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Curro Jiménez - El campeón de Almería - ver ahora reproducir video 01h 05 min
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Música de gaita.

Risas y gritos de júbilo.

Música de vals.

Redoble de tambor.

Toques de tambor.

Murmullo en inglés.

Toques de tambor.

Toques de tambor.

Murmullo en inglés.

Aplausos.

Silbidos.

(HABLA EN INGLÉS)

Aplausos.

(HABLA EN INGLÉS)

Aplausos.

Y ahora hablaré en español

para nuestros invitados e invitadas.

Bienvenidos a la mina,

en nombre de Mr. Sheridan y todos nosotros.

Presento a ustedes a O'Hara, el campeón de la mina

y Jack Crake, el Toro de Gibraltar.

Aplausos.

Y Mr. Hooper, el juez.

20 asaltos hasta que un pugilista

caiga al suelo. Gracias.

Aplausos.

Gritos de ánimo.

Gritos del público.

-Ya le vale, don Harrison. -Perico, bienvenido.

¿Qué te parece fiesta? ¿No bebes?

Toma, güisqui.

¿Qué, peor que tu vino?

-¿Cómo es esto de las apuestas? -Mira, yo apuesto 5 guineas.

Si gana campeón de mina, ganaré 15;

si pierde, perderé cinco.

¿Apuestas tú?

¿Quién te parece mejor, O'Hara o Crake?

-El campeón de la mina. -O'Hara, a mí también.

Vamos, apuesta, bastante dinero ganas

provisionando a tontos ingleses de la mina.

-Es que yo no tengo libras esterlinas ni esas guineas.

-Moneda española sirve.

Gritos del público.

Gritos del público.

-¡Sácale los ojos!

Gritos del público.

Silbidos.

Silbidos.

Gritos del público.

Gritos del público.

Gritos del público.

Aplausos y abucheos.

-One, two, three, four,

five, six, seven, eight,

nine, ¡ten!

Vítores.

-Oiga, ¿cómo se llama el hércules? -¿Quién?

-El que carga los toneles. -Ah, ¿el pequeño?

Angelillo. Es el menor de mis hijos.

Era muy listo, pero desde que dio el estirón

se ha quedado un poco despacioso.

-Angelillo, ¿te gustaría pelear? -¿Eh?

-¿Que si te gustaría pelear?

-Madre, este hombre quiere pegarse conmigo.

-Ande con cuidado, es un ángel de Dios y no le gusta la pelea,

pero cuando pega, trocea.

-Yo no quiero pelear contigo, hijo mío.

¿Pero no te gustaría ganarte unas perras?

-¿Cuántas? -Eso ya lo arreglaríamos.

-¿Y cómo? -Peleando con otro fuerte como tú.

-¿Ese mozo es capaz de hacer esto?

Susurros.

(REZA EN VOZ BAJA)

-¿Qué te llevas ahí?

¿En qué andas, Perico?

Ayer te llevaste el reloj de oro de tía Angustias

y el crucifijo de plata y nácar que sacamos para los difuntos.

¿Qué misterios son estos, Perico?

-Confía en tu marido, mujer, como manda la Sta. Madre Iglesia.

No me hagas preguntas.

-¿A quién le llevas las pocas riquezas de nuestra casa?

Tú te has liado con una pelandrusca.

-¡Qué enormidades dices, Lolita!

Ya verás cómo todo te vuelve multiplicado

como en el milagro de los panes y los peces.

-No será milagro sino brujería.

Ya sabía yo que ver todos los días a los herejes de la mina

era como abrirle al diablo la puerta de nuestra casa.

(SUSPIRA) ¡Ay, Dios te salve, María...!

-Más no puedo darte por estas cosillas.

-Pero si con lo de ayer no suma...

-¡No valen ni la mitad de lo que te doy!

Y espero que, en retribución por mi generosidad,

me hagas un descuento en lo que te voy debiendo en vino y aceite.

-A propósito, don Román,

necesitaría que me saldara la deuda.

Son 6,5 reales.

-Ah... mis números dicen 5,5.

-Sus números siempre encogen.

-5,5 y no discutamos, ya está.

¡No puedes quejarte, hoy te vas rico de mi casa!

-Ese es el del pelo colorado. Te pones así...

Y así... y le das fuerte, en la cara.

¡Anda, Angelillo!

-All right? All right, tú, andaluz honrado.

-Y usted inglés desconfiado.

-Seis libras, siete chelines, 12 peniques.

Aquí está pedido semana próxima.

¿Qué pasa, Perico? Anything wrong? (¿algo marcha mal?)

-No, no, don Harrison, pero...

¿Habrá fiesta el sábado?

-Ah, ¿te gustó, eh? ¿Quieres venir? Ven, ven,

eres mi invitado. -Gracias, don Harrison, pero...

-¿Quieres traer amigo o mujer?

Mujer, eh. ¡Trae mujer! ¡Oh, Perico, Perico!

-¿Habrá pelea? -¿Pelea?

(RÍE)

Sábado noche: mucho, mucho güisqui, mujeres.

Ingleses siempre pelean pero no llega sangre río.

-No, digo que si habrá...

-Oh. You mean box. ¿Bonito box, eh?

Mejor que toro.

-Escúcheme usted, don Harrison, yo conozco un muchacho

de la comarca que podría hacer un bonito box

con ese del pelo colorao.

-¡Oh! That's very interesting!

You mean... a match between...?

-Yo podría traerlo este mismo sábado

-Pero yo puedo decidir solo.

Debo consultar Mr. Sheridan. -¿A don Sheridan?

(HABLAN EN INGLÉS)

-Mr. Sheridan quiere saber quién es su "pugilisto".

-¿Pugi... listo?

Ah, sí, sí, muy listo.

Mucho y famoso, muy famoso, don Sheridan.

Ha peleado en Sevilla y en Madrid. ¡Y hasta en La Habana!

Es descendiente de indios americanos.

Le llaman el Hércules indio.

(HARRISON TRADUCE AL INGLÉS)

-Good Heavens!

-¿Qué ha dicho? -"¡Santo cielo!"

-¿Y eso es bueno? -Creo que sí.

Golpes.

-¡Angelillo, han dicho que sí! -¿Eh?

-Que ya tienes delante al del pelo colorao.

La casa es buena, don Román. La hizo mi suegro, usted lo sabe.

Las viñas son las mejores de la comarca.

-Sí, pero quieres demasiado dinero.

-Yo le firmo los papeles que usted quiera.

Si no le pago, se queda con todo.

-No se trata de eso, Perico.

A mí no me gusta dejar a la gente sin techo.

-Es lo que ha hecho toda su vida. -¿Cómo?

-Ande, sea usted bueno.

-4500 y no se hable más.

-Redondee usted la cifra, ¡llegue hasta 5000 por lo menos!

-5000. Lo hago por ti.

-Gracias. De todos modos, seguro que se lo devuelvo el domingo.

-Oh... el domingo es sagrado, Perico, no se hacen transacciones.

-Pues el lunes. -Será un día más de intereses.

-Lo que usted diga. ¿Cuándo me da el dinero?

-Esta tarde. Prepararé los papeles.

Perico, un momento.

-¿Qué pasa? -Ven, siéntate,

no hemos terminado.

-¿No habrá cambiado usted de idea?

-Es que me tienes un poco inquieto.

Tú eres un comerciante serio y listo. Siempre lo has sido.

¿Para qué quieres de repente todo ese dinero?

-Para multiplicarlo. ¡Por dos o por tres o por cinco!

-¿De aquí al domingo? -Al sábado por la noche.

-¡Nunca he visto un negocio semejante!

-¡Yo tampoco, don Román, por eso lo hago!

-¿Y eso... es seguro?

-Como un artículo del credo.

-No mezclemos a Dios en esto.

Somos viejos amigos, Perico...

¿No vas a contarme de qué se trata?

A mí podría interesarme una inversión a tan corto plazo.

-Se lo voy a contar todo.

-¿Está usted seguro de que es el tratamiento que necesita?

-Confíe en mí. ¿No le nota usted que está mucho más despierto?

Sigue. Sigue hasta que yo vuelva.

-Perico.

Perico, hijo mío.

-Señor cura.

Señora condesa. -Acércate, muchacho.

-¿A qué debo el honor? -Pues mira, Perico,

el mundo es un pañuelo. Y tú sabes cómo corren las noticias.

Sin quererlo, uno se entera de...

-No ande usted con tantos rodeos, señor cura.

Perico, ¡qué ingrato eres!

Te he tenido en mis rodillas, te he protegido,

he convencido al padre de Lolita de que serías un buen marido;

te vendo el aceite al precio más bajo,

no bebo más que tu vino. ¡Y no me quieres nada,

no me tienes ninguna confianza!

Haces las cosas así... a la chita callando.

-Eso es cierto, hijo mío, la ingratitud...

-¡Chis! Si la criada de don Román no hubiera ido

a confesarse con don Eulogio...

-Que no me lo dijo bajo secreto de confesión.

-¡No me interrumpa! Se lo dijo, ¿no?

Y... ¿qué negocio es ese

en el que don Román invierte una suma semejante?

-Nada malo, se lo juro, señora condesa.

Créame, señor cura, nada que vaya contra la ley de Dios.

-Si no dudamos de tu honradez.

Nunca una pinta de menos, nunca un género en mal estado,

nunca... -¡Chis!

Periquillo, ¿estamos a tiempo?

-¿De qué, señora condesa?

-Yo tengo, casualmente, todavía guardado

el dinero de la rentas de este año.

-Que, en parte, había prometido para obras pías...

-Y si ese negocio es tan redondo como parece,

figúrate, Perico, las obras pías que podríamos hacer.

-¿También usted, don Eulogio, quiere invertir?

-Hijo mío, esa es una palabra profana.

Digamos más bien que quiero... sembrar.

-¿Y cuánto quiere usted sembrar, señor cura?

-Ven, ven a mi casa después de la novena.

Jugaremos al tute y hablaremos.

¡En marcha!

-¡Ah...!

¡Ya sabía yo que el demonio se te había metido en el cuerpo!

¡Has engatusado al cura y a la condesa!

¡Y has hipotecado la casa

y las viñas de mi santo padre, que en gloria esté!

¡Ay, Perico, que nos arruinas!

-¡Mula...! -¡Deja ese dinero!

¡Esos ingleses te han embrujado!

-Recuerda: en el campamento, a callar.

Aunque, la verdad, es que tú no hablas mucho.

Y si te llaman Hércules, contestas. -¿Eh?

-Eso, muy bien, con eso bastará.

Y luego a esperar las señales del juez. ¿Recuerdas todo?

-Menos una cosa. -¿Cuál?

-Cuántas perras me vas a dar. -La cuarta parte de lo que ganemos.

-¡Quiero la mitad! -¿Estás loco? Arriesgo el dinero.

-El de la condesa, el de don Ramón y el del párroco.

-Sí y el mío. Con la cuarta parte tienes bastante.

-O la mitad o me vuelvo a mi casa.

-Está bien, está bien, la mitad.

¡Ay, Angelillo, de esta no te van a faltar las perras!

¡Terminaremos en Inglaterra!

¡Hércules! -¿Eh?

-¡Eso es, bravo, muy bien!

Gritos del público.

Gritos del público.

Gritos del público.

Golpes.

Gritos del público.

Gritos de júbilo.

Silbidos.

Gritos del público.

Golpes.

¡Valiente Hércules, bien me dijo tu madre que al dar el estirón...!

Ahora no servirás ni para cargar toneles.

(SE QUEJA)

-¿Qué le voy a decir a tu madre? -¿Eh?

¿Y qué le voy a decir a Lolita?

Lamentos de Angelillo.

Angelillo, ¡eh, hala, arriba, venga!

Desde aquí te vas tú solo.

Yo me llevo la mula y tú te vas a casa.

Yo no vuelvo.

Don Román se me quedará con la casa y las viñas,

el cura me va a excomulgar,

la condesa no querrá pagarme las cuentas

y mi mujer...

En mi mujer prefiero no pensar.

¡Vamos, Petra!

Don Román, el cura,

la condesa, mi mujer, el pueblo entero...

¡Ay, Dios!

-¡Vamos, vosotros, moveos! ¡No perdáis tiempo!

-¡Ay!

¡Ah...!

-¿Qué pasa ahí, qué te ha pasado? -Que me he cortao.

-¿Que te has cortao ¡Venga, a trabajar!

¿Y tú? ¡Ay...! ¿Pero cómo te atreves?

¡Te voy a deslomar!

¡Aquí hay que trabajar, venga!

-¿Pero qué hace, animal,

cómo se atreve a pegar a unos críos, hombre?

¡Es usted un salvaje! -¡A trabajar he dicho!

-¡Eh, esto lo va a pagar caro, ya lo verá!

Espera aquí.

-¿Pero, mocoso, atreverte conmigo...?

Eh.

-¡Ay!

¡Algarrobo!

¿Queréis venir con nosotros? -Bueno.

-¡Eh! ¡Eh!

Oigan...

Este, ¿qué querrá?

-¿Puedo ir con ustedes? Bueno.

-¡Hala! Eh, mula.

¿Y qué es eso del box?

Es una forma de liarse a puñetazos con un tío

pero con unas reglas.

¿Existe una cosa así? No te pegas porque estés enfadado

sino para medir las fuerzas.

Como cuando éramos niños.

Como un juego.

-Como un juego que puede dar mucho dinero.

Un hombre como tú, con tanta fuerza y tanta...

Podría ganar una fortuna en una sola noche.

Una noche de sábado, claro.

¿Por qué de sábado? -Conozco un lugar donde se apuesta

mucho dinero,

desafías al campeón que es un tipo con el pelo colorado,

no tan fuerte como tú, ¿sabes?

Pero con una mala uva de todos los demonios.

Y si le vences, te llevas una fortuna.

¿Pagan por darse uno un gusto así?

-Se apuesta, ya te lo he dicho,

y las apuestas te pueden volver duplicadas, por lo menos.

O se van para siempre si pierdes.

Trae el vino.

-Si yo tuviera dinero...

¿Pelearías?

-Convencía a tu amigo y hacíamos el negocios

entre los dos. ¿Por qué no entre los tres?

-¿De veras? No, no te burles de este hombre.

Yo no voy a pegarme con nadie.

Tú te lo pierdes.

(SILBA)

Silbido.

Unos amigos.

Es nuestro amo. -¡Vaya un caballo!

Debe ser un hombre muy rico.

¡Ah! Un hacendado muy rico, sí.

Aquí estamos con un chalado.

Buenos días, don Francisco.

Es un amigo.

-¿Le gusta a usted el box, don Francisco?

¿Box? -El box.

Ronquidos.

(RONCA)

¿Y dice usted que mucho dinero?

-Dinero inglés, que es el mejor, bueno,

sin despreciar el de los demás,

que también es buena la moneda española.

¿Y todo allí, sobre la mesa de ese tal don Harrison?

-Sí, con entusiasmo de la pelea y los efectos de ese mejunje

que llaman whisky, los ánimos se excitan

y las apuestas crecen.

¿No le gustaría verlo?

Hombre, sí, pero como soy nuevo en estas tierras

y no tengo relaciones, pues... -Yo podría servirle,

de intermediario, perdone la impertinencia

pero allí me conocen.

Siempre tienen invitados; la gente más rica de la comarca.

Habrá que llevar mucho dinero,

para no quedar mal con los ingleses.

-Sí, alguno hay que llevar, por eso de las apuestas.

Me gusta apostar; por la emoción, a mí el dinero

me tiene sin cuidado. He traído bastante para comprarme

una hacienda por aquí.

-Pues si usted quiere.

Sí, realmente me gustaría ir a una de esas fiestas

de los sábados. -Este... Este sábado.

¿Por qué no? -Yo podría arreglarlo fácilmente,

claro, siempre que ese servidor suyo...

(RONCA)

Estuviese dispuesto a pelear.

Yo podría ir a la mina y desafiar al campeón en su nombre.

¿Se refiere usted a eso que se llama...? ¿Cómo se llama?

-Box.

¡Box!

(AMBOS RÍEN) Box.

Que no, yo no soy un fantoche.

Nadie te dice eso pero si te has disfrazado

de buhonero y de fraile, si has pasado por ser barbero,

mariscal, sastre, forzudo de circo, portera de convento y monja,

no entiendo por qué no te puedes disfrazar de esto del box.

Eso es muy distinto, hice todo eso, pues,

porque tenía que hacerlo pero no voy a pegar

a un desconocido que no me hizo nada solo

por llenar los bolsillos a ese mercachifle.

¡Pero es que no quieres comprender, con sus fantasías nos sirve

un golpe en bandeja! Podremos entrar en ese campamento

sin despertar sospechas y echar mano de todo ese dinero.

¡Ah!

Acepta.

Puede usted ir a desafiar a ese del pelo colorado.

Yo no conozco las reglas.

¿No decís que hay reglas?

Yo te las enseño. ¡¿Tú?!

Vaya...

Qué gracioso. ¿Y qué sabes tú? Te equivocas,

cuando yo era estudiante en la Universidad de Sevilla

tenía un condiscípulo escocés que además era vizconde

y me daba clases de...

-De box. (RÍE) De eso, ¡de box!

Y yo, a cambio, le daba clases de toreo.

Seguro que le cogió el toro y yo no quiero que me coja

el inglés de la mina. ¿No tendrás miedo?

(TITUBEA) Es... que no conozco las reglas

y... no quiero que me las enseñes este.

A ver, Perico, tú que sabes de esto...

¿Qué tal? ¡Ah, déjame!

-¡Sí, sí, bravo, bravo, muy bien, muy bien!

A ver... A ver esto.

¡Ah! (RÍE)

¡Te voy a matar ahora!

¡Está bien, que yo no quería! ¡No corras, cobarde!

¡Que es el box! ¡Ven aquí!

Risas. ¡Ah!

¡Estás muy gordo!

(RÍEN)

-Hala, Petra, hala.

(HABLA EN INGLÉS)

-No tenemos mucha confianza en los descendientes de los indios.

-Este no es indio, don Harrison, es andaluz,

ha venido a la comarca con su amo, que es muy rico

y le ha hecho aprender box

con un vizconde escocés.

(HABLA EN INGLÉS)

(HABLA EN INGLÉS)

-Créame, don Sheridan, será una pelea fenomenal,

se llama Algarrobo.

(HABLA EN INGLÉS)

-Muy bien, Perico, te esperamos el sábado con el nuevo protegido.

-No es mi protegido, don Harrison, sino de ese hacendado tan rico,

don Francisco que, como es natural, quiere presenciar la pelea.

-Te esperamos. -Muchas gracias.

Adiós.

(HABLA EN INGLÉS)

(RESPIRA ACELERADO)

(RESPIRA ASFIXIADO)

-¿Qué tal, hombre, qué tal?

(JADEA)

Me canso más que a caballo.

-Hale, enséñale tú, estudiante.

Ahora fíjate en mí.

¡Uh!

-¡Bien! Ahora tú, Algarrobo.

¡Dale, fuerte!

¡Dale, dale!

¡Bien!

Risas de Curro.

-¡Fuerte!

¡Bien!

¡Ah! Con la cabeza no.

-¡Con las dos! ¡Fuerte, en la cara!

-¡Bien! Y dale...

-Venga. Dale en la cara, ¡fuerte!

Risa de Curro. ¡Vamos!

Risa de Curro. -Cuidado, despacio.

Abajo.

-Anda, venga...

Dale, eso.

Risa de Curro. Anda, anda...

¡Dale! ¡Dale!

¡Dale fuerte! ¡Dale tú! Anda, venga...

¡Más! (RÍE) ¡Vamos, dame!

Venga...

Anda con él.

Risa de Curro. (RÍE) ¡Toma!

¡Ah!

-Estudiante, ¿con qué le has dado?

¿Cómo te sientes?

Mal. No me acostumbro a la idea de pegarle a un hombre

que no me hizo nada.

Oye, me tiene sin cuidado que ganes la pelea.

¿No vas a apostar por mí?

No es el dinero de las apuestas el que nos interesa,

ese volverá a nosotros de todos modos.

Tú lo que tienes que hacer es aguantar, aunque te zurren

de lo lindo, tú a aguantar, a hacer durar la pelea;

necesitamos tiempo para estudiar el terreno y dar el golpe.

¿Y yo, no haré nada?

¿Cómo que nada? ¿No te lo he dicho?

Si quedas fuera de combate antes de una hora,

arruinas el plan. Tú a aguantar.

Gritos de los niños. -¡Dale fuerte!

-¡Vamos, así! -¡Más fuerte!

-¡Levántate ya!

¡Aguanta! -¡Ahí!

-¡Cobarde! -¡Tú! ¿Qué sabes tú?

-¡Vete ya! -¡Sal tú! A ver si te atreves.

Gritos de los niños.

-¡Venga! -¡Venga, ahí! ¡Dale ya!

-¡Más fuerte, sigue! (HARRISON) Bienvenidos, señores.

-Don Harrison, este es don Francisco.

-Mucho gusto.

Gritos de los niños. -¡Toma!

(HARRISON) Hola. -¡Cobarde!

-¡Toma ya! -¡Venga, dale!

-¡Toma! -¡Ay!

Graznidos.

-Anda, súbete.

-Siéntese.

Más peso.

Vale. Levántese.

Over here.

Mr. O'Hara, Mr. Algarroba.

(RÍE)

Sit down, please.

Quitar peso.

Vale.

(HABLA EN INGLÉS)

(HABLA EN INGLÉS)

¡Pueden pelear! (RÍEN)

-No, no.

-Don Sheridan,

este es mi amigo don Francisco,

don Sheridan, el director de la mina.

(SALUDA EN INGLÉS) Lo mismo digo.

-Could you have a glass of wine? Sí, claro.

Música de gaitas.

Risas.

-Sería el momento de apostar.

Aceptan apuestas de cinco contra uno.

No hemos arreglado mi comisión.

La cuarta parte.

-La tercera.

Hecho. (RÍEN)

-Don Harrison. -Hola, Perico.

-¿Cuánto vais a apostar?

5000.

Risas y música.

-Hola. Hello!

Es un tío simpático.

Me ha dado de beber.

Pero ¿por qué le voy a pegar?

Tampoco hace falta que lo mates.

Acuérdate de las recomendaciones de Curro.

(HABLA EN INGLÉS)

Bebe.

Está bueno.

Música de gaitas.

(HACE GÁRGARAS)

Aplausos.

(APLAUDEN Y JALEAN)

Griterío. -¡Lárgate de aquí!

Abucheos. -¡Vamos, venga!

-A my right we have the champion O'Hara...

(APLAUDEN Y VITOREAN) -Left, Algarrobo.

(APLAUDEN Y ABUCHEAN)

Silbidos. -¡Fuera!

-¡Venga...! -¡Si no vale nada!

Gritos. -¡Vamos!

(JALEAN)

(EL PÚBLICO ANIMA)

Gritos del público.

(JALEAN Y APLAUDEN) -¡One, two, three,

Gritos. four, five,

six, seven, eight, nine, ten!

(APLAUDEN)

(PERICO RÍE)

Música.

Gritos. (RÍEN)

-The winner and new champion;

¡Algarroba!

(EL PÚBLICO ABUCHEA)

(GRITAN)

-¡Bravo, bravo!

Es un campeón, ¡un campeón!

Gritos y abucheos.

Música.

-Don Francisco, pregunta Mr. Sheridan si Algarrobo,

como la pelea era muy corta, pelearía contra otro contrincante.

Desde luego, y yo me encargo de que la pelea dura más,

¿dónde está el hombre? -El propio Mr. Sheridan.

-New player.

Jaleo.

Quiet! Quiet!

Atention! We are going a have

another fight; Algarrobo against Mr. Sheridan!

Aplausos.

Gritos. -¡Fuera!

¡Algarrobo! ¡Algarrobo, ven aquí!

-Lo ha hecho bien. Lo has estropeado todo.

¿Por qué? -¡Ha peleado muy bien!

Pues va a tener que pelear otra vez.

¡No, otra vez no! -¿No ha valido?

¡Chis! Con ese tío...

Mr. Sheridan o cómo se llama, no lo sé.

-Primero te tapas y luego le das. Vete a buscar agua.

Te dije que aguantaras, pues aguanta.

Déjate pegar. Pero...

El inglés ese debe ser un flojo y a un golpe tuyo;

ya tenemos desmayo de nuevo y necesito tiempo, ¿comprendes?

Tiempo para que todos estén borrachos y nos podamos alzar

con el dinero de las apuestas,

el de la mina y el de los invitados.

No te preocupes.

Jaleo.

Otros cinco mil al Algarrobo. Y los que he ganado también.

-Muy bien, señor.

Gritos. -¡Eh!

-¡Ya está bien!

Tiempo.

Sí... Tiempo.

Música de gaita.

(APLAUDEN Y JALEAN)

(APLAUDEN)

Música de gaita.

(APLAUDEN Y JALEAN)

Silbidos.

Silbido.

Jaleo.

(APLAUDEN Y ANIMAN) -Quiet!

Mr. Sheridan, Mr. Algarrobo.

Jalean. -¡Ah!

(EL PÚBLICO ANIMA)

Jalean.

(RÍEN)

Gritos y risas.

(EL PÚBLICO JALEA)

Gritos en inglés.

-¡Aprovéchate que tiene un calambre!

¡Dale, dale! ¡Vuelve, vuelve ahí y dale!

Gritos y vítores. ¡Cuidado!

Silbidos.

Abucheos.

Gritos de ánimo.

(RÍEN)

Gritos. -¡Dale!

-¡Dale!

Silbido.

-¡Vuelve y dale!

Jaleo.

-¡Al rincón!

Griterío. -Dale el agua.

Gritos en inglés.

Murmullo.

Gritos de ánimo.

Silbidos.

Griterío.

-¡Dale! -¡Vamos!

Silbidos.

Jaleo.

(RÍEN)

Griterío.

(EL PÚBLICO JALEA)

Silbidos. Gitano...

Tú de niño aprendiste a hacer a hacer brebajes, ¿verdad?

Sí, ¿y qué?

Ese veneno de los ingleses debe ser formidable

para coger fuerzas.

Mira ese maldito don Sheridan la paliza

que le está dando al Algarrobo...

Si ese brebaje lo calientas y le echas un poco de pimienta,

un poco de miel y una guindilla, pues... ¿Ah?

Sí. Prepáralo

y que se lo beba el Algarrobo.

Espera, dile que se olvide de lo que le he dicho,

que no aguante más y que intente acabar con él.

Jaleo.

-Agua, échale todo el agua. ¡Échasela!

Murmullo. Ánimo, Algarrobo.

¡Ánimo!

-¡Venga!

(EL PÚBLICO ANIMA)

Gritos. -¡Aaah!

Silbido.

(HABLA EN INGLÉS)

¡Ah!

Griterío. (GRITA) ¡Ah!

Aplausos.

Jaleo. (HABLA EN INGLÉS)

Gritos de ánimo.

¡Ah!

Risas.

Griterío.

¡Ah! -Wonderful!

Gritos.

Silbidos.

Risas.

Jaleo.

Abucheos.

Aplausos.

Griterío.

Aplausos.

Murmullo.

Gritos. -¡Venga, levántate ya!

-¡Ánimo, ánimo!

Griterío.

Murmullo.

(HABLA EN INGLÉS)

-Asalto número 20.

Griterío.

Gritos.

-¡Sheridan!

-¡Sheridan!

(EL PÚBLICO JALEA)

-¡Sheridan!

Silbido.

(GRITA) -¡Ah!

Gritos.

Griterío. -One, two, three,

Aplausos. four, five, six, seven,

eight, nine, ten!

Abucheos y aplausos. The winner and hit champion;

Algarroba!

(EL PÚBLICO APLAUDE Y JALEA)

¡So! Sería el momento de volver a la mina,

deben estar todos borrachos. ¿Para qué?

Quejidos de Algarrobo. ¿Cómo que para qué?

Esta noche ganamos el dinero limpiamente y gracias

a la valentía del Algarrobo. ¡Calla, tú, que no es para tanto!

(ABATIDO) ¡Déjame en paz!

-¡So!

¡Don Francisco!

Yo aquí les dejo, he pensado si no sería mejor

organizar otra velada de estas, ¿eh?

Y cobrar la entrada como en los teatros

y en las plazas de toros.

¿Quieres hacerte rico con esto del box, Perico?

No me parece una mala idea

pero no cuentes con el Algarrobo.

Me lo llevo.

-Es que sin él...

En fin, si no hay más remedio volveré al pueblo,

pagaré las deudas y a vender vino de nuevo.

Bueno, no está nada mal.

-¿De verdad no hay nada con el Algarrobo?

(RÍE) No.

-En fin, ya me arreglaré.

¿Cómo? -Es algo que he oído allí

en el campamento; parece que hay un muchacho con un fuerza terrible,

en la parte de Jaén,

le llaman Sansón. (RÍE)

Adiós, Perico. -Adiós.

¡Suerte, don Francisco!

¡Arre, vamos! ¡Hala, mula, hala!

¡Vámonos!

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Curro Jiménez - El campeón de Almería

14 ago 2016

En una compañía minera se celebra los sábados una fiesta con baile y combate de boxeo. O'Hara, campeón de la mina, suele vencer a sus contrincantes. Perico, el administrador, descubre a un joven muy forzudo y concierta un combate, hipotecando su casa.

Histórico de emisiones:
30/07/2012
29/07/2013

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