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Curro Jiménez - Carambola a tres bandas - ver ahora reproducir video 01h 03 min
Transcripción completa

Ventolera.

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

-Buenos días. ¿Qué hay?

¿Están limpias?

Trae.

¿Cuántos van con nosotros?

Solo vosotros tres.

¿No deberíamos llevar más?

Es lo acordado; tres para cada uno. Preparaos.

Escucha. ¿Eh?

Ponte una camisa limpia.

Que no se diga que los hombres de Curro Jiménez

son unos zarrapastrosos.

-Guárdate de uno que conocerás muy pronto; moreno, con mando,

ese hombre es puro daño.

-¿Va a matarme?

-Si tú le das ocasión.

Avisa al Estudiante.

¡Ponte una camisa limpia, zarrapastroso!

-Levántate, ya salimos.

Y ponte una camisa limpia.

Ni que fuéramos a un entierro. (EN VOZ BAJA) -Nunca se sabe.

-¿Estás listo? -Pronto para salir.

-¡Imbécil!

Te hubieras presentado con ella.

-Perdón, no pensé que pudiera ser peligroso.

-Debiste pensarlo.

Que me enjaecen el caballo con los arneses nuevos,

los que compré en Sevilla. -Ya lo he ordenado.

Perdóname, Víctor.

-Vete.

(ARREA AL CABALLO)

-¡Perdiguero!

Apróntate. -Sí, Pedro.

-Tú también vienes conmigo.

¡Guindo, te estoy hablando a ti!

-Padre, por el Perdiguero no protesto,

ha nacido en la guarida y se lo ganó por su lealtad.

No tengo nada contra ti, Guindo, entiéndeme,

pero el Guindo no lleva un año con nosotros.

-Conmigo. Tú no tienes nada que ver con la banda.

¿Cuándo te va a entrar en la cabeza que ser hijo mío

no te convierte en bandolero? -Yo sé que preferirías a Ramiro,

y que ahora está muerto y que te duele

pero yo estoy vivo. -Y seguirás estándolo.

Puedo llevar tres hombres conmigo, el tercero serás tú.

Pero no te hagas ilusiones,

de allí seguiremos viaje,

te llevo a Sevilla a aprender un oficio.

-No, hace dos años te obedecí pero ahora...

ya sé leer y escribir, ¿no es lo que pretendías?

-Un bandolero leído puede reventar como cualquier otro.

-No, padre... -Te dejaré en Sevilla

y ya me cuidaré de que no puedas volver a la sierra

como no sea para enterrarme.

¡Eh! (ARREA AL CABALLO)

(RELINCHA) -¡So!

-¡Hia!

Relinchos.

-¡Vamos! ¡Hia!

Cruzaremos por el roncal.

Vamos.

-Ya.

(BUFA)

Vamos.

-Seguidme.

-Ya.

(ARREA AL CABALLO)

-No puede ser. ¿Qué no puede ser?

-El Guindilla. Estás loco.

-Es uno de los hombres de Pedro Higueras.

Ahora ves almas en pena.

Es verdad.

-Estas eran las líneas de demarcación...

¿Estáis de acuerdo?

Cada uno de nosotros guardó un mapa.

Yo lo he perdido.

Pero las tengo bien dibujadas en la memoria.

-¿No se te habrán borrado después de cuatro años

o a ti, Areco?

-Yo no lo he perdido. Ni tampoco se me han borrado.

Higueras, yo respeto tus canas...

pero si te atreves a insinuar... -Escucha, viejo desconfiado,

también en mi territorio están ocurriendo cosas

de un tiempo a esta parte. ¿Y por qué no las denunciaste?

(RÍE) -¿A las autoridades?

A nosotros.

Para eso hicimos un pacto.

-Los pactos se hacen para cumplirlos...

o para romperlos, uno de vosotros dos lo ha roto,

por eso os he convocado aquí.

Uno de nosotros tres. -No pienses que porque soy

más viejo... -Cálmate, Higueras,

Curro tiene razón...

Uno de nosotros tres.

O ninguno, puede ser que sea un cuarto.

Eso es lo que yo he pensado.

O lo que prefiero creer.

-Yo también. -O lo que preferís que yo me crea.

Ojalá sea así,

por vosotros lo digo.

Hace dos meses me mataron a Gutiérrez,

un compañero que estuvo a mi lado 18 años

y era mi brazo derecho...

Y hace 15 días a mi hijo Ramiro.

¿No lo sabíais?

Mis otros hijos murieron en su ley...

pero a este me lo mataron por la espalda.

¿Comprendéis por qué os he convocado?

No se trata de ovejas ni monedas,

¡se trata de la sangre de mi hijo!

¡Y voy a cobrármela! -Está bien, deja ya de provocarnos.

Estamos dispuestos a ayudarte, ¿verdad, Curro?

Por mi parte sí.

Si te convences de que tu enemigo no está en esta reunión.

-Pero ¿quién es entonces?

Tengo más de 70 años,

ya no tengo tiempo para averiguarlo.

-No soy un alma en pena. Puedes ir recobrando el color.

Es que te pareces mucho a un tipo...

-A uno que se llamaba Guindilla, ¿es eso?

Uno que estuvo con vosotros un tiempo y que luego os traicionó.

Y al que tuvimos que matar. -Era un canalla,

si no lo matáis vosotros, hubiera terminado haciéndolo yo.

Entonces, ¿lo conocías?

-Era hermano mío, el pequeño, un mal bicho.

El Guindilla tenía que acabar como acabó,

colgado en esa reja como vosotros lo colgasteis.

Lo que no hemos podido por separado quizás lo logremos

con una vigilancia común.

Ese que actúa en las sombras se está aprovechando

de nuestro aislamiento

y de la desconfianza que nos tenemos.

Os propongo que nos dediquemos

tres semanas enteras a juntar datos,

mandar espías aquí y allí, tender algunas trampas,

cada uno en su territorio, claro,

y volver a encontrarnos aquí.

-Me parece bien.

-Tres semanas es mucho; dos.

-Está bien.

¿Dos?

Dos.

-El viejo es terco como una mula, se empeña en llevarme a Sevilla,

yo no quiero aprender un oficio. -Déjale esa ilusión.

-Ya tendrás tiempo de echarte al monte cuando el viejo

se muera. -Y cuando tú seas el jefe,

¿verdad, Guindo?

-¿Por qué me dices eso?

Antes le corresponde a este. -No, yo nunca he pretendido

ser el jefe. -Y yo nunca pensé

en dejar la sierra.

El viejo decide por nosotros. -Pero un jefe es un jefe.

-Voy a Sevilla con mis hombres, atravesaré tus tierras.

-Viajaremos juntos, descansaréis en mis guaridas.

-Se agradece. -Algún día puedo necesitar

yo ir a Granada.

-¿Qué quería Higueras? Descubrir quién mató

a Gutiérrez y al hijo, creo que sospecha de mí.

-¿De quién sospechas?

Cuando lo sepa, te enterarás.

El que empezó con los hombres del viejo seguirá y se delatará.

Vengaremos a tu hijo.

-Bastará con que me ayudéis a descubrir al asesino,

de la venganza quiero encargarme yo.

Eso lo doy por sentado, adiós.

-Adiós, hasta dentro de dos semanas.

Me da mala espina que ellos vayan juntos y tú solo.

Mejor solo que mal acompañado. Por qué lo dices.

Por decir.

Relincho.

Ululato.

Ululato.

-Pasaremos aquí la noche. -¿Dónde estamos?

-En mi campamento. -Por qué no seguimos viaje,

ya dormimos anoche.

(RIENDO) No tengo tanta resistencia como tú, viejo, me gusta dormir.

Y hay mucho camino que andar mañana, quiero dejarte en Sevilla.

Relincho.

-Hola, Areco. -Hola.

Ululato.

-¡Hola, muchacho!

-¿Qué hay? -Bienvenidos.

-Lobo te acompañará al extremo del campamento.

Si necesitas algo, estamos a tus órdenes.

-¿Te importa que monte guardia?

-No tienes por qué desconfiar de mis hombres.

Y de los extraños, ya se ocuparán ellos.

Pero si te da más tranquilidad... -Gracias.

Ululatos.

-Aquí es.

-Quiero salir al amanecer. -Bien, usted manda.

Buenas noches.

-Encargaos de los caballos.

Perdiguero, ve a montar guardia.

El Guindo te relevará luego. -¿Y yo?

-Tú, cállate, es lo mejor que puedes hacer.

Tú, reconoce el lugar. -Sí.

-¡Me pones en ridículo con los otros!

(RIENDO) -No te preocupes, no volverás a verlos.

Llévale a Areco estas dos botellas de aguardiente de hierbas.

-De parte de mi padre. -No haberos molestado.

¿Quieres un poco de queso?

Córtale al señorito Higueras un buen trozo de queso.

Usa mi navaja, tiene mejor filo.

Te has puesto pálido.

-Será la luz. Hasta mañana.

-¿Qué prisa tienes?

-Me toca relevar la guardia.

-No imaginé que podía presentarse aquí.

-No te preocupes, esto no hace más que precipitar las cosas.

-¿Crees que la habrá reconocido?

-Sí, estoy seguro.

-¿Le enseñaste la navaja a propósito?

-No.

Pero ya no me importa.

Ve y rodeadlos, no podrán escapar. ¡Trae la navaja!

Cuando termine el cigarro,

me ocuparé personalmente de Pedro Higueras.

¿La quieres? -Me gustaría pero no podría usarla.

Toda la banda conoce el lujo que ese viejo concedía al Ramiro.

(LLORA)

-¿Qué te ocurre?

-¡Padre, no diga usted nada, no haga usted nada, óigame!

Areco tiene en su poder la navaja de Ramiro.

-¡Nooo...!

¿Qué hiciste? -Fingí no verla.

-¿Le engañaste? -Sí.

-¿Estás seguro?

-Creo que conseguí dominarme.

-Si fuera así, tenemos tiempo.

Vas a irte esta noche, pero no a Sevilla

sino a buscar a Curro Jiménez.

-¿Sabes el tiempo que llevará encontrarle y volver con él?

¿Qué te ocurrirá a ti entretanto? -Nada,

si no se ha dado cuenta de que le hemos descubierto.

Tendría que estar loco para matarme en su campamento.

Si se ha dado cuenta,

va a ser muy difícil escapar.

Anda, coge papel y pluma.

Será mejor que te dicte una carta.

De algo ha servido que aprendieras a leer y escribir.

Ve con Luisillo hasta mi campamento

y allí reúne tus hombres y júntalo con los míos.

-¡Pedro, estamos rodeados!

Seis u ocho jinetes se han acercado con sigilo.

Hay que avisar a Areco. -¡Son ellos los de Areco!

¡Ellos mataron a Ramiro!

-¡Se dio cuenta de que reconocí la navaja!

-Vuelve a tu puesto de guardia, en peores situaciones nos vimos.

Coge tus cosas, prepárate para escapar.

Grillos.

-¡Mira, nos ha traicionado!

-¡Lo sé! -¡¡¡Aaah!!!

-Lleva la carta, yo me apañaré. -¡No lo haré, padre!

-Es una orden. -No pienso obedecerle, ¡no lo dejo!

-¡Maldito seas!

Relincho.

Vamos, no podemos dejar solos al Perdiguero y al Guindo.

Grillos.

¡También habrán matado al Guindo! -¡Vamos!

-¡No, ahí nos atraparían, escapemos en sus caballos!

-¡A por ellos, dispara, que no escapen!

Disparo. -¡Avisa al jefe!

-¡Malditos sean!

-¡Vamos, vamos, que no se escapen!

Relincho.

-¡Hay que despistarlos, coge tú hacia el monte, yo voy al río!

-¿Separarnos? -¡Obedece!

¿O quieres que nos liquiden aquí mismo?

(GRITANDO) ¡Ven, Areco,

te estoy esperando! -Yo voy hacia el río.

-De acuerdo.

-¡Asesino!

¡Areco!

¡Ven a buscarme al río!

Disparos.

Disparo.

Relincho.

-Ya tiene nuevo jefe la banda de Higueras. Enhorabuena.

-¡Padre!

¿No pudiste hacer nada por defenderlo?

-Me engaño, quiso salvarme la vida.

Y lo consiguió. -¿Crees que lo dejé morir,

que sólo pensé en escapar?

No lo sé, te conozco poco.

El tiempo lo dirá.

¡Ese hijo de perra se debe estar preparando para matarme!

Si se ha atrevido con tu padre, quiere adueñarse de Andalucía.

¡Nadie debe saber que has estado aquí

y que yo estoy enterado! ¡Y vosotros, ni una palabra!

Este no es el hijo de Pedro Higueras.

Haremos correr la voz de que estás en Sevilla.

Estudiante, prepárate para salir ahora mismo para Sevilla.

Te harás pasar por este.

(TOCA UNOS ACORDES DE FLAMENCO)

-¡Una jarra!

-Ni tú eres gaditano ni has estado en las Indias.

¡Mentira! ¡No haces más que decirme mentiras!

¿También te mienten mis manos? -¡Suelta, bribón!

Si quieres ponerme las manos encima,

empieza por soltar algún escudo. Soy pobre, ya te lo he dicho.

-Otra mentira. Yo sé muchas cosas de ti

y si no me haces algún regalillo,

puedo gritarlas aquí mismo.

Ni tu nombre es el que dices. ¡Chis! ¡Calla! ¿Qué estás diciendo?

-Tú te llamas Luisillo Higueras y eres hijo de ese...

¡Chis, no vuelvas a decirlo! ¡Cállate!

¡Que te calles! -No te creo.

¡Que te calles!

-¿Qué has venido a hacer a tierras de Pedro Higueras?

A dar el pésame a sus hijos. -¿A sus hijos, dices?

Sí. -No le queda ninguno.

¿Así que no vive Ramiro?

¿Y el menor de los hermanos?, ¿Luis...?

-A Ramiro se lo mataron hace poco, ¿no lo sabías?

No, yo vivo en lo mío. -Haces bien. ¡Ventero!

¿Y el menor? -Una calamidad.

Estaba con el viejo cuando le atacaron y escapó.

Se sabe que anda por Sevilla de juerga corrida.

Sírveles unos vasos a los amigos. Enseguida estoy contigo.

¿De modo que mataron a Higueras? ¿Y quién se atrevió?

-Vaya usted a saber, fue lejos de aquí, camino de Sevilla.

¿Y qué se dice en la comarca? -Nada.

Sus hombres no han bajado de la sierra aún.

Estarán ajustando cuentas entre ellos.

Si el que lo traicionó fue el hijo u otro de la banda...

-Será.

-O no saben nada o tienen miedo de hablar.

-¿Cuándo vamos a salir a vengar la muerte del jefe?

Los hombres no entienden que la retrases tanto.

-¿Piensan que tengo miedo? -Si lo pensaran, no te aceptarían.

-¿Es de eso que habláis cuando yo no estoy presente?

-Oye, Guindo, nunca nos mordemos la lengua,

el viejo nos enseñó a eso. ¡El viejo, el viejo, el viejo!

¿Cuándo acabaréis de enterrarlo?

-Cuando lo hayamos vengado. -Visita.

-¿Qué has venido a hacer aquí?

-¿Es que no se puede visitar a los amigos?

-¡Es una imprudencia!

Quedamos con tu jefe que nos viéramos lo menos posible.

-Debe haber cambiado de idea, me ordenó que viniera.

Fíate, él sabe mejor que tú lo que te conviene.

-Yo tengo que andar con tiento.

La banda ha aceptado mi jefatura a regañadientes.

-Por eso tienes que apoyarte en Areco.

Él tiene fuerza y la experiencia que tú no tienes

y una banda que le responde.

-¡Esa es su banda y esta es la mía,

cada uno sabe lo que tiene que hacer!

-Parece que te olvidas de que, gracias a él, eres jefe.

-Le entregué a Gutiérrez, a Ramiro y al mismo viejo, ¿qué más quiere?

-¡Que acabes de una vez con Curro Jiménez!

-Todo a su tiempo.

Ahora no puedo ir a meterme en su guarida.

-¿No sabes que Curro Jiménez está por tu territorio?

-¿Qué dices? -Lo vi en la taberna de El Chato.

A él y a ese que llaman el Fraile.

La ocasión se te ofrece en bandeja. Muerto Curro, Andalucía es vuestra.

La mitad de Areco y la mitad tuya.

-¿Y quién me asegura que, muerto Curro,

no será Andalucía sólo para tu jefe?

-Preferiría que no me obligaras a contarle esto.

-¿Y qué debo hacer para que no se la cuente?

-Nada. Matar a Curro.

-Sí.

Han llegado dos hombres de Pedro Higueras,

saben a lo que has venido y quieren agradecértelo.

Que pasen.

-¿No pueden esperar a que lleguemos al campamento?

-Venimos para acompañaros hasta allí.

¿Por qué palideces esta vez? Ya sabes quién soy.

-Nos dijeron que te habían matado.

-¿Quién? -El mismo que asesinó a tu jefe.

-No, quién os lo dijo. Alguien, en tierras de Higueras.

-Ya veis, se equivocó.

Ya no son más la tierras de Higueras.

¿Y quién manda aquí? -Hasta que no regrese su hijo Luis,

los hombres me han confiado el mando.

Enhorabuena.

-¿Puedo sentarme? Claro.

Dejadnos solos. Este amigo mío y yo tenemos que hablar.

Ese muchacho, por lo que estoy oyendo,

no volverá a asomar sus narices fuera de Sevilla.

-Es lo mejor que puede hacer porque se las cortaríamos.

Yo mismo presencié su canallada. ¿Y tú cómo te salvaste?

-Tuve suerte, ¡me creyeron muerto, como este!

Risas.

Por la equivocación.

Mientras te hacías el muerto, ¿no pudiste ver a los asesinos?

-Sí, perfectamente. Me gustaría saber sus nombres.

-Sería una imprudencia. Prefiero estar prevenido.

Podrían querer matarme. (CHISTA)

-No lo creo. Anda, dímelo.

Dame una prueba de amistad.

-Bien, si te empeñas... Sí.

-El cabecilla de esos canallas... ¡es Curro Jiménez!

Griterío.

-¿A qué esperamos para acabar con él?

-¡Y venía a darnos el pésame, hay que matarlo como a un perro!

-Haced con él lo que queráis, pero dadle tiempo a defenderse.

-¡Hay que matarlo! -¡Hay que colgarle...!

-¡Has matado a nuestro jefe y tenemos que vengarlo!

-¡No somos un tribunal de justicia! -¿Por qué tantas vueltas?

-Escuchadme. ¡Yo odio a este hombre!

Hace dos años asesinó a mi hermano y ahora al mejor de los jefes.

Si me dejara llevar por mis impulsos,

lo aplastaba como a una cucaracha.

Por eso no quiero intervenir.

Prefiero que decidáis su muerte, cuando sepáis que es culpable.

-¿No lo reconociste aquella noche?

-Yo estoy seguro. Pero es mi palabra contra la de él.

Aceptaré la sentencia que le impongáis.

Gritos de protesta.

-Parece que quisieras prolongarle la vida.

-Lo van a matar igual, pero quiero que lo maten ellos.

No todos me tienen confianza. Gritan muchos,

pero hay otros que callan y esos me los quiero ganar.

Debo afianzarme antes de que piensen que no sirvo de jefe.

-Areco, por ejemplo.

-¿Cuándo te vuelves con él? -Después de que ejecuten a Curro.

-¿Qué tienes que decir en tu defensa?

¿Confiesas ser el asesino de Pedro Higueras, sí o no?

Yo me despedí de Pedro Higueras

y él se fue con sus hombres y Areco hacia Sevilla.

Nunca más volví a verlo ni vivo ni muerto.

-¿Insinúas que lo mató Víctor Areco?

No lo sé. Yo no estaba presente aquella noche.

Gritos de protesta.

¡Pero Pedro Higueras murió!

¿Qué pasó con los tres hombres que lo acompañaban?

-Uno murió con él, el otro está aquí y asegura haberte reconocido.

¿Qué alegas contra eso? Que se equivoca o miente.

Como dice él: es mi palabra contra la suya.

-Lo creemos a él. (TODOS MURMURAN FURIOSOS)

Griterío. ¡Un momento!

Había otro hombre junto a Pedro Higueras.

¿Qué fue de él?

-No era un hombre. -¡Nunca fue de los nuestros!

¿Cómo que no era de los vuestros?

¿No se llamaba Luis Higueras?

-No pronuncies su nombre, ¡es un mal nacido!

Si esto no es una farsa, yo pido que se suspenda

mi ejecución hasta que declare Luis Higueras.

-Imposible, no queremos ver por aquí a ese cobarde!

-No hay peligro de que venga, no hay quien lo arrastrara.

Disparo.

-¡Pues aquí estoy y al que vuelva a llamarme cobarde,

le lleno el pecho de plomo!

-¡Nos ha traicionado por segunda vez!

¡Quieto!

-Desatadlos.

Pronto veremos quién es el traidor.

Gracias por llegar a tiempo. -Gracias por hacer de carnada.

¡Te voy a...! -¡Déjalo!

Ha querido matarlo porque es el único que puede desenmascararle.

-¿Dónde te ocultaste aquella noche?

¿Por qué has mentido y has acusado a Curro del crimen de Areco?

Eres su cómplice.

-¡Si fuera su cómplice, no te habrías escapado!

¡Calla! -Escapé gracias a mi padre.

Él no pudo escapar. Pero va a ser testigo en este juicio.

Me la dictó Pedro Higueras poco antes de morir.

Todos conocéis su firma.

-Trae.

-¿A ver?

-Sí, es de él. No cabe la menor duda.

-¡Es suya! (MURMURAN)

-¿Estás seguro? -Sí, sí, sí.

-¡Es la firma de Pedro! (TODOS ASIENTEN)

-¡Iah!

-Os entrego al Guindo para que lo juzguéis.

Yo conduciré el interrogatorio. ¡Luisillo,

nosotros nos vamos! El Guindo es cosa vuestra.

Trae los caballos. -Sí.

-¡La próxima vez estaré muerto de verdad y será en el infierno!

El Guindo es cosa de ellos y tienen derecho a ventilárselas solos,

pero Areco es cosa nuestra. Vamos a buscarlo.

¿A su propio terreno? A su campamento.

¿Y no vamos con los de Higueras? -Cuantos más, mejor.

Hay que sorprenderlo antes de que le avisen. ¡Vamos!

-¡Por fiarme de torpes como tú y de resentidos como el Guindo,

antes te hubieras muerto que venir a darme estas noticias, maldito!

¡En el momento en que me adueñaba de toda Andalucía!

¡Tendré que hacerlo todo yo desde ahora,

no puedo fiar mi suerte a los imbéciles que me rodean!

¡Fuera de aquí!

-Cálmate, Víctor.

Deja que este imbécil te dé un consejo.

Mejor harías en pensar en prepararte.

O mucho me equivoco o Curro Jiménez Y Luisillo vienen hacia aquí.

-¿Qué estás diciendo, que tendrán el coraje de meterse en mi guarida?

-No tardarán en presentarse. El tiempo de ahorcar al Guindo.

-¡De buena gana lo ahorcaba yo!

Algarrobo, ¿hay por aquí algún atajo?

Vadeando el río y pasando por Zahara.

¡Vamos!

Silbido.

-¡Curro!

Escapé de Sevilla. Buscaban a Luis Higueras

por desvalijar a unas señoras y hacer trampa en el juego.

No te pedí tanto, pero lograste lo que planeamos.

¿Cómo nos has encontrado? Me avisaron en la taberna de Pablo.

¿Por qué no descansamos un rato? No, nos espera Víctor Areco.

¿Con una juerga? Imagínate, ¿quieres perdértela?

¡Ni que estuviera loco!

Relincho.

-¡Al campamento de Areco, ahora le toca el turno a él!

-¡Adelante, vamos!

Algarrobo.

Estudiante, tú conmigo.

Disparo.

Relinchos. ¡Hemos caído en una trampa!

Disparos.

-¡Poneos a cubierto!

Relinchos.

Disparos.

¡Ah!

¡Ay...!

Disparos.

-¡Ah!

¡Fraile!

¡Fraile, Fraile, fray...!

Gritos de los jinetes.

Disparos.

Relincho.

-¡Hay que escapar, son demasiados!

-Debemos reunir gente en la sierra y presentarle batalla.

-Necesitas un poco de tiempo, podrás rehacer tu banda y aplastar.

-Sí, un poco de tiempo... -¡A los caballos!

(JALEA AL CABALLO)

Disparo.

-¡Hia!

Disparos. -¡Hia!

Disparos.

-No quiero darle la razón al Guindo

y encontrármelo en el infierno.

Calla, no te conviene hablar. (SE QUEJA) -Ah.

Esto va en serio, Curro.

Después de que pase todo llama a un fraile de veras,

aunque sea después, no importa. sirve igual.

Gritos en la lejanía. No te preocupes, lo llevaré.

-Se escapan.

(SE QUEJA) Ah. Déjalos...

Ya les daremos caza.

-Si de todas formas voy al infierno,

allí me gustaría estar con vosotros.

(GRITA) ¡Curro, Curro!

Ah...

¡Alto!

Si nos separamos tendremos más ocasión de darle caza.

-Quieres matarlo por tu propia mano.

Tú tienes el mismo derecho que yo o más.

Que sea para el que lo encuentre, buena suerte.

-Lo mismo digo. ¡Vamos!

Arreos.

A la paz de Dios.

¿Tenéis algo de comer?

-La despensa llena, ¿no se nos nota en la cara?

Diez reales por un cordero. -¡Quién lo tuviera!

Tráeles una jarra de agua, Manuela, y que sigan viaje.

¿Han pasado unos hombres por aquí?

-Por aquí pasan los locos. Estarán locos como nosotros

pero ¿han pasado, sí o no?

-A lo mejor pasaron y no los vimos pasar.

Manuela, ¿viste pasar a alguien?

Ahí detrás están los restos de un cordero asado.

¿Os lo habéis comido vosotros solos?

-Manuela, tráeles las sobras.

Guárdatelas...

Lo que quiero es que me digas dónde fueron.

-Al pueblo más cercano, a seis leguas de aquí.

Buscaban hombres, pagaban bien.

¿Y tú por qué no fuiste con ellos?

-No me quisieron llevar.

Toma.

-Si os acercáis, disparo.

Somos tres y tenemos más municiones que tú.

-Nadie se mete en mis tierras mientras yo viva.

¿Y cuáles son tus tierras?

-Del torrente hacia allí, hasta la montaña.

¿Y no dejas pasar a nadie?

-A nadie. ¿Ni aún pagando por ello?

-Ni aún pagando por ello.

¿Para qué me sirve tu dinero?

¿Le has dicho lo mismo a unos que pasaron antes

que nosotros? -Lo mismo.

Iros ya, os llevan de ventaja tres o cuatro horas

y tenéis que correr si queréis alcanzarles

antes de que lleguen al pueblo maldito.

¿Qué es eso?

-Un pueblo arrasado.

Con Dios, viejo.

-Buscad un sitio donde podamos dormir.

-Bonito lugar para rehacer la banda.

Esta noche debía estar celebrando mi victoria

sobre Higueras y sobre Curro.

Encuéntrame un sitio decente donde poder dormir.

¡Velarás toda la noche para ahuyentar las ratas!

-Descansa, Víctor.

Mañana pensarás en el desquite.

-¡Mañana!

Disparo.

(RELINCHA)

Disparo.

(GRITA) -¡Ah!

¡Ah! (GRITA) -¡Ah!

(SE QUEJA) Ah. ¡Algarrobo!

-Anda, tú por allí.

(GRITA) -¡Aaah!

(ARREA AL CABALLO)

(ARREA AL CABALLO)

(RELINCHA)

Ventolera.

Tira las armas.

Venga.

-¡Ah!

(FORCEJEAN)

¡Ah!

-¡Ah!

¡Ah!

(GRITA) -¡Ah!

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Curro Jiménez - Carambola a tres bandas

04 ago 2016

Curro Jiménez, Pedro Higueras y Víctor Areco, jefes de tres partidas de bandoleros de la serranía andaluza, se entrevistan, a petición del segundo. La reunión se celebra en terreno neutral y cada uno acude con tres de su banda.

Histórico de emisiones:
12/07/2013
05/09/2013

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