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Curro Jiménez - El mister - ver ahora reproducir video 46.58 min
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(EL PERRO LADRA)

Balidos.

(LADRA)

(BALAN)

(BALA)

Ladridos.

Balidos y ladridos.

(CON ACENTO INGLÉS) Buenos días.

Señor, eh... Por favor...

Eh... ¿En qué monte de estos puedo encontrar a Curro Jiménez?

-¿Curro Jiménez? Hombre, qué tonto, ¿te vas a quedar conmigo?

No me molestes, hombre, que estoy trabajando.

Balidos.

Piadas de pájaros.

(EL PERRO GRUÑE)

(HOMBRE) ¡Eh, usted!

¡Póngase de pie!

Relincho.

Ladrido.

Ladrido.

(CON ACENTO INGLÉS) -Es muy manso; no tengan miedo.

-Ya me parecía a mí que usted era un míster.

Regístrale, a ver qué lleva encima;

estos tipos siempre van provistos de todo.

Ladrido. -¿Me permite?

Relincho.

(SORPRENDIDO) -Vaya.

-¿Alguno de ustedes es míster Jiménez?

¿Señor Curro Jiménez?

-¿Yo, Curro Jiménez?

(RÍE A CARCAJADAS) Vamos, hombre.

Trae, trae aquí.

-¿Les gustan esas monedas?

Si me dicen dónde puedo encontrar al señor Jiménez,

se las regalo.

(AMBOS RÍEN A CARCAJADAS)

(RÍE) -Pues... ¿Pues no dice que nos las regala?

(LOS BANDOLEROS RÍEN A CARCAJADAS)

Pero, míster, si ya son nuestras. (LOS BANDOLEROS RÍEN)

-¿No me quieren decir dónde está Jiménez?

Lo siento por ustedes.

(LOS BANDOLEROS RÍEN) -Go with them!

(EL PERRO LADRA) -¡Ay! ¡Uh!

Ladridos.

Ladridos. -¡Ah!

Ladridos.

-¿Me devuelve el cinto, por favor?

Ladridos. -Uh.

-Gracias.

Es usted muy amable.

¿Va a decirme dónde hallar a Curro Jiménez, sí o no?

(ENFADADO) -No.

Yo no lo sé y aunque lo supiera,

no se lo diría, porque yo no soy un soplón.

-Well, well for you.

No me gustan los soplones;

les aseguro que no voy a hacerle ningún daño,

sólo quiero hablar con él.

Soy periodista, del periódico "The Times",

de Londres.

Conocen "The Times", supongo.

Ay, ¿no me digan que son suscriptores

de "The Morning Post"?

No puedo creerlo.

A pesar de todo, mi oferta sigue en pie.

-No vamos a decirle nada.

-Mala suerte.

Ladridos. (EL MÍSTER SILBA UNA MELODÍA)

Ladridos.

Ladridos. (SILBA UNA MELODÍA)

-Vino.

-¿Tinto? -No,

sherry. -¿Eh?

-Jerez.

-Ah.

Ladridos del perrito.

(LADRA)

-Señor,

¿quién me puede indicar dónde encontrar a Curro Jiménez?

-¿"Dónde"? En la sierra... Vaya gracia,

todo el mundo sabe eso.

-Estoy dispuesto a pagar por saber más que todo el mundo.

-Oiga, ¿por quién me toma?

Yo no sé nada de bandidos. -Ni yo, pero quiero saber.

¿Eh? Soy periodista;

sólo quiero hablar con él.

-No sé nada.

-Chis.

Crujido de ramas. (EL PERRO LADRA)

Ladrido.

Ladrido. (MÍSTER) ¿Qué busca?

¿Por qué me ha seguido? -Yo no le seguía a usted, señor.

-Déjese de tonterías. -Yo sé un lugar

donde conocen a ese hombre.

-¿Dónde?

-Usted se está buscando líos, amigo.

-Sólo quiero hablarle;

soy periodista, ya se lo he dicho.

-¿Periodista? Ni aunque fuera San Pedro.

-Está bien, está bien.

Es evidente que no le conoce.

Ladridos del perrito. Pero si sabe de alguien

que sí le conoce,

le ruego que le diga que quiero hablar con él,

donde él decida. -No tengo tratos

con esa clase de gente, ni quiero tenerlos.

-Ja, ¿de veras?

Pues yo sí.

Si ese hombre recibe mi mensaje,

no tendrá que devolvérmelas.

-Lo siento, yo no doy esa clase de mensajes.

-Dejemos los engaños, amigo;

sé que le conoce.

Prepáreme una habitación.

-¿Cómo no? Enseguida.

(LAS MUJERES HABLAN A LA VEZ)

(LADRA)

Campanadas.

-Usted, ¿adónde va?

-Queremos hablar con el capitán.

-El capitán no está. -Oh.

-¡Sargento!

¿Sargento?

-Ya va, ¿qué es lo que ocurre?

-Este hombre quiere hablar con el capitán.

-El capitán ha salido, señor;

no regresará en todo el día.

Si en algo puedo servirle, sargento Osorio a sus órdenes.

-Ajá. Soy periodista,

de "The Times", de Londres.

-Ah, pase. -Thank you.

Gritos de las mujeres vendiendo.

(SARGENTO) Usted no sabe en lo que se mete, amigo;

esos hombres son fieras,

más vale que no piense más en eso.

¿Una crónica sobre bandoleros?

¿Por qué no escribe sobre cosas decentes, eh?

-Usted también figurará en la crónica, sargento,

siempre y cuando me ayude, claro.

-Tendré que informar de esto al capitán, señor.

No sé... Al capitán no le va a hacer ninguna gracia.

No sé...

Le ayudaría si pudiera, pero...

-¿Cómo dijo que se llamaba, sargento?

-Sargento Herminio Osorio. -Ajá.

-"Herminio", con "H", por favor. -Con "H". Adiós.

(SUSPIRA) En este pueblo, no hay nada que ver.

-Se ve que usted no conoce la ermita;

es muy antigua, queda apenas a diez minutos de aquí.

Canto de gallo. Le gustará,

hágame caso.

-¿Hay que ir a caballo? -Es mejor que vaya a pie;

no es un paseo largo, ya lo verá. Venga, le indicaré.

Piadas de pájaros.

¿Quería hablar conmigo?

Pues aquí me tiene.

-¿Con usted? ¿Para qué?

¿Cómo que para qué?

¿No me andaba buscando?

-Vamos, vamos, ¿a usted?

Es al otro al que busco.

Olvídese de Curro, preguntón;

no le gusta que metan las narices en sus asuntos.

¿Qué fue a decirles a los soldados hoy?

-No fui a decirles nada;

fui a que me dijeran. ¿A que le dijeran qué?

-Donde encontrar a quien busco. (LADRA)

-No asustes a estos señores.

(ENFADADO) No se pase de listo.

-No me toque. Suéltale, Algarrobo.

-Me quedaré unos días más en la posada, esperando;

soy un hombre muy terco, salgo a mi madre,

que era irlandesa.

Le he dicho que se olvide de él.

-Tengo entendido que el que toma las decisiones

es el señor Jiménez.

Díganle que le pagaré muy bien, además de hacerle famoso.

Curro nos ordenó que no le hiciéramos daño;

es usted un tío con suerte.

-Ustedes también lo son.

Ladridos del perrito.

Me encantaría conocer Inglaterra.

-Well, aproveche su viaje de novios, but...

Pero no creo que valga la pena;

los ingleses son gente muy aburrida.

-Nadie diría eso conociéndole a usted.

-Y Londres es una ciudad fea, siempre con niebla.

Tenga cuidado; viene su prometido,

no empiece tan pronto a darle celos.

-¿Cómo estás, querida? -Mira, te voy a presentar:

El señor es un periodista inglés. -Encantado.

-Pleased to meet you, sir.

-Forman una pareja estupenda. (PREOCUPADO) -Hum...

-Y el otro, ¿quién es?

-No sé... Un inglés, periodista.

Se presentó aquí esta mañana, de improviso;

trae credenciales,

no tuve más remedio que invitarle.

-No pareces muy feliz al verle;

todos los padres son celosos cuando tienen una sola hija.

-No, no es eso.

-Si no te hubieras opuesto, Leonor no lo habría elegido.

-Mira, Juliana,

más vale que no te metas en lo que no te importa,

hazme el favor. -Pero, Alberto...

¿Qué pasa?

Hace frío.

(ENFADADO) ¿Qué hace ese imbécil? ¡Eh, tú!

Te he dicho que no quiero ver esa puerta...

Vamos, apártate.

¡Vamos, pasad adentro! (LAS MUJERES GRITAN ASUSTADAS)

¡Quietos todos! (LAS MUJERES GRITAN ASUSTADAS)

¡Contra la pared! -¡Vamos, todos aquí!

¡Ahí, atrás!

Gritos de las mujeres. ¡Que nadie se mueva!

(TODOS HABLAN ASUSTADOS) -Venga, el dinero, las alhajas.

Las joyas, deprisita.

Saca todo lo que tienes.

Tú, los pendientes.

Deme eso. -Contra la pared.

-Usted, ¿adónde va? Traiga eso aquí.

Quieto, ¿adónde vas? Malos Pelos, trátales con cariño;

son marqueses. (RÍE A CARCAJADAS)

Carcajadas de Malos Pelos.

Disparo.

Gritos de mujeres asustadas.

Gritos de mujeres. ¡Todos fuera, hay que irse de aquí!

¿Puedes salir? -Sí.

¡Vámonos! (MUJER) ¡Asesinos!

(GRITA)

Gritos de las mujeres. -¡Ah! ¡Ah!

(DOLORIDO) -¡Ah! ¡Ah!

¡Cuidado, Estudiante!

Gritos de las mujeres.

¡Apartaos!

¡Quietos!

-¿Crees que no te ha visto?

Mira que ese es más astuto de lo que parece.

Reconoció al Estudiante en la fiesta y no le denunció;

no sé lo que se trae entre manos.

Golpean la puerta. (HOMBRE) ¡Abrid!

¡Abrid la puerta! ¿Dónde está la habitación

del inglés? -Arriba, la que da a la calle.

Golpean la puerta. -¡Abrid, he dicho!

Golpean la puerta. -Voy, voy. Ya va, ya va.

(RÍE) Quédese donde está.

-Debe llamar antes de entrar.

Guarde silencio; le estaré apuntando.

-¿Le buscan? (SARGENTO) Vamos, muchachos,

hay que mirar en todas las habitaciones.

Vosotros, id por allí; vosotros dos, venid conmigo.

(RÍE)

-Ah, sargento Osorio.

-Disculpe, señor, estamos buscando a un bandido.

-Ajá, y yo también.

-Es posible que esté aquí, en el pueblo.

-Hum... ¿Es un hombre alto,

fornido, que monta un caballo negro?

¿Acaso es Curro Jiménez?

-¿Le ha visto? -Oh, por supuesto;

ha estado aquí. (SORPRENDIDO) -¿Aquí?

¿Dónde? -Aquí, en el pueblo.

Le vi pasar por la calle,

hace un rato; iba hacia las afueras.

Pero, adelante, sargento, registre; es su deber.

-Vamos, señor, no es necesario;

se ve que, de nuevo, se nos ha escapado.

En fin, adiós, míster... "Callaján".

-Callaghan. Nicolas Callaghan. -Eso. (RÍE)

Adiós, míster Cal...

Bueno, míster.

Adiós. -Adiós.

(EL SARGENTO CIERRA LA PUERTA)

(OSORIO) Bien, muchachos,

al parecer, ese bandolero no está aquí.

Podemos irnos.

No sabe qué cerca estuvo de que le volara los sesos, míster.

Le gusta bromear, ¿eh? -¿Bromear? ¿Qué dice?

Soy el hombre más serio del mundo.

Relincho.

Relincho. ¿Se va?

Uno de mis hombres está herido, ha sido capturado

y voy a rescatarle. -Hum...

Tomemos las cosas con calma, míster Jiménez;

creo poder ayudarle. ¿Hum?

-La vida de su amigo

por mi crónica.

Música de reloj dando las horas.

-Good evening,

creo que he llegado a la hora más indicada.

¿Me permiten?

Estoy hambriento. -Oiga, ¿qué hace usted aquí?

(CALLAGHAN SABOREA LA COMIDA) -¿Quién le ha invitado?

-He venido a comunicarle algo que le interesa.

-¿Qué se ha creído que es esto? ¿Una fonda?

¡Eh! Haga el favor de retirarse.

¡No me obligue a llamar a mis criados!

-He visto soldados custodiando la casa

y, ahora, todos duermen.

-Ya ha oído lo que dijo el señor marqués, ¡retírese!

¿O quiere que le saque yo?

-Por favor, ustedes, los españoles

lo pretenden arreglar todo a golpes.

¿No quieren saber dónde está Curro Jiménez?

-¿Qué ha dicho?

-Sé dónde está Curro Jiménez.

-¿En dónde? -Ahí.

¡Míster Jiménez!

¡Ya puede entrar!

Lo siento, señor marqués, pero vengo a llevarme a su hija.

(SERIO) Tú, siéntate.

-¿Qué dice?

Está loco, no puede hacerme eso. Sí que puedo.

-Usted...

Y yo, que le creía un caballero.

-Todos cometemos equivocaciones. Lo siento. Vamos.

-No me moveré de aquí.

-Ah, ¿no?

-Haz lo que dicen.

Llévatela. -Será un placer.

Vamos, andando.

-Si algo le ocurre a mi hija, se acordará de mí.

Tienen preso a uno de mis hombres,

usted puede hacer que le liberen, sano y salvo;

sólo entonces verá a su hija. -Pero está malherido;

creo que no puede moverse.

Ya lo sé; cuando se recupere, él mismo le dirá cómo dar conmigo.

Estudiante, ven aquí.

¿Qué pasa?

Mira.

¿Quién viene con Curro?

Parece una mujer.

Y el otro es aquel tipo que vimos en la ermita.

Relincho y ladridos.

Vaya arañazo, ¿cómo te has hecho esto?

No lo sé, no tengo ni idea.

Ladridos. -A ver, por favor.

Veamos esa herida.

No se preocupe, no... No es nada.

-No se confíe, déjeme ver.

Necesito un paño limpio.

Relincho. (RÍE)

-He dicho "un paño limpio".

(HACE GESTOS DE ENFADO)

(RÍE)

-Usted, señorita, sus enaguas.

(ENFADADA) -No. ¿Pero qué se ha creído?

-Eh, vamos, dese prisa, quíteselas.

(LEONOR HACE GESTOS DE ENFADO)

-Let's me see.

Es una herida poco profunda, que sangra mucho,

pero sin importancia.

¿Por qué hace todo esto, míster?

-He venido a escribir sobre usted;

estoy obligado a hacerlo.

¿Tan importante soy?

-Está en juego mi prestigio.

¿Ha empeñado usted su palabra?

-Oh, no, no, es algo...

Mucho más grave: Una apuesta. Ah.

(ENFADADA) -Ahí tiene.

Ladridos del perrito.

Ladridos del perrito.

(HUELE CON GUSTO) -Ah.

Este bálsamo cura cualquier herida.

(RÍE)

(CALLAGHAN SILBA UNA MELODÍA)

Relincho. Ya estás limpia.

¿Ves a esa mujer?

Relincho. Tú estarás mucho más bonita.

Relincho.

Relincho.

(ENFADADA) -Oiga, ¿qué hace con mi peine?

-Peinar a Aurora;

el parecido es evidente.

-Hijo de perra; el animal es usted.

-Hum... Si yo me pareciera a un animal,

lo pasaríamos muy bien.

Ya basta, míster.

-Perdón, Aurora. (ENFADADA) -Hum.

-Vamos, Leonor,

vente, es hora de que comas tu cebada.

Relincho. (ARREA LA YEGUA)

Saluda. Arriba, up, up.

(EL PERRO GRUÑE)

-Saluda. (EL PERRO GRUÑE Y LADRA)

-Sí, muy bien, very good. (EL PERRO LADRA)

Ladridos. (CALLAGHAN) Up.

Ah, a little idea.

Oye, los ingleses, ¿de qué parte de España son?

¿Con que de qué parte de España? Sí.

Tú no puedes ser tan bruto; seguro que lo haces.

Los ingleses son de Inglaterra. Ah, ya.

(DA MARTILLAZOS)

Oye, e Inglaterra, ¿en qué parte de España está?

No sé qué decirte. Pues dime la verdad.

Mira, Inglaterra está muy lejos y España es donde nació tu padre.

Ladridos. ¿Mi padre qué tiene que ver

en todo esto? Es que no he podido evitar

acordarme de él. (RÍE) Muchas gracias.

-Please, you take care on the dog.

¿Qué dice? Que le laves el perro.

Martillazos.

-Tú pareces inglesa.

Oye,

¿no será que me vienes siguiendo desde allí?

(RÍE) -Jamás daría un paso para seguir a un tipo como usted.

Martillazos. -Ajá, eso es lo que tú piensas,

de momento; mañana,

¿quién sabe?

Martillazos. Creo que cambiarás de opinión;

me conozco bien.

(ENFADADA) -Márchese.

-Ya me pedirás que vuelva.

Señor Jiménez,

mi parte del trato está cumplida; ahora toca usted.

¿Me cuenta cosas?

¿Cosas de qué?

-¿Y de qué va a ser?

De su vida.

Debo hacer la entrevista.

Mis recuerdos están enterrados hace mucho tiempo y muy enterrados.

-Oh, no, no, we are going to take it up;

es lo convenido.

(RÍE) Está bien.

Pregunte lo que quiera de una vez y acabemos.

-¿Qué impresión le hizo matar a sangre fría?

¿"A sangre fría", dice?

Sé equivoca del todo, inglés; mi sangre estaba caliente,

porque mi cabeza también lo estaba.

-¿Y qué piensa de la violencia?

¿De cuál de ellas:

de la autorizada o de la otra?

-De la otra;

la autorizada es sólo justicia.

Cuando la sociedad encierra a un hombre

en una trampa sin salida,

a veces, es preciso matar,

para encontrar esa salida.

Hay muchas maneras de acabar con la vida de un hombre:

Empuñé un arma, porque antes habían acabado

con la mía.

-¿Y por qué no buscó después un sitio tranquilo

y olvidó el pasado?

Es lo más cómodo. Si hay algo

de lo que no me siento capaz,

es de olvidar.

Siempre he preferido luchar y lo seguiré haciendo,

mientras me quede aliento, por el derecho de las gentes.

Mientras no terminen las causas injustas

que nos hacen enloquecer a los hombres,

no cesará la violencia.

¿Por qué se pide cordura sólo a unos cuantos,

mientras se pisotean sus derechos?

-Usted asalta a diario la propiedad de los demás.

A los que yo asalto nadie se ha parado a preguntarles

a costa de quiénes han hecho su fortuna;

cualquier cacique se aprovecha

de la pobreza de la gente, día a día,

hasta que llega un momento en que ya no puedes más

y arrasas con todo lo que se cruza en tu camino.

Luego, ya se sabe,

emprendes una huida que termina aniquilándote,

sin que una sola voz a tu alrededor

se pregunte el porqué de tu locura.

Así me eché al monte, míster...

(RÍE) Lo demás

no tiene importancia.

(SILBA UNA MELODÍA)

Ladridos. (SILBA UNA MELODÍA)

Relinchos.

¿Y eso? Es el desayuno del inglés;

lleva de todo en la mula.

Un sibarita, ¿eh?

No, me parece que de eso, no lleva.

La madre que te parió. (SILBA UNA MELODÍA)

Ladridos. -Oiga, por favor,

¿me trae un poquito de ese pan?

¿De este?

Ladridos. Uh.

-Thank you, es usted muy amable.

Relincho.

Hola, Tomás. -Hola.

-Hermosa mañana.

¿Le gusta esta vida, Curro?

Le suponía más inteligente. -¿Por qué me dice esto?

¿A quién le gusta estar preso?

Esta es mi cárcel

y lo peor de esta cárcel es que se parece a la libertad.

-Usted es más libre que muchos otros;

tiene la libertad que da la rebeldía y el coraje.

¿De qué rebeldía me habla?

¿De qué coraje?

Yo no he elegido esta vida; me la impusieron,

sólo algunos pueden elegir.

Mire, míster,

yo he cometido muchos errores,

pero hay hombres a quienes les respeta todo el mundo

y han cometido crímenes mucho peores que los míos.

-I see. Eso es todo

lo que tengo que decirle; lo demás,

invénteselo usted, si quiere.

Relincho.

¿No quieres beber? ¿No?

(SUSPIRA)

Are you hungry? Aquí hay algo de comer.

Take it, take it.

¡Eh! Me llevaré a esa chica, en cuanto usted lo ordene.

No, míster,

usted no se la llevará; no me fío de usted.

(ENFADADO) Estoy harto.

-¿De qué? ¿De comer?

Estoy harto de usted,

de su perro, de su mula, de sus maletas...

¡Y de su "misqui"!

-"Whisky", diga "whisky". ¡"Misqui", "bisqui", lo que sea!

Curro, ¿no te importa que le dé un mamporro?

Relincho. -Déjele.

Bueno.

Ladridos del perrito. Oh.

Oh.

Risas. ¡Oh!

Oh. -Come on.

-Dale, Algarrobo. -Acaba con él.

-Anda con él.

-Venga con él, venga.

-¡Eso es! -¡Ya es tuyo, Algarrobo!

Ruido de objetos que caen al suelo.

(SUSPIRA)

-¡Ah!

-¡Quieto!

¡Imbécil, animal, que le vas a matar!

(RÍE) -¡Animal, bestia salvaje!

(RÍE)

(RÍE)

-Muchas gracias.

(JADEAN CANSADOS)

Estudiante, ven.

¿Qué hay? Dime. Mañana, baja al pueblo,

ponte al habla con el marqués

y entérate de cómo está el Malos Pelos.

Si ya se encuentra bien, prepara el día para el canje

y adviértele de que no intente ninguna treta,

si quiere ver con vida a su hija. Nada más.

De acuerdo, saldré mañana, al amanecer.

Relincho.

Señorita.

Leonor.

(SORPRENDIDO) ¡Curro, no está!

¿Cómo que no está?

Eh, míster.

-Se ha marchado, sí,

lo he visto con mis propios ojos.

Y no ha hecho nada para detenerla. -¿Pero por qué?

Ya no me hacía falta; tengo lo que quería.

(ENFADADO) Hum... Ahora mismo, vas a buscarla

y como le ocurra algo... -Alright, alright.

Cuida de la mula y de Artie,

no pueden vivir sin mí.

(RESOPLA COMO UN CABALLO)

(RÍE)

(LADRA)

(LADRA)

Well, well, well.

Qué belleza.

She is a very, very nice girl.

(EL PERRO LADRA)

-Al fin solos.

(EL PERRO LADRA)

-Nos vamos a divertir.

Go!

(EL PERRO LADRA) (PREOCUPADA) -Oh.

(EL PERRO LADRA) -Oh.

¡Fuera! ¡Fuera! (EL PERRO LADRA)

(LEONOR) ¡Vete! ¡Vete! (EL PERRO LADRA)

-¡Vete, te digo!

(EL PERRO LADRA) -¡Vete!

(EL PERRO LADRA) -Vete, chucho.

(LADRA) -¡Vamos!

(EL PERRO LADRA Y LEONOR JADEA CANSADA)

Toses de Leonor.

(ENFADADA) Por su culpa, casi me ahogo

y hubiera preferido ahogarme, de todos modos.

¿Qué me mira? -¿La pongo nerviosa?

-¡Vete de aquí, bicho asqueroso! Te pareces a tu amo...

Ladridos. (IRÓNICA) No, no, perdona,

¿qué más quisiera él que parecerse a ti?

Cada vez me gusta más tu forma de ser.

-¿Qué dice?

(SUSPIRA)

-Esta naturaleza

y este calor despiertan mis más bajos instintos.

Quítate la ropa.

-¿Qué pretende?

-Lo que te imaginas: Que te quites la ropa,

si no quieres que te la quite yo.

-No se atreverá.

-¿Todavía no te has dado cuenta

de que yo me atrevo a todo? -Por favor.

-Eso está mejor.

Repítelo.

-¿Que repita qué?

-Esas dos palabras,

que, seguramente, has dicho hoy por primera vez en tu vida.

(DESPACIO) Por favor.

Vamos, repítelas.

-No. -Well,

te las quitaré yo.

(ENFADADA) -Por favor.

(CON DESAGRADO) -Oh, no, así no.

Con más humildad, así:

(VOZ SUAVE) Por favor.

Por favor.

¿Eh?

Vamos, vamos, que me estoy cansando.

(SERIA) -Por favor.

(SERIA) Por favor. -No, no.

(VOZ SUAVE) -Por favor.

¡Curro!

¡Curro!

¡Aquí llega el Estudiante!

Hola, ¿qué hay?

Todo listo, Curro; dentro de tres días,

podremos entregar a la muchacha.

¿Y el Malos Pelos? Casi repuesto del todo.

Bien. ¿Crees que el marqués cumplirá su palabra?

Teme demasiado por su hija

como para faltar a ella. Ya.

¿Estás enamorada del inglés?

Hum...

Estudiante. ¿Sí?

El Algarrobo y tú entraréis con ella;

el resto y yo estaremos al tanto.

Algarrobo.

Espera aquí con ella; yo te avisaré.

-Les aseguro que mi padre es incapaz de tenderles una trampa.

Por si acaso.

Será mejor para ti.

Algarrobo.

Vamos.

Venga.

-¿Y mi hija? Primero, queremos ver al preso.

-Déjale salir.

-Vamos, sal.

Tráela.

(CONTENTO) -Oh.

(MALOS PELOS) Me alegra veros. ¿Cómo estás?

-Bien. ¿Podrás montar?

-Sí. Ve tú delante.

-No les dejes irse, padre, ya te contaré.

Tienen que ayudarnos.

-¡Esperen!

Quiero hablar con ustedes, por favor.

(SERIO) Levántate.

-Un momentito.

(RESPIRA HONDO)

Acabo de hacerle inmortal.

¿Debo alzar los brazos? No, no, no, no hace falta.

Estudiante, quítale ese juguete que lleva encima.

Voy a entregarte al marqués de Peñafría.

-Tendré que cambiar el final de mi crónica;

nunca pensé que pudieras actuar así.

Me han dado 50 doblones

y me van a dar 200 más.

-Ah, en ese caso,

claro, es una razón de fuerza mayor;

yo hubiera hecho lo mismo.

Vamos a ver cómo sales de esta ahora, tú que te crees tan listo.

-¿Apostamos?

¿Los 250 doblones?

No sabes lo que te espera.

Gitano, quédate con los caballos;

vosotros dos, entrad por la puerta de atrás.

(LADRA)

-Hagamos las cosas bien: Apúnteme con su pistola.

(SERIO) Vamos, canalla.

Señor marqués,

aquí está el guiri.

Vamos.

(ENFADADO) -Tendría que matarle por lo que ha hecho.

-¿Qué he hecho? -Bien lo sabe.

Mi hija. -¿Cómo?

¿No se la han devuelto esos bandoleros?

(RÍE)

-¿Acaso no está aquí y mejor educada?

Debería agradecérmelo.

(ENFADADO) -No bromee, canalla;

usted se ha aprovechado de ella. -¿Yo?

(RÍE) Aquí debe haber un error de información;

reconozco que estuve a punto, pero...

-Oh, no, no mientas.

En España, esto sólo tiene una solución.

(PREOCUPADO) -¿La horca? -No,

el matrimonio.

(PREOCUPADO) -Oh, my God.

Ustedes, los españoles, son unos exagerados;

nunca pensé que llegaran a tanto.

-¡Leonor!

-Sí, padre. -Aquí le tienes, hija.

Beberemos algo

y, ahora, mi criado traerá los 200 doblones.

Me parece muy bien.

(ENFADADO) -¿Así que matrimonio, eh?

¡Qué brillante idea!

¿Quién te crees que soy? Ese...

¿Cómo diablos se llama tu prometido?

-Albufera. -Eso mismo.

-Pues no, a mí no me metes en una trampa.

Eres única heredera, ¿verdad?

¿De quién ha sido esta idea?

-Mía, pero no te enfades...

(VOZ SUAVE) Por favor.

(VOZ SUAVE) Por favor. -Well, well, well.

Lo has aprendido.

A ver, repítelo.

Dímelo al oído.

(VOZ MUY SUAVE) -Por favor.

(LADRA)

Ladrido.

(LADRA)

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Curro Jiménez - El mister

15 ago 2016

Un periodista inglés, corresponsal del Times de Londres, llega a Andalucía a entrevistar a Curro Jiménez para publicar su biografía. La extraña personalidad del inglés crea una serie de situaciones en las que la acción y el humor van parejas.

Histórico de emisiones:
07/08/2012
01/08/2013

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  1. Marina

    Por favor.?Alguna persona sabe como se titula la musica de piano que sale casi al final del capítulo 24 de la serie Curro Jimenez? Gracias.

    16 ago 2016