberle visto alguna vez

en Los Laureles,

creo que es el administrador de la sociedad.

-¡Arre, caballo!

¡Arre!

(ARREA AL CABALLO)

-¿Va a escribir al señorito Gustavo?

-Es su hijo,

no se le debe mantener en la ignorancia.

-¿Vendrá?

-Sí, vendrá.

-¿No cree que sería mejor que no viniera?

-Debe hacerse cargo del cortijo,

de todo...

Él es ahora el dueño.

-¿Está usted segura?

-Vete y déjame escribir.

¿Qué hay, José Luis?

-Un caballero insiste en ser recibido.

-¿Es que no se respeta el dolor de una viuda?

-Mi más sentida condolencia, doña Natalia.

Lamento mucho verme obligado a violentar su natural deseo

de recogimiento pero...

Quiero ser fiel a la voluntad de don Esteban.

-Tome asiento. -Gracias.

Usted no me conoce.

Don Esteban nunca hizo alarde de su admirable obra filantrópica

ni siquiera en el ámbito familiar.

Al contrario, siempre se empeñó en realizarla de la forma

más anónima posible.

-¿Por qué no respetar ese anonimato si era la voluntad de mi esposo,

como ha dicho usted? -No hasta el extremo de arriesgar

la eficacia y la continuidad de su obra.

-No entiendo.

-Yo necesito todos esos papeles relativos a la sociedad

San Hernando de los Afligidos. Estaba redactando un basto

y minucioso plan que nos es indispensable para la ejecución

de su obra, señora. Esos papeles.

-Comprenderá que aún no me he examinado

los documentos de mi esposo. -Naturalmente,

yo me ofrezco a hacerlo en su lugar.

-Eso lo haré yo misma,

y sólo cuando esté presente mi hijastro,

que tiene tanto derecho como yo a examinar los papeles de su padre.

-Yo tengo que salir para Sevilla, no sé si conoce la importancia

de las obras benéficas que realiza esta sociedad.

-Lo siento, tendrá que esperar, es una decisión.

-Pero... -Ahora le ruego me excuse.

En nombre de mi difunto marido le agradezco su visita

y el celo que pone en continuar su obra.

Dolores, indícale el camino.

-¿Esos documentos son acaso los que preocupaban tanto

a don Esteban en los últimos tiempos?

-No sé de qué me estás hablando.

Vete y déjame escribir.

Trinar de los pájaros.

-Buenos días. A la paz de Dios.

-¿Podría decirme si hay alguna venta aquí cerca?

Llevo varias horas sin probar bocado.

Falta todavía un buen trecho pero hay un atajo,

si quiere haremos camino juntos. -Gracias.

Debo encontrarme aquí con un amigo, no tardará.

-¿Puede ser ese su amigo?

No,

mi amigo es aquel.

¿Puede haber alguien que le esté siguiendo?

-¿A mí?

¿Por qué?

No, por nada. ¿Es la primera vez que viene a Andalucía?

-No, viví algunos años cerca de Grazalema

pero nunca anduve mucho por los caminos.

Hola, Gitano. A la paz de Dios.

La subasta se ha retrasado quince días.

Ya... ¿Vamos?

-Vamos.

Yo sigo pensando que a usted le sigue alguien.

-Ventero...

La comida de ellos cárguela a mi cuenta.

-Bien.

¿Por qué no le invitas a sentarse con nosotros?

Cuando un hombre acaba de perder a su padre prefiere estar solo.

Risas.

-¿Me permite?

-Primero voy a terminar de comer.

Si quieres sal por la ventana.

-¡Ah, ah...!

¡Alto!

(RELINCHA)

-Si eres capaz, defiéndete.

(FORCEJEAN)

(DOLORIDO) -¡Ay!

¡Suéltelo!

Tire la navaja.

Vamos... Largo.

Fuera.

Vamos...

(CON ESFUERZO) -Ay...

Gracias.

¿Por qué te quieren matar?

-No lo sé, nunca he tenido enemigos.

Hazte a la idea de que ahora los tienes.

Está claro que ese hombre te ha provocado

con toda intención, lo sé bien.

-¿Por qué?

Gajes del oficio.

-¿Del oficio?

Soy bandolero.

¿Tenía mucho dinero tu padre?

-Sí, tenía.

Dinero que ahora será tuyo...

-Quizás, aunque es posible que me haya desheredado.

En cuyo caso pasaría a manos de quién...

-De mi madrastra, supongo.

Ya... -Bueno, desde aquí seguiré solo.

De acuerdo.

Cuenta conmigo.

-¿Te acuerdas de mí?

Cuando eras pequeño acompañaste varias veces a tu padre a Sevilla.

Tú eres Gustavo Ferrer, ¿verdad?

San Hernando de los Afligidos...

Yo soy administrador de esa sociedad

desde que tu padre la fundó.

Entonces tú eras un niño y tu padre no te hablaría

de esas cosas, claro...

Hacía el bien a manos llenas pero...

Lo hacía en secreto.

-Era un gran hombre, ¿verdad?

(ASIENTE) -Un hombre único...

Un señor, un jefe difícil de reemplazar.

Me veo obligado a prevenirte.

Cuídate,

vela por la memoria de tu padre.

Hay unos papeles...

Proyectos de tu padre concernientes a la sociedad...

Que no deben caer en manos profanas.

-¿Quién los tiene ahora?

-Pensamos que tu madrastra

y esperamos que tú la convenzas de que debe entregárnoslos.

Por eso me he quedado en el pueblo.

-Quédese tranquilo, lo haré.

-Cuídate.

-¡Arre!

Trinar de los pájaros.

-Hola, José Luis.

(LLORA)

Se cierra la puerta.

-Dolores...

¿Te preocupa que esté aquí?

-Es que yo te quiero a salvo.

Vuélvete a Castilla.

-¿Quieres que me marche?

-Nunca has sido feliz aquí.

Apenas llegamos murió tu madre,

después...

-Dilo.

Después mi padre volvió a casarse,

cosa que tú nunca le supiste perdonar.

Y yo opté por marcharme. -Fue lo mejor que pudiste hacer.

-Nunca quisiste bien a Natalia.

-Y tú quizás

la has querido demasiado.

Te traeré unas camisas.

-Esta tarde pienso ir al cementerio.

¿Quieres acompañarme?

-No, tengo jaqueca y...

Y el sol me daña los ojos.

-Cómo has cambiado...

-Son tres años, señorito.

-Estás mucho más alto

y tienes los ojos tristes.

¿Qué ocurre?

-Nada, señorito.

Yo quería mucho a don Esteban...

Y fui el primero en verlo.

Yo lo encontré.

-No pienses más en eso.

-Dos horas antes estaba escribiendo unos papeles y me dijo:

alégrate, José Luis, dentro de poco tendremos

con nosotros a Gustavo

y para siempre.

¿Entonces por qué dos horas después...?

-¿Recibió alguna carta en ese intervalo?

¿Alguna visita?

-Sólo estuvo en el despacho la señorita Natalia.

-Prepara el coche,

vamos al cementerio.

Dicen que tu madrastra es una mujer joven y guapa.

¿Se casó con tu padre por su dinero?

-Ha sido una excelente esposa.

Una cosa no quita la otra.

¿Por qué se mató tu padre,

por ella?

-Si alguien te lo ha insinuado miente, Natalia le hizo muy feliz.

Joven y guapa, como es,

alegró la vida de un viejo.

-Hablas de ella como de una cualquiera...

Y de mi padre como de un... Todos los hombres se parecen...

Y las mujeres también.

Aunque unos sean señores,

otros gañanes

y otros...

Bandoleros.

-Si te empeñas en saberlo...

Mi padre se suicidó por mi culpa,

porque le causé la mayor tristeza de su vida.

Y ahora he venido a cobrar su herencia.

No, no has venido a eso.

-¿A qué entonces?

Tú sabrás.

-A mi amada esposa Natalia lego el cortijo Los Laureles

con sus campos de labranza, su ganado, sus almacenes,

la casa y todo lo que ella contenga en el momento de mi muerte.

A mi único hijo lego la casa de Grazalema,

en la que murió su madre, y donde todavía no me había dado

los motivos de amargura que entristecieron

mis últimos años.

Todo el resto de mis bienes, sin excepción,

constituyen mi legado

a la sociedad de San Hernando de los Afligidos,

y debe ser aplicada

a la continuación de su obra.

¿Sigo?

Lo demás son tecnicismos jurídicos.

-Por mí es suficiente.

-No puedo por menos que felicitarle, señor.

Una cuantiosa fortuna ha engrosado las arcas de la sociedad

que usted administra.

-La verdad es que, aún conociendo la extraordinaria piedad

del difunto, nunca esperamos tal largueza.

-Señor notario,

siempre he pensado que Los Laureles correspondería a mi hijastro.

¿Puedo hacer cesión ahora mismo?

-Imposible, doña Natalia.

La voluntad del difunto es definitiva y tajante.

Si usted hubiera fallecido antes que él o renunciara

a su herencia, el cortijo pasaría a engrosar

el legado de la sociedad.

-Supongo que la generosidad de la señora no llega a tanto.

Como gesto, ha sido elegante pero... inútil.

-¡No tengo por qué soportar su malevolencia!

-Señores. -Ante el señor notario

exijo la devolución de esos documentos a mi sociedad.

-El señor notario puede ir cuando quiera solo al cortijo

y revisar todos los documentos de mi esposo.

-Yo ya lo hice. Y curiosamente no existe nada

relativo a la sociedad. -Has dicho bien:

curiosamente.

Máxime cuando todos sabemos que don Esteban

estuvo dedicado día y noche

a elaborar todo un plan de reorganización

y de obras en los últimos tiempos.

-Excúseme, señor notario.

-¿Estás seguro de que no existen esos documentos?

-¡Vamos, caballeros! Resígnese usted a perder unos papeles

cuando se lleva de aquí tal fortuna.

-Yo continuaré en el pueblo, tú sigue buscando.

Contrariamente a lo que cree el señor notario,

esos papeles son más valiosos para la sociedad

que todo el dinero del mundo.

Son el fruto de los desvelos de tu padre.

-Señor notario, ¿cuándo puedo poner en venta la casa que me legaron?

-Cumplidos unos requisitos mínimos, ya mismo.

-Pues ya mismo. -Bien.

-Prefiero alejarme de aquí cuanto antes.

Me voy.

Prefiero vivir fuera hasta poner en venta mi casa.

-Esta será tu casa siempre.

¿No pensarás también tú que mi ofrecimiento es una comedia?

-¿Crees que mi padre se suicidó por mí?

-No, a tu padre le dolió que te fueras de su lado,

pero el tiempo suavizó la herida.

Había vuelto a pensar en ti.

Planeaba ir a buscarte, convencerte, traerte aquí de nuevo.

Por eso me ha extrañado testamento, no es lo que expresaba.

-Sin embargo se mató.

¿Dices que planeaba traerme a vivir aquí,

con vosotros?

¿Entonces nunca supo por qué me marché?

-Te marchaste porque preferiste buscar nuevos horizontes.

-¿Tú no lo crees? -¿Qué importa lo que yo crea?

-Pero ahora él ha muerto y podemos hablar con claridad.

-Debemos respetar su memoria.

-Siempre la he respetado.

Por eso me marché hace tres años.

Y por eso vuelvo a marcharme ahora.

-¿Entonces para qué hablar?

-¡Porque me ahogo! -¡Yo también!

-¡Te quiero!

¡Necesitaba decírtelo por lo menos una vez!

-¡Vete...!

¿De modo que, entre esa bendita sociedad y esa maldita mujer,

te han despojado? Esa enemistad es un disimulo

para que no se sepan que están conchabados.

-No sé con qué derecho hablas así de la esposa de mi padre

y de la obra a la que dedicó su vida.

¡Ni sé por qué te lo permito!

Porque yo digo en voz alta lo que tú piensas en voz baja.

Te han robado y tú has dejado que te roben.

-Supongamos que así sea. ¡No importa!

Ya está todo en orden.

He salido de Los Laureles para siempre

y he puesto a la venta esta tumba.

Volveré a Castilla y le olvidaré.

¿Tan enamorado estás de esa mujer?

-¿Qué dices?

¿Qué otra razón puede haber para que la protejas tanto?

-Preferiría que me dejaras solo.

Me meto demasiado en tu vida, ¿verdad?

¿Incluso para salvártela, es eso lo que me reprochas?

(RESOPLA)

Usted y yo podríamos ayudar a Gustavo, impedir que le roben.

-El dinero no importa.

Si es usted realmente amigo suyo, oblíguelo a marcharse, ¡por favor!

Si usted quiere realmente a Gustavo, no proteja a esa mujer.

Debe contarme todo lo que sabe. -Está bien. Mañana.

Mañana iré al cortijo. -Allí estaré.

-¡Más rápido! ¡José Luis, más rápido!

Relincho.

-Toda la casa está igual. -Oh...

Grillos.

Ahora yo podría disparar sobre usted

y ponerle luego la pistola en la mano para fingir un suicidio.

¿Da buen resultado, verdad?

Aunque no le puedo garantizar que el cura la entierre.

-¿Me permite antes guardar estos documentos?

Hágalo. ¿Qué son?

¿Un nuevo testamento donde su marido no deshereda a Gustavo?

-¡Atrás!

¿Se cree usted demasiado astuto, verdad?

Pero si pude matar a mi marido... Ya, ya, ya.

Sería capaz de cargar con dos muertes para proteger a Gustavo.

¿Tanto le quiere?

Yo también quiero protegerle.

Pero, para eso, necesito saber la verdad.

Dolores me ha contado algunas cosas.

Y usted debe decirme el resto.

Todo lo que sabe de La Garduña.

-¿Usted sabe lo que es la garduña?

Sé que es un animal carnívoro,

que roba con maña y disimulo;

que entra en los gallineros y desangra a las aves.

Pero también sé que es una sociedad criminal, secreta,

con ramificaciones en casi toda España.

Cuando yo era pequeño, se hablaba mucho de ella.

Había oído que estaba extinguida.

-Escondida en las catacumbas nada más.

Mi marido era el jefe, gran maestre le llaman ellos;

con autoridad de vida y muerte sobre todos sus hermanos.

Esteban inventó esa sociedad San Hernando de los Afligidos.

¡La beneficencia era un disfraz!

¡Por debajo los crímenes,

estafas en gran escala, extorsiones y asesinatos por encargo!

¡Tráfico de esclavos, de mujeres...!

¿Cuándo supo que su marido era el gran maestre?

-Cuando él me lo dijo hace unos meses. Sí...

Me lo dijo.

Aquella noche empecé a vislumbrar que estaba loco.

Primero no le creí, pero luego...

Todas las noches se empeñaba en leerme lo que estaba escribiendo,

sus memorias, la historia de La Garduña.

¡Se creía un hombre extraordinario,

se comparaba con Alejandro, con César!

Había fingido toda su vida ser un hombre bueno y pacífico.

Y hubiera terminado por gritarle al mundo quién era

y los crímenes que había cometido, de los cuales se enorgullecía.

Ya. ¿Y usted lo mató para que no lo hiciera?

-¡En cierto modo!

Estaba redactando otro testamento pero no llegó a firmarlo.

En él dejaba a Gustavo todos sus bienes

y lo hacía su sucesor... en La Garduña.

Aquella noche estaba escribiéndole, llamándole a su lado,

¡Y yo intenté disuadirle, pero no atendía a razones!

Entonces...

Entonces le maté.

Era la única forma de salvar a Gustavo,

de evitar que supiera quién era su padre.

-¡Se hubiera matado... ya lo intentó una vez!

O lo hubiera matado La Garduña cuando el rechazara su designación.

Porque esa es también la ley.

Quien conozca la existencia de la hermandad debe acatar esa ley

o perecer. Luego, ¿usted corre peligro?

-No sé... no están seguros de que yo esté enterada.

Conocen, eso sí, la existencia de esas memorias

y están asustados.

Si alguien me acusara de haber asesinado a mi marido...

Ese mi único atenuante. ¿Lo usaría?

-No sé.

Quizá no. ¿Por Gustavo?

No hace otra cosa que protegerle y él a usted.

Porque él debe haber adivinado que usted mató a su padre.

-¡No... me odiaría!

¡Él adoraba a su padre!

Más la adora a usted. -¡Gustavo debe marcharse

y para siempre! ¡No debe enterarse jamás de la verdad!

Déjelo de mi cuenta.

Desearía que el vendedor no supiera quién compró la casa;

es amigo mío, señor notario y, ya sabe, entre amigos...

-Descuide, seré discreto.

De todos modos, usted ha satisfecho el precio fijado.

Otro detalle: comunique

al Sr. Ferrer que el comprador tiene prisa en ocupar la casa.

-Comprendo, lo haré.

Antes de que te vayas, quiero disculparme por lo que te dije.

-¿Respecto a qué?

Tú lo sabes. Respecto a Natalia.

-¿También eso lo has adivinado?

Amo a esa mujer desde que mi padre la trajo a esta casa.

Intenté engañarme a mí mismo pero fui débil.

Me quedé a su lado demasiado tiempo y, al final, tuve que huir.

Como ahora.

¿Y sabes una cosa?

No es por lealtad a mi padre por lo que huyo

sino por temor a que también eso lo hayas adivinado.

Olvídalo.

-¡Que ella sea una mujer despreciable...!

Tú no estás seguro ni yo tampoco.

He traicionado a mi padre y también la he traicionado a ella.

Mi destino se está cumpliendo.

Vamos.

¿Tu maleta?

-Luego vendré a recogerla, aún tengo algunas cosas que hacer.

Gritos del cochero.

-¿Qué haces aquí? El notario me ha dicho que te habías marchado.

-He venido a ver por última vez la casa de mi padre.

¿Viene usted a visitar a mi madrastra?

-Sí, por fin aparecieron los documentos y...

-¿Y eso restableció las buenas relaciones?

También eso lo adivino.

-¿Qué dices, hijo? -No, nada, cosas mías.

-¡Adelante!

-¡Arre, caballo, arre!

Lamentos de Natalia.

-¡Vamos, adentro!

¡Adelante!

-¡Arre, arre!

¡Arre, arre!

¡Suelta esa navaja!

-¡Quisiera morirme, vete!

¿Morir, por qué quieres morir? -¡Natalia me ha traicionado!

¿Cómo lo sabes?

-Acabo de encontrarme al administrador de la sociedad,

al que fingía recelar de ella camino del cortijo.

Y para mayor escarnio, me ha dicho que esos documentos han aparecido.

Gustavo, esa mujer es inocente, ¡vamos!

-¿También tú quieres engañarme? ¡Vamos,

debí pensar en ella antes que en ti, vamos!

-¡Eran varios hombres, registraron la casa...!

¡Amenazaban a la señora!

Llanto de la criada. Vamos.

-Señorito Gustavo, les he seguido, sé dónde están.

¿Qué es La Garduña, señorito Gustavo?

-Mi padre, que sabía mucho de historia, me lo contó hace años.

Creo recordar que...

Que era una especie de secta que se fundó hace 2 ó 3 siglos.

Algo así como una hermandad, pero de delincuentes.

-¿Como los bandoleros?

-No... no.

Los bandoleros suelen ser hombres

a los que la desgracia y la miseria han llevado fuera de la ley.

No, estos eran hombres poderosos, influyentes,

que se entregaban a los crímenes más detestables para enriquecerse

y dominar a los demás.

Es curioso... mi padre me dijo que ya no existía.

Y ya lo ves, los tuvo dentro de su propia casa.

-¿Dónde están los documentos?

-No los tengo, los he destruido.

-No lo creo, no puede habernos hecho semejante servicio.

Es la única arma que tiene contra nosotros.

¿Dónde los ha escondido?

-Si fuera cierto y estuvieran ocultos, ¿qué ganaría con hablar?

Van a matarme igual porque sé demasiado.

-Ganaría por lo menos... una muerte más dulce.

La casa de La Garduña es la noche profunda.

(TODOS) La casa de La Garduña es la noche profunda.

-El alimento de La Garduña es el secreto.

(TODOS) El alimento de La Garduña es el secreto.

-La vida de La Garduña es la sangre de sus enemigos.

(TODOS) -La vida de La Garduña es la sangre de sus enemigos.

-Así sea. (TODOS) Así sea.

¡Gustavo!

¡Gustavo!

-¿Quiénes son? -Amigos.

-Bandoleros, ¿verdad?

¡Vamos, en marcha!

Una última recomendación, la más importante:

no hay que dejar con vida a ninguno;

no sólo porque son unos criminales sino porque, si alguno se escapa,

puede arruinar la vida a Gustavo y a esa mujer que vamos a rescatar.

En marcha.

-¡Las horas pasan y tenemos que volver a Sevilla!

Él será más persuasivo que yo.

-¡Espere!

Está bien, hablaré, pero no delante de él.

Grillos.

-¡Ah!

-¿Qué va a hacer, desgraciada?

Disparo.

-¡Gustavo...!

-¡Ah!

-¡Ah!

(AGONIZANDO) -¡Amor mío...!

-¿Natalia?

(LLORA CON AMARGURA)

(LLORA CON AMARGURA)

Ruido de carruaje.

Para tu padre fue un golpe terrible descubrir

que La Garduña se había infiltrado en la sociedad benéfica.

Pero eso no fue todo.

Ellos descubrieron algo turbio en el pasado de tu padre y...

Le amenazaban con hacerlo público y, sobre todo, con contártelo a ti.

Le acosaron hasta desequilibrar sus nervios.

Por eso se mató.

¿Te resulta muy doloroso saberlo? -No.

¡Pobre padre mío, si supiera...!

Casi le humaniza ante mis ojos

el saber que no fue siempre un hombre perfecto.

Hay una cosa que todavía no me has dicho.

¿A qué se referían esos documentos?

A unas cartas que comprometían a varias personas y...

¡con las que ese maldito viejo hacía chantaje!

Tu padre logró arrebatárselas en Sevilla y Natalia las destruyó.

Por eso la mataron. -Sí.

La mataron.

¿Qué vas a hacer?

-Quedarme aquí, en Los Laureles.

Ahora es mío. Natalia testó en mi favor hace apenas dos días.

En cuanto al resto de la fortuna de mi padre, no sé...

Tal vez levante un hospital que lleve su nombre.

O el de Natalia. Tu padre lo hubiese preferido.

Bien. Me marcho, mis hombres me están esperando.

-Gracias por todo lo que has hecho.

Menos de lo que hubiera querido.

-Si de algún modo pudiera pagártelo...

Ya llegará ese día.

Hay algo que me gustaría llevarme de aquí.

-Lo que quieras, cógelo.

Esto, nada más.

No me gustaría saber que tu padre y Natalia murieron en vano.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • La noche de la garduña

Curro Jiménez - La noche de la garduña

23 ago 2016

La muerte violenta de un gran hacendado y filántropo, arroja dudas sobre Natalia, su joven y bella viuda. Curro Jiménez conoce accidentalmente al hijo del difunto y se hace su amigo, poniéndose a investigar.

Histórico de emisiones:
24/08/2012
19/08/2013

ver más sobre "Curro Jiménez - La noche de la garduña" ver menos sobre "Curro Jiménez - La noche de la garduña"
Programas completos (40)

Los últimos 50 programas de Curro Jiménez

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Jabier kamara

    La mejor serie que he visto en mucho tiempo, una pena que no se pueda comprar por estar descatalogada. Me gustaría que se pudiera vender otra vez. Siempre nos quedara internet.

    13 sep 2018
  2. Bibiana

    Esta serie es lo mejor que ha hecho RTV , es del s.XX , y SUPERA CON CRECES EL RESTO DE OBRAS DEL s.XXI , Esta serie lo tiene TODO A UN NIVEL SUPERIOR , deberían aprender de ella los actuales productores , que denotan muy mal gusto y soeza a la hora de producir "Ahora vas y lo cascas"

    24 ago 2016