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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T14 - Pollito - Capítulo 252

Cuéntame tú que has vivido el despertar de un tiempo que nos cambio. Volverás a ser un niño al recordar las largas tardes de Sol. Háblame de lo que has encontrado en tu largo caminar. Cuéntame cómo te ha ido si has conocido la felicidad. (NARRA) Enero del 82, en España se había instalado entre nosotros un clima de gran inseguridad, a los constantes atentados y secuestros de ETA se unía el día a día en las calles, robos, tirones, atracos... y claro, con este panorama las cárceles estaban a rebosar de tipos peligrosos y otros no tantos como yo. Después de casi dos meses de estancia en la trena, como se decía entonces, yo seguía viendo pasar los días y las semanas cada vez con menos esperanzas de que el juez ordenara mi libertad provisional hasta el día que se celebrara el juicio. Mientras esa fecha llegaba yo tenía que vivir en aquella cárcel de Carabanchel que hoy ya no existe rodeado de quinquis, enfermos mentales, delincuentes profesionales y gentes dispuestas a clavarte un estilete fabricado artesanalmente hasta con la boquilla quemada de un cigarrillo. Yo había oído decir que en la época de la dictadura franquista, vivir entre las paredes de aquella prisión constituyó un honor para los que fueron condenados por luchar por la democracia, sin embargo, en 1982 en Carabanchel ya no quedaban demócratas. Y allí estaba yo, acusado de un delito que no había cometido y rodeado de una chusma dispuesta a partirme el alma a cambio de un pitillo. La hostia, qué susto me has dado. No te subas más a mi cama. -Tranqui, tronco. Pollito, ¿me puedes escribir una carta para mi novia? ¿Tiene que ser ahora? -Claro, tío, mira, dila que la hecho mogollón de menos, que estoy deseando darla un morreo y que esta noche he soñado con sus tetas. ¿Cómo le vas a decir eso? Eso no es romántico, joder. -¿Y por qué va a ser romántico? A ver, nombre. -Paqui. Querida, Paqui. (MEGAFONÍA) Carlos Alcántara, pase al locutorio número dos. -Esa es tu familia, tronco. Ahora vengo. -Oye, pero luego vuelves y me la terminas la carta. Sí, hombre, que sí. -Pollito, una cosa, tío, no entiendo por qué no es romántico decirle lo de las tetas. -Eh, eh, sin empujar. -Perdone, señora. -Yo creo que será un año. -No, no, menos. -Dice que menos. -Menos. Hola. Hola, abuela. ¿Cómo estás, cariño? Bien. Parece que estás más delgado. Que no, hombre, que estoy bien. Mi amiga Lupe, la de la residencia del pueblo, que te manda muchos recuerdos. Je, je, je. Te hemos ingresado dinero al llegar, ¿eh? Cómprate algo de comida en el economato, anda. Sí, mamá. Y te hemos dejado galletas, y el chorizo que te gusta, y un poco de ropa limpia, ¿eh? Vale. -Y unas novelas. ¿Cigarrillos? Pero si tú no has fumado nunca. Y no fumo, abuela, lo que pasa que aquí adentro los cigarrillos valen como el dinero. -Lo siento, se me ha olvidado. La próxima vez te traemos. Papá no ha venido porque está hablando con Otxotorena, ¿te acuerdas de Otxotorena? Sí. Ahora es un gerifalte del PSOE y parece que va a poder hacer algo, así que anímate, ¿eh? Que seguro que te va a poder sacar de aquí. Ya veremos. Ya veremos no, seguro. -No te preocupes, hombre, el chaval dentro de nada está en casa. Cuando lleguemos al poder estamos pensando en despenalizar el consumo, porque es hipócrita meter a alguien en la cárcel porque se haya fumado un porro, pero eso sí, con los traficantes seremos intransigentes. Yo quiero saber si ayudas a mi hijo o no quieres. -Te tengo que dejar, ¿vale? Ya sabes que me tienes para lo que quieras, llámame con lo que sea. No te preocupes, si tu hijo es inocente saldrá libre, seguro. Ay que joderse. -¿Qué pasa, a ver? Pues eso pasa, Ernesto, que vengo a verte después de todo lo que pasó y me sueltas un sermón. -Bueno, venga, tranquilízate. No, no puedo tranquilizarme porque tengo un hijo en la cárcel y lo pasa mal, lo que pasa que no tenía que haber venido porque tú eres un cabrón, perdona que te lo diga así, pero siempre has sido un cabrón, y te hemos importado los demás una mierda, así te va. Que te den por saco, anda. -Nunca entendiste nada, amigo. Pero no te lo tengo en cuenta porque sé por lo que estás pasando. Será payaso. -Dile que he pedido un vis a vis y que nos pondremos las botas. Hombre, igual mejor decírselo de otro modo, ¿no? -Bueno, tú escríbelo bonito. Tenía que haber estudiado, coño. Si me lo conceden vamos a tener una hora para ti y para mí solos. -Cojonudo, tío, pero ponle lo de que nos vamos a poner hasta las botas, así ella lo entiende mejor. Para ti la perra gorda. Nos vamos a poner las botas. -Y dile también que estoy deseando verle las tetas. ¿Otra vez? Ya van dos. -Tú escríbelo otra vez. Venga, te doy tres pitis y me lo escribes, ¿vale? Venga, tres pitis. -Pollito. -¿Qué pasa? -Este quiere decirte una cosa. Quítate, Bernabé. -Es que me está escribiendo una carta pa mi Paqui. Bernabé, ahora te la doy. -Vale, tío, hay que joderse. ¿Qué pasa? Gordo. -Cuéntaselo, anda. -Que cuando he ido a llevarle la comida al Salazar a la celda de castigo, me ha dicho que cuando salga te va a rajar. ¿A mí por qué? -Es que dijo que no se escapó porque te chivaste y que eres un membrillo. ¿A que sí lo dijo? -Tal cual. Yo no me chivé. -Yo te aviso, me juró por sus muertos que te pincha, pero no le digas que te lo conté yo. ¿Que coño me va a pinchar? Yo no me he chivado. Bueno, gracias. -Luego te veo. ¿Yo qué coño hago ahora? -Tener mucho cuidado, si los colegas de Salazar se creen que te fuiste de pico estás jodido, Carlos. Los chivatos lo tienen chungo. Que yo no soy un chivato. -Esta vez no sé si voy a poder hacer nada. Hostia, que yo no he dicho nada, joder. Cómo es la vida, Carlos en la cárcel y nosotras en un desfile. -Mira, mamá, hay que animarse, ¿no? Estamos haciendo por él todo lo que podemos. ¿Pues qué quieres que te diga? Yo lo hubiese suspendido, pero... la verdad es que tengo la cabeza en otra parte, pero es que a ellas les hace tanta ilusión... y la verdad es que es muy importante para nosotras, lo entiendes, ¿verdad? -¿Cómo no lo voy a entender? Claro. -Mercedes. Sí. -Vamos a hacer un descanso, ¿os queréis venir? No, gracias, id vosotras. -Vale, nos vemos luego. ¿Y si cuando sale el juicio le condenan, qué? -Que no, mamá, que no. Dios, pero por qué nos tiene que haber pasado esto a nosotros. -Mira, ¿sabes lo que pienso yo? En cualquier momento lo sueltan, al fin y al cabo es inocente. ¿Qué más da que sea inocente, hija? ¿No te das cuenta? Aquí lo único que importa es que seas hijo de un notario o tengas mucho dinero. ¿Tú has visto la cara que tenía? -Ya. Cada día que vamos está peor. Por Dios. -Pero es ese sitio, hace frío... Ese sitio y esa gente. Hace nada era un niño. -Hola, Mercedes. ¿Qué haces aquí, Arancha? -Me ha dicho mi suegra que estabais ensayando el desfile y... Tú eres la hermana de Carlos, ¿no? -Sí. -¿Cómo está Carlos? Pues imagínate como está. -Mercedes, yo no tengo culpa de lo que le ha pasado. No paro de pensar en él. -¿Ah, sí? Pues imagina nosotros. -Lo siento mucho, de verdad, no os podéis hacer idea. Si me dieran permiso para ir a verle. Déjate de rodeos, Arancha, tú sabes perfectamente que Carlos no puso la droga en el local, y sabes bien quién la puso. -Yo sé que Carlos no tiene nada que ver. -Creo que tu marido sí lo sabe. -Mercedes, te juro que me encantaría poder ayudar a Carlos, es que no hago otra cosa que darle vueltas y pensar en él. -¿Y eso de qué sirve, Arancha? El que está en la cárcel es mi hermano. -Ya lo sé. En el Fly nunca hubo problemas de drogas hasta que volvió Felipe. Si tú eres una chica lista y sabes algo tienes que decirlo. -Te juro que yo no sé nada. -¿Y entonces para qué has venido? -Quería saber cómo estaba Carlos. -Pues está mal, ya te puedes ir. Piensa en lo que te he dicho. -Pasado mañana vendré al desfile con mi suegra. Adiós, Inés... Adiós, Mercedes. Lo sabe todo. -Claro que lo sabe. Dios mío. -¿Por qué habrá venido? (TELEVISIÓN) El pasado 29 de diciembre la familia del doctor Iglesias encomendó a su abogado que pusiera una denuncia por desaparición del señor Iglesias Puga en el juzgado de guardia correspondiente. -Pues yo eso que se dice de que fue el hijo no me lo creo. -Bueno. -¿Pero cómo va a tener que ver un hijo en el secuestro de su padre? -Cosas más raras se han visto, Pili. (TELEVISIÓN) Y que se cree pueden ser los secuestradores del doctor son dos individuos que se entrevistaron con este el día 28. -No hay quien lo aguante, todos esos tendrían que estar en la cárcel y están en la calle, ¿qué dices? -No. -No, esos no. Hola, Antonio, ¿qué te pongo? -Vente, ven. Ven, espera un momento, Pili, ven, ven, ven. ¿Qué pasa? -No quería decirte nada antes por no preocuparte pero tengo la sensación de que me vigilan. ¿Que te qué? -Que me están vigilando, Antonio, que antes había un coche ahí aparcado con un tipo dentro que creo que me está siguiendo. Como Carlos está implicado en tráfico de drogas y tiene un bar, a lo mejor pensaron que yo... Que mi hijo no está metido en drogas. -Que no digo que tu hijo esté metido en drogas, digo que me siguen a mí. ¿Pero por qué? -Yo qué sé. (LLORA) Que me han pegado un tirón. -¿Eh? -Que me han robado el bolso, y la cadena, casi me cortan el cuello. -¿Dónde ha sido eso? -Allí en la calle de atrás del economato. -Tranquilícese. -Ya no estamos seguros ni en el barrio. -¿Le hago una tila, un café? -Sí, échale un poco de anís. -Una tila con anís, corre, venga, venga Tranquilícese, no pasa nada. Venga, venga. -Yo no sé, pero de verdad estas cosas antes no pasaban, es que me da mucho susto, Dios mío. -No toquemos las narices, por favor, tranquilicémonos que no ha pasado nada. -Es que me sacó un puñal y todo. Tú no habrás dicho nada. -¿Yo...? Pues socorro, fui detrás pero ya no... -A ver, a ver. -Ay, ay... Échale anís. -Acabo de enterarme, ¿te han quitado mucho? -Todo el dinero para el mes, todo el dinero, las llaves, el DNI... -Si es que había que fusilarlos a todos, joder. -Es que no hay derecho, ¿pero qué pasa? Que los detienen, los llevan a la comisaría, y entran por una puerta y salen por la otra. Y los que están en la cárcel peor, allí como señores a la sopa boba, en vez de ponerlos a picar piedra. Todos no, Ramón, todos no. Me voy. -Adiós, Antonio. -Adiós. -Ay, el hombro, yo creo que me lo ha dislocado. -Tú desconoces lo que es el don de la oportunidad, ¿qué tienes dentro de la cabeza, un corcho? -¿Pero qué he dicho? -Yo cuando salga de aquí, tronco, me voy a poner hasta arriba de milhojas. -Yo me pienso pasar todo el día con mi churri tocándole las tetas. -Pues yo pienso ir al zoológico. ¿Al zoológico por qué? -Joder, porque hay monos, y a mí me molan los monos. En cuanto pueda me compro uno. ¿Y tú qué piensas hacer, pollito? No lo sé, muchas cosas. -¿Pero qué cosas? No lo sé, cosas. -Ya le han soltado. -Ten cuidado con ese que es un mal bicho. Teléfono. Estandartes y banderas, dígame. ¿Ya estás ahí? ¿Cómo ha ido con Otxotorena? (RESOPLA) Nada, bien, muy bien. ¿Ah, sí, ha ido bien? ¿Pero qué te ha dicho? Que no nos preocupemos y que lo dejemos todo en sus manos, ya te dije yo que se iba a volcar, milano. ¿De verdad que te ha dicho eso? Ay, madre mía, menos mal. ¿Pero te ha dicho algo más, no sé, cuándo podrá salir o algo así? No, no, cuando va a salir no me lo ha dicho, pero me dijo que no nos preocupemos, que será pronto. Gracias a Dios. Otra cosa, ¿cómo has encontrado a Carlos? A Carlos, pues... Pues a Carlos lo he encontrado dentro de lo que cabe bien, bien, está bien. ¿A que no sabes quién se ha presentado aquí de repente? ¿Quién? Arancha. Para decirme que le echaba mucho de menos, que pensaba mucho en Carlos. Yo no sé cómo tomármelo, la verdad. Pues si piensa tanto en Carlos que vaya al Juez y le cuente lo que sabe, Merche, que estoy hasta las narices, todos se preocupan de tu hijo y nadie hace nada. En fin, o sea que le has encontrado bien... Pues nada, Milano, tengo que dejarte que tengo mucho trabajo. Bueno, cariño, adiós. -Mercedes, perdona, ¿has venido en coche? Sí. -¿Te importa acercarme a casa? No, no, claro que no, ¿pero ya se han ido todas? -Sí, casi todas. ¿Quieres ver los complementos? Claro. Oiga, perdone, ¿podría venir un momento, por favor? -¿Qué quieres? Verá, es que... me gustaría hablar con el director. -¿Para qué? Que me han amenazado. -¿Quién te ha amenazado? El que estaba antes en mi celda, Salazar. -Ah, por eso no tienes por qué preocuparte. Se lo digo en serio, va a por mí, piensa que yo largué lo de la fuga de Nochebuena. -Tranquilízate que nadie va a por ti, anda, vete tranquilo. Alcántara, no te preocupes y si pasa algo de verdad me lo dices, ¿eh? De verdad... ¿Qué pasa? -Mira, mira, míralo. Mira. ¿El qué? -¿Lo ves? Ahí, el coche negro. Ah, sí, ¿y seguro que te está siguiendo a ti? -Que me está siguiendo, que lleva ahí parado ni se sabe, esperando no sé a qué. Mira, hermano, lo que te he dicho antes de Carlos, te juro que yo no pienso que Carlos esté implicado en tráfico de drogas. Porque no está implicado. -Si te estoy diciendo que no. Pues eso. -Pero en las cárceles hay mafias, y las mafias hablan, ¿y quién te dice a ti que en este momento las mafias no estén diciendo que tú y yo formamos parte de una familia de traficantes de drogas? Y que tenemos aquí un alijo importantísimo. Tú estás paranoico, Miguel. -Mira, mira, mira, se va, ¿lo ves? Se va, se va, es entrar y se va. -Estás preocupada por lo de tu hijo, ¿no? Es que cuando voy a verle la verdad es que se me viene el mundo encima, me desespera no poder hacer nada. -Tienes que tener confianza. ¿Sabes lo que me pasa a mí, Mercedes? Con todo lo del cáncer tengo la sensación de que no hay problema que no tenga solución. No es que no me angustie, me preocupo por las cosas, claro, pero... pero de otra manera, es como si... supiera en el fondo que todo se va a solucionar. ¿Entiendes? Que tarde o temprano se arreglarán las cosas. Yo daría cualquier cosa porque mi hijo saliera de la cárcel. -Todo va a salir bien, Mercedes, tienes que tener fe. Fe, ¿más? Pues claro que sé que es difícil, por eso te llamo, porque eres el abogado y te pago para eso, pero mi hijo no aguanta allí, Mondragón, no aguanta. Bueno, espero tu llamada, pero no tardes, por Dios, que estamos aquí que no vivimos. Adiós. Joder. -Bueno, Antonio, bueno, tranquilízate, que te va a dar algo. ¿Cómo me voy a tranquilizar? Si es una impotencia... -Ya me hago cargo yo. A Merche no le dije nada porque no quiero preocuparla. -Bien hecho. No sé, nunca pensé que nos veríamos en esta, coño. Creo que lo hemos hecho todo mal, le doy vueltas... -¿Qué hemos hecho mal? Todo mal. -¿El qué? Pues todo. -¿Y qué es lo que has hecho tú mal? Si tú lo único que has hecho es trabajar toda tu vida como un bestia para sacar a tu familia adelante. Hasta pensé en hacer una tontería para que me meten preso con él. -¿Que tú has pensado en qué, en que te...? Que me metan preso. -Por Dios, Antonio. -Papá... Papá. -Hija, pero qué sorpresa. Hum... -¿Cómo estás? -Muy bien, ¿pero cómo no me avisaste que venías? -Quería darte una sorpresa. -Vaya sorpresa. ¿Has visto? -Hola, tío. Hola, Françoise, hija. -¿Y vienes para mucho tiempo o te vas a quedar en casa...? -No, no, estoy en un hotel, en el hotel Wellington. Joder. -Es que he venido con Marcel. -¿Quién es Marcel? -Marcel es mi "fiancé". ¿Qué es "fiancé"? -Novio. Ah. -Ha venido para conocerte, quiere que mañana comamos juntos. -Pues nada, si hay que comer con Marcel, se come con Marcel. Siempre nos da mucha alegría que vengas, hija. ¿Eh? Hala. -Eh,, Antonio, Antonio. ¿Qué? -El abrigo, que lo olvidas. Venga. Hala. No te olvides de ir a comer mañana. -Que no, que no, ¿cómo me voy a olvidar? Hombre, por los hijos lo que sea. -¿Qué le pasa al tío? -¿Al tío? -Sí, está como triste. -No, hombre, no, cosas suyas, el barrio, que le agobia, que se quiere volver al barrio de Salamanca, no te digo más. Hum... -Ja, ja, ja. Cerrojazo. -Pollito. ¿Pollito, me escuchas? Pues escúchame, Pollito, porque te voy a desplumar. Te voy a quitar pluma por pluma. -¿Por qué no cierras la boca, Salazar? -Porque eres un pollito maricón. -Que os calléis. -Pollito... Chivato... -Me voy a cagar en tus muertos. -Y yo en los tuyos. Pollito. -Pollito, dile algo, cabrón. -Pollito, te voy a comer cuando te haya cocinado, chivato, maricón. ¡Maricón! -Que te calles ya. Cerrojazo. Cerrojazo. Tenías que haberlo visto, él dice que está bien pero está cada día peor. Bueno, pues ya queda menos, Milano. Ya queda menos pero pasaron dos meses, Antonio, dos meses. ¿Seguro que Otxotorenaa va a poder hacer algo? Otxotorena por la cuenta que le trae tendrá que hacer algo, Milano. Pues que se dé prisa, por Dios, que se dé prisa porque el tiempo pasa y... y no conseguimos nada. Qué injusticia, por Dios. Los delincuentes de verdad entran y salen como si nada de la cárcel y nuestro hijo que no hizo nada pudriéndose ahí. Yo qué sé, Merche, es que están así las cosas, los jueces, las pruebas... (RESOPLA) Esto le va a dejar marcado. Ay, calla, calla, por Dios, calla, calla. Calla. Cerrojazo. Cerrojazo. Cerrojazo. Silbato. Bullicio. -Oh. ¿Qué te pasa? -Hostia. Que me han pinchao. -Me cago en la puta. Funcionario, funcionario. -Tío, Pollito, tío. -¿Se puede saber qué coño pasa aquí? -Vámonos que se va a liar. -Venga, a ver, un médico. Todo el mundo a sus celdas. -Esos hijos de puta me han cazado, la madre que los parió. -Pollito, vámonos de aquí. Aprieta bien, joder. ¡Funcionario! ¡Funcionario! -Y el espíritu santo. -Padre, ¿cuándo me va a confesar? -Sí, Sagrario, enseguida, espérese un momento. Antonio, al verte a estas horas he pensado que querías confesarte. No, padre, a mi edad ya no se tienen pecados. -¿Te pasa algo? Pues sí. -Es por Carlos, claro. Es por Carlos, padre. Ya lo sabe usted. -Los curas lo sabemos todo, hijo. He revuelto Roma con Santiago para intentar sacarlo de la cárcel y no lo consigo, padre, estoy hasta mintiendo. Le he dicho a Merche que había un político que iba a hacer algo, pero tampoco, no va a hacer nada. -Esa es una mentira piadosa, no cuenta. Te iba a decir algo hace días. Mira, el capellán de Carabanchel es amigo desde los tiempos de seminario, no sé si servirá de algo pero voy a llamarle. Es bueno tener un amigo dentro, aunque sea un cura. Se llama Clemente, dile a tu hijo que pregunte por él. Muy bien, Clemente, ¿y no podría conseguir Clemente que viera a mi hijo hoy mismo, padre? -¿Hoy? Sí, sería ideal, porque ayer no lo vi y estoy muy preocupado. -Es que es un poco pronto, Antonio, vamos a hacer una cosa. Le llamo después de las confesiones, ¿te parece? Muchas gracias, padre. -De nada, hijo. -Padre, que no tengo todo el día. -Sagrario, que no se tomó Zamora en una hora. -Ave María purísima. -Sin pecado concebida. -Que ya no queda nada. -Tú vete con ojo, que ese mierda sólo dice que te va a rajar. Olvídate de eso ahora. -Presiona aquí con fuerza, fuerte. -¡Ah! Perdón. ¿Va a tardar mucho la ambulancia? -No, está al llegar. ¿No lo podemos llevar a la enfermería? -No, es mejor no moverlo. Se nos va a desangrar. -No deje que la palme aquí, coño. -Eh, tranquilo, chaval, tú no la palmas hasta que yo lo diga. -Tengo frío. -Una manta, una manta. (JADEA) -Lo importante es que no os pongáis nerviosas, ya veréis que va a salir todo a pedir de boca mañana. Estáis muy guapas, ¿verdad, mamá? Estás guapísima. -A mí lo que me preocupa es mi marido, porque en cuanto le dije que íbamos a desfilar así en bañador me ha montado una que para qué. -No me digas. -Pues no veas el mío. Se sube por las paredes. -No les hacéis ni caso. -Si yo no le hago ni caso, todo lo que dice por uno me entra y por otro me sale. Ah, una cosa muy importante que no os he dicho, está confirmado que viene la televisión. -¿La televisión? Y Estefania os contará otra cosa. Cuéntasela. -Chicas, que a lo mejor, pero solamente a lo mejor, viene la reina. -¿La reina? ¿Pero cómo lo sabéis? -Qué ilusión, por Dios. La verdad, sería muy buena publicidad. Sí. -No paras de comunicar. ¿Qué pasa? -Acabo de hablar con el capellán de Carabanchel y me dijo que sí, que puedes ver a tu hijo, pero que vayas inmediatamente. Un momento, ¿ahora? -Sí, ahora mismo, Antonio. Antonio. Atiéndame usted la llamada, padre. -¿Quién es, qué hago? Nada, es un pedido, tome nota del pedido. -Oiga, oiga, sí, perdone, el señor Alcántara ha tenido una urgencia. Gracias. -Sí, dígame, dígame lo que necesita, hijo. Sí, 40... ¿Por qué tarda tanto la ambulancia? -El ministerio de justicia tiene que dar permiso. Estamos en una cárcel, ¿sabe? -No te preocupes, Pollito, que al Kiko no se lo quitan de en medio así como así. Tú tranqui, colega. Además vas a estar bien cuidado en el hospital. -Ya te digo, sí, con enfermeras que estarán la hostia de buenas. -Ya están aquí, rápido, venga. Cogedle con cuidado. -Lo malo es que no sé quién te va a cuidar ahora, Pollito. -Tiene todos los pulsos presentes. La vía aérea... -¡Ah...! -Cuidado. Y un Glasgow de 13. En cuanto lleguéis iniciáis salino a chorro, rápido. -Cuídate, Pollito. -Tú tranquilo que sale de esta. -Alcántara, conmigo, el capellán quiere verte. ¿El capellán? -Sí, venga. ¿Te importa si me lavo las manos primero? -Claro, vamos. Se abre una puerta. -Aquí lo tiene. Muchísimas gracias, no sé cómo agradecérselo. -Tranquilo, Froilán ya me lo ha contado. No perdáis la esperanza Dios nunca nos abandona. Eso sobre todo. -Os dejo solos. ¿Cómo estás, hijo? Se cierra la puerta. ¿Estás bien? Tengo que salir de aquí, papá. Sí, sí, sí, sí. Estamos haciendo todo lo posible, hijo. No, no, es que tú no sabes lo que es esto. Pues... no, no lo sé, no lo sé. No lo sé.... No lo sé. Acaban de pinchar a Kiko, ¿sabes? Está medio muerto. Me dijo que tú conocías a su novia. Sí, ya te contaré, ¿pero cómo...? Que lo acaban de pinchar, joder, lo intentaron matar y ahora van a por mí. ¿Pero quién va a por ti, hijo, quién va a por ti? (SUSPIRA) ¿Quién? Uno que está aquí metido. ¿Uno? Se llama Salazar y me la tiene jurada, se piensa que yo di el chivatazo de una fuga. ¿Pero qué? Vamos a ver, ¿es que hubo una fuga, hijo? Me la tiene jurada y tiene amigos. ¿Que tiene amigos? Muchos. ¿Y aquí nadie hace nada, hijo, tú no hablaste con el director? Lo intenté pero aquí deben de considerar esto normal... no lo entiendo, está loco. Joder. Vamos a ver... Papá, tengo mucho miedo, mucho. Y yo también, hijo, yo también, escúchame. A ver... ahora lo importante es que... que te cuides mucho, ¿me entiendes? Ándate con mucho ojo, no te fíes de nadie, y que nadie consiga hacerte nada. Yo voy a mover Roma con Santiago, me cago en la leche para que te den la provisional, o te cambien de galería, o lo que sea, hijo. Y tú no pierdas la esperanza, sobre todo no pierdas la esperanza, que te sacaré de aquí como que me llamo Antonio. Se abre una puerta. Por favor. -Alcántara, tenemos que irnos, lo siento. ¿Pero cómo, esto es así ya? Hijo, ¿me has entendido? No se lo digas a mamá, ¿eh? No te preocupes, cuídate mucho, ¿me oyes? Cuídate mucho. Que nadie se acerque a ti. Cuídate mucho. -Alcántara. Sí. Cuídenmelo mucho, por Dios. Escúcheme otra cosa. Quiero hablar con el director de la cárcel porque le pasan cosas. Si yo hablara con él, ¿me entiende? -Lo intentaré. Pues inténtelo, por Dios. -Salude a Froilán. Yo lo saludo, inténtelo, inténtelo, por Dios. (LLORA) (RESOPLA) (LLORA) -Que no es la corbata, que soy yo que no tengo hechuras para llevar corbata. -Ay, de verdad. -Es que tengo la sensación como de que todo me agobia, me aprieta, como un collar de perro. -Ay, no exageres, hazlo por mí. Marcel es muy clásico y quiero que le causes buena impresión. -Pues a ver el pedazo de carca que es el Marcel este ahora. -Sólo es un poco conservador, pero es un encanto, todo un caballero, no como otros. -Ya. -¿Sabes que... es pariente de la nobleza? -¿De la nobleza? Je... Mucho cuidado, hija, que la nobleza en Francia en la revolución les afeitaron a todos a la altura del cuello, acuérdate, y nunca mejor dicho. -Ay, no exageres. -Ya. -Oye, y no digas tonterías ni sueltes mítines comunistas que Marcel no sabe que eres comunista. -Pero hija, ¿quién te has creído que soy yo? Sé muy bien estar en los sitios. -Ahí llega. Marcel. (HABLAN EN FRANCÉS) -Marcel. -Miguel. (SE SALUDAN EN FRANCÉS) Coño. -Tranqui, Pollito, que soy yo. ¿Cómo está Kiko? Se lo han llevado al hospital. -Joder, qué suerte, ahí estará bien, ya me gustaría a mí. -¿Qué es de tu novia? Una amiga. -¿Está buena? Oye, que si no es tu prima me la podías presentar. Sólo si no es tu novia, claro, ¿eh? Ea, te dejo solo para que la leas. (LEE) Querido Carlos: espero que estés bien dentro de lo que cabe, por aquí aún no nos lo acabamos de creer. Cada día cuando me despierto tengo la esperanza de que todo haya sido una pesadilla pero por desgracia es real. Ya sé que no vale de nada pero quiero pedirte otra vez perdón. Sé que buena parte de lo que pasa es por mi culpa, aunque el juez no se lo haya creído, pero estoy segura de que... -¿Qué, leyendo carta de mamá? Karina, ¿esta que es, tu piba? Tiene nombre de rusa, oye, qué detalle, ha puesto donde vive, así podré hacerle una visitita. Ah... Que ya me he enterado que es culpa tuya lo de Kiko, pero conmigo no podrás, ¿te enteras? Conmigo no vas a poder. -Ah... Estás muerto, cabrón, muerto. No sé ni cómo, ni dónde, ni cuándo pero vete escribiendo a tu piba y dile adiós. -Agua. -Ah... Muerto estás, hijo de puta, muerto. Aplausos. -Hoy comienza la semana del mar, durante toda esta semana no debe pescarse. -¿Que no debe pescarse? -Hay que dar una tregua a los peces, un descanso... Venga, María, que luego tienes que hacer los deberes, ¿eh? -Abuela, ¿dónde está Carlos? Pues está de viaje. Esta mañana ha llamado cuando tú estabas en el cole y dice que te ha comprado un regalo. -Manolito dice que está en la cárcel, que se lo han dicho en su casa. Pues dile a Manolito que no diga tonterías, ¿eh? Vamos, que venga aquí a hablar conmigo y que me lo diga a mí en la cara. Decir que tu hermano está en la cárcel. -En la cárcel meten a la gente mala, ¿no? Claro, ¿y tú crees que tu hermano es malo? -No Pues eso. Anda, anda, merienda, ¿eh? que se te va a juntar con la cena. -Ya le dije a Marcel que... que la diferencia de edad no tiene nada que ver y le puse como ejemplo a ti y a Paquita, que os lleváis muchos años y os va estupendamente con vuestras tres hijas. -Bueno... -Ya, Miguel, ya sé que siempre es duro para un padre ver a su hija con un desconocido. -No, pero... -Pero te aseguro que toda mi ambición es hacerla feliz. -Me haces muy feliz, cherie. Seguro que os vais a llevar muy bien. -Claro que sí. ¿Te gusta la caza? -Eh... porque en el "château" hacemos unas cacerías de faisanes formidables y si a tu mujer y a ti os gusta montar a caballo... -Hombre, mi señora y yo no le hacemos mucho a la equitación, la verdad. -Bueno, os aficionaréis enseguida. Es que a los comunistas os voy a tratar bien. -¿Perdón? -No te preocupes, mi amor, no me... no me importa nada que tu papá sea comunista. -No, un momento, Marcel, vamos a ver, perdóname, pero... ¿A ti qué coño te importa si yo soy o dejo de ser comunista? ¿Tú le has contado algo a este señor? -Bueno, es que me informé, naturalmente. Es natural, en mi familia somos muy precavidos, así que si tenemos que meter a alguien en casa tenemos que saberlo todo, por eso contacté un detective. -¿Un detective? -Sí. -Acojonante. O sea que... yo no soy ningún paranoico, vamos, que llevo vigilado tres días por un tipo porque tú lo has contratado, ¿no, Marcel? -Mira, vamos a ver, a ver si te enteras de una vez. Te lo voy a decir claramente, aquí en España cuando queremos saber algo de alguien lo que hacemos es que vamos donde está esa persona y directamente, a la cara, pero mirándole a los ojos, le preguntamos lo que queremos, ¿te enteraste? -No entiendo su postura. -¿No? -No la entiendo, perdona pero... es normal que quiera saber todo acerca de la familia de Françoise, y no te preocupes, amor, ya sé perfectamente que no tienes la culpa de tener un primo, Carlos, en la cárcel por tráfico de drogas. -Bueno, lo que me faltaba por oír. -¿Y a mí, también me pusiste un detective a mí? -Sí, natural... No entiendo por qué te pones así, ¿qué tiene de malo? -¿Que qué tiene de malo? Eso tiene de malo, que ni siquiera sabes qué tiene de malo. -Hija, vámonos. -Nos marchamos. -¿Adónde, dónde vas? -A por mi maleta. -Vamos. -Lo siento, papá, siento haberte hecho pasar por esto. -Venga, chicas, vamos a desfilar con alegría. Mirad al frente, talón, punta y a haced como que no os mira nadie, ¿vale? -Sí, sí, eso ahora, pero luego cuando esté todo el mundo yo me pondré como un flan. Verás como te das cuenta de que hay gente. -Esto es como cuando actúas, no ves a nadie. -Claro, vosotras porque sois profesionales pero las que no estamos acostumbradas... -Y aquí hacemos el giro, ¿a ver? Con un poco de cadera, muy bien, vamos. Con ritmo, sin pararos... A ver Claudia esa cadera. Je, je, muy bien. Muy bien, vamos Chistan. ¿Qué pasa, Claudia? -Hola. -Así que es verdad. Piensas desfilar en bañador delante de todo el mundo. -Por favor, Mariano, que ya lo hablamos en casa, por favor. -Sí, y ya veo que mi opinión te importa un rábano. Oiga, perdone pero... -Pero nada. Esto es una mamarrachada. No pienso dejar que mi mujer haga el ridículo. La niña me ha venido llorando esta mañana, le da vergüenza pensar que sus amigas del colegio se van a enterar. Anda, ve y vístete, te espero fuera. -Lo siento, pero... pero es que tengo que irme. -No te preocupes, no te preocupes. -Buena suerte con todo, buena suerte. Buena suerte. Madre mía... Venga, vamos, arriba ese ánimo, ¿eh? Que esto lo hacemos por nosotras, y por nuestras familias también, y por todas las mujeres que han pasado por lo mismo, así que venga, vamos. -Vamos, chicas. Que estáis muy guapas. -Venga, probamos otra vez. Cerrojazo. Cerrojazo. Cerrojazo. Cerrojazo. -Creías que te ibas a librar. Socorro. Ah... -De Salazar no se libra ni Dios. Cállate. Hum... hum... -Que te voy a matar, hijo de puta. Socorro, socorro. ¡Socorro, socorro! -No chilles, que no ha venido mamá a verte. ¡Socorro! -Que no ha venido mama a verte. Que me dejes. -Yo te voy a matar, hijo de puta. Te voy a matar. ¡Socorro, socorro! -Tío, tío, Pollito, tío, Pollito, tranqui, tío, Pollito. Me cago en la puta, que soy yo, tío. Tranquilo, Pollito, tranquilo, joder, venga. Sólo ha sido una pesadilla chunga, venga. Me cago en Dios, la hostia, tío. -Venga, ¿quieres un poco de agua? (JADEA) -Venga, ya, ya. Venga, suavecito, suavecito. Joder... Teléfono. Diga. -Antonio, Soy Wanda, del 2001. ¿Es de la cárcel? (CARRASPEA) Wanda, ¿qué pasa? -Ay, don Antonio. Perdone que le moleste pero tiene que venir inmediatamente. Ya, ¿y tiene que ser ahora? -Es una urgencia, ay, venga, por favor, venga usted. Wanda. ¿Qué pasa? Pues nada, que por lo visto hay un... un problema en el 2001 y tengo que ir ahora mismo. ¿Ahora, sabes qué hora es, eh? Sí. Tú a estas horas no te vas a ningún sitio, ¿eh, me oíste? Vamos a ver, no te pongas así, yo tengo obligaciones, mujer. ¿Obligaciones, qué tipo de obligaciones, Antonio? Escúchame una cosa, ¿no te das cuenta que si el juez se entera que tienes un negocio de fulanas, porque es de fulanas, ¿qué es lo que va a pasar? Milano no les llames fulanas, coño, son señoritas de compañía y ese negocio, como tú dices, eh, recibe gente muy importante, que la he visto yo. Joder, ya me gustaría a mí encontrarme una noche con el juez este. No me caerá esa breva. Le iba a tirar a Wanda encima e iba a tardar en sacar a mi hijo de la cárcel un minuto. Bueno pues... pues vas y arreglas lo que tienes que arreglar. Voy, lo arreglo y vengo inmediatamente, tranquilicémonos. Luego te deshaces de él, ¿eh? Y dale, vamos a ver, llevo deshaciéndome de él un tiempo, pero quedan flecos, lo sabes. pero la última vez, la última vez y se acabó. Que sí, no me des la matraca con ese asunto, que ya tengo suficiente con los problemas. Joder ahora con el... Ahora tener que ir. Se cierra la puerta. -Viva Tejero. -Viva. -Izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda. Ar. Izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda. -Esa alineación. -Viva España. (TODOS) Viva. -Viva Tejero. -Viva. -Esa izquierda, vamos. -Viva España. (TODOS) Viva. -Viva Tejero. (TODOS) Viva. -Izquierda, izquierda. ¿Qué coño es esto? -Antonio, llevan así toda la noche, no sé qué hacer. ¿Pero esto pasa muy a menudo? -No, es la primera vez, no es habitual. ¿y qué hace el chaval ese joven con un CETME, cómo tienen aquí CETME, joder? (RESOPLA) (MURMURA) Mercedes, hija, dime la verdad, ¿eh? Que si no me empiezo a imaginar cosas y es peor. ¿De verdad que no le ha pasado nada a Carlos? Que no, madre, que no es nada de Carlos. Entonces, como ha salido Antonio tan deprisa. ¿No os habréis peleado? Que no nos hemos peleado, anda, vete a acostar. Yo te noto muy enfadada. Que no estoy enfadada, lo que pasa es que no me gusta que salga a estas horas. Ya, ¿y ese negocio que tiene Antonio... le obliga a salir a estas horas de la noche? Es ese negocio que te conté que tenía de don Pablo. Ya. Pero que él no sabía de qué era. (SUSPIRA) Don Pablo. Nunca se pudo esperar nada bueno de él. Desde luego. -Ah, ah... La mala suerte que yo tengo, que me tenga que pasar esto a mí, coño. Si es que no sólo están borrachos, es que.. -Cuando yo era joven... Cuando yo era joven. Yo creo que hay que llamar a la policía. -Antonio, si llamamos a la policía lo mismo nos cierran. Pues ya puestos así que nos cierren, joder. -¿Cómo puedes ser tan egoísta? No me digas eso, que me va a dar un infarto, me voy a divorciar, las dos cosas. -¿Y qué hacemos todas? Qué manía os ha entrado... Disparo. Me cago en la... -¿Qué has hecho? -Oh. -Que me he pegado un tiro en el pie. -A quien se le ocurre, hombre. -Siéntese, siéntese. Será desgraciado. Oiga, oiga. -Antonio, ten cuidado. ¿Cómo que ten cuidado? Oiga, hombre. -Antonio, Antonio. -Se le ha disparado la pistola, se ha destrozado el pie. -¿Quién es usted? ¿Quién voy a ser? El dueño. -Pues a ver si hace algo que me estoy desangrando. Cómo no se va a desangrar, si tiene el pie... A este hombre hay que llevarle a un hospital. -Me cago en la leche. Al final nos hacen un consejo de guerra a todos. -Yo me voy al cuartel. -¿Cómo? -Que me voy, anda, vámonos. Vámonos, vámonos. -Llamemos a un doctor que es muy discreto. -Pero es un oficial herido, traiga la pistola. ¿Y si llamamos al doctor? -Eso es lo mejor, Sandra, llama al doctor y le cuentas lo que pasó. Y trae una toalla, por Dios. -¿Ese médico es de confianza? -Absolutamente de confianza. Siéntese que se va a marear. Joder. -Es que ha bebido mucho, ha bebido mucho. Claro, claro que ha bebido. -Ha bebido mucho. -Ahí, ahí, ahí, joder, ahí. Perdona que te haya despertado. -Nada, no tiene importancia. Herminia. Hace dos horas que se fue y no dejo de llamar y no contesta. -No pasa nada, no es ningún problema, venga, dame la dirección, me acerco a por él, le traigo y ya. -Lo siento. -No te preocupes. -La dirección. -Perfecto. Pues nada, subo, me cambio de ropa y me voy a por él, ya está. Teléfono. Venga. ¿Dígame? Merche. Antonio, por Dios, ¿pero qué pasa? Nada, mujer, te llamo para decirte que prácticamente terminé aquí, en un momento estoy en casa, no te preocupes. ¿Pero qué ha pasado? ¿Qué va a pasar? Nada. Un incidente así normal aquí en el bar. ¿Qué jaleo es ese que se oye? Son las chicas, Merche, espera un momento, espera. ¡Chicas! Hablad más bajo que estoy hablando con Merche. Dime, Merche. Te digo una cosa, quiero que vengas a casa inmediatamente, pero ya, y que dejes ese asunto liquidado, ¿me has oído? ¿Qué ha pasado? No lo sé ni me interesa, se acabó. Merche... -¿Qué hago, voy, no voy? No hace falta que vayas. -Bueno, pues me voy a dormir. De todas formas muchas gracias. -Nada, no tiene importancia, Merche. Ay, señor, señor, que nos tengan que ocurrir estas cosas. Se cierra la puerta. Ay, Mercedes. Dios quiera que no se entere nadie del pueblo, porque era lo último que nos faltaba. ¿Cómo lo ve? -Bien, la bala le ha atravesado el pie pero la herida es limpia. ¿Usted cree que tenemos que llevarlo al hospital o no? -Al hospital no, le dije a la señora que estaba de maniobras. Tranquilo, Sopelana, que de esto no se entera nadie. El honor del regimiento está a salvo. -Tranquilo, yo me lo llevo hasta el cuartel. ¿Se lo lleva usted? -Tranquilo. Pues muchas gracias. Señores, muy buenas noches. -Con cuidado. -Venga, venga. Sandra. -Ya está usted muy bien. -Así. -Mucho mejor, ¿eh? Estupendo. Wanda, cobra la nota. Bueno, Lola... acabo de hablar con Mercedes y no puedo aguantar esto más, me dijo que cuando llegue a casa lo quiere tener resuelto. -Tú me dirás cómo lo hacemos, Antonio. Yo no quiero que venga nadie de fuera y no tengo dinero... Yo no quiero tampoco que vengan de fuera, pero ayúdame, Lola, ayúdame. ¿Por qué no vamos mañana al notario, Lola? Firmamos el documento y luego ya lo del dinero vemos con tiempo a ver qué hacemos, ¿entiendes? Así quedo yo bien con Mercedes. -Antonio, déjame que me lo piense. Pues piénsatelo, Lola, pero es bueno para ti, yo no te voy a fastidiar, mujer. -Doña Lola, que dice el médico que hay que pagar la visita. -¿Has visto lo complicado que es todo esto? ¿Lo materialista que es la gente? Resuelvo esto y estoy contigo. Joder con el médico. -Don Antonio, que he conseguido cobrar las botellas. Muchas gracias, otra cosa, que... siento mucho lo de tu novio Kiko, ¿entiendes? -Ay, pobrecito mío. Si es que con lo bueno que es siempre se lleva la peor parte. Qué mala suerte, ¿eh? -Ya. ¿Cómo está? -Bien, está bien, encantado de estar en el hospital. Y yo aquí. Te voy a agradecer siempre lo que habéis hecho por Carlos, sé que lo pincharon cuando lo estaba protegiendo. -Es que eso es lo malo, que ahora su hijo se queda allí más solo que la una. Así que ya puede tener cuidado, ya. Llaman a la puerta. Llaman a la puerta. Mamá. ¿Carlos? Ábreme, por favor. Carlos, hijo. Mamá. Carlos. Carlos, hijo, no puedo abrirte. ¡Abre la puerta! Hijo, no puedo abrirte. Mamá, ábreme, por favor. Hijo, que no puedo. ¡Abre la puerta! No puedo, de verdad que no puedo. Hijo... Mamá, abre la puerta, por favor. ¡No puedo abrir! Sácame de aquí, no me dejes solo. Que no puedo. Mamá, abre la puerta, por favor. Hijo, por Dios, ten cuidado. (LLORA) Hijo... Hum... (GRITA) Hijo, por Dios, hijo... Hijo, hijo, por Dios. Hijo... Carlos... Merche, Merche, Merche. Merche, estabas soñando, cariño, tranquila. Estaba aquí. ¿Quién? Carlos. Y no podía abrirle. Claro, porque estabas soñando. (LLORA) No podía abrirle. Ha sido horrible. Ya... Ya... ya. Eso es... Carlos. Suéltalo todo, Milano. Carlos. (SOLLOZA) -Alcántara. Lo siento mucho pero no he podido hacer nada. ¿No ha podido hablar con el director? -Aquí esas cosas pasan cada dos por tres. Las peleas, las amenazas... Nosotros intentamos controlarlo todo pero es muy difícil, tendríamos que ser muchos más funcionarios, pero tú ánimo, chaval, que tienes uno de los mejores abogados, verás como te consigue la provisional. Mientras tanto no te metas en líos. ¿Estamos? Gracias. -La policía duda que se trate de un secuestro. Sigue desaparecido el padre de Julio Iglesias. -He cogido un periódico. -Muy bien. La policía continúa sus investigaciones. Sigue sin aparecer el padre de Julio Iglesias. -Antonio, Antonio, espera. Espera, Antonio, mira, me ha llamado Clemente, el capellán de Carabanchel. Ha hablado con el director de la cárcel y dice que le llames por teléfono, mira, este es el número. Don Arturo Díaz Horcajo, director. Dígame una cosa, padre, ¿y no sería posible que fuera yo a verle personalmente? -Antonio, Clemente ha hecho todo lo posible. Yo es que era por hablarlo cara a cara, es que por teléfono... Sí, pero si te pide que le llames por teléfono es que no puede recibirte personalmente, entiéndelo. Me cago en la leche. -Ya sé que lo pasáis muy mal, pero hay que tener confianza, al final la verdad siempre resplandece. Ya lo sé, padre, ya lo sé. -Ánimo, Antonio. Muchas gracias. -Nada, hijo. -Uy, tenemos que empezar el ensayo general. En dos horas empieza a llegar la gente, daos prisa. -Inés... Inés. -¿Qué? -Si quieres hacemos una cosa, tú guías el desfile ahora, y yo me quedo dentro dando las pautas, luego me cuentas. -Vale. -Venga, que no queda nada. -Qué nervios. -Nervios no, que vais a estar guapísimas. ¿Sabéis cuál es el secreto? Controlar la respiración, y sobre todo no mirar a la gente. -Tú lo tienes fácil porque eres actriz. -Que no, que es muy fácil, mira, inspiramos... Expiramos y sobre todo la musculatura relajada, dejamos que la tierra se coma los nervios. -¿Hola? -Claudia -Hombre, Claudia. -¿Hay sitio todavía para mí? -Claro. -Claudia. ¿Qué haces aquí, tu marido ha cambiado de opinión? -No, he sido yo la que ha cambiado de opinión. -Me alegro muchísimo, bienvenida, llegas justo a tiempo para el ensayo general. Vamos, vamos... venga en diez minutos empezamos. Mirad quién está aquí. Y va a desfilar. Gracias. Don Arturo, soy Antonio Alcántara, el amigo del padre Clemente. ¿Qué tal, cómo está? Supongo que ya le ha contado todo. Eso es. No, la primera vez. No, no. No, no, no, es la primera vez que mi hijo está metido en un asunto de estos, por eso. Ya. Entiendo, hombre, eh... No, mire, mi llamada solamente era para que... para pedirle por favor que usted se ocupe un poco más, que esté más atento de su seguridad, estamos muy preocupados. Ya, ya se que ustedes lo... lo hacen, y que... Exacto. Hacer todo lo posible. Pues si lo intenta, hágalo rápido, por favor, porque... yo creo que no tenemos mucho tiempo. Muchas gracias, buenas tardes. Que se nos va a hacer tarde para el desfile. ¿Eh? Antonio... maldita las ganas que yo tengo de ir al desfile, pero... Ah, sí. ¿Tienes las entradas? Sí, tengo las entradas, sí. Anda, hijo, te tienes que sobreponer. No puedo, Herminia, con mi hijo en la cárcel no puedo. Pero hijo, tú ya has hecho todo lo que estaba en tu mano. No puedes hacer más, anda, estamos en manos de Dios. Yo he pasado por la parroquia y se lo he pedido a Santa Rita, ya verás como no nos abandona, ¿eh? Muy bien. Vamos, Mercedes nos está esperando. (SUSPIRA) -Fernanda. -Venga, mamá. Faltan cinco minutos. Venga, preparaos. Ya ha llegado papá. -Al final no ha venido la reina, menos mal, si no me muero. Cuidadito con que no se os vean las prótesis. (CHISTA) -Que se oye todo fuera. Música. Aplausos. Aplausos. -Hostia. (CHISTA) -Dame las llaves. -Un momento que las busco. -El desfile, el desfile, perdón, ¿eh? Bravo. Guapa, muy bien. Ya te metiste esa mierda, ¿no? -Que te calles, hostias, me das las llaves ya. -No las encuentro. -Pues las buscas. Dame las putas llaves, cojones, dame las llaves, hostia. -Vámonos ya a casa... -Que me sueltes, coño, las llaves, Arancha. -Felipe, para ya... -Cago en la... Que te voy a dar. -¿Qué me vas a dar qué? Que te voy a dar. Quita, papá, venga, ven a darme, Antonio. ¿Qué pasa? -Que hay gente armando jaleo. Hay un jaleo, no sé. ¿Pero qué pasa? -No sé... se están peleando oalgo así. Bullicio. Gritos. -¿Venga, qué me vas a hacer? -Es culpa tuya. Desgraciado. -Desgraciado tu hijo. Tú. -Te pongo una querella por calumnias. Lárgate, anda, lárgate ya. -A casa, Felipe. -Eso... Tú. Teníamos la chaqueta, venga, vamos para afuera. -Felipe. -Vamos para afuera. Alcántara, que me dejes. Que te quites, papá. Ven a darme, Antonio. -Felipe. -¿Venga, qué me vas a hacer? Vamos. Culpa tuya es. -Felipe, Felipe, para ya. -Desgraciado tú y tu hijo. Dios mío. Dios. -Mamá. ¿Has visto lo que ha pasado? -Venga, vamos para afuera. -Felipe. -Vamos para afuera. -Felipe, para ya. -Pero en un hotel de los buenos, ¿eh? Que tenga mueble bar y una cama redonda, y un espejo en el techo para verle el culo a mi churri. Ah, y una piscina de esas con burbujas y agua caliente, y todo el puto día con servicio de habitaciones, para que nos traigan mogollón, pero mogollón de "canapeses". -Vente, cabrón. -Hola, soplón. A ver qué vas a chamullar ahora. Nadie te va a ayudar, Pollito, porque nadie ayuda a los soplones. -Toma, Pollito. -A tomar por culo, el Pollito se ha convertido en un gallo y le ha salido un espolón. -Agua. -Agua. -A ver, ¿qué coño está pasando aquí? Tú, suelta eso, suéltalo ahora mismo. Yo no hice nada, que no hice nada. -Se te va a caer el pelo. De la celda de aislamiento no te libra ni la caridad, tira. Venga, vámonos. Lo siento, Milano, te he estropeado el desfile. No digas eso. Con la ilusión que habías puesto. Ay... Perdóname, tenía que haberme controlado. ¿Me perdonas? No tienes que pedir perdón a nadie, ni a mí, ni a nadie. Ni tú, ni yo, ni Carlos, porque no hemos hecho nada. Ya. ¿Me has oído? Y vamos a seguir luchando contra quien sea. No lo sé, Merche, no lo sé. Ya hemos pasado por muchas cosas, y de esta también vamos a salir adelante, ya verás. Madre, vamos. Hala, vamos, hija. -Venga, papá, y alegra esa cara, ese niñato es gilipollas. Hija, cuidado con la lengua. -¿No te parece a ti? Sí. -Esta va a ser tu suite, chaval. No me andes armando jaleo, ¿eh? Que este tiene poca paciencia. ¿Estamos? No naino no naino... Cerrojazo. (NARRA) Cuando oí aquel portazo en la celda de aislamiento me pareció que era mi tumba la que se cerraba sobre mí. Encerrado entre esas cuatro paredes sentí que había dejado de existir y una sola pregunta retumbaba en mi cabeza, ¿qué había hecho yo para merecer todo lo que me estaba pasando? Tras arder siempre, nunca consumirme; y tras siempre llorar, no consolarme; tras tanto caminar, nunca cansarme; después de tanto mal, no arrepentirme...

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Cuéntame cómo pasó - T14 - Pollito - Capítulo 252

16 may 2013

En enero de 1982 se había instalado en España un clima de inseguridad: atentados, secuestros, robos. Y mientras muchos delincuentes seguían en la calle, Carlos continuaba en la cárcel, donde también se siente inseguro. Las relaciones con su compañero de celda, Salazar, se han deteriorado tras el intento fallido de fuga del capítulo anterior.

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