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No recomendado para menores de 7 años Cuéntame cómo pasó - T14 - Capítulo 253: La vida ante tus ojos - Ver ahora
Transcripción completa

Cuéntame...

tú que has vivido

el despertar

de un tiempo que nos cambió.

Volverás...

a ser un niño

al recordar

las largas tardes de sol.

Háblame de lo que has encontrado

en tu largo caminar.

Cuéntame cómo te ha ido,

si has conocido la felicidad.

(NARRA) Unos días después de ser confinado entre cuatro paredes,

sentía que mi vida se había detenido.

En la celda de aislamiento tenías todo el tiempo del mundo,

pero absolutamente nada que hacer.

Allí solo estábamos yo y mis pensamientos, o mejor dicho,

un único pensamiento que taladraba obsesivamente mi cabeza.

A mi salida me las tendría que ver con Salazar,

mi antiguo compañero de celda,

que tenía entre ceja y ceja mandarme al otro barrio.

Aleteo de pájaros.

Se alejan los pasos.

Pero ¿cómo que está en una celda de castigo?

¿Cómo no se me ha comunicado antes?

-Tranquilícese, Alcántara, por favor.

¿Qué es lo que ha pasado?

(SUSPIRA) -Su hijo me pidió que los mantuviera al margen.

A fin de cuentas, es mi cliente y quien decide.

Pero el que le paga soy yo, Mondragón.

¿Qué ha hecho para estar en una celda de castigo?

-Lo han sorprendido con un arma blanca.

¿Un arma blanca?

Un cuchillo. ¿Un cuchillo?

Eso es imposible. Pero ¿está bien o no?

-Sí, sí, gracias a Dios no hay que lamentar daños.

Ay, coño, tenía que pasar, sabía que pasaría.

¿Cómo que sabías que pasaría?

Lo sabía. ¿Qué está pasando, Antonio?

Hay un tal Salazar, un preso que intentó fugarse.

Lo pillaron y cree que Carlos lo delató.

Lo ha amenazado de muerte.

Dios mío.

¿Cómo no me has dicho nada antes?

Pues porque no. -Miren.

Estando como están las cosas,

donde más seguro está es en la celda de aislamiento.

El problema es que sale mañana mismo.

¿Conseguimos que lo cambiaran de galería o tampoco?

-He agotado las instancias sin éxito.

¿A qué coño esperamos?

¿A que venga ese tío y me lo pinche o qué?

-No, hay una posible solución.

Joder, pues dígala, por Dios. -Por eso los he llamado.

Tengo un cliente interno en Carabanchel

que podría dar protección a su hijo.

¿Esa es la solución?

Yo también tenía uno que lo protegía y me lo han pinchado.

¿Cómo que te lo han pinchado?

Quico, Merche.

Quico, ¿quién es Quico?

Es el novio de Sandrita, del 2001, que nos ayudaba y lo han pinchado.

Por Dios, ¿hay algo más que tenga que saber?

No me entero de nada.

-Yo no hablo de un delincuente común.

Hablo de una persona importante, alguien influyente.

¿Han oído hablar de Sito del Moral?

Yo sí.

Es traficante de drogas, importante.

-Pues ese mismo. ¿Y?

-Por una suma de dinero garantiza que a su hijo no le pase nada.

¿Cuánto dinero?

-No sé, tendría que hablarle,

pero por menos de un millón no creo que mueva un dedo.

Un millón.

-La pregunta es:

¿pueden ustedes conseguir ese dinero?

Esa no es la pregunta, Mondragón,

sino cuánto tiempo tarda usted en contactar con su cliente.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

-Buenas tardes. -Miguel, tienes una carta

del juzgado. -¿Del juzgado?

-Ajá. Certificada.

-Joder...

Vale. -Gracias, buenas tardes.

-Venga. -Adiós.

¿Pasa algo, Miguel?

-Pues nada.

Nos han dado fecha para el juicio de divorcio.

-Seréis los primeros que conozco que estéis divorciados.

-Ya. -¿Quién lo iba a decir?

Con lo enamorados que estabais...

Si es que la vida es una tómbola.

-Oye, Pili, ¿no tienes nada que hacer en la barra,

en la cocina o en ningún lado? -Mira, Antonio y Mercedes.

-¿Qué? ¿Qué tal con el abogado? Bien.

-¿Y Carlos está bien? De momento está bien.

-Si te enteras de algo, avísame. Hablamos luego.

Ahora no tengo tiempo. -Venga.

Gira una llave en la cerradura.

¿Crees que es buena idea?

¿Qué quieres que haga?

¿Por qué no me lo has contado?

Qué manía de no contarme las cosas.

¿Te cuento que quieren matar a tu hijo?

Mírate, estás descompuesta. Intento evitarlo

y no darte un disgusto. No seas pesada.

Adiós. Adiós, Herminia.

¿Adónde va tan deprisa?

Al abogado.

Mercedes.

¿Crees que conseguirá sacar a Carlos de la cárcel?

No lo sé, no lo sé.

Bueno, mi vida, no perdamos la esperanza.

-Alcántara, nos vamos.

(NARRA) Cuando estabas en régimen de aislamiento,

solo tenías derecho a pasar tres horas al día fuera de la celda.

Solo tres horas.

Aquellos pequeños ratos en el exterior

eran lo más parecido a estar vivo

que podía sentir en aquellos momentos.

Aquí tiene.

Un millón de pesetas, no hace falta que lo cuente.

-Descuide, con ese dinero su hijo tendrá protección por un tiempo.

Si el problema persiste, deberá hacer nuevas entregas.

Avise a su cliente cuanto antes.

Gracias. -Alcántara.

Mi cliente me ha dicho que por cinco millones

podría atajar el problema de raíz.

¿Cómo atajar el problema de raíz?

-En la cárcel todo tiene un precio;

la vida de un recluso que amenaza a otro también.

Pasaría por suicidio, nadie sospecharía nada, claro.

No, hombre, no.

No, no, eso no.

Vamos a ver, ¿no es más fácil

inventar algo para que yo entre en la cárcel?

Si estoy dentro, puedo protegerlo. No se me ría.

Lo que digo es que si hay alguna forma

de que pagando pueda entrar en la cárcel.

-No haría más que complicar las cosas.

Es que ya no me creo nada.

Avise a su cliente.

Voces lejanas.

Timbre de la puerta.

(CARRASPEA)

-Hola, Mercedes. Hola.

-¿Puedo pasar?

Solo quería disculparme por lo que pasó el otro día.

Siento que te arruináramos el desfile.

El desfile.

¿Qué me importa el desfile?

Me importa mi hijo, que está en la cárcel sin tener culpa de nada.

Y tú lo sabes.

-Hola, doña Herminia.

Portazo en piso superior.

Pasos bajan la escalera. Anda, pasa.

Arancha, mi hijo tiene que salir de la cárcel como sea.

Debes decirle al juez

que quien tuvo que ver con la droga es Felipe.

¿O me vas a decir que no sabes a qué se dedican?

-Mercedes, no puedo hacer eso.

Felipe es mi marido. Ya, tu marido...

Entonces ¿a qué has venido?

¿Qué es lo que quieres?

Gira una llave en la cerradura.

Muy buenas, ¿qué haces tú aquí?

-No, ya me iba.

Espera. ¿Te ibas? Pues lárgate.

No te quiero ver más por esta casa, fuera.

¿Esta imbécil viene a reírse de nosotros encima o qué?

Tiene miedo.

¿Miedo?

¿No te das cuenta de que es nuestra última opción?

Mamá...

(RESUENA CON ECO) ¿Cómo estás, hijo?

Tengo miedo.

Tienes que comer más.

Te estás quedando en los huesos.

Tienes ojeras.

Abrígate, no pases frío.

Ayúdame.

Papá.

¿Qué has hecho?

Nada.

No he hecho nada y me quieren matar.

Escúchame una cosa.

Tienes que ser fuerte.

No.

No... no puedo.

No puedo.

No te dejes asustar.

Eres un Alcántara.

Sácame de aquí, por favor.

Ten los ojos muy abiertos, ¿eh?

Y no te fíes.

No te fíes de nadie.

De nadie, de nadie.

De nadie.

Gira una llave en el cerrojo.

-Pollito, despierta, pollito.

¿Qué pasa? ¿Estabas soñando con tu novia?

La cena; más vale que te la comas aunque sea una mierda.

Mañana sales de aquí y te conviene estar fuerte.

¿Te manda Salazar para meterme miedo?

-Pollito, a mí no me manda nadie.

Solo te quiero ayudar.

Así que come bien y a partir de mañana

ándate con ojo.

Tordo.

¿Se sabe algo de Quico? -Está en el hospital.

Menuda mojada le metieron.

-A ver, ¿qué pasa aquí?

Basta de tanto palique, venga.

(NARRA) Me sentía como un condenado a muerte

la víspera de su ejecución,

contando las horas que me quedaban para ir al matadero.

Después de estar años sin hacerlo, aquella noche recé.

Recé para que el tiempo se detuviera

y no llegara el amanecer.

-Alcántara, venga, nos vamos.

Perdone.

¿Podría hablar con el director? -¿Para qué?

Me gustaría quedarme unos días más.

-No digas chorradas, vamos.

A ver lo que tardas en volver.

-¿Tú eres Carlos Alcántara?

¿Tú quién eres? -Eh, háblale de usted.

-Contesta a mi pregunta.

Sí, soy Carlos Alcántara.

-Mi nombre es Sito del Moral.

A partir de ahora estás conmigo, ¿entiendes?

-A partir de... -Calla esa boca, julái.

-Si este anormal o cualquier otro te molesta,

solo tienes que decírmelo. -No se preocupe...

-A callar.

Si quieres caballo o cualquier cosa hablas con él, ¿de acuerdo?

-¿Cómo no me has dicho que eras amigo de Sito?

Cago en la hostia, pollito, con las ganas que tenía de rajarte.

Pero, claro, con esos amigos que te gastas,

puedes estar tranquilo.

¿Quieres un truja?

De verdad, se me había olvidado

que tú ni fumas ni bebes...

ni te vas de la lengua.

Perdón, pollito.

Múltiples voces.

-Vaya potra que tienes, pollito, con el padrino que te has echado

no te va a faltar de nada.

-¿Por qué no me metes también en la banda?

No digas tonterías, no soy de ninguna banda.

-Por si acaso, háblale bien de mí. No lo conozco de nada.

-Sito es el puto amo aquí dentro, pollito, no te enteras de nada.

No hay quien se atreva con él.

Hasta los guardas se cagan cuando lo ven.

¿Por qué lo metieron aquí?

-Por lo mismo que a ti, pero a lo grande.

¿Sabes lo que te digo?

-Lo pillaron con 2000 kilos de coca en su casa.

-¿Qué con 2000 kilos? -Payaso, me lo ha contado el Bulos.

-A este lo empapelaron porque cantó un chivato,

un confidente de esos, un protegido.

¿Crees que guarda la coca en su casa?

Es un pez gordo de los que nunca se mancha las manos.

¿Sabes cómo te digo?

-Alcántara, conmigo.

-Machote.

(VARIOS PRESOS) ¡Gol!

Aplausos.

Ahí está. Mi niño.

Hijo.

Tranquila. ¿Cómo estás?

Papá. Hijo.

-Padre, esto es muy irregular. -Es caridad cristiana, hijo.

-Bien.

Tienen ustedes un minuto. Sí.

(LE DA VARIOS BESOS)

¿Has hablado con Sito del Moral?

Es cosa tuya. Sí, es cosa mía.

¿Has hablado o no? Sí.

Que crean que eres de su banda, no te separes de él.

Y con la cabeza alta. Vale.

No, vale no, coño.

¿Por qué no me has contado nada?

No quería preocuparos, además ¿qué podéis hacer?

Pues mucho, hemos conseguido a Sito

y antes al otro. Ahí fuera nos movemos, Carlos.

Ándate con cuidado, que casi te matan, joder.

A partir de ahora me lo cuentas todo, pero a mí, ¿entiendes?

Directamente.

¿Estamos? Ten mucho cuidado.

Claro, joder. Mucho cuidado.

Claro, déjate de niñerías, ¿entiendes?

No te andes con bobadas y responde cuando te digan algo.

-Nos tenemos que ir.

¿Ya? -Señora, me la estoy jugando.

Hijo.

-Señora, por favor.

Venga, mamá. Ya.

Hijo.

Ten mucho cuidado, ¿entiendes?

-Ánimo. Gracias, padre, gracias.

Ánimo...

-¡A ver el pollito!

-Vamos, vamos, pasa.

-¡Tira, tira!

-¡Ay, madre!

Voy yo, joder.

-Venga, vamos. -Tira otra vez, pollito.

-Vamos, pasa, aquí.

¡Tira, tira!

-Lo dice bien claro, el día 15 a las diez de la mañana

nos personamos juntos en el juzgado de la plaza de Castilla.

-Bien, allí nos veremos.

-¿Cómo que allí nos veremos?

¿No piensas venir hasta el día del juicio?

-Pues no sé, Miguel, si voy a ir antes, porque...

las niñas y yo estamos muy a gusto en Benidorm.

Y... mi padre va a abrir otro restaurante.

Necesita que lo ayude.

Joder, con tu padre, siempre tu padre, ¿y yo qué?

¿Eh? El Bistró, vamos, quiero decir.

La cocina está cerrada desde que te fuiste.

-Contrata a una cocinera. -Si no es eso, Paquita.

No es solo eso.

Es que...

echo de menos a las niñas.

Hace casi dos meses que no las veo.

-Miguel, no sé si iré antes o no, ya lo veremos.

-Oye, Paquita.

Tú...

¿estás segura de esto de divorciarte?

-¿A qué viene eso ahora?

-No, es que...

me da por pensar que estamos haciendo todo

demasiado precipitado, que...

a lo mejor deberíamos darnos una oportunidad tú y yo,

un tiempo para... para hablar.

-Para hablar ¿de qué, Miguel? -Para hablar, Paquita,

para hablar de ti, de mí, de todo.

-Pues...

Creo que tú y yo ya hemos hablado todo lo que teníamos que hablar.

Claro que me quiero divorciar.

Vamos, me quiero divorciar para toda la vida.

Te tengo que dejar que tengo que hacer muchas cosas.

-Pásame a las niñas. -Te digo que tengo mucha prisa.

-Paquita, por favor.

-¡Diana!

¡Diana! Tu padre.

Quiere hablar contigo.

-Diana, Dianita.

-Mira, no se quiere poner. Venga, adiós.

-Adiós.

-Ay, abuela, ay.

¡Ay! Hija.

Te escuece porque te está sanando, ¿eh?

Se abre la puerta. Ay, Señor, Señor.

Ya estamos aquí. Hola.

¿Qué ha pasado? Se ha peleado en el colegio.

Hija, por Dios.

-Fernandito ha dicho que Carlos es un criminal

y un traficante.

¿Quién? ¿Fernandito, el hijo del frutero, hija?

Ese no es más tonto porque no estudia.

Ya verás cuando me lo encuentre. Venga, Antonio.

¿A santo de qué? No hagas caso.

Tráeme mercromina, madre. Sí, anda.

Quédate tú con ella. Hija.

¿Te has peleado con él?

¿Le has zurrado bien? Pues bien hecho.

Me cago en la leche. No digas eso, no está bien.

Esto no es nada, es una valiente. Quita, no está bien pelearse

aunque digan cosas feas de la gente a la que quieres.

Por Dios. -Mamá.

¿Por qué Carlos está en la cárcel?

Porque se han equivocado, tu hermano no ha hecho nada.

¿Lo entiendes?

-No.

Hombre, Tordo.

Buen partido, ¿eh? Has estado muy bien.

¿Qué pasa?

¿Qué te pasa? -Pollito, me tendrás que perdonar.

¿De qué hablas?

-Pollito, te juro que yo no quería.

Lo siento.

Hago lo que me pide Salazar aunque me rajen a mí.

Me caías bien, pollito.

No es nada personal.

La cárcel no es para tíos como tú.

Ángel de cuero.

Perfil de navaja.

Poeta del hambre.

Reo sin verdugo.

Música y sexo.

Luces de neón.

No necesitas...

ya nada de ello.

Tu alma es libre

Siéntete mejor.

Flota en el aire.

Busca tu espacio.

Detén tu reloj.

Arráncate la conexión.

Tu mente es libre.

Vuela hasta el final.

No digas nada.

Déjate llevar.

(TV) «-Hubo un tiempo, hace bastantes años,

en que, pasado el Día de Reyes, enero era solo la cuesta,

ardua y empinada, la cuesta,

pero es también las rebajas.

Las rebajas que se han convertido, sin duda,

en toda una institución en nuestro país.

Las rebajas de este mes especialmente.

Bueno, donde acuden puntuales muchas gentes

esperando encontrar esa ganga

que quizá no pudieron encontrar hace unos días.

Teléfono.

Teléfono.

Teléfono.

Teléfono.

Dígame.

Sí, soy yo.

¿Cómo dice? ¿Qué pasa, hija, qué pasa?

Dios mío. ¿Qué pasa?

¿Adónde se lo han llevado? Dígame adónde lo han llevado, por Dios.

¿Qué pasa, Merche?

Merche. Oiga.

Oiga.

Oiga, mire, tengo a mi hijo en el quirófano. ¿Me puede...?

Oiga.

Oiga, perdone. Perdone.

Tengo a mi hijo en el quirófano, Carlos Alcántara.

¿Me puede decir cómo está? -Lo siento,

pero no puedo ayudarle. Oiga.

Oiga. Están saliendo de ahí, Merche.

Joder, aquí nadie dice nada. Me cago en la cuna que me arrulló.

Joder. Oiga, tengo a mi hijo

en el quirófano, Carlos Alcántara.

-Mamá.

¿Qué? ¿Cómo está?

Pues no lo sé, hija.

No lo sé porque aquí nadie me dice nada.

Nadie me contesta. Nadie dice nada.

Me cago en la cuna que los arrulló. Dios.

Tranquilízate, Antonio.

¿Pero cómo quieres que me tranquilice?

¿Cómo quieres que me tranquilice?

Si todo esto es culpa mía.

No digas eso. Es culpa mía. Sí.

Has hecho todo lo que has podido. Sí.

Lo metieron en la cárcel porque no supe estar encima de él.

Ese es el problema.

(SUSPIRA)

-Antonio.

¿Se sabe algo? No.

No tenías que haber venido, madre. No me podía quedar en casa, hija.

He dejado a la niña con Desi y Clara.

Y ya he avisado a Toni.

-¿Familiares de Carlos Alcántara? Sí, sí.

¿Cómo está? -Acabamos de terminar la operación.

No quiero darles falsas esperanzas. Su hijo está grave.

Una de las heridas le ha rozado el hígado,

pero creo que hemos podido detener la hemorragia interna.

-¿Pero se va a poner bien?

-Las próximas horas serán determinantes.

Si consigue mantenerse estable dentro de la gravedad,

podría salir adelante.

Ahora no nos queda más que esperar.

¿Podemos verle? -Está ingresado en la UVI.

Me temo que no.

Yo les mantendré informados puntualmente.

-Antonio. Mercedes.

-Está grave.

-Toma, Karina.

-Y todo por la dichosa papela.

¿Os dais cuenta? -No digas tonterías, Karina.

-Si es verdad. Si no hubiese sido por mí,

nada de esto hubiese pasado. Ni cárcel ni navajazos ni nada.

-Ninguno de los que estamos aquí tiene la culpa.

Ha sido un cúmulo de desgracias y ya está.

Eh, Karina. Solo quería ayudarte.

-Ya. Eso mismo te digo, que por ayudarme,

mira cómo ha acabado.

-¿Tú... todavía te sigues metiendo?

-No.

-Pues mira, a lo mejor le tienes que dar las gracias a Carlos.

Yo desde luego sí. Me ayudó mucho.

Carlos es así. Le gusta ayudar a todo el mundo.

No te tortures.

Venga.

-Carlos es un tío estupendo.

Ya verás cómo sale adelante.

-¿Y si no sale, qué?

Mira, Merche. Esos policías tienen que estar

ahí por Carlos. No nos dejan entrar.

Ya has oído al médico.

-Perdone. ¿Dónde va? Queríamos ver a mi hijo

que está ahí dentro. -Por favor, no pueden estar aquí.

Perdón, mi hijo está ahí dentro.

¿Podríamos verle? -Lo lamento, pero son las normas.

¿Ellos pueden estar aquí y no puedo estar yo?

Quiero ver a mi hijo. -Mire.

Los que estamos aquí, cumplimos con nuestro trabajo.

Déjeme entrar. Solo quiero ver a mi hijo

que se debate entre la vida y la muerte.

-No puede ser. Por favor, váyanse.

Joder.

Me cago en la leche. Ya está bien. Tranquilízate.

Madre. ¿Qué ha pasado?

-Nada. Parece una subida de tensión.

Nada. Un mareo. ¿Quieres que llame a un médico?

No, no. Ya se me está pasando.

¿Habéis visto a Carlos?

Miguel.

¿Por qué no te llevas a Herminia y a los demás a casa?

Esto parece una romería. -¿Me la llevo y vuelvo?

No hace falta, no tienes nada que hacer aquí.

Me quedo yo con Merche. Cuídamelos.

-Herminia, que nos vamos a casa. Sí.

Anda. Si se pone peor, llamáis a don Vicente.

-No te preocupes. Ya me encargo.

Adiós.

Karina, acompáñales.

-Yo prefiero quedarme, Mercedes.

Ahora donde te necesito es en casa.

¿Sabes lo que más me gustaría?

Pues vivir como Lawrence.

En tiendas de campañas, ir por el desierto en camello.

Cuéntame cuando tú hiciste la mili en el desierto.

¿Me firmas las notas? Anda, la leche.

¿Un 10 en Matemáticas? Sí.

Muy bueno, hijo. Muy bien.

Vaya. Un 5 en Música. Yo quería ser

el mejor de la clase, pero es que no tengo inteligencia.

¿Qué tonterías dices de la inteligencia?

Tú eres listísimo.

Papá. ¿Qué?

Que por qué no me cuentas eso ahora.

Ven para acá. ¿Qué es lo que no entiendes?

Pues a ver. Más bien... todo.

Vamos a ver. Tenemos... un papá...

y una mamá. ¿Eso ya lo entiendes?

Papá, no soy un niño.

¿Tú sabes que cuando tenía tu edad me gustaban

mucho las chicas? Pero mucho.

Y a mí. Pero cuando yo tenía 16 años,

todo era distinto, porque entonces las chicas no se dejaban.

Ni ahora.

Ah, ¿no se dejan? Conmigo no.

Bueno, besos y esas cosas sí. Pero nada más.

Yo estoy a favor de las relaciones prematrimoniales,

pero Julia no. Vamos a ver, Carlos.

No se pueden hacer las cosas porque sí.

¿Tú sabes cómo una chica se puede quedar embarazada o no?

No se puedes quedar embarazada si...

Exacto. No se puede. Si tienes claro eso,

no hace falta hablar más.

Cómo pasa el tiempo. Hay que fastidiarse.

Hace nada eras un mico que no me llegaba

ni a la cintura. Te llevaba a caballito.

A veces vestido de musulmán.

¿Sabes cuando quisiste ser musulmán?

Y fíjate ahora. Casi eres un hombre.

¿Casi? Sí, casi.

Hasta que no te salga la barba completa, eres casi un hombre.

Que yo me afeito. ¿Tú te afeitas?

¿Con una goma de borrar Milán?

Venga, hombre.

Aprovechas las oportunidades.

He estado pensando lo que hemos hablado antes.

Muy bien. ¿Y qué has decidido?

Que me voy a hacer la mili. ¿Tú estás tonto?

¿Vas a hacer la mili? Me apunto de voluntario.

He dejado los estudios. No me miréis así.

Con el bar tampoco tengo mucho tiempo para estudiar

y para tirar un año, he decidido desapuntarme.

¿Qué tiene que ver el dinero?

Este tonto no lo entiende. Algún día le cruzo la cara,

como a un chaval.

Lo que le faltaba a tu madre, que te partas la cabeza

con una moto alemana. ¿Eres tonto?

Yo no soy un niño y no tengo que darte cuentas

de lo que hago. Vives en casa.

En mi casa no hay motos porque no quiero.

Me buscaré otra. ¿Qué vas a buscar?

Santa Rita, tú nunca me has fallado.

Por favor, ayuda a mi nieto a que se ponga bien.

-Estás levantada, abuela. ¿Estás mejor?

Te he traído una tila. Hija, gracias.

Pero no me entra nada.

¿Por qué nos pasará a nosotros esto?

-Pues no lo sé, abuela. No lo sé.

Mi Carlitos no ha hecho nada. -¿Por qué no descansas

y mañana si te encuentras mejor, te llevo a verle?

Sí, ahora me acuesto. -Bien. Voy a acostar a María.

Si necesitas algo, me lo dices. Te dejo la puerta abierta.

No. Mejor la cierras.

¿Por qué no te duermes un poco y así descansas?

No quiero dormir.

Bueno.

No dejo de pensar en Carlos cuando era un niño.

Siempre ha sido un niño tan especial...

Él es muy fuerte. Seguro que sale de esta.

Ya lo sé.

De todos es el que más se parece a ti, en lo tozudo.

En lo tozudo se parece a ti, en lo demás, a mí.

¿Te acuerdas cuando se quiso hacer moro?

Sí.

Le había llevado yo a ver "Lawrence de Arabia".

Cómo se puso don Venancio. Casi le excomulga,

bueno, nos excomulga a todos. Le dijo que se hacía moro

porque le esperaban en el cielo 70 000 vírgenes.

Y cuando se tomó la píldora. ¿Qué píldora?

Hace muchos años se tomó la píldora.

¿Una píldora? Antonio, tendría siete u ocho años

y se tomó la píldora. ¿Pero una píldora píldora?

Ay. ¿Cómo no me decís nada

que se tomó una píldora mi hijo? Qué susto nos llevamos

mi madre y yo.

Joder, si yo no me entero de nada. Cómo te habrías puesto.

Bueno.

¿Pero a qué edad empezó Inés a tomar la píldora?

Calla. Olvídalo. Si ya hace muchos años.

Mi hijo.

-Inés. -¿Qué, cariño?

¿Estás todavía despierta? -No puedo dormir.

Y quiero saber una cosa. -Pues es muy tarde

y mañana no va a haber quien te levante. Anda, duerme.

-¿Carlos se va a morir?

-¿Qué dices? -He oído antes a Desi decir

que a Carlos le han dado una puñalada y a lo mejor se muere.

-Este Desi...

No, Carlos está malito. Pero seguro que se pone bueno.

-¿Me lo prometes? -¿Sabes por qué dice eso Desi?

Porque no tiene ni idea de lo fuerte que es Carlos.

-Papá y mamá están con él, ¿verdad?

¿Y yo no puedo ir a verle?

-Es que el hospital es un lugar solo para mayores, María.

-Yo quiero ir a verle.

-¿Sabes qué hago yo cuando quiero verle?

Cierro los ojos muy fuerte, muy fuerte y pienso en él.

Hazlo tú.

Pero más fuerte.

¿Le ves? -Sí.

-¿Quieres que me quede contigo?

(SUSPIRA)

Tono de llamada.

Teléfono.

Tono de llamada.

-¿Sí? -¿Paquita?

Soy yo. Perdona que te llame tan tarde.

-Ay, Miguel, qué susto. ¿Qué pasa?

Miguel, es estás asustando.

-Es Carlos.

-Miguel, dime qué pasa.

-Que le han apuñalado en la cárcel. (LLORA)

-Miguel.

Miguel, mi amor, escucha. Miguel, cariño, no llores.

No llores, Miguel, por favor.

Miguel. Miguel, mi amor, escúchame.

Miguel...

Pasos.

Vamos.

¿Qué pasa? Vamos. Venga.

¿Estás seguro, Antonio? Sí, Merche.

He hablado con él hace un momento.

Ya estamos aquí. -Les doy un minuto.

Y, por favor, no hagan ruido. No se preocupe.

Gracias, gracias.

-No, no, por favor. No, no.

No, por favor.

Máquina de constantes vitales.

Hijo.

Hijo.

Merche, se va a curar. Hijo.

Es que me encuentro muy mal. Pues fiebre no tienes.

Pues no me habrá subido, pero ya me subirá.

Enséñame la lengua.

Y si tengo el tifus u otra cosa peor,

¿puedo mañana no ir al colegio?

¿Es pecado casarse si vas a tener un hijo?

Que no, hombre. Que no puede ser que entres y salgas de casa

cuando te dé la gana.

¿Qué te has creído? Solo tienes 15 años.

Por eso. Que ya tengo 15 años. Ya no soy un niño.

¿No? Entonces, ¿qué eres? Un joven.

¿Qué es eso de que tienes novia? Novia formal.

Déjate de novias y ponte a estudiar

que es lo que tienes que hacer. Estar enamorado

es lo mejor que hay.

Estate tranquila, que Julia está en contra

de las relaciones prematrimoniales. Que te calles ya con eso.

Te has quedado sin salir un mes. Mamá.

¿Tú te has pensado bien lo que vas a hacer?

No me hables como si fuese un niño.

Te vas de casa, ¿no?

¿No lo ves precipitado? ¿Por qué no te quedas un tiempo?

No te preocupes, que yo voy a venir mucho a verte.

Muchísimo. Y a traerme la ropa sucia.

Pero no me gusta que te vayas así.

Máquina de constantes vitales.

Dios mío.

-¿Cómo está? La operación ha ido muy bien, hijo.

Ahora todavía está en la UVI. No nos han dicho nada más.

Está mejor. Doctor, ¿cómo está?

-Bueno, su hijo evoluciona favorablemente.

Gracias a Dios.

Gracias a Dios. Dios mío.

¿Está despierto? -Acabo de aumentarle la sedación

Las heridas son muy profundas.

Si estuviera despierto, le dolería mucho.

Claro. Cuando se despierte, dígale que seguimos aquí.

Y que ha venido a verle también su hermano mayor.

Estamos todos. -Si la cosa sigue así,

en cuatro o cinco días quizás podamos pasarle a planta.

En cuatro o cinco días. -Ajá.

Gracias, gracias.

Muchísimas gracias. Muchas gracias.

-Si me disculpan...

Llevabas razón.

-¿Habéis podido verle? Lo vimos ayer un rato.

(NARRA) Zumbidos en los oídos, desconcierto,

mucha sed y un dolos insoportable en el costado.

Aquello que sentía al recuperar poco a poco la conciencia,

fue también lo que me hizo saber que seguía vivo.

Que me he equivocado, joder.

-¿Por qué dices eso? He sido un cobarde.

Tenía que haber puesto los cinco millones en la mesa

de Mondragón. -No has sido un cobarde.

Has hecho lo que tenías que hacer.

Lo único que sé es que tu hermano no puede volver a la cárcel

cuando salga de aquí, porque lo matan.

Hay que retrasar el alta. ¿Entiendes?

Estaba pensando que es mejor hablar con alguien de aquí

o del ministerio y que retrasen el alta.

Que no salga, que lo mantengan aquí.

Una vez lo mantengan aquí, le buscaremos alguna cosa.

-Sí, papá.

¿Cómo está tu madre? Mejor.

-¿Qué le pasa?

¿Pues qué le va a pasar? Que le dio un ataque de nervios.

Mirad quién viene por ahí.

Coño.

¿Qué hace usted aquí?

-Disculpe, no pude venir antes. ¿Qué tal está su hijo?

Pues mi hijo sale adelante. Pero no gracias a usted

ni gracias a mí. -He hablado con el señor Del Moral

y en cuanto averigüe quién ha hecho esto,

va a tomar medidas drásticas. ¿Cuánto me va a costar esta vez

las medidas drásticas?

¿Un millón? ¿Dos millones? Y sobre todo, ¿para qué?

Pues para nada. Yo solo quiero que mi hijo

salga de la cárcel. Que no se entera.

-Lo sé. Y yo estoy haciendo lo imposible.

Pero hay que dar un giro al caso. Necesito nuevas pruebas,

nuevos testimonios. -Tiene razón.

¿Sí? -Necesita algo importante

a lo que agarrarse.

Antonio.

¿Qué? Todavía nos queda otra opción.

¿Cuál? -¿Qué opción?

Muy bien. -Alcántara, no haga

ninguna tontería, que se puede volver en contra.

No servirá de nada.

Lo que no sirve de nada es que usted siga representándome

como abogado. No me gusta cómo trabaja.

Así que váyase a la mierda. Usted y el bufete.

Vete con él. -Papá, espera. Voy contigo.

No, quédate ahí, hijo. Quédate.

-Hola, papá.

Hola, hija.

-Hola, Arantxa. ¿Qué tal? -Muy bien. Adiós.

-Hasta luego.

Arantxa.

-Antonio, ¿qué haces aquí?

¿Qué haces? ¿Pero dónde me llevas? Vamos.

-Antonio. Ahora lo vas a ver.

-Antonio. Antonio, me estás asustando.

Antonio, ¿dónde me llevas? ¿Qué haces?

-Mucho está tardando ya. -Primero tendrá que encontrarla.

Miedo me da tu padre cuando está así.

-Es capaz de haber hecho cualquier cosa.

Tú tenías que haber ido con él. -¿Y qué hago?

-Ya está bien. Lo importante es que Carlos está mejor.

-Mírale.

Antonio. Es la única manera, Merche.

Ven tú si quieres. -Antonio, me haces daño.

Arantxa. Esperad aquí.

-Oiga, ¿se puede saber dónde va? Déjeme pasar.

-Por última vez se lo digo. Aquí no puede estar nadie.

No me obligue a llamar a seguridad.

Mi hijo está en la cárcel por culpa del marido de esta.

Quiero que vea lo que le han hecho. Quiero que lo vea, por favor.

Es un momento. -Déjele pasar, mujer.

Es un minuto. -¿Cuántas veces tengo

que decir que aquí...?

¡Seguridad! ¡Seguridad!

Máquina de constantes vitales.

Mira lo que le habéis hecho a mi hijo.

-Carlos.

Ha estado a punto de morir.

Y ahora, cuando lo saquen de aquí,

lo van a volver a meter en la cárcel.

Y esta vez sí que le van a matar.

Mírame a los ojos, Arantxa.

¿Quieres ver a mi hijo muerto?

-Lo siento. No vale con que digas lo siento.

-Por favor, tienen que salir

de aquí inmediatamente. Por Dios.

Arantxa. Habla con el juez. Un momento.

Habla con el juez, Arantxa. ¿Quiénes son los que le dan

la droga? ¡Habla con el juez!

¿Quiénes son los clientes? Todo lo que sabes.

¡Habla con el juez, Arantxa, por Dios!

¡Arantxa, que lo matan! ¡Arantxa!

Hazlo por Carlos.

Tienes que decir la verdad al juez.

Caiga quien caiga. -Por favor, tienen que salir.

Caiga quien caiga. -Por favor.

-A ver.

Ya estamos en casa. Venga.

-Papá.

-A ver. -Papá.

-Papá. -Papá.

-¿Sí? -Señoría, traigo

un nuevo testimonio para el caso de Carlos Alcántara.

-¿Tiene que ser ahora?

Hola, señoría. Aquí le traigo lo prometido.

Máquina de constantes vitales.

-Perfecto. Enhorabuena.

Gracias.

Cariño. Cariño.

Mira, Carlos. Ya estás libre, hijo.

Ya estás libre.

¿Has oído? ¿Me oyes?

Sí lo ha oído, Merche.

Descansa, hijo, que venimos a por ti. Descansa.

Perdón, perdón.

(NARRA) 100 000 pesetas de multa como copropietario del local

y el Fly precintado durante unos cuantos meses.

A eso se redujo mi pena después del testimonio de Arantxa.

A eso y a los dos meses que me había pasado en la cárcel

sin haber cometido ningún delito.

Sin olvidar las tres semanas en el hospital

al borde de la muerte.

¿Estás bien, hijo?

Ve más despacio. Sí.

(NARRA) Los últimos meses habían sido

lo más difíciles de mi vida.

Una dura prueba de la que no habría podido salir

sin la ayuda de mis amigos y, sobre todo,

sin la ayuda de mi familia.

He muerto y he resucitado.

Con mis cenizas un árbol he plantado.

Y fruto ha dado.

Y desde hoy

algo ha empezado.

He roto todos mis poemas.

Los de tristezas y de penas.

Y lo he pensado

y hoy sin dudar,

vuelvo a tu lado.

-¡Miguel!

-¡Carlos!

¡Carlos! Y hoy he soñado

con otra vida,

con otro mundo.

Carlos. (NARRA) Por fin todo

había quedado atrás. Ya era libre.

Y solo deseaba mirar hacia adelante. Siempre adelante.

De nuevo era dueño de mi propia vida

y tenía una cosa clara, más clara que nunca.

Quería pasarla siempre lo más cerca posible de los míos.

Ya no persigo sueños rotos.

Los he cosido con el hilo de tus ojos.

Y te he cantado

al son de acordes

aún no inventados.

Ayúdame y te habré ayudado.

Que hoy he soñado

con otra vida,

con otro mundo,

pero a tu lado.

Ayúdame y te habré ayudado.

Que hoy soñado

con otra vida,

con otro mundo,

pero a tu lado.

  • T14 - Capítulo 253: La vida ante tus ojos

Cuéntame cómo pasó - T14 - Capítulo 253: La vida ante tus ojos

23 may 2013

La tensión que vive Carlos en la cárcel continúa. Está a punto de salir de la celda de castigo donde ha estado recluido y teme que al salir Salazar salde cuentas con él. Afortunadamente, Antonio toma cartas en el asunto y consigue alejar, aunque sea temporalmente, a su hijo del problema. Pero con lo que no contaba Antonio es que en la cárcel las cosas funcionan de otra manera. 

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  1. Saul

    El mejor capítulo de la serie y muy buena la canción del final

    23 nov 2016
  2. Alejandro

    Lástima que una serie que tiene todo para seguir creciendo sea limitada por qué algunas personas compran derechos y limitan el alcanse del arte y en este caso es lamentable que esta serie no llegue o pase desapercibida solo por qué no hay forma de ver los capítulos en un medio tan importantísimo como la internet medio de comunicación mundial y muy importante para la comunidad de habla hispanoamericana

    07 oct 2016
  3. Nan García

    Un capítulo muy emotivo, casi lloré.

    17 may 2016