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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 226

Cuéntame... cómo te ha ido en tu viajar por ese mundo de amor. Cuéntame, cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Háblame... Cuéntame, como te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame, cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido... Cuéntame si has conocido la felicidad. Háblame... Cuéntame, cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. -Su familia puede disfrutar ahora de un apartamento en Alicante. -Por sólo 200 mil pesetas de entrada. -Sea propietario de un apartamento o bungalow en Torrevieja, Alicante. -Los mejores apartamentos al mejor precio, aproveche... (NARRA) Aunque la crisis estaba golpeando a mucha gente, habían otros que podían irse de vacaciones, incluso comprarse una segunda casa con vistas a un mundo de hormigón, o a un trozo de mar que se veía si te asomabas por la ventana de la cocina. Mi madre formaba parte de ese sueño de ladrillos y arena, y en eso andaba metido yo también, en los sueños, aunque en mi caso, eran los de una nueva vida, adulta e independiente. (EN VOZ BAJA) Carlos... Carlos. Oh... Carlos, quiero que hables con tu padre antes de que se vaya a trabajar. Venga... Vamos arriba, Carlos. Carlos... ¡Ay, virgen santísima! -¿Qué pasa...? ¿qué pasa? Perdón, perdón, no sabía que eras tú. -Doña Herminia, que entre mi señora y usted yo no gano para susto. Ay, perdona, perdona, te había confundido con mi nieto. -Ya me gustaría a mí ser su nieto, y no pasar por la que estoy pasando. Perdón, perdón. -Dormir en un colchón cochambroso en el almacén no es lo mejor para la salud de tus huesos, Carlos. Y dormir en casa de mis padres no es lo mejor para mi salud mental. Oh... ¿Qué haces? -Mirando pisos, encontré uno cojonudo aquí al lado. No, digo con el Tequila. -Animarte, macho, estás de un triste... brinda. Por nuestro piso. ¿Cómo que nuestro piso? -Lo dijiste ayer, que estás harto de tu padre y te ibas a buscar piso A buscar piso, primera del singular. -¿Y te crees que soy gilipollas? segunda con la primera persona, ni de coña. ¿Qué dices? -Tú quieres el piso para llevarte a Arancha, y como vivo con mis padres, cuando me de cuenta estáis de parejita, que no, chaval, estamos todos para una, y una para todos. Todos somos nosotros, primera persona del plural. Pero es que me apetece vivir solo. -Y a mí también, pero si compartimos negocio, chica y moto, tú me dirás. Además lo pasaremos de puta madre, Carlos, y vas a pagar menos. ¿Dices que estás por aquí cerca? -Aquí al lado, dos dormitorios, exterior... Venga, vamos a verlo, pero la moto la llevo yo. -¿Y yo de paquete? (RÍE) Ni de coña. No te lo preguntaba. -Carlos, no tienes ni idea de conducir, para empezar. Claro que no, porque las motos no se conducen, se pilotan, chaval. -Muchas gracias, don Antonio por acogerme en su casa, es usted mi padre. Y tú, Pepe, y tú. Es que no me acostumbro. ¿Y cómo hacemos lo de tu primo y las banderas? -Yo con ese no quiero nada, eh. Pero vamos a ver, qué tendrá que ver una cosa con otra, los negocios es lo más importante y lo otro es... lo otro. Que no, don... Que no, Antonio, que no pienso ir por esa casa en mi vida, nunca más. Pero vamos a ver, si no vas por ahí, no hay negocio y si no hay negocio, ¿qué hacemos aquí? -La manzana, don Antonio, ahí empezó todo, con la manzana, si es que desde la primera mujer no hubo una buena. Pepe, no digas burradas, que asustas a mi niña y me distraes la conversación. -Perdón, don Antonio, pero es que su niña no es una mujer, es un niña, y... y doña Herminia es una abuela, que es una cosa muy importante. Y su hija Inés es una madre es una madre, que es otra cosa. Pues ahora hablaré con Merche, que también es una madre, y una hija, pero tiene muy mala leche, así que cállate. -Soy una tumba. -¿Estás bien, maría? No le hagas caso a este señor, ¿eh? Hola, buenos días, ¿me pone con la 207 por favor? Ah, bueno, llamo más tarde. Adiós. ¿Qué pasa? Nada, debe estar desayunando. -Ya, desayunando, o dándose un baño, con el biquini de Eva, porque fue Eva quien inventó el biquini, que sale en todos los cuadros. La primera mujer, vaya mujer. Vamos a ver, ya está bien, a ver si me tendré que acordar de la mujer, la madre o la madre de todos. ¿Estamos a lo que estamos o no, o a qué has venido aquí, a soltarnos eso y comerte las tostadas? No hagas caso a este señor, hija. -Anda, mi vida, come un poquito, hija. Hombre, por Dios. -Es que no tengo hambre, me da mucha pena Félix. ¿Todavía estás con lo de Félix, hija? Muchas gracias. -Buenos días. Qué día más bonito, ¿verdad? Qué pena que me voy hoy. -Es verdad. Gracias. -El servicio... lo tiene todo, y dos habitaciones, muy cómodas cualquiera de las dos podría servir para una pareja... ¿Cuánto? -20 mi, más los gastos. -Eso es un robo, caballero, lo siento. -Pero está en pleno centro. -Sí, pero sólo dos habitaciones, y una de ellas es enana, uno de los dos estará encajonado. Vamos a ver, esta casa como pueden ver es muy luminosa, cómoda, amplia... Si, todo lo que usted quiera, pero la escalera está que se cae, no hay ascensor, la fontanería no se cambió desde que se hizo el piso, como comprenderá, yo no puedo aceptar esto. -Yo no puede bajar de ese precio. Mira, Felipe, me parece que está bien y yo me quiero ir ya. -Antes de una semana aquí no pueden entrar, hay que limpiar y pintar. -¿Y si lo hacemos nosotros? Usted nos da las llaves y no se encarga de nada. -¿A cambio de? -18 mil, gastos incluidos. -No sé. -Para como están las cosas en este momento, permítame decirle que creo que es buen precio. -No sé, no sé. -Fianza y primer mes, saca 18 talegos. Bueno y... ¿todas estas cosas? imagino que serían de la antigua inquilina, ¿no? -Son todas para tirar, como ven, tienen por delante una buena oferta. ¿Y no tenía familia a la que dárselos? -Sí, un hijo, pero hace ya años que no se hablaban. Necesito un carné. Yo. -Cuando bajen, toquen el primero, tienen ustedes que firmar unos papeles. -Vaya mierda de negociante que estás hecho. Es que estaba pensando... -¿En qué? El primero en llegar, elige. Uh. -Oh... Carraspeos y tos. -Oh... (EN VOZ BAJA) Rocío. -Hum... -Rocío, Rocío, cielo. Hum... -Hum... -Que nos hemos quedado dormidos. Pues que no puede ser. -¿Por qué? -Porque mi suegro duerme en la habitación de al lado. -¿Tú suegro? -Mi suegro, sí. Ha venido del pueblo y se queda a dormir en la habitación de al lado, te lo juro, nos tenemos que ir. Perdóname, pero nos tenemos que ir. Nos tenemos que ir. (RÍE) -Ja, ja, ja... No puede ser, ¿tu suegro? Oye, vámonos a desayunar. -¿Cómo vamos a ir a desayunar con mi suegro aquí? -Con tu suegro no. -No conoces a mi suegro, es un hombre horrible, vístete rápido que nos tenemos que ir. -Hala, tú si que sabes tratar a una señorita, ¿no? -Rocío, por favor. Tos. (CHISTA) -¿Cómo quedamos? -¿Cómo que cómo quedamos? No se si debemos quedar. -En el hotel Medio día, habitación 410 a las 10 de la noche. -De verdad, Rocío, que... -¿Sabes lo que te digo, Miguel? -¿Qué? -Que hagas lo que tú quieras. Tos. -Habitación 410, a las 10, estaré puntual, perdona. -Yerno, ¿qué haces ahí apoyado? -Yo qué sé, Anselmo, que me he mareado un poco. -Eso es... que no has desayunado. -¿Usted cree? A lo mejor ha sido eso, sí. -Venga, a desayunar. -¡Yerno! -Vamos a ver, hija mía, Félix está en un sitio mejor, donde no hay miedo, no hay dolor... sólo paz y alegría. -¿Y hay animales? Porque a él le gustan mucho los animales. -¿Animales en el cielo? Eh... Sí, sí, sí, supongo que sí, porque... ellos también son criaturas de Dios. -¿Y pandas? ¿Hay pandas? -Pero... Pero ¿qué pandas? ¿Qué pandas ni bandas? En el cielo no hay pandas ni bandas, en el cielo hay arcángeles, querubines... No, no, no, padre, si ella se refiere a los osos panda. -Ah... Está hablando de los osos panda. -Claro, claro que sí, claro que sí, que hay osos panda en el cielo, María. -Entonces, seguro que Félix está muy feliz. -Por supuesto, porque para eso, el cielo es el cielo. Solo hay cosas buenas y ninguna mala. Muy bien, muchas gracias. -De nada, de nada. Aquí estamos para lo que haga falta. -¿Y lobos? ¿Hay lobos? Porque los lobos se comen a los osos panda. Lo... lobos... Sí, claro, claro que los lobos... los lobos buenos, los que decía Félix, los hermanos lobos, esos están en el cielo también. Bueno, adiós. -Adiós, Herminia. Adiós, María. -¿Y rinocerontes? ¿Cuántas horas tardaremos en llegar a Madrid? -No sé, lo menos, cinco horas. ¿Qué pasa, tienes prisa? Me gustaría llegar cuanto antes. Hoy justo se cumple un año de... -¿Tienes que montar una fiesta de aniversario? No, no exactamente. Cosas de... -Que me envía Chimo para deciros que no puede venir. -¿Qué? Esta gente es una risa. -Perdona, no he terminado. -Cuidado, que no ha terminado. Es que son la leche, Mercedes. -Dice que se pasará por vuestro hotel sobre las 8 para firmar el contrato. -Bien. Mira, ¿Sabes lo que puedes decirle de nuestra parte? Sí, que estaremos esperando. -Eso. -Muy bien. -Anda, Mercedes, ven, vámonos al hotel. Yo mejor me voy a dar una vuelta. Si me dejas esto en recepción, por favor... -Ah, vale. Hasta luego. Gracias. -¿Quieres? No, gracias. (RÍE) ¿De vedad este tío es del Barcelona? -Sí, vive aquí. Mire, esa es. -¡Inés! Inés, tú eres Inés, ¿verdad? -Sí. ¿Qué pasa? -Soy Eva, la madre de Jaime. ¿Te acuerdas? El cementerio. -Ah. -Hoy ya hace un año. -No... no me acordaba. -Pensaba ir al cementerio, porque no he ido desde el entierro, y yo quería... -Eh, es que no podré ir. -No, no, Inés, no es eso, es que tengo que saber si Jaime... Tú estabas allí. Si Jaime hizo lo que hizo a sabiendas. -¿Qué? -Que si la sobredosis no fue un accidente. No me lo puedo quitar de la cabeza, porque para eso, no hay perdón, Inés. -Yo es que me tengo que ir. -Pero tú estabas allí. Lo hizo adrede, ¿verdad? Tú lo sabes. Él no quería seguir sufriendo, por eso, hizo lo que hizo. -Es que... Lo siento... -No. -Es que me... -Por favor. ¡Inés, no me moveré de aquí hasta que me lo cuentes! -No hay nada que contar, Eva. Váyase a casa, por favor. Motor de arranque. Claxon. -¡Mercedes! ¡Pero Nieves, qué casualidad! (RÍE) ¿Tú no ibas a Madrid? Bueno, me cambiaron la reunión esta tarde. -Pues mira, Merche, me alegro. Tú te vienes con nosotros. -Claro. Claro que sí. -Mira, me dejaron una lancha... que ya verás. Bueno, mira, esa de ahí. ¿Qué queréis, que vayamos en una lancha? -Claro. No, en una lancha, no, no. -Venga, Mercedes, no seas así. Mejor tomamos algo en una terraza. -No, no, de eso, nada. Merche, ¿cuánto tiempo hace que no nos veíamos? Ay, no me hagas esto, hombre. -Si lo pasaremos bomba. (SUSURRA) Es que no sé nadar. -Venga, venga. Motor de arranque. Un rato, ¿eh? -Sí, claro. Tengo muchas cosas que hacer. -En estas veces, es cuando más se disfruta del mar. Sin tanto turista y tanto niño gritando. -Eso es verdad. (RÍE) Qué bien, Merche, que no te hayas ido. Desde luego. -Es que la vida está llena de sorpresas. -¡Mira, mira, mira! -¡Vamos, Niki Lauda! (RÍE) -Míralo, igual de rápido que en la cama. -¡Oh, oh! -¡Te enterarás tú luego, hombre! -Tú sí que te enterarás cuando te pille. (RÍE) (GRITA) -¡Ah! ¡Ostia! -¿Qué te ha pasado? -Mierda, me pillé el dedo. -Oh... -Mira lo que hacen algunos por no currar. -Ya, anda. -A ver... Sana, sana, culito de rana, si no se cura hoy, se curará mañana. (RÍE) -¡Ah! ¡Ah! ¡Joder, qué tirón me ha dado! -A ver, a ver, ¿a ti qué te ha pasado? -Eh, eh, que mi herida es real. -Sana, sana, culito de rana, si no se cura hoy, se curará mañana. -¡Oh! Qué sitio más feo, ¿no? (RÍE) Chicos, ¿estáis seguros de que os queréis venir a este antro? -Que sí, madre, que está genial. -Ah... Arancha, querida, ya ves que estos hombres no tienen ni idea. (RÍEN) -Así que espero que le hagas entrar un poco en razón. Y ahora, acompáñame al baño, que quiero pasar revista a los sanitarios. (RÍE) -¿Qué hace aquí tu madre? -Me dijo no sé qué de ayudarnos con la decoración y aquí la tienes. -Joder, nos vio seguro. ¿Que os va a ver? No se entera de nada, Carlos. -Nos tenía enfrente. -Carlos, está en la luna. Te lo digo yo, que he vivido con ella toda la vida y he hecho lo que quería. -Eh... -¡Oh, qué horror! ¡Y las tuberías, de plomo! Chicos, lo primero que hay que hacer, es arrancar las tuberías, cambiar la fontanería. -Pero ¿qué dices tú, gilipollas? -Pues la verdad, que Javi será tu novio, pero es un cagao. -¡La que te vas a cagar, eres tú! -¡Eh, eh, eh! ¡Parad ahora mismo, hombre! ¡Tú, para allá! ¡Para allá! -¡Si ha empezado ella! -¡Me da igual la que empezara! ¡Una palabra más, y os llevo al despacho de Pascual! ¿Entendido? Siéntate, Reme. Eh, Marta, ¿has ido al hospital? -Pero no me dejan verle. Hay un madero en la puerta. -¿Quieres que vayamos luego? -No nos van a dejar pasar. -Que sí, mujer. Yo he estado detenida en la Puerta del Sol, por los grises. No creo que estos de marrón sean peores. Madre mía... De verdad, yo mejor me vuelvo al hotel, porque yo en ese trasto no me he subido nunca y prefiero que no. -Merche, no seas aguafiestas. ¡Déjame, que tengo que llamar a Antonio! ¡Tengo que decirle...! -Luego lo llamará. Venga, hay que hacer cosas nuevas. Desde que conocí a Manu, le saco jugo a la vida cada segundo. -Ah... Ay, por Dios. -Ay, mi salvador. Merche, si no fuera por él, quizás ahora estaría ahí abajo. -Mujer, no lo cuentes, que no es para tanto. -Dame, dame. -Anda, quítate los zapatos. Ay. (RÍE) -Mira, el año pasado... ¿Ves aquella caleta de allí? Sí. -Bueno, pues allí. Lo típico, me metí para nadar, y de pronto, el mar empezó a chuparme, a chuparme... Menos mal que apareció Manu y me llevó a la orilla. (RÍE) -Un poco más, y no lo cuento, Merche. ¡Adiós a la vida! Por Dios, pues qué susto. -Pues no, pues qué suerte. En fin... Es que me ayudó a espabilarme, a disfrutar. Desde ese día, pues, Manu y yo no nos separamos, ¿sabes? Y le sacamos jugo a cada segundo. (RÍE) Pues eso es lo bueno de no saber nadar. (RÍE) Que no te metes donde cubre. -Pero es que hay veces en la vida, que hay que meterse donde cubre. Ya, ya. (RÍE) Merche, tienes que aprender a nadar. Sí, si lo he intentado, pero creo que a estas alturas, ya, como que no. (RÍE) -No intentarlo, tienes que hacerlo. Oye, Manu, ¿por qué no le enseñas tú? Que tú nadas bien. -Si es muy fácil, ahora entramos en alta mar y en media hora, se aprende. ¿En alta mar? Ni loca. Uy. -Se me ocurre otra idea. ¿Eh? -Ay, qué miedo me das. (RÍEN) -¿Te trajiste bañador, Merche? Claro que me lo traje, pero no me lo pienso poner. (RÍEN) -Tienes que relajarte, ¿eh? Relajarte. ¿Y esto lleva salvavidas? -Mujer, estoy yo. (RÍEN) Ay, Dios mío. -Tienes que relajarte, que ya te conozco, ¿eh? Me estoy arrepintiendo. (RÍE) -¿Arrepintiendo? -Que no, mujer, ya verás qué bien lo pasamos. Verás qué bien lo pasamos. Si me vieras, Antonio... -¿Chicas, ¿preparadas? -Sí. (AMBOS) Vamos. ¡Arranca! Estoy preparada. (RÍE) ¡Yuhu! -¡Allá vamos! -¡Uh! Eh, por favor, dígale al señor Ramírez que le llamó Antonio Alcántara por el asunto de las banderas de San Isidro, y que le volveré a llamar. Pasos. Gracias. Gracias. Buenos días. -Buenos días. ¿Qué se le ofrece? -¿La bandera la fabrican aquí? ¿Me permite? (TOSE) Pues sí, sí, señor, esa bandera se fabricó aquí. ¿Por qué? -Las quiero de buena calidad. Ah. -Me dijeron en el ayuntamiento de Sabadell que el precio es bueno. Intentamos hacer el mejor precio posible. ¿Quiere hacerme un encargo de banderas? -No, no quiero hacer encargos, quiero hacer negocio. No le entiendo. -Pues ya iba yo, creo que somos colegas. Antonio Alcántara. -Encantado. Siéntese. -Perfecto. Bueno, aquí pone que fabrican banderas desde 1950. -Creo que te he dicho que éramos colegas, perdona que te tutee. No, puedes tutearme. ¿Cuál es el negocio, Roger? -Mira, seré muy claro y directo, porque entre personas como nosotros, solo podemos ir al grano. Sí. -O nos podemos hacer mucho daño, o nos podemos hacer mucho bien. Dependerá de nosotros. No entiendo. -Yo vengo de Barcelona, de Cataluña. Tengo muy buenos contactos en los ayuntamientos, hago banderas para Generalitat, y pensé en expandirme en Madrid, pero claro, todo esto implica inversión, quiere decir, transporte, publicidad... Al final, es un lío. Entiendo. Lo que me estás proponiendo, Roger, es que nos quedemos cada uno en nuestra casa, y Dios en la de todos, pero sin molestar. -Lo que no puede ser, es que a nuestra edad, durmamos fuera de casa cada día de la semana, que estemos todo el día con el corazón en un puño. A ti te va bien aquí, a mí me va muy bien en Cataluña. Hombre, no me va bien, pero estoy empezando. -Tú calidad está contrastada, lo haces bien. Sí, pero si te confieso una cosa: yo necesito crecer. Si no crezco, me asfixio. No monté este negocio para hacer banderines de coches de choque. -Mira, yo esta noche cojo el puente aéreo. ¿Qué te parece si vuelvo a verte antes? Muy bien, pues hablemos esta noche. -Nos vemos esta noche. Gracias por tu visita. -Encantado. Adiós, hasta esta noche. Adiós, hasta esta noche. Ya están aquí los catalanes, ¡qué poco han tardao! -Muchísimas gracias. -Rápido, señorita. -Javi, ¿qué te han hecho esos hijos de puta? -Na. Agujerillos pa la refrigeración. -Un minuto, que me la estoy jugando. -Sí. ¿Podríamos quedarnos a solas este minuto? -Imposible. -Bueno, ¿pero no sois la nueva policía con una cara más amable? -Nueva sí, tonta no. -Perdón. Bueno, Javi, ¿qué tal? -Bien... bien jodido. El médico dice que estoy bien, pero a ver qué dice ahora el juez. ¿Tú qué opinas, madero? Bueno, chata, ¿y tú qué? ¿No me has traído unas flores, unos bombones, una pipa? -Bueno, ya me gustaría, ya. -Por favor, tienen que irse. -Si acabamos de llegar. -Nadie les puede ver aquí. ¡Javi! -Cuídate. Madero, no mires tanto que te vas a poner burro. ¡Ahora! -¡Te quiero, Javi, te quiero mucho! -Ande, profe, llévate a esta, que es una llorona. -Adiós, Javi. -Adiós. -Señorita. Pero si es que me han llevado en una lancha, de esas rápidas. ¡No me acordaba lo bien que lo pasábamos! Dale un beso a Nieves y no te olvides de tu familia. Cariño, qué tonterías dices. Pero si vuelvo mañana mismo. ¿Cómo que vuelves mañana? Si es que vamos a firmar hoy a las ocho. ¡Joder, qué hora más mala! Pues sí. Pero Chimo no puede antes. ¿Chimo, qué Chimo? El constructor. Un valenciano... ¡valenciano de pura cepa! Llaman a la puerta. Ah, Chimo. ¡Sí, un momento! Antonio, te tengo que dejar, que me bajo. ¿Y dónde vas a ahora? A la piscina a aprender a nadar. Pero si tú no sabes. Por eso, me van a enseñar. Luego te cuento. ¡Llámame y cuéntame, por Dios! Que sí, cariño. Bueno, si no me he ahogado. Llama. Adiós. ¿Qué pasa? Pues que no viene. -¿Mamá se va a quedar en otra casa? No, cómo se va a quedar con Carlos. Se quedará con Carlos en la moto alemana. ¡Todo a la vez, deja la carrera, se va de casa, se compra una moto! Bueno, tú, tranquilo, cuando venga Mercedes, hablará con él. Pues sí, no le va a servir de nada. Hablas con ellos como con una pared. ¿Tú no dices nada, Echegaray? -No pienso decir nada. Total, para decir tonterías... No quiero es enfadarle, don Antonio. Quien conoce de sobra a su mujer es usted. Pues claro que la conozco. ¿Sabes por qué no viene? Porque tiene una firma importante para vender unos apartamentos. -Claro, si tiene una firma. ¡Que no repitas lo que digo! -¿Y qué quieres que le diga? Algo inteligente. -¿Quiere que le dé mi opinión? ¿A ver? -Pues mi señora no se fue a la playa ni es como su señora... Evidente. -Y encima con el biquini. ¡Que no se ha llevado el biquini! -Yo lo comprobaría, don Antonio. ¿Sí? Pues yo no, no me hace falta. Anda, María, no vamos a llegar tarde otra vez. -No se preocupe, yo las llevo. No, no, no hace falta. -No, no hay que ser agradecidos. Eso, Pepe, date una vuelta. -Traiga. Y otra cosa: no marees a mi suegra y a la niña. -De todos modos, compruebe, don Antonio, ¡compruebe! Sí, hombre, voy a comprobar, como un majara como tú. ¡Se lo ha llevado, me cago en la cuna que la arrulló! ¡Se lo ha llevado! -¿Vamos? -Sí. ¿Te puedes levantar antes las mangas? -¿Qué? -Que te levantes las mangas. -¡Pasa de mí! -¿Te crees que soy gilipollas? -¡Déjame! -He visto cómo se lo pasabas. -¿De qué hablas? -¿De qué? Del caballo. -Lo necesita, ¿vale? ¡No sabes cómo se pone si no lo toma! -Claro que lo sé. Ahora levántate las mangas. -¡Yo no me meto, joder! -Marta, ¿lo has probado? -Alguna vez. Pero controlo. -Esa es la mayor tontería que se puede decir. -¿Nos vamos o me cojo el puto autobús? -Lo que le has dado a Javi lo puede matar. -No empieces con esa mierda. -¿No empieces con esa mierda...? Él estaba sentado ahí hace un año, donde estás tú. La compramos a un tipo que conocíamos. Yo me estaba preparando una dosis y Jaime... Jaime tenía más mono que yo. ¡Le temblaban las manos y me pidió que le inyectara! Porque él no podía. -¡Joder, profe! ¡Yo no lo sabía! -¡No sabes lo rápido que se enfría una persona cuando se muere! Se quedó frío como el cristal del coche, helado. Ese frío se te queda pegado al cuerpo para siempre. -Javi dice que él lo puede dejar cuando quiera. Que sólo mueren los pringaos. -Pues puede que solamente se mueran los pringaos. ¿Pero los que nos quedamos aquí, qué somos? ¡Ese es un peso que no te puedes quitar en la vida! -Profe. -No, no, no, no. No quiero la compasión de una futura yonqui. ¡Si no fuera por esa mierda, Javi no estaría donde está! ¡Y tú lo sabes, Marta! ¡Lo sabes! -¿Podemos irnos ya? -Sí. -Sí, hija, sí, esta noche salgo. -Pero no me vuelva a montar una de las suyas, eh, padre. -Paca, Paca, ¡que no ha sido para tanto, mujer! -¿Cómo que no, padre? ¡El susto que nos ha dado no tiene nombre! Que se ponga Miguel. -Sí. -Yerno, que te pongas. -¿Sí? -Miguel. -Dime, Paquita. -Que se suba en el autobús. -No te preocupes, lo tengo todo controlado. -Bueno y otra cosa... A ver si mi padre se pone bien y puedo ir para allá. -Muy bien. No, lo entiendo. -Bueno, ayer estuve un poco seca. A lo mejor es que estaba asustada. -No, que lo entiendo. Tú, haz lo que tengas que hacer. -Bueno, pues... un beso. -Otro para ti. Adiós. -Y... -¡Ay, Miguel, Miguel! ¡Si es que tú no entiendes na de na! -¿Qué quiere usted decir? -A ver, ¿qué te dije el otro día? ¡Que hay que echar una cana al aire, sí, pero una! ¡No toda la peluca, hombre! -¿De qué peluca me habla? ¡No le entiendo, Anselmo! -Está muy claro. Yo estoy mal del corazón y casi ciego de un ojo. Pero tengo un oído de "murciégalo", eh. -Ya. Y... ¿Qué ha oído usted a través de esas orejas llenas de pelo? -Pues todo, Miguel, todo. ¡Que eres un escandaloso! ¡Y esa andaluza, madre mía, sólo le faltó cantar una saeta! -¡Bueno, hombre, por favor, Anselmo! ¡No exagere, no habrá sido para tanto! -No, si a mí me parece bien, Miguel. Pero no te enredes con ella, eh, que tienes una familia, unas hijas. -Anselmo, yo le doy mi palabra de honor de que solamente se ha tratado de una noche, sólo una. -Ya. ¿Y por eso vas a pasarte por la habitación 410? -Que no, Anselmo le he dicho que iría para quitármela de encima. -Miguel, que tú eres un inocente y la vas a liar. Mejor queda con Lisa y olvida la de Sevilla, eh. ¡Ay! Bueno, yerno, luego te veo. -¿Dónde va usted? -Pues... al séptimo cielo. -Al séptimo cielo... ¡de ninguna manera! ¡Por favor, usted no se mueve de casa! -Miguel, que tienes mucho que callar tú también, eh. -¡Pero, hombre de Dios, reflexione, es por su bien! ¡Que va a volver a Sagrillas con el pijama de madera! -Pues mira, hay peores formas de estirar la patica. ¿A que sí? ¿Eh? -A las 8 en punto le quiero ver aquí. (TARAREA) Hombre. -Hola. -Cuidado, preciosa. ¿Puedo ayudarla? -No, no. No, muchas gracias. -¿Pero a quién buscas? -A unos amigos. -A unos amigos, sí, pero dime las personas porque yo me conozco a todo el barrio, ¿comprendes? -A los Alcántara. -¿Pero tú no eres andaluza? -Oiga, del General Lista, si no le importa. -Como si eres hija de Queipo de Llano. No me líes a Miguel, que está casado y con hijas. -Oiga, no se equivoque. Yo busco a don Antonio Alcántara, el Director General de Agricultura, si no le importa. -Caramba con Antonio. No pierde el tiempo, ¿eh? -¿Me deja pasar, por favor? -Mira, yo a ti te dejo lo que tú quieras. ¿Eh? Anda, pasa. Sí, pasa, pasa. -¡Ah! -Primero derecha. Maciza. -¡Antonio! -Cago en Dios... Ay, qué miedo. -Venga, mujer, tú coge la tabla. Pon las manos ahí. Y mueve las piernas. Estírate. Sí, sí. -Estira las piernas. -Venga, ánimo, Merche, que no cubre. -Eso es, mueve las piernas. Sí. -Vamos, así, así. Muy bien. -Ya le estás pillando el truquillo. -Estás hecha una chavala. Me voy para lo hondo. -Sí, ahora tú sola. Ahora tú sola. Tú sola. Venga. ¡No me suelte! -¡Vamos, venga! ¡Ay! -Vamos, Merche, arriba. ¡Que me ahogo! -¡Vamos, vamos! Que me voy a soltar. -Sigue. -¡Venga, venga! Hasta la orilla. -Sigue. Pero estoy yendo a lo hondo. -¡Muy bien! Mejor voy para adelante que para atrás. -Oye, lo coge rápido, ¿eh? Venga. Que me voy a ahogar. -¡Venga, venga! Ahora ya mejor. -¡Hasta la orilla! -Venga, ya lo tienes. Ya es tuyo. Un poco más, que llegas. -A la orilla. -Venga, a la orilla. ¡Venga, sigue! -Manu, que se ahoga. -Calla. Tranquila. -¡Venga, venga, un poquito más! ¡Vamos, Merche! Que me ahogo. -¡No! ¡Sigue, sigue! ¡Sigue, ya lo tienes! Aquí le traigo una tacita de tila. Es muy buena para los nervios, Pituca. -Mira, este barrio de día, pues mira. Pero en cuanto cae la noche, esto es la jungla. ¿Pero cómo que cae la noche, Pituca, si son las cinco de la tarde? -Yo lo he visto todo muy oscuro. Lo has visto muy oscuro porque te has encontrado con Matamulas, que es un animal. -¿Matamulas? ¿Así llamáis a la gente aquí? Le llamamos Matamulas porque ya sabes cómo son las cosas. Un día se te muere la mula y te llaman Matamulas. Pero no te preocupes que no es peligroso y mucho menos para ti. -200 pulsaciones. ¿Te das cuenta? Me doy cuenta pero no es el caso. Ya sé que tienes muchas pulsaciones. -Con la caterva de vecinos que tenéis por aquí, no me extraña que tu hijo haya metido al mío en ese berenjenal. ¿Te refieres en el negocio? ¿Ya se han arruinado? -No, nada de eso. Es que he pillado a Arancha, la novia de Felipe, con Carlos. ¿Cómo Arancha? ¿Arancha es novia de Felipe? -Sí, la mosquita muerta. Y eso no es lo peor. ¿Ah, no? Explícate. -Pues mira. Que lo han hecho delante de mi hijo y mi hijo tan tranquilo. Así, los tres, tan a gustito. ¿Los tres juntos y revueltos? -Sí. Y es que tanta apertura, tanta libertad y tanto libertinaje, no sé adónde nos va a llevar. Si Franco levantar la cabeza. Se volvía a morir otra vez. No te preocupes. Los tres juntos. -Pues sí. Vamos a hacer una cosa. Voy a hablar muy seriamente con mi hijo, pero ya te lo advierto, últimamente no me hace ni puñetero caso. -Los hombres no entendéis nada de esto. ¿Cuándo llega Mercedes? Pues no va a llegar, porque no está en Madrid. -¿Y dónde ha ido? Ha ido a Valencia con su jefe a ver unos apartamentos. -¿Solos? Sí, solos. Es que no sé qué quieres decir. -Nada. Que parece que Mercedes y su jefe se llevan muy bien, ¿no? ¿Y tú cómo lo sabes? -Porque una vez los vi comiendo juntos en un restaurante y parecían la mar de... No digas tonterías. Si está comiendo con su jefe, será una comida de negocios. -Por favor, no me chilles, que estoy muy sensible. Ay, Pituca. A ver, por aquí. -A ver. Voy. -Siento lo de esta mañana, ¿eh? -Tranquilo, hombre. Como los delanteros del Valencia, ¿no? Que siempre llegan ese pelín tarde. ¿Eh, Chivo? ¿Eh? -¿No me va a caer bien tu jefe? Eso espero, porque... -Firmo, porque Mercedes me ha asegurado que no solo vas a vender esta promoción, sino las otras dos que terminaré este año en segunda línea de playa. -Te digo una cosa. Si lo ha dicho Mercedes, cuenta con ello. ¿Eh? Bueno. -Chivo. -Campeón. -Cuídate, ¿vale? -Buenas noches. -Buenas noches. Buenas noches. -Hasta pronto. Adiós. Bueno. -¡Lo tenemos, Merche! Oye, esto hay que celebrarlo. Te invito a cenar. ¿Qué te parece? Te lo agradezco, pero no. -¿Cómo que no? Anímate, mujer. Si he quedado con Lucía en un sitio cojonudo, precioso. Te va a encantar. Estoy muerta. Voy a cenar algo y me voy a la cama. -Como quieras. Bueno. -Pues nada. Campeón. -Campeón. Oye, Merche, no sé cómo decirte esto. Muchas gracias. De verdad. Muchas gracias, Mercedes. Sin ti, hubiera metido la pata hasta el fondo. Gracias. Y no solo eso. Teléfono. Hay algo más que quería... Disculpa. ¿Subirme el sueldo? -¿Sí? Sí. No... No. Claro. Música en el local. -No, de verdad hoy no puede ser. Es que Felipe me tiene preparada una sorpresa. ¿Una sorpresa? -Sí. Que te la haga otro día. -No puede ser. Nos vemos mañana. No quiero dormir solo en esa casa, joder. -Te quedas a dormir a casa de tus padres. Ni de coña. -Mira, esa es la mierda que me jode de los tíos. Que tiráis hasta que se rompe. ¿Qué dices? -No creo que sea nada tan terrible como para que no nos podamos ver mañana. Es que me estás chantajeando. Muy bien. Pues se acabó el chantaje. -Pero, Carlos, no te enfades. No me enfado. Ten. ¿A ti te gustaba el ron de siete? -Buena memoria. ¿Puede decirle a tu amiga que nos deje un momento? -Y tú a tu novia que no me corte el cuello. No veas cómo nos mira. No te preocupes. Tienes cosas que hacer esta noche. ¿Y tú? -No, tranquila. Yo ya me iba. He quedado. Hasta luego. Así que no tienes nada que hacer. -Eso depende de ti. ¿Has montado alguna vez en una moto alemana? -Contigo no. Espera un momento. ¿Me pasas la chaqueta, por favor? Por cierto, que como vas a ver a Felipe esta noche, dile que me dolía la cabeza y que me tengo que ir. -Muy bien. Ya se lo digo yo. -Venga, Anselmo, que no llegamos. -Venga, por Dios. Suelte a la presa, que el autobús no espera. -Me has cogido billete en el borreguero. Pero si ese para en todos los sitios. -¿Qué le voy a hacer? Era el que había. -Adiós, chata. -Adiós. -Vale, venga. Venga, otra vez. Anselmo. -¿Qué? -Tenga, esto es para usted. -¿Y esto? -Bueno, un detalle que quería tener con usted. Pero, no lo abra delante de todo el mundo. -Si es feo, no me lo llevo. -Más feo es usted y le tengo que aguantar. -Pero le falta un escudo, ¿eh? -Bueno, a mí me parece que le falta la franja morada, pero... -Yerno. -Venga, que es para hoy. Vámonos. Y le falta el águila. -Déjeme en paz, Ramón, de verdad. -Yerno. -¿Qué? -No hagas el tonto, que te veo muy elegante. -Pero, por Dios, Anselmo, una chaqueta de pana que tiene más años que yo. -Ya sabes lo que tienes que hacer. ¿Eh? -Venga, venga. Métase, métase. Métase. Coja la caja, que le vale para los cartuchos. Hale, y bien viaje. Rapidito, rapidito, que no llegas. ¡Adiós! -Hola. -Hola. -¿Quieres que nos demos una vuelta? -Ah, es que... -Venga... -Bueno... -Que invita la casa. -No, si te agradezco el detalle, pero... es que... no... -Cuidadito con la sevillana, Miguel. -Pero, bueno, ¿este suegro mío no sabe tener la boca cerrada? -Conmigo no. (RÍE) -Muchas gracias. -Las que usted tiene. -¡Eh! Y no es por usted, ¿eh? Las 10 y Rocío en la 410. Ay, Señor, Señor, Señor, Señor... Música disco. -Caramba, vaya negocio que se ha montado tu hijo. ¿No te parece que no hay mucha gente? Pues para ser un lunes... Mira, Antonio, mira, mira... Vaya chavalas, vaya chavalas. Pepe, por Dios, no me des la noche, anda, que pareces Pepito Grillo pero al revés. Muy buenas. -Hola. Venía preguntando por mi hijo. -Ah, ¿quién es tu hijo? Mi hijo es Carlos Alcántara, el dueño. -Ah, no, Carlos no está, es que hoy no hay mucho movimiento. Ya veo, ¿tampoco está Felipe? -No, tenía una cena. ¿Los dos con Arancha? -No, Carlos tenía otra cena. El caso es que no está ninguno, vaya forma de llevar el negocio, porque tú cobras, ¿verdad que sí? -Las buenas obras que las hagan las monjitas. Ah, ¿has visto? -Ya me gustaría tener un negocio así. -¿Qué os sirvo? -¿Invitas? -Digo yo. -Un güisqui de los caros. Pero que no seas abusón, hombre, ¿cómo te llamas, hijo? -Marcelo. Mira, Marcelo, ponnos dos güisquis normales, dos güisquis de los que tengas buenos. -Lo que nos estábamos perdiendo por culpa del matrimonio pero, bueno, ahora que estamos libres podemos hacer lo que queramos. ¿Cómo que podemos? -Hombre, si venimos aquí es porque lo de tu mujer está claro. ¿Por qué piensas eso? Lo de mi mujer no está claro, pero nada claro. -A ver, Antonio, ¿has hablado con ella después de que se fuera? No, no. Marcelo. -Sí. ¿Dónde puedo hacer una llamada? -Ah, esta puerta a la derecha. Hola, buenas noches, ¿podía ponerme con la habitación de Mercedes Fernández? Ah, no está. No, no, no quiero dejar ninguna nota, póngame entonces con la habitación de Tomás Sampedro. Tomás Sampedro, sí, espero. Teléfono y gemidos. Risas. -¡Espera un momento! Teléfono. -No, no, no. Teléfono. -Espera un segundo, es importante. Ah... ah, ¿sí? ¿Tomás? -Sí, soy yo, sí, dime. Soy Antonio, oye, ¿tú sabes dónde está Merche? (RÍEN) Tomás, ¿me oyes? -Sí, sí, te oigo, pero no sé dónde está, ¿eh? (RÍE) En su habitación, supongo. Pues supones mal, Tomás, porque en su habitación no está. Risas al teléfono. Tomás, ¿te pasa algo? (DISIMULA LA RISA) No, no, no, estoy bien, estoy bien, estoy bien... (RÍEN) Risas al teléfono. -¡Ah...! -Oye, Antonio, mira, que te tengo que dejar, ¿eh? Bueno, Tomás, muy bien, eh, vale, vale. Buenas noches. Risas al teléfono. Música disco. -Antonio, no te preocupes, si todas las mujeres son iguales, son todas unas... A partir de ahora, Pepe, de usted otra vez, quédate aquí, yo me voy. -Le acompaño, don Antonio. Don Antonio, si no soluciona nada... Que es peor, don Antonio... Que es peor... Te lo digo yo... Hola, rapaciña, ¿quieres tomar algo? -Eh, no, gracias. -Venga, invito yo, no te preocupes, oye... -Ha dicho que no. -Que no hablo contigo, cuello pera. -¿Qué me has llamado? -Vamos a ver, chaval, las manos quietas que hice la mili en regulares. -¿Regulares? Dejaré mi tierra por ti, dejaré mis campos y me iré lejos de aquí. -Bueno... Cruzaré llorando el jardín... -Y, ahora, vamos a cantar. ¿Arriba? -Sí, venga, vente conmigo, vente conmigo... Si yo no canto ni en la ducha. -Merchi, que te vengas conmigo. ¡Venga! Por Dios, pero que... -Venga, te lo vas a pasar bien. ...día viviré... pensando en tu sonrisa, (MURMURAN) de noche las estrellas me acompañarán, serás como una luz que alumbre mi camino, me voy pero te juro que mañana volveré. (CANTA MUY MAL) Al partir un beso y una flor, un "te quiero", una caricia y un "adiós", es ligero equipaje para tan largo viaje, las penas pesan en el corazón. Más allá del mar habrá un lugar donde el sol cada mañana brille más, forjarán mi destino las piedras del camino, lo que nos es querido siempre queda atrás. Al partir... -Al partir. -Un beso y una flor, un "te quiero", una caricia y un "adiós". -Un "adiós"... -Es ligero equipaje para tan largo viaje, las penas pesan en el corazón. -Pesan en el corazón. -Más allá del mar habrá un lugar donde el sol cada mañana brille más, forjarán mi destino las piedras del camino, lo que nos es querido siempre queda atrás. (RÍE) Aplausos. -¡Bravo! Gracias. -Vamos, saluda, saluda, saluda. Gracias. (APLAUDE) (RECUERDA) Quien conoce de sobra a su mujer es usted. Voy a aprender a nadar. -Compruébelo, Antonio. -Bueno... -Parece que Mercedes y su jefe pues se llevan muy bien. -¿Has hablado con ella después de que se fuera? -Una vez los vi comiendo en un restaurante y parecían la mar de... -Compruébelo, Antonio. (PONE LA RADIO) Música lenta. (RADIO) -Y ahora, habitantes de la noche, otro testimonio sincero y directo, el de nuestra amiga que quiere que la llamemos simplemente Sola Como Las Amapolas. -Hola, Reyes, mi caso me ha llevado a la total soledad, todo empezó cuando conocí a un chico en el trabajo, él me gustaba, yo le gustaba y la atracción subía día a día. -Pero había un problema, Sola, cuenta a nuestros oyentes cuál era. -Yo estaba casada con un hombre bueno y se me acabó la pasión, empezamos en el trabajo pero luego íbamos a hoteles muy baratos, muy sórdidos. Sórdidos dice, ah... (SOLA LLORA) Ay... -Pero sigue, amiga Sola Como Las Amapolas, comparte con todos nosotros lo que estás viviendo. Sí, hombre, Solas Como Las Amapolas, hombre, es más puta que las gallinas. -¡Pepe! ¿Pero qué te pasó? -¿Qué me pasó? Que me han pegado, Carmiña, no te acerques, no te acerques que la culpa de todo esto es tuya. -Venga, Pepe, que tenemos que hablar. -¿Hablar? ¿De qué? ¿De cómo me has apuñalado, no? -Pepe, que fue una locura, una locura muy grande, estaba muy sola. -Ya, estabas muy sola y mira cómo estoy yo, jodido y apaleado -Pero muy apaleado. -Y encima cachondeo, hombre, no te cachondees. -Perdona, hombre. -Cuidado, me duele... -Perdón. Hala, ya estás apañado. -Ya, ya estoy apañado de la herida, pero de esto... No me pienso olvidar tan fácilmente de lo que ha pasado entre mi primo y tú, ¿me entiendes, Carmiña? -Pues, mira, Pepe, yo ya me olvidé de Puri, mi sobina segunda, y de la rubia esa del Ministerio y de la quiosquera de ventas, pero si quieres puedo acordarme. -¿Pero tú sabías...? -Vámonos a casa, anda, que tenemos mucho de qué hablar. -Sí, Carmiña, sí, mucho de qué hablar, y me das un caldiño que se me pasa todo. -Ya veremos. Muy buenas noches. -Buenas noches. Mercedes Fernández, la 207, por favor. -Ah, no está en la habitación. ¿Cómo que no está? ¿Seguro? -Seguro, la llave está aquí. Ah, vaya... -Ah, si quiere puede esperar en el hall. Sí, sí, voy a esperar en el hall. Teléfono. Teléfono. -¿Diga? Good night. Oh, no, no, no... (EL RECEPCIONISTA MANTIENE UNA CONVERSACIÓN EN INGLÉS) Al partir y una beso y una flor y un "te quiero", una caricia y un "adiós". -Desde luego, que Dios te conserve la belleza y la inteligencia porque lo que es la voz... Mira tú, qué gracioso. -Oye, no lo ha hecho tan mal. -Oh, eso es una muy buena amiga. (RÍE) -Mentir así... Di que sí. (RÍEN) -Ay... Una amiga de las que no quedan. (RÍEN) -Ay, qué alegría. Oye, Merchi, tenemos que vernos otra vez por aquí, ¿eh? Tenemos que navegar. -Sí. Sí, si a mí me gustaría mucho y a Antonio también que siempre está con "vamos al mar, pero vamos al mar" pero, mira, entre los hijos, el trabajo y... de esto, que tampoco estamos para tirar cohetes. -¿Pero y eso qué más da? Tú debes de tomarte tu tiempo para probar cosas nuevas, ¿verdad? -Sí, sí, sí. Pues sí que es verdad porque estoy... estoy, vamos, estoy un poco mayor, vamos, que estoy con mis achaques. -Pero qué dices, Mercedes, si estás estupenda, ¿a que sí? -Claro. Porque me ves con buenos ojos. -Bueno, eso también, pero estás estupenda. (RÍEN) Qué va, estoy cansada. -¿Qué estás haciendo? Mira que eres caprichoso, por favor. -Se me ocurre una idea... ¿Qué? -Ah... -¿Eh? -¡Bestial! -Vamos a bañarnos al mar. ¿Al mar? No, no, no, no, no, no... -Mira, bañarnos por la noche en el mar es una gozada que no te puedes imaginar. Que no, que no, que yo me subo a la habitación. -Venga, hombre, Merche, te tienes que venir con nosotros. Que no, que no... -Ya verás, ya verás cómo disfrutas. Os juro que... -Que no, que no, Merche, por favor, mira, bañarte en el mar a oscuras es increíble. Es que no... -Un rato. Que no, que no... -Un ra... Huy... oh... (RÍE) Oh... Ah, lo siento, Merche, bueno, pues, un beso. Un beso. -Ah, muá... Te quiero mucho. -Muá. Y una flor y un "te quiero"... -Adiós, Mercedes. -Y una caricia y un "adiós". (RÍE) -Adiós, encantado. Muchas gracias. Yo también. -Huy, huy, huy... Merche. (LA MUJER GRITA) Perdón. -¿¡Quién es usted!? Perdón. -¿¡Socorro!? Perdón. -¡Váyase! Perdone. Perdón. -¡Váyase! ¡Socorro! ¡Váyase de aquí ahora mismo! -¿Crees que me queda bien para dormir? ¿Cómo que para dormir? -Sí, bueno, aquí no tengo pijama. Quiero dormir solo. -¿Por? Tengo muchas cosas en la cabeza. -Bueno, puedes contármelas a mí. No me apetece hablar. -Venga, tonto. Que soy muy buena escuchando. Que no, gracias. -¿Eres gilipollas o qué te pasa? ¿Qué te crees, que me quiero casar contigo o qué? Pues no, me imagino que no. -Que te den. Pero no te enfades. (NARRA) Yo sabía que Vero no quería casarse conmigo, pero en aquel momento yo no quería hablar ni tampoco quería dormir. Hoy en mi ventana brilla el sol. Esa noche quería intentar entender por qué me sentía tan mal si se suponía que estaba haciendo con mi vida lo que quería hacer. ¿Por qué te vas? Como cada noche... Al menos Vero dormiría tranquilamente en su cama, cosa que no hicimos casi ningún miembro de la familia Alcántara. Todas las horas vi pasar. ¿Por qué te vas? Todas las promesas de mi amor se irán contigo. Me olvidarás. Me olvidarás. Junto a la estación lloraré igual que un niño. ¿Por qué te vas? ¿Por qué te vas? ¿Por qué te vas? ¿Por qué te vas? Bajo la penumbra vi un farol. Se dormirán. Todas las cosas que quedaron por decir se dormirán. Junto a las manillas de un reloj esperarán. Todas las horas que quedaron por vivir esperarán. Todas las promesas de mi amor se irán contigo. Me olvidarás. Me olvidarás. Junto a la estación lloraré igual que un niño. ¿Por qué te vas? ¿Por qué te vas? ¿Por qué te vas? ¿Por qué te vas? Todas las promesas de mi amor se irán contigo. Me olvidarás. Me olvidarás. Junto a la estación lloraré igual que un niño. ¿Por qué te vas? ¿Por qué te vas? ¿Por qué te vas? ¿Por qué te vas? Pensé que vendrías a verme ayer. -Ayer tuve mucho lío. Me voy dentro de una hora. ¿Has estado reflexionando sobre lo que te dije ayer? Pues sí. Al principio pensé que tenías razón, pero luego me di cuenta de que no. No veo tan mal montarme en el puente aéreo cuando haga falta y estoy dispuesto a ponerme del color que sea. Lo siento, creo que tengo que crecer mucho tanto aquí como fuera de aquí. -He hablado con Ramírez y le he hecho una muy buena oferta para el ayuntamiento. ¿Que has hablado con Ramírez? -He conseguido el contacto y he hablado con él. Porque me oíste a mí por teléfono. -Da igual cómo conseguí el contacto. ¿Quieres seguir tu camino o seguimos el mío? Quiero seguir mi camino. -Bueno, pues gracias y adiós. Hasta pronto. -¿Hasta pronto? Sí, nos veremos alguna vez en el puente aéreo. -Seguro que sí. Adiós. -Conque ya ha llegado. -Sí, hija, sí. -¿Pero qué hace desayunando todo eso que se lo ha quitado el médico? -Coger valor para lo que tengo que decirte. Siéntate. Anda, siéntate. -Me ha dado un susto que madre mía. Le voy a tener que atar a la pata de la cama. -Eso después. Lo primero hay que hablar de Miguel. -¿Le ha pasado algo? -No, pero le va a pasar. Te necesita, Paca. Está empezando a hacer tonterías. -¿Ha empezado a comer como una lima otra vez? -No, todo lo contrario. -Le noté raro ayer. -Lo que yo te digo. -Pues se tendrá que acostumbrar, padre, porque vamos, yo le tengo que cuidar, que para algo soy su hija. -Paca, a mí no me vengas con monsergas, que tú y yo nos conocemos muy bien. Tú aquí no tienes nada que hacer y lo sabes. -Me quiere echar para hacer lo que le dé la gana. Para irse a la taberna a jugar. -Tu sitio está con tu marido y en tu negocio. -¿Usted se cree que yo no quiero estar con mi marido, que no lo echo de menos? -Ahí no me meto, pero no es bueno que un hombre esté solo, Paca. -¿Le ha dicho algo Miguel? -Y dale. Qué manía con hablar, hablar. Si no hace falta. Eso se ve en los ojos. -Tiene usted mucho cuento. -Lo que tú digas, hija, pero... Ayer mismamente ni se acabó unos huevos fritos con chorizo. Así que mira. -¿Se puede quedar con las niñas un momento? -Claro. ¿Dónde vas a estas horas? Teléfono. ¿Sí? Sí, en 20 minutos. Ahora mismo bajo, sí. Teléfono. Teléfono. -Señora, el caballero de la 210 la está esperando en recepción, dice que está todo listo. Perdone, ¿se han ido ya el cantante y la señora que le acompañaba? -No se alojaban en este hotel. ¿Seguro? Yo pensaba que sí. -No, sólo venían a actuar. ¿Les podría dejar una nota? -Lo siento, ayer fue el último espectáculo. Vaya. Gracias, entonces. (BALBUCEA) ¿17 500 pesetas, pero qué es esto, una broma o qué es? -¿Seis botellas de champán? -Sí. Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo. Cambia el clima con los años, cambia el pastor su rebaño, y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño. Cambia el más fino brillante de mano en mano su brillo, cambia el nido el pajarillo, cambia el sentir un amante. Cambia el rumbo el caminante aunque esto le cause daño; y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño. Cambia, todo cambia. Cambia, todo cambia. Cambia, todo cambia. Cambia, todo cambia. Cambia el sol en su carrera cuando la noche subsiste, cambia la planta y se viste de verde en la primavera. cambia el pelaje la fiera, cambia el cabello el anciano; y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño. Pero no cambia mi amor por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo ni el dolor de mi pueblo y de mi gente. Lo que cambió ayer tendrá que cambiar mañana, así como cambio yo en esta tierra lejana. Cambia, todo cambia. Cambia, todo cambia. Cambia, todo cambia. Cambia, todo cambia. Pero no cambia mi amor por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo ni el dolor de mi pueblo y de mi gente. Y lo que cambió ayer tendrá que cambiar mañana; así como cambio yo en estas tierras lejanas. Cambia, todo cambia. Cambia, todo cambia. Cambia, todo cambia. Cambia, todo cambia.

Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 226

24 nov 2011

Marzo de 1980. Mercedes continúa en Valencia haciendo negocios inmobiliarios con Tomás. Antonio cada vez está más celoso y su sospecha de que ha pasado algo entre ellos es cada vez mayor. Lejos de la realidad, Mercedes solo piensa en trabajo, y parece que es la única porque Tomás en vez de estar de negocios parece estar de vacaciones. Una serie de coincidencias y acontecimientos a lo largo del capítulo harán a Mercedes sentirse extraña y a la vez libre en una ciudad desconocida para ella.

Inés visita a Javi que se recupera en el hospital de la puñalada que le dieron. Sabe que está enganchado a la droga y no sabe cómo hacerle ver que si sigue por ese camino va a terminar muy mal.

Por su parte, Carlos ha decidido irse a vivir por su cuenta. Se ha buscado una casa con Felipe, y Arancha no duda en dejarse ver por ahí. La relación tan estrecha que mantienen los tres amigos no hace más que complicar la existencia a Carlos. Mientras, Paquita ha decidido volver y esperaba encontrar todo en su sitio, pero se da cuenta de que Miguel no ha pasado la noche en casa y que además le miente.

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  1. Gema María

    Me encantó este capitulo, el final fué precioso, una manera muy sutil y hermosa de mostrar el miedo y la incertidumbre al saber que puedes padecer esa enfermedad, un detalle tambien muy bien cuidado es el vestido rosa que lleva Merche cuando se mete en el agua, el mismo color que los pañuelos en la campaña contra el cancer de mama, os felicito enormemente, solo debo apuntar que soy de Andalucía concretamente de Cádiz, y en toda Andalucía se trabaja, aunque no tanto como nos gustaria por el terrible paro que sufrimos pero eso está pasando en toda España, en fin un error lo comete cualquier y se puede rectificar, sobre todo lo demas os doy mi mas sincera enhorabuena y sobre todo a Imanol Arias, uno de mis actores preferidos y eso que solo tengo 24 años y no deberia sentirme reflejada en el, pero es un actor que llega al alma de los demas y que sabe darle a todo lo que hace un toque muy familiar

    02 feb 2012
  2. Bego

    Me encantó el capítulo , y sobre todo el final, pero no entendí el papel de la señora del turbante blanco ¿ Alguien puede explicarmelo?

    16 dic 2011
  3. javi

    el final me encantó la cabezera flamenca es muy mala, yo esperaba que en los 80 se hiciera una cabecera new wave, tecno pop ochentera total, no desaprovecheis esa oprtunidad para proximas temporadas. el framenco esta fuera de lugar

    12 dic 2011
  4. Concepción Martín Perez

    Me veo teniendo que dejar de ver esta serie, llevamos varios capítulos observando como de una forma descarada atacáis a los andaluces y más concretamente a los sevillanos. En el capitulo 206 decís que en" Madrid trabajáis, no como en Sevilla", ya está BIEN.

    11 dic 2011
  5. Luis

    Como nativo de Argentina, me gustó ver que entre las banderas aparezca una de mi país. Y al ver que Mercedes se descubre algo que deberá enfrentar, me gustó que pusieran de fondo una canción de una tocaya suya en el personaje: Mercedes Sosa, cantando "Todo cambia" (hoy sintonía de un programa aquí también). Y qué bueno ver que la ficción se realiza en algún lugar de Valencia, lugar de nacimiento de Ana Duato y se recuerda también mediante el show en el hotel a otro famoso que dió dicha provincia: Nino Bravo.

    10 dic 2011
  6. delin

    que forma tan bonita de expresar algo tan duro, gran sensibilidad la vuestra. os felilcito por tratar el tema del cancer, es una enfermedad no un estigma. la fuerza de mercedes a la hora de encarar su nueva vida porque asi lo hara como no podia ser de otra manera nos ayudara a muchas mujeres

    09 dic 2011
  7. rahets1981

    Estoy muy emocionado por el buen trabajo de estos actores,pero me siento indignado porque mi mujer y yo llevamos muchas temporadas siguiendo cuentame y creemos que la vida ya es suficientemente cruel como para que nuestra serie preferida nos de estos golpes tan tan fuertes.Esta serie va de mal en peor y en vez de entretener como siempre,cada vez nos hace padecer mas.Enhorabuena a todos los actores por lo bien que transmiten y tambien a los guionstas porque si lo que quieren es amargar lo consiguen con creces. Ojo no critico a los actores,que por cierto son lo mejor,estoy indignado con los guionistas porque me parece que el dicho -una de cal y una de arena-no lo aplican como deberian.

    08 dic 2011
  8. Andrés Vega

    EL final de capítulo, ha sido espectacular. Ana Duanto ha hecho una magnífica interpretación reflejando la carga que se le avecina con una enfermedad de ese tipo. El final, metiéndose "Merche" en el agua ha sido impresionante, muy emotivo. Un diez para todo el equipo.

    07 dic 2011
  9. pilar

    Muy bien reflejada por Merche (Ana Duato) la incertidumbre del dolor que supone tener o pensar que puedes tener una enfermedad tan debastadora... Dolor que contrasta con el reflejado por Paquita (Ana Arias) al saberse engañada y por el dolor que Pepe (Sergio Pazos) por el engaño vivido en primera persona...

    06 dic 2011
  10. jose

    diossssss que final, sois lo mas

    06 dic 2011