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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 218

Cuéntame cómo te ha ido en tu viajar por ese mundo de amor. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido... Cuéntame si has conocido la felicidad. Háblame... -Junio, julio, agosto... Los meses caían uno tras otro y con ellos, caía la bolsa, caían las facturas, los apremios y los pagarés. La deuda de mi familia, como la del país entero, crecía y crecía y con ella, los nervios, la angustia del final de mes, los "Ay, Señor, Señor" de mi abuela y la preocupación de todos. Menos mal que aún nos quedaba septiembre, que era y sigue siendo como el enero de los estudiantes, es decir, el momento en que se pone el contador a cero y uno tiene la ilusión de que, con el nuevo curso, todo vuelve a empezar. Otra que se reenganchaba, en su caso, a la vida, era Inés, que se preparaba, entre ansiosa y angustiada, para su estreno en el taller de cerámica como profesora auxiliar en un aula de chavales conflictivos. A ver. Ahora, hija, por aquí. -¡Ay, abuela! Ay, perdona. Es que tengo mucha prisa. Tenemos que ir al cole. ¿Te acerco? No hace falta. ¿Está recta o no? Que no sé qué le pasa al cuello. Yo te veo hecho un pincel, vamos. (SONRÍE) Si por mí fuera, te daba el trabajo nada más verte, fíjate lo que te digo. Pues, yo lo que veo cuando me miro, Merche, es un parado con 53 años, que no es poco. 53 años muy bien llevados, ¿eh? Ya. Tienes cuerda para rato. Además, Goyo ha dicho que es un puro trámite la entrevista, ¿no? Eso le dije yo a Desi, ¿recuerdas? Cuando quiso enchufar a Clara en el Ministerio y mira cómo fue todo. Pero eso es diferente. Puerta. Perdón. María y yo nos vamos, que vamos a llegar tarde al colegio. ¿Os bajáis? Idos bajando, madre. Ahora vamos. No nos esperéis. Nena, espérame, hija. ¡No me corras! Ponte recto. Y confía en ti. La chaqueta. (RADIO) En el congreso del Partido Socialista, que se está celebrando estos días, el protagonista del día fue, ayer, Alfonso Guerra que, en un arrollador discurso, arremetió contra el sector crítico del partido. Cada vez está más claro que el sector joven y renovador... En clase no hables. Buenos días. -Buenos días, Carlos. -Buenos días. -Hola, Inés. Buenos días. -¿Qué tal, don Antonio? Inés, hija. ¿No tendrás por ahí un cigarrillo? -Sí, sí tengo un cigarrillo. ¿Te vas a poner a fumar ahora? Sí. Estoy muy nervioso. No pasa nada, hija. Y fuego. -Claro. Qué bonito este mechero. -Sí. Sí que lo es. Es hippy. -Ajá. ¿Tú sabes manejar esto? -Tan bien como tú, no. Mira. ¿Eh? Bueno. Papá, y ese cigarro, ¿qué? A ver, Carlos, ¿te pregunto yo a qué hora llegaste anoche? Entonces, no seas insidioso. Buena suerte. -Sí, buena suerte. Vamos, anda, Inés. Gracias, hija. -Adiós. Mamá, adiós. Adiós, cariño. -Suerte. Adiós. Me vas a hacer enfadar, ¿eh? ¿El qué? ¿El qué? Ahora lo tiro, Merche. Estoy nervioso. Apágalo, anda. Espera un momento. Adiós. Apaga el cigarrillo ya. Adiós, Merche. Que vendas muchos pisos. Más tonto... -Espere, espere, don Antonio. Pepe. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no hace falta que me abras la puerta? Ni que vengas, que me haces un favor, ya no trabajas para mí. -De eso nada, don Antonio. Es jefe quien puede no quien quiere. Y usted puede más que muchos, lo sabré yo. Bueno, pues, nada. Vamos. -Pues, usted dirá. A la carretera de La Coruña. A Marshall Ibérica. -Lo que usted mande, don Antonio. (PREGONA) ¡Arrollador comienzo de los felipistas! ¡Cien penas de muerte para el dictador Macías! ¡Veintidós mil comercios cerrados ayer! Veinte pesetas. -¿Eh? No, si no me lo voy a llevar. ¿Ha salido el "Ya"? -No me han dejado ni uno, hija. Con tanto paro, se venden como rosquillas. (PREGONA) ¡El paro, desatado! ¡Cien millones de parados! ¡Arrollador comienzo... -Cuando no es el divorcio, son las autonomías. Aquí, todo Dios hace lo que le da la gana. España, una, y no cincuenta y una. -Jolín. Qué pesadito está usted hoy, don Ramón. (DESI SILBA) -Pues, anda que este... (LEE) La Federación Canaria se querella contar la revista "Lib" por un artículo titulado "A los árbitros se les atraganta el pito". -Ramón, ¿por qué no coges el taxi y te das una vuelta? Así me pagas la caña que te acabo de poner. -Si gasto más en gasolina de lo que gano. ¿Verdad, Desi? -Chis. -Buenos días. (LOS TRES) Buenos días. -¿Qué se le ofrece? -Nada, nada. Gracias. Nada. Quería preguntarles. ¿Conocen ustedes a don Desiderio Quijo? -¿Desiderio qué? -Desiderio Quijo. El propietario de la tienda de electrodomésticos de enfrente. -¿Ahí enfrente había una tienda de electrodomésticos? -¿Se está cachondeando de mí? -¿Yo? No. No, no. Nada más lejos de mi intención, caballero. Yo, este bar, lo he cogido en traspaso hace quince días, como quien dice. -Sí que... -Yo soy taxista y he venido a traer un cliente. -Bueno. Me imagino que será inútil pedirles que se hagan cargo de este aviso. -Ah. Yo, no... -Muy bien. Muchas gracias, por nada. -Vale, adiós. (RADIO) Ha hecho públicos los datos y la cifra se sitúa en un millón... -¿Quieres apagar eso? -¿Quieres apagar tú lo que debes? Llevas una semana bebiendo de balde. -¿Qué te debo? -No te preocupes, Desi. Que contigo no va la cosa. Tú me pagas cuando quieras. -Gracias, Miguel. -De nada. -Adiós, señores. -Hasta luego. (CASETE) "...an action or event in the future, which is already..." -El dinero está en la privada, don Antonio, no en la Administración. Ha hecho usted bien yéndose del Ministerio. (CASETE) "First question: Do you want to go to the swimming pool?". -"Yes, I want". (CASETE) "¿Do you like...?" Perdona, Pepe. ¿Desde cuándo te interesa a ti el inglés? -No, si estas cintas no son mías, don Antonio. -Son del subsecretario que he llevado al Ministerio. Por el asunto este de la Comunidad Europea. (CASETE) "Listen carefully, now. It's Mary at home?". -"Yes, she is". Y ahora, ¿qué ha dicho? -Que si está la Mary en casa. He dicho que sí. De tanto escuchar, le he pillado el tranquillo. No le molesta, ¿no? No, hombre. Todo lo contrario, Pepe. El saber no ocupa lugar. Pepe, no te lo he dicho antes, pero te lo digo ahora. Muchas gracias por llevarme a la entrevista. -No me cuesta nada, don Antonio. Y no va a presentarse a la multinacional esa en autobús. Ya. (CASETE) "It's very, very cold, outside". ¿Qué ha dicho ahora? -La que está cayendo fuera. Joder, lo que saben los ingleses. La que está cayendo fuera, dice. -Buena suerte, don Antonio. Gracias, Pepe. Buenos días. -Sí. ¿Qué desea? Venía a ver a don Rafael Thiebaut. -¿Es por el proceso de selección? Eh... Supongo que sí. A mí me habían dicho que tenía una entrevista personal. -Si me hace el favor, pase a la sala de espera. Les atienden en seguida. ¿Que nos atienden? Yo vengo solo, señorita. Muy bien. Acabáramos. Buenos días. (TODOS) Buenos días. -¿José Farré Brufau? -Presente. -Ignacio Gutiérrez-Brown Zugazaga. -Presente. -Manuel Gutiérrez Mela. ¿Pero esto qué es? ¿No se supone que estamos en la universidad? -Chis. Joder. Esto es peor que el colegio. No, es peor que la mili. -Oye, perdona. Si vas a estar todo el rato hablando, mejor te vas. -Arantxa Hernández Zubeldia. -Presente. -Si les parece, vamos a iniciar el curso hablando de la estrategia empresarial. Que, unida a la planificación estratégica, es vital para el correcto desarrollo de una empresa, tanto a medio como a largo plazo. Ítems a tener en cuenta... Gracias. -Dentro de la estrategia empresarial. Cuáles van a ser nuestros posibles proveedores. Yo creo que tenemos un piso precioso, en la calle Benjamín. Sí. Es un piso... completamente amueblado... Tiene calefacción central. Tiene dos balcones mirando a la calle Benjamín... Y... Sí. En el barrio de Tetuán. Sí. Pues, estupendo. Esta misma tarde. ¿A las cuatro y media te viene bien? Pues, muy bien. A las cuatro y media. Yo me llamo Mercedes, estaré esperándote en el piso. De acuerdo, Paula. Gracias. El piso de la calle Benjamín. Una pareja joven. -Muy bien. Muy bien, muy bien. ¿Querías decirme algo, Tomás? -Eh... Mercedes. ¿Sabes el dinero que me cuesta mantener abierta la agencia? No. Pero, vamos... -Mucho, mucho. Muchísimo. Mucho más de lo que te imaginas, seguramente. Hay que estar muy loco para tener un negocio hoy en día. Pero que muy loco. Y yo, debo estarlo. Un poquito, al menos. ¿Sabes por qué? ¿Por qué? -Porque me gusta lo que hago. Me gusta dar trabajo a la gente, que esa gente... Mi gente... Esté contenta, feliz con lo que hace. Mercedes, ¿puedo preguntarte si eres feliz en tu trabajo? Pues... Creo que sí. -No, no, no. "Creo", no. Tienes que decirme que sí. Vamos a intentarlo otra vez. Mercedes... ¿Eres feliz vendiendo pisos? Sí. -Pues, entonces... si eres tan feliz... ¿por qué no me haces feliz a mí, también? ¿Perdón? -No me estás vendiendo, Mercedes. Es que... Es que no es nada fácil. Vamos. Hoy mismo iba... Iba a cerrar una venta cuando, en el último momento, se han echado... -Me parece muy bien, pero te lo repito: No me estás vendiendo. Ya. -Mercedes. Mira. Yo no soy nada partidario de dar ultimátums y todo eso. Al contrario. Yo creo que la gente tiene que venir al trabajo confiada, contenta. Pero... ¿Cuánto tiempo tengo? -Dices que este viernes vas a hacer dos semanas aquí. Ajá. -Pues, yo creo que es tiempo más que razonable para que te estrenes. ¿Te parece? Me parece. -Perfecto. Pero dilo alegre, universitaria. Me parece. -Ahí está. -Bienvenida al fascinante mundo de las inmobiliarias. -Inés será la encargada del taller. Si veis que necesitáis más arcilla, usar la mufla o cualquier otra cosa, se lo decís, que ella os los facilitará. ¿Tenéis alguna pregunta? A ver, Javi, pregunta. -¿Tiene novio, señorita? -Eso no es asunto tuyo. -No, no tengo novio. Porque no quiere, porque tiene... -¡Javi! Tranquilízate. ¿Quieres? -Sólo estaba bromeando. -Pues ahórrate las bromas. Os recuerdo que estáis aquí porque un juez lo ha decidido. Así que ni falta hace decir que la asistencia es obligatoria. Ahora, coged arcilla del cubo y empezamos a modelar. -¿Me das un truja? -Ahora no, Javi, estamos en clase. -Ya. Claro. Oye, no te habrás mosqueado, ¿no? -No. Tranquilo, no te preocupes. -Sólo estaba afilando, para echarnos unas risas. ¿Amigos? -Amigos. Y ahora, vete a por barro. -¿Y el coche? ¿No te has fijado que el Mercedes ha desaparecido? -¿Qué me dices? -Yo no quiero mal pensar, pero todos estos vaivenes no vienen sólo de una mala inversión. -¿Tú crees? -Gloria, el dinero de toda la vida, el de rancio abolengo, no desaparece de la noche a la mañana. -No, claro. Fácil viene, fácil se va. -Qué quieres que te diga, con el roce, les he cogido cariño. ¿Tú, no? -No. Yo, no. Mi marido dice que estos de la UCD son una avanzadilla y que si no los paramos, dentro de unos años, este barrio es un polvorín. -Ay, por favor. Cómo se nota que tu marido es un militar con pedigrí. -¡Ah! Y que después de los de la UCD, vendrán los sociatas al barrio. -¡Ah, no! Yo me mudo, vamos. ¡Por encima de mi cadáver! -Al tiempo, Pituca, al tiempo. Ya verás cómo, al final, el piso de los Alcántara se lo va quedando un dirigente socialista. -¡Qué horror! ¡Doña Herminia! ¿Eh? -Doña Herminia... Hola, Pituca, buenos días. -¿Qué tal? No me diga que iba usted a subir en el ascensor de servicio. (TITUBEA) Pues, sí. Bueno, como llevo puerros y tienen un olor tan fuerte... -¿Es que la chica ya no les hace la compra? ¿Rufi? No... (TITUBEA) Es que está en el pueblo, cuidando a su madre. -Ah. ¿Y no buscan a nadie mientras ella esté fuera? Bueno, no nos hace falta. (SONRÍE) Gracias. Nos arreglamos solos. -¿Y su hija? La veo salir muy temprano todos los días. ¿Es que ahora trabaja? (TITUBEA) -Doña Herminia, véngase con nosotras, mujer. Si es un momentito de nada. -Claro. Ay, Señor, Señor... -Uy. Veo que van a hacer "vichysoisse", hoy. Vichi, ¿qué? -Esta mujer... -Venga, doña Herminia, que nos lo va a contar todo, todo... -Yo conozco a uno que terminó hace dos años. Cardona, igual lo conoces. -Hombre, claro. Hicimos la carrera juntos. Entró el año pasado en Agroman. -No me digas. Si le ves, dale recuerdos. Hizo conmigo el primer año en Deusto. -Buenos días, caballeros. (TODOS) Buenos días. Buenos días. -Lo primero, agradecerles en nombre de Marshall Ibérica su interés en trabajar con nosotros. Mi nombre es Ricardo. Soy psicólogo clínico. Pero no se asusten. Mi función aquí es ayudar al Departamento de Personal en la selección del perfil que mejor se ajuste al puesto de subdirector de ventas al que ustedes optan. Antes de comenzar con las pruebas, ¿hay alguna pregunta? Sí. Si me lo permite... Mire, me habían dicho que iba a tener una entrevista con Rafael Thiebaut. -Efectivamente, don Rafael es el director del departamento, con el que tendrán la entrevista final aquellos que logren superar las pruebas. ¿Alguna pregunta más? Muy bien. Pues, vamos con el primer test, sin mayor dilación. Se trata de un test psicotécnico corriente, que supongo habrán realizado en más de una ocasión. ¡No abran todavía la carpeta! Recuerden que tienen treinta minutos para completar las casillas. Cada casilla tiene cuatro posibles respuestas pero sólo una es la correcta. Lean bien las instrucciones y pueden empezar a partir de... ¡Ya! (SUSURRA) Tres más tres, por tres. Quince. Eh... Cinco por ocho, cuarenta y... Vamos a ver, Goyo. ¿Tú no me dijiste que esto era un puro trámite? -¿Un trámite, te dije? Me dijiste que era un trámite. Que habías estudiado con el hermano de Rafael, que te debía muchos favores y que erais muy amigos. Eso me dijiste. -Somos buenos amigos. ¿Pero qué es lo que pasa? Pasa que esto parece las doce pruebas de Hércules, Goyo. Ya sólo falta que nos hagan los cien metros lisos en chanclas. -Tampoco pienses que era llegar y besar el santo. Esta no está... Esta gente trabaja con psicólogos, ¿sabes? Y no paran de hacernos tests. Y aquí, el que menos, tiene dos carreras. -Bueno, digo yo que también valorarán la experiencia, ¿no? Tu paso por el Ministerio, la imprenta... Los títulos universitarios... Y la edad. Supongo que la edad. Aquí, el mayor de los aspirantes tiene, al menos, veinte años menos que yo. -¿Tanto? ¿Pero tú qué edad tienes, hombre? Goyo, no me toques las narices. -Además, lo de los tests es una majadería. Te lo digo yo, que he sacado una oposición a notarías. Sí, pero ¿tú no podrías decirle a tu amigo que me haga ya la entrevista? -Por Dios, Antonio. ¿Cómo le voy a pedir eso? Habrá que hacer el paripé, ¿no? Tú, rellena, rellena. Y sobre todo, tranquilo, confiado. Que no te note el psicólogo que estás nervioso o estás vendido. Encima, dame ánimos. (GOLPEA) -Antonio, te tengo que dejar, que tengo firma. Venga, ánimo, que eso está hecho. Eso quisiera yo, Goyo. Muchas gracias. -Bueno... Yo me voy a comer. Yo me voy a quedar un ratito. -¿Nos vemos por la tarde? Pues, sí. Nos vemos por la tarde. Doña Josefa. Sí. -Hasta luego. Perdone. Soy Mercedes, sí. De la Inmobiliaria Tereñes. Llamaba porque como iba a hablar con su marido... Ya. Ya. Pero es que... Por esa zona y por los metros que ustedes quieren, no vamos a encontrar nada más barato. No... No, no, si no le quiero insistir. No, si yo, simplemente... De acuerdo. Gracias de todos modos. Y si cambian de op... -Perdón. Sí. -A lo mejor, ya tenían cerrado. No. No, no. Todo lo contrario. Por favor, pase. Siéntense, por favor. Soy Mercedes. -María José. -José María. Encantado. Encantada. Bueno. -Pues, verá. Es que nos ha llamado la atención el piso que tienen en el escaparate, el de Marqués de Salamanca. ¿El ático? -Sí. Es que es un piso precioso. Ahora mismo les voy a enseñar las fotografías. Justamente, estaba hablando con un matrimonio que estaba muy interesado en ese piso. -¿Pero el piso sigue en venta? Sí, sí. Claro. El piso sigue en venta. Lo que no sé es por cuánto tiempo, porque tiene muchos pretendientes. -¿Lo ves, José María? Como mi marido es piloto y está siempre volando, nunca encuentra tiempo de venir a verlo. Ya. -¿Y por cuánto sale el piso? Bueno, eso no me gustaría decírselo hasta que no vea el dormitorio principal. Mire. Es una preciosidad. -Qué preciosidad, José María. -Pero... ¿cuánto vale? ¿El precio? Ajá. -Sí. Podemos empezar a hablar a partir de... veintidós millones de pesetas. Siempre contando con que se puede negociar. Mire. El salón. La portería. -La madera... Con un conserje las veinticuatro horas del día. -María José. Y esto es lo mejor de todo. -Tenemos que negociar. -Ay, mira. La habitación para los niños. Bueno, no sé si tienen niños. -Sí, sí tenemos. Ay, qué luz. Fíjate. ¿Y la zona? ¿Colegios? Sí, bueno, es una zona estupenda. El barrio de Salamanca. -¿Y por cuánto estarían ustedes dispuestos a rebajarnos el precio? Tendríamos que hablar con el dueño. Yo creo que podríamos estar hablando... ¿De... veintiuno quinientas? ¿En mano? Joder. El primer día y ya nos ponen un examen el viernes. -No es un examen, es un control. Peor me lo pones. -¿Qué pasa? Que no me ponían controles desde la EGB. -Si quieres, te echo una mano. -¿Tú me vas a ayudar? -Con la Estadística, te veo tan agobiado. -Si tengo alguna duda, se la pregunto a mi madre, ya está. Hombre, ¿qué haces aquí? -¿Qué hago aquí? ¿Qué pensabas, que venía a buscarte a ti? (RÍE) No. Es que no tenía ni idea. -Bueno, ¿qué? ¿Nos tomamos algo? -Eso está quedando muy bien, Reme. (GOLPEA) -Así, no, hombre. Con un poquito más de mimo. -¿Así le gusta, señorita? -Hazlo como te dé la gana. ¿Qué haces? -¿Yo? Nada. (PONE MÚSICA ROCK) -Oye, yo no te he dado permiso para que pongas música. -La música me inspira. -¿Ah, sí? Pues a los demás, nos molesta. -A mí, no. -Pues a mí, sí. Apaga eso. (SUBE EL VOLUMEN) -¿Qué haces? ¡Que apagues eso! -¿No te ha dicho la señorita que lo apagues, gilipollas? -Vete a la mierda. -Vete tú, imbécil. -Ahora, ¿qué? -Oye, por favor, parad. ¡No tiréis arcilla al suelo! ¡Oye! ¡Por favor! ¡Ah! ¡Parad! -¿Qué pasa aquí? Javi, David y Marta, a mi despacho. (JAVI GOLPEA) -Si no sabéis comportaros como personas, no tenéis derecho a estar en clase. ¿En serio vas a montar un bar? -A ver, un bar de copas, macho, no un mesón para servir tapas. -A mí me parece muy buena idea. -Le tengo echado el ojo a un local genial, en un sitio cojonudo. Con que vengan los amigos, nos forramos, macho. ¿Lo vais a montar juntos? (AMBOS RÍEN) -Sí. A ver, Carlos. Que nos forramos tú y yo. ¿Cómo que tú y yo? -Macho, somos socios. Ya te lo había dicho, ¿no? ¿Y por qué yo? -¿Cómo que por qué tú? Tienes la cabeza mejor puesta que yo, para empezar. Estás estudiando Económicas, eres un tío responsable y me caes bien. -Y tienes doscientas mil pelas en el banco... -A ver, Arantxa... ¡Felipe! Te he dicho que ese dinero no lo voy a gastar. -Carlos, no te digo que lo gastes sino que lo inviertas. Es muy distinto. Para empezar, mi padre, sólo por perderme de vista, pone otras trescientas mil, seguro. Carlos, te estoy diciendo que mal, no puede irnos. -Bueno, eso, seguro. Perdona. Tengo un amigo que se ha forrado con un garito en la zona de Huertas. -¿Eh? ¿Lo ves? Si no tenemos ni idea de llevar un bar. -¿Tú no ayudabas a tu tío en el suyo? Eso no tiene nada que ver. -Si os hace falta gente, yo tengo experiencia en hostelería. Es que estoy en el paro. -Muchas gracias. -Carlos, no te lo digo sólo por lo del negocio. Además, nos lo vamos a pasar cojonudamente, macho. No me liéis con bares. Tengo suficiente con el examen del viernes. -¡No es un examen, es un control! -¡Carlos, piénsatelo! (TELEVISIÓN) ¡No hay huevos en el mundo, suficientes, para que yo deje de cantar! Qué pintas, qué barbaridad. ¡Oh! ¿Y esta es la juventud que nos va a sacar de la crisis? ¿Qué, hija? ¿Cómo te ha ido en ese colegio? -Que no es un colegio, abuela. Un colegio... Muy buenas. Hola, Antonio. ¿Todavía no habéis comido? La niña sí ha comido. Está en su cuarto. Y nosotras, vamos a comer ahora. Como nunca decís si venís o no venís... Voy a darle un beso. ¿Y tú, qué tal, hija? -Bien. Bien. Pero de eso os quería hablar. Bueno, me lo cuentas ahora, ¿eh? Ahora vuelvo. A ver. Si yo estoy encantada de ayudarte pero no sé cuándo. Hola, madre. Hola. Hola, hija. -Hola. Otra vez llego tarde. Estaba sirviendo la comida, Antonio me ha dicho que tiene mucha prisa. ¿Ha llegado Antonio? Está en la habitación, con la niña. Ah. Pues, tú no te preocupes. Siéntate, ya me ocupo yo. ¿Esta noche no me podrías ayudar? Sí. Esta noche te ayudo. No te preocupes. ¿Cómo te ha ido, cariño? -Bueno... Ahora me cuentas. Voy a hacer una llamada de teléfono. Id comiendo. Venga, madre. -Bueno, ¿y tú, qué? ¿No quieres saber cómo me ha ido? Hombre. Ahí la he dejado dormida como una malva. ¿A quién? A María. Ah. Sí, claro. Le va a costar coger el ritmo... de madrugar. ¿Cómo te ha ido? Bien, Merche, pero es un poquito largo esto. ¿Ah, sí? ¿La entrevista? Sí. La entrevista, bien. Un poquito largo, para mi gusto. ¿No vienes a comer? Pues... Voy en seguida. Voy a hacer una llamada. ¿De trabajo? Claro. De trabajo. ¿Una llamada de trabajo a la hora de comer? ¿Qué cosas haces? Anda. ¿No tenías tanta prisa? Siéntate a comer, que ya voy yo. -¿Nadie? -Tú misma lo estás viendo. -¿Tan mal está este país que no se pueden pagar ni un menú? -Esto es un bache temporal. Ya veréis. La clientela volverá. Vamos, si volverá. Confiad en mí. -¿Vamos comiendo nosotros, por si viene alguien después? ¿Menú o carta? -Menú. -Pues, venga. Échame una mano, Paco. Teléfono. -París-Nalón. Dígame. Miguel. Soy Mercedes. -Hola, Merche. ¿Qué tal, cómo estás? Bien. Bueno, la verdad es que... así, así. Cada día es más difícil llegar a fin de mes. -A mí me lo vas a contar. ¿Pasa algo, Miguel? -¿Por qué lo dices? Con el piso. No me habéis ingresado el dinero del alquiler. Yo... Yo me imagino que ha sido un descuido, vamos, que... Si no fuera porque nos hace tanta falta, no te lo pediría. -Estoy seguro de que ha sido un descuido. No le encuentro otra explicación. Pero no te preocupes, mañana, a primera hora, te lo ingreso. Gracias, Miguel, de verdad. Y... (TITUBEA) Y perdona. -No, no. Perdónanos a nosotros. No, no, no. De verdad. Perdóname tú a mí. -Esto ya está. Están muy buenas. ¡Merche! Se te va a enfriar, que es estofado. Ya voy. -No sé qué decirte. No me explico qué ha podido pasar pero te doy mi palabra de que mañana tienes el dinero en la cuenta. Gracias. -No, gracias a ti, Merche. Y mil perdones, de verdad. -¿Qué pasa? -¡Vamos! Que tengo más hambre que el tío Calambres. ¡Don Miguel! Ya estoy aquí. ¿Y las acelgas? Ja. No os podéis imaginar lo carísimas que están las acelgas. Venga, vamos a comer, que esto huele que alimenta. (SUSPIRA) Y luego, están los vecinos. Criticábamos mucho a Josefina en San Genaro, pero... La Pituca no se le queda atrás. Ah... Hay que ver. (IMITA A PITUCA) Ay, Herminia. ¿Su hija está trabajando? ¿Ya no tienen ustedes servicio? ¿Y usted qué le ha contestado, Herminia? Qué le voy a contestar, lo que tú me dijiste, Antonio, que... la Rufi se ha ido a cuidar a su madre. Con lo poco que me gusta decir mentiras... -¿Y por qué no decimos la verdad? No tenemos chica y santas pascuas. Tampoco es un pecado, ¿no? Felipe lo sabe. -¿Ah, sí? ¿Qué más sabe Felipe? Nada más. Bueno. Lo que le cuente su madre. Que se entera de todo. Y lo que no sabe, se lo inventa. Yo volveré a subir en el montacargas, ¿eh? Sube en el montacargas cuando quieras, madre. Nadie te va a decir nada. ¿Y si nos fuéramos otra vez a nuestra casa? Esta es nuestra casa. Es que esto es un sinvivir. Esta mañana... Bueno, madre, ya está bien. Déjalo. Pues, nada, me tengo que marchar. ¿Tan pronto? Sí. Esta tarde nos hacen un test de personalidad, Merche. Madre mía. Herminia, déjeme que le diga algo y no se lo voy a repetir. A poco que me ayude Dios, y me va a tener que ayudar porque me debe una, nos vamos a quedar en esta casa por sécula seculórum así que, si quiere usted rezar, rece, pero para que nos quedemos aquí, no para irnos a San Genaro. ¿Estamos? No metas a Dios en esto, ¿eh? Pues no veo por qué no. Últimamente me tiene muy abandonado. Merche, me llevo el coche. ¿El coche? Sí. No puede ser, Antonio. ¿Esta tarde? Sí. Ni hablar, Antonio. ¿Cómo que ni hablar? ¿Quieres que lleve mi personalidad en un autobús, como un cobrador? He quedado para enseñar un piso y he de pasar antes por la oficina. No me hagas eso. ¿Qué hacemos? Yo me lo llevo. (SUSPIRA) Por lo menos, acércame. No te preocupes. Come tranquila. Me lavo los dientes y ahora paso por aquí. Estaba buenísimo, madre. Mira, hija. No te preocupes, madre. Está nervioso por la entrevista. Te quiero hablar de otra cosa. No te lo he dicho antes... porque no quería decir nada delante de Antonio. Pues has hecho bien. En la tienda... Dos mil seiscientas cincuenta pesetas. Que tenemos que pagar. (ENFADADA) ¿Qué querías, que dejara a tus hijas sin comer? Si no he pagado el piso, ha sido porque no he podido. No he podido. Por el amor de Dios, Paquita. ¿Cómo voy a dejar a mis hijas sin comer? ¡Tenemos un restaurante! -¿Cómo te crees que las alimento, con chistorras y torreznos? -¡No! ¡Lo que digo es que las niñas no son excusa para dejar de pagar el piso a mi hermano! -Ya salió tu hermano. -Pues sí. Mi hermano. Y si no te gusta llamarle así, le llamas el casero o lo que te venga en gana. ¿Estamos? -No estamos. Si fuera sólo el casero y no tu hermano, habrías pensado primero en tus hijas. -¿Cuándo dejo de pensar en ellas? -No sé. ¿Pero sabes a cuánto está el médico? -Bueno... -¿Y los pañales? ¿Y Manuela? ¿Sabes lo que me cuesta pagar a Manuela? -¡Lo que nos está costando, que también le pago yo! ¿O no? -Perdonad, que aquí hay uno que dice que si se puede comer. -¿Carta o menú? -Pues, no lo sé. -Anda, cógele la comanda. Y procura que sea a la carta. A ver si nos tranquilizamos, Paquita, por favor. ¿Cuánto dinero nos queda en la cartilla? -Quince mil pesetas, Miguel. Y estamos sólo a día quince. -Muy bien. Quince mil pesetas. Con lo que nos queda en la caja podemos pagar el piso a mi hermano. -¿Vas a pagar? -Sí, voy a pagar. ¿Y sabes por qué, eh? Porque las deudas se pagan. Y si es a un hermano, razón de más. Que bastante mal trago está pasando el pobre. -Lo está pasando muy mal. Sólo mira dónde vive. -No sigas por ahí, que la vamos a tener. -¿Y el mes que viene? -Por favor, Paquita. -Habrá que pagar la guardería. -¡Por el amor de Dios, Paquita! ¡El mes que viene, ya veremos! El mes que viene, ya veremos. ¿Vale? -Vale. -Menú. Lentejas y filete. Dame un plato, Miguel... Mi madre tiene razón. Así, no vamos a poder aguantar. Esa hipoteca nos está ahogando. Y la casa tiene muchos gastos. Dice Felipe que nos va a devolver el dinero del banco en seguida. Sí, en seguida. No sé. Le debemos dinero a tanta gente... El mes pasado no pudimos pagar ni la hipoteca. Si no te sale este trabajo... Me tiene que salir. Ponte que no te sale. Con el dinero que yo gano en la inmobiliaria no da ni para mitad de mes, vamos. Nos queda la peluquería. La peluquería... Si no nos da ni para pagar los sueldos. Tendría que despedir a Clara. Pero tal como están los Quijo, no les voy a hacer eso. Ya. Si, al menos, llegaran las quinientas mil pesetas del fondo de garantía. Si llegaran... ¿Pero cuándo? Ay, yo qué sé, Merche, cuándo van a llegar. Lo que debemos hacer es aguantar todo lo que podamos. ¿Y si vendemos la casa? ¿Ya estás como tu madre? En la inmobiliaria he visto que venden pisos como ese por veintidós millones de pesetas. Pagamos el crédito y aún nos queda dinero. El piso no se vende, Merche. Otra cosa es que vendamos la casa de San Genaro. ¿Nuestra casa? Sí. Ni pensarlo. Esa casa es para nuestros hijos. De momento, está a nuestro nombre. Esa idea no me gusta. Me da tranquilidad saber que, por muy mal que nos vaya, siempre estará ahí nuestra casa. Pues si es así, no se vende nada y santas pascuas. Ya está. Pues, mejor. Eso me parece a mí. Es por la izquierda, ¿no? Por ahí. Qué cabezón eres. Buena suerte. Ya creí que no ibas a decirlo. Es que... Ay... Puerta. ¿Sí? Carlos. Tienes visita. ¿Quién es? -Hola. ¿Qué haces tú aquí? -Nada, he pensado que te apetecería que estudiáramos juntos. Es una amiga de ICADE. Ah, ya. Creo que la tengo vista de otras veces, sí. ¿Entonces, se queda? -Eso. ¿Me quedo, Carlos? Sí, sí, claro. Muy bien. -¿Y qué tal lo llevas? Pues, bastante mal, la verdad. Puerta. (SUSPIRA) -Bien. Pues vamos con la siguiente tarea. ¿Qué le sugiere esto? Eh... ¿Esto? Es una mancha gris que tiene un trazo negro en el centro, como si fuera la columna vertebral y el resto de gris está difuminado. -Difuminado. ¿Puedo cogerlo? Una figura. ¿Cuánto tiempo tengo para verla? -Todo. Ah, todo. Bueno, pues, me va... Me va a sobrar, porque ya lo tengo. Esto es un paisaje, aquí hay el agua de un pantano y aquí, el paisaje reflejado en el agua del pantano. -Ajá. Vamos... a por la siguiente. La siguiente. Eh... Me voy a arriesgar pero yo diría que, que esto es... la piel de una vaca, con sus cuernos y todo. Lo que pasa es que tiene dos. -Ajá. Muy bien. Continuamos. Eh... Yo, aquí, veo una cara. Bueno, dos caras. ¿Ve? Estos son unos ojos y estos son unos ojos que parecen una boca, pero también los veo aquí, o sea que... Bueno, puede ser un telón, abierto, y dos personas que están mirando a ver si está la sala llena. -Llena. No, esto no es así. Bueno... -¿Hola? ¡Hola! -¡Hola! Hombre. ¿Paula? -Sí. ¿Mercedes? Sí. ¿Has venido sola? -No, con mi pareja, pero todavía no ha llegado. Ah. Pues, si quieres, te voy enseñando el piso. -Vale. Mira. La cocina es pequeña pero es estupenda y muy cómoda. Aquí tienes un armario trastero. -Muy bien. Mira el salón, qué bonito. Es precioso. Y muy luminoso. -¡Mira qué armarios! Sí. Los armarios, bueno, son... En esta casa, yo creo que es lo mejor que tiene. Y la luz, claro. Puerta. Ya voy yo, no te preocupes. Hola. -Buenas tardes. Buenas tardes. -¡Ernesto! Hola, cariño. ¿Ernesto? -Ernesto. Es viajante de comercio. Viajante. -Sí. -Se pasa el día en la carretera. Bueno, ahora que vamos a vivir juntos, a lo mejor pasa más días conmigo. -Esa es la idea. -Tienes que ver esto. Mira cuánta luz tiene. Y mira ese armario. Es perfecto para ti, ¿verdad que sí? -Sí. Sí. Pueden pasar al baño, que es muy amplio. Y si van a tener niños... -Ay, sí. Me encantaría. ¿Verdad? Un ganadero muy contento porque ha vendido su ganado. Tiene la cara roja porque le da vergüenza algo. -Ajá. Por entre las piernas se le cae algo, como que tiene miedo o un apretón o... Torquemada uno, Torquemada dos, los fuegos... Aunque también puede ser la joroba de un camello. Esto son dos mujeres discutiendo. La mujer, como te araña, no te levanta la mano. Cuando te das cuenta, ya te ha arañado. Una casa. Con, con dos cipreses. Y una cascada de agua que cae, cae, cae, cae, cae, cae, se hace más gorda y llega hasta aquí. Y todo esto es el monte con los arbolitos y el bosque. Sí, señor. Esto es una mariposa. Con todos los colores de la mariposa y con sus antenitas. Seguramente, ha metido la cabeza en carbón y se las ha manchado. Pero son las antenitas y esto son las alas. Y esto es el cielo. Un cielo... de Madrid. -Ajá. ¿Es una mariposa macho o hembra? -A ver, Marta. Ten cuidado con esas grietas que se te están formando. Y tú. Esta barbotina está muy seca. Ponle un pelín de agua. ¿Eh? Eso es. Vete trabajando la pieza por dentro. ¿Pasa algo, Inés? -¿Eh? No. No, nada. ¿Tienes fuego? -Sí. -El congreso extraordinario del Partido Socialista Obrero Español ha retirado en la sesión celebrada esta tarde el término "marxismo" de la definición ideológica... -Primero, el marxismo. Después, los obreros. Y, al final, del socialismo, si te he visto, no me acuerdo. Venga ya, hombre, venga ya. Venga ya, que de verdad que... ¿Qué haces, De Gaulle? -Nada, Antonio. La tele, que... Que dice unas cosas de vez en cuando, que... ¿Qué? ¿No te hace gracia verme? -¿Por qué lo dices? Me miras con una cara que parece que me estás echando. -No, Antonio, de verdad. Ah, qué susto. -Estoy encantado. Eres lo mejor del día. Joder. -¿Quieres que te ponga algo? Sí. Ponme un vinito de esos de Valladolid y un poquito de choricito picante. -Antonio, que no lo puedes tomar ¿Quién lo ha dicho? -No puedes tomarlo, que te sienta mal. Luego, llegas a casa, le das un beso a Merche, te huele y me la voy a cargar yo. Pues, apechuga. -Yo apechugo con lo que haga falta pero Merche es mucha Merche. ¿Te has peleado con la gente o es que ya no viene nadie? -¿Sabes lo que hay aquí? ¿Eh? Lo que en la televisión llaman la crisis. Ah. -¿Sabes cómo lo llamo yo? Una putada como un templo. Pues no te falta razón. -Pues claro que no. ¿Sabes que esta mañana han venido a buscar a Desi con una orden de embargo? No me jodas. ¿A Desi? -Lo que estás oyendo. Que está todo muy mal, Antonio. Pero que muy mal. Y yo me puedo dar con un canto en los dientes. Entre el taxi y el bar, voy trampeando y llego a fin de mes. Pero vamos. Que está la calle que pega bocados. ¿Y a ti te ha salido algo? No, hombre, no. Y estoy peor que tú. Ahí ando, peleando y está a punto pero, vamos, todavía no tengo nada. -Bueno. Pero no hay que desesperar, Antonio. Si desesperas tú, ¿qué nos queda a los demás? Te va a salir algo, hombre. Si no ahora, mañana. Tú eres todo un exdirector general del Ministerio de Agricultura. Parece que ahora no conviene recordar eso, ¿me entiendes? -Ya. Dime una cosa, Miguelón. ¿Tú te has planteado, alguna vez, quedarte con tu piso? -¿Mi piso? O sea, ¿tu piso? Sí. El piso mío que tienes tú. Comprármelo, ¿entiendes? ¿Lo has pensado alguna vez? -Pues, no. Yo llevo cuatro días que no me lo quito de la cabeza. He estado haciendo números y creo que es una venta que nos conviene a todos. -Bueno. No sé. Vamos a ver. ¿De cuánto es la vara que te damos con el alquiler al mes? -Quince mil pesetas que yo pago puntualmente... Lo sé. Todos los primeros... Quince mil. Fíjate qué barbaridad. Total, las pagas... A fondo perdido. ¿Entiendes? Entonces, yo pensaba... Si yo te vendo este piso, a precio de circunstancias, por... ¿Qué? Tres millones doscientas mil pesetas. Aunque tengas que pedir al banco todo el dinero al veinte por ciento a final de mes, pagas, más o menos, lo mismo, tres pesetas arriba o abajo. Y te es favorable. Al final del toro, el rabo es tuyo. -Vamos a ver. Hay una cosa que no entiendo. Si tú necesitas dinero, ¿por qué te empeñas en venderme a mí este piso? ¿Por qué no vendes el piso del barrio de Salamanca, donde está el dinero de verdad? Porque no puedo. -¿Por qué? Porque Merche se ha empeñado y no quiero darle un disgusto. Que no podemos movernos de allí, que hay que aguantar, ¿entiendes? Y este es de los chavales, que no me pagan ni un regalo el Día del Padre. -Si Merche piensa eso... No sé, no sé. No sé, me pilla de sopetón, no sé qué decirte. Pues es muy sencillo. -Voy a llamar a Paquita y lo hablamos entre los tres. No. Qué vas a llamar a Paquita. Miguel. ¿Quieres que venga yo con la milano puesta aquí? Las echamos a pelear, que son familia. -No, por favor. Entonces. Esto lo solucionamos tú y yo como hermanos y ya está. ¿Entiendes? Miguel. Y no metas a la loba en esto que el perro de todos se lo comen los lobos. ¿Estamos? -Ya. Bueno. Yo qué sé, déjame que haga unos números. ¿Qué números? Déjame que los haga yo, tú preocúpate del chorizo que, por cierto, está muy bueno. Escúchame, Miguel. No puedes pensarlo mucho porque si vengo... y me arrodillo para pedirte que me compres el piso es porque estoy jodido, ¿entiendes? Estoy con el agua al cuello, así que no lo pienses mucho. Ahora, lo que te toca a ti, es hacer lo que has hecho siempre como hermano mayor, echarle dos cojones y quedarte tú con el piso, que no te vas a arrepentir. De ti depende, Miguel. Y pon todos los días chorizo de ese, que estás perdiendo dinero. -Que no me dejan, Antonio. Hasta luego. Eh, ¿qué tal? ¿Coche nuevo, Desiderio? -¿Te gusta? Te lo dejo baratito. Cinco mil duros y es tuyo. Ya veo. Pero ya sabes que no puedo. -Joder, te lo digo de cachondeo. Me ha contado mi hermano lo del embargo. Qué faena, chico. No me jodas. -Sin comentarios. Ya. Lo siento. -Ya. Oye, ¿no sabrás de alguien que me pueda dar trabajo? Lo que sea. Ya sabes que, a mí, no se me caen los anillos. Yo estoy en lo mismo, buscando, no tengo nada. En cuanto pueda, ya sabes que... Escucha. Toma, Desiderio. -¿Pero qué haces? Tampoco es para tanto. Que no, coño. Es un préstamo. -¿Un préstamo? Sí. Un préstamo a cero interés. Me lo devuelves en cuanto puedas, lo mismo que hacías conmigo cuando me vendías electrodomésticos. -Vale, pero te lo devuelvo en cuanto pueda. Lo sé, tonto. Yo también te lo devolvía. -Qué detalle, macho. Muchísimas gracias. De nada, hombre, de nada. -Vamos a tomarnos unas cañas, que le he dado un sablazo a un amigo. No puedo. He dejado a mi hermano sumido en un mar de dudas. Eh, tú. Dime. -Gracias, ¿eh? ¿Quién nos ha visto, Desiderio? Tú vendiendo el haiga y yo en el sube y baja este, otra vez. -¿Aún estás aquí? -Sí. Me he quedado a recoger. -Ha sido un día duro, ¿verdad? -Un poco. -Se están midiendo, nada más. Sólo quieren probarte porque saben que eres la nueva. No le des más importancia. -No. Yo, importancia le doy la que tiene y punto. -¿Y cuál es? -Pues, que no sirvo para esto, Pascual. Si, al menos, supiera que tengo la más mínima posibilidad de hacerme con ellos, pero es que no... Es imposible. He intentado hablar con ellos y saber qué les pasa por la cabeza. Pero no puedo, Pascual. No puedo. Bueno, ¿qué? No dices nada. -¿Qué quieres que te diga? -Pues, no sé. ¿Que me vas a ayudar? -Te estoy ayudando. -Joder. Pues, vaya manera de ayudarme. Me has dejado sola toda la tarde. -¿Quieres que me quede contigo todo el rato? -No lo sé. Pero, al principio, sí, ¿no? -Y cuando alguno se pase un poco, le pongo firme. -No me tomes el pelo. -No te estoy tomando el pelo. Quiero saber si es eso lo que quieres que haga. A lo mejor, prefieres dejarlo. -Joder. -Esa es otra solución. Dejarlo. Buscar otra cosa. ¿Quieres que te busque otra cosa? ¿Eh? O podrías irte a otro sitio, empezar de nuevo. Tengo un amigo ceramista en Guadalajara. Le llamo y que te dé trabajo allí. ¿Eso quieres que haga? -¿Sabes que eres un auténtico cabronazo? -Anda. Anda, recoge y vete a descansar, mañana será otro día. -¿Ves? El valor de un determinante es igual a la suma del producto de una línea por sus correspondientes adjuntos. Entonces, la suma de los productos de una línea por los adjuntos de una paralela a este... Carlos. ¿Estás en lo que hay que estar? Eh... Sí, sí. Creo que sí. -Ajá. ¿Y en qué piensas? En... En Estadística. -En Estadística. Bueno. En Estadística y... Cálculo de Probabilidades. -Y... ¿Cálculo de probabilidades de qué? Carlos. Vamos mal. Pero... ¿Mal, mal o sólo un poco mal? ¿Qué haces? ¿Te vas? -No. Nos vamos. ¿Adónde? -Al local de Felipe. Le prometí que iríamos después de estudiar. Así que sólo has venido a eso. ¿Has venido para llevarme al local o para algo más? -Venga, va. Ponte una chaqueta que empieza a refrescar. No, no tengo mucho frío. -Venga, va, vámonos. -Entre las noticias producidas esta semana en el mundo internacional, Puerta. destaca... ¿Ya estás aquí? (ANTONIO CARRASPEA) Qué tarde has llegado. Hola, milano. Hola. ¿Cómo ha ido? Bien. ¿Bien? ¿Te han dado el trabajo? Casi. ¿Eso es que no? No me dan el resultado hasta mañana, esta gente es así. Ah. Eso forma parte de la prueba. ¿Ah, sí? Te tienen en tensión, a ver cómo lo soportas. A mí me pone de los nervios. Me cago en la leche. ¿Y tú, qué tal? ¿Has vendido algo? ¿Yo? Bueno. Casi... Casi vendo un piso. ¿Ah, sí? ¿Tú también "casi"? Sí. A una pareja. Bueno. Casi una pareja. ¿Que era, una pareja, media pareja o dos parejas, Merche? No. Es que por la mañana ha venido con una, y por la tarde, con otra. Vaya. ¿Y qué quería, un piso para los tres? No. Un piso para cada una. (RÍE) Joder. Los hay con un arte. Con un arte, no. Con cara dura. Te digo que no, eso es arte. Mira a los demás, preocupados por la hipoteca. Hombre. ¡Heredero! Que no me esperéis a cenar. Ya. ¿No me dejas saludar a Arantxa o la vas a meter en un saco y sacarla como de contrabando? Arantxa es compañera de ICADE. Ya lo sé, hijo, ya. -Hola. Hola, Arantxa. -Hola. Hola, hija. Átamelo en corto, Arantxa. Es bueno pero hay que atarlo en corto. Pues, nos vamos. ¡Adiós! Adiós. (TELEVISIÓN) A veces, la llegada de un poderoso individuo asusta a los cuervos e, incluso, a los buitres, que habían llegado antes a la carroña. -Estoy rendida. ¿Ponen algo interesante? Ah... No sé. Yo... No sé. ¿Que no lo sabes, Miguel? Si llevas aquí media hora sentado. -Yo qué sé, Paquita. Ponen lo de siempre, coño. Yo qué sé. -¿Qué pasa? -Nada. ¿Qué va a pasar? -Bueno, sí, sí pasa. Pasa que mi hermano nos quiere vender la casa. -¿Qué casa, ésta? -Claro, Paquita. ¿Cuál va a ser? No va a ser la del barrio de Salamanca. Pero ya le he dicho que es imposible. Que esta situación no es la ideal para andar metiéndose en una hipoteca, comprando una casa, los gastos... -¿Y cuánto pide? -Tres millones doscientas mil. -Eso es imposible. -Y tanto. Se lo he dicho yo. -Estamos pagando un alquiler de quince mil pesetas... Nos lo tienen que vender pero por un precio mucho más bajo. -A ver, Paquita, ¿qué tendrá que ver...? -Hombre. -¿Lo que pagamos de alquiler con el precio de venta? -Miguel. Tiene mucho que ver. Yo lo sé por unos primos de Barcelona. Que sí, hombre. -Paquita. -¿Sabes qué vamos a hacer? -Por favor, te lo pido. No, ¿eh? No, Paquita, por favor. ¡Paquita! ¿Pero qué vas a hacer? Ay, Dios mío. ¿Pero ese piso no era de Eugenio e Inés? No. De Eugenio, no, Herminia, que no ha puesto ni un duro. Es nuestro, que hemos pagado hasta el último céntimo. ¿Qué ha dicho Miguel? Que se lo iba a pensar. Ya sabes cómo es. Se lo consulta a la loba y ya está. No la llames así, no me gusta. No es con mala leche, Herminia. Pero me tendrá que reconocer que su sobrina, cuando se trata de dinero, es muy loba. Bueno, bueno. Muy loba, muy loba. Hasta ella tiene que ver que por tres doscientos, vamos, está tirado, Antonio. Y si no se da cuenta, tan loba no es. ¿Qué pasa, es poco? Hombre. ¿Tenía que haberle pedido más? ¡Hombre! -Entonces, tú dices que se lo tienen que vender por mucho menos. -Por favor... -¿Y para quién es el piso? -Tony, ya te lo he dicho. Para una amiga. -Para una amiga... -Dime una cosa. ¿Tú, por cuánto crees que se lo tendrían que vender? -No sé, ahora no tengo la tabla para calcularlo exactamente. Pero, si paga quince mil pesetas al mes, yo calculo que, como mucho, mucho, le ofrecerán dos millones seiscientas o así. -Dos millones seiscientas, como mucho. -¿Cómo? Por favor... -Hombre. Es un piso de renta baja. El precio tiene que ir acorde con lo que ella está pagando. -Lo que yo pensaba. -De todas maneras, hay muchos factores que influyen. Metros cuadrados, metros útiles, la ubicación. -Pero que, redondeando, unos dos millones y medio. -Hacemos una cosa, Paquita. Mándame tú las cosas, las calidades y demás, y yo te calculo el precio exacto. -Pero, de todas maneras, me estás diciendo que por dos y medio o, incluso, menos... -Tony. Soy tu tío. -Hola, tío. ¿Qué tal? Oye, que, nada. Tampoco te tomes muchas molestias. Esta señora no es una amiga, es una clienta del bar y el otro día comentó que andaba comprando un piso y tu prima le dijo que tenía un primo abogado en Italia, que le preguntaría, pero, vamos, que no tiene mucha importancia. -¿Para una clienta del bar hacéis una conferencia a Roma? -No, hombre. También queríamos saber cómo estáis, qué tal estás tú, qué tal está Cecilia... En fin. -Pues, Cecilia está muy guapa. Sí, yo estoy muy contento, tío. De hecho, este mes sale en la revista "Contracampo" una entrevista que hice a Bertolucci. -¡Bertolucci! ¿Una entrevista a Bertolucci? ¡Si es mi ídolo! Oye. ¿Lo de la mantequilla es real? -Algo hay. Ya te contaré. -Bueno... -Pásamelo. ¡Pásamelo, que le tengo que preguntar si...! -Que nada, que esto es conferencia y nos estamos dejando un dinero. Un abrazo para ti, un beso para Cecilia y que disfrutes mucho en Roma. -Bueno, un abrazo muy fuerte para todos. Adiós. -Adiós. -Nos matan. Nos matan. -No entiendo nada. Que es una amiga, luego, una clienta del bar... -Lo has visto, ¿no? -¿El qué? Pues que, Miguel, que la ley nos ampara. -¿Pero qué ley nos tiene que amparar? -No podemos comprar por más de dos millones y medio. Lo ha dicho Tony. Ya se lo puedes decir a tu hermano. -¿Quién, yo? -¿Quién, si no? -Pues, tú. -¿Yo? Pues yo se lo digo. -¡No, no, no! Mejor que se lo diga yo. ¿Qué es lo de la mantequilla? -Yo, ahora, no estoy para mantequillas. -¿Qué me dices? ¿Qué te parece? Bien, bien. -¿Cómo que "bien, bien", Carlos? Esto es una ganga. Nos lo dejan por cuatro duros. No sé cuánto lleva esto cerrado pero está hecho. Tiene licencia en regla. Hablamos con los proveedores y que nos surtan con litros y litros de alcohol. Mira, por ejemplo. Aquí, montamos un escenario y traemos a gente guapa que quiera dar conciertos -Sí. Yo conozco a gente del Liceo Francés que toca que te cagas. Aquí ponemos la cabina del dj. ¿Qué te parece? Tú tienes que conocer a gente que pinche buena música. ¡Ya me acuerdo! El marica este de la mili. ¿Cómo se llamaba? Marcelo. -¡Marcelo! ¿Te acuerdas qué pintas? ¡Qué maricón! Pues... ¿Qué? ¿Sabrías localizarle? Sí. Sí. -Pues, una loca como él, daría un ambientazo, aquí, tremendo. -Felipe. No te metas con Marcelo, que es amigo de Carlos. -Él sabe que lo digo de buen rollo, ¿eh? Un tío como él nos vendría de la hostia. Alguien que sepa de la música de ahora, la que ponen en Radio 3, en el programa este de Rafa Abitbol y esas cosas. -Y cada quince días, podíamos inventarnos una fiesta, yo qué sé, algo para atraer gente. -Así que, ¿qué? ¿Qué me dices? No sé, no sé. -Carlos. Te estoy dando la oportunidad de tu vida, macho. Algún día te nombrarán empresario del año y ese día, ¡te acordarás de hoy! No, si... Si está bien. Pero no sé si tengo suficiente pasta. -Ah, la pasta, la pasta. No te agobies por la pasta. Ya la adelanta mi padre. Coño, esto funciona. Sólo dime si puedo contar contigo. Eh... Bueno. Te puedo echar una mano. -Te van a hacer falta las dos, Carlos. ¡Socio! Ya está hecho. Mañana llamo a los dueños, les digo que nos lo quedamos. ¡Vamos a ser la hostia, chaval! Cariño, ¿tienes un papelillo? -Sí. En mi bolso. Que descubres los secretos de tu cuerpo... Que sonrojas tu nariz casi queriendo... Que eres un gran aprendiz de seductor... -Gracias. ¿Por qué? -Porque me quedo más tranquila sabiendo que tú vas a estar con él. Que te rascas pensativo la melena... Que calculas un placer remunerado... Que te ves poco a poco generador... Para ti... Que solo tienes quince años cumplidos... Para ti... Que no desprecias ningún plato lindo... Para ti... Que aún careces de prejuicios tontos... Para ti... Lleno de infantil egoísmo de lobo... Para ti... Que devoras por otras polos virgen... Para ti... Que no soportas ningún rollo horrible... Para ti... Que los sides te verán hoy... Para ti... Lo mejor han seleccionado, Morgan... Para ti... Que me razonas todo un estilo... Toda la locura de los locutores locos... (ANTONIO CARRASPEA) (CARRASPEA) Merche. Mírame atentamente, a ver. (CARRASPEA) Tú, ¿qué ves aquí? ¿Qué veo qué? Dime qué te parece, a qué se te parece esto. A una mancha de tinta. Ya. ¿Pero qué ves? Pues, Antonio, no sé... ¿Por qué me lo preguntas? Porque esta tarde me han hecho un test de personalidad con esto. ¿Con estas manchas? Sí. Por Dios. ¿Tú les has dicho que has sido director general de Agricultura? Lo primero, Merche. Al presentarme: "Antonio Alcántara, exdirector general del Ministerio de Agricultura". Pero... Y con esto, saben cómo eres. Eso dicen. Pues yo veo... un camaleón. Un camaleón, Merche. ¿Cómo puede ser un camaleón? ¿Pues qué es lo que es? No te lo puedo decir. ¿Por qué no? Pues, porque no está bien que te lo diga yo, ¿entiendes? ¿No está bien que me lo digas? ¿A ti, qué te parece que es? No te lo voy a decir. Mira a ver. Ah, no. Claro. Ahora, así... Me parece que es un... Exacto, ya lo has visto. Tú, sí lo has visto. ¿Eso es lo que les has dicho a los psicólogos? No, no les he dicho eso. Era otra forma. Les he dicho que se me parecía a una nube. ¿A una nube? Pues... ¿Y cuándo te dicen algo? Parece que mañana. -Sepan, en primer lugar, que ha sido muy difícil hacer esta primera selección. En general, los resultados han dado un nivel altísimo de cualificación para el puesto. Tienen que entender que, no sólo hemos valorado la experiencia sino también, aspectos como la juventud, la preparación o la flexibilidad para adaptarse a nuevos retos. Bueno, ahora paso a leer la lista de los tres seleccionados. ¿Juan Valverde Castañeda? ¿Esteban Pijuán Requena? Y... Carraspeo. -Un momento. Antonio Alcántara Barbadillo. Sí. Yo. -Si no le importa, don Rafael le espera para la entrevista. Ah. -Antonio. Rafael. -Acompáñame. Muchas gracias. Gracias. -Señorita. ¿Puedo salir a mear? -No. No puedes Javi. -¿Por? -Porque me gustaría que, antes, habláramos todos. -¿Te pasa algo, tía? -Sí que me pasa. Me pasa que me ha desaparecido un mechero de mi bolso. Un mechero que, para mí, tiene mucho valor. -Lo habrás perdido en el metro. No lo he perdido en el metro. Me ha desaparecido aquí. -Vete a la mierda, tía. No te hemos quitado nada. -Uno de vosotros lo ha hecho. -A mí, ni tú ni nadie me acusa de robar nada. ¿Te enteras? -Aviso de bomba. Vamos saliendo con calma. -De aquí no sale nadie hasta que aparezca el mechero. ¿Entendido? -¿Estás loca o qué? -Hay un aviso de bomba, gilipollas. -Lo he oído. Siéntate, ahora mismo, en tu sitio. ¡Ya! -¿Pero cómo no me ha dicho nadie que estabas aquí desde ayer? No quería molestarte, Rafael. -¡Por Dios, qué molestia! Con este currículo, no tendrías que estar haciendo esas chorradas. Además, vienes de parte de Goyo, ¿no? Somos muy amigos. -Pues, no se hable más, hombre. ¿Un purito? Eh... Sí, gracias. -Aquí lo que hace falta, Antonio, es gente capaz. Como tú. No como esos pipiolos que tienes que enseñarles dónde tienen la mano derecha. Sí. -Aunque te digo una cosa. Gente como tú y como yo, quedamos cuatro. Cuatro. El día menos pensado, estos cabrones nos quitan la silla y nos jubilan. ¿Sigues teniendo contactos en el Gobierno? Eh, muchos. Muchos, después de muchos años. Algunos me deben favores. -Te lo digo porque a estos les gustaría consolidarse con algún encarguito institucional. Ahí, nos vendrías de perlas. Seguro que sí. No creo que tengamos problemas. Ninguno. -Sí, señor, Antonio. Tú eres mi hombre. (RÍE) Qué rico está esto, ¿eh? Hacía mucho que no tomaba uno así. ¿Es habano? -Por supuesto. Pero no se lo digas a mi jefe. Ya sabes cómo son estos gringos, con eso del bloqueo y... Tú has trabajado con americanos, ¿no? Con americanos, no. -Ya. Te lo digo porque son muy suyos. Buena gente, ¿eh? Buena gente. Muy francos, muy... Muy tradicionales y... Les encanta que la compañía sea como una extensión de la familia. Ya sabes, picnic con los empleados, beben... Partidos entre padres e hijos... ¿Tienes hijos pequeños? Una niña. Los demás, ya vuelan por su cuenta. -Pues, ya sabes lo que te espera. Sí. "Your weekends will never be the same". (RÍE) Porque tú hablas inglés, ¿verdad, Antonio? Inglés, no. Un poco de francés. Muy poco. -Bueno. -¿Y si lo de la bomba va en serio? -Te estás pasando un huevo, tronca. -Esto es anticonstitucional. Tenemos nuestros derechos, tía. -¿Sabes lo que me importan a mí tus derechos? Si queréis salir, sabéis lo que tenéis que hacer. -Joder, dale el puto mechero. -¿Por qué lo voy a tener yo? -Porque eres un puto "mangui". -Yo no lo tengo, hostia. -¡Déjame salir, cojones! Lo mismo hay una bomba de verdad. ¡Ay! -¡Siéntate ahora mismo! Niñata. Puerta. -Inés, abre la puerta. ¿Inés? -¡Pascual, voy! -Inés. ¿Qué hacéis aquí? Todo el mundo fuera. -La tía ésta, que está como una puta regadera. -¿Qué pasa, Inés? Inés. Inés, espera. ¿Cuándo dices que ha venido? Ahora mismo. Por eso te he llamado. ¿Has cogido la carta? No, no. No la he cogido. Yo le he dicho al cartero lo que tú me habías dicho que dijera, que ya no vivíais en esta casa. Bueno. ¿He hecho bien? Sí, sí. Muy bien. Bueno. ¿Y si vuelve, qué le digo? Si vuelve, ya veremos. Usted no se preocupe por nada. -Espera un segundo. Hola. -Hola. -¿Le puedo atender? -No, ya he quedado con ella. -Ah. Bueno, está atendiendo una llamada. ¿No nos irán a quitar la casa? Ahora no puedo hablarte. Bueno, bueno. Ya cuelgo. Sí. Pero cuando tengas un ratito, me llamas, ¿eh? No se preocupe. Cuando tenga más noticias, le llamaremos, ¿eh? Bueno, muy bien. Muchas gracias. -¿Todo bien, Mercedes? Sí, estupendamente. -Mercedes, tienes un cliente esperándote. No se tenía que haber molestado y haber venido aquí. ¿Se ha decidido por alguno de los pisos? -¿Tienen algún sitio para hablar más tranquilos? -Mercedes. Lleva al señor a mi despacho, por favor. Pase, por favor. -Yo creo que quieren matarnos aquí. -¡Apártese, hostias! -Vale, vale. -Hija de puta. -Asquerosa. -Es una tonta. -Yo, aquí, no vuelvo. -Me da un asco de esta tía. -Yo, no vuelvo. -Los tiene, pero bien puestos, señorita. Una cosa, señorita. ¿Lo del aviso de bomba lo hiciste tú o se te ocurrió acojonarnos sobre la marcha? -Se me ocurrió sobre la marcha. -Ya me lo he imaginado. Qué cabrona. -¿Ah, sí? -Sí. ¿Qué pasa? ¿El mechero ese te lo había regalado tu chorbo? -Algo así. -Lo que yo pensaba. Me he dicho: "Javi, el mechero este tiene que ser la hostia, para montar la que ha montado". -Señorita. -¿Qué? -¿Por qué haces esto? -¿El qué? Venir aquí, al culo del mundo, a enseñar a cuatro desgraciados lo del barro ese. Que unas perrillas siempre vienen bien y el cura lo hace por el rollo ese del cielo, pero, vamos, yo, pasaba de todos nosotros como de la mierda. -Javi, no hables más de ti. -¡Es que es verdad! No tenemos remedio. Ya me lo dice mi madre a todas horas. "A ti, cualquier día, te matan. Fijo que te matan. Y no lo voy a lamentar". Eso me dice, la muy guarra. -A lo mejor, si vengo aquí, es porque pienso que sí tenéis remedio. (JAVI RÍE) Pues te vas a llevar un chasco, tronca... -Toma, anda. Lo que no tengo, es lumbre. -Tú, no tendrás. -¿Yo? -Guapo el mechero, ¿eh? -Ajá. -Hay que rellenar este de la Seguridad Social y este otro de la licencia. ¿Cómo se llama el del seguro? -José Luis Verdejo. Esta es la tarjeta. Llama y que te den presupuesto. Ah, hola, tío. -Hola. Quería hablar contigo. -Ahora no puedo. ¿Está tu padre en casa? No. Aún no ha llegado. Cuando tengas un hueco, me gustaría que hablásemos. -¿De qué? Felipe y yo hemos pensado en abrir un bar de copas Me gustaría que me comentases algún consejo... -¿Un bar de copas? ¿Estáis de coña? Oye, ¿tu padre tardará mucho? Que no, que ya viene, tío. -Vuelvo otro día. Entonces, espero dentro. -Adiós. -¡Carlos! Déjate de bares de copas y tonterías. ¡Y céntrate, coño, céntrate! Que estudiar es lo importante. ¡Hazme caso! -¿Está usted casada? ¿A qué viene esa pregunta ahora? -¿Sabe cuántos años llevo con mi mujer? Pues, no. -Veintidós años. ¿Usted, cuántos? No creo que eso le importe a usted. -¿Está casada, entonces? Mire. Mis hijos. El pequeño ha empezado el colegio este año. Se llama como yo, José María. Don José María, yo, por lo único que le he llamado es para saber si estaba interesado en la compra del piso o en el alquiler del apartamento. -Espere. Espere. No me trate con tanta dureza. No le estoy tratando con dureza. -Sí lo hace. Y la entiendo. Pero entiéndame usted, también. En la vida, todos hemos cometido algún desliz. Pero no es razón suficiente para tirar veintidós años de convivencia a la basura. A veces, ocurren cosas que uno no controla. Pasan, simplemente. Pero le digo que mi familia es lo más importante para mí. No podría vivir sin ella. No sé por qué me cuenta todo esto, la verdad. -¿No se ha dado todavía usted cuenta? Ah, que... Que usted... piensa que yo le voy a ir con el cuento de su amiguita a su mujer? No. Yo no soy de esa clase de personas. Allá usted lo que haga con su vida. -Si, además del alquiler del apartamento, le compro el piso de Marqués de Salamanca, ¿me harían un precio? ¿Quiere decir, por los dos? -Sí. Pues, yo creo que sí, que... Podríamos llegar a un acuerdo. -Bien. ¿Cuánto está dispuesto a pagar por el piso de Salamanca? -Usted me habló de veintiún millones y medio, ¿no? ¿Lo dejamos en veintidós? -Vaya, don Antonio. ¿Qué hay? Un certificado. Me dijo el cartero que no había nadie en su casa. Y usted, ha cogido el certificado. -Sí, claro. Me parecía que era importante. Pues no tome decisiones a la ligera, hombre. Y no me coja nada. Pero, nada. -De verdad, no se sabe cómo acertar con usted, don Antonio. Cuando se le quedó la hija encerrada en casa, porque le abrí la puerta, le sentó mal. Ahora, le doy una carta que parece importante, y me pone mala cara. Antonio. Esta mañana llegó una carta certificada. Yo no la recogí, como me habías dicho que... Ya, Herminia. Ya la he cogido yo. ¿Ya te la han dado? -Sí. El portero. ¿Y de quién es, del banco? Del juzgado. Ah... No me digas. Jesús, María y José. ¿Del juzgado? No se preocupe. Merche. No, no ha venido todavía. Pero tu hermano está ahí, hace un rato, esperándote. ¿De Gaulle? Hombre, ¿qué hay? ¿Cómo tú por aquí? -Pues, nada. Ya ves. Sabía que te corría prisa lo de la venta del piso y me he dicho: "Me acerco a su casa y hablo un rato con él". ¿No tomas nada? Herminia ya me ha dado una cerveza. ¿Así que de la venta del piso? -Sí. ¿Qué dice Paca de esta venta? -Antonio, por favor. Tenme un poco de respeto. Que Paquita no tiene nada que ver. Vamos al grano, que no he tenido un buen día. -Muy bien. Vamos al grano, como tú dices. Paquita piensa... Bueno. Los dos, pensamos... que... Que está muy bien, lo de comprar el piso de San Genaro. Pues, menos mal, que tú me das una buena noticia, hermano. Porque si te contara como estamos... -Ya, pero también quería que reflexionaras un poco que nosotros tampoco estamos pasando por una situación muy boyante, que digamos. Hombre. Me lo imagino. Pero, ahora, lo importante es firmar el contrato. Voy llamado a Goyo, el notario, para que nos haga una fecha para la firma, ¿te parece? Y así, de paso, yo también le comento un par de cosas. -Llama, llama. Entonces, habíamos dicho... tres millones doscientas mil, ¿verdad? -Precisamente de eso era de lo que quería hablarte. Pero, bueno, tú, llama. Perdone un momento, señorita. ¿Cómo que de eso querías hablarme? ¿Te ha dicho Paca alguna cosa? -Vamos a ver. Paca no me ha dicho nada. ¿Eh? Sencillamente, quería reflexionar contigo porque, a lo mejor, deberíamos adaptar el precio de compra del piso al precio de la renta que te estamos pagando por el alquiler, nada más. Espera un momento. Señorita, perdone... Perdone un momento. Sí, sí. ¿Cómo que acondicionado al alquiler? ¿No te das cuenta de que eso no es así? Que no es exacto, Miguel. Yo te he hecho a ti un alquiler de hermano, no de precio de mercado. Si te estoy dando el precio de venta, te estoy vendiendo más barato que nadie en el barrio. -Mira, yo te agradezco que me hayas hecho un precio especial con el alquiler. Pero la ley no entiende de pactos entre hermanos. La ley establece un precio adaptado para esta compra de pisos. ¿Y cuánto establece tu ley? -Dos millones y medio. ¿Cómo? -Dos millones y medio. ¡Que no, hombre! -¡Que sí, Antonio, tengo un abogado! Y me ha dicho que ese es el precio justo por el piso. Señorita, perdone. Me he equivocado. Gracias. Me he equivocado de ley, Miguel. -Vamos a ver, Antonio. Yo entiendo que quieras sacar el mayor beneficio de la venta del piso pero entiéndeme a mí, joder. Miguel, vete a tu casa. -¿Que me vaya a mi casa? Antonio, haz el favor de tratarme con respeto, ¿eh? Yo soy un posible futuro comprador de tu piso y tengo todo el derecho a hacer una contraoferta, como en cualquier contrato de compraventa. Y yo tengo todo el derecho a no escucharte. -O sea, que no quieres vender. No, tú no quieres comprar y me estás engañando. -¿Que yo te estoy engañando? Vamos a dejar las cosas así. Vamos a dejarlo así. -Vamos a dejarlo así. Pero escúchame una cosa, Antonio Alcántara. Conmigo no te hagas el ofendido ni el engañado, no cuela. Yo también tengo muchos motivos para sentirme molesto contigo. Setecientos cincuenta mil. -¡Setecientas cincuenta mil! te metía en la cabeza, desgraciado. Asqueroso. Miguel, ¿qué pasa, hijo? -¡Que le entienda su padre! Me cago en la leche. ¡Que era el mío, también! ¡Y que descansa en paz! Puerta. Mercedes, hija. ¿Qué pasa, madre? Ay. Qué disgusto más grande tengo. Han tenido una los dos hermanos... ¿Miguel y Antonio? Mira. Ahí está. Desde que se fue Miguel. No se ha levantado ni para comer. Vaya por Dios. No te preocupes, ya me ocupo yo. ¿Cuánto hace que vivimos en esta casa, Merche? ¿En esta casa? Pues, yo creo que en diciembre hará dos años. Pues hasta hoy no me he dado cuenta de que éste es el mejor sitio para estar. Vaya por Dios. ¿Has visto qué luz entra? Una luz muy bonita. Dan ganas de quedarse aquí, así, sin hacer nada. Has discutido con Miguel. ¿Con Miguel? No. ¿Por el piso? Y por el dinero. Ya. Y por la loba. Que le tiene sorbido el seso. Desde luego... ¿Será posible? Y la entrevista, ¿qué? Bien. ¿Bien? Un poco corta, Merche. Vaya. "Lo sentimos, pero no encaja usted en el perfil que buscamos. No sabe inglés, no tiene dos carreras y sobre todo, no tiene veintidós años". Bueno, habrá otras oportunidades. No te preocupes. Sí. Hoy, mañana, pasado, el año que viene. El año que viene. Claro que sí. Un aviso del juzgado. En el plazo de un mes, se procederá al embargo de los bienes inmuebles... ¿Y qué vamos a hacer? Vender. Vamos a vender. Mejor hoy que mañana. No. A mí lo de la inmobiliaria se me está dando bien. Hoy he vendido un piso. Si vendo uno cada semana, con las comisiones... Y con la suerte que tú tienes... Ya no tengo suerte, Merche. Se acabó la suerte. Nos hemos caído con todo el equipo. Pues, quizás sea lo mejor. Es lo único que podemos hacer. Vender. -Volver a empezar. Eso era lo único que les quedaba a mis padres después de tantos años de esfuerzo y de trabajo. Lo siento, milano. No sientas nada. -Los Alcántara tendríamos que volver a San Genaro, nuestro barrio de siempre. Mi padre pensaba que era un paso atrás para tomar impulso, pero sólo el tiempo nos diría lo que nos iba a deparar el futuro.

Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 218

29 sep 2011

HOY EMPIEZA TODO. Mediados de septiembre de 1979. La familia Alcántara al completo se prepara para afrontar el nuevo "curso" cada uno a su manera. Antonio ha conseguido una entrevista de trabajo gracias a una recomendación que le ha hecho su vecino Goyo, por lo que las posibilidades de que le acaben dando el puesto son muchas. Mercedes, por su parte, ha empezado a trabajar en la inmobiliaria. Mientras, Inés empieza a impartir clases como profesora en el taller de cerámica para chicos problemáticos, y tiene dificultades para que la tomen en serio. Con ayuda del padre Pascual, Inés saldrá airosa de la situación. Carlos ha empezado las clases en ICADE y no entiende nada. Su amiga Arancha, que además de guapa es muy aplicada, se ofrecerá a darle clases particulares, algo que confundirá al hijo menor de los Alcántara que creerá que la chica tiene otras intenciones. La situación económica de Miguel y Paquita es cada vez peor ya que casi no dan comidas y cada vez entran menos clientes. Tal es el problema que Paqui no ha pagado el alquiler del piso a los Alcántara y esto acaba en bronca con Miguel.

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Añadir comentario ↓

  1. Ricardo López

    Al fin inició la nueva temporada. Excelente serie. Gracias TVe

    01 feb 2014
  2. Ricardo López

    ¿Cuándo inicia la siguiente temporada? Saludos

    28 may 2013
  3. Ricardo López

    Ya que terminó la temporada 14, quisiera saber cuando iniciará la nueva temporada. Gracias, saludos afectuosos

    28 may 2013
  4. Ricardo López

    Definitivamente no me puedo perder ni un solo capítulo de la serie. Me gusta mucho. Créanme que espero con mucha expectativa los jueves para verla por internet en mi PC, a veces me toca esperar hasta el día viernes (por horario España Vs. Bogotá,Colombia). Que buena trama y actores, son inigualables. FELICITACIONES Y APLAUZOS. Con cariño Ricardo López Colombia

    08 may 2013
  5. Ricardp López

    Señores. Veo esta magnifica serie (muy parecida a mi vida) por internet, pero he llegado hasta el capítulo 233 (febreo 2-2012) " Siempre amanece" ¿qué pasó? ¿se acabó la serie? Necesito información. Saludos Ricardo López Bogotá, Colombia

    13 mar 2012
  6. ricardo1964

    hola a todo, tengo un prolema ,me he registrado pero aún no puedo ver ningún video , asta ahora no se solucionarlo, gracias, UN LARACHENSE

    14 dic 2011
  7. Giuseppe

    La cancion de los creditos es si begine the beguine, pero no està interpretada por Dionne Warwick, es otra.

    30 oct 2011
  8. Carlos

    Yo también he estado buscando la canción de los créditos hasta hoy, que por fin la he encontrado: Begin The Begine - Dionne Warwick. Excelente canción.

    28 oct 2011
  9. Isabella

    Este comentario va dirigido a Rafael: Entonces tu calculas que el pais de Latinoamerica mas parecido a España es Colombia solo porque tu tienes una historia similar a la de este capitulo? La verdad es que no se como llegaste a esa conclusion, pero igual es entretenida.

    15 oct 2011
  10. paco

    minuto 1:03:27 algo aparece detrás de antonio y desaparece..

    13 oct 2011
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