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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 229

Cuéntame cómo te ha ido en tu viajar por ese mundo de amor. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido... Cuéntame si has conocido la felicidad. Háblame... Cocinar, planchar, limpiar la casa, cuidar de los niños y el marido... Recién estrenada la década de los 80 podíamos decir que durante generaciones esas habían sido las principales tareas de las españolas, a las que en los últimos tiempos habían añadido otro trabajo fuera del hogar. En marzo de 1980, como todos los meses de marzo desde hacía 70 años, el mundo entero estaba a punto de celebrar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en el que mujeres de todo tipo y condición tenían pensado manifestarse en defensa de sus derechos y reivindicaciones. (TV) -Tiene el balón el Barcelona, Carrasco. Carrasco para Roberto, sigue Roberto, intenta jugar con Simonsen, ha despejado Camacho. Sin embargo, la mayoría de los españoles, al menos los de género masculino, estaban más preocupados por otra cosa: un Barça-Madrid que iba a marcar el destino de la Liga de aquel año. -Es muy bonito... (TV) -0 a 0 en el marcador entre el Barcelona y el Real Madrid. Contraataca el equipo blanco, juega Roberto Martínez por la banda derecha, centro de Roberto Martínez al área, salta Santillana, Santillana se lo deja a García Hernández... ¡Gol! -¡Toma! -¡Me cago en todos lo blancos! -Si está en fuera de juego. -¿Pero qué dices? No tienes ni idea, hombre. Te lo dije, marcamos antes del descanso. -Claro que sí. -Hay que ver qué pesaditos se ponen con el fútbol. -Y que lo digas. -Cada vez lo aguanto menos. Cuando hay partido estoy deseando que se acabe y se vayan a su casa. -Que se vayan. (TV) -Tiene la pelota Carrasco, juega para Asensi, Asensi, se cruza Camacho, el balón golpea en Pirri, corner. -Chico, alegra esa cara, que ha marcado tu equipo. ¿Te pasa algo? A mí nada. -Pues cambia la cara que parece que te ha picado un alacrán. -Mira a quién tenemos aquí, a la taxista. Me cago en la leche, esta viene aquí a provocarnos. -Ramón, hombre, por favor, que no será para tanto. -¿Que no? -No. -Coño, peo si es Mercedes. Anótame esta ronda, Miguel. -Descuida. -Oye, Antonio, dile a tu mujer que no se vaya con la competencia. -Ahí vamos, ahí vamos, ahí vamos. ¿Cómo es que llegas a estas horas? Pues que he ido a enseñar un piso al centro. -Perdona, no tengo cambio, ¿tiene un billete más pequeño? No, lo siento. Yo tampoco. En el bar se lo cambian. -Vale. -Menuda cuadrilla. -Escuece, eh, escuece. -¿Quieres dejarle en paz? -¿No somos nadie, eh, don Miguel? -Sobre todo tú. -Hola, buenas noches. -Buenas noches. -Por favor, ¿me puede cambiar este billete de 500 que me he quedado sin monedas? -Claro. -No tenemos cambio, señora. -Ramón. -¿Cómo que no tenemos cambio? -Que aquí no hacemos el juego a la competencia. Que se marche por donde ha venido. -Será posible. Hazme el favor de decirle algo. -¿Qué me vas a decir? -¿Que qué te pasa en la cabeza? ¿Y esa bolsa? He comprado unos zapatos para María que se le han quedado todos pequeños. Por el amor de Dios, que no tienes comprarle tú los zapatos de María, que no puedes estar todo el día para arriba y para abajo, no son horas de llegar, tienes que descansar. Pero si estoy bien. ¿Estás bien? Perfectamente. -El taxi es un gremio de hombres, Miguel, de hombres. -Señorita, disculpe usted, es que es un taxista chapado a la antigua y además es del Madrid. Ramón, que aquí todos somos compañeros. -¿Compañeros? -Sí, señor, y hay que arrimar el hombro. -Venga, hombre, compañeros. -Compañeros, que parece que no entiendes la palabra, bien clarito está. -Desde luego, aquí tiene. -Gracias. -Buenas noches. -Adiós. -Gracias a usted. Desde luego, como vuelvas a hacer algo parecido te enteras. -No, la que no se entera eres tú, que esa viene a quitarnos el trabajo a mí y a tu Miguelón. -¿Te quieres callar? ¿20 000 taxistas en esta ciudad y ahora resulta que es esta la que viene a quitarnos el trabajo? Será posible. -Desde luego, cada día estás peor. -Muchas gracias. -Aquí tiene. Gracias. Adiós, buenas noches. Yo no sé a qué esperas a hablar con Tomás y pedirle la baja. Me va a dar la baja pero cuando el médico diga cuándo me opera. Mientras tanto estate un poquito quieta, te mueves más que la lengua de un jilguero. Que la lengua de un jilguero. ¿Qué hacíais en el bar? Pues viendo el fútbol, va ganando el Madrid. ¿El Madrid? Sí. Vaya por Dios. ¿Cómo que "vaya por Dios"? No, porque Tomás es del Barcelona. Anda, madre. (SE RÍE) Bueno, y yo soy del Albacete de toda la vida. Bueno, sí, joder y yo también. -Dos güisquis cola y un vodka limón. -Carlos, toma, tío, que si no se me va a olvidar. Doctor Uribe, ginecólogo. ¿Y esto? -Me ha dicho mi madre que es el mejor de toda Madrid. ¿Se lo has contado a tu madre? -¿No te importa, no? Me ha dicho que si llamáis de su parte os atienden enseguida. Gracias, no hace falta, mi padre lo ha arreglado todo, la operan en el Hospital de Moncloa. -¿Eso no es público? Es donde tienen los mejores medios. -No sé, tendrán lista de espera y... Nos van a dar fecha muy pronto, vamos por lo privado. -Chicos, dos güisquis. Oye, Arancha, tú de lo de mi madre, ¿no le habrás dicho nada a nadie? -¿Yo? No. -¿Por qué no quieres que digamos nada? La gente es muy pesada y no me quiero que le den el coñazo, no se lo hemos dicho ni a mis tíos. -Tiene razón, es mejor que se quede en casa. Ya verás lo que tarda tu madre en ir al barrio. -Tranquilo que hablo con ella para que no meta la pata. -¿Qué pasa con los cubatas? Perdona. (TV) -Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, que este año centra sus reivindicaciones en la igualdad salarial, mañana se emite un reportaje especial en el que... -¿Cómo ponen este pestiño en el descanso? -Que no oigo. (TV) -Según las últimas estadísticas, se calcula que una mujer gana aproximadamente un 30 por ciento menos que un hombre desempeñando el mismo empleo y con el mismo horario. -Nos ha fastidiado, sólo faltaría que encima de quitarnos el trabajo ganasen lo mismo. -Ramón, cállate que al final te la vas a ganar. -Pero si tengo razón. En la obra, trabajando de albañil, ¿cómo va a ganar lo mismo una mujer que un hombre si no puede levantar ni la mitad de peso? -Eso no tiene nada que ver. -En ese caso concreto... -Vaya, ¿tú también? -¿Cómo que yo también? Lo que pasa es que hay trabajos y trabajos. -¿Queréis dejar de pelearos? Y tú deja de decir tonterías que parece que acabas de salir de la caverna. -¿Pero qué taberna? -La caverna, Ramón, no la taberna. -Aquí lo que hay, y te lo digo clarito, es que la mujer en lugar de ir trabajando por ahí debería quedarse en su casa. -¡Claro que sí! Desde luego, eres un cafre. -Ramón, cómo vuelvas a abrir la boca esta vez te la ganas. -¿Pero tú también, Paquita? Parece mentira que no le conozcas, déjale en paz. -Que no le defiendas. -Si yo no lo defiendo. -Pues claro que sí, madrastra, ¡sois todos unos machistas! Y que sepáis que mañana hay manifestación en todo el mundo por la igualdad de la mujer. -¿Igualdad? Si estamos rodeados de marimachos. -Ya está, se acabó, a la calle. -Pero, Paquita, por favor. -¡Que me tenéis harta! ¡A la calle, venga, los dos! -¡Paquita! -¿Me echas? -Claro que te echo, a ti y a ti, ¡fuera! -¿Yo qué he hecho? -¿Tú? Ponerte de su parte. -A lo mejor no vuelvo. -Anda, os lo tenéis bien merecido, por machistas. -Por favor. -Vamos. -No puedes echar a la gente así, son mis amigos y son clientes. -¡Que te calles o te echo a ti también! -¿A mí? -Échales, Paco. -Ya habéis oído a la jefa, fuera. -Dejarme sin Madrid no te lo perdono. -Mañana en este bistró se va a celebrar el Día Internacional de la Mujer esa, y sin ningún hombre, ¿a quedado claro? -¡Mañana libro, sin hombres! -¡Eso, fiesta de chicas! -Eso es. -Si queréis puedo llamar a un "estriptista" que conozco. -¿Un trapecista? -Un "estriptista", un chico que se quita la ropa y hacemos como en California, que un hombre se ha desnudado delante de las feministas por la igualdad. -¿Ah, sí? -¿Pero tú estás mal de la cabeza? ¿Qué pretendes, traer un hombre para que se desnude en mi bar? Por encima de mi cadáver. -Miguel... -No nos des ideas. Vamos a preparar lo de mañana, venga. -Muy bien, muy bien. -¿"Muy bien, muy bien"? ¿Tú con quién estás, conmigo o contra mí? -Yo con usted, con la jefa. Aquel día en que el Madrid terminó sentenciando la Liga al ganar por 2-0 en el Nou Camp, en San Genaro se encendió una mecha de reivindicación entre las mujeres del barrio que haría temblar a más de uno. -Claro, pero uno no lo sabe, uno llega aquí y no lo sabe. Hombre, Froilán. -Hombre, buenos días. Pareces Eliot Ness, el de "Los intocables". -¿Pero qué cosas dices, Antonio, por favor? Deme el Ya, Sagrario. -Son 50 pesetas. No, serán 25. -No, es un impuesto para hombres. -Si los hombres ganan más que las mujeres, tendrán que pagar más por las cosas, vamos, digo yo. ¿Pero qué dice usted, Sagrario? -50 pesetas o nada. Hala. -Así está la cosa. Pues nada, 50 pesetas con la bobada. Adiós. -Adiós, Antonio. Pero vamos a ver, vamos a ver, Sagrario, ¿usted se cree que somos millonarios? ¿Cuánto cree usted que cobra un párroco? -Seguro que más que una mujer. -Bueno, pero las mujeres no dan misa. -Peor me lo pone, padre. A ver, ¿por qué no va a poder dar misa una mujer, eh? Las mujeres pueden hacer los mismos trabajos que los hombres. -Sí, pero es que es la ley de la Iglesia. -¿Ah, sí? Pues aquí tenemos la ley del quiosco. ¿Le ha quedado claro? -Sí, hija, muy claro, gracias. 1000 millones de mujeres toman las calles para reclamar sus derechos. ¡Atención, ha salido ya! -¿Has visto la que me tiene preparada Paquita? "Fiesta de la mujer trabajadora", pues nada, para hacer un poco de caja. -¿Caja? ¿Pero qué caja, si piensa invitar a todo el mundo? ¿Que va a invitar a todos? -Bueno, no, miento, a todo el mundo no, sólo a las mujeres, los hombres estamos vetados. La loba te tiene muy poco respeto. -Sí, hombre, sí, tú encima hurga un poquito más en la herida. Voy a pasarme por el centro, vete luego a la tienda que tenemos que doblar las banderas del Madrid para Ramón. -Antonio, yo las banderas del Madrid ni tocarlas. No, tocarlas no, Miguel, doblarlas. Anda, cóbrame. -Déjalo, déjalo, sería la primera vez que pagas aquí. Pues invita el Madrid. -No, el Athletic. ¿Qué va a invitar el Athletic?, invita el Madrid. -El Athletic, tira. (SE RÍE) -Tira. ¿Qué le pasa a Ayala? -Le pasa que tiene el pelo largo y ha descubierto la noche madrileña, no te digo más. -Que no, Clarita, que no puede ser. -¿Pero por qué no? Dame sólo una buena razón. -Porque no, cariño, qué más quisiera yo que poderte subir el sueldo, pero la empresa se está consolidando y no podemos subirle el sueldo a todo el mundo. -A todo el mundo no, canijo, a mí. -Si te lo subimos a ti todo el mundo va a venir a por más, ¿entiendes? Yo todavía, pero Antonio y Miguel por esa no tragan, lo sabré yo. -Yo lo único que sé es que si fuese un hombre me estaríais pagando más. -Y dale. -¿Sabes lo que te digo? Que sois unos machistas, sí, señor, unos machistas explotadores. Y tú el primero. -Bueno, mira, Clarita, me tengo que marchar. -Sí, claro, tú con quitarte de en medio lo arreglas todo, ¿no? -Que me tengo que ir a recoger unas telas. (DESI SUSPIRA) Clara, por favor, ten un poco de paciencia, espera unos meses y luego lo hablamos. Cariño, desde luego, se te está poniendo un carácter la mar de avinagrado. Portazo. -Y más que se me va a avinagrar. ¿Tú no tenías clase hoy? -Bueno, sí, pero me he dado el día libre. Si quieres podemos hacer algo. ¿Cómo qué? (SE RÍE) -Si quieres podemos ir a dar una vuelta, o ir al cine a ver una de esas películas horribles de las que a ti te gustan. (SE RÍE) "Horribles" te refieres a buenas, ¿no? (SE RÍEN) O también podemos quedarnos aquí tumbados todo el día. Ah, mira. Espera, ¿qué hora es? -Pues son casi las doce. Oh, mierda, me tengo que ir al bar. -¿Ahora? Sí, he quedado con el repartidor de la bebida. -Pues tú te lo pierdes. Que no, hombre, espérame aquí y ahora vuelvo en un momento. Teléfono. Arancha, ¿puedes coger tú el teléfono, por favor? -Sí, ya voy. Teléfono. ¿Dígame? -¿Está Carlos? -¿De parte de quién? -Karina. -Ah... Mira, es que ahora no se puede poner, ¿pero quieres que le diga algo? -Bueno, sí, dile que si quiere que me llame en un rato, que ahora tengo que salir y que un beso muy fuerte para él y para su madre. -¿Te ha contado lo de su madre? -Sí, claro. A ver si todo sale bien. -Sí, sí, claro. -Pues nada, adiós. -Adiós. Será posible. Víctor, ¿tú has visto dónde está la documentación de la promoción de Las Rozas? -La estuvo mirando Tomás ayer, igual la puso en esa estantería. No me lo puedo creer. -¿Lo has encontrado? Sí, sí, lo he encontrado. -Buenos días. -Buenos días. -Hola, Víctor, ¿qué tal, todo bien? -Bien. -Hola, Mercedes. Tenemos que hablar un momento. -Claro, tú dirás. De la promoción de Las Rozas. -Pasa a mi despacho, por favor. Sí. -Bueno, a ver. Tenemos un problema porque no están cumpliendo los plazos de entrega. -Esta gente son unos informales, estoy un poco harto. Habrá que hablar con ellos porque no es la prime... Mira, aquí está, 42 000. ¿Y esto? Esto son las nóminas de los empleados. -Sí, ya sé que son las nóminas, ¿de dónde las has sacado? Estaban en el archivador. -Gracias, las dejé allí por error, supongo. Me gustaría saber por qué Víctor cobra 10 000 pesetas más que yo en el salario base? -Sí, supongo que sí. Porque sí, Mercedes, porque las cosas son así, ¿qué quieres que te diga? ¿Cómo que son así? -Pues que son así, que... Que los hombres rinden más. ¿Disculpa? -No te enfades ahora, no te lo tomes a mal, mujer, es algo que sabe todo el mundo. Pero... -Las mujeres tenéis otro ritmo, os embarazáis, tenéis que cuidar de la casa, etcétera; tenéis otra disponibilidad. Mira tú ahora, ¿no dices que tienes que pedirte una baja para operarte? Eso es una cosa puntual, tendrás tú alguna queja de mi disponibilidad. -No. Sin ir más lejos, ayer por la noche, ¿sabes a qué hora llegué a casa mientras tú veías el fútbol con Víctor? A las diez de la noche. No tienes ninguna razón. Además, yo vendo más pisos que él. -Y por tanto te llevas más comisión, al final cobras más que él, no sé de qué te quejas. No, porque juego en desventaja. Yo vendo más pisos pero él tiene mayor salario base. -Estás un poco alterada hoy, ¿qué pasa, que estás en esos días o qué? ¿En esos días de qué? -Del periodo, Mercedes, te pregunto si tienes el periodo. Lo que me faltaba por oír. Te voy a decir una cosa. -Dime. O me subes el sueldo... O voy a tomar medidas. -¿Medidas, qué medidas? Pues hacer una huelga, por ejemplo. -Venga, va, Mercedes, no me seas ridícula. "No me seas ridícula", el ridículo eres tú. -Mercedes. Mercedes. Joder. ¿Me puedes echar estas cartas al buzón? Hasta el lunes. A decir verdad, aquella no sería la primera ni la última vez que mi madre se topase de bruces con el machismo imperante en la sociedad española. El de el trabajo y los negocios era considerado un mundo de hombres y mi madre había tenido oportunidad de comprobarlo en multitud de ocasiones. Nos habíamos planteado la posibilidad de incorporar una especie de socio capitalista. -Yo no tengo otra cosa que hacer que soltar dinero en una tienda de faldas. ¿Quieren que les de un consejo? No, francamente no. -Pues se lo voy a dar gratis. Las mujeres no sirven para los negocios, sólo sirven para gastar. Incluso muchas veces, por no decir la mayoría, mi madre había encontrado al enemigo en casa. Está más claro que el agua. ¿No te das cuenta que si esto sale bien vamos a vivir como unos señores? Yo no quiero, Merche. Pensándolo bien no me gusta que seas tú la que gane el dinero. El dinero lo tengo que ganar yo, como toda la vida, no es tan difícil de entender. -¿Quieres trabajar para nosotros? ¿Pero qué quieres decir, en política? -Un puesto técnico, de gestión. Fíjate que yo no lo veo, a lo mejor es una idea muy buena... Espera un momento. Déjame que termine, luego continúas tú. Te estaba diciendo que creo que es una idea muy buena pero que a lo mejor no es el momento adecuado, ¿entiendes? Ya puedes decir lo tuyo. Seguramente es que tiene razón Antonio, no es el momento. ¿Qué es eso de dar ideas a la mujer del prójimo sin preguntar antes? ¿Qué pasa, que no se me pueden dar ideas sin tu permiso? Vaya, hombre. Te pongas cómo te pongas, eso no se hace así. Mira, mira, porque soy cómo soy, y porque te tengo mucho respeto, pero, vamos, he estado a esto de preguntarte qué era esa tontería de que no es el momento. ¿Momento para quién? Pues muchísimas gracias, pero no es ninguna tontería. O sea, que a mí no me pueden ofrecer un trabajo porque lo haga bien, no, sólo porque quieren exhibirme como un florero. Por lo primero sí, pero por lo segundo también. Si estuvieras celoso por lo menos me haría gracia. ¿Pero qué voy a estar yo celoso? ¿Tú estás tonta o qué? ¿Sabes lo que eres? ¿Yo, qué? A ver, ¿qué? Un cretino. Como tantas mujeres de su generación, mi madre fue una pionera casi sin proponérselo, una superwoman, que diríamos ahora. Pese a los obstáculos, estaba decidida a ampliar su horizontes trabajando fuera de casa, he incluso estudiando una carrera. pero claro, todo ello sin dejar por un instante, el que para muchos, era el único trabajo digno de la mujer, es decir, sus labores. Mi madre siempre estaba ahí, aún hoy, cuando pienso en ella recuerdo cómo se ocupaba de mí cuando de pequeño me ponía enfermo o cómo intentaba por todos los medios mantener la paz familiar. ¡Imbécil, eso es lo que haces siempre, largarte, coño! Antonio, por Dios, ya está bien. Antonio por Dios, ni Antonio por Dios. Déjame, Merche, a ver, ¿cómo se dice...? ¿Qué te has puesto en la oreja, hijo? ¿Qué pasa, papá? Eso mismo digo yo, ¿qué es lo que te pasa a ti? Yo no digo que lo sea, pero que lo parece, te lo digo yo. Es una cosa de moda, se lo va a quitar, te lo digo yo, en una semana se ha cansado. ¿Cómo voy a aguantar una semana? No aguanto ni un día. -"Mujer ideal", 3, 4, 7“. Acción. Mmm... Yo intento escaparme antes de mi trabajo para hacerle los guisos que le gustan a mi marido porque mi trabajo es muy importante, pero lo primero, lo primero es mi marido. Junto a mi padre las había pasado canutas muchas veces, y siempre se las ingeniaba para tirar de él y salir adelante. Lo único que hemos perdido es dinero, sólo eso, dinero, pero empezaremos de nuevo. ¿Cómo vamos a empezar, Merche? (SUSPIRA) Ya no tengo la imprenta, no tengo trabajo, Ministerio... No tengo nada. Pues encontraremos algo porque no estás solo, me tiene a mí y a tus hijos, a tu familia, y gracias a Dios estamos todos bien. Mi madre era el pilar de la familia, he incluso en más de una ocasión su mayor sustento económico y sabía qué era lo mejor para ella y los suyos dentro y fuera de casa. Pero en marzo de 1980, mi madre había decidido plantarse de una vez por todas, al menos en el terreno laboral. Que si estoy en esos días, será posible, imbécil. -Pues chicas, yo qué queréis que os diga, a mí lo de la fiesta esa de las mujeres me parece una patochada. -Pues no venga usted. -¿Yo? Si no pensaba ir. -Mi marido me ha dicho que no me deja ir. -Anda. -¿Y usted qué le ha dicho? -Que la semana que viene plancha él. -Pues muy bien hecho. -A saber si encuentra la plancha, esa es otra. -Hola, chicas. -Hola. -Hola. -Hola. -¿Qué os parece? -Ah... -Hala, qué guapa. -Mírala. -¿Os gusta? -Sí, ¿pero tú dónde te has comprado ese vestido tan...? -Pero bueno, ¿eso es un vestido o un picardías? -Me lo he comprado en mi último viaje a París. ¿A que es bonito? Me lo voy a poner esta noche. -¿Ah, sí? Ay, pues a ver si tengo tiempo y me compro otro. -Paqui, no me habías dicho que había que ir arreglada. -Tú ves cómo quieras. -Lo que pasa es que como no venían chicos, pues digo: "Qué más da". -A ti lo que te pasa es que estás alineada por los hombres. -¿Que yo estoy alineada? -Sí, te tienes que arreglar para gustarte a ti misma, no para gustar a los chicos. -Así se hablar, compañera. -Eso es lo que digo siempre, pero si hay chicos mejor. -Ya era hora de que las mujeres nos liberáramos. (SE RÍE) -¿A su edad, Sagrario? A buenas horas, mangas verdes. -A usted lo que le pasa, Josefina, es que es una envidiosa. -Anda, mira, hija, vuélvete a Francia. -Oiga, Josefina. -¿Qué pasa? -Que vaya pico tiene. -A ver, un respeto a las personas mayores, eh. -Cariño, ¿ahora también fumas? -Pues mira, sí, ¿qué pasa, me lo vas a prohibir? Teléfono. -Ay. Teléfono. ¿No coges el teléfono? -Cógelo tú, total, por la miseria que me pagáis. (DESI SUSPIRA) -¿Sí, dígame? Un momento, por favor. ¿Me puedes decir, por favor, si está Antonio o eso tampoco entra dentro de tu sueldo? -Está abajo, reunido. -Ahora mismo no se puede poner, pero si quiere me deja el recado y yo tomo nota. Ramón, ¿tú no irás a revender luego enfrente del Bernabeu estas banderas para hacer negocio a nuestra espaldas, no? -Capaz, Antonio. -Son para la peña del Madrid, para celebrar la Liga por todo lo alto. -Celebrarlo por todo lo alto, que me vea yo doblando banderas del Madrid, a quién se le diga no se lo cree. -¿Qué, se lo has dicho ya a Antonio? ¿El qué? -Que esta noche nos vamos de picos pardos, mi menda, Desi, tu hermano y tú. -Que no insistas, yo no voy a ningún lado, yo me quedo en mi casa cuidando a mis hijas. -Mira que eres calzonazos, o sea, Paquita sí puede ir a la fiesta de mujeres del bar y tú te tienes que ir a casa a preparar biberones. -¿Qué tendrá que ver? Yo me quedo cuidando a mis hijas porque entre otras cosas, son mis hijas. -Hay que tener carácter. -¿Carácter? Déjame en paz, vete a tus peñas merengues y me dejes tranquilo. -¿Contigo contamos, no? Conmigo no. -¿Y eso? Porque tengo otros planes con Merche. -Otro que tal baila. Otro que tal baila, no, si yo no voy de juerga es porque no me da la gana, yo no soy como este. -¿Ah, sí, y cómo soy yo, si puede saberse? Tú eres como eres, te gusta eso de cuidar a las niñas y crees en la igualdad. Los que tienen que ser iguales son los hombres, a ver si te enteras. -Ahí le has dado. -¿Tú te estás oyendo? No porque generalmente no me escucho. -A lo mejor ese es tu problema. ¿Tú has cambiado alguna vez pañales? -Yo no. Yo tampoco, pero mi hermano sí. -Pues sí, he cambiado muchos, ¿y sabes por qué no has cambiado pañales? Porque no has tenido hijos, y si no has tenido hijos a lo mejor es porque no... -Qué mala es la envidia. -¿Mala la envidia? ¿Y a ti qué te pasa, quieres juerga? Qué sabrás tú dónde hay juerga. -Yo sé dónde hay una juerga, pero juerga de primera Os vais a enterar de lo que vale un peine. -Así me gusta oírte. -Bueno, ¿y tú qué haces? Pues yo, subirme para arriba contigo y me pagas el albarán. Que son 20 000. -Bueno, me harás un descuento, ¿no? El descuento ya está hecho. -¿Cómo que está hecho? Claro, ya te he hecho un descuento. -Hay que contabilizarlo. Aquí tienes el albarán de lo de Ramón. -Muy bien. Por cierto, acaban de llamar de Standard Liége, que no sé qué historia de unos banderines, que les llames. Sí, sí. -Antonio, en cuanto me liquiden te pago, eh. Tú o te vayas a rajar. -Que sí, hala, dale. -¡Hala Madrid, Hala Madrid! -Que no grites "¡Hala Madrid!" en mi casa, que me tienes harto. -Antonio, ¿tienes un momento? Sí, dime. -Miguel, tú también. -¿Qué pasa? -Lo he estado pensando muy bien y creo que me merezco un aumento de sueldo. ¿Un aumento de sueldo? -¿Qué pasa aquí? -A ver, esto no es cosa mía. Cariño, ¿no habíamos quedado que era muy pronto para pedir un aumento? Sólo llevas dos meses. -Por eso, ya he pasado el periodo de pruebas. Me he estado informando, si fuera un hombre me pagaríais un 30 por ciento más. -¿Cómo? No creo yo que sea el momento para andar pidiendo un aumento de un 30 por ciento. Clara, ¿tú cuánto quieres ganar? -8000 pesetas más. A mí me parece estupendo, ¿a ti qué te parece, Miguel? -¿Yo qué voy a decir? Yo estoy en contra de quedarme con la plusvalía de los trabajadores. ¿Y tú? -Yo no sé, chico. Ah, no sabes, pues entonces, dos votos a favor y el tuyo en contra. Anda, hacedle el contrato, que yo tengo cosas que hacer. -Muchísimas gracias, Antonio. También tú, negarte al aumento de tu mujer. -Vamos a empezar con el formulario. ¡Merche! -No me lo puedo creer, eres el único que ha votado en contra. -Un momento, yo no he votado en contra. -¿Cómo que no has votado en contra? -Un poquito. Hola. Hola. Vengo... De verdad. He hablado con el médico, Merche. ¿Y qué te ha dicho? Pues nada, que te operan el jueves de la semana que viene. ¿Tan pronto? Dile a Tomás que te de la baja. No me hables de Tomás que estoy de él hasta la coronilla. ¿Qué ha pasado? Por la baja no es problema. -¡Tía! Ahora te cuento. Hola, hija. -Hola. Qué guapa. -Gracias, es que tenemos una fiesta esta tarde en el bar, ¿se ha enterado? Sí, algo he oído, sí. -Bueno, pues cuento con usted. ¿Conmigo? -Claro. Pues no sé si voy a poder ir. -Pero si lo vamos a pasar estupendamente, tía. Ya. -¿Sabe lo que dice Françoise? Que va a llamar a un chico de esos que se desnudan. ¿Ah, sí? Joder, qué interesante. Pues lo siento mucho, pero no voy a poder ir, de verdad, que tengo muchas cosas que hacer. -¿Qué cosas, cosas de la casa? ¿Cuidar a la niña, hacer la comida...? Está un poco alienada. ¿Cómo dices? -Un poquito bastante, ¿por qué no se toma la tarde libre y se viene? Si ha dicho que no puede será que no puede. -Tío, con el debido respeto, eso lo debe decidir ella, que por eso es una mujer autónoma e independiente. ¿Qué le pasa a las mujeres hoy? No sé qué tenéis en la cabeza, pero con el debido respeto, hoy no está para tus bobadas. Bueno, no le hagas caso. No me mires así que te delatas. Venga, hombre. -A ver si lo que le pasa es lo mismo que a todos los hombres del barrio. Tira para arriba. No, vete tú. Déjame, yo voy, no te preocupes que yo bajo esta noche. Hombre que si bajo. Desde luego... Ay, ¿dónde tenéis la cabeza? No me mires así. Ya conoces al tío, que se pone... Anda, anda. Parece yo no sé, un troglodita. -Hasta la noche. Mi prima Paquita siempre fue una mujer de armas tomar. -Saca la pasta, abuelo. -No pasa nada. -¿Qué está usted haciendo? -¡Que soltéis el dinero ahora mismo o me lío a navajazos! -No, tranquilo todo el mundo. Vamos a ver, yo caja no llevo porque no he hecho ruta pero en la cartera debo llevar aproximadamente... -No, no. -¡Que te calles! -¡Cállate, por Dios! Mire, aquí debe de haber aproximadamente 2000 pesetas, vamos a hacer una cosa, yo le doy a usted este dinero y usted se va por dónde ha venido, ¿de acuerdo? -Vale. -Venga, tenga, tome. ¡Paquita! -¡Quítamelo a mi! -¡Trae el dinero o lo rajo! -¡Paquita, vuelve aquí! ¡Paquita! -¡Policía! Paquita, como mi madre, tenía orígenes rurales, aunque ni en la forma de ser ni en la manera de entender el mundo tenían mucho que ver. -Pili, esto es muy atrevido, yo no voy a ir así a la calle. -Te sienta muy bien. -Van a decir que soy una cualquiera. -Eso pasará en tu pueblo, eso aquí no son así. -No te metas con Sagrillas. -Es que no puedes ir por Madrid vestida de paleta, sólo te falta le burro y la boina. Sin embargo, el tiempo no pasa en balde y Paquita, con los años fue evolucionando. -"Bonjour, bonjour". ¡Pili! -Paqui. -Miguelón. -Paquita, cielo. -Hola, Desi. -Joder, vaya pedazo de hembra. Desde muy joven Paquita tuvo muy claro su papel en el mundo y el guión que debía seguir su vida: trabajar a destajo, casarse, tener hijos y luchar por lo suyo a veces en exceso. -Muy bien que has hecho, hija, no como otros. -¿Y qué quería que hiciera, si me había puesto una navaja en el cuello que parecía un cuchillo jamonero? -Pues plantarle cara como un hombre. -Sí, hombre sí, y dejar huérfanas a sus nietas por cuatro perras. -Bueno, cuatro perras no porque le ibas a dar 2100 pesetas, con lo que nos cuesta a nosotros ganar ese dinero. -Paquita. -No se lo vamos a dar a un quinqui. -Vamos a dejarlo estar, por favor. El apego de Paquita al dinero era tan desmesurado que dio lugar a algunas de las peleas más sonadas del barrio. -Usted no tiene derecho a llevar ese anillo, así que démelo. -Porque tú lo digas. ¿Habéis oído qué crueldad? -Deme ese anillo inmediatamente o no respondo. -¡Atrás, atrás o soy yo la que no respondo! -Vamos, Valentina, deje de hacer tonterías y suelte el anillo. -El anillo es mío, me lo ha dado Anselmo, nos queremos y nada ni nadie va a impedir que nos casemos. -Valentina, no me caliente que usted no sabe cómo me las gasto. -¡Ya está bien! -A lo mejor tendrías que hablar con él. -¿Yo? -Sí, tú, de hombre a hombre, Miguel, porque a mí no me hace caso. -¿Qué quieres que le diga? -Está claro lo que le tienes que decir, que no sea tonto, y sobre todo que tenga cuidado con Valentina. Valentina lo que quiere es llevarse su dinero y ese dinero es nuestro. -¿Qué te debo del café con porras? -27 pesetas. -Joder, solamente tengo 15, apúntame lo otro, anda, reina. -No. -¿Cómo que no? -Pues que ya no apuntamos, Desi. -Paquita, ¿desde cuándo no apuntáis? -Pues desde... hoy. -Pero bueno... Espérate, a ver si me encuentro algo porque en estos pantacas que me compra mi mujer... 15, 20... 25 y 27. -Muchas gracias, Desi. -No, las que tú tienes. Desde luego, vaya trato. Pero Paquita, a su manera también era una mujer de su tiempo y poco a poco iba planteándose las cosas de otra forma. Sobre todo gracias a lo que veía en mi madre, en mi hermana Inés y en Françoise. -¿Puede darle a la audiencia los resultados de las parejas de concursantes? -Por supuesto. Pareja A: 20 000 pesetas, pareja B: 13 000 pesetas y pareja C: ¡44 000 pesetas! -¡Bravo! Me vas a quitar el trabajo. Claro, que aunque más moderna, paquita seguía siendo Paquita y había cosas por las que no estaba dispuesta a pasar. -¿Te ha gustado? -Ay, madre. Oye, a mí no me vuelvas a besar en tu vida, eh. ¿Ves? Si es que el futuro va a ser de las mujeres. -Si tú lo dices... -Pues claro que sí. ¿No te das cuenta? Si ahora la mayoría trabajamos ya. -Ya, pero cobramos una miseria. -Pero si queremos podemos trabajar de taxistas si nos da la gana y desde que se ha inventado la píldora nos quedamos embarazadas cuando nos sale da la gana. -Paquita, ¿a ti qué pasa? -Inés, ¿ha venido hoy Marta a clase? -Pues no. -Ya van para tres días que falta, ¿tú sabes si pasa algo? -No, no tengo ni idea. -Desde que metieron a Javi en el reformatorio la verdad es que está un poco rara. Tendría que haber hablado con ella. -Sí, la verdad es que lo de Javi le ha afectado bastante, pero no creo que sea por eso, Pascual, seguro que se ha puesto enferma o algo así. -O lo mismo se ha metido en algún lío. Me voy a pasar por su casa. -No, deja, ya me paso yo. -¿Seguro? -Sí, claro, soy su profesora, ¿no? Mira, de hecho, me voy a ir ahora mismo. -Está bien, cómo quieras. -Tú tranquilo, Pascual, que seguro que no se ha metido en ningún lío. -Ojalá. Si la ves dile que si sigue sin venir voy a tener que avisar al juez. -Sí, tranquilo, ya verás como mañana viene. -¿Y esto? -Unos bombones que llevan almendra dentro. -Muchas gracias, pero no hacía falta que me trajeras nada. Bueno, ¿qué tal el viaje? -Londres es impresionante, con todas esas tiendas, esa gente tan moderna... Bueno, lo poco que he visto desde el autobús porque todo ha sido muy rápido. Del aeropuerto nos llevaron al hospital, pasamos ahí la noche y otra vez al aeropuerto. -Entonces no has tenido ningún problema, ¿no? -Qué va, allí vamos todas a lo mismo. En el avión conocí a una chica que sabía inglés y menos mal porque si no no me enteraba de nada. Toma, esto es lo que me ha sobrado. Oye, que muchas gracias por todo, ya te devolveré el resto. -La próxima vez lo que tienes que tener es más cuidado. -Que sí, tía, no te preocupes, te voy a devolver hasta la última peseta, aunque sea me voy a fregar escaleras con mi vieja. -No me refiero a eso. Lo que tienes que hacer mañana es volver al taller que está Pascual ya con la mosca detrás de la oreja. -¿No se lo has contado? -¿Cómo le voy a contar a un cura que te has ido a Londres a abortar? Estás loca. -Hombre, Pascual es muy enrollado. -Ya, pero para algunos temas no, te lo aseguro. En 1980 el aborto era ilegal en España, pese a ello había mujeres que acudían a clínicas clandestinas y otras, las que tenían más posibles, se marchaban al extranjero. La espuma del mar, un grano de sal o de arena, una hebra de pelo, una mano sin dueño, un instante de miedo, una nota perdida... Desde 1985 es legal en determinados supuestos, pero el aborto sigue dividiendo a la sociedad entre los que están a favor y los que están en contra Nada de nada. -No somos inferiores, tenemos los mismos derechos y uno de ellos es elegir el momento de ser madres. -Doctora, ¿y las pastillas hay que tomarlas antes o después del acto? -Ni antes ni después, durante los 21 días del ciclo. -Que todo esto está muy bien, ¿pero nosotras de dónde sacamos las pastillas? Ay, Señor, Señor, qué tarde llega todo. Con los métodos anticonceptivos no sucede lo mismo, hoy están totalmente aceptados, pero en aquella época para muchos eran casi un tabú, y para otros un pecado de los gordos. ¿Tú no estarás pensando en tomarte una píldora de esas? Algo tendremos que hacer. ¿Pues qué vamos a hacer? Lo de siempre, contar. Se puede, no se puede, se puede, no se puede. Contar, contar, contar y luego pasa lo que pasa. Que no, Merche, no me fastidies, si es que... Que no me gusta esto de las píldoras, no lo veo natural. ¿Pero tú qué quieres, que Franco nos dé el premio de la natalidad? No, hombre, no da ningún premio. Haz lo que te dé la gana, total... Como esto no va contigo... Yo no he dicho eso, digo que es cosa de mujeres. ¿Y los hombres qué? Parece que no tenéis nada que ver. ¿Quieres que me tome una? Entonces muchas mujeres empezaron a acercarse a los anovulatorios, aunque algunas que aún no se atrevían recurrían a métodos más drásticos. -Acabáramos. ¿Le estás dando bromuro a Miguel? ¿Pero cuánto? -Pues no sé yo, lo que voy viendo. -Eso es una barbaridad. -Jolín, padre, si no me entiende usted que es cura... -¿Y eso qué tiene que ver? -Ustedes lo toman desde el seminario. -Te contesto por respeto al hábito. Yo, gracias a Dios, tengo el don de continencia y no necesito ningún sobre. -¿Y conoce usted a alguien que los tome? Vamos, que... ¿Son malos si se toman todos los días? -Que no lo sé, Paquita, no lo sé, así que más te vale no darle ni uno más y te salva el secreto de confesión, que si no... Acababas en el cuartelillo por Lucrecia Borgia. -Pero, padre. -No, ni padre ni gaitas. Control de natalidad, igualdad jurídica, concienciación contra los malos tratos... Fue aquel un tiempo de lucha por los derechos de la mujer, una lucha que todavía hoy, en pleno siglo XXI no ha terminado. ¿Una huelga? Pues sí, no me ha dejado otra salida. Vamos a ver, una huelga es una cosa muy seria. ¿Y esto no es serio? A ti te parece normal que Víctor cobre más dinero que yo sólo por ser hombre. Yo no he dicho eso, yo he dicho que una huelga no se hace así como así y que tú en este momento, Merche, no estás para esas cosas. Tú ponte en el lugar de Tomás, el pobre, que es empresario. Ya salió el empresario, claro. O sea, que te pones de su parte. Yo lo que digo es que Tomás tiene que pensar en su empresa y que si ese tal Víctor tiene un poco más de sueldo base será por algo. ¿Será por algo, por qué? Pues por lo de las mujeres, ya sabes. Ya sé, ¿el qué? Las mujeres que, por unas cosas o por otras, sois como las estrellas enanas: Brilláis mucho, pero que rendís menos. ¿"Las estrellas enanas"? Hala. ¿Es posible? Lo que me faltaba por oír, hombre. Las mujeres trabajamos menos, porque, claro, nos quedamos embarazadas y tenemos hijos y cuidamos del marido... Un poco, sí. ¿Sí? Por no hablar de cuando estamos en esos días. ¿Qué días? Merche, tú estás un poco alterada. No, no estoy alterada; me alteras tú. Cómo te pones. ¿Sabéis la de gente que había en la panadería? ¿Te ayudo? No, madre. ¿Sabes lo que te digo? Que aquí también me declaro en huelga. ¿Vas a la huelga? ¿No sois tan listos y tan trabajadores los hombres? Pues ponte a hacer los calamares en su tinta. A ver si sabes. Oye... Hala, vámonos. Eh... Vámonos, madre. ¡Venga! Todo tuyo. Claro que sé hacer los calamares en su tinta, coño; te los voy a hacer en cuatricromía. Joder, qué grandes son; esto habrá que matarlo. -Oye, Paquita. -¿Qué? -Que, esta noche, igual salgo por ahí. -¿A dar una vuelta? -Uh, qué buena. -Una vuelta, vamos, tomar unas copas, con Desi, con Ramón, los amigos... En fin, nada, nada. -¿Y las niñas? -Bueno, había pensado en llamar a Manuela. -Ya, pero es que no somos millonarios, Miguel, para pagarle la noche entera a Manuela. -Bueno, algo vamos a tener que inventar; no dejaremos a las niñas solas. (RÍE) -¿Verdad que no? Las niñas se quedarán esta noche con su padre, que eso hablamos. -A ver, aquí no teníamos nada hablado, ¿eh? En todo caso, será algo que decidiste por tu cuenta. Vamos a ver, Paquita, a mí me parece muy bien todo esto que estás organizando de la igualdad de la mujer y todo este tinglado, pero, vamos, que debes entender que yo también tengo mis necesidades. -No sigas por ahí, que la vamos a tener. -No, no, no, por favor, no quiero tener nada. Llamamos a Manuela; ya está. -Que no llamamos a Manuela, que no tenemos dinero para pagarle. -Te quedas tú con las niñas. -¿Me buscas las cosquillas? -¿Yo? Nada más lejos de mi intención. -¿Sabes lo que haremos? -¿Qué? -¿No son niñas? Que aprendan lo de la igualdad de la mujer desde pequeñas: Te las traes contigo a la fiesta y ya está. -¿No son tus hijas? Pues tú las educarás muy bien, desde el principio, en la igualdad, en casa, donde tienen que estar. -A ver... -Ni "a ver", ni nada. -Hablamos... -¡Vete a la barra, a ver qué hace Paco, que no sabemos qué hace y te llevas el filete con patatas! -Yo voy a salir. -Sí, de mi cocina saldrás, que tengo mucho lío. A ver, eso ahí. Y ahora, a ver... (LEE) Cuando pele el tomate, añada una hoja de laurel. Una hoja de laurel. Una hoja de laurel. Una hoja de laurel. ¡Herminia! ¡Herminia! (LEE EN VOZ BAJA) Desde luego, cómo estamos. (ANTONIO) Una hoja de laurel. ¡Herminia! Chis, no te muevas de ahí. ¡Herminia! Mercedes, ¿tú sabes lo que Antonio puede liar en la cocina? Te dije que no puedes ayudarle. ¡¿Dónde está el laurel?! ¡Me hace falta, Herminia! ¡Lo siento, Antonio, pero no sé dónde está el laurel! (LEE EN VOZ BAJA) Mercedes, hija, no te conozco. Madre, tendré que leer el periódico yo también, digo yo. No sabes el gusto que dar estar aquí, leyendo el periódico, mientras te hacen la comida. Hija, por Dios. A ver si tienes más cabeza, que no estáis para estos juegos. No son juegos, hombre; que se entere de lo que es trabajar sin cobrar. ¿No hueles a quemado? Me cago en... ¡Merche! ¡Merche! Platos que se rompen. Virgen del Amor Hermoso, lo que me quedaba que ver, vamos. Está todo bien, no pasa nada. No me jodas, rubia, no hay nada. Podías haber hecho la compra, ¿no? (RÍE) -Ah, ¿yo? Sí, la llevas clara. Hola. -Buenas. He traído pollo. -Acaba de salvarnos la vida, macho; tú sí que sabes. Felipe. -Dime. ¿Has hablado con tu madre? -Sí, ya le he dicho que ni se le ocurra pasarse por San Jenaro a dar la murga. Muchas gracias. -Oye, ¿y tú has llamado a la chica esa? ¿Cómo se llamaba? La que llamó el otro día. Sí, a Karina. -Sí. Sí, hablé con ella. -¿Qué dices? ¿Karina volvió de Londres? No. -¿También la conoces? -Sí, claro, a Karina, mucho. No sabes lo enamorada que andaba de este, ¿eh? -¿Y llevabais mucho tiempo? Bueno, casi dos años. -Pero continuáis siendo amigos, ¿no? Porque veo que tenéis mucha confianza. Sí. -Bueno, venga, a comer. Pues a Karina "le tiré los trastos" y me mandó a la mierda. Vaya gilipollas. -Imagina que me hubiera dicho que sí; en vez de vivir contigo, viviríamos con ella. Mira tú qué bien. (FELIPE RÍE) -Ahí queda eso. -No me hace gracia. -Rubia, lo digo de buenas. -¿A que me voy a comer a mi casa? ¿Te estás poniendo celosa? -Pues sí. Y tú te vas a la mierda. (RÍE) ¿Pero esta no era la de "ni exclusivo ni excluyente"? (RÍE) Portazo. -A las mujeres no hay Dios que las entienda. (NARRA) A los 19 años, mi visión de la mujer había evolucionado mucho, pero, a decir verdad, todavía me seguían pareciendo un misterio. De niño, las mujeres, para mí, eran un asco; todas las que no fuesen madre, hermana o abuela, o sea, de la familia, me resultaban seres extraños, imposibles de entender y que, desde luego, no estaban a la misma altura que los hombres. No digas que las chicas son idiotas, ¿eh? No me gusta oírte decir eso. Y yo también soy chica. No eres chica; eres madre. Me bajo a jugar. (NARRA) Y es que, los de mi generación fuimos educados en un ambiente en que se respiraba el machismo. (LAS NIÑAS CHILLAN) (NARRA) Afortunadamente, pronto empezaron a gustarnos las chicas y nos acercamos a ellas todo cuanto pudimos. Sin embargo, todo lo relacionado con la mujer, era para nosotros un enigma. En aquella época, la educación sexual era como los ovnis: Todo el mundo hablaba de ello, pero nadie sabía nada de nada. A ver, ven acá, hijo. Ven acá. Vamos a ver, ¿qué es lo que no entiendes? Pues, ya ves, más bien, todo. ¿Todo? O sea, que tengo que empezar a explicártelo, como si dijéramos, desde el principio. Sí. Bueno, pues nada, desde el principio. Vamos a ver, tenemos... Un papá, ¿eh? Y una mamá. Eso ya lo entiendes. Papá, no soy un niño. Ya. Es que me estoy meando, hijo; voy a hacer pis y, ahora, enseguida vengo. Vamos a ver, Carlos, hijo, ¿por dónde íbamos? La reproducción, papá. Sí, que es un tema muy difícil. Ya, si ya lo sé, si por eso te lo pregunto. Bueno, ¿desde el principio? Sí. Bueno... Va una abeja volando... Y va adonde la flor y le deja una semillita, ¿eh? ¿Qué dices? Hijo, ¿a que no estudiaste Anatomía? ¿Qué es eso? Es lo fundamental para entender lo que te estoy contando; si no estudias Anatomía, no vas a entender nada, hijo. Y eso, ¿cuándo se estudia? (NARRA) A falta de teoría, los de mi quinta tuvimos que pasar directamente a la práctica. La primera vez, nunca se olvida, aunque la inexperiencia nos provocase un susto a más de uno. ¿Ya? -Sí, bueno, hay que echarle eso ahora. Bueno, venga, vamos. Va. -Bueno, ¿qué? Un momento... -¿Ya o no? Esto, ¿cómo iba? -Carlos, pues si está rosa, es que sí; si no, pues nada. O sea, que si está rosa, es que sí, ¿no? -Por favor, trae. (RÍE) -Que no está rosa. Que no está rosa, Carlos, por favor. Qué imbécil eres, me has dado un susto. ¿Te das cuenta? No estoy embarazada. (NARRA) Y como no podía ser de otra manera, la naturaleza continuó siguiendo su curso y nuevas experiencias llamaron a mi puerta. En marzo del 80, estaba tan perdido con las chicas, como de costumbre, pero en aquella ocasión, no me preocupaba demasiado; mis pensamientos estaban con otra chica más importante. Bueno... A mí me huele a quemado. ¿Y no has hecho un acompañamiento de arroz o algo? Pues no, porque no hace falta, Merche: Calamares en su tinta, Herminia. Come, hija, ya verás qué ricos. Fresquitos, del mar. ¿Eh? Oh... ¿Pero qué les has echado, por Dios? Pues lo que dice la receta, Merche, ¿qué les pasa? Pero si pican muchísimo. Pican, ¿eh? Hum... Mira, di lo que quieras, ¿eh? Pero voy a hacer huevos fritos, porque, si no, hoy no comemos. ¿Cuánta pimienta le has echado? Lo que dice la receta: Una cuchara. Una cuchara, ¿de qué? La cuchara con la que daba la vuelta, la llené de pimienta para tantos y la eché. Hija... Qué calamidad eres; si es una cucharadita de moca. Así están como están. ¿Una cucharada de moca? No comas. -¿Está malo? Pues sí. No, malísimo. No están malos, pero pican, ¿entiendes? (RÍE) Debías haber hecho el sofrito un poco... Se te quemó, vamos. Pero me cago en la leche, no me lo digas ahora; enfádate si te da la gana, pero entra y me echas una mano o, si no, mira qué pérdida de tiempo. Estoy en huelga. No te pongas en huelga con la comida, que si no, no comemos en esta casa. (NARRA) Al final, ese día se comió en mi casa, gracias a mi abuela, que era quizá la persona que mejor conocía a mi madre. Y desde luego, la que más la ayudaba en todo; en especial, en las tareas del hogar que, en aquella época, era competencia exclusiva de las mujeres. Del alma querida... Planchar, cocinar, cuidar de nosotros cuando éramos pequeños... Todo eso y más hacía mi abuela, a la que nunca oímos quejarse, salvo por una cosa. No te importa el color que yo tenga... Supe de cuatro viejos en el barrio, que se los quitaron de encima sus familias. Quizá las familias no tienen sitio en casa. No tienen sitio y los abuelos, a la calle, como los trastos viejos. No es eso. Sí, tampoco es eso, pero es lo que hay y lo que pasa. No te preocupes, que no te mueves. No te saca ni la Santa Caridad; te lo digo yo, faltaría más. Gracias, no te arrepentirás; te nombraré vicepresidenta de la compañía. Veremos. Herminia, como siga así, la meto en una residencia... (SERIA) Antonio. De provincias. (NARRA) A veces, me pregunto qué habría sido de nosotros sin ella; entonces, las familias empezaban a olvidarse de sus mayores, pero había muchas casas como la mía, en que las abuelas eran toda una institución. Sobre todo, porque estaban siempre ahí, para recordarnos quiénes éramos y de dónde veníamos. Uf, los viejos somos un saco de recuerdos. (SUSPIRA) La nueva casa también tiene mucha luz; ya verás cómo te gusta. Si tú lo dices. Y tú lo vas a decir también. Y tienes una habitación preciosa; mucho más grande que esta. Y un baño para ti sola. (SUSPIRA) Todo son ventajas. Claro que sí, todo son ventajas. Y dos ascensores. Y un jardín precioso, que vas a poder dar paseos cuando te dé la gana. Pero, vamos, si no quieres venir con nosotros, yo lo entendería. ¿Qué quieres decir con eso? Pues eso, que podríamos buscar otra solución; te puedes quedar aquí, si te sientes con fuerzas. ¿Sola? O con Valentina, eso sería una solución. ¿Con Valentina? ¿No lo dirás en serio? Claro que no. ¿Pero cómo piensas que voy a poder vivir sin ti, madre? Bueno, una no es imprescindible... Tú sí eres imprescindible y deja de decir esa tontería de que eres el último mono y no te hago ni caso, por Dios. Pero si eres lo más importante de esta casa. Hija, es muy duro llegar a vieja. No digas eso, madre. Sí, yo... Con los años, me he vuelto muy cascarrabias. Aunque amores yo tenga en la vida... (NARRA) Pero mi abuela no sólo miraba al pasado; los cambios también pasaban por ella y a sus setenta y tantos, no renunció a vivir una segunda juventud. Madre mía... Buenas. -Tome, para usted. Ah, vaya, ¿para mí? -No es nada; unos bombones de licor. ¿De licor? -Perdone que me haya presentado así; habíamos quedado para esta tarde, pero como en la agencia me dijeron dónde trabajaba, he preferido verla. Ah, ya sé; usted lo que quiere... (RÍE) -No, no quiero nada. Hablar con usted. Pero le voy a decir una cosa: Es usted algo tan especial y maravilloso, que no había visto nunca... (RÍE) Bueno, bueno. No, no, no. Usted perdone; usted lo que quiere es conocer a Valentina. -Ah, ¿pero no es usted Valentina? No, yo soy Herminia. (NARRA) "A la vejez, viruelas", debió pensar mi abuela, porque la cosa se fue complicando, hasta desembocar en una relación con Alfredo, aunque eso sí, una relación de amistad, como decía ella. Teléfono. Yo lo cojo. -¿Dígame? (TV) Residencial... (PAQUITA) Sí, ¿de parte de quién? Sí, un momentito. Herminia, que es para usted. (TV) Con todos los servicios. -Alfredo. Trae, boba. (RÍE) Es un dependiente de Pontejos, que le he encargado una puntilla. ¿No era un representante? -Sí, de puntillas. ¿Qué pasa? Nada que te importe. -Yo lo que creo es que a su madre, pues le ha salido un pretendiente. ¿Que la abuela tiene novio? (RÍE) ¿Qué va a tener la abuela novio? Vamos a cenar. Jo, cómo se quede embarazada... Oye, ¿qué dices, niño? (NARRA) Lo suyo era una relación a la antigua usanza. -Tengo entradas para ir mañana al teatro, ¿qué le parece? Bueno, pues... (RÍE NERVIOSA) Está usted loco. -¿Le llamo más tarde para quedar? (RESPIRA HONDO) -Adiós, Herminia, he pasado una tarde estupenda. Y yo... Y yo también. Huy, márchese, márchese, márchese. (LLORA) -Herminia, ¿cómo ha podido hacerme esto? Pero, Valentina, si usted fue la primera que me dijo... (LLORA) Que no le interesaba. Además, Alfredo y yo no somos más que amigos. Amigos, nada más. -¿Nada más? Nada más, se lo prometo por lo más sagrado; Alfredo es un caballero. -"Un caballero", dices... Sí, sí, un caballero que sale con dos mujeres a la vez. ¿Cómo? ¿No me diga que también la está a usted sacado de paseo? -Bueno, pues... Pues todavía no, pero, vamos, yo noté en su mirada el día que nos despedimos, que... Que esperaba una oportunidad para hacerlo. Oh, Valentina, hija. -Pero, claro, usted me lo robó a mí con malas artes. Vuelvo a decirle que a mí no me lleva ninguna intención con ese caballero. -¿Eh? Júremelo. Bueno, ya somos mayorcitas, ¿no? No te importe... (VALENTINA) ¡Un momento, por favor! ¡Un momento, un momento! Silencio, que quiero pedir un brindis. Herminia... Ay, bueno, no sé si me va a salir, porque yo no tengo costumbre de beber y creo que estoy un poco piripi. (TODAS RÍEN) ¡Por Alfredo! -Muy bien. (TODAS) Por Alfredo. Sí, ya sé que tenía usted visita para hoy con la vendedora, pero hemos tenido un pequeño problema, ¿sabe? En fin, que no podemos enseñarle el piso hasta la semana que viene. Ah... ¿Oiga? ¿Oiga? (ENFADADO) Joder. Mercedes... ¿Puedo pasar? -Sí, pasa, pasa, pasa. Menos mal que estás aquí, ¿eh? ¿Me puedo sentar? -Sí, siéntate, siéntate. Menudo el día que llevo, ¿eh? Estoy perdiendo clientes a pares, Mercedes, y todo por tu culpa. Vaya. -Bueno, ¿qué? ¿Te pensaste mejor lo de la huelga o qué? Sí, la verdad es que me lo pensé mejor. -Si ya sabía yo que acabarías entrando en razón. No te equivoques, Tomás; vine a darte otra oportunidad: Quiero que reconsideres tu decisión de no subirme el sueldo. -De reconsiderar qué, Mercedes, si aquí no hay nada que reconsiderar. ¿No? Pues entonces, voy a tener que presentar mi dimisión. -Esto qué es, ¿una broma o qué? No, no es ninguna broma. Voy completamente en serio; es que no me valoras. -Mira, Mercedes, no me puedes dejar así, empantanado como estoy, ¿eh? ¿Tú sabes el trabajo que tenemos? Perfectamente. (SUSPIRA) -¿Cómo me haces esto a mí, Mercedes? A mí, que lo que sabes del mundillo, lo aprendiste de mí. (RÍE) -¿Qué pasa? ¿Que te lo quieres montar por tu cuenta, no? Tomás... -¿Eh? ¿Es eso? De verdad... Adiós. -Mercedes... ¡Mercedes! Tú ganas. ¿Estás seguro? -Estoy seguro. Pero quiero que trabajes sólo para mí, ¿estamos? En exclusiva. -Anda, va, a trabajar, que hay mucho que hacer. Pues no, hoy me cojo la tarde libre. -Mercedes... Si es que tengo una cosa que hacer, pero, vamos, mañana mismo estoy aquí a primera hora, ¿eh? -Anda, va, va, va, venga, va. Adiós. Hasta mañana. -Hasta mañana. (NARRA) Aquel día, mi madre ganó una pequeña batalla, aunque no la guerra; una guerra en la que, por desgracia, todavía siguen inmersas hoy muchas mujeres. (MIGUEL) ¿Sí? -Venga, Miguel, macho. ¿Bajas o no? -No sé qué decir; me parece que no iré con vosotros, porque me encuentro... Mal. Creo que tengo hasta fiebre. -Este se ha rilado. -¡Calzonazos! -No, de verdad, que me encuentro muy mal, vamos, que es que tengo una tos que... Que no la puedo aguantar. (SIMULA QUE TOSE) Ay. Ah. -Sí, una tos, una tos... Y tres niñas que cuidar, maruja. -¡Colitis es lo que tienes! Has ido a pedirle permiso a Paquita y te cagaste en los pantalones. -¿Sabes qué te digo? Por mí, os podéis ir a hacer puñetas. -¿Eh? Y tú, al mismo sitio también. -¡Cantamañanas! ¿Qué hay, cariño? -Bueno, cómo está el patio. -Clarita... Clarita. ¿Pero todavía estás enfadada, cariño? -¿A ti qué te parece? -Hombre, la verdad, algunas veces, parezco un Neandertal, pero es que trabajo a comisión, ¿me entiendes? Y cualquier mes de estos, pues tú vas a ganar más que yo. -Ya, y no lo puedes permitir. -Hombre, no es que no lo pueda permitir, pero, la verdad, no me gusta. -¿Eh? -Soy un cerdo machista. -Pues sí. -Ajá. -Ya. Bueno, ¿me perdonas? -Pues no lo sé, cariño, no lo sé. -Bah. -Y que conste que las cosas van a cambiar, en el trabajo y en la casa; se acabó eso de estar ahí a mesa puesta. Con la limpieza, igual, vete "poniendo las pilas". -Por ti, me pongo hasta un traje de lagarterana. -¿Sí? No, ponte a planchar, que, para mañana, no tienes camisa. Música rock en el restaurante. Chicas. (LAS TRES) Hola. (CLARA) Qué guapas. Milano, ya está yendo la gente; vas a llegar tarde. Que no. A ver, ¿cuál te gusta más: esta o esta? A ver, eh... (RÍE) Me gusta esa; es más tibia. Estás muy guapa con esa falda, ¿eh? ¿Vas a llegar muy tarde? No. No lo sé; depende de cómo lo estemos pasando. No, depende, no; pases como te lo pases, que te lo pasarás bien, no llegues la última, que no estás hoy, precisamente, para ser la última. Si lo hago por eso: Para distraerme. Distráete, pero no seas la última. Quien se debe distraer eres tú. También es verdad; me debo distraer. Cago en la leche, menos mal que no va ningún hombre a la reunión, porque soy un hombre y llego a una reunión así, y veo a un mujerón como tú y me da un espasmo. (RÍE) Qué zalamero eres. Anda, trae, trae. Ya está. Me voy. Muy guapa. Te voy a esperar despierto, milano. ¿Me vas a esperar despierto? Sí. Que vas a llegar temprano, pues te espero despierto. Lo que tú quieras. A ver. Pero, a lo mejor, llego tarde, ¿eh? Que no. Oye... ¿Cómo que no? A ver. ¿Eh? Muy guapa, ¿eh? Y esa cara, esa alegría... Abre los ojos. Estoy bien. ¿Estás bien? Estás mejor que bien. Pero tienes que pensarlo tú. Anda. Guapa. No tardes, anda, que me quedo aquí solo. Hala. Guapa. Música rock del restaurante. ¿En qué se parecen los hombres a las fichas del parchís? -¿En qué? -En que se comen una y cuentan 20. (RÍEN) -Ay, qué verdad es. -No, en serio ya, ¿eh? En serio, a ver. ¿Sabéis cuándo llegará la igualdad entre el hombre y la mujer? -¿Cuándo? -Ni idea. -Pues cuando una mujer se ponga gorda, vieja y calva y se siga creyendo atractiva. (RÍEN) (PACO) A ver, a ver. -Está muy bien. -Unas croquetitas, ¿qué tal? -No, yo estoy llena. -Paco, esto es una fiesta solamente para mujeres, ¿tú qué haces aquí? -Eso digo yo. -Ay, dejadle, por favor, para una vez que nos sirve un hombre. (RÍEN) -Oye, Paco, ¿juegas al parchís? (RÍEN A CARCAJADAS) -Ay, qué cachondeíto tenemos, de verdad. -Pero... Miguel, claro que les puedes dar jamón York a las niñas. Y chorizo, también. Pero... Miguel, dales lo que quieras, que pueden comer de todo, ¿eh? Venga. Venga, que tú solo puedes; no me llames más, por favor te lo pido. Venga, adiós. Adiós. Lo pesado que puede ser tu padre. -Ya te digo; yo no sé cómo le aguantas. Teléfono. -¡Mira, menos de un minuto! Mira, Miguel, esta es una fiesta para... Risas de las mujeres. Un momento, sí, perdón. Para ti. -¿Para mí? ¿Dígame? Sí. Risas de las mujeres. Claro. -Josefina, al final, se lo está pasando bien. -Hombre, claro. -Es verdad, es verdad, si decía que la fiesta de la mujer era una tontería. -Sí, pero no me habíais dicho que la primera consumición era gratis. (RÍE) -Ya, a lo que viene es a otra cosa, vamos. (RÍE) -Ah, ¿sí? ¿A qué? -Sí. -¿Por qué va a ser? Para ver al francés ese que se va a desnudar. (ELLAS) Claro. -Pues mira, sí. (RÍEN) -Lo sabíamos. -Es que yo en mi vida he visto a un hombre en cueros, así, en cueros vivos, nunca, a nadie... Bueno, aparte de mi marido, claro, pero eso no cuenta. -Bueno, pues ya verás; ver a un hombre en pelota picada es como comer pipas, cuando empiezas, no puedes parar. (RÍEN) -Sagrario, no beba usted más, ¿eh? -Pues nada, que no viene el "striptista". -Anda. -¿Y por qué? -¿Y eso? -Pues se ve que estaba haciendo un número y, al pobre, se le ha roto la pierna. (RÍEN Y HABLAN A LA VEZ) -Traigo cortezas y patatas. ¿Qué queremos? -Patatitas. -Patatitas, ¿verdad? -Oye, ¿y por qué no desnudamos a Paco? -Huy. -A ver, Josefina, ¿ya estamos de guasa? -Paco, Paco, Paco... -Eso, Paquito, Paquito, Paquito, no seas muermo. -No, no. Eh... No, no. Que va en serio, que no, que no, que está usted muy necesitada. -Sí, la verdad es que sí. (GRITAN ENTUSIASMADAS) -No siga, no siga. Doña Paca, por favor. Gritos de euforia. ¡Que se me queman las patatas! Por Dios, la que tienen ahí liada. Desde luego, Paquita se lo monta sola para montar estas cosas, ¿eh? -Pues sí que hay ambiente, sí. Hija, no sé por qué te empeñas en venir. Porque lo vamos a pasar bien, ya verás. -Pero, vamos a ver, Sagrario, que podría ser mi madre. Bueno, ¿qué digo "mi madre"? "Mi abuela". -Pero si no hemos terminado; no te escapes. Risas y gritos de sorpresa. (PAQUITA) ¿Pero se puede saber qué estás haciendo? (HABLAN A LA VEZ) -Anda, vete a por la escoba. -¿La escoba? -Paco, ¿estás bien? -Ay, de verdad. Risas. ¿Pero qué pasa aquí? -Pues nada, que nos han dejado a medias, como siempre. -Que alegría de que hayáis venido. ¿Qué queréis tomar? Yo, una limonada. -¿Una limonada? Venga, madre. -Abuela, yo te acompaño. -¡Paco! Venga, tía. (CARIÑOSA) Ay. -¡Una limonada para Herminia! De verdad, qué alegría de que venga. ¿Cómo no vendría el Día de la Mujer Trabajadora? -Ya, pero como se puso el tío como se puso... Al tío no le hagas ni caso, que los hombres, cuando tienen esos días... -¿Qué días? -¡Todas a animarse! Música rock. Cosas mías. (GRITAN EUFÓRICAS) (ALEGRE) Venga, ¿esto no es una fiesta? ¡Pues a bailar! -Pues venga, vamos a bailar. Qué guapa. -Paco, recoge esto. Las chicas tienen algo especial, las chicas son guerreras. Desde el perfume, a las medias de cristal, las chicas son guerreras. Tras una barra o con pinta colegial, las chicas son guerreras. En las revistas o todo al natural, Las chicas son guerreras. Las chicas son guerreras. Gritos de alegría de la fiesta. (ELLAS GRITAN ALEGRES) Las chicas son guerreras. Uh, ah... (NARRA) Si tuviera que definir a mi madre, diría de ella que siempre fue una mujer de una pieza; que tuvo muy claro lo que quería para ella y los suyos; y que nunca se olvidaba de irradiar optimismo a los que la rodeaban, en especial, a nosotros, su familia. Música rock. (NARRA) Mi madre era muchas mujeres en una: la mujer que cuidaba de su familia por encima de todo; la mujer emprendedora, luchadora; la mujer que saltaba barreras; la mujer que, a buen seguro, iba a luchar con todas sus fuerzas para superar la enfermedad. Si ves el mundo girar, es porque las muñecas han puesto la cadera a funcionar. Las chicas tienen algo especial... (NARRA) Pero, para mí, ante todo, Mercedes Fernández era mi madre, la mejor madre del mundo. Música rock. Ellas suelen llevar el timón y hacen astillas tu pobre corazón. Y si ves el mundo girar, es porque las muñecas han puesto la cadera a funcionar. Las chicas tienen algo especial, las chicas son guerreras. En las revistas o todo al natural, las chicas son guerreras. Las chicas son guerreras. Las chicas son guerreras. Risas del cantante. Las chicas son guerreras. Las chicas son guerreras.

Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 229

15 dic 2011

Marzo de 1980. Se celebra el Día Internacional de la Mujer y este año la festividad no pasa desapercibida en el barrio de San Genaro. Paquita, cansada del machismo que se respira en el Bistrot, decide organizar un evento para las mujeres al que por supuesto no están invitados los hombres. Mercedes acudirá a la fiesta a pesar de que en este momento no está para muchas celebraciones. Eso es lo que piensa Antonio. Está preocupado porque su mujer no descansa ni un momento y cree que debería pensar más en ella y no tanto en el resto. Por su parte Carlos, sigue enganchado a Arancha, que por cierto conoce a Karina a través de una llamada telefónica. Inés intenta ocultar a Pascual donde está Marta, que ha viajadoa Londres para abortar. Inés sabe que hizo mal con mentir a Pascual sobre el dinero que le prestó pero lo hizo única y exclusivamente por el bien de Marta.

 

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  1. Pilar

    Vivo en Buenos Aires y no me pierdo un sólo capítulo. Es increible como me tiene, desde hace años, atrapada. No tengo palabras para resaltar la magnifica actuación de todos los interpretes. A pesar de la distancia me meto en sus capitulos y los vivo intensamente. El N° 31 fué excelente. Gracias a TVE por permitirme poder disfrutas de Cuéntame cómo pasó

    24 ene 2012
  2. MEGM

    Les felicito me encanta la serie .....".Cuentame como paso" ...........y que amor el de Meche y Antonio !!

    16 ene 2012
  3. Este comentario ha sido eliminado

    13 ene 2012
  4. Karina

    Qué bueno!! la verdad que se hacen desear con los nuevos capítulos. Espero verlos pronto nuevamente, saludos, desde Montevideo Uruguay.

    12 ene 2012
  5. C. Ferrer Alcántara

    Si no me equivoco, el capítulo 230 se emitirá el próximo jueves 12 de enero de 2012.

    08 ene 2012
  6. Lupin_

    Alguien sabe qué día exactamente emitirán el próximo capítulo, tras las navidades?

    06 ene 2012
  7. pedro

    El capítulo 230 no se emitira hasta enero 2012.

    27 dic 2011
  8. lilimoni

    Excelente, extraordinaria, unica, la mejor serie, gracias, se les quiere desde Colombia.

    27 dic 2011
  9. Antonio Flores

    Saludos, alguien sabe que a pasado con el capitulo 230 que aun no esta online?... jeje. Felices Fiestas a todos!!!

    26 dic 2011
  10. cesar enrique

    la serie sigue siendo magnifica en calidad de guiones,actuaciones, y fotografia.Pero tambien es verdad que la magia se ha perdido es logico que asi ocurra cuando crewcieron los chicos, igual cuentan con un fiel seguidort en Colombia

    24 dic 2011
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