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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 222

Cuéntame cómo te ha ido en tu viajar por ese mundo de amor. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido... Cuéntame si has conocido la felicidad. Háblame... -Ya habían pasado cuatro años desde la muerte del Generalísimo y el país, cada día se despertaba con un sobresalto nuevo. Unas veces, por un atentado terrorista; otras, por un secuestro como el que sufría Javier Rupérez, en manos de ETA desde hacía varias semanas. Por no hablar de los rumores sobre el inicio de un golpe de Estado, promovido por los militares, que sacara del poder a Adolfo Suárez. Todo eso en medio de una crisis económica que llevó al paro a casi un millón y medio de españoles. Y tal vez por eso, aquel 20 de noviembre de 1979 la plaza de Oriente se volvió a llenar hasta los topes de inasequibles al desaliento que, además de despotricar contra aquella democracia tan frágil, se desgañitaron gritando vivas a Franco, tal vez creyendo que, por un milagro, el Caudillo podría resucitar y volver a recorrer España bajo palio. (TELEVISIÓN) Como todos los años, los congregados hoy a la plaza de Oriente han intentado mantener viva la memoria del Generalísimo... Venga, ya está la paella. Oriol, hijo. No cojas el tenedor hasta que no te sirvan la paella. (TELEVISIÓN) ...un ambiente entre festivo y patriótico. Si Franco murió el día 20, ¿por qué lo celebran el 18? Yo qué sé, Merche. Porque el día 20 es martes y en martes no irá a la manifestación ni Cristo. -¿Cristo está ahí con una bandera? No, hombre, no. Son cosas de tu padre. No hables así delante de los niños. Por cierto, mañana, me gustaría que vinieras conmigo a la cena de la inmobiliaria. Pero, Merche, esas cenas no me gustan. Me voy a sentir fuera de sitio. Me da igual. Van todos los maridos y todas las mujeres así que tú, también. Van todos. Pero si sois cuatro gatos. ¿Qué cuatro gatos, hombre? ¿Tu madre viene o no viene? Pues, no lo sé. No sé qué le pasa. Está rarísima. ¡Madre! ¡Estamos empezando a comer! (SOLLOZA) ¡Madre! ¡Venga, hombre! ¡Que se va a pasar el arroz! Y el barman, lo mismo. Me cago en la mar. Todavía recuerdo cuando la paella era sagrada los domingos. Las cosas han cambiado. Los chicos se han hecho mayores y las cosas están así. Ya. ¡Madre! ¡De verdad! ¡Para un día que hago paella! ¡Que el arroz se va a empastrar! (TELEVISIÓN) El número de banderas y pancartas con expresivas leyendas era incalculable. Ahí hay, por lo menos, diez mil banderas, milano. A cuatrocientas pesetas la bandera, son cuatro millones. Alguien se está forrando. Ese es un negocio redondo. Seguro. Voy a por ella. Venga. -Abuelo, ¿puedo probar el vino? Toma. Un poquito de tinto de verano. Hala. ¿Eh? (RÍE) Alcántara puro, sí, señor. Serás hijo de un cura, pero eres Alcántara puro. (LLAMA) ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Eh? Pues, no, nada, hija, que no tengo hambre. Pero tienes que comer. Bueno, ya comeré. ¿Estás llorando? No. ¿Cómo que no? Estás llorando. Y ayer, también estabas llorando. ¿Se puede saber qué te pasa, madre? Nada, hija. Vete tú a comer, déjame sola. ¿Qué has escondido ahí? Nada. ¿Cómo que nada? Que te conozco perfectamente. ¿Qué te pasa? ¿Has recibido alguna carta que te ha disgustado? Esta carta viene a nombre de Antonio. La he abierto sin querer, creía que venía a mi nombre porque estaba con las cartas de los muertos. Si es por eso, hombre. Se lo dices a Antonio y ya está. Pero no te pongas así. No lloro por eso. (SOLLOZA) Lloro por otra cosa. (TELEVISIÓN) Al grito de "Franco, Franco", los congregados en la plaza de Oriente ondearon enérgicamente las banderas nacionales y las de Falange que portaban para la ocasión. Oriol. ¿De qué color es esa bandera? -Roja. ¡No! A ver tú, María. -Amarilla. ¡Ay, casi! ¡Roja y amarilla! Teléfono. -Sí, dígame. De Gaulle, ¿estáis viendo la tele? -Tremendo. Tengo la sensación de que hay más fachas que nunca. No me refiero a eso. Las banderas. ¿Has visto qué cantidad hay? Quien las haya hecho se ha forrado. -Sí, lo estoy viendo. Parece que han vuelto otra vez. Se me ponen los pelos como escarpias de pensarlo. Y dale con eso otra vez. Mira que eres cagón. No me refiero a eso. Estoy diciendo que cuando aprueben las autonomías, todos van a querer su banderita. Esto va a ser un negocio. -No sé, Antonio. Hacemos una cosa. Mañana vamos a una fábrica de banderas. No será muy distinta de una imprenta. Luego voy y te lo cuento. Adiós, acémila. Su mujer le engaña con su jefe. ¿Pero cómo has podido pensar que yo...? ¿Y qué querías que pensara? Te pasas todo el día yendo y viniendo, saliendo y entrando y llegando a las tantas. Menos mal que lo he leído yo, si lo llega a leer Antonio, no sé qué hubiera pasado. Hija. ¿No comprendes que lo que haces últimamente no es normal? ¿Y qué hago? Trabajar. Que necesitamos el dinero, madre. Parece que se te ha olvidado. Pero un trabajo que te hace ir de la Ceca a la Meca... ¿Será posible? Eso lo tiene que haber escrito alguien. Yo qué sé quién lo ha escrito. Pues, alguien de tu trabajo, que te quiere mal, vamos, digo yo. Alguien que me quiere hacer mucho daño, mucho. Entonces, ¿no...? No, ¿qué? Que entre tu jefe y tú no hay nada. Desde luego, ¿cómo se te ocurre pensar que haya algo? Si yo nunca he engañado a Antonio, lo sabes perfectamente. Que poca confianza tienes en mí, desde luego. (TELEVISIÓN) Se ponía así punto y final a cuarenta años de mandato. Los restos mortales de Francisco Franco fueron depositados en una tumba... -Papá. ¿Ese que hay dentro es un muerto? Sí, hija, sí. Sí. -¿Y cómo se llamaba? Se llamaba Franco. -¿Y de qué se murió? Este se murió de viejo. Oriol, hijo. Venga. Una cucharadita, nada más. ¿Por qué traes esa cara? ¿Qué cara? Esa cara que traes. -Abuela, ¿cuándo se mueren los viejos? ¿Por qué preguntas eso, hijo? -Porque Franco ha muerto y tú, no. Oriol... A él le habrá llegado la hora. Hombre. Mira el heredero. Buenos días. Qué cara de almohada tiene. ¿A qué hora te has acostado? A las cuatro, cuatro y algo. Cerramos a las tres y media. Ya sabes, los sábados... Te voy a decir una cosa. Te vas a matar. Uno no puedes estar acostándose todos los días de madrugada. ¿Tú estudias para sereno? No, papá, no estudio para sereno. Irás a ICADE, por lo menos. Claro que voy a ICADE. Estudio y trabajo. Por si no te acuerdas, también tengo un negocio. Ya lo sé, hombre. Bueno. Un negocio que va muy bien. Lo importante es que dure. A ver si te va a durar dos meses y luego te quedas con las deudas. Yo creo que tu padre tiene razón. Teléfono. Pues yo, no. Ya lo cojo yo. ¿Dígame? Muy bien. ¿Quién es? Es Inés. Hola, Inés. Sí, estamos comiendo. ¿Qué dice? Dice que no viene a comer, que está con Alberto. Que luego viene a por Oriol. Vale, vale. ¿Quién es Alberto? No, yo me acabo de levantar. Alberto... ¿Qué? El médico. Ah, sigue con el médico. -Pues nada. Ya estaban comiendo. -Me estabas contando que tu ex marido es argentino. -No. -¿No? -¿De dónde te has sacado eso? Él es catalán. -Ah, como tú y el niño vivíais en Argentina, en Buenos Aires. -Pero eso fue después de que me separara. -No os conocisteis en Argentina. -No, no. Lo conocí en una iglesia. -Ah. No sabía que eras creyente. -¡Que no! No, es que él es cura. Bueno, era cura. -Estoy liado un poco, a ver. ¿Tienes un marido cura? -Vamos a ver. Yo no tengo marido. -Bueno... -Estuve casada con un hombre que era cura, vamos, era párroco. Y ahora, es ex cura, ex párroco y ex marido. ¿Ha quedado claro? -Bueno, me voy haciendo una idea, más o menos. Escucha, Merche. A mí, que se haya separado de Eugenio de buenas maneras, me parece bien. Ahora, tener a mi nieto de aquí para allá como la maleta de un ferroviario, no. ¿Y qué quieres que haga? Pues no lo sé, hijo, no lo sé. ¿Pero qué he dicho yo ahora? ¿Qué pasa? Pues no sé qué pasa, hijo. No sé qué pasa. Ay, Señor, Señor. (SUSPIRA) Puerta. ¿Qué te pasa? No me pasa nada, Antonio. Vuelve a la mesa que ya voy. ¿Te ocurre algo? No, no me pasa nada, de verdad. Vuelve a la mesa. No, no vuelvo a la mesa. Merche, venga, abre. (LLAMA) (SUSURRA) Qué pesado eres. Si ya estoy. ¿Qué pasa? (LLOROSA) No me pasa nada. Milano. (TELEVISIÓN) En su intervención, el parlamentario de Fuerza Nueva Blas Piñar se dirigió a los congregados con un discurso... -¿Qué te parece si vamos al cine? Ponen "El expreso de medianoche". Tiene buena pinta. Un chico que en Turquía le pillan con hachís. -Eh... -Eh. "Hair". Psicodelia, hippies. -La verdad es que me encantaría pero es que... Qué va, tengo que dejar al niño con su padre. -Claro. ¿Dónde vive ese páter? Perdón. El ex cura. -El ex cura vive en Cuenca. Y nada, ahora es profesor de instituto y tiene otra mujer, otro hijo. (TELEVISIÓN) En esta hora del miedo, de la vergüenza y de la cobardía... (GOLPEA LA MESA) ¡Así se habla, coño! ¡Así! -Muy bien, muy bien. -Eh, pues, no sé. Si quieres, nos vamos yendo para casa, recojo a Oriol y luego, vamos a la estación. -Eh... No. -¿No? -No. No te vas en autobús, te llevo yo en mi coche. (TELEVISIÓN) ¡Franco! ¡España! ¡Franco! ¡Franco! (COREAN) ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! -Inés. (GRITAN) ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! -Buenas tardes. (GRITAN) ¡Franco! ¡Franco! ¿Tú tienes confianza en mí? ¿Cómo que si tengo confianza en ti? Si confías en mí. ¿Y me lo preguntas aquí, en el cuarto de baño. ¿Qué es lo que pasa, milano? Pasa algo, no sé qué es, pero pasa algo. Pues claro que confío en ti. ¿En quién voy a confiar, mujer? ¿A ti qué te pasa? Estoy cansada. Estoy cansada. Es el trabajo este, que... Que no paro. Y tengo unos compañeros que piensan que les voy a quitar su trabajo y... Ahora que empiezan a ir bien las cosas. Antonio, por favor. Te lo pido por favor. Ven a la cena de empresa conmigo. Que no puedo, Merche. Yo no pinto nada ahí. Sí que pintas, eres mi marido. Ya, pero tengo que ir con mi hermano, a ver la fábrica de banderas. Te da tiempo de sobra. Por favor. Milano, no me llores así, anda, que me desarmas. Que voy, mujer, que voy. Si tengo que decirles cuatro cosas a esos desgraciados, también se las digo. ¿Contenta? Perdón. ¿Qué hacéis ahí, los dos sentados? Ay, Señor, Señor. Ahora están ahí los dos, de charleta en el váter. -Cubatas, doscientos y güisquis, doscientos cincuenta, ¿vale? ¿Estos qué hacen en el almacén? ¡Eh! -¿No les dijiste que trajeran botellas? Las están trayendo. -Ya, pero llevan una hora metidos ahí. ¡Hostia! ¿Qué estáis haciendo? -Felipe, ¿es que no lo ves? Qué tontería de pregunta. -¡Os estabais besando, Arantxa! -Bueno, sí. ¿Y qué? -¿Cómo estás? -Pues, mal. Cada vez que dejo al niño me entra una angustia... -Pero la angustia no es por el niño. Es por ver a tu ex. Nos pasa a todos. Le ves y te preguntas: ¿Pero cómo pude yo perder el tiempo con este tío? (INÉS RÍE) Qué tonto eres. -Estate tranquila, el niño va a estar bien. -No, el niño está bien, yo lo sé. Lo malo es cuando voy a buscarlo. Me da la sensación, siempre, de que quiere más a Carola que a mí. Eso, nunca. Una madre es una madre. ¿Te puedo preguntar una cosa? -Bueno, según. -¿Por qué os separasteis? -¿Tú nunca has tenido una relación en la que parecía que eso iba a ser para toda la vida y de repente, se rompe? -Es la historia de mi vida. -Y la de la mía. (CAMBIA DE MÚSICA) (CAMBIA DE MÚSICA) ¿Qué haces? -¿Qué haces tú? Ya está bien. Se están quejando. -Se quejan porque estás cambiando todo el rato. -¡Parad ya los dos, eh! -Hemos quedado... -¡Parecéis niños! -La música la pongo yo esta noche. La gente está dormida. -Oídme, no lo voy a repetir. Ni exclusivas ni excluyentes, ¿eh? Marcelo, hoy pinchas tú. Es divina. Pero divina, divina. -¿Qué ha dicho? Ni exclusivos ni excluyentes. -¿Y eso qué mierda quiere decir? No empujes. Mañana acabamos lo de las banderas y nos vamos al banco de Felipe a pedir un crédito. ¿Y Felipe te lo va a dar? Me lo tiene que dar, si no, le arranco la cabeza. No le vamos a pedir tanto, doscientas o trescientas mil. ¿Estamos? (AFIRMAN SIN MUCHA CONVICCIÓN) Bueno. -¿Y cómo vamos hasta allí? La fábrica está en el extrarradio. Tienes razón. Merche, déjanos el coche. ¿Mi coche? Sí. No puedo dejároslo. Anda. Antonio. -Bueno, no pasa nada. Vamos en el taxi, nos lleva Ramón. En taxi no voy yo a una reunión. Que no puedo dejártelo, hombre. Que yo también trabajo. Pues, hablaré con Ignacio. Que me deje uno para enseñar a un cliente y saco uno bueno. -Una buena idea. Pues, claro. No es buena idea. ¿Y si os pillan? No me pillan, Merche. Saco los coches a diario. -Tiene razón. Bueno. -¿Y a qué hora quedamos? A las once, Miguel. Trajeado. No me vayas así. -Traje, sí, pero corbata, no. ¿Corbata, no? -No. Bájamelo y te lo plancho. -No, Merche, no te molestes. Ya me lo plancho yo. Si no tengo nada que hacer. Si es que es subir ahí arriba y se me cae la casa encima. Y el Matamulas, ¿cómo está? Teléfono. -Bien. Bueno... ¿Y Paquita y las niñas? (ANTONIO CARRASPEA) -Si es que no me han llamado. -¡Don Miguel! ¡Su señora! Mira tú por dónde. ¿Cómo se te ocurre preguntarle por Paquita? Por Dios, Antonio, son su mujer y sus hijas. ¿No has visto la cara de muermo que tiene? -Precisamente, estaba hablando de ti. (RÍE) ¿Te das cuenta? Ya ha oído aullar a la loba y ya está sonriendo. -¿Cómo está el Matamulas? No sé lo que tiene mi sobrina en la cabeza, de verdad. Si no pensara que es imposible, yo creo que tiene un amante. Imposible, no es. Aquí tienes. -Hola, chicos. ¿Me ponéis un gin-tonic, por favor? Yo he dicho sólo uno, pero, vamos. -Uy. Qué pesados se ponen los tíos con los celos, ¿verdad? -Muchas gracias. ¿Cuánto es? -Ciento noventa. -Aunque ya me gustaría a mí montarme un trío con esos dos. Los tienes hechos puré, rica. Marcelo. ¿Te callas? -Me callo, me callo. Pero si queréis un consejo, mejor tres que dos. Ah. Y mucho más divertido cuatro que tres. -Nada, si entre Paco y yo nos apañamos perfectamente. La cocina no es lo mismo sin ti. De Gaulle. Mañana a las once. Con traje. Besos de mi parte. -Que besos de parte de Merche y de Antonio. Ay, mira, ya le ha llamado la loba y ya está contento. -Quieto... Mi hermano, que es imbécil. Sí. Ay... Lo largos que se me hacen los días sin ti, cielo. Y las noches, ni te cuento. ¿Qué más da que nos vea? Se estaban besando. Yo no he visto nada, Merche. Yo, sí. Si tú no ves tres en un burro. Que sí, Antonio, no estoy segura pero me ha parecido. ¿Quién? ¿Cómo que quién? Tu hija. ¿Está ahí mi hija? ¡Coño! Yo sólo veo el coche. ¿Y no los ves? -¿No os ibais? Espera un momento. -Antonio, baja de ahí, me estás destrozando el mobiliario. Espera un momento. -Que bajes de ahí ahora mismo. Ya me bajo. -Venga, bájate. ¿Qué pasa? No pasa nada. ¿Qué coño tienes que subir? ¿No ves un coche? Anda. Ponnos algo de comer que nos quedamos. Un poco de vino y el chorizo ese de León. Y un poco de ensalada y una tortilla y os quedáis a cenar. Sí. Y así vendes un cubierto. -¡Paco! ¡Vamos a cocina! ¡Tortilla, ensalada y chorizo! ¿Con quién está, Merche? Está con el médico. ¿Ese es el médico? Claro. (INÉS RÍE) Joder. Médico no está mal, Merche. Vamos, un médico, Antonio... Vamos, un médico... -No te rías, que estoy hablando en serio. Es como si tuviera un superpoder. Miro a la gente a los ojos y sé qué está pensando. -¿Ah, sí? ¿Y qué estoy pensando yo? -No, es que con presión, no me funciona. -Ja, ja. -Además, contigo es diferente. -¿Por qué? -No sé qué es, pero hay algo en ti que me impide penetrar en tu mente. (RÍE) Y es como si tuviera la sensación de que me ocultas algo. Pero claro, como no sé qué estás pensando... ¿Tú sabes por qué es eso? -No. Porque también tengo superpoderes. ¿Cuál? -Soy intraspasable. -Ah, ya decía yo. (RÍEN) ¿De qué estarán hablando tanto? De sus cosas. -¿De qué van a hablar? De lo que hablan los jóvenes cuando se acaban de conocer y están con el subidón. Gracias. Muchas gracias, Paco. -De nada. Una cosa, Miguel, eso del subidón, ¿qué es, francés? -Hombre, Antonio. Subidón. Subidón es lo que les da a los jóvenes cuando quieren estar todo el día juntos. Ah, ya. -No me habré pegado yo lotes en Francia al llegar, a cuenta del subidón. En un coche de cuarta mano que me compré nada más llegar, con unos asientos... Qué maravilla. ¡Oh! Qué amplitud. ¿No pensarás contarnos tu vida sentimental, De Gaulle? ¿Te has dado cuenta? Estaba como en un funeral y ya está como una rosa. Ay... -Qué nostalgia, las chicas francesas, ay... ¿Qué tienen las francesas, que no tengamos las españolas? -Está muy claro, Merche. Las francesas se dejaban y vosotras, no. Claro, que no nos dejábamos. Tiene razón mi hermano. -Claro que tengo razón. Mientras en Europa todo el monte era orégano, aquí, sólo podías aspirar a casarte y date con un canto en los dientes. Tampoco seas tú tan antiguo. Algunos no esperamos a casarnos. -¿Ah, no? ¿Eh? No. -El primer beso que yo le di a una chica en los labios fue en Sagrillas, en verano, jugando a las prendas en el huerto del tío Bieito. Anda. Espera que como le dé con lo del huerto, verás. -Franco, co... Joder, el que faltaba. -Joder. Dios. -Franco, co, co... (LE MANDA CALLAR) -Miguel. -¡Que estoy aquí! (EBRIO) Dame las llaves que voy a echar unas horas. -¿Qué llaves ni qué llaves, Ramón? Tú no coges el taxi, pero, vamos, ni muerto. Vamos. -Con la moña que llevas. ¡Y cuidado, no te vea la teutona! Te pone más recto que una vela. -Si estoy bien. Ja. ¿Que vas a estar bien, Ramón? ¿Pretendes ir con el taxi para hablar de Franco, co, co, durante cuatro horas? -Chis. Un respeto. -¡Anda, Paco! -¿Sí? -¡Ponle un café al legionario! ¡Doble! -Ven después de currar. -Acabaré tarde. -Pues te espero. ¿Tú has visto cómo está el garito hoy? -Es igual. -¡Eh! ¡Estoy de los malditos rojos de mierda...! ¡Ella no es para ti, cabrón! -¡Eh, chaval, que yo no me he metido con nadie! No sé qué dice de rojo, este. -Vámonos. -Felipe, por favor. Felipe, Felipe, Felipe. Felipe, Felipe. A ver. Yo no soy tu chica, ¿vale? -¿Cómo? ¿Estamos saliendo o no? -Bueno, ¿y qué? -¿Te has vuelto anarquista ahora, de repente, o qué? Esto son ideas que le has metido tú, ¿no, Carlos? -Yo siempre había creído que las únicas que se dejaban eran las de izquierdas pero de eso, nada. Arantxa me demostró lo contrario. Sería una niña bien y hasta iría a misa de doce con sus padres a la iglesia de Los Jerónimos pero en ciertas cuestiones, dejaba en mantillas a las maoístas, a las trotskistas y a las carrillistas. A todas juntas. -Felipe. Pon una copa. -Anda, ponme una copa. -Para mí, que se han dado un beso en la boca. Que es mi hija, hombre. -Si no digo nada malo. Sólo que se han dado un beso con lengua. (RÍE) -¡Ramón! Ay... ¿No te estarán esperando en casa? A ti. -A mí, no. Espera, que sale, que sale. Beso. -Adiós. -Adiós. A ver si mira para atrás. Ha mirado para atrás. -Ha mirado. Me cago en la leche. -Eh, tío, mira. ¿Qué te parece? -Todo guapo, ¿eh? (TOCA LA CAMPANA) -Cómo la tocas... -Qué imbécil eres. (TOCA LA CAMPANA) -Joder con la campanita, ¿no? -¿Qué te pasa? -Bueno y, ¿tú estás segura? -Completamente, Pascual. Hace días que me viene faltando dinero y el que sea, no se lo lleva todo. -Será para que no te des cuenta. -Ya, ya lo sé, -¿Cuánto te ha quitado hoy? -Pues, hoy, dos billetes de cien. Lo sé porque esta mañana en el metro me han cambiado un billete de quinientas y me quedan dos. -Dios mío. Ya empezamos. -Ya. -¿Sospechas de alguien? -No. -Pero... -Bueno, sí. Pero no... -Perdone. ¿Saben quién es Inés Alcántara? -Soy yo. -Estas flores son para usted. -Ah. Qué bonitas. Gracias. -Qué maravilla. Qué ramo. ¿Qué te pasa? ¿No estás contenta? -Somos una empresa de tipo medio. Tenemos en plantilla veinticinco empleados. Y facturamos al año, aproximadamente, cincuenta millones de pesetas. Bien. ¿Has dicho que tenemos veinticinco o cuarenta empleados? No, veinticinco está muy bien. Y que somos unos empresarios muy encima del negocio, estamos siempre muy encima del negocio. -Muy encima. Y otra cosa, en cuanto terminemos la reunión, nos vamos al banco a pedir un crédito. -¿Y tú crees que nos lo van a dar? -Tenemos unas viviendas con tres dormitorios en la zona... Tiene zona ajardinada, como ustedes... -Ya le he dicho que estamos interesados en su promoción de viviendas de Mirasierra. -Ah. La promoción de Mirasierra. Bien. Si son tan amables de pasar con mi compañera, ella les atenderá. -Ah, muy bien. (AMBOS) Gracias. -A ustedes. Bueno. ¿Pueden tomar asiento, por favor? -Hola. Soy Mercedes Fernández. -Encantado. -¡Buenos días! Buenos días, Víctor. -Buenos días, Tomás. -Mercedes... Buenos días. -Caballero... -Buenos días. Esta es nuestra promoción estrella. La promoción de Mirasierra. Eh... No sé si... Si están interesados en... en un piso de un dormitorio, dos dormitorios o... O quieren algo más grande. -Por ejemplo. El propio conjunto Z no tiene elemento inferior porque para todo n perteneciente a Z, hay un n-1, que es menor que n. Ahora bien. Hay un principio análogo que se puede aplicar a unos conjuntos denominados acotados inferiormente. Un subconjunto de Z se puede decir que está acotado inferiormente siempre y cuando exista un número entero k... -Perdone. -¿Sí? -¿Puedo salir un momento? Me encuentro indispuesta. -Por supuesto, salga. -Muchas gracias. -Retomamos. Un subconjunto S... -¿Por qué me sacas de clase? Tengo que hablar contigo. -¿No podemos hablar esta noche? Tiene que ser ahora. -Haz lo que quieras, Carlos, pero vas a perder el curso. El curso me da igual. Me he levantado sólo para hablar contigo. -Vale. Hablamos esta noche. Que no. Tiene que ser ahora. -A ver. ¿Qué quieres? Me estás cansando, Carlos. Ayer, después de cerrar, ¿te fuiste con Felipe? -¿Y a ti qué más te da? Joder, pues claro que me da. -Mira, estoy harta de los dos. El otro, con la misma cantinela. Si es que me estáis agobiando. ¿No os lo dejé bien claro ayer? ¿Ni exclusivos ni excluyentes? ¿Eso qué coño significa? Eh, eh, eh. Te espero fuera. -No. No, no, no me esperes. Vete a casa y acuéstate. Hablamos esta noche en el bar. -Podemos fabricar cualquier tipo de bandera en el plazo de una semana. ¿Y ustedes, cuántas unidades necesitarían? -Pues, para un primer pedido, cincuenta mil. ¿Qué forma de pago tienen? -Al contado. El primer pedido, al contado. Y a partir de ese momento, treinta, sesenta y noventa días. Muy bien. ¿Cuánto tiempo hace que se dedica a esto? -Ocho años. Y no crea usted que ha sido fácil, no, señor. Pero con esto de las autonomías, esperamos resarcirnos. ¿Saben cómo empezamos? No. -Sin tener casi ni idea. Yo, es que tenía una imprenta pero me fue mal y se me ocurrió esto. En realidad, hacer banderas se parece bastante a imprimir un pliego de papel. Pues eso mismo pienso yo. No tengo ni idea de artes gráficas pero supongo que aquí se pintan banderas y telas y en la imprenta, papeles. -En efecto, algo parecido. Arturo. Baja un momento, por favor. Arturo es nuestro encargado. -Hola. ¿Qué tal? Antonio Alcántara. -Encantado. -Les estaba contando a estos señores cómo empezamos. -Haciéndolas una a una. Probando, hasta que salió bien la primera. -¿Una a una? Pero bueno, eso debe ser dificilísimo. -Un poco, hay que tirar mucho material pero poco a poco, fuimos dando en el clavo. ¿Les interesa el proceso? Es muy interesante? -Esta es la máquina de cortar. Si quiere, vamos primero a la sala de imprimación. Vamos. -Claro. -Si son ustedes tan amables... Ahora, como verán, todo se hace con máquinas. -Los cuatro dormitorios tienen parqué. Veintisiete metros cuadrados. Un señor salón, ¿eh? Ah. El baño, recién reformado. -Hola. -Hola, Beatriz. -Hola. Creo que he vendido el ático de Serrano. ¿Ah, sí? -Sí. Uy, que te he manchado. Perdona. Ya está. Teléfono. Inmobiliaria Tereñes, dígame. Sí. Sí, soy Mercedes Fernández. Sí, tenemos un piso en la calle Ayala, 23. Ciento cuarenta metros, dos... Bueno. Podría estar en media hora, sí. Sí, pues, nos vemos allí, en el segundo derecha. Muy bien. -También tenemos de menos habitaciones, tenemos de tres dormitorios, de dos... (LLAMA) -Pasa, pasa. Adelante. Dime, Mercedes. Voy a enseñar el piso de la calle Ayala. -Te doy un consejo. Si ves que el tipo está interesado, ve bajando hasta... Veinte mil duros. Pero ni uno más, ¿eh? No te preocupes. -Acuérdate que hoy tenemos la cena de empresa. ¿Tu marido va a venir? Creo que sí. -Perfecto. Tengo muchas ganas de conocerlo. ¿Y esa cara? ¿Qué cara? -Pues, esa cara, mujer. ¿Te ocurre algo? Pareces enfadada. No, no estoy enfadada. Estoy indignada. Mira lo que han enviado a mi marido. Gracias a Dios, no lo ha leído. (SOPLA) ¿Me quieres decir qué significa esto? -No lo sé, Mercedes. No tengo ni idea. ¿Cómo voy a saberlo? Esto ha tenido que salir de aquí. O ha sido Víctor o... O Beatriz, claro. Porque tú, no creo que hayas sido. -¿Cómo quieres que sea yo, joder? A mí, así, no. Desde luego que no. -¿Pero qué culpa tengo yo? Me voy a enseñar el piso de la calle Ayala. -Te aseguro que no tengo ni idea de dónde ha salido esta mierda. ¿De acuerdo? Esto es la puta envidia de estos dos. Porque te di la promoción de Mirasierra. Esto no me compensa. Me voy a enseñar el piso. -Mercedes. Mercedes. A las nueve, en el restaurante. ¿Estamos? -Los tejidos se compran en Alcoy. -Primera calidad. La estampación es por serigrafía. -Sí. ¿No se estropean al aire libre, no se decoloran? -No. -A mí me pasó una vez que me compré una camiseta y mi mujer, no sé qué le hizo con la plancha, que se le borró todo el dibujo. Sí, claro, pero... -Yo lo decía porque... Me planteo qué ocurriría si, por ejemplo, los clientes nos devolvieran todas las banderas por defectuosas. -No, no, no. Naturalmente, están garantizadas. Hasta ahora, no hemos tenido queja. -Claro. Y miren. Miren cómo están cosidas. ¿Ven? No se deshilachan ni estando a la intemperie. Ya. -Bueno, tiene tiempo de caducidad de tres años. -Oiga. Tres años son tres años. Ya entiendo que para que esto esté a la intemperie tres años, tiene que estar muy bien cosido. -Ahí está el quid de la cuestión, en el remate. Les damos tres pasadas, cuatro, si son grandes. -Si son ustedes tan amables... ¿Cuántos empleados necesita para esta producción? -¿Pero ustedes son de una empresa particular? -Hombre, nosotros somos de una empresa... Vendedora, fundamentalmente, vendedora, por eso preguntamos. -Ah, bueno, en ese caso... Tenemos empleados fijos y eventuales. Anda. ¿Y a todos los tienen dados de alta en la Seguridad Social? -Sí, claro. Perdonen, pero... si hubieran empezado diciendo que son del Ministerio de Trabajo... -¿Cómo? -Bueno, la verdad es que tenemos un par de empleados que aún no les hemos dado de alta. Ya. ¿Y por qué no les ha dado de alta? -Mañana se resuelve. Le aseguro a usted que después de la demanda que tuvimos hace un par de años, nos hemos puesto al día. Y estos dos empleados que les he dicho, mañana mismo, sin falta, están dados de alta. Mañana, sin falta. Bueno, pues, mañana. Otra cosa. ¿Cuánto es el coste de las nóminas de todos? Los fijos y los eventuales. Moto. -Chao, chicas. -Hasta luego. Joder, sí que has tardado. -¿Qué haces aquí, no te ibas a dormir? No tengo sueño. Tenemos que hablar de lo de ayer. -No. No tengo nada que hablar y menos, de lo de ayer. ¿Has estado con Felipe? -Mira, yo me voy. (ARRANCA LA MOTO) Por lo menos, llévame. -Con una condición. Que no sigas con esto, por favor. -¿Tú, qué coño haces aquí? -Ya empezamos. ¿Qué quieres? Estudio aquí. -¿Qué coño estudiar? Estás haciendo el paripé. ¿Pensáis que soy gilipollas? Ya está bien. Bájate. ¿Por qué? -Porque estoy harta de los dos. Está bien. -Tú y yo vamos a acabar mal, Carlos, te aviso. No. Ya estamos mal y vamos a terminar peor. -¿Cómo tienes tanto morro? Me descuido un momento y os estáis metiendo mano. Anda, déjalo. ¿Adónde vas? -¿Adónde voy a ir? A casa. (ARRANCA LA MOTO) Llévame. -¿Que te lleve a San Genaro? Te coges el autobús, chaval. Llévame. -Venga, anda. Ahora. Dejas a Arantxa en paz, ¿te queda claro? ¿Queda claro o no? Timbre. Hola. Buenos días. -Buenos días. ¿Es usted de la agencia Tereñes? Sí. Soy Mercedes Fernández. Acabamos de hablar por teléfono. -Siento el retraso. Me ha pillado atasco, el tráfico está terrible. No pasa nada. ¿Quiere pasar? -Gracias. -Esto está muy bien. ¿Pero qué garantías me podéis presentar? ¿Qué más garantías? Te hemos hablado del proyecto y te hemos dicho que es un negocio seguro. -Pero no es suficiente, Antonio. Hoy las empresas se hunden, cada vez más. La dirección nos exige que extrememos las garantías. -Yo tengo un bar. Y mi mujer, una peluquería. Y el Banco de España me debe medio millón de pesetas como sabes. -Sí, vete a saber cuándo pagarán. Hace poco me decías que me iban a devolver hasta los quince millones. -Bueno, mira. Vamos a hacer una cosa. A ver... Me presentáis todas las escrituras de propiedad que tengáis y los títulos de las acciones. Y alguien que os avale. Yo no tengo acciones. -Pues, tus avalistas. ¿Qué avalistas necesitas para una porquería de crédito? -Antonio, son las normas. ¡Pásate las normas por el forro, Felipe, que es para mí! (SUSPIRA) ¿Sabes qué te digo, Felipe? Te van a dar por saco, que eres muy mal banquero. -Bancario, Antonio, bancario. Vámonos, Miguel. Y recuerda que a todo chorizo le llega su casa de humo. La casa es muy luminosa, con estos tres balcones. Si quiere, ahora, le enseño las habitaciones. Tiene la de matrimonio, preciosa. Y la chimenea, funciona. -Mire. Yo no voy a comprar ningún piso. No se me ha ocurrido nada mejor para tener el pretexto perfecto y poder hablar con usted a solas. Soy Sonsoles, la mujer de Tomás. De Tomás. ¿Tomás, mi jefe en la inmobiliaria? -Sí. Mira, Mercedes. Bueno, supongo que no te importa que nos tuteemos, ¿no? ¿En qué situación estás con mi marido? Perdóneme, pero... Pero creo que se está confundiendo conmigo. -No, guapa. No me estoy confundiendo. Y te aseguro que esto no es nada fácil para mí. Pero... -Verás. La de ahora se llama Mercedes. Y está liada con su marido. Mire usted. Yo no tengo ni he tenido nada con su marido, Dios me libre. Por lo único que entré en esta inmobiliaria es para ganar dinero. Pero desde luego, si las cosas siguen así, la que se va, soy yo. ¿Me entiende? ¿Eh? -Te he dicho que prefiero que nos tuteemos. Esto es miserable. No sé quién le ha enviado a usted esa porquería. Como tampoco sé quién me ha enviado a mí esta. No sé qué está pasando pero desde luego... -Pues... No sé qué decirle. Quizá... Quizá me he confundido con usted. Por supuesto que se ha confundido. De todas, todas, vamos. -Verá, Mercedes. Tomás, no es la primera vez que se enreda con una de sus empleadas. Tiene tanto trabajo que no le da tiempo para salir a cazar. Pero a mí, ya no me importan nada sus líos. De hecho, me son completamente indiferentes. Lo que pasa es que no quiero salir perjudicada. Sobre todo, ahora, que cualquier día aprueban la ley del divorcio. No me interesa su vida privada. Yo estoy aquí para vender pisos. Así que, si no le interesa este piso, adiós, muy buenas. -Mercedes. ¿Va a ir hoy a la cena de la empresa? Pues... Me parece que no tengo más remedio. -Le agradecería que no le dijera a mi marido que nos hemos visto. Ah. Pues, ¿sabe lo que le digo? Que todavía no sé lo que voy a hacer. -Mercedes, lo siento. Más lo siento yo. Y haga el favor de cerrar las ventanas cuando salga. Te digo una cosa, Miguel. Como me devuelvan los quince millones, no lo meto en un banco ni loco. Lo meto debajo del colchón Bocinas. o te lo doy a ti, fíjate. ¿No dice el tío que nos busquemos un avalista? ¿Qué se piensa? ¿Que caen de los árboles? Ahora, que yo, ya lo tengo. -¿Qué tienes, el dinero? No, la forma de salir de esto. -¿Qué forma es esa? Bocinas. Como en el norte, una cooperativa. -¿Una cooperativa? Sí. -¿Y con quién? Con la gente del barrio. ¿No están todos parados? El que quiera arrimar el hombro, que lo arrime? Si tiene dinero, que lo ponga; si tiene máquina de coser, también vale. Ya está. -¿Cómo vamos a hacer una cooperativa con el barrio? Ponernos de acuerdo es imposible. Habrá que hacer una reunión. Esta noche, en la parroquia. Le pedimos permiso a Froilán. -¿En la parroquia, con el padre Froilán, para hacer la cooperativa? ¡No va a dar tiempo, Antonio! Bocinas. Vamos a ver, Miguel. Te ahogas en un vaso de agua. ¿Somos empresarios o no? -Lo somos. Pues, tiene que haber tiempo, claro que va a haber tiempo. Me cago en la mar. Si no lo hacemos nosotros, lo va a hacer otro y se nos va a adelantar, ¿entiendes? Bocinas. (TOCA LA BOCINA) ¡Por Dios, vamos, por Dios que estoy perdiendo dinero! -Hola, abuela. Hola, hija. Me vas a ayudar a hacer la ensalada, ¿eh? -Claro. ¡Ay, qué flores tan bonitas! ¿Quién te las ha regalado? -Pues, nadie. ¿Pero qué haces? -Nada. Son del médico, ¿verdad? -Ay, abuela. Ay... Madre mía, es que yo no te entiendo, vamos. Una vez me regaló a mí Alfredo un ramo de flores y en seguida lo iba a tirar yo a la basura, oh... Son del doctor, ¿verdad? -Es que no quiero hablar de eso. Ay... Pues a mí me gusta mucho ese chico. Y es guapo, ¿no? -Sí, es guapo. Y médico... Con lo que a mí me gustan los médicos, más que los ingenieros, fíjate. Y eso que los ingenieros ganan más pero donde se ponga un doctor... Oye, si no es mucho preguntarte... ¿Ya hay algo? -¿Algo de qué? Entre vosotros. Que si estáis en relaciones, que si hacéis cosas... -¿Cosas de qué? ¿De qué va a ser? Cosas. -No, abuela, no hemos hecho nada todavía. Pues ya va siendo hora, ¿eh? (HERMINIA RÍE) -Urgente. Hoy a las ocho de la noche, reunión en la parroquia para hablar de trabajo. ¡No faltéis! -Bueno, ¿pero para qué es la reunión, si puede saberse? A su debido tiempo, Ramón. -¿No será para nada de política? -No, padre, no tiene nada que ver. -Si es de política, con la parroquia no contéis. -Qué rabia, yo he quedado con Inés. -Ya. -¿Es para hacer una quiniela? Si no es de mucha pasta, contad conmigo. No es para hacer una quiniela. -No habrá que poner pasta, ¿no? Como tengamos que poner dinero... Desiderio, que aprisionado estás con el dinero, chico. -Es que estoy tieso. Por eso, te voy a hacer una propuesta que te gustará. -Ah. ¿Te he engañado alguna vez? -Jamás. Pues, entonces. -Cuánto misterio. Padre, ¿esto no será cosa suya para pasarnos el cepillo y sacarnos los cuartos? -Yo no sé para qué es la reunión. Antonio me ha pedido la iglesia y yo la he dejado, nada más. -Yo, en principio, digo que no a todo, por si las moscas. -Tú como siempre, metiendo la pata. -Si es una quiniela, digo que sí. Y dale. La quiniela no es trabajo, Vicente. -¿Y no podéis adelantar de qué va la historia? Pues, de trabajo. -Siempre con secretitos. Será un sacacuartos, seguro. Ni sacacuartos ni sacaquintos. Hacedme caso. A las ocho, en la parroquia y lo hablamos, que es una cosa buena. ¿O estamos aquí perdiendo el tiempo mi hermano y yo, llenando de papeles el barrio para nada? -Habrá que ir. -Todos iremos. -Todos, sí, claro. (GRITAN) -No podía soportar la idea de que Arantxa y Felipe estuvieran juntos. Y lo peor era que ya me los imaginaba durmiendo en la misma cama y hasta compartiendo ducha. Yo, que creía que los celos no iban conmigo, descubría que ese demonio se me había metido hasta en la médula de los huesos. ¿Y de dónde vas a sacar el dinero para montar el negocio de banderas? Vamos, digo yo, si se puede preguntar. Porque no lo voy a poner yo solo, vamos a ser muchos, Herminia. Medio barrio. Voy a montar una cooperativa. Así, si ganamos, ganamos todos. Y si perdéis, perdéis todos. No, porque vamos a trabajar sobre pedido. Es un trabajo seguro. -La idea me parece buenísima. Pues, claro, hija. ¿Sabes lo que venderemos con lo de las autonomías? Va a ser como lo de los gatos, que no tenía ninguno calcetines y todos querían zapatos. Teléfono. Mira a ver quién es, hija. -¿Dígame? -¿Quién es la hermana más guapa? -¡Hola, Tony! Esperamos a mamá para comer. Dámelo, hija. -Te paso a papá. Adiós, Tony. -Sé buena, ¿eh? ¡Tony, hijo, qué alegría! ¿Cómo estás, cuándo vuelves? -Ay, papá, no lo sé. ¿Pasa algo? Nada. Está todo muy bien. -Ya está la comida. Déjame hablar con él. Un momento, Herminia, es conferencia, no se puede hablar así y así. Pues, mándale besos. -Sí. Besos de tu abuela y de Inés. -Dales un beso de mi parte. De tu parte. Me alegra que llames, quería consultarte algo. Quiero... Quiero montar una cooperativa. -¿Una cooperativa de qué? De banderas. ¿De banderas, banderas? Banderas, banderas. Con esto de las autonomías, las vamos a vender como churros, hijo. Había pensado... hacerlo con la gente del barrio y montar una cooperativa. ¿Qué te parece? -Me parece muy bien. ¿Te parece buena idea? -Me parece estupenda. Herminia. Dice su nieto, el abogado, que le parece una idea estupenda, la cooperativa de las banderas, ¿estamos? Me alegro muchísimo. -Acuérdate de la fábrica de electrodomésticos del País Vasco, en Mondragón. Sí, esa que hace cocinas y frigoríficos y no sé qué más. -Sí, esa. Pues, la abrieron cinco estudiantes y mira dónde están. ¿La montaron cinco estudiantes? Pues, fíjate. Ahora, dicen que es una de las mayores fábricas de Europa y da trabajo a todo un pueblo. Dime una cosa. ¿Eso cómo se hace? Para hacerlo bien, digo. -Te lo tendría que mirar al detalle pero tengo claro que el que más cobra, es como mucho, el triple de lo que cobre el que menos. ¿No puede ser más del triple? -Que no es como los bancos, que los banqueros se forran y los trabajadores no llegan a fin de mes. -"Caro, mi amore". Se pasa la pasta. -El secreto para que una cooperativa funcione es el trabajo colectivo. El esfuerzo. Que las decisiones se tomen entre todos y luego, se reparten los beneficios. Pues tu tío Miguel y yo vamos a ir esta tarde a una reunión con el barrio. A ver qué dicen estos mastruencos. -Pues como te salga bien, te van a montar un monumento. Un monumento en la comisaría. Adiós, hijo. Un abrazo. -Hasta ahora. Y vuelve pronto. Adiós. Cuelga, María, hija. Hombre. Si se ha despertado el empresario exitoso del ramo de la hostelería. Mira qué cara de tonto del haba. Ya estoy aquí. -Hola, mamá. Hola. Hola a todos. Hola, Mercedes. Está todo lleno de carteles de una reunión. ¿Sabéis qué es? Sí, la he organizado yo. ¿Tú? Sí. Ah. Justamente a las ocho. A la hora de mi cena. No sé para qué tienes que ir a una cena de trabajo, precisamente hoy. Porque tengo que ir. Me hubiese gustado que me acompañaras. Pero, vamos. Como a ti nunca te importa mi trabajo... ¿Cómo que no me importa? Qué te va a importar. Me hubiese gustado que conocieras a mis compañeros. A mí también me hubiera gustado pero ya tengo bastante... ¿Quieres abrocharme? Tengo prisa. Con ir a la parroquia y convencer a la gente de que tenemos que hacer una cooperativa. No sé para qué. No vas a ganar dinero. Parece mentira que no sepas que en una cooperativa no se gana dinero. Esta vez va a ser diferente. Se trata de estar en el sitio adecuado, en el momento adecuado. Fíjate en tu heredero. Está ganando un dineral a base de gin-tonics y cubalibres. Decías que perdía el tiempo. A ver si te aclaras. Eso se lo digo para que sea un hombre de provecho y no se duerma en los laureles. No le digas que estoy contento o no hará nada y se dormirá en los laureles, como siempre. Me voy que llego tardísimo. Merche, cuando vuelvas, pasa por la parroquia que seguiremos ahí. Estás tú bueno. Pues, nada, mujer. No te pases por ningún lado. Ea. Sola. Más sola que la una. Hala. Vas muy guapa para ir a una cena de trabajo. Vete a la porra. El que se ha quedado más solo que la una soy yo. Vamos a ver. Bueno. Quería hablaros para comentaros algo que no es muy nuevo pero sí muy novedoso. ¿Qué es lo que queremos? ¿Queremos ganar un dinero, que esté bien, fijo y estable todos los meses o preferimos apuntarnos al paro y cobrar el subsidio? Pues... (HABLAN A LA VEZ) ¿Por qué? -A ver. Por favor, escuchad un momento. ¡Un momento, por favor! Escuchad. -Los que estén cobrando ahora el subsidio de desempleo, os podéis dar con un canto en los dientes pero dentro de cuatro días, como quien dice, lo vais a dejar de cobrar. ¿Y entonces, qué va a pasar, eh? -Mira. Esto va a ser cosa de vender enciclopedias por las casas a comisión, ¿vale? -Pero vamos a ver. ¿Qué pasa? -Para hacer una permanente nos cuesta Dios y ayuda, ¿cómo vamos a vender enciclopedias? ¿Quién ha dicho eso? Desiderio, estás liando las cosas. -¿Me queréis escuchar, por favor? Es muy sencillo. Lo único que nosotros os queremos preguntar es si queréis ser ricos. (TODOS HABLAN Y RÍEN) ¡Sí, sí! ¡Claro! Bueno, bueno. Ser ricos, de aquella manera, ¿entendéis? Cobrando un sueldo al mes, un sueldo fijo. Eso, a eso se refiere. -Hombre, esto está muy bien. ¿Pero qué hay que hacer? -Ese es el quid de la cuestión, Josefina. (HABLAN) -Lo que tenemos que hacer es fabricar banderas. -Banderas. -¿Ha dicho fabricar bandurrias? -Sí, creo que sí. -Si yo no he visto una bandurria en mi vida. -Perdón. Perdonad. Vamos a ver. ¿Aquí, quién sabe algo de bandurrias? -¡Pero qué bandurrias ni qué bandurrias, don Froilán, que aquí nadie ha dicho bandurrias! ¡Banderas! -¡Ah! -Hemos dicho banderas. -¿Qué es eso de banderas? Luis. Si me dejas un momento, te lo explico. Empecemos desde el principio. -Vale. Como sabéis, en España, se viene el Estado de las autonomías. -¿Y eso qué es? -Ay, Vicente, por Dios. Tendrías que leer más el periódico y jugar menos a los marcianos. (RÍEN) A ver, Vicente. Escucha, que esto no es de segundo grado. Eso es que va a haber muchos gobiernos autónomos. -Cada gobierno autónomo, su propia bandera. Claro. Y entonces, millones de españoles querrán tener su propia bandera en casa -¿Para qué? -Para meterla en un florero, para sacarla a pasear. ¿Qué más da? Lo importante es el número de banderas. De Andalucía, de Cataluña, de Galicia, del País Vasco... -Así es como se rompe España. Con la roja y gualda es suficiente. -¿Te quieres callar de una vez y sentarte, por favor? Que una cosa no quita a la otra, también voy a fabricar rojas y gualdas pero, vamos a ver. La pregunta es: Con todas esas banderas, ¿quién las fabrica? -No lo sé. -¿Quién? Miguel y yo hemos pensado que tenemos que fabricarlas nosotros. -Sí. Con nuestra cooperativa. ¡Nuestra cooperativa! Cooperativa de Banderas de San Genaro, en honor al santo. -Oye, Emma, ¿y tú trabajas? -¿Que si trabajo? No paro. Con dos niños pequeños, mira. Hay que bañarles, darles el desayuno... -Claro. -Llevarles al cole, hacer la cena, mil cosas. Y como este, no me ayuda nada en la casa... -Que no trabajas, que no ayudas. ¿Me perdonáis un momento? -Ahora vengo. -No ayudo, ¿no? -Me cuenta Beatriz que eres la que más vendes. Bueno, eso intento. -Pasa, pasa. -¿Y qué, por fin has... -Hola. ¿Qué tal? (SE SALUDAN Y PRESENTAN) -A Beatriz, también. -También. -Beatriz. Él es Juan, su marido. -Mi marido. Y, ven, que te voy a presentar. Mira. Sonsoles, esta es Mercedes, la nueva vendedora que tenemos en la empresa. -Encantada. Encantada. -¿Y tu marido? ¿No...? ¿No ha podido...? Antonio no ha podido venir. Está en una cena de negocios, también. -Ay, qué pena, ¿no? -Sí, qué pena. ¡Bueno, va! ¡Familia, al lío! -Sí, por favor. -Vamos a sentarnos. -¿No me entendiste ayer? Que te alejes de ella. Creo que yo la vi primero. -¿Qué te parece...? -Haya paz, chicos. Paz y amor. Sobre todo, mucho amor. Dos de lo mismo. -Gracias, Carlos. Oye. ¿Qué tal con tu médico? -Bien. Pero no es mi médico. -Bueno, ya sabes qué quiero decir. Me encantaría estar con un médico. -¿Sí? -Cuando cogen el fonendoscopio y empiezan a auscultarte por aquí, que empiezan a tocar... ¡Ay! Es que me entra una cosa que, vamos... Me encanta. No lo puedo evitar. -Bueno, belleza. ¿Qué haces tú por aquí? -Hola. -Hola. -Pues, nada, aquí. -Hola. -Ella es Pili. (AMBOS) Hola. ¿Qué tal? -Hola, soy Pili. -Hola. Yo soy Julián. Un compañero del hospital. -Ah. ¿También eres médico? -Pues, sí. -¿Y qué curas? -Soy ginecólogo. -¡Ginecólogo! (RÍEN) -Es ginecólogo. (RÍE) -Ya sabéis cuál es mi pensamiento. España tiene que ser una, grande y libre. Como siempre. Sí. Y tú, el mejor guardia de Franco, co, co, ya lo sé. -¿Ah, sí? Pues, me voy. -¿Dónde vas, Ramón? Por favor. Anda, siéntate. Ramón, era una broma. Te quería preguntar una cosa, precisamente a ti. ¿Tú no estuviste ayer en la plaza de Oriente? -Sí. ¿Por qué? ¿Y cuánta gente, como tú, con banderas había? -Así, a vista de pájaro, por lo menos, ochocientas mil. (DESI RÍE) Qué exagerados son estos fachas. Perdona, Ramón, la tele ha dicho que había doscientas mil personas, ergo, como no lleven cuatro banderas cada uno... (HABLAN Y RÍEN) Imagina que las hubiéramos fabricado y vendido nosotros, hubiéramos ganado un dineral. ¿O no? -Sí, sí. -Eso, sí. Eso, sí. ¿Cuánto te costó la tuya? -A mí, nada. Me la regaló mi santa esposa. -Por favor, está muy claro. ¿No lo veis? Joder. -¿Eh? A poco que pongamos cada uno nuestro granito de arena, hacemos un negocio redondo. -¿Pero qué granito de arena es ese? Pues, cada uno aporta lo que puede. ¿Tú sabes coser, Clara? -Y muy bien, por cierto. Pues, si coses divinamente, coserías el borde de las banderas, ya está. -Primero. Yo no coso. Segundo. Tengo un taxi, que ese sí que tiene una buena bandera y no veas cómo me gusta bajarla. O sea, que a mí, no me necesitáis para nada. -Tú mismo lo has dicho, Ramón. ¿No tienes taxi? Tú te puedes ocupar del transporte de las mercancías. Jefe de transportes. -Encargado. Encargado. Vamos a ver. El caso es hacer una cooperativa sin jefes, donde todos seamos iguales, por Dios. ¿No os suena Mondragón? -El pueblo de mi primo. Menudas cocochas de merluza se comen allí. (RÍEN) Deja las cocochas, Luis. Mondragón, para todo el mundo, es un ejemplo de gestión empresarial. -Pero una cosa, ¿cómo es eso de que no habrá jefes, que no...? Pues, así de simple. No hay jefes y punto. En todo caso, alguien con experiencia, como yo, se puede presentar a gestor. -Acabáramos. O sea, que tú serías el mandamás. No, no, no. Gestor. El mandamás, no. ¿Entiendes? -Ya. El secreto de una cooperativa es el trabajo colectivo. -¿Todo el mundo cobraría lo mismo? Más o menos. Los gestores pueden tener un pequeño plus pero no pueden cobrar más de tres veces que el que menos cobra. O lo que es lo mismo: el que menos cobra un tercio del que más. Tres tercios, una unidad: una cooperativa. -Ya estamos con las diferencias. -Un momento, yo no entiendo nada. Antes decías que no habría jefes y todo el mundo cobrando lo mismo. Ahora resulta que tú vas a ser gestor y encima, ¿vas a cobrar más que nadie? ¡Que no! ¡Un poquito más! -Un poco más. -Pues, si nos ponemos así, perdonad, yo, ahora mismo, voy a pasar el cepillo. (TODOS HABLAN) -¡Un momento, un momento! Esta es mi iglesia. ¿Y quién paga el consumo de la luz? Tiene razón. Páselo usted, padre. -¿Y en esa cooperativa, nos van a dar de alta en la Seguridad Social? Sí. A su debido tiempo. -¿Cuándo es "a su debido tiempo"? -¡Ay, Ramón, por favor! ¡A su debido tiempo, como su propio nombre indica: A su debido-tiempo! (TOMÁS GOLPEA LA COPA) Permitidme un segundo solamente. En fin. Eh... Aquí estamos, ¿no? Celebrando el décimo aniversario de la empresa. (RÍE) Una empresa que, ya, es una realidad gracias a vosotros. Risa. -Por eso, precisamente, he querido... Risa. -Compartir con vosotros este momento de felicidad, ¿no? Convencido de que no va a ser el último porque... Vaya. -Perdón. -No pasa nada. Convencido de que no va a ser el último porque a pesar de la crisis, de las grandes dificultades... por las que atravesamos, esto, ya, no es un proyecto de futuro. Esto es una realidad... (EBRIA) De futuro. -Eso es. La realidad de una familia como la nuestra, en fin, estoy convencido de que va a conseguir grandes logros. -Seguro que sí. -¡Salud! -¡Venga! -Así se habla. ¡Chinchín! -Salud. Muy bien, Tomás. -No tenías que haberme enviado las flores. -Pensé que te gustarían. -No, si me han gustado mucho. -¿Pero? -Que cada persona es un mundo, Alberto, y yo, ahora, estoy pasando un mal momento. -¿Y por qué no me hablas de eso? Me encantaría poder ayudarte. -Porque nadie me puede ayudar. Me tengo que ayudar yo sola. -No te oigo. ¿Nos vamos a otro sitio, más tranquilo? -Yo prefiero que me lleves a casa. -¿A casa, ya? -Estoy muy cansada y mañana madrugo. -Lo que tú quieras. -Vale. -¡Eres el mierda más grande que he visto en mi vida, cha...! ¡Tú, sí que eres un mierda! -¡Bueno, ya está bien! ¿Pero qué os pasa? ¡Dejadlo ya! Ha empezado este gilipollas. -¡Me da igual! ¿Qué os pasa a vosotros? -¡No me vengas con el rollo este de cómo se llame! ¿Lo has visto en una peli francesa? -¿Lo vuelvo a repetir? ¡No soy de ninguno, ni tuya, ni tuya! Ni exclusivo ni excluyente, ¿no? -¿Sabes qué significa? No lo sé. -Que no quiero renunciar a ninguno de los dos. ¿Entendido? ¿O sea, que si te da la gana de liarte con él, yo me tengo que aguantar? -Eso mismo. -Pues yo, no sé si voy a soportar eso. -O lo soportas o me olvidas. ¿Pero tú no eras de derechas? -¿Y tú? ¿No eres rojo? Pues, a trabajar. (HABLAN) -Ya está bien. O dejas de beber o nos vamos. (EBRIA) Que me olvi... des. -Estás haciendo el ridículo. -Vete a la mierda, cariño. -Ya está bien, por favor. -¿Por qué no te largas de una vez? Bebo lo que me da la gana. ¿Qué te importa? -Venga. A ver. Prometo que será el último pero hay que hacerlo. Venga, chicos. Por nosotros. Porque sigamos siendo como una familia, ¿verdad, amor? -Sí. -Salud. -¿Qué familia? ¿Qué familia, Tomás? Eres un hijo de puta. Sí. Un hijo de puta. -Por favor. -Anda, déjame en paz, ¿vale? Lárgate, lárgate. Lárgate a casa y olvídate de mí. ¿De qué mierda de familia estás hablando, eh? Miradlo. Miradlo, es un cerdo. Un cerdo hijo de puta. Y eres un mentiroso. Un mentirosillo. ¡A ti te importamos una mierda todos! No le importamos nada. ¡Nada! (RÍE) Eres un cabrón. Un cabrón simpático que sólo piensas en ti. -Nos vamos. Lo siento. Vámonos, Beatriz. -¡He dicho que no me voy! -¡Por favor! -¿Y tú? ¿Tú, cuándo te tiras al jefe? ¿Cuando cerramos la inmobiliaria? ¿Y adónde vais? -Beatriz. Ya es suficiente. Ya está bien. -¿A un hotel? ¿O te ha puesto un apartamento? Estás completamente borracha. Ya está bien. -Mira la mosquita muerta. ¿Qué? ¿Qué ha dicho tu marido cuando ha leído que te acuestas con este? ¿Has sido tú? (RÍE) ¿No dices nada, Sonsoles? -Beatriz, es suficiente. -No, ¿tú, qué vas a decir? Qué más te da que se acueste con ocho o con ochenta, mientras siga llevando el dinero a casa... -¡Vale ya, Beatriz! ¡Vete a tomar el fresco! ¡Llévatela, joder! -¡No, espera, no he terminado! ¿Quieres que te cuente lo que me decía de ti? Me decía que, en la cama... (RÍE) Eres como un saco de patatas. -¡Vale ya, Beatriz! No tengo ni idea de qué habla. Eso, un saco de patatas. -¡Vete a tomar el fresco, por favor, Beatriz! Oye, espera. Y, Tomás. ¿Cómo...? ¿Cómo es esta rubia en la cama? (LLOROSA) Que parece que no ha roto un plato en su puñetera vida. Ya está bien. (BEATRIZ LLORA) -¡Por favor! ¡Por favor, un poco de silencio! Vamos a pasar a las votaciones. A ver. Levanten la mano los que estén a favor de la cooperativa. No jodáis. Dos. -Abstenciones. ¿Votos en contra? Diecisiete votos en contra. -Señores. Se rechaza la propuesta por mayoría absoluta. -¿Puedo cerrar? Mirad qué hora es. Cierre, padre, cierre. -Pues, nada. A tomar por saco. -Estaba cantado. -La verdad es que llevo todo el día pensando en ti. ¿Me has oído? -Sí, Alberto, sí. -¿Y? (INÉS SUSPIRA) Pues, que demasiadas veces me han salido las cosas mal. Y no quiero que se vuelvan a repetir. -Nos está bien empleado, por imbéciles. Nunca más. Ya lo sé. Vámonos, Merche. Esta gente se merece todo lo que le pase. Son unos acémilas, no piensan, sólo preguntan. Luego, se quejan de que no tienen una peseta. Han dicho que no. -Han dicho que no. Pero que les den. Si hubieses venido... Si no hace falta, si sé perfectamente... -¡Antonio! ¿Qué? -Perdona. He votado que no, chico, porque no lo veía claro. No andéis tan deprisa. Desiderio, no te preocupes. Un momento, Merche. ¿Qué? -Que hemos votado que no, pero hemos decidido que sí. Ha sido un momento de ofuscación. Pero hemos pensado que podemos montar la tienda nosotros cuatro, no necesitamos a nadie. Yo pongo mi local. -El local se pinta y queda perfecto y ahí se pueden hacer las banderas. Ya. Bien. Y el capital, ¿qué? -Vamos a ver. Pagamos el género a ciento veinte días y cobramos las banderas en el acto o a treinta días. Acémila, Con las buenas ideas que tienes y me dices antes que no. -Es más. -Es más. -¿Quién fabrica las banderas? -¿Quién fabrica las banderas? -¿Quién fabrica las banderas? -El barrio, ¿quién va a ser? -¿Quién va a ser? A tanto por bandera. Claro. Ya tenemos Mondragón. ¿Tú nos dejas tu local? -Por supuesto. Nos vamos a hacer, de oro, no, de platino. Muy bien. ¿Me escuchas un momento? Los estoy viendo. ¿Me quieres decir que hacen todo el día dándose besos? Lo que te quiero decir... Te lo tenía que haber dicho... Vamos a ver... ¿Os habéis fijado? Están otra vez con el subidón y se están besando. Por Dios, vamos. Disimula. -¿Cómo voy a disimular? (RADIO) ...viajar en autobús. ¿Qué quieren estos desalmados? A mí me gustaría mucho que lo de Inés y este chico cuajase. La verdad. ¿Sabes lo que he estado pensando, Merche? La gente que trabaje a destajo, le pago lo que corresponda, a los demás, no hay que aumentarles ni un duro. Un médico es un médico. Da mucha confianza. Pues, sí. ¿Crees que el local de Desi es suficiente para máquinas? Te estoy hablando de Inés, hombre. Deja ya las banderas, ya está bien. Es que es un mercado virgen, Merche y cuando veo uno, pues, ya lo sabes. Ya. Ya lo sé. Mira. Ahí está. (RADIO) ...cien oídos en la noche, nos acabamos de enterar de un suceso que ha tenido como protagonista a una mujer enamorada. Una mujer que acaba de intentar suicidarse encerrándose en los servicios de un conocido restaurante donde se celebraba una cena de empresa. Una empresa inmobiliaria llamada, por lo que sabemos, Inmobiliaria Tereñes. Merche. ¿Esa no es tu inmobiliaria? No he oído nada. Ah. Iba a decir que sí. (RADIO) ...no acabó en tragedia. Y así es la gran ciudad. La ciudad que palpita en la noche, donde mientras unos duermen y otros trabajan, miles y miles viven en silencio dramas personales. Como el de esta mujer sensible, de nombre... Beatriz J. R. que, desesperada de amor, a punto ha estado de morir. Y yo te digo, Beatriz, querida Beatriz, querida amiga... ¿Sabes lo que te digo, Merche? Tienen que torcerse mucho las cosas para que el primer año no facturemos, por lo menos, diez millones. Yo quiero diez millones que luego, hay que repartir. (RADIO) No te dejes llevar por la desesperación que sientes en estos momentos... ¿Te vas? Voy a ir un momento al baño. (RADIO) Lo importante eres tú. Es que si hago... Si hago diez millones el primer año es un negocio redondo. Redondo, de verdad. No como lo tuyo de los pisos, Merche, je, je. Que está más visto que el tebeo. Crees que puedes hacerme ser como quieras tú. -Ahora, al recordar aquellos días, reconozco que, en el fondo, me sentí más desgraciado que otra cosa. A pesar de que aquel triángulo que nos había propuesto Arantxa fuese como el vértigo que se siente en la montaña rusa. Y, tal vez por eso, eché de menos a Karina más que nunca, deseando con toda mi alma que volviera de Londres. Desde siempre. -La que había vuelto a sonreír era mi hermana. Después de todos los sinsabores por los que había pasado últimamente, Inés necesitaba a alguien que se preocupara por ella, alguien con quien conversar y compartir. Y casi sin proponérselo, parecía haber encontrado en Alberto a esa persona. Después de mucho tiempo, mi hermana volvía a sentir mariposas en el estómago, empezaba a tener ilusión por algo más allá de la familia. Desde siempre. -Mi madre trataba de asimilar cómo la vida te enfrenta, a veces, a situaciones desagradables. Como nos dijo años más tarde, una compañera de trabajo de aquella inmobiliaria donde vendió pisos durante una temporada, intentó suicidarse, por celos, después de una cena de empresa. Y cruzaré tu habitación Olvidaré tus lujos. Viviré la oscuridad. -Y al oírselo contar, recordé los días aquellos en que yo, también, tuve la angustia de los celos porque una chica que se llamaba Arantxa me dijo una frase que, todavía hoy, no he podido olvidar. Ni exclusivo, ni excluyente. Como un zombi. Como un zombi. Au... Au... Soy un zombi. Hey, hey, eh... Soy un zombi. Au... Hey, hey, eh... Soy un zombi. Au... Hey, hey, eh... Soy un zombi. Au...

Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 222

27 oct 2011

Noviembre de 1979. Han pasado cuatro años desde la muerte de Franco y todavía son muchos los que acuden a la plaza de Oriente para ensalzar la figura del dictador. La cantidad de banderas que ve Antonio en las imágenes que se emiten en la tele le confirman su idea de que ahí hay negocio seguro. Herminia está rara estos días y Mercedes no sabe que le pasa. En realidad el problema es que han llegado unas notas anónimas a casa que dejan en muy mal lugar a su hija. Una comida de trabajo confirmará a Mercedes sus sospechas sobre que sus compañeros y su jefe no son de fiar. Inés decide hacer caso a su familia y dar una oportunidad al médico que conoció en el capítulo anterior. A pesar de que el chico es interesante y muy divertido, la hija mayor de los Alcántara se muestra muy fría y prefiere no dejarse llevar.

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  1. Ben

    @cochela La canción que quieres se llama RADIO FUTURA: ZOMBI Saludos. :D

    24 nov 2011
  2. cochela

    me gustaria saber cual es la cancion del final del capitulo que dice algo asi como "soy un zombie.." y que grupo la cantaba. Gracias

    05 nov 2011
  3. Luis

    Mi recuerdo para un actor que falleció el sábado y que participó en la serie en dos capítulos: Walter Vidarte, que llegó a España hace 37 años huyendo de amenazas que no lo dejaban en paz.

    01 nov 2011
  4. Juan

    Por qué no sirve el video??? Sale que el contenido ya no está disponible.. Por favor arreglenlo...

    31 oct 2011
  5. ANGEL VAZQUEZ

    Gracias a TVE, por el esfuerzo de poner la serie completa, para poder disfrutarla desde el principio, donde y cuando quieras...TVE es la mejor TV del mundo!!! así da gusto ver que el dinero de todos sirve para algo....GRACIAS

    31 oct 2011
  6. keiko

    cada capitulo es una vivencia de tiempos idos ..muy bien..por todos ..las borrachas creo que nunca han faltado en ningun tiempo......y las celosas menos ..asi pa amargar ahi estan..carlos niño precioso....asi pasaria en esos tiempos con niñas como Arancha...? ......EXITOS Y SALUD Y QUE NUNCA ACABE ESTA REFRESCANTE SERIE ...ME GUSTA MUCHO

    30 oct 2011
  7. ALEGRIA

    HOLA AMIGOS. Que bien va la serie, el espíritu de Antonio siempre de superación me encanta, cuando menos entretiene, pero al que no aguanto es al tontolada de Carlos, que poca verguenza tiene, sacar a su capricho a Aranza de la clase, solo para pedir cuentas... de alguien que NO LAS QUIERE DAR, pues lo visto es que es una de esas chicas que se consideran "modernas" revolcándose con cualquiera, excelente ejemplo ¿ verdad? Yo creo que por sujetos de ese tiempo que ahora son adultos, estamos como estamos en senda crisis. y si esos adultos ahora jóvenes irresponsables de ayer estan en puestos claves.....pues ya estamos arreglados.

    30 oct 2011
  8. ruben

    solo por ver a carlos desnudo merece la pena estar pendiente de la serie ,que morbo tiene guapoo

    30 oct 2011
  9. Abel

    y como se llama la canción que suena cuando están hablando el médico e Inés y que sigue sonando cuando se pegan Felipe y Carlitos¿? a ver si alguien lo lee y lo sabe.

    30 oct 2011
  10. davizosky

    ¿Cuál es la canción que suena de fondo cuando se pelean Carlos y Felipe y luego viene Arancha y les dice que no quiere renunciar a ninuguno de los dos y los besa a los dos.? Me parece que tambien suena en la escena anterior cuando Inés está hablando con el medico en el bar y le dice que la lleve a casa.

    30 oct 2011