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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 230

Cuéntame cómo te ha ido en tu viajar por ese mundo de amor. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido... Cuéntame si has conocido la felicidad. Háblame... Sirena. (NARRA) En el año 80, las Autonomías todavía no tenían transferida la sanidad y todos los españoles recibíamos asistencia de la Seguridad Social. O como todos lo llamábamos, el seguro. Aquel era un sistema mastodóntico en el que las listas de espera eran de meses. Sin embargo, al igual que ocurre hoy, todos sabíamos que si tenías algo gordo, mejor que te operaran en la pública que en la privada. Cada hospital tenían reservadas una serie de camas para pacientes que ingresaban por lo privado. Fue así como a mi madre la operaron inmediatamente, pagando a su médico del seguro para que la atendiera como paciente privada. -Quédese aquí, caballero. Antonio. Sí, Merche, sí. -Venga, Mercedes, tranquila. Todo va a salir muy bien, va a ser muy rápido y no te vas a enterar de nada, ¿eh? Tranquila. Vamos a contar hacia atrás, ¿vale? Cuenta conmigo. Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro... Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre Jesús. Santa María Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre Jesús. Santa María Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, Bendita tú eres entre todas las mujeres. Hija, ¿no tardan mucho? Ya nos han dicho que esto iba para rato, Herminia. -Sí, la sacan del quirófano y después la llevan a observación. Hasta que no despierte y vean que está todo bien. Ay, Jesús. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, Bendita tú eres entre todas las mujeres. y bendito sea el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios,... -Venga, no fumes, hombre. Sólo uno, para los nervios. -Ni uno. Y menos en el hospital. ¿Quieres que bajemos el quirófano? ¿Y qué hacemos en el quirófano? Dijeron nos avisarían y es para largo. -Sí, es verdad. Joder, qué nervios. Y lo que están tardando. No me quito de la cabeza que tenía que habérselo dicho. -Bueno, tú le has dicho lo que el médico te dijo. Ya. Ya verás cuando se despierte y vea que le han arrancado un pecho. -Sólo es una posibilidad. Depende de lo que se encuentren. Una posibilidad no, se lo quitan y se lo quitan, Miguel. -Venga, no seas pesimista. ¿Tú se lo hubieras dicho a la loba? -¿Quién yo? Si la loba tuviera eso, ¿no crees que tendría derecho a saberlo? (SUSPIRA) -Abuela, ¿por qué no bajamos a tomar algo a la cafetería, que llevas todo el día sin comer? No, hija. Hasta que no suban a tu madre no estoy tranquila. Ni yo. ¿Y María? ¿Habéis llamado a casa? -Sí, Paquita ya va a buscarla. Esta noche me voy a quedar aquí con mamá. Hoy he pensado quedarme yo. -¿Cómo te vas a quedar tú? Si tú no puedes llevarla ni al baño ni ayudar a que se lave. Es cosa de la abuela y mía. Sólo quería estar con mamá. Oye, oye. Tranquilos, ¿eh? No es hora de discutir. Por favor. Esta noche me quedo yo. Tú luego te vas a casa, preparas la cena y te ocupas de tu hermana, ¿eh? -Hola, buenas tardes. Mercedes Fernández, soy su hijo. -Mercedes Fernández. Habitación 12, segunda planta. -¿A qué hora la bajan a quirófano? -La han bajado a primera hora de la tarde. Los familiares esperan en la habitación. A la izquierda está el ascensor. -Gracias. Hola, papá. Tony, hijo. Lo siento mucho, intenté coger el último vuelo ayer, pero fue imposible. Ya lo sé. -Hola, tío. -Hola. -Me hubiera gustado darle un beso antes de que la bajaran. No te preocupes, Tony. -¿Han dicho algo ya? No, todavía no. -Bueno, ya verás cómo va a ir todo bien papá, ¿eh? No te preocupes. Yo no aguanto aquí, Miguel. Me bajo a la puerta del quirófano. -Venga, yo me voy contigo. Bueno. -Diles que bajamos. -Sí. Ahora os alcanzo. Hola. Tony, hijo. Ay, qué alegría. Ay, que estés aquí. -Hola, Tony. -¿Se sabe algo? -Qué va. -Nada. -Oye, yo estoy que me como los puños. Cuando terminemos, vamos a verla. -Hoy no vamos. -¿Pero cómo que...? -No, canijo. Hoy es mejor dejarles tranquilos. -Sí, lo mejor es no agobiar. Pero cuando vayáis, me avisáis. -Sí, mañana vamos. -Hola, buenas tardes. -Hola, buenas tardes. -Buenas tardes. -Me voy, que tenéis faena. Voy a la iglesia a poner una vela. -Ay, pon una por mí. -Hasta luego. -¿Sí? ¿En qué puedo servirles? -Queríamos encargar unas banderas. -Ah, muy bien. Pero el director comercial no está, pero si me dejan el teléfono, le llamará. -¿Pero va a tardar mucho? -Bueno, no. -Es que nos corre mucha prisa. Sí, claro, lo que pasa... -Déjalo, cari... Digo, no se preocupe, señorita. Ya atiendo a estos señores Bueno, pidan por esa boca. Qué bien, Tony, que hayas venido. Tu madre se pondrá muy contenta. -¿Cómo no iba a venir, abuela? ¿Tu novia qué tal? -Bien. Me manda besos para todos. Dice que a ver cuándo venís a vernos. ¿Has visto al Papa? -No, no. -Que Roma es muy grande, Herminia, ¿verdad Tony? -Sí. -El Coliseo, las termas. -Muy grande, abuela. Antonio, ¿y si le preguntamos a alguna enfermera? Han dicho que tardarán en salir. Papá. Merche. -Todavía está bajo los efectos de la anestesia. Estará adormilada un buen rato. Ahora necesita descansar. -Mamá. -Disculpen, pero no pueden pasar. Ya les avisaremos cuando puedan verla. Pero será cuestión solo de diez minutos y sólo uno. Dígame una cosa. ¿Ha salido todo bien? -Sí, bien. Vamos a tenerla esta noche en observación y mañana la subiremos a planta. ¿Le han tenido que cortar el pecho? -Qué putada, joder. Está todo bien. El Dr. Martín estará en la puerta de quirófano para informarles. Sólo dos acompañantes, por favor. Dos. -Anda, vete tú. Vamos, Tony, hijo. -Aquí no pueden estar. -Ya, ya. -Aquí tienen el presupuesto que está muy ajustado, porque esto lleva más trabajo que el encaje de bolillos. Pero los tejidos son de muy buena calidad y están muy bien rematados. -¿Y para cuándo podrían tener 200 banderas? -¿Para cuándo podrían tener 200 banderas? Una semana. Bueno, quien dice una semana, dice cuatro o cinco días. Tres días. Pero, bueno, depende también del trabajo y de los colores. -Colores pocos. Sólo queremos una hoz y un martillo negros en un fondo rojo. -Ajá. Ah, bueno, pues esto es facilísimo. ¿O sea, que son del Partido Comunista? -Comunistas sí, pero no del PC. -Ah. -Luchamos contra el revisionismo de Carrillo. Nosotros estamos a la izquierda del PC. ¿Entiende? -Hombre, claro. Ustedes están a la izquierda de la izquierda. -Y además no aceptamos la Constitución. -Faltaría más. No vamos a estar todos de acuerdo en todo. -¿Entonces qué? El lunes. -El lunes las tienen ustedes aquí, las 200 banderas con sus 200 palitos. Como si fueran Chupa Chups. (RÍE) -¿Cómo? -Eh... No, vamos a ver, 200 banderas por 400 y me tienen que adelantar el 20%, pues son 16 000 pesetas. -Aquí tiene la señal. -Bueno, recuerde, en tres días venimos a por las banderas. -Faltaría. Ya saben que aquí tienen ustedes su casa. Gracias... -Vamos a ver, Desiderio, ¿tú estás seguro de lo que estás haciendo? A ver si a Antonio le va a sentar mal. ¿Cómo le va a sentar mal que venda 200 banderas a unos rojos? Vendemos banderas a rojos, amarillos, azules, y a todos. -Bueno, pues no lo sé, ¿eh? Pero allá tú. -Además, mira. No quiero molestar a Antonio con la que le está cayendo. Además, él es vendedor, pero también soy vendedor. ¿O qué? -De cafeteras y radiadores eléctricos. Pero esto no es lo mismo, Desiderio. ¿Qué más da? El que sabe vender, sabe, y el que no, al río. -Ya. -Además, me estoy imaginando la cara de Antonio y Miguel cuando vean las 200 banderas preparadas para cobrar. Señorita, ¿el Dr. Martín?. -Sí, está allí. El que acaba de salir de quirófano. No crucen la línea verde, por favor, Perdón, perdón. ¿Doctor Martín? Soy el marido de Mercedes Fernández. -Encantado. Disculpe que no haya subido a informarle, Tenemos una operación tras otra. Lo entiendo. -Cuidado. -¿Quiere? Sí. ¿Cómo ha ido todo, doctor? -Bien. Dentro de lo que cabe, bien. El tumor era pequeño, estaba localizado y lo hemos cogido a tiempo. Menos mal. Eso sí, para evitar correr riesgos, tuvimos que extirparle el pecho. Ya. -¿Y han visto si hay alguna otra parte afectada? -Es pronto para saberlo. Hay que analizar los tejidos. -¿Pero usted qué cree? -Ya le digo que es pronto. ¿Cuándo nos informarán, doctor? -Bueno, hemos enviado muestras a Anatomía Patológica. A partir de aquí, el seguimiento lo hace su ginecólogo. Sí, el doctor Muñoz. ¿Y cuándo puede verla? -A partir de mañana se pasará por planta. Eso sí, a su esposa nada de hablarle de los análisis. Que repose y que se entere lo menos posible. -Doctor. -Sí, ya voy, Carmen. Todo lo que se podía hacer ya está hecho. Y ha ido bien. Estén tranquilos. -¿Cuánto tiempo estará ingresada? -Por lo menos, una semana más. Si me disculpan, me está esperando un paciente. No se preocupes. Muchas gracias, doctor. -No entiendo nada. ¿Este no es su médico? Este es el cirujano, Tony. Su médico es el ginecólogo, el doctor Muñoz. -Dirá que ha salido muy bien, pero no me quedo tranquilo. Nunca se mojan, hijo. Nunca se mojan, pero ¿es difícil ser un poco claro? Nunca se mojan. A ver si nos dicen algo mañana. -Pase. Diez minutos, ¿Pero qué hacen aquí? Aquí no se puede estar. Y hoy no van a poder verla. Merche. ¿Has visto lo que me han hecho? ¿Tú lo sabías? ¿Verdad? (SOLLOZA) ¿Qué iba a hacer yo? Me tenían la boca sellada, milano. -Carlos. Hola, Arantxa. Qué sorpresa. -No quería subir por no molestar. Tú no molestas. -¿Cómo ha ido? Mal. Le han quitado un pecho. -Lo siento. Lo siento mucho, de verdad, cariño. Gracias. -Escúchame. Felipe me ha dicho que cierra él, que no hace falta que vayas. ¿Te apetece comer algo? Pues sí, la verdad es que tengo bastante hambre. Y sueño, mucho sueño. -Bueno, pues si te parece, vamos a casa y te preparo algo. Vamos. Oye, me ha gustado mucho eso que me has dicho. -¿El qué? Lo de cariño. -Inés. -¿Qué, cariño? -¿Qué es un quiste? -El quiste es como un bultito de grasa. -¿Y a mamá le duele? -No, mi amor. No le duele. Pero la tienen que operar. Porque si no, se le infecta. -¿Y tú has tenido uno? -Sí, mucha gente. Eso es muy normal, cariño. -¿Y a ti también te tuvieron que llevar al hospital? -No, no hizo falta. Oye, María, lo de mamá no es nada, mi amor. Se va a poner bien. Ya verás cómo dentro de nada está aquí. Anda, mira quién ha venido, ¿eh? -Papi. Hola, hija, ¿se puede saber qué haces levantada a estas horas? ¿Qué haces levantada? ¿Cómo se ha portado? -Más bien. ¿A qué has ayudado mucho a la tía Paquita con las niñas? Hasta le han dado propina y todo. ¿Ah, sí? -Ya verás, te lo voy a enseñar. -Ya verás que todo va a salir bien, papá. Eso espero. -Que sí, si hasta lo han dicho los médicos. Si lo han cogido a tiempo. Y eso es lo importante. -Toma. ¿Esto es lo que te ha dado tu tía, hija? ¿Un duro? Pues habrá quedado como si hubiera comido un pavo la loba. Mételo en la hucha por si algún día necesitamos comprar un coche, anda. Venga, mételo en la hucha. ¿Estás incómoda, hija? Me quiero cambiar de postura. Espérate, espérate. Que yo te ayudo. Un momento. Así. Ay, señor. ¿Tú lo sabías, madre? ¿Tú sabías lo que me iban a hacer? A mí nadie me dice nada. Pues ya somos dos. Yo sabía lo mismo que tú. Que los médicos no sabían cómo estaba la cosa. Pues habrán hecho lo que tenían que hacer. Tú lo que tienes que hacer ahora es ponerte buena. ¿Eh? Con el tiempo ya se superará todo. ¿Y cómo me va a mirar Antonio a partir de ahora? Pues como siempre. ¿Cómo te va a mirar? Antonio te quiere muchísimo. Confía en él, Mercedes. Confía en él. Pero esto es muy gordo. Más gordo de lo que pensaba. No, pero tú puedes, tú puedes, mi vida. Es que yo no lo entiendo. ¿Por qué le tiene que pasar esto? Mi madre nunca le ha hecho mal a nadie. -Eso no lo sabe nadie, Carlos. Ahora tienes que descansar y pensar en otras cosas. Perdóname. No sé qué me pasa. -No pasa nada, Carlos. Ahora debes dormir. Arantxa. ¿Te importaría quedarte esta noche a dormir? -Claro. ¿Sabes? Si no fueses por ahí prohibiendo cosas, te diría que te quiero. -Bueno. Pero de eso ya hemos hablado. Vamos a dormir y mañana recojo yo esto. (RADIO) -Habló, en primer lugar, Jorge Luis Borges, quien se refirió a la soledad del escritor. Soledad que termina, sin embargo, cuando el escritor se da cuenta de que hay gentes que le han enriquecido... Teléfono. (RADIO) -Cómo un poeta recibe un destino, acepta un destino,... Teléfono. (RADIO) -Y no lo busca, es decir, se trata de algo fatal, hermosamente fatal. No sé cómo decir mi gratitud. Solamente puedo decir mi innumerable agradecimiento a todos ustedes. Teléfono. -¿Sí, dígame? -Pero, canijo, ¿todavía estás ahí? Déjalo ya por hoy, ¿no? -¿Pero qué dices? Estoy más liado que la pata de un romano. Oye, ¿sabes algo de Mercedes? -Ay, sí. He hablado con Inés. La operación ha salido bien, gracias a Dios. -Me voy a quedar aquí, y le pego una buena pasada a las banderitas. Quiero sorprender a Antonio. -Bueno, no tardes, que tienes que descansar. Oye, que mañana quiero ir al hospital. -Pues yo no sé si voy a poder ir. Pero dale un beso muy fuerte de mi parte. -Vale. Buenas noches, cariño. -Buenas noches, mi amor. (RADIO) -El secretario del jurado, don Emilio López Morillas, leyó el acta de concesión de los Premios Miguel de Cervantes. -Joder. ¿Soy el último en levantarme? Eres el último, hijo, hay que madrugar un poco más. -Ya. ¿A qué hora piensas ir al hospital? -Pues luego. Antes tengo que hacer unas visitas de trabajo. ¿Cómo de trabajo? -Pues sí, papá, de trabajo. Le he estado dando vueltas desde que me llamaste y ayer cuando vi a mamá en el hospital, me quedó claro. Creo que es hora de volver. Pues me parece muy bien, hijo. Me parece muy bien. Aquí siempre tendrás un sitio. Por si quieres traer a Cecilia, digo. -No, no. De momento voy a aterrizar yo solo. Bueno, de todas formas, tienes una habitación para ti solo. Ya sabes que Carlos se independizó y tiene piso propio. -¿Qué os ha pasado? Ayer me di cuenta, habéis discutido. Casi lo mato, hombre. Ha dejado la carrera, hijo. -Bueno, supongo que ya le tocaba. ¿El qué? -Discutir contigo, papá. Me he pasado la vida así contigo y no es igual. Porque no me hacíais ni puñetero caso, por eso. Claro. No me mires así. Que ya sé que no merece la pena discutir. Es mejor vivir tranquilamente, ¿verdad? Pero tengo 54 años, hijo, y no pienso cambiar. Mientras siga de mala leche con tu hermano, sigo discutido con él. Como dijo muchas tonterías, pues me queda mala leche para rato. Y me callo, porque, antes de salir de casa, ya me caliento, fíjate tú. Adiós. -Papá, que no te pierda el orgullo de los Alcántara. ¿Qué pasa? Eso mismo me dice tu madre. Que no me pierda el orgullo. Cómo te pareces a tu madre, hijo. No vayas tarde al hospital, que le va a gustar verte. -Adiós. Gracias. -Te he puesto un calmante, pero si sientes dolor, nos avisas, ¿vale? Venga. Madre, vete a descansar un rato a casa, anda. Estoy bien aquí. -Ay, abuela, no seas cabezona. ¿Por qué no bajamos, coges un taxi y te vas a casa? ¿Un taxi? Menudo gasto. -Claro. No, no, yo me quiero quedar. Además, luego si tengo sueño, echo una cabezada en ese sillón. -Bueno. ¿Y mi niña? -Bien. Te echa mucho de menos. Pregunta mucho por ti. -Buenos días. Buenos días. -Te traigo compañía. -Hola, buenos días. -Bueno, ahora lo siento, pero tienen que salir un momento. Hasta ahora. -Hasta ahora. Ay, qué fatiga. cuando vengo, tengo un habitación más lejos del ascensor. -Lo hacemos para fastidiar. ¿Es que no nos conoces ya? -Aburrida me tenéis de traerme aquí para hacerme la puñeta. -Tu hermana nos ha traído la tele. Ha dicho que entraba a trabajar y que no le daba tiempo, así que estamos ayudándote. -¿Pues sabes qué te digo? Que mejor. Yo no necesito ayuda. Bueno, pues tú ya tranquilita, a tu ritmo, te vas cambiando, que ya sabes cómo va esto, ¿eh? Y luego venimos con la medicación. -Vale. Qué pesada. Si yo lo único que necesito es que me traigan la tele. Bueno, pues como vamos a estar juntas, mejor nos tuteamos. ¿Te parece? Yo me llamo Encarna. Yo Mercedes. -Ay. ¿Te han...? Vaya, mujer. Con lo guapa que tú eres y también te han hecho la puñeta. Mira, ¿sabes qué te digo? Que ya se podían cortar ellos lo que yo les dijera. ¿No te parece? Bueno, ¿y cuándo te han operado? Ayer. -Ayer. Pues tienes muy buen aspecto. (NARRA) Todavía hoy, si cierro los ojos, puedo acordarme de lo guapa que estaba Arantxa esa mañana. Y de que en ese momento me pregunté cómo sería despertarme todos los días a su lado. -Buenos días. (NARRA) Sobre todo, cómo sería despertarme a su lado sin Felipe por en medio. ¿Qué quieres? -¿Cómo está tu madre? Bueno, regular. Ahí sigue. -Bueno. Gracias por cerrar ayer. -Hombre, Carlos, ¿para qué estamos los amigos? ¿Qué pasa? -No, nada, que quería ver si estaba Arantxa... No, no, déjala, anda, que está dormida. -Que no. Que estoy despierta. -Lo que yo te diga, macho, que nos roba la energía a los dos. Buenos días. Pues nada. Me voy a duchar. -Vale. ¿No le has dicho nada? -Joder, Felipe. Es que a su madre le acaban de operar. -Ya, bueno, pero no sabía si habías encontrado el momento. (NARRA) Definitivamente, entre Felipe y Arantxa estaba pasando algo muy extraño. Por un instante, pensé que todo eran imaginaciones mías, pero, en ese mismo momento, encontré una prueba innegable de que Felipe tramaba algo. Sin que yo lo supiera, Felipe estaba organizando, como quien dice, una vuelta al mundo para él y para Arantxa. Antonio. ¿Qué hacéis aquí? Está el médico dentro y tenemos que esperar aquí un momento. Ah, está el doctor Muñoz. -Bueno, me lo imaginaba mucho más mayor, papá. ¿El doctor Muñoz? Mi edad, hija, mi edad. -Comprueben los drenajes en la cura de la tarde y seguimos con la medicación que le puso el doctor Muñoz. -Muy bien, doctor. Buenos días. -Hola. Soy el marido de Mercedes. -Hola, buenos días. ¿Cómo está? -Pues está bien. Los puntos cicatrizan rápido y tendrá que seguir un par de días más con los drenajes, pero evoluciona perfectamente. Qué bien. ¿Cuándo la verá el doctor Muñoz? -Pues no creo que venga hoy. ¿Cómo? ¿Hoy no viene el Dr. Muñoz? -No. Es que los viernes da clase en la facultad y por la tarde se va a operar a la privada. Pero si puedo ayudarle en algo. No, no. Te agradezco que me ayudes, pero no es lo que necesito. Lo que quiero es que el doctor Muñoz vea a mi mujer, porque ayer el cirujano nos dijo que no sabía si estaba todo bien. -Está todo bien. En el laboratorio están trabajando en ello y, en cuando tenga los resultados, el doctor Muñoz lo llamará. ¿Cómo que el laboratorio? No me entiendes. -Por favor. No, escúchame, hijo. -Le estoy escuchando. ¿Cuándo verá el Dr. Muñoz a mi mujer? No me hables del laboratorio. -El doctor Muñoz no pasa consulta los fines de semana, así que tendrá que esperar hasta el lunes. Y ahora si me disculpa, yo me voy. No, espera un momento, hijo. ¿Cómo que hasta el lunes? ¿Esto es un timo? ¿O esto es un robo? Pero vamos a ver ¿tú sabes que yo vengo aquí por la privada? -Oiga, a mí me da igual. Para mí todos los pacientes son iguales. Pero para el contable de esta empresa no son iguales. Y aquí el precio que pagamos por esta habitación está costando a este familia un tongo y mucho esfuerzo. Mucho esfuerzo. Antonio, cálmate. Quiero que el Dr. Muñoz vea a mi mujer. Es lo que quiero. -Vale. ¿Dónde está el Dr. Muñoz? -No sé dónde está. Está usted en un hospital. el Dr. Muñoz estará en su casa o en consulta. -Doctor. Perdone. -Sí. Antonio. -Sí, ya está, papá, tranquilo. Ya está. ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? Sí. -¿Qué? Estoy bien, hija, estoy bien. Antonio, hijo. -¿Qué pasa, papá? ¿Qué pasa? Antonio. -Papá, llama a una enfermera. No, aquí no, hija, aquí no. Aquí no. Bájame al... Bájame a urgencias. ¿Qué hago? -A urgencias, abuela. Me parece que me están dando algo. -Ay, no, papá. Arriba. Tener que pagar un dineral para que venga este a... (SUSPIRA) Ay. (SE DUELE) Ay. -34. 35. -Oye, Clara. ¿Es verdad que la ha operado el yerno de Franco? ¿Eh? -Ya me he perdido, Josefina. ¿Qué dice? -Lo que comenta todo el barrio. Antonio no paró hasta que Suárez habló con el marqués de Villaverde. Si es que si no, ¿de qué le van a operar de un día para otro? -Mira, ni lo sé ni me importa. -Oye, ni a mí, ¿eh? Lo que pasa es que yo, si puedo, prefiero estar bien informada. -Buenos días. -Buenos días. Ay, hola, Miguel. ¿Qué tal está Mercedes? -Bien, muy bien. Muchas gracias. -Esta tarde me pasaré a verla. Por cierto, está en la planta segunda, habitación 12, ¿verdad? -Sí, creo que esa es la habitación. Pero el médico le ha dicho que debe descansar y no puede recibir visitas. -El médico, ¿qué sabrá? (RÍE) A las mujeres los que nos relaja es una buena conversación y poner verde al prójimo. Bueno, hasta luego. -Josefina, esta no vale. -No, mujer, está muy bien. -Adiós, adiós. -Adiós, adiós. A ver, Clara. Voy a ir terminando el pedido del Colegio de Arquitectos, así que llámales por teléfono y diles que hoy lo tiene ahí. -Ya, pero no está acabado. -¿Cómo que no está acabado? -Porque ayer se metió un encargo urgente y Desi estuvo hasta las tantas de la noche. -Joder. ¿Cómo tengo que explicar yo las cosas? Vamos a ver. Cuando uno tiene un pedido, tiene un pedido y es la prioridad. Si hay otro pedido... ¿Cómo que pedido urgente? -Sí, uno que cerró él a última hora de la tarde. Bien, ¿no? -¿Qué él ha hecho qué? ¿Para quién? -Para unos comunistas. -¿Cómo? No me vengas con más excusas, se lo tenías que haber impedido. -¿Qué querías que hiciera? Lo hizo con la mejor intención. Mira el tute que se ha dado el pobre. -A esto le quedan un par de horas. En cuanto se fije la tinta,... -Espera, espera, Vicente. -¿Qué pasa? -¿Que qué pasa? -¿Que qué pasa? Me cago en la leche. Pero será burro. -¿Pero qué ha hecho, Miguel? -¿Pero cómo que qué ha hecho? ¿Pero no os dais cuenta, por favor? ¿Pero no veis que la hoz y el martillo está al revés? ¡El palo de la hoz tiene que mirar hacia la derecha y el palo del martillo a la izquierda! -¿Tan importante es el palito...? -¡Joder, claro que es importante! ¡No es un palito cualquiera! ¡Es el de la hoz y el martillo! Hay que repetir estas banderas. -Bueno, pues con las prisas que corren, madre mía. ¿Y si le damos la vuelta? -¡Déjame eso de darle la vuelta! ¿Para cuándo hay que tenerlas? -Para el lunes. -¿Para el lunes? ¡Joder, este tío está loco, coño! ¿Pero cómo se le ocurre aceptar una entrega para el lunes? ¡Cago en la mar! Es la insoladora, se ha liado con la insoladora. Porque es que si no, no se explica. ¡La hoz y el martillo es que la conoce todo el mundo! Vicente. Cago en la leche. Deja lo que estés haciendo y a por las banderas. ¿Te vas a poner a hacerlo ahora? -¡Sí, me voy a poner hacerlo yo! Después vais a terminar los otros. -Ah, no. No, yo me voy al hospital a ver a Mercedes. -De eso nada, Clara. Primero las banderas. Y después al hospital. Pero lo primero es lo primero. Joder. ¿Qué hacéis mirando? ¡Cómo vea una hoz y martillo al revés otra vez, quemo el local! -Roma es fantástica. Yo no he vuelto desde que estuve viviendo allí, pero seguro que no ha cambiado nada. -¿Cuánto tiempo estuviste ahí? -Todo el 63. Con el primer gobierno de Aldo Moro. ¿Quién me iba a decir que lo de él...? Mira cómo acabó el pobre. Muerto en el maletero de un coche. -Una lástima, sí. Oye, ¿me lo parece a mí o no estás muy contento de estar allí? -Lo que estoy es preocupado, Gallardo. Acaban de operar a mi madre y estoy pensando en volverme. -Lamento lo de tu madre. Es... ¿Es serio? De manera que has venido a verme para pedirme trabajo. -Hombre, si lo tuvieras, claro. La cosa está mal, Tony. Nuestro país se nos come por los pies. Y encima el gobierno nos mira mal. Claro, como éramos la prensa del movimiento. Imagina si suben los socialistas. -Bueno, yo, de todas maneras, no necesito nada fijo. Con una colaboración me bastaría. Haré algunas llamadas, pero no te prometo nada, ¿eh? ¿Cómo estoy? -18/10, es alta. Pero le ha bajado bastante. Claro que ha bajado, claro que ha bajado. -El captopril le habrá hecho efecto. Veamos cómo se encuentra en un rato. ¿Cómo me voy a encontrar? Estupendamente, como ahora. ¿Cómo me voy a encontrar dentro de un rato? -Eso lo tendrá que valorar el doctor. Bueno, pues que lo valore, pero que lo valore pronto. -Está todo controlado. Cualquier cosa, nos avisa. -Vale. ¿Estás bien, papá? Pues no, estoy enfadado. Porque me encuentro perfectamente y aquí me tiene atado a este tubo. -Vamos a esperar a que venga el médico. Ya, pero no podemos esperar... ¿Qué dice tu madre? -Nada, no sabe nada. No le hemos dicho nada. Estaría bueno. Se habría asustado tanto que... Ay, Dios. -Yo la veo muy bien, tía. Tan guapa como siempre. -Huy, mejor que antes. Sí. -Hombre, mejor... Pero, bueno, está bien. -Sí, estás guapísima, guapísima. Qué mal mentís. -¿Quiere usted que yo le traiga unos yogures o un poquito de embutido? -Sí, traedle cosas, que aquí sólo dan sopa de pollo y tortillas revenidas. Pero si no me apetece nada. Y no puedo comer nada. -Ah, pues no, tienes que comer. A una prima le operaron de esto, le dio por no comer, hija, y en seis meses se nos fue. -Mon Dieu. -Bueno, ¿y la cuñada de mi padre? Fue al médico porque tenía unos gases y la abrieron para coger unas muestras y, chica, fue abrir y cerrar. Invadida. -Ay, si es que no somos nada. -El otro día, una clienta en el Bistró... ¿No podéis hablar de algo que no sean desgracias? -Es verdad. -Ay, sí, Herminia. -Lo siento, es esta cosa de los hospitales, que nos da por hablar de enfermedades. -Muy español. -Sí. Huy. Qué horas. Bueno, me voy. Que te mejores, Mercedes. Que sepas que muy mal que el médico no haya venido a verte. Una denuncia le ponía yo a ese hombre. Vamos. -Merche. Que te vas a poner muy bien. Claro. -Más bien enseguida. Sí. No te preocupes. -Tía. Pues cuídese mucho, por favor. No vayas a llorar, ¿eh? -No, si yo no lloro nunca. Que la quiero mucho, usted lo sabe, ¿verdad? Y yo también. Gracias por cuidar de María. -Nada, lo que necesite me llama. ¿Y el tío? Pues no sé, no ha venido en toda la mañana. Es que tenía un lío con lo de las banderas, ¿sabes? -Ah, bueno. Pues... -Hala, mucho ánimo, ¿eh, hija? -Adiós, tía. Adiós, Merche. Adiós. Gracias por las flores. -Adiós. -Adiós. Que se mejore usted también. -Muchas gracias, guapa. Adiós a todas. Menuda mañanita te estamos dando, Encarna. -¿Eh? ¿Qué dices? ¿Por las visitas? Qué va, mujer, yo por mí encantada. Huy. Quieta, quieta. Ya está, ¿eh? Bueno, esta tarde no nos perdemos "Los ángeles de Charlie". -Hola, mi amor. Qué liadísima estás. ¿Sabemos algo de Mercedes? No, porque no he podido ir a verla. Y vaya horitas. -No me riñas, por favor, que me he tirado la noche currando. ¿Sabes a qué hora me he acostado? -¿Sí? Pues para nada. -¿Cómo que para nada? -Que has metido la pata. Las banderas están mal. No sabes cómo se ha puesto Miguel. -¿Pero qué estás diciendo, por favor? -Se ha presentado y dice que no valen. Que están del revés. Oye, cariño, que eso no es así. -¿Ah, no? Miguel está hecho una fiera por lo de las banderas y cerrar el pedido sin permiso de Antonio. Y de paso la bronca me la he llevado yo, ¿sabes? -Oye, ¿y qué ha hecho Miguel con mis banderas? -¿Pues qué va a hacer? Tirarlas. -Mira, no me jodas. No me jodas, no me jodas. -Desde luego. Eso me pasa por casarme con el más listo del barrio. -Joder, esta Clarito me va a matar. No puede ser. No me jodas. No me jodas. Pero este menda... Me cago en San Pito Pato. -Paco, dos cortados para la mesa cuatro. -Venga, marchando. -¿Se puede saber qué has hecho? -¿Yo? Salvar el negocio. ¿No te viste que la bandera estaba al revés? -¿Qué al revés ni qué niño muerto? Ahora nos aclaramos. Esta es la bandera que has hecho y esta es la muestra del pedido. Dime quién está equivocado. -¿Quiénes son los cuatro mataos que hicieron el encargo? ¿Me van a enseñar a mí, a mí lo que es una bandera comunista? Venga, por favor. -Estos son comunistas a la izquierda de Carrillo. Por eso, la hoz y el martillo están al revés. -¡Que no, que no, coño! La bandera está al revés. Te digo que está al revés. Si supieras algo de la empresa de banderas, te hubieras dado cuenta a la primera, pero no, ¿tú qué te vas a dar cuenta, hombre? Te voy a pedir un favor, Desi. A partir de ahora, cada uno nos vamos a encargar de lo nuestro en el negocio y mejor nos irá. -¿Y lo mío qué es? ¿Cargar como una mula con las banderitas? Vete a la mierda. -¡A la mierda te vas tú! No critico tu trabajo, que lo haces muy bien. Pero deja que los comerciales hagan el suyo, que lo hacen muy bien. -A ver qué dice tu hermano, cuando vea el gasto de tinta y tela. -A mi hermano déjale tranquilo, que bastante tiene. -¿Pero qué listo que eres? -¿Listo? Te voy a decir otra cosa. ¡En ninguna empresa en la que esté se me va a poner en cuestión por si sé o no sé cómo es la bandera del proletariado o la del Atlético de Madrid! No te jode. Un Sol y Sombra, Paco. -Venga, marchando. Puerta. Está cerrado. Puerta. Pero bueno. -Mira a quién me he encontrado en el aeropuerto. -¿Está cerrado? (KARINA RÍE) Para vosotros nunca está cerrado. Pasad, anda. -Vaya. Así que este es el famoso bar. Sí, ¿te gusta? -Sí, me encanta. Por cierto, toma. -Acaban de salir en Londres. Hay grupos que ni me suenan. Echo & the Bunnymen, Joy Division. Muchas gracias. -¿Qué tal tu madre? Mal. -¿Y tú cómo estás? Fatal. -Bueno. Nos lo cuentas mientras nos tomamos unas copas, ¿eh? Qué ilusión me hace verte. No sabes cuánto te he echado de menos. -Cuánto te hemos echado de menos. ¿Qué os creéis? ¿Que yo a vosotros no? ¿Eh? -Antonio Alcántara, por favor. -Ah, sí, es en el penúltimo box. -Gracias. -Papá. Hola, hijo. -He ido a ver a mamá y he visto a la abuela. ¿Cómo estás? Bien. ¿Y la abuela? ¿No le habrá dicho nada a tu madre? -No, no le hemos dicho nada. ¿Tú te encuentras bien? Perfectamente, solo ha sido una subida de tensión. No sé por qué estoy aquí. -Buenas tardes. Por fin, una bata blanca. A ver, doctor. ¿Estoy o no estoy para marcharme? -Me temo que no, señor Alcántara. Quiero hacerle unas pruebas. ¿Y por qué no me las hace mañana? A primera hora, que tengo a mi mujer ingresada. -Ya, ya lo sé y lo siento pero con su historial, yo no me arriesgo a dejarle salir sin hacerle más pruebas. Pues si usted no se arriesga, deje que me arriesgue yo. ¿Qué más da? -Eso no va a poder ser, ¿eh? -Si es tan amable, se me va cambiando, por favor. Me cago en la hospitalera. Ahora, ¿qué hacemos? -¿Qué vamos a hacer? De momento, te haces las pruebas. Yo no necesito que me hagan ninguna prueba. -Papá. No seas cabezón. Hazte las pruebas y nos quedamos tranquilos. -No te cuesta nada. Y el médico estás siendo muy amable y se toma muchas molestias. Sí, molestias. -Oye. Voy a subir a ver a mamá. ¿Qué se va a tomar molestias, hombre? ¿Has visto? Está muerto de miedo, hijo. Por si salgo y me da un jamacuco y se le cae el pelo. ¿No ves que es un, cómo se llama, residente? Es un pipiolo, coño, como el que atiende a tu madre. Ayúdame con el pantalón. -Pero deja de gritar. Aquí tenéis. Y a ti, ¿qué? ¿Cómo te va? -Bueno, bien. Por las mañanas trabajo en una tienda de ropa y por las tardes, estudio. Joder. Yo, menos mal que lo dejé. Si no, explotaba, te lo juro. -Es que a ti, ese sitio, no te gustaba. No. -¿Y de amores, qué, qué tal? ¿Sigues con...? Arantxa. -Arantxa. Sí. Sigo con Arantxa. Aunque, bueno, es algo más complicado. -Yo no he dicho nada, ¿eh? -¿Nada de qué, qué pasa? -¡Buenas tardes! -Hola. Josete, ¿qué tal? -Buenas. -Mira quién está aquí. -Hola. -Karina, qué sorpresa. Y estás muy guapa, ¿eh? -Gracias. -¿Conoces a Arantxa? -Eh... No. No, pero Carlos me ha hablado mucho de ti. Encantada. -Por fin. Yo también tenía muchas ganas de conocerte, Karina. -Carlos. Cuando quieras, te puedes ir al hospital. Ahí estaban juntas las dos chicas que más había querido en mi vida. -Sí. ¿Es de Londres? -Claro, sí. De allí, del rastro de Camden. -¿Y es de cuero? -Sí, yo creo que sí. -Ajá. -Y este abrigo es muy bonito, muy mujer fatal. ARANTXA RÍE) Sí, de una boutique. -Ah. De tu barrio, claro. -Sí. Vuelvo luego, ¿vale? -Vale. -Te acompaño. Sí. -Dale un beso a tu madre. Sí. -¡Hasta luego! Deja, te cuento ahora. -Sí, por favor. Soy todo oídos. -¿Has visto lo que nos han traído? -Sí, muy bonito. -¿Y quién te dice que ella no está enamorada de él? -Igual es cosa de los dos, ¿no? Que no, hombre. Eso es una estrategia de Felipe. Pero yo pienso hacer lo mismo. -¿Qué vas a hacer? ¿Regalarle otro viaje? No. Voy a decirle que se venga a vivir conmigo. Y se lo voy a pedir con un anillo. -Así. De repente, un anillo. Un anillo de los buenos. ¿Quieres venir mañana a comprarlo? -Espera, espera. ¿Seguro que ella te quiere? Sí. Bueno. Casi. -Te lo ha dicho. No, porque ella no lo dice. Pero lo siente. Tampoco deja que se lo digamos nosotros. -Qué rara es. -Ajá. Qué rara o qué lista. ¿Vas a venir mañana? -Que sí, hombre, que sí. Pues, ya está, joder. -Ah, hola, chicos. Hola. -Karina. Cuánto tiempo sin verte. Oye, Carlos. Han bajado a papá a Urgencias. ¿Qué ha pasado? -Se ha puesto a discutir con el médico, se ha puesto nervioso y luego, le dolía el pecho y le están haciendo pruebas. ¿Dónde está? -Abajo. Voy a verle. -No, no. Espera. Mira. Primero subes a ver a mamá. Tú, de esto, no le digas nada, ¿eh? Y estate tranquilo por lo de papá, que está bien, ¿eh? Venga. Alegra esa cara. Hasta luego. -Adiós. -Hasta luego. -Carlos. -¿Cómo va, señor Alcántara? Perfectamente. (SOPLA) -¿Entonces, no le importa que vayamos acelerando? No, hombre, no. Dele. Dele a la rosca esa, si estoy como una rosa. Así, rápido, he andado mucho, a tiempo rápido. -¿Qué tal? ¿Cómo está? -Yo no le veo mal pero no lo sé. Le metían ahora a la prueba. Mamá, ¿qué tal? -Pues, bien. Ahí está. Preguntando todo el tiempo por papá. Yo creo que habría que decirle algo porque... -¿Es que tiene que ser todo a la vez? ¿Qué nos está pasando, por Dios? -Nada, Tony. Pues, la vida, que es así. Oye. Me tengo que ir a darle la cena a María. Luego vengo. ¿eh? (SUSPIRA) (SUSPIRA) -Hola. ¿Cómo está la enferma? Hola, hijo. -Hombre, qué sorpresa. -Hola. -¿Qué tal? Hola. Mamá. Hola, cariño. -¿Cómo estás? Bien. Mejor. ¿Sabes algo de tu padre? -Sí, le he visto cuando venía. Estaba en el barrio, con el tío Miguel y Desi, discutiendo por unas pinturas o no sé qué. Tenía para rato. Dichosas banderas. -Ajá. Ay, abuela, tienes una mala cara... Nos vamos a ir. No. -Que sí, que estás cansada. Prefiero esperar a que venga tu hermana. ¿Te ha dicho papá si va a venir? -No, no le he preguntado. Estaba ahí enzarzado... Pero supongo que tardará. Vale. Madre, vete ya. Que ya está bien. Bueno, bueno, hija. -Vamos, abuela. Adiós, mi vida. Dale un beso a María de mi parte. De tu parte. Hala, hijos. Adiós, tesoro. No te preocupes. -Descansa. Adiós, cariño. Que os quiero mucho. -Está bien. Ya voy, abuela. Hola, papá. Pitidos. Papá. Hola, Carlos, hijo. ¿Cómo estás? (SOPLA) Bien, lo que pasa es que el médico no me deja en paz. ¿Y tu madre? Bueno. Ahí anda. Preguntando por ti. Tony le ha dicho que estás en el trabajo, que se os ha roto no sé qué. ¿Necesitas alto? Si, hijo, sí. Necesito algo. Dime. Carlos, hijo, quiero hablar contigo. Pedirte perdón porque me he puesto muy burro últimamente. No te preocupes por eso ahora. Sí, sí, me preocupo, Carlos. Yo no quiero estar discutiendo contigo todo el tiempo. ¿Hablamos otro día, mejor? Otro día, no, hijo. Con tu madre como está, no podemos seguir así, ¿entiendes? Me he pasado media vida discutiendo con Tony y la otra media discutiendo con Inés. Y han hecho lo que les ha dado la gana, que es lo que tienen que hacer, por otro lado. Así que, a partir de ahora, puedes hacer lo que creas conveniente, hijo. Vaya. Muchas gracias, papá. Te estoy hablando en serio. Desde ahora, voy a ser como el mudo de los Hermanos Marx. Hijo. Aunque dé mucho por saco, no voy a decir ni media palabra. ¿Qué? Pues, que no te creo. Pero gracias por intentarlo. ¿No me crees? Pues, no. Porque tú eres tú, papá. No te vas a callar nunca. Qué jodido, ja, ja. (TOSE) A lo mejor no lo consigo, hijo, a lo mejor no lo consigo. Pero, desde luego, voy a intentarlo porque no puedo seguir así más. Esto que nos está pasando es muy gordo, Carlos. Muy gordo. Pitidos. ¿Por qué no me ayudas a levantarme, que estoy...? Estoy, que me han dado una paliza, como si me hubieran operado a mí. Coge... Coge la ropa de la bolsa de plástico, anda. A ver, trae. Este es el pantalón. Trae el pantalón. -Buenas tardes. -¿No estará pensando en marcharse? Es que ya me han hecho las pruebas. -Ya. Las pruebas, sí. Pero los resultados los tendremos mañana. Pues, vengo por ellos mañana. ¿Le parece bien? -Señor Alcántara. Tiene que seguir en observación. ¿Eh? -Por lo visto, al final de la prueba le han subido mucho las pulsaciones. Descanse. ¿Has visto? Me tiene manía, hijo. Desde que he entrado esta mañana me ha enfilado y ya no me ha dejado en paz. Vamos a ver, papá. Yo no sé mucho pero si te han subido las pulsaciones... Pues, claro, ¿cómo no me van a subir las pulsaciones si me han tenido hora y media andando ahí, encima de una cinta como si fuera un hámster? Dejo esto, ¿no? ¿Qué tal el bar? No te preocupes ahora por eso. Te estás haciendo de oro, hijo. Escucha. ¿Dónde metes el dinero, en el banco o lo tienes en casa, guardado? En el banco. No, hombre, en el banco no lo metas que mira lo que nos pasó. Tenemos que hablar de eso. Venga, deja eso ya. ¿Cómo voy a dejarlo, hijo? ¿Cómo voy a dejarlo? Duerme un rato. Dejas el dinero en el banco y te pasa como a mí. Debajo del colchón, hijo... Ay. -Hola. -Hola. Buenas noches, hija. -Hola, abuela. Vaya carita de cansada. Sí. Y los nervios, que no me han dejado en todo el día. -Ahora cenas y a la cama. Luego me sube Tony al hospital y me quedo yo con mamá. ¿La niña está acostada? -Sí. Ya está durmiendo. Tony, ¿tú te quedas con tu padre? -No puedo, abuela. No se puede quedar nadie. Es verdad, hijo. Tienes razón. Teléfono. -¿Puedes cogerlo, Tony? -Sí. -Será Gallardo. Ha llamado antes. -¿Dígame? -Tony, soy Gallardo. -Sus callos, Gallardo. -Mira, necesito que vengas. Te he conseguido una entrevista. -¿Ahora mismo? -Sí, te estaba esperando. ¿Cuánto tardas? -No sé, una hora, como máximo. ¿Subo directamente y pregunto por ti? -No hace falta que pases a verme. Te vas directo a la última planta. Radio Centro. -¿Radio Centro? -Son de la casa, me deben favores. Te he conseguido una entrevista, ya, depende de ti. Ah. Pregunta por M“ José Salgado. -M“ José Salgado, Radio Centro. Gracias, Gallardo. -De nada, hombre. Venga. -Adiós. Me tengo que ir, tengo una entrevista de trabajo. -¿Entrevista de trabajo? ¿Y no vas a cenar? -No, no sé si me da tiempo. Me tengo que cambiar, cojo algo. (TELEVISIÓN) Lo único que debe hacer el empleado es pasar el producto bajo un rayo que lo examina. La computadora... -Ay, desde luego... Qué pesadez de programa. Me tiene aburrida. Oye. No te importa, ¿verdad? No, no. Qué va. Si no la estaba mirando. Estoy haciendo tiempo a ver si viene mi marido. -Ah, mujer. Seguro que estará al llegar. Ajá. -Bueno. Yo, ya estaba a punto de quedarme dormida. Pues, qué suerte, porque yo no sé si voy a poder pegar ojo. -Al principio, asusta mucho, ¿verdad? Parece que se te ha hundido el mundo. Pero después, se sale de todo. De verdad. Mira yo. Me operaron; al poco, me separé de mi marido; ahora, me vuelven a operar. Pero, aquí me tienes. Con más ganas de vivir que nunca. ¿Te dejó tu marido después de la operación? -Lo dejé yo. ¡Me tenía harta! Todos los días, la misma historia. Que si había cambiado, que si ya no era la misma... ¡Joder! ¡Yo era la misma, pero sin una teta, ah! Sí, soy muy burra, ya lo sé, pero, pero ¿qué? ¿Eh? O me río o no paro de llorar, así que... Y tú, igual, Mercedes. Tú, échale ganas. Y ríete. Ríete, hasta de tu sombra. Y vas a pasarlo mal, claro que sí. Pero tienes una familia. Tienes un marido que te quiere. (SUSPIRA) Sí. -Tienes mucho por lo que salir de esta. Eso es verdad. ¿A ti cuándo te operan? -El lunes. A primera hora. Para quitarme este. ¿Ese? Yo pensé que... -¿A que no se nota? ¿Eh? Pero ese... -Mira. Toca. Toca. Toca. Anda. Mira. Chis. Un secretillo, ya verás. Ni prótesis, ni algodón, ni gaitas. ¿Eh? Pero si son... -¡Lentejas! Lentejas. (RÍEN) Madre mía. -¿A que parece...? Y ahora, vengo a por la fabada. (RÍE) Puerta. Uy. -Hola. Buenas noches. -Buenas noches, doctor. (RÍE) Qué bien las veo. -Bueno... -Llevo todo el día de paciente en paciente y no quería irme a casa sin pasar a verte un momento. Gracias, doctor. ¿Ha visto a mi marido? -No, no le he visto. No. El residente me tiene al tanto y el informe del cirujano es bueno. Vamos a ver todo esto. Ayúdame, Carmen. Sí. -Poco a poco. Muy bien. Así. Vamos a ver. Así. Muy bien. Bien. Muy bien. Cortamos el... Bien. Tijeras. A ver. Bueno. Está cicatrizando muy bien. No hay ningún punto infectado. Muy bien. ¿Entonces, usted cree que después de esta operación estoy totalmente curada? -Por supuesto, mujer. De algo habrá tenido que servir todo este calvario, ¿no te parece? Si usted lo dice. -Bueno. ¿La curas, Carmen, por favor? Así. Gracias. A mi marido le hubiese gustado estar aquí. -Bueno. -¿Querías algo? -Eh, sí. Tenía una cita con M“ José Salgado, soy Antonio Alcántara. -Un segundo. -Gracias. Perdón, estás en el aire. -Tranquilo. Estamos en un bloque de publicidad muy largo. Encantada, Tony. -Encantado, M“ José. -Pasa. Siéntate. -Gracias. -Que sepas que Gallardo habla maravillas de ti. -Es que Gallardo es estupendo. -Ya le he dicho que si eres tan bueno, por qué no te ficha él. ((TONY RÍE) En realidad, ya hemos trabajado mucho juntos. -Cubriste lo de Portugal. -Eh, sí, va a hacer seis años. Una experiencia muy emocionante, la verdad. -¿Y qué más? -Bueno, en realidad, yo soy licenciado en Derecho y he trabajado como abogado laboralista en un bufete. Eh... También he sido redactor jefe de la revista "Por supuesto" y este último año, he vivido en Roma y he colaborado con distintos medios. He hecho un poco de todo. -¿Cómo lo ves? Sí, a mí, también. Nada. Que nos gusta tu voz. -Ah. -Y seguimos con vosotros en esta segunda hora del programa, en la que vamos a recuperar una llamada de un oyente en Burgos, Valentín, padre de cinco hijos y preocupado por su situación laboral. Valentín. -Hola, buenas noches. -Buenas noches. Tenemos en el estudio a un abogado, Antonio Alcántara. Nos encantaría que le hicieras, de nuevo, tu pregunta. -Bueno, más que una pregunta, es un comentario. Verá, yo trabajo seis meses en negro y seis meses con contrato y así, tengo los dieciocho meses de paro. La cosa es que no sé cómo me afecta lo del Estatuto de los Trabajadores. -Eh... Bueno, Valentín, en, en primer lugar, tengo que decirte que trabajar sin contrato es absolutamente ilegal, por tanto, debe estar penalizado. Pero en tu caso, ceo que no te afectará tanto el Estatuto de los Trabajadores, que también, como la ley que está ahora mismo en trámite, la Ley de Pleno Empleo. -Perdone que mezcle las cosas, pero estoy un poco nervioso. -No, por favor, no pida disculpas. Yo, te entiendo perfectamente. Eh... Mira, te lo voy a explicar un poco más claro. Hasta ahora, como has comentado, para cobrar esos dieciocho meses de paro tendrías que haber tributado seis meses, ¿no? Si esta ley sale adelante, en lugar de esos seis meses, tendrían que ser tres años. -¡Tres años! -Tres años, sí, la ley es un tanto drástica. -Miguel. He visto fatal a la tía hoy. Se le ha quedado una carita de triste... -Pobrecilla. -Hoy he estado cocinando. Les he hecho un montón de comida. Mañana les voy a bajar... muchas tarteras con comida para que, por lo menos, no tengan que estar pensando en comprar... en cocinar... -Qué buena eres. -¿Qué te pasa? -Nada. ¿Qué me va a pasar? Métete en la cama. -Sí. Miguel. -¿Qué? -Si a mí me pasara eso, tú me seguirías queriendo, ¿verdad? -Claro que te querría. ¿Cómo te voy a dejar de querer yo? Nunca. Además, ¿qué tonterías son esas? ¿Qué te va a pasar a ti, por favor? No tiene por qué pasar nada. -Ya, pero ¿si me pasara? ¿Tú me lo contarías todo? -Yo siempre te lo contaría a ti todo. -A esta te invito yo. -Por la encerrona. -Ha sido un poco a traición pero ha salido muy bien. -Muchas gracias. -No, no, lo digo en serio. Estabas relajado, controlabas el tema. Comunicas bien, joder. -Bueno, la verdad es que he estado muy a gusto, sí. -Ten cuidado, esto de la radio engancha. -¿Y siempre serían temas jurídicos? -Yo quiero empezar una o dos noches con un consultorio y más adelante, si la cosa va bien y te ves con ánimos, hablamos de otras secciones. -Entonces, ¿estoy contratado? -¿Contratado? Mañana mismo quiero ver propuestas para dos semanas. -Eso está hecho. Qué poco me gustan estos sitios. -Sí, y a mí. Se me ha hecho tardísimo, encima. ¿Dónde decías que estaba? --Pues, ahí, en el penúltimo. Ahí al fondo. Ah. Pitidos intermitentes. Pitido continuo. -¡No, por favor! No hace falta que tenga esto, señorita. -Se lo tiene que dejar puesto. No se lo puede quitar. ¡Sí puedo! Tony, estoy perfectamente. ¡Mire, es mi hijo y es abogado! -Llama al médico. ¿Tengo derecho a quitarme esto? -No está bien, túmbese. -Señorita. Perdone. Tiene derecho a pedir el alta voluntaria, por favor... -Usted será abogado pero esto es un hospital. Pido el alta voluntaria. -Espere a que llegue el médico. ¿Cómo? ¡Llevo toda la mañana esperando! -Relájate, papá. Estoy perfectamente. No me toque. No me toque. No me toque. -No le estoy tocando. ¡Sí, me está tocando! ¡Tranquilízate! -Por favor, túmbese. -Voy a llamar al médico. Estoy perfectamente, señorita. Que tengo 18/10. ¡18/10! Gracias, hija. -De nada, mamá. Cariño. -Sí. ¿Pasa algo con tu padre? -¿Con papá? No. Inés. Inés. Sabiendo que va a pasar el médico, es raro que no esté aquí. Y ayer, no pasó en todo el día. -No será nada, mamá. Hay que ver estas mesas, lo complicadas que son. Inés, hija. Dime la verdad. Muy buenas. -Mira. Aquí está. Hola, papá. Hola, hija. ¿Qué? Hola, cariño. Buenas. ¿Dónde estabas? Liado, como una peonza, un problema con las banderas. Toda la noche en vela. Bueno, he venido directamente, no me he cambiado ni de ropa. Estaba muy preocupada. ¿Preocupada, tú? ¿Por qué? Pues, porque pensé que te había pasado algo. ¿A mí? ¿Qué me va a pasar a mí? ¿Qué me va a pasar a mí? Guapa. Ayer pasó el médico. El doctor Muñoz. Joder. Qué habilidad tiene para pasar cuando yo no estoy. ¿Qué te dijo? Nada, en particular. Que todo va bien. Pues, claro, ¿cómo...? ¿Cómo que está bien todo? -Buenos días. -Bueno, si no les importa, tienen que salir un momento. Tengo que salir, Merche. No te vayas lejos. No, no. Estoy aquí fuera. -En seguida vendrá. -Disculpe. De parte del doctor Muñoz. Ha llamado preguntando por usted. ¡Ah! -¿Cómo estás? Bueno... ¿Qué es eso? Pues una nota del doctor Muñoz, quiere que pase a verle esta tarde, por su consulta. Igual te dice algo bueno, hijo. -Sí. ¿Usted cree? (SUSPIRANDO) Eso espero. ¿Y mamá, cómo está? -Está bien, abuela. ¿Qué te parece este? -Precioso. Por ese precio ya puede. Hasta ahí puedo llegar. Perdone, ¿puede enseñarnos este? -Desde luego, señor. Si quieren, pueden pasar al mostrador. Bueno y aquellos de allí también. -Carlos, ¿te has dado cuenta de que es un anillo de pedida? ¿Ah, sí? Bueno, pues mejor. ¿Qué pasa? (RÍE) Nada, que se me había pasado una cosa por la cabeza. ¿El qué? -¿No pensarás pedirle a Arantxa que se case contigo? ¿Y si lo estoy pensando? -¿En serio? Que no... Quiero decirle que venga a vivir conmigo, pero quiero hacerlo bien. (RÍE) -¿El anillo es para usted? (RIENDO) No... no. A ver. ¿Te lo puedo probar? (SUSPIRA) ¿Qué? (RÍE) Sí, queda bien. ¿Si Felipe no estuviera le pedirías a Arantxa que fuera a vivir contigo? Claro, ¿por qué lo dices? -Porque no soportas que esté con él. Parece que estés echando un pulso con Felipe. Y eso no es amor, Carlos, es sentido de la propiedad. ¿A ver este otro? Hum... -¿Y según tú qué tengo que hacer? -Pues hablar con ellos, Carlos. Decirles que esto no funciona, que lo mejor sería dejarlo los tres. Mira, Carlos: si te quiere, Arantxa querrá quedarse contigo. Con esto lo único que haces es forzarlo todo. Mira, es bonito este. Mira, Karina... Yo lo que quiero es dormir con ella todas las noches. Llegar a casa y que esté. Cuidarla y viajar con ella. Y no me apetece esperar, ¿a qué tengo que esperar? ¿A que vuelva con Felipe de dar la vuelta al mundo? No me apetece. -Perdón, no he podido evitar escucharles. Tratándose de eso, yo por un poquito más les puedo ofrecer uno de estos. -¡Ah! ¿A ver? Ah, pues sí, lánzate. Pero este no se lo compres, ¿eh? ¿Por qué? -Carlos, ya que te pones, cómprale este que es de oro blanco. -Antoñito. Hola, Desi, ¿qué tal? -Oye, ¿cómo está Mercedes? Pues ahí anda, Desi. -Oye, ¿tienes un momento? Ahora no, venía a cambiarme y asearme un poco. -Va a ser un instante. ¿Un momento? ¡Joder! -Yo seré un analfabeto político, pero esto está igual que la muestra. Vais a decir que parezco Franco, pero no se os puede dejar solos. -Aquí el amigo, que va empresario de Estandartes y Banderas. -Me preocupo por el pueblo. Desiderio, eso no lo duda nadie, pero de vez en cuando, ante determinadas decisiones, uno consulta. -Te iba a molestar a ti. Pues me molestas. -Pretendía ser una sorpresa. -¿Pero qué sorpresa, Desi? ¿Pero dónde estamos, en una empresa o en un roscón de reyes? -¿Ves como la tiene tomada conmigo? -¡Pues sí, coño! ¿Y sabes por qué? Porque encima te las quieres dar de buenecito. Si lo que querías era apuntarte un tanto ¡pues vienes y lo haces a la cara! Y no me vienes a dar clases de simbología política. A ver, que esto no es una escuela profesional, que es una empresa y si ha habido un error, ha habido un error. ¿Estamos? Y este hombre se ha matao a trabajar. -Aquí hemos trabajado todos. Ya, ya. ¿Y cuál es el problema que tenemos? ¿Que no llegamos al pedido? ¿Que nos hemos equivocado? -No llegamos. -Qué vamos a llegar. Pues hay que pedir disculpas, dar la cara ante el cliente. No, no, los dos. Dais la cara los dos. ¿Estamos? -Sí. Venga. Vamos a recoger esta mierda y a dar la cara. Venga, hala. Como pueden ver, hemos tenido un lamentable error de impresión. -¡Me cago en la hostia! -Pero si nos dan un poco más de tiempo se lo podremos solucionar. -Esto no es un error, es un insulto a la lucha de clases. -No, aquí no ha habido mala intención por nuestra parte. Y de insultos, nada. Ya les digo, con un par de días... podremos volver a fabricar las banderas a su gusto. -Bueno, si ustedes se apañaran con estas, les haríamos un descuento estupendo. Eh, ¿no? Total que si se mueven bien, no se nota la diferencia que está al otro lado. -¡Desi! -No queremos estas banderas ni regaladas, ahí se quedan. -Venga. (RESOPLA) Disculpen las molestias. -Y que conste que tomamos esto como una provocación estalinista. -¿Una provocación estalinista? Eh, oiga, ¿me está llamando estalinista? ¡A mí no me llama estalinista ni Dios! Estarás contento. -¿Eh? -Todo esto es por tu culpa. -¿Por mi culpa? -Por tu culpa. -¿Sabes qué? Que aquí os quedáis, tú y tu bandera comunista. ¡Estalinista! ¡Eh! -Todavía te... ¡Mierda de bandera! -Siéntese, por favor. Gracias. -Disculpe que no le ofrezca nada, los sábados no tengo servicio. -Ni enfermera, nada. Sé que intentó hablar conmigo después de la operación. Sí. -Y también ayer. No pudo ser, lo siento. He preferido hablar con usted en cuanto he sabido algo nuevo. ¿Tenemos los resultados de los análisis? -Sí. Ayer por la noche fui al hospital a ver a su mujer. Mi vida es un pequeño caos, pero créame, me preocupan mis pacientes. También pasé por el laboratorio. ¿Y? -Me temo que las muestras de tejido han dado positivo. El cáncer podría estar extendiéndose por el sistema linfático. Como ya le comenté después de la operación, habrá que radiar con la bomba de cobalto. Pero hay un nuevo tratamiento, un tratamiento complementario. ¿Y en qué consiste? -En dosis muy altas de ciclostáticos, para impedir que se reproduzcan las células cancerígenas. Se llama quimioterapia, de momento se administra en dos hospitales. ¿Y los resultados son buenos? -Sí. Pero tengo que advertirle que es un tratamiento experimental y muy agresivo, tiene muchos efectos secundarios. Pero en algunos tipos de cáncer funciona y eso es lo que importa. No sé por qué pensé que después de la operación ya habría pasado el grueso del problema. -Ármese de paciencia. Solo acaba de empezar. (EXPIRA) Música y charla de fondo. Buenas noches. -Hola, guapo. ¿Querría usted venir a cenar conmigo esta noche? -Oh, es que hoy no puede ser. ¿Mañana? Es que hoy he quedado con Felipe. ¿No puedes dejarlo? Me apetece estar contigo a solas. -¡Felipe! Escúchame, ¿lo de hoy no se puede cambiar? -Imposible, si le digo a mi madre que lo cancelamos, me mata. ¿A tu madre? -Sí. Tenemos que contarte una cosa. Ya. ¿Hay un viaje? -¿Cómo lo sabes? Eso da igual, el caso es que os vais los dos, ¿no? -Pues sí, por mí te vienes pero a mi madre no le hará gracia que te vengas de luna de miel con nosotros. ¿De qué? -Mi madre sabe lo de los tres, un día os vio liándoos y me montó un pollo que no veas. ¿Y? -Pues que dice que no puede ser, que no es normal y que es un escándalo, ya sabes, las cosas de mi madre. -El caso es que nos ha propuesto una solución. ¿Qué solución? -Que... quiere que Arantxa y yo nos casemos. Nos ofrece un piso y dos millones de pesetas. -Y el viaje. (LOS DOS RÍEN) -¿No te parece cojonudo? ¿El qué? -Carlos, que vamos a tener un pisazo, dos millones de pesetas, tenemos todo lo que tenemos ahora pero mejorado, macho. -Es que no va a cambiar nada. Bueno, algo sí, os vais a casar. -Qué dices, eso es paripé. Las fotos, la boda, el banquete... ¡Nada, de cara a la galería que es lo que le importa a mi madre! Pero de puertas a dentro, nosotros seguimos haciendo lo de siempre, pero mejor, con un pisazo y forrados de pasta, ¡tío! ¿Y tú has dicho que sí? (RÍE) ¡Claro! ¿Por qué iba a decir que no? -¡Joder, si es un chollo! -Además, Carlos es que unos papeles no van a cambiar nada de lo que tenemos. Va a ser mejor. ¿Qué te pasa? Me voy. -¡Carlos, hombre! -¿Entonces, qué? ¿Mañana cenamos o no? -No me digas que se ha enfadado. -Un poco. -Pero si se lo hemos dicho muy bien, joder. -Cecilia, eso ya lo hablamos antes de venirme. Ya lo sé, cariño, pero yo tengo que estar aquí, lo sabes de sobra. Sí, les he dicho que sí, ¿qué les voy a decir si lo necesito? ¿Pero cómo no voy a contar contigo, cariño? Precisamente mañana voy a mirar pisos para alquilar. ¡Cecilia...! ¡Cecilia! (CUELGA ENFADADO) ¡Lo que faltaba! -¿Se ha cabreado? -Sí, bastante. -Hombre, yo la entiendo. -Pues será por solidaridad femenina. -No, Tony, si es que es normal. -¿Porque quiera estar con mi familia en un momento así? -¡Si mamá se va a poner bien! No creo que sea tan grave como para que te tengas que trasladar desde Roma a Madrid. Otra cosa sería... -¿Qué? -Pues que no estuvierais bien, pero dicho así suena a excusa. Es normal que se cabree. -Mira, Inés... al margen de como estemos Cecilia y yo, mamá no está bien. Y no va a estar bien, va a estar peor. -Le van a poner un tratamiento. -No sabemos cómo le va a ir, puede ir bien o puede ir mal, lo único que sabemos es que tiene muchos efectos secundarios. Y lo único que podemos hacer es estar ahí, con ella y con papá. -Bueno, no nos vamos a poner alarmistas, ¿eh? Que con esa actitud no se va a ningún lado. ¡Hola, Paco, ponme un cubalibre! -Venga. -¿Cómo ha ido? ¡Se casan! -¿Cómo? Lo del viaje era lo de menos, la madre de Felipe les da un piso y dos millones de pesetas. -¿Y a Arantxa le parece bien? Dice que nada cambia, que todo sigue igual. -Bueno, pues nada, si ella lo dice, será verdad. Karina, que no te enteras, que te digo que se casan. -Carlos, el que no te enteras de nada eres tú. Así que deja de montarte castillos en el aire, Arantxa no te quiere. O te quiere a su manera, sea la que sea. En el fondo no la tragas, ¿no? -¿Qué fondo? Si yo no la conozco. Pero desde que te dije que quería vivir con ella estás muy borde. -Pero no por ella, por ti. Si es que se veía venir. ¿Por qué? -Porque ese rollo que os traéis es muy raro, empezando por ti. Y vale, sí, que te han dado la patada, pero es que eso es lo que querías hacerle a tu amigo Felipe. O sea que la culpa la tengo yo, genial, Karina. -Mira, Carlos, si lo que buscas es alguien con quien pagarla, ¡te puedes ir a la mierda! Qué buena amiga, vengo hundido y me pones verde, ¡joder! -No, precisamente porque soy tu amiga te digo las cosas como son. Y mira, en el fondo Arantxa y Felipe te están haciendo un favor. Un favor cojonudo. -¡Mira, guapo...! Si estos dos se prestan a esto, es que son tal para cual, así que yo que tú cuanto más lejos, mejor. Pero vamos a ver. ¡Karina! Puerta cerrándose. Ya estoy aquí. Me has dejado sola todo el día otra vez. ¿Has hablado con el médico? Me ha dicho que ha salido todo bien, que vamos a seguir el tratamiento, pero solo para estar seguros. Ven aquí. No quiero más mentiras. No quiero más sorpresas, ¿me oyes? Quiero saber cómo estoy. Cómo estoy de verdad. Los análisis no han salido bien. ¿Eso quiere decir que puedo tener otro tumor en el cuerpo? Eh... Parece que sí. Te van a hacer un tratamiento nuevo que da muy buenos resultados. Pero tiene muchos efectos secundarios, muchos. No te preocupes. No me voy a morir. Ruido de cubiertos. (TOSE) (NARRA) Aquel domingo, como de costumbre nos juntamos en casa a comer paella. Comimos rápido y en silencio. Faltaba la alegría y el alma de la casa, mi madre.

Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 230

12 ene 2012

Primavera de 1980. La operación de Mercedes tiene a toda la familia más unida que nunca. Todos se organizan como pueden para ocuparse de la casa y no dejar sola a Merche. Antonio, que estos días está más nervioso que de costumbre, no entiende por qué el médico que ha estado tratando a su mujer ni se ha pasado por el hospital así que acaba explotando.

Toni regresa de Roma para la operación y, de momento, ha decidido quedarse aquí una temporada hasta que su madre se recupere. Necesita encontrar un trabajo así que decide ponerse en contacto con Gallardo, su anterior jefe del periódico.

Mientras, Carlos está preocupado por su madre y espera que se recupere pronto. A esto se une el hecho de que Arancha y Felipe últimamente se comportan de manera diferente. Lo que no sabía Carlos es que ambos están tramando algo sin contar con él.

Por su parte, Inés parece ser la única que tiene una actitud positiva con respecto a la operación de su madre. Está convencida de que está bien y se va a recuperar sin problemas. 

 

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  1. Mar

    A mi también me cae d la patada la poquita.

    03 may 2012
  2. Alejandra Ceconi

    Hola EspaÑa. Soy de Argentina y veo la serie hace dos aÑos ya este seria el tercero pero lo veo los domingos a las 10 pm. Y me perdi el cambio de horario o no se que paso ya que varios domingos no la veo. Felicitaciones por la serie y por los actores que son de maravillas. Realmente me gusta mucho y no quisiera perderme nada. Un abrazo.

    05 mar 2012
  3. Elizabeth

    cuando va a salir el capitulo 234 ya se tardaron mucho....mmmm

    01 mar 2012
  4. maria

    QUE MAL ME CAE PAQUITAAAAAAAAA

    22 ene 2012
  5. Cris

    A mi me encanta la serie y me aficionado a ella por internet, veía los capítulos en HD tve y ahora no me pierdo ni uno, llevo un par de semanas que no paro con el ordenador...lástima que en ocasiones no pueda disfrutar del capítulo seguido ya que hay muchas veces que se para...pero es fantástica

    22 ene 2012
  6. Trann

    Es muy raro que en estas epocas una serie logre transmitir sentiemientos de la forma en la que lo esta haciendo esta exelente serie. Saludos desde Mexico D.F.

    22 ene 2012
  7. Esteban

    Hola a todos. Escribo desde San José, Costa Rica. He seguido Cuentame desde hace tres temporadas, veo mucho TVE, creo que es de lo mejor que existe en la televisión. Esta es la primera vez que escribo en un foro de esta naturaleza. Mi madre falleció producto de cáncer de mama hace doce años; luchamos día a día con la enfermedad por más de cinco años. Me ha dejado perplejo la forma con que han retratado en este capítulo la situación de Mercedes. Pese a que la serie se ubica a inicios de los ochenta, verla fue como contar mi propia historia acacecida quince años después a mediados de los 90's. Ver este capitulo fue como si yo lo hubiese escrito y me ha emocionado profundamente. Quiero felicitar a todo el elenco, a los escritores, a la producción y a la dirección. Sigan adelante.

    21 ene 2012
  8. Avatar de Gutiedacutie Gutiedacutie

    Lo unico que no me ha gustado es la musica no hacia falta que fuera tan dramatica.

    19 ene 2012
  9. Jacinto

    japonespain, si hay verdad en tu comentario como esta colgado aqui, o sea tu adversidad al PP nada que ver con la realidad, prueba contundente aunque opinas en contra del PP en vano, aun asi publicaron tu comentario, o sea te has equivocado porque la serie seguira por siglos de los siglos, te has armado solo y solito una conspiracion a margen de fabula inexistente. Cuentame jamas se acabara y a otra cosa mariposa.

    18 ene 2012
  10. japonespain

    Chari Ramirez. No estes tan segura de que la serie no se acaba. Hace años, desde que en la serie murio Franco, que el PP ha manifestado sus protestas de que la serie siguiera, que han dicho que no querian ni creian conveniente que entrara en la democracia y que se hablara de la epoca socialista. Casualmente justo antes de las elecciones, Mercedes se encuentra el bulto y nos dejan en la duda de si es bueno o malo (estoy seguro de que si hubiera ganado el Psoe hubiera sido un quistecillo de grasa y ya esta. En cuanto ganan las elecciones se convierte en cancer, la operan y hay metastasis. Ahora supongo que depende de como se porte la productora, si hacen lo que diga el PP (y Antonio, una vez desaparecida UCD se hace del PP) es posible que siga, si se hace del Psoe o hablan bien de Gonzalez Mercedes no se curara y la serie se acabo. Ya se vera, espero equivocarme pero....lo primero que pense cuando gano el PP fue "Ostras, se acabo Cuentame"

    17 ene 2012
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