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Curro Jiménez - Entierro en la serranía - ver ahora reproducir video 50.55 min
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Con las hazañas y peripecias

del famoso bandido Curro Jiménez.

Turuta.

Con las hazañas y peripecias

del famoso bandido Curro Jiménez.

Turuta.

Venid todos a mirar el caso famoso

y cierto de un hombre que sigue

vivo porque todavía no ha muerto.

Esta historia extraordinaria, como no vieron los tiempos,

os servirá de escucharla

de maravilla y ejemplo.

Os pido escuchéis sus lances

en conveniente silencio.

Nació pobre en esta tierra, pero su fama llegó

desde los mares de China

hasta la misma Inglaterra.

Dicen que empezó su vida

siendo un honrado barquero.

Miradle aquí como cruza el Guadalquivir arpero.

Campanadas.

-Señor gobernador, supongo que recibió noticias

de Madrid anunciándole mi llegada.

-Supone bien, inspector. Su nombre es Oriol, ¿verdad?

-Sí. -¿Una copa?

-Gracias.

Si le parece, podemos tratar directamente el asunto

que aquí me ha traído. -Le escucho.

-Mi misión es clara y concreta: acabar de una vez y para siempre

con los bandoleros de esta región.

-Eso queremos todos. De hecho, lo hemos intentado

muchas veces, pero... -Yo vengo dispuesto

a conseguir realidades. -Que Dios le oiga.

-¿Ve algún inconveniente? -¿Alguno dice?

Los hay a cientos.

-Estoy decidido a pasar por encima de todos ellos.

-Ojalá. ¿Cree que yo me siento tranquilo

con esa gente merodeando por los alrededores?

El pueblo, en su mayoría, los protege.

Sobre todo a Curro Jiménez.

Campanadas.

-Ese ocupa el centro de mi atención.

Acabando con él habremos terminado con el problema.

Hay que descubrir a la gente que le protege

y la verdadera catadura de ese hombre.

Después encerraremos a todo aquel que le preste ayuda.

-Van a faltarle cárceles.

-Se levantarán las que hagan falta.

Traigo de Madrid toda clase de atribuciones

y le aseguro que nada ni nadie me harán fracasar.

-Lo celebro, señor, pero ¿sabe las fuerzas

con las que cuenta? -Pocas, lo sé.

-Yo diría que ridículas. Batir con tan pocos hombres

la serranía es prácticamente imposible.

-Se reclutarán más. Se darán mayores recompensas.

Se mandarán espías.

Si es preciso, se ofrecerá la libertad

a delincuentes comunes para que puedan facilitar pistas

o traigan el cadáver de un bandolero atravesado

sobre la silla de un caballo. Se hará lo que sea

para garantizar la tranquilidad de los ciudadanos honrados.

-Admiro su entusiasmo, inspector. Cuente con mi total ayuda.

-Tengo entendido que la madre de Curro Jiménez vive aquí.

-Así es. -Esa es una carta más a jugar.

Antes o después tratará de llegar a ella.

-¿María Ledesma? -Yo soy.

-Vengo a detenerla en nombre de la justicia.

¡Curro!

¡Curro, alguien viene!

¿Cuántos?

Uno solo, y parece que viene hacia aquí.

Ve a ver quién es.

¡Quieto!

¿Quién será este tipo? No lo sé.

¿Qué le has hecho? Nada, le di el alto, me miró

y se cayó. Puede que se asustara. No me extraña.

(RÍE) -No me gusta este hombre.

Relincho. Toma, ni a mí.

Relincho.

-¿Quiénes sois? Los que preguntamos.

-Me llamo Antonio. Creo que con el nombre es bastante.

¿Adónde vas? -A Córdoba.

¿Qué vas a hacer allí?

Voy a reunirme con una mujer.

¿Estás herido?

-Hum, hum...

Sólo estoy un poco débil.

Llevo cabalgando varios días son comer.

¿De dónde vienes?

-¿Es necesario contestar a eso?

Será mejor para ti.

-De la cárcel. Pude escapar.

¿Por qué has estado preso?

-Eso sería más largo de contar.

Tendrás tiempo. Que le den algo de comer.

Ven conmigo.

(RÍE)

-Ríete lo que quieras, pero yo te juro que ese tío

es un sinvergüenza. Me gustaría saber qué es para ti

un sinvergüenza. -Un tipo que sin ser guardia

se entiende con ellos. No puedo seguir desperdiciando

tu talento. -¡Si te vuelves a reír de mí

te voy a matar! (RÍE)

-Ah, ah... Crees que soy tonta, ¿verdad?

¿Cómo voy a pensar eso, si te he nombrado princesa

de este palacio? (RÍE)

-Uh, uh...

Lo que son las cosas. Fíjate lo que me dijo

el Estudiante... Tienes que disculparnos,

no te conocíamos. -¿Qué fue lo que te dijo?

Me dijo: "Vamos a emborrachar a este pájaro para que suelte

el pico". (RÍE)

Los tíos borrachos sueltan la lengua del todo.

Si lo sabrá él. (RÍEN)

-Pues con vino o sin él mi historia es la que os he contado.

Perdona que hayamos tenido que emborracharte.

Simple medida de seguridad. (RÍE)

Oye, tú aguantas mucho. Casi nos emborrachamos

nosotros también. (RÍE) A mí me basta ver a un tipo

para ver de qué pie cojea. (RÍEN)

¿Y cómo ves a este?

Buena gente. ¡Buena gente!

-¿Para qué iba a engañaros? Es lo que yo digo.

Nadie se juega el pescuezo porque sí.

-Si no fuese porque me esperan me quedaría con vosotros.

Creo que me iba a gustar vuestra vida.

Mujeres, aventuras, dinero... Lo que se dice una buena vida.

-¿Y qué proyectos tenéis? Buf, verás, yo...

Chis.

Esa es una historia para nuestra familia.

(RÍE)

¿Hum?

-Curro, me marcho.

Muchas gracias por todo. No las merece.

-Si alguna vez pudiera, me gustaría volver con vosotros.

Ser uno más. Serás bien recibido.

-Hasta pronto. Adiós.

¿Puedo decirte algo?

Di lo que sea.

Me sorprende tu candidez con ese hombre.

Ese tipo huele a falso a veinte leguas.

¿Tú crees?

¿Me estás tomando el pelo?

Seguro que no ha venido solo.

Tendrá gente cerca de aquí.

Se nos echarían encima inmediatamente.

Es mejor no retenerle, así ganamos tiempo.

¿Debemos abandonar entonces el campamento?

De momento, no.

Síguele y averigua quién le manda.

Yo tomaré aquí mis medidas.

Relincho.

-Es la señal, alguien le sigue. -Le prepararemos en el pueblo

un buen recibimiento.

Gallo cantando.

(RELINCHA)

(RELINCHA)

Ladridos.

-Luis, dame vino para apagar la sed de cinco meses.

-Creí que te habían condenado a cinco años.

-He sido tan bueno que se han compadecido de mí.

-Luego dicen que hay justicia.

-Ah... -Date preso en nombre

de la justicia.

Anda...

-Dejadnos solos.

¿Llegaste hasta ellos?

-Inspector, antes de entrar en pormenores

me gustaría que se aclarase mi situación.

-Está todo aclarado. Tendrás una fuerte recompensa

si conseguimos detenerlos. Después ordenaré tu libertad

para que puedas irte lejos de aquí.

-¿Y si luego le fallase la memoria? -No tienes más solución

que fiar en mi palabra. O eso o volver a tu encierro

otra vez. -No se enfade.

Compréndalo, voy a jugarme el pellejo y me gustaría salir

con algo en los bolsillos. -No insistas más.

Tendrás lo acordado.

Si no estás conforme, hará otro el trabajo.

-¿Bromea, inspector? Usted me eligió a mí,

a un preso, porque sabe que nadie podrá llevar a sus hombres

hasta la guarida. He pateado cientos de veces

toda esa sierra. La conozco igual que el mismísimo Curro Jiménez.

Por eso me fue tan fácil dar con él.

Además, conozco todos los caminos que llevan a ese agujero,

y lo que es mejor, todas las salidas.

-¿Cuántos hombres necesitaremos? -No es necesario

llevar un ejército. Con treinta hombres bien armados

habrá suficiente. -¿Sospecharon de ti?

-Como estaba previsto. Curro me mandó seguir.

Y su lugarteniente fue testigo de cómo me arrestaban

los alguaciles. Eso les hará pensar

que no les mentí y que no es una feliz unión

la mía con la justicia. -De todas formas

conviene atacarlos cuanto antes, no vaya a ser que levanten

ese campamento. -Estoy a sus órdenes.

(RÍEN) ¡Eh, tú!

¿Dónde vas, mujer?

(RÍEN) -Ah...

Oh... (RÍE)

¿Y dices que le detuvieron nada más llegar?

Apenas tuve tiempo de encontrar sitio desde donde vigilar

la salida de la taberna cuando vi que ya le sacaban.

¿Dos alguaciles? De eso iban vestidos.

No hay duda es de que luego entraron con el preso en la cárcel.

Ya.

(SUSPIRA)

-¿Por qué te has retrasado? -No ha sido fácil

reclutar a los hombres. -¿Cuántos traes?

-Dieciséis. -¿Lo sacasteis de la cárcel?

-Sí. -¿Habéis dejado los caballos

a cubierto? -En la arboleda,

como estaba previsto. -Avanzaremos durante la noche.

Lo importante es que nadie dispare un solo tiro,

que nadie arme ruido. Atacaremos al amanecer,

mientras todos duermen. -Para llegar a la cima

hay seis veredas. Cuatro dan a esta parte,

y dos a la de atrás. -Repartiremos a los hombres.

Usted dé la vuelta con su grupo, yo lo haré con mis soldados.

Advierta a sus hombres que avancen de uno en uno y en abanico.

Si descubren nuestra presencia antes de que lleguemos

habremos fracasado. -Descuide.

-¡Uh!

-¡Ah!

-Ah...

-Ah, ah...

Eh, agáchate, que no te vean.

¡Uh! -Ah...

Suelta el arma.

Ya te dije que serías bien recibido.

Gitano...

-¡Vamos!

¡Adelante, vamos!

¡Salid de uno en uno con los brazos en alto!

¡Estáis rodeados! -Dios mío, ¿qué pasa?

-Pero ¿qué ocurre?

-Pero, bueno, ¿dónde están los hombres?

-Detrás de ti. (RÍEN)

-¿Y mis hombres? Se quedaron en el camino.

-¿Queréis decir que han desertado?

Algunos lo harán, sobre todo los fuera de la ley.

-¿Qué vais a hacer conmigo? Dejarte marchar.

Creo que esto te habrá servido de lección.

-¿Y a los demás? Los que habéis sacado de la cárcel

no querrán volver. (RÍEN)

El resto puedes llevártelos.

Sólo uno pagará por todos.

Traed al Antonio.

Relincho.

Relincho.

-Por favor, soltadme.

No puedo más.

Relincho. (JADEA)

¿Vas a dejarle morir? No.

Pero llevará un buen escarmiento.

Cuando veáis que no puede más, soltadle; pero en el último minuto

de su resistencia. Luego le dais unas provisiones

y le dejáis marchar. ¿Y si llegamos tarde?

Ah... Peor para él.

-Si tuviese dignidad se habría pegado un tiro

antes de volver envuelto en el ridículo.

-Era una noche muy cerrada, no vimos nada.

Nos debían estar esperando entre las rocas

y se mezclaron con nosotros. Fueron dejando uno a uno

fuera de combate a nuestros hombres.

Ya ve, no me enteré. -¡Ahora vas a enterarte, estúpido!

Campanilla.

Encerrad a este inútil o ahorcadlo, es igual.

-Vamos. -Hum...

Se abre la puerta.

-Señora, ¿me puede conceder unos minutos?

Soy el inspector jefe de policía y vengo a testimoniarle

mi sentimiento por su estado de salud.

He leído su expediente.

Me consta que no es responsable de los cargos que se le imputan.

-Sí que lo soy, señor.

Me acusan de ser la madre de Curro Jiménez

y debo decirle que, en efecto, soy la madre de Curro Jiménez.

-Parece que pronuncia ese nombre con orgullo.

-Le nombro sólo con cariño, inspector.

-Lamentablemente, la ley carece de sentimientos.

-Ya he tenido pruebas. -Su condición de madre

no le hará olvidar que su hijo ha matado a muchos hombres

y que puede seguir matando a muchos más.

-Lo sé. -En nombre de los que pueden morir

vengo a hablarle. -¿Y qué quiere que yo haga?

-Me es muy doloroso decírselo.

Para su hijo no hay más que un sitio que garantice

la tranquilidad de los demás: la cárcel.

-¿Me habla usted en nombre de la ley o de la justicia, señor?

-Son una misma cosa.

-Ese es el error. La injusticia puso a mi hijo

fuera de la ley. -Hay siempre medios legales

para imponer la justicia sin necesidad de matar.

El tomarla por nuestra propia mano...

-Puede que tenga razón. Quizá él no encontró

esos medios legales de los que usted habla.

Me consta que lo intentó, y me consta también que nadie

quiso escucharle. -Señora, hablar del pasado

no evitará más muertes.

-¿Qué quiere que haga? -Hágale llegar una carta.

Convénzale para que se entregue.

Dígale que su estado de salud es delicado y que quiere verle.

-¿Me está pidiendo que lleve a mi hijo a la horca?

-Le prometo que no será así. Tengo poder para evitarle

la pena capital.

-Inspector, está muy cerca para mí

el día de rendir cuentas.

Quizá me equivoque y tenga que pagar por una más,

pero no tenderé a mi hijo ninguna trampa

ni escribiré ninguna carta.

No me pida que por cumplir con mis deberes de ciudadana

olvide mis deberes de madre.

-Ah...

Ah, ah...

Tenía entendido

que dabas la cara.

Algarrobo...

Suéltale.

Relincho.

-Ah...

Relincho.

Ah...

Dale una navaja.

-Ah, ah...

Gitano, una manta.

-Ah...

Ah, ah...

Ah...

Ah...

Ah.

Ah, ah...

Ah, ah...

Ah...

Ah, ah...

Ah...

Ah, ah...

Ah...

Ah, ah...

Ah, ah...

Ah.

Ah...

Ah, ah, ah...

Ah...

Ah...

Ah...

Márchate.

-Ah...

(RELINCHA)

Estudiante, ¿está Curro? Sí, ¿qué pasa?

Malas noticias. La madre de Curro está grave.

-No vayas al pueblo. ¿No ves que te conoce mucha gente?

Llegaré de noche, nadie tiene por qué verme.

-Pero ¿a qué vas? No puedes hacer nada.

Tienen a tu madre en la prisión para tenderte una trampa.

Tengo que saber cómo está e intentar verla.

Rosario tiene razón, parece una trampa.

Voy contigo. Gracias,

pero este problema es solamente mío.

Ladridos.

Campanadas.

-Doblen la vigilancia, pero que no lo parezca.

La guardia exterior debe ser la misma.

Es aquí dentro donde debemos esperar.

-Con todos mis respetos, yo creo que ese hombre

no está tan loco como para entrar aquí a jugarse la vida.

-Yo pienso lo mismo, pero debemos preverlo.

-Quizá no sepa que su madre está agonizando.

-No esté tan seguro.

Tiene espías en todos sitios. Por otra parte,

y según mis noticias, nunca ha dejado

de estar en contacto con ella. -Si como ha dicho el doctor

esa mujer muere antes de mañana se habrán perdido

todas las posibilidades de que él venga.

-Reforzaremos la vigilancia de todas formas.

En el entierro y también en el cementerio.

-¿A qué va a ir al cementerio? ¿Cree que va a correr ese riesgo

solamente por retarle? -He ordenado que sea enterrada

en el cementerio no católico. Sin conocer a ese hombre

me atrevo a jurar que no lo aceptará.

-¿Piensa que irá a robar el cadáver?

-Eso pienso.

Vamos a casa.

-¡Yija, yija!

¡Alto! ¡Alto he dicho, detén los caballos! ¡Quieto!

-So.

Baja.

-¿Qué quiere? Darle que pensar.

-Le advierto que pueden resultarle caras las bromas.

¿Le seguiría pareciendo una broma si aprieto el gatillo?

-Soy el jefe superior de policía. Y yo Curro Jiménez,

el más humilde de los bandoleros.

-Le esperaba, pero no tan pronto.

Ya le he dicho que he venido a darle que pensar.

-¿Qué es lo que está tan empeñado que piense?

En que puedo llegar antes usted en cualquier momento

y en cualquier sitio. -¿Es una amenaza?

Tómelo como quiera. Pero le advierto

que voy a hacerle responsable de lo que pueda ocurrirle

a mi madre, a usted y a los que mandaron detenerla.

-Usted es culpable.

Puede verla si se entrega voluntariamente.

La ley será benevolente con usted. ¿Cómo está mi madre?

-Acabando.

Puede seguir. -¡Yija!

Relincho. Curro...

¿Malas noticias?

Sí.

¿Está grave?

Relincho.

Muy grave. ¿Qué piensas hacer?

Entregarme.

¿No hay otra solución? Si quiero verla con vida, no.

Ya, comprendo.

He venido para deciros adiós. Vuestra compañía

y vuestra fidelidad me han servido de mucho.

¿Qué hacemos nosotros?

Lo que creáis más conveniente.

Decidle a los demás lo que ocurre, pero cuando yo me haya ido.

Son muy tristes las despedidas. -Déjame ir contigo.

Es muy corto el viaje. -Aun así, por favor.

Si tú lo quieres...

(RELINCHA)

-Señor, un emisario de la prisión ha venido para notificar

que ha fallecido la madre de Curro Jiménez.

-De orden de que refuercen la vigilancia.

-Sí, señor. -¡Espere!

Ocúpese de que preparen el entierro para pasado mañana.

Que lo pregonen por todo el pueblo para que le llegue la noticia

a Curro cuanto antes. -¿Cree que vendrá?

-Lo que yo crea es cosa mía. -Sí, señor.

-Encárguese sólo de cumplir las órdenes.

Y diga al oficial de prisiones que el cadáver será sepultado

en el cementerio no católico como indican las ordenanzas.

-Bien, señor.

¿Quieres? -No.

¿Cómo te enteraste?

¿De qué?

-De la gravedad de tu madre.

Me lo dijo el jefe superior de policía.

Le encontré casualmente.

Había un carruaje parado frente a la cárcel.

Supuse que era de alguien importante.

El cochero me lo confirmó.

Fue fácil asaltarle.

-¿Qué he sido para ti?

Apenas nada, ¿verdad?

¿Es esa tu respuesta? Podías haber hecho lo mismo

con un perro fiel. ¿Por qué dices eso?

-Mi vida contigo ha sido un poco eso:

verte marchar y esperarte,

y a tu vuelta pedir tus caricias.

Nunca me habías reprochado nada.

¿Por qué hoy, precisamente? -No te reprocho.

Siempre he sabido que ni tu corazón ni tu cabeza me pertenecían.

Te extraña que te hable así, ¿verdad?

Yo misma estoy sorprendida.

Creí que había enterrado hace mucho tiempo mis sentimientos.

Aún tienes tiempo de rehacer tu vida.

-He sido feliz queriéndote.

¿Estás decidido a entrar en el pueblo?

Sí.

-Tu presencia sólo llevará más intranquilidad a tu madre.

Se sentirá responsable de lo que pueda pasarte.

Tengo que verla.

No voy a dejar que muera en una cárcel sin estar al menos

a su lado. -Ni siquiera sabes si realmente

aún vive. El hombre que te ha informado

sólo desea encarcelarte.

¿Y eso qué importa?

Hay una mujer que está agonizando, y esa mujer es mi madre.

¿Es que no lo quieres comprender?

Hay algo aún más terrible:

que soy el único responsable.

-Prométeme al menos una cosa. Que no te entregarás

hasta comprobar que todo lo que te ha dicho

ese hombre es verdad.

Te lo prometo. -Déjame que vaya sola al pueblo

y me informe. Luego haces lo que quieras.

-Señor, todos los vigilantes están en sus puestos.

-De acuerdo, no se descuide.

Adelante.

Mantened aquí una vigilancia continua.

Antes o después vendrá.

Golpe.

-¿Qué ha sido eso?

No sé cuánto tiempo se les ocurrirá tenernos aquí.

Yo no aguanto más. ¿Ves algo?

Extraño ruido. -Calla.

-¿A quién se le habrá ocurrido que puede venir Curro Jiménez

a ver a sus muertos de noche? -De día no vendrá.

-Pues como venga de noche estamos apañaos.

-Un disparo es la señal. Un solo disparo

y esto se llenará de hombres dispuestos a apresarle.

-Sí, pero mientras llegan... -Calla, ¿no oyes pasos?

Extraño ruido.

-Lo que tiene uno que hacer por unos centavos.

-¿Quién es? -Una anciana.

-¿Qué viene buscando, abuela? -Descanso, hijo.

Sólo eso. -Aquí no se puede estar.

-¿No es el cementerio? Pues he venido a morirme.

¿A qué si no iba a venir? Me queda poca vida

y he pensado hacer el entierro a pie.

Cuando llegue el momento, me echan al hoyo y en paz.

-¿Y piensa permanecer aquí mientras?

-¿Tú conoces otro sitio mejor? -¿Y qué piensa comer?

-Nada, así acabo antes.

-¿Y dices que te parece extraño? -Sí, señor. ¿Es que no lo es?

-¡Claro que no lo es, estúpido!

Habéis tenido entre las manos al lugarteniente de Curro Jiménez.

-¿Esa anciana es su lugarteniente? -¿Qué anciana ni qué narices?

Es el Estudiante, que siempre anda disfrazándose.

¿Dónde ha ido? -Sigue allí. Cuando vine

se quedó charlando con mi compañero.

-Ve y trae inmediatamente ante mí a ese hombre.

Llévate los refuerzos que necesites,

pero tráelo inmediatamente. -Sí, señor, sí, señor.

Ese que está ahí es el Estudiante. -¿Eh?

-Mucho cuidado, es peligroso. -Sí.

Uno,

dos, tres.

Este es el sitio.

Ah...

-¿Os habéis vuelto locos? ¿O es que queréis jugar

a justicias y ladrones? -Vamos, Estudiante,

levanta las manos.

-Algo estudié en mis buenos tiempos.

-Trapos. -Hum...

-¿A mi edad qué queréis?

-Anda, anda, anda.

Un gallo canta.

-¡Es una anciana, idiotas!

-Siento haberles decepcionado.

-Vamos rápido al cementerio, puede ser una treta.

Afortunadamente hemos llegado a tiempo.

Continuaremos la vigilancia día y noche.

Curro vendrá a por ella.

(ORA EN LATÍN)

(TODOS) Amén.

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Curro Jiménez - Entierro en la serranía

11 ago 2016

Un jefe de policía llega a la comarca donde actúa Curro Jiménez. Tiene poderes absolutos para detener al famoso bandolero. La madre de Curro es detenida con intención de coaccionar al bandolero y que se entregue. La madre, enferma de gravedad, muere...

Histórico de emisiones:
27/07/2012
26/07/2013

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