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No recomendado para menores de 7 años Curro Jiménez - El bosque de las brujas - ver ahora
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Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

Una, dos y tres.

Miguel, Miguel, Miguel, trolé, trolé, trolero,

Miguel, Miguel, Miguel, dos vueltas del revés.

Uno, dos y tres.

Miguel, Miguel, Miguel, trolé, trolé, trolero,

Miguel, Miguel, Miguel, dos vueltas del revés.

Uno, dos y tres.

Miguel, Miguel, Miguel, trolé, trolé, trolero,

Miguel, Miguel, Miguel, dos vueltas del revés.

Uno, dos y tres.

-Madre, quiero salir a jugar. -Te he dicho muchas veces

que no puedes. -Todas las niñas están jugando.

-Tú no eres como las demás. ¿Es que no te das cuenta?

-¿Y por qué?

Porque eres mi hija. No nos quieren en este pueblo.

Me necesitan y me tienen miedo a la vez.

Tienes que tener mucho cuidado. Mucho cuidado, hija.

Porque a veces el miedo hace valiente a la gente.

-¿Hay esperanzas, doctor?

(LLORA)

Campanadas.

-Es esa maldita mujer.

-Las campanas, vuelven a sonar solas las campanas.

-Otra vez tocan a muerte. -Es la bruja.

Ella las hace sonar. -No hay nadie en el campanario.

-Miradla, ahí va. -Sí, es ella.

-Se somete a juicio de esta santa hermandad

la acusación de brujería hecha por un hombre

tenido en la estimación general como de recta conducta

contra la llamada Faustina Larache, pidiendo para ella

la pena de muerte. Votemos en conciencia.

Dios está con nosotros.

Debe morir.

-Date prisa o llegarán antes de que os hayáis ido.

-No quiero dejar esto aquí.

Me las pagarán.

-Faustina, vete ya.

No te entretengas u os cogerán aquí.

A ella también.

Ladridos.

-Ven a verme todos los sábados, no faltes ni uno solo.

-¿Cómo podré encontrarte? -Ponte camino del bosque.

Te encontraré yo.

(LADRA)

Ladridos.

Irás a morir al lugar al que me echas.

-Denos permiso para quemar la casa. -No, esta casa es mía.

-¿No la seguimos con los perros?

-En esta noche, ni los perros darían con su rastro.

-No lo olvides, sólo el temor hará que te respeten.

Si flaqueas, te matarán.

En el libro sagrado se lee:

"El Señor castiga

porque hiere con su mano

par curar".

Hiere tú.

Quien no hiere, no cura.

Cualquier día es bueno para morir.

Quiero que...

que eches mi cadáver al lago.

Allí... te estaré esperando.

(EXPIRA)

(JADEA)

(JADEA)

(JADEA)

Se han llevao el caballo.

¡Caballo!

Maldita sea...

Relincho.

(JADEA)

Relincho.

Hola, amigo. (RELINCHA)

Me quedé sin la corza y casi me quedo sin ti.

Muá. (RELINCHA)

(RÍE)

Hola.

(SUSPIRA)

Yo diría que he visto antes tu cara.

Pero no sé dónde.

¿No dices nada?

Ah, no sabes hablar.

¿Eres muda?

¿Cómo te llamas? -Nieves.

¿Nieves? (SUSPIRA)

En mi vida he oído un nombre tan bonito como el tuyo.

¿Y por qué vives aquí?

-Es el único sitio donde puedo hacerlo.

Habrá alguna razón. -Mi madre tuvo que huir

del pueblo donde vivíamos.

La acusaron de bruja. Ah...

¿Y lo era? -Ajá.

Cuando yo era pequeño me llevaron a una de esas mujeres

para... para que me curara una cosa que tenía en la cabeza.

Creo que no me la curaron.

Yo no creo en las brujas.

(RÍEN)

¿Sabes dónde quedan los riscos de los Frailes Viejos?

-Sí. Tengo que ver allí a un amigo

sin falta. -¿Te vas?

Sí.

-Yo te guiaré.

Para.

Sigue todo recto hasta el otro lado de las rocas.

¿Volverás? Si encuentro el camino...

-Lo encontrarás. Un poco bruja sí que eres, ¿eh?

¡Adiós! (RÍE)

Galope.

¡Eh, no dispares, que soy yo!

Echa un poco más de agua al café. No te esperaba hasta mañana.

Pues aquí estoy. Y con hambre. Repartiremos lo que hay.

Aún hay bastante.

¿Alguna novedad?

No, ninguna. Por aquí tampoco.

Este es un sitio muy tranquilo.

Relincho. No he visto moverse tropas

por ninguna parte.

Relincho. Anda, toma.

Cómete esto antes de que se te enfríe.

Gracias.

No sé por qué Curro está tan preocupao

con eso del indulto. Está muy movido el tiempo

por aquí abajo. ¿Y cuándo no?

Sí, pero ahora más. Los liberales andan levantiscos,

y los realistas temen que las partidas

de Andalucía les ayudemos. A los liberales

los quiere el pueblo. Pero no el rey.

Curro ha tenido noticias de que el general Manso

están en Ronda. Dicen que viene a gestionar

los indultos para las partidas. El indulto se da o no se da.

Se firma de una vez y basta. Tienes razón.

Hay mucho movimiento de tropa en Sevilla, Córdoba y Cádiz.

Es una buena ocasión para acabar con los liberales.

Y también con nosotros al mismo tiempo.

Lo del indulto puede ser una trampa para cazarnos.

Política... Nosotros a lo nuestro.

Ha hecho bien Curro mandándonos a vigilar.

Ah... ¿Y qué tal por ese bosque?

Muy tranquilo. Ya lo noté.

¿Sabes que cuando lo crucé sentí una calma

que no era normal? Es curioso que ninguno

de nosotros conociera este lugar.

Sí, es curioso, sí. Durante todo el tiempo

que estuve atravesándolo sentí como si alguien

me estuviera observando. Y lo estaba.

Verás, en el bosque vive alguien.

Es que no te lo he querido decir para que no creas que he estao

borracho debajo de un alcornoque. Ya, venga, suelta.

Es... alguien especial.

¿Hombre o mujer?

No sé.

¿Cómo que no...? Bueno, puede que sea un ángel

o que sea la hija de una bruja. (RÍE)

Mañana me acompañas y la conoces.

(RÍE) Ten cuidado, porque las hijas de las brujas también son brujas.

Cuando la veas ya me lo dirás, ¿no?

(RÍE) Toma, toma.

¿No encuentras el camino?

Es por aquí, seguro.

Había unos árboles como estos.

Ah, bueno, si había árboles, entonces estamos en el buen camino.

Esto lo recuerdo, por aquí debe estar la cabaña.

¡Nieves!

¡Nieves!

Ya verás como viene. Oye, ¿sabes dónde estamos?

Anda... Es nuestra hoguera.

Esto es cosa de brujería, Algarrobo.

(RÍE) Un día te contaré un par de cosas,

a ver si te ríes. Mientras me las cuentas

o no me las cuentas vamos a lo nuestro.

¡Eh, Algarrobo!

¡Vete por el atajo, a ver si llegas antes!

¡Bah! (RÍE)

Viento.

(RELINCHA)

(RELINCHA)

-Ven.

Relincho.

Oye, dicen que las hijas de las brujas...

Bueno, de las mujeres que tienen poderes especiales,

que también los tienen. ¿Es cierto?

-Sí. ¿Entonces tú...?

-Sí, pero no debes tener miedo de mí.

No, si no tengo miedo. ¿Por qué iba a tenerlo?

Nadie que tenga tus ojos... -¿Cómo son mis ojos?

Son... claros,

limpios.

Son como un amanecer.

Un poco bruja sí que eres, ¿eh?

-Ve hacia allí.

¿Hacia allí? -Ajá.

Vamos.

¡Uh! Oh, oh... (RÍE)

¿Qué quieres demostrarme?

-Yo te he hecho caer. ¿Tú?

-Pienso en algo, tú tropiezas y caes.

¿Tratas de decirme que tú piensas en algo,

yo tropiezo en ese algo y me caigo? -Ajá.

No, no, aquí está.

Con esto es con lo que he tropezado.

Sí con esto... ¡Uh! Ah...

(RÍE) Uh...

-¿Quieres alguna prueba más?

Sí.

-Dispara.

Vamos.

Vamos, dispara.

¿Adónde? -Contra mí.

No, a ti no.

¿Tú también haces esto? -Claro.

Ahora comprendo por qué se me escapó la corza.

¿Te acuerdas el otro día, cuando bromeaba contándote

que no sabía si era un ángel o la hija de una bruja?

Pues es un ángel.

Y tiene poderes especiales. ¿Como cuáles?

Las armas no disparan.

Cuando ella piensa en algo, tú te caes.

Pero ¿te caes encima, debajo o al lado?

Sabía yo que después de lo del otro día

no te lo ibas a creer. Vamos a dejarlo.

(RÍE)

Mira, lo de la pólvora es muy fácil.

Ese bosque es muy húmedo y no prende.

Sí, pero y lo otro. Lo otro... está clarísimo.

Esa muchacha es una bruja.

¿Cómo lo has adivinao? ¿Qué es lo que he adivinado?

Pues que es una bruja. Está muy claro.

No hay más que verte.

La verdad es que me estoy enamorando de ella.

(RÍE) Os quemarán en la hoguera.

¿Qué me importa?

¡Ay! ¡Uh, uh! Es para que te vayas acostumbrando.

(RÍE) Anda, échame café

y deja de decir tonterías.

(RÍE)

Oye, ¿tú tienes algo de dinero para dejarme?

Ni un real.

Entonces tendré que asaltar una diligencia.

¿Para qué? Necesito un par de cosas.

Venga, abajo.

Vamos.

Ustedes, pónganse en fila.

Quieto, levanta el brazo.

Date la vuelta.

A ver...

Dame eso.

He dicho que quieto.

¿Qué es eso? Démelo.

Sí. Quítese el vestido y los zapatos.

¡Vamos! -Desabrócheme, por favor.

¿Está loca? Vosotros, daros la vuelta,

que va a desnudarse una señorita, venga.

Trote.

¡¡¡Nieves!!!

-¿Qué?

Ah...

Esta cabaña... No encuentro nunca el camino.

-Sígueme.

Ah, otra vez en casa...

Ah...

Es para ti. -¿Para mí?

Sí, para ti.

(RÍE)

(SUSPIRA CONCUPISCENTE)

(RÍE)

Ay...

Madre mía, madre mía...

Ah, ah...

Brrrrrrps...

(SUSPIRA)

(SILBA)

(SILBA)

Eso está mejor.

Vestida.

(RÍEN)

(RÍE)

Viento.

-¿Escuchas?

Es el viento.

-Es la música del lago.

Pero ¿dónde vas? -¡No, los zapatos no!

Mujer, no seas testaruda. Ven.

-Que no. Dame el pie.

-No. Este primero, que es el que tengo.

-Nunca he llevado zapatos. Ya te acostumbrarás. Uno...

A ver...

El otro. Así...

(SUSPIRA)

Así. Cógete de mi brazo.

Eso, así.

Muy bien, así es.

Ya verás.

Coge la sombrilla.

Muy bien, muy bien.

Verás, mu... muévete un poco.

Así. La sombrilla.

Ven hacia mí, ven hacia mí.

-Ah, ah...

(RÍE)

Te ríes.

Te ríes, te ríes. (RÍE)

-Escucha.

¿No oyes nada?

Sólo a ti. Bueno, y los ruidos del bosque.

¿Tú oyes otra cosa?

-La música del lago y la voz de mi madre.

Me llama desde el fondo, la siento muchas veces.

Yo sólo te siento a ti.

Pero... resulta que también te siento cuando estamos separados.

-Ya nunca nos separaremos.

¿O sí?

Cuando te miro,

siento algo que me confunde, algo que no puedo explicar.

Es como... como si por primera vez entendiera lo que está bien

y lo que está mal.

El otro día, en el bosque... -¿Qué pasó?

Fui a disparar a una corza.

Ya sé que está mal, pero es que me gusta mucho

la carne de corza. -Pero no la mataste.

Al final me dio lástima.

Bueno, me falló el arma.

Sentí como una mirada que me llenaba de...

-¿De qué? De vergüenza.

-Aquí me tiene, mi general. -No ha hecho usted

ninguno de los servicios que ha prometido.

-He tenido mala suerte, mi general.

Pero le he entregado a dos hombres. -¿Se refiere a Cristóbal Delgado

y Senén Molina?

Esos dos hombres no eran ningún peligro.

Están cargados de hijos, tenemos vigiladas sus casas

y tarde o temprano los hubiéramos cogido.

Pero ¿qué pasa con Curro Jiménez y su partida?

-Se me escapó su lugarteniente de entre las manos.

Pero los tendrá, mi general, los tendrá.

-Más le vale.

-¿Qué va a hacer con esos dos hombres?

-Fusilarlos, naturalmente.

Este es su indulto,

condicionado a la entrega de Curro y su partida.

-¿Y mis hombres? -Se da por entendido

que deben ser entregados también. -Mi general,

yo con esto quedo marcado para siempre.

Quiero decirle, que de lo mío no habrá duda.

-Cuando sea indultado, el gobierno de su majestad

le nombrará comandante del escuadrón franco

de protección y seguridad pública con paga de un duro.

Eso es lo que lleva escrito en ese documento

que entregará en el Consejo de Sevilla

junto con Curro Jiménez y todos sus hombres.

-Así será.

Tendrás que demostrarme que las armas no disparan.

Cuando quieras.

Esa chica es una bruja, te lo juro.

Esa chica será lo que quieras, pero está empezando

a abrirse a la vida, y tú debes sacarla

de esa forma de vivir. ¿Sí?

Claro, ella no puede vivir sola en el bosque.

¿Tú crees? Naturalmente.

Es una persona, y debe vivir como tal.

Le buscaré un sitio. Oye, cósemelo bien.

Procura que ese sitio esté cerca del bosque.

Así le inspirará más confianza. ¿Tú crees?

Arreglaré todo antes de ir a buscarla.

¿Cómo está el jamón?

Colgado, ahí. -Curro, ahí hay un tal

Joaquín Madera, de la cuadrilla del Gordo.

Que entre.

-Pasa.

-Buenas noches.

Curro, el Gordo quiere que os veáis en el cortijo de Las Manolas.

¿Para qué? -Tenéis que hablar del indulto.

Dile al Gordo que nos veremos mañana

en la quinta de Las Mestas. Allí estaré con mis hombres.

-¿Estaremos seguros? Los guardeses son amigos

y, además, se les paga el servicio. -Así se lo diré.

Malos Pelos... -¿Hum?

Búscale sitio a este compañero y dale algo para que cene.

-Vamos.

Relincho.

El Gordo no es quien para negociar el indulto con el general.

No gusta nada esto.

Algarrobo, ¿conoces este lugar? Estamos cerca de tu casa.

Al otro lado del lago está el bosque de las brujas.

¿Dónde no se disparan las armas? Por si acaso, Algarrobo,

no te pongas delante de ellas. Si es verdad lo del indulto

no habrá más armas. Me parece todo demasiado fácil.

El Gordo sabe algo más y ahora vamos a enterarnos.

-¿Por qué le llaman el Gordo, si no lo es?

No sé, creo que lo fue hace tiempo.

¿De dónde ha salido ese tipo? ¿Le conoces bien?

Era el comandante de una partida contra los gabachos.

Allí hizo amistad con algunos militares.

Ladridos.

¿Han llegado mis hombres? -Ahí tienes al Gitano

con un par de ellos. Dale una buena ración de avena

a los caballos, y dile a tu mujer que prepare abundante comida.

Seremos muchos a la mesa.

Ladridos.

¡Gitano!

Hola, Estudiante. ¿Qué hay?

Pronto has venido, no te esperaba aún.

Me adelanto para que otros no se me adelanten.

¿Qué te cuentas, Gitano? Poca cosa.

Ayer por la tarde vimos una partida de liberales.

Daba pena verlos. ¿Qué dirección llevaban?

La de Córdoba. Es gente con mucha moral.

Luchan por una idea. Ya, y acabarán

como todos los idealistas.

(RELINCHA)

(RELINCHA)

-So...

¿Has venido solo? ¿Es que hay peligro?

(RÍE) -Déjate de bromas. ¿Dónde están tus hombres?

Por ahí hay alguno.

(RELINCHA)

(RELINCHA)

-Siempre desconfiado. Están matando unos conejos.

Quiero invitarte a una buena comida.

¿Vamos dentro?

(RÍEN Y CUCHICHEAN)

Risas y cuchicheos.

-No te veo muy convencido.

Son muchos años en la sierra.

(RÍE) -Y eso le hace a uno prevenido, ¿eh?

Todo lo que nos piden es que dejemos la sierra.

Nos dan la oportunidad de ser personas normales,

de volver a nuestras casas. Muy bien, volvamos.

Pero ninguno de nosotros vive en Sevilla,

¿para qué ir allí? -Bah, todas estas cuestiones

llevan un papeleo. Que preparen el papeleo

y me lo traigan a la sierra. -Curro, así no conseguiremos nada.

¿Tus hombres piensan como tú? Ahí los tienes,

pregúntaselo a ellos. -Ah...

Esta oportunidad no nos la vuelven a dar.

Curro, tienes que pensarlo más despacio.

De acuerdo, lo pensaré.

Dentro de unos días, en las ruinas del pico.

Descansa aquí con tu partida y la mía.

-¿Tú te vas? Sí.

Un amigo mío tiene que demostrarme algo.

Vamos, dispara. Ah...

¿Has visto?

(RÍE)

(RELINCHA)

¿Lo veis? Vamos a buscar al Gordo.

Mañana os espero por la tarde. Aguárdanos en la linde del bosque.

Tú eres el único que conoce este laberinto.

Allí estaré.

Relincho. ¡Nieves!

Nieves, he venido para llevarte. -¿Adónde?

Conmigo. -Aquí estoy contigo.

Este no es un sitio para que tú vivas,

y yo quiero para ti lo mejor.

Campanadas.

-Las campanas vuelven a sonar

-Y no hay nadie en el campanario. -La bruja ha vuelto.

-Otra vez tocan a muerto.

Campanadas.

-Es ella, la hija de la bruja.

Campanadas.

-Cálmate, mujer, las calles están muy tranquilas,

no ocurre nada. -Suenan igual que aquella noche.

Campanadas. Esas campanas suenan igual,

¿no las oyes? -Voy a mandar a un criado

para que se entere de qué pasa.

Ya verás como no es nada.

Campanilla.

-Señor, tiene visita. -¿Visita?

Es usted el dueño de estas tierras.

Lo que usted dice lo respetan todos aquí.

Lo que yo digo lo respetará usted también.

Aquí le dejo a Nieves. La conoce, ¿verdad?

No puedo llevarla conmigo, pero vendré a por ella.

Cuídela como si fuera su hija.

Como si fuera su hija. -Pero ¿quién es usted?

No importa quién yo sea,

sólo lo que yo le mando.

Cuídela.

Volveré.

-Bienvenido.

¿Lo has pensado ya? Ajá.

-¿Qué decides? Hablar contigo.

-Hazlo.

A solas.

¡Gitano! (RELINCHA)

-¿Adónde vamos?

Quiero que a solas me cuentes la verdad de las cosas.

-No hay más verdad que lo que te he contado.

Ah...

Me estás mintiendo, Gordo.

Me estás mintiendo. -Veo que sabes más de la cuenta,

pero no te voy a dar la oportunidad

de que se lo digas a nadie.

Es cosa de brujas, Gordo,

aquí no valen armas de fuego.

Aquí sólo vales estas.

Cuéntamelo todo.

-Ah, ah...

Te lo pregunto por una sola vez.

-Me han ofrecido mi libertad

a cambio de vuestra captura.

Estudiante...

(RELINCHA)

Léeselo a los hombres.

Relinchos.

(LEE) Yo, don José Manso, teniente general del ejército

de su majestad, por el poder que se me ha confiado

y en conocimiento de la Cancillería de Gradada

y el Consejo de Sevilla, concedo el indulto real

al portador del presente despacho, Sebastián Hinojosa,

alias el Gordo, natural de Torre Alháquime

bajo las siguientes condiciones:

Primera: entrega del llamado Curro Jiménez vivo o muerto

y de su partida.

Segunda: Entrega asimismo vivos o muertos

de los cinco hombres de su propia partida.

A saber: Joaquín Maderas, Francisco Romero,

Enrique Montoya, Luis Amaya...

-¡Ah! Ah...

Ah...

-Votemos en conciencia, Dios está con nosotros.

Debe morir.

Miguel, Miguel, Miguel, dos vueltas del revés.

Uno, dos y tres.

Miguel, Miguel, Miguel, trolé, trolé, trolero,

Miguel, Miguel, Miguel, dos vueltas del revés.

Uno, dos y tres.

Miguel, Miguel, Miguel, trolé, trolé, trolero,

Miguel, Miguel, Miguel, dos vueltas del revés.

Uno, dos y tres.

Miguel, Miguel, Miguel... -¡Bruja!

-¡Bruja, ven aquí! (GRITAN)

-¡Márchate del pueblo! (GRITAN)

(GRITAN)

-¡Es la hija de la bruja!

¡Acabemos con ella!

(GRITAN)

-¡Bruja!

Ladridos.

Ladridos.

Canto de gallo.

(VOZ DE SU MADRE) Que eches mi cadáver al lago.

Allí te estaré esperando.

-Señor, no debemos pasar de aquí.

-Son habladurías. -Es el bosque de la bruja.

-Voy a buscar a esa muchacha. -No lo haga, señor.

-En el bosque no sé qué me pasará.

En el pueblo sé cuál es mi suerte.

Ladridos.

-Contra el diablo no hay voluntades.

-En ese bosque tiene su sino.

(VOZ DE SU MADRE) Irás a morir al lugar

al que me echas.

¡¿Dónde está?! -Ya te lo he dicho.

Seguro que volvió al bosque. La encontraré.

Y encontraré a ese cerdo esté dónde esté.

-Es inútil luchar contra las fuerzas

que no son de este mundo.

Tiene razón,

quizá no fuera de este mundo.

Olvídate de eso, Algarrobo, no hay brujas.

Todo lo que tenía de sobrenatural es que tú la querías,

y veías en ella lo divino y lo humano,

lo que era y lo que no era.

Venga, hombre, anímate.

Vosotros no la conocisteis.

Me hizo sentir cosas que nunca había sentido,

decir palabras que ni yo mismo entendía.

Estaba hecha de luz y de aire. Claro,

todo eso es la brujería del amor,

que es lo más misterioso de este mundo.

Quiero ir a su tumba.

Sé dónde está.

Me hubiera gustado que la conocierais.

Aquí las armas no disparan, Algarrobo.

Hay mucha humedad en el ambiente y la pólvora no prende.

Ella ha existido, estoy seguro.

Uh...

Oye, Algarrobo, no me eches mal de ojo, hombre.

Disparo.

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Curro Jiménez - El bosque de las brujas

05 feb 1978

Cumpliendo una misión de vigilancia, El Algarrobo tiene un extraña experiencia con una joven que vive aislada en un misterioso bosque.

Histórico de emisiones:
14/08/2013

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