1713427
Programas para todos los públicos
cerrar cerrar

Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T14 - Los amos de la tierra - Capítulo 245

-Cuéntame tú que has vivido el despertar de un tiempo que nos cambió. Volverás a ser un niño al recordar las largas tardes de sol. Háblame de lo que has encontrado en tu largo caminar. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Conversaciones. Padre, pise bien la uva que le voy a hacer un apartijo para el vino de misa. -Sí, hijo, sí, vino para misa de cosecha propia. (RÍE) Para consagrar. Ahí. Sí. Llama a los chicos, que les va a gustar. Toni, Carlos, descalzaros y para dentro. ¡Venga! Vamos, hombre. Venga, hombre, no seáis cobardes. Os va a gustar, de verdad. ¡Pepe, anima un poco con la bandurria, hombre! ¡Eso, Pepe! Música. -En la Mancha manchega hay mucho vino, mucho pan, mucho aceite y mucho tocino. Y si vas a la Mancha no te alborotes porque vas a la tierra de Don Quijote. La Virgencita... (NARRA) "Acabado el verano mi hermano Toni y yo decidimos hacer una visita al pueblo. Estábamos en plena época de vendimia y mi padre estaba en su salsa. En la bodega se sentía como un niño con zapatos nuevos. Aunque a decir verdad lo de producir vino no sólo consistía en pisar uvas, era mucho más complicado de lo que mi padre había previsto." -Si vas a la Mancha no te alborotes porque vas a la tierra de Don Quijote. No, 250 000 pesetas en barricas de roble. Americano, Antonio, que es el mejor. Me cago en la cuna que la arrolló a la Thatcher, coño, no repara en gastos. Menos mal que son de segunda mano. -Papá, no pensarías que montar una bodega iba a ser algo barato. Que no quiero nada barato, pero lo estoy pagando yo porque estos a la hora de apoquinar, no apoquinan. Papá, si quieres yo puedo invertir un poco. Lo digo en serio, ¿eh? Muchas gracias, heredero. Tú dedícate a tu negocio, hijo, que ese sí que es rentable. Que aquí para arruinarse como un tonto ya se basta tu padre. ¿Tú sabes lo que tardan las uvas esas que me han traído de Francia? Cinco años, cinco años esperando. Y mientras tanto comprando la uva a precio de oro. Menos mal que Lorenzo nos ha vendido su cosecha. Que esa es otra, la cosecha que le vendí yo a él. O sea, peor no lo puedo hacer, no lo puedo hacer peor. Por cierto, ¿cuándo os vais mañana? -A mediodía. ¿Y por qué tan pronto? -Porque tengo que estar por la tarde en la radio. Ah. -Yo tenía previsto en esta segunda apertura seguir hablando del tema del enchufismo. Pero durante el intermedio ha venido una comisión de enchufados y me ha dicho que el enchufe es de quien lo trabaja y que no me meta en problemas laborales, que este es un programa de entretenimiento y que el enchufe y el enchufismo es un problema laboral de largo alcance, pero se trata en programas mucho más serios y con todo rigor. Programas como por ejemplo "La clave". Y con una película japonesa. -Hola, Massiel. -¿Cómo estás, Carmencita? -Vamos a hablar tú y yo, ya que no podemos decir otra cosa. ¿Cómo está Aitor? -Pues Aitor debe estar viéndonos en directo. Pero con las prisas quería hacer una buena carrera y ver si me enchufaban aquí, aunque fuese de suplente tuya. Y corrí tanto, corrí tanto... -Paquita, soy yo, abre. Gracias, ya. Entrevista en la televisión. Antonio, que ya empieza el programa donde sale Inés. Venga, deprisa, que está Carmen Maura en la tele. Ah, sí, es verdad. Rápido. Ya. Venga, hombre, que ya va a empezar. No ha salido todavía, ¿no? -No. No, no, si la niña estaba atenta y no ha salido. A mí me dijo que salía después de Massiel. -Como no se había inventado la televisión cuando yo nací... -Hola, buenas, ¿se puede? Hombre, Fermín. Si está aquí el doctor. Pase, pase, doctor. Quiere sentarse, va a salir mi hija Inés en la tele. -No, ya me gustaría, tengo que hacer una visita. Venía a hablar contigo. Que nos han dicho que no a poner la película en el bar. ¿Qué película, la de la asociación? Sí. ¿Y qué quiere en estos pueblos? -Ya, pero estamos hablando de la salud. En concreto de la salud de las mujeres. En Madrid todavía, pero aquí no están acostumbrados a hablar de esas cosas. -Es increíble. Merce. Sí, es que estábamos apunto de ver a mi hija. -No podemos tirar la toalla. Que no, Fermín, de verdad. Que paso a paso, iremos poco a poco. ¿No te quieres quedar a cenar? -No, muchas gracias. Adiós, Fermín. -Adiós, que aproveche. Adiós y buen viaje. -Adiós. Adiós y gracias por todo. Hija, qué médico tan inoportuno. Madre. Además, no parece médico ni nada. Por Dios, no seas tonta. -Y me decía: "sigue, nena, que lo consigues. Porque tú también vales mucho, nena." Massiel no ha vuelto a hacer otra cosa desde el "La, la, la". -Pues como te queremos mucho te vamos a reservar para nuestro final musical. Y ahora tengo aquí... Ahora. Ahí está. -¡Eh! -¡Qué guapa! Está más guapa que la mar. Callaros, callaros. -Es una excelente actriz con una espléndida carrera por delante. Para entrevistarla hemos traído a un hombre que la conoce mucho. A José María de Juana que es redactor de "Garbo". José María, cuando quieras. Mira, mira qué cara pone. Está nerviosa, ¿eh? -Me consta que eres muy tímida. Ahora, yo no acabo de entender cómo se puede compaginar eso con el desnudo en la pantalla tal y como tu madre te trajo al mundo. ¿Que va a salir en cueros la niña, Merche? Espero que no. ¿Pero qué ha dicho entonces? -Procuro dejarme fuera los miedos y las inseguridades, claro. Pero quiero aclarar que yo sólo he hecho un desnudo y ha sido en teatro. Que en cine todavía no he hecho ninguno. En "Agujas de hielo" que es la película que estrenamos hay momentos intensos, pero no hay nada de desnudos. Qué guapa. Está nerviosa. -Lo de desnudarse se puede hacer de muchas maneras, no tiene por qué ser solamente físicamente. Mi personaje a lo largo de la película se desnuda emocionalmente en varios momentos. -¿Te has planteado la llegada de la primera arruga? -Ya verás, mañana te paran por la calle. -Anda, anda. -¿Qué? -No digas tonterías, hombre. -¿Tu sabes la de gente que te estará viendo? -Bueno, yo la verdad es que no me lo he planteado mucho. Pero sí, soy consciente de que para una actriz... -Bueno, yo me voy. -¿No te quedas a terminar de ver la entrevista? -Es que voy a perder el tren. -Vaya hombre, ¿y cuándo vuelves? -Pasado mañana. -Desde luego estás estupenda, ¿eh? Es una lástima que no tengamos vídeo para grabarlo. -No sé si lo has pensado pero vas a necesitar un representante y yo soy un lince para los negocios. Me pido primero. -Vale, te dejo en lista de espera. -Hasta luego. -Adiós, guapo, buen viaje. -Adiós, Marcelo. -Bueno, brindemos. -¿Tú qué harías si ahora al salir de Prado del Rey te encuentras en la puerta con el sátiro de la gabardina? -Pues no sé, no sé, le diría que se tapara no vaya a ser que coja frío. -¿Quién es para ti el hombre más guapo de España? Pues quién va a ser, su padre. (RÍEN) -Sí, papá, sí. -No sé, yo es que creo que la belleza está en los ojos del que mira. A mí los hombres guapos no me gustan. Voy por el postre. -Más un hombre interesante, atractivo. Aunque sí, el hombre más guapo de España es mi hijo Oriol que tiene 6 años. Ya me ha quitado el puesto Oriol, anda. -Bueno, tengo suerte, ahora mismo tengo varios proyectos encima de la mesa. Hay uno que me hace especialmente ilusión. -Está nerviosa, ¿eh? Sí. Teléfono. ¿Quién será, por Dios, quién será? -A ver si hay suerte y sale para adelante. ¿Dígame? ¿Quién eres? -Soy yo, Juana. Hola, Herminia, ¿cómo está? Hola, Juana. ¿Ocurre alguna cosa? Sí, ahora mismo se pone. Me alegro mucho de hablar contigo, dale recuerdos a tu madre. Toma. -Sí, sí, abuela. Hola, Juana, qué tal. -Hola, Toni, perdona que te llame así. -¿Ha pasado algo? -No, no pasa nada. Es que estoy en Madrid y mañana vuelvo a Londres. Y a lo mejorte apetecía ver al niño. -Sí, claro que me apetece, ¿pero por qué no has avisado antes? -El viaje ha sido de última hora. Y Sancho ha venido a una reunión del ministerio y nos hemos venido con él. -No te preocupes, es que estoy cenando con todos. Que haya llamado Juana a estas alturas... Callaros un momento. A lo mejor se ha vuelto a arreglar. ¿Toni y Juana? Si ella me parece que vive en el extranjero. ¿Tú sabes algo, heredero? -Pues yo creo que podría estar sobre las 12 o 12:30, una cosa así. ¿Te viene bien el parque donde la otra vez? -Juana, cariño, estamos todos sentados a la mesa. -Sí, ya voy. -Bueno, te dejo, ¿eh? Un beso. ¿Ha pasado algo? -No, no, qué va, me llamaba porque necesitaba el teléfono de un amigo común. Nada, una tontería. Ah, por cierto, que mañana nos vamos antes, ¿eh? Vale. Lo habláis luego. Dejarme que vea el programa que está terminando y no me estoy enterando de nada. -Antes de que me despidáis os quiero dar las gracias a todos. Especialmente a ti, Carmen, que ha sido una entrevista muy divertida. Mira la carita que tiene. -Buenas noches. -Menuda promoción le están dando a tu película, ¿eh? Estará contento el señor Juan Alba. -Bueno, no sé yo. Ya me gustaría a mí que llevaran a mis actrices a la tele una semana antes del estreno. -Sí, la verdad es que es una suerte. -Bueno, una suerte y que tienes una buena madrina. Que empina un poco el codo, pero una buena madrina. -¿Cómo que tengo una buena madrina? -Mujer, M“ José. ¿No sabías que ha movido hilos para que te entrevistaran? -No. No, la primera noticia que tengo. -Vaya, pues raro que no te haya dicho nada. Bueno, todo el mundo lo sabe, M“ José tiene muchos contactos en la tele. Normal. -Oh. Oh. Qué lenguado, Paquita, qué barbaridad. -¿Te gusta? -Oh, increíble. -Pues es que me compré en París un libro de recetas y es lenguado a la meniére. -Ah, pues tu lenguado a la meniére está de muerte. -¿Quieres postre? También te he hecho una tarta. -¿Ah, sí, eh? -Sí. -¿Oye, y por qué no... por qué no nos olvidamos del postre? O lo tomamos luego. -¡Ay! -A ver, eh... Paquita, mira, yo no... no quiero que te pienses... Mira, que tú a mí me gustas mucho. Pero mucho. Y estoy dispuesto a esperar todo el tiempo que haga falta. Pero es que me estás volviendo un poquito loco, cariño. ¿No habíamos hablado tú y yo que no hacía falta esperar a que estuvieras divorciada? -Ya, si no es eso, es que... ¿Tú te acuerdas, Asier, de cuando me explicaste lo de la alineación de los planetas? -Sí. -Bueno, pues es que yo quería que... que nuestra primera vez fuera así de especial. -Pero si va a ser muy especial, de verdad. Ya lo es. -¿Qué pasa ahora? -Pues pasa que yo tengo 3 hijas que están durmiendo ahí. -Pero si no se enteran de nada los angelitos. -Bueno, pues a mí me da no sé qué con las niñas ahí. -Vale. A ver, mira, se me ocurre... que si estás más cómoda a lo mejor lo que podemos hacer es que yo te recoja mañana y vayamos a mi casa de la sierra. -¿Tú tienes una casa en la sierra? -Sí. Bueno, una cosa modesta, tampoco te vayas a pensar. Pero te puedo recoger por la tarde y podemos ir a pasar allí la noche. Y... y podemos ver las estrellas. Y encender la chimenea. Y te puedo cocinar un cordero a la leña que te vas a chupar los dedos. -¿Con leña de encina? ¡Ay! Ay, perdón. Ay, es que me ha dado un pronto. Porque yo tengo un pronto que... Yo voy a ir a por el postre. -Vale. Dice que para consultar el teléfono de un amigo común. Este se cree que somos tontos. Si ya verás como se vuelve a meter en un lío. ¿En un lío por qué? Pues me cago en la leche, porque están separados, Merche, y lo demás son bobadas. Eso es una tontería, ¿cuántas parejas conocemos que después de separarse se han vuelto a juntar? ¿Cuántas conoces tú? Porque yo no conozco ninguna. Conocer de cerca pues tampoco, a ninguna. Pero de las revistas a Elizabeth Taylor por ejemplo. Nos ha fastidiado, porque Elizabeth Taylor era Cleopatra, la reina del Nilo, no vayas a comparar. Qué fría está la cama. Tengo unas ganas que llegue mañana y que Lorenzo me traiga el carromato con la uvas y enseguida prensarlas. Y sigue con el vino. Pues claro, mujer, si es que yo nací para hacer vino pero me di cuenta muy tarde. Ya me veo yo yendo por las viñas, mirando las cepas como si fueran mis hijas. Bueno, qué coño, yo conozco mejor mis cepas que a mi hija Inés. No te digo más. No me extraña. Quién nos iba a decir a nosotros que gracias al tontolaba de tu primo y a Margaret, que sabe de vinos pero está loca... Que no es mi primo, hombre. Bueno, aquí todos somos primos. Ay, me acuerdo mucho estos días de cuando todavía vivía mi padre, que le vendía las uvas a Mauro. Me decía: "Antonio, vamos a llevar las uvas." Me sentaba en el carromato y... Hijo, qué poco tiempo habéis estado. Podíais haberos quedado un poquito más. -Abuela, pues el que he podido, ya me gustaría quedarme más. También podrías venir tú a Madrid, abuela. Madrid se me hace muy cuesta arriba. Ya me he puesto yo muy vaga. Bueno, hijo, adiós. Venga. Un beso, abuela. Venir en moto desde Madrid. Despídeme de papá. Si se ha ido escopetado, le iba a llevar Lorenzo las uvas. Ya lo sé, que está como loco con la bodega. Como loco es poco. -Bueno. Tú, adiós, cariño. ¿Estás bien? -Sí, sí, sí. Venga, sube. Y venir pronto, que esto sin vosotros no hay quien lo aguante. Por Dios... -¿Estás? Sí, agárrate. Madre mía... Ay, madre mía, por Dios. -Parece mentira, es vender su ideología. -Buenos días, Miguel, un café solo. -Ahora mismo. Me da igual ya. -Oye, Miguel, que no es para tanto lo que te estoy pidiendo, hombre. -Ya, pero es que me lo estás pidiendo así tan de sopetón que... -O sea, que no te da la gana. -No, hombre, no, no, no digo eso. No, no, no, pero... -Pues yo estaba pensando, a ver a ti qué te parece, en hacer también un poco de campaña publicitaria. Para pegarle un empujoncito al negocio. No acaba de despegar del todo. -El problema es que esos aparatos son muy caros. -Te equivocas, se pueden pagar a plazos muy bien. Y de aquí a 6 meses todos vais a tener un aparato reproductor. -¿Ah, sí? -Sí, ¿y quién os va a alquilar las películas? Mi menda. -Bueno, ¿sí o no? -Paquita... -Mira, había pensado en camisetas con el nombre del videoclub y aquí abajo con mi careto, ¿eh? Me las podéis hacer vosotros, a precio de socio. -Sí, con tu cara y todo, ¿no? -Oye, ¿me vas a contestar? -¿Y tú adónde vas a salir? Vamos, lo digo porque para pedirme a mí que me quede con las niñas. -Anda, pero bueno... ¿Y a ti qué te importa, Miguel? Yo salgo y punto. Tú no estás diciendo todos los días que te quejas, que tus hijas, que nos las ves. -¿Yo? ¿Que yo me quejo? -¿Entonces me vas a hacer las camisetas, Miguel? -Por favor, Desi, un segundito nada más. -¿Y con quién vas a salir, con el parapsicólogo ese? -Eso no es asunto tuyo. -No, si yo lo digo por las niñas, por si pasa algo. -Claro. -Por estar informado. -¿Tú te puedes quedar con tus hijas sí o no? -Claro que me puedo quedar con mis hijas. Y encantado de la vida que me quedo. -Bueno, pues muy bien. Ya está. -¿Dónde vas? -A hacer unos recados, Miguel. -¿Y los menús? -Los menús... Ahora vengo y cocino. Mira que te pones pesado, ¿eh? -Adiós, Desi. -Adiós, Paquita. -Adiós. -¿Bueno, qué, entonces esas camisetitas? -Ay, qué sí, que te las hago. -Ponme otro carajillo, por favor. Timbre de la puerta. -Hola. -Hola. -¿Inés Alcántara? -Sí, soy yo. -Pues esto es para usted. -¿Para mí? -Sí. ¿Le importaría echarme una firmita aquí? -Claro. -Gracias. Nada, que tenga un buen día. -Igualmente, adiós. (LEE) "Estuviste fantástica en la entrevista de ayer. María José." -¿Qué haces aquí? -Estaba preocupado, como no te despertabas. -Es que ayer trabajé hasta muy tarde. Márchate. ¡Mamá! -Se ha ido temprano, tenía que hacer unas visitas en Ávila. ¿Quieres un café? -Quiero estar sola. -¿Te he dicho alguna vez que estás preciosa? -Gerardo, fuera. ¡Que te marches, por favor! (SUSPIRA) Vamos a tener que comprar uva a medio pueblo. A ver si conseguimos hacer un buen vino y no nos pille muy mayores. -A ver si viene este Lorenzo. Me extraña a mí que tarde tanto, es muy puntual. -En este país la puntualidad. Ya sé que en Inglaterra sois perfectos. -Allí sabemos lo que es un reloj. ¿De qué me sirve si no tenéis idea de lo que es una uva? Mira, ahí está. -Qué hay, buenos días, Lorenzo. -Buenos días. ¿Cómo es que no traes el tractor? -De eso venía a hablar. ¿Dónde están las uvas? -Es que las cosas se han complicado. Pues yo no le veo la complicación. Hemos hecho un trato, te he pagado la señal y no veo las uvas. -No te preocupes. ¿Dónde las tienes? -No, me refiero a la señal. Aquí la tienes. Cuéntala, está todo. Pero qué coño me estás haciendo, que nos conocemos desde niños. Guárdate eso, no me ofendas, guárdate eso. -Antonio, qué más quisiera yo que venderte las uvas a ti. Pero estoy atado de pies y manos. No me jodas que se las has vendido a Mauro. Pero cómo le vendes las uvas a Mauro, que sólo las quiere para granel. -Se las he vendido toda la vida. Y cuando se enteró que estaba en tratos contigo se ha puesto hecho una furia y... Bueno, para qué te voy a contar. Por favor, tómala y tan amigos. No lo cojo, y estás estropeando todo lo que estamos intentando aquí. -No puedo hacer nada. Por favor, cógela. Mira, Lorenzo, para mí sigue siendo un trato. Así que esta tarde quiero las uvas aquí, ¿estamos? Esta tarde sin falta. A ver si no vas a tener tú palabra. Vamos. -Si no puedo hacer nada. Ahora te lo cuento. Te digo yo que le pasa algo pero no suelta prenda. Bueno, ya sabes que Toni es un hombre. Y como todo hombre no le gusta que se sepa si siente o si padece. Cuando él te lo quiera contar te lo contará. Si es que de pequeñín era tan transparente. No me acostumbro a que crezcan y cambien tanto. Ya. Bueno, yo me tengo que ir a la iglesia. ¿A la iglesia a estas horas? Sí, estamos de limpieza. No veas cómo está aquello, hasta ratones hay. También don Benito podía coger la escoba de vez en cuando, no se le iban a caer los anillos. Pero también es muy hombre para eso, no coge una escoba así lo maten. Pues yo voy a ir al bar a ver si convencemos al dueño que nos deje dar la charla, que en este pueblo... Pero esas charlas aquí van a ser difíciles. Porque hay mucho pudor, no es como en Madrid, ¿eh? El pudor hay que dejarlo de lado con las cosas importantes. Estamos hablando de la vida. Sí que es verdad. A mí no me gustaría que viniera un señor con barba a hablarme de mis pechos delante de todo el mundo. Yo he perdido la vergüenza ya. Me voy a la iglesia, que estas estarán pensando que no voy a ir a trabajar y me estará poniendo... -¡Ah! -¡Chis, chis, calla, calla! No seas tonta, que tu madre no está. (LLORA) -¡Chis, calla, calla, calla! Venga, cariño, que lo estabas deseando. -¡Qué no, qué no! -¡Sí! Sí, tú eres una chica liberada y tu madre no tiene por qué enterarse. (CHILLA) -¡Chis, eh, calla, calla, calla! ¡Calla! (CHILLA) Golpetazo. -¡Ah! ¡Ah! ¡Karina, Karina! -¡Ay, hija, por Dios, ten un poquito más de cuidado, hombre! Ya está bien, ¿qué pasa? -Se ha dejado las llaves. -¡Ah! ¡Hija, por Dios, que por poco me tiras! Ven aquí, ven aquí. ¿Qué te pasa? Pero, Karina, tranquilízate, qué ocu... ¿Qué ocurre? -Vamos, respira, respira hondo. Respira, respira. Así, poco a poco. -Entonces, ¿la película que vais a poner en la televisión salen mujeres en cueros? -Hombre, en cueros en cueros... No es una película de destape, a ver si me entiendes. A ver, lo que queremos es enseñar a las mujeres a reconocerse. -A tocarse. Hombre... -Aquí, delante de todo el mundo. Menuda indecencia, desde luego que... que... A mi mujer sólo le veo los pechos yo. -Pero que aquí nadie va a enseñar los pechos. Vamos a poner una película y después Mercedes y yo respondemos las preguntas. -¿No tenía que estar en su consulta? -En vez de estar enseñando mujeres en cueros. Por Dios, no sea retrógrado. -¿Qué? Seré lo que tú quieras, pero con mi mujer no contéis. Y mi mujer no tiene nada de eso. Pero que esto no es un castigo de Dios, ¿eh? Esto es una enfermedad que le puede pasar a cualquiera. -Adiós, muy buenas. Yo no sé lo que enseñan en la universidad ahora, pero los médicos antes por lo menos eran médicos. -¿Será posible? Tarugo. No les hagas ni caso, vamos. ¿Sabes qué? Que esto les interesa a las mujeres, ¿verdad? Pues a quien hay que convencer es a las mujeres. Y ya está. Ay, de verdad, qué ganas tengo de volverme a Madrid. -¿Pero estás segura? -Claro que estoy segura. Si intentó desabrocharme la camisa. -Dios mío. ¿Pero cuántos botones, todos? -¿Cómo? -Ah, perdona, perdona que no sé lo que me digo. ¿Quieres que hable con él? -No, no. Lo que quiero es no volver a verlo en la vida. -Madre mía, menudo disgusto que se va a llevar tu madre. Mira que se lo tengo dicho: "Yolanda que estás viviendo en pecado con ese hombre, no tienes la bendición de Dios." Y ella ni caso. Lo raro es que esto no haya pasado antes. -¿Pero qué tendrá que ver una cosa con la otra? -Mucho, hija, mucho. En estos tiempos parece que todo vale, que podemos vivir de cualquier manera. Y no es así, hija, no es así. Y, claro, luego pasa lo que pasa. Que ese hombre no es tu padre, es un extraño. Y te ve todos los días por casa. -¿Que me ve cómo? -Pues eso, joven y... guapa. Eres una tentación. -Bueno, mire, yo mejor me voy. -Karina, Karina, ten en cuenta que la carne es débil. Y ya sé que tú no eres de esas, pero a lo mejor le has mandado señales sin darte cuenta. -Una vieja y un viejo van pa' Albacete, van pa' Albacete. Y en mitad del camino va y se la mete, va y se la mete. La mano en el bolsillo y saca un billete, saca un billete. Por favor, Aniceta, que estamos en una iglesia, hija. -Es verdad, perdona. -Oye, ¿cómo es esa, la de los frailes? -Doce frailes en un convento, veinticuatro pelotas, doce instrumentos. ¡Aniceta, no seas burra! -Es eran mucho más graciosas las canciones que cantábamos antes que estas ahora en inglés. -Vas a comparar. Huy, qué cuadro, qué triste y qué oscuro está. Cualquier día me traigo yo unos pinceles y lo restauro yo misma. Ni se te ocurra restaurarlo. Es una pintura muy delicada y la vas a dejar hecha un ecce homo. Buenas, Esther. -Buenas. Hola a todas. -Hola. Hola, hija. -Hola, madrileña, ¿viene a echar una mano? Bueno, si hace falta. Pero no, vengo a deciros que Fermín el médico y yo estamos organizando una charla. -Ah, sí, el que quiere que nos toquemos las tetas allí mismo. Aniceta, que es algo mucho más importante. Yo creo que no debes de hablar eso en la iglesia, ¿no? Pues tiene razón mi madre. ¿Por qué no venís a casa esta tarde, eh? Y hablamos allí. -Si es en tu casa yo me animo. -Y si tú me pones una copita yo voy adonde sea. Pues entonces copita para todas. Os espero, ¿eh? -Vale, espéranos. Hasta luego. Adiós. ¿Es aquí? -Sí, sí, es aquí. Madre mía, vaya tute, uf. -No, si hemos llegado pronto y todo. Muchas gracias por traerme, Carlos. Nada. Oye, Toni. -Dime. Escucha, ¿has pensado ya cómo se lo vas a decir a papá y a mamá? Porque en algún momento se lo tendrás que decir. Cuanto más tiempo tardes en decírselo a papá y a mamá más se van a cabrear, y con razón. -Gracias por traerme. Luego te llamo. -Mira a ver si puedes pasar lo de la huelga de los futbolistas a la segunda hora de programa, ¿de acuerdo? -Lo intento. Teléfono. -¿Sí, dígame? -Hola, M José, soy Inés Alcántara. -Hola, Inés, cariño. ¿Cómo estás? Perdona un momento. Ángela, si no te importa miramos eso luego. -Claro. -Por cierto, ¿te han llegado las flores? -Sí, te quería dar las gracias, por las flores y por la entrevista. Pero no tenías que haberte molestado. -Nada, mujer, no te preocupes. Es un pequeño empujoncito a tu carrera, nada más. Por cierto, ¿te han llamado de "Casablanca"? -¿Cómo? -Sí, mujer, la revista de cine. Les he llamado para que te hagan una sesión de fotos. Sales en el número del mes que viene. En la sección, cómo se llama... Ah, sí, "Mañana serán estrellas". Me han dicho que te van a dedicar 3 páginas y una foto en portada. -Oye, M José, de verdad que te quería agradecer todo lo que estás haciendo por mí, pero verás, es que no me hace sentir muy cómoda todo esto. -Tonterías, Inés, tonterías. Tú aprovecha ahora que estás en la cresta de la ola. Sabes, siento que no nos hayamos podido ver desde que estuvimos en Valladolid. Nos quedaron muchas cosas por hablar. La verdad, creo que bebí más de la cuenta y... y no me acuerdo de casi nada. ¿Por qué no hacemos una cosa? ¿Tú haces algo esta tarde? -Pues sí, mira, tengo que estudiar mucho. No voy a poder quedar. -Lo digo porque a las 20:00 presentan el libro de una amiga en el Hotel Liber. Vente y hablamos un rato. -Ya, pero es que estoy preparando un personaje, estoy liadísima. -Hazme un hueco. Después de todo lo que estoy haciendo por ti. Venga, nos vemos allí. Te dejo que tengo mucho trabajo. -Adiós. Joder. -Pero mira qué manos más grandes tienes ya. Pero si es que estás gigante. Se está poniendo muy guapo y muy grande este niño. Es un tío ya muy grande. No te he comprado nada, Santi, porque como tu madre no me ha avisado. Si me hubiera llamado para decírmelo. -Lo siento. -¿Sabes lo que vamos a hacer? La próxima vez que vengas te voy a comprar un camión... ¿Qué te gusta más un camión o un avión? -Un avión. -¿Un avión? ¿Tú sabes hacer el avión? -Sí sabe, sí. Pones los brazos así. Pon los brazos así, que vamos a hacer el avión. (RÍE) Abre los brazos. Abre los brazos. ¡Ah, muy bien! ¡Muy bien! -Hola. -Hola. -Hola, Toni, ¿cómo va? -Bien. -¿Qué haces aquí? ¿Ha pasado algo? -No, nada, que habíamos quedado a comer con mis padres. -Sí, pero todavía es pronto. -A mamá la gusta comer pronto. -Ya, pero no tan pronto. -El niño tiene que comer antes. ¿A que tienes hambre, Santi, a que sí? -¿Que no puede comer con nosotros? -¿En la mesa? -Sí. -Bueno, en mi casa los niños comen en la cocina. -Eso será en la tuya, en la mía no es así. -Anda, vámonos. Ven aquí, ven aquí, vente con papá. La abuela Mari te ha comprado un tarta de chocolate que te va a encantar. -Venga, anda. Nos vamos a ir, ¿eh? Te aviso cuando volvamos. -Bueno, dame un besito, ¿eh? -Dale un besito. -Te traigo un avión, ¿eh? Que no se me olvida. -Sí, adiós, adiós. -Adiós, Toni, me alegro de verte. -Adiós. -Habrá que buscar las uvas en otro sitio. Pues no señor, no se va a buscar las uvas a otro sitio porque no hay porqué. -¿Y por qué siempre dices "no, no, no"? Pues porque no puede ser. Si yo digo que no es que no puede ser y ya está. -Tú dirás qué hacemos, porque yo he invertido todo mi dinero en la bodega. No me restriegues más el dinero que has puesto que yo he puesto lo mismo que tú. ¿Qué quiere que hagamos si nos han engañado como a dos tontos? Seguro que Lorenzo aparece con las uvas. Me extrañaría muchísimo. No tiene cojones porque no es un asunto suyo, es un asunto de Maurín que los tiene a todos amenazados. -Y Maurín es una especie de... Aquí le llamamos cacique de tomo y lomo, no sé cómo lo llamarás tú. Tienes razón, en este país ni democracia ni leches, aquí siguen mandando los de siempre y se lo pasan todo por el forro. -En tiempo de mi abuelo esto lo resolvían a tiros. Pues no me extraña, habría que hacerlo. -Igual que aquí. Claro. ¿Y no hay más uvas? No, en el pueblo no. Y fuera del pueblo sí hay pero no tan buenas. Y todo el mundo sabe que estamos necesitados y nos van a cobrar ahora el oro y el moro. -What? -The gold and the moor. Una forma de hablar. ¿El qué? -The gold and the moor. Eso. Sentaros a la mesa, que está ya la comida. No me ponga cubierto, que yo me marcho. ¿Adónde vas? A hacer algo. No voy a estar aquí sentado mientras me quitan las uvas. ¿Y te vas a quedar sin comer? -Antonio. Ya habrá tiempo, hala. -Tendría que haberme traído la pistola de mi abuelo. Oiga, Margaret, mientras esté usted en esta casa por Dios no nombre armas ni tiros, que ya tuvimos bastante. Bueno está lo bueno. Timbre de la puerta. -Carlos. ¿Pero bueno, qué es lo que pasa? Pero, Karina... Pues cómo va a estar, destrozada. Sí, está aquí, lleva un rato en la ducha. Lo peor de todo es que lo veía venir. No, creo que no, su madre no sabe nada. ¿Entonces qué, tiene que denunciar o no? -Sí, sí, que denuncie, para que quede constancia. Eso le he dicho yo. Escucha, Toni, le voy a decir que se quede el tiempo que haga falta. No te importa, ¿no? -Qué me va a importar, que se quede lo que quiera. Si necesitas algo me llamas. No te he preguntado, ¿qué tal con mi sobrino? -Bien, Carlos, bien, muy bien. Está muy guapo, está muy gracioso. De verdad que siento mucho que no lo hayas podido conocer. A ver si pronto se soluciona todo esto. Te voy a tener que dejar que sigo trabajando. Dale un beso a Karina. Adiós. Perdona, era mi hermano. -Nada. Toma, esta es la escaleta del programa de hoy. -Ah, muy bien. -¿Bueno, qué, qué tal en el pueblo? -Bien, en el pueblo bien... Ya pensaba que te quedabas allí a vivir. -Sí, con la familia. Lo que me faltaba. -¿Te apetece que nos vayamos a comer juntos? Me muero de hambre. -Sí, claro, sí. Invitas tú, ¿eh? -Muy bien. -Toni. -Dime. ¿Te he dicho que he pensado mucho en ti? Después de comer podemos ir a mi casa a tomar café. Oye, por cierto, ¿tu hermana le está siguiendo el juego a M José? -¿Mi hermana? ¿Por qué? -Porque hoy la ha llamado y no veas lo contenta que se ha puesto la jefa. -Me extraña. -Que sí, que sí. -Hola. -¡Pero bueno, qué sorpresa es esta! ¿Pero quién ha venido a verme? ¿Quién es este niño tan grande que ha venido a verme? -Mira, esta es Ángela. Juana. Te presento a Santiago. Mira qué niño tan grande. -Hola, Santiago. -¿Podemos hablar? -Sí, sí, claro, sí. -Bueno, os dejo solos mejor, ¿no? Vale. -¿Y esa cosa tan bonita? ¿Has visto esto que es de la radio donde trabaja Toni? -Toni, ¿te importa si nos quedamos unos días en tu casa? -¿Pero no os ibais esta noche? -Sí, pero hemos cambiado de planes. Eh, claro, no pasa nada. ¿Has discutido con Sancho? -Más o menos. ¿Nos podemos quedar? -Sí, claro, o sea... Bueno, hay un poco de lío en casa y... ¿Has visto el teléfono? Pero, vamos, que yo lo soluciono, que te puedes quedar. El tiempo que queráis, vamos. -Gracias. Mira, mira qué tiene aquí, anda. -¿Oye, te vas quedar conmigo unos días? -Seis, cuatro. -Señores, aquí tienen, dos coñacs. -Gracias, Rafa. -De nada. -Ahí va eso. Qué hay, Trucha. Muy buenas, señores. Coño, qué tal, Alejandro, ¿la familia bien? -Bien. Bueno, vamos a ver, necesito 5000 kilos de uva. Si alguien decide vendérmelo estoy dispuesto a mejorar el precio. -Yo te la vendería, pero la tengo apalabrada. Eso aquí no importa, hombre. Tú dime a qué precio te la pagan que yo te la subo. -No hago las cosas así. Pues serás el único. -Antonio, no tienes por qué ofender. Si tienes algún problema con alguien lo dices y lo resuelves con él. Qué fácil resultan las cosas así, alcalde, qué fácil, claro. ¿Con quién tienes apalabrada la uva? -Con Maurín. -Como todos. Ya. -Ya sabes que Maurín tiene la bodega más grande de la zona. Pero hace un vino de mierda, alcalde, un vino de mierda. Y luego lo mete en garrafas y lo vende a los bares de Madrid. Nosotros tenemos un proyecto diferente, queremos hacer un buen vino. Y además queremos comprar la uva por calidad, que parece que no entendéis nada. -Eso está muy bien, pero no para aquí. Aquí siempre hemos hecho las cosas de otra forma. Aquí se han hecho siempre como quiere Maurín. Y como quería su padre y como su abuelo. -Vale, vale, Antonio. Mira, aún tengo aquí tu señal. Sois testigos de que se lo devuelvo. Que te guardes el dinero, coño, primo, joder. Que ese dinero es tuyo. ¿Dónde está la uva? ¿Dónde está la uva, joder? -¡Eh, Antonio! ¡Que ya está bien! -Ya no la tengo yo. Está donde Maurín, en la finca. Anda, coge esto y dejémoslo ya. Mira que eres tonto, primo. -Venga, vamos a seguir. -Venga. -No te preocupes, ya verás como Antonio consigue arreglarlo todo. Es un hombre muy decidido. A mí no me preocupan las uvas, me preocupa él. -A saber qué estará haciendo ahora. Tenías tú que haberlo acompañado, Rodolfo. Mi yerno es capaz de armar la marimorena y todo por las dichosas uvas. Si las uvas es lo de menos, madre. Ya lo conoces. Que es el orgullo que tiene. -Oh, el orgullo español. El orgullo español o lo que sea. Que tú no lo entiendes, Margaret, que esto es un pueblo. Que llevamos muchos años aguantando muchas cosas y no se termina de arreglar, no sé lo que pasa. Y a lo mejor al final otra vez a empezar a vueltas con lo mismo. Bueno, a ver. ¿Qué ha pasado? Hola, ¿qué ha pasado? ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha pasado? ¿Qué buscas, Antonio? ¿Qué es lo que buscas, Antonio, por Dios? Esto busco. ¿Para qué quieres eso? Voy a ir a por lo que es mío. No te preocupes, no me he vuelto loco, lo tengo todo pensado. Socio, ¿me ayudas con el tractor o te vas a quedar ahí? -¿Qué quieres hacer? Iba a tomar un café ahora. Pues te lo tomas luego. -Claro, coño. -Vale, vale. Venga, vamos. -Antonio es todo un hombre. Qué poca vergüenza. He preparado unos espaguetis. Tienes que comer un poco. -Gracias, Carlos, pero no me entra nada. No sé, me siento tan rara, tan... Ha sido todo tan asqueroso. Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras. -Gracias. Oye, ha sido la primera vez que te ha tocado, ¿no? Ya. Vaya cabronazo. Me hubiese gustado estar ahí para romperle la cara. -Y mi madre ciega. No sé si es que no sabe o no quiere saber. ¿Se lo vas a decir? Karina, esto tienes que denunciarlo. -Ya, ya lo sé. Pero ven conmigo, por favor. Claro, claro que voy contigo. -Qué asqueroso. Que hijo de puta. -¿El problema con Sancho ha sido por mí? -Yo creo que desde que te vio supo que tú eras el padre. Y cuando me lo preguntó no le pude mentir. Yo pensaba que Sancho era distinto, pero cuando te ha visto esta mañana con el niño en el parque... se ha vuelto loco, no sabes cómo se ha puesto. Nunca le había visto así. Me ha dado miedo. Me ha gritado delante del niño. -¿Pero este tío qué se cree? ¿Por qué se pone así? -No lo sé, no puede volver a pasar. -Hay que ver, qué niño más bonito tenéis. Es más lindo. Sabes que me recuerda tantísimo a ti cuando eras pequeño. Con las ganas que tenía yo de conocerle. -Gracias por dejar que me quede. -De nada, el tiempo que haga falta. Lo que necesites. Estamos encantados de que estés aquí. -Yo me tengo que ir a la radio, en cuanto termine vuelvo. -¿No quieres comer nada? -No, he picado algo, no me da tiempo. Luego tenemos que hablar, me tienes que contar qué pasa con M José. -Eso quisiera saber yo. ¿Tú sabes que la entrevista de ayer me la consiguió ella? -Yo no te voy a decir nada, Inés, que ya la conoces de sobra. Hala, cuidadito, ¿eh? Adiós. -Adiós. -Y entonces intentó besarla. -Sí. Y quitarme la ropa. Y luego me tiró sobre la cama y... -¿Le provocó algún daño físico? -No. ¿Había testigos? ¿Qué testigos iba a haber? -Deje hablar a la denunciante. -Ya le he dicho que estaba yo sola con él en casa. -Ya, pues entonces poco se puede hacer, ¿eh? -Pero le he dicho que intentó forzarme. Primero entró en mi habitación cuando yo dormía y le eché. Pero luego cuando quise irme de casa volvió a entrar y... quería besarme y quitarme la ropa. Me tiró sobre la cama y... -No llevaba sostén, ¿verdad? -¿Cómo dice? -¿Cómo le llamáis a eso ahora, estar liberadas? Eh, espere un momento. -Mire, joven, si va pidiendo guerra luego no se extrañe. -¿Pero qué se ha creído? ¿Qué insinúa? -Que aquí nos dedicamos a cosas serias. Firme su denuncia si quiere. Su copia. Y hágame caso, no vaya contando esto por ahí. Luego la gente va a ir hablando de usted y va a ser peor. Dentro de poquito os lo va a leer papá, porque está a punto de llegar. Muy bien, esta casita te ha quedado un poquito torcida. ¿Y tú el dibujo qué tal? Ay, qué de rojo. Se lo podéis regalar a papá cuando venga. -Vale. -¿Vale, se lo vais a regalar? Timbre. Si es que viene. -Hola. -Ya pensaba que no venías. -¿No habíamos quedado a las 18:00? -Y son y media. -¿Sí? -¿Y media? Se retrasa el reloj. -Sí, sí, sí, ahora mismo bajo. Miguelón te he dejado aquí apuntado el número donde voy a estar. Sólo me llamas si pasa algo. -¿Dónde vais? -Donde a ti no te importa. -No, si lo digo por llamar. -Ya. -No te creas que me importa. -Te he dejado la cena de las niñas preparada. Sólo la tienes que calentar en el microondas. -¿En el microondas voy a calentarlo? Yo no utilizo ese aparato. ¡Ay, estas niñas! ¡Huy, quién ha venido a jugar con las niñas y a quedarse con ellas toda la noche? -No quiere quedarse. -Un besito a papá. -Un besito, un premio a la que me dé un besito. -Venga. -¡Ay, ah! ¡Ay! -¿Qué pasa, Miguel? -Oh, la espalda, la espalda. -Miguel, no me fastidies que me tengo que ir. -No, Paquita, que no estoy de broma, que me ha vuelto a dar. ¡Joder, ay, me duele mucho! ¡Ah, oh! -A ver, ¿dónde te duele? -Donde siempre. No os preocupéis, hijas, que esto se le pasa en un momentito a papá. ¡Ay, ay, ay! En cuanto descanse un poquito nada más. -Venga, vamos a subir las piernas despacito. -Ah, cuidado, cuidado, cuidado. -Así. Ay, ay, ah. -Así, ¿mejor? -Sí, mucho mejor. -Pues así te vas a quedar y dentro de nada estás recuperado. -Sí, sí. -Portaros bien. -Paquita, no me irás a dejar así. -Bueno, ¿y yo qué quieres que haga? Timbre de la puerta. -Con lo bien que estaba en Londres. -¿Y qué hacías allí? -De freelance para una revista. Pero a Sancho no le hacía mucha gracia. -¿Y eso por qué, no le gusta que trabajes? -Es un poco tradicional. Dice que con lo que gana él en la embajada es suficiente. -Ah, que es de los de en casa con la pata quebrada, ¿no? No sé, Juana, pero por lo que me has contado parece un poquito antiguo, ¿no? No te pega nada. -Ya lo sé. -¿Qué, qué tal voy? -Muy guapa. -Qué bien. Oye, no creo que tarde mucho, de todas formas tienes la nevera llena de comida, ¿vale? Siéntete como en casa. -Muchas gracias, ¿eh? -De nada. ¿Cierras tú la puerta? -Sí. -Adiós. -Adiós. Adiós. -Vamos a intentar con esto hacer una pirámide para que tus hermanas la intenten dibujar igual. -¡Ah, ah! -¿Te duele mucho, Miguel? -Ah, ¿tú qué crees? -¿Sabes que los mayas los llaman kampach? -¿Qué? -Dicen que el lumbago está relacionado con la falta de equilibrio entre cuerpo y mente. -A ver, ya estoy aquí. -No, no, no me toques, por favor te lo pido. No me toques, dámelo, ya me lo pongo yo. Ay, ay, ay, muchas gracias, Paquita. ¿No tendrás un relajante muscular? -¿Un qué? -Una de esas pastillas que me tomo yo cuando me da el ataque. -A lo mejor deberías probar con la medicina natural. -¡Ay, no me toques los huevos con la medicina natural! Ay, ay, ¿tienes o no? -Qué voy a tener, hombre, Miguel. -¡Ah! -¿No tienes tú en casa de Antonio? -No, se me ha acabado. -¿Quieres que vaya a la farmacia? -Ah, ay, ay. -No, hombre, no, ya voy yo. -Ay, qué suplicio. Ay. -A ver, te leo esto, ¿quieres? -¡Aaaaaaaah! -Asier. -Dime. -¿Me puedes hacer un favor? -Sí, lo que quieras. -¿Tú podías sacar de aquí a las niñas y llevarlas a la habitación a lo mejor? -Sí, ¿vamos a la habitación? ¿Vamos al cuarto? ¿Os enseño cómo se dibuja una luna? Y las estrellas, los planetas, todo. -Resulta conmovedor para mí presentar un libro como este en el que se retrata con viveza las dificultades que encontramos las mujeres para abrirnos hueco en el ámbito de los medios de comunicación. La sociedad ha avanzado y poco a poco las mujeres han conseguido hacerse un hueco en este mundo predominantemente machista. Pero todavía nos queda mucho camino por recorrer. Es necesario que nosotras las mujeres nos mantengamos unidas, nos apoyemos entre nosotras para conseguir que... -Eres Inés, ¿verdad? -Sí, ¿nos conocemos? -Perdona, soy Elisa. -Hola. -No sabes lo mucho que me habla de ti M“ José. Lo vuestro debió ser muy intenso. -¿Perdona? -Mujer, conmigo no hace falta que disimules. -Minerva Caballero. -Si él trabaja por las tardes. Es igual, date prisa, no vaya a ser que vuelva. ¿Estos libros te los vas a llevar? -No, no, eso no. Puerta cerrándose. -¿Karina? -Mamá, estamos aquí, en la habitación. -¿Me puedes explicar qué es lo que ha pasado? -Hola, Karina. -¿Qué hace este aquí? -Gerardo me lo ha contado todo. Y yo no quería creérmelo. Tú no serías capaz de hacer una cosa así. -¿Pero qué dices? -Explícaselo, explícale que todo ha sido un malentendido. Carlos, te importa dejarnos, es que es un asunto de familia. -No, Carlos se queda. Mira, mamá, me parece increíble. O sea, que Gerardo intenta forzarme y tú te pones de su parte. -¿Pero cómo puedes decir eso? -Tú cállate que no quiero saber nada de ti. -Karina, no te pongas así. -¿Por qué le crees a él y a mí no? -Porque no llevas razón. ¿No te das cuenta de que Gerardo sólo te quiere como un padre? -Vámonos, Carlos. -¿Por qué me haces esto? Llevo toda la vida sola, luchando para sacarte adelante. Y ahora que encuentro un hombre que me quiere... ¿Por qué me haces esto? -Vete a la mierda, mamá. Iros a la mierda los dos. -Karina. -Carlos, tú eres su amigo, por favor. Por eso, porque soy su amigo. -Ah. Ah. ¡Oh! Joder con los mayas. -Ay, ¿lo ves? -Ah. -¿Pero tú cuándo has visto un maya con lumbago? -Asier, yo no he visto un maya en mi vida, ni con lumbago ni sin lumbago. Sigue, sigue por ahí. Ahí, cuidado. -Voy otra vez, ¿vale? Coge aire. Suelta ahí. -¡Ah! -¿Qué hacéis? -Asier me está dando un masaje que le enseñaron los indios en el Perú. -En Chichen Itzá, es un masaje maya, Paquita. -Ah, ¿y las niñas? -Ahí en el cuarto jugando. -¡Ah! -Bueno, Miguelón, aquí tienes tus medicinas. -No sé si al final las voy a necesitar, Paquita. Porque la verdad es que con este masaje me estoy empezando a encontrar divinamente. ¡Ah, ah! -Eh, ni se te ocurra incorporarte. Ahí toda la noche. -¿Qué? -No me jodas, ¿no me puedo mover? -No te puedes mover, no. -No sabéis cuánto siento haberos arruinado el plan. -Ya. -Igual si salís ahora os da tiempo. -Claro, ¿y quién acuesta a las niñas? ¿Y quién está pendiente de ellas si se levantan? ¿A ti no te importa dejarlo para otro día? -No, no, qué remedio. No te olvides, eh, toda la noche ahí quieto. -Qué sí, no me voy a mover. -Vale. -Y aquí, en fin... -Espera, espera, espera. Que qué pena porque a mí me apetecía mucho ir a la sierra. -A mí también. Pero lo podemos dejar para el fin de semana, ¿no? -Oye, este fin de semana no me puedo quedar con las niñas, que tengo una reunión en Sevilla. -¡Miguel! -La cancelo, la cancelo. Aquí las tiene. Vale. -Antonio, ¿seguro que están aquí las uvas? Seguro, vamos, si no las ha tirado a una cuneta para que se pudran. -No, hombre, no, ¿y por qué iba a hacer eso? Pues para jodernos. Ahí están, pudriéndose al sol. A ver, encima les pone un candado el desgraciado. A ver. -¿Estás seguro, Antonio? Yo sí estoy seguro, ¿estás tú seguro? -Sí, claro. Si no te podías ir a tu casa. A ver. Aquí. A tomar por saco. Este año ha venido muy escasa la cosecha de girasol. No tenía que haberle dejado marchar. ¿Y qué otra cosa podías hacer, hija? Si por lo menos estuvieran aquí los chicos. -Tranquila, está con Rodolfo. Ya. -Venga, vamos, Antonio. ¡Ahí está! Venga. Arranca el tractor. Vamos, venga, vamos. Timbre de la puerta. -¿Quién es? -Juana, abre, por favor. Juana, por favor, ábreme. -¿Cómo sabías que estaba aquí? ¿Me has seguido, Sancho? -Sí, lo siento, ¿vale? Necesitaba saber dónde ibas. Juana, por favor, tenemos que hablar. Yo sé que las cosas no han ido bien. Compréndeme que para mí también ha sido muy difícil. Yo quiero a Santi como si fuera mi hijo y no quiero perderle. Por favor, vamos a intentar ser una familia. Por favor. Esto ya está fermentando casi. Venga, tira para atrás. Vamos. Un poquito más. Un poquito más. Rodolfo, dale un poco más, hombre, ¿por qué paras? Un poquito más. -Antonio. Hola, Mauro. -Coño, si eres tú. Me han dicho que han intentado entrar a robar. Pero me figuraba que eran forasteros. ¿Y te has traído a ese? -Hola, Maurín. -Podrías haberte buscado mejores socios. Vamos a tener la fiesta en paz, no he venido a robar nada. Estas uvas son mías, tengo un trato con Lorenzo. -¿Tienes algún contrato? No, no me hace falta, tengo su palabra y además le di la señal. -Antonio, sal de aquí inmediatamente. No, si me voy a marchar, pero con mis uvas. -Me cago en la leche... Parriba, no me toque las pelotas. ¿Desde cuando me llamas tú a mí Parriba, desgraciado? ¿Te llamo yo a ti Cagarranas que es como te llamaban de pequeño? ¿A quién vas a llamar, a la Guardia Civil que la tienes comiendo en la mano? -Qué cojones la Guardia Civil, eso lo arreglo yo mismo. Quita el coche. -¡Que te calles! -¡Joder, la madre que lo parió! ¿Pero qué haces con una escopeta? ¿Qué te crees que es esto, el 36? Guarda la escopeta. Si es que los hombres son incapaces de arreglar las cosas hablando. -Por qué, porque al final siempre se trata de ver "who gots the biggest". ¿El qué? -Quién es el más macho. Ah. -¿Se puede? Adelante. -Venimos a que nos des la charla. Muy bien, hija, por fin os habéis animado. -Y tranquila que el anís lo traigo yo. -Oye, ¿al final había que venir con sostén o sin sostén? No te preocupes, que ahora os lo explico. Gracias por venir. Gracias, Manuela. Me alegro mucho que hayáis dado este primer paso que es lo más importante. Vamos a recoger las pipas y empezamos. Parece mentira que con todo lo que ha pasado no te quieras enterar, que aquí las cosas ya no se hacen como tú dices, se hacen de manera diferente, ¿estamos? Venga, hombre, guárdate ese hierro y vete para tu casa. -Antonio, que voy en serio. ¡Antonio! ¡Ni Antonio ni leches! ¡Me tienes hasta las narices, Mauro de mierda! ¡Eso es lo que eres, una mierda untada en colonia, que huele peor! -¡No me faltes! ¿Qué vas a hacer? -Vale, vale ya, que esto se podrá aclarar hablando, coño. No se arregla nada hablando. ¿Qué vas a hacer? -¡Te lo advierto, vete de aquí! ¡Si no no respondo! ¿Me vas a disparar? -¡Antonio! No tienes cojones para disparar. ¡Te tiemblan las manos y no tienes cojones para disparar! Disparo. -¡Coño, estáis locos! Dame, Antonio. -¡Que lo has matado, coño, que lo has matado, Antonio! ¿Qué te pasa, Mauro? Espera, que le está dando un infarto, joder. -¡Tiéndelo, tiéndelo! ¡Mauro! Mauro, por Dios, no te mueras. ¡Mauro! ¡Mauro! ¡Llama a alguien! -¿Hay alguien? ¡Mauro! ¡Joder! -¡Abrid! ¡Mauro, Mauro! ¡Mauro, coño! ¡Mauro, no te mueras! -¡Alguien que nos ayude, coño! ¡Mauro! ¡Joder! -¡Antonio, no hay nadie, coño! ¡Vamos a llevarle al hospital! Espérate. Ya viene, ya viene, vamos, Mauro. Espera, una más. -Al coche, coño. ¡Mauro, eso es, arriba! ¡Arriba con el! ¡Abre la puerta! -Sí, arriba. ¡Abre la puerta, coño! -¡Venga! Mauro, venga. No tengáis vergüenza, que estáis estupendas todas. Levantad el brazo. Os tenéis que tocar con la yema de los dedos. Suave, pero firmemente, dando pequeños círculos en la parte del pecho y de la axila. Del sobaco, ¿eh? Ya sé que muchas de vosotras no estáis acostumbradas a tocaros así. Lo que es importante es que a partir de ahora cuando os lavéis de vez en cuando os exploréis para conoceros, por si descubrís algo extraño. Así, muy bien. Por aquí. Lo tenéis que hacer en los dos pechos, así. Muy bien. Muy bien. Despacio. ¡Dile a Merche que llame al hospital provincial! -¡Sí! Dile que vamos para allí. Y avisa a la mujer de Maurín. -Vale. Si notáis algo extraño pues a lo mejor... -¡Mercedes, Mercedes! Perdón, perdón, no he visto nada. Mercedes, tu marido va para el hospital provincial. Tienes que llamar. ¿Pero qué ha pasado? -Maurín que le ha dado un infarto. Si no es por tu marido no lo cuenta. Voy a avisar a la mujer de Maurín. Ahora mismo llamo. ¡Ay, Dios! -No, no, la presentación tuya la mejor. -Muchas gracias, ¿eh? -Ahora hay que conseguir contactos. -Sí. -Tenemos que abrir el mercado. -Huy, si se enteran los portugueses. -Hasta luego. -Adiós. -Inés, qué alegría que hayas venido. Huy, te noto un poco tensa. ¿Te ocurre algo? Ya me ha dicho Elisa que os habéis conocido. ¿Verdad que es guapa? Quiere ser actriz como tú. -Sabes, M“ José, me gustaría saber exactamente qué es lo que quieres de mí. -¿Ah, pero todavía no lo sabes? Que estés conmigo, Inés. A mi lado las cosas son mucho más fáciles. Quizá en Valladolid no te quedó claro, por eso te estoy dando otra oportunidad. -No, si en Valladolid me quedó claro. A la que no le ha quedado claro es a ti. -¿Sabes que con una llamada puedo anular el reportaje de la revista? -Haz lo que tengas que hacer. -Inés, ¿no te das cuenta que el mundo está lleno de actrices que no trabajan? ¿Quieres estar en esa lista? -¿Me estás amenazando? -Tienes que pensar un poco más en la gente. Porque en tu hermano no has pensado, ¿verdad? -¿Qué tiene que ver mi hermano en todo esto? -Ser profesional no lo es todo. Depende de ti que conserve su trabajo. -¿Vas a despedir a Toni? -¿No quieres tomar nada? Pues a mí sí que me apetece. Eh. -Pero no lo encuentro. -Pero búscalo, cariño, verás como sí está. -Ven aquí. -Venga. -Arriba. -Juana, vámonos. -Voy a dejar una nota, espera. -Juana, está esperando el taxi. -Un momento. -¿Se puede saber qué está haciendo él aquí? -Bueno, es que hemos estado hablando y es... y es mucho mejor que me vuelva con él. -¿Y os pensabais ir sin despediros? -No, te iba a dejar una nota. Pero es mucho mejor que hayas venido. Venga, Santiago, dile adiós a Toni. Dile adiós. -¿Estás segura de lo que estás haciendo? -Juana, mañana... -Cállate un momento. -Muchas gracias, pero tengo que marcharme. -Déjame despedirme del niño. -De verdad, tenemos que irnos. -¡Qué te calles un momento te estoy diciendo! -No me toques los cojones. -No me toques los cojones tú a mí. Que sea la última vez que levantas la voz delante de mi hijo. -Métete en tus asuntos. -Me estoy metiendo en mis asuntos. Santiago es mi hijo te guste o no. -¿Tu hijo? -Sí. -¿Tu hijo de qué? -¿Qué haces? -¡Qué no, que Santi es mi hijo! ¡Yo soy su padre y le voy a dar una familia! -¡Le has hecho llorar, imbécil! Santiago ya tiene una familia y tiene un padre, así que ya te estás largando. -Vámonos, Juana, por favor. -Ya, mi amor, ya. -Juana, no te lo quiero volver a repetir. -No te quiero volver a ver en mi vida. -Juana, sal ahora mismo por esa puerta. -Cállate, el que va a salir por esa puerta ahora mismo eres tú. Venga, vete de aquí, vete. Vete. Vete. -Ya, cariño, ya. -¡Mamá! -Ya, mi amor, ya está. -¡Mamá! Doctor, ¿puedo hacerle una pregunta, por favor? -Perdón, ahora no puedo. ¿Puedo molestarle un momento? -Sí, dígame. Es que nadie me dice nada. Acabo de traer un amigo con un infarto muy fuerte. Se llama Mauro Valcárcel, ¿sabe algo? -No, pero si es un infarto seguro que está en la UVI. Ah, en la UVI. ¿Le importaría darme un cigarro? -Esto es veneno, se lo digo yo. Es verdad, tiene razón. No me dé nada, gracias. -Suerte. Irene, ¿cómo está? -Bien, bien, está fuera de peligro ya. Gracias a Dios, al principio pensé que se me quedaba allí. -Ya, el médico me acaba de decir que los primeros momentos fueron decisivos, Antonio. No sabes cómo te lo agradezco. ¿Pero cómo me vas a agradecer eso? Qué menos puedo hacer. -Me acaba de decir Mauro, no sé bien a qué se refería, me ha dicho que te dé las gracias, que está muy agradecido. Y me ha dicho también que te lleves las uvas, todas las que te hagan falta. ¿Que me lleve las uvas? -Sí. Ay, Dios, pues muchas gracias. Dile que muchas gracias, Irene. Si es que no tengo uvas, tengo la bodega y no tengo uvas. Menos mal que Mauro me las da, por Dios. Pues nada, a ver si se mejora. -Muchas gracias, Antonio. Que vaya todo bien. -Gracias por todo. De nada, mujer, de nada. Adiós. -Adiós. -¿Ya se ha dormido? -Sí, ya está dormido. -Juana, no puedo verle llorar, ¿eh? La verdad que me... Lo siento mucho, lo que ha pasado antes. -Todos nos equivocamos. Y yo más que nadie. -Oye, no te pongas así ahora. -Es que me siento como una imbécil. -Joder, Juana, por lo menos lo estás haciendo lo mejor que puedes. Vamos a mirarle el lado bueno, al menos Santiago ya sabe quién es su padre, ¿no? -¿Crees que me va a empezar a llamar papá? -Yo creo que sí. -Te propongo una cosa. -¿El qué? A ver, Juana, sé que tú tienes tus tiempos y que a lo mejor esto es un poco precipitado, pero... -¿A qué te refieres? -No me digas que no, escúchame. Creo que... que lo mejor es que empecemos a decírselo a todo el mundo, que vayamos al pueblo, están mis padres y podemos presentárselo. Cogemos el coche y nos vamos ahora. Santiago tiene que conocer a sus abuelos, ¿no? ¿Sí? -Sí. Merche, mira quién ha venido. ¿Qué hacéis aquí? Hola. Hola, qué sorpresa. Hola, hijo, cómo estás. Pero bueno, han venido todos. -Sí. Hola, cariño. Qué alegría. Qué alegría, mi niña. Carlos, que sorpresa. -Ay, qué sol, ¿eh? Hola, Juana. -Hola. -Mira. Diles hola, ¿eh? Hijo, no me digas que... -Os presento a Santiago. Hijo... -Es nuestro hijo, mamá. Pero no me jodas... Dios santo. Por Dios. -Saluda al abuelo. Santiago, hijo, ven con el abuelo. Pero bueno, qué grande es, por Dios. Sí, tiene tus ojos. Ay, bendito, vente con la abuela. Es precioso. Le da apuro. (NARRA) "Hay momentos en la vida que uno recuerda para siempre, y ese fue uno de ellos. En un instante mis padres pasaron de la incredulidad al enfado, y de ahí a no querer separarse del crío ni un momento. Porque más allá de preguntas y reproches lo más importante era que la felicidad llamaba de pronto a su puerta. Había un nuevo Alcántara en la familia."

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Cuéntame cómo pasó - Capítulo 245

Cuéntame cómo pasó - T14 - Los amos de la tierra - Capítulo 245

22 mar 2013

Finales de septiembre de 1981.  Comienza la época de vendimia y el negocio del vino que ha montado Antonio con Rodolfo ya está en marcha.  Esta temporada han tenido que comprar las uvas a Lorenzo, el marido de Liceria, para poder llegar a tiempo con la elaboración del vino, pero un imprevisto de última hora podría arruinar todos los planes previstos.

A quien tampoco parecen salirle bien las cosas en Sagrillas es a Mercedes, que está preparando unas jornadas de concienciación sobre el cáncer de mama pero los vecinos no parecen muy interesados en el tema. 

ver más sobre "Cuéntame cómo pasó - T14 - Los amos de la tierra - Capítulo 245" ver menos sobre "Cuéntame cómo pasó - T14 - Los amos de la tierra - Capítulo 245"

Los últimos 1.657 programas de Cuéntame cómo pasó

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Lorena

    El epicentro de la cultura maya esta en Guatemala. Por lo demas un sonoro "Ole" a todos los que hacen esta serie

    05 sep 2013
  2. Montse

    Capítulo 245, supongo que Antonio se pretende que sea un supermachista, y lo es, ya está bien de ponerse un vino, servirlo a los demás y a su mujer ni de casualidad; y es que aquí le sirve a la mujer del socio Miravete, mientras Mercedes y su madre ponen la mesa,.. un vino sí podrá tomar Mercedes no???, y su suegra!!

    02 jun 2013
  3. Paco

    Soy un amante de esta serie, y la sigo desde Filipinas. Pero en el 55.30, hay un error Los MAyas son de Mexico y no del Perú. Se pasan diciendo que el masaje es una tecnica Maya, y Miguel dice que el chaval lo aprendió de unos indios del Perú. A estas alturas no se pueden cometer semejantes errores.

    07 abr 2013
  4. no no

    a los que vivimos fuera de espana nos han bloqueado, si quereis verla online recomindo que tengais un VPN que tenga IPs espanolas, yo uso hidemyass.com y de maravilla pero teneis muchas companias que hacen los mimo, espero que esto ayude a todos los expatriados como yo.

    05 abr 2013
  5. al2garcia

    Y cual es la explicación de RTVE a que no se vea en EE.UU ?? Hay alguna ??

    04 abr 2013
  6. mari

    yo vivo en usa y no he podido ver el ultimo programa 3/21. Hoy he tratado de verlo pero me dice que no esta disponile en mi area geografica. Que se puede hacer para estar al dia y poder verlo? muchas gracias. no nos gusta perdermos ni un capitulo

    02 abr 2013
  7. pedro

    yo vivo en USA y la veo en rtve internacional los domingos

    28 mar 2013
  8. JR

    Muy buena serie, todo regresa al origen! Al pueblo, cuanta similitud con el México y España rural, las fiestas, las costumbres.

    26 mar 2013
  9. Gabriela

    Vivo en el Reino Unido y desde hace una semana no puedo ver los capitulos. Alguien puede decirme que pasa? Se que no se puede ver en Canada ni en Miami. Pero Reino Unido? esta afectado tambien por las medidas?

    25 mar 2013
  10. Dagmara

    Hola vivo en Miami Florida y siempre veo los capitulos en el internet pero desde hace un mes no puedo. Alguien ouede decime que pasa o que puedo hace para verlos. Puedo ver los clips (los pequenos videos) pero no los capitulos enteros. Gracias.

    24 mar 2013
Recomendaciones de usuarios