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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T14 - Los mayos del 46 - Capítulo 242

Cuéntame tú que has vivido el despertar de un tiempo que nos cambió. Volverás a ser un niño -¡Quieto todo el mundo! al recordar Disparos. las largas tardes de sol. Háblame de lo que has encontrado en tu largo caminar. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Ah... ¿Por qué miras así, hija? ¿No te gusta cómo está quedando? -¿Lo vais a pintar todo de ese color? Pues claro, que buena falta le hacía. A mí me gustaba más como estaba antes. Oye, por Dios, saca el ratón ese de ahí, que me está poniendo nervioso, anda. Trae un poco de pintura, que no me llega. -Anda, Pepón, ve con ella. -No. -¿Cómo que no quieres? ¿A que se lo digo al abuelo? Qué niño más terco. No creas. -No, todavía no me creo que os vengáis a vivir al pueblo. Pues para llevar la contraria. Parece mentira que no nos conozcas. -Yo pudiendo vivir en la ciudad ni me lo pensaba un minuto. Con la de cosas que faltan en Sagrillas. Precisamente por eso hemos venido: por las cosas que faltan. A ver si encontramos aquí tranquilidad. Por cierto, la televisión que has comprado la traerán, ¿no? Sí, madre, la va a traer Desiderio. Esa es otra. Le dije: "No me hagas el porte, que me lo hace Pepe. Tienes que atender un negocio." Pues nada, oye, es más cabezón que una peonza. Te mueves más que un palomo. Golpe. -¡Ay! ¿Qué habrán hecho? A ver, a ver, a ver, a ver. ¡Por Dios, no me toquéis la pintura! -¡Eres un idiota! ¡Por Dios, no me toquéis la pintura! Pero ¿qué habéis hecho, por Dios? -Ha sido este. ¿Qué ha pasado? ¡¿Qué has hecho?! ¡Llévatelo! -Venga, tira. Lo siento. ¡Que la saques de aquí, está poniendo todo perdido! ¡Con un estropajo te voy a lavar! ¡Tira para allá! Dale con un poco de aguarrás, que yo creo que esto no... no se quita con agua. Me cago en la cuna que me arrulló. (NARRA) Después de que todo San Genaro le señalara sin razón con dedo acusador por el escándalo del aceite de colza adulterado, mi padre decidió poner tierra de por medio. Tras casi treinta años y por loco que pareciera, el P'arriba y la Seca volvían a Sagrillas en busca de la paz y la tranquilidad que parecían negárseles en la ciudad. Sosiego, aire puro y gentes sencillas, esa era su apuesta de vida: prescindir de todo lo que no fuera necesario y aprender a vivir con lo justo en contacto con la naturaleza. Claro, que tantos años fuera dejan mella; y mi padre, que nunca supo estarse quieto, enseguida encontró la manera de enfrentarse a nuevas complicaciones. ¿Entonces qué, hacemos algo? -Socios, ¿no? Sí, socios. De momento, ahí falta algo, Rodolfo. -¿Sí? Falta Alcántara. Bodegas Alcántara Miravete. -Ya veremos. Pues eso, ya veremos. -Yo pensaba que la parienta no te iba a dar permiso a ti. ¿Permiso para qué? -Pa asociarte conmigo. ¿O es que me vas a decir que no le consultas antes de hacer negocio? Lo que yo consulte o no con mi mujer no es asunto tuyo. -Que sí, hombre. Pero, vamos, que la Seca es mucha Seca. ¿Qué te pasa a ti últimamente, que no apeas el nombre de mi mujer de la boca? (RÍE) -No te enfades, Antonio, que yo no digo nada. Que tienes mucha suerte con Mercedes, sólo eso. Pero, vamos, porque me fui a la mili y ella se cansó de esperarme, que si no... ¿Que si no qué? Anda que no inventas tú nada. Te voy a decir una cosa, Rodolfo, conmigo así vas mal, ¿eh? Vas muy mal, parece mentira que no me conozcas. -Que sí te conozco, Antonio. -A ver, Rodolfo... -¿Qué? -¿Dónde te dejo los escombros? Hombre, Salvador, cuánto bueno por aquí... ¿Qué tal la familia? -Bien, Antonio, bien. ¿Cómo es que no ha venido tu hermano? Huy, se ha quedado en Madrid. Está amadrileñao. -Salvador, ¿qué decías? -Que dónde te dejo los escombros. -De momento, déjalos ahí mismo. No los pongas ahí, que tiene que pasar la maquinaria. -Que sí, hombre, déjalos ahí. Pues nada, hala, pongamos una escombrera en medio. -Y tú menos mandar, P'arriba, que estos no son tus negocios de Madrid. Aquí, hasta que no firmemos en contrato ante notario mañana tú no tienes ni voz ni voto. Eso mismo digo yo. Hasta que no firmemos el contrato, nada. Dios santo, ¿qué estoy haciendo? ¿Cuándo decías que vuelve Margaret de Manchester? -Cuando encuentre piso para Lola. Que lo encuentre pronto, por Dios, porque es la única que sabe de vino. Campanadas. Bueno, ella y alguno de estos. Porque lo que es tú y yo no tenemos ni idea. Y por lo que veo, tú de construcción, tampoco. -¿Y eso? No apiles la rasilla así, que la estropeas. -Vaya, hombre... ¿No vas a parar hoy? ¿Has oído, Rodolfo? -Sí. Qué mala suerte, chico parece que tocan a muerto. Campanadas. -Ah, no pasa nada. Salvador, el cemento. -¡Voy! Campanadas. Claxon. -¡Mira por dónde vas, desgraciado! ¿Qué pasa? -¿Cómo desgraciado? Que vais por medio la calle. -Casi los chafas. -Se me ha echado encima, que hay que mirar. -Mujer y volante, peligro constante. -Ya estamos. Pero si es el Rana. -Coño, Carlos, tenías que ser tú. -Perdona, chaval, ¿y esto del campaneo es típico del pueblo o es que está ardiendo? Calla, hombre, que eso es que ha muerto alguien. -Ay, vaya fiestón. No te enfades conmigo, que yo no iba conduciendo. -No, ya. ¿Te quedas aquí con tus padres o...? No, he venido a traer unas cosas de Madrid. ¿Qué tal? ¿Cómo estáis? -Pues ya ves. ¿No me digáis que estáis embarazados? Campanadas. Enhorabuena. -Ya sabes que donde pongo el ojo pongo la bala. -Rana... -Es broma, mujer. ¿Y quién ha muerto? -La Mari. La madre de Fuencisla. -Carlos, ¿te vienes o qué, macho? ¿Ya tenemos línea? -Perfectamente, señora. Gracias. -Me voy. Muy bien, adiós. -Adiós. Ay, por Dios... Madre mía, qué maravilla... Campanadas. Hija, soy yo. Sí, te llamo desde casa. Desde el pueblo. Vamos, que ya tenemos teléfono, hija. ¿Sí? ¿No me digas que te ha salido una prueba? Campanadas. -Una menos que queda, Herminia. La pobre de Mari. Dios la tenga en su gloria. Lo que no tiene nombre es lo de la hija. -Menuda fresca esa Fuencisla. Cuando murió el padre no vino ni al entierro. Y ahora no ha querido saber nada de la madre durante la enfermedad. Madre del amor hermoso. -Ahora, que eso sí, una cosa te digo, mejor morir sola que mal acompañada. Yo, desde luego, ya se lo tengo dicho al cura. Cuando me llegue la hora, que me entierren rapidito. Y a mis hijos que les manden un telegrama, si quieren. Pero ¿cómo puedes decir eso? -Los hijos no dan más que disgustos. Hazme caso, cuanto más lejos, mejor. Cuánto bueno por aquí. Madre, que acabo de llamar a Inés y te da muchos recuerdos. ¿Va a venir a vernos? Si puede, vendrá a las fiestas. ¿Les hago un cafetito y un bizcocho que acabo de hacer? -¿Bizcocho? ¿No lo habrás hecho con el aceite ese de Madrid? Anda... Aniceta, ¿por qué dice eso? -Yo no digo nada, es lo que se dice en el pueblo. Bueno, mira, te lo agradezco, pero tengo que irme al velatorio de la Mari. Luego iré yo un ratito. -Con Dios. Adiós, hija. Adiós. ¿No le habrás contado tú nada? ¿Yo? No, ¿qué le voy a decir, hija? Es que en el pueblo las noticias vuelan. Esta mañana he estado en la panadería, y estaban todas cuchicheando. Claxon. Y ha sido entrar yo, y callarse. Anda, mira, aquí están. Ya era hora de que aparecieran. Le traen la televisión, hombre. -¿Qué pasa, familia? ¡Pero bueno! Será posible... -Qué alegría veros. Desde luego. -Hola. (RÍE) -Qué guapa estás. Oye, ¿y Carlos no venía con vosotros? -Se ha quedado charlando con un amiguete. Ah... -¿Y Antonio? Está en la bodega, ahora vendrá. -Dame un vaso de agua, que estoy más seco que la mojama. Pasa, pasa, estás en tu casa. -Igual tendríamos que haber avisado, pero es que Desiderio quería daros una sorpresa. ¿Una sorpresa? -Mañana es mi cumpleaños y hemos dicho: "Nos quedamos unos días". -Las maletas. -Luego que las suba Antonio. O sea, que tenemos bautizo en noviembre. -Vendrás, ¿no? Si me invitas... -La verdad es que no me hago a la idea de eso de ser padre. Aunque ya tengo un hijo perdido por ahí. Sí. -Por cierto, ¿cómo es? ¿Se parece a mí o...? Ni idea. -¿No dices que te la encontraste en Madrid? Sí, pero no estaba con el niño. Después le perdí la pista, creo que se fue a Barcelona. -¿Sabes una cosa? En el pueblo dicen que se metió a fulana. ¿Y eso quién lo dice? -Pues no sé, la gente. La gente habla mucho por hablar, Rana. Ya deberías saberlo. Cuando yo me la encontré estudiaba para peluquera. Desde luego, no me extraña que no quiera ni oír hablar del pueblo. -Bueno, tampoco la hemos hecho nada malo. Ni tampoco nada bueno. Cuando se quedó embarazada no recibió ni un buen gesto de parte del pueblo. Ni siquiera tuyo. -Si me iba a casar con ella. Sí, por amor, ¿no? -Si te digo la verdad, lo mejor que hizo fue irse. Si no no me podría haber casado con la Emilia. Me cocina que no veas, me hace un gazpacho y unos callos que para qué. Oye, por cierto, ¿es verdad eso que dicen de tu padre? Canto de gallo. Hombre, buenos días, Niño y compañía. -¿Qué tal? ¿Qué hacéis ahí? ¿Dándole a la sin hueso? -Sí, aquí comentando la actualidad. Pues ahí os dejo con la actualidad. Con Dios. -Con Dios. Míralo, qué tranquilo va y ha envenenado a medio Madrid. Hasta Suárez le ha dicho que se quite de en medio. -Si Suárez ya no manda. -Bueno, pues será Calvo Sotelo. Este acaba en Topas, Zamora. -Ah... Cuidadín, ¿eh? -Sí. Cuidado. Carlos, toma, hijo. Y ten mucho cuidado, no lo muevas, que se estropea el magneto. Que sí, tontolaba. El magneto, tendrá magneto esto, coño, digo yo. Vamos a darnos prisa, si no va a venir la tormenta. Oye, que no te he dado las gracias, por cierto, por traerme esto, pero también te digo que no hacía falta que me trajeras nada. -No digas chorradas, para algo están los amigos. Prefiero encargarle estas cosas a Pepe, a ver si me entiendes. Para mí Pepe es como un perro. Le encargo el porte, se lo pago y me mete los aparatos hasta la cocina. Pero tú, que eres como mi hermano, no te puedo pagar nada y además tengo que meter yo los aparatos hasta la cocina. -No seas tan fino y mete cosas p'adentro. Esto no lo meto. ¿Qué es este hierro? -¿Cómo este hierro? Es una barbacoa, regalo de la casa. ¿Esto es una barbacoa? Esto es una fragua. -No, es una barbacoa que te cabe aquí hasta un buey asado. ¿Pa qué quiero asar un buey? Lo que hago es poner unas chuletitas nada más encima de la brasa y ya está. -Mira que eres rústico y primitivo. Primitivo Benito. A ver qué hago con esto. Si lo puedo regalar, lo regalo. -Ni se te ocurra. Pues te lo devuelvo. -Quieto, quieto ya. Primero, lo más delicado. La línea blanca. -¿De verdad no te importa que nos quedemos unos días? ¿Cómo me va a importar, mujer? Esta es vuestra casa. ¿Prefieres manta o colcha? -Manta, manta, que Desiderio es muy friolero. Que esto no cabe, leche. -Sabrás tú, listo. Golpes. ¿Qué ruidos son esos? De verdad... Qué pareja. Moviendo muebles, van a destrozar la casa. -Sí. Madre mía, cuántos números, no entiendo nada. No revuelvas mucho los apuntes, que luego no me entero, anda. -¿Qué son, de la universidad? Sí. Me quedó una para septiembre. -¿Vas a seguir estudiando? La verdad es que me queda muy poco para terminar la carrera. -Qué pena... Bueno, digo que aquí en el pueblo no creo que te sirva de mucho una carrera, ¿no? Pues no, la verdad es que aquí, en el pueblo, no creo que mucho. Aunque nunca se sabe. Pero, vamos, todos estos años en la universidad no los cambio por nada del mundo, todo lo que he aprendido. -Pues sí, has aprendido mucho, pero... ¿Qué te pasa? -¿Cuánto tiempo hace que nos conocemos, Mercedes? Pues mucho. -Se me hace muy raro no verte por allí. ¿No vas a echar de menos el barrio? Pues claro que voy a echar de menos el barrio. Y a ti, sobre todo. Pero, bueno, si seguiremos yendo. Y vosotros podéis venir a Sagrillas cuando queráis. Anda, no te pongas así, ¿eh? -Es que te echo de menos. No sé, este maldito asunto del aceite lo ha echado todo a perder. El aceite y el no aceite. Nos venimos aquí porque Antonio necesita tranquilidad y aquí la vamos a tener, o eso espero. Vamos a hacer la cama. Eh... estoy haciendo hueco en la cocina. ¿Qué hago con esto? Lo tiro, ¿no? ¿Cómo lo vas a tirar? Al sobrao. Voces. ¿Qué les pasa a esos? Nada, papá y Desi, que no se aclaran. ¿De verdad quieres que guarde esto? Pues claro que quiero que lo guardes, que algún día lo puedo necesitar. Y de paso súbete esto. ¿Esto también lo guardo? Pues claro que lo guardas. ¿Quieres tirar el aguamanil de tu abuelo? Anda, anda, súbelo. Dentro de veinte años tú y yo ya hablaremos. Sí. (SUSPIRA) Anda... Que Sagrillas no es el fin del mundo, ¿eh? -No, pero casi. ¿Y con el videoclub que has hecho, Desiderio, lo has cerrado? -Qué va, hijo. Lo he dejado abierto. He dejado a Pili de encargada. Me ha hecho el favor. Me ha dado muchos recuerdos para ti. Bueno, ella y todo el barrio. ¿Todo el barrio? -Sí, hijo, sí, todo el barrio. Ya me extraña a mí que esos desgraciaos te den recuerdos para mí. -Pues no te extrañe. La madre que los parió. Quita, hombre, quita. Herminia, mire, ya puede ver "Vacaciones en el mar" en color, como a usted le gusta. Qué bien. Lo que voy a ver mañana es la boda de Lady Di. Pues nada, la boda de Lady Di. Eso, me enchufáis la tele y así yo ya no estorbo. ¿Había mucha gente en el velatorio? Todo el pueblo. Pero ¿por qué no habéis querido ir? Porque tenemos mucho lío con todo esto, Herminia. Yo voy mañana sin falta. Como si fuera el alcalde. Bueno, metedme la tele en casa. Ahora mismo. Bueno, Desiderio, primero, la televisión, luego ya... -Primero la tele no sé, ¿eh? Habrá que mirar cómo está la antena. Vieja. Cuántas cosas has traído, Desiderio. -Ya-ves-truz. Oye, ¿dónde va esto, macho? Ahí. Y esto aquí. Carlos, por Dios, échanos una mano, que ha venido con la furgoneta llena. -Voy. ¿Qué haces con esa caja? Yo creo que es de mamá. Esto desde luego sí que es de tu madre. Me cago en la leche. Es el primer regalo que le hice cuando nos hicimos novios. ¿De verdad? Milano... Milano, mira lo que tengo aquí. Una cosa antigua, a ver si te acuerdas. A ver. Pero si es nuestro collar. ¿Dónde lo has encontrado? Carlos. Estaba en esta cajita. La he cogido del sobrao. Madre mía, mi caja. Si llevo años buscándola. ¿Te acuerdas, madre? No me voy a acordar... Pensaba que la había perdido. No, siempre la tuviste muy bien guardada. Y nunca me dejaste mirar lo que había dentro. Son mis cosas y mis secretos. Pero déjame mirar. De eso nada, que tengo cosas personales. Pero ¿cómo vas a tener cosas personales después de tanto tiempo? Antonio, claro que sí. Mira, Clara... ¿Qué es lo que tiene en esa caja? A mí ni me metas. (RÍE) -Bueno, pues esto ya está, ¿eh? Ah... Pues, venga, a la furgoneta. A ver. Qué mal se ve, ¿no? -Sí. Voy a la furgoneta. Vaya porquería. -¿Qué haces? Pensé que estabas dormida. Me lo llevo a la cocina, ¿vale? -No, es que yo quiero que duerma conmigo. Ya, pero no hace más que ruido. No nos va a dejar dormir. -Jo, es que quiero dormir con él. Es que es mi único amigo. ¿Cómo es eso de que tu único amigo es un hámster? A ver, explícamelo. -Te lo juro. ¿Y el chaval este con el que estás todo el día, el nieto Liceria, ese no es tu amigo? -No, es un tonto y un bruto. Y, además, no para de tirarme de las coletas todo el rato. Habrá más críos en el pueblo, ¿no? -Muy pocos. Y, además, no se juntan conmigo. Me llaman forastera. ¿A ti también? Vaya. -¿A ti te llaman forastero? Ahora ya no, pero cuando era más pequeño, claro. Lo que tienes que hacer es darles tiempo para que te conozcan. Ya dejarán de llamártelo. Aquí, en el pueblo, en las casas no había agua corriente. Tenías que ir a la fuente del pueblo a llenar botellas. Un día mamá me dio un montón de botellas y me dijo que fuera a llenarlas. Y allí me planté yo, en la plaza del pueblo. ¡Joder! Pero ¿qué hacéis? ¿A que no os atrevéis a venir? ¡¿Qué queréis?! -Por lo menos es valiente. -No sé, con ese pelo de chica que lleva... ¡Yo no llevo el pelo de chica! -¡A callar, que aquí eres el forastero! -Joder, la niña no tira mal. ¡Tú, bocazas, retira lo de niña! -¡Vale, lo retiro! Ya vemos que eres valiente. (NARRA) Al principio me las hicieron pasar canutas. Sobre todo el Rana, que era el más bruto de todos. -¿Te juntas con nosotros? Bueno. -Nos tendrás que dar algo a cambio. Encima, qué cara. -Yo me llamo Pedro, pero me llaman el Tuerto por mi abuelo. Y este es el Meducho, pero tiene ni idea de por qué le llaman así. -Pero me gusta. -Yo me llamo Fernando, pero me llaman el Rana. Croac. Explosión. (GRITAN) (NARRA) Nos hemos hecho amigos y hace tiempo que dejaron de llamarme forastero. Tú no te preocupes. Dentro de poco tendrás aquí un montón de amigos. Pero amigos de verdad, no hámsteres. -Déjalo. Desiderio. -Joder, qué susto, macho. ¿Qué haces tú ahí? ¿No pensarás subir a la escalera? -¿Y tú qué haces aquí? ¿Estás fumando? Te he preguntado yo primero. ¿Qué haces? -Pues voy a ver si arreglo la antena, porque tu suegra quiere ver mañana la boda de Lady Di. La tele no se ve. Pero no subas ahora con este viento y de noche, que te vas a caer. -No tardo nada. Lo hacemos mañana por la mañana. Yo te ayudo. Anda, bájate a charlar conmigo un rato. Toma unas caladas. (SUSPIRA) -Joer, qué bien sienta un cigarrito antes de dormir, ¿eh, macho? Nos ha jodido. Y después de... (RÍEN) -Por cierto, tú no deberías fumar. Ni tú tampoco, Desiderio. Y no le digas nada a Merche, que se me enfada. -¿Sabes?, estoy dándole vueltas a la cabeza a lo que has dicho a los vecinos y algo de razón llevas, pero, joder, tampoco es para que te lo tomes así, macho. ¿Que me lo tome cómo? -Que no puedes tirar todo por la borda, y todos tus proyectos y toda tu vida en el barrio por un calentón. Joder, por un calentón. ¿Qué calentón? Si me llamaron asesino a coro. A mi hermano le quemaron el taxi. Y porque no había piedras. -No había. Menos mal, no había piedras. -No nos abandones, chico, no nos olvides. Acuérdate de nosotros, pásate por allí a vernos. Pero, vamos a ver, que no me voy a Katmandú, chico. Me he venido a este pueblo a tomar un poco el aire y a ver si monto un negocio, nada más. -Ya estamos con los negocios. Ten cuidadín con los negocios. Que sí, tengo unos negocios. Pero claro que volveré al barrio. Si es nuestro barrio, nos ha tocado ese y ya está. Es nuestro barrio. Por cierto, muy nuestro, que es lo que debería preocuparnos, no otras cosas. Ay... Me cago en la cuna que me arrulló. Se me acaban de abrir las puertas del cielo y no lo he pedido. -¿Has visto un OVNI? No, he visto dos. Mira a ver qué hora es, anda. Las doce y un minuto, Desiderio, me cago en la leche. Que acabas de cumplir cincuenta años como cincuenta soles. -Soy un carroza. Ven aquí. Te voy a decir una cosa, ¿eh? Tú no serás hermano mío, pero nos parecemos. Eres más que hermano. -Sí, por lo tirillas. Anda, trae, que lo mate yo. Y vamos p'adentro, que mañana te ayudo con la escalera, porque a estas horas y con esta ventolera... Espérate que lo tiro, si no viene Merche y... Y se enfada. -Vamos, yo instalo la antenita y esta buena señora ve mañana la boda de la Lady Di esta, vamos... Por Dios. Madre mía... Golpes. Este todo lo que tiene de bueno lo tiene de seguido. ¿Y ese ruido? Desiderio, que se ha empeñado en colocar la antena a estas horas. Qué cabezota es. Te lo digo yo que es muy seguido. Por cierto, Merche... ¿Hum? Tú no sabrás eso de que en el pueblo estén hablando cosas de nosotros. ¿Yo? Sí. Golpes. Espera un momento. Hijo, por Dios, déjalo, hombre. Que está muy oscuro y es muy peligroso. -Que ya termino, hombre. Que no me quedo tranquilo. Baja. -Espérate, que es un momentín. Joder. Te lo decía porque he estado hablando con el Neno. Como tiene esa cara de malencarado me ha entrado un runrún... No lo sé, a lo mejor son cosas mías. Seguro. Anda, te has puesto el colgante. ¿Tú sabes la cantidad de años que llevaba buscándolo? Ya lo daba por perdido. Me acuerdo perfectamente el día que te lo regalé. ¿Te acuerdas tú? ¿Cómo no me voy a acordar? Fue en una fiesta de los Mayos. Más o menos en el 47. Pues yo creo que fue en el 46. Me acuerdo porque Rodolfo tenía que irse a la mili y estuvo como loco para le tocaras en el sorteo. Y yo: "Que no, Bragazas, que la Seca no se sortea, que estamos ennoviaos". Y él: "No, que te voy a echar un pulso, y el que gane se queda con ella". Qué bruto. ¿Sabes lo que le dije al final? ¿Qué? Rodolfo, que no te quiere ver ni en pintura, que eres más feo que pegar a un padre. Me acuerdo porque me pasé toda la noche huyéndole. Y buscándote, como una tonta. Pero ¿cómo me ibas a encontrar? Su me avisaron que mi hermano se había escalabrado. ¿O fue el día de la Guardia Civil? No, no, no, no. Me acuerdo que se había escalabrado porque lo llevé al médico y todo. Golpe. Por Dios. Hala... No, si de verdad, aquí cada uno es feliz con sus cosas y... (SUSPIRA) Qué fresquito hace ya. ¿Y tienes muchas más cosas en esa cajiña? Ay, y dale con la caja. Tengo mis cosas. Cosas viejas. Ay... ¿Y no me las quieres enseñar? No. Y no quiero que la veas. Bueno, pues si no quieres que las vea, yo tampoco las voy a ver, mujer, no creas tú que... Ay... Pero ¿qué pasa? No pasa nada, Merche, coño, que estaba pensando que me debes un baile desde el año 46, pues sumando los intereses imagínate en qué se ha convertido esa deuda. ¿Un baile o una verbena? Una verbena con chimpún y todo. Pero ten cuidado, que esta cama hace un ruido... Estás como un toro. Golpes. -¡Ah! La madre... Ay, madre. Pues nada, se ha matado el pajarito. -Estoy bien, no ha pasado nada. Ya está. Que estoy bien, ¿eh? Pobrecito. Anda, ve. Ay, sí. Ay, Dios... -Joder... Ah... Canto de gallo. (HABLA EN INGLÉS) Es que además es conferencia internacional. No, si no me escucha. No me escucha nadie. -Buenos días. -Buenos días. Hola, pareja. Buenos días. -Se nos han pegado las sábanas. Anda, ¿queréis un café? -Sí. ¿Cómo estás, Desiderio? -¿Este? Divino. -Pues la verdad es que nunca me había encontrado mejor. Pues anoche no te mataste de milagro. -¿Qué dices? Si soy como el hombre araña. Además, mira, fíjate qué bien se ve la carta de ajuste. Es verdad. -Nitidez. (HABLA EN INGLÉS) Espera, que ahora ya ha dicho "no, no, yes, yes" y termina. -Don't call me Bragazas! Margaret os manda recuerdos. Ah, pues muchas gracias. Muy bien. Dime una cosa, ¿tú no te vas a poner un teléfono en tu casa? -Sí, hombre, primero tendré que mudarme, ¿no? -¿No me digas que vas a dejar tu casa? -A ver, estoy viviendo en casa de mis padres, que se cae a trozos. Y resulta que mis hermanos quiere que les pague a precio de oro. Eso son cosas de herencias, ya sabemos. Ya. -Gracias. ¿Quieres un poquito? -Hum. -Riquísimo, Mercedes. ¿Lo has hecho tú? Sí. -Guapa, con clase, y encima sabe cocinar. P'arriba, te ha tocado la lotería con la Seca. (RÍE) Y a mí con él. -Sí, claro, claro. Vamos a ver una cosa. ¿Piensas estar mucho tiempo con el lío de P'arriba, la Seca, Bragazas, tócame, Roque, o vamos a empezar en esta casa todos a llamarnos por nuestro nombre de pila? -Por cierto, esta tarde tenemos cita con el notario a las seis, Antonio. Socio. Ya lo sé. Anda, tómate un café. Te lo incluyo en el precio. -No, coffee, no, no. Que tengo mucho que hacer. Que la bodega no es como el aceite, que así te fue. (RÍE) ¿Qué dices de mi aceite? ¿No te tenías que ir ya? No se tiene que ir a ninguna parte. ¿Verdad que no, socio? Espera, ven aquí. No, que venga aquí. -¿Qué, Antonio? A ver, Antonio, que yo no soy como la gente de aquí. Que ya sé que tú no envenenaste a nadie. Pero, vamos, que hacer vino no es envasar y vender. Que aquí hay que cuidar la calidad del producto. ¿Eh? Venga, adiós, hasta pronto. Me cago en la cuna que me arrulló. Este no es tonto, este es un jeta. La que sabe de vino es Margaret de Braganza, no él. Cago en la leche. ¿Qué dice del aceite este ahora? Pero ¿qué sabe este? ¿O es que estamos en boca de todo el pueblo? Un poco. Pero, vamos, sólo un poco. ¿Y por qué no me lo dices? Para no preocuparte. Hoy hablan de esto y mañana de lo otro. ¿No los conoces? Al final no voy a poder vivir tranquilo en ningún sitio. -Perdona que te diga, pero en todos lados cuecen habas, no sólo en San Genaro. No me toques las pelotas con San Genaro, joder. Estamos peor que cuando ETA mató al hijo de Liceria, que todo el mundo pensaba que éramos de ETA. ¿Para qué te acuerdas de eso? Me acuerdo y me tiemblan las piernas. Menudo susto. Buenas tardes. ¿Qué pasa, Mario? Ponme un tinto, Perucha, anda. -Hola, Antonio. Hola, Luis. -¿Te has enterado de lo del hijo de Lorenzo? Pues claro que me he enterado, me cago en la cuna que los arrulló. De eso y de alguna bobada que va diciendo alguien por ahí de mi hija la mayor. Para el que no lo sepa, a mi hija la detuvieron por casualidad, no era culpable. Era una amiga suya, que tenía panfletos políticos en casa, ¿estamos? -Eso no es lo que dicen. Ya lo sé, la gente dice muchas bobadas. Pero te lo cuento yo, que soy su padre. -¿No la detuvieron en la calle? Claro, después de un atentado detienen a todo Madrid. -¡Pero no metieron en la cárcel! No me toques las narices, Luis, ¿eh? -¿Por qué no está en España? Pues precisamente por eso. Porque era inocente. Y si eres inocente tienes que marcharte. ¿O en qué país vives? -Estamos aquí reunidos para despedir a nuestra vecina y amiga Mari, una mujer abnegada que vivió en soledad los últimos años de su vida. Partió de esta vida cristianamente, en silencio, casi sin despedirse de nadie. Pero estoy convencido de que partió con la ilusión de comenzar... ¿Has visto, Milano? Ha sido llegar nosotros y no dejan de mirarnos. Ya sabes cómo son. -Después de tanto sufrimiento, Mari ahora descansará en paz junto a su marido. Durante toda su vida Mari procuró lo mejor para sus seres queridos. (NARRA) La ausencia de Fuencisla durante la enfermedad de su madre había dado mucho que hablar en el pueblo. Pero su llegada al entierro daría mucho más que hablar todavía. -En este valle de lágrimas, Mari supo aferrarse a la fe para defender sus sentimientos. Hay que saber olvidar y perdonar para vivir en paz con Dios y con nosotros mismos. -¿Y cómo dices que se llamaba? -Manolín II. -Pues vaya nombre más tonto. -Tú sí que eres tonto. -Oye, pues tampoco se vive tan mal aquí en este pueblo. -Hombre, un ratito... Pero la verdad es que está un poquito muerto, ¿no, mi amor? -No. -¡Ay, me ha mordido! -Niño, cuidado. -Ya te dije que no metieras el dedo. -Oye, ¿y si lo sacamos de la jaula un rato? -No, que se escapa. -Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay. Oye, canijo... -Dímelo. -Estaba pensando una cosa. -¿Qué? -¿Por qué no hacemos como Antoñito y Mercedes y nos venimos a vivir al pueblo? -Ni de coña. -¡Se ha escapado! -Pero ¿qué ha pasado? -¡Ah, ah! -¡Mira cómo corre! -Pero ¿dónde está? -Por ahí, por ahí. -Sí, por ahí, por ahí. Por ahí puede estar. -Quítamelo, quítamelo. -Por ahí. -Cariño, por favor, que es un ratón. Te acompaño en el sentimiento. -Gracias. No esperaba que estuvieras aquí, la verdad. -Danos hoy nuestro pan de cada día. Y perdona nuestras ofensas, como también nosotros... -Mira, este es Joaquín, mi marido. Encantado. -Tú debes ser Carlos. Fuencisla me ha hablado mucho de ti. Sí. -El Señor es contigo, bendita tú eres... -Siento mucho lo de tu madre. -Gracias. -¿Y el niño? -Lo he dejado con el servicio. -¿Qué servicio? -Con la asistenta. -Anda, vamos. Fuencisla, te acompaño en el sentimiento. Si necesitas algo, ahora vivimos en el pueblo. Lo mismo digo, hija, mi más sentido pésame. Carlos, ¿tú te quedas? Me quedo. Pues nada, encantado. -Igualmente. Hija... Encantada. Ay... Adiós, padre. -Adiós, Mercedes. Hija... Debe ser que Paca le deja flores cuando viene. No te preocupes, que mañana las arreglo y les traigo flores, anda. (SUSPIRA) Espera un momento. Padre, madre, quería deciros que hemos vuelto al pueblo, a vivir en el pueblo. No os lo he dicho antes porque no he tenido tiempo. Mi familia no me ha acompañado toda porque los mayores ya tienen trabajo en Madrid, pero sí me he traído a la pequeña y a la Seca. ¿Cómo que a la Seca? La Seca, Merche, mi madre siempre te... Pero tú nunca me has llamado la Seca. Mi madre sí, siempre decía "tú mujer" o "la Seca". No le hacía mucha gracia que te casaras conmigo. ¿A mí me lo vas a contar? Ya sé que contigo fue muy puñetera. Vamos, hombre, si me hubiese pasado yo la vida recordándote que a mi madre tampoco le gustó que me casara contigo. María, mi vida, no te sofoques. -He estado a puntito de agarrarlo, pero se me ha escapado. Claro, es tan chiquitín. Hola. -Hola. ¿Qué pasa aquí? -Que Pepón es un idiota y lo ha hecho a posta. ¿Por qué, cariño? ¿Que ha hecho a posta el qué? ¿Qué te ha hecho ahora? Ha abierto la puertecita de la jaula y se ha escapado el hámster. Anda. ¿Manolo II? Me cago en la leche con el Pepón este. Le voy a tener que meter en cintura, me tiene hasta las narices. Qué mala suerte, primero el periquito y ahora el hámster. -Me siento culpable. No, hombre, no. ¿Qué vas a ser tú culpable? Tú has traído la tele. -¿Qué tendrá que ver? Pero habéis dejado a mi cargo a los niños. -María, ¿quieres que te compremos otra ratita? -¿Así de grande? -No, yo quiero a Manolo II. No le compréis nada. ¿Qué le vais a comprar? Si esta pobre niña tiene la negra con los animales. Compras una tortuga y sale volando por la ventana. Por Dios, no digas eso. No te pongas así. No seas tan sensible. ¡María! ¡No llores, hija! -¿Entonces tus padres se vienen a vivir al pueblo? Ajá. -Que Dios les asista. Hombre, mujer, tampoco es eso. -¿Que no? Pues menuda es la gente aquí. ¿No has visto cómo me miraban todos en el entierro? Son todos más malos que un dolor. -Fuencisla, déjalo. -Pues no, no lo dejo. Y que conste que hemos venido aquí porque tú te has empeñado, que si es por mí, vamos, no me vuelven a ver el pelo nunca más. ¿Y cuánto tiempo decís que lleváis juntos? -Ya va para dos años. Fue un flechazo. -Se va tan alegremente y vuelve ahora. -Bueno, flechazo... Primero nos conocimos y luego nos enamoramos. -Qué sinvergüenza. -¿O no? ¿Quién me lo iba a decir? En Sagrillas con los dos hombres de mi vida. Porque Carlos fue mi amor de la infancia. Aunque nunca me hizo caso. Di que no, que éramos unos críos. -Bien tonto que fuiste. (NARRA) A mis veintiún años no podía jactarme de haber roto muchos corazones, sino más bien al contrario, pero sí era verdad que con Fuencisla había tenido una pequeña historia. -No te gusto nada, ¿verdad? Sí, sí que me gustas. Me gustas mucho. Pero es que tengo novia. -Pero a mí no me importa. Además, yo no le voy a decir nada Julia. Mira, es que llevo todo el verano pensando en ti. He soñado contigo. Que nos besábamos. Estábamos los dos solos, como ahora. No te creas ni la mitad de lo que te digan, ¿eh? Si quieres saber la verdad, con el Rana fue mi primera vez. ¿En serio? -Te lo juro, pero basta que me haya quedado para que digan por ahí que soy una cualquiera. Pero tú no les crees, ¿no? ¿Yo qué les voy a creer? -Ha sido mala suerte. Además, como en el pueblo no hay eso para no quedarse... -Fuencisla, ¿no estarás asomada a la ventana? -Me tengo que ir. Me ha encantado hablar contigo. Y a mí. -Fuencisla, ¿es que no me oyes? -Que sí, madre. Bueno, adiós, que sigues siendo el chico más guapo. Adiós. -Esto está igual que cuando me marché. Pensé que habría tirado todas mis fotos. En el fondo se acordaba de mí. -Pues claro que se acordaba de ti. Era tu madre. -Ya, pero, como se portó tan mal cuando me quedé en estado... Llevabas razón, tendría que haber venido a verla. -Bueno, eso ya no tiene remedio. -Ay, ya sabía yo que me iba a poner a llorar como una tonta. -Esto está lleno de recuerdos. Cariño, ¿qué te parece si nos tomamos un respiro y nos vamos a comer? Carlos, ¿hay algún sitio bueno para comer por aquí? Por aquí, por aquí, no. En Tobarra creo que hay uno que está bastante bien. -Pues venga, vamos. Te vienes con nosotros, ¿no? No, me están esperando. Me tengo que ir. -Vale, como quieras. Hasta luego. -Muchas gracias por todo, Carlos. -Cariño, para un poco, porque te estás poniendo como el Tenazas. -Es que están buenísimas. Deja que la muchacha coma lo que le dé la gana, que está muy guapa. -Eso debe ser el pueblo. El pueblo y otras cosas. ¿Qué te pasa, heredero? Estás muy mustio, hijo. No, nada. ¿Nada? Ah, bueno. Qué cara de buena persona tiene Fuencisla, ¿verdad? Sí. ¿No se ha casado un poco raro? Papá... No digo nada, hijo, no digo nada. Lo que pasa que él, ¿qué edad tiene? ¿La mía? Joder, cómo se nota que eres de este pueblo, ¿eh? No quiero meterme con nadie, pero la edad es muy importante. Pues será ahora, porque con lo del tío Miguel y Paquita no se hablaba tanto. Eso lo dirás tú. No te acuerdas, Carlos, pero no te puedes imaginar la que se armó con el Matamulas. Casi salimos en "El Caso". ¿Por qué crees que le llamo a tu tía la Loba. Por eso. Bueno, mira, me voy a dar un paseo. Así me gusta, hijo, que tengas carácter. ¿No te das cuenta que es su amiga? Ya lo sé, no creí que se iba a poner así. -Bueno, ¿qué? ¿Nos echamos una brisca? Ya me gustaría, Desiderio, pero tengo que ir al notario luego y ahora tengo unos gases, chico. ¿Ah, sí? Me voy a echar un rato. Sí, échate, anda. Hala. Antonio, yo no hago más que darle vueltas a una cosa y si no te la digo, reviento. Dígame, Herminia. ¿Tú estás tranquilo con ese trato con el Bragazas? ¿Por qué lo dice? Porque los tratos en los pueblos muchas veces dan problemas. Acuérdate de lo que pasó con la venta de las tierras. Y era tu hermano. Porque era precisamente mi hermano, que es un cabezón. Pero este no es mi hermano, este es un amigo. Pues un amigo, un notario y dos testigos. Es amigo, sí. Tú con el Bragazas andas a la greña, ¿eh? Todo depende de cómo se haga, ¿no? Yo voy a ver al notario, pero la primera tontería que me diga le mando a tomar por saco. A ver si piensa que es este pueblo nos chupamos el dedo. Hala, hasta luego. -Hasta luego, Antonio. A ti también te gusta, madre, ¿eh? Yo tengo que recordar las cosas, Mercedes. En esta familia parece que se ha perdido la memoria. María, mi vida, ¿no duermes? Anda, pues te conviene echar una siesta. Ya verás cómo te encuentras mejor. -¿Sabes lo que me ha dicho Pepón? No. -Que a Manolín II seguro que se lo come una lechuza, y después escupe los huesos y la piel por la boca. Ay, por favor, este niño es el demonio. Tú ni caso, ¿eh? Pero ¿cómo se le ha ocurrido decirte una cosa así? -Estoy harta del pueblo. Pero si acabamos de llegar. Además, ya pronto vas a empezar el colegio en Tobarra. Ya verás qué bien. -Pero aquí no tengo amigas. Y, además, Pepón no para de chincharme. Me quiero volver a Madrid. Ay, Señor, Señor. -Mira, aquí está. Anda. -¡Herminia, que está Lady Di en la tele! Que no estoy para bodas, Desi. Qué hombre tan pesado. Marcha nupcial. Madre mía, qué cola... -Está guapísima, ¿verdad? Desde luego. -Más guapa que el marido es. Porque vaya pavo. Menudas orejas. Parece un Seiscientos con las puertas abiertas. ¡Herminia, que se lo va a perder! -Desiderio, por favor, no des voces. Pues fíjate que yo creo que el Carlos de Inglaterra se te da un aire. -¿Ah, sí? En lo regio. No le vayas a decir a papá que te quieres volver a Madrid. Que se va a llevar un disgusto muy grande. Ay, con lo contento que está él de vivir aquí. Te voy a contar una cosa. Cuando tu abuelo Rafael y yo éramos unos críos, estábamos todo el día a la greña. No paraba de chincharme. Era pesado, pesado. Dale que te pego, dale que te pego. Un día hasta me hizo llorar y todo. Entonces yo, ya harta, me puse muy seria y lo mandé a hacer puñetas. Él entonces me miró fijamente y muy serio también me dijo: "¿Entonces es que ya no nos vamos a volver a ver nunca más?" ¿Sabes por qué era? Porque quería llamar mi atención porque yo le gustaba. -¿Y por eso te chinchaba? Claro. Dice el refrán que dos que mucho se pelean, mucho se desean. -Entonces, ¿tú crees que le gusto a Pepón? Uh, uh. -Pero él a mí no me gusta, ¿eh? ¿Ah, no? La verdad es que Pepón es muy bruto. Pepón es otra cosa. Con tanta charla me ha entrado un poquito de sueño. ¿Te importa que me acueste contigo un poquito la siesta? (SUSPIRA) (SUSPIRA) Cuántos recuerdos me han venido a la cabeza. -¡Herminia, que se lo va a perder! Llaman a la puerta. ¿Se puede? -Ah, Carlos, pasa. Qué de cosas. -Me he puesto a recoger mis cosas y no sé por dónde empezar. ¿Y Joaquín? -Se ha marchado esta mañana. Aprovechando que estábamos aquí se ha ido a Albacete, a hacer unas gestiones. Ah, a Albacete. ¿Cuándo vuelve? -Mañana por la mañana. Vendrá a recogerme y nos iremos a Barcelona. No veas cómo trabaja, el pobre. ¿A qué se dedica? -Pues tiene empresas aquí y allá. La verdad es que nos va muy bien. Me alegro. -Te preguntarás cómo he terminado con él, ¿no? Nos conocimos en el club donde trabajaba, en Barcelona, nos enamoramos y me sacó de puta. No me mires así, que parece que te dé lástima. No es eso. Es que no me tienes que dar explicaciones. -Una se acostumbra. A hacer la calle, digo. Y, oye, con no pensar... Además, llega el momento en que si tienes menos de tres clientes al día, malo. No te vas a creer lo que he encontrado. Ahí va... ¿De esto cuánto tiempo hace? -Pues cuatro o cinco años, por lo menos. Vaya pintas teníamos. Mira, Josete y la Puri. -La Puri venga a hacerle ojitos y él ni caso, ¿eh? Qué paradito que era. Bueno, y tú. Pues no te creas, que Josete ha cambiado bastante. Ahora tiene un grupo y da un montón de conciertos. Y no hace más que ligar. -O sea, que se ha espabilado. A su manera. -¿Y tú qué? ¿Sigues rompiendo corazones? No, no, no. A mí sólo me dan calabazas ya. Cencerros. Balidos. Ah... (SUSPIRA) Ah... (LEE) Para Mercedes, con todo el cariño de este, que le quiere: Rodolfo. 7 de mayo de... Vas a llegar tarde al notario. Pero, bueno... Pero ¿qué haces con mi caja? Que te he dicho que son mis cosas. ¿Se puede saber qué significa esto? ¿Quién te manda tocar nada? No me has contestado. ¿Qué significa esto, Merche? ¿Eso? Pues una foto. Una foto antigua. Ya, ya, ya lo he visto. Y dedicada. Para Mercedes, con todo el cariño, de este que la quiere, Rodolfo. 7 de mayo de 1946. Ay, Antonio, que tú sabes que Rodolfo me rondaba. ¿Qué te voy a contar a ti? Pero es que es de mayo del 46. ¿Y qué? Que entonces ya éramos novios. ¿A ti te parece bonito hacerte fotos dedicadas con todo el mundo o qué? Pero, por Dios, si esta foto es del año de la polka. Del año de la polka, no, del año 46. ¿Qué pasó esa noche, Merche? Que Rodolfo aprovechó que yo fui a buscar a mi hermano y tú te dejaste. Aunque sólo fuera una vez. Pero ¿tú te estás escuchando, Antonio? Que no te consiento que hables así. Pues en la foto bien que consentías. Mira cómo estás ahí de a gusto. No digas tonterías, anda. Te estás comportando como un crío. ¿Cómo un crío? Debo ser idiota. He estado en Babia todos estos años. Se han debido de reír de mí hasta los perros. Mira tu madre qué contenta. En el ajo, claro, de Celestina. Ya está bien. Como siempre ha preferido al otro. Ya está bien, no. ¿Y a ti qué te pasó, Merche? ¿Qué te pasó en el 46? Como este se fue a la mili te cansaste de esperar y te conformaste con el tonto del pueblo. ¿Qué dices, Antonio? Estás sacando las cosas de quicio por una tontería de una foto. ¿Una tontería, y lo has guardado treinta años? Menuda tontería. Venga, hombre, venga. ¿Quieres ver lo que hay en la caja? No quiero más secretos. A saber lo que tienes ahí. Seguro que te has hecho fotos hasta con el sereno, fíjate lo que te digo. Eso sí que no te lo consiento, que me trates como una cualquiera. Será posible... Tengo prisa. No me sueltes la telenovela, que no me gusta, ya lo sabes. Qué ofensivo eres cuando quieres. ¿Qué hay, Desi? -Hombre, Antoñito... ¿Vas a tardar mucho en el notario? Te lo digo por si... Me enseñaba la bodega. (TV) -Esta mujer, para ser casada a este hombre. Es decir, damos en matrimonio esta mujer a este hombre. El padre de la novia se halla a... -Muy contentos se les ve ahora, ya verás cuando lleguen los hijos. -Sí, hombre, como que van a ser ellos los que cuiden de los niños. -Los hijos son una maldición. Les das la vida y luego te sacan los ojos. Mira la Fuencisla. -Rodolfo, ya no puedo esperar más. Que yo voy con hora. -Espérese, hombre, que enseguida viene. Perdona. -Hombre, Antonio, vamos al grano, tengo que estar en Hellín en media hora. -Venga, allí mismo, en la máquina. Qué bien te sienta la corbata, Antonio. Como se nota que te gusta aparentar. Me sentará mejor que a ti. (LEE) En Sagrillas, provincia de Albacete, a 29 de julio de 1981. Comparecen don Rodolfo Miravete y don Antonio Alcántara. -¡Pepe, una cervecita, por favor! Y unas aceitunitas. (LEE) Los comparecientes constituyen una sociedad limitada denominada Miravete-Alcántara, que se regirá por... Un momento, Julián. ¿Cómo que Miravete-Alcántara? Será Alcántara-Miravete, ¿no? -Antonio, soy el socio fundador. Algún privilegio tendré que tener. ¿Qué privilegio ni niño muerto? Quedamos en Alcántara-Miravete, si empezamos así... -Eso es lo que habías dicho tú. ¿Yo? -Yo no. -Vamos a ver, Alcántara, siempre me haces lo mismo. Estas cosas se hablan antes. Eso digo yo, que esto no se puede hacer a traición y por la espalda. -¿Qué dices? Por la espalda, Rodolfo. -No tienes razón. Pero si quieres lo resolvemos como Dios manda. Como hombres. ¿Sí o qué? No hagas trampas, que te conozco. -¿Trampas? Trampas no, músculo. Ya le tenía yo ganas. Notario, tome nota. -Madre mía, que tenga yo que verme metido en esta... -¿Has comido bien? Porque te voy a machacar, Antonio. Por Dios, Julián... -A ver, las reglas son las siguientes: las manos rectas... Sí. -Los codos, en línea, el brazo atrás. El brazo atrás. Y no vale hacer fuerza con el cuerpo. ¿De acuerdo? -Sí. -¿Preparados? ¿Listos? Ya. (JALEAN) -¡Sí, señor! -¡Vamos, Antonio! -¡Vamos, Rodolfo! -¡Vamos, Antonio! -¡Vamos, Rodolfo! -¡Vamos, Antonio! -¡Vamos, Rodolfo! -¡Venga, Antonio! -¡Vamos, Rodolfo! -Uh... Uh... (SUSPIRAN) -Qué pena que no esté aquí la Seca para verte morder el polvo. ¡Ah! ¡Ah! ¿Qué tienes que decir de mi mujer? -Tranquilo, Antonio, que te saltas por la mínima. Vale, saca los papeles. No los saques, que no firmo nada. -¿Cómo que no firmas? Que no firmo, hombre, no firmo. ¡Que te metas el negocio por el culo! Pero menudo socio que me iba a echar con este ruin. Mira la cara de ruin y baboso que tiene. Baboso, hombre. -Mira que tienes mal perder, Antoñito. Ahí os dejo otro capitulito, para que habléis de mí a nuestras espaldas. Ponte un pantalón largo, coño, que pareces Fofó. -¡¡¡Oh!!! ¡Ronda para todos! En mi pueblo sin pretensión tengo mala reputación, haga lo que haga es igual todo lo consideran mal Yo no pienso pues hacer ningún daño queriendo vivir fuera del rebaño. No, a la gente no gusta que uno tenga su propia fe. No, a la gente no gusta que uno tenga su propia fe. Todos, todos me miran mal, salvo los ciegos es natural. Cuando la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual, que la música militar nunca me supo levantar. En el mundo pues no hay mayor pecado que el de no seguir al abanderado. Y a la gente no gusta que uno tenga su propia fe. Y a la gente no gusta que uno tenga su propia fe. Todos me muestran con el dedo, salvo los mancos, quiero y no puedo. Si en la calle corre un ladrón y a la zaga va un ricachón, zancadilla doy al señor y aplastado el perseguidor. Eso sí que sí que será una lata siempre tengo yo que meter la pata. Y a la gente no gusta que uno tenga su propia fe. Y a la gente no gusta que uno tenga su propia fe. Este fue el día que el Melucho trajo una revista de chicas desnudas. -Sí, y luego llegó Julia, la hija del Maurín, y te fuiste con ella. Ajá. -Dios, cómo la odiaba. Todos los veranos rezaba para que no viniera. Hay que ver lo que me gustabas, ¿eh? Y tú, ni caso. ¿Qué haces? -¿Tú qué crees? ¿Y... Joaquín? -Joaquín es mi marido, y le quiero muchísimo, no te creas. Pero lo nuestro... lo nuestro es otra cosa, ¿no? La nuestro es algo pendiente. Perdona, pero... No puedo. -Sigues igual que siempre, ¿no? Ayúdame a recoger esto, anda, que no muerdo. -Soy yo. -¿Qué quieres? -No, nada, que quería saber del niño, que como antes estaba mi mujer y eso, pues... -Está muy mayor, es muy travieso, pero... tú eres muy bueno. -¿Y qué, cómo es? ¿Se parece a mí o...? -Un poco. En la nariz y en los ojos. -Oye, Fuencisla, que yo quería saber si me podrías dar el anillo ese que te regalé cuando nos íbamos a casar. Que como te fuiste tan de repente y era de mi abuela y tiene tanto valor... Y que como se entere mi mujer de que lo tienes tú... -Has tenido suerte, lo encontré hace un rato. -¿Ha estado ahí todo este tiempo, no te lo habías llevado? -Pues claro. ¿Qué crees, que me lo ponía por las noches llorando pensando en ti? -No, mujer. Por cierto, no le digáis a mi mujer que he estado aquí, ¿eh? No, tranquilo. -Anda, quédate a beber un rato. Brindemos por los viejos tiempos. Por lo que pudo ser y no fue. -Por lo que fue y no pudo ser. ¿Que no se asocia con Rodolfo? Pues mira, mejor. ¿A mí qué me importa? No saques las cosas de quicio. ¿Yo, madre? No sabes las cosas que me ha dicho. Encima que me vuelvo al pueblo por él. Pero ya sabes que Antonio tiene un pronto muy malo, hija. Habla con él y arreglaros. ¿Yo? Que hable él conmigo. No sabes las cosas que me ha dicho. A estas alturas desconfiar de mí... Que si me voy con unos y con otros, hombre, por Dios, estaría bueno. Desde luego, estamos siempre en boca de todo el pueblo. No sé cómo nos la apañamos. Primero, el aceite; ahora esto... hija, por Dios. -Yo creo que nos tendríamos que ir. Ya celebraremos tu cumpleaños otro día. No pasa nada. -¿Cómo nos vamos a ir a hora, si tengo las chuleticas a punto de sal? ¡El diablo! Pero ¿qué llevas ahí? -Un conejo para María. -Ya lo veo que es un conejo. ¿y de dónde lo has sacado? -¿De dónde lo va a sacar? Del campo. Qué pedazo de conejo... No se te ocurra soltarlo, ¿eh? -¿A usted cómo le gustan las chuleticas? ¿Muy churruscaditas? -Canijo... -¿Qué? -Nos vamos. -Pero ¿cómo nos vamos a ir ahora, cariño? ¿Y dónde nos vamos a ir ahora? -Puedes llamarle Manolo III. -Prefiero llamarlo Pepón. -No quiero que le pongas mi nombre a un conejo. -O Pepón o nada. -Vaaale. (RÍE) Oye, ¿tú quieres que seamos novios? Pero si no vuelves a tirarme de las coletas. Ni a tirarme piedras. Ni nada. ¿Vale? -¿Vale? -¿Qué haces? -Los novios se cogen de la mano. -Pero no el primer día. -Si le manda su yerno a pedirme perdón, dígale que dé la cara como un hombre. A mí no me manda nadie. Tenemos que hablar. ¿Qué haces tú aquí? -Echarte una mano, Antonio. Que eres más bruto que un arado. No me toques las narices, que al final tenemos una agarrada en serio. -¿Lo ve? Ya le decía que no era buena idea hablar con él. Espera, espera. Antonio, escucha lo que tiene que decirte. Que yo no tengo que escuchar nada. Antonio, que estás muy equivocado. Eso lo dirá usted. Porque yo a las pruebas me remito. Así que hágame el favor, coja a esto y váyase por donde ha venido. -Ya está bien, Antonio. Escúchame, que no te lo voy a repetir. Si es que parece mentira, coño. ¿No ves que la Seca nunca ha tenido ojos para nadie que no seas tú? Te voy a contar lo que pasó aquellos Mayos. Vino un fotógrafo de Albacete y, sí, aproveché que tenías que ayudar a tu hermano a no sé qué para hacerme un retrato con Mercedes. Pero no creo que me puedas reprochar nada más, ¿no? El retrato en que yo estaba también con vosotros. -Sí, con usted, que se empeñó en salir también. Para guardar las formas, imagino. Porque te pusiste muy pesado. ¿Ahora me lo vais a contar todo por capítulos, como si fuese Corín Tellado? -Escucha, Antonio, yo al día siguiente me iba a hacer la mili. Al Sáhara. Lo único que quería tener es un recuerdo. ¿Sabes por qué? Porque estaba enamorado de Mercedes. ¡Hasta los tuétanos, coño! ¿Entiendes? Y sabía que lo único que podía conseguir de ella era eso, un mísero recuerdo. Mira, una vez me juré que esto no se lo iba a enseñar nunca a nadie. Pero, en fin, toma. ¿Tenemos cartitas también, Herminia? Joder. (LEE) Rodolfo Miravete, Sagrillas, Albacete. Mercedes Fernández. De Sagrillas a Sagrillas. Ay, Dios, ay, Dios. Estimado Rodolfo: Después de recibir tu última carta, me he sentido decepcionada al comprobar que no me haces caso. Como te dije en la carta que te mandé el mes pasado, te ruego no me escribas más. No te deseo ningún mal, pero yo al que quiero es a Antonio, como ya te he dicho tantas veces. Siento decírtelo de esta manera, pero no te correspondo. Ni te quiero ahora, ni te he querido nunca. Merceditas, ha venido el P'arriba a buscarte. Esta es la última carta que te escribo. Te pido por favor que no me escribas más. Atentamente: Mercedes Fernández. -Por eso me fui a Inglaterra después de la mili. Porque no quería volver a ver a Mercedes. Y a ti mucho menos, Antonio. ¿Y qué has hecho con esta carta todo este tiempo, guardarla para ti? -Sí, Antonio. No me preguntes por qué porque ahora soy yo el que te parte la cabeza, ¿entiendes, tontaina? Tontolaba... No me espere, Herminia, que yo voy por mi cuenta, no me espere. Perdón. ¿No me dijiste que os ibais mañana a Barcelona? -Sí, pero Joaquín al final ha vuelto esta misma tarde a Albacete, así que nos vamos ya. Estupendo. -Muchas gracias por todo, ¿eh, Carlos? Me ha gustado mucho verte. A mí también. -Toma. ¿Y esto? -Guárdatela de recuerdo. Buen viaje. -Adiós. ¿Te pasa algo? A mí no, ¿y a ti? A mí ni me pasa nada. Últimamente te veo un poco raro. El que he preguntado he sido yo. Pues a mí no me pasa nada. Pues no nos pasa nada a los dos. Pues ya está. ¿Qué tal? -Estoy más seco que la mojama. Te podías traer algo de beber. -Hum. Deje, madre, que ya pongo yo la mesa. -Yo ya tengo la maleta hecha, ¿eh? Pero, vamos, preferiría quedarme. Es que las chuletitas no tienen desperdicio. No seas tonta, anda, anda, anda. La sangre no va a llegar al río. -Ay, estos maridos cómo son, de verdad. A veces hombres, a veces trogloditas. Voy a ver lo que hace la niña con el conejo, porque está muy calladita y eso... malo. -¿Por qué? -Venga... -Que se me queman las chuletita. -No importa, churrascaditas están más buenas. -Antoñito, echa un vistazo a la cremación. Milano, perdóname. Si es que... que conste que la frase ni siquiera lo pensé. Vi la carta y me puse... Deja ya la carta, ¿eh? Estoy hasta aquí de la carta. Vamos... la foto, la carta y todo. Es que soy un Abundio. Un Abundio y más. Bueno, ¿me perdonas o qué? ¿O qué qué? Mira, te voy a decir una cosa, y que se te quede grabado para siempre, no vuelvas a mirar en mis cosas, ¿me has oído? Perdóname, mujer. Desde que he venido a Sagrillas estoy muy nervioso. Las cosas se me tuercen, se me complica todo. Sabes que he estado a punto de separarme del Bragazas y todo. ¿Qué no habrías hecho? ¿Ah, sí? Pues lo he hecho mal, nos hemos arreglado. ¿Ves? Mañana hemos quedado con el notario para firmar la bodega. Si es que eres un Abundio. Hombre, ¿quieres dejar de perseguirme ya? Párate quieta un momento, Merche. Merche, dame un beso. Y perdóname. Merche, dame un beso. ¿Tú qué te crees, que con un beso lo arreglas todo? ¿Hum? Hombre, todo no, Merche, todo no. Pero la parte contratante de la primera parte sí, ¿entiendes? (RÍE) Venga, un beso, mujer. Déjame, déjame. Anda. (RÍE) Ay, qué bonito es el amor. -Venga, animarse, que no llega uno a la cincuentena todos los años. -¿Qué? ¿Un vinito? Sí. Antonio, y que no se te olvide lo que te he dicho. -Antoñito, ¿una catita? Cuidadín, sopla, que arrea. Sopla, sopla. Jo, esto casi está. -Jo... -Qué bueno, toma. Oye, ¿y tu vinito para cuándo? Pues pronto, Clara, pronto. Todo se andará. Tiempo al tiempo. -Hombre... In vino veritas. -Ven, vamos a brindar.

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Cuéntame cómo pasó - T14 - Los mayos del 46 - Capítulo 242

28 feb 2013

Verano de 1981. Después de la polémica montada en San Genaro, donde los vecinos acusaron a Antonio y a su hermano Miguel de vender aceite adulterado, los Alcántara han decidido poner tierra de por medio y empezar una nueva vida en Sagrillas, su pueblo natal.

Antonio, tan emprendedor como siempre, ha empezado a moverse y está a punto de poner en marcha un negocio relacionado con el vino con Rodolfo. Por su parte, Mercedes intenta habituarse a este cambio de vida y está intentando arreglar la inscripción de María en un colegio de Tobarra. La niña no está estos días muy animada porque no tiene amigos y echa de menos Madrid. Herminia intentará animar a su nieta.

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  1. Diego izurieta

    Si todos hacemos campaña en Facebook mencionando TVE muchas veces nos tienen que hacer caso.

    14 abr 2014
  2. Diego izurieta

    No sòlo españoles en Los EEUU quieren ver CCP sino muchos Hispanoamericanos también. Es una pena para los que hemos visto TODA la serie, desde el primer capítulo en 2002 no se puede ver porque TVE nececita $$$$$$$$€€€€€€€€€€€. Se supone que es pública?

    14 abr 2014
  3. mirflor

    alguien podria decirme como ver la serie vivo en Toronto Canada y ya no se ve, por favor la he visto desde hace años me quede hasta el capitulo 242

    29 may 2013
  4. Edgardo

    Soy Edgardo de Puerto Rico. Me mudé a Austin ,Texas y aquí no se ve nada.

    25 mar 2013
  5. prafel

    "...para cumplir sus compromisos contractuales..." Sería mejor explicarse un poquito más claro. ¿A qué compromisos contractuales se refieren? Aquí quedamos unos cuantos colgados como chaqueta detrás de una puerta por sus compromisos contractuales.

    21 mar 2013
  6. Avatar de kathy kathy

    no puedo ver la cerie por que

    13 mar 2013
  7. Inma Chicago

    Obligada? Una television publica? Si es por dinero, por favor, dejen de hacerlo a costa de castigar a los espanoles que vivimos en Estados Unidos y Canada. Vuelvan a los anuncios... o, mejor!, dejen de pagar pastones a ciertas presentadoras por hacer algo que cualquiera podria hacer. Me parece lamentable esta faena a los que hemos estado siguiendo la serie por mas de 13 anios...

    13 mar 2013
  8. Avatar de Bea Nieto Bea Nieto

    Gran serie

    12 mar 2013
  9. Avatar de RTVE.es RTVE.es

    Desde hace unas semanas no es posible ver a través de RTVE.es los capítulos de Cuéntame cómo pasó en Estados Unidos y Canadá. RTVE está obligada a geobloquear en su web la emisión de algunos programas en determinados países para cumplir sus compromisos contractuales. Lamentamos los inconvenientes que esta situación les pueda ocasionar http://www.rtve.es/television/20130218/emision-cuentame-como-paso-estados-unidos-canada/609111.shtml

    12 mar 2013
  10. Mario

    Trate con mi computadora lo de el proxy pero creo que no funciono por tener explorador 9, podria Ruben a yudarnos???? Gracias desde California.

    10 mar 2013