La serie Curro Jiménez se estrenó por primera vez el 22 de diciembre de 1976, y se convirtió en uno de los clásicos de la televisión que aparece indiscutiblemente vinculada a la España de la Transición.

Rodada en cine, supuso, en su momento, el lanzamiento de sus actores protagonistas: Sancho Gracia, José Sancho o Álvaro de Luna.
Contó con la dirección de nombres punteros de aquellos años e imprescindibles de la actual historia de cine español, como Rovira Beleta, Mario Camus, Joaquín Romero Merchant, Antonio Drove, Fernando Merino o la inolvidable Pilar Miró. 25 años después de paralizar el país cada domingo por la noche, los compañeros del Telediario reunieron a los actores protagonistas, que destacaron la importancia, también política, que tuvo la serie en su momento

La serie cuenta las vicisitudes de Francisco Jiménez, barquero de Cantillana, un hombre que ha matado a varias personas del pueblo en el que vive por defender sus derechos personales. Tras estos acontecimientos decide cambiar su modo de vida y pasarse al campo de los bandoleros, en donde se hace cabecilla de una banda bajo el nombre de Curro Jiménez.
Ambientada en el siglo XIX, la acción se desarrolla en la serranía de Ronda, en Málaga, con el bandolerismo andaluz como protagonista, con persecuciones por parte de la justicia, con gestos de un bandolero bondadoso, una guerrilla contra los franceses, historias de amor, de valor y de nobleza donde incluso el humor tiene su espacio.

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Curro Jiménez - El caballo blanco - ver ahora
Transcripción completa

Flauta desafinada.

Oye, ¿no puedes dejar de tocar? ¿Te molesta?

No, al contrario, si me gusta. Pero ya llevas cuatro horas así.

Estoy aprendiendo. Sí, mira, eso ya lo noto, ya.

Flauta desafinada.

¡Curro!

¡Vamos a por él!

¡Eh, caballo!

(JALEAN A LOS CABALLOS)

¡Córtale, Gitano, córtale!

(GRITA) ¡Córtale!

Risas de los bandoleros.

¡Eh! ¡Quieto!

¡Quieto, bonito, quieto!

Relincho.

Silbido.

¿Quién eres tú? -El dueño de ese caballo.

¿Puedes probarlo?

-Si tu amigo lo suelta...

Suéltalo.

-No entiendo qué lo pudo espantar.

Gracias. De nada.

¿Quieres comer con nosotros?

-Tengo allí abajo a la mujer y al niño.

Tráelos. Aquí hay guiso para todos.

-Muy agradecido.

Hoy vas a tener que esmerarte. Pues como siempre, ¡anda que...!

¡Os podéis quejar de cocinero!

Sí, eso dices tú, pero hay que probar tus guisos. ¿A ver?

¡Estate quieto, hombre, estate quieto!

Oye, ¿has visto mi flauta?

¿Tu flauta? No, no, qué va, por qué.

La perdí cuando seguíamos al caballo blanco.

¡Qué lástima!

¿Y para qué la quieres? (RISUEÑO) ¡Para sonarla!

Y ahora justo que estaba aprendiendo.

Oye, no te preocupes, luego vamos a buscarla, ¿quieres?

Gracias, hombre. Nada, no...

-Trae.

-No quiero más, no me gusta. -Anda, come, hijo.

Tiene razón el niño, señora, esto no hay quien lo coma.

Nosotros estamos acostumbrados.

No tienes solución.

Invitamos a unos amigos a comer y dejas el conejo como mojama.

Pues a mí me parece muy bueno. Ya, ya.

-La próxima vez la invitación corre de nuestra cuenta.

¿No te molestará si digo que Lina cocina mejor?

No, si no me molesta, son cosas de estos.

¿Por qué no comprobarlo esta noche?

-No, tenemos que seguir viaje. La próxima vez que nos veamos.

¿Adónde vais? -Al valle, nos esperan.

Ya.

-Nos espera un trabajo. Eso quiere decir dinero,

dinero para marcharnos de aquí.

¡Anda, si es mi flauta!

¿De dónde la has sacado?

No sé, estaría por aquí por las alforjas, digo yo.

-¿Me dejas?

Sí, estoy aprendiendo.

(TOCA UNA DULCE MELODÍA)

¡Jo, qué tío!

No te preocupes, es mía y está descargada.

-Aunque os parezca extraño, intento que no conozca nunca un arma.

Flauta desafinada.

Lo intento y espero conseguirlo.

Sin embargo, tú eres un experto.

-No tanto, pero entiendo.

Por ejemplo, puedo decir

que esta es una buena pistola, aunque algo anticuada.

(TOCA CON TORPEZA LA FLAUTA)

(RÍE)

¿Qué hacías en ese pueblo?

-Tenía un negocio de comidas y una vida dura y trabajada,

pero tranquila.

¿Y qué te pasó?

-Me dejaron sin nada, me suspendieron el permiso de caza;

me hicieron cerrar el negocio.

Consiguieron comprarme la casa por una miseria.

¿Todo planeado, verdad? -Sí.

Desde el primer momento. El permiso, la casa, el negocio...

Todo ha ido a manos de quien me prestó el dinero para empezar.

Nunca pensó que yo saldría adelante.

Y cuando vio que había acertado,

aceleró el pago de la deuda y terminó conmigo.

Yo tenía un amigo que le ocurrió algo parecido,

hace ya mucho tiempo.

Tenía una barca, era el barquero. Lo dejaron en la miseria.

¡Lo acorralaron!

-La misma historia, aunque yo...

no quiero sentirme una víctima del destino ni de la fatalidad.

Pero mi amigo se vengó.

Le dio a cada uno su merecido.

-¿Mató?

Mató.

-No quiero matar. Prefiero dejar todo y marcharme.

Siempre se puede empezar de nuevo.

¿Tú crees?

-Lo creo.

Bien, aquí nos separamos.

¿Puedo hacer algo por ti? -No,

ya te he dicho que me han prometido trabajo. Me ha escrito un amigo.

Gracias. Está bien.

De todos modos, si quieres algo durante el invierno,

no tienes más que preguntar en la sierra

por el cortijo abandonado de Los Jabalíes.

Te llegas allí, enciendes un buen fuego y esperas.

-Comprendido. Gracias de nuevo. Adiós, Curro.

¿Sabes quién soy? -¡No!

¡No tengo ni idea!

Cómo le diste nuestra contraseña sin saber quién es.

Sé quién es. ¿Le conocías?

No. Pero me recuerda mucho a un viejo amigo mío.

Sólo que el otro, escogió mal y estropeó su vida.

-Espera.

-No hay nadie. -Me han llamado, me esperan.

-Lo siento, no hay nadie.

-Pensé que ya no vendrías.

-Salí apenas recibí tu carta.

-No sabía que...

-Me casé hace tiempo, el niño tiene ocho años.

No podía dejarlos, las cosas me han ido mal.

-Lo sé, por eso te escribí. Se presenta una buena oportunidad.

-Es todo lo que necesito, una buena oportunidad.

¿En qué consiste el trabajo?

-Estás muy cambiado.

-Son muchos años. ¿En qué consiste el trabajo?

-Ya lo sabrás más tarde. Vete acercando por la casa,

el viejo te enseñará tu habitación.

-Durante la ocupación francesa, oí hablar mucho de ti,

de tu puntería, de tu bravura, de tu destreza con el caballo.

Fue una buena noticia saber que estabas vivo y en Andalucía.

Hacía mucho tiempo que te había perdido el rastro.

No sabía nada de ti.

-Quizás...porque no había nada que saber.

-¿Quieres decir que has cambiado? -Probablemente.

Me interesa saberlo, no quiero equivocarme de hombre.

Sé que tus cosas te han ido mal.

Y ahora con una mujer y un hijo...

-Necesito trabajar. Y Roque me ha dicho que la paga era buena.

-Es más que buena. -¿A cambio de qué?

-De tu habilidad con el caballo y de tu puntería.

-¿Quién es el blanco?

-Mala gente.

Delincuentes... bandoleros que infestan la comarca.

-¿Para acabar con ellos has reunido a esos siete?

-Y a ti. -¿Por cuenta de quién?

-Haces demasiadas preguntas.

Digamos que, por cuenta de ciertas personas muy importantes

que prefieren mantenerse en el anonimato.

-Y cuyos intereses esos bandoleros atacan.

¿Cuál es la paga?

-100 000 reales, al terminar el trabajo.

Para cada uno.

A tu mujer se le va a enfriar la comida, seguiremos mañana.

-Pero eso es mucho dinero.

-El suficiente para marcharnos a América.

-¿Y crees que esa banda puede ser la de Curro?

-No lo sé. Pero aunque no lo sea,

aunque nunca les haya visto... -¡Matías!

Ven.

Antes no tenías tantos escrúpulos.

-Tampoco tenía una mujer y un hijo;

y el deseo de que crezca en un mundo menos sucio.

Menos cruel que el que yo he conocido.

-De haberlo sabido, ni siquiera te hubiera escrito.

Ahora me temo que sea demasiado tarde.

-¿Para qué ? -Para echarte atrás.

Una vez que te has enterado del plan...

-¿Ese individuo supone que voy a ir con el cuento a Curro Jiménez?

-¿Qué vas a hacer?

-Lo resolveré mañana. -Piénsalo bien,

una muerte más o menos no será nada el día del juicio,

¡y es un montón de dinero!

-Hasta mañana, Roque.

Van a por Curro y sus hombres, saben que pasan el invierno cerca.

-¿Y qué vas a hacer?

-Al amanecer ya habían desaparecido

y ayer mismo... -¡No me interesa!

El hecho es que se ha ido

y nadie me ha despertado para decírmelo.

-¿Qué se podía hacer ya? -¿Qué se podía hacer?

¡Darle caza, sabe demasiado!

-Matías es un hombre que ha cumplido siempre,

se fue a buscar otro trabajo porque este no le gusta.

Pero de eso a que cuente lo que pretendemos,

hay un mundo... ¡no es un traidor!

-Hay que salir en su busca, impedir que abandone la comarca.

¡En marcha todos, vigilad todos los caminos!

¡Curro!

Hay humo en el cortijo de Los Jabalíes.

Sabía que eras tú.

-Hemos venido a devolveros la invitación.

Hoy va a ser Lina quien cocine. Está bien.

-Pero si no tenemos nada. No se preocupe, voy a por conejos.

Te acompaño. -Eh, ¿puedo ir yo contigo?

-Sí, claro. Anda, sube.

¿Es bonito ver crecer a un niño? -Claro.

Bueno, voy a ir preparando las cosas.

Te ayudo. -Gracias.

Gracias por avisarme.

Pero hay una cosa que me intriga: por qué te llamaron,

tú eres un hombre pacífico. ¿O no?

Sabes de armas pero no quieres que tu hijo aprenda a usarlas.

No te vengaste de unos canallas que te reventaron la vida,

pero te llaman para unirte a una partida de mercenarios.

-Es verdad. Es lo que he sido durante muchos años. Mercenario.

En Italia, en Turquía, en África

y aquí en España contra Napoleón. ¿Y después?

-Después conocí a Lina y tuvimos al niño.

Algarrobo. ¿Qué?

A ver si aprendes a cocinar, esto es un conejo.

Sí, señor, está muy rico, sí. ¡Está muy rico!

¿A América? (ASIENTE)

-Cuando lleguemos a Cádiz, venderé todo; incluso el caballo.

Y cruzaremos el mar en el primer barco.

Queremos que el niño crezca allí.

Pero también habrá guerras y mala gente, supongo.

-Seguramente, pero será más fácil evitarlos.

Dicen que los campos son inmensos

y se pierden en el horizontes;

que los ríos son anchos y profundos como mares;

que la tierra es generosa y hace florecer hasta las mismas estacas;

que el ganado se multiplica sin que uno de se dé cuenta y...

Y hay más estrellas en el cielo. -Seguro.

Escucha.

Bueno, si tú quieres marcharte a esa bendita América...

Bueno, yo... yo puedo ayudarte con unos duros.

-No. Mira, tú me has salvado la vida.

Y te has perdido esos 100 000 reales.

-Pero yo no lo he hecho por ti.

No hubiera hecho ese trabajo en ningún caso.

Antes... no pensaba en la muerta, quizá, porque no conocía la vida.

Ahora, no quiero terminar una mañana en un cruce de caminos.

Bueno, pero puedes aceptar... -No, no,

no quiero que me des dinero.

Mi caballo es la única propiedad que me queda.

Pero él no puede llevarme a América.

Te lo compro. -No, no.

Podemos jugarlo a las cartas.

(RIENDO) ¡Esta para mí!

El siete de copas.

¡Buh...! Mañana nos darás la revancha, ¿no?

-Lo siento, es imposible. Nos marchamos al amanecer.

Yo creo que deberíamos irnos para que puedan dormir.

No. Dormiremos aquí y mañana os acompañaremos unas horas.

-Ahí no hay nadie.

-Aquí tampoco. -Vámonos.

Alto.

Roque.

Tú y otro hombre encargaros de ese amigo tuyo.

Los demás, venid conmigo.

Terminad pronto y volved con nosotros, atacaremos todos juntos.

-¡Mira, mira, una liebre! (RÍE)

¿Ya tienes hambre? -No.

Pues yo sí, ¡ahora te la traigo!

Relincho. ¡So!

Seguid camino, enseguida os alcanzo.

-¡So!

Estamos en el cruce de caminos.

-El más corto para llegar al mar debe de ser este, va hacia el sur.

Vamos allá.

-¿Vas a defenderte? -¿Cómo?

-¡La pistola! -No tengo.

-¿Qué dices? -Ni pienso cogerla contra ti.

-Tú ya no eres amigo mío.

-¿Y por qué no lo hacemos de otra manera?

-¿Pero qué haces? -¡Tú, a callar!

-¡Ah! -¡Matías!

-¡Cuidado!

Disparos.

Llanto del niño.

¡Asesinos...!

No te muevas de ahí.

Coged ese camino.

-Vosotros, seguid a aquellos; tú, ven conmigo.

Quieto.

¡Ah!

Relincho.

¡Alto!

(ARREA AL CABALLO)

-¡Ah!

(SE QUEJA)

(FORCEJEAN)

-¡Ah!

(DOLORIDO) ¡Ah..!

-¡Ven aquí!

¡Toma!

¡Ay...!

-¡Ah...!

(SE QUEJA)

(RELINCHA)

-¡Ah!

(SE QUEJA)

¿Cómo se llamaba?

Habrá que preguntárselo al niño.

Matías.

Oye,

dame un poco de agua.

¡Ah...!

¡Algarrobo, Algarrobo!

Se está despertando.

-No te muevas,

procura dormir.

Descansa.

Toma...

Toma un poco, venga.

¿Todavía está usted aquí?

-No me gusta viajar de noche.

Por lo menos habrá dormido...

-No me has dejado.

¿Cómo que no le he dejado?

-Has estado hablando toda la noche, delirando.

Has tenido mucha fiebre.

Ya...

¿De qué he hablado?

-Del mar. Y me ha sorprendido...

Tú, que lo único que has hecho ha sido cruzar el Guadalquivir

con tu barca...

Pero no hablabas de cruzar un río,

sino el mar.

Y de América.

¿No estarás pensando en hacer algún viaje?

No.

Yo no,

un amigo. -Porque si tuvieras esos planes

tendrías que postergarlos un poco.

¿Qué quiere decir?

-Vas a tener que estarte quietecito unas cuantas semanas.

La caída ha sido mala, te has lesionado.

Esos hombres que os atacaron... ¿Sí?

-Sus cuerpos han desaparecido.

Nadie los ha reclamado,

nadie los conocía...

Pero el que les pagaba volverá a intentarlo de nuevo.

Estoy acostumbrado.

(SE QUEJA) -No podrás moverte,

te hemos fajado como a un recién nacido.

Estate quieto te digo.

Claro que...

Si me obedeces y guardas una quietud total,

quizás dentro de algún tiempo puedas volver a montar a caballo.

Doctor...

¿Cuánto tiempo cree que tendrá que estar sin moverse?

-Ojalá pudiera decírtelo.

No lo sé.

¿Quieres comer?

¿No?

¿Quieres que toque la flauta?

Así...

Ya está.

Nos llevamos el niño al pueblo.

Bien...

Estará mejor allí.

-Supongamos que este es el número de aceitunas

que hay en cada árbol,

y este el número de olivos.

Si multiplicamos el número de aceitunas

por el número de olivos

tendremos...

¿Qué tendremos?

-Olivos... (TODOS) Aceitunas.

-Esos es,

el número total de aceitunas.

¿Cuatro por tres?

-Doce. (TODOS) Doce.

-Quiero oíros a todos. (TODOS) ¡Doce!

-Doce. ¿Y me llevo?

(TODOS) ¡Una!

-Una...

¿Cuatro por nueve?

(TODOS) Treinta y seis.

-¿Cuatro por nueve? (TODOS) ¡Treinta y seis!

-Treinta y seis,

¿y una que me llevaba?

(TODOS) ¡Treinta y siete!

-Mira, mira...

-Y me llevo...

Me llevo... ¿Cuántas me llevo?

-Una... (LOS NIÑOS RÍEN)

-Vamos, seguid la multiplicación,

y en silencio.

¿Has visto cuántos niños?

Tendrás muchos amigos, verás.

Son sus cosas.

-Me habló el médico de él hace tiempo,

pero pensé que ya no lo iban a traer.

Lo tendré en clase y vivirá conmigo.

Ladridos.

Cuídelo, bajaremos de vez en cuando a verlo.

-No lo hago por dinero.

Lo sé, pero no es justo que tenga que mantenerlo con su sueldo.

-Si necesito algo se lo pediré.

Conozco su situación, es bastante.

Además, me hará compañía.

No los puedo dejar solos tanto tiempo.

Bullicio. Oiga, ¿no le importa que...

Como es el primer día, para que el niño no esté tan sólo,

nos quedamos en clase, ¿eh?

-Bueno.

Anda, siéntate por ahí.

Adelante.

(LOS NIÑOS RÍEN)

¡Niños...! ¡Niños, por favor, silencio!

Bueno, vamos a seguir con la multiplicación.

Cuatro por nueve... (TODOS) Treinta y seis.

-Y tres que me llevaba... (TODOS) Treinta y nueve.

-Treinta y dos. Y tres que me llevaba...

-¿Cuatro por ocho? (TODOS) Treinta y dos.

(TODOS) Treinta y cinco.

Estoy descubriendo un montón de formas

en esas sierras.

Puedo enseñártelas.

Caras, animales,

pueblos...

Es muy distinto ver el paisaje

montado a caballo

que desde aquí sin poder moverte.

Esto sí que es un cambio de vida.

¡Gitano!

Anda, ayúdame.

¿Qué dice?

Cosas.

Ese Matías nos ha traído mala suerte.

¿Qué murmuráis? Se queja del Estudiante.

Todos los días tiene que bajar al pueblo.

¡Ya está bien de preocuparse de ese niño, demonios!

Así me toca hacer a mí todos los trabajos fuertes...

¿Cuánto tiempo hace que estás aquí?

-Dos años.

¿Y cuál es tu casa?

-No se ve desde aquí.

Está al final del pueblo,

en la otra parte.

¿Vives sola?

-Bueno, ahora con el niño.

Pero me imagino que os lo llevaréis pronto.

No lo sé,

un amigo nuestro se ha encargado de él.

Se lo llevará cuando termine el invierno,

o tal vez se quede.

No tenemos una idea clara de lo que piensa hacer.

-¿Ves eso?

¿El qué?

-Esas flores de ahí.

Sí, ¿qué les pasa?

-Son las primeras.

Viene a decir que el invierno se acaba.

Nunca estuve en un mismo sitio tanto tiempo.

-Quizá porque nunca hubo un sitio que te gustara.

Es posible.

O porque nunca nadie me lo pidió.

-Como hay que hacer.

(PIENSA) "No quiero matar,

prefiero dejar todo y marcharme.

Siempre se puede empezar de nuevo.

Estoy deseando dejar atrás lo que fui...

Y me encuentro con fuerzas para hacerlo.

No quiero matar,

prefiero dejar todo y marcharme.

No quiero matar,

prefiero dejar todo y marcharme".

No, déjala ahí.

¡Bueno...!

No sé qué diablos le pasa,

si por lo menos dijera algo...

No querrá que sepamos que no puede montar a caballo.

¿Pero tú crees que nunca va a volver a...?

Tengo algo que deciros.

¿Qué es?

Nos vamos a separar.

Querrás decir hasta que termines de restablecerte, ¿no?

Quiero decir cada uno por su lado.

No volveremos a cabalgar juntos,

eso quiero decir.

¿Así que eso lo que has estado pensando ahí dentro?

Nosotros podemos esperarte.

Ya caminas, dentro de poco podrás montar.

Andaremos por la sierra otra vez juntos, tú puedes...

Estáis en un error.

No tomo esta decisión porque no pueda montar.

Pero no puedes montar.

(RESOPLA)

No, no dice la verdad.

¡Estudiante! ¿Qué pasa?

Curro, se ha ido.

¿Que se ha ido? ¿Pero qué dices?

(RONCA)

¡Algarrobo!

¡Algarrobo! ¡Vamos, arriba, Algarrobo!

¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Curro se ha marchado.

¿Adónde? Ven y síguenos.

(CON ESFUERZO) Ah...

(ARREA AL CABALLO)

¡Lo ha conseguido, todo volverá a ser como antes!

Nunca aprenderás a hablar bajo.

Déjame solo.

Os querido demostrar que si os dejo no es porque no pueda montar,

sino porque estoy harto de vosotros.

¿Te vas?

Sí.

Curro...

Lo siento.

No me gustan las despedidas.

Hola. -Hola.

Curro quiere llevarse al niño.

Vendré a buscarlo dentro de un rato.

-Me imaginaba que iba a ocurrir en cualquier momento.

Tengo que cambiarlo y traer su equipaje.

Te haces tú cargo de la clase.

¿Yo? Bueno.

-No tardaré en volver.

Ven.

Niños, os quedáis con este señor.

Venga, a trabajar.

Murmullo.

-¿Hay que copiarlo todo? Sí...

¡Silencio!

¡Ah...!

Uf...

(LOS NIÑOS RÍEN)

¡Silencio!

(LOS NIÑOS RÍEN A CARCAJADAS) ¡Niños!

¡Algarrobo!

¡Ahora soy yo el maestro!

(FURIOSO) ¡Niños!

Jaleo. ¿Queréis estaros quietos?

¡Algarrobo!

(RÍE)

Me lo llevo. -Sus amigos le están esperando.

Ladridos.

Dígales que me he ido.

Bien, así está bien.

Ajá...

¡Eh, tú, arriba el brazo!

(SE QUEJA) Uf...

Oye, esa letra más clara.

Bien.

Muy bien.

¿Y el niño?

-Se lo llevó vuestro amigo.

¿Adónde?

-No lo sé.

¿Tú qué vas a hacer?

Irme con los míos.

A mí tampoco me gustan las despedidas, Curro.

(RELINCHA)

Bájate.

Escóndete ahí, rápido.

Quédate quieto.

¡Curro! ¡Curro, no dispares, que soy yo!

¿Tú?

¿Pero se puede saber qué demonios haces aquí?

Seguirte.

¿Qué voy a hacer yo solo?

Ven, sube.

¿Dónde vamos? A América.

¿Y eso dónde es?

(RÍE) ¿No te lo han enseñado en la escuela?

Dicen que los campos son inmensos y se pierden en el horizonte,

que los ríos son anchos y profundos como mares

y que la tierra es generosa y hace florecer hasta...

Curro Jiménez - El caballo blanco

25 ago 2016

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