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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T14 - El hombre de la casa - Capítulo 236

Cuéntame, tú que has vivido el despertar de un tiempo que nos cambió. Volverás a ser un niño al recordar las largas tardes de sol. Háblame de lo que has encontrado en tu largo caminar. Cuéntame cómo te ha ido si has conocido la felicidad. (NARRA) Fue la noche más larga, una noche cargada de malos presagios en la que el país volvió a pensar que la sombra de una nueva dictadura militar iba a caer inexorablemente sobre los millones de españoles que aún no habíamos tenido tiempo de acostumbrarnos a lo que era vivir en democracia. La desesperanza, la incertidumbre y, sobre todo, el miedo campaban a sus anchas. Y quien más, quien menos, quiso resguardarse del peligro poniéndose a buen recaudo. Al grito de "Quieto todo el mundo", Tejero y sus hombres habían tomado el Congreso a la fuerza, lanzando un manto negro sobre testigos, periodistas y cámaras para que nadie pudiera contar aquel disparate que estaba sucediendo en el hemiciclo. (RADIO) Un capitán del Ejército se ha instalado en el despacho del director general del ente público RTVE, según Efe. (NARRA) Así las cosas, las miradas de todos estaban atentas al rey, ante lo que parecía historia de otros tiempos, un mal chiste pasado de moda si no fuera porque, ¡maldita sea la gracia!, algunos se jugaban la vida y todos la libertad. -Hemos visto a los guardias con su armas cargadas apuntándonos con ametralladoras. (NARRA) Mi hermano Toni seguía en la Carrera de San Jerónimo intentando transmitir por las ondas lo que sabía del golpe de Estado. -En voz baja me ha confesado que era mecánico y que estaba ahí a la fuerza. -Aquella madrugada mis padres se lanzaron a la carretera para llevar el pasaporte y algo dinero de dinero a Inés. Mi hermana quería salir de España a toda costa, antes de que, como muchos temían, si los golpistas triunfaban, se repitiese una noche de los cuchillos blancos. (RADIO) Aquí, en... ¿Ese no es Toni? Sí es Toni. Súbalo. -Espere, espere. (RADIO) Tenemos la vista clavada en el Congreso, secuestrado ahora por un teniente coronel que parece sacado de una zarzuela si no fuera porque las armas que empuñan los golpistas que... (NARRA) Mientras tanto, yo seguía de hombre de la casa como me había dicho mi padre, al mando del fuerte, ocupándome de los pocos Alcántara que se habían quedado en el nido a la espera del transcurso de los acontecimientos. Una espera colmada de temor en la que era difícil la calma. -¡Este loco siempre se mete en jaleos y es que no se da cuenta de que tiene tres hijas! (NARRA) Y es que mientras unos esperaban y otros huían, hubo quien a su manera, quiso hacer frente a la situación. -¡Qué hijos de puta, no tuvieron suficiente montando una guerra y ahora quieren otra! -¡Joder, vaya piquito de oro tiene el niño! (EMOCIONADA) Lo ha contado muy bien. Demasiado bien. ¿Por qué dices eso? Porque se está significando mucho. -Sobre todo con la vista en la Acorazada Brunete, de si esos tanques llegaran a Madrid. Porque si eso es así, todo podría estar perdido. -¡Alto! Al Congreso. Y dese prisa. (RADIO) El teniente general Gutiérrez Mellado, vicepresidente primero del gobierno para Defensa... -Cambie de emisora, ponga Radio Nacional. -Ahí sólo ponen marchas militares. -Pues por eso. -Bueno, lo que usted quiera. Marcha militar en la radio. -¿Y si le pasa algo, qué? ¿Podrá pensar en los demás alguna vez? ¿Cuánto se tarda en llegar a Valencia? Cinco horas más o menos. ¡Pues podían llamar! Abuela, llamarán cuando lleguen. Yo creo que todavía les queda. -¡Porque mira que tiene edad ya para dejar de hacer el idiota, con la que hay montada... pero no, él tiene que ser un guerrero! Carlos, hijo, no es momento de tomarte un anís. Timbre. Hola. -Hola. Oye, ¿te importa que me quede aquí? Es que mi madre no está en casa. Claro, pasa, pasa. -¿Y si hay una guerra? Porque a lo mejor hay una guerra y él por ahí pegando tiros... ¿Tengo razón o no tengo razón? Paquita, por favor, tranquilízate, hija. ¿Quieres una copita de anís? -Esto de que en Radio Nacional sólo pongan música militar... Pues, hombre, busca otra. -Espero que tengan algo de sentidiño y no se les vaya, ¡que las armas las carga el diablo! Pepe, ya está bien, hombre, que no va a pasar nada. ¿Que no, si Inés está fichada? Y todos saben que eres de UCD... ¿Pero a mí qué me van a hacer? ¿Y tú qué sabes? Menos mal que a Toni le han soltado. Si no... los periodistas son los primeros en pagar. (LOCUTOR) Son las 12:49 y seguimos a la espera del anunciado mensaje que Su Majestad el Rey va a transmitir a los españoles. Murmullo. -¿Qué ha pasado? -Nada, Gallardo, el de "Pueblo", creo que le ha dado un infarto. -¡Perdón, perdón, perdón! ¿Cómo está? -Pues ya ves. -¿Habéis llamado a un médico? -Sí. -Gallardo, estoy aquí contigo, eh. Tranquilo. -¡Hombre, Toni...! -No hagas esfuerzos. -No, mira... pero me vas a hacer un favor, eh. Te vas a ir donde los charlies y me vas a traer eso que tú sabes. Pero esta vez de importación, eh. -Sí, sí. ¿Pero le ha dado un infarto o está pedo? -¿No lo ves? Completamente pedo. -¡No pasarán! -Completamente pedo. -¡Que se vayan a tomar por culo! -Tranquilo. -¡Perros cabrones! ¡No pasaréis! -¿Y a usted qué le parece? -¿El qué? -Lo que está pasando. -¿Y qué está pasando? -Que España nos llamaba y hemos acudido. -Ya. -Yo estoy retirado, pero en cuanto me he enterado de lo que pasaba, ¡me he puesto el uniforme! ¿Usted qué dice? -Yo no digo nada. -Mejor. (RADIO) Se prohíbe el contacto con las unidades armadas por parte de la población civil. Dichas unidades repelerán sin intimidación ni aviso previo todas las agresiones... -Haced lo que os dé la gana, yo no pienso quedarme aquí. -Espérate, a ver qué pasa. -Es que no tiene que pasar nada; porque un crítico nos haya llamado rojos no van a venir a por nosotros. ¡Venga! En todo caso, a lo mejor tú tienes que tener cuidado. -¿Qué pasa, Inés? -Nada. -Nada no, claro que pasa. Cuéntaselo, si lo sabe todo el mundo. Acordes de guitarra. -Antes de que muriera Franco, me detuvieron. Pero yo nunca he estado en ningún partido político. -¿Pero estuviste en la cárcel? -Sí, pero yo no hice nada, en aquella época casi a cualquiera lo podían encerrar. -¿A cualquiera? A mí no. -¡Vete a la mierda! -Vete tú. A ver si por tu culpa vamos a pagar por los demás. -Eloína, basta ya. -¿Y en Argentina qué? -Nada. -¿Allí te metiste en líos? -Allí no me metí en ningún lío, ¡allí estuve y punto! -Hija, pues menudo sentido de la oportunidad. A ver si eres gafe. -¿Te quieres callar? -Digo lo que me da la gana, que estamos en democracia. -No sé por cuánto tiempo. -Bueno, a ver, muchachos, estamos en esto todos juntos. No se nos olvide quién es el enemigo. -Voy a llamar al padre de mi hijo. -Por qué no llamas en mi despacho. El teléfono del pasillo está estropeado. -Pues mira, sí, mejor. Acordes de guitarra. (MURMURAN) -¡Oye, para ya con la guitarrita! -Aquí si pilla una. (LOCUTORA EN FRANCÉS) Ya, pero que sea española, esa no la entiendo. -Ya, pero medio se pilla. ¡Joder! -Dice que, aunque ha habido disparos, que no hay muertos. ¿Eso dice? ¿Y tú sabes francés? -Pues un poco. De chaval, mis padres emigraron a Bélgica y me fui con ellos. Pues traduce a ver qué dice. -Es que no son buenas noticias... ¿Pero qué dice, por Dios? -Pues... si he entendido bien, que en Valencia también. Anda, anda, pisa a fondo y nos dejamos de tonterías. -Yo le piso, don Antonio. -Eugenio... ¡que me voy a tener que marchar de España! ¿Y el niño? No, no le digas nada, que está durmiendo, ¡pobrecito...! No, no sé todavía adónde voy a ir, no lo sé. Estoy esperando a mi padre, me tiene que traer el pasaporte. ¿Que no te estoy diciendo que no lo sé? Ya te llamaré. Oye... ¡dale un beso a mi niño! Muchas gracias. Sí, ya te llamaré. Adiós. -En una noche tan complicada como esta, los militares posiblemente pongan controles. ¿Tú crees? ¿Sí? Espérate, a ver... ¡me cago en la leche! ¿Adónde vas, Antonio? ¡No vaya tan deprisa, por Dios! No pasa nada. Pepe, tú mira para adelante. A ver... -¿Algo alternativo, un atajo...? ¡Un atajo, un atajo...! A ver dónde estamos. No debe tardar mucho y hay un puente y una desviación a la derecha, hacia Quintanar de la Orden. ¿Cómo vamos a ir por esas carreteras...? Porque no son nacionales y ahí no estarán los militares, ¿o van a ocupar toda España? -Le voy a tener que dejar por aquí, está todo acordonado. -Bueno, pues déjeme aquí. ¿Cuánto le debo? -237 pesetas. -¡Vaya por Dios! -¿Qué pasa? -Que me he dejado el monedero. -¿No me fastidie y no tiene? -No, pero espéreme que pido... -No, no, déjelo, ya me paga usted otro día. -Pues gracias. -De nada. -¿Del Atleti? -Sí, señor, a mucha honra. -Y yo también. -¿No me diga? -¡Sí! ¡Todavía me acuerdo de aquella delantera de seda, cuando el Atlético Aviación! ¿Se acuerda? ¡Juncosa, Ben Barek...! -Pérez Payá. -Carlsson. -Y Escudero. -¡Viva España, viva Franco, viva Tejero! -Viva. -Y viva el Atlético de Madrid. ¡Eh! -Viva, viva... Sirenas. -¡Me han tenido sentado en el suelo como un gilipollas, a mí... a mí, que he estado en Vietnam! -Cálmate. -¡No me da la gana calmarme! Ahora, que a mí esta vez no me pillan, eh. No, no, ahora mismo cojo el coche y me largo a París. Sí, sí. ¡Camarero! Un güisqui con hielo, por favor. -Enseguida, señor. -¿Estás mejor? -Sí, estoy bien. -Apártense, por favor. -¿Pero...? ¡Que no, hombre, que no, que yo me voy a París! ¡Toni, dile...! -Tranquilo, Gallardo. -¡Diles que me voy a París, que me dejen en paz! -¡Chis! Espera que estés mejor. -Oye, que yo me voy... ¡a Londres o a Sebastopol! -Muy bien, muy bien, venga. -¡Camarero, ese güisqui, coño! ¡Toni, Toni! ¡Toni, Toni... -¿Qué le ha pasado a Gallardo? -Pues que está muy borracho. -Te acabo de escuchar por la radio, has estado muy bien. -Gracias, ¿qué haces aquí? -Lo mismo que tú. ¿Estás bien? -Sí, sí, estoy bien. -¡Menudo susto!, ¿no? ¿Nos tomamos algo? -Sí. No dejo de pensar en qué hará Inés. Pues esperarnos, qué va a hacer. Digo: qué va a hacer cuando se vaya de España. Pues lo que ha hecho mucha gente, no es la única que se irá. Ya, pero ella es mi hija. Mira, lo que tiene que hacer es marcharse lejos. Y luego, depende de lo que pase, ya veremos. Pues esta vez que no se marche muy lejos, que no creo que las cosas vuelvan a ser igual. -Perdonen que les interrumpa, pero antes algunas cosas no pasaban. Por lo menos no había tantos líos. En eso tiene razón, Pepe. Claro, porque el que se movía le metían en la cárcel. Si no, que nos lo digan a nosotros, nos metieron por nada. -Ya, ya, ya. Pepe, mira pa alante, anda. -Pero vamos a ver, ¿exactamente qué hiciste para que te metieran en la cárcel? -Nada. -Bueno, bueno. Si no quieres, no me lo cuentes. -Parece que se nos ha olvidado a todos cómo eran antes las cosas. Pues no hice nada, nada. -¿Y cuántos años te cayeron? -Pues ninguno, cuando me dieron la provisional y antes del juicio, ya me había ido de España. Después, cuando llegó la amnistía, ya estaba trabajando en Argentina haciendo teatro y no quise volver. -Bueno, entonces lo que tienes que hacer es tranquilizarte. Y si pasa algo, conmigo estás segura. Puedes pedirme lo que quieras. (RADIO) Recordemos que los miembros, destacados miembros de la Junta de Jefes de Estado Mayor y el teniente general Aramburu Topete, director general de la Guardia Civil... -A. Topete y Sáenz de Santamaría han salido pero Armada está dentro. -No paro de preguntarme qué estarán diciendo de nosotros en Europa. -O los americanos. -Vete a saber si los de la CIA no están detrás de esto. -¿Por qué dices eso? -Pues porque me cuesta mucho creer que los americanos no supieran nada de esto. -¡Estoy tan desanimada...! Si no hubiera sido por el niño, me habría marchado esta noche. -¿Cómo está? -Bien. Precioso. Ya habla por los codos, no para... -¿Cuándo voy a poder verlo? -¿Para qué, Toni? -Como un día de repente me encuentro por la radio que tengo un hijo, pues... no es que te lo diga por capricho, es que me gustaría pasar tiempo con él. -Yo no sé por qué llamé a la radio para contarlo. No quería que lo supieras... pero al mismo tiempo sí. ¿Lo saben tus padres? -No, no lo sabe nadie. ¿Entonces qué, cuándo voy a poder verlo? -No lo sé. Pronto. (RADIO) Los secretarios, los subsecretarios de los diversos ministerios se han constituido en sesión permanente por instrucciones de Su Majestad el Rey. (PULSA EL PORTERO ELECTRÓNICO) -¿Quién es? -Curro, soy Miguel Alcántara. -¡Miguel...! ¿Qué pasa? -Oye, ¿te acuerdas de la Minerva? -¿La Minerva? -Que enterrasteis mi hermano y tú. -Voy a tener que parar un momento. Y pa qué. -A cambiarle el agua al canario. ¡Joder! -Ya, yo pensé que aguantaría hasta Valencia pero... No aguantas. Pues nada, pare, pare en el hostal. Pare y así llamo a mi madre que estará muy preocupada. (RADIO) La situación creada por un acto de violencia en la sede del Congreso de los Diputados haya impedido la acción normal del consejo de ministros cuyos miembros se encuentran retenidos... Teléfono. -Dígame. Ah, sí, buenas noches. Sí... ¿Dígame? Sí, está aquí. Ahora mismo se pone, un momento. ¡Puri, Puri, que es para ti! -¿Para mí? -Tu madre. Chicas, calladitas, que Puri dijo que trabaja en una funeraria. -¡Ay, por Dios! ¿Y por qué? -Dime, mamá. -Porque le parece una cosa seria y además, así justifica el horario. -Sí, estoy bien. No. Por aquí está todo muy tranquilo. No, con nosotros no se va a meter nadie, no hacemos política. (SUSURRANDO) ¡Que sí, mamá, que estoy bien, que no pasa nada! Pues claro... Buenas noches. -Buenas noches. -Buenas noches. -¿El baño? -Sí, ahí mismo. ¿Qué les pongo? Queríamos hablar por teléfono. -Está ocupado. Bueno, pues... Nos vamos. Esperamos mejor. -Que sí, mamá, que estoy bien. Y tú deberías tranquilizarte. ¿Te has tomado la pastilla de la tensión? ¡Vaya lío se ha formado, eh! -Yo sólo espero que a nosotras nos dejen tranquilas. -Pues claro que sí, mujer, si esto nuestro no es ni de derecha ni de izquierda, nosotras trabajamos con el centro. ¿Verdad, señora? Pues usted sabrá. Perdóneme pero tenemos que llamar urgentemente. Si me hace el favor... Por favor. Por favor. -Vale. Acompáñeme, señora. Gracias. Gracias. -Apura que estos señores quieren usar el teléfono. -Oye, mamá, que te tengo que dejar. Sí. Es que hay una compañera que quiere hablar. Un beso, mamá. Y no te preocupes tanto, mujer. Murmullo. Yo también. Sí. Adiós. Mi madre. Gracias. Ella también va a hablar con su madre. (MUMURA UNA ORACIÓN) Teléfono. ¡Ay, ay! ¿Dígame? Madre, soy yo. ¡Ay, gracias a Dios que llamas! ¿Dónde estás? Estamos, estamos... En mitad de la carretera. Hemos parado un momento para llamarte. Ay, ¿sí? ¿Y te queda mucho para llegar? Nos queda todavía, ¿ha llamado Inés? No, no, no ha llamado nadie aquí. ¿No? Pues dile que debes colgar. Madre, tengo que colgar, eh. Sí, no te preocupes, cuando esté con ella te llamo. ¡Qué noche, hija! ¡Para colmo, Miguel se ha ido no sabemos dónde! -¡A que lo maten por ahí o algo peor! ¿Pero qué dice Paquita? ¡Dile que se calle! ¡Llámame sin falta, hija! Que sí, hombre. Cuelga. No te preocupes. Adiós. A ver... marca. Sí. Tres, nueve, seis... -Hola, señoras. -¡Buenas noches! -¿Pasa algo? -No, no, es que están preocupados por la hija, está en Valencia. -¡Ay, la pobre...! -En el peor de los casos siempre te puedes venir a mi casa... os podéis venir hasta que todo pase. -Nunca se sabe. Teléfono. -¿Sí, dígame? Quería hablar con Inés Alcántara. -Sí, ¿de parte de quién? De parte de su padre. -Sí, un momento. Dice que es tu padre. -¿Papá? Hola, hija, ¿cómo estás? -Bien... ¿dónde estáis? Pues mira, estamos a mitad de camino. Pero no te preocupes, ¿tú estás bien? -Sí, sí, estoy bien. Bueno, pues no te preocupes. Espérate que tu madre te quiere decir algo. Hija, un beso muy fuerte y tranquila. -¿Tú eres gallego? -Pues sí. -¡Anda, como yo! Yo soy de Mondoñedo. -No, si notar se te nota... ¡manda carallo, pues yo también tengo familia ahí! -A lo mejor los conozco. ¿Por qué no te subes un ratito y charlamos? Sí, te llevamos el pasaporte y el dinero, ¿pero tú estás segura? -Sí, pero un crítico ha dicho que hemos hecho una obra comunista. ¿Comunista? ¿Pero qué dice ahora...? No dice nada de comunista. -Debe estar hablando con su hija. -¿Es comunista? -No, comunista no, es artista. -¡Mira, a mí también me habría gustado ser... artista! -Sí ya lo eres. -¡Pero ya ves...! La dirección del teatro. Del teatro, la dirección. A ver. -Es el Teatro Princesa. Preguntad por la calle Caballeros. ¿Calle Caballeros? Princesa Caballeros... Princesa por la calle Caballeros. ¿No sabes la calle del teatro? ¡Ay, hija, adiós...! Espera, espera. Espérate un momento, hija. Cuídate. Hija, no te preocupes que cojo ahora el coche y estoy ahí. Tranquila que vamos para allá inmediatamente, volando. Adiós. Hala, venga... gracias. Vamos, Merche. Vamos. Adiós y muchas gracias. Adiós. Vámonos, Pepe. Gracias, gracias... -Son 300 pesetas. ¿Ah, 300? -Las llamadas, eran conferencias. ¡Joder con las llamadas...! Bueno... está bien, es igual. -Sí. Y eso que la conversación de las chicas... ...no se la cobro. Ah, muchas gracias. Merche. Adiós, hijas. ¡Pepe! -¡Suerte! (RADIO) Ahora nuestra unidad móvil se encuentra en las calles de Valencia conociendo al detalle cualquier movimiento de tropas. ¡Que no, Carlos, que no, que esto termina mal, de verdad! ¡Y yo con mi nieta en Valencia, Dios mío...! ¡Mira que si le pasa lo mismo que al hijo de la Severina, que desapareció en la guerra y no lo volvieron a encontrar! Apaga eso. Abuela, no va a pasar nada. ¡Sí va a pasar, Carlos, sí va a pasar! ¡Que tu hermana ha estado en la cárcel! Pero no había hecho nada malo. No, tampoco el hijo de Severina... ¡Madre mía y fíjate...! ¡Más de 40... más de 40 años! ¡Ay, madre mía! ¡Mira que si no vuelvo a ver a mi nieta! ¡Ah, ah, ah! -Herminia, ¿se encuentra bien? -Herminia... ¡Herminia! ¡Ay, que no me encuentro bien! Abuela. ¡Ay, Karina! -Herminia, ¿qué le pasa? ¡Déjame, una subida de tensión! Abuela, ¿estás bien? -¡Ay, a ver si se nos muere! ¡Cállate, Paquita! Un vasito de agua. -¡Voy, voy! Lamentos de Herminia. ¡Gracias, hija, gracias...! Oiga, ¿urgencias? Verá, es una señora mayor que se... ¿Oiga? Se ha cortado. ¡Ay, qué malita! Voy a llamar a un taxi y... -No, cojo las llaves del coche de mi madre. -¡Ya estoy aquí! No, no le des nada, nos la llevamos a la casa de socorro. Abuela, vamos a ir a la casa de socorro. ¿Puedes levantarte? Donde tú digas, hijo. Poco a poco, con cuidado, eh. Ahí... cógele la chaqueta. Tranquila, abuela, yo te llevo. Vale. Vale... Pónsela por encima. -Sí. Herminia, no se preocupe. La chaqueta. -Toma. Paquita, si llaman mis padres, no les digas nada de esto. -Ahora, a la de tres, ¡un, dos, tres! ¡Venga, endereza! -¡Ahí, ahí! ¡Joder...! -¡Venga, vamos...! -Quién me mandará meterme en estos fregaos. -Tu país y tu orgullo, Curro, que te lo quieren quitar. -Dejadlo ahí. -¡Chis, chis! A ver si nos va a oír alguien. -Vamos, vamos. -A estas horas por aquí no se oye ni un alma. -¿Pero vosotros creéis que esto va a funcionar? -Sí, hombre, sí, estas no fallan nunca. -Ahí hay un enchufe, espero que resista. -¡Qué bonita es!, ¿verdad? -¡Y gran idea guardar la tinta! ¡Ay, ay, ay... ay, ay, ay, qué mala estoy! ¡Tengo frío! (TOCA EL CLAXON) Karina. -Dime. Cierra la ventana, hija. Cierra un poco. Ya llegamos, abuela. ¿Qué ha pasado? ¿Te has quedado sin gasolina? Pepe, ¿tú has puesto gasolina? ¡Ay, Dios! ¿Que si has puesto gasolina? -Pues no, el depósito estaba a mediados para el aeropuerto. ¿Cómo a mediados, cómo vas a ir a Valencia con el depósito así? -Ya... es que no me he dado cuenta. (TV) El general Alfonso Armada, segundo jefe de Estado Mayor, ha salido hace escasos minutos del Congreso de los Diputados. El general ha estado celebrando negociaciones con el teniente de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina, quien manda a los miembros de ese cuerpo... -Ya sé que no es el momento, pero ya que estamos aquí, tendríamos que hablar del divorcio. -¿Divorcio, qué divorcio? -Del nuestro. Seguimos casados, Toni. -Nos casamos en Gibraltar por lo civil, aquí no tiene validez. -Claro que la tiene. Además, yo necesito arreglar los papeles. -¿Por qué? ¿Estás con alguien? ¿Y vais a vivir juntos? -De momento no. Él trabaja en el gabinete del Ministerios de Asuntos Exteriores pero... da igual. Quiero que nos divorciemos, Toni. -Me parece muy bien Pero, para que me quede claro, ¿tú decides si puedo ver o no a mi hijo y ser su padre? -¿Pero qué tiene que ver eso? Además, él no sabe que tú eres su padre. Yo le dije que, tras de separarme, tuve un rollo con un periodista francés. -¡Joder, Juana! ¿Por qué no me lo dijiste antes? -Juana. -Oye, ¿qué tal? -No sé si será verdad, pero el rey va a hablar. -¿El rey? -Por lo visto. -Y el embajador americano dice que es un asunto interno. -¿Asunto interno...? ¡Hay que joderse! -Él es Antonio Alcántara, de Radio Centro. Sancho. -Encantado. ¿Te ha pillado cuando entró Tejero? -Sí. -Toda una experiencia, ¿no? Bueno, ya tienes algo que contarle a tus hijos. ¡Que no pasa nada, hombre! ¡Pepe...! ¿Pa qué te quiero? ¡Te duermes, no conduces y no repostas! -Si ya lo sé, don Antonio. Es que con esto del Congreso... Pero qué Congreso, si lo debiste llenar esta mañana. -A ver si se va a lastimar. ¿Lastimar...? -¡Métase, métase, métase...! ¡Espera, para, para, quieto, quieto, quieto! ¡Me cagüen...! -Frene, frene, frene. Vale. Eso es... ahí. -Mire, don Antonio, una gasolinera. ¿Qué dices? -A kilómetro y medio. ¡Menos mal! -¿Tiene usted una lata en el coche? Sí, aquí atrás. ¡Pero vamos a ver, Pepe, coño, que un viaje largo se llena de gasolina el depósito y una lata de repuesto! -Ya, ya, mire... ustedes esperen aquí, que yo voy andando hasta la gasolinera y vengo enseguida. ¿Tienes cuartos? -Ya los pongo. Bueno, te los devuelvo luego. -Qué sería de mí sin usted... ¡Venga, vuela, Pepe, déjate de bobadas y no vayas por el medio o te van a atropellar! -¡Gracias, don Antonio! -Para, para, para. -Yo no pondría esto de "No pasarán", ¡esto tiene gafe! -¿Pero por qué? -Acuérdate de la guerra... -¿Qué más me da la guerra? ¡Esta vez no van a pasar! -¡40 años pasaron! -¡Por mis cojones que no pasan! -Está bien, vamos, vamos. -Venga, mete un folio. Golpean la puerta. -¡Abran a la Guardia Civil! -¡Joder, Segundo... menudo susto me has dado! Venga, pasad que os abro. Ya va, ya va. Es que me había quedao traspuesto. Espera, a ver... espera. La puerta se ha atrancado. -Muy buenas. ¡Que no está tranquila la noche ni nada, eh, Marcial! -¡Menuda la habéis armado! -¿Nosotros? Si no hemos visto ni un alma en toda la noche. -Ya... ¿Y encima querréis un café, no? Aunque yo os daría una tila, a ver si os tranquiliza un poco a la Benemérita. -Sí. ¡Ya era hora de que alguien pusiera los cojones en la mesa! -¡Los fascistas, que vienen! ¡Tenemos que salir de aquí pero ya! Gritos en la calle. (INÉS GRITA) ¡Ayúdame! Gritos de los fascistas. Alboroto. -¿Policía? Soy el empresario del Teatro Princesa. Sí, sí... Sí, en la calle Caballeros, eso es... ¡Oye, hay un grupo que está tirándonos piedras a los cristales! ¡Por Dios, cuánto tarda este hombre! Pues, hombre, kilómetro y medio de ida y de vuelta, suman tres, ¡y a oscuras...! ¡Con la que está cayendo, de verdad...! ¡Qué mala suerte...! ¡Me estoy quedando helada, eh, cada vez más! ¡Ay...! (SUSURRA) Milano. Espera, espera... ¡Bueno, hombre! ¡Pepe! ¡Pero cuánto ha tardado, por Dios! -Ya voy, ya voy. Pepe. -¡Qué frío! ¡Trae, anda, trae! -Que son tres kilómetros, ¡y de noche, que no se ve nada...! Le voy a hacer yo un cucurucho. Será un embudo, Pepe. -Pues eso, un cucurucho. ¡Qué miedo! ¡Pepe...! Pepe, ¿qué has traído, un litro? -Sólo llevaba 50 pts., me dejé la cartera. ¿Y para eso tardas tanto? -Ya. ¿Y cómo has tardado tanto? -Es que el gasolinero... espere, ahí. A ver, con cuidado. Que estaba dormido, don Antonio, tuve que despertarle. ¡Vaya, hombre, qué mala suerte! Bueno, pues nada, ahora vamos hasta la gasolinera, lo llenamos y a Valenciaechando leches. ¡Porque esta carretera nos va a sacar a contreras! -Ahí, échelo todo, échelo todo. ¡Que sí, si has traído un litro! -Con esto llegamos. Todos arriba. -Venga, conduzco yo. No, ya conduzco yo. -Muchas gracias, Marcial. -De nada. -Seguimos la ronda. A ver si alguien tiene cojones de salir. -Que paséis buena noche. -Igualmente. -Pero bueno... ¿Qué pasa? Venga, ¡a trabajar, joder, que no tenemos toda la noche! Música de la televisión. -¡El rey, el rey! -Al dirigirme a todos los españoles con brevedad y concisión... (NARRA) Lo tengo grabado en la memoria, fue a la 1:14 minutos de la madrugada cuando el rey, en uniforme de capitán general, habló a los millones de españoles que ya nos veíamos otra vez tratados como menores de edad con el único argumento de las metralletas. Y a todos nos pilló ese momento de distinta manera, pero unos y otros, todos, los vivimos con la misma intensidad. (SU MAJESTAD) -Ante la situación creada por los sucesos en el Palacio del Congreso y para evitar cualquier posible confusión, confirmo que he ordenado a las autoridades civiles y la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomen todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Cualquier medida de carácter militar que en su caso hubiera de tomarse deberá contar con la aprobación de la Junta de Jefes de Estado Mayor. La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar, en forma alguna, acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum. Eso significa que ya se ha arreglado todo. Pues no lo sé, el milagro, no lo sé. Significa que ha hablado el Rey, ahora hace falta que los militares le hagan caso. ¿Cómo no van a hacer caso al Rey? (NARRA) Como se temía mi padre las palabras del Rey no significaron que el golpe hubiera fracasado. El teniente coronel Tejero y los golpistas continuaron sin dar su brazo a torcer, y mientras en el Congreso se mascaba la tragedia, en Valencia el general Milans del Bosch se negaba a retirar los tanques de la calle. -Sí, les he llamado hace un montón de tiempo para denunciar que hay un grupo que nos amenaza. Sí, nos lanza piedras, comisario. ¡Joder! Y ustedes no han mandado a nadie, y siguen ahí. -Se marchan. -¿Cómo que se marchan? -Pues eso, que se van corriendo. -Comisario, han cambiado las cosas... Mire, comisario, voy a... Deme un minuto, ¿vale? Temblor. Compruebo y le llamo. Ruido de motores. -Tengo que llamar a mi casa. Teléfono. -Dígame. -Hola, Paquita, soy yo. -Hola, Inés. -¿Cómo estás? ¿Cómo va todo ahí? -Carlos se marchó con tu abuela porque le dio un infarto. -¿Qué? ¿A quién le ha dado un infarto? -A tu abuela. Pero me han dicho que no le diga nada a nadie. Carlos y Karina están con ella. -Perdóname, Paquita, pero a la abuela le ha dado un infarto. -Sí. Bueno, no... No lo sé, se encontraba mal y se la llevaron a la casa de socorro. -Bueno... (TITUBEA) Tranquila, ya verás como no es más que un susto. Oye, yo tengo que colgar ahora, luego os llamo. -Inés... ¿Por qué pasa esto? -Porque parece que este país no tiene remedio. (RADIO) Bilbao metido en la cabeza. -Sí, he recorrido Valencia en nuestra unidad móvil... ¡Valencia! Sí. (RADIO) Hemos podido comprobar el gran despliegue de Fuerzas Armadas en diversos lugares de la misma, un gran contingente de tropas, tanques, camiones... ¡Joder! Dios mío... (RADIO) Estacionados en lugares estratégicos, hay frente al ayuntamiento, también frente a Capitanía General, el gobierno civil, Gran Vía Fernando el Católico, y las entradas de los puentes sobre el viejo cauce del... A ellos qué leches les importa lo que diga el Rey, ¡les importa un pepino! Eso es lo que les importa. Lo que quieren es que volvamos otra vez a lo mismo, a la puñetera guerra, fíjate lo que te digo, ¡me cago en la cuna! No digas eso y cálmate. Y en Valencia... Otro de los tanques... Radio de fondo. Pero ¿por qué no sale? -Tranquilo, Carlos, no va a pasar nada. Y si se muere, ¿qué? ¡Cómo se va a morir! Que no hombre, que no. Es que no me imagino la vida sin mi abuela, te lo juro. -Anda, anímate, que no van a pasar tantas cosas malas en un mismo día. Ya. Muy bien, doctor. Adiós. Está ahí. -Señora... Espere. Abuela... Chicos, ya nos podemos ir a casa. Pero ¿estás bien, abuela? (RÍE) ¡Ay, estoy en la gloria! -Señora, el abrigo. ¡Ay! Por Dios, se ha molestado usted en traérmelo. -Lo que tenía su abuela era un ataque de ansiedad, tiene que descansar. Muchas gracias, doctor. Ay, que ojos tan bonitos tiene usted. Encantada. Vámonos, hijo, aquí ya no se nos ha perdido nada. ¿Está seguro de que está bien? -Sí, tranquilo, que descanse. ¡Ay! ¡Qué bien me encuentro! ¿Estás bien, abuela? Estoy estupendamente, de verdad. -Expresan su confianza en la fortaleza de la democracia. -Muchas gracias, Toni. Tenemos otra noticia... Por su parte, el gobierno norteamericano ha emitido un comunicado diciendo que considera el golpe un asunto interno español... Por lo tanto se mantiene a la espera. Es todo por el momento. Ruido de motores. -Vaya noche. -Y que lo digas. -Hacía mucho tiempo que no os veíais. -La verdad es que Juana y yo... -Sí, ya sé que estuvisteis casados. Y que os casasteis en Gibraltar, como Ana Belén y Víctor Manuel. -Ya, bueno, algo así. Sí. -¿Y la cosa no funcionó? -No. -Juana me ha dicho que el problema fue, sobre todo, que ella quería tener hijos y tú no. -Entre otras cosas, fue un poco más complicado que todo eso. -Perdona que te hable así, no sé qué idea te estarás haciendo de mí. Esta conversación es un poco rara. -Y con todo lo que está pasando... Me tengo que ir. -Antonio... Juana lo pasó muy mal, me lo ha dicho. -Me voy a tener que ir. No sé qué te habrá contado... -Tranquilo, nunca me habló mal de ti, si es eso lo que te preocupa. Pero, bueno, se quedó sola. Después tuvo aquella aventura absurda con el francés y decidió tener a su hijo sola. -Todo eso no es asunto mío. -Tienes razón, no es asunto tuyo. Ni Juana tampoco. Ni el niño tampoco. ¿Lo entiendes? A lo mejor soy muy directo pero mi madre es alemana y me educaron así. Y no tengo nada contra ti, pero no quiero que Juana sufra y antes la vi muy nerviosa. -Ya. Ya... -Bueno, entonces creo que nos entendemos, ¿no? -Perfectamente. -Pues gracias. -¿Por qué? -Porque sé que harás lo mejor para Juana... Mantenerte a distancia. -No sabía que tenías amigos en Exteriores, ¡joder! -No es amigo, lo acabo de conocer. -Es uno de los más cercanos al ministro. ¿Te dijo algo interesante? -No, realmente no me dijo nada interesante. -¿Y esos dónde van? -No tengo ni idea. -Pues entérate. ¿Está mejor, abuela? ¡Oh, muchísimo mejor, hijo! No sé qué me ha dado ese médico pero estoy en la gloria. Por cierto, muchas veces lo he pensado y nunca lo he dicho. Vosotros, ¿por qué no os arregláis? ¿Eh? ¿Qué dices, abuela? Mírala, Carlos, lo guapa que se ha puesto. Y lo apañá... A mí es que siempre me ha gustado mucho Karina, las cosas como son. -Vaya, muchas gracias. No hay de qué. La verdad no cuesta dinero. Si es que estáis hechos el uno para el otro. Bueno, ya vale, abuela. En cambio la Arantxa aquella no me gustaba nada. Tiene cara de pendón. Es muy fina y muy modosita pero a mí no me engañaba. Vale, ¿no? Se acabó el tema. En cambio Karina... (SUSPIRA) Mira que si el día de mañana os veo casados a los dos. Ojalá. -Nunca se sabe, Herminia, la vida da muchas vueltas. Eso, tú encima dale bola. (RÍE) ¡Míralo, si lo está deseando! Pues cuando lleguemos al barrio me dejas en la iglesia, que le voy a poner a Santa Rita una vela para que os arregléis. Abuela, a esta hora está cerrada. Que no, que Froilán está levantado seguro. Me dijo que iba a estar toda la noche de pie. No, nos vamos para casa. ¡Llevarme a la iglesia, lechuga! No sé por qué elegisteis estas carreteras, no llegaremos nunca. Déjame que conduzca. Me viene bien conducir, así no pienso... Tenemos un desvío... ¿Por dónde? Aquí... ¡Aaah! ¿Qué coño ha sido eso? Ruido de motor. Don Froilán... Abra, por favor. Abuela, ¿por qué no venimos mañana y rezas lo que quieras? (RÍE) Ahora mismo no hay nadie. -¡Herminia! ¡Herminia! ¿Qué hace usted aquí? ¿Lo ves cómo está abierta? -¿Está usted bien? Sí, divinamente. Ese médico hace milagros, con perdón. -¿¡Qué médico!? Venimos de la casa de socorro. -¿Qué ha pasado? Creímos que la había dado infarto. -Pues yo la veo estupendamente. (RÍE) ¡Claro, y lo estoy! ¿Puedo pasar? Tengo que ponerle una vela a Santa Rita. -Claro, y reza con nosotros. Arranca, Merche. -Por favor... Ayuda. Está loco. -¡Por favor! ¡Quítese de ahí! Que le voy a atropellar otra vez. ¿Cómo se le ocurre ponerse? ¡Eso, en la carretera! (AMBOS) Le pudimos atropellar. -Se lo suplico, es mi mujer. Y esta la mía, ¿qué pasa? -Se puso de parto. La tengo en el coche. ¿Qué dijo? -Ayúdenme a llevarla. ¡Que está de parto su mujer! Lo sentimos, llévela al hospital. Tenemos prisa, vamos a Valencia. -Se me ha estropeado el coche. Merche... -El coche no me arranca. Ayúdenme. Antonio, por Dios. -Pase, Herminia. ¡Qué animado está esto! Qué barbaridad, don Froilán. -Sí, sí... Es que estamos rezando, venga a sentarse. Vine a ponerle una vela a Santa Rita. -Algo dijo antes. Es un asunto muy, muy, importante. -Bueno, sigan rezando. Sigan rezando. Don Froilán, lo siento, se me olvidó el monedero. -Hay que ver cómo viene doña Herminia. -No se preocupe, yo lo apunto. Yo ya se lo pagaré, por supuesto. -No se preocupe. Venga. Yo con la Iglesia no tuve... -Ya lo sé, Herminia, pase y siéntese. Está todo el barrio aquí. -Sí... Está todo su rebaño. -El rebaño del señor, Herminia. Bueno, bueno... -Siéntese aquí. Ramón... ¿Ha visto lo guapo que está con el uniforme? -Herminia, no es momento este... Siéntese, no se preocupe, que estamos rezando. Hola, Sagrario, me alegro de verla, qué barbaridad. -Por Dios... Josefina. ¿Dónde has estado? -Herminia, un respeto al lugar donde nos encontramos. -Ramón, siéntate. Gritos. -¡Aaaaah! -Tranquila, respira. (JADEA) -Si es que ya viene. No puedo aguantar. -Aguanta, por Dios. Vamos a contra cada cuánto tiene contracciones. -Si al final se pone a parir aquí. -Muchas gracias, de verdad. Menos mal que aún queda humanidad. Tuvo suerte de no perder la humanidad porque casi le atropellamos. (GRITA) -¡Aaaah! Tres minutos. ¡Pepe, corra! -Estoy en ello. No sé si vamos a llegar. Sí, mujer, que sí. -Tranquila, que ya llegamos. Señora, ya le dije que no podemos para hasta Valencia, así que intente aguantar un poco. No sé, cierre, cierre. -¿Por qué se quedó en la iglesia? Porque se ha empeñado. No sé qué le chutaron que se puso a hacer lo que le daba la gana. -¿No me estaréis engañando? ¿Eh, no la habréis dejado ingresada en el hospital? ¡Anda ya! -Dime la verdad, ¿está bien? -Sí, se quería quedar en la iglesia. -¿Qué le digo a tu madre si llama? Que está durmiendo. -Claro. Si ni siquiera sabemos nada Teléfono. de Miguel. -Paquita. -Miguel, ¿dónde estás? -Paquita, no te asustes. -No me digas eso que me asusto más. -¿Dónde estás, Miguel? -En un cementerio. -¿En dónde? -En el cementerio de Valdezarzas. -¡Esto va de miedo, compañero! -Estoy hablando con mi señora. Ruido de las máquinas. ¿Sigues ahí? -Miguel, ¿qué ruido es ese! -Nada, una máquina de imprimir. -¡Una máquina de imprimir! ¿Estás loco? ¿Qué locura se te ocurrió hacer ahora? -Paquita, te tengo que dejar. -¡¿Qué?! -Trabajamos aquí porque así no nos molesta nadie. -Yo a ti meto, ¿entiendes? ¡Te mato! Mientras, me estás matando... -Paquita, adiós. -Para, para. -¿Qué pasa? ¿Qué es lo que pasa? -Tu tío, que está en un cementerio, ¡en un cementerio! -Tranquila, Paquita, si te ha llamado es que no está muerto, digo yo. (JADEA) -¿Qué tal? ¿Cómo vas, cariño? -¡Voy fatal! Sigue respirando, pero no tienes que apretar, no aprietes. Si hemos dejado atrás la carretera de Torrente, tiene que ser por aquí. Un hospital. Jadeos. Que sí, Merche, que sí. -¡Coño! -Alto. Dios mío. -La luz... Tira para adelante, Pepe, que va a ser peor. -Hay un tío ahí. ¡Para, Pepe, para! -¡Ay! -¡Alto! ¡Alto! -A ver, que viene para aquí. -Baje, baje. Ay, por Dios. Tranquila. -¿No saben que no se puede circular por aquí? Perdona, pero esta mujer está a punto de dar a luz y vamos a un hospital. (GRITA) -¡Aaaah! Está a punto, de verdad. -¿Están locos o qué? ¿No saben que hay un toque de queda? Vamos a ver, hijo, ¿para quién? Esta mujer o la llevamos al hospital... Ha rota ya aguas... O el niño nace aquí. -Mire... Por amor de Dios... -Un momento, tengo que consultarlo. ¿De acuerdo? Sí. -¿Qué pasa? Tú respira, tranquila. Y no empujes, por Dios, no empujes. -Hay una señora que va a parir, ¿qué hacemos? -¡Joder! En España lo que hay son muchos facciosos y todos deberían estar pudriéndose en la cárcel. -Herminia, que yo la tenía a usted por una mujer de orden. -¿Quiere que la acompañe a casa? Ni hablar, don Froilán, de aquí no me saca ni la Santa Caridad. No van a conseguir que me calle. -Vamos a ver, Herminia, ¿usted no se da cuenta de que las cosas no podían continuar así? ¿O es que le parece bien lo que pasa en España últimamente que no hay orden ni educación ni respeto? Corta, Blas, que no me va. -Herminia, de verdad, ¿no quiere que la lleve a casa? Ni hablar, antes muerta que irme a mi casa. Mira, Ramón, te diré una cosa: esta vez no lo conseguiréis. -A ver si va a arrepentir de sus palabras. -No le haga caso, Herminia, ¿no ve que es un faccioso? Cuando murió Franco estaba deseando que vinieran los suyos pegando tiros, ¡no lo niegues! -A ver, un momento, que yo no quiero que se pegue ni un solo tiro... A no ser que sea necesario. No sabes lo que dices, parece mentira que pasaras una guerra. -Este que va a pasar, si estaba en un pueblo perdido de la zona nacional, y allí ni se enteraron. -Mire usted, Herminia, a veces es necesario que alguien se levante para evitar que las cosas se pongan peor, y si es con las armas, con las armas. Cállate. -Herminia... Lo peor, Ramón, es una guerra, eso es lo peor. ¿De qué están hablando esos dos? -Al final mi hijo nace junto a un carro de combate. No aprietes... Se acabó. Merche, ¿dónde vas? Pero ¿qué haces? ¿Estás loca? Tú quédate aquí. ¡Merche! -El sargento dijo que no dejáramos pasar a nadie, a nadie. -Pero está a punto de parir. -Díselo al sargento cuando estemos en el paredón. Perdone un momento. ¿No se dan cuenta de lo que está pasando? ¡Hay una mujer a punto de dar a luz! -Tenemos órdenes. ¿Qué órdenes? -Señora, vuelva al coche, llamaremos por radio. Gritos. ¡Aaaah! Voy a llevarla al hospital, sea como sea. -No se puede mover de ahí o... ¿O qué? ¿Me va a disparar? ¿Nos dispararán? Por Dios, haceros cargo que podría ser tu hermana o tu novia. Gritos. -Hace tan solo unos instantes un destacamento de la policía militar ha entrado en el Congreso, un destacamento que según nos informan podría estar dirigido por el comandante Pardo Zancada, de extrema derecha. (RADIO) De momento desconocemos los datos exactos de cuántos militares acompañan a este comandante, lo que sí... -No me puedo creer que volvamos a tener una dictadura. Yo me voy de España, te lo juro. Que no... No pasará nada. -¿Por qué estás tan seguro? Porque no puede ser. -¡No puede ser, menuda razón! La gente no lo va a permitir. -Ya, Carlos, ¿qué gente, tú, yo? No sé, la gente. -¿Qué van a hacer si el ejército sale a la calle? El ejército también es gente. Son chavales que están haciendo la mili ahora mismo. Ya verás, no pasará nada. -Y si no, ¿qué? ¿Otra guerra? Carlos, no sé, pero estoy muy asustada. Anda, ven... Ven. -Bueno, por lo menos me alegro de que estemos pasando esto juntos. Para eso estamos los amigos, ¿no? Televisión de fondo. (NARRA) En realidad y aunque una parte de mí se negaba a aceptarlo, yo estaba tan asustado como Karina, pero me había tocado ser el hombre de la casa ye tenía que estar a la altura. -Suficiente, Curro, ya no hace falta que hagamos más, ahora hay que llevarlos al taxi. -¿Y cómo lo llevamos? Porque debajo del brazo... -No, hombre, habrá que meterlo en una caja, cualquier caja. ¿Tienes una caja a mano? -¿Una caja? -Cualquiera para meter los panfletos. -Ahora mismo no sé. -¿Cómo que no sé? -¡Nooo! De ninguna manera. -¿Cómo que no sé? -No, que esto es del ayuntamiento. Curro, dile algo, coño. -Compañero, que esto da mal fario. -¡Que va a dar mal fario! Piénsalo, es perfecto. Si nos paran, ¿quién va a pensar que aquí hay panfletos? Pensarán que hay un muerto, ¿no? (TELEVISIÓN) Esta comisión exhorta a los españoles Timbre. para que mantengan la calma y contribuyan responsablemente a la resolución del problema mediante el cumplimiento de su propio deber. Los españoles secundarán así el patriótico mensaje de Su Majestad el Rey, ya que un pueblo que trabaje en paz constituye hoy la mejor defensa de la democracia y la Constitución. -¿Quién es? -Soy Josete. -Josete... Pasa. -¿Está Carlos? -Está en su cuarto. -Gracias. Llaman a la puerta. -¿Interrumpo algo? ¿Qué vas a interrumpir? -¿Qué tal, Josete, cómo estás? -Mejor, pero no puedo dormir. ¿Me hacéis un hueco? Oye, si todo sale mal, ¿van a volver a prohibir todo? -Pues sí, más o menos. -Entonces... Habrá que aprovechar, ¿no? ¿No hay cama redonda antes de que nos jodan el invento? (RÍEN) No ha colado, macho. -Josete. -Bueno, ya, hasta aquí hemos llegado, yo me marcho. -Eh, espera, joder... -¿Para qué? ¡Esos mierdas se han ido ya! Vamos, chicos. ¿Qué hacemos aquí? Vámonos al hostal, allí habrá una radio. -De aquí no se mueve nadie hasta que nos termine el toque de queda, ¿vale? Quietos aquí, tomaos una copa. Oye, Inés, ya te lo he dicho pero ya sabes que no tienes que preocuparte. Yo tengo muchos contactos aquí, mi familia es muy conocida. Mi madre es pariente de Milans. -Me alegro mucho por ti. -Lo que quiero decir es que no corres peligro, que conmigo estás segura, ¿eh? No tienes que preocuparte. -¿Ah, sí? No me digas. -Vamos que... Creo que me entiendes perfectamente. Que no somos críos. -Bueno... Unos más que otros. (TELEVISIÓN) Con movimientos no violentos... Teléfono. -¿Dígame? -Paquita, escúchame bien porque estamos viviendo momentos decisivos... Sé que te puede costar entenderlo, pero no soy hombre de quedarme con los brazos cruzados ante esta situación, quiero que vayas al cuarto de las niñas, les des un beso y les diga que les quiero mucho y en caso de que me pase algo, que les digas que su padre hizo lo que tenía que hacer; ser fiel a sus ideales y creencias políticas. Paquita, nos vamos al barrio de Salamanca a pegar carteles y a tirar panfletos. ¡No pasarán! -Era tu tío que... Que le ha dado algo en la cabeza y dicen que se van al barrio de Salamanca a pegar carteles... A tirar panfletos y pegar carteles al barrio de Salamanca. -¡Vaya huevos! -Josete... -Yo me voy a buscarle, me voy a por ese inconsciente y me lo traigo aquí. ¿Cómo vas a ir a buscarle? Paquita... Si no sabes ni dónde está. -¡En el barrio de Salamanca! Es muy grande. -Bueno, me da igual, yo me voy a buscarle y tú me llevas. ¿Os importa quedaros con las niñas un rato? -No, no. (ANGUSTIADA) Carlos, por favor. -Somos el único coche circulando por Madrid. -Con ataúd en la baca. -Igual no ha sido tan buena idea. -¡Carlos, ya teníamos que haber llegado! A ver si les han pillado. -¡Por aquí vamos al Congreso de los Diputados! -¿Vamos al barrio de Salamanca o no? -¿Por este camino? -Tendré que ir a Cibeles, torcer a la izquierda y subir por Velázquez, ¿me vas a explicar cómo se va? ¡Coño, que soy taxista! -¿Queda mucho? -Llevamos todo, ¿no? -Sí, el ataúd está en su sitio. -No, cubo, brochas, cola. La cola será buena, ¿no? -¡Por ahí! ¡Métete por ahí! Esa es prohibida, Paquita. -¡Si no hay nadie! -Si nos paran; vamos a enterrar a tu madre. -¿En un taxi? -Peor sería en metro. -¡Dios mío! ¿Dónde se habrá metido este hombre? Tranquila, Paquita, tranquila. (SUSPIRA) -Perdona, esta es la mía. -Lo siento, perdona. -Ponme un whisky. Hombre, Gallardo, ¿te han soltado los charlies? -Me he escapado. -Al menos son los que están mejor. -A medias. ¿Y tú? -Bueno... -Parece mentira, ¿eh? En un momento se te vuelve la vida del revés. -Y tanto. -Uno cree que tiene las cosas más o menos encarriladas, hace planes y, de golpe, ¡hala, todo al carajo! -Pues sí. -¿Quién iba a pensarlo? -¿Es que quién coño iba a pensarlo? -Y el caso es que se veía venir. Sí, la verdad es se veía venir. -No había más que ver las señales. ¿Cómo hemos estado tan ciegos? -Yo he sido idiota, Gallardo. Me debí haber dado cuenta el día de la manifestación. -¿Qué manifestación? -La del divorcio. Me la encontré el día de la manifestación del divorcio. -Pues yo me he perdido. Camarero, póngame un whisky, por favor. -No, tráigale una tila. -A ver. Mira. -Deben estar por aquí cerca, no corras. ¡Será...! Está llenando el barrio de... No corras, Carlos. ¡Para! -El siguiente. Ahí. (GRITA) -¡Miguel! -¡Pero esta quién es! -Mi señora. ¿Qué haces aquí? -¿Tú qué crees? ¿Qué haces aquí tú? -Pegando carteles en esta pared, ¿no lo ves? -Claro, ¿y no ves que tienes tres hijas? -¡A mí ahora qué me importa...! -¡¿Que no te importa tener...?! -¡Cállate! -Dale a la pared a ver si acabamos. -Vamos. -Ahí... -Venga. -¡Paquita, trae, me cago...! -Señora, ¿qué hace con el cubo? (GRITA) -¡Dame el cubo, Miguel! -Que nos van a escuchar. -¿Usted quién es? -Un compañero. -¿Un compañero? -¡Chis! -Carlos, dile algo a tu tío. -Ahí está. -Venga. (RADIO) Sin duda es una importante noticia la que nos llega desde Valencia; que la Junta de Orden Público de Valencia, reunida en la sede del gobierno civil, ha reasumido sus propias competencias, que habían sido pasadas a la capitanía General de la Tercera Región Militar tras el bando del teniente general Milans del Bosch. La situación... Vaya la que tenían montada aquí. Radio de fondo. Pepe... Ese nos está mirando. -¿Cuál? No mires. -Desde luego, Paquita, no sé qué haces en la calle pegando carteles. -Pega, que cuanto antes acabemos, antes nos vamos. -Sujétamelo. Otro, aquí abajo. Venga, ahí. ¡Ostia! -¿Qué pasa? ¡Coño! (GRITA) ¡Ah! -¡Joder! ¡Joder, venga! Monta. -¡Vamos! (PAQUITA GRITA) Gritos. -Rojos de mierda. -¡Chicos! El golpe ha fracasado. -¿Cómo? -Milans ha retirado los tanques. -¡Ah! -¡Sí! (RÍEN) -¡Ay, qué bien! Risas. -¿Qué tal si vamos a mi casa y lo celebramos juntos? (RÍEN) -Tú no te rindes, ¿eh? Golpes en la puerta. Golpes en la puerta. -¡Ostia! ¡Hija! -Mi padre... ¡Inés! -Mi madre... Hija, estamos aquí. Inés... (RÍE) -Hola. Para la libertad... Estamos aquí... Sangro, lucho, pervivo. Hija, te hemos traído el pasaporte. Para la libertad... (NARRA) Al final, después de aquella noche de infarto, afortunadamente ni mi hermana Inés ni nadie tuvieron que exiliarse a ningún sitio. Pero aquel largo y accidentado viaje de mis padres sirvió para demostrar que ellos siempre acudirían a la llamada de auxilio de cualquiera de sus hijos. -La última noticia es que las tropas del general Milans del Bosch, en Valencia, han vuelto a sus cuarteles, lo que significa que el golpe ha fracasado. Un sentimiento de alivio recorre el Hotel Palace donde todos los medios de comunicación seguimos instalados y donde por primera vez en mucha horas cargadas de tensión, se vive un clima de optimismo; porque estas libertades, que tanto nos costaron adquirir, van a seguir con nosotros. Y hará que nuevos brazos... (NARRA) Para muchos habitantes del barrio de Salamanca fue un misterio de donde salió aquel ataúd que apareció en medio de la calle en la mañana de 24 de febrero. ...Savias sin otoño reliquias de mi cuerpo... Mis padres tuvieron que hacer solos el viaje de regreso aunque eso sí, con la tranquilidad de saber que, al fin, las aguas de nuestra democracia volvían a su cauce y todos los Alcántara estábamos a salvo. Para la libertad... sangro, lucho, pervivo... (NARRA) Inés y sus compañeros decidieron continuar sus representaciones poniendo el cartel de no hay entradas durante varios días. -No están. -¿Cómo no van a estar? -¡Que no están, joder! Se han volatilizado, han desaparecido... -¿Cómo van a desparecer? ¿Has mirado bien? -Perfectamente y no está. (NARRA) Aquel 23 de febrero quedó ya para siempre en la memoria de los españoles como una fecha imborrable, un momento de nuestras vidas que todos recordamos casi minuto a minuto. Para mí fueron unas horas de locuras en las que, sin embargo, tanto mi padre como mi tío demostraron, cada uno a su manera, su amor por sus convicciones y, sobre todo, por su seres queridos. Tras el gran susto toda España respiró aliviada, en nuestras calles y también en nuestras vidas volvió a asomar de nuevo la libertad. (RADIO) La noche pasada ha sido la más larga, más tensa de la nueva, la joven democracia española, a pesar de que ahora podamos anunciar... (RADIO) Guardias civiles están saltando en este momento por una ventana de la sala de prensa del Congreso de los Diputados, están saltando y... (RADIO) Comunican que tampoco la noticia puede ser confirmada oficialmente que Camilo Menéndez estaba dialogando con el teniente coronel Tejero en el pequeño patio... (RADIO) "Creo que todo se va a solucionar muy pronto", ha aclarado el director general de la Guardia Civil, Aramburu Topete... (RADIO) El teniente coronel Tejero se entregaría en el Pardo y no permitiría que se le hicieran fotografías... (RADIO) ¡Primera fila de los profesionales de la información... (RADIO) A las 12:10 se entregó el teniente coronel Tejero... (RADIO) Al reintegrarse el gobierno de la nación a su plenitud de funciones y restablecerse la libertad para los representantes de la soberanía popular, la Comisión Permanente de secretarios de estado... (TELEVISIÓN) -Este mismo teniente Álvarez dijo: "Aquí no hay salidas, aquí o todo o nada", una frase, que dicha con una metralleta en las manos, resulta, para un civil, sumamente impresionante. -Humillados, absolutamente vejado. -Por lo demás hemos estado recluidos sabiendo lo que es un secuestro, sabiendo lo que es un poquitín... Pasar un poco de gazuza y teniendo que pedir permiso para salir a hacer pipí, como si estuviéramos en la escuela.

Cuéntame cómo pasó - T14 - El hombre de la casa - Capítulo 236

17 ene 2013

23 de febrero de 1981. El golpe de Estado del teniente coronel Tejero mantiene a todos los españoles en vilo. Antonio y Mercedes deciden viajar a Valencia para estar con Inés, ya que está muy nerviosa y angustiada porque teme que en España pase lo mismo que sucedió en Argentina con el golpe del teniente general Videla. La situación en Valencia es tensa ya que el General Jaime Milans del Bosch apoya el golpe y los tanques han tomado las calles.

Ante la ausencia de sus padres, Carlos se convierte en el hombre de la casa y el encargado de asegurarse que todos estén bien, sobre todo su abuela Herminia que está muy nerviosa porque teme que esta situación termine como en el 36.

Por su parte Toni sigue de cerca todo lo que se vive en el interior del Congreso desde la improvisada sala de prensa instalada en el Hotel Palace. Allí coincidirá con Juana, con la que tendrá un encuentro tenso por sus diferencias con respecto al hijo que tienen en común. Mientras, Paquita intentará por todos los medios frenar el brote revolucionario de Miguel, que parece haberse olvidado de ella y de sus tres hijas y está dispuesto a todo por salvar el país.

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