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No recomendado para menores de 7 años Cuéntame cómo pasó - T16 - Capítulo 276: El último minuto de nuestra vida - Ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Cuéntame

tú que has vivido

el despertar

de un tiempo que nos cambió.

Volverás

a ser un niño,

a recordar

las largas tarde de sol.

Háblame de lo que has encontrado

en tu largo caminar.

Cuéntame cómo te ha ido,

si has conocido la felicidad.

Volando voy, volando vengo.

Volando voy, volando vengo.

"Llegó el mes de mayo de 1983,

y con él, el tiempo de las elecciones municipales.

Y de nuevo, los políticos se lanzaron a hacer promesas

ofreciendo el oro y el moro si se les votaba.

Pero entre todos los candidatos hubo uno que, además de prosperidad,

ofrecía algo distinto si llegaba a la alcaldía.

Nada menos que diversión".

El joven que hoy se divierte y empieza a pensar

es el que, el día de mañana, nos tiene que administrar.

"Aquel profesor universitario,

'el viejo profesor', como era conocido,

con ese aspecto de tocador de clarinete húngaro,

siempre con traje y corbata,

se convirtió en una especie de faro de la movida madrileña".

Por el camino yo me entretengo.

"Aquella campaña estuvo marcada, entre otros asuntos,

por el clima de violencia e inseguridad

que se vivía en nuestras ciudades y que no cesaba.

Pasear por las calles se había convertido, en ocasiones,

en actividad de riesgo.

Por no hablar de lo que significaba entonces ir a la oficina del banco

a sacar dinero de la cartilla en un tiempo en el que había

una media de casi seis atracos diarios a sucursales".

"A tus 39 años gustas mucho a la gente joven.

Es decir, chicos y chicas de 15 años te siguen con fervor".

¿A quién vas a votar, Merche? A Tierno Galván.

Es una persona honrada y a mí me gusta como alcalde.

He oído por ahí que fuma porros. ¿Cómo va a fumar eso?

Dicen tantas cosas...

Lo que nos faltaba, milano.

Un alcalde de los porretas. No digas tonterías.

Cuando hablas así pareces Ramón. Tienes razón, mejor me callo.

"A mí no me ha sorprendido que se despenalice...".

¡Hombre! Mira este, Miguel Ríos. Mira lo que dice.

"La drogodependencia en este país es amplísima.

Hay gente que se mete unos tiestos de vino,

y unos tiestos de otra cosa que son más que el vino.

Y mucha gente que se mete cosas más peligrosas,

y que, por unas posibilidades económicas, están ocultas".

Te digo, Merche, que a esto le ponemos coto

o se nos va de las manos.

Hablan de las drogas como si hablaran de vino.

"Cuando se pasan esas barreras y esa sanidad se pone en peligro,

me figuro que hay bastantes métodos para ayudarles.

Lo que no se puede hacer es meter a un tío en el talego por eso.

Lo maravilloso sería que pensáramos

que todas las sociedades tienen una forma de estimulación.

Que esas sociedades que se tienen que estimular...

O las personas le debemos de dar...".

(Música suave)

"Hasta entonces, buenas noches

y que tengan ustedes un feliz descanso".

(Himno de España)

Mira, se ha dormido otra vez.

Me recuerda a cuando se pasaba hasta las tantas cosiendo pantalones

para Almacenes Arias. Parece que han pasado mil años.

Y yo todas las noches, antes de acostarme,

te cepillaba el uniforme de ordenanza.

Con aquellos jarretes parecía un almirante.

¿Ya se ha acabado? Sí, Herminia.

Sí, madre. Vete a acostar. Vamos a acostarnos.

Hasta mañana. Hasta mañana.

Buenas noches, Antonio.

¿No te acuestas, hija? No. No tengo sueño,

voy a trabajar un poco. Ah.

Yo me voy a la cama. Que descanses.

Hasta mañana. Buenas noches, madre.

(Teléfono)

Dígame. -Paquita, soy yo.

-Miguel, qué susto. Pensaba que le pasaba algo a las niñas.

¿Qué pasa? -A las niñas no les pasa nada.

Te llamaba porque creo que tú y yo deberíamos hablar.

-¿Sabes qué hora es? -Sí, claro que lo sé.

Como hace calor, he pensado que igual era buen momento.

-¿Hablar de qué? -De... Hablar, Paquita.

Hablar tú y yo. Pues hablar...

-Mira, Miguel, mañana te pasas por el Bistró

y hablamos de lo que quieras. Ahora me voy a dormir.

Hasta mañana.

(Música melancólica)

¿No te acuestas, madre?

¿Te pasa algo? Eso digo yo.

¿Pasa algo, hija? A mí no me engañas, ¿eh?

¿Qué pasa? Nada.

¿Por qué no vas con Antonio?

Ya te he dicho que no tengo sueño y tengo que trabajar.

Ay, hija. Qué difícil me lo pones.

No quiero meterme en vuestras cosas, pero creo que Antonio y tú no...

¿No, qué? Creo que entre vosotros...

Que no... No es tan fácil, madre.

Estas cosas necesitan tiempo. Sí, ya sé que necesitan tiempo.

Antonio lo está haciendo muy bien. No tendrás queja.

No. Te trae flores todos los días.

Ya lo sé.

Entonces, ¿qué pasa?

¿Es que él no puede?

¿Quieres que llame a la Aniceta? ¿Para qué vas a llamarla?

Sabe mucho de hierbas. Y en el pueblo,

cuando alguna de nosotras su marido tenía problemas,

llamábamos a la Aniceta. Que no.

Que no es eso.

Soy yo la que no puede. ¿No puedes o no quieres?

No puedo.

O no quiero, no lo sé. Ay, hija.

Vamos a ver, Antonio ha vuelto, está en casa.

Ahora tienes que hacer por que se quede, ¿no?

(SUSPIRA)

Todos los hombres tienen sus necesidades.

Y una mujer también.

Bueno, ya me entiendes, ¿no?

Todas nosotras hemos pasado por algo así, de verdad.

Seguro que tú lo has hecho alguna vez pensando en otra cosa.

Si quieres a Antonio como lo quieres,

y quieres que se quede en casa para siempre,

tienes que... ¿Eh?

Bueno, y hasta aquí puedo leer, como dice la del "Un, dos, tres".

Eres de lo que no hay.

Anda, acuéstate.

Hazme caso.

(Puerta)

(Puerta)

(Música romántica)

¿Qué pasa, Merche?

¿Dónde vas?

A beber agua.

(TOSE)

Merche... ¿Qué vas a hacer mañana?

¿Yo? Pues recoger algunas cosas que aún me faltan.

¿Vas a pasar por Hipólita? Sí, claro.

Pasado mañana, seguramente tenga que ir a Sagrillas.

Aún tengo temas pendientes con Mauro.

¿Quieres venir conmigo?

No sé si podré.

Bueno, si voy, me tienes que dejar el coche, milano.

Porque ese que alquilo a Ramón... No me fío de él.

No lo quiero conducir más. Yo te lo dejo cuando quieras.

Me voy a la cama.

Merche. ¿Sí?

¿Quieres que pase mañana por Hipólita

y nos vamos a comer y charlamos?

Claro.

¿Qué tal, hija?

¿Cómo fue? ¿Cómo fue el qué?

Ya sabes a que me refiero. ¿Bien?

Normal.

¿Cómo de normal?

Madre, no quiero hablar de eso ahora, que me tengo que ir.

Ay, hija, es que con Antonio y la niña delante...

¿Cuándo íbamos a hablarlo? De ninguna manera.

Está todo hablado.

Bueno, pues...

A Antonio no le he visto muy contento esta mañana.

¿Ah, no?

Que no quiero hablarlo.

¿Vais a comer juntos? Sí.

Algo es algo. Bueno, ya está bien. Me voy.

Yo, punto en boca, ¿eh?

¡Mercedes! Anda, Clara.

Hola. ¿Cómo estás?

Bien... ¿O te lo cuento?

Pues me lo cuentas. No lo sé, estoy rara.

Hay días que me enfado, días que lloro,

y días que pienso: "Que le den".

Me miro en el espejo y me digo: "Eres joven, guapa, lista.

Que le den al andropáusico ese". ¿Andro qué?

Andropáusico. Que está menopáusico, eso le pasa.

¿Qué es eso? Ven que se les acaba ser machitos

y se agarran a un clavo ardiendo con tal de sentirse jóvenes.

¿Quién te ha dicho eso? Lo he leído en el "Dunia".

Te lo explican muy bien. Anda.

Te lo dejo. A ver.

Por aquí anda.

Anda que no se aprende con esto. Desde luego...

Luego te lo dejo. Así que, ¿sabes qué?

Pienso seguir con mi vida. Claro que sí, la vida sigue.

Mira Nieves, que ha vuelto a abrir la peluquería.

¿Sabes? Cuando estuve en el pueblo, estaba como un corderito.

No me dijo absolutamente nada, ¿te lo puedes creer?

¿No te dio ninguna explicación? Nada, Mercedes. Ni una.

Bueno, me dijo que era algo que tenía que hacer.

Y que yo hiciera lo que quisiera, claro.

¿Sabes? Voy a hacer lo que quiera. Voy a disfrutar de la vida,

que son dos días. Claro que sí, hombre.

¿Tú qué tal con Antonio?, que no te pregunté.

¿Yo? Bien. Poco a poco.

Hala.

¡Ay, qué susto, hijo! Creía que erais ladrones.

¡Cómo vamos a ser ladrones!

(GRITA) ¿Qué tal, Herminia? ¿Cómo está usted?

No hace falte que grites tanto, no estoy sorda.

¿Qué son estos trastos? Cosas que me faltaban por traer.

Hijo mío, qué alegría. Aún recuerdo cuando Mercedes

te los tiró por el hueco de la escalera.

Pero bueno, lo pasado, pasado.

Yo voy a salir al descansillo a por la caja que falta.

¿Adónde?

(SUSPIRA)

Antonio, ¿cómo van las cosas entre vosotros?

Ahí andamos, vamos tirando.

Pero... ¿Bien? Bien, sí. Bien.

Otro que tal baila. Qué barbaridad, la otra igual.

No soltáis prenda. Si no soltamos prenda, Herminia,

es que a lo mejor usted no tiene que meterse donde no le llaman.

Ya sé lo que tengo que hacer. Ver, oír y callar.

Muy bien. Adiós.

Adiós. Buenos días.

Hala. Bueno.

Cago en la leche... Ponlo ahí.

¿Qué ha pasado? Que la volví a hablar mal.

¿Te ha oído? Sí me ha oído.

Claro que me ha oído, porque oye lo que quiere.

Perdona, milano, pero es que...

El autobús no venía nunca. No pasa nada. Llevo cinco minutos.

Hay que pasar por el banco, hay que cobrar un talón.

Como no nos demos prisa, no llegamos.

Qué guapo estás. Bah, un trajecillo.

¿Has venido en bus? Pues sí, Merche.

Cómodo, barato... Y he venido mirando a Madrid.

Buenas. -¡Hombre, Pepe!

Dichosos los ojos. Bienvenido. -Buenos días, perdón por el retraso.

Hola, Paquita. -Hola, Pepe.

-Pepe, ven un momento. ¿Tú me podrías decir más o menos

cuándo vas a terminar de hacer la obra?

Porque el bar tengo que abrirlo. Si no, me arruinas.

-¿Qué quiere que le diga? Eh... Ya falta poco.

Cada día menos. Yo soy muy de cuidar el detalle.

-El detalle. -Sí. Zamora no se ganó en una hora.

-Zamora.

A la hora de pagar, yo también me acordaré de Zamora.

Me voy al banco a por dinero.

(RÍEN)

Adiós, Paquita. -Adiós, Miguel.

Pepe, tiene razón. -Ya, ya,

pero esto es una obra de altura. -Ya.

Pues date prisa...

-Espere. -¡Ay!

-Espere, espere. Espere, que se lo limpio.

Quítelo. -¿Así?

-Sí, sí. Déjeme a mí.

-Gracias, Pepe. -No se preocupe.

(Música sensual)

No es por nada, pero tiene usted unos pies...

como Cenicienta. Mejorando lo presente.

-¿Como quién? -Como la Cenicienta, como el cuento.

Perdía el zapato y se casaba con el príncipe, ¿no se acuerda?

-Ah.

-Hola. -¿Qué tal? Buenos días.

-Venía a sacar 4500 pesetas. -¿Me da la cartilla?

Hola, buenos días. Buenos días.

Bueno, lo dicho, encantada.

La semana que viene les tengo todo preparado.

Le dan un saludo de mi parte al señor Esteban.

Gracias.

(SUSURRA) Merche.

Merche. ¿Has visto cómo son los bancos?

Parecen tómbolas para regalar de todo.

Mira qué bonito este juego de sartenes.

Está muy bien esa sartén. ¿Verdad?

Raquel, vaya cerrando, que ya es la hora.

-Sí, señor.

-Muy buenas. -Buenos días.

Claro que estoy contenta, padre. Sobre todo por la niña.

No vea usted lo alegre que está desde que su padre volvió.

Pero...

yo creo que la cosa no va bien. Bueno.

Tiempo al tiempo, Herminia. Hay que dejar que las cosas

se aposenten y las aguas vuelvan a su cauce.

Perdonar es más fácil que olvidar.

Ya, pero...

Pero no... ¿No, qué?

Ay, Dios mío, ya estamos.

Qué fatiga. Que no... lo hacen.

¿Ah, no? ¿Y usted cómo lo sabe?

No, prefiero no saberlo. Me tiene muy preocupada.

De todas formas, hay cosas más importantes que eso.

Pero es muy importante, padre.

A mí me da mucho miedo que Antonio se vaya otra vez

a buscar fuera lo que no tiene dentro.

Vamos, Herminia. Yo he pensado que hay una mujer

en mi pueblo que sabe mucho de esto. Y ella conoce unas hierbas

que a lo mejor... Herminia, por Dios.

Eso suena casi a brujería. Bueno, bueno...

Pero yo digo una cosa.

Que si Dios puso esas hierbas en el campo es por algo.

¿Qué mira? Está pensando qué se lleva.

¿Quién? El día menos pensado,

me roban a Santa Rita. ¡Ay!

¡Si es el hijo de la Rosa, la de la floristería!

Ha cogido algo, pero no sé qué es.

Igual se ha llevado alguna vela.

Qué pena de juventud.

Ahora roban hasta en la iglesia.

¿Desean algo?

-Pedir un crédito.

-Crédito.

¿Qué tipo de crédito? -Uno para comprar un piso.

-Si no tienen prisa, pueden venir mañana

y les preparo toda la información. Es que vamos a cerrar.

-Lo queremos ahora. Nosotros también andamos con prisa.

-Ahora... -Ha escuchado, ¿no?

(TITUBEA) -Perdón... No tienen cuenta aquí, ¿verdad?

-Qué va. -¿Y avalista?

-¿Y eso qué es?

-Bueno...

¿De qué cantidad hablamos? -Uf... Muchos millones.

Me sale gratis, ¿no?

-Oiga, yo quiero unas sartenes de estas para mi vieja.

Están muy guapas, ¿eh? -El juego de sartenes es una oferta

para los clientes que tienen domiciliada la nómina.

-¿Trajiste la nómina? -Qué va, ¿tú?

-¡Venga, a la puerta! ¡Dale!

(Música tensión)

(Disparo)

Me cago en la hostia, todo el mundo quieto.

Al que se mueva lo dejo seco. ¡Me cago en la hostia!

¡Tú, al suelo! ¡Al suelo!

¿Qué miras, hijo puta? No te miro.

¡Que te tires! ¡Al suelo, coño!

La pasta, no deje ni un duro. ¡Vamos!

Quieto ahí.

Ni respirar, ¿eh?

¡Date brillo!

A que te pego un tiro por roñoso, cabrón.

¡Mete la pasta, coño! ¡Que parece que es tuya!

¿Esta qué hace aquí?

-¿Qué coño haces aquí?

-No puedo aparcar en doble fila.

Tuve que dejar el carro a tomar por culo.

-Ve a ayudarle. -Estás colgada.

¡Que metas un millón, cabrón! ¡Todo lo que tengas!

-¡Deprisa, cojones! ¡Me tengo que ir!

-Ya lo meto.

-Vamos que nos vamos.

Parece que ya se van.

¿Tú qué miras ahí?

¿Quién está ahí? ¿Don Pimpón? -¡Chino, no me jodas!

-¿Está don Pimpón? -¡Chino, no me jodas!

(TELÉFONO) "Policía, dígame. Al habla la policía, dígame".

-Que cuelgues, coño.

Cuelga.

-¡Han disparado, señor Bermúdez! Dios.

-¡Ve a ver qué ha pasado!

-¿Por qué lo has matado? -Si he tirado allá, cojones.

¿Ha matado a alguien? No lo sé, Merche.

-¡Tú acábalo, cojones!

-¡Que me ayudes, que se desangra!

¡Por tu culpa! -¡Que no fue mi culpa,

que se tiró a rematar la bala!

-¿Tienes toallas? -No.

-Como te mueras, te mato.

-¡Tú, rubia, ven acá!

¡Tapa el agujero, hostia! -¡Señor Valero!

-¡Que hagas algo! ¿No ves que la palma?

-¡Pon el papel, haz algo, coño! -¡Lo has matado, Chino!

-¡Que no digas nombres! ¡Que no digas nombres!

-¡Esto no es lo que hablamos!

¡Dijiste que no nos cargaríamos a nadie!

-Dale. -¡Estás loco, estás loco!

-¿Qué cojones pasa? -Este, que le ha pegado un tiro.

-Me cago en mi puta vida... ¡Me cago en mi puta madre!

-Vete para allá, a ver si se nos van a escapar,

que es lo que nos falta ya. ¡Venga, cojones!

(Sirenas)

Necesito un perímetro de seguridad.

¡Por Dios!

Dios mío, sí que están.

¡La policía! ¡La policía!

-¿Qué hacemos, Chino? ¿Qué hacemos?

¿Por qué no salimos corriendo y nos vamos?

No podemos, Merche, que están esos ahí.

Seguramente han matado al director. ¿Matado matado?

¡La policía, joder! -¡Vete a la puerta! ¡Atráncala!

¿Por qué todo nos pasa a nosotros? Pues no lo repitas, milano.

(CHISTA) Ven aquí, fíjate.

¿Cómo estás? -¿Cómo quieres que esté? Muy chunga.

Te lo dije, está muy taladrado el Chino.

-Relájate, joder. Cogemos el dinero y nos vamos a la playa.

-¿A la playa? -Sí, a la playa.

-Si está todo lleno de maderos.

-Ya veremos. ¿Cómo han llegado tan pronto?

Porque alguien ha oído el tiro y les ha avisado.

Ahora van a entrar pegando tiros a diestro y siniestro.

No te preocupes, milano, que no van a hacer nada.

El cliente es lo primero.

Te digo una cosa, no vuelvo a entrar en un banco en mi vida.

Me cago en la cuna que me arrolló.

Los bancos solo me dan disgustos.

Deben estar tomando posiciones. ¿Qué quieres decir?

Definiendo cómo lo van a hacer. ¿No lo has visto en películas?

(CHISTA) Mucha película ves tú.

Vosotros a callar. Calladitos ya.

¿Otro coche?

A ver, ¿qué tenemos? -Lo de siempre, dos choros.

-Eso ya lo sé, coño. Quiero saber cuántos son

y si van armados. -Según los testigos, dos.

Luego ha entrado una chica. Suponemos que está en la movida.

Y van armados. Se oyeron disparos.

-Joder... ¿Rehenes?

-Los empleados del banco y dos clientes por lo menos.

-Hay que joderse. Precisamente hoy.

-¿Qué pasa, hay partido? -¿Qué partido ni qué coño?

Mi hija se casa. ¿O crees que vengo a trabajar con un clavel por gusto?

Venga.

¡Atención, habla la policía!

¡Soy el inspector Pereira!

¡Quiero que esto se acabe pronto y bien!

¡Id saliendo con las manos en alto antes de que las cosas se compliquen!

¡De vosotros depende!

-¡Chino!

¡Chino! ¿Qué hacemos?

-¡Que te calles!

-Chino, esto se llena de maderos.

-Ve a la puerta y vigílame a esos dos.

Como intenten escapar, los mato.

(LLORA) -Se está muriendo, se está muriendo...

-Joder, joder, joder, joder, joder...

¡Joder, joder! -¡Por mi madre que me los cargo!

¡Tengo una bala para cada uno!

¿Ha dicho que nos va a matar?

No te preocupes, lo ha dicho por decir.

Quiere que nos quedemos quietos. Quédate quieta.

-Podía haberle disparado una pierna, pero no, tenía que matarlo.

-Ha dicho que fue sin querer. -Sin querer...

¡Que lo ha hecho adrede! Si no dispara, no está contento.

Es un mal bicho. ¿Por qué no salimos y que se joda?

-¿Estás gilipollas? ¿Quieres que vuelva al talego?

¡Al talego, ni de coña!

-Señor Valero, no se rinda. No se rinda.

-Tú, las manitas donde yo las vea. Aquí encima. Eso.

Vosotros dos, quietos ahí.

-Joder.

¡A ver, los de dentro!

¡Vamos a ver!

¿No veis que las cosas se están poniendo más jodidas?

¡Cada minuto que pasa va en contra vuestra!

¡Así que id saliendo antes de que el asunto se complique!

Me mata. Mi hija me mata, y con razón.

-Y ahora, ¿qué?

-Yo qué sé. Déjame pensar. -Os dije que la íbamos a cagar.

-¡Dile a tu churri que se calle! -¡Cállate ya, anda!

-¡A ver, coño, que no tenemos todo el día!

-Rubia, te vienes conmigo. ¡No, no, no! A mi mujer no.

A mi mujer no, por Dios. Cállate, Antonio, por Dios.

Eso, haz caso a tu churri, Capitán Trueno.

Eso. Vamos, rubia.

Eso. Vamos de paseo.

Abre la puerta.

-Están saliendo. -¡Quietos, quietos!

Tranquilos, tranquilos.

-Si es el Chino. ¿No estaba en el trullo?

-Y yo qué sé. Le habrán dado permiso

por buena conducta o le habrán soltado.

-La leche, nosotros los trincamos y los jueces los sueltan.

-¡Maderos!

¡Tengo rehenes! ¡Y me los cargo!, ¿eh?

¡Me da todo igual! -¡Eh, Chino, tranquilo!

¡Dime!, ¿hay heridos? -¡Sí, hay uno solo!

-¡No te entiendo, Chino! ¡Repito! ¿Hay heridos?

-¡Que sí, coño! ¡Y más que va a haber!

-Joder, ¿qué hacemos? Hay que llamar a los geos.

-Que vengan. Está como una puta cabra.

Es un peligro. -¡A ver, tú eres el jefe!

¡Quiero un buga! ¡Con el depósito lleno, que corra!

¡Qué coño, quiero un helicóptero!

¡Lo quiero ya! -¿Es gilipollas? ¿Un helicóptero?

¿Pide un helicóptero? -Cree que es como Starsky y Hutch.

-¿Estamos? ¡Aquí mando yo!

-¡Vale, vale! ¡Tranquilo, te he oído!

¡Pero debo consultarlo! ¿Entiendes? ¡Tranquilo, Chino! ¡Tú tranquilo!

-Atrás. Vamos atrás.

-¿De dónde sacamos un helicóptero? -¡De ningún lado, coño!

-Bala, cierra la puerta. Venga, para allá.

Vete para allá. ¿Estás bien?

¿Qué coño le pasa ahora? Está mal del corazón.

Deje que se siente, por Dios.

Mírame.

Respira.

¡Eh! ¿Tú qué haces? Es la pastilla.

Para el corazón.

Dásela.

Tranquilo.

Necesito un poco de agua para tomarla.

Por favor, déjeme ir al baño. Tú flipas.

-Chino, déjale que vaya. ¿No ves que tiene mala cara?

¡Chino!

-¡No me jodas! ¿Dónde está el tigre?

-Ahí.

-¿Estás bien?

¿Cómo vas de lo tuyo? -Estoy bien.

(Radio)

¿Qué pasa?

-Su mujer, que no para de llamar. Dice que su hija está llorando.

-Puto Chino. -Y el gobernador civil,

que está llamando. Quiere saber cuánto va a durar.

-¡Yo qué coño sé, joder!

-Jefe. -¿Qué?

-La tele.

-La madre que los parió. Los que faltaban.

-Venga, tú, a beber.

Gracias. ¿Dónde vas tú?

-Joder, Chino, deja a la rubia que vaya.

¿O quieres otro como el del despacho?

Déjeme, por Dios. Está muy mal.

Venga. Gracias.

Meteos ahí los dos. Me tenéis hasta la polla.

¡No salgáis hasta que yo diga! ¡Eh, la puerta!

Que corra el aire.

Me cago en mi puta vida.

¿Qué, ya?

-Según cuentan testigos presenciales, se trataba de dos hombres.

Aunque algunos habla también de una mujer.

Pero el atraco que está teniendo lugar en estos momentos

tiene visos de acabar en tragedia

si la policía no acepta sus exigencias.

Según parece, se han escuchado disparos en el interior,

por lo que se teme que pueda haber algún herido.

"El asalto al banco se ha producido unos minutos antes

del cierre del establecimiento". -Hasta luego.

-"Por lo que parece, los atracadores se han hecho fuertes en su interior".

-¿Qué vas a hacer? ¿Vienes a vivir a casa?

-No sé. De verdad que te lo agradezco, pero...

no me veo viviendo contigo en tu casa.

Ramón, que tu casa parece el hogar del facha.

-Puedes quitar algún adorno, Miguel. -"Se ignora cuántos rehenes,

pero sí se sabe que los atracadores han exigido que les sea entregado

un helicóptero...". -Ya se ha armado. Escuchad.

-"Sin duda, uno de los motivos que explican el aumento

de la delincuencia es la crisis económica que vive nuestra economía,

con cerca de dos millones de desempleados,

y el auge del consumo de drogas, principalmente la heroína,

entre los jóvenes. Muchos de ellos, ante la falta de dinero

para conseguir su dosis diaria, están dispuestos a todo.

Aunque eso implique empuñar un arma...".

-Por favor, quita la radio.

Está uno harto de tanta monserga de la crisis...

-Ya clama al cielo esto. Qué barbaridad.

¿Visteis ayer la entrevista a Miguel Ríos?

Va el tío y dice que, si se puede comprar una botella de anís,

¿por qué no se va a poder comprar un porro?

-Eso no es verdad, que yo también vi la entrevista.

No dijo nada de una botella de anís.

-El caso es que no se puede salir a la calle.

Da asco. Están las aceras llenas de jeringuillas.

-Hoy mismo, ahí, en la puerta del colegio,

me encontré dos. -Las habrás tirado.

-Hombre, claro. -También los drogadictos

son hijos de Dios. -¿Por qué no se va usted

a la isla esa de Molokai y se pone a curar leprosos?

-Por Dios, qué cosas tienes.

-Un cigarrito.

-Toma. -Gracias.

-Joder. -Café.

-Me mata. Mi hija me mata.

Y mi mujer también, pero claro, con esa ya estoy acostumbrado.

Si es que no debí coger el teléfono.

Menos mal que me he inventado lo del infarto.

Si no, estamos aún en el suelo. Menudo susto me has dado.

Porque lo he exagerado mucho para que me creyera.

Ya.

(SUSURRA) Ese hombre desangrándose. ¿Será posible?

No nos va a pasar nada, ¿verdad? No te preocupes.

Yo creo que se rinden enseguida. ¿No ves que están acorralados?

Esto es como una película. No, peor que una película.

Porque en las películas siempre ganan los buenos.

No, en las películas escapan por la ventana,

pero por aquí no se puede porque es una mierda.

A mí el que me da miedo es el grande.

Parece que está loco. No lo parece, está loco.

Ya... ¿Y la chica? ¿Has visto? Es una cría.

¿La chica?

La chica no es la primera vez que roba, Merche.

¿Tú has visto con qué agallas le habla al loco?

Ten cuidado, Antonio.

Por Dios...

¿Sabes lo que te digo? Me van a devolver hasta el dinero.

El dinero, que lo llevo aquí.

¿Cómo que llevas el dinero ahí?

Sí, lo he cogido, con todo el lío, me lo he metido...

Pero ha sido sin pensar.

Mejor lo guardas tú.

Merche, cuidado con el alféizar que resbala.

Qué tonto eres, de verdad.

Bala, chaval.

¿Hace cuánto el último? -Esta mañana.

Joder.

¡Cago en la leche!

Joder, hombre.

¿Qué ha pasado? ¿Qué ha pasado?

-¡Hijo de puta, las manos!

¡Las manos, te lo he dicho antes!

¡Pero este tipo está loco!

Dios mío.

¿Qué está pasando? ¿Qué está pasando? Contesta.

-Vamos a tener que entrar, jefe. Vamos a tener que entrar.

-¡Cago en la puta, Chino! ¡¿Quieres parar con la pipa ya?!

-¿Tú qué? ¿Tú qué? ¿Para qué te la traes?

¿Para qué te traes a esta tía? ¿Qué pinta esta tía aquí?

¿Qué pinta esta tía aquí?

¿Y tú qué miras?

Apártate de la puerta, por Dios. Ven aquí.

Pero este tío está loco. ¿Pero qué hace?

Pero no le provoques, cariño.

¿Qué has dicho? ¿Qué?

Que después de mucho tiempo me has llamado cariño.

Aquí, en el retrete de un banco, en medio de un atraco.

Enjaulados como si fuéramos el oso del Retiro

y con el dinero de los atracadores en el alféizar.

Cállate. Si sale bien,

no me digas que no es gracioso. Calla.

Esto pinta muy mal, jefe.

¡Venga, Chino, hombre, dinos algo! ¡Sal!

-Tú, fuera.

Vente para acá. ¡Ven para acá, coño!

-Sí, señor.

-Venga, venga, ven aquí.

Ven aquí, venga.

Vas a salir fuera y le vas a preguntar

que qué pasa con el helicóptero. Y si no está aquí en media hora,

empiezo a mataros, hijos de puta. Venga, Monchito, venga, a hablar.

No pasa nada, Merche, no pasa nada.

Están negociando.

A todos en media hora.

-Ahí está.

Viene con otro rehén.

Será un empleado del banco.

-¡Aquí, el señor atracador dice que qué pasa con el helicóptero

y que va a empezar a matarnos a todos en media hora!

-¡No, no, no! ¡Aquí nadie va a matar a nadie!

Tranquilo, ¿vale?, tranquilo.

Lo del helicóptero es imposible.

¿Dónde coño quieres que aterrice?

Oye, podemos ponerte un buen coche, ¿vale?

-¡¿Pero tú te crees que estoy de coña?!

¡Los mato a todos, me cago en Dios! ¡En media hora empiezo!

(ENTRE DIENTES) Su puta madre...

Oye, es lo único que puedo ofrecerte.

¡Y quiero caballo!

¡Y farlopa! ¡De todo!

-Sí, y cuatro putas, no te jode.

-Chino, escúchame bien.

Tenemos aquí al médico. Va a entrar.

Si se os muere el herido, es peor para todos.

¡Nada de médicos! ¡Nada de médicos!

¡Siempre está el madero disfrazado! ¡Lo he visto en las pelis!

-¡Por favor! El señor Valero necesita al médico, se está muriendo.

-Chino, que la va a palmar.

-¡Pues cuídalo, tú!

Pues venga, un buga. Que corra, ¿eh?

¡Y diez millones de pesetas! Que este banco está pelado.

-¡Vale, de acuerdo!

Haré lo que pueda, ya lo sabes, pero tú, tranquilo.

-¡Que los empiezo a matar a todos! ¿Lo has apuntado?

-¿Diez millones? ¿Qué quiere diez millones?

Pero es gilipollas.

-Ven para acá, Monchito.

Ven, ven, ven. Venga, hijo puta.

Métete ahí.

Si no te veo las manos, te pego un tiro.

Te lo juro por mis muertos.

(RADIO) "En la mayoría de los casos, se trataba de atracos rápidos

en los que los cacos se hacían con el botín

y emprendían su huida sin dejar ninguna víctima a su paso,

aunque insistimos que este atraco..." Esto son las drogas seguro.

"Y la Policía no acepta las exigencias de los atracadores

que están nerviosos..."

Las drogas están matando más juventud que la guerra.

"Seguimos en la unidad móvil de RNE siguiendo el atraco

y les iremos informando según ocurra..."

¿Cuánto ha pasado?

No pienses en eso. ¿Cómo no voy a pensar en eso?

Ha dicho que en media hora nos mataba a todos.

Pues precisamente por eso no pienses en eso.

¿Tú desde cuándo fumas? No fumo.

Joder que no fumas. Tienes un paquete y un mechero.

Fumo cuando estoy nerviosa.

Estoy muerta de miedo.

Tengo la sensación de estar en el último minuto de nuestra vida.

No te preocupes, que eso no es así.

Yo también estoy muerto de miedo, pero ya verás como dentro de un rato

estamos en casa, no te preocupes. Ni una palabra a mi madre.

Pero a qué a tu madre, si se habrá enterado ya.

¿Tú sabes la cantidad de gente que habrá fuera

entre periodistas y los de la radio y la Policía y demás?

Pero nadie sabe que estamos aquí.

Pues, claro, Merche, claro.

¡Eh! ¡Los de dentro!

¡Escuchad!

Por el bien de todos, soltad a los rehenes.

¡Escucha, Chino, y los demás!

¡Esto no va a ninguna parte!

¿Y entonces, qué?

-Pues que estaba harta de Benidorm.

-¿Y las niñas? ¿Cuándo van a venir? -En cuantito acaben el colegio.

Me las traigo para acá, que yo tampoco puedo más.

Estoy preparándolo todo para que esté listo ya.

Habrá que buscarles colegio.

-Bueno, de eso me puedo ocupar yo.

-Vale. -¿Y de lo otro?

-¿Qué otro?

-Si has conocido a otra persona. -¿Te estoy preguntando yo a ti?

-Bueno, pregúntalo si quieres.

-Es que no quiero.

-Paquita, yo con la edad me he convertido en un oso solitario.

Tiquismiquis, maniático, egoísta.

-Me estás mirando el escote.

-¿Quién? ¿Yo?

(ASIENTE) -No.

Que no, Paquita.

Bueno, qué sé yo. A lo mejor... miro a un lado, luego tengo que mirar

al otro lado y paso por delante del escote, igual lo miro, porque...

estás guapísima.

-¿Dónde vas a vivir ahora?

-Yo había pensado buscarme algo apañadito, cerca, en el barrio.

De alquiler.

-Claro.

-Oye, ¿a ti te importaría que...

(A LA VEZ) Dime una co...

-Di, di. -No, di, tú.

-Di. -No, di, tú.

-¿Qué te parecen mis pies? -¿Cómo?

-Mis pies, Miguel.

Ay, a ver, mis pies.

Que qué te parecen mis pies.

¿Tú los ves así como de la Cenicienta?

"Acabad con esto ya". -Entendido.

"Pero ya". -A la orden, señor.

El baranda quiere que acabemos con este circo cuanto antes

y yo también. Que vengan los geos.

-Central, soy Ramos.

"Central, ¿dígame?" -Que vengan los geos.

"De acuerdo".

-Su puta madre.

Me cago en mi puta vida.

¡Maderos! ¡Se os acaba el tiempo!

¡En cinco minutos empiezo a cargarme a todo Dios! ¡Por mis huevos!

Nos van a matar. No.

Nos van a matar. No.

¡Por mis huevos!

¡Me los cargo!

¡Y vosotros, los del váter, vais a ser los primeros!

-Aguanta, mi vida, aguanta, que ya nos vamos.

Ay, Chino, que está muy mal. Que necesita meterse algo.

-¿Qué quieres que haga? Ya he pedido caballo.

Nos van a traer lo que hemos pedido. Lo van a traer.

Joder, Merche, lo que faltaba.

Dice que está perdiendo mucha sangre y este está chalado.

Y el otro está muy mal. ¿Por qué?

El rubio tiene el mono ese por no tomar la droga, ¿entiendes?

Pobre. ¿Pobre dices?

A ver si no se pone violento y se viene arriba.

Ya verás tú el pobre. Me cago en la madre que los parió.

Dios mío.

¡Tú!

-Por favor, está muy mal, está perdiendo mucha sangre.

-Cuida de ese tío, cuídale. Vamos.

-Aguante, señor Valero, aguante.

-¿Tiene pulso?

-Yo estoy haciendo todo lo que puedo. -Más te vale.

Que no se te muera.

Por tu padre.

-Oiga, ¿puedo bajar las manos? -No.

-Es que se me han dormido los brazos y ya no los siento.

-Pues te jodes.

Me estás rallando mucho. ¿Tú quieres que te pegue un tiro?

-Ya verás cuando acabe todo esto.

Y ya verás que niño más guapo vamos a tener.

Que seguro que sale a ti. Seguro que tiene tus ojos.

Pero tenemos que entregarnos, Bala.

Yo en la cárcel voy a hacer un curso por correspondencia de peluquería.

-No, no, que no coño, que no.

A la cárcel no vuelvo.

Venga, tranquilo.

-¡Maderos!

¡Quedan cuatro minutos!

¡Cuatro minutos y empiezo a matar gente!

-¿Qué?

Y yo qué cojones sé.

Si por lo menos alguien supiera que estamos aquí.

Esto no puede durar mucho, Merche. Tendrán que rendirse.

Eso ya lo veremos.

En cuanto traigan la droga ese cafre se tranquilizará

y todo pasará.

Pues que no tarden mucho, por Dios.

¿Tú has visto a la chica? Si es una cría.

Podría ser Inés.

Cada vez que pienso que nuestra hija podría haber acabado así.

Pero ¿vas a comparar? Bueno...

Esa chica también tiene unos padres como nosotros.

Y ha sido una niña que ha jugado a las muñecas.

Y ha escrito una carta a los Reyes Magos.

A lo mejor sus padres la están esperando para comer.

Sí, con un cocido madrileño.

¡¿Qué pasa con el buga?!

¡¿Y con el puto jaco que he pedido?!

¡¿Eh?!

-No.

¿Qué está pasando, por Dios? ¿Dónde está la Policía?

¡Joder! Lleva las manos llenas de sangre.

(Música tensión)

Quieta.

Este cabrón está chalado.

Este está chalado.

Qué susto, por Dios.

¿Qué pasa, Miguel? -Nada, que he estado pensando y...

Lo que te he dicho antes, que a lo mejor me venía al barrio.

Aquí, a buscar un piso, apañadito, cerca y tal para alquilarlo.

Y que bueno, que he pensado que como las niñas tardarán en venir.

Bueno, pues igual a ti no te importaba que yo me instalara

aquí de forma provisional. Vamos, no sé.

-Pero vamos a ver, Miguel. Si nos divorciamos, nos divorciamos.

-Solo aquí mientras yo voy encontrando otra cosita.

-Bueno, Miguel, pues si quieres venir aquí,

ya me voy yo. -No, no te preocupes.

Igual no era tan buena idea. Hablo con Ramón y me voy a vivir

con él a su casa y ya está. No pasa nada.

Venga. -Hasta luego, Miguel.

-Hasta luego.

Ay, Dios.

Merche, ¿te puedo preguntar una cosa?

Es sobre lo de anoche.

Cuando hicimos el amor.

No salió bien.

¿Verdad?

No.

Me sentí mal cuando me di cuenta.

¿Por qué?

Tú no tienes culpa.

¿Por qué, Merche?

Bueno, yo pensé que tú querías.

Pues claro que quería, milano.

Si tú no quieres, yo no quiero. Esto es cosa de dos.

¿Por qué estamos hablando esto en este momento?

Porque a lo mejor no podríamos hablarlo en otro momento

si no fuera este, Merche.

Y porque este sitio es igual de malo que otro cualquiera para hacerlo.

Y porque si estos cabrones nos hacen algo, que Dios no quiera,

yo no quiero morirme sin decirte que te quiero con toda mi alma.

Y sin decirte también que si no lo hacemos,

pues no lo hacemos.

Que me da igual.

Bueno, no es que me dé igual, a ver si me entiendes.

Estoy dispuesto a esperar todo lo que haga falta

como cuando teníamos veinte años y éramos novios.

Cuando éramos novios, tenías mucha prisa.

Nos ha fastidiado, porque era muy joven, Merche.

A ver, estaba brotándome todo.

Ahora ya con casi sesenta,

eso debe ser como la Quiniela una vez a la semana.

Y con setenta, ya ni te digo. Debe ser como...

Como la Navidad, una vez al años y chimpum.

O sea, que no te voy a dar mucho la matraca, no te preocupes.

Te quiero mucho.

Y lo siento.

Lo siento mucho.

¿Sí? "Paquita".

Soy Herminia.

Oye, ¿no habrás visto a mi hija o a Antonio?

Pues no.

Es que, fíjate las horas que son.

"Todavía no han aparecido". Bueno, Herminia.

Se han quedado a comer por ahí seguro.

Sí, sí, ellos dijeron que se iban a comer,

pero que luego se venían enseguida para acá.

Pues se habrán ido de compras, ¿no? "Pues a lo mejor".

Pero, hija, podrían haber avisado. Para eso están las cabinas.

Cabinas, dice. ¡Pero si no funciona ni una!

Están todas reventadas.

Eso sí que es verdad.

Bueno, hija, te dejo. Que tengo que ir a por la niña.

Bueno, después me cuenta, ¿eh?

Hasta luego.

(Música tensión)

Eso debe de ser los geos, milano.

¿Los geos sabrán que estamos aquí? Pues no, no lo saben,

porque no han entrado. Por Dios.

(MEGAFONÍA) "Vota Alianza Popular".

-¿Qué coño es eso?

A ver si nos oyen por la parte de atrás.

¡Oiga, oiga! ¡Estamos aquí!

¿Nos oyen? No grites, que te van a oír.

No me oyen, porque esto da a la parte de atrás.

¡Oiga!

"Por un Madrid mejor, vota Alianza Popular.

Vota a Jorge Verstrynge".

¡Pero que están pidiendo el voto! Me cago en la leche.

Ya es mala suerte que tengamos que estar toda la mañana

metidos aquí y nadie se entere.

Cada uno sigue a lo suyo, haciendo su vida, joder.

Merche, no mires. Merche, no mires.

Estos hijos de puta lo van a flipar. Lo van a flipar.

¡Merche!

¿Qué hacen? Están hablando entre ellos.

(FARFULLA) A mí me da igual esto. Me cago en Dios.

Cago en su puta madre.

¡Se acabó el tiempo, maderos!

Ven aquí, quietos.

¡¿Dónde está el buga?!

¡Empiezo a matar gente, eh!

¡Empiezo a matar!

¿Es lo que queréis? ¿Empiezo a matar?

Dicen que se ha pasado la media hora, Merche.

O sea, que ahora tienen que salir.

Van a salir. No.

O va a entrar la Policía a pegar tres tiros.

Que la Policía no entra pegando tiros así, a lo loco.

Tranquila. La Policía no entra así.

No sé yo.

Que no va a haber buga, Chino. Es mejor dejarlo.

-¡Que te calles! ¿Cómo no va a haber buga?

-¿Tú has visto la que hay montada? -Chino, Chino.

Igual la Bea tiene razón.

Salir, digo. Necesito un pico, joder.

-Chaval, yo no me he metido en esto para salir sin nada, ¿está claro?

Así que aguanta. -Que se ha acabado, Chino.

¡Que se ha acabado!

-¡Que te calles, que me tienes hasta la polla!

-¡Hasta el coño me tienes tú a mí!

¡Estás tarado!

-Enseguida van a venir los médicos y todo va a ir muy bien.

Y la Policía nos va a sacar de aquí.

Y en cuatro días, seguro que estamos aquí

como si no hubiera pasado nada.

-A ver, tú, pringado, ven para acá. -¿Otra vez?

-¡Otra vez! Ven para acá, sí, otra vez.

¿Cómo te lo explico? ¡Ven para acá, coño!

¡Vamos! -¡Hay que hacer algo

o el señor Valero se muere!

-¿Sabes qué? Tienes razón.

Campanilla, ven, tú.

¡Ven!

Que vengas, coño.

A ver si tú le das más pena que el calvo.

Venga, abre la puerta.

-Ahí está otra vez. -Joder...

Esa mujer tiene las manos llenas de sangre.

¡Se acabó, eh!

¡O traes el buga y la pasta que he pedido

o empiezo a matar gente!

¡Y empiezo por esta!

-Chino, tranquilo, ¿vale?

La droga y el coche están en camino.

Pero deja salir a los rehenes y os entregamos el coche.

-¡Ven, tú, a cogernos, fascista!

-¡Me cago en la madre que lo parió! Otro como mi hija.

Pero ¿por qué todo el mundo me llama fascista?

¿Qué le ha llamado? Fascista, Merche.

Es que le ronca la mandarina. Este tío viene, atraca un banco,

medio mata al director,

y va y le llama fascista. ¡Este es gilipollas!

No te pongas así, hombre. Me pongo muy nervioso.

Escucha, Chino.

Me lo estás poniendo muy difícil.

Deja salir a los rehenes y os entregamos el coche.

-¡Una polla que te comas, maricón!

-La madre que lo parió.

Joder...

-Venga, para atrás.

Eso es, cierra la puerta.

-Hostias, hostias.

-¿Qué es eso?

-Los anillos de boda.

Joder...

A estas horas mi mujer estará pidiendo el divorcio.

(Conversaciones superpuestas)

Es una locura. -¿Cuándo ha ocurrido esto?

-Es increíble. Mira la gente que hay. -Es muy fuerte.

-No me lo puedo creer.

-Ya verás cómo te curas de puta madre y dejas esta mierda del caballo.

-Que yo no vuelvo al talego, Bea.

Aquello está muy malo. Allí no se cura ni Dios.

-¿Qué estáis hablando?

-Esto es una puta mierda, Chino. -¡Pues es lo que hay!

-Pues si el Chino no quiere salir, salimos nosotros.

-¿Para que nos metan veinte años vas a salir?

-Pero si tú no has hecho nada.

Bueno, casi nada.

-Que la hemos liado, joder, que la hemos liado.

-¿La hemos liado nosotros, chaval? ¿Eh, Bala?

Tú te das cuenta de las cosas, ¿no?

Os tienen drogados para que no penséis.

¡La culpa es de los hijos de puta de los bancos!

¡Como ese de ahí! ¡Como estos! ¡Que esos son los que nos roban!

-Pues si son unos pringados. Lo mismo que tú y que yo.

-¿Usted sabe lo que cobro yo? ¿Lo sabe?

Una mierda, eso es lo que cobro. -Y yo lo mismo.

-Y ahora, ¿puedo pasar a ver cómo está el señor Valero?

-¡Chino! ¡Es el último aviso!

¡Deja salir a los rehenes!

¡Que te vayas a la mierda, maricón!

-Vamos a tener que entrar.

Vamos a tener que entrar.

¿Estás bien?

No pasa nada.

Es que estoy preñada.

¿De ese chico? Sí.

Yo le quiero mucho al Bala.

Es muy bueno. No es capaz de hacerle daño a una hormiga.

Ya, por eso lleva una pistola, hija.

Pero si es de mentira.

La compramos en el SEPU.

Ya sabéis, "Quien calcula compra en SEPU".

Que nos costó 30 duros.

La pipa del Chino, sí, esa sí que es de verdad.

Ya nos hemos dado cuenta.

¿Tú sabes cuándo os vais a rendir? Porque es que va a empezar a entrar

la Policía pegando tiros y va a ser peor.

¡Ay, que mi niño va a nacer en el talego!

¡Y a los dos años me lo van a quitar!

¿De cuánto estás?

De tres meses.

¿Y estando de tres meses se te ocurre atracar un banco?

Chica, pero es vais deprisa, deprisa.

Pero si es que yo no quería.

Bueno, a ver, un poco sí que quería, pero pagar la clínica al Bala.

Que es una clínica muy de puta madre que está en Málaga, en una granja.

No lo sé, pero cuesta una talegada.

¡Pobrecillo! Ahora va a pasar el mono solo en el trullo.

¡Ay, con lo que yo le quiero!

Pues si le quieres tanto, dile que salga, anda.

Dile que salga, ¿eh? No, pero si por él saldría.

Lo que pasa que le tiene mucho miedo al Chino,

porque tiene muy mala hostia. El Chino está loco, joder.

Merche, Merche...

Mi niña, ¿cómo estás?

-Bueno.

Ya verás cómo dentro de seis o siete años,

si no te metes en líos,

podemos estar juntos.

-Ya verás, ya verás.

-Y en dos años, como mucho, nos dan un vis a vis.

Y yo me voy a hacer el curso de peluquería.

-Tú, peluquera y yo, electricista.

-Claro que sí, Bala.

Yo, peluquera y tú, electricista.

Pero tenemos que salir.

Tenemos que salir, ¿vale?

Hay que salir.

Sí, Bala, mi vida.

Venga, vamos.

-Vamos.

Vamos.

Joder.

Hablas con ellos y parecen gente normal.

No la toques, Merche.

(Música)

Algún día moriremos de noche.

Unos durmiendo, otros en coche.

Unos amando, otros soñando.

Algún día moriremos de noche.

Algún día moriremos helados

sin darnos cuenta de que ha terminado.

Sin ni siquiera darnos cuenta,

algún día moriremos helados.

Algún día moriremos sin razón,

sin excusa alguna, sin explicación,

sin vientos de palabras ni ruidos,

algún día moriremos sin razón.

Algún día moriremos tú y yo,

sin esperanza, sin amor,

sin añoranza ni calor.

Algún día moriremos tú y yo.

Tú y yo.

Algún día no moriremos jamás.

No habrá guerra, no habrá paz.

No habrá tiempo, nada más.

Algún día no moriremos jamás.

Jamás.

A la abrazadera directamente.

Ramón, no pasando por el manguito que lo vas a rajar.

Lo único que tienes que hacer es soltar una tuerca.

-¿Me vas a enseñar tú a mí cómo tengo que hacer esto?

-Pero si es que es de cajón, Ramón.

¡Te vas a cargar el manguito!

¿No habéis visto por aquí a Antonio y a Mercedes?

(A LA VEZ) No.

-Pero no se preocupe, Herminia. Deben estar por ahí pelando la pava.

Hala. -Hasta luego.

-Aquí está... -Sobre todo el manguito,

que te va a costar un dinero. -Ahí está.

-Oye, Ramón, ¿tú a estos les vas a votar?

-No. -¿Y eso por qué?

-Porque como voy a votar a uno que no sé ni cómo se pronuncia.

"Verstrynge", Verstrynge, si no parece español, hombre.

-Voy a hacer lo que hace la gente joven.

Pasar de todo. -Joder, Ramonín.

Cómo has cambiado, me tienes asustado.

-Que me estoy haciendo mayor, Miguel. Y ya no me creo nada.

-O sea, que ya no eres fascista. -¡Eh! Eso siempre.

¡Hasta la muerte!

Dime una cosa, Miguel.

¿Tú crees en el comunismo

ahora igual que cuando vivía el Caudillo?

Pues eso.

Vamos a ver, Ramón.

Si yo me fuera contigo a vivir a tu casa,

es un suponer, no digo que me vaya a ir a vivir.

Pero vamos, si me fuera a vivir,

¿tú podrías deshacerte de alguna de esas cosas que tienes por allí...?

-¿Como qué?

-El perro de escayola, que me da miedo.

Y el retrato de Franco.

Y la bandera del aguilucho.

Y la del yugo y las flechas. -¡La Falange ni tocarla!

-Bueno, vale.

-¿Y cuánto me ibas a cobrar? -Vamos a ver.

Eso no tiene importancia, Miguel. Eso, eso...

Entonces, ¿te vienes?

-Sí. -Venga, choca esos cinco.

-Trapo.

Bueno, tranquilos. Ya se ha acabado todo.

-Volverán a llamarles otra vez para declarar, eso sí.

Pero bueno, lo más importante es que no les ha pasado nada.

¿Y a ese pobre chico? ¿A ese?

Lo mismo, hasta sale adelante. Mala hierba nunca muere.

Que se lo hubiera pensado antes.

Tendrán que ir a declarar en el juicio, por favor.

Fírmalo, tú. Sí.

¿Y a la chica sabe lo que le va a pasar?

Pues cualquiera sabe.

Le llevará al juez, dirá que fue obligada

y con el tema del embarazo, pues igual hasta sale de rositas.

Depende de lo declaren ustedes y los del banco.

Nosotros vamos a declarar la verdad. Supongo.

A nosotros nos han tratado bien, pero claro...

Pues ya está.

Hemos terminado, muchísimas gracias. No se preocupe.

Estoy muy bien, estoy muy bien.

"Hasta algún tiempo después, no supimos que mis padres estuvieron

en medio de aquel atraco que durante unas horas

tuvo en vilo a la ciudad.

Aquel día no nos hablaron de aquello,

seguramente, para que la abuela Herminia no se preocupara,

porque, por entonces, íbamos de sobresalto en sobresalto.

Tanto era así que atracos como aquel habían dejado de ser noticias

de primera plana para convertirse en hechos casi cotidianos".

"Un atraco en una céntrica oficina

en la que los delincuentes, que entraron con armas de fuego,

retuvieron a los clientes y al personal

que se encontraba en ese momento". Mirad, están hablando del atraco.

Algo hemos oído, Herminia. "Han herido de gravedad al director

del banco, tomando como rehenes a los clientes.

Finalmente, y después de cuatro tensas horas, la Policía redujo

a los delincuentes..." Creo que ha sido horrible.

"Uno de los cuales fue herido de gravedad

en el momento que intentaba huir. Pero cuando parecía que el caso

había concluido..." Se le está bien empleado.

"Llega la noticia de que ha desaparecido

el millón de pesetas obtenido por los delincuentes,

pero no solo ha desaparecido el dinero,

también se ignora el paradero del cajero de la oficina,

Anselmo Bermúdez, del que se sospecha que, aprovechando la confusión,

desapareció con ese millón de pesetas.

Varios testigos que se encontraban en el exterior del banco

en el momento del atraco..." (SUSURRA) Joder, y tan listo.

Vamos, yo no les vi más que salir,

pero resulta que al ponerse la Policía por aquí y tal,

y ellos no oponer resistencia ni nada fue cuando se entregaron.

-¿Ha habido momentos de tensión desde la calle?

-Sí, señor, sí, ha habido alguno, porque hasta que han cortado

la circulación los del GBS y han visto que, claro,

al verse perdidos, se han tenido que entregar

a pesar de que sacaban a un rehén.

-¿Qué aspecto tenían los atracadores?

-Pues mire, usted, tendrían unos 25 o 26 años.

-¿Iban armados?

-Uno de ellos, sí. Le vi.

-¿Qué armas llevaba?

-Eso ya... No vi nada más que la culata

y debía de ser de cañones cortados o algo así.

-¿Y lo entregó de inmediato a la Policía?

-Sí, sí, sí, se veían perdidos y ya no tuvieron otro remedio más que...

O sea que, la verdad, duró poco, pero que fue rápido.

-Muchas gracias. -De nada, majo.

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Cuéntame cómo pasó - T16 - Capítulo 276: El último minuto de nuestra vida

29 ene 2015

Llega el mes de mayo de 1983 y con él las elecciones municipales. De nuevo los españoles están llamados a las urnas, mientras los políticos apuran para hacer campaña. Pero si algo de verdad preocupa estos días es la oleada de atracos que se están registrando en todo el país. Solo en Madrid el año anterior se produjeron más de 2.000. Tal es la situación, que incluso Antonio y Mercedes se ven involucrados en uno. Serán horas tensas en las que la pareja, temiendo por su vida, se replantea su situación. Quien también hace balance estos días es Miguel, que está un tanto melancólico. El regreso de Paquita le ha hecho replantearse muchas cosas, y aunque sabe que su relación está terminada, está dispuesto a intentar arreglarla. Lo que no sabe es que su exmujer tiene ya otros planes.

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  1. Juan castolo

    El mejor capítulo de lo que se lleva de serie increíble como antonio muere siendo el héroe

    09 feb 2018