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No recomendado para menores de 7 años Cuéntame cómo pasó - T17 - Capítulo 308: Audiencia pública - Ver ahora
Transcripción completa

Cuéntame

cómo te ha ido

en tu viajar

por ese mundo de amor.

Háblame de lo que has encontrado

en tu largo caminar.

Cuéntame

cómo te ha ido,

si has conocido la felicidad.

Cuéntame

cómo te ha ido,

si has conocido la felicidad.

Cuéntame cómo te ha ido,

si has conocido la felicidad.

Buenos días. Buenos días.

Siéntese, por favor. Gracias.

Bueno. Pues... ¿En qué le puedo ayudar?

Bueno, estaba buscando un anillo.

¿De qué tipo? Pues de pedida.

¿Es para usted? No, es para una mujer.

Ya, claro, perdone. Quería decir que si lo va a regalar usted.

Pues sí, sí. Muy bien. Entiendo.

¿Qué es lo que entiende?

Pues que el amor llama a la puerta en cualquier momento de la vida.

¿Oro, platino? ¿Oro blanco, quizás? ¿Oro rosa?

¿Oro rosa, eso existe?

Existe cualquier cosa que pueda usted pagar.

Mire.

Mire usted qué maravilla. ¿Eh?

El sueño de cualquier mujer. Mire éste.

Qué bonito, ¿eh?

Zafiro multicolor, precioso. Además, un diseño muy elegante.

¿Puedo? Sí, claro, por Dios.

Ah, muy bonito.

¿Y cómo se llama?

225.000 pesetas.

Leche. Perdón.

Estoy seguro de que la señorita lo merece.

No es una señorita. Ah.

Es una señora. Pues más a mi favor.

¿Por qué más a su favor?

Porque si es una señora sabrá apreciar la calidad.

Ah... No hay más que fijarse en usted.

En estas ocasiones hay que hacer un esfuerzo

porque es solamente una vez en la vida.

Dos. Ah.

¿Y qué mejor manera de empezar una nueva vida?

Nueva vida, tampoco.

Ah, ya, entiendo.

Bueno, pues hay que volver a ilusionarse

porque la pérdida de un ser querido es muy triste, pero...

No da usted ni una, ¿eh? No soy viudo.

¡Ah, entonces usted es de los míos! ¿Cómo de los suyos?

De los de "Tú a Boston y yo a California".

Como en la película. Pues no, tampoco.

Me caso por segunda vez, pero con la misma.

¿Con la misma? Sí.

Con la misma con la que me casé la primera vez.

Qué bonito.

¿Sabe lo que le regaló Burton a la Taylor?

No. "La Peregrina".

Una de las perlas más grandes y más simétricas del mundo.

Y la adquirió en una subasta donde tuvo que competir

con el Duque de Cádiz.

Ah. ¿Y con eso qué me quiere decir?

Métala en el bolsillo del abrigo. Para no perderla.

Ah, gracias. Gracias.

"A finales de octubre de 1984

empezaba el Debate sobre el Estado de la Nación

en el que Felipe González y Fraga Iribarne

protagonizaron un acalorado rifirrafe

ante la presencia de diputados tan destacados

como Adolfo Suárez, Santiago Carrillo,

Juan María Bandrés o Miquel Roca Junyent,

el jefe de Julia, mi nuevo amor.

Y allí estaba yo, sentado a su lado en la tribuna de público

del Congreso de los Diputados,

observando las huellas que había dejado en el techo

la intentona golpista del 23 de febrero de 1981".

...el día de ayer, señor presidente,

aun cuando usted manifestara que no lo era,

vendrían a corroborar que estamos asistiendo

a un cierto y preocupante distanciamiento

entre la realidad social y los poderes públicos.

Solo desde este distanciamiento

permitiría explicarse...

¿Estás bien?

...la distinción de la política económica del gobierno...

-Es que no quiero que esto se estropee.

¿Y por qué se iba a estropear?

Es que es por mi padre.

Quedan cuatro días para el juicio y...

Está aterrorizado.

No quiere volver a la cárcel. Normal.

Tú sabes lo que es eso. Sí, Julia, lo sé.

Es capaz de cualquier cosa por no volver a la cárcel.

No. Es capaz de cualquier cosa siempre.

Mira, intentó matar a mis padres. ¿Lo entiendes?

Bueno, porque fue un momento de locura. Ya está.

Dices eso porque eres su hija. No, digo eso porque estuve allí.

Estuvo a punto de pegarse un tiro, Carlos.

¿Te parece normal?

Me contó lo de la cacería, lo de la serpiente.

Ya le di las gracias. Bueno, ¿ves cómo está cambiando?

No, eso no es cambiar.

¿Ahora nos tenemos que olvidar de todo por eso?

Bueno, ¿es que tu familia no sabe perdonar o qué?

Yo puedo perdonar por lo que me hagan a mí.

Pero no puedo perdonar por mi madre.

¿Por qué no hablas con ella? ¿Qué hable yo con mi madre?

Hazlo por mí.

Por favor.

Julia...

Doña Mercedes, ha llegado su marido. Pase.

Perdona, la gestión se ha retrasado más de lo que pensaba.

El señor Salcedo les atiende enseguida.

¿Cómo que el señor Salcedo?

No, nos lleva el caso el señor Guevara.

Pero está en el hospital. Se ha roto una vértebra.

El señor Salcedo ha estudiado el caso en profundidad.

Y es un excelente profesional.

Pues más le vale, oiga, porque el juicio es el lunes

y no queda mucho tiempo. Están en las mejores manos posibles.

Bueno...

¿Por qué has tardado tanto?

Se ha retrasado la gestión. Vaya por Dios.

No me hace gracia que nos cambien de abogado.

Ni a mí, Merche, pero si este hombre se ha roto una vértebra...

Ya, pues no me da ninguna buena espina.

No te preocupes. Sí, claro.

Buenos días.

Sé lo que están pensando. ¡No!

No, no. No, no... Nada, no...

No hace falta que mientan.

Tranquilos, no tienen de qué preocuparse.

Soy enano, pero, por suerte, el talento de un abogado

no se mide por metros.

Ah, no, no, no, no. ¿A que no? Seguro que no.

No se preocupen, estoy acostumbrado.

Evaristo Salcedo. Encantado.

Voy a representarles en la causa contra Mauro Valcárcel.

Me he estudiado a fondo toda la documentación.

Pueden estar muy tranquilos.

El juicio lo tenemos ganado, obviamente.

Basta con ser firmes en su declaración.

Lo tenemos ganado por la vía penal y por la vía civil.

Tenemos los testimonios de la Guardia Civil,

las pruebas forenses y la propia hija del acusado.

Ustedes sólo tienen que contar las cosas tal y cómo ocurrieron

y cuando les pregunten, respuestas cortas,

sin dejarse enredar y sin dejarse llevar por la emoción.

¿Cuánto le puede caer?

Pues se enfrenta a una acusación de detención ilegal,

amenazas, lesiones y homicidio en grado de frustración.

Vamos a pedir de 15 a 30 años. ¿Tanto?

Aparte de lo que le saquemos por la vía civil.

Sin embargo, no voy a negarles

que tiene alguna posibilidad de salir impune.

Al menos, desde el punto de vista penal.

¿Cómo que impune? Pueden alegar enajenación mental.

Se habrá provisto de dictámenes psiquiátricos.

Así que tienen que ser muy firmes en eso.

Deben dejar bien claro que el señor Valcárcel

estaba en plena posesión de sus facultades aquella noche.

¡Es que lo estaba!

Vino a buscarme, a decirme que Antonio estaba en el hospital

y me llevó engañada...

¿Cree que estaba fuera de sí? ¿Había bebido?

Había bebido, sí, pero no estaba borracho.

Su declaración es capital en este juicio.

Así que la vamos a preparar muy bien. ¿Ahora?

Sí, ahora mismo. ¿Se siente con fuerzas?

Claro, sí, sí. Sí, sí, sí, claro.

(TELEVISIÓN) Resulta, por lo menos, paradójico

que sean ahora los votos de este lado del hemiciclo, del centro,

y los votos del centro o la derecha

los que tengan que sacar las castañas del fuego

en este tema...

-Jefa, le he preparado una tila.

-Si no quería una tila.

-Es que le tengo que contar una cosa muy delicada, jefa.

-Vamos a ver.

Este año es imposible mirar lo del sueldo.

Lo vamos a mirar el año que viene, Cruz.

-No, que no es eso, jefa, que no...

¿Por qué no se sienta?

-Me estás poniendo nerviosa. -No sé cómo decírselo.

-¡Pues diciéndomelo! -Vale, está bien, está bien.

Aquel cuyo corazón está en el Señor libre y confiado

no temerá recibir malas noticias.

-Déjate de tonterías y di lo que tengas que decir.

Si no, me voy a poner a gritar. - Vale, vale, está bien, no grite.

Esta mañana mi madre ha estado hablando

con una amiga suya de la congregación.

-¿Y? -Pues que invirtió en la pirámide.

-Muy bien.

-Ella había invertido bastante dinero.

50.000 pesetas. -Bueno, eso no es nada.

-A mi madre le llamó la atención

porque la Biblia dice claramente que no puede ser.

-Dios mío de mi vida. ¿Puedes ir grano, Cruz?

-Que es un timo, jefa.

-¿El qué? -Una estafa.

-¿El qué es una estafa? -La pirámide.

-Eso es imposible, hombre.

Pero si estoy cobrando los intereses ya.

-Sí, sí, sí, los intereses, sí, pero el capital...

-¿Qué le pasa al capital?

-La amiga de mi madre ha intentado recuperar todo el dinero,

pero no hay forma de localizar al que la metió en la pirámide.

Se ha fugado con el dinero de todo el mundo, jefa, ¿entiende?

-Eso es imposible.

-Sí, sí es posible, sí.

No se imagina a la de gente que ha timado.

-No, eso es mentira. -Intente recuperar el dinero,

ya verá como no puede, ha volado. -Es mentira.

Me tomas el pelo. -Ojala fuera mentira.

-Me gustaría que te callaras. -A ver, jefa, ¿usted cuánto invirtió?

-Un millón de pesetas, todo lo que tenía.

-¿Un millón de pesetas? Pues lo ha perdido.

-¿Cómo? -¡Lo ha perdido!

-¿Cómo? -¡Todo el dinero, ha volado!

-Jefa, por favor... ¡Jefa, jefa, jefa!

Joder, si es que era mejor que se sentara.

Joder. Madre mía.

¿Qué te ha parecido? Pues la verdad es que bien, serio.

Ya... ¿No es un poquito bajito?

Un poquito bajito no, es que es enano.

Vamos, él mismo lo ha reconocido.

¿Cómo no lo va a reconocer, Merche? Si no lo puede disimular.

Pero no pasa nada, en cinco minutos se te olvida.

Creo que no lo van a tomar en serio. Sí que lo toman en serio.

Si se expresa muy bien y tiene una voz preciosa.

Bueno, vamos a confiar.

¿A este hombre le harán las togas a medida?

Las togas y todo.

Vamos, que le debe de salir por un dineral al pobre.

¿No estaría mejor en el Tribunal de Menores?

Qué tonto eres, de verdad. No me gusta que hagas esas bromas.

No lo habrá tenido nada fácil en la vida.

Es una forma de hablar.

Tiene una fuerza de voluntad a prueba de bombas

o a pruebas de granadas de mano. Qué tonto eres.

Lo que me ha dejado preocupada es eso de que le pueden declarar loco.

¿A Mauro loco? Mauro es un cabrón.

Sí, eso sí.

Yo no voy a estar tranquila hasta que no esté en la cárcel.

Mira, vamos a hacer una cosa.

No prepares cena.

La niña está en casa de su amiga, te voy a sacar por ahí.

Que no estoy de humor, de verdad. Que sí, que sí, que sí.

Y luego nos vamos a ir a Cleofás a ver a Tip y Coll,

que me han dicho que te partes de risa. Sí, sí.

Mira cómo llevo el pelo. Tendría que ir a la peluquería.

Vete a la peluquería y ponte guapa, mujer.

Que nadie te quite la alegría y menos ese zarrapastroso.

Desde luego.

Voy a casa. Mi madre habrá llegado a Sagrillas y me va a llamar.

Qué manía tiene con los entierros. No se pierde ni uno.

Ya ves tú, lo que le toca.

Yo voy a ver a este hombre que quiere una cosa muy rara,

vender vino en cajas de cartón, como la leche, Merche.

¿Vino en cajas de cartón, lo dices en serio?

No creo que funcione, pero hay que conocer las cosas antes de opinar.

Bueno, yo no me veo bebiendo vino en una caja de cartón, la verdad.

Ni yo tampoco. Pero quiere un vino normal,

y he pensado que si vendimiamos las viñas más jóvenes,

lo metemos en una tinaja y le... Que me tengo que ir.

Merche... ¿Qué?

Ponte guapa. Que tengo una sorpresa para ti.

¿Tienes una sorpresa? Sí.

¿Qué clase de sorpresa?

Si te lo digo, no es una sorpresa, Milano.

Hombre, pues dame una pista aunque sea.

Cleopatra. ¿Cleopatra?

Sí, Elizabeth Taylor.

Miedo me das tú con las sorpresas. De verdad que sí.

¿Vas en autobús? Sí.

Joder qué suerte tiene la EMT.

¡Qué tonto eres!

Oiga, ¿qué hace?

¿A usted qué le parece? Poniéndole una sanción.

Pero ¿por qué?

No se puede aparcar aquí. ¿No ve la señal?

Ah, es que venía con mucha prisa y no la he visto.

Pues yo la veo bien clara.

No podía llegar tarde a una reunión.

Iba a verme precisamente con el minusválido, un amigo mío.

Bueno, amigo no, mi abogado. ¿Y ha llegado a tiempo?

Por los pelos, pero he llegado a tiempo.

Entonces, le va a merecer la pena. Hombre...

De hombre, nada.

Ya perdón, es que a veces ustedes se parecen.

¿Qué? Que tienen actitudes

que se parecen mucho a sus compañeros

y esperaba un poquito más de... ¿De qué?

De delicadeza, hombre.

¿Y le parece delicado aparcar en la plaza de un minusválido?

Si lo hubiera visto, no, pero no lo he visto.

Yo cumplo con mi obligación, caballero.

Cumpla usted con la suya y deje esta plaza libre.

Es que no la he visto. Ya, pero eso no es cosa mía.

El Gobierno apela a los demás para sacar las castañas del fuego.

Señor Ortiz, se quemarían las castañas.

-Se suspende la sesión durante 10 minutos.

-Bueno... Pues nada, me marcho.

¿Nos vemos para comer? ¿Vamos al Floren?

Está al lado, dicen que está muy bien.

Vale. ¿Sí?

Y hablamos de lo de tu padre. Vale.

Adiós. Carlos...

¿Qué? Que yo lo siento, de verdad.

Tranquila, tranquila, ¿vale?

Estate tranquila. Luego hablamos de todo.

Te quiero. Y yo.

-(CONTESTADOR) "No puedo atenderte.

Deja tu mensaje después de la señal y te llamaré lo antes posible".

(Pitido)

-José Luis, soy yo.

Haz el favor de llamarme porque te llevo llamando

no sé cuántas veces y en tu trabajo no saben nada

de ti desde hace dos días.

Como no me llames, te mato.

-Nada, ¿no?

-Mira, si...

Si alguien te pregunta algo, tú no sabes nada.

-Ya, pero es que yo no puedo mentir.

-Es que yo no te pido que mientas. Yo te digo que cierres el pico.

-Ya, ya, ya, pero si me preguntan...

-Ni sabemos si es verdad lo que dice tu madre.

-Mi madre no puede mentir. -Pues la amiga de tu madre.

-Ella, tampoco. -Ah, ¿no?

¿Ellas podían meter dinero en la pirámide?

¿A que no? Porque bien que lo metieron.

-Vale, vale, vale, vale. Lo haré porque es usted.

-Muy bien.

A lo mejor la gente en el barrio tarda en enterarse, hombre.

-¿Te acuerdas de aquello de la pirámide?

Una estafa tremenda.

Mira, ahí está.

-O a lo mejor ya se han enterado.

-Bueno... Vamos al secador, Mercedes.

¿Y tú cómo estás?

Pues no estoy bien, la verdad. Es que es muy duro todo.

Las noches las paso mal, pero, bueno,

oigo así el ronquido de Cruz y me tranquiliza bastante.

-Y dicen que no hacen nada en la cama.

-Qué burra eres, de verdad.

-Y tú, ¿qué? ¿No tienes ni idea? ¿De la sorpresa?

Claro. Pues no.

Viniendo de Antonio, me espero cualquier cosa.

La última vez que me dio una sorpresa,

me regaló una figurita así, decía que era un milano.

Vamos, que la tengo escondida en un cajón.

Con que no se gaste mucho dinero me conformo.

A ver, venga, échate para atrás.

Uy, perdona. ¿Estás bien?

Así está muy bien.

(Secador)

(Murmullo)

¡Pili! ¿Qué pasa?

Nada, lo de la pirámide. ¿Lo de qué?

La pirámide. ¿La pirámide?

(Murmullo)

¡No te oigo! Que puede ser un timo.

¿Un timo?

Buenas. ¡Dígame que está aquí, por favor!

Es una bolsita gris con un lazo. ¿Ha perdido algo?

¡225.000 pesetas, fíjese!

Me quité el abrigo porque hacía mucho calor y no lo encuentro.

¿Ha mirado en los bolsillos? En los bolsillos sí he mirado.

¿El de dentro? -Gemma, mira tú, por favor.

¿Le importa? No, tome.

Yo lo pierdo todo...

En cambio, mi mujer siempre lo encuentra todo.

Ah, ¿son marido y mujer?

Encuentra lo mío y lo de mis cinco chicos.

No me diga que tienen cinco hijos. Tenemos.

Ya. ¿Y son...?

El más pequeño mide 1’70.

Hombre, no me extraña, teniendo una madre así.

La vida es rara de narices, ¿eh? Sí lo es. Sí lo es.

La primera vez que le regalo a mi mujer un anillo y lo pierdo.

Hablando de su esposa... Sí, ¿qué pasa?

No he querido decírselo a ella, pero la abogada

de la parte contraria es de armas tomar.

Ah, ¿es una mujer?

Y muy competente. Va a ir a por ella.

No fastidie.

Su especialidad es poner nerviosos a los testigos.

Y casi siempre lo consigue.

-Aquí no hay nada.

Lo siento.

Bueno, pues muchas gracias.

Perdone las molestias, pero voy a seguir buscando.

Buenas tardes, señor. Hola, buenas tardes.

Había quedado aquí...

¿Algún problema, señor?

No.

¡Carlos, espera!

Carlos, por favor. Por favor. ¡Muy feo, muy feo me parece!

No sabía que estaban. Se han presentado sin avisar.

¿No sabías que estaban? Esto es una encerrona.

Por favor, quédate. Y escúchales.

Por favor. ¡Joder!

Carlos.

Gracias por venir.

No sabía que esto era una comida a cuatro.

Si lo llego a saber, a lo mejor no habría venido.

Agradezco tu sinceridad.

¿Quieres tomar algo antes de pedir? No, gracias.

¿Qué tal tu madre?

Bien. ¿Y tus hermanos?

Estupendamente. Me alegro.

-Bueno, ya era hora de que tuviéramos una reunión familiar, ¿no?

Porque ahora somos casi familia. -Papá, no...

-Sí, ya sé que ahora no os gusta hablar de esas cosas.

¿Has probado la verdura de aquí?

Es estupenda. La traen de Tudela.

¿Hemos venido aquí para hablar de verdura?

Quieres ir al grano, ¿no?

Muy bien.

Al grano.

Hice algo terrible,

pero no era yo.

Perdí la cabeza, Carlos, de verdad, te lo juro.

No era yo.

Ese lapso de tiempo lo tengo absolutamente en blanco.

Soy incapaz de recordar un solo minuto de esa noche.

Bueno, pues por si te ayuda a hacer memoria,

saliste de casa con una escopeta y fuiste a por mi madre.

Si lo hice, no me acuerdo, Carlos.

Entiendo que estés enfadado.

De verdad, Carlos, lo entiendo.

Pero ya te lo he dicho: no era yo.

Cuando boicoteaste nuestra vendimia, ¿tampoco eras tú?

Cuando acaparaste todo el fungicida de la zona, ¿tampoco eras tú?

Te lo digo en esta mesa, donde están sentadas

las dos personas que más quiero en este mundo.

Si tu familia me envía a la cárcel, estoy acabado.

Es como si me enviaseis a la silla eléctrica.

-Papá, no exageres.

-Si voy a la cárcel, se me cierran todas las puertas.

Lo pierdo todo.

Tu madre se queda en la miseria y tú...

Mi familia no te va a mandar a ningún lado.

En todo caso será el juez

y el juez se basará en los hechos.

Y los hechos son los hechos.

Sí, pero

no es lo mismo que el juez piense que no era consciente de sus actos

a que piense que es plenamente responsable.

La diferencia son muchos años de cárcel.

Bueno, para eso tenéis abogado, ¿no?

La declaración de tus padres es decisiva.

Muy decisiva.

Sobre todo la de tu madre.

-La de tu madre, Carlos.

-Un poquito de compasión, Carlos, un poquito.

¡Por Dios!

(Música en televisión)

-Bueno, ¿qué? ¿Ese novio tuyo va a dar la cara o no?

-Échale un galgo.

Seguro que se ha ido ya con los millones.

-A lo mejor es una víctima como usted y yo,

y como todos nosotros, vamos.

-No lo defiendas tanto, que te ha dejado con el culo al aire.

-Como no aparezca, vas a tener que responder tú, Paquita.

-Claro. -¿Yo? Pero ¿por qué?

-Hombre, pues porque tú nos animaste a que invirtiéramos en la pirámide.

-No sé por qué te hicimos caso. -A todos nos gusta el dinero fácil.

-¡Hombre! ¡Nos ha jodido mayo!

-El amor al dinero es la raíz de los males según la Biblia.

-Tú déjate de Biblias.

Esto es una estafa como la copa de un pino.

-Así es, y ésta y su novio

nos van a tener que devolver el dinero, ¿o no?

-¡Eh! Ésta tiene un nombre.

-Por supuesto que lo tiene: ladrona. -No te pases.

-¿Qué me has llamado, cotilla asquerosa?

-Asquerosa tú, que pierdes el culo cuando ves unos pantalones, vamos.

-¿Qué? -Lo que has oído.

-Ya te estás yendo de mi bar, no te quiero ver

nunca más en mi vida, ¡fuera de aquí! ¡Y fuera todo el mundo!

Todo el mundo a su casa, que voy a cerrar el bar.

-De eso nada. No nos vamos hasta que no aparezca alguien y dé la cara.

-Sí, señor. -Bueno, no atosiguéis a la niña.

¡Por Dios! También es una víctima. Perdió su dinero también.

-Pues sí, tiene razón. Vámonos. ¿Qué hacemos aquí?

-Que tenemos trabajo. -No, señor.

¡No nos movemos! -No nos vamos.

-¿Qué no os vais? -(VARIOS) No.

-Pues entonces tenéis que saber que es un establecimiento público

y aquí no se puede estar sin consumir nada.

Así que, venga, ¿qué os pongo?

-Pues a mí una tila muy cargada, porque es que la necesito.

-A mí, un cafetito cortito. -Y a mí, un café con leche.

-Un vermú. -Un Martini.

(Murmullo)

Oye, ¿cuánto tiempo llevan en el Bistrot?

Pues sí, unas cuántas horas ya.

Madre mía. Anda, tú anímate, ¿eh? Sí, lo intento.

Menos mal que ha llegado Antonio.

Ay, madre mía.

¿Qué está haciendo?

No sé. De verdad, qué hombre.

Hala, adiós, gracias. Adiós. Gracias, Mercedes.

Antonio. ¡Antonio!

¿Qué, has perdido algo? Eh... No.

No, no, nada. Ah, ¿no? Entonces, ¿qué haces?

Eh... Pues...

Estaba tomando medidas a los asientos, Merche,

porque quiero cambiar la tapicería, pero...

Ah, bueno. Oye, vamos a acercarnos un momento al Bistrot.

¿No tenías hoy judiones? Está pasando algo.

Ah. ¡Madre mía, madre mía!

Madre mía.

-Yo lo sabía y se lo advertí. Hola, Merche.

¡Que sí, me lo advirtió, me lo dijo, pero no le hice caso!

-Le dije: "Ramón, no te metas ahí, no te metas ahí, cariño,

es la torre herida por el rayo".

¿Cómo que es la torre herida por el rayo?

¿Qué ha pasado? No me hables, Antonio.

Amigo. Claro.

Que Paquita debe de estar metida en un lío.

Ya, pero es que eso se veía venir, Merche.

A quién se le ocurre meterse ahí, por Dios.

Pero es nuestra sobrina.

O desalojáis ahora mismo o llamo a la policía.

-Pues llama. -¡Llama, a ver cómo se lo explicas!

-Estamos esperando.

¿Qué es lo que está pasando aquí? ¿Qué hemos montado, un orfeón?

¡Tío, por favor, dígales que se vayan!

¿Qué es lo que pasa?

Que esta gente se piensa que me he quedado con su dinero.

-¡Nadie ha dicho eso! Un momento.

-Lo que exigimos es que su novio aparezca.

-¡Qué novio, Amancio, por Dios, si yo no tengo novio!

Vamos a ver, que nadie da duros a pesetas, Amancio.

Parece mentira que todavía sigas creyendo en esas cosas, hombre.

No, si al final la culpa va a ser nuestra.

Entonces, ¿de quién va a ser la culpa?

Esto es como el timo de la estampita.

Sólo se lo hacen a quien quiere pasarse de listo y, claro,

aquí hay mucho listo. Olvidaos del dinero, está perdido.

-¿Te lo han dicho las cartas? -Sí.

Y que el dinero ya está fuera de España.

-¡Mira, mira, cállate, loro!

-¡Loro! ¡Cacatúa, cállate tú! -Y tú, enano.

-Vas a insultarle. -¡Mala pécora! ¡Cállate ya!

-¡Y tú eres una perra en celo!

¡Pero callos, hombre! Que parece la guerra, por Dios.

¿Qué pasa, os estáis oyendo? ¿Es que de pronto no somos vecinos?

Ahora se nos ha olvidado cómo funcionan estas cosas.

Que siempre es lo mismo.

Unos van cobrando lo que otros van metiendo

y así hasta que se rompe la cadena. Y siempre se rompe.

Amancio, lo sabéis, siempre. Y al que le pilla, le pilló.

Y vosotros lo sabíais, por eso queríais estar arriba,

que ganan dinero los de arriba a costa de los de abajo,

y queríais estar arriba, pero os ha tocado estar abajo,

o sea, que olvidaos del dinero, que nadie lo va devolver.

Y mucho menos ésta, que también habrá perdido.

¡Si yo estoy arruinada!

Venga, hombre, dejad de meteros con Paca,

que es lo más fácil,

y evitaos el bochorno de pelearos, que los culpables no están aquí.

Los culpables deben de estar por ahí, de rositas.

Venga, Paca. Merche y yo nos quedamos a comer.

¿Qué menú tienes? ¿No tendrás croquetitas?

Tengo, de primero,

acelgas rehogadas, pisto manchego... Pisto.

...y macarrones al gratén.

Y de segundo, jamoncitos de pollo,

chicharro y ragú de ternera.

Muy bien, ¿alguien se queda a comer? Sí, para comer estamos.

-Lo siento mucho, Paquita, de verdad. -Lo sentimos todos.

-Venga, me voy, que tengo que poner una lavadora.

-Y yo tengo la peluquería abandonada.

-Mi sobrina me está esperando para comer, perdón.

-Voy a hacer una carrerita. -Haz unas carreritas, más te vale.

-De todas maneras, si aparece tu amigo, avísanos,

que es que no nos sobra el dinero a nosotros, ¿eh?

-Tía...

¡Es que lo he perdido todo! Todo, todo.

¿Cuánto es todo, Paca?

Todo, todo lo que tenía para mis hijas.

¡Un millón! ¿Un millón? ¿Un millón?

Vosotros sois jóvenes y veis las cosas de otra manera.

Pertenecéis a una generación que quiere enterrar el pasado

de una puñetera vez.

Una generación que sabe que tenemos un gran futuro delante

si estamos unidos, Carlos.

Tu padre no quiere comprender, pero Europa nos está esperando.

Es un mercado inmenso.

Si nos hacemos la puñeta unos a otros no vamos a ninguna parte.

¿Y esto a qué viene?

La bodega Somoza y vuestra bodega juntos.

Yo podría conseguirlo.

Sería un paso de gigante para vuestra familia,

sobre todo para ti, que estás allí al pie del cañón.

Habla con tus padres.

Diles que estoy dispuesto a indemnizarles por la vía civil.

Lo que haga falta.

Pero que no me pinten como un asesino,

sino como alguien que perdió la cabeza y quiere compensarles.

Por favor.

Si pudiera echar el tiempo atrás,

te aseguro que cambiaría muchas cosas,

pero no me es posible.

No es posible cambiar las cosas que han pasado,

pero sí las que pasen a partir de ahora, Carlos.

¡Voy!

Pero bueno, hijo, ¡qué sorpresa! Hola.

Qué guapo estás con esa chaqueta. Anda, pasa.

¿Eso es lo que has venido a pedirnos?

No. Eso es lo que él me ha pedido que os diga.

¿Y tú estás de acuerdo?

Ni estoy de acuerdo ni dejo de estarlo.

Eres neutral.

Pues no, mamá, no soy neutral, pero yo sí he estado en la cárcel.

Sé lo que hay ahí.

No se lo deseo a nadie y ya está. Sólo es eso.

No tenía que haber venido. Carlos, hijo...

Mira, tú no estuviste allí,

no sabes cómo fue aquello.

Y yo conozco perfectamente a ese hombre

y sé que no está arrepentido.

Te equivocas, mamá.

Quiere empezar de cero, quiere hacer las paces.

No, lo único que le ha pasado

es que ha visto las orejas al lobo y está asustado.

Bien, haz lo que quieras.

Pero que sepas que vas a romper una familia.

¿Yo? Tú tendrías que entender a Irene.

Solo te digo eso. No, si la entiendo perfectamente.

¿Qué clase de mujer vuelve con su marido

después de todo lo que le ha hecho?

¿Qué?

A mí no me puedes comparar.

No te confundas, ¿eh?

Que yo volví con tu padre por amor, no por miedo.

Yo sé que estás en una situación muy difícil, pero...

Pero ¿qué situación difícil? Explícamelo.

¿Eh?

¿Es que no te fías de mí?

Mamá, por favor... ¿Es que no te fías de nosotros?

Déjalo. No, déjalo no.

Es que no me puedo creer que tengamos esta conversación.

No me lo puedo creer, hijo.

Yo no voy a ir a ningún sitio.

Lo siento.

Tu madre lo ha pasado muy mal, hijo.

Y está desconcertada.

Bueno, tuvo que ir a un psicólogo y todo.

Yo eso no lo sabía.

No, yo tampoco lo sabía al principio.

Mira, hijo, Mauro es un cabrón y un mal bicho.

Quien nace lechón, muere cochino, no lo olvides.

Y eso lo tiene que pagar toda su familia.

Pues a veces pasa, sí, que pagan justos por pecadores.

Esto puede romper lo mío con Julia. Pues sería una injusticia.

Ella es hija única, tendrá que estar de su parte,

por lo menos de la parte de su madre.

Claro que es normal.

La cárcel no arregla nada.

Ya lo sé.

Es que tu madre necesita verle allí metido un tiempo.

Que pague por algo, hijo.

Y necesita que la ayudemos. Tampoco es tanto.

Se ha enfadado pero bien, ¿eh?

Está nerviosa. Y tú también estás nervioso.

Lo siento. Yo no tendría que haber venido.

Tú has hecho lo que tenías que hacer.

(Teléfono)

Así que apechuga.

(Teléfono)

(Teléfono)

Dígame.

"Buenas noches, ¿don Antonio Alcántara?"

Sí, al aparato. Dígame.

"¡Menudo disgusto debe de llevar usted encima!"

Pues sí, no se lo puede ni imaginar. (RÍE)

Oiga, ¿con quién estoy hablando? Llamo de la joyería. Tengo su anillo.

Ah, mi... Sí.

Una agente de policía la trajo esta tarde.

La perdió usted cuando salió de aquí. Sí, por una multa.

"No hay mal que por bien no venga. Mire, estoy haciendo el inventario."

Menos mal. "Estaré hasta las doce de la noche."

"Así que si el anillo era para hoy, puede usted pasarse."

No, hoy no va a ser el día. Mejor paso en otro momento.

Bueno, no se preocupe. Aquí lo tendrá, ¿eh?

Muchas gracias. Gracias, ¿eh? "Buenas noches. Adiós."

¿Estás dormida?

Ya sé que estás despierta.

Pues Carlos se ha ido muy fastidiado.

Está muy enamorado de esa chica, Milano, muy enamorado.

O sea, que ya tenemos Capuletos y Montescos aquí.

¿Quieres estar sola?

No. Quiero que estés conmigo

y que me abraces

y que me digas que tengo razón y que no estoy loca.

No estás loca, Milano.

Jefa, tiene visita.

-No, no estoy para nadie, Cruz.

-Creo que para esta sí va a estar, jefa.

-Que no es...

¿Cómo te atreves? -¿Quiere que me quede?

-No, yo me basto y me sobro sola.

-Vale, pero estaré cerca, ¿eh?

-Si te ve la gente del barrio por aquí, te van a linchar.

Y con razón. -Me da igual.

Tenía que dar la cara, por lo menos delante de ti.

-Me has arruinado. José Luis, me has arruinado.

-Nos han arruinado, Paquita,

y yo de paso he arruinado a mis padres.

Te juro que me tiraba del viaducto si no les fuera a disgustar aún más.

Soy un tonto y he arrastrado conmigo a mucha gente.

Pero no soy un ladrón. Y quería que lo supieras.

-Y ahora, ¿qué?

-Me voy a Alemania.

Tengo un primo allí y trabajaré 24 horas al día.

Debo recuperar la casa de mis padres, les he dejado en la calle.

-¿Y mi millón?

-Eso es lo segundo que haré, aunque tenga que trabajar

48 horas en vez de 24.

-Sería mucho más fácil si fueras una mala persona, ¿sabes?

Sería más sencillo.

-Te he traído esto.

Es... Bueno, son mis ganancias. Es lo que me tocó de mis ladrillos.

Es todo lo que me queda.

-Lo siento mucho, José Luis, pero tengo tres hijas

y las he dejado sin nada.

-Hemos sido demasiado ambiciosos, Paquita.

Supongo que no me querrás volver a ver.

-No sé si voy a saber perdonarte.

Ojalá, ojalá pueda.

Quince mil pesetas.

Quince mil pesetas.

-Hemos tenido suerte.

De los tres magistrados que nos han tocado,

uno es mujer, la única en este juzgado.

Pues sí que hemos tenido suerte, sí, sí.

Por aquí.

Muchas gracias por venir, hija. Claro, papá.

Carlos, hijo. Hola.

Cariño.

Te quiero. Yo también

Salcedo, este es nuestro hijo Carlos.

Ya, el novio de la hija de la parte contraria.

Evaristo Salcedo.

Viene como testigo de la acusación.

A ver cómo lo lleva porque no lo tiene fácil.

Salcedo, están ahí.

En cualquier momento saldrá un ujier.

-Ustedes quietos aquí hasta que les llamen.

Sí. Yo voy a saludar a mi colega.

Muy bien.

Hola, ¿qué tal? -Salcedo.

-Cuánto honor coincidir.

Papá... ¿Qué?

Ah, sí, este es Salcedo, hijo, nuestro abogado.

Una recomendación de Pachín.

Papá, es muy bueno en penal, dale una oportunidad.

Yo no digo que no sea muy bueno en penal,

lo único que no sé si Pachín sabía

que veníamos a un juicio o al circo Price.

¡Antonio, de verdad! (RÍE)

Es que... Para romper el hielo, mujer.

Un poco de humor. Sé que es muy bueno en penal,

no hay más que verle, es más listo que el hambre.

Ay...

¿Y Julia cómo está?

Hecha polvo.

Audiencia Pública.

Auto número 33.487B

contra don Mauro Valcárcel Caballero.

Vayan pasando a la sala.

Los testigos esperen a que se les llame.

-Bueno. -Vamos allá.

-Suerte. -Gracias.

-Ustedes esperen aquí.

Vosotros podéis pasar si queréis. No declaráis.

-¿Sí? Vale. Pasáis. Muy bien.

Qué ganas tenía de que llegara este momento, Milano.

Bueno, fuerza. ¿Estás bien? Ajá.

Chicos, vosotros os sentáis aquí.

Buenos días. -¿Cómo estamos?

Con la venia, sus Señorías.

En mi calidad de representante del Ministerio Fiscal,

sostendré los cargos contra el acusado,

don Mauro Valcárcel,

acusado de detención ilegal en concurso real

con homicidio en grado de tentativa

por los hechos acaecidos el día cuatro de diciembre de 1983

en la localidad de Sagrillas.

-Con la venia, sus Señorías.

La violencia a la que fue sometida la víctima, Mercedes Fernández,

mujer indefensa a la que consiguió montar en su automóvil

con manifiesto engaño después de haber sacado a su marido,

Antonio Alcántara, de la carretera,

así como el hecho de que el acusado rociara sobre el suelo de la bodega

varios litros de gasolina y posteriormente

apuntara a la víctima y a su esposo con un arma

indican que su intención no era otra

que atentar contra la vida de ambos

y provocar la destrucción de sus bienes.

De no haber mediado la presencia de las fuerzas del orden público,

requeridas por la propia hija del acusado, Julia Valcárcel,

hoy nos encontraríamos ante dos asesinatos.

Sabemos que la defensa, en su legítimo derecho,

alegará enajenación mental,

pero quiero señalar desde esta primera exposición

que el acusado actuó con frialdad y premeditación,

conduciendo a la víctima con artimañas

hasta tenerla a su disposición.

Una mujer sola, inerme, a la que obligó a punta de escopeta

a meterse en un maletero para luego atarla,

incluso golpearla, durante más de una hora.

Señorías, ¿podemos hablar de enajenación?

Todo ello después de un largo periodo de enfrentamientos y provocaciones.

Es por ello por lo que solicitamos a sus Señorías

que le sean aplicadas las penas máximas

para los castigos calificados por esta parte,

esto es 12 años por la detención ilegal

y 20 por el asesinato en grado de tentativa,

que al hallarse en concurso real, sumarían una pena total

de 32 años de prisión mayor. Muchas gracias.

(Murmullo)

-Con la venia, sus Señorías.

Que mi cliente sufrió enajenación mental

no es algo que diga yo,

es algo que quedará demostrado con la declaración pericial

de uno de los psiquiatras más eminentes de nuestro país,

y es que sólo un trastorno de este tipo

puede explicar el comportamiento de mi cliente

el día de los hechos,

un comportamiento tan contrario a la demostrada

serenidad y templanza de mi cliente, Señorías.

Un ciudadano que no sólo carece de antecedentes penales,

sino que es bien conocido y apreciado,

no sólo en el pueblo del que procede

y donde tiene sus negocios, Sagrillas,

sino también en el vecindario de la ciudad en la que vive, Madrid.

Por lo tanto,

Señorías, para terminar,

demostraremos a lo largo de este juicio

la inocencia de mi cliente

por la eximente de enajenación mental.

Muchas gracias, Señorías.

Las veo y se me parte el alma.

Ahí viene.

Hola. Hola.

¡Cuánto siento vernos en esta situación!

Ya, es horrible. ¿Cómo está tu madre?

Pues te puedes imaginar. No come, no duerme...

Te agradezco mucho lo que estás haciendo, Julia.

No tiene que ser nada fácil declarar contra tu padre.

No voy a declarar contra mi padre.

¿Cómo que no vas a declarar? Te van a llamar, hija.

Es que no puedo.

¿Estás segura?

Es que es mi padre. No...

No puedo hacerle esto, no...

Bueno, mira, haz lo que creas conveniente, hija.

Al fin y al cabo lo vas a tener que llevar tú toda la vida.

Mira, yo sé que lo que hizo mi padre fue horrible,

pero de verdad yo os digo que mi padre ha cambiado.

Que lo único que quiere es hacer las paces

y solucionar esto de una vez, de verdad.

Lo siento.

-La denunciante declaró que ella y usted se conocen desde niños.

¿Es así? -Sí.

-Y en todos estos años, ha habido numerosos episodios de desavenencias.

Se podría hablar de enemistad entre las familias, ¿no es así?

-Por mi parte, nunca ha habido ninguna enemistad.

Por la suya, lo que siempre ha habido es una profunda envidia.

-¿Qué envidia? -Según consta en la declaración

de don Antonio Alcántara, usted le sacó de la carretera.

-Es mentira. -Después,

y siempre según lo que consta en las declaraciones

recogidas por la Guardia Civil,

usted fue a la casa de los señores Alcántara

y, alegando que don Antonio estaba en el hospital...

-Falso. No fui a su casa.

-Con ese pretexto, usted convenció a Doña Mercedes

de que debía montarse en su coche. -No es verdad.

-Cuando la denunciante se dio cuenta de que no iban al hospital,

intentó escapar.

Usted la persiguió, la atrapó

y, amenazándola con esa escopeta,

la obligó a meterse en el maletero.

-¡Falso! ¡Todo es falso! ¡No recuerdo nada de eso!

-¿Falso o no lo recuerda?

-Las dos cosas.

-Hum. ¿Tampoco recuerda haberla atado a una silla,

haber rociado el suelo de la bodega con gasolina?

-¡Todo eso es una tergiversación!

Yo traté de defenderme de sus agresiones.

-¿Qué agresiones? -Calla.

-Lo único que quería era quemar unos papeles que me comprometían.

-¿No es cierto que la Guardia Civil le encontró a usted

amenazando a los señores Alcántara con una escopeta de caza?

Esa que está ahí. -¡Era para defenderme!

-¿Defenderse de qué? -¡De ellos!

¡Venían a por mí, eso sí que lo recuerdo!

-Tiene usted memoria selectiva.

-Mire, todo lo que se ha dicho aquí es falso.

Es una conspiración de Mercedes Fernández y su marido.

Ya debe de estar declarando, a saber lo que va a decir.

A lo mejor tiene razón tu hijo y se ha arrepentido.

¡Que no se ha arrepentido, Merche!

Por favor, tú ahora no aflojes, ¿eh? No aflojes.

¡Que no aflojo!

Antonio Alcántara no mueve un dedo sin que su mujer se lo ordene.

Lo maneja a su antojo hasta conseguir que él crea

que las ideas son suyas.

Fue de ella la idea de que nos asociáramos.

Él dio la cara y me lo pidió incluso delante del Gobernador Civil,

sabiendo que no me podía negar.

-¿Y por qué querría la denunciante asociarse con usted?

-Por mi dinero y por estar cerca de mí,

de lo cual me di cuenta cuando ya era demasiado tarde.

Esa mujer ha estado detrás de mí desde que era una cría.

Bueno, detrás de mi dinero, para ser más exactos.

-¿Y consiguió alguna de las dos cosas?

-Cuando ya le quedó claro que no iba a conseguir nada,

decidió destruirme.

-¡Qué cabrón el tío! Es que...

-¡Silencio, por favor, en la sala!

Continúe.

-Primero Mercedes Fernández despidió a esa pobre chica,

la secretaria,

que, por cierto, es familia suya.

Y encima hizo todo lo posible para que ella

me acusara a mí de abusos deshonestos.

Que de abusos, nada, que era mayor de edad,

y además era una relación consentida.

Después de eso, todo fue a peor, claro.

Estaba decidida a quitarme mi propio negocio

utilizando a mi mujer.

La pusieron en mi contra

y la convencieron para que les vendiera nuestra parte

de la bodega, que estaba a su nombre. -Falso, pero falso.

No, lo que es, es un hijo de puta.

El día de los hechos, tuvo lugar la firma

de un acuerdo de preventa por parte de su mujer

del que usted no tenía conocimiento.

-Sí, reconozco que aquello me enfureció.

Comencé a obcecarme, a ponerme paranoico

temiendo que tuvieran alguna otra demanda

guardada en el bolsillo,

así que aquella misma noche me dirigí a la bodega

para retirar todos mis papeles, cualquier documento

que pudieran usar en mi contra,

y quemarlos allí mismo. Por eso llevé la gasolina...

-Y el maletero, las amenazas...

-Yo no hice nada de eso, por el amor de Dios.

Soy incapaz de hacer algo así. -Cuéntenos lo sucedido, por favor.

-Cuando estaba en la oficina, les oí llegar a hurtadillas.

Tuve un ataque de pánico.

Allí tenía una de mis escopetas de caza, y la cogí para defenderme.

-Pero el agente de la Guardia Civil y su propia hija

le encontraron en la bodega, encañonándoles.

-¡Sí, para que no se me acercaran!

Antonio Alcántara quería acercarse a toda costa.

Decía "tenemos que hablar",

pero era evidente que quería quitarme la escopeta.

Cuando llegó la Guardia Civil y mi hija,

se pusieron a gritar, como si fuese yo

el que les estaba amenazando.

Al final,

me sentí tan acorralado

que estuve a punto de quitarme la vida.

Si no llega a ser por mi hija...

Perdón.

Después se inventaron toda esa historia

de secuestros y barbaridades.

Hasta mi propia hija se lo creyó.

¡Pero,bueno, será cínico! ¡Silencio!

¡La próxima vez les echo de la sala!

-Perdone,

pero para que le quede claro a este tribunal,

toda la animadversión de la denunciante,

desde hace ya tantos años,

¿se puede decir, que tiene que ver con,

por así decirlo, una cuestión de celos?

-No sé si celos, despecho...

Verá, en un pueblo, cuando eres el único hijo

de una familia de buena posición, eres...

Cómo lo diría...

Sí, una "pieza codiciada".

-¿Y lo era por parte de la denunciante?

-Sí, hasta que vio que no había nada que hacer

y se conformó con Antonio Alcántara,

que al menos le ofreció la oportunidad de salir del pueblo.

-¡Julia Valcárcel!

¿Qué me miras, Merche?

Que no te miro. Te estás poniendo nervioso.

Sí.

No lo sé, no me acuerdo.

-Ah, muy bien. Tampoco se acuerda.

A ver si se acuerda de esto.

Al comprobar que su padre se había llevado la escopeta

y al ver la gravedad de los hechos,

¿consideró que la amenaza era tan seria

como para alertar a la Guardia Civil?

-No recuerdo. -Vaya.

¿De esto tampoco?

Qué mala memoria tenemos hoy, ¿no?

No va a decir nada. ¿Qué harías tú en su lugar?

Suerte que tenemos una declaración firmada por usted en la que afirma:

"Íbamos siguiendo al coche de mi padre

porque pensábamos que Mercedes iba dentro.

Pinchamos y entonces Antonio me pidió que acudiera al cuartel

porque creía que mi padre iba a matar a su mujer.

Él se fue corriendo a la bodega".

Y aquí:

"Cuando llegué a la bodega con la Guardia Civil,

vi a mi padre apuntando a Antonio y Mercedes con la escopeta.

Pensé que, si no le convencía, iba a matarles de un momento a otro".

¿Fue así como ocurrió?

-No... No... No me acuerdo.

-No hay más preguntas, Señorías.

-La abogada de la defensa tiene la palabra

para interrogar a la testigo.

-Con la venia, su Señoría, no hay preguntas para la testigo.

-Haremos un receso.

La vista continuará dentro de una hora.

¿Cómo ha ido? Cómo se puede ser tan cabrón.

¡Cómo se puede ser tan cabrón! ¿Me lo explicas?

Pero ¿qué ha dicho?

Mentiras. Una detrás de otra. Mentiras.

Menos mal que no has estado dentro. Le rompo la cabeza.

Estupendo, según lo previsto. ¿Cómo que según lo previsto?

Dicen que sólo ha soltado mentiras. Tiene derecho.

¿Cómo derecho? ¿No se le puede acusar de perjurio?

Según la ley española, el acusado en un delito penal

no tiene obligación de declarar en su contra.

En la práctica, eso es lo mismo que tener derecho a mentir.

-Joder, pues entre uno, que no para de mentir,

y la otra, que no se acuerda, vamos bien.

¡Qué barbaridad! ¿Se puede mentir impunemente?

Pero insisto, sólo el acusado.

Los testigos y los peritos si mienten, pueden ser castigados.

Pero, entonces...

Tranquilo, que a Julia nadie la va a acusar de nada.

Lo que ha hecho es bastante habitual. -No será fácil acusar a tu padre.

-Mercedes, ahora van a llamar a declarar

al sargento de la Guardia Civil y luego a usted.

¿Está usted lista?

Sí, sí, claro.

¿Por qué me miráis así? No.

Voy un momento al baño.

¡Joder!

-Mercedes... ¡Irene, no, por favor!

Mercedes, que le pueden caer más de 32 años.

Va a ser muchos menos, ya verás.

Mercedes, no te lo pido por Mauro,

lo pido por mi hija, por tu hijo.

Y por mí también, Mercedes. ¿Por ti?

Sí. Tú lo que tienes que hacer

es dejar a tu marido y rehacer tu vida.

No es buena persona y tú lo sabes. Sí que lo sé. Pero no le puedo dejar.

¿Por qué? Porque no puedo dejarlo

ahora en la estacada, Mercedes.

Y yo no puedo decir otra cosa que la verdad.

¡Sí que puedes! De tu testimonio dependen muchísimas cosas.

La justicia se va a encargar de él, no yo.

Mercedes, por favor, ¡por favor!

Te lo pido de verdad, por favor, por nosotros, por todo.

Irene. Por favor...

-Tampoco creo que eso sea problema.

-No me preocupa en absoluto. -¿Verdad que no?

-¿A qué hora y dónde tuvo conocimiento

de que el acusado retenía por la fuerza a la víctima?

-Aproximadamente a las 10 de la noche.

Estábamos haciendo la ronda habitual por los alrededores del pueblo

cuando fuimos interceptados. -Por la hija del acusado.

-Sí, sí. Ella misma.

-¿La propia hija del acusado estaba en plena noche,

en mitad de la carretera, buscándoles desesperadamente

porque su padre retenía contra su voluntad

a una mujer y pensaba que quería matarla?

-Dijo... Dijo que podía hacer una barbaridad.

Esas fueron exactamente sus palabras.

No habló concretamente de que fuera a matar a nadie.

-Y cuando llegó al lugar de los hechos, ¿qué vio?

-Pues vi al acusado apuntando con una escopeta,

con esa concretamente, al señor Alcántara y su esposa.

Y yo le ordené que bajara el arma

apuntándole con el arma reglamentaria.

-¿Y cree usted que estaba fuera de sí?

-Bueno, estaba muy nervioso, desde luego.

Fuera de sí, no lo sé.

Pero vamos, que estaba nervioso hasta yo, porque figúrese,

eso de que la gente esté a punto de liarse a tiros

pues no es lo habitual en nuestro pueblo.

Somos gente de paz. Y, bueno, figúrese que yo es la primera vez

que tengo que venir a declarar por una cosa así.

-Por favor, el testigo debe centrarse exclusivamente en los hechos.

-¿Cree usted que sabía lo que hacía?

-Pues... Pues yo no sabría decirle.

-Pero ¿respondió a sus órdenes, habló con usted?

-Habló para no hacerme caso, no había manera

de que bajara la escopeta.

Hasta incluso llegó a apuntarse a sí mismo

con la escopeta así, aquí,

hasta que la hija le pidió que no se matara.

-Y al final hizo caso a su propia hija.

La escuchó y decidió hacerle caso.

-Eso es, eso es. Supongo que para no darle el disgusto

de verle cómo se volaba los sesos.

-Sólo una pregunta más.

¿Reconoce usted el arma aquí presente?

-Sí, sí, sí, perfectamente, perfectamente.

Esa es la escopeta que yo le requisé al acusado tras detenerle.

-¿Está usted seguro? -Sí, sí. Segurísimo, vamos.

Es una escopeta de categoría. Eibarresa.

Además, si se fija, en la culata lleva grabadas

grabadas las iniciales del acusado, "M" y "V".

O sea, que es ésa, sí.

-¿Comprobó usted si el arma con la que el acusado

apuntaba a la víctima y a su marido estaba cargada?

-Sí, estaba cargada con dos cartuchos.

Dos cartuchos de caza mayor.

-Y en su experta opinión, a esa distancia y con esa munición,

¿habría resultado un disparo mortal?

-A esa distancia, mortal de necesidad, vamos.

Un disparo con eso te hace un buen destrozo.

Además con todo aquello lleno de gasolina...

Era una situación peligrosísima.

Gracias a Dios que la cosa no fue a mayores.

-No hay más preguntas, Señoría.

-¡Mercedes Fernández! Sí, soy yo.

Sí.

Tienes que ser fuerte.

Tú estate tranquilo.

Sí. Habla despacio.

Yo estoy tranquila. Que sí, que sí, ya lo sé. Venga.

(Portazo)

¿Conoce usted a don Mauro Valcárcel?

Sí, le conozco. Es el acusado.

¿Y desde hace cuánto tiempo le conoce?

Bueno... Desde niños.

Nos criamos en el mismo pueblo, en Sagrillas.

Y en todos esos años, las relaciones entre el acusado y usted,

¿cómo las definiría?

Bueno, mi relación con el acusado sólo me ha traído problemas.

Primero mentiras, amenazas, pesadillas

y, como declaré en su momento, el acusado intentó matarme.

Sí, pero vayamos por orden...

La verdad es que quiero dejar todo esto atrás.

Esta historia no me ha traído

más que dolor.

Ha sido un año almacenando odio, ¿para qué?

El acusado ha manifestado recientemente...

Me da igual lo que haya manifestado el acusado.

Yo lo que declaré es absolutamente cierto,

pero no quiero seguir con esto.

Para mí, el acusado es...

Para mí, el acusado...

Para mí, eres un desgraciado, Mauro.

Por favor, absténgase la testigo de dirigirse al acusado.

No quiero que caiga sobre mi conciencia tu pena

porque tu pena es ser cómo eres.

Es desear lo que no vas a tener en la vida.

Señora, por favor, le he pedido que no hable con el acusado.

Alguien me dijo que para superar esto

tenía que enfrentarme a ti.

Tenía que dejarte bien claro y a la cara

lo poco que me importas,

lo poco que me importa tu dinero,

lo inútil que me parece tu chulería

y lo patética que me parece tu figura de cacique en el pueblo.

No quiero añadir ni un grado a tu condena

porque tu condena es haber elegido el mal camino.

Ese alguien también me dijo que tenía que crecer.

Y crecer es perdonar.

Y eso es lo que voy a hacer aquí públicamente:

Perdonarte.

Y no lo hago por ti, ni por Irene,

ni tan siquiera por tu hija.

Lo hago por mí.

Señor Salcedo,

quiero retirarme de la acusación particular.

Con la venia, señoría, ¿puedo pedir un receso?

-¿No va a interrogar a su testigo?

-Disculpe, su Señoría, pero en este momento

no sé si nos retiramos de la acusación.

-Bien.

¿La defensa tiene alguna pregunta?

-Nada, Señoría.

-Haremos un receso.

No sé para qué he venido aquí, la verdad.

He venido a Albacete de turismo, y encima pagando,

porque no declaras lo que tienes que declarar.

Pues yo me he quedado muy tranquila. He hecho lo que creía que debía.

Ya, pero lo podías haber pensado antes, mamá.

Ya, pero me ha costado mucho llegar hasta aquí.

Ustedes me dirán lo que hacemos.

Salcedo, de verdad que es usted un gran abogado

y siento mucho haberle hecho perder el tiempo, de verdad.

No, no, si a mí me da igual. Ustedes son los clientes.

Yo la minuta se la voy a pasar exactamente igual.

No, no, claro que sí, claro.

Vaya. La desmemoriada.

-Mercedes, gracias.

Ahora tiene que declarar tu madre, ¿verdad?

Bueno...

Bueno, ya es hora.

Ahora viene el turno de los testigos de la defensa.

Vamos para adentro. -Vamos.

-Se llama a declarar a doña Irene Navas Sánchez.

-Señora Valcárcel, antes de nada, ¿reconoce esta escopeta?

-Sí, claro, sí.

Es la escopeta favorita de mi marido, sí.

-Cuando usted llegó a casa, la noche de autos, ¿estaba allí esta escopeta?

-No... No lo recuerdo.

-Señora Valcárcel, por favor, piénselo bien.

-¿No había llevado su marido días antes esta escopeta a la bodega?

-Letrada, no intente reconducir el testimonio de la testigo.

-Con la venia, su Señoría.

La situación de la escopeta la noche de autos es esencial.

Mi cliente ya había dejado claro en su declaración

que tenía la escopeta en la bodega.

-Haga memoria la testigo.

¿Dónde estaba el arma?

¿Estaba en su casa la noche de autos cuando volvió?

-Sí.

Allí estaba, en la vitrina, como siempre.

-Pero ¿qué estás diciendo?

-Por favor, guarde silencio el acusado.

Usted ya ha contado su versión.

-Señora Valcárcel,

¿estaba esta escopeta en la vitrina de su casa?

-Sí.

Allí estaba, sí. Hasta...

Hasta que llegó mi marido.

Venía furioso.

Yo había firmado un preacuerdo

de venta de la bodega con Antonio y Mercedes.

-Doña Irene... -Se abalanzó contra mí.

Empezó a gritarme.

Y empezó a pegarme,

por un sitio, por otro, y me dijo:

"¡Me has traicionado, me has traicionado!"

-¡Mentira! -¡Señor Valcárcel, guarde silencio!

Ya tendrá usted ocasión de tener la última palabra.

-Después,

se acercó a la vitrina, donde estaba la escopeta y la sacó.

Sacó la escopeta y los cartuchos y me dijo:

"Voy a acabar de una vez por todas con los Alcántara.

Tenía que haberlo hecho hace mucho".

-Con la venia, Señoría.

Me parece que la testigo está bajo gran presión.

-No, no, estoy tranquila. ¡Es que no aguanto más!

Me lo dijiste con todas las palabras.

Me lo dijo, Señoría.

Me dijo: "Voy a acabar con los Alcántara de una vez.

Y después, contigo", me dijo.

-¡No estás bien, Irene, no estás bien!

-¡Por favor, guarde silencio y respeto a este tribunal!

-¡Está tomando muchas pastillas, Señoría!

-¿Qué pasó después?

-Después se acercó al mueble bar y sacó una botella de whisky

y me dijo: "Me llevo esto, por si me falta valor".

"Por si me falta valor".

Y se fue.

Después escuché cómo arrancaba el coche.

-Pero ¿qué coño estás diciendo?

-Por favor,señor Valcárcel, le advierto que es la última vez

que puede usted hablar en esta sala.

De lo contrario, ordenaré que abandone la misma.

No le pienso tolerar una palabra más.

Continúe, después de que su marido salió con el coche,

¿qué hizo usted?

-Nada.

Como siempre, tenía...

Tenía miedo.

He tenido mucho miedo toda mi vida.

Toda mi vida.

Miedo de sus insultos,

de sus empujones, de sus palizas continuas.

-Señorías, ruego al tribunal someta a la testigo a un examen psicológico.

-¿Psicológico?

¿Psicológico de qué?

¿Se cree usted que yo estoy loca?

La he visto con mi marido ahí fuera, la he visto yo.

-Señorías, les ruego que, por favor...

-Y tú tuviste el valor de decirme a la cara

que estabas arrepentido de todo.

Y tuviste el valor de decirme a la cara también

que nos íbamos a ir juntos, los dos solos,

lejos de aquí.

¡Métanlo en la cárcel, por favor!

¡Métanlo en la cárcel porque si sale, me mata!

-¡Está completamente loca! -¡Siéntese!

-¡Completamente loca! -¡Silencio!

-¡Silencio! -¡Cállate de una vez!

-¡Silencio!

(Gritos)

¿Qué está pasando ahí?

¡Me quieres hundir, hija de puta! -¡Silencio!

¿Es Mauro? Sí.

¿Qué pasa? No lo sé, pero algo está pasando.

Me quieres hundir, ¿verdad? -¡Siéntese de una vez!

-Voy a entrar. Espera un momento, hija.

Espera, espera un momento.

¡Que me quiere hundir!

-Es mi padre, es que es mi padre.

-¡Calla! -¡Siéntese!

-¡Que se siente! -¡No se puede pasar!

-¡Julia! ¡Que te calles, joder! ¡Julia!

¿Qué me ha hecho tu madre?

-¡Que se siente el acusado! ¿Qué me ha hecho?

¿Qué me ha hecho tu madre?

¡No voy a ir a la cárcel, no voy a ir!

No voy a ir... -Papá... ¡Papá!

No...

(LLORA)

"El 29 de octubre de 1984, Mauro Valcárcel Caballero

acabó con su vida arrojándose por una ventana.

Ojalá encontrara la paz en la muerte.

Esa paz que le fue imposible encontrar en la vida".

(SILBA)

Buenas.

Buenos días.

Venía a recoger un encargo de mi marido.

¿Y qué es exactamente?

Pues la verdad es que no tengo ni idea.

Está fuera, en el coche. No puede aparcar

y no quiere que le pongan una multa. ¿Su marido se llama?

Antonio Alcántara.

¿Usted es Mercedes? Sí.

Un momento.

"La vida sigue, Mercedes.

La vida sigue y, sobre todo, estamos vivos

y nos tenemos el uno al otro,

y seguimos adelante porque sabemos que pase lo que pase...

Nosotros envejeceremos juntos, Milano.

Antonio... Gracias, Cifuentes.

"Ya siempre unidos, ya siempre,

mi corazón con tu amor.

Yo sé que el tiempo es la brisa que dice a tu alma:

Ven hacia mí. Así el día vendrá..."

¡Es precioso! ¿Te gusta?

Es de...

18 kilates, oro. Y zafiros multicolor.

Merche. Muy elegante.

"Nunca sabré qué misterio nos trae esta noche,

nunca sabré cómo vino esta luna de miel.

La luna brilla en tus ojos y con mi desvelo,

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Cuéntame cómo pasó - T17 - Capítulo 308: Audiencia pública

05 may 2016

Octubre de 1984. Comienza el juicio contra Maurín y Mercedes ultima los preparativos con su abogado. Con lo que no contaba Merche es que a última hora, su abogado ha sido sustituido por otro profesional, Salcedo que, a primera vista, no le transmite a los Alcántara tanta confianza como el anterior.

Carlos visita con Julia el Congreso de los Diputados, donde se está celebrando el Debate sobre el Estado de la Nación de octubre de 1984. El nerviosismo ante el inminente juicio se palpa en el ambiente, sobre todo en Maurín que, por encima de todo, no quiere volver a la cárcel y está dispuesto a todo con tal de librarse. Por eso decide hacer una maniobra de última hora aprovechando que su hija mantiene una relación con Carlos, y le presiona para que influya en que Mercedes retire su denuncia.

En el barrio, los vecinos se enfrentan a Paquita, al descubrirse que las inversiones que realizaron a través de ella y José Luis no están teniendo el rendimiento esperado.

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  1. Esmeralda Mendez

    Cómo me cae gorda Julia nunca me a gustado para novia de Carlos tengo que adelantar siempre qsale ella ¿¿ Saludos desde México.

    28 sep 2016
  2. Osmar

    La madre que lo parió le doy al pause voy a el baño y cuando vuelvo tengo que recargar el episodio porque me ha salido la equis blanca

    14 may 2016
  3. Lorena

    Me encanta cuéntame lo veo hace 10 años sin perderme ni in capítulo ahora vivo en Londres y me encanta poderla ver por ínternet. Gracias a todos los que partisipan en cuéntame. Es genial

    08 may 2016
  4. ivan

    Una de las mejores series que han pasado por television española,si señor. En estos tiempos en que parece ser que la programacion se ha convertido en un nido de telebasura y refritos,es de agradecer que aun hoy quede un pequeño espacio para la television de calidad... Felicidades a todo el equipo que hace esta fantastica serie,un saludo.

    07 may 2016
  5. Javichin

    Mucho besito pero bien que habeis intentado defraudar a los españoles si no lo habeis echo ya. Este pais esta lleno de patriotas

    07 may 2016
  6. José Luis Mora Simón

    Impresionante capítulo,de los "premium", gracias por deleitar nuestras vidas con estos momentos mágicos, y con vuestra forma de ver,entender y contar la vida pasada,gracias

    07 may 2016
  7. José Luis Mora simon

    Impresionante capítulo,de los que ahora se les podía llamar "premium". Enhorabuena y gracias por deleitar nuestras vidas con ésta forma de ver,contar y sentir la vida,gracias

    07 may 2016
  8. Jack Silvestre

    Muy buen guion. Ya lo sabia que Mercedes lo iba a perdonar porque tiene un gran corazon, pero no esperaba la que le iba a punal el ultimo clave era de su mujer (de Maurin). Pero es justicia poetica y la mejor salida del conflicto. Un buen toque usar el personaje del duende abogado, Salcedo. La de Julia, no estoy convencido que Carlos se va a quedar con ella. El verdadero amor de Carlos siempre ha sido y siempre sera Karina. Me interesa y me emociona ver como los escritores resuelven y desarolla esa historia. Felicidades a todos por una gran produccion. Y Gracias! - desde Dr.Jack Silvestre de San Diego, CA.

    07 may 2016
  9. Andrea Ortiz

    Es un capítulo de los muchos que han sido extraordinarios, un abrazo para todo en equipó de cuéntamelo desde Xalapa, Veracruz, México!!!

    07 may 2016
  10. Luis

    Hola. ¡Vaya intensidad la de éste capítulo! ¡Qué de sacudones! Primero, el fiasco de la pirámide. Y luego, al final no fue Mercedes quien terminó de hundir al tal Maurín, sino su esposa, Irene, harta de sus maltratos, mentiras e infidelidades. A veces, hay gente que tiene que pagar con su propia vida todas sus maldades. Otro personaje que murió, así como pasó con Doña Valentina, Servan, Desi, Don Pablo, Eugenio y también Don Mauro padre (por cierto, el apellido era condenatorio: Valcarcel). Estupendo episodio. Gracias otra vez y hasta la próxima.

    07 may 2016