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No recomendado para menores de 7 años Cuéntame cómo pasó - T14 - Capítulo 247: Tú a Triana, yo a San Genaro
Transcripción completa

Cuéntame

tú que has vivido

el despertar de un tiempo que nos cambió.

Volverás a ser un niño

al recordar las largas tardes de sol.

Háblame de lo que has encontrado

en tu largo caminar.

Cuéntame cómo te ha ido

si has conocido la felicidad.

(NARRA) En 1981 el país era un hervidero.

Pensando en los miles de aficionados

que iban a venir al mundial se remodelaban estadios

y se hacían obras públicas.

Todo el mundo se preparaba para ver los partidos en color,

y si te perdías el partido ahora podías grabarlo en video

y ver una y otra vez los goles de Juanito y Quini.

La fiebre del mundial también había llegado

a la empresa de mi padre que iba a prever a un cliente

nada más y nada menos que de 5 mil camisetas de Naranjito.

Preparativos para el mundial aparte, en nuestro país

seguían cambiando muchas cosas,

España no sólo se hacía más democrática, sino más europea,

como lo demostraba el encendido debate que se celebraba

en la calle y el parlamento acerca de la integración

de España en al OTAN.

-Para el gobierno son claras y son decisivas

las ventajas que ofrece la incorporación a la alianza.

-Que no por consiguiente a la incorporación de España

al Tratado del Atlántico Norte.

-Mi grupo va a votar contra la entrada de España en la OTAN.

-El tratado es, por lo tanto, un esfuerzo a favor

de la paz y de la distensión.

-Yo quiero confirmar que nuestro grupo

votará favorablemente la propuesta

de integración de España en la Alianza Atlántica.

(NARRA) En cuanto a la familia,

mis padres andaban preocupados por mi abuela,

que desde hacía días tenía taquicardias, presión en el pecho,

insomnio, tenía de todo,

pero con sus escasos medios el médico de Sagrillas

no podía decirnos qué le ocurría exactamente,

mientras tanto el fin de plazo para la entrega de originales

del Premio Sésamo de Novela se acercaba,

y yo seguía adelante con mi historia de dos chicos

que se enamoran de la misma chica y deciden vivir juntos.

¿Cómo está, doctor? -Pues la verdad es que

para su edad de tensión está perfecta.

De tensión bien, ¿y de lo demás? -Mejor que nosotros.

-Porque usted lo dice, pero yo me encuentro fatal, ¿eh?

Tengo una fatiga...

Mira, esto no puede ser,

si dice que se encuentra mal, es que se encuentra mal.

¿No oíste al médico decir que está perfecta?

Ya, cómo se nota que no es tu madre.

La cogeré y me la llevaré a Madrid a hacerse pruebas.

No hace falta, no seas pesada. Si es necesario me llevo a la niña.

No hace falta, veamos, ¿crees que por no ser mi madre

no me preocupo de ella? Un poco sí.

¿Cómo que un poco sí? Te lo iba a decir ahora mismo.

-Herminia, se va a tomar una de estas en cada comida, ¿eh?

Ay... para lo que me va a servir. Yo le acompaño, doctor.

Desde luego con esta actitud, Milano, pues no...

-Oye, ¿entonces no podemos aprovechar estas que tenemos?

-Nada, imposible,

las nuevas ya vienen todas sin el aguilucho en medio.

-Es que a mí me da no sé qué tirarlas.

Oye, ¿y si me hago un mantel patriótico?

O mejor, unas cortinas así, para el salón,

a mi marido le encantaría.

-Pues mira, aprovecha, te llevas todas esas

y ya tienes para los cojines.

-Pues sí, las vendo y les saco un dinero.

-Muy buenas. -Hola, Miguel.

-Ya estoy aquí. ¿Qué tal en Sevilla?

-Muy bien, ¿vosotras? -Bien, haciendo limpia

de banderas, ¿te parece bien?

-Muy bien, subo, dejo el equipaje,

doy un beso a las niñas y bajo y me encargo de todo, ¿vele?

-Muy bien. -¿Alguna novedad?

-Sí, en el taller todavía están las camisetas de Naranjito.

-¿Pero cómo que están ahí abajo, no venían por ellas el viernes?

-Debían pero no lo hicieron.

Yo he estado todo el viernes llamando

y todo el día de hoy y no me cogen el teléfono.

-Llámalos otra vez, anda.

-Me parece rarísimo, pero vamos, el dinero de la señal

lo cobraste sin problemas, ¿no?

-Sí, 50 mil pesetas, y en metálico,

para una vez que nos pagan en metálico, ya te digo.

Merche, por Dios, hazme el favor y no corras

en el puerto de las tres cruces.

Me lo dijiste ya dos veces.

Porque es el puerto de las tres cruces, por eso te lo digo.

¿Sabes la cantidad de veces que conduje por ahí, hombre?

Antes de arreglase y todo.

Pero no ibas sola, ibas conmigo y estos coches corren mucho

No te preocupes, irá despacio. ¿Qué va a decir?

-Mamá, yo también estoy mala, tengo fiebre.

¿Cómo que tiene fiebre? Mira a ver, Mercedes.

Merche, esta niña está fría como el culo de una foca.

A ver. ¿Qué va a tener fiebre?

Que no, cariño, que no tienes fiebre.

-Que sí, que quiero irme con vosotros a Madrid.

Tengo fiebre y todo mucho. (TOSE)

Que no tienes fiebre, ni toses, ni nada, estás estupendamente, ¿eh?

Así que...

-Pero mamá... Ni mamá...

¿Tiene fiebre sí o no? ¿Qué va a tener? Tiene colegio.

-Este colegio es un rollo, todos son unos idiotas,

me llaman chulita madrileña.

Pues cuando llegues les llamas paletos de Tobarra, hija.

¿Ya está, te apañas? Claro, ¿cómo no me voy a apañar?

Anda, vete despacio, por Dios, ¿eh? Ay...

Y llámame cuando llegues a Madrid, ¿eh?

No te preocupes, por Dios, no me lo digas más. Cuida de papá.

No estires mucho la quinta, esto va solo.

No te preocupes. Despídete de tu madre, hija.

Adiós. -Adiós.

Cuida de papá. Despacio, despacio, Merche.

Hala, es que ya sale como una loca desde la plaza.

Vamos a ver, María, hija,

si te portas bien, pero sólo si te portas muy bien

me estiro y te regalo una cosa. -Un perro.

No, hombre, no, un perro no es un regalo,

un perro es un perro, hija.

Pasos.

Eh, eh, eh... -Está ocupado.

Bueno pues cierra la puerta normal.

-Perdona. ¿Te he hecho daño? No.

¿Se puede? -Sí.

¿Te acerco a la universidad? Me pilla de paso.

-No, gracias.

¿Tampoco vas a ir hoy? -No, tampoco.

Pues yo creo que igual... -Oye, Carlos,

que yo sé lo que me hago, ¿vale?

Y si no te importa te podías poner una camiseta cuando estás por casa.

Pues no lo sé, Rodolfo, no lo sé porque me estás volviendo loco,

cada día me dices una cosa, ahora beaujolais.

-Claro, beaujolais, lo que hace todo el mundo,

beaujolais, vino joven.

Ya sé que es vino joven, pero en España le llamamos vino de mesa,

y yo no monto una bodega así para hacer vino de mesa

a ver si me entiendes. -Pero habrá que sacar vino

para sacar dinero, que conozcan la bodega.

La bodega se conoce cuando sacas un buen vino.

Cuando te ponen vino de mesa no miras la bodega.

Tenemos que sacar buen vino, para eso, falta.

-Pero no tenemos tiempo, por eso ya tengo la etiqueta.

¿La etiqueta de qué? -La etiqueta del vino.

Si trabajas tú solo, me voy a casa y tan campante.

-Que no es eso, Antonio, que esto lo encargué

cuando no éramos socios y para ganar tiempo.

No te preocupes, te gustará,

lo he hecho a tu gusto. Sí, hombre, seguro.

-Mira, mira qué delicadeza.

Pero no me jodas, no me jodas, ¿cómo le vas a poner

Viña Margaret a un vino de La Mancha, ¿estamos locos o qué?

-Es por tener el detallito con Margaret.

Pues la llamas Viña Margarita que es más español y ya está.

-No te pongas así, Antonio, esto suena a sofistiquete.

¿A qué? -Sofisticado.

Pero que un vino no tiene que ser sofisticado, Rodolfo,

sofisticado es una laca de pelo. -A ver, se ve que no entiendes.

Me ha dicho Margaret que el mejor vino del mundo

se llama Château Margaux, ¿eh?

Se llamará Margaux porque es francés, ¿o no?

-Y dale. ¿Y tú qué, qué haces aquí?

-Don Rodolfo. -Sí.

-Que me ha dicho mi padre que le de esto.

-Sí, espera un momentito. Anda, toma.

Dile a tu padre que ya arreglamos cuentas.

Mira, laca de pelo,

esto es el secreto de Villa Margaret, esto.

No te entiendo.

-Antonio, esto es para que coja cuerpo el vino.

¿Le vas a echar un jamón al vino para que coja cuerpo?

¿Para qué nos gastamos un dineral en barricas de madera?

Para que coja cuerpo. -Antonio, todos dicen

que para que el vino coja cuerpo hay que echarle un jamón.

No me da la gana, madera o jamón.

-Hagamos una cosa, echamos el jamón en la tinaja de barro,

que es barro, no madera, a ver a qué sabe, ¿eh?

¿A qué va a saber? Coño, a cocido madrileño.

-No me seas melón, Antonio. Vamos a ver, Gaspar,

¿aquí la gente cuántas cosas le echa el vino?

-Aquí le echan de todo, Antonio. A mi no me da la gana,

yo no le echo ni un hueso de aceituna.

¿Me dejas a mí, a ver si aprendo? Joder, de verdad.

-Pues eso es lo que te digo, Rocío,

que es poner un pie en Madrid y tengo que arreglarlo yo todo.

-Un cliente que no aparece.

No, no sé dónde vive, no tengo el teléfono,

no tengo nada.

Sí, claro... bueno, te dejo que ahora tengo mucho lío, ¿eh?

Vale, un beso, hasta luego. Paquita...

Paquita, ¿te importa que hablemos un momento?

Mira,

esto son unos sombreros andaluces que les he traído a las niñas

de regalo, pretendía habérselos subido yo mismo a casa pero...

como me he liado con mis cosas, bueno pues...

si no te importa se los das tú.

-¿Pasa algo?

-Paquita...

¿Tú cuánto crees que valdría este negocio?

-¿Por qué lo quieres saber?

-Bueno verás...

Rocío tiene una finca en Sevilla

de explotación agraria, un olivar, unas 25 o 30 hectáreas,

más o menos, y...

Y tanto ella como yo pensamos que esto del aceite de oliva

es un buen negocio a largo plazo, sobre todo cuando pase

todo esto del aceite de colza, en fin.

Rocío me planteaba la posibilidad de que a lo mejor

necesitaría a alguien que se ocupara

personalmente de llevar las tierras, los olivos,

el cortijo, en fin, todo, un...

digamos, un capataz, y que quién mejor para ese puesto

de capataz que yo.

-¿Tú? -Sí.

-Capataz. -Sí, sí.

-Y... ¿y qué sabes tú sobre cortijos y aceites?

-Bueno, Paquita,

lo mismo que sabía de coches cuando me fui a trabajar a Francia,

lo mismo que sabía de restaurantes cuando abrimos el Bistró.

-Dios mío,

¿quieres vender el Bistró?

-Mira, yo lo que no quiero es trabajar para Rocío,

lo que quiero es poder ser su socio, su socio formal,

un socio capitalista que pueda aportar capital,

eso es lo que quiero.

-¿Tú lo que me estás diciendo es...

que te vas a ir a Sevilla y que me vas a dejar aquí sola

en el Bistró, y sola con tus tres hijas?

¿Es eso, es eso? -No te alteres.

-¿Que no me altere, que no me altere mientras me dices

que me dejarás plantada? Miguel, dime que no le has vendido

esto a los chinos de ahí de la esquina, júramelo.

-Paquita, te juro que no se lo vendí a los chinos

de la esquina, no hablé con nadie, sólo contigo

y luego con mi hermano Antonio, nada más.

-Claro, como ya tiene la mitad del restaurante.

-Pues sí, y también pretendo venderle mi parte del negocio

de estandartes y banderas.

-Eso, ¿y por qué no le haces un buen precio, piénsatelo,

le vendes a tus tres hijas y ya que estamos de promoción

le das estos malditos sombreros.

-Paquita, Paquita.

¡Paquita!

Ay, hija, qué mal me encuentro.

Por Dios, madre, si es que eres una cabezona

y no quisiste parar en la gasolinera.

Ay, madre mía, estoy baldada.

Uh...

-Merche. Ay, Miguel.

-Qué sorpresa, no te hacía yo por aquí tan pronto.

Es que... Hola, Miguel.

No se encuentra bien y vinimos a hacerle pruebas.

-¿Qué le pasa? Un dolor en el pecho muy malo.

-Pero qué tonterías dice, hombre, tiene usted una cara estupenda,

nos enterrará a todos. Anda, anda, anda...

Sube, ya voy yo. -Te echo una mano.

No llamé porque fue todo tan precipitado.

-No te preocupes. La casa está en condiciones, ¿no?

-Sí, sí, perfectamente, vamos.

Como la dejé.

Madre mía, ¿será posible? Qué vergüenza.

Este Miguel es un Adán.

Desde luego no hay derecho, nuestros hijos pagando

un dineral por casas alquiladas y nosotros

con este piso abandonado que está hecho una porquería.

Madre, madre, por Dios, deja eso.

Sí, hija, sí, es verdad, me voy a sentar aquí.

¿No estabas mareada, eh?

Pues ale, descansa, ¿eh?

Yo me voy a bajar a comprar que los chicos van a venir a comer,

y tú no te preocupes que mientras se hace la comida

esto se queda como una patena.

Mismamente una cochinera.

(RADIO) Según una encuesta, el 87 por ciento

de personas que quieren un video, lo hacen para grabar programas

de televisión en momentos de ausencia.

Se abre la puerta. (BAJA EL VOLUMEN DE LA RADIO)

¿Madre? ¿Pero cómo se te ocurre, te has puesto a limpiar?

Ay, hija, no he tenido más remedio,

es que este hombre tenía la cocina como una pocilga

Ahora mismo te metes en la cama a descansar un rato,

por lo menos hasta que lleguen los chicos.

Ay... De verdad.

Y no se te ocurra poner la mesa que te conozco.

-Todos mis actores han pasado por el infierno de las drogas,

pero este... este es gilipollas, ¿qué dice?

Menudo subnormal.

-Es una estrategia de promoción, Inés.

-¿Sí? -Sí.

-Pues vaya manera de contarlo, parece que se ha encontrado

a una yonqui a la que le ha puesto una cámara delante de la cara.

Yo soy actriz, uso de mi vida lo que me da la gana.

-Que Juan Alba es un imbécil lo sabe toda la profesión.

Mira, al final lo que va a quedar es lo que haya en la película,

y yo vi el copión y te ofrecí un papel porque estás estupenda,

así que olvídate.

Juan quiere ruido, polémica y ya está, ¿eh?

Sé más lista que él, que lo eres

y no entres en el juego, y sobre todo, muy importante,

cuando te enfadas estás para comerte entera.

-Ja, ja, ja.

Teléfono.

¿Sí? Soy yo.

Ajá.

¿Mañana?

¿Media hora antes?

Bien, nos vemos mañana, sí.

Ay... -¿Qué?

-Qué pesados son, ahora quieren hacer una rueda de prensa, mañana.

-Business is business,

y con buena cara, ¿eh? Con esta no.

Con esta, ahí.

Ja, ja, ja. -Ja, ja, ja.

Ay... qué alegría.

Desde luego a mesa puesta, así da gusto.

-Hum... cómo se os echa de menos,

sobre todo la paellita de los domingos.

Porque no queréis, porque últimamente no venís al pueblo.

Es que los fines de semana con el bar estoy liadísimo.

-Y yo ando de ensayos, dentro de nada me voy a rodar.

¿Dónde? -A Mallorca.

Por Dios, a este paso no vamos a estar la familia junta.

Y tanto, y que lo digas, hija.

¿Cuando estrenas la película? -Dentro de nada,

si no mato antes al director. No digas eso, Inés.

-Que sí, que suena mal, abuela, pero yo sé lo que me digo.

Hum...

Hijo, ¿cómo está Karina? Me lo han contado en la tienda.

Pues fatal, imagínate.

Vaya por Dios, si yo me cruzo con ese tipeo

es que no sé lo que le hago.

Pues yo a la que no entiendo es a Yolanda, hija,

que una madre se ponga delante de un juez y en contra de su hija...

Vamos... Fue Karina la que denunció, abuela,

aunque ahora sea ella la culpable.

Sabemos que Karina es incapaz de algo así.

No sé cómo no la cree su madre.

Si el juez dice que fue ella la que provocó, ¿qué dicen los demás?

Timbre.

Timbre.

-¿Oiga?

-Está cerrado.

¿Qué quiere?

-Mire, quiero hablar con su jefe, dígale que soy Miguel Alcántara,

de Estandartes y banderas S.L.

Miguel Alcántara. -No se encuentra.

-Pero ábrame, por favor, señorita, sólo quiero hablar con usted.

-Oh... -Tranquila, tranquila,

que no le haré nada.

-Yo no tengo la culpa de nada.

No hacen más que venir gente a reclamar, ¿yo qué voy a hacer?

-Joder.

¿Pero qué ha pasado aquí?

-Se lo ha llevado todo.

-¿Cómo todo?

-Los banderines, los llaveros,

las pegatinas, los muñecos de Citronio,

los de Clementina, hasta los de Zruspa,

con lo feos que eran.

-¿Pero qué pasa, que les han robado?

-¿Robado? No, no,

se lo han llevado todo los de la agencia

que llevan lo del mundial.

-¿Pero por qué?

-Bueno, porque por lo visto no teníamos los derechos

para hacer nada con Naranjito.

Bueno, eso les he oído decir, por eso se ha marchado.

-Acojonante.

-Y todavía no he cobrado el sueldo,

con lo bien que iba todo.

Mire,

hasta botijos teníamos,

y lo bien que se vendían.

-Bueno...

mire, señorita,

yo tengo 5 mil naranjitos,

¿qué hago con ellos, fumo?

(LLORA) -No, no, no, por favor,

no se me eche a llorar, de verdad, tranquilícese,

la cosa no va con usted, vamos a ver,

vamos a pensar con la cabeza, vamos a ver.

Mire, yo tengo 5 mil camisetas

con Naranjito estampados que me encargó su jefe,

5 mil camisetas de Naranjito, que se dice pronto,

allí, en el almacén.

Digo yo que habrá alguna manera de localizarle.

-Cuando vinieron a por todo salió a la calle,

se montó en el coche, me dijo: "Hasta luego",

y se fue.

Pero yo creo que volverá.

Usted cree que volverá, ¿verdad?

-Buenos días.

-Oiga,

¿no podría dejarme usted algo?

Mil pesetas aunque sea.

-Pepón, ¿me cambias el bocadillo?

-No me gusta el salchichón. -Pero somos novios.

-Vale. -Ja, ja.

-Los novios se dan besos. -Jope, siempre estás con los besos.

Qué bonito, ven.

No tienes collar, ¿estás perdido, bonito?

-Que no es un perro, es una perra. -¿Y cómo lo sabes?

-Joder, porque no tiene huevos.

-Es verdad, ja, ja, ¿cómo te llamas?

Tienes cara de llamarte... Luna,

¿te gusta Luna? Anda, Pepón, dile algo.

-Me dan miedo los perros.

-Pues te fastidias porque cuando nos casemos

vamos a tener muchos perros.

-Es muy, sí.

Gracias por acompañarnos, hijo. Ya ves tú,

para una vez que estáis en Madrid.

No te preocupes por lo de la abuela porque no será nada,

la abuela es mucha abuela. Dios te oiga.

Hoy está muy contenta, ha sido llegar al barrio y se ha puesto...

Carlos...

Me voy a agarrar a ti, ¿eh? Es que no me tengo de pie.

Claro. Sí, adiós, doctor.

Esperadme en el coche, ¿eh? Gracias.

-Adiós.

¿Cómo la ve, doctor? -Muy bien, la verdad.

¿Eh? -Sí, no observé nada extraño.

Mañana tendremos la placa y los resultados,

y mientras tanto le he recetado algo para los dolores

del pecho y la angustia, así que...

Bueno, que no se preocupe, ¿eh? Gracias.

-Siga, siga, no quiero interrumpirla.

-No, usted no interrumpe nunca, padre.

-Me alegro mucho de verla, ¿cómo está, Herminia?

-Pues aquí mejor que en ningún sitio,

le decía a Santa Rita lo que la echaba de menos.

Pero en el pueblo también tendrán santos.

-Sí, claro, pero a mi edad ya una no cambia de santos así como así.

Además, la dolorosa de Sagrillas se me hace un poquito la sorda.

A usted también se le echa de menos, ¿eh? Mucho.

-Gracias, Herminia, pero conozco bien al cura de su pueblo,

le aseguro que don Benito es un buen cura,

un cura de los de antes.

Qué, ¿nos confesamos? -Pues sí, si me hace el favor,

porque no he vuelto a confesarme desde que nos marchamos.

Ahora, que la penitencia que se cortita,

que me está esperando mi hija.

-Eso lo decido yo si no le importa.

-Hazme un favor, dale esto a Antonio,

porque pensaba mandárselas por correo,

pero ya que te tengo aquí aprovecho.

Pero me quedaré unos días, hasta que nos den los resultados.

-¿Pero tu madre está bien? ¿Mi madre? Bueno, vamos a ver,

¿qué hago en el pueblo si le pasa algo? Mira quién viene.

-Hola, ¿qué tal? Clara, Mercedes, cuánto tiempo.

-Hola.

-¿La familia bien? La mía sí.

-Bueno, saluda a Antonio de mi parte, Adiós.

Adiós.

-Cada vez que me cruzo con ese tipejo

se me revuelven las tripas, de verdad.

¿Pero y ella? No sé qué le pasa a esta mujer.

Hola, María, hija...

Coño, ¿y este perro?

-Se llama Luna, ¿a que es precioso?

Sí, hija, sí, es precioso, ¿pero este perro de quién es?

-Nuestro. ¿Cómo va a ser nuestro?

Anda, ¿y aquí qué ha pasado, hija?

-Es que a Luna le encanta jugar. Este perro no puede estar aquí.

Que salga el perro. -Papá...

Que salga este perro te he dicho.

¿Cómo has dicho que se llama? Tiene que marcharse.

-Luna. Pues Luna tiene que marcharse.

-Dijiste que podría tener un perro. Te dije que podías tenerlo,

pero uno con pedigrí y vacunado, no este peludo.

A ver, tú, Luna te llamas, ven aquí.

Eh, no, siéntate, siéntate.

Anda, qué educada estás.

Pero vamos a ver, si este perro no tiene ni correa ni nada, ¿no?

Pues no tiene correa.

A mí no me mires así, coño, que me vas a ablandar,

el caso es que es guapa, pero no puede quedarse.

Ven, Luna, venga, vamos.

Vamos a la calle, hombre, venga a la calle ahora mismo.

Hala, a la calle.

Ladrido. Venga, hombre, para la calle.

Venga, hala, fuera.

Ladridos.

Hija, por Dios, me traes un perro, verás mañana cuando venga Liceria

y vea todo esto hecho una porquería.

-Yo quiero a Luna. No me hables así

como si fuera tu madre, ¿eh? -Quiero a Luna.

Ya lo sé, y yo quiero el Sol, hija.

Ladridos. Me cago en la leche.

Olor a perro ahora.

-332 votos emitidos,

186 favorables, 146 negativos,

queda en consecuencia aprobado el dictamen de la comisión

y en los términos del mismo

autorizado el gobierno por el congreso

para la adhesión al Tratado del Atlántico Norte

-Pues yo de los rusos no me fío ni un pelo,

así que cuanto antes entremos en la OTAN, mejor para todos.

-Negativo, ¿qué quieres que los soviéticos

se mosqueen, nos metan un pepinazo en Torrejón

y nos manden a todos a tomar viento?

-De Torrejón a aquí hay un cacho.

-Qué atrevida es la ignorancia.

¿No sabes que hoy en día metes un pepinazo en Torrejón

y vuela hasta La Alcarria?

Porque hoy en día las bombas nucleares

no las hacen como antaño, ¿me entiendes?

Hoy las hacen con neutrones. -¿Eso qué es, neutrones?

-Pues lo que viene siendo la parte más dañina de la bomba,

lo que más mata. Ríete tú de Hiroshima.

La bomba nuclear. -Eso.

-¿Qué tal? Dame las llaves del taxi.

-Voy a empezar el turno ahora. -Turno ni nada,

dame las llaves del taxi que me tengo que ir a Sagrillas,

que tenemos un problema muy grave con un cliente.

-Toma, toma las llaves. -Te doy el día libre y pagado.

-¿No te interesaría comprar una licencia?

-Hombre, la licencia y el taxi.

-¿Y eso más o menos cuánto podría ser?

-En estos momentos... 2 millones, 2 millones 200,

pero no te lo podría pagar, no tengo ese dinero.

-Puedes ir a un banco y pedir un préstamo.

-Y de paso lo atraco, ¿no te fastidia?

-Ya hablaremos cuando vuelva.

Paco. -¿Sí?

-Pónmelo ahí con el Atlético, en un sitio que se vea, ¿eh?

Vale, adiós. -Hasta luego, Miguel.

-¿Qué le pasa? -No lo sé,

la jefa lleva muy nerviosa todo el día,

pero yo creo que es algo gordo,

pero... gordo, gordo.

Pero Antonio, si es que tu hija lleva queriendo un perro

hace un montón de tiempo,

ahora, ahora que estamos en el pueblo...

Veamos, yo también quiero un perro, pero uno con pedigrí

y con certificado médico si queremos cruzarlo

o llevarlo a un concurso.

Deja que se quede la perra, ¿es bonita?

¿Esta? Una perra, ay, Dios mío,

lo que nos faltaba.

a parte del destrozo que ha hecho aquí, esta ha tenido dueño

porque está educada, la mandas sentarse y se sienta,

y te mira con una cara que me recuerda a Desiderio.

No puede ser, estos perros aquí en el pueblo no tienen dueño,

hacen lo que les da la gana, van a la suya

y no quiero que me destroce más.

Conociendo a tu hija seguro que la vuelve a entrar en casa.

Ya lo sé, ¿sabes quién ha tenido la mejor idea?

El tontolaba de Rodolfo, que cada día está más tontolaba.

Resulta que quería echarle un jamón a una tinaja de vino

para darle más sabor. ¿Un jamón?

Tómate una de cada.

Dice que para darle sabor

y pensé que ya puestos que para qué echar un jamón que vale mucho,

echamos el perro y le dará el mismo sabor,

mañana le voy a decir: "Rodolfo, en Sagrillas no se echan jamones,

no seas tontolaba, hombre,

aquí se echan gatos o perros, si tienes perro mejor",

y le endiño el perro.

No, no, sí, sí ha manchado, Merche.

Dime una cosa, ¿la perra era de presa? Vamos...

Las perras esas son muy listas, no se habrá hecho

ni pipi ni caca dentro de casa...

Gemidos.

Ladrido.

-Por favor, papá, yo quiero a Luna.

Luna, vuelve.

(CARRASPEA)

Ladridos.

-Luna, vuelve, yo quiero a Luna.

¿Qué haces tú aquí? Venga fuera, hombre.

(LADRA) Venga fuera.

Sienta.

¿Qué pasa, que quieres entrar?

Oye... joder.

En fin. Oye...

-Luna, bonita.

Vamos a ver, se queda pero sólo una noche, ¿estamos?

-Bien, pues aquí están las pruebas.

Doctor, muchas gracias por la rapidez, de verdad.

-Es que la cosa está clarísima

y no necesitamos más pruebas.

¿Ya saben lo que le pasa? -Perfectamente,

a doña Herminia no le pasa nada.

¿Cómo que nada? Nada, nada,

para su edad está como un roble.

¿Entonces todo ese dolor en el pecho que tiene,

la fatiga y las nauseas?

-Mire, del corazón está bien, ¿eh?

Y la placa de tórax está perfecta.

yo creo que es más bien todo de cabeza.

¿Quiere decir que se lo inventa o...?

-Verá, ella lo sufre como si estuviera enferma de verdad,

para mucho a estas edades, ¿eh?

El miedo a la muerte, alguna situación estresante,

les da por pensar que están enfermos

o que se van a morir pronto

y terminan enfermando de verdad, y entonces sí es un problema

porque es cuando hay que plantearse la posibilidad

de que esté en un centro especializado.

¿Y ahora qué tenemos que hacer?

-Observarla, ¿eh?

Le voy a poner un tratamiento,

y no hay que descartar que le esté echando un poco de cuento.

¿Cómo que cuento? -Como los niños,

que esté llamando su atención.

-Antonio.

¡Antonio! Mi hermano.

Cuanto bueno por aquí. -¿Bueno?

No te traigo buenas noticias.

No jodas, ¿qué pasa? -Las camisetas, tenemos problemas.

¿No les han gustado? -No, no se trata de eso.

No las podemos fabricar,

parece ser que el Salcedo no tiene los derechos

del Naranjito de las narices

y nada, no hay manera de hacerlas.

No me jodas, joder, qué mala suerte tengo, chico,

siempre me pasa lo mismo, me tocan a mí

todo los ladrones por activa o pasiva.

-Imagina la suerte que tengo yo, ahora tengo 5 mil camisetas

de Naranjito muertas de risa, ¿qué hago con ellas?

No, las sirves como tapas ahí en el Bistró

-¿Tapas? Regala tú una camiseta con cada litro de vino.

Voy a mezclar mi vino con eso.

-¿Es el vino? Sí, ¿qué te parece?

-Bonito. Ahí está.

-¿Y eso que parece una pezuña?

No me jodas, ¿una pezuña de qué?

-De cerdo, ¿de qué va a ser?

¿A que nos metió la pata de jamón este desgraciado?

Madre, ¿otra vez limpiando?

De verdad que no paras de hacer cosas, ¿eh?

Es que a mí me gusta tener la casa que las moscas patinen.

Anda, anda, anda, siéntate un rato,

y ponte a escuchar la radio. Bueno.

Se abre una puerta.

Yolanda. -Hola, Mercedes.

Me gustaría hablar un momento contigo.

-Sí, la verdad es que a mí también.

¿Quieres entrar a casa un momento?

-Espera un momentito.

-Que no puedo más, Antonio,

yo lo que quiero es irme a Sevilla con Rocío a varear olivos.

¿Cómo te vas a ir, tú qué sabes de olivos?

-¿Y qué sabes tú de vinos?

Qué egoísta eres, Miguel. -¿Yo egoísta?

-¿Por qué? Sí, sí, tiene razón la loba.

Dejas a tu mujer, a tus hijas, a tu negocio

y a mí que soy tu otra mitad. -Esto sí que es bueno.

Yo que soy tu otra mitad me puedo quedar en San Genaro

y tú te puedes venir al campo a hacer vino.

Yo no vine a hacer vino. -¿Entonces a qué?

Porque estoy malo del corazón y me sienta bien.

-¿Sabes qué me pasa en el corazón cuando pienso en Rocío?

Por la mañana pienso en ella el corazón me bombea,

por la tarde me bombea más y ya por la noche

el corazón me bobea como un petrolero.

Deja ya de bombearme, que me da asco.

-Por el amor de Dios, me voy a Sevilla, no a Mongolia.

Me da igual donde te vayas, el caso es que te vas.

Conmigo no cuentes, fíjate, no cuentes, a tomar por saco.

-Si sabía yo que no podía contar ni contigo ni con tu dinero.

Con mi dinero tampoco, que es a lo que vienes.

-Métete tu dinero donde te quepa.

Y tú vete a varear a Sevilla.

-Y tú ventila la bodega, que parece un secadero de jamones.

Cállate, taxista.

-¿Pero para qué van a echar el perro al vino?

-Para darle sabor, es que no te enteras.

-Voy a vomitar.

-Tenemos que salvar a Luna, ¿cuánto dinero tienes en casa?

-60 pesetas. -Yo 75.

Más de 20 duros, nos vamos a Madrid.

-¿Y allí qué hacemos? -Nos escondemos en mi barrio

o en el Retiro.

Dentro de dos horas nos volvemos a ver aquí.

Coge comida y una linterna.

-¿Y pijama? -No, no vamos a dormir

hasta que lleguemos a Madrid.

Mira, me cuesta mucho decirte esto, pero lo hago

por el aprecio que le tengo a tu hija, y tú lo sabes.

Lo está pasando muy mal. -Tú dirás.

¿Cómo puedes pensar que Karina es capaz de provocar

a un hombre de la edad de Gerardo que además es tu pareja?

De verdad que me parece increíble que yo lo vea como madre y tú no.

-A ver, Mercedes,

Karina ha salido ya con hombres hechos y derechos,

por ejemplo con un profesor de la universidad

que además estaba casado. Lo sabías, ¿no?

Sí, lo sé, pero es que no es de lo que hablamos,

de lo que hablamos es que cuando tú no estabas en casa

él entró en su habitación.

-Gerardo me juró que eso no es verdad, no, miento,

sí que entró, entró para taparla, porque mi hija ni siquiera

cerró la puerta y dormía medio desnuda.

¿Y tú le crees a él? -Yo conozco a Gerardo.

¿Y a tu hija no? -¿Tú qué sabes?

No tengo que seguir hablando. Yolanda.

Hijo. Hola.

¿Por qué Karina iba a provocar esta situación?

-Karina nunca soportó a Gerardo, no soporta que seamos felices,

que yo sea feliz por una vez.

Los hijos son muy egoístas, Mercedes,

y Karina sólo piensa en ella, te lo sigo yo, que la conozco.

La verdad es que no te comprendo,

no te entiendo. -¿No?

Pues deberías, porque tú en tu casa también tienes lo tuyo.

¿Qué tienes que decir de mis hijos?

Karina es una tía cojonuda y deberías creerla.

-El tiempo dirá quién tiene la razón.

Mira, tu hija puede ser una egoísta y todo lo que tú quieras,

pero es tu hija.

Ay... -Antonio,

aquí huele... Aquí huele a mierda, a mierda.

-¿Cómo que a mierda? La niña, que me metió

un perro callejero y se pasó cagando y meando

y mira como me tiene la casa.

-¿Un perro? Sí, María.

-Joder. Me lo esconden.

María, sal aquí, anda,

y trae el perro. -Estará en la calle con el perro.

Si no está aquí está en casa de Liceria, comía allí.

La busco, ¿vienes o te quedas? -Me voy a Madrid.

El taxi no puede estar parado y debo hablar con Ramón

¿Ahora? -Sí, ahora.

Espera, te doy unos papeles y aprovechas el viaje.

-Rápido, no tengo todo el día. No tienes el día nunca.

-Venga, Antonio.

Dios santo.

Miguel, ven un momento.

-¿Qué, qué pasa?

Joder, que se ha escapado.

-¿Que se ha escapado quién? María, coño.

-Papá, estoy bien,

me voy con Luna a un sitio que no puedo decir,

¿quién es Luna? Es la perra que metió en casa.

-No echéis más perros al vino. Hala.

-¿Qué tontería es esta? -Antonio.

Antonio...

Antonio. Liceria, no me cuentes nada

que lo sé todo.

-Sí, tú no sabes de la misa la media, mira, lee.

Joder, que se ha ido también Pepón.

-Sí, se han ido los dos.

-Buenos días, no te puedo decir adónde, llevo chorizo.

Vamos a la guardia civil, hay que dar parte.

Para una cosa que se te pide, hija. -¿Y qué hago?

Estar un poco más atenta, hombre.

¿No ves que estos chavales están como bobos?

Trinar de los pájaros.

-¿Falta mucho?

-Pues lo que falte para llegar a Madrid.

-Anda, la cinta del pelo.

-¿Qué pasa? -Que he perdido la cinta.

¡Luna! -Que se escapa.

-¡Luna!

-Gracias, gracias.

Retomando tu pregunta,

Efectivamente, esta película responde a un canon

de cine social y de denuncia,

yo no confío en el cine de evasión.

-Inés.

¿El nota este, lo que ha dicho...?

Vamos, que nos ha llamado chorizos, ¿no?

-Sí, ha dicho suburbial y proletario

que viene a ser lo mismo.

-No sé qué es eso, pero yo a este le rajo las ruedas,

y no le rajo la cara porque no está aquí el Jaro,

que si no le ponemos la cara como un foco.

-Qué pena. -Juan, Juan.

Felicidades por la credibilidad que has sabido imprimir

en las interpretaciones,

¿podrías contarnos algo sobre el proceso

de selección de los actores? -Sí...

-Si no te importa responderé yo a esa pregunta.

Gracias.

Yo no quiero menospreciar el trabajo el director

pero quiero decir que si en esta película

las interpretaciones son creíbles

es porque los actores nos encargamos de eso.

-¿Pero es verdad que todos tuvisteis problemas de drogas?

-Sí, eso es lo que repite Juan una y otra vez,

con muy mal gusto, por cierto.

-¿Puedes confirmarlo o desmentirlo en tu caso?

-Pues no, ni una cosa ni la otra, porque eso es cuestión mía

y a nadie más le interesa.

-A ver, por favor, a ver si ahora parece que me invento las cosas.

Tú has estado enganchada.

-¿Yo le cuento tu vida a la gente por ahí?

¿Quieres que les diga a todos que en la peor época del franquismo

tú trabajabas para la censura, que antes de hacer

tus propias películas censurabas la del resto de directores?

-Tú misma me contaste que estuviste enganchada

y que un novio tuyo murió de sobredosis.

Bullicio.

-Sí, dabuti, Inés. A ver, peña, aquí.

Bullicio.

De momento no hay más declaraciones.

A ti que te den, pringao.

-Juan, Juan.

-Quita para allá.

-¿Cuándo trabajaste para la censura?

¿Cuándo trabajaste para la censura?

Bullicio.

-¡María! -¡Pepón!

-¡María! -Pepón..

-Dios mío, qué disgusto.

Estos niños, ¿pero cómo se les ocurre?

-Ya aparecerán, mujer. -¡María!

-¿Cómo le digo yo esto a su madre?

-¿Dónde van a ir un par de críos como estos?

-Nos pusimos en contacto con la comandancia de Tobarra

por si aparecieran allí.

-A Tobarra no pudieron llegar, que van andando.

-Hombre, haciendo autoestop.

-¿No se habrán subido en el coche de un desconocido?

-¿Cómo se van a subir al coche de un desconocido?

No, hombre, no, esto son cosas de críos.

Hija. -¡María!

Sal inmediatamente, que no... -Pepón.

Venga, ya está bien. -¡María!

-¡Pepón!

-"Estas segura de que es por aquí?

-Que sí, pesado.

Venga, deja eso, madre. Mira que eres cabezona.

Mujer, yo creo que hasta me viene bien, de verdad.

Estoy todo el día sentada.

(SUSPIRA)

Bueno y del médico...

¿se sabe algo, qué te ha dicho?

Bueno, pues que si te sigues encontrando mal

habrá que ir a otro médico y hacerte más pruebas.

Ah, pues yo...

si hay que hacerme más pruebas me quedo en Madrid

el tiempo que haga falta, ¿eh?

¿Te vas a quedar tú sola?

No, mujer, está aquí Miguel y Paquita está arriba.

Seguro que encuentro a alguien que me acompañe al médico.

Pero madre, ese no es el problema.

¿No, entonces cuál es el problema?

Nada, nada.

Voy a seguir recogiendo.

-Yo, yo soy...

tu regalo. -Pero bueno...

¿Cómo mi regalo? ¿Quiere decir que...?

-¿Es que tengo que repetirte todas las cosas?

-¿Regalo de quién?

-¿Qué pronto, no? Sí,

me va a hacer la caja Marcelo.

Por cierto, que cuando quieras puedes venir

a echar una mano al bar, ¿eh?

Los fines de semana pago doble.

(TELEVISOR) Qué decepción,

a lo mejor si te hubieran enviado una cesta...

¿Sabes? Hoy me he encontrado a mi madre

hablando con la tuya.

-¿Y qué ha dicho tu madre?

¿Pues qué va a decir? Que no se cree

que tú hayas podido provocar a Gerardo,

en mi familia nadie se lo cree, que lo sepas.

-¿Y si fuera verdad? ¿Y si fuera verdad el qué?

-No sé, no... no paro de darle vueltas.

¿Y si yo sin darme cuenta...?

No sé, ¿él entendió que...

que yo le enviaba señales?

A lo mejor yo no era consciente ni me fijaba

de cómo iba por la casa.

Mira, Karina,

tú no has hecho nada, nada en absoluto.

Es ese el que es un cerdo y un hijo de la gran puta

que entró en tu habitación e intentó violarte.

Punto, ya está.

Tú no tienes ni que sentirte avergonzada

ni que pedirle perdón a nadie.

(RESOPLA)

-Tendríamos que decírselo a Merche, Antonio.

Que no, que a Merche no se le dice nada hasta que aparezcan.

-Hay que llamar a Merche. No me discutas, hombre.

-No es por discutir, Antonio, que es por Merche.

¿Qué pasa? Están por aquí.

-¿Qué dices? Esto es de María.

-¿No me jodas?

Se lo vi esta mañana cuando la llevaba a la escuela.

-¿Seguro? Totalmente seguro.

Guárdame la ropa

y búscame un palo, un palo grande.

¿Pero qué estás haciendo?

-Antonio, nado mejor que tú y no estoy enfermo del corazón,

así que guárdame la ropa tú

y si quieres un palo te lo buscas tú, cojones.

Pero búscame el palo, no me discutas más en toda la noche.

-Deja de discutir tú, de verdad.

-¿Qué hacen ahí?

Que ya han aparecido.

Claxon.

¿Dónde están?

-¿Sabes lo que le vas a decir?

No te preocupes, sé perfectamente lo que tengo que decir,

no te preocupes más. -Venga, venga.

-Pepón.

(SUSPIRA)

Toma, anda, se te había olvidado esto.

No vuelva a hacerlo nunca más, hija.

¿Me oyes?

No dejes a tu padre solo nunca más.

Prométemelo.

Dame un abrazo.

-¿Qué, cómo está?

Pues ahí la he dejado, Miguel,

marmiando porque se le ha escapado el perro, fíjate qué bobada.

-Normal.

Mira, por lo menos estos sustos nos enseñan

qué es lo más importante de la vida.

En eso tienes razón.

-¿Tú sabes qué es lo más importante para mí en estos momentos?

Pues no, me tienes desconcertado.

-Poder estar con Rocío.

Ja, ja, ja. Joder, pareces de Corín Tellado.

-No, déjate de tonterías, Antonio, lo digo en serio.

Este vino, por ejemplo, es crianza, ¿no?

Este es crianza. -¿Por qué está tan bueno?

Tiene buena uva, hecho con cariño, se le dio el tiempo.

-Lo has dicho, el tiempo, el tiempo es lo importante,

lo que pone todo en su sitio,

y yo ya no tengo tiempo para tonterías,

para más palos de ciego... No, no, que va.

Pues nada, muy bien,

como el capitán araña,

embarcas a todos y te quedas en España,

y me dejas con las banderas, ¿qué hago con las banderas?

-Vende el negocio de las banderas y vente a Sagrillas

a hacer tu vino, que eres feliz con tu vino.

Porque eres feliz con tu vino, ¿no?

Pues mira, con el vino sí, al que no soporto

es al cantamañanas de Rodolfo. -Bueno.

Con esa cara de bobo que tiene y esos aires de grandeza

todo el día y no tiene ni idea, y además está tieso, Miguel,

estoy poniendo yo todo el dinero.

Mira que tuve socios cantamañanas, y en ese grupo te incluyo a ti,

pues el tontolabas se lleva la palma, chico.

Gilipollas, que además se cree que lo sabe todo.

Ya la tuve con él cuando lo del nombre, coño.

Quería ponerle Miravete a la bodega, todo Miravete...

Miravete a tomar por el culo.

-Ja, ja, ja. Ja, ja, ja.

Y ahora quiere ponerle al primer vino Viña Margaret,

como si fuera un esmalte de uñas el tontolaba.

-Para eso le llamas Viña Mercedes.

Nos ha fastidiao, o Herminia, o Lorenza, ¿qué más da? Total.

-Haz como los franceses que a todo le ponen nombre de castillo.

Château de aquí, château de allá, aquí lo mismo.

Castillo de Sagrillas. No hay castillo, hay iglesia.

-¿Qué más dará que haya o no haya castillo

para llamarle castillo de algo a un vino?

Lo primero es como los franceses, un buen vino

y cuando lo tengas le pones el nombre adecuado, yo ya lo tengo,

se llamará La Cruz, porque pondré una cruz donde apareció padre.

La Cruz de Sagrillas, ¿no te parece bonito?

¿No es el vino la sangre de Cristo? Mira qué bonito, Cruz de Sagrillas.

-Para exportación está bien, Château la Croix.

¿Cómo? -La Croix, francés, La Cruz.

Joder, qué bonito, Château La Croix.

-Por ejemplo. Por cierto,

ya tengo una solución para lo del naranjito.

Ladridos. -¿Y qué es?

Vamos a ver, ir a la corporación...

-Papá, es Luna. Ya me di cuenta, hija.

Joder. -Mira a ver en la nevera,

a ver qué le das de cenar a la perra.

Llevo tres días sin darle de comer a ver si se va.

-Ahí la tienes, guau, guau... Dale chistorra.

(NARRA) Había pasado muchas noches con Karina,

pero ninguna como aquella,

nunca la había visto tan frágil, tan confundida, tan vulnerable.

Hacía mucho tiempo que habíamos dejado de ser novios,

Karina y yo no éramos más que amigos, muy buenos amigos,

y yo no podía por menos que prestarle todo mi apoyo

aunque sólo fuera acariciándola, mimándola,

procurándole un pequeño refugio en la pesadilla que estaba viviendo.

Bueno, voy a decirle a Clara que ahora se te manda

si te veo luego. -Muy bien.

Ánimo y al toro, y no te achantes, ¿eh?

Tú como un aceitunero altivo, ¿estamos?

Hala.

(SUSPIRA)

-Y lo del café ya es otra historia.

Hola, jefe. -Hola, don Miguel.

-Hola. -Je, je, ¿un cafecito?

Que me sale muy bien, ¿eh? Me enseñó Paco

a hacerlos con una espuma que salen deliciosos.

-Es que yo no soy mucho de café.

¿Tú desde cuando...? -Miguel, a la cocina, te explico.

-Bueno, pues nada, Pili, lo dicho,

encantado de tenerte por aquí. -Muchas gracias, jefe.

-Y yo, y yo...

yo también eh... que estoy encantado.

-Ja, ja, ja.

-Ay...

¿Sabes? Me parece muy bien lo de Pili.

Ajá. -Ayúdame a picar cebolla, anda.

Si tú te vas pues voy a necesitar a alguien de confianza

que me eche una mano,

porque tu hermano te deja el dinero, ¿no?

-¿Cómo lo sabes? -Porque es un cascarrabias

pero no te puede negar nada.

-Te advierto que en principio se cogió un cabreo... que no veas.

-¿Qué vas a hacer con tu parte?

-Nada, es toda tuya,

ya está todo hablado con el,

no quiero que a las niñas ni a ti os falten nada.

-Gracias. -De nada.

-Si yo a fin de cuentas con lo que saque

de Estandartes y banderas, y del taxi de Ramón me sobro.

Joder, cómo pica esta cebolla. -Sí.

-Oh... ay.

-¿O sea que yo ahora soy socia de Antonio?

-Fifty-fifty. -Ajá.

Sevilla está muy lejos. -No, mujer,

hay un talgo que tarde 6 horas y para una urgencia

siempre tienes el avión.

-¿Vas a venir a ver a las niñas, Miguel?

¿Eh?

Es que... es que te van a echar mucho de menos.

-Que sí, no te preocupes, claro que vendré,

y algún fin de semana también a lo mejor me las puedo llevar yo,

me gustaría que vieran Sevilla, que es muy bonita.

-Bueno eso... eso ya lo veremos.

-Paquita, mujer. -Me alegro mucho por ti, Miguel.

Está visto que yo no.. no supe hacerlo,

así que espero que...

que Rocío sí sepa,

y... y que seas muy feliz.

-Venga, no llores.

-No lloro, si yo estoy muy bien, es...

la cebolla.

¿A ver, de tu madre qué sabemos por fin?

De mi madre que parece que de salud está bien,

el corazón lo tiene estupendo.

Te dije que no le pasaba nada,

sé perfectamente cuando uno está del corazón o no.

Pues al parecer que es de cabeza.

Ah... Ajá.

Dice el médico que podría ser cuento, pero vamos,

si no responde al tratamiento ya sabes

cómo son las cosas de cabeza, que...

igual hasta la tienen que internar.

Pobre Herminia.

Si es de cabeza mal, así empezó mi madre.

Teléfono.

-¿Diga? -Inés, soy Mario.

Ah, hola, supongo que hayas visto el artículo, ¿no?

-Sí, lo he visto, y también lo ha visto Andrade, el productor.

Me ha dicho que quiere que nos veamos hoy mismo.

-¿Por qué?

-Bueno, le preocupa que este lío pueda perjudicarnos.

-Yo le dije que no, que la gente en cuatro días se olvida de esto.

-O sea, me quiere echar de la película, ¿no?

-Va, no, no. Andrade es un cagado, se preocupa por todo,

déjamelo a mí y ya... Sé manejarlo bien.

Además, soy el director, ¿no?

Bueno, luego te... te llamo y te cuento.

-Vale. -Oye, repasa el texto.

-Je, je... Venga, adiós.

-Hasta luego.

(RESOPLA)

Rascado.

Pero padre, ¿qué hace?

-Quitar los puñeteros chicles, mire.

Ay, qué asco de gente.

-Y mire que sería fácil tirarlos a la calle antes de entrar a misa,

pues no señor, y no es cuestión sólo de niños,

a más de uno tengo yo calado

pegando el chicle antes de pasar a comulgar.

¿Tiene usted un momento? -Sí, Herminia, sí, claro.

Diga. Es que estoy muy preocupada.

-¿Y eso? Verá usted,

que hace unos días me entró un dolorcito en el pecho

y una fatiga... un dolor muy pequeño,

nada del otro mundo,

pero el médico de Sagrillas dijo que él no podía hacer nada,

que me tenía que venir a Madrid.

-¿Y bien? Ay...

cuando yo oí lo de venirme a Madrid

empecé a exagerar el dolor,

al principio sólo un poco,

pero luego muchísimo, las cosas como son.

-¿Pero cómo pudo mentirle así a su hija, Herminia?

Ay... se me ha ido de las manos, padre.

Yo sé que está muy mal

pero no vea usted cómo lo voy a tener que pagar,

el médico de Madrid ha dicho

que se me ha ido la cabeza, que tengo demencia senil,

-Vaya. Que estoy loca.

-Pero y... no entiendo, ¿por qué lo hizo?

La verdad, Padre,

a mí Sagrillas se me cae encima. -Porque no le gusta el cura.

El cura es lo de menos.

¿Usted sabe el frío que hace en mi pueblo?

Yo lo tengo metido en el cuerpo desde pequeña,

pero ahora con la edad se me agarra a los huesos

y no se me quita ni con tres mantas zamoranas.

Mercedes y Antonio dicen que es muy sano,

pero yo ya no tengo edad para que me curen

como si fuera un jamón.

-Y yo pensando que le encantaba.

Para un ratito,

pero allí no hay nada que hacer,

los días se hacen interminables,

siempre las mismas caras.

Cuando una se aburre en Madrid se puede ir a la Gran Vía

y tomarse un chocolate con churros.

Para colmo

la mejor de mis amigas se la han llevado a un asilo,

y a mí me van a llevar a un manicomio.

Imagínese la sorpresa que nos llevamos nosotros

cuando nos dimos cuenta que este tal Salcedo

era un sinvergüenza y no tenía los derechos del personaje.

-Por supuesto, a ustedes les hicieron un encargo y punto.

Un buen encargo, sí.

-¿El importe es correcto? -Bueno, sí.

Tenga en cuenta que al final lo comido por lo servido,

no ganamos nada, como era la primera vez que encargaba algo.

-No se preocupe, es una cantidad razonable.

Dígame una cosa, ¿con este material qué hacen, lo reinsertan?

-Destruirlo, como todo lo requisado en el almacenes de Salcedo.

Preferimos pagarlo a precio de coste y destruirlo

que tenerlo en el mercado haciendo competencia al original.

-Qué curioso. -Señores, un placer.

-Muchas gracias. Y perdone.

-Ya sabe donde estamos.

¿Cuántas te has quedado? -Una.

¿Una qué? -Una caja, Antonio,

para las niñas de recuerdo, ¿no ves que las destruyen?

¿Te has quedado una caja? -Toma, anda.

No, eso quédatelo tú también, para las niñas.

Timbre.

Música.

Voy yo.

(BAJA EL VOLUMEN)

-Hola, Carlos.

Hola, Yolanda.

¿Quieres pasar? -No, no quiere pasar.

No, Carlos, quédate, que mi madre ya se va.

-Karina, hija, yo...

¿Podemos hablar un momento?

-No, mamá, no tenemos nada de que hablar.

No quiero que me llames,

ni que vengas aquí,

y si insistes me iré de Madrid o del país si hace falta, pero...

pero no me volverás a ver el pelo en tu vida.

¿Me has entendido?

Timbre.

¿Sí, quién es? -Mercedes, soy el padre Froilán,

¿podríamos hablar un momento? Ah, hola, don Froilán, claro.

Timbre.

-Bueno, ¿qué tal, cómo ha ido con Andrade?

-Oh... bien, eh... bien, bien.

-¿Bien? -Sí.

-¿Y no le ha importado lo de ayer, lo del artículo?

-Sí, le importa,

de hecho no...

no quiere que estés en la peli bajo ningún concepto,

dice que ahora la gente sólo te va a poder ver

como una yonqui.

-¿Eso es ir bien las cosas para ti?

-Pues sí, pues sí,

porque se ha puesto tan borde que me ha puesto en un dilema.

-¿Qué te ha dicho?

-O tú o la peli.

-¿Y?

-Pues que te he elegido a ti. -¿Pero tú estás loco?

-No, estoy harto de él, Inés. Ha estado mangoneándome

en la peli desde que empezamos, en el plan de rodaje,

en el guión, en todo, y ahora esto... se acabó.

Inés, a la mierda, basta.

-Estás completamente loco. -Basta, no.

No,

haremos otra peli,

haremos un montón de pelis.

-Y te juro que los premios que te den

se los vamos a pasar por las narices a ese Andrade.

-Ja, ja... -Te lo juro.

-Yo me quedo contigo.

Gracias, buenas noches. -Gracias,

otro día les preparo, familia feliz.

Familia feliz, sí.

Son de cabezazos esta gente,

aunque las hormigas fritas estaban ricas, sabían a pipas.

A ti no te ha gustado nada, ¿no? Porque tenías una cara.

Que no es eso, Antonio, si es que no quise decírtelo antes

para no aguarte la fiesta, pero vamos.

¿Qué pasa?

Esta tarde ha subido don Froilán a casa a hablarme sobre mi madre.

No me digas que te contó un secreto de confesión.

¿Cómo va a contarme un secreto de confesión?

Me contó algo que ya me olía.

¿Qué pasa con tu madre?

Pues... lo mismo que le pasa a tu hija

y lo mismo que me pasa a mí,

que estamos hartas de vivir en el pueblo.

¿Pero qué dices? Lo que estás oyendo, Antonio.

¿Por qué crees que mi madre se puso así?

Porque se ha visto pasando el invierno allí

y se le ha helado la sangre.

¿Y tu hija? La primera vez que se escapa de casa,

¿crees que es normal?

Pues sí, porque ha sido por el perro.

No es por el perro, no te quieres dar cuenta, no tiene amigas.

Está todo el día con Pepón que se convierte en un chicazo

y que odia ese colegio.

¿Y a ti qué te pasa? Porque ya puestos

cuéntalo todo, ¿qué te pasa a ti?

Pues a mí tres cuartos de lo mismo,

que estoy del pueblo que no puedo más,

para pasar una temporada bien, pero para vivir allí, no.

Me aburro como una ostra, Antonio, no tengo nada que hacer

ni nadie con quien hablar,

y echo de menos mi barrio, mi gente,

trabajar en el hospital como voluntaria,

ir a la universidad, por Dios.

Con lo que nos ha costado llegar hasta aquí.

Me parece muy bien, pero esto no me lo digas ahora,

esto tenías que habérmelo dicho antes, antes de ir al pueblo,

antes de matricular a la niña, de hacer la inversión

de mi vida en la bodega, ¿entiendes? Antes.

Las cosas salieron así. Claro sí, cuando tú quieres.

No seas así, hombre, aquí también tienes tu negocio.

Pues de momento no, Merche.

Para tu información, Miguel me ha dicho

que se va a Sevilla con Rocío.

¿Cómo que se va? Sí,

el tontolaba se vas a varear olivos, a tomar por saco.

Por Dios, ¿y qué vas a hacer?

Pues vender esto su puedo, y si no lo llevo desde el pueblo.

¿Y por qué no lo haces al revés?

Llevas la bodega desde aquí, desde Madrid.

No se puede. ¿Por qué? Allí tienes un socio.

No, Merche, no tengo un socio, tengo una enfermedad, ¿entiendes?

Un soplapollas que me amarga la vida

y además no tiene un duro, ¿no te das cuenta

que pongo todo el dinero? Debo estar allí.

Me da igual, Antonio, no puedo más.

Te da igual porque no entiendes nada, no sólo es el negocio,

es mi ilusión, estás jugando con mi ilusión y tiempo,

y no me queda mucho tiempo, ¿entiendes?

¿Si es tu ilusión sabes qué te digo?

Que te quedes tú, que te presentes a alcalde si quieres, vamos.

Que si la razón de vivir en el pueblo es tu negocio

yo ya sé muy bien lo que tenemos que hacer las tres.

Si sabes muy bien lo que tenéis que hacer, yo también lo sé,

y te lo voy a decir. Ten mucho cuidado...

Escúchame, que te lo voy a decir y no te lo repetiré.

No, escúchame tú a mí.

A ver si vas a dormir con las uvas.

Busco un centro de gravedad permanente

que no varíe lo que ahora

pienso de las cosas de la gente,

yo necesito un...

-Papá, papá...

-Papá.

-¿Me vas a bajar bandera a mí?

-Tendré que amortizar el gasto, ¿no?

En las calles era mayo

y caminábamos juntos

contando entre bromas manojos de ortigas.

(NARRA) La vida se va escribiendo a medida que avanza,

y por mucho que queramos no podemos tachar

lo que no nos gusta,

ni reescribir capítulos amargos de nuestro pasado

como si de una novela se tratase.

Bien lo sabía por aquel entonces Karina,

sin embargo en ocasiones la vida nos deja

la posibilidad de rectificar,

aprender de las malas decisiones y tomar un nuevo rumbo.

Las cosas de la gente,

yo necesito un...

  • T14 - Capítulo 247: Tú a Triana, yo a San Genaro

Cuéntame cómo pasó - T14 - Capítulo 247: Tú a Triana, yo a San Genaro

11 abr 2013

Octubre de 1981. La fiebre por el Mundial de Fútbol, que se celebra en España el próximo año ha llegado, y la tienda de banderas tiene un importante pedido de camisetas de Naranjito. Solo falta que el dueño venga a recogerlas,  pero un problema de última hora impide que lo haga. Miguel tendrá que intentar solucionarlo sin Antonio, que está en Sagrillas ocupado con el negocio del vino.  La relación con su socio Rodolfo no acaba de funcionar, y es que ambos tienen dos maneras muy diferentes de ver las cosas. 

En cuanto al resto de la familia,  Mercedes está preocupada por Herminia ya que desde hace días no se encuentra bien. El médico de Sagrillas no ha sabido decirles que es lo que le pasa, así que Merche decide trasladarse a Madrid para que le hagan más pruebas. Antonio se quedará al cuidado de María que está empeñada en que quiere un perro. 

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