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Subtítulos de Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 232

Cuéntame... Cómo te ha ido en tu viajar por ese mundo de amor. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido... Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. Cuéntame cómo te ha ido, si has conocido la felicidad. (NARRA) En el curso de la vida, a menudo uno tiene que escoger qué camino tomar. A mi madre le habían arrebatado esa capacidad de decisión. De pronto la vida le mostraba que es la que manda y decide. la que nos enfrenta a una realidad inesperada que nos deja exhaustos. Por eso, para que tomara fuerzas nada más terminar una de sus sesiones de quimioterapia y antes de que tuviera que afrontar la siguiente, decidimos marcharnos al pueblo con ella unos días. -Herminia, ya sé que él lo ha pasado mal. Ya lo sé, no estuvo bien esto de venirme al pueblo un tiempo. ¿Un tiempo? Cinco meses, Paquita. -A ver, Herminia, mi padre estuvo muy delicado. Sí, sé que no me porté bien con Miguel, pero eso no justifica que esté como está, que no parecemos ni casados. No me pone la mano encima desde ni me acuerdo. No hace falta que seas tan precisa. -Herminia, si es que es acostarse y darse la vuelta y dormirse, que no hay un beso, una caricia, un pellizco, un achuchón. Que no entres en detalles, mujer. Y ya está bien. -Bueno, ¿y qué hago, Herminia? -Abuela. ¿Falta mucho para que llegue mamá? No, hija, estarán al venir. -¿Tantos almohadones? Sí, hija, sí. Tantos... Las noches son lo peor. -Ay, ¿y qué dice el médico? Pues ¿qué va a decir? Le están poniendo una medicina muy fuerte, que la deja muy cansada y que... Luego te lo cuento, que hay ropa tendida. -Claro. Campanada. Campanada. Campanada. Campanada. Campanada. Campanada. Campanada. Campanada. Campanada. Campanada. Campanada. ¿Cómo estás? Estoy bien, tranquilo. -¡Mamá! Acuérdate de lo que te dijimos sobre mamá, está muy débil. Trátala con cuidado. Cariño. Hola, hija. Aquí tienes a tu niña, Merche. Qué bonita. Tenía ganas de verte. -¿Ya has visto a Campanilla? No, todavía no. Por eso he venido al pueblo, para buscarla contigo. Tienes que estar muy atenta, ¿eh? -Herminia, la veo peor. Paquita... -Tía. Tía, ¿qué tal? Bien. -¿Bien? Sí. -Le preparo un caldito para que se le temple el cuerpo. ¿Cómo estás, hija? Bien, madre. Un poco cansada por el viaje, pero bien, bien. ¿Cómo no vas a estar cansada? -Venga, vamos. ¿Qué te han dicho? Lo de siempre, Herminia. Que tengamos paciencia, que esto es así y que tenemos que pasarlo. Dios te oiga, hijo. Golpes en la puerta. -¿Se puede? -Hola, Tony, ¿ha pasado algo? -No, nada, he hablado con papá y han llegado bien a Sagrillas. ¿Vas a comer con alguien? -No. -Bueno, te invito, si quieres. Hasta las cinco no voy a la radio. -Vale, pero dame un minuto, que recojo aquí. -¿Estás sola? -Sí. Hoy hemos acabado pronto las clases. Yo me he quedado a trabajar. Así me entretengo un poco. -¿Ya tienes sustituta para Pascual? -No, todavía no. No se sabe nada. Bueno, me quito la bata. y nos vamos, ¿vale? Ay, hija. Anda, Mercedes. No sabes la de gente que ha preguntado por ti. Carmen, la del deshielo, tu primo Augusto, Remigio el fontanero, hasta los del hogar del pensionista. No sé cómo se han llegado a enterar. Ay, la gente se ha volcado con nosotros. -Ya, según para qué y cuándo, ¿eh? Para contar chismes también se vuelcan los primeros. -¿Se puede? Adelante, adelante. Acabamos de llegar. -Lo sabemos, hemos visto el coche. Creemos que es una buena señal. Mercedes ya está aquí, en el pueblo. -Mercedes. Es por la quimioterapia, pero, vamos, me volverá a salir. -Claro que sí, además estás muy guapa con el turbante. Muy moderna, se lleva mucho el turbante. No me hagas reír. Tú también estás muy guapa. -Ya verás cómo descansas estos días. No hay como el pueblo para descansar. -Tía, a comer, que le he preparado el caldito. No quiero, no quiero. Gracias, pero no tengo hambre. Que sí, Mercedes, come algo. Madre... Te quedas en los huesos. No, que todo me sabe raro. Me sabe como a metal. Mamá, ¿y un poco de jamón de york con mantequilla? No, gracias, hijo, de verdad que no. Alguna vez tendrás que comer. No puedes estar así. Anda, déjame... Están de pesados con lo de comer... ¿No os sentáis? -No queremos molestar a Mercedes. Ya nos íbamos. Paca, ¿dónde está mi hermano? -Pues no sé, por ahí. ¿Cómo que por ahí? -Se pasa el día caminando por el monte, tío, como una cabra. Menos mal que Dolores me echa una mano con las niñas, que si no... ¿Es que está de régimen? Esto ya está. Ya está, Merche, esto ya está. -Qué entretenida vas a estar, con tele y todo. Mercedes, como una reina. Antonio. Sí. Estoy un poco cansada. ¿No quieres ver un poco la tele? No os importa, ¿verdad? -No, por Dios, prima. Tú eres lo más importante ahora. Como si no estuviéramos. ¿Quieres que te lleve al cuarto? Sí. Me ha alegrado mucho veros, ¿eh? Vamos, Milano. Ponte ahí. (PRIMO) ¿Cómo habéis dejado que se marche...? Abre un poco la ventana, anda. Torrente y trinos. ¿Has visto como suena el río? No me había dado cuenta antes. -Pensaba que este fin de semana hemos de ir a ver a mamá. ¿Cómo lo tienes? -Hombre, pues no lo sé. En el pueblo estorbamos más que otra cosa. -¿Cómo vamos a estorbar? A papá le vendrá bien que lo ayudemos y mamá estará encantada. -¿Has hablado con ella? -No, solo con papá. Ya la conoces, con tal de tenernos a todos alrededor, como una gallina clueca, estará encantada. -Bueno, me tengo que ir. -Sí, yo tengo que ir a la radio también. Pero ¿vas a venir o no? -No lo sé, Tony, no sé. Aparecemos todos en Sagrillas y mamá pensará que está peor de lo que está. -Inés, Inés, escúchame. Mamá tiene cáncer. -Bueno, ya, ya. Pero la han operado y el médico dice que va muy bien. Además es muy fuerte. Seguro que irá bien. -Guárdate esto, no seas tonta. He dicho que te invitaba. -Bueno, pues gracias. Hala, pues me voy. Quiero meter unas piezas en la muela. -Vente conmigo a la radio y luego salimos por ahí. -Pues no lo sé. A lo mejor otro día. Hoy quiero trabajar en el taller. -Bueno, como veas. -Ya tienes línea. Tono de llamada. Teléfono. -Sí, vamos. Dígame. Hola, soy Carlos. -Carlos, ¿cómo estás? Bien, en Sagrillas. -Oye, y... ¿tu madre? Escucha, ¿está Arantxa contigo? -Arantxa... Eh, sí, creo que está saliendo de la ducha, un momento. ¡Arantxa! -De la ducha... -Yo qué sé, joder. Coño, quiere hablar contigo, es tu amigo. -¿Ha pasado algo? -No, bueno, no lo sé, no suena bien. -Carlos. Hola, Arantxa. ¿Cómo estás? -Bien. Aquí, liada con todo, ¿y tú? Pues mal. -¿Por qué? ¿Le ha pasado algo a tu madre? No. No ha pasado nada. Pero no está bien. El médico dice que es normal. Pero yo qué sé. No hago más que pensar que a lo mejor... -Carlos, ahora tienes que confiar en el médico. Si te ha dicho que se pondrá bien es que se pondrá bien. Ten un poco de paciencia. Ya. Lo que pasa es que me gustaría ayudar. Y no sé qué hacer. Me siento como impotente. También me gustaría hablarle a mi padre, pero no me salen las palabras. Y creo que a él le pasa lo mismo. Me mira, pero no me dice nada. Solo me sonríe como para darme ánimos. Y yo, pues... me siento muy solo. -¿No tienes ningún amigo en el pueblo? Sí, claro. Supongo que sí. -Pues queda con ellos. Te vendrá bien. Para eso están los amigos, ¿no? Claro. Para eso están. -Carlos, Felipe me dice que mucho ánimo, que te queremos mucho. Te echamos mucho de menos, ¿vale? Gracias. -Ya verás, Carlos, irá todo bien. -Bueno, ahora te tengo que dejar. Un beso fuerte para ti y otro para tu madre. Ánimo. Felisa. -Sí. ¿Me pones con otro número? -Claro, Carlos, dime. 244 38 30. -Entra, que ahora te paso. Tono de llamada. Teléfono. -¿Sí? ¿Dígame? Cariño... Soy Carlos. -Carlos. Tranquilo, Carlos, que enseguida estoy contigo. ¿Eh? Tú no te preocupes. -Pobre Carlos... Pobrecitos... -Ya verás como enseguida se pone bien. -Seguro, bonita es mi prima, la Flaca. Como para dejarse vencer por algo así. Adiós, Remigio y compañía. -¿Sabes en qué anda Antonio metido ahora? -No. -Haciendo banderas. -¿Antonio? -Sí, me lo contó hace un rato. Y se las quitan de las manos, me ha dicho. -Oye, ¿ese no es Miguel? -Sí. -¿Cuántas me has enviado? -Solo dos a la lista de correos, como me dijiste. -Rocío, esto no puede seguir así. No podemos comportarnos como dos niños pequeños. -Lo sé, soy la primera en darme cuenta, pero no lo puedo evitar, no me puedo controlar. No hago otra cosa que pensar en ti. Miguelón, ¿tú piensas en mí? -Por favor, Rocío, no me llames Miguelón. -¿Por qué no? A mí me gusta Miguelón. -Ya, pero no me gusta que me llames Miguelón, te lo pido por favor. -Bueno, vale, no te enfades. Contéstame a la pregunta que te he hecho. ¿Piensas en mí aunque sea un poquito cada día? -Pues claro que pienso en ti. Mujer, ¿cómo no voy a pensar en ti? Me paso todo el tiempo pensando en ti. Ese es el problema, que me siento un miserable por hacerlo. Tengo la familia como la tengo y mientras tanto yo... -Tú ¿qué? -Cuento los días que me faltan para volver a estar contigo. Eso es lo que me pasa. ¡Sí! ¡No, no puedo! Es que estoy en el pueblo. Desde aquí no le puedo solucionar nada. Tiene que llamar de nueve a dos y de cinco a ocho. Gracias. Qué sinvivir lo de las banderas. No tiene uno tiempo libre ni fines de semana ni vacaciones, nada. -¿Cómo te vienes tan lejos a llamar? -No, eh... Estaba dando un paseo y como tenía en la cabeza que tenía que hablar con esta persona, he visto la cabina y así aprovecho y lo hago todo junto. ¿Vosotros de paseo también? -No, volvemos al pueblo -Al pueblo. -Ya, bueno. A ver si ando un par de kilómetros más. A cuidar la salud, que con lo que tenemos, como para no cuidarla. Prescripción facultativa. Bueno, nos vemos, adiós. -¿Qué dice de prescripción «faltativa»? -Este hombre está cada vez peor. Vamos, anda. Antonio. Al menos tú come algo, hijo. No tengo hambre, Herminia. Pues estamos buenos. Se va a quedar entero el caldo que trajo Paquita. No te conviene fumar tanto. Me quedaría más tranquila si viniera a verla don Jerónimo, el médico. ¿Se lo ha pedido ella? No, ¿ella qué va a pedir? Al contrario, dice que está harta de tanto médico. Pero la veo tan débil... ¿Te dijo el médico que es normal que mi hija esté así? Ya se lo dije. Dijeron que iba a ser muy duro. Pero nadie estaba preparado para esto. Es que le veo la cara y... ¿Por qué no te das una vueltecita? Anda. Mercedes está bien cuidada. Paquita y yo no nos movemos de aquí. Ve que te dé un poco el aire. Estoy bien, Herminia. Estoy bien. -Tony. ¿Dónde te habías metido? Llevamos toda la mañana buscándote. -¿Ha pasado algo? -Una explosión en un colegio. -¿Un colegio? ¿Ha sido ETA? -No se sabe, está confuso. Ángela cubre la noticia. Ahora sale para allá. -Puedo cubrirla con ella. Salgo ya. -No, me vendría mejor que fueras a Interior. por si emiten un comunicado. -Coge equipo de grabación y dinero. Igual te tiras allí un rato. -Nada, muy bien. -No quiero que te quedes corta. Quiero salir con la noticia y dedicarle mucho tiempo. ¿Sabes de algún forense que pueda venir? -Eh... creo que sí. -Adiós. (AMBAS) Adiós. -No te estoy hablando de un curandero, Antonio. Ese señor tiene el título de Medicina. -Ha salido en la televisión. -Estuvo en el programa de Íñigo hace un par de años. Ya. -Antonio, si no les hubiera ido bien a nuestros amigos con lo suyo, no te diríamos nada. ¿Qué era lo suyo? -No me acuerdo. Ah, sí, algo de espalda que lo tenía medio doblado. En Madrid nunca me hablaron de otros tratamientos y mucho menos de un curandero. -Por eso... No perdéis nada por probarlo. Si está aquí mi niña. Merche, ¿qué haces levantada? No soporto más estar en la cama. ¿Por qué no nos has llamado? Que puedo, madre, perfectamente. Déjela, Herminia, si puede. -¿Estás mejor, Merche? Mejor, sí. -¿Has podido dormir? Sí , gracias. ¿De qué estabais hablando? ¿Nosotros? De nada, Merche, de nada. ¿De qué? -De médicos. -Uno muy bueno que tiene una cura para... para lo que tú tienes. Para lo que yo tengo. -Sí. ¿Por qué no te vas a dar una vuelta, hija? Si ves a Campanilla, me avisas. -Vale. Ponte el abrigo que hace frío. -Vale. -Dicen que todo es natural, que utiliza hierbas y cosas que él produce. Le contaba a Antonio que por probar no perdéis nada. Por perder, ya he perdido hasta el pelo. Te lo agradezco, Lorenzo, pero ya tiene un tratamiento. que es duro, pero da resultados, ¿verdad? Solo hace falta esperar, tener paciencia. Pues eso, hay que esperar. Hay que esperar. -¿Se puede? -Ay, Rosa. -Ay, Herminia. Qué alegría, hija. Es Rosa, la hija de Benito, el boticario. -Cuánto tiempo, Rosa. Siento lo de tu marido. -Muchas gracias, cosas que pasan. Acabo de llegar y me encuentro que mi padre me dice que Mercedes está... pachuchilla. -Ahí la tienes. -¡Huy! No puede ser. Ay, Merche. Ay... pero... ay... Merche. Qué alegría de verte. -Ay, que no te quiero ver así. Qué guapa estás. -Bueno, te vas a curar. Claro que sí. Gracias por haber venido. -Bueno... ¿Para qué están las amigas si no? ¿Eh? ¿Verdad, Antonio? Claro que sí. Me ha gustado mucho estar con Rosa. ¿Qué dices que le pasó a su marido? Por lo visto tuvo un accidente de coche. Pobrecita. Éramos muy amigas de pequeñas. No podíamos vivir la una sin la otra. ¿Ah, sí? Sí. ¿Y qué fue lo que pasó? ¿Tú me lo preguntas? Sí, te lo pregunto. No te hagas el tonto, hombre. Que tú a ella le gustabas. Y mucho. Ah, ¿yo le gustaba? Me parece que ella a ti también. Te hacía un poco tilín, ¿eh? ¿Ella a mí? Buf... No te hagas el tonto. Era muy guapa y muy simpática. Bueno, lo sigue siendo ¿o no? Pues sí, Merche, y entonces también. Es verdad que le gustaba. Se le notaba. Me veía y se le caían las lágrimas, pero ¿sabes qué, Milano? En cuanto te vi dije: «Esa rubia con esos ojos azules en cuanto pueda, esa va a ser para mí». No digas tonterías. Ponme el camisón, tengo frío. ¿Tienes frío? Pero dímelo, mujer. ¿Has hablado con los chicos? He hablado, esta mañana. ¿Y? Dice Tony que, si todo va bien, el sábado lo tienes aquí. ¿Cómo que si todo va bien? Si no hay problemas, un cambio de ministro, un atentado de la ETA. Es periodista. La que me preocupa es Inés. No me gusta nada que esté sola en Madrid. Ay, de verdad, no está bien. Bueno, no está bien del todo. A ver, Merche, Inés está perfectamente. Además está con Tony, tranquila Tony. Tony tiene su vida, lo acabas de decir, es periodista. Pero ella... No sé, me gustaría que estuviese aquí conmigo. Tú también tienes tu vida, Milano. ¿Por qué no dejas que por esta vez te cuidemos nosotros? Qué remedio. Gracias. ¿Estás bien? ¿Por qué no vamos al médico que dice Lorenzo? Está cerca y no perdemos nada. Solo tengo un poco de frío. No quiero más médicos, se acabó. Debes tomarte el jarabe. Ay, por Dios... Abre bien la boca. ¿Qué haces? Chuparlo por si acaso, Merche. Mi madre también lo hacía y nunca se ponía mala. Qué tonto. Eres más tonto... (AMBOS RÍEN) A ver si va a ser contagioso esto. No me hagas reír, que me duele. Desde luego estoy hecha un cristo. (AMBOS RÍEN) Ay, Antonio. Te voy a decir una cosa. Yo no me menospreciaría. Por primera vez tengo las dos manos ocupadas Antes siempre me sobraba una. Ay... -¿Se puede? Adelante. -Buenas noches, Herminia. ¿Qué? ¿Qué tal está Mercedes? Ahí sigue. A ver cómo pasa la noche. -¿El médico de Madrid que dice? Lo de siempre, que es una cosa muy larga, que tengamos paciencia. (CHISTA) Se ha quedado dormida. -¿Se encuentra bien? Ven un momento. -¿Qué pasa, eh? Ella está bien ¿y tú, cómo estás? -Muy bien. Dice tu mujer que desde que estás en Sagrillas andas todo el día dando paseos. -Bueno, todo el día, todo el día... Salgo a pasear y a andar un poquito para mantenerme en forma y aprovecho y pienso en mis cosas. Y llamas por teléfono. -Alguna vez llamo... Me ha dicho Lorenzo que te vio hablar en la redonda, en la cabina de las afueras. -¿Qué pasa? ¿No puedo llamar desde donde me dé la gana? A según qué personas no. -Mira, Antonio... Si llamo por teléfono, es a clientes del negocio de las banderas. Te recuerdo que también es tuyo. Si no llamo desde el locutorio, es porque no me da la gana de que Felisa se entere de lo que hacemos o dejamos de hacer en el negocio. ¿Crees que me chupo el dedo? ¿Sabes más del negocio estando aquí una semana que yo, que llego hoy? ¿Crees que soy tonto o qué? (CHISTA) Hablad bajito. ¿Qué pasa? ¿Sigue otra vez? -Antonio, no tengo por qué darle explicaciones de mi vida a nadie. Por favor, no te metas en mis asuntos. No me meto, pero escúchame. No quiero ni un escándalo con Merche en el pueblo. Al mínimo comentario, Miguel, te arranco la cabeza. Que no estoy para chorradas. ¡Ni una! Se va. -Hasta mañana, Herminia. Adiós. Ya se va. Este hombre no escarmienta. -¿Inés? Es muy tarde, hijo. ¿Por qué no te vas a dormir? Prefiero quedarme aquí contigo, si no te importa. No, no me importa. Toma, ¿quieres? Anda, ven. No tengas miedo, hijo. El miedo es lo peor. (NARRA) Hacía mucho tiempo que no sentía a mi padre tan cerca. Hundía mi cara en su pecho y aspiraba el olor de su loción que me traía a la mente los días de la infancia en los que el mundo era un lugar seguro y feliz, donde no había sitio para el cáncer, el dolor o la pena. Junto a él, el mundo parecía algo borroso y distante y yo me sentía inmune a todo mal. Mi padre velaba por todos nosotros. Ladridos. Canto del gallo. Antonio, Antonio, Mercedes tiene mucha fiebre. Voy a llamar a Carlos para que vaya a por el médico. Bien. -¡Inés! ¡Inés! Inés... Vas tan rápido que no hay quien te pille. ¿Qué tal está tu madre? -Bien, ahí está la mujer. Mejor. -¿Mejor? -Sí. -No sabes lo que me alegro. La medicina está funcionando. -Bueno, eso parece. -Pues, bueno, que me alegro muchísimo, la verdad. Y estará allí en el pueblo tan bien, ¿no? Como la está cuidando Herminia, porque está allí, ¿verdad? -Sí, está allí mi abuela, mi padre, mi hermano pequeño. Está bien cuidada. -Ayer cuando la vi... metiéndose en el coche, la vi... tan desmejorada, tan debilucha... -Me tengo que ir. He quedado y no quiero llegar tarde. Vale, venga, adiós. -Bueno. Lo siento, ¿eh? -Nada. -Si la ves, le das un besito y le dices que en el barrio la echamos de menos. -A ver, tampoco... No nos alarmemos. Es un catarro normal y corriente. Solo tiene unas décimas. Ya, entonces ¿no es nada malo? -Lo malo es lo que de por sí tiene su hija, Herminia. Está muy débil y está expuesta a cualquier infección. Para curarnos en salud, vamos a recetarle unos antibióticos. Pero le avanzo que lo importante es recuperar el ánimo, las ganas de vivir. Carlos, hijo, vete a la botica a por antibióticos. Toma, mil por si acaso. -Miren, yo solo soy un médico de pueblo, pero... la experiencia me dice que en estos casos importa lo mismo la medicina como la voluntad del enfermo de curarse. Pues voluntad no le va a faltar, para eso tiene a la familia. -Pues eso es lo que importa. Bueno. -En estos momentos es fundamental el apoyo de la familia. Si la fiebre persiste, me llama y vuelvo enseguida. Si no, vuelvo esta tarde a ver cómo sigue. Lo acompaño. Vaya usted con Dios. Ay... Teléfono. -Inés. Teléfono. -¡Inés, coge el teléfono! Teléfono. Teléfono. Teléfono. Teléfono. -Va. Va, va, va. Teléfono. Teléfono. -¿Dígame? Tony, hijo, ya iba a colgar. ¿Dónde os metéis? -Papá, estaba durmiendo, acabé muy tarde en la radio. ¿Mamá está bien? ¿Mamá? Está muy desanimada, Tony, hijo. ¿Cuándo piensas venir? -Había pensado en el fin de semana, pero puedo pedir permiso en la radio e ir antes. Pues pide permiso en el trabajo, hijo, anda. Haz algo alguna vez sin que yo te lo diga, por Dios. El médico dice que es importante que estemos aquí con ella. ¿Está por ahí tu hermana? -Eh... No lo sé, papá. No ha cogido el teléfono. Se habrá ido cuando yo dormía. Pues hazme un favor, hijo, dile a tu hermana que se venga contigo, anda. Mamá se pondrá muy contenta si la ve aquí. No creo que le cueste tanto faltar al trabajo. -Eh... Sí, por eso no te preocupes, ¿eh? Dale besos a mamá y esta tarde estamos ahí. Yo le doy un beso fuerte, hijo, y le digo que venís esta tarde, por Dios. Venid esta misma tarde, con cuidado, pero esta tarde. -Bueno, un beso, papá, adiós. Adiós, hijo. -Herminia, pues si no me quieren para nada más, nos vemos a las ocho. Muchas gracias, Eusebia. ¡Carlos! ¡Carlos! ¿Sí? Ven, están aquí tus amigos. Bueno... (RÍE) -Buenos días. -Hola. Dichosos los ojos... ¿Cómo estás, hija? -¿Qué tal? ¿Cómo estás? ¿Cómo va todo? Bueno, ahí está. Ahora está dormida, creo que le acaban de poner la inyección. ¿Por qué no te das una vuelta, eh? Y le enseñas el pueblo a Karina. ¿Seguro? Sí. -¿Sí? Gracias. ¿Y si hace falta ayuda o algo? Tú estate tranquilo, aquí no van a faltar manos para lo que me haga falta. Anda, lleváoslo. Le hace mucha falta tomar el aire. Sí. -Eso está hecho. (KARINA SUSPIRA) ¿Qué tal el viaje? -Bien, bueno, aquí, tu amigo, me ha dado un viaje... Madre mía. No paraba de hablar, ¿eh, Josete? -Una hora de reloj esperando el bus. -Ya... -Un trasbordo en Albacete... Canto del gallo. -Están en escabeche, Herminia, que así no se estropean. Así, si no se las toma hoy, las puede tomar mañana, pasado... o cuando le entre apetito. Se comen solas. Pues muchas gracias, Paquita, hija. -De nada. -Y esto también. -Ah, sí, he hecho torrijas también, con leche y con vino porque no me acordaba cuáles le gustan a la tía. Porque vino puede tomar, ¿no? Pues no nos han dicho nada. -Igual las perdices están un poco sosas. Le he dicho a Paquita que ponga poca sal por la tensión. Huy, si la tiene bajísima. -Ya, pero como he visto que en los hospitales, a poco que uno tiene algo, le quitan la sal... -Hola, tío. Hola, muy buenas. ¿Todo bien, Herminia? Igual, pero está tranquila. Ah. La voy a tener que dejar sola unas horas, Herminia. ¿No le importa? No, nada. Vete adónde te tienes que ir. Bueno... Me voy a Cuenca. -¿A Cuenca? ¿A qué? A ver al médico ese que me ha dicho Lorenzo, ¿yo qué sé? -¿Me voy contigo? Pues vente ya, pero ya. Adiós. -Sí, vamos. Pues nada, que me voy con mi hermano. No sé si tengo para el camino. Bueno... Adiós, ¿eh? Bueno... Id con Dios. -Adiós. -Pues lo peor es mi padre, que no para de darme la tabarra para que no deje la carrera. Cómo se nota que no tiene que aprobar Cálculo de primero. -¿Has pensado qué vas a hacer si lo dejas? -No sé, supongo que me montaré un bar como este y me forraré. Como si fuera tan fácil. -Bueno, pues me hago azafato. (RÍE) (KARINA RÍE) -¿Azafato? -Claro, azafato, pero ojo, de vuelo. Así conozco mundo y no tengo que fichar todos los días. Hasta luego, tío Sixto. -Hasta luego, Carlos. -Hasta hace dos días querías comprar un barco y dar la vuelta al mundo. -Claro, y lo pienso hacer. Además Carlos vendrá conmigo, ¿sí? Es que si no lo hacemos ahora, no lo vamos a hacer nunca. -Cuántos pájaros en la cabeza. ¿Cómo vas a llamar al barco? -Yo había pensado algo así como La sirena de san Genaro. (RÍE) -Qué nombre más feo, Josete, por favor. Mirad, este es el pilón. Aquí echan a los forasteros que se ligan a las chicas del pueblo. Esto está más frío... -Y si una forastera se enamora de un chico del pueblo, ¿también va al pilón? Pues claro. Oye, ¿y por qué no lo llamas El fugitivo? -¿El fugitivo? Me gusta, como en la serie. Claro. -¿Qué serie? ¿Cómo que qué serie? -No me digas que tú no veías «El fugitivo». Nuestra serie favorita. (NARRA) Quizás otros hubieran optado por consolarme con los consabidos «No te preocupes, ya verás como todo irá bien». Mis amigos, sin embargo, pensaron que podían hacer otra cosa mejor, podían hacerme olvidar, aunque solo fuera por un breve rato, la enfermedad de mi madre. Por un instante volví a sonreír y a pensar que la vida está llena de bellos momentos que merecen la pena. Por todos esos recuerdos y por ayudarme a evocarlos cuando más los necesitaba, les estoy eternamente agradecido. (MIGUEL) En la desviación a Tobarra, si no te importa, te desvías un momento y paramos en Tobarra, ¿eh? Ah, ¿vamos a Tobarra? -Sí, pero un momentito nada más. ¿Para hacer una cosa? -Sí, ir a la oficina de Correos, recojo algo allí y seguimos para Cuenca, un momentito, cinco minutos. Muy bien. -Oye, que te has pasado la desviación de Tabarra. Ya. -¿Cómo? ¿No escuchas lo que te digo? Escucho perfectamente lo que dices, pero no me da la gana entrar en Tobarra. ¿Quieres preguntarme por qué? -No. No preguntas por qué porque sabes lo que voy a contestar. -Sé muy bien que tengo una familia, una mujer, unas hijas y a vosotros, y que son cosas que tengo que defender. Quiero mucho a Paquita, entérate, y lo voy a defender, Antonio. Estoy metido en un problema muy gordo y lo sé muy bien y voy a acabar con esa situación, pero yo solo, cuando quiera, como quiera y donde quiera. A ver si puedes... Por favor, hasta que lleguemos al médico, no me des la tabarra, que nos queda mucho trecho. -No te hubiera costado nada desviarte a Tobarra. ¿No recuerdas lo bien que estaba antes de que le dieran la maldita química? Ella se encontraba bien. No sé, solamente estaba un poco cansada, no le dolía nada. -Hasta tenía buena cara, Herminia. ¿Verdad? -Sí. Tenía que haber seguido con la bomba de cobalto. Ahora no sé qué hacer para que levante cabeza. Se le han quitado hasta las ganas de vivir. Yo creo que lo que le están dando es veneno. -Herminia, tenemos que confiar. La medicina ha avanzado mucho en estos años, mucho. Dios te oiga, hija. ¿Qué haces ahí, cariño? Acércate. Acércate. ¿Qué haces que no estás jugando fuera? -Mamá. ¿Ajá? -Tú no quieres morirte, ¿verdad? No, claro que no. ¿Cómo voy a querer morir? Mira lo que me ha traído Campanilla para ti. -¿La has visto? Sí, se ha asomado a mi ventana. -¿Y qué te ha dicho? Pues me ha dicho que para vencer al capitán Garfio, necesito ayuda. Y me ha preguntado por qué no llevas tú un pañuelo en la cabeza como yo. -¿Así que me ha visto? Pues claro que te ha visto. Si ella es un hada... Me ha dicho que nos tenemos que preparar para vencer a los piratas y que ella nos va a ayudar. -¿Cómo? ¿Cómo? Con sus polvitos mágicos y su campanilla. Tú tienes que estar muy atenta, ¿eh? Cuando oigas la campanita, eso es que está con nosotras y no tienes nada que temer. Ya verás tú, juntas vamos a vencer a los piratas. (SUSPIRA) Anda, sal a jugar. Y abrígate bien. Venga, corre. -Polvo de carne de serpiente de cascabel. -¿El qué? -Clínicamente probado, se trata de un remedio indio que tiene más de mil años de antigüedad. -Perdone, ¿nos está usted tomando el pelo? -Puede que resulte algo extraño, pero piense por un momento en los indios. El cáncer se conoce desde tiempo inmemorial, ¿pero conoce usted algún indio que haya muerto de cáncer? -No he visto a un indio en mi vida. -Pero yo sí. Yo he vivido con ellos en la selva y he visto con mis propios ojos cómo curan sus chamanes. Pero tendría que ver a su esposa para saber el avance de la enfermedad. ¿Y qué iba a hacer con ella? ¿Bailar con un taparrabos o echarle las tripas de una gallina, a ver qué pasa? -Perdone, yo no le he faltado al respeto. ¿Qué no nos ha faltado? No, no es eso. Lo de este, es peor. Es de los que se aprovechan de la gente sin esperanza. Es un listo. -¡Mónica, por favor! -¿Cómo? Vámonos, Antonio. ¿Cómo me voy a marchar? He hecho casi 200 kilómetros para ver a este tonto para que mande no sé qué de una culebra. -Acompañe a los señores a la puerta, que se marchan. -Claro que nos vamos. ¡Vámonos, Antonio! ¡No me da la gana! Es usted un chorizo y un sinvergüenza. ¡Quite el gato! ¡Quite el gato, por Dios! Y váyanse a casa, hombre, que van a perder el tiempo. ¡Quite el gato! Teléfono. Teléfono. Máquina de escribir. -En mal momento nos dejas, joder. Imagino que no hay otro remedio. -Ya me gustaría pero, no. De momento, ni esta tarde ni mañana voy a poder venir. -¿Tienes idea de cuándo podrás reincorporarte? -M“ José, mi madre está muy enferma, yo... Si este fin de semana mejora, el lunes estaré aquí, si no... Estaré con ella el tiempo necesario. Te lo pongo fácil, si me quieres despedir... -Estate el tiempo que necesites. Tennos informado de cuándo vuelves. ¿Quieres? -Quiero. Gracias. -Tony. -Dime. -Que no sea nada. -Gracias, Ángela. Máquina de escribir. (LAS GALLINAS CACAREAN) Timbre de la bicicleta. -Hola, Paquita. -Hola, padre. -¿Está Miguel? -No. -Me han dado esta carta para él en Tobarra. -¿Para Miguel? -Sí. Estaba en Correos y me han pedido que se la acerque. -No, no está. -¿Cómo está Mercedes? He preguntado por ella a Liceria estos días, por no molestar. A veces, la presencia de un cura incomoda, más que ayuda. -Ya. Pues, yo la veo muy débil, padre. Con lo que ella es... Pero bueno... Espero que se ponga bien pronto. -Hija. Dios la protegerá en todo momento. ¿Y tu padre, que hace días que no le veo? ¿Está fuera? -Pues, sí, padre. Está fuera. Está en Benidorm. ¿A usted, qué le parece, con la que está cayendo? -Ten paciencia, hija. Seguro que recapacita y vuelve. -Se está portando como un crío y encima, le tengo que cubrir. Que mis tíos, bastante tienen con la que tienen. Es un egoísta. -Hija... Cuanto mayores nos hacemos, más ganas de vivir tenemos. Y pensamos más en nosotros y menos en el prójimo. -Pero es que yo no soy el prójimo. Yo soy su hija, padre, y necesito que esté aquí. Y luego, Miguel. Que... Que se pasa el día... en las eras. Pensando en... en yo qué sé qué. -Tu familia atraviesa momentos difíciles. Y cada uno los afronta como mejor puede. Bueno. Yo me marcho. Pero ya sabes dónde puedes encontrarme. Paciencia, hija. Paciencia. -Adiós, don Benito. -¡Adiós, Paquita! (SUSPIRA) -¿Dónde estabas? Llevo todo el día intentando localizarte. Ha llamado papá. ¿No te interesa saber qué me ha dicho? -Sí. ¿Está bien mamá? -No, no está bien. Precisamente, ha llamado por eso. Dice... que está decaída y tenemos que ir esta tarde. Yo, ya he pedido permiso. ¿Dónde tienes la furgoneta? (TITUBEA) ¿Hay que ir hoy? -Inés, mamá está peor. ¿Cuándo quieres que vayamos? -No sé. Hablamos de ir el fin de semana, ¿no? Si nos presentamos todos, ¿mamá no va a pensar que pasa algo? -¿Qué va a pensar? -Ella se agobia con la gente, me lo dijo en el hospital, con las visitas se agobia. -Inés, no somos visitas. Somos sus hijos y tenemos que ir. Vámonos. -Eh... (TITUBEA) Voy a buscar las llaves, que las tengo ahí, en la habitación. Ay... Pues, ya está, ya las tengo. Voy al descampado, que tengo ahí el coche. -Bien. Tranquila, yo tengo que recoger cosas. -Vale. Ahora te veo. (TELEVISIÓN) De momento, solo existen hipótesis en torno al doble asesinato, hace ahora casi dos meses, de los marqueses de Urquijo en su domicilio... -Aquí hay gato encerrado. -Está ahí la cama. ¿Qué hacéis todos aquí? -Hola. ¿Dónde está Herminia? -Está dentro, con Jerónimo, que ha venido a verla un momento. Ah. Ha venido Jerónimo. -¿Habéis hablado con el médico que os dije? -¿Con el médico? Vamos a ver, Lorenzo. Este médico que tú nos has recomendado... a nosotros... Vamos, como que no... Que esto es un asunto muy serio, joder. -Que no puede ser. -Por eso. -Hola, Antonio. Hola, Josete, hijo. -Hola. Hola, Karina. Qué buenos amigos tienes, heredero. No les hagas una faena. Cuídalos, anda. ¿Qué hay, Jerónimo? -Buenas tardes. ¿Cómo está? -Del catarro, bien. Del ánimo... -¿Quiere que entremos un ratito y le hacemos compañía? No hace falta, Rosa. Ya entro yo. -Bueno. Si necesitan cualquier otra cosa, ya saben dónde encontrarme. -Gracias. -Adiós, Jerónimo. -En las noticias han dicho que la Policía está a punto de detener al asesino de los marqueses de Urquijo. -¿Sí? -Ajá. -¿Y quién es? -En la radio han dicho que los que entraron conocían al dedillo la casa. -A saber quién ha sido. -Lo que yo te diga. -Pobres. -¿Es que os importa mucho quién mató a los marqueses de Urquijo, con la que tenemos aquí, en casa? Hombre, por favor. ¿Qué más da, que los haya matado uno u otro? ¿Cómo estás? Ah... Pues, igual. Cansada. Me gustaría levantarme un rato y dar una vuelta pero es que me pesa el cuerpo una barbaridad. ¿Y la angustia? Pues, viene y va. Ah... ¿Quieres que nos volvamos a Madrid? No. A lo mejor, no ha sido buena idea venir al pueblo. Sí, ha sido buena idea. Lo que pasa es que estoy harta de estar aquí encerrada. Si ni tan siquiera puedo dar una vuelta por el campo. Ya verás cómo dentro de poco te sientes mejor. Ya no puedo más. De médicos, de medicinas, de enfermeras... Ay. Si solo pudiera dar una vuelta por el bosque... Ah... Solo quiero descansar un ratito. Ábreme la ventana un poco. -La señora Mariana. -Claro, la señora Mariana... -O el mayordomo. Lo que pretende el Gobierno es, sin que nos enteremos, meternos en la OTAN. ¡Eso lo ve un niño de dos años! ¿O no, Antonio? Yo qué sé, Miguel. Yo qué sé, por Dios. Idos afuera a hablar, que hace fresco. Que Mercedes está descansando, por Dios. -Tiene razón Antonio. -Es verdad. -Además, es muy tarde. -Vámonos, Lorenzo. -Pero, oye. ¿Los de la OTAN, no eran los buenos? -¿Cómo van a ser buenos los de la OTAN, Lorenzo? Vamos a ver. La OTAN es un instrumento de los Estados Unidos para mantener la guerra fría en Europa. ¿No lo ves? Pero fuera te lo explico. ¿No prefieres que me quede un rato contigo? Es mejor que te vayas a casa. -Bueno, venga. Vale. -Si necesitáis algo, sabéis dónde estoy. Descuida. Muchas gracias, Rosa, guapa. Muchas gracias por todo. -Buenas noches, Herminia. Buenas noches. Ay... Papá. Que se me ha olvidado decirte. Que se quedan a dormir. Pues claro, hijo, que se queden a dormir. Bueno, yo os saco sábanas limpias y os hacéis las camas en el cuarto de Carlos. Dormís los dos en una cama y Karina en la otra, ¿eh? La puertecita, abierta. Sí, abuela. ¿Puedo ir a darle un beso? Está descansando, hijo. Ya me quedo yo con ella. Haced caso a la abuela, ¿eh? La puertecita, abierta. -Ah... ¡Pili! -¡Tony, hola! Contigo quería yo hablar. ¿Qué dicen en la radio de los Urquijo? -Que yo sepa, nada nuevo. ¿Has visto a mi hermana? -¿A Inés? -Sí. -Sí, pero hace bastante tiempo. ¿Habías quedado con ella? -Eh... Bueno... Si la ves, dile que la estoy esperando. -Claro que sí. Pero ¿pasa algo? ¿Tu madre está bien? Esta mañana me ha dicho... -Sí, sí, está bien. Gracias, Pili. Adiós. -Adiós. -Con la aguja, la meto por aquí y... -¡Otra vez, otra vez! -¿Otra vez? Atenta, ¿eh? Con un hilo, invisible... Lo peor es que quieren que sea yo el padrino de la boda. -Carlos. Lo que tienes que hacer es intentar olvidar esta historia cuanto antes. Como si fuera tan fácil. -Otra vez. Doblas... Metes la mano por aquí. Doblas otra vez. Ay. -Hacemos un barco... Ay. ¿Quieres que te acerque al cuarto de baño? No. Ya se me está pasando. Ay... (TIRITA) ¿Me ha bajado? Muy poco, milano, muy poco. Yo creo que es muy pronto. Ay... "Yo creo que es muy pronto". "Hay que tener paciencia". "Hay que confiar en los médicos". Eso es lo que han dicho. Ya nos dijeron que esto iba a ser muy duro. Duro. Si solo fuera eso. Ay. Antonio. Si me pasa algo... No hables de eso ahora, Merche. No te va a pasar nada. No hables de eso. ¿De qué no quieres que hable? ¿De que me puedo morir? Mi madre me dice que no diga tonterías. Tú, que no hable de eso. La única que se atreve a preguntarme la verdad es María. Ya hablaré yo con la niña. No, no hables con ella. No le digas nada. Está muerta de miedo porque nadie le dice la verdad. Está hecha un lío. Como yo, que cada día me encuentro peor. Y que todos me decís que es normal y que no pasa nada. Es lo que han dicho los médicos, que es normal y que no pasa nada. Y que hay que tener paciencia. Sí. Pero son muchas horas aquí, en la cama pensando en ti, en los chicos, en mi madre... Pobre. Que ninguna madre se hace a la idea de que se le puedan adelantar los hijos. Es que eso no va a pasar así. ¿No va a pasar? No. Déjame, Antonio. Déjame. Déjame hablar de esto, aunque sea solo hoy, te lo prometo. Me preocupa Inés. Mucho. Ella es como tú. Calla y aguanta. Y no sabes lo que le pasa por la cabeza hasta que estalla. No entiendo por qué no está aquí, conmigo. Está de camino, con Tony. Los tienes aquí en un rato. Si está con Tony, me quedo más tranquila. Tony. Mi hijo mayor. Tan bueno, tan responsable. Y Carlos, Carlos lo está pasando muy mal. Él piensa que es muy mayor pero sigue teniendo un corazón de niño. Y algo le pasa, algo le pasa con esa chica, Arantxa, que no me lo quiere decir, ¿verdad? Ese Carlos tiene la habilidad de enamorarse de la que no le conviene. Es que es muy difícil acertar. Me acuerdo del día que volví a casa y le dije a mi madre que me había enamorado del Parriba. Casi le da un síncope. Me dijo que tú no harías carrera. Que tenías la cabeza llena de pájaros y que no me convenía un hombre como tú. Qué bien disimula tu madre. Lleva cuarenta años poniéndome buena cara. Es que ahora te quiere como a un hijo. Aún no te conocía. Como si me conociese. Si no hubiera sido por ti, no hubiera salido de este pueblo. Seguiría estando aquí, de cobrador de la luz o... o de sereno. No digas tonterías. Tú tenías la cabeza llena de ideas. Y de sueños. Algunos, completamente locos. Pero eso es, justamente, lo que me enamoró de ti. Desde luego, Antonio, contigo no he tenido la oportunidad de aburrirme. (SUSPIRA) Quiero dejar la quimioterapia. Vamos a ver, ¿por qué no hablamos de eso en otro momento? Solo quedan dos sesiones. No. Déjame que decida yo. No quiero más quimio. No puedo más. Cada día estoy peor. Y estoy muy cansada. Mucho. Será lo que tú digas. Descansa, milano. Lo que tienes que hacer ahora es descansar. -Ah. -Hola. Uf... ¿Las niñas? -Pues, durmiendo. -Hombre. Me has dejado cena. -Unas empanadillas que han sobrado. -Bueno... -¿Y la tía? -Bien. Bueno, me imagino. No he podido verla. Parece que estaba algo cansada y se ha acostado. Dice don Jerónimo, el médico, que... que hay que darle tiempo al tiempo, que esto es muy largo. Jo, Paquita. De verdad que no sé cómo haces estas empanadillas, pero vamos, hasta frías, me comería un millón. Oh... -Tienes una carta encima del televisor. -Ah. Seguro que no es urgente. -¿No quieres saber quién te ha escrito? Golpe. -No la has abierto. -No. ¿Cómo iba a hacerlo? Si viene a tu nombre. -¿Qué quieres saber? -Todo. Y si no te importa, quiero la verdad. -¿La verdad? La verdad es que te quiero. -La verdad, Miguel. -Hay otra mujer. Pasó cuando estabas aquí, en Sagrillas. Cuando no querías o no podías volver a Madrid. No sé, porque tú y yo, de esto, no hemos hablado sinceramente nunca. -Bueno, eso no justifica. -No, no. Yo no quiero justificar nada. Lo único que quiero es contarte las cosas tal como pasaron. Nos fuimos de viaje de negocios mi hermano y yo, a Sevilla, a vender unas banderas a la Junta de Andalucía y allí apareció Rocío. Rocío, la de la carta. -Rocío Carvajal. -Rocío Carvajal. Nos invitó a su casa... Nos dio de cenar... Nos dio de beber... Una cosa llevó a la otra... ¿De verdad necesitas que te dé más explicaciones? -No. -Paquita. Yo, lo único que quiero que entiendas, es que te quiero. Y que las niñas y tú sois lo más importante en mi vida. -¿Y la Rocío? -No. -¿También la quieres? -No. -No, pero sigues con ella. -No sigo con ella. Sigo contigo. Y lo que dice esta carta no me importa absolutamente nada. Es algo que me ha pasado en el pasado. Un accidente. Como quien tiene un accidente de tráfico. Algo que me ocurrió y se me fue de las manos y que no tenía que haberme pasado. Y que estoy arrepentido. ¿Qué más quieres que te diga? -Pues... Una cosa más. Y te ruego que... no me vuelvas a engañar. Después de que yo volviera a Madrid, ¿la has vuelto a ver? -Sí. -Después de que la tía se recupere, quiero que te marches de casa y te busques un abogado. Y hasta entonces, no quiero que te me vuelvas a acercar, que me vuelvas a dirigir la palabra, ni que me vuelvas a tocar. Llanto. Llanto. (RADIO) Y damos fin al programa para dar paso a nuestros compañeros de informativos, con nuevas revelaciones acerca de la investigación del asesinato que conmocionó en agosto a España entera. ¿Crimen pasional? ¿Fueron los marqueses de Urquijo asesinados por la gran banca? Preguntas, hoy por hoy, sin respuesta. Nos despedimos, no sin antes mandar un fuerte abrazo a nuestro compañero, Tony Alcántara, y para su madre, a la que le deseamos una pronta recuperación. Ánimo, Tony. -Hola. Me he entretenido con unos amigos. -Me lo imaginaba. Ah. Te has dejado antes esto. No. ¡No te vayas, Inés! -¡Estoy muy cansada, Tony! Por favor, déjame. -¿Dónde has estado? -¿Qué te importa? Ya te lo contaré otro día. Ahora no es el momento, joder. ¡Inés, vuelve! -¡Que me dejes! (TELEVISIÓN) Todas las preguntas que se formulen en el coloquio que vamos a tener han sido hechas por nuestros espectadores. Pero nosotros, también, hemos querido salir a la calle y a varias personas les hemos hecho esta pregunta: ¿Se casaría usted con una mujer que no fuera virgen? Ha habido dudas... María, hija. ¿Qué haces con ese pañuelo? -Estoy esperando a Campanilla. ¿A quién? A mí me ha dicho lo mismo. Debe ser algo que ella tiene con su madre. -Campanilla, va a curar a mamá. Bueno. ¿Por qué no te vas a la cama a descansar, que es muy tarde? ¿Vamos? Hala. Vamos, mi vida. Carlos, hijo, llévatelos a la cama, que se está cayendo. Vamos. -Josete. Vámonos. -No tengo sueño. Vamos a dormir. -Venga. -Buenas noches. Buenas noches, hijo. -Ah... Hasta mañana. Hasta mañana. ¿Dónde está Tony? Ha mandado recado con Felisa. Que no podía venir. Tenía un lío en el trabajo y... no tiene libre hasta mañana. Bueno, pues, le vemos mañana. ¿Me quedo contigo? No, hijo, no. Vete a descansar, mañana me tienes que dar el relevo. Hala. Gracias, hijo. Gracias. (LE PALMEA) Hasta mañana. Hasta mañana, hijo, hasta mañana. Antonio. Está más tranquila, ¿no? Me ha dicho que quiere dejar la quimioterapia. ¡Ay, Santo Niño del Remedio! Yo lo veía venir. ¿Y tú, qué le has dicho? Lo que nos han dicho los médicos, Herminia, que... que esto es muy duro y hay que tener paciencia. Que no se preocupe, que solo le quedan dos sesiones. Pero es que, en el fondo, yo tampoco confío en esto. Antonio. Tú y yo no podemos abandonar. Yo, también pienso como tú, que esto que le están poniendo, le hace más mal que bien. Pero tenemos que confiar en alguien. Bueno. En la medicina. No. En Dios. Que no nos va a dejar desamparados. Confía en Él. Pues, si usted confía, Herminia, yo, también. Yo confío. Y mucho. De verdad, no nos va a faltar. Oh, Jesús. A Tu corazón confío a mi hija Mercedes. Mírala y haz lo que Tu corazón te dice. Deja obrar a Tu corazón. Oh, Jesús. Yo cuento contigo yo me fío de Ti, yo me entrego a Ti, yo estoy segura de Ti. Padre Nuestro, que estás en los cielo, santificado sea Tu nombre, venga a nosotros Tu reino, hágase Tu voluntad, así en la Tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores... Llanto. Llanto. (LLAMA) (LLORA) (LA MANDA A CALLAR) Va... -Lo siento. -Chis... -Lo siento. Lo siento mucho. -Ya... -De verdad. -Inés, tranquila. -Lo siento. -Calla. (INÉS LLORA) He estado a punto de meterme. -Ya lo sé pero no lo has hecho, que es lo importante. Estamos todos muy mal, ¿me oyes? No te preocupes. (SOLLOZA) Ya. Estoy fallando a mamá y no se lo merece, Tony. Todos la ayudáis pero yo, no puedo. No puedo. No paro de pensar en Jaime, ¿sabes? Y ahora, mamá se va a morir... -No, oye. No digas eso, Inés. -Se va a morir. -Inés, escúchame. Mamá está muy mal pero no se va a morir. ¿Sabes lo que tenemos que hacer? Lo que podemos hacer es lo que ella nos pide, estar bien con ella y ayudarla y tú sabes cómo la puedes ayudar. Ten en cuenta que somos una familia y estamos todos juntos. No estás sola. Inés, no estás sola. Y lo estás haciendo muy bien. ¿Me oyes? Muy bien. (INÉS SOLLOZA) -Ya. Gallo. Chis. Duérmete. -Vale. (SUSURRA) Merche. (MERCHE) Merche. Trinos. Trinos. ¿Qué haces levantada aquí fuera, milano? Estoy bien. No te preocupes. Estoy viva. Estás sonriendo. Ah... Te quiero. Mucho. Yo también te quiero mucho, milano. ¿Cuándo tengo que volver a la quimioterapia? En veinte días. Pues, no me voy a rendir tan fácilmente. Ah... No nos vamos a rendir. Anda, hija. Tómate el caldito, Mercedes. Gracias, madre. Despacito. Está muy bueno. Da gusto verte comer algo, Merche. (SUSPIRA) Otro poquito más, despacito. (GRITA) ¿Se puede? Mira, ahí está la loba. -¡Hola! Hola, tío. Hola, Paca, hija. -¿Qué tal? ¡Tía! Pero si está... Pero... Pero si está mucho mejor. ¡Parece otra! Está muy bueno el caldo. -Ay, se está tomando un caldo. ¿Y las niñas? -Las he dejado un ratito con la Dolores, para venir a verla. Ya. ¿Y tú, qué? -Pues, nada, lo que tú decías. Me ha pillado el diablo de pleno. Pues ya te has confesado, De Gaulle. Ahora, solo te queda la penitencia. Anda, saluda a tu cuñada. -Sí. Va a ser mejor. Merche. ¿Qué tal? Bien. -¿Cómo te encuentras? Para sopas. ¡Eh! Mirad quién ha venido. ¡Hombre, si están aquí "Los girasoles"! -¡Hola, familia! -Hola. Pues, Marcello Mastroianni y Sophia Loren. (RÍE) ¿Todo bien, hijo? -Bien, bien. -¿Qué tal, primo? -Hola. -Hola... Pensaba que no ibais a llegar nunca. -¿Cómo no íbamos a llegar? Mi jefa, que es... (HERMINIA RÍE) Tu jefa será lo que sea pero es la que manda. Ten cuidado con tus prontos. -Mira a quién te traigo. -Hola. ¿Me das un abrazo? -Claro. Deja que te vea. ¿Cómo estás? -Bien. ¿Y Oriol? -Con muchas ganas de verte. -¿Cómo estás? Bien. ¿No me ves? Como una reina. Rodeada de todos. Me ha dado el sonido y el abecedario... Coged unas sillas y nos sentamos, que parece que estamos en una procesión. ¡Ah, espera, que las trae la niña! -Aquí traigo sillas. A ver, Carlos. Entra tú y trae las otras. Muy bien, hija, muy bien. -¡Anda! ¿Pero puedes tú sola? Un rayo de vida había vuelto a iluminar nuestra casa. Algunos, como mi abuela, se lo agradecieron al Altísimo, que siempre vela por los justos. Otros, como mi padre, dieron el mérito al coraje y la voluntad de vivir de mi madre. Pero, quizá, la más acertada fue mi hermana María que, durante mucho tiempo, sostuvo que mi madre se había salvado gracias a la magia de Campanilla. Gracias a la vida que me ha dado tanto, me ha dado la risa y me ha dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, Y el canto de ustedes, que es mi propio canto. Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Cuéntame cómo pasó - T13 - Capítulo 232

26 ene 2012

La familia Alcántara decide ir a pasar unos días a su pueblo, Sagrillas, para que Mercedes descanse y se recupere. Allí les esperan Miguel y Paquita, que se les echarán una mano con la casa y la comida, aunque más bien será Paqui la que se ocupe de todo ya que Miguelón está como ausente y se pasa todo el día de paseo por las eras.

Todo el pueblo está pendiente del estado de Mercedes, algo que a ella no le gusta porque no dejan de tratarla como una enferma. Un catarro complicará su salud y Antonio, que no se separa de ella en ningún momento, intentará por todos los medios encontrar una solución para que su mujer mejore.

Carlos se sentirá estos días más unido que nunca a su padre y descubrirá quien a la hora de la verdad son sus verdaderos amigos.

Por su parte, Inés y Toni se han quedado en Madrid por problemas de trabajo, pero cuando se enteran de que su madre está peor Toni decide viajar cuanto antes. Inés no piensa lo mismo y sigue confiando con toda su fe en la pronta recuperación de su madre.

 

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  1. Nelly de Argentina

    Soy Nelly de Villa Gesell-Pcia. de Bs. As. ARGENTINA volví a ver este capitulo magistral hoy 20/12/12...por TVE a la carta...vi por television internacional que comienza la temporada 14...pero tenemos un problema para VER porque ahora todo lo hablado sale escrito....llena la pantalla y no se ve la imagen y a veces quedan colgados parrafos anteriores de otros programas...no pueden arreglar eso????? volviendo al capitulo 232 yo padecí hace 4 años lo mismo que Merche...si bien la terapia de 1980 no es la misma que la actual, lo que "padece" y los miedos son los mismos!!! está muy bien relatado y actuado...gracias al Cielo, yo lo puedo contar y es anecdótico...que belleza de lugar es "el pueblo"....la casa me fascina porque yo me crié en el campo, (Argentina) pero las casas son muy similares...que tomas hermosas del campo, que vistas !!! quisiera saber como se llama en realidad el lugar donde a sido filmado este capitulo!!! tal vez alguien que lea esto me conteste...felicitaciones y FELICIDADES!

    21 dic 2012
  2. Kathya

    Sigo llorando y llorando y no paro de llorar, he vivido con mi mami una situaciòn similar,solo que a nosotras nos separa un continente y al igual que Inès me dà miedo y terror la palabra càncer, espero que un dìa las curas sean màs fàciles. Felicitaciones por la serie.

    18 may 2012
  3. Gabriel NYC

    Simple y sencillamente... Magistral

    16 feb 2012
  4. María Paz

    Desde Buenos Aires: Demasiado breve el ciclo!!!!!! Cuándo regresan? Cariños María Paz

    15 feb 2012
  5. María Teresa López

    Teresa (de México) Está fabulosa la serie, pero ya quiero que se ponga bien Merche porque acabo muy triste después de verla. Es una luchadora maravillosa. Muy buena lección de lo que puede hacer la familia cuando hay un enfermo grave en casa y como contribuye esa unión a la recuperación de la salud. Me encanta la sencillez de todos los personajes. Lo hacen tan bien que a veces no se da uno cuenta de que es sólo un programa de tv; los espectadores vivimos realmente lo que sucede con los Alcántara. Felicidades a tooooodos. A A Herminia, Antonio, Tony, Ines, Carlos, María, Miguel, Paquita y resto del elenco que es largo para enumerar. Un triunfo de los valores: la fe, el amor, la unión y la comunicación familiar........

    10 feb 2012
  6. Karina

    Me pareció un muy buen capítulo, me emocioné mucho, buenas actuaciones y bien tratado el tema. Espero que la serie siga un tiempo más y no termine pronto. Gracias, saludos. Karina desde Montevideo Uruguay.

    06 feb 2012
  7. HLMSTB

    Hola de nuevo. Vaya si estuvo fuerte el capítulo... Noté que hubo un salto de 5 meses en el tiempo, aprovechando el frío de esta época (dado lo que sucede, ni pensar en las vacaciones de verano). Hubo una vuelta al pueblo, donde hace tiempo que no se desarrollaba un capítulo. Ya me parecía que Mercedes no podía echarse atrás con las aplicaciones de quimioterapia: al decir que no se iba a rendir, esa es la Mercedes Fernández López de Alcántara que todos conocemos y nos gusta ver. Los hijos: Toni fue quien con más entereza afrontó todo, que Inés al fin dejó su miedo, a Carlos no le faltó la compañía de Josete y Karina, además de un acercamiento como casi nunca con el padre (y se notó una vez más que Felipe y Arancha son unos buenos para nada) y María afrontó como pudo todo (ahora creo que no la dejarán huérfana de madre y Herminia no perderá a su hija). Miguel: ¿otro matrimonio fracasado? Actuaciones sin desperidicio. Saludos de Luis desde Buenos Aires, Argentina.

    05 feb 2012
  8. Nani

    Desde buenos aires sigo la serie al día. Mas y mas emociones con cada capitulo. He pasado de pequeña por la misma situación familiar que los Alcántara, solo que con el resguardo de mis padres, que lo hacían ver todo un poco mejor, pero también me recuerdo llorando y rezando en mi habitación para seguir teniendo a mi hermano x siempre... Por suerte escucharon mis plegarias y las de toda la familia unida, luchando como los Alcántara. Gracias x reflejar una realidad tan cercana a todos nosotros en cada capitulo. Gracias!!!! Un fuerte saludo desde argentina.

    03 feb 2012
  9. KATHYTANORDICA

    GRACIAS A LA VIDA,cantante, ceramista, investigadora del folklore popular, escultora, pintora, bordadora.,: violeta parra, te recomiendola pelicula,postulante a los premios :GOYA: " VIOLETA SE FUE A LOS CIELOS."..CHILENA, SALUDOS POR UNA GRAN SERIE, DESDE SUECIA...

    01 feb 2012
  10. Lissa

    Simplemente, conmovedor y precioso.

    31 ene 2012
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