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Curro Jiménez - En la loca fortuna - ver ahora reproducir video 01h 05 min
Transcripción completa

hemos despistado a los franceses y a los españoles,

Disparos.

Pájaros cantando.

Caballo a paso lento.

Gallo cacareando.

-¿El padre Javier? -En el confesionario está.

-Padre Javier... -Sí?

(HERIDO) -¿Es cierto que colabora usted con los patriotas?

-¿Has venido a confesarte o a confesarme?

-Los curas se enteran de todo.

¿No ha llegado a sus oídos la historia de...

de una mina... de oro?

-Sí, conozco esa historia.

Los españoles volaron las minas

para que los franceses no se apoderaran del oro.

¿Es eso lo que has venido a contarme?

Te escucho, hijo.

-Antes de dejar la mina, los españoles

ocultaron en ella varios sacos de oro ya elaborado.

Estaban cercados por los gabachos

y era peligroso dejarlo.

Los franceses luego tampoco pudieron encontrarlo.

-Tampoco los españoles,

porque faltaba una parte del plano

donde se especificaba dónde estaba el tesoro.

-Ese plano...

cayó en manos de dos mineros,

un hermano mío...

(COGE FUERZAS) y yo. -¿Cayó?

-Teníamos el plano y queríamos el oro.

Dios me libre de mentir en pleno sacramento de la confesión,

pero aunque estuvimos en la mina...

no encontramos el escondite.

No podíamos interpretar el plano,

mi hermano dijo que solo había un hombre capaz de hacerlo,

el ingeniero de... de las minas,

un inglés llamado Mr. Trilling.

Pero Mr. Trilling, asustado por la llegada de los franceses

se había escapado y yo...

yo me encargué de salir en su busca.

Pero antes de separarnos, mi hermano y yo, por...

prudencia...

o por desconfianza, Dios me libre de mentir...

-Sigue, hijo, descarga tu conciencia.

-Mi hermano y yo decidimos... (RESPIRA TRABAJOSAMENTE)

dividir el plano en dos.

Cada uno se quedó con la mitad. (RÍE) -Salomónico.

-Yo tuve suerte...

encontré al inglés,

pero acabo de enterarme de que mi hermano ha desaparecido...

y nadie sabe dónde está.

Quizá le robaron su parte del plano...

(RESPIRA MUY DOLORIDO)

los franceses. -O los españoles.

Ahora entiendo el motivo de tu visita.

Esto no es una confesión, es una propuesta.

Quieres que te ayude a encontrar... -No...

-...el plano o a tu hermano. -No, todo lo contrario, padre.

He venido a traerle mi parte del plano...

y a darle las señas de Mr. Trilling.

-¿Y por qué haces eso?

-Si ese oro ya no ha de ser de mi hermano...

(CON DIFICULTAD) ni... mío,

prefiero que sirva para luchar contra los franceses.

-Dios te lo premiará, hijo mío.

-Deme usted la absolución, padre.

(SIN FUERZAS) Rápido.... me... me estoy muriendo.

Golpe contra el suelo.

-"Ego te absolvo a peccatis tuis

in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti".

Aplausos y vítores.

-¡Guapa!

Jaleo de voces.

-Señor, una botella de vino.

¿En qué piensas amigo

mientras miras tu copa?

¿En el tiempo perdido

o en la fortuna loca?

¿En la dura batalla

en que retas la muerte?

¿O en la casa lejana

o en las espigas verdes?

¿En quemarte en el fuego

de un ardiente verano?

¿O en llegar al infierno

con el cielo en la mano?

¿En el sueño cumplido

o en la esperanza rota?

¿En qué piensas, amigo, en qué piensas

mientras miras tu copa?

Aplausos y vítores. ¿En qué piensas amigo?

En la loca fortuna.

-Vente al camerino ahora.

Aplausos.

-¡Adiós, guapa! -¡Guapa, guapa!

Risas.

(TARAREA) Na, na, na....

(SUSPIRA)

Tocan a la puerta.

-Adelante.

Ayúdame, vamos.

Se cierra la puerta.

¿Para esto me has hecho llamar?

Necesitas una vestidora. -Date prisa, hombre.

¿Qué tienes que decirme?

-Todo a su tiempo.

Hay un oficial francés en el público que no me gusta nada.

(RÍE) -¿Te gusto más yo?

¡Aaau!

Perdona.

¿Adónde vas?

-Espérame. Si quieres, puedes fumarte uno de esos cigarros,

son de mi tierra. Echa el cerrojo, a mi regreso llamaré dos veces.

-¡Más vino!

(VOZ DE HOMBRE) -¿En qué piensas amigo?

En la loca fortuna.

-No, es mejor que no nos veamos las caras.

Que yo no vea la tuya querrás decir.

¿Qué me queréis?

-Se te encarga transportar algo muy importante

hasta las minas de oro.

¿Las que volaron hace un mes? -Esas.

Es un camino muy largo y peligroso...

¿Qué tengo que hacer? -Guiar a un hombre

Canción. y encontrar la mitad de un plano.

¿Quién la tiene? -Otro hombre.

Yo te daré la otra mitad.

¿El que va a venir conmigo es un inválido?

-No estamos bromeando.

Es un hombre cuya existencia es vital para la causa española

y los franceses intentarán apresarlo antes de que lleguéis a la mina.

Por eso te lo confiamos. porque conoces como nadie el camino

y porque sabrás defenderlo de cualquier ataque.

Y además porque conocemos tu apoyo a la causa de los patriotas.

¿Cuánto oro hay de por medio?

-¿Por qué quieres saberlo?

Si sabéis que conozco el camino, que sé defender a un hombre,

y que odio a los franceses,

también debéis saber eso.

-¿El qué?

Que tengo debilidad por el oro.

Ay, ay, desde América,

ay, ay, qué cosa más rica.

Ay, ay, ay, cómo pica,

mi novio en la Martinica.

Risas. -¡Guapa!

Ay, ay, ay, qué penita...

Ay, ay, qué cosa más...

-¡Suéltame!

Risas. (RÍE) ¡Ay!

Qué bruto eres. (RIENDO) -¿Qué vas a hacer conmigo?

¿Eh? Un poco de vino.

(RÍEN LOS TRES) -¡Eh, Algarrobo!

-Salud. Salud.

Bueno.

Está claro.

Encuentro el plano, conduzco al hombre sano y sano a su destino

y entrego el oro aquí mismo.

Después de retirar mi parte, es lo establecido.

-¿Aunque ese oro esté destinado a la causa española?

Cuando no lo está me quedo con todo.

-Toma el plano.

Sal por el armario, no tiene fondo y puedes huir.

¿Y usted? -No te preocupes, Dios me protege.

No lo dudo.

-Por favor, señores,

qué forma tan desconsiderada de golpear la puerta.

Ah, dígale a la señorita

que ya he bendecido la imagen de la Virgen de la Caridad del cobre

como ella piadosamente me solicitó.

Buenas noches.

Jaleo de voces.

-¡Chis, chis!

Callan todos.

Sigan. Sigan, sigan.

Buenas noches, hija.

Buenas noches.

¿De dónde sale este cura? -No sé. ¿Y vosotros qué hacéis?

Estamos de paso para unos negocios.

¿Y tú eres de aquí? -No lo quiera Santa Bárbara.

Soy cubana.

Vaya. Yo me refería a si vives aquí.

-Yo no vivo en ninguna parte, hoy aquí, mañana allí...

Eso es lo bonito, ¿verdad? (RÍE) Sí.

Recorrer mundo, disfrutar, cambiar...

¿Y a los hombres también te gusta cambiarlos?

(RÍE) -Lo que pasa, es que es difícil elegir, ¿sabes?

¿Y ustedes se marchan pronto?

Me gustaría conocerles mejor.

A ti sobre todo.

Eres tan tímido, tan callado...

con esos ojazos...

Trabajamos para un hombre de negocios muy importante.

-¿Quién es?

Tengo la impresión de que acabas de conocerlo.

Pájaros piando.

Toma, espérame.

¿En qué piensas, amiga?

(CON ACENTO INGLÉS) -En la loca fortuna.

Trilling, ingeniero de minas.

Curro Jiménez, patriota.

Aullidos del viento.

-Quedamos en salir a las once. Es raro que tarden tanto.

-¿No son españoles?

(RÍE) Sí.

¿Qué lleva usted en la maleta? -Efectos personales.

¡¿Qué demonios hace?!

¡¿Cómo se atreve, es mi maleta?!

Pero usted es mi equipaje, señor Trilling,

me he hecho responsable de llevarle a su destino...

y no quiero correr riesgos.

-No soy ningún equipaje, señor Jiménez,

sino un ciudadano británico y estoy "costumbrado"

a que se respeten mis fueres individuales,

sean mis ideas, mi vida particular o mi maleta.

Con sus ideas no me meto,

pero con la maleta perdóneme.

-¡"Leave my suitcase alone"! Aquí vienen.

-"How dare, you, nasty spaniard?"

¡Sooo!

¿Qué hace esta aquí?

Los franceses la han descubierto, ha conseguido escapar de milagro.

Salió por la parte de atrás de la taberna,

suerte que estábamos nosotros. Ya...

¿Y vosotros qué hacíais allí?

La esperábamos.

Queríamos despedirnos de ella.

¿Para qué la habéis traído aquí?

¡Pues para...!

Ya sabes cómo son los franceses.

¿De qué tienes miedo?

-De lo que tendrías tú.

De que te torturaran, de que te desollaran vivo para que hablaras.

¡Curro entiéndelo, sabes bien lo que le esperaba!

Han descubierto que es espía de los patriotas.

-¿Y cómo saben ustedes que lo es?

-¿No te serví de enlace cuando te encargaron no sé qué misión?

¿Sabes de qué se trata? -No.

Entonces no te tienen confianza, ¿por qué debería yo?

Ni siquiera eres española. -No te pido que me cuentes nada,

pero tengo miedo, quiero que me llevéis con vosotros.

-No, de ninguna manera, no podemos llevar a nadie

y mucho menos a una criatura salvaje e incivilizada,

y probablemente traidora como todas las indias.

Señor Jiménez, me opongo.

-¡Maldito inglés! Ya lo has oído,

no puedes venir, vuelve al pueblo.

¿Vas a cargar sobre tu conciencia que la atrapen y la fusilen?

Si la vimos salir sin más equipaje que un hatillo de alguien huiría.

Podríais haberos enterado antes,

ahora no podemos ir al pueblo a investigar,

debemos salir inmediatamente y hemos perdido media hora.

-Espere, si la dejamos aquí

y nos ha mentido, puede volver y decir que me ha visto.

Claro, tiene razón.

Es más seguro que venga con nosotros.

-Eso no es lo que ha querido decir el inglés.

Tú propones que me maten aquí mismo ahora, ¡¿verdad?!

-No, los ingleses respetamos la vida humana.

-¡La vuestra! ¡Ya está bien!

Quizá no seas una traidora.

De acuerdo, vendrás con nosotros parte del camino, nada más.

Haremos noche en la Venta del Tuerto, pasado el Arenal.

Allí no te podrán coger los franceses.

Luego nosotros seguiremos viaje y tú te quedas.

-Acepto.

Desde la venta seguiré hasta la costa.

Trataré de embarcarme hacia África y así ponerme a salvo.

-Buena idea...

los salvajes con los salvajes. En marcha.

(RÍEN LOS TRES A CARCAJADAS)

-Bueno, te toca a ti ahora. Yo no me acuerdo de ninguno,

que lo diga ese, que ha aprendido muchos en la universidad.

-¿Estuviste en la universidad? Unos años nada más.

(SUSPIRANDO) -Ah, qué afortunado.

Y pensar que yo no he hecho otra cosa que cantar y bailar.

Ah, y pedir limosna en las calles de La Víbora.

¡Oye, ¿qué es eso de la víbora! (RÍE)

-¡No pasa nada, no te asustes, no va a morder!

Risas de los tres.

Venga, tú, cuenta uno de tus chistes.

Sí, verás, ese del mono que se moja el trasero...

(RÍE A CARCAJADAS) ¡No empieces por el final!

-Anda, cuenta el chiste del mono. ¿No te lo sabes?

-No. Pues verás...

Era un mono que siempre estaba estreñido y un día...

(RIENDO) -Espera, ¿ese es el cuento del mono que fue a una fuente...?

¡Ese, sí! (RIEN AMBOS A CARCAJADAS)

-Y luego está el lagarto que sacó la cabeza

y se quedó mirando el trasero... (RIENDO) ¡Ese!

(RÍEN AMBOS A CARCAJADAS)

-Y la tercera vez, el mono yo no sé lo que...

(RIENDO) ¡Se comió al lagarto!

-Pero oye, ¿es que a ti no te hace gracia?

-Es que no lo conozco. (RÍEN LOS DOS A CARCAJADAS)

-¡Pero si fuiste tú el que dijiste que lo contara!

Risas de los tres. -Señor Jiménez,

esta mujer va a perder a sus hombres, nos va a perder a todos.

Esos gritos se oyen desde muy lejos.

Carcajadas.

Basta.

¡Basta!

-Anda, ayúdame. ¡A la orden!

(RÍE)

-¡Vamos, chicos, no tengáis miedo!

¡Allá voy!

(RÍE)

Grrrr. -¡Aaah!

(RÍEN LOS TRES)

-¡Vas a ver!

Disparo. ¡Dejadlo ya, fuera de ahí!

Disparo.

Al suelo.

Disparos.

-¡Aaah!

¡Gitano, a por ellos!

Relinchos.

Disparo.

¿Qué pasó?

Se escapó.

Grillos.

-¿Un trago?

Todos duermen, buen momento para mirar el plano.

(RÍE) Con esta luz no vería nada, señor Trilling,

está borroso y arrugado. -Tengo buena vista,

y la lupa, he estado leyendo hasta hace un rato.

Las llamas han bajado mucho.

-Echamos otra leña. Mr. Trilling...

se me ha encomendado la custodia de ese plano como la de su vida,

no quiero exponerlo a ningún riesgo hasta llegar a la mina,

ni a usted, ni al plano, ¿entiende?

De todos modos...

no le serviría de nada.

falta la otra mitad, usted lo sabe.

Y uno de mis trabajos será encontrarla.

-Si ha desaparecido el que la tenía será difícil encontrarlo,

le va a costar trabajo. Puede ser.

Ya ve usted que tener la otra mitad de ese plano es un gran peligro,

que quiero correr yo solo.

Váyase a dormir, mañana nos esperan los Arenales.

-Me despertó el frío. ¡Chis!

Ven, tápate con la manta.

-Os voy a extrañar en el África. Ahí no sentirás frío, ¿eh?

-Sí, pero no tendré amigos.

¿Es tan importante llevar a ese maldito inglés a las minas?

¿Cómo sabes que esa es nuestra misión?

(RÍE MIMOSA) -No, no lo sabía,

lo sospechaba por cosas de aquí y de allá,

y tú me lo acabas de confirmar. Qué lista eres.

(RÍE)

-Hum, ya se me pasó el frío.

Es que la manta abriga mucho, ¿sabes?

(RÍE) -Qué hombre tan modesto eres.

No lo creas. Eh, que es la hora del relevo.

¡Aún no ha amanecido!

Pero lo hará en un rato y llevas 4 horas de guardia y hace frío.

¡No tengo frío, y si lo hace, ¿qué te importa?!

¿Cómo que no? ¿Cómo vas a tener frío estando así?

¡Déjame en paz, siempre a mí! -"Shut up, god damm it"!

Cállate inglés, anda levántate. Déjame en paz.

¡Callaos!

Gitano, hay alguien en la maleza.

Anda, vete a vigilar, por allí.

¿Has visto algo por ahí? Nada.

Sería algún bicho.

-Dame un poco de agua.

(RELAJADA) -¡Aaah!

Qué calor.

Aaah.

(SUSPIRANDO A GUSTO) Aaah.

Esperad un momento.

-Esta chica está loca.

Señor Jiménez, se bebió su ración

y ahora usa la de los demás para bañarse.

Vamos, para delante.

Vamos.

Guarda ese espejo.

Te he dicho que lo guardes.

-Está bien.

Ya falta poco para llegar a la venta.

-Lo estoy deseando.

(RÍEN LOS TRES)

Graznidos.

Graznidos.

-Es lo único que tengo para comer,

pero lo compartiré con vosotros de todo corazón.

-Ah, ah, yo no como esa bazofia.

(RÍEN TODOS)

-¿Usted tampoco, señorita?

-Sírvame.

-En cuanto a lo de pasar la noche

tendréis que dormir en este cuarto.

A la señorita le cederé con mucho gusto mi cuarto.

¡Déjala, hombre!

-No se asuste,

yo dormiré en la cuadra.

Eh, tú, espera.

-¿Quieres algo de mí?

Sí. ¿Han pasado unos franceses por aquí?

-¿Cuándo? Estos últimos días.

-Sí y no.

Explícate.

-De uniforme no ha venido nadie,

pero cuando un caballero sordomudo viene con un guía,

un francés caso siempre.

¿Cuándo fue eso?

-Hace unos días.

Se fueron hacia las montañas, pero no han vuelto.

¿Sin soldados?

-Bueno, si vinieron, no se acercaron por aquí.

Me estás mintiendo.

-¿Por qué tendría que mentirte?

(RÍE)

No apague la luz en toda la noche, míster Trilling.

-"All right".

Ladridos.

Relinchos.

-No han pasado todavía,

vendrán detrás de vosotros, siguiéndoos.

-¿Le habéis encontrado? -Sí.

-¿Dónde está? -Viven en una casa, solo.

El guía sabe el camino.

Está loco y muy enfermo,

solo quiere que vaya el médico.

Nadie le ha sacado nada todavía.

-Yo tengo que seguir, no puedo quedarme aquí.

Míster Trilling...

(ADORMILADO) -¿Eh? ¿Por qué ha apagado la luz?

-Oh, debió apagarse sola, o tal vez fui yo olvidando sus instrucciones.

Ahora mismo la enciendo.

(GRITA ASUSTADA) -¡Aaaah!

(LLORA A GRITOS) ¡Aaah!

¿Qué pasa aquí?

-¡No quiero quedarme aquí!

No te preocupes... -¡No quiero quedarme!

...vendrás con nosotros. ¡Quieto!

¡Dame eso! -¿Qué?

Dámelo.

Sigue.

Graznidos.

Come algo.

Qué calor hace.

Toma un poco de agua, está muy fresca.

Algarrobo, poneos en marcha.

Gitano, tú ven conmigo.

Graznidos.

¡Quietos!

¡Quieto ahí!

-Devuélvame eso, por Dios, y déjeme continuar viaje,

de ello depende la vida de un hombre.

No llevo nada de valor,

si quiere usted mi reloj...

Soy... soy el doctor Borja, cirujano.

Este muchacho me acompaña, conoce el terreno.

Ya. Y sabe guiarse por el reflejo del sol en un espejo, ¿verdad?

Haremos el viaje juntos, doctor Borja,

tengo curiosidad por conocer a ese enfermo.

Graznidos.

-¡Eh, viene el señor Jiménez!

¿Le conoces?

(LLORA)

-Está bien, ¡está bien!

Os he engañado a todos,

nunca me persiguieron los franceses.

Solo he querido salvar la vida de un hombre que se está muriendo.

Y ese buen médico ha accedido a hacer el viaje...

(LLORANDO) ¡Solo he querido salvar la vida de un amigo!

Si tenías guía, ¿por qué quisiste venir con nosotros?

-Porque supe que tenías que proteger al inglés hasta las minas,

y así de paso me protegías también a mí...

y al médico.

(LLORANDO) Solo quería salvar la vida de mi amigo.

Tú lo que quieres salvar es otra cosa.

-¿De qué estás hablando?

De unos papeles muy importantes que seguramente tiene tu amigo

y que hay muchos interesados en robarlos.

-Está bien...

tengo conocimiento de esos papeles.

Un plano...

el plano de un tesoro que pertenece a mi amigo.

¡Y no voy a dejar que ni tú ni nadie le roben!

¿Lo tiene él todavía?

-No lo sé, vino a verme hace tiempo.

(LLORA) Desapareció.

Y ahora me han dicho que se está muriendo.

-No deberíamos perder más tiempo, está en juego la vida de un hombre.

-El doctor tiene razón.

¿Dónde está tu amigo?

-En un lugar llamado La Garganta de los Condenados.

Nunca he llegado hasta ahí.

Graznidos. -Él conoce el camino.

Andando.

Coge el caballo y guíanos.

No estoy tranquilo,

ya demasiados saben que llevo una parte del plano.

¿De quién desconfías?

De todos.

Toma, guárdalo tú.

Ahora solamente nosotros sabemos quién lo tiene.

¿Por qué nos habrá dicho eso a nosotros?

No sé.

(PREOCUPADA) -¡Pedro, Pedro!

(RESPIRA MORIBUNDO)

-Hemos llegado a tiempo.

Dios mío, Pedro, soy Rita, ¡Rita!

¡¿No me reconoces?!

(LLOROSA) Ay, Dios mío, ¿está muy mal?

(TOSE)

Doctor, ¿no puede hacer algo?

(LLORA ANGUSTIADA)

Déjeme a solas con él un momento.

Toses. Vamos, fuera.

(LLORA)

Vamos, doctor, fuera.

Mi nombre es Curro Jiménez,

he sido comisionado por la junta de defensa.

Tiene usted un documento muy importante para la junta.

Su hermano dijo que...

(SIN FUERZAS) -Me estoy muriendo...

Escuche... -Me estoy muriendo,

un... médico...

Un mé... dico.

(TOSE)

Graznidos. Pase.

-Tengo que reconocerle, necesitaré a alguien que me ayude.

(RITA LLORA)

Yo tengo algunos conocimientos.

-Está bien, vamos.

Que no entre nadie.

(BAJITO) Tú a la tuyo.

(LLORA)

(LLORA MUCHO MÁS FUERTE)

-Encienda el fuego y caliente agua.

(RESPIRA MORIBUNDO Y TOSE)

Gitano, ¿dónde está el guía?

Se marchó, habló con el inglés y se fue.

¿Dónde fue, míster Trilling?

-Vio algo raro en el desfiladero y quiso comprobarlo.

Graznidos.

(LLORA DESCONSOLADA)

Bien.

Todo ha ido bien, el médico está satisfecho.

-No era tan grave como pensé.

Es un hombre fuerte, se pondrá bien...

pero aún le quedan unas cuantas horas para recobrar el conocimiento.

-¿Puedo entrar a verle? -Sí, vaya, pero no le atosigue

ni le hable, déjele descansar.

Disparo.

¡¿Qué ha sido eso?!

Disparos en el desfiladero.

A los caballos. No conviene dejarlos aquí.

¿Qué hacemos?

Disparo. Irnos.

Señor Trilling, venga.

Vigile usted a la chica y al doctor.

¡Gitano!

Disparo.

Graznidos.

Disparo.

Era uno solo.

-¡El plano, el plano, esa maldita zorra me lo ha robado!

¡El plano, yo lo tenía escondido aquí!

¡Esa zorra me lo ha quitado!

(RESPIRA NERVIOSO) Lo tenía escondido.

¿Pero no era su amiga? -Yo no tengo ninguna amiga.

Esa mujer me engañó a mí...

y a mi hermano y ahora quiere acabar conmigo.

Solo os pido una cosa, acabad con ella

¡y con ese maldito médico también!

No perdamos tiempo, tienen el plano y al inglés, van hacia la mina.

-Seguidlos, dadles caza, traedme el plano y dividiremos el tesoro.

No podrán hacer nada sin la mitad que le diste a este.

Sí, claro.

(PREOCUPADO) Eh... ¡el plano!

Te lo robó mientras la consolabas.

Una mujer así puede conseguirlo todo.

¡Madre mía!

No te preocupes...

estaba previsto. A la mina.

Gotas de agua.

-¿Qué pasa?

-No coinciden. -No puede ser.

-¡Nos estás engañando!

-¿Está seguro de que no coinciden?

-Absolutamente seguro.

¡Buenas tardes, señores!

(RESPIRA ASUSTADO) -Eh...

¿Dónde vas, doctor? Tira para allá.

Algarrobo, desata al inglés.

¿Lo han maltratado, Mr. Trilling? -¡Malditos!

Junte las partes...

...y dígame dónde está el oro.

-El oro no está lejos.

Al final de esa galería.

Vamos.

-Es aquí. Algarrobo...

(RÍEN)

Una parte para nosotros y el resto para los patriotas.

-Ni para los patriotas ni para los franceses. (RÍE)

Ordene a sus hombres que abandonen sus armas,

o me veré en la desagradable obligación de disparar.

Ya ve, señor Jiménez, el cerebro de un súbdito británico

y la astucia instintiva de un criolla,

pueden ser una buena combinación.

Nos hemos desembarazado de esos dos incómodos hermanos

hemos despistado a los franceses y a los españoles,

y usted nos ha servido para protegernos.

(BURLÓN) Ha sido un viaje muy divertido, ¿verdad, Rita?

Luego nos ayudarán a cargar el oro

y después nos despediremos para siempre.

-Carga el oro en los caballos.

Te han usado, como a mí,

y ahora piensan dejarte para que te pudras en esta cueva.

Relinchos.

Bofetada. -¡Aaah!

Disparo.

-¡Aaah!

Puñalada. (HERIDO) -¡Aah!

(PIERDE EL SENTIDO) -¡Aaah!

(RESPIRA MUY DOLORIDO)

Lo siento, míster Trilling.

-Ah... más... lo siento yo.

(EXPIRA)

Golpean la puerta.

Golpean con insistencia.

Tocan a la puerta.

-Señorita, señorita, salga pronto.

Han echado a todos los clientes y amenazan con destruirlo todo.

Toca con insistencia.

-¿Quiénes? -Unos hombres.

-¿En qué pensáis amigos?

En lo que nos vamos a divertir esta noche contigo.

(RÍE)

Canta.

¿En qué piensas amigo

mientras miras tu copa?

¿En el tiempo perdido

o en la fortuna loca?

¿En la dura batalla

en que retas la muerte?

¿O en la casa lejana

o en las espigas verdes?

¿En quemarte en el fuego

de un ardiente verano?

¿O en llegar al infierno

con el cielo en la mano?

¿En el sueño cumplido

o en la esperanza rota?

¿En qué piensas, amigo, en qué piensas

mientras miras tu copa?

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Curro Jiménez - En la loca fortuna

07 ago 2016

El padre Javier atiende en confesión a un hombre a punto de morir.

Histórico de emisiones:
17/07/2012
10/09/2013

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