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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 228

Cuéntame cómo te ha ido en tu viajar por ese mundo de amor. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido... Cuéntame si has conocido la felicidad. Háblame... Cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. La prueba que habían hecho a mi madre para saber si el pequeño bulto que le había parecido en un pecho era benigno o maligno, nadie hablaba en casa porque nadie estaba al tanto. Bueno, lo sabían mis padres y mi abuela, pero nadie más, y es que en aquel tiempo, cuando una mujer se notaba en un pecho lo que se denominaba "un bultito", lo ocultaba como si fuera algo vergonzante. Y así, sumidos en la incertidumbre, ambos igual de nerviosos y ambos disimulando su preocupación, llegó el día en que mis padres fueron al hospital a conocer el resultado de la muestra, como eufemísticamente se denominaba entonces a la biopsia. Tú sabes mejor que nadie que yo no te pido cosas más que de Pascua a serrano, pero hoy estoy muy angustiada y quiero que me hagas un último favor, bueno, que sea el último por lo menos en algún tiempo. Por favor, que el médico le diga a mi hija que ese bulto que le ha aparecido no sea nada malo. Yo te prometo que no voy a volver a ver "La casa de la pradera" ni "El nido de Robin" y que no voy a volver a repugnar por nada y que no llevaré la contraria, y que no tendré envidia y que no seré criticona y que no comeré un pastel en seis meses. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Qué cosas ves, Dios. ¿Sabes lo que pasa? Que cuando cumples los 50 te caen como una losa. Te empiezan a pasar cosas, mira tú, cuando cumpliste los 50 años te pasó lo de la angina de pecho, ¿no? Sí. Aunque eso yo creo que es porque fumabas mucho. Creo que no tiene nada que ver, creo que fueron los nervios. Mira Carrillo, con la hoz y un pitillo, que hecha más humo y ahí está. ¿Qué tiene que ver Carillo ahora? Pues sí. (RESOPLA) (RADIO) -Es que mi marido era viudo, ¿sabe usted?, tenía dos hijos de su anterior matrimonio, cuando nos casamos, y ahora hemos tenido una niña, por eso me gustaría saber si... -¿Pero cuál es la pregunta que quiere hacerme? -Pues eso, si por un casual, mi marido estira la pata, no lo quiera Dios, o nos morimos los dos, ¿quién se queda el piso, el coche, la televisión y todas las cosas que tenemos? ¿Los hijos de su primera mujer o la niña que acabo de parir? -Bueno, vamos a ver, los herederos son los hijos a partes iguales, pero si se hace testamento se pueden fijar tercios de mejora, es decir, que se puede dejar más a unos que a otros. -¿Quiere usted decir que es mejor hacer testamento? -Desde luego que sí porque a la larga evita problemas. -Ponme una tapita. -¿Qué tapita?. -¿Que no hay croquetas? -No hay croquetas. -Bueno, pues yo qué sé, Miguel, unos calamares, joder. -Tampoco hay calamares hasta las doce del mediodía se pone una tapita de cortezas, que son muy ricas y alimentan mucho, tienen mucha proteína. -Pues muchas gracias. -De nada, hombre. -Cámbiame en monedas de cinco duros. -Vaya, ¿cuántos marcianos has matado hoy? -Pues... casi 400. -Bueno, no está mal, ¿eh? -Pero puede estar mejor porque si se me da bien puedo llegar a los 600. -Ya. Vicente, ¿tú no te cansas de matar marcianos todo el rato? -No, no, porque pienso que son banqueros. -Paco, ¿quién coño eres tú para inducir a un cliente a que deje de matar marcianos? -Yo no induzco a nada, don Miguel, es por su bien. -Que tú no tienes que pensar en su bien, tienes que pensar en mi bien. Venga, anda, dale cambio. -Vale. -Vamos, Vicente, que la tienes ardiendo, concéntrate que hay que matar todos esos marcianos, te cueste lo que te cueste. Paco, dale todo el crédito que necesite, venga. Venga por ello, venga. -Miguel. ¿Puedes venir un momento al taller, por favor? -¿Qué pasa? -Las bolsas, que han encogido. -¿Pero cómo van a haber encogido las bolsas? ¿Pero qué habéis hecho con las bolsas? -Nosotros no, eh. -Ahora vuelvo, Paco. Será posible, hombre. -No sé, debe ser cosa del tejido que no vale. -Joder, cómo está el sheriff esta mañana. Arcadas. Cisterna. -¿Estás bien? -Sí. -No tienes muy buena cara, la verdad. -¡Estoy bien! -¿Seguro? -¡Que sí, joder! Arcadas. -¿Cómo puede encoger tanto una bolsa? -Es un fenómeno incomprensible, es como si le hubiera caído la radiación del increíble hombre menguante. -¿Cómo hombre menguante? ¡Deja de decir tonterías, Desi! ¡Esto es la tela, que ha encogido! -Será por la calidad. -¿Qué calidad? ¡Por favor! ¿Dónde has metido la tela, en ácido sulfúrico? -Yo sólo la he sumergido en agua. -¿En agua? Ya verás tú cuando se entere mi hermano, en agua. ¡Pero si aquí no cabe ni un dedal de aceite! -No te preocupes que ya he paralizado todo. -Vamos a ver, vamos a tranquilizarnos todos. -Tranquilo. -No hay que perder los nervios. Lo primero que vamos a hacer va a ser esperar a que venga mi hermano y que tome él las decisiones y tú vete llamando al proveedor. Yo me voy al bar, que tengo mucho trabajo. Desde luego, vaya una mierda de bolsa, ¡vaya una mierda! ¡Una mierda! -Siempre nos toca pagar el pato. (RADIO) -Y ahora, queridas radioyentes, llega el espacio del consultorio médico. -Marchando las croquetas, que tengo la barra de bote en bote. -Miguel. -¿Qué? -¿Tú te has dado cuenta de que nosotros tenemos tres hijas, un taxi, este bar, las tierras del pueblo y la casa de tu madre en Sagrillas? -Pues claro que me he dado cuenta, ¿por qué? -Pues porque... Pues porque mira, he estado pensando que si tú te mueres de repente... -¿Cómo? -Pues eso, Miguel, que si un día así de golpe y porrazo vas y te mueres. -Pero bueno, vamos a ver, ¿a santo de qué me tengo que morir? -Hombre, Miguel, estás en muy mala edad, tenemos que hacer testamento. -Paquita, tú a lo mejor no te has recuperado del todo. -Oye, mira, Miguel, yo no estoy loca. -Si yo no digo que estés loca. -Yo lo único que estoy diciendo es que tú parece ser que no te acuerdas de que a parte de nuestras tres hijas, tú tienes a François. -¿Y eso qué tiene que ver? -¿Cómo que qué tiene que ver? Si a nosotros nos pasa algo, ¿quién hereda? -Pero vamos a ver, ¿qué nos puede pasar? Paquita... ¿Te habrán salido bien las croquetas, no? ¿Por qué miras tanto la hora? Porque estoy preocupado con el taller, no sé por qué me da que las cosas no van bien. ¿No me digas que estás preocupado ahora por las banderas? No son banderas, son bolsas para meter botellas de aceite. Ya. Vete a llamar, que si no no vas a estar tranquilo. Venga. ¿Y si te llaman a ti? ¿Si me llaman? Pues voy. Me avisas. Si voy a pasar por delante tuyo. Ah. Bueno, pues voy a llamar un momento y así me quedo tranquilo. Sí, ve y llama. Bueno... -Josefa Pérez Ruiz. -Sí. -Hay que tratarla con dureza enseñándole quién manda, Teléfono. mira, ¿funciona o no funciona la máquina? Hombre, por favor. Marina D'Or, ¿dígame? Miguel. -Dime, Antonio. ¿Cómo va la cosa? -Pues mal, muy mal, peor imposible. ¿Qué pasa? -Nada, que el tejido que nos han suministrado es malo, encoge. ¿Cómo que encoge? -Encoje, Antonio, encoje. Pero me cago en la leche, ¿os habéis dado cuenta ahora? -¿Cómo me voy a dar cuenta que encoje antes de meterlo en el agua? ¡Llama al proveedor y dile que no le pago! -Eso ya se lo he dicho yo. Soluciónamelo, joder. -Al final voy a tener la culpa yo, venga, hasta luego. Ya me he dado cuenta, lo que pasa es que estos tonto el haba no se dan cuenta, no sé cómo se las ingenian. Resulta que ahora han encogido las bolsas y ya no cabe ni un vaso de aceite. ¿No me digas que han encogido? No sé qué han hecho. -¿Qué me miras? Lo guapa que eres. Si te despiertas hasta sin legañas. -Es tardísimo. Ya no llego a la segunda clase. -¿A qué hora tienes que ir al bar a llevar lo de la cerámica de tu hermana? Pues como a media mañana o así. Espera, espera, espera un momento. ¿A dónde vas? Por una vez podrías menos empollar y más... -Cuidado con las cajas, las vas a tirar. No las lleves de dos en dos. -Es para aprovechar el viaje. -Ten cuidado con ellas, no las vayas a romper, que son muy delicadas. -¿Tú crees que vamos a vender algo? -Mujer, confía, las piezas son muy bonitas, los precios muy económicos y el sitio cojonudo. -¿Nos llevamos esta también? -Sí. -Me voy contigo que no me fío del chino. Venga, vamos. -Bueno, ¿y tú qué, no me vas a decir qué te pasa? -No me pasa nada. -Bueno, pues no me lo cuentes, peor para ti. -¡Que me dejes, tía! Vale, estoy preñada, ¿pasa algo? Di algo, joder. -No sé, ¿qué quieres que diga? ¿Qué vas a hacer? -¿Qué quieres que haga? No me lo voy a quedar, ¿no? Esta tarde voy a ir a Embajadores a casa de una tía que por 5000 pelas me lo arregla. -Sí, hombre, ¿estás loca? ¿Qué quieres, matarte? Yo creo que yo no voy a tener nada porque yo me encuentro perfectamente. Además, no siento ni molestias ni nada, ni me duele. Eso sí, estoy cansada, pero porque no paro, por eso tengo mala cara. ¿Qué tú tienes mala cara? ¿pero tú te has mirado al espejo? ¿Cuándo has visto tú a una mujer que esté enferma y tenga la cara que tienes tú? Eres la más guapa. El que está malo soy yo, que estoy hecho una mierda. El que tendría que haber ido al médico eres tú. Pues, hombre, si sumamos todas las cosas, sí. Qué tonto eres. Y tú. -Mercedes Fernández López. Soy yo. Trae. -¿El chico lo sabe? -¿Qué va a saber, si está en el trullo? A parte no quiero que se entere ese cabrón. -Es Javi, ¿no? -A ti qué te importa. -¿Has pensado en tenerlo? -Si quieres te lo regalo, eh. -¿Tú tienes pasaporte? -Sí tengo, ¿para qué? -Para irte a Londres. -Sí, ¿y la pasta qué? Eso cuesta un huevo, eso es para hijas de papá, irse a Londres a abortar y luego de compras, no te jode. -Mira que eres bruta. -¡Las que tienen pasta se van de rositas y las que no a buscarnos una matrona de la guarda! -¡No hables así! -¿Cómo quieres que hable si todo es una puta mierda? (SUSPIRA) Ayer estuve en una agencia de viajes, ¿sabes qué me dijeron? -¿Qué? -Yo les suelto 40 000 pelas y ellos se encargan de todo, me vienen a buscar al aeropuerto y me llevan a la clínica. -Voy a ver si te consigo dinero. -¿Me los vas a prestar? -Pásate esta tarde por el bar donde vamos a exponer, a las siete. -Inés, ¿vienes o no? -Sí, ya voy. Esto también lo metes, ¿vale? -Carlos, el agua, que sale fría. -Carlos, cago en la leche, un poco de privacidad, macho. (NARRA) Lo de montar tríos lo habíamos visto infinidad de veces en las películas. Nos parecía lo último de lo último, el no va más. Pero una cosa eran las películas y otra la cruda realidad. Y es que el trío aquel que organizamos, lo único que consiguió es que se me amargara el carácter y que yo sufriera como un perro un día sí y otro también. -Carlos, ¿nos traes dos toallas? ¡Que te las lleve tu vieja! -Se trata de un pequeño quiste. Está aquí. ¿Lo ven? Yo no. Como usted dijo que era una inflamación... ¿Esto qué significa? Pues un pequeño quiste. Ya lo ha dicho. Yo ni lo veo. Debe ser una cosa muy pequeña. -En efecto. Estos pequeños problemas hay que atajarlos a tiempo. ¿Pero podría ir a más? -Desde luego que no. Como dijo que podía ser algo más gordo, yo... pensé... -Nunca hay que ponerse en lo peor. Ya. -De todos modos vamos a hacerte unas pruebas. ¿Otras pruebas? -Sí. Nada de importancia. Un análisis de sangre, de orina. El protocolo habitual. Tranquila. Ya te lo he dicho. No tienes por qué preocuparte. Vaya. Es que si es algo malo, me gustaría saber la verdad. -Lo que sí que vamos a hacer ahora es un electrocardiograma. Ahora. -Ahora mismo. Esperanza, prepara un electro, por favor. -Sí, doctor. Uf... -No, usted no hace falta que vaya. Puede esperar si quiere. Te espero aquí, Merche. Muy bien. -Voy a buscar todo el historial médico de su esposa. Un momento. Aquí le espero. -Pascual, ¿me puedes adelantar parte de mi sueldo? ¿Sabes lo peor de haber estado colgada de la mierda de la droga? Que cada vez que se pide dinero se piensa que es para una dosis. No es para eso. Es para arreglar un problema. -¿Qué problema? -Uno que ni siquiera es mío. Pero mira, da igual. -Espera. Te puedo dejar siete u 8000 pesetas. -Pues te lo agradezco muchísimo. -Tengo siete. ¿Es suficiente? -Sí. -O sea, no me vas a decir para qué necesitas el dinero. -No. -Ahora que no está su esposa, tengo que hablar con usted. ¿Pasa algo? -Mire, algunos médicos piensan que lo mejor es decir la verdad a los pacientes. Mi experiencia me demuestra que es contraproducente. Cuanto menos sepan, mejor. ¿Eso qué quiere decir? -Su mujer no tiene un pequeño quiste. Es una neoplasia. ¿Una neoplasia? -Un tumor. Y el pronóstico no es bueno. Eso quiere decir que tiene cáncer. -Sí. En efecto. ¿Y eso tiene cura? -Espero que sí. Habrá que practicarle una mastectomía. ¿Le van a quitar un pecho? -Cuando entre su mujer, es muy importante que crea que todo va bien. Que sonría al verla, que se comporte con normalidad. Con total naturalidad. Es muy importante que no sospeche nada. ¿Me ha entendido? Sí. Pero vamos a ver... ¿Se puede hacer alguna otra cosa? Podemos llevarla al extranjero, quiero decir, hace muy poco que los americanos ya tienen una técnica... -Vamos a extirpar. Y es probable que haya que darle unas sesiones de bomba de cobalto. ¿También radioterapia? -Sí. ¿Y eso la va a hacer sufrir? -No es doloroso, pero sí bastante incómodo para el paciente. ¿Y cura? -Pues confiemos que sí. La radiación destruye el tejido cancerígeno, ¿no? Lo importante ahora es que el tumor no se metastatice. Que no haga metástasis, que no se extienda. Claro, que se puede extender también. -Es muy importante que no sospeche nada. Ya. Hasta que se despierte de la operación, que entonces sí se dará cuenta de que le han quitado un pecho. -La terapia corre de nuestra cuenta cuando llegue ese momento. Ya. -Otra cosa. Su mujer trabaja, ¿no? Sí, claro. Trabaja y estudia. -Lo mejor sería que lo dejara de momento. Es conveniente que descanse. Pues yo no sé cómo decirle eso, porque se va a dar cuenta inmediatamente de que tiene algo grave. -Es importante que no se agite demasiado. Vamos a dejarlo así. Esto es para usted. El informe original nos lo quedamos para el archivo. ¿Esto es un informe? -Sí. Entendido. Buenos días. Sí. ¿Es el hospital? Mire, es que quiero hablar con una señora que está en la consulta del ginecólogo para el resultado de unas pruebas. Es mi hija, se llama... Mercedes Fernández. Sí. Ah, que no puede. Ya. Disculpe. Gracias. Ay, Dios mío. ¿Pero por qué no me llama esta hija mía? -Bueno, esto ya está. Oye, Carlos, gracias por dejarnos exponer las piezas. Nada, hombre. A ver si se venden. -Por cierto, muy bonito local. -Hasta luego, Pascual. ¿Bueno, qué? ¿Qué te parece? No está mal, pero vamos, lo importante es que se vendan y no que me gusten a mí. ¿Y cuándo cree usted que la operarán? -En cuanto tengamos toda la analítica y le vea el anestesista. ¿Y eso cuándo será? -Intentaremos que sea la próxima semana. La semana que viene. -Sí. Bueno... -Adelante. Gracias. Estábamos comentando aquí el doctor y yo que a lo mejor tienen que operarte la semana que viene. Sí. ¿Tan pronto? -Habrá que esperar. Ya le diremos el día y la hora. ¿Y va a ser anestesia total o local? -Anestesia total, pero no va a ser nada, no se preocupe. Será como cuando te quitaron a ti el quiste de grasa. Sí, seguramente. Nada, un quiste de grasa que me salió aquí en la pierna. Fíjese, yo que soy tan delgado, me salió un quiste de grasa. (RADIO) Es muy importante que todos los meses, al levantarse, colocándose frente al espejo, cualquier mujer en edad fértil se pase las yemas de los dedos con decisión por las mamas. Primero por una y después por la otra, deslizando los dedos con firmeza, como si las palparan, de abajo a arriba. Para atajar el problema no hay medicina mejor que detectarlo a tiempo, y si se advierte algún bultito por pequeño que sea, deberá ir al ginecólogo para descartar cualquier eventualidad. Y para radioyentes que hayan llegado tarde a nuestros consejos, volvemos a darles unas indicaciones. Levanten el brazo derecho todo lo que puedan y con la mano izquierda empiecen a explorarse el seno derecho. Presionen las yemas de los dedos sobre el pecho a la vez que realizan movimientos circulares desde la periferia hasta el pezón, siempre en el sentido de las agujas del reloj. Ahora, manteniendo la misma posición, realicen movimientos sobre el pecho de arriba a abajo. -Pues a mí lo que me gustaría es que me exploraran, que quiere que le diga. (RÍE) -Toma y a mí. Pero tampoco vamos a pedir peras al olmo, hija. (RADIO) Presionando levemente con las yemas de los dedos. Ahora, en la misma posición deben palpar la axila correspondiente a la mama que están explorando, para descartar la aparición de bultos. Para ello desplacen la mano... -Josefina, así no la puedo peinar. -Chis, chis. (RADIO) Movimientos circulares. Recuerden que en este caso la presión debe ser levemente mayor que en el caso anterior. Perfecto. De abajo a arriba. De abajo a arriba. -¿No te notas algo? (RADIO) Y vuelta a empezar. -Noto cosas. -¿Sí? ¿Qué cosas? -Sensaciones. (RADIO) Y ahora a empezar otra vez con el pecho izquierdo. A ver, brazo izquierdo en alto. -Venga, vamos con el menú para hoy. ¿Qué pasa? ¿Qué haces? (RADIO) Comenzar la exploración del pecho izquierdo. -¿Qué haces, Paquita? -Ay, me palpo. -¿Que te palpas? ¿Por qué te palpas? -Porque lo dicen en la radio. ¿Tú nunca te palpas? -¿Palparme yo? -Me voy a palpar yo. Desde la mili no me palpo. No me palpo, no. -Miguel... Creo que me ha salido un bultito. -No fastidies. -Mira. Mira. Por ahí. ¿Lo notas? -Noto... -¿Qué notas? -Pues lo que tengo que notar. Noto un pecho con su pezón. -Miguel, un poco más a la derecha. Por ahí, por ahí. -Noto lo mismo. -¿Qué notas? -El pecho y el pezón. -¿Quieres palpar bien? -Paquita, si por palpar, no va a ser que no palpe, porque palpo lo que haga falta, pero que cuando más palpo... -¿Se sabe ya el menú...? Perdón. ¿Se sabe ya el menú? -Todavía no. -¿Es que no has oído que todavía no? -Ay que ver. Desde luego... Tantos años de casados y hasta en la cocina. De verdad, qué envidia más grandísima me dais. -Por Dios, qué vergüenza. Estos programas de radio te están volviendo completamente loca. Primero el testamento, ahora los pechos... -El testamento va a misa, así que ya puedes ir llamando a un notario, que de esta semana no pasa. -¿Me quieres decir, por favor, qué vamos a poner hoy de menú del día? -Lentejas, ensalada y pescadilla. Y de postre, natillas. (RADIO) Para combatir la halitosis, nada mejor que colocarse una pastilla de mentolado bajo la lengua. Estas píldoras son muy pequeñas y se disuelven rápidamente, dejando una sensación de frescor en su boca. Por Dios, Antonio, ¿tú sabes el susto que tenía encima? No te lo he dicho estas semanas para no preocuparte, pero vamos... Vamos a hablar de otra cosa. Nadie nos dice que cuando abran no encuentren nada malo. Ya ha dicho el médico, que va a ser con anestesia local o sin anestesia. Sí, eso sí. No me han dado el informe. ¿El qué? El informe. ¿Qué informe? El informe que siempre te dan. A mí no me lo ha dado. No sé si volver. ¿No tenías mucha prisa? Sí. ¿Por qué tienes que ir hoy a trabajar? Porque tengo una firma de una preventa. He vendido un piso. ¿Y cuándo vuelves? Pues nada, firmo y vuelvo en seguida a casa. No te quedes con esa cara, si ya ha pasado todo. No me gustan los hospitales. Ay... Anda, dame las llaves del coche, corre. Por Dios. Luego lo celebramos. -Hombre, Antonio. ¿Cómo va todo? Hola, Félix. Pues ya ves, como siempre. Oye, quiero decirte en primer lugar que sé perfectamente que me he portado contigo como un cabrón. -¿Me llamas para eso? No. Te llamo para pedirte un favor. -Cuenta con él. Verás, tengo un familiar con un problema de salud grave, le han dado un diagnóstico muy malo y nos gustaría hacer una segunda consulta para estar seguros, ¿no conocerás a alguien de confianza? -¿Pero de qué especialidad? Ginecología, Félix. -Pero hombre, Antonio, en el partido tenemos al mejor de todos, si yo creo que tú le conoces, está con nosotros desde el principio. ¿Ah, sí, quién? -El doctor Uribe. Ah, ya, ya me acuerdo, Paco Uribe. -Claro, no me hagas mucho caso pero creo que visita en la clínica del Loreto, y tiene una consulta privada también, mira, vamos a hacer una cosa, le localizo ahora mismo y le digo que te llame a casa. No, a mi casa que no me llame, mejor dame el teléfono y ya le llamo yo, es que me corre prisa, Félix. -¿Es un familiar muy cercano? Sí, es mi hermana. -Vaya, hombre, lo siento, no sabía que tenías una hermana. Tengo una. -Ya. Mira, vamos a hacer una cosa, vuelve a llamarme en cinco minutos y te doy la dirección de su consulta, ¿vale? Muchas gracias. -Vale, venga, hasta ahora. -¿Pero qué pasa con el segundo, Miguel? -No me agobies, tengo mucha faena, ¿no lo ves? A ver, vamos con las pescadillas. -¿Llamaste ya el notario? -¿Qué notario? Ponme una. -¿Cómo que qué notario? Puedes morir y las niñas necesitan seguridad. -Ponme otra pescadilla, déjate de tonterías, vamos. -Creo que tengo halitosis. -Por favor, venga, otra pescadilla. -¿A ti qué te pasa, te da igual que tus hijas hereden? -¿Qué me dices de mis hijas? -Bonjour. Hola, Paco, qué guapo estás sin bigote. Bonjour, papá, ya estoy aquí. -¿Provisionalmente o de forma definitiva? -Ay, de verdad. -Y tú cambia esa cara que estás babeando. -Françoise... -¡Paco! -Pero qué uniforme tan bonito. -Qué ganas tenía de verte, madrastra. -O sea, que estás volando. -Uy, yo no paro de viajar; Londres, Nueva York, Berlín... ¿Y tú qué? -Yo... San Genaro, Sagrillas, pescadillas... Feliz. (CARRASPEA) -Antonio. Hola, Félix. -Ya está todo arreglado, he hablado con él y te espera a partir de las siete en su consulta que está en la calle Velázquez 27. Velázquez 27, muy bien. -Siempre a tu disposición, Antonio, un abrazo fuerte y que lo de tu hermana no sea nada, ¿vale? Ah, y otra cosa, te agradezco mucho lo que has dicho antes. Pues lo que tú te mereces, Félix, hombre, lo que tú te mereces. -Gracias, Antonio. Gracias a ti, Félix, siempre gracias a ti. Gracias. (SUSURRA) Velázquez 27. -Voy a poner la tele. Eh, eh... Espera un momento, si todavía no empezó. -Es que me gusta ver la carta de ajuste. Bueno, bueno, qué obsesión, Anda, ve y míralo. Teléfono. Oh... ¿Dígame? Madre, que soy yo. Menos mal, por Dios, cuanto has tardado en llamar, ¿qué te han dicho, me tenías en vilo. Que estoy bien, que no tengo nada. Qué bien, hija mía. Que sí, de verdad, tú tranquila. ¿Entonces lo del bultito? Bueno, me lo tienen que quitar la semana que viene, ya me avisarán cuando, pero vamos, es una cosa que casi casi me voy a casa al día siguiente. Virgen del amor hermoso, qué alegría tan grande me das, hija, no sabes lo preocupada que estaba. Bueno, pues voy a hacer la comida, por cierto, que le dije a Inés que le diga a Carlos que venga a comer. Tengo muchas ganas de verlo, ¿por qué no le preparas un postre de los que le gustan, natillas o arroz con leche? Claro, le voy a hacer el postre que a él más le gusta, ya verás. Bueno, te dejo. Hasta luego. ¿Y bien? -Bueno... pues lo hemos estado pensando y sí, nos quedamos con el piso. Pues me parece una idea estupenda. -Abuela, ¿por qué estás tan contenta? Porque Santa Rita me ha escuchado. Claro que tendré que estar un año sin comer un pastel. -Ya me lo como yo por ti. (RÍE) Muá... Un poquito más a la derecha. -¿Ahí? Ajá. -¿Y esa cara que tienes? ¿Qué te pasa? Nada, no me pasa nada. -¿Cómo que no te pasa nada? Soy tu hermana, a mí no me puedes engañar. Estoy metido en un lío. -¿Arantxa? Inés, alguna vez has estado en un... -¿En un qué? No, nada. -Bueno, pues nada, ni no me lo quieres contar, no lo cuentes. Felipe, Arantxa y yo, compartimos piso, ¿no? -Sí, ¿y qué? Pues que no es lo único que compartimos. -¿Ah, no? ¿Y...qué más compartís? Ay, Carlos. No me mires así, joder. -No me fastidies. ¿Te puedes explicar? Vamos a ver. ¿No has visto las películas francesas "Jules y Jim" de Truffau? -Sí, pero una cosa son las películas y otra la vida real. Ya lo sé, joder, ya lo sé, es que me he encoñado. (SUSPIRA) -Pero vamos a ver, ¿hasta dónde habéis llegado con ese rollo que tenéis los tres? Hum... Qué locos estáis. Ya, ya lo sé. -Mira, Carlos, yo estuve viviendo en una comuna hippy, en Ibiza, hace muchos años, no te acordarás. ¿Cómo que no me acuerdo? fueron papá y mamá y volvieron hechos cisco. -Bueno, el caso es que allí... las parejas eran abiertas y todos se acostaban con todos. Vamos, que sabe un poco de lo que hablo. -Aquello acabó como el rosario de la aurora, una chica se intentó suicidar. Yo no voy a suicidarme, lo único... es que no aguanto verles juntos, y mucho menos en la ducha, claro. -¿Te puedo dar un consejo? Ajá. -Aléjate de ese rollo. Como si fuera tan fácil. (TOMA AIRE) -¿Te quieres venir a comer a casa? la abuela tiene muchas ganas de verte. Claro, vamos. -¿Sí? Pues vamos, luego seguimos hablando de esto. -Hombre, ¿tú por aquí? ¿Le parece mal? -No, no... al contrario, los pecadores siempre son bien recibidos en la casa del Señor, iba a cerrar para comer, pero no tengo prisa. ¿No querrás confesar? No necesito confesar, Froilán, a mi edad ya no se comenten pecados mortales, sobre todo teniendo la patata como la tengo. -Si quieres meditar a solas te dejo, voy a comer y luego cuando termines me das una voz y bajo y cierro. Me gustaría meditar con usted. -O sea, que... sí, que quieres confesar. No, no hace falta que vayamos al confesionario. -Pues bien, siéntate. Charlamos aquí un poco. -Bien, tú dirás. Estoy muy angustiado, padre. ¿Le importa si fumo? -Hombre... Antonio, fumar en la iglesia... Es que si no fumo unas caladas, padre, me ahogaré, y no se lo podré contar. -Sí, fuma, anda, ya... Gracias. -Paquita, te estás volviendo loca de remate, no te toques más, por favor. -Yo me toco lo que quiero, y sabes qué, estuvo en el Japón. -Porque es azafata, Paquita, y las azafatas viajan por todos los países del mundo pero no los ven, se pasan la vida metidas en una avión, que es como un autobús con alas. -Yo me paso la vida en una cocina y tú nunca haces lo que te pido. -Pues pídeme lo que quieras y lo hago, no te toquetees más. -Sólo quiero que ir al notario y darle a las niñas el tercio de mejora. -¿No comprendes que eso es imposible, Paquita? No puede ser. Mis cuatro hijas para mí son lo mismo. -Tú tienes cuatro, pero yo sólo tres, y a mí lo que me da miedo es lo que te dije muchas veces, me da miedo que te mueras. Si no me voy a morir, Paquita, me vas a matar tú. -Los designios del señor son inescrutables. ¿Qué clase de designios son esos, padre, por qué a ella? -Pues... Eso no lo sé, Antonio. Yo tampoco lo sé, pero sé que desde hace un año no salimos del hoyo, padre, primero meto los ahorros en un banco y se arruina, después me echan del trabajo y vuelvo al barrio, para colmo los de UCD me pegan una patada, ¿y ahora a santo de qué viene esto que es lo peor? -Bueno... No te quejes. Claro que me quejo, ¿cómo no me voy a quejar, hombre? ¿Sabe usted lo que pasará cuando esta pobre mujer se despierte y se de cuenta de que le arrancaron el pecho de cuajo? -Tampoco lo sé, Antonio, pero... una enfermedad nos puede llegar cuando menos lo esperamos. Dios no se está portando bien con nosotros, padre, no se está portando nada bien. -No digas eso. Usted no me lo puede decir, porque no tiene familia, y no tiene hijos, ni mujer, coño, vive usted como un cura. -Hombre, Antonio. Perdóneme, perdóneme, pero... las cosas son así. -Estás perdonado. No sé. -Confía en el señor. No puedo confiar en el señor y mucho menos en Dios, ¿cómo confiar en ese... si nos tiene manía, padre? -Antonio, no blasfemes. Yo no quiero blasfemar, padre, perdón, yo no quiero blasfemar. ¿Dónde quiere que le tire esto? -Deja, ya lo tiraré yo. Gracias, padre. -De nada. Y vuelve cuando quieras, y, aunque no te lo creas, él no ha dejado de pensar en Mercedes ni un momento. No ha pensado nada, si hubiera pensado, otro gallo nos cantara, ese no ha pensado, padre, esa es la pena. -Haz lo que puedas, por favor, haz lo que puedas por Mercedes, lo que puedas y más. (HABLAN ENTRE ELLOS) Risas. -Ni si quiera yo sé por qué me aceptaron, vi el anuncio en el periódico, me presenté, hice un examen, luego un cursillo y voilà. -Oye, ¿es verdad eso que dicen que las azafatas tenéis un amante en cada ciudad? -¿Eso qué va a ser verdad? Sólo ocurre en las películas, es que no tenemos tiempo para nada, subes al avión, y cuando te das cuenta ya llegaste, y vuelta a empezar. -¿Y haces eso que hacen las azafatas? -¿El qué? -Eso de... -Ah. Eso es lo que peor llevo. ¿Y tú qué? -Pues, como siempre. Bueno, un poco preocupada últimamente. -¿Por qué? -Pues, porque me estoy haciendo mayor, François. Por las niñas, y por tu padre, que va a cumplir 56 años y no se cuida nada. Y un poco por mis pechos. -¿Cómo que por tus pechos? ¿Qué le pasan a tus pechos? -Nada, pero últimamente me los toco mucho. -¿Cómo que te los tocas mucho? -¿Tú no? -A mí me los tocan. -¡François! Pues hay que palparse. -¿Para qué? -Pues, para ver si está todo bien. Siéntate aquí. He hablado con tu padre... y vamos a hacer testamento. Pensando en las niñas. -Pues claro que sí. Y cuando lo hagáis, decís que les toque un poco más a ellas. -¿Cómo? ¿El tercio de mejora, dices? -Sí, eso, eso, es lo lógico, ¿no? -¿Pero cómo vamos a hacer eso, François? -Pues claro que sí. Al fin y al cabo, también son mis hermanas. ¿Qué haces? -Mira, se empieza así, en el centro, y haces círculos. Lo han dicho en la radio, hay que hacerlo a diario. -¿A diario? -¡Las habrán metido en agua hirviendo! -¡No, señor, en agua fría! -Oiga, miren, llevo vendiendo este tejido desde hace más de 10 años, y en la vida tuve una reclamación, ni una. -Vamos a ver, ¿usted se cree que puedo meter en esta bolsa dos botellas de aceite? -Las habrán metido en agua a más de 100 grados. -¡Y dale! -Y un huevo de pato. -Bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, vamos a ver, vamos a ver. Buenas tardes, caballero. Buenas, ¿qué pasa? ¡Pues no dice el... el... el distribuidor este de liliputienses que hemos metido las bolsas en H2O bullente? -¡Chis! Ya, ya. -Bueno, bueno. -Yo no sé lo que han hecho, pero mis telas no encogen. (RÍE) -¡Chis! ¡Tranquilo! ¡No perdamos las formas, Desi, no las perdamos! Vamos a ver, caballero, a mí no se me ocurriría ni por asomo afirmar que sus telas, en sentido general, no encogen. -No... -Pero en sentido concreto, vamos a ver, esta es la bolsa original. -Ah. -Y esta otra... ¡Es la que hemos obtenido siguiendo escrupulosamente los métodos de fabricación! Así que... ¿Cómo me dice usted que sus telas no encogen, coño? ¡Que parece la madre... y la hija! Así que, ¿cómo coño me dice usted que sus telas no encogen? No sé por qué tienes que irte otra vez. (RÍE) Pues, porque sí. Ay... Porque yo trabajo, ¿sabes? Ya, ya, ya lo sé, que trabajas. De todas formas, marcharte sin descansar después de haber estado toda la mañana en el hospital... Precisamente por eso, porque me dijeron que estoy bien. Además, quiero cobrar mis comisiones. Ah, bueno. Teléfono. Luego, nos vamos a ir tú y yo de viaje. Solos. ¿Eh? Hombre, con tus comisiones, a Montecarlo, si quieres. Uy, a Montecarlo... Llaman a la puerta. ¿Se puede? Sí, madre, pasa. Antonio, tu hermano al teléfono. Dice algo de unas bolsas que se encogieron. Ah, ya, ya lo sé, dile que bajo ahora. (SUSPIRA) ¿Qué vas a hacer con las bolsas? Bueno, pues estoy pensando en no pagar, Merche, porque nos han engañado, nos han enjaretado un tejido que encoge. Vaya por Dios. Me voy. No tardes, por favor. Que tengo que hacer mi vida normal, hombre. Parece mentira que no oyeras al médico, que estoy perfectamente. El que tiene que descansar, eres tú. Para descansar estoy yo... Esta noche lo celebramos. ¿Esta noche? Esta noche. Me voy. Ah... No tardes, por favor. Cierran la puerta. (RESOPLA) Dice tu hermano que vayas al taller, que le corre prisa. Ah... ¿Hablas conmigo? ¿Me lo dices a mí? Dime, ¿es a mí? ¿Entonces, a quién demonios le hablas si no es a mí? Aquí no hay nadie más que yo. ¿Con quién puñetas crees que estás hablando, Arantxa? Ah, ¿sí? Ah. Muy bien. Carlos, ha venido esta carta para ti. Por los sellos, veo que es del extranjero. Y he... he leído el remite de Karina. Ah, Karina. Abuela. Ah... Por cierto, que a mí me gusta más Karina que esa chica que viene, Arantxa, o como se llame, ¿eh? Bueno, no es que sea mala chica, ¿eh? Teléfono. Pero Karina es otra cosa. El teléfono, abuela. Sí, sí, ya me voy, ya me voy. Teléfono. (LEE) Querido Carlos: En estos momentos, estoy viendo llover y me ha apetecido escribirte. ¿Cómo estás? Yo estoy muy bien, aunque la verdad, un poco cansada de Inglaterra y del clima. Pues la semana que viene, me vuelvo para Madrid. Tengo tantas ganas Llaman a la puerta. de estar en casa y poder verte... -¿Nos vamos ya? Sí, claro. -Oye, Carlos, ¿tú cómo andas de dinero? ¿Otra vez? -Sí, pero esta vez, no es para mí, es para una alumna, que se ha metido en un lío, y... prefiero que resuelva el problema en Londres, que aquí. Me entiendes, ¿no? Ya. ¿Y... cuánto sería? -Pues, a ver, yo he puesto 3000, el padre Pascual ha puesto 7000... Vaya, ¿el padre Pascual? -Sí, pero no sabe nada, ¿eh? Ah. -Tú no digas nada. ¿Y en total, cuánto cuesta? -Pues, en total, son 40 000. Mira, te voy a dar 30 000, y ya me lo devolverás cuando puedas. La caja de ayer. -Bien. Pues, muchísimas gracias, hermanito. Ah... Te lo voy a devolver, ¿eh? Lo sé. -Te lo prometo. (NARRA) Lo que son las cosas. Al tiempo que Karina me anunciaba su vuelta de Londres, yo, con mi dinero, enviaba allí a abortar a una chica que ni siquiera conocía. En 1980, se decía que más 20 000 españolas abortaban en Londres en clínicas privadas, pero había otra realidad, la de otras muchas mujeres sin recursos, que una vez tomada la decisión, se ponían en manos de verdaderos matasanos clandestinos. -Según esto, este mes, has vendido... seis pisos, Mercedes. Siete. Con el de esta mañana. -Sí, es verdad. Es verdad, siete pisos. ¿Qué voy a hacer contigo, Mercedes? ¿Qué quieres decir? -Pues eso, que... a pesar de que lo he intentado, pues, he tenido que aceptar que nunca vamos a ser amantes. (RÍE) -Ah. -Pues, es... lo mejor que podía pasar. -Sí, sí, desde luego, es lo mejor que podía pasar, ¿eh? Pero es que contigo me han fallado todos los cálculos, Mercedes. ¿Sabes por qué te contraté? ¿Por qué? -Porque me gustaste desde el primer momento, y porque pensé, iluso de mí, que al final, terminarías por hacerme caso, pero es que me sale el tiro por la culata, y al final, ahora va, y resulta que te haces imprescindible. Vaya, eso me suena a cumplido. -Pues que te suene como te suene, pero eso es lo que es, ¿eh? Has vendido siete pisos, Mercedes. ¿Tú sabes lo que vas a cobrar este mes? Perfectamente. -120 000 pesetas. Es que lo tengo todo apuntado. (RÍE) -No, si al final, acabarás cobrando más que yo. ¿Qué? ¿Te tomas algo ahí abajo o qué? No, me quedo. Anda, trae. -¿Con quién has quedado? Con mi marido. -Desde luego... Menuda suerte tiene tu marido contigo, ¿eh? Ah, menuda suerte tengo yo con él. 120 000 pesetas. (RÍE) ¿Sabes una cosa? Tienes que mirar el lado bueno. No somos amantes, pero soy tu mejor vendedora. Eso es lo mejor que podía haber pasado, ¿no? Aunque estoy a punto de ganar más que tú. -Y yo, que me dejo, Mercedes. Hasta mañana. -Hasta mañana. -Bueno, mire, para zanjar esto de una vez, les hago un descuento del 5%, y no se hable más. -¿Qué? -¿A mí qué me importa que me haga usted un descuento de un 5%? ¿Qué hago con el resto del tejido? ¿Me lo como o qué? -¡Ustedes verán, pero la letra que ustedes aceptaron, ya me la descontó el banco, y yo la cobro! -Ah, no, bueno... -Bueno... -Vaya que si la cobro. -De eso, nada. Hombre, eso de que cobrará la letra, habrá que verlo. porque llamaremos al banco a decir que no esté conforme y no se la pagarán. -¿Cómo que no está conforme? ¡Ustedes, lo que son, es una panda de aficionados! Perdón, ¿qué me ha dicho? -¿Quiere que se lo repita? Sí, repítalo, que estamos en un país libre. (RÍE) -¡Aficionados! -¡Me cago en la leche que...! Quieto un momento, quieto un momento. Coja la maleta y márchese antes de que le hagan daño. Ande, coja la maleta y márchese. -Claro que me marcho. Pero les aviso, ¿eh? ¡Ustedes no saben con quién están hablando! ¡Quien no sabe con quién está hablando, es usted, que no tiene ni idea de con quién está hablando! ¡Lárguese, hombre! A ver, ¿y esta bolsa, quién la ha lavado? ¿Tú? -¿Quién? ¿Yo? ¡Pues has fastidiado el negocio, porque se trataba de meter dos botellas de aceite, no un frasco de colonia! (RÍE) -Pero que yo no... ¿Y tú, qué? -¿Yo qué, qué? Sí, tú, ¿qué haces? -¿Pero yo qué tengo que hacer? -No, no. ¡Pues controlar! ¡Controlar un poco la producción! ¡Clara, hija, coño, que parecemos aficionados! -Es verdad. ¡Que no se recibe otro pedido, si no lo sé yo! Que me dejes, hombre. -¿Qué te pasa? No me apetece hablar contigo. -¡Cada día te entiendo menos, Carlos! ¡Esta mañana te levantaste bien, y ahora parece que tengas una úlcera de duodeno! No es que lo parezca, la tengo, y así de grande, ¿sabes? -¿Lo has conseguido? -Sí. -¿Qué te pasa? No me apetece hablar. -Te lo devolveré. -¡A mí sí! -La próxima vez, ten más cuidado. -Gracias, Inés, eres una tía legal. -¡Quiero saber por qué! -¿Cuándo te vas? -Mañana por la tarde. Me dijeron en la agencia de viajes que pasado mañana ya estoy aquí. -¿No entiendo el qué? -Bueno, adiós. ¡Pasamos la noche juntos, y por la mañana, estás con él en la ducha! ¡Nada, cojonudo! -¿Y a ti qué te pasa ahora con eso? ¡No es que me pase a mí, es a ti! ¡No me vengas con lo de ni exclusivo ni excluyente, porque me tienes hasta los huevos! -Pues, haberme traído la toalla. (TOSE) (SUSPIRA) -¿Antonio Alcántara? ¡Antonio Alcántara! Sí. -Pase, por favor. Gracias. -Ah. Paco, encantado. -Alcántara. Ah... Siéntate. Gracias. -Bueno, desde que Maceiras me dijo que querías consultarme, te he buscado un hueco, faltaría más. Ya. -¿Y qué? ¿Cómo te va la vida? Me va bastante bien, Paco, bastante bien. Bueno, tú ya sabes que yo dejé la política hace tiempo. -Sí, sí, hiciste lo mejor, las cosas no están bien para el partido. Ha comenzado la cacería Adolfo, y lo siento, porque no se merece esa ingratitud de unos y otros. Ha hecho mucho... en el país. Ya lo sé, yo también he sido un hombre de Adolfo. -Esperemos que todo se resuelva bien. Maceiras me dijo que a tu hermana le han diagnosticado... una neoplasia... de mama. Sí, precisamente te traía el informe del clínico para ver si me puedes dar tú una segunda opinión. -A ver. (LEE) Paciente de 50 años, casada, cuatro hijos... Vamos a ver, el pronóstico no es bueno. Hay que actuar enseguida. Hay que extirpar, y a continuación, radiar. Eso mismo me han dicho en El Clínico. -El informe es correcto. Pero no hay por qué verlo todo negro, últimamente se están consiguiendo grandes resultados gracias al radio y a la quimioterapia. ¿Tu hermana sabe lo que tiene? No, no sabe nada. -Es mejor así, es muy importante que no sepa nada. Ya. -Me gustaría haberte dado mejores noticias, pero... Me hago cargo, Paco. Muchas gracias por tu tiempo. -No hay de qué. Por cierto, a ver si uno de estos días nos reunimos las viejas glorias en una cena homenaje antes de que nos obsequien con un golpe de estado. Si organizáis una cena me avisáis, para mí será un placer. -Desde luego. Lo dicho, muchísimas gracias, paco. -Antonio... Tranquilo. No es fácil. Gracias. Gracias. Tormenta. -Está cerrado. Felipe, hijo, soy yo. -Hombre, don Antonio, pase, pase. Que se supone que abrimos a las ocho y media, pero vamos, que usted como en su casa. ¿Quiere tomar algo? ¿No está mi hijo Carlos? -No, cuando he llegado no había nadie, pero vamos, tiene que estar al caer. No sé, ponme cualquier cosa, hijo. -¿Whisky? Sí. ¿No será de garrafón? Me sienta muy mal. -¿Cómo va a ser de garrafón, don Antonio? Esto es un bar de primera calidad. Escocés, whisky escocés. ¿Puedo hacer una llamada, hijo? -Claro. Es a Roma, pero te lo voy a pagar, no te preocupes. -Que me va a pagar usted, don Antonio, faltaría más. ¿Quiere que le marque? Por favor, hijo. cero, siete, uno, uno, siete. Suena el teléfono. Dígame. -¿Está Antonio Alcántara? No, no está, ¿de parte de quién? -Soy Félix Maceiras, ¿con quién hablo, por favor? Con su mujer. -Ah, hola, Mercedes, no te había reconocido, ¿qué tal? Bien, bien, ¿tú? -Bien, bien, muy bien. Sólo preguntaba para saber qué le dijo el doctor Uribe a Antonio sobre la enfermedad de su hermana. Hay que tener mala suerte, eh, verdaderamente esto es una lotería y al que le toca, le toca. Sí, es verdad. ¿Te pasa algo, hija? -Bueno, pues nada, lo dicho, dile por favor a Antonio que me llame cuando llegue, ¿vale? ¿Mercedes, Mercedes? ¿Mercedes, estás ahí? Suena el teléfono. -Pronto. Tony, soy papá. -Hombre, papá, qué alegría, ¿qué tal? Estaba cenando algo, ¿cómo estáis? Pues regular, hijo, regular. Te estoy llamando desde el bar de Carlos y Felipe porque no quiero hablar desde casa. -¿Por qué, está bien la abuela? No, no es la abuela, la abuela está bien. Es mamá. -¿Qué le pasa a mamá? Que está mal, hijo. Muy mal. -Oye, papá, no me asustes, ¿qué le pasa? Que tiene cáncer, hijo. -¿Cómo que tiene cáncer? Sí, cáncer, le van a tener que quitar el pecho. -¿Cuándo? No lo sé cuando la van a operar, pues cuanto antes, la semana que viene lo más tardar. Sí, hijo, sí, a mamá la van a tener que operar del pecho, hijo. -¿Ella sabe algo? No, mamá no lo sabe. Ella cree que tiene algo sin importancia. Acabo de estar ahora con un ginecólogo, el mejor que hay en Madrid y me ha dicho que ese es el diagnóstico. Que hay que operar, cortar el pecho, vaciar y que luego le van a dar cobalto y no sé cuántas cosas más. -Bueno, yo me voy al aeropuerto y cojo el primer avión que pueda. Espera, Tony, Tony, espera. Que están aquí Inés y Carlos y no vengas, Tony, hijo, no vengas porque entonces se va a dar cuenta de que tiene algo malo. Tú haz tus cosas y espera a que yo te llame. -Me voy al aeropuerto y me cojo el primer avión que pueda. Yo te llamo, hijo, yo te llamo, tú espera a que yo te llame. (TODOS SOLLOZAN) (TODOS SOLLOZAN) -Miguel. ¿Estás despierto? -No. -Miguel, que te quería decir una cosa. -Qué. -Pues que tu hermano tiene razón cuando me llamó loba. -¿Qué quieres decir? -Que es verdad, Miguel, que soy un poco egoísta, no lo puedo evitar. -Ay, Dios mío. -He estado hablando con Françoise hoy. Le he dicho lo de que teníamos que hacer testamento, ¿sabes lo que me ha dicho? -Pues a saber lo que te ha dicho, ¿qué te ha dicho mi hija? ¿Eh? -Que le demos el tercio de menos a las niñas. -Paquita, por favor. -Pero que me lo ha dicho ella, que no le dije nada, que salió de ella, ¿te das cuenta? Es que es mucho mejor que yo. Yo no sé lo que me pasa que me he vuelto más envidiosa que Josefina. -Venga, por favor, Paquita, no digas esas tonterías, por favor. -¿Crees que es una tontería? -Una tontería como la copa de un pino. -¿Sí? -Sí. ¿Qué pasa, que te duele? -Miguel. Gemidos. -Oh. (NARRA) Fue una noche larga, muy larga en la que menos mi abuela que creía que todo iba sobre ruedas, todos nos preguntábamos lo mismo, ¿por qué tenía que haberle pasado a mi madre, por qué a ella? Pero esa es la pregunta que por lo visto se hacen todos los que han pasado por la experiencia de recibir el fatal diagnóstico. Aquella noche la tengo grabada en mi memoria porque fue una noche de dolor, de reflexión, de preguntas sin respuestas, de querer saber por qué el destino el último año nos golpeaba así, tan continuamente sin darnos tregua. Ha llamado Maceiras preguntando por la enfermedad de tu hermana. Esta mañana cuando me he ido con la enfermera el médico te ha dicho algo malo, ¿verdad? Me ha dicho que te vas a curar, por eso he consultado con otro médico. ¿Tengo cáncer? No va a ser nada, ya verás. Dime la verdad. ¿Qué quieres que te diga? No quiero que me mientas. No va a ser nada, ya lo verás. ¿Qué te ha dicho el médico? Pues eso, que tiene cura, que te van a abrir, pero va a ser muy sencillo, que va a salir todo bien. ¿Qué me van a hacer? Pues te van a quitar el quiste, el bultito. Pero es una cosa muy sencilla. Es muy sencillo y va a salir bien. ¿Por qué a mí, Antonio, por qué? Desde hace un año que las cosas se han empezado a estropear y no sé por qué. No va a ser nada, ya lo verás. No paro de darle vueltas a la cabeza, ¿por qué? ¿Por qué a mí?

Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 228

08 dic 2011

María está intranquila porque sus padres han salido por la mañana temprano y no sabe dónde han ido. Lo que no sabe es que en realidad han ido a recoger los resultados de las pruebas médicas que han hecho a Mercedes. Afortunadamente el médico les dice que todo está bien y Merche respira tranquila. Quien no respira tranquilo es Antonio con el negocio de banderas que ha montado con sus socios, y es que no dejan de surgir problemas. Habían intentado ampliar el negocio con un encargo de bolsas de tela, pero resulta que el tejido ha encogido y el proveedor no se hace responsable.

 

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  1. Diego luna g.

    Espero que le quiten el {JUANETE} de los pies se le ve muy feo, o por favor que no muestre los pies, nos arruina toda l tarde.

    08 nov 2012
  2. danxmex

    Wow sin palabras maravilloso capitulo me hizo llorar actuaciones de lujo felicidades

    22 abr 2012
  3. Tess

    Mercedes ha mejorado mucho su interpretación , en los primeros capítulos es como una niña tonta y sobreactuada, es a ella la única que para mi no lo hace muy bien al principio, los demás de maravilla, menos mal que mercedes ha mejorado, por que me encanta esta serie.

    17 abr 2012
  4. Elena

    por favoooor mas drama noooooooooo me encanta la serie y la sigo pero no me gustaría que se extendiera demasiado la enfermedad de Mercedes, ojalá no la maten, yo conozco mujeres de la época que superaron el cáncer de pecho, a ver si dejan respirar un poco a la familia Alcántara. También comparto la opinión de England25 de que se está separando un poco del momento histórico que antes estaba mas presente y se está centrando demasiado en la vida de los personajes. Si yo pudiera le daría a los guinistas una idea de algo que no se refleja en la serie y ha sido de mucha importancia para la vida cultural española. por lo demás enhorabuena, al fin algo que se puede ver!

    18 dic 2011
  5. Monse

    No se si me equivoco Shuuya pero creo que dice duro... no euros...

    15 dic 2011
  6. Shuuya

    vaya cagada xD en el minuto 4:08 el de los marcianitos le pide EUROS al camarero xDDDD

    15 dic 2011
  7. lucia

    gracias por contarnos historias de todo tipo, no solo comedia, para eso tenemos otras series que las pones y ya sabes que te vas a reir. los alcantara tienen de todo, comedia y drama, por eso son tan buenos.

    15 dic 2011
  8. Avatar de Luis P Luis P

    ¿Alguien sabe como se llama la melodia que suena en el capitulo 228?. Concretamente suena buena parte del tiempo alrededor del minuto 36:30. Gracias

    14 dic 2011
  9. marisol

    FELICITACIONES!!!!!!!

    14 dic 2011
  10. England25

    La verdad es que si el capítulo anterior fue bueno este ya..........es genial. Es un paradójico que cuanto más triste es más interesante y bueno parece, pero es realmente bueno. Si bien es cierto que últimamente se están centrando como argumento de la serie más en el aspecto personal y lo que le ocurre a la familia, que en los hechos históricos del momento, como ocurría sobre todo al principio; aún así un capítulo fantástico, y si querían darle emoción lo están haciendo, y muy bien.

    13 dic 2011
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