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3704011
Curro Jiménez - La batalla del vino de Jerez - ver ahora reproducir video 51.29 min
Transcripción completa

-Nobles pares de Escocia, la acusación ha presentado

sus pruebas y la defensa ha hecho sus descargos.

Ah... Achís.

Ahora os corresponde emitir el veredicto.

No olvidéis que debéis obrar imparcialmente.

Según el señor fiscal, mi sobri... digo, el tendecaudor,

ha conspirado contra la unidad del reino

mostrando una peligrosa afinidad

con ciertas ideas revolucionarias.

Según la defensa, esta acusación carece de fundamento

porque la enciclopedia que editó clandestinamente

el acusado en Edimburgo no se proponía propagar

ideas revolucionarias, sino divulgar conocimientos

sobre jardinería francesa. -Jardinería francesa...

-Bah. -La belicosa sangre

de los Estuardo, que corre por venas del acusado

y por las mías, le ha llevado a sostener

que lo único que saben cultivar los ingleses es el pasto.

(RÍE) -He oído decir que Philip

atropelló con su carruaje al perrillo de la reina.

-¿Cuá? ¿El que le regaló el emperador de la China?

-Ajá. -Qué horror...

-Un perrillo tan gracioso... -¿Tiene la Corona algo que alegar?

-No, excelencia. -¿Cómo?

Campanadas. -Bien, bien.

¿Tiene la defensa algo que alegar? (RONCA)

-Ay, la defensa...

-¡Aprobado! -¿Cómo?

-Muchas gracias, excelencia.

-¿Qué dice? -"Muchas gracias".

-¿Eh? -¡Que muchas gracias!

-¿Y por qué? -Uh...

(MURMURAN)

-¿Ya tenéis vuestro veredicto, nobles pares de Escocia?

-Culpable. -¿Cómo?

-¡Culpable! -Bueno, hombre, por muy grave

que sea el crimen no hay que gritar de esa forma.

Ya has oído, Philip, ponte de pie.

-Solicito para el acusado la pena máxima.

-¿Qué ha dicho ese idiota?

-Ya ves, Philip, tu desmedida pasión por las rosas

te va a costar el cuello. -Teniendo en cuenta

sus prerrogativas de sangre, mi defendido pide autorización

para que se le permita elegir su propia muerte.

Murmullos. Ah...

-Concedida. -Pues, bien, como sabéis,

tengo otra pasión aparte de las rosas: el buen vino.

Si las rosas me llevan a la muerte,

que el buen vino me mate.

Pido morir dentro de una barrica de vino madre

de la cosecha de 1789 de la bodega de la familia Carpios,

de Jerez de la Frontera. -Bien, bien.

-Esto es una burla a la Corona. Es sólo una añagaza del condenado

para demorar su ejecución o hacerla incluso imposible.

-Escribe, escribe. -Pero, señoría...

-Eh, eh... -Oh...

(RÍE) -Ah... ¡Achís!

Bien sabes, Philip, que tus prerrogativas

no te permiten exigir lo imposible.

(RÍE) ¿No te conformarías con un vinillo de Lancasail, ¿eh?

-Oh, no me ofendas, tío. -No, no, no hace falta.

-Todos sabéis que mi petición tiene ilustres precedentes.

El cuarto duque de Nortfolk, durante el reinado

de su prima Isabel, eligió morir dentro de una barrica

de vino de Oporto, y su petición fue concedida.

No veo por qué si un inglés gozó de esta prerrogativa,

un escocés no pueda usufructuarla

también demostrando mejor gusto

en la elección del vino.

(MURMURAN)

-¿Qué dice aquí? -Usufructuar.

-¿Cómo? -¡Usufructuar!

-Bien, bien, bien. Concedido.

-Quiero advertir a la Corona las dificultades que entraña

la empresa.

Desde que lo probé por única vez hace ya

muchos años, he intentado adquirir una barrica

de ese vino, pero mis amigos andaluces

se niegan a venderlo a ningún precio.

-Excelencia... -Sí, sí, sí, ya sé, ya sé

lo que vais a decir: que no se puede hacer cumplir

la sentencia porque es imposible obtener ese vino.

Sin embargo, insisto en que es posible conseguirlo.

-¿Cómo? -Muy fácil, robándolo.

-¿Acaso pretende el tendecaudor que la corona inglesa robe?

-Durante siglos enteros, la economía inglesa

se ha sustentado, en su mayor parte por los piratas

que se dedicaban a robar a los españoles.

Un último desliz no irá en menoscabo

del prestigio del Reino teniendo en cuenta

que de esa forma se concedería una dulce muerte

a un noble escocés.

En caso contrario, me niego a morir.

Seguiré cultivando rosas francesas. -Y atropellando perrillos

a la reina. -Estimo que el acusado

está en su derecho. Además, un robo más o menos...

-¿Y quién va a robar ese barril? -Teniendo en cuenta

que sois en único inglés aquí presente...

-¿Yo robar? ¡Jamás!

-Tened en cuenta, lord Mortimer, que el veredicto

aún no se ha firmado

y que los nobles pares de Escocia aún pueden cambiar de opinión.

-Está bien, está bien, iré.

Llevaré una fragata y un regimiento de granaderos.

Atacaré la ciudad por sorpresa. Clavaré en lo más alto

la insignia... -Por favor, gasta ya

de sueños imperiales, lord Mortimer.

Se trata tan sólo de un tonel. Yo os diré la manera de conseguirlo

sin tener que declarar la guerra a España.

Campanadas. Excelencia, ahí tenéis la biografía

del único hombre que puede llevar a cabo el robo de ese vino.

(RÍE)

-Amigo del periodista Nicolas Callahan, ¿eh?

¿Y no se lo beberá antes? Callahan se lo bebería.

-Curro Jiménez. -Bah, Callahan siempre exagera.

Pero si es verdad la mitad de lo que dice,

mister Jiménez es nuestro hombre. -Ya. ¿Y cómo podré ponerme

en contacto con él? Andalucía es muy grande.

-Bastante más que Inglaterra. Pero no os preocupéis por eso.

Yo os diré cómo, lord Mortimer.

-¿Estáis de acuerdo, nobles de Escocia,

con que así se haga? (TODOS) Sí.

Martillazos.

-Sentencia dictada, lord Mortimer

queda comisionado para conectar

en España con mister Curro Jiménez.

Martillazos.

-Ya he recibido instrucciones de Londres.

Todo está preparado.

(OLISQUEA)

-De nuestras colonias. -No, habanos.

-Ay...

¿Quién es Connors? Traigo una carta de mister Callahan

para él. -¿Connors? Fue criado de Callahan

durante su estancia en España. Desde este momento

quedará a vuestro servicio, lord Mortimer.

-Esperaba con disgusto tener que contratar

servicio español. Me alegra tener a mis órdenes

a un inglés. -Lamento informarle,

milord, que yo soy escocés,

lo mismo que mister Callahan.

-Claro, ¿qué le vamos a hacer? Me sacrificaré.

-Exactamente, milord. -Sí, claro.

Ah, aquí tienes... la carta privada

de tu antiguo amo.

(SUSPIRA)

(RÍE PIZPIRETO)

-¿Tan gracioso es lo que te cuenta ese escocés?

-No, milord, me reía de otra cosa. La carta me da instrucciones

para localizar a Curro Jiménez y ponerle en contacto con milord.

-Bien, ¿cuándo partimos? -Lo siento, milord,

pero aquí dice que debo ir solo. Si mister Jiménez viera a otro

que no fuera yo, desconfiaría en el acto.

-Well, ve tú sólo, si es preciso. -Exactamente, milord.

¡Alto! (RELINCHA)

¿Qué buscas aquí?

Andando.

¿Así que nos envía a un recomendado para que le ayudemos a robar

un tonel de vino? -Exactamente, señor.

Esa no es mala idea, ¿no? Cállate, ¿no te conformas con comer

que también vas a dedicarte a beber?

¡Bah, déjame! Hay algo que no me... no me encaja.

Dice que tenemos vía libre para aligerar el bolsillo

todo lo que queramos. -Exactamente, señor.

No lo entiendo. ¿Por qué quiere Callahan

que robemos a un amigo suyo y compatriota?

-No exactamente un compatriota. Mister Callahan, lo mismo que yo,

tuvo la suerte de nacer en la dulce y verde Escocia.

Y mister Mortimer no es más que un inglés. ¿Ven la diferencia?

Pues no, no. Yo tampoco.

Pero da lo mismo. Hay que ayudar al recomendado

de Callahan cobrándole un buen precio,

claro está, y de paso dejarle sin blanca,

¿no es así? -Exactamente, señor.

Está bien. Dentro de cuatro días en Jerez,

en la taberna del Cojo.

-¿Y crees que son de fiar esos amigos de mister Callahan?

-Naturalmente que no, milord, son bandoleros.

-Bandits. -Exactamente.

Ah...

Hum...

-Hum...

Hum...

-Sígame usted, señor.

¿Quieres tomar algo? -Exactamente, señor.

-Las razones que el Imperio Británico tiene para necesitar

ese vino es algo que a ustedes no les incumbe.

Limítense a ponerle un precio a su gestión y a llevarla a cabo.

-La maleta tiene un doble fondo con papeles.

No, no nos interesan los papeles. -Estos sí,

son letras contra el Banco Británico

de Gibraltar por valor de seis mil libras.

¿Y por una letra cualquiera dan dinero?

-Exactamente, señor. ¿Está seguro?

-Tú das una letra y a cambio te dan dinero.

Yo sé hacer la O. ¿Cuánto me darán por ella?

-Olvídalo.

Recuerda sólo que hay seis mil libras, que también podréis coger

siempre y cuando me reservéis el 10% que habíamos convenido.

Hum, 10%... ¿Y eso cuánto será?

-¿Veinte mil reales? NI uno más ni uno menos.

-¿Y eso en libras cuánto es? Pues...

Un momento.

Ciento noventa y ocho libras y dos guineas.

-Caramba, ciertamente los bandoleros ingleses

son más baratos. Pues tráigase uno de su tierra.

Los españoles no trabajamos por menos. Tú...

-One moment, please. Un momento, por favor.

-Ah, los españoles, qué vehemencia...

Está bien, acepto el precio. La mitad por adelantado.

-Están terminando, señor.

-Alright, todo en regla. -Me alegro, milord.

-Algo caro ha costado, pero la Corona tiene prisa.

-Exactamente, milord -La ley es la ley,

y debe cumplirse cueste lo que cueste.

-Exactamente, milord. -Exactamente.

-Por aquí, milord.

El dinero.

-¿No son estos tus compañeros de copas?

-Exactamente, milord. Uno ve caras, pero no corazones.

Menos charlas. ¡Vamos, el dinero!

Vamos. -Tenga, señor asaltador.

No hay mucho, pero es que acabo de cerrar un negocio y...

¿Sólo hay esto?

Las botas y el sombrero. -Debo...

-Me temo que no hay otro remedio, milord.

Ah...

-Me quejaré al Consulado.

Y, si es preciso, al Almirantazgo. -Exactamente, milord.

-Eso, exactamente. Hay que andarse con cuidado.

Don Manuel Carpios cuida a sus vinos

más que a su propia familia. Y la bodega está siempre

muy vigilada. ¿Y no sería mucho más fácil

tratar de comprarle ese barril? -Ustedes, los españoles,

piensan que nosotros somos tontos. Ya se intentó eso a través

del Consulado e incluso de la embajada en la Corte, y nada.

Quizá si se le ofrece más dinero. No, por ese camino

no se puede conseguir. Don Manuel es millonario

y tiene a gala que ese vino sólo se bebe en su casa.

No hay más remedio que robarlo. -Exactamente, señor.

"Exactamente". Este tío no sabe decir otra cosa.

-Pero, ojo, cuidado no vayan a robar un vino cualquiera.

Tiene que ser exactamente cosecha 1789.

¿Son ustedes capaces de distinguir ese vino?

Bueno, para eso contamos con la colaboración

del mejor catador de vinos de la comarca.

Estudiante.

Eh, pasad.

Ah... -¡Que prendan a esos dos

inmediatamente, son dos bandoleros!

¡Me han atracado! Calma, calma,

no se ponga usted así. -Pero es que me atracaron

cuando yo salía de aquí hacia... Naturalmente que le atracaron.

Para algo son bandoleros. ¿Qué quiere? ¿Que vayan repartiendo

dinero en vez de quitarlo? -Creo, lord Mortimer,

que mister Jiménez tiene razón. Al fin y al cabo no han hecho más

que cumplir con su honrado trabajo. -Sí, no... naturalmente,

visto bajo ese punto. Además, ellos no sabían

que usted y yo éramos socios. -Claro.

Vamos, devolvedle al mister el dinero que le quitasteis.

Lo siento, entre que él llevaba poco dinero y que yo tenía

mucha hambre, nos lo hemos gastado todo.

Perdone usted, pero la próxima vez

que le atraquemos, si es que lleva más dinero,

algo le devolveremos. -Pero ¿cómo que la próxima vez?

Bueno, dejémonos de pequeñeces y vamos a lo nuestro.

Este es el catador que se encargará de encontrar el vino.

-Juan Moriles, para servirle. Tú, trae el plano.

Siéntese.

Este es el plano de la bodega. Aquí y aquí están los centinelas.

El Algarrobo y el Gitano se encargarán de ellos.

Tú te encargarás de encontrar el tonel.

Lo sacaréis, y el Malos Pelos estará esperando en la calle

con un carro.

-¿Y quién... quién ha confeccionado este plano?

Este. -Well, well, well.

Usted no parece español. Trabaja preciso, seguro.

¿No tendrá ningún ascendiente inglés?

No, pero tengo una novia en Gibraltar.

(RÍEN) Para toda la operación

bastará con una hora. Hemos de tener cuidado

de que don Manuel no baje a la bodega.

De eso me encargo yo.

Ahora comprendo, mi querido don Manuel,

por qué mi primo, el duque de Aramerilla

no se cansa de alabar sus caldos. -Qué memoria la mía...

No consigo recordar al duque. ¿Ah, no?

Pues él no se olvida de usted. Precisamente hace unos pocos días

le contaba a su majestad lo prodigioso de las bodegas

de Don Manuel Carpios. -Sí, lo cuido mucho.

En verdad... E, incluso,

se insinuó la posibilidad de un título nobiliario

para quien tan bien cuida el vino. -¿Será posible?

¿Posible? Si mi primo, el duque, insiste,

la cosa está hecha. (RÍE)

-Otra copita, don Francisco. (RÍE)

Malos Pelos, dentro de media hora acerca el carro.

A ver si le das.

-¡Ah!

(RÍEN)

Ladridos lejanos. Esta noche dormirá a gusto.

Vamos.

Ahora. Sí, hum... Toma.

-Eh... oiga, señor, su compañero de la puerta

yo creo que está muy enfermo. No diría enfermo...

-¡Fuera! -Más bien, que se está muriendo.

-¡Fuera de aquí! -Cuanto menos, grave.

-¡He dicho que se vaya! -Bueno, pero yo creo...

Ladridos lejanos.

Es tu turno, Moriles.

Te seguimos. -Bien, por aquí.

No, este no es.

¿Estás seguro?

¿Qué haces? Ah...

Glups...

Pues a mí me gusta.

Está muy bueno, probadlo. ¿Y qué vino no te gustará a ti?

Oye, tiene razón el Algarrobo. -Exactamente, señor.

A ver si... Ah...

Está muy rico. Deja, déjame otra vez.

¿Qué haces? ¿No tenías una cañita? Pues coge la cañita.

Déjamelo, pero ¿tú no tienes uno? Es que...

Pero coge tú uno. Ahora vamos a probar este.

Déjame, no seas egoísta.

-Venga, date prisa, tú.

(RÍE) Está muy rico.

-¿Me permite, señor?

Hum...

(HIPA)

Pues tampoco está malo este, fíjate.

Oye, Algarrobo, prueba, prueba este.

A ver, pásamelo. Hum...

Pásamelo ya, hombre. Ese no vale nada.

Pues este. -Algarrobo, páseme una cañita.

Cógela. (RÍE)

-Y, ahora, mi querido don Francisco,

voy a enseñarle la bodega. Encantado, don Manuel, encantado.

Pero, antes, tomemos otra copa de este excelente vino.

Campanadas. -Para su gusto, don Francisco.

Felipe, sirve al caballero. (RÍEN)

Mira cómo baila el hijo de la Gran Bretaña este.

-¿Por qué? Conocerás a alguna gachí que baile,

¿no? ¡Esto hay que celebrarlo

con una buena juega! ¡Olé! ¡He dicho olé!

(CONNORS BALBUCEA) Bien dicho, traigo a una gachí,

anda. Ahora mismo, Algarrobo.

-Caballo blanco.

(RÍE) Y eso fue lo que le dijo al marqués de Balaguer Rabal

de los Campos de Merino mi primo, el duque de Aramerilla.

-Don Francisco, es un poco tarde. Yo ya no soy ningún niño

y acostumbro a retirarme temprano. Don Manuel...

-Ah... Felipe...

Palmas y jaleo flamenco.

-¿Hum?

Palmas y jaleo flamenco.

Se divierten sus empleados.

Palmas y jaleo flamenco. -Esa voz es femenina.

Sí. -¡Y yo no tengo ninguna empleada!

Palmas y jaleo flamenco. ¿No?

¡Además, viene de la bodega! ¡Felipe, llama a los migueletes!

¡Don Manuel, don Manuel! -¡Date prisa!

Palmas y jaleo flamenco.

-¡Déjeme, don Francisco! Don Manuel, no.

-¡Esto es muy importante! ¡Escúcheme, don Manuel!

¡Un momento, don Manuel!

Palmas y jaleo flamenco.

Don Manuel...

-¡Se están bebiendo mi vino!

¡¿Qué hago yo, don Francisco, qué hago yo?!

Don Manuel, no se preocupe, yo lo arreglo.

Chis.

-¡Guardias, guardias!

¡Guardias, a mí! ¡Despierta!

¡Que vienen los migueletes! -¡Guardias!

Palmas y jaleo flamenco. -¿Qué pasa aquí, señor oficial?

-Deténgalos a todos, se están bebiendo mi vino.

-¡Quedan todos detenidos!

-Ah... Ah...

-Ah... -Ah...

(HABLA EN CALÉ)

(SUSPIRAN)

-¿Me permite, señor? Uh...

¿Dónde estamos? ¿Qué ha pasao? ¿Dónde estamos?

Te lo puedo decir muy fácil. En la cárcel.

En cuanto a lo que ha pasao, no me preguntes,

que no tengo ni idea. (SUSPIRA)

Yo temo a Curro, cuando se entere de esto.

-Exactamente, yo temo ser despedido por mister Mortimer.

-Bueno, ¿y cuándo buscamos ese vino de 1789?

Ese vino lo va a buscar tu padre.

Esos idiotas lo han estropeado todo.

-Cuando oí el follón me largué con el carro.

No me pillaron los migueletes por un pelo.

Habrá que sacarlos, ¿no? Desde luego.

Pero lo primero es hablar con ellos,

a ver en qué celda están. -¿Qué piensas hacer?

Campanadas.

-¡Ah, ah!

Ahí va, Curro. Madre mía,

ahora sí que se va a armar.

Ah...

¡Hijo de...!

Ah...

Sois unos cretinos.

Lo habéis estropeado todo. ¿Y tú qué haces aquí?

¿Que qué hago yo aquí? He venido a sacaros.

¿Qué voy a hacer aquí? De eso hablábamos, pero...

No sabemos cómo. Ya, no sabéis cómo, ¿verdad?

(SUSPIRA)

¿Qué hay arriba? Otra celda.

-Escriba. Yo, el corregidor de esta villa

de Jerez de la Frontera, en vista del incremento alarmante

que está tomando el peligroso y nefasto vicio de la bebida

en esta villa, decreto...

Palmas y jaleo flamenco. Ah, ay, ay....

Patio, patio de la cárcel...

Cuidado.

Patio, el patio de la cárcel... -¡Callarse, condenados!

¡He dicho que os calléis!

Que yo sepa, no hay ninguna ley que prohíba que nos divirtamos.

Palmas y jaleo flamenco.

Estudiante, vamos. Voy.

¿Por aquí?

Ah... Lima.

-Todo está casi perdido.

Nunca confié en los españoles.

-¿Qué pensáis hacer, milord?

-Muy sencillo,

lo haré con ingleses.

Voy a acercarme a Gibraltar a contratar a cuatro valientes

que me ayuden. -¿Y si esos hombres

que habéis contratado aquí salen de la cárcel?

-Siempre me serán útiles mis compatriotas

para cuidar del vino. Ja, en el improbable caso

que esos hombres lo consigan.

Campanilla.

Palmas y jaleo flamenco.

-¿Me llamaba su excelencia? -Que se callen.

¡Que se callen de una vez! -La última vez

que se lo hemos pedido se han acordado

de la madre de su excelencia. -¡Llame al oficial de guardia!

Palmas y jaleo flamenco. Yo no quiero comer jamón.

Ay, quiero que me lo quites.

Aunque me digas que no.

-¡Eeepa!

(SUSPIRA)

Toma, sigue tú.

Dile a los primos que metan más ruido.

(HABLA EN CALÉ)

Palmas y jaleo flamenco.

Palmas y jaleo flamenco.

Palmas y jaleo flamenco.

Ah, ah...

Palmas y jaleo flamenco.

¡Ah! Ah, ah...

Ya era hora.

Uh... Gitano...

-¿Qué cargos hay contra ellos?

-Embriaguez y robo de vino en la bodega de D. Manuel Carpios.

-Ah, pues si es eso sólo que los suelten a todos.

-Pero, señor, ese requiere un trámite y hasta mañana

no se podrá hacer. -Que los suelten, sea como sea.

Llevan ya doce horas así. -No hay ninguna ley

que prohíba cantar. -¡Lo sé, lo sé!

¡Pero yo quiero dormir!

-¿Ha probado su excelencia los tapones de cera en los oídos?

-Si no fuera porque les he dado cien libras de anticipo

buscaría a otros bandoleros, que creo que en España hay muchos.

No tantos, mister, no tantos.

-Exactamente, ahora no. -Exactamente, milord.

-Bien, continuemos. Después del numerito del otro día,

han doblado la guardia, y tendremos que inventar

algo nuevo para entrar en la bodega.

Si hay tanta vigilancia, ¿cómo sacaremos el tonel?

De eso me voy a encargar yo. ¿Cómo?

Se trata de una simple cuestión científica.

¿A usted le basta con el vino, o quiere también el tonel?

-One moment.

(LEE) Morir ahogado en un vino de Jerez

de la bodega de Manuel Carpios, cosecha 1789.

Tú, "exactamente". -¿Diga?

Trae el vino, por favor. -Sí, señor.

Es muy fácil. Al estar los toneles más altos

que la ventana...

Piada.

Mi primo el duque, contando con su amabilidad,

le envía estos toneles para que envejezcan en su bodega,

don Manuel. (SUSURRA) Lo del título

está casi hecho. (RÍE) -¿Conde, quizás?

Marqués. -Ah...

¡Vamos, rápido, poned esos barriles en la parte norte!

Es la mejor, don Francisco. Cuidado, cuidado con él.

Cuidado con él, que es el vino del señor duque.

(SILBA)

Uh, uh...

Hum...

-Ah...

Ah... Tú busca, y encuéntralo si estimas tu pellejo.

-Sí, sí, voy, voy, voy. ¿Y yo qué hago?

Haz lo que quieras. No se te ocurra beber.

Busca un farol y enciéndelo, corre. Está bien.

-Ah...

No.

Tampoco.

Aquí está, aquí está, lo he encontrado, Estudiante,

lo he encontrado. Vamos, ayúdame, coge de ahí.

Con cuidado, no se rompa.

Despacito, despacito.

Eso es.

-Lo encontré. ¿Estás seguro?

-Sí, por la gloria de mi madre que es ese.

Tráeme aquella banqueta. Y tú, Algarrobo,

tráeme aquellas dos mesas.

La banqueta, aquí arriba. Y la mesa ahí.

Ahora, la otra mesa. Va.

Esta arriba.

Levanta ahí, Moriles.

Vamos, levanta, no se vaya a romper el tubo.

No entiendo nada. ¿Qué?

¿Cómo vas a llevarte el vino? Muy fácil, por la teoría

de los vasos comunicantes. Ah, ah...

Venga.

Voy a subir.

Malos pelos, dame.

-Toma.

Ladridos lejanos.

Ah...

He dicho que de beber nada. ¿Para qué traes eso?

Tú dijiste que íbamos a llevarnos el vino en unos vasos.

Aunque creo que vamos a tardar mucho.

Con unos vasos comunicantes, animal.

¿Estos no sirven? No.

Pues no lo entiendo. Ni puñetera falta que te hace.

Venga, gitano, chupa fuerte.

Vino trasvasando.

(RÍEN)

Ya sale. Que nos van a oír.

Chis. (RÍEN)

-¡Increíble, don Francisco, todo el vino del tonel de 1789!

Este es mi descrédito.

¡Jamás, jamás ha salido de mi casa una sola gota de ese tonel!

Bueno, bueno, tampoco es para ponerse así.

No creo que se hayan bebido todo en una sola noche.

Quizá pueda recuperarse. -¿Cómo? Ni siquiera sabemos

quién ha podido ser. Tengo, con perdón,

ciertos amigos entre la gente ruin que, con algo de dinero,

podrían tratar de orientarnos. -Daría cualquier cosa

por saber quién ha sido. ¿Y por recuperar el vino?

-No me haga sostener vanas esperanzas, don Francisco.

Por recuperarlo daría hasta... hasta veinte mil reales,

si fuera necesario. Es muy necesario.

Usted sabe, mis amigos son útiles, pero interesados.

Ya conoce a la vil canalla. ¿Lo intentamos?

-¡Naturalmente, don Francisco, naturalmente!

Deme la mitad por adelantado. Es para cubrir los primeros gastos.

Y yo le aseguro que el vino será otra vez suyo.

¿Devolver el vino? No sé cómo.

Mortimer tiene el tonel custodiado por cuatro matones

que ha traído de Gibraltar. Vaya problema, se acaba con ellos

y ya está. No, somos bandoleros,

pero honrados. Hemos cobrado un buen precio

por robar ese vino, no podemos hacer eso.

-¿Y entonces qué hacemos?

Hemos sacado dinero por robar ese jerez, ¿verdad?

Pues ahora lo sacaremos por devolverlo,

sin que el inglés se dé cuenta.

No entiendo cómo. No, ni yo.

Mi ciencia no alcanza a tanto. ¿Quién sabe dónde guardan

ese tonel? -Yo lo sé.

En una casa del barrio viejo. Se la he alquilado yo mismo.

La planta baja está vacía. En la primera

han instalado el tonel, protegido por cuatro tipos

terribles que se han traído de Gibraltar

y que están armados hasta los dientes.

Podría intentarse llegar hasta allí,

pero a costa de una batalla campal.

Lo intentaremos.

Campanadas.

-Chis, ven aquí, mister.

Ven aquí, mister, que te voy a echar la buenaventura.

Vas a tener muchos chamorrillos, a una guienzuna mu grande

y vas a ser mu feliz, porque vas a camelar mucho

y seréis dichosos, porque así señala la vida.

¿Qué hacemos? ¿Subimos? No, espera un momento.

¿Dónde está el tonel con el vino? -Espera.

Uno, dos, tres...

Uno, dos. Ponte ahí.

Aquí está. ¿Seguro?

-Hombre, claro, les ha ayudado a colocarlo yo mismo.

Adelante.

Vamos, ponedlo ahí.

Tú, dame la caña.

Arriba. Ah...

¿Es aquí, Moriles? -Sí.

(SUSPIRA)

Ruido de berbiquí.

-What is this? -I don't know.

Ah, ah...

Ya está. (RÍE)

Ah... Oh...

Oye, ¿qué pasará cuando se den cuenta de que el tonel está vacío?

No se darán cuenta porque no estará vacío.

Lo rellenaremos con un vino que ha comprado el Moriles

a bajo precio. No será de 1789, pero es bueno.

Además, los ingleses no entienden de vino.

Mister Mortimer se llevará un tonel de vino de Jerez y tan contento.

Ya está. Llevadlo a la bodega de don Manuel Carpios, rápido.

-What happened? -Let's go!

¡Daos prisa! Vamos.

Pero sin darle. Uh...

Por aquí. Cuidado.

Tapónalo, deprisa.

Venga.

¡A ver si me coges, Algarrobo! (RÍE)

Daos prisa. Nos van a coger, daos prisa.

Cuidao. Ya estamos cerca.

Rápido. No puedo más.

Ladridos.

Cuidao. ¡Venga, empuja fuerte!

Los puestos.

¡Apartaos, venga, fuera!

¡Primo, primo, ayúdanos! ¡Rápido!

¡Detened a esos que vienen detrás!

Gritos.

(GRITAN)

(GRITAN)

(GRITAN)

(GRITAN) -¡Duro con ellos!

(GRITAN)

-¡Fuera! -¡Fuera!

-¡Eh! ¿Adónde vais? Avisa a don Manuel

que traemos su vino. ¡Rápido! Cuidao con la columna.

¡Por aquí!

La esquina. Ah...

Ladridos. (JADEAN)

Ay... Ya estamos.

(TOSE)

(JADEAN)

¡Ahí va! Quieto, no saques la pistola.

-Fucking Spanish!

-¡Ah, ah!

-¡Ah, ah!

¡Ah!

-¡Ay! -¡Ah!

-¡Ah! -¡Ah!

-¡Ah!

-¡Ah!

-Ah... -¡Toma!

-Ah... -¡Ah!

(JADEA)

-Ah...

¡Ah!

-¡Ah! ¡Ah!

-¡Ah, ah!

-Ah... ¡Venga, espabila, guiri,

espabila, vamos! -Ah...

-¡Ah!

Uh...

Ah, ah...

-Come on, boys!

Está muy rico. -Good!

-Uh...

(SUSPIRAN)

Mister Mortimer...

-¿Y mis hombres?

¿Qué hace usted aquí, mister Jiménez?

Pasaba frente a esta casa y vi que esos hombres

que usted ha contratado habían abandonado su guardia.

Me dije: "Curro, hay que vigilar este valioso vino".

-Mil gracias, mister Jiménez. Me había equivocado con usted.

Llegué a sospechar que era usted capaz de engañarme.

Nunca, nunca.

-Very good, very good! ¡Viva Andalucía!

(RÍEN)

(RÍEN)

-¡Sean todo lo súbditos de su graciosa majestad

que usted quiera!

Pero quince días de cárcel por embriaguez

no hay quien se los quite. -Es increíble, parecían tan serios,

tan formales. Gibraltareños, es decir, casi ingleses.

Pues yo, sintiéndolo mucho, tengo que pedirle que repare

los daños causados en la bodega de don Manuel Carpios.

Él es un hombre... -Está bien, está bien.

¿Qué le vamos a hacer? ¿Y a cuánto ascienden

esos desperfectos? Cuatro mil reales.

-Hum... (SUSPIRA)

Sí, señor, este es mi vino.

Gracias, don Francisco. Muchas gracias, señores.

Ha sido un placer para mí, pero para estos señores

ha sido un trabajo que esperan cobrar.

-Ajá, muy justo.

Tenga.

El resto del precio convenido.

Adiós, mister Mortimer.

Mister Jiménez, adiós y gracias por su ayuda.

No hay de qué darlas, es mi trabajo.

-Así como el mío es llevar ese vino a Inglaterra para que una sentencia

pueda ser cumplida. The law is the law.

¿Cómo? (RÍE)

-Quería decir que la ley es la ley. Ah...

No siempre, mister, no siempre.

Veinte mil reales por robar el vino,

otros veinte mil por devolverlo, cuatro mil por los desperfectos

en la bodega y cuatrocientos que le robó el Algarrobo.

Total: 44 400. Uno de los mejores negocios

de nuestra vida. Tipo gracioso ese inglés, ¿verdad?

(RÍEN)

Gaitas.

-¡Esto es una auténtica tomadura de pelo!

¡Os puedo asegurar que este vino no es de la cosecha de 1789!

-Lord Philip, es indigno de un caballero del imperio

buscar tan tonta excusa para huir de su castigo.

Sabed que... -Lord Mortimer, el condenado

tiene ciertos privilegios otorgados por los jueces.

Eligió morir ahogado en un determinado vino.

El rey, nuestro señor,

se ha dignado prestarnos a su catador real

para que confirme si es el vino elegido o no lo es.

Señores, les presento a mister Tommy Parker.

(RÍE) -Acepto la voluntad de la Corona.

Vamos, buen hombre, certifique que esto es jerez

1789.

-Desde luego, este vino es de Jerez.

-Ajá. -Y no malo, por cierto.

Pero aseguro que no es de la cosecha de 1789.

(RÍE)

-Más bien parece de 1810 ó 1811

-Entonces, me niego a morir.

-Ah, no, no será por mucho tiempo.

Si ese maldito Curro Jiménez ha logrado engañarme,

yo sólo conseguiré ese vino.

Me llevaré la flota si es preciso. Y seis regimientos de granaderos.

Pero la ley es la ley y debe cumplirse.

Mañana mismo vuelvo a España.

-Si me lo permite, lord Mortimer, quisiera acompañarle.

Pienso que si criamos nuestros whiskies en toneles

como este, podremos inundar el mundo.

-Oh...

Relincho. ¡Curro!

¿Qué pasa? Mortimer ha vuelto a Jerez

y está comprando todos los toneles que encuentra.

¿Otra vez? Ajá.

Relincha. Bueno, pues a Jerez.

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Curro Jiménez - La batalla del vino de Jerez

25 ago 2016

Un noble escocés condenado a muerte elige morir ahogado en un tonel de vino de Jerez de una cosecha especial. Como el bodeguero se niega a vender ese vino, un lord inglés contrata a Curro Jiménez para que se lo proporcione.

Histórico de emisiones:
29/08/2012
22/08/2013

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