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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 216

Cuéntame cómo te ha ido, en tu viajar por ese mundo de amor. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, cuéntame si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. -En agosto de 1979 media España estaba de vacaciones, moviéndose al son de la canción de aquel verano, en la que una italiana de pelo oxigenado nos explicaba sin complejos qué había que hacer para llevar una vida sexualmente plena. ¡Para hacer bien el amor hay que venir al sur! Para hacer bien el amor iré donde estás tú. Sin amantes, ¿quién se puede consolar? Sin amantes, esta vida es infernal. -Lo más sorprendente de todo es que nadie se llevaba las manos a la cabeza ante estos consejos. Una prueba más de que los españoles habíamos cambiado mucho en los últimos años. Si te deja, no lo pienses más, búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar. -Por lo que respecta a nosotros, los Alcántara, aquel verano fue un poco diferente a los demás. Sobre todo para mis padres, que después de quedarse sin un duro por culpa del Banco de Granada, Decidieron ajustar gastos y quedarse en Madrid. El disgusto de mi padre era mayúsculo, entre otras cosas, porque mi madre estaba a punto de cumplir los 50, y no podían celebrarlo como a él le habría gustado, es decir, en un crucero en alta mar. Mi abuela recurrió a las vacaciones de toda la vida, o sea a marcharse una semanita al pueblo, llevándose con ella a mi hermana María, que por primera vez se separaba unos días de mis padres. Por mi parte seguía cumpliendo con la patria, y solo tenía libres los fines de semana para hacer una escapada. El que sí se escapó de verdad fue mi hermano Toni, que decidió romper con todo e irse a vivir una temporada a Roma. Y por las cartas que nos enviaba el cambio de residencia había hecho mella en él, empezando por un sorprendente y moderno cambio de look y terminando por su nueva dedicación: la promoción de conciertos y festivales de música. Mi hermana Inés, alejada al fin del calvario de la droga, aprovechó la coyuntura para hacerle una visita a Roma y de paso volver a sonreír. Lo importante es que lo hagas con quien quieras tú, y si te deja no lo pienses más, búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar. Para hacer bien el amor hay que venir al sur, para hacer bien el amor iré donde estás tú. Sin amantes, quien se puede consolar. Sin amantes, esta vida es infernal. Para hacer bien el amor, hay que venir al sur, lo importante es que lo hagas con quien quieras tú. Y si te deja, no lo pienses más, búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar. Timbre. -¿Sí? ¡Hombre, Josete! ¿Qué haces ahí arriba, baja de una vez! -Sí, un momento. (SUSPIRA) -¿Y el heredero? ¿Dónde va con la mochila? Se va a la sierra, de camping y jolín, tres días. -¿A la sierra? Joder, no sabe nada el tío. Hace bien, qué coño. No como otros. No empecemos Robespierre, que te conozco. -Si no es empezar, Antonio, es que no sé por qué no te vienes con Merche al pueblo con nosotros. Te lo he dicho, porque no me da la gana. -¿Y te vas a quedar en Madrid con el calor que hace en Agosto? Sí, me quedo. -¿Y por qué te quieres quedar? Por si me sale algún trabajo. -¿Qué trabajo? ¡Si en Agosto en este país no trabaja ni Dios! Vamos, que no quiero y ya está. -Tú no quieres ir a Sagrillas por otra cosa que yo sé. ¿Ah, sí? ¿Por qué? -Por el qué dirán, Antonio. ¡Ya empieza el otro! -Pues sí, señor. Lo que no quieres es llegar allí y que cualquiera te diga: "Mira el que iba para diputado ahora no tiene un duro y está en el paro". Eso te pasa, que te preocupa el qué dirán. No, no, no, sí, sí, sí. ¡Que no! -Que te digo que sí, que te conozco perfectamente. -Un botellín, Miguel, que vengo seco. Hola. -Hola, Antonio. -Sírvete tú, a ver si trabajas algo, que no pegas no chapa. -¿Qué vas a hacer, Antonio, te vas de crucero? Joder, con Ramonín, ¡tú también ofendiendo, chico! -Decías que tenías los billetes para un crucero, que era como una ciudad. Pues he decidido no ir y los he vendido por el doble. -Bueno... Yo me voy a un camping, a la Selva Negra. -¿La Selva Negra? ¿Con la tontona? -Claro. A recuperar tiempos perdidos. Que sí, aquí el que no corre vuela. Hazme un favor, llévate a este a ver si hay suerte y os come una jauría de dóberman y os pierdo de vista. Anótame esto, hermano, no, mejor, invítame, anda. -Estás invitado. Timbre. Carlos, hijo, ¿no habéis salido aún? ¡Josete, que no baja ni a tiros! -¡Que ya voy! Se os va a hacer de noche en nada. Y hasta Villalba hay buena carretera, pero después... Pino a la derecha, pino a la izquierda, curva, recurva y os podéis matar. No, hombre, no. Y más con este coche. -¡Qué calor! Anda. -Mercedes, ¿a qué hora llega Inés de Roma? Por la mañana. -¿Ah, sí? Pues igual coincidimos en el aeropuerto, porque mi vuelo también sale por la mañana. Es que quería que me contara más cosas de Ibiza. No sabes las ganas que tengo de llegar a la isla. Es que voy a llegar, me voy a tumbar en la playa, y no voy a hacer nada, pero nada de nada. Bueno, por el día, por las noches voy a ir a todas las discotecas. A ver si me sale un novio o algo. Y también quiero ir a ver a los hippies, conocerles, al campo y eso... Bien, ¿porque el ladrón...? Bueno, el chico con quien salías. -Toño. Pues está todo el día en la cárcel y me he hartado de esperarle. Pues sí. Hala, pásalo bien. -Y tú, adiós. ¡Por Dios, hijo! ¡¿Aún no os habéis ido?! Debe estar Josete arreglándose por la penca, porque con este coche. ¡No sé qué hace! ¡Josete! ¿Bajas de una vez o qué? Venga, hombre, ¿qué haces? -Joder, macho, que no encontraba el bañador. Cómo se nota que no te ha hecho la mochila tu madre. Oye, ¿cuándo vuelven del pueblo? -La semana que viene. ¿Sabías que se iban en este coche? Josete, ¿tú sabes manejar este coche, hijo? -Sí, ya llevo un mes con el carné. ¡Un mes! Pero que un mes no es suficiente. Que este coche es un haiga. Que tiene tracción casera, y que culea. ¡Que no se conduce así como así! ¿Seguro que te lo ha dejado tu padre? -Claro. Venga, no le asustéis. Dame el teléfono de tu padre en Don Benito, ¿cómo te deja este coche? -No hay teléfono. ¿Cómo? -Que allí no tienen teléfono. ¡Anda, mi madre! Anda, iros ya, que se os va a hacer de noche por el camino. Cuidado conduciendo de noche. -Hasta luego. Hijo... Ya está bien, que le metéis miedo. Id despacio. ¿Lleváis gasolina? Esa es otra. Y las luces. ¿Has comprobado que están bien? Sí, hombre sí. ¡Despacio! ¡Mete la primera! ¡No sueltes el embrague tan rápido, hombre, que se te cala! ¡Por Dios! ¡Que se te va a calar! ¡Iros despacio! Pues ve acostumbrándote, porque este ya es mayor y dentro de nada se va a Roma, o peor, a Brasil. Bueno, bueno, no empecemos ahora con Toni, ¿eh? ¿Cuánto hace que no llama? Pues una semana, ¿qué quieres que llame todos los días? Todos, no, pero los señalados, sí. ¿A que no llama mañana para felicitarte? ¡Claro que llamará! ¿Qué te crees? Ya lo verás. Ingenua, que eres una ingenua. -Hala. Adiós, Robespierre. Adiós. -Pasadlo bien. Adiós. Merche, ¿te has dado cuenta de que después de 30 años por fin nos hemos quedado solos? ¿Solos? Sí. Sin suegra, sin hijos, sin nietos, solos tú y yo. Ya. ¿Cómo quieres celebrarlo? Vámonos a casa, anda. No me chafes, hombre, que cumples 50 años como 50 soles y quiero celebrarlo. No lo repitas tanto, hombre. Te lo digo de otra manera. Medio siglo te contempla, Merche, ¿cómo quieres celebrarlo? Pues yéndonos a casa. ¿Eh? ¡¿A casa?! ¡¿Ahora?! Antonio... ¿Y no quieres tomar algo antes? (RÍE) Venga, anda. Bueno... Desde luego, parece que no entiendas las cosas. Me cuesta entenderlo, Merche. Te digo que vayámonos a casa, para un día que estamos solos, no dices que hacía 30 años. -Bueno, pues muchísimas gracias. Tampoco hacía falta que me subiera las bolsas. "Prego! ¡Una ragazza cossi bella..." (EN ITALIANO) no puede llevar todo esto. -Ya. Bueno, pues que ya está. Que ya te puedes ir. -"¡Mamma mia, que caldo que fa!". (EN ITALIANO) ¿Me das un vaso de agua, por favor? -¿El qué? -"Acqua, bebere, acqua". -¿Qué está pasando aquí? -Este moscón que se me ha pegado. (ITALIANO) ¡Entonces está casada! ¿Por qué no me lo ha dicho antes? -Que si estamos casados. -Sí, sí. -No, no, marito no, fratello. -¡Fratello! Francisco Palizonni. ¡Molto gusto! -No sé ni cómo me entiende. Ya te puedes marchar, ¿eh? -Quisiera volver a ver a tu hermana, siempre con tu permiso claro. -Mia sorella, no quiere, venga. Io enamoratto, ¡amore! -Ciao, ciao. Madre mía, "amore, amore". Así desde el coliseo, qué pesado. -Estás muy guapa, hermana. Y las españolas están muy cotizadas. -¿Ah, sí? -Hombre, yo te digo que te quedas un par de días, y te echas tres o cuatro novios. -Para novios estoy yo. -¿Y todo esto? -Son regalitos. Mira esto que he comprado. -¡Pero qué éxito que tenemos con los italianos! (RÍEN LOS TRES) ¡Vas a tener que hacer lista de espera! ¡Eh! ¿Hacemos espaguetis esta noche? -Somos unos especialistas, no puedes negarte. -Venga, os lo regalo. Lo iba a llevar casa, pero luego compro más. Y mientras cocináis me voy a duchar, porque en Roma hace un calor, esto es como el infierno. -Y Madrid el paraíso, ¿no? Madre, ¿me oyes? ¡Que yo te oigo perfectamente, madre! ¿Cómo estáis? Sí. ¿Cómo está la niña? ¿Nos echa de menos? ¿Por qué te has cambiado? Nos vamos. ¿Nos vamos dónde? No, no te hablo a ti, madre. ¡No me digas! ¡Que se ha ido la luz en todo el pueblo! ¡Joder, vaya novedad! No te preocupes, ¿eh? No te preocupes, que seguro que mañana viene. Ay. Adiós, madre. Que sí. Merche, se va a dejar la pensión en conferencias. Te tengo que dejar. Dale un beso muy grande a María, adiós. ¿Se puede saber por qué te has cambiado? ¿Qué es esto? Nos vamos al cine, Merche. ¿Al cine? Sí, a ver "Emmanuelle". ¿Emmanuelle? Sí, Emmanuelle. No, de eso nada. Que no, Antonio, que no. Es lo más interesante que hay. No voy a "Emmanuelle". Que ya sé lo que te interesa a ti. No seas así, que es solo una noche. Que estamos solos como cuando éramos novios. Entonces estábamos siempre acompañados. Pues mejor me lo pones, hoy estamos solos, Merche. "Emmanuelle", hombre... Después podríamos ir a comer un chuletón a un buen vasco. Sí, mira, estamos para gastos. Y por favor, no el más barato de la carta, que me avergüenzas. Pide un chuletón, chuletón. Después vamos a bailar si quieres. Que no, qué tonto eres, de verdad. Si solo es una noche, Merche. Sentémonos aquí. Que no. Que si mujer. Pero... Una noche que estamos solos, tampoco te pido tanto. ¿Para qué hay que ir fuera? Sí lo tenemos aquí todo. No es lo mismo, a mí me gusta como la Vuelta a España. Salir, llanear, llegar al sprint especial, y al final ya, la montaña. Pues tranquilo, a ver si no llegas al final de la montaña. Sí, no te preocupes. Vete a cambiarte, que se me está bajando la sangre a los pies. (RÍE) ¡Qué tonto eres! (RÍE) ¡Oye! ¡Joder, lo que ha costado! Para hacer bien el amor iré donde estás tú. Sin amantes, ¿quién se puede consolar? Sin amantes, esta vida es infernal. Para hacer bien el amor hay que venir al sur. Lo importante es que lo hagas con quien quieras tú. Y si te deja no lo pienses más, búscate otro... Radio hablada. -¡¿Qué haces?! Ya la hemos escuchado 500 veces. -Porque es buenísima. Interferencias. No la encuentro, macho. Pitido fuerte. ¡Josete! -Joder, tú también. No vayas tocando la radio. ¡¿Quieres dejar la radio y mirar la carretera que casi nos matamos?! Radio hablada. -Me ha entrado hambre, podríamos parar para comer. Si paramos ahora llegaremos a las mil, y aún tenemos que poner la tienda de campaña. -Será solo un momento. ¿La encuentras o...? ¡Sí, que ya va! Cuántas veces la inconsciencia rompe con la vulgaridad, venceremos resistencias para amarnos cada vez más. Tuve muchas experiencias y he llegado a la conclusión, que perdida la inocencia, en el sur se pasa mejor. Bueno, venga, que ya estoy. A ver... ¿Qué haces? Mirando fotos. Me cago en la leche, mira que eras guapa, la más guapa del pueblo. ¿Cómo que "era" la más guapa? Claro, hombre, eras la más guapa. Ahora eres la más guapa de Madrid. ¿Sólo de Madrid? Eh... bueno, y de París. Ah, de París. Eres un zalamero. Por cierto, no te lo he consultado. Prefieres que sea ahora zalamero y amante ya después de que nos comamos el chuletón? ¿O amante ahora y ya me pongo zalamero para hacer la digestión? Amante no, que no tenemos tiempo. ¿No llegábamos tarde al cine? Yo contigo no he llegado nunca tarde a ningún lado. ¿Qué prisa tienes? Tenemos toda la noche para nosotros. Timbre de la puerta. ¿Han llamado? No. Timbre. Merche, han llamado. Pues, sí. Vaya. ¡Pituca! No digas eso. Pues me va a oír. Pues dile que no estamos, bueno, que no estoy. (BAJITO) -Buenas tardes. (BAJITO) ¿Adónde vas con las niñas? -Ahora te cuento. ¿Te ha echado o qué? -No. Una desgracia. ¿Qué ha pasado, Miguel? -Una desgracia, Merche. Pues nada... Resulta que se ha muerto la tía Enriqueta. Ah, la tía Enriqueta. ¿Quién es Enriqueta? -La tía Enriqueta. -La monja, la que era prima del... La hija del fabuloso. ¡Acabáramos, la hija del fabuloso! Qué pena, por Dios. Bueno, lo siento mucho. -Te lo agradezco mucho, Antonio. Y Paquita lo va a agradecer todavía muchísimo más. El caso es que tenemos que ir a Salamanca al entierro... y claro, no podemos dejar a las mellizas con nadie. ¿Cómo qué que...? ¿Nos queréis dejar las mellizas? -Bueno, imaginaos, ¿cómo me voy a llevar dos mellizas a un entierro? Allí todos de negro... Vamos a ver, Miguel. Hoy no es el día de dejar... Además son muy pequeñas, ¿cómo no vas a dejar las niñas? -Por Dios, ponte en mi lugar. ¿Y Manuela? -No puede ser, está de vacaciones. Aquí todos están de vacaciones menos yo. Salíamos en este momento, nos íbamos al cine. -¿Qué queréis que haga? Me veo obligado a pediros este favor. ¿Por qué se empeña Paca en ir a Salamanca si apenas la conocía? -Porque le tenía mucho cariño. ¿Pero cómo? Si es una monja de clausura y cuando nació Paca llevaba 30 años en ese convento. -Resulta, que todos los cumpleaños de Paquita la monja le mandaba una estampita de Santa Francisca Romana, y Paquita ha guardado todas en una caja en la mesita de noche... ¿Y para qué tanta estampita? -¡Ay, Antonio, yo qué sé para qué! No lo sé. Vamos, que nos las deja. -No os preocupéis porque he dejado aquí los biberones, la leche, todo. Pañales no he puesto, porque ya piden todo. ¿Ah, sí? ¿Dinero también? -¡Por favor! Que ya, que ya lo sé. ¿Y Diana? -Está en el coche durmiendo. Si quieres la subo. No hombre, no. No me fastidies, ¿cómo vamos a meter a Diana? -Gracias, de verdad. No puedo estaros más agradecido. No, escucha un momento... -Estos favores no se olvidan. Os voy a traer un hornazo de Salamanca de chuparse los dedos. Nada de hornazo. ¿Cuándo volvéis? -En tres días. A ver qué hacemos ahora, porque ni las distingo. Me vas a ayudar, ¿verdad? Sí, hombre sí. Voy a quitarme la camisa y a preparar leche. ¡Joder! ¿Cómo te has podido comer tres bocadillos? -Es que están buenísimos, ya te lo he dicho. Vamos, que como se haga de noche verás para poner la tienda. -Si tengo linternas, lamparillas de gas... Ya, y me fío de ti. -Hombre de poca fe. Ahí va. ¿Qué pasa? -No encuentro las llaves. ¿Cómo que no? Anda búscalas bien. -Que no están. ¿Las tienes tú? ¿Cómo voy a tener yo las llaves? Búscalas bien, joder. -Se habrán caído aquí. ¿Dónde pueden estar, macho? Vete allí a buscarlas. -Ahora vuelvo, no te muevas, ¿eh? ¿Cómo quieres que me mueva? La hija del fabuloso, también qué buen momento. Llantos. Y eso que sólo quería un día, tampoco quería que fuéramos a un velero. Déjalo Antonio, es así. A mí también me apetecía salir. Llantos más fuertes. En otra ocasión. Mira, mira. Ea, ea, ea. Ea, ea. ¡Será posible! ¡Vaya noche vamos a pasar con estas que son peor que su madre! No digas eso de tu sobrina, por Dios. ¿Qué quieres que me pase la noche en vela de aquí para allá? Pues a ver si las hacemos callar y así descanso. Anda, tú solo pensando en ti, será posible. Si es que no callan, si callaran, yo feliz, les hago el payaso toda la noche si hace falta. Con la de noches que hemos pasado tú y yo... Por eso mismo, para un día que tenemos libre la que nos cae. Lloran más fuerte. (NO SE OYEN SOBRE EL LLANTO) (INTENTAN CALMARLAS) Cámbiamela, porque a lo mejor... ¿Sabes lo que te digo, Merche? Que me voy. ¿Cómo que te vas? Antonio, hombre. Es lo único que puedo hacer, me ven y se espantan. Pues eso, hala, vete. Tu tío es un bruto. A ver, ¿queréis un poquito de dinero, hijas? A ver si salen a su madre. Mira, mira... Tira y vete al salón a dormir a pierna suelta. Acémila, que eres un... Vamos hombre. Ahora soy un acémila yo. Un bruto es lo que eres. No hagáis caso a vuestro tío. -La primera noche a solas de mis padres en 30 años, que se dice pronto, se había ido al garete. Y es que los dos se había pasado toda la vida trabajando y renunciando a muchas cosas con tal de sacarnos adelante. Todos sus momentos de felicidad habían sido junto a nosotros. Nuestros primeros pasos, cuando aprendimos a montar en bici, nuestra primera comunión. Incluso la primera vez que habían visto el mar había sido junto a nosotros, sus hijos. Mirando al mar, soñé, que estabas junto a mí, mirando al mar yo no sé qué sentí que acordándome de ti, lloré. (EMOCIONADA) ¡Ah, es precioso! ¡Y azul! -Y grande. -Parece que no se acaba. Pero no tiene olas. ¿Dónde están los tiburones? Hijo, los tiburones deben estar más adentro. (RÍE) Aquí no hay tiburones. -En 1969 mis padres se pasaron ahorrando hasta la última peseta para que todos pudiésemos ir a Benidorm. Aquel fue el primer viaje que hicimos todos juntos. -Yo voy a brindar por la libertad. ¿Puedo? Sí, hombre, venga. (TODOS RÍEN) ¡Eh, un momento! Mi madre. Bueno, pues, yo... ¡Yo brindo por la familia! ¿Eh? Por la familia, que es lo que más me importa del mundo. -Mucho tiempo había pasado ya de aquello. Entonces, éramos todos más inocentes. Ojos, ojos, ojos, si no, no vale. -Eran los tiempos en que yo, todavía, era un crío, mi madre ayudaba a la economía familiar cosiendo pantalones en casa a todas horas y mi padre se ganaba la vida pluriempleado como ordenanza en el Ministerio de Agricultura y de oficial en una imprenta. (GOLPEA) Con permiso. -Pasa, no te quedes ahí. Aquí somos todos iguales. ¿Qué tal, Antonio¿ ¿La familia, bien? Muy bien, don Pablo, muy bien. Bueno. Algún problemilla. -Eso es normal, los tenemos todos. Mi padre, que en gloria esté, siempre decía que los únicos que no tienen problemas son los muertos. Claro, una vez muerto, nadie pía. (RÍEN) Pues quería decirle, don Pablo... Mi hijo pequeño va a hacer la primera comunión. -Eso está muy bien. El mío último la hizo el año pasado. No veas qué fiesta. De eso quería hablar, don Pablo. Nosotros queríamos celebrarlo y andamos un poquito... Un poquito justos. -¿Y has venido a pedir un anticipo? Sí, si no tiene inconveniente. -Pues te voy a hacer un favor. No te voy a dar ni un duro de anticipo. Sí, sí, ni un duro. A la larga, me lo vas a agradecer. Te lo digo yo. Me lo vas a agradecer. ¿Se lo voy a agradecer? -Sí porque sois unos irresponsables, Antonio. No se puede gastar el dinero en fiestas si no se tiene. No es una fiesta, don Pablo, es la comunión de mi hijo. -Como si fuera su boda. Hay que aprender a vivir con lo que se tiene. Con eso de la igualdad, todos queréis ser señores y eso no puede ser, Antonio. A ver si te enteras. -Parece que fue ayer pero en aquel entonces, todavía no habíamos llegado a la década de los setenta. Eran tiempos de estrecheces en los que las televisiones se pagaban a plazos y tener un coche, más que un lujo, era el sueño de todos los españolitos de a pie, como mi padre.. Pero él, que había sido niño durante la posguerra para luego marcharse a la ciudad en busca de oportunidades, estaba más que acostumbrado a las penurias. Tanto que, como mucha otra gente en aquel entonces, llegó a plantearse emigrar al extranjero. El idioma se aprende en dos patadas, Merche. Por ejemplo. El pan, "le pen". La sal, "le sel". Dices lo mismo, sólo que le cambias una E. -Al final, no llegamos a irnos, sobre todo porque mi padre, a rebufo de la fiebre inmobiliaria de los años sesenta, encontró trabajo como vendedor de pisos. -Vamos a montar una empresa a lo grande. Y nos vamos a forrar, Antonio. Cuidado, don Pablo. Pero, dígame. ¿Tanto dinero da esto? -A espuertas, Antonio. Con decirte que, hace cinco años, algunos que eran albañiles, igual que estos, ahora son multimillonarios. -De pronto, el desarrollismo entró en mi casa por la puerta grande. Y con él, el consumismo que tanto criticaba mi abuela, el pago de letras y más letras y también, que mi padre empezara a plantearse metas más altas. -Con la silueta de Manhattan y todo. No sé, Antonio. No sé. ¿No sé? Un 850 como ese y por ese precio no se encuentra todos los días. ¿No podemos esperar un poco? ¿Para qué? -Coche. Dice que se va a comprar un coche, Dios mío. Sí, más grande que el del tío Miguel, ¿no, papá? Carlos. Tú, come y calla. Vamos a ver, madre. ¿Por qué no me puedo comprar un coche? -Si yo no digo nada, hijo. -Y se lo compraron. Bueno, mejor dicho, mi madre se lo regaló a mi padre. Un 800 en el que, vaya usted a saber cómo, conseguíamos caber todos. A aquel coche le siguieron otros un poco más modernos y, sobre todo, más grandes. Pero si mi padre había luchado a brazo partido durante toda la vida, no era tanto por permitirse ciertos lujos como por dar un futuro a sus hijos. En el verano del 79, después de tantos años de trabajo y esfuerzo, mi padre se encontraba en el punto de partida. Es decir, sin un duro y con un futuro incierto por delante. Pero con una cosa clara: Quedaba Antonio Alcántara para rato. Nada. No entiendo cómo has podido perder las llaves en 25 metros, lo que hay de aquí a allí. (JOSETE SUSPIRA) ¿Has mirado bien en el bar? -Sí, Carlos. Ni rastro. ¿Has mirado en los baños? -En el de los chicos, las chicas, detrás de la barra... ¿Has mirado en el de las chicas? -Ya puestos... Lo peor de todo es mi padre, me va a matar. No. Te voy a matar yo. ¿Cómo has podido perder las llaves? -Napoleón perdió Waterloo por las almorranas. Estás para que te encierren. ¿Qué pasa con la grúa, joder? Llevamos dos horas esperando. ¿Les has dado bien las indicaciones? -Sí, claro. N-46, al lado de... ¿Cómo N-46? No me digas que les has dicho N-46. ¡Eso no existe! Te han tomado la broma, coño. -¿No era la 40, la 30...? ¡Seis! ¡N-VI! Kilómetro 46. Mierda de fin de semana. -Para hacer bien el amor hay que venir al Sur. Para hacer bien... -Uf... Ya no puedo más. -¿Qué? ¿Estaban buenos o no, los espaguetis a a la amatriciana? -Estaban deliciosos. A la amatri..., ¿qué? -Amatriciana. Bueno, yo no sé si lo digo bien. Amatriciana. (RÍEN) -Ay, qué bien me están viniendo estos días aquí, en Roma. Me lo estoy pasando genial. -Qué bien. -Gracias. Qué penita, que mañana me vaya tan pronto. Por cierto, no se te olvide llamar a mamá. -Pues sí... -A ver el año que viene, si hay suerte, y podemos celebrar su cumpleaños juntos en Madrid. -Y si no el que viene, el siguiente, ¿no? -¿Tanto tiempo piensas quedarte? -No sé, si me sigue yendo así de bien en la música y con los artículos, ¿por qué no? Necesitaba salir de Madrid y cambiar de aires. -Ya, te entiendo. -Bueno, chicos, me tengo que ir. -¡Guapa! -No te tardes. Ay. Te he manchado. -Pórtate bien, que vas muy guapa. -Sí, señor. (RÍE) (TODOS) Adiós. -Pues, sí. No sabes cómo te entiendo. -Después de todo lo del año pasado, lo mejor era poner tierra de por medio, sobre todo, con papá. -Bueno, no será para tanto, ¿no? Parece que papá es un ogro. -Hombre. Un ogro, no. Pero te recuerdo que te tuvo encerrada en casa. -Bueno, pero eso fue por mi bien. -Pero se equivocó. ¿O no? -Yo creo que no deberías ser tan duro. (RÍE) Ahora, eres de papá. -Ni de papá ni de mamá. Pero no sabes, ahora mismo, la situación que hay en casa, Tony. Lo preocupado que está papá y mamá, no te cuento. -¿Me vas a leer la cartilla? -No se trata de eso, pero... Que tú estés bien en Roma no significa que seas injusto... -¿Yo soy injusto? -Bueno, sí. -¿Yo? ¿Y me lo dices tú? -¿Qué quieres decir? -Que me parece que eres la menos indicada para darme lecciones. Has hecho siempre lo que te ha dado la gana sin importarte papá y mamá. -Eso no es verdad. -¿Que no? -No. -No me hagas hablar, Inés, -No, no. Habla. -Siempre has hecho lo que te ha dado la gana, hombre. Dejaste la peluquería, te metiste a actriz, te fuiste a Ibiza, te casaste con Eugenio, que era un cura. ¿Sabes cómo les sentó eso a papá y a mamá? Te fuiste a Argentina con Oriol, que papá y mamá no lo conocían. Y el que estuvo ahí, fui yo. Después, viniste y... -¿Y qué? Vine, ¿y qué? -Vamos a dejarlo. -No, no vamos a dejarlo. Después, vine, ¿y qué? Empecé a pincharme. -Pues, sí, Inés. Te empezaste a drogar y el que estaba ahí, era yo. ¿Y sabes lo peor? Que papá, al que ha culpado de que tú te drogaras, es a mí. Estoy harto. Me he pasado la vida haciendo lo que papá y mamá esperaban de mí, con responsabilidades que no eran mías. Es la primera vez que hago lo que me apetece a mí. ¿Eh? Y estoy contento y estoy... libre. Si eso es ser injusto, lo soy, sí. -Perdona. No sabía que te sentías tan mal. -No hay nada que perdonar, Inés. -Bueno. Me voy a hacer la maleta, que mañana salgo bien pronto. -A pesar del cariño que siempre se han tenido, Inés y Tony, como buenos hermanos, nunca dejaron de tener sus diferencias. Y aunque a simple vista son como la noche y el día, se parecen más de lo que ellos mismos creen. Sobre todo, en aquello de sentirse unos incomprendidos. -Es que no lo entiendes. -¿Y cómo, si no me lo explicas? -¿A ti te parece normal que yo empezara a trabajar a los 16 años? -¿No es lo que querías? -Nadie me preguntó. -Yo pensaba que era... -Claro. Tú pensabas que yo ya había ido bastante al colegio y tenía que empezar a trabajar. -No lo pensé, la verdad. -Porque no lo pensó nadie. Pero todos pensaron que era normal que tú siguieras estudiando. -Ya. Ahora, yo voy a ir a la universidad y a ti, también te gustaría ir. -Ya da igual. Déjame en paz. Tony. Yo no sé si me hubiera gustado ir o no. Lo único es que me hubiera gustado tener la oportunidad. ¿Entiendes? -Todavía estaba muy reciente el mayo del 68 cuando mi hermano Tony se convirtió en el primer Alcántara universitario. Ahí es nada. Eh... Por el primer Alcántara universitario, por el abogado. -Todavía no he empezado la carrera. (TODOS) ¡Por Tony! Por mi nieto. -Aquella experiencia cambiaría la vida de mi hermano para siempre. -...soportando las agresiones represivas. La universidad necesita democracia. La universidad, o es libre y democrática e independiente del poder, o no es nada. -Oye. -¿Qué? -¿Esto significa que... somos más que amigos? -Sí. Significa que somos los mejores amigos del mundo. Y que nos queremos. -Pero de novios, nada, ¿no? -Anda, tonto, ¿qué importa eso? Lo que cuenta es que, ahora, estamos juntos. -Su hijo está en la Dirección General de Seguridad. Búsquenle un abogado. -Las chicas traían de cabeza a mi hermano, mientras su facilidad para meterse en líos de política traían a mi familia por la calle de la amargura. (LLOROSA) Que lo han detenido. Lo han detenido. A mi niño lo han detenido. Los vecinos. ¡Van a pensar que nuestro niño es un ladrón! No le harán nada, ¿verdad, Antonio? ¿Qué le van a hacer, Merche? ¡Si el chaval no ha hecho nada! ¡Enamorarse, es lo que ha hecho, me cago en la leche! -¡Abajo el estado de excepción! -Panfletos, militancia, encierros... La semilla de la rebeldía había germinado en mi hermano. Hasta que un día... -Españoles... Franco ha muerto. (RADIO) Nos lega un mandato victórico de inexcusable cumplimiento. -Una vez terminada la carrera, mi hermano, siempre volcado en los demás, decidió centrarse en el periodismo y, más tarde, trabajar como abogado en un despacho laboralista. Y, a punto de entrar en la década de los ochenta, Tony buscaba un poco de tiempo para encontrarse a sí mismo. (GOLPEA) ¿Qué? ¿Eh? Conque me ibas a ayudar, ¿eh? Anda que... ¿Ya se han dormido? Lo que me ha costado dormirlas. Bueno. ¿Dónde vas? Pues a hacerme una tila, que me he desvelado. Espérate un momento, mujer. Ya deben ser más de las doce. Déjame que te felicite por lo menos, anda. Felicidades. Anda, quita. No, ven, ven. Quiero pedirte perdón. Perdóname por lo de antes. No debo hacer esas cosas, pero viene mi hermano y... y tiene cada cosa el tío, que me saca de quicio. Bueno. Y la pagas conmigo, ¿no? La pago contigo y eso, no está bien. Bueno, por lo menos, lo reconoces. Era una noche para nosotros, también piensa eso. Antonio, por Dios, habrá más noches. Como si tuviese tu hermano la culpa de la muerte de la tía. Yo no he dicho eso. Estás insoportable últimamente. No sé qué te pasa, pero si no es una cosa, es otra. Siempre piensas que estamos en contra tuya. Porque parece que nos ha mirado un tuerto. Pero qué tontería estás diciendo. Bueno. Si lo importante es que estamos todos bien, y juntos. Lo demás, ¿qué más da? ¿Cómo que qué más da? Lo demás es lo que da. Sin dinero, sin trabajo, no podemos pagar la hipoteca. Eso da. Como si fuese la primera vez que no llegamos a fin de mes. Ya. Parece que éramos más felices cuando teníamos menos. Seguro. ¿Sabes por qué? Porque no conocíamos todo esto. ¿El qué? El buen vivir, milano. No digas tonterías, Antonio. Ay... De verdad... Subir es muy fácil, bajar, no tanto. Ya lo sé, sí. No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita, sí. Decirlo es muy fácil. Pues eso. Perdóname, anda. Ay, desde luego... Tienes... Quita, que me voy a hacer una tila. ¿Te vas a hacer una tila? Te la hago yo. ¿Tú? Sí. Si no sabes ni dónde están las tazas. Anda, esta. Están... al lado de los platos, los platos, al lado de los vasos y los cubiertos abajo. Parezco tonto, pero no lo soy, ¿entiendes? Ay... ¿A que me doy la vuelta? Ay... Tila caliente, ¿no? -Así eran mis padres. Tan pronto se enfadaban como lo arreglaban a los cinco minutos. Sobre todo, gracias a mi madre, que sabía muy bien cómo llevar a su contrario, que se decía entonces. En mi casa siempre se tuvo claro qué se esperaba de los hombres y qué se esperaba de las mujeres. Y casi nunca se cambiaban los papeles. ¡Míralo! -¡Ponle un trapo! (TODOS GRITAN) ¡Fuera, fuera! -Eran los tiempos de la mujer en casa, con la pata quebrada, siempre a cargo de los hijos y de profesión S/L, o sea, sus labores. Pero las cosas empezaban a cambiar. -¿Tú te sientes realizada? ¿Yo? No, me encuentro bien. Un poco cansada de tanto pantalón. -Te estoy preguntando si te sientes realizada, mamá. Si estás satisfecha con lo que estás haciendo. Pues, menuda preguntita, hija. Nunca había oído esa expresión. -¿Ah, no? Yo, últimamente, pienso mucho en ella. Yo creo que todos queremos realizarnos. Pues yo, creo que he hecho en la vida lo que he querido. ¿Cómo no me voy a sentir realizada? Os tengo a vosotros, estáis bien, tenéis salud y no nos falta nada. -Pero hablas de nosotros. Yo te pregunto sobre lo que tú sientes. A mí lo que más me preocupa sois vosotros. Si yo me preocupara sólo de mí, hija mía... Íbamos apañados. -Pero cada uno de la familia queremos algo distinto, ¿no? Yo, no. ¿Qué te digo? Yo lo que quiero es que estéis bien y seáis felices. -Poco a poco, mi madre fue teniendo otros horizontes y, claro, tuvo que superar ciertas resistencias. Antonio, que me han encargado 250 pantalones. ¡250, cariño! Mírame. Quiero... Oye, Merche. Yo, esto, no lo voy a aguantar. De ninguna manera, ¿eh? Antonio, ¿tú sabes lo que esto significa? Un montón de dinero. Pues no lo quiero, Merche. Ya pensaremos en el dinero, cuando me asciendan. ¿Y si no te ascienden? Ay, Antonio. ¿Qué te pasa? No me pasa nada, nada. Ay. Mira que nos conocemos y estás enfadado. No, no estoy enfadado. Estoy preocupado, Merche. ¿Estás celoso? No, que voy a estar celoso. Estás celoso. Bueno, pues sí. Estoy celoso, ¿qué? -A mi padre no le quedó más remedio que adaptarse y mi madre, en poco tiempo pasó de coser pantalones a tener una boutique y hasta su propia marca de ropa. España cambiaba que era una barbaridad y también mi madre que, pasados ya los cuarenta, decidió ponerse el mundo por montera y apuntarse a la universidad. Cuando empecé mi carrera universitaria, jamás pensé que llegaría aquí. Y mucho menos, que la comunidad de académicos me brindaría la oportunidad de lucir este birrete. (RÍE) (APLAUDEN) -Así era mi madre. Una mujer todoterreno, capaz de cumplir sus sueños sin alejarse de la realidad. ¿Está buena? Buenísima. Si no fuera porque es una menta-poleo. ¿Cómo que una menta-poleo? Que te has equivocado, pero no pasa nada. Sí, hombre. Te hago otra. Que no. Te hago otra. No te puedo dejar solo. Ay... (RÍE) Qué guapa estás. ¿Has visto esta foto de niña? Ya parecías una señora. Mira qué tiesa estás. Ay... Muy señora. Ay, sí. Como ahora, cuando te veo tomar el té. Pareces una marquesa austriaca. Una prima de Sissi emperatriz. (RÍE) Una prima de Sissi... Sí, sí, es por el cuello. Que tienes tan estilizado, que te llega hasta las piernas, las más largas de toda la provincia. Y los hombros, déjame ver los hombros. Por los hombros, eres un cisne. (RÍE) De verdad. Es que eres tan rubia, mujer, que eres un cisne. Qué tonto eres. ¿Aquí? ¿En el sofá? Hombre, no vamos a ir a la habitación, a ver si se despiertan las lobas y la tenemos. Total, ¿quién nos va a ver? Tienes razón. Guapa. No hace falta que me quite... ¿Cómo que no? Si has empezado tú... Pero... Menuda has armado. -Te he dicho que lo siento. A ver si tu padre no le dice nada a Desi. Ya, claro. Yo, el marrón y tú, de rositas, ¿no? (MERCHE RÍE) ¿Papá? Papá. ¿Qué haces tú aquí? Lo siento. Carlos, joder. Me has dado un susto de muerte. ¿Qué pasa? Llanto. ¿Y esos llantos? Las niñas. Se han despertado las niñas. No te quedes como un pasmarote. Casi me matas de un infarto. Lo siento, hemos tenido que venirnos antes. ¿Qué pasa? -Hay un señor de la grúa abajo que quiere hablar contigo. ¿Un señor de la grúa abajo? Joder. Perdona, papá. Me tengo que cambiar, hijo. Sí. -Josete y yo nos conocíamos desde que llevábamos chupete. Y para ser sincero, juntos las habíamos preparado de todos los tipos, formas, tamaños y colores. (GRITAN) ¡Tres, dos, uno, cero! (GRITAN) -Mira, Cervan. No me calientes. No sé qué te habrá dicho tu sobrina, la que trabaja en casa del procurador. Pero eso de que Franco, si se marcha, va a entrar el Rey, sería una bomba. -La bomba monárquica. Ya era hora. -¡Una bomba! -¿Qué ha pasado? (GRITAN) -¡Salid fuera, salid fuera! -¡Fuera todo el mundo! -Corría el año de 1969 cuando quisimos ser pioneros de la aeronáutica española. Mira, mira. -Justo cuando acabábamos de ver por televisión aquel famoso paso, pequeño para el hombre y grande para la humanidad. Es la luna de verdad. -La mía fue la primera generación de españoles que creció con la televisión. Una ventana que, de pronto, se abrió al mundo y disparaba nuestra imaginación. La televisión nos acercaba el mundo exterior y nos permitía evadirnos de la realidad de un país donde casi nunca pasaba nada. -Para que a cada hogar español llegue el eco de mi voz con un mensaje de esperanza y felicidad... Yo no entiendo a este hombre. -Para lo que dice, abuela. A ver si va a tener razón el niño. -Este se muere antes que yo. Madre, no diga eso. -A falta de una realidad que nos motivase, nos la tuvimos que inventar. ¿Bueno, qué? ¿Les hacemos la guerra y conquistamos Gibraltar? -Estás loco, macho. -Los ingleses son muchos. Ya, pero son mariquitas. -¿Vamos a hacer la guerra nosotros tres solos? Vamos a ser muchos más. -¿Quiénes? Pues, la fiel infantería. -¿El Ejército? -¿Y si les ayudan los americanos? ¿Para qué les van a ayudar los americanos? -Porque en "Hazañas bélicas" siempre ayudan a los ingleses. -Es verdad y siempre ganan los americanos. Pero a nosotros, no. -¿Ah, no? ¿Y por qué? Porque nosotros tenemos una cosa que ellos no tienen? -¿El qué? La virilidad. (AMBOS) ¿Qué? La virilidad. -¿Y qué es eso? -¿Es un arma secreta? No. Bueno, no lo sé. Me ha dicho don Severiano que sólo lo tenemos los españoles. -En aquel entonces, ver un pecho oscilaba entre el milagro y el pecado, claro está. Y, desde luego, las chicas no se dejaban nada de nada. -Que no me lo creo. Afortunadamente, tanto el país como yo, fuimos evolucionando. Mamá. Joder, me han cobrado 10 000 pesetas, ¿en qué habéis traído el coche, en un helicóptero? -Ya verás cuando se entere mi padre. Pues se va a enterar y me va a pagar hasta la última peseta, así la próxima vez no hacéis el idiota y no perdéis las llaves. Papá, tampoco es para tanto. ¿Cómo que no es para tanto? ¿Tú no sabes que el padre de Josete no tiene dinero, a ver quién me paga esto a mí ahora? Pues el seguro, ¿no? ¿Qué me va a pagar el seguro? La próxima vez lo pensáis mejor, que parecéis idiotas. Sí, papá. Ni que sí ni que no, parece mentira con la edad que tienes, te pasas todo el día haciendo el idiota porque sabes que viene tu padre a sacarte las castañas del fuego. Parece que siempre tengo que tener yo la culpa. Deja la factura, la pago yo, que no me importa. Que sepas que no ha sido mi culpa, es del que ha perdido las llaves. -He sido yo. Me da igual quien haya sido, tanto uno como otro, parecéis los hermanos Tonetti. Es la última vez que os saco las castañas del fuego, la próxima vez lo arregláis vosotros, si sois grandes, lo sois para todo. ¿O tú no eres mayor para todo, Josete? -Sí. Pues di algo, coño, parece que te has quedado mudo: "Sí, Antonio, soy mayor". -Sí, soy mayor. (SE RÍEN) No te rías, joder. -¿Cómo no me voy a reír?, es que lleva razón. -¿E Inés? -Te dejó esto. (SUSPIRA) -"Gracias por haber estado siempre a mi lado, ojalá que en tu nueva vida haya un hueco para todos los que te queremos. Perdona por la pelea de ayer. Un beso, Inés". Josete, que te estás durmiendo. -Me voy a mi casa ya. ¿Cómo te vas a ir a estas horas? Acuéstate en la habitación de María. Pásame las cosas al otro baño, las niñas están durmiendo y no quiero despertarlas. Ahora mismo te las paso. Para un fin de semana que queremos hacer algo y se nos chafa. ¿Y yo que quería pasar un día a solas con tu madre después de 30 años? Entre tu tío que es un pesado, las niñas que no callan, tu madre que le entra el instinto, tú y el palmero de Lola Flores me lo habéis chafado, así que cállate. Cállate. Si me callo, me tomo un café y me voy al aeropuerto, encima llego tarde. Sí porque Inés ya está volando. (SUSPIRA) Qué vergüenza, qué vergüenza. ¿Pero qué ha pasado, madre? Que nos han cortado la luz. ¿Otra vez? Qué vergüenza de pueblo, mira que le dije a Vicente en las elecciones: "Por Dios, arreglemos lo de la luz que un día se quedará el pueblo a oscuras". La culpa no es de Vicente. Nos la han cortado porque no la habéis pagado. ¿Cómo que no la hemos pagado? ¿No has pagado la luz? Son cuatro pesetas, esa casa está cerrada todo el año. ¿Me dices a mí? Siempre te has encargado tú de pagar la luz de Sagrillas. No, señor, lo pagas tú. Qué apuro, el pobre Marcial revisando la instalación y me dijo que estaba bien. Si es nueva. El problema era otro. -Y hemos tenido que poner velas como Semana Santa. Pues muy bien, hija, se ponen velas, como Fray Luís de León, yo qué sé, pero... No pasa nada. ¿Y por qué no me has llamado? Sí, te iba a llamar, eso, iba a ir al locutorio para luego estar en boca de todas las vecinas. Mejor no, si encima en Sagrillas piensan que somos morosos terminan sacándonos. Herminia, por Dios, tenga cuidado que están las niñas de Miguel durmiendo. Bueno, te preparo un café. No, yo me voy a mi cuarto. Tanto derroche, tanto derroche, ya sabía yo que esto no traía nada bueno. Ay, señor, señor. Mi abuela había vivido de todo, la monarquía, la República, la guerra, la post guerra, y aunque alguna vez no hubiese tenido qué llevarse a la boca, era tan honrada como la que más y para ella deber una factura era casi como el peor de los pecados. Y es que no importaba lo bien o lo mal que nos fuesen las cosas, ella siempre estaba ahí para recordarnos de dónde venían los Alcántara. Tú dirás lo que quieras, pero a mí no me convencen estas máquinas. ¿Cómo se va a comparar la limpieza de un lavado hecho a mano con un jabón como Dios manda y con fuerza a esta...? A ver, a ver, ¿seguro que no la has lavado antes en la pila? Pero si tú has visto cómo metía la ropa en la lavadora. Ya, pero es que... ¿Qué? No, nada, nada. ¿Tú no ibas a hacer tu colada en el lavadero? Pues hala. Yo, sí, bueno... ¿Qué te pasa ahora? Aunque mi abuela siempre se resistió al cambio, no le quedó otra que adaptarse al os nuevos tiempos. Pues yo, hija mía, en vida de tu padre, que en paz descanse, me pasaba un susto cada mes pensando que me podía haber quedado embarazada. Claro que me hubiera gustado tener más hijos, pero, hija, el jornal es que no alcanzaba para nada. Yo, que Dios me perdone, pero si en mis tiempos hubiera habido esa píldora... me parece a mí que yo también la hubiera tomado. ¿De verdad? Me dejas de una pieza, madre, de verdad que cada día me sorprendes más. ¿Por qué?, los tiempos cambian, no sabes la suerte que tenéis las de ahora, pero bueno, una suerte como no os podéis imaginar. Se me van a pegar las lentejas. Así era mi abuela, una mujer de mucho punto y pocas palabras, todo experiencia y sabiduría, una persona que rara vez perdía los nervios. Le he comprado unas pastitas para la merienda. Tome el café. ¿Le pongo azúcar? -A mí el café me gusta de puchero. ¿Pues sabe una cosa, Purificación? Que no la aguanto más, ¡que no aguanto ni una paja que se mueva! Me ha quitado usted mi cama, me ha quitado mi sitio en la mesa, y me he mordido la lengua por no contestarle, se pasa usted el día comparando a mi yerno con su niño de Francia y a mis nietos con su prima y yo no he dicho nada, no le gusta nada de lo que le damos, protesta está usted por todo ¡y hasta aquí llegó el agua! ¡Juro por Dios bendito que cómo no se porte usted como es debido, la tiro por el balcón! -Con razón la llaman en el pueblo como la llaman. ¡A mí no me llaman de ninguna manera! -¿No me diga que no lo sabe? Porque le va como anillo al dedo. ¡Venga, suéltelo! -No, no sea que nos vayamos a llevar peor. ¿Sabe usted de lo que tengo ganas en este momento? De retorcerle a usted el pescuezo como si fuera una gallina. -Pues se va a quedar usted con las ganas, señora. Purificación, mi otra abuela, era de las que no daban puntadas sin hilo y descargaba su profunda amargura por el pasado con todo el mundo, aunque en el fondo tenía buen corazón. -Ven, ven que te vea, hijo, ven. Sí. Diga, madre. -Miras igual que tu padre, hablas igual que tu padre, eres igual de bueno que tu padre, eres tan tonto como tu padre. ¿Dónde vas? A mi abuela Pura, el cuerpo llevaba tiempo pidiéndole tierra, como decía ella, y decidió morir tranquila en su casa del pueblo rodeada de los suyos. Pero no todo fueron penas en Sagrillas, de hecho, el pueblo animó muchísimos de nuestros veranos. -Vaya cuchillos, Paquita, vaya cuchillos. En Sagrillas surgió la chispa del amor entre Paquita y mi tío Miguel. -Yo he venido a esta casa a decirte que estoy enamorado de tu hija y que me quiero casar con ella. -Cago en... -¡Ah! -Joder. -Miguel, ¡Miguel! Padre es usted un animal. -Qué leche me ha dado. Y allí mismo, superadas las trabas, dieron el paso. Aplausos. -¡Guapa! Qué raro que no conteste a estas horas. ¿Pero no sería mejor que te llamara él a ti para felicitarte, que no tú a él? No, madre, porque está durmiendo, ¿no ves que le gusta escribir por la noche? ¿Le habrá pasado algo? ¿Qué le va a pasar? Que está dormido como un tronco, eso es lo que pasa. ¿Y la argentina tampoco está? Pues no sé de la argentina, ¿qué voy a saber? Ya están ahí. Puerta. Ay, ay, ay. -¡Hola! Felicidades, mamá. ¿Qué tal? -Hola, muy bien. Te veo más delgadita. -¿Sí? Pues si no he parado de comer, cinco días sin parar. ¿Y mi nieto cómo está? Pues por lo visto muy bien, Herminia, de vacaciones nocturnas, ¿no? No digas eso que está trabajando. Sí, por lo visto hasta herniarse. -No malmetas, papá, que Tony está muy bien. ¿Cuándo va a volver? -Pues no lo sé, pero yo creo que pronto no. Ni lo sabes tú ni lo sabe nadie, es lo que pasa en esta casa, siempre falta alguno. ¿Te ha llamado para felicitarte? No, todavía no. Ya. -Bueno, mirar lo que he traído. ¡Anda! ¿Eso qué es el regalo para tu madre de parte de Tony? -No, esto es para Oriol. Qué bonito, ¿eh? Y luego pasta. ¡Oh! Oye, qué barbaridad, por Dios, mirad. No sé cómo vamos a guisar esto. -Sí, pero mira, abuela, mira. Uy, madre, eso no cabe en la olla, ¿eh? Esto son espaguetis. Qué barbaridad. -Abuela, he traído algo para ti. A ver. Ay, gracias, hija, una foto del Papa. -Claro. Bueno, a ver si nos dura. Ya te dije que no te llamaba ni te mandaba nada. Me va a llamar, hombre, que me va a llamar, conozco yo a mi hijo mayor. Anda, siéntate, cuéntanos qué habéis hecho. Aquel viaje a Roma supuso un soplo de aire fresco para mi hermana después de tantos meses de lucha para superar su adicción y volver a encontrarse a sí misma Una búsqueda que mi hermana ya había iniciado años atrás y que la llevó hasta lugares como Londres, donde para disgusto de mis padres, ella creía haber encontrado su sitio. ¡Ahora mismo te coges el primer avión para Madrid! ¿Me oyes? ¡Ahora mismo! -No me grites. ¡Claro que te grito! ¿Tú sabes el disgusto que tiene tu madre? Y que tengo yo. -Que no voy a comprarme ningún billete porque me quedo. ¿Cómo que te quedas? -Sí, más tiempo. ¿Cuánto, Inés, cuánto? Aquella decisión fue el primer paso en el vacilante camino de búsqueda y transformación que empezaba a recorrer mi hermana. Al poco de volver de Londres Inés sintió de pronto el gusanillo por los escenarios. -Madrugaba mañanitas de San Juan a darle agua a su caballo a las orillas del mar, mientra el caballo bebe cantaremos un cantar. De actuar en la parroquia pasó a pisar otros escenarios más importantes, llegando incluso a salir en un "Estudio 1". Verla actuar en la tele alivió un poco a mis padres que no veían con buenos ojos ese de que su hija se metiera a artista. -El señor Cristo bajó echando chispas por la escalera. (SUSURRA) ¿Has visto qué bien lo hace tu hermana? sí. Pero mi hermana seguía buscando y un buen día decidió romper con todo y marcharse a Ibiza a vivir en una comuna hippie. Y de nuevo mis padres fueron en su busca. -A mí ya no me interesa seguir estudiando y yo quiero estar aquí porque... porque he encontrado lo que estaba buscando. ¿Aquí lo que estabas buscando? A pesar de su empeño, los esfuerzos de mis padres fueron baldíos. Pero esa vida tampoco convenció a mi hermana, que a su vuelta, y quizás por aquello de no elegir nunca el camino más fácil, encontró al que sería el gran amor de su vida, Eugenio, el párroco de nuestro barrio. -Nos queremos y hemos decidido... -Pues eso, casarnos. -Hemos decidido casarnos. Suelta ahora mismo la mano de mi hija, Eugenio. Que sueltes ahora mismo la mano de mi hija. -Antonio... ¡Antonio, Antonio! ¡Cálmate, por favor! ¿Cómo que me calme? Que no, hombre, que no, hombre, que no, ¿que es eso de casarse? ¡Que no! Superadas las trabas familiares, que no fueron pocas, mi hermana y Eugenio, que se salió de cura, pasaron por la vicaría, aunque eso sí, a su manera. Con Eugenio, mi hermana parecía haber encontrado al fin la estabilidad, sin embargo, y pese a que se quedó embarazada, los problemas entre ambos no tardaron en llegar y terminaron por separarse. A partir de ahí, mi hermana Inés decidió marcharse al extranjero: París, Colombia y finalmente Argentina. A su vuelta llegó muy cambiada y con un terrible secreto que tardaríamos demasiado tiempo en descubrir. Me cago en la mar con las dos cerraduras. Antonio. Hombre... Pero si está aquí Eugenio, ¿cómo estás? Hijo, qué alegría verte. -Lo mismo digo, Antonio, Cago en la mar, mira Eugenio, si parece un hombre y todo. (SE RÍEN) ¿Qué hacéis aquí? Pues nada, me he encontrado a Eugenio y hablando, hablando... -Aquí, charlando. Todos luchamos a brazo partido para que mi hermana saliera adelante en lo que fue el mayor desafío de toda su existencia. Poco a poco Inés empezaba a recuperarse y a tomar las riendas de su vida. Bueno, esto ya está, a ver cómo me ha quedado. Me parece que se ha quedado un poco crudo el arroz, le falta un hervor. Huele muy bien. A ver. A ver, ¿qué llevo ahora? Bueno... No, no, que le falta un poquito. Lleva los platos. Merche, voy a abrir esta botella de vino Timbre. que tenía guardada de un regalo... Anda, ese va a ser mi hermano. Menos mal que viene porque si no le entregamos las niñas ya casadas. Tú callado. ¿Busca usted unas niñas? Porque no hay pan duro. -Anda, abre, abre. Vaya horitas. -Yo qué quieres que le haga, menudo embotellamiento de entrada a Madrid. ¿A qué huele? A paella. -¿Paella? Sí, hemos hecho una paella porque es el cumpleaños de tu cuñada. -¿Cómo no me has dicho nada? Porque cumple medio siglo y no quiere que se lo diga a nadie. -Pero, Merche, por el amor de Dios, feliz cumpleaños. ¿Cuántos cumples? 50, ya te lo he dicho, 50. -Pero hombre, si 50 años te sientan de maravilla. Vamos a ver esa paella. ¡Me cachis en la mar! Déjala que le falta un poquito. -Paella valenciana, un poquito el arroz. A ver. ¿Está sosa? -Está en su punto, Merche. ¿De verdad? -Nadie hace la paella como tú, qué punto tiene. Pues a ver si tomas nota para tu bar, de verdad. -Hija, ven, que hay que poner un plato para el tío. -Que no. Dame un beso. -Hola, tío. -No me puedo quedar, he dejado a Paquita con Diana y las mellizas tendrán que dormir. Las mellizas están dormidas con María y no las vas a despertar, que me ha costado mucho dormirlas. -¿Están dormidas? Ya habréis visto, son unas santas, ni os habréis enterado que estaban. ¿Eso en qué diccionario lo has leído? -Eso me ha dicho Paquita que diga y yo lo digo. Si me dicen una cosa yo la digo y ya está. ¿Qué tal el entierro? -Muy bonito. No me mire usted así, Herminia, de verdad, todas las monjitas cantando a coro, Paquita llorando, una maravilla de entierro. Pobre Enriqueta, que en paz descanse. -Y que en paz descansemos nosotros. Dejaros de entierros. Mira, hermano, estaba abriendo este vino que me regalaron cuando tu hermano era alguien en la política, ¿entiendes? -Caray, buen Ribera, sí, señor. -Hola. -¡Pero bueno! ¡Qué sorpresa! -¿Sorpresa, no? ¿Pero qué haces aquí? -Pues que he dicho: "¿Qué hago yo en Roma si hoy cumple mi madre 50 años?". ¡Que ha venido el heredero! -¡A ver! -Muchas felicidades. Ay, qué alegría tan grande. Es que no te esperaba, hijo, perdona. Ay, qué alegría, qué alegría. Bueno, vienes para quedarte, ¿no? -No, me tengo que ir mañana. -Hola, pícaro, ¿qué pasa? Estos pelos son la moda. -Esos pelos, menudos pelos, malos pelos. ¿Qué tal, sobrino? -Bien. Hola, hermanita. -Hola, gracias. Inés, hija, ayúdame con las copas. -Sí. -Venga, vamos con el arroz, venga todos, que se nos pasa. Venga esta paellita buena. Josete, venga, salvamanteles, ahí. Venga, hala. A ver, ¿quién necesita copas? Toma, hermano, pásalas. -A ver, venga. Qué buena pinta. ¿Y tú sabías algo? -Hombre, claro que lo sabíamos. -Venga, venga. Toma, Josete. -A ver, abuela. Qué pinta tiene la paella. -Buenísima y cómo huele. -Ay, que vinito más rico. ¿Tú quieres vino? -Poco, a los niños poco vino. Cállate la boca. -Que se ponen muy tontos. Si les gusta el vino que tomen vino. ¿Tú quieres? Yo sólo un poquito para brindar, ya, ya. Risas. -Venga, Herminia, no disimule. Vamos a hacer un brindis. Por mamá, que a pesar de que estamos celebrando sus muchos años, todavía parece que tiene 17, como cuando la conocí. (TODOS) -Oh... Y que sepas otra cosa, Merche, a pesar de que todo esto ha sido casual, es mentira, estábamos todos conchabados para celebrar contigo tu 50 cumpleaños. ¿Estabais todos conchabados? Todos menos mi heredero, que no sabía que venía. Así que lo del corte de luz en Sagrillas, ¿madre? Ha sido idea de tu marido, no veas el trabajo que me ha costado decir tantas mentiras. Risas. ¿Y tú, lo de las llaves del coche? A ver, nosotros teníamos pensado llegar a esta hora pero nos hemos adelantado. Os habéis adelantado, ya. -Prácticamente lo mismo que yo, minuto arriba, minuto abajo. Te voy a decir una cosa, yo con lo de la loba y lo de la difunta pensé que no llegabas. -Me pierde un paella. (SE RÍEN) Y ahora la parte menos romántica, Merche, tal como están las cosas, excepto el regalo que te ha traído tu hijo de Italia, no hay más regalos. ¿No hay más regalos? No. ¿Tú qué te crees, qué mejor regalo que este? (TODOS) -¡Oh! Por la milano real. -No, papá, por la mejor madre del mundo. Eso es. Parece mentira cómo pasa el tiempo, en aquel entonces estábamos a punto de entrar en una nueva década, la de los 80, y yo estaba cada vez más convencido de que si la vida eran cuatro días, como decían mis padres y mi abuela, había que aprovecharla al máximo y disfrutar de momentos como aquellos. Venid para acá, todos juntos. Habíamos hecho el mejor regalo posible a mi madre, estar todos juntos para celebrar con ella su 50 cumpleaños, porque a pesar de todos nuestros problemas, nuestras regañinas, broncas y desencuentros, la verdad es que los Alcántara, como casi todo el mundo, como mejor estábamos era en familia, el lugar en el que tienes tu sitio y todo cobra sentido, y sobre todo, el lugar donde quieres y te quieren.

Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 216

15 sep 2011

Diez años y un día 

Se  cumplen 10 años del inicio de la serie Cuéntame cómo pasó y este capítulo especial pretende transportar al espectador al pasado, a los orígenes de nuestros personajes, recordando todos esos momentos emotivos, divertidos y emocionantes que se han vivido en estos años. "Diez años y un día" arranca en agosto de 1979, con Antonio parado y con la familia Alcántara atravesando un mal momento económico. Este año no se han podido permitir unas vacaciones y Antonio ha preferido no ir a Sagrillas con María y Herminia para no dar que hablar. Lo que en un principio parecía que iban a ser unos días aburridos de agosto se convierte en la oportunidad para Antonio y Mercedes para pasar tiempo solos, ya que Carlos se va de acampada con Josete e Inés ha ido a visitar a Toni. Casi como si fueran novios, Antonio y Mercedes darán rienda suelta a su pasión y organizarán una cita para celebrar que están solos y también que Mercedes cumple 50 años. Juntos recordarán lo maravillosa y a veces lo difícil que ha sido su vida en estos últimos años.

 

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  1. BossFran

    Para Ana e Imanol, para todos los actores de la serie y el equipo. En 33 días he visto 219 capítulos y el 179 dos veces. Si es un récord no lo se. pero..........si una gran compañía, olvidar, no pensar en problemas. Y recordar muchas cosas de cuando yo era pequeño. Lo que hace el estar solo, la tristeza y la desesperación, el no tener trabajo, pero ha hecho poder meterme dentro y olvidarme de todo, no pensar y seguir y seguir. Seguramente no se entenderá, pero yo se a que me refiero. A la serie la puntuaría del uno al diez, con un 15. Me he reído mucho y he llorado. Mercedes una gran mujer, madre, esposa y amiga. Es curioso como les puedes coger cariño a personas y a los personajes sin conocerlos y sobretodo que ellos no te conocen. Antonio un gran hombre, trabajador, buen marido, amigo y hermano, con sus errores como todo el mundo, pero tiene una cosa muy buena que pocas personas la tiene, Que sabe pedir perdón y reconocer sus errores. Una saludo a todas las grandes personas y actores que ya no están, que DIOS los bendiga.

    14 may 2015
  2. Malu

    cuentame como paso es de lejos la mas elaborada serie que he, tenido la suerte de ver ; y tratandose de la historia de España OLE!!! Mi abuela fue una de los tantos perseguidos politicos que tuvieron que uir de una España Franquista y perseguida. Refugiandose en el exilio en la Republica del Peru por aquellos tiempos llegando por barco. Me identifico con Merche pues cuando de mi familia se trata no dejo titere con cabeza. Deseo que Cuentame nunca acabe. Aun queda mucho pan por rebanar en nuestros tiempos. Felicidades a todosen Cuentame! Y que nos sigan contando por muchos mas años!!!!!

    02 jul 2012
  3. efe gomez

    Mi comentario... que puedo decir 45 años un hombre duro curtido y esta serie me remueve el alma, Antonio y Merche son mis heroes todos los capitluos desde el primero al ultimo especialisismos que libretos que guion............

    21 oct 2011
  4. Laura Contreras

    Es una serie maravillosa!! De lo poco bueno que transmiten en México...tengo años de verla,solo que se han quedado en el capítulo 125!!buuuaa ansió ver lo que sigue ojalá que no termine porque efectivamente faltan muchos acontecimientos históricos. Saludos madre patria!!!

    16 oct 2011
  5. RAFA

    Fantastica, sensacional serie que no debería terminar jamás. O al menos hasta que pasen tiempos tan significantes como el 23 F o el mundial de futbol. He oido que Imanol arias dice que esta es la última temporada. Imanol, recapacitad todos y no nos dejeis en la estacada a estas alturas.

    02 oct 2011
  6. luis

    Cuando llegue a España de Argentina, comence a ver esta serie, fue el capitulo uno............hasta hoy. Muchas gracias.

    01 oct 2011
  7. Me gusta cuentame

    Me encanta CUentame, pero por favorrrrrrr, no más música de cabecera gitanoide. Ya tuvimos a Pitingo, a Rosario, ahora a Estrella Morente, cansa y marea. Un respiro de gitaneo, por favor. Entiendo que al que elige la música le deba encantar el flamenco, pero debe entender que no a todos nos gusta.

    30 sep 2011
  8. Montse de Canarias

    Me encanta, es genial que dure toda la vida!!!!!!

    28 sep 2011
  9. Alicia

    Mi enhorabuena a las personas que han tenido la brillante idea de volver a tener en pantalla tan magnífica serie. La he seguido desde el capítulo 1 y durante todos estos años no me he perdido ni uno y lamenté mucho cuando acabó. Actualmente la estoy mirando nuevamente en CLAN, los dos capítulos del domingo, espero y deseo que tengamos Cuentame por muchos años, gracias !!!!

    21 sep 2011
  10. Francisco

    Donde he estado, la he seguido. La tele, internet, DVD, todo. La verdad es que la serie es buenísima, camina junto a los recuerdos de cuando era pequeño y me recuerda que, al final de todo, la familia es principio y fin. Gracias por la serie, y que siga, que hay historia para rato!!!!

    20 sep 2011
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