Como millones de otros españoles, los Alcántara emigraron a Madrid desde su pueblo natal en la Mancha, Sagrillas, en algún momento de los años 50. Sus hijos Tony, Inés, Carlitos y María nacen en la capital. Antonio, el padre, trabaja como bedel en el Ministerio de Agricultura en las mañanas y por las tardes, practica el pluriempleo en una imprenta. Al inicio de la serie, Mercedes, la madre, cose pantalones por encargo en su hogar; guiada por su talento y constancia, crea su propia empresa de moda y abre una tienda en el barrio.

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Temporada 1

Los Alcántara emigraron a Madrid desde su pueblo natal en la Mancha, Sagrillas, en algún momento de los años 50. Sus hijos Tony, Inés, Carlitos y María nacen en la capital. Antonio, el padre, trabaja como bedel en el Ministerio de Agricultura en las mañanas y por las tardes, practica el pluriempleo en una imprenta. Mercedes, la madre, cose pantalones por encargo en su hogar. En los años sesenta España vive una revolución económica que cambia su forma de ser. El turismo y la industrialización hacen que el nivel de vida de millones de españoles mejore sustancialmente. En 1968, los Alcántara son una familia feliz que puede comprar su primera televisión, y en las primeras vacaciones de su vida, ver el mar-todo un hito para la gente del interior.

Temporada 2

En 1969, mientras estalla el caso Matesa, la píldora ya ha llegado a España. Tras el verano, la familia Alcántara emprende nuevos proyectos. Mercedes está entusiasmada con la boutique que acaba de abrir con Nieves, en la que pasa muchas horas trabajando, con lo que deja un poco aparcadas las tareas del hogar. Por su parte, Antonio se despide apenado de su trabajo de ordenanza en el Ministerio. Aunque tiene dudas, espera ganar mucho dinero en la constructora como mano derecha de Don Pablo. Tony, que se ha preparado a conciencia la asignatura de Derecho Romano, tiene por fin que examinarse. El mismo día del examen, le llega una citación del Ministerio del Aire para hacer la mili.

Temporada 3

Comienzan los vertiginosos años setenta para la familia Alcántara, con atisbos de cambio en el horizonte. En el trabajo, aunque Antonio ya es todo un experto vendiendo pisos sobre plano, tanto él como los compradores se extrañan de que no se haya empezado a construir aún. En casa, Antonio teme perder el timón. La gota que colma el vaso de su paciencia es la proposición que un representante hace a Mercedes y a Nieves para ir a París unos días, y así estudiar de cerca la alta costura. Entretanto, Inés acude impaciente al aeropuerto a recoger a Diego, que por fin regresa de su viaje a Roma. Su carrera como actriz está progresando y Diego tiene grandes proyectos para ambos. Toni, que ya tiene más tiempo una vez terminada la instrucción en la mili, vuelve a encontrarse con una universidad muy conflictiva.

Temporada 4

Han pasado varios meses desde el hundimiento de la constructora pero Antonio no levanta cabeza. Embutido en su viejo uniforme de ordenanza, vuelve a trabajar por las mañanas en el Ministerio. Alcántara no tiene mayor aspiración que dejar pasar el tiempo hasta que un día llegue su ansiada jubilación. Su ¿tranquilidad¿ sólo es alterada por una noticia: Don Pablo está en la cárcel. Mercedes se ha pasado todo el verano cuidando a Antonio y llevando las riendas de la casa, pero está más que harta de la actitud de su marido. Al menos en la tienda, donde toda la familia ha tenido que arrimar el hombro, las cosas van bien. Inés, que dedica la mayor parte de su tiempo a ayudar en la tienda, no prospera en su carrera como actriz, sobre todo desde que dejó tirada a la compañía de teatro en Santander. Ante tan pocas expectativas, cuál

Temporada 5

Nochevieja de 1970. Toda la familia Alcántara, a excepción de Tony, está sentada a la mesa, en silencio, esperando que la televisión emita las campanadas de fin de año. Rodeado de caras largas, Carlitos intenta explicarse qué ha pasado en su casa para que en vez de reinar la alegría, ahora que están a punto de recibir el nuevo año, todos estén tristes, sin saber muy bien qué decir ni adónde mirar. El pequeño de los Alcántara recuerda todo lo que les ha sucedido a él y a los suyos en los últimos meses, desde que Antonio trabajaba en el Ministerio y Mercedes se las veía y se las deseaba para sacar adelante a la familia...

Temporada 6

Otoño de 1972. Carlitos pasea a su hermana pequeña en el cochecito mientras recuerda los tiempos en que todavía él era el benjamín de la familia. Con su estilo habitual, Carlos rememora la que fue la peor crisis matrimonial de sus padres, en aquella primavera de 1971 en la que Inés seguía viviendo en Ibiza, Tony trabajaba en una obra y Paquita acababa de llegar del pueblo.

Temporada 7

Con un trasfondo político y económico marcado por el asesinato de Carrero Blanco y la crisis económica que empezaba a acechar a los hogares españoles, los últimos meses de 1973 apuntaban próximos cambios en la vida de todos los españoles y también en el de los Alcántara. Antonio sigue trabajando en la imprenta de los Hermanos Usillos y aunque la empresa no está pasando por su momento más boyante, Antonio se siente tranquilo. Desde que Nieves tomó la decisión de irse del barrio, Mercedes lleva las riendas de Meyni con la ayuda de Pili, Valentina y por supuesto, de su madre. Aunque la situación de la tienda le preocupa, Mercedes sólo puede pensar en su examen de Graduado Escolar. Inés continúa viviendo con Pili en su pequeño piso y sigue vendiendo artesanía que ella misma hace en el "Rastro" para poder vivir.

Temporada 8

La Revolución de los Claveles en Portugal, el 25 de abril de 1974, se convertirá en el telón de fondo y en el motor de nuestra historia, trasladándonos al centro del conflicto, directamente a Lisboa de la mano de Toni Alcántara. Allí conocerá a Carmen, una fotógrafa que le ayudará a conocer los secretos este alzamiento militar. Antonio Alcántara continúa trabajando en la cooperativa de Herederos de Usillos, donde parece que por fin las cosas empiezan a funcionar. En este tiempo, Eugenio sigue trabajando en la imprenta con Antonio mientras prepara unas oposiciones y, por su parte, Inés compagina su vuelta al teatro con Meyni. Mercedes está encantada de tener a su hija otra vez cerca y disfruta viendo cómo su pequeña tienda resurge. También Herminia vuelve a vivir momentos felices al lado de Alfredo sin importarle el qué dir&aacut

Temporada 9

El primero de mayo de 1975 la familia Alcántara descubre una España con síntomas de cambio. Recién llegados de París, Antonio y Mercedes se encuentran con un panorama que anuncia un futuro cargado de nuevos retos y proyecciones. En un ambiente de reivindicaciones sociales, el Día Internacional del Trabajador marcará este devenir de los Alcántara, siempre acompañado de saltos y trompicones. Uno de los tropezones más grande será el de Antonio, que por culpa de unos panfletos se ve obligado a tomar una drástica y dolorosa decisión en la imprenta. Mientras para Carlitos, esos mismos panfletos hacen que, casi sin querer, se acerque a la Joven Guardia Roja. Ajena a todo, Mercedes busca su propio camino como mujer y como empresaria. Respaldada por la nueva ley de la mayoría de edad de la mujer casada, Mercedes se enfrenta a la crítica situación de su querida, pero

Temporada 10

Verano de 1976. Todo está listo en Sagrillas para la boda del año entre Miguel y Paquita. El encuentro de Antonio y Miguel en el pueblo será determinante para que los dos hermanos tomen la decisión de vender las tierras de su madre. Testamentos a parte, Paquita tiene un secreto que no todos conocen: se casa embarazada. Durante todo este tiempo, la sobrina de los Alcántara ha ocultado su estado a su padre porque le conoce muy bien y porque sabe que nunca aceptaría que su hija se casase "preñada".

Temporada 11

Semana Santa de 1977. La familia Alcántara decide pasar unos días en Sagrillas, y de paso cerrar con Maurín la venta de las tierras. Después de las diferencias surgidas en la pasada temporada los hermanos han llegado a un acuerdo y esta vez van al cincuenta por ciento. Cuando parece que la firma va a hacerse efectiva el sonido estrepitoso de las campanas anuncia que un grupo de jornaleros ha ocupado las tierras sin explotar; entre ellas las de Antonio y Miguel. Una vez más los hermanos ven como la venta se les escapa de las manos. Por su parte, Toni tienen que trabajar esta Semana Santa porque tiene que terminar un pedido importante a tiempo. Tanto él como Mercedes están muy preocupados porque un cliente no les quiere pagar. De momento no le han comentado nada a Antonio porque no quieren preocuparle, pero necesitan resolver el problema cuanto antes.

Temporada 12

Primavera de 1978. La familia Alcántara se ha mudado de casa, pero el barrio San Genaro permanece en sus vidas. Allí está la peluquería de Mercedes y el Bistró, dónde familia y amigos siguen el Mundial de Fútbol de Argentina. El matrimonio Alcántara ha demostrado ser una pareja sólida. Pero, en esta temporada, Antonio y Mercedes tendrán que hacer frente a momentos delicados. Tampoco se librarán de problemas Miguel y Paquita. Sobre todo él, que acusará, más que nunca, la diferencia de edad con su mujer. Además, Paquita descubrirá que hay vida fuera de San Genaro. Por su parte, Carlos y Karina pasarán por varias pruebas, que harán tambalear su relación. Además, después de tres años fuera, Inés vuelve al barrio. Con Inés en casa, el núcleo familiar vuelve a estar al completo.

Temporada 13

La decimotercera temporada de la serie arranca en 1979, con la familia -y el país- viviendo una difícil situación económica. Antonio y Mercedes forman parte del más de millón de españoles que no encuentra trabajo. Mercedes decide ponerse a trabajar en una inmobiliaria para ayudar en casa pero ellos no son los únicos con dificultades económinas.  En el bar de Miguel y Paquita apenas se sirven comidas y en la peluquería de Pili no se hacen permanentes. El matrimonio acumula la tensión: con tres niñas pequeñas y encadenada a la cocina, Paquita se compara con Françoise, la hija de Miguel.

Mientras tanto, a punto de acabar el servicio militar, Carlos Alcántara se enfrenta a una de las decisiones más importantes de su vida y se matricula en la universidad. En las aulas coincide con Arancha, la chica con la que inició una relación el año pasado.

Temporada 14

El primer capítulo de la nueva temporada, titulado "Larga noche de transistores y teléfonos", arranca el 23 de febrero de 1981. Por fin Antonio y Mercedes han cumplido su sueño de viajar a Venecia y, ajenos a todo, pasan unos días románticos surcando los canales italianos. Pero esa tranquilidad se ve alterada nada más pisar tierra española al enterarse de que un grupo de guardias civiles, comandados por el teniente coronel Tejero, ha tomado el Congreso.

De la mano de los Alcántara reviviremos aquella fecha histórica que pudo cambiar el rumbo político de España. Serán largas horas de espera, miedo e incertidumbre pegados a la radio para no perder detalle y con el teléfono siempre en la mano para asegurarse de que los suyos están bien.

Temporada 15

Verónica Echegui, Ginés García Millán, Ariadna Gil y Bárbara Goenaga son algunos de los nuevos fichajes de la 15ª temporada de Cuéntame cómo pasó, que La 1 estrenará muy pronto. Se sumarán al reparto habitual formado por Imanol Arias, Ana Duato, Ricardo Gómez, Pilar Punzano, Pablo Rivero, Juan Echanove, María Galiana y Ana Arias.

La serie española más premiada de todos los tiempos, vuelve con nuevas entregas de las peripecias y las emociones de la familia Alcántara en unos tiempos de cambio. Este año, la acción comienza en el verano en 1982, una temporada en la que además de actualidad y ficción, la serie incluye nuevas propuestas musicales. Los Secretos podnrán música a la nueva sintonía de la cabecera.

Temporada 16

El inicio de las nuevas tramas se sitúan en abril de 1983, un momento de gran tensión política en el país y que San Genaro vivirá muy pendiente de la actualidad. El barrio, además, vivirá el regreso de queridos personajes como el de Paquita (Ana Arias), Nieves (Rosario Pardo) y Pepe (Sergio Pazos). También aparecerán nuevos personajes como el de Nuka, una artista de intensa personalidad interpretado por Carla Nieto que se colará en la vida de Carlos Alcántara, y Bart Santana y Guillermo Montesinos, como nuevos personajes del barrio. Carlos Bardem, Junio Valverde y Javier Bódalo son otros de los actores que intervendrán en algún capítulo de la nueva temporada.

Temporada 17

Tras catorce años en antena, la acción se retoma a principios de 1984, un año antes de la firma de adhesión de España a la Comunidad Europea. Con una sociedad en proceso de modernización y cambio, los Alcántara comienzan temporada buscando la unidad alrededor de un proyecto común: hacer de la bodega de Sagrillas una gran empresa familiar. Los hijos de Antonio y Mercedes, ya adultos, tendrán que decidir si apoyan a su padre, ilusionado con el proyecto de dejar un legado, o emprenden rumbos con destinos propios. Regresa a la serie Irene Visedo, que retoma el personaje de Inés Alcántara, y llegan nuevos actores como Antonio Resines, Francesc Orella, María José Alfonso, Melody Ruiz o Elena Furiase. Miguel Ríos es el encargado de poner el toque rockero a la mítica sintonía.

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Para todos los públicos Cuéntame cómo pasó - T17- Capítulo 297, 'Territorios' 01h 11 min
Transcripción completa

(Música)

Cuéntame

cómo te ha ido

en tu viajar

por ese mundo de amor.

Háblame de lo que has encontrado

en tu largo caminar.

Cuéntame

cómo te ha ido,

si has conocido la felicidad.

Cuéntame

cómo te ha ido,

si has conocido la felicidad.

Cuéntame cómo te ha ido,

si has conocido la felicidad.

(Música)

Cómo se ponen las niñas en televisión.

Yo ya ni reconozco a mi nieta ni nada.

Mírala, por Dios, si está preciosa.

Qué mayor. ¡Hija, no sé dónde ponerme!

Madre, qué protestona estás, de verdad.

Parece mentira que no te acuerdes, si hace 4 días estábamos igual.

Antes con pantalones y ahora, pues con cartones.

No compares, Mercedes, no compares.

Ya alquilaremos algo.

¿Cuándo? Cuando recuperemos algo de dinero.

"En marzo de 1984, Bodegas Alcántara Fernández e hijos

empezaba a ocupar territorios y convertía en oficina central

el saló de casa".

Cómo levanta las piernas.

"Mi padre me daba la alternativa como agricultor

acompañándome en mi primer rito de iniciación:

marcar el territorio meando entre las cepas".

Te parecerá una tontería, hijo,

pero hay que mear las vides,

porque se crea un vínculo entre el hombre y la tierra,

para que sepan que eres tú.

¿Cómo te sientes?

Más Alcántara que nunca, papá.

"Mientras, mi hermana Inés y mi sobrino Oriol

también se preparaban para cambiar de territorio

e incluso de vida".

Mamá, me pica. -Ya, cariño, ya.

-¿En la nueva casa puedo tener un perro?

No.

-¡Pero si me has dicho que tenía jardín!

-(SUSPIRA) Bueno, ya veremos.

-¿Y en el cole tengo que llevar corbata?

-Sí, eso sí. -Pero no sé hacerme el nudo.

-Pues ya te ensañará José Ignacio. -¿Y le tengo que llamar papá?

(SUSPIRA)

Papá, yo eso lo veo muy flojo, ¿eh? Que no se cae, hijo, no se cae.

Esto es capaz de aguantar la galerna del Cantábrico,

fíjate lo que te digo. ¿Qué dices?

Coño, la galerna del Cantábrico, Carlos, hijo.

Paco Gento, extremo del Real Madrid,

la galerna del Cantábrico, era de Santander.

Madridista.

Escúchame, levántate tempranito todos los días y al tajo, ¿oyes?

Y haz caso a Damián, que sabe qué hacer.

Sí, papá, esto va a ir bien.

Además tengo un socio que me va a ayudar.

¡Ya ves! Yo me voy a convertir

en una máquina de vender vino, ya veréis.

Hoy estamos a martes, ¿no?

Ya verás como para el fin de semana,

ya tengo por lo menos 5 clientes. ¡Hala! O seis.

Fíjate lo que te digo.

Luisito, escúchame, tú échale huevos y al toro, ¿eh?

¿Qué toro? ¡Qué toro, dice!

El que ha estado a punto de dejarte en la cuneta.

Que te ha dejado tirado, ¿entiendes? Ah, ya ves.

Me voy. Bueno.

No sabes lo contento que estoy de que estés aquí, hijo.

Tengo un poco de miedo, papá. No sé si voy a saber llevar esto.

Cómo no vas a saber llevar esto,

si has sido capaz de escribir una novela, hijo,

si has sido capaz de aguantarme

y estás sacando del hoyo a este mangarrián,

¿cómo no vas sacar un vino que ya te viene dado?

¿Estamos?

Haz caso a Damián ¿eh? Pero no dejes de pensar tú,

que aquí el único Alcántara que queda eres tú.

Me voy, que si no, llego tarde.

Luisito, no andes con las pegatinas, que se despegan, hijo. Dile algo.

(Motor)

"Y así terminó el invierno."

"A la espera de que las vides empezaran a brotar."

"A la espera de que mi vida empezara a brotar también

en ese nuevo territorio que se llamaba confusión".

Bueno ¿qué? ¿Nos cambiamos y echamos unas carreras?

Joder...

-¡Ni loca! -¡Pero si todo el mundo va!

-¿Todo el mundo va con ese título? -"Garganta profunda". ¿Qué pasa?

-¡Pues que es un asco!

-Pues dicen los entendidos que es una película imprescindible.

-Es una guarrada perfectamente prescindible.

-Y también dicen que depende del punto de vista como se mire,

que puede llegar a ser incluso

hasta educativa.

-¿Educativa para quién?

Para las personas adultas,

para las parejas. -¡Ah!

O sea, tú dices que sería educativa para mí.

-¿Y por qué no? Pues podría ser.

A lo mejor aprendes algo.

Mira, a ver, Paquita, el sexo oral es absolutamente cultural.

Ya aparece en "La Ilíada", y Cleopatra...

-¡Yo soy de Albacete!

-Así, Paquita, así. Pégame.

-En caso de que me decida, que no creo,

¿en cuánto se me puede poner la broma?

-Setenta mil pesetas, con el seguro un año pagado.

-¿Setenta mil pesetas? Pero ¿tú estás tonto?

-Pero si está como nuevo, Miguel.

Miguel, que si quieres irte a Francia que yo te dejo mi coche,

te lo he dicho, en serio. -Él quiere tener su propio coche.

Él es un hombre, y un hombre sin un coche no es nada.

-Y entonces, ¿qué decimos del Cid Campeador, por ejemplo?

-Tenía a Babieca. -Menestra para tres.

-Gracias. -Pepe, ¿qué te ha pasado en la cara?

-Cosas de Paquita. -¡Joder con Paquita!

-Joder. -Qué barbaridad.

-Es que la quería invitar al cine a ver esta de "Garganta Profunda".

-Y te ha dado una profundo guantazo.

-Del Oeste, ¿no? Como si lo viera.

Mira que te lo he dicho: las del Oeste, no le gustan nada.

-(RÍE) Del Oeste, dice.

-Pues sí, del Oeste, ¿qué pasa?

-Que la lleves a ver una comedia, una comedieta ligera,

que te lo he dicho mil veces, Pepe. -Miguel, Miguel, que es un porno.

-Claro. -No me jodas.

-Pero es porno del bueno, trata sobre el sexo oral.

-O sea, ¿de hablar?

-Una chica que tiene una peculiaridad aquí, en la campanilla.

-Serás cerdo asqueroso. Eres un cerdo, unos cerdos todos.

-Pero, bueno, Pepe, ¿tú no tienes orgullo?

-Yo tengo de todo, pero con ella es imposible.

-¿Y si hacemos una salida de hombres y vamos a ver esa película?

-¿Salida de hombres? ¿Qué quieres decir?

Olmedilla incluido.

-¡Qué amable eres, Ramón, eres muy amable!

Fíjate, que voy a pasar. Fíjate, voy a pasar por...

-¿Es que aquí nadie tiene que trabajar?

-Paquita, no te pongas así.

Estábamos hablando con Pepe porque queremos llevarle

a ver una película muy interesante, una cosa de la campanilla profunda.

Tolón, tolón, tolón.

-No me lo puedo creer, es que sois... Uno por uno sois...

No sé qué decirte, nauseabundos, pero cuando os juntáis...

-Y las mujeres, ¿qué? ¿Y cuando os juntáis?

-Tú no serás capaz.... -Que me han invitado.

-¿Vamos a tolerar este matriarcado?

Muy buenas.

Echadme una mano con unas cajas de vino que traigo de Sagrillas.

Yo no puedo, Paquita no me deja salir.

-¡Antonio! Ven un momento.

¿Qué? ¿Te vienes al cine con nosotros?

Eh... Sí. ¿A ver qué?

Será posible.

¡Qué barbaridad! ¡Antonio!

¿Vas a meter todas esas botellas aquí, en casa?

¿Tú sabes cómo está? Que está todo calculado.

Mañana por la mañana a primera hora vienen los estuches.

¿Los estuches? ¿Qué estuches?

Unos muy elegantes para regalo, con dos botellas, Merche.

Que está todo pensado.

Por cierto, Olmedilla. Sí.

A ti te voy a dar seis cajas para que regales a tus jefes.

A mis jefes. Sí, a los jefes importantes, coño.

Al presidente del banco, al director general, al jefe de zona...

Si te hace falta alguno más, me los pides.

Yo creo que con seis botellas es suficiente, Antonio.

¿Cómo va a ser suficiente con seis botellas?

Hay que llenar de Cruz de Sagrillas Madrid y luego toda España.

Si me lo dices tú. Que sí, que sí.

Y la primera, nuestra casa.

Acuérdate de mi, Antonio.

Coño, Ramón, tú las pagas a coste, hombre.

Joe, te estoy ayudando.

Merche, anda, saca el whisky, que invitamos aquí a la cuadrilla.

¿Whisky?

De verdad...

A ver con la puerta, ten cuidado, espera.

Vale, venga. Sí.

Dale.

La puerta. -Ya.

¿Vienes a ayudarnos? Pues no.

Antonio, ¿se puede saber con quién has consultado ese plan?

Vamos a ver, ese plan es una estrategia de venta,

que diría don Pablo, Merche, y no lo he consultado, coño,

porque es de cajón: hay que dar a conocer el producto.

Ya, es que tú no te das cuenta de que somos una sociedad.

Ahora tienes que consultar con tus otros socios.

Pero ¿qué dices?

¿Cómo que qué digo? Lo que has oído.

¿Cuánto te has gastado?

Veintiuna mil pesetas. ¿Veintiuna mil pesetas?

Sí, pero las pago a 30, 60 y 90, Merche,

y son unos estuches muy elegantes, muy sobrios, muy cómodos.

En definitiva: muy masculinos, ya lo veréis.

No me creo que hayas gastado 21.000 pesetas en cajitas de cartón.

Pero mira que eres pesada.

Que no son cajitas de cartón, Merche,

son estuches de cuero muy bonitos, para dos botellas, mujer.

Si, de 21.000 pesetas, más el vino.

Claro, coño, para ganar hay que invertir.

Cuéntaselo tú, Olmedilla.

Sí, a ver, hay que invertir, pero con prudencia, Antonio.

Olmedilla, dile a tu cliente que estamos con el agua al cuello.

¿Por qué hablamos como si estuviéramos en la zarzuela?

Dímelo a mí, coño.

¿Se lo puedes decir, Olmedilla? Sí, sí puedo.

Estáis con el agua al cuello.

Bueno, ¿pero hasta dónde al cuello? Hasta aquí, hasta la nuez.

No fastidies, hombre. Sí, sí.

Sí. Venga, vámonos, anda.

Y otra cosa, ¿qué le has hecho al coche?

¿Tampoco te gusta? No me fastidies, hombre, Merche, por Dios.

Antonio, va muy en serio.

A partir de ahora, las inversiones se consultan en el consejo.

¿Estamos o no estamos?

Y sí, vaciadme el coche, que mañana tu hija te necesita.

¿Qué hija? Tu hija mayor.

Se va a mudar a casa de José Ignacio.

¿Se muda a casa de José Ignacio? No me digas.

¿Y por qué pones esa cara?

¿Tampoco lo ha consultado en el consejo?

Qué graciosillo eres.

Venga, vamos para arriba, por Dios. Subidme el vino, eso.

¿Y el whisky?

¡De whisky, nada!

Lo dicho, un matriarcado.

Pero ¿qué matriarcado ni qué leches?

Vamos a ver, ¿qué día íbamos a ir los hombres al cine?

(RADIO) "Francia propone establecer una cuota

para la producción de vino por países y regiones

con el fin de adecuar..."

Estoy de los franceses hasta la coronilla, chica.

Cago en la mar. Primero, esto y, luego, la semana pasada,

que ametrallaron un barco y todo. Ellos...

Tampoco te pases, no ametrallaron, les dieron un aviso,

para proteger sus intereses, papá. Sí, sí, los intereses, sí, sí.

Pues claro que sí, ellos no tienen miedo a nada.

Hicieron su revolución y nosotros, ¿qué? Una guerra civil. Pues ya ves.

Que tienes razón, hija.

Pero no me gustan, que no me gustan, leche.

Bueno, pero eso es otra cosa.

Tienen cara como si les hubieran sacado una muela.

De todas formas, he pensado que tu tío y tú

vais a haceros un viaje por ahí.

¿Cómo? ¿No te lo ha dicho?

No. Ah.

Como conocéis el país y habláis los dos francés,

pues he pensado que hagáis un viaje por allí.

Yo no hablo francés, lo chapurreo, que es distinto.

Es por aquí. Sí.

Bueno, pues entre los dos os entendéis, ¿me entiendes?

Bueno, ya veremos si nos entendemos o no.

Hola. -¡Bienvenidos!

¿Qué tal Oriol, contento en su nuevo colegio?

-Bueno, ahí va.

No sé si debimos esperar a que terminase el curso.

-Los cambios cuanto antes mejor, ¿o no, Antonio?

Eh... Sí. ¿Cuántos metros tienes aquí, José?

Dos mil. ¿Dos mil metros?

Medio campo de fútbol. Qué bonito.

Ellos son Adelaida y Benjamín.

Adelaida empezó de jovencita con mis padres.

Benjamín es su sobrino. Y llevas conmigo... ¿Cuánto?

-Trece años, desde que volví del Sáhara.

Hombre, ¿has hecho la mili en el Sáhara, hijo?

Ajá. Yo también.

En Sidi Ifni. Aquello sí que era duro, ¿eh?

Veo que has empezado con la promoción de la bodega...

Pues claro, hay que darse a conocer, José.

Bueno, es un poco hortera.

A ver, hija, ¿qué es hortera? Que es que no sé lo que es.

Pues esto, papá. -Antonio, ¿quieres conocer la casa?

Sí, claro, bajamos las cosas, ¿no? Yo me ocupo.

Ya...

-Vamos. -Bueno, pues hay cajas.

En unas pone el nombre de Oriol y en otras, el mío.

-Muy bien. -Está fácil.

Pues hombre, parece la casa de un ministro. Es muy grande.

A ver. Vamos allá.

-No se preocupe, yo me encargo. -Ah, no, ya las subo yo.

No me llames de usted, y tú tampoco, Adelaida.

Que tengo tu edad.

Yo voy subiendo esto, ¿eh? -Vale.

Oye, el forjado que tienes fuera parece de la Almudena.

Lo hizo un artesano de Toledo expresamente para esta casa.

Eso será... No, no, puedo, puedo. De verdad.

-Todo lo mandó construir el padrastro de mi mujer.

Ah, pues muy bonito.

Y qué artesanado tienes aquí en la escalera.

¿Eso qué es, caoba o jatoba? Sí, es caoba.

Ah. Oye,

mañana te vienes a cenar con Mercedes.

¿Mañana? ¿No puede ser el viernes?

El viernes voy a la finca a resolver asuntos

y no vuelvo hasta Semana Santa. Por cierto,

hablando de Semana Santa, José,

¿por qué no la pasamos juntos, allí, en la bodega, hombre?

A ver qué dice tu hija. Que diga lo que quiera,

y haremos lo que nos da la gana, como siempre.

¿Entiendes? Ya.

¿Quieres ver la cocina? Sí, vamos a verla.

-¡José Ignacio! -¡Sí!

-¿Qué te había dicho con lo del cuarto de Oriol?

-¿Qué? -Que no quiero que tenga televisión.

-Pero al chaval le hará ilusión. -No, ¿eh? La saco de ahí.

Con la mujeres hay que tener paciencia, ¿no?

Pues con mi hija, paciencia y media.

La cocina está ahí. Sí, sí, gracias.

Paciencia y media. Sí, señor.

Coño...

¡Ah, perdón! No. No, no, pasa.

Eres el padre de la novia.

Sí, sí, Antonio Alcántara, sí.

Yo soy la hija del novio. Soy Luchi.

Ah, encantado.

¿Te gusta lo que ves?

Bueno... La casa, digo.

Sí, sí, la casa, la casa. La casa es muy grande, muy...

¿Sí? Muy hermosa.

A mí no me gusta. Ah, ¿no?

No, es que es como un panteón.

Pero vamos, que yo soy la oveja negra de la familia, así que...

En todas las familias hay una por lo menos.

Sí, es verdad.

Y en la tuya es Inés.

Pues no, no tiene por qué ser Inés. ¿No?

No. No sé.

Yo lo pensaba porque

mi padre tiene tan mala suerte con las mujeres.

Empezando por su hija, por lo que veo.

¡Eres muy gracioso!

Luchi, Luchi.

¿Falta mucho? Venga, no seas quejica, por favor.

Pero ¿cuánto queda? Queda muy poco, ya lo sabes.

Tendría que estar en la bodega trabajando

y estoy contigo, haz un esfuerzo. Yo no te pido que te ocupes de mí.

Vaya, muchas gracias.

No eres mi padre, madre, ni hermano. ¡No, soy tu amigo!

¡Pues si eres mi amigo deja que viva mi vida!

¿Tu vida? ¿Qué es tu vida? ¿Lo que tenías en el bar de Tarifa?

¡Pues lo mismo! Ah, ¿sí? ¿Eso es una vida?

Esa es mi vida, Carlos, y sólo yo decido como tiene que ser.

Ya, muy bien. ¿Y cómo tiene que ser tu vida? A ver.

¡Mira tío, yo no soy tú!

El puro, el inmaculado, la puta perfección hecha persona.

¡Pareces sacado de un anuncio de yogur, chaval!

Paso, estoy hasta las pelotas de tanta carrera

y tanta hostia todas las mañanas, joder.

¿Prefieres morirte?

¿Y por qué no? Esto es una puta mierda, Carlos.

Pues muérete, pero lejos, que yo no te vea.

¿Me estás dando puerta?

¿Luis?

¡Luis!

¡Carlos!

¡Hola, Julia!

¿Es verdad que has venido a vivir al pueblo?

Sí. Acabo de perder a un amigo. ¿Qué?

Estaba corriendo con mi amigo Luis, me he girado un momento

y ha desaparecido, no lo encuentro. Bueno, sube y lo buscamos.

¿Sí? Sí.

Bueno, voy un poco sudado.

Anda, sube. ¿No te importa por la tapicería?

Me da un poco de vergüenza, huelo un poco a tigre.

Un poco.

Sí, ya sé que estaba acostumbrado a hablar con don Mauro,

pero es que don Mauro ahora no está en el negocio.

Pero yo ya le digo que le ofrezco las mismas condiciones.

No, incluso se las voy a mejorar.

Le voy a bajar el precio.

Sí.

Pero no lo entiendo, el mismo vino a mejor precio.

No, no, no quiero obligarle.

Voy a proponerle un trato, le aguanto la oferta 15 días.

Será posible. Es el cuarto que me dice que no.

Yo no sé dónde meterme.

Dios mío, está llamando uno a uno el muy canalla.

Me iré a una residencia, con la Aniceta.

Madre, no empecemos otra vez, que tenemos todos los días lo mismo.

Ya buscaré algún sitio.

Sí, pero ¿cuándo va a ser eso, hija, cuándo?

Cuando pueda ser.

Mira, ahora se ha puesto muy de moda

el cerrar el balcón con una estructura.

¿Cómo, que me vas a cerrar el balcón?

¿Y me vas a quitar el aire, hija? Bueno, ganaríamos metros.

Sí, ganaríamos metros pero perderías una madre.

Me voy, que tengo mucha prisa.

Pues yo me tiro por el balcón como lo cierres.

(Timbre)

Ay, Señor, Señor... ¿Y ahora qué se le habrá olvidado?

Buenos días... -Buenos días.

Buenos días.

Somos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Ah, traen ustedes estuches.

Para el vino.

Ah... Nosotros no bebemos vino, señora.

-Ni café, ni té, ni consumimos tabaco.

-Nada de vicios.

Ah, pues entonces se han equivocado ustedes de casa

porque aquí hacemos eso y mucho más.

Pero si nos permite pasar y hablarle de nuestra iglesia...

Ah, a buenas horas...

Aquí somos católicos, apostólicos y romanos de toda la vida.

Pero si nos escucha un momento... No, no, no.

Un momento.

Están ustedes fuertes, ¿eh?

Nuestra fe nos hace fuertes.

Pues pasen, pasen.

Muy amable. Muchas gracias.

Me van a hacer ustedes un gran favor

y luego ya me cuentan todo lo que quieran, ¿eh?

¿Dónde vas, Merche, a una boda? Qué tonto, donde tú ya sabes.

Ah, ¿al médico de la cabeza? Chis.

¿Cómo dices eso aquí? Hombre, por Dios.

¿Qué pasa,Merche, no es de la cabeza?

Ay, Antonio, no digas tonterías.

Tienes tus estuchitos en la bañera.

Hombre, ¿llegaron ya? Sí.

¿Te gustan? Bueno...

No me gustan las 21.000 pesetas que te has gastado, ya lo sabes.

Joder, qué exagerada... Bueno, ¿cómo ha ido la mudanza?

Muy bien, Merche, muy bien.

No sabes la casa que tiene José el tierras éste,

con una piscina enorme y un jardín que parece un bosque.

Bueno, ya verás la cocina.

Ya la conoceré algún día, supongo. Mañana.

¿Cómo que mañana?

Nos invitan a cenar, Merche, a las nueve y media,

y han insistido muchísimo.

A este hombre hay que hacerle caso porque es un atajo.

Un atajo. Sí.

Pues no me gusta ese camino.

Ya verás mañana, cuando veas la casa, cómo sí te gusta.

Bueno, eso ya lo veremos. Oye, escúchame.

Vete tú en taxi, que ya sabes que yo mañana voy al cine.

¿Vas con tus amigos al final? Nos ha fastidiado.

Con Miguel, con Ramón y con el gallego, Merche.

Una cosa es que estemos juntos y otra,

que no podamos hacer cosas por separado.

Tú tienes a tu médico de la cabeza y yo tengo a mi manada.

Ya. Tú y yo lo que nos vamos a quedar

es sin clientes dentro de nada.

¿Qué pasa? Mauro ya ha empezado

la guerra contra nosotros.

Está haciendo campaña con los clientes.

Está llamando uno a uno.

Mauro. Muy bien. No te preocupes.

Conseguiré más clientes y mejores, no te preocupes.

Ya. No me preocupo.

Esos 21 estuches van a ser como las flechas de San Sebastián.

Más te vale.

Pero... Pero eso ¿qué es?

-Pues eso es...

Mira, si a tu edad no lo sabes, mejor que no lo sepas.

-¿Por qué no?

-Porque sí, hazme caso.

-Mira, yo es que no iría a ver eso aunque me regalaran las entradas.

-Ah, pues yo sí, pero por curiosidad, ¿eh?

-No sé, a mí es que esas películas como que me revuelven el estómago.

Sobre todo los primeros planos.

-Es que el sexo, así, en primer plano, pierde mucho.

-¿Y por qué a los hombres les gusta tanto?

-Porque son como mandriles, Pili.

-¿Los mandriles son esos monos con el culo colorado?

-¡Qué asco!

-Y entonces, ¿qué? Que van ir, ¿no?

-¿Si van a ir? A las siete han quedado para ir.

-¿Os imagináis que nosotras apareciéramos en el cine?

-¡Más quisieran! -Pues se iban a llevar un chasco.

-Chicas, chicas. Si vais, yo me apunto.

-Josefina, por favor, ¿cómo va a ver una película X?

-Hombre, pues para enterarme de lo que es un "clóritos".

-(TODAS) ¡Clítoris!

-(RÍE)

-Hola, padre.

Nada. Bueno, tranquilo, ya aparecerá.

Y si no aparece, ¿qué?

Bueno, pues no sé, es mayor de edad, Carlos.

Es un yonqui, Julia.

Los yonquis nunca son mayores de edad.

Lo siento, es que no sé mucho del tema, la verdad.

No te imaginas la suerte que tienes. Bueno, cada uno tiene lo suyo, ¿no?

¿O a ti te gustaría tener un padre como el mío?

Pues ya ves, no tengo tanta suerte.

¿Te imaginas que hubiéramos seguido siendo novios?

Ahora seríamos como Romeo y Julieta.

Bueno, pues entonces no hicimos mal, ¿no?

Vamos, lo digo porque Romeo y Julieta acabaron fatal.

Pero no se atrevieron a plantarle cara a sus familias.

Oye, y...

Y tu amiga... Me enteré de lo que pasó.

¿Está...? ¿Está bien?

¿Karina? Sí.

Recuperándose, como todos, supongo.

Bueno, pues me alegro.

Pues me voy. ¿Y cómo tú por aquí?

Pues he venido a por unas escrituras para mi madre,

que vuelve a hablar de divorcio.

Pero vamos, cada día dice una cosa, así que...

Es un sinvivir.

¿Y tú, qué planes tienes? ¿Yo?

Pues me voy a Barcelona.

Me han cogido en el bufete de Miguel Roca.

Sí. (RÍE)

Y me voy. Me voy a Barcelona porque me encanta.

Qué bien.

Bueno.

(Llaman a la puerta)

-¡Carlos!

Que tengo algo tuyo en el coche que he recogido por la carretera.

-Ya he muerto, Carlos. Y se está muy bien.

Tú eres tonto, chaval, pero no medio tonto, tonto entero.

Y además me has cortado el rollo.

Ayúdame, Rana, porfa.

La paloma voló.

-¿Obsesionado con usted?

Sí, eso dijo.

Que su marido estaba obsesionado conmigo.

¿Y piensa que puede ser verdad?

Pues no lo sé, pero me preocupa.

-Por supuesto que le preocupa, pero llevamos dos meses de consulta

y eso no me lo ha contado hasta hoy.

La amenazó con una escopeta, un claro símbolo fálico,

y luego dijo que iba a prenderle fuego,

expresión máxima del deseo. Me encaja.

¿Encaja, dónde? En el cuadro clínico de un obsesivo.

¿El tal Mauro tiene hijos? Una hija.

¿Solo una? Sí.

Seguramente lo considerará un fracaso.

El hombre del que me habla está programado para tener muchos.

Con usted hubiera podido tener cuatro como mínimo.

Y si pudiera elegir, dos de ellos varones.

Con lo que me dice, no me ayuda.

Sí que la ayudo porque tiene que afrontar ese asunto.

¿Cómo? Hablando con él.

¿Yo? Sí.

Imposible. No le digo ahora.

No, ni ahora ni nunca. Tiene que poner fin a esto.

No puedo. Él no lo hará.

No es consciente de lo que le ocurre.

Me estoy mareando. Él cree que hace esto por odio,

cuando lo hace por todo lo contrario. ¡Bueno, ya basta!

Quiero irme.

¿Qué te parece?

Me parece que esto me queda un poco pequeño.

Qué raro, es la talla grande.

Será la talla grande en Hong Kong, que es donde las hacen,

pero aquí, en España, esto es pequeño.

Si son de Portugal. Me da igual, Portugal, Hong Kong...

Esto es pequeño y yo aquí me encuentro embutido,

Y me pica por todas partes. -Los últimos.

"Thank you", muchos "thank yous".

"Thank you". -"Thank you", "thank you".

¿Y estos quiénes son?

Estos son dos muchachos norteamericanos, muy simpáticos,

que me han ayudado con la remesa.

Yo a cambio les he comprado una Biblia, ¿sabes?

Son de la Iglesia de los últimos Días, ¿no?

Los Santos de los Últimos Días, sí. Exacto.

Miguel, esta gente habla del fin del mundo.

El único problema que tienen es que no beben vino.

Vino no, ¿no? Mira la cara que ponen.

No, no, vino no. Vino no. Son iguales.

Son iguales, sí. ¡Qué cosas!

Bueno ¿te gusta? Todo personalizado. Qué quieres que te diga, Antonio.

Yo llamaría a una empresa de reparto, pero bueno.

Que no podemos, Miguel.

Que esto es para gente muy importante, ¿entiendes?

Tenemos que entregarlo en mano nosotros.

Como diría don Pablo: "esto es una entrega personalizada, Antoñito".

¿Entiendes? Bueno, mira, atiende. ¡"Pater"!

Buenos días. ¡"Pater"! ¿Qué le parece?

Ah, pues que le viene pequeña. -Ay. Que no, hombre, que no.

Me refería a esto, mire.

Una caja de regalo con dos botellas de Cruz de Sagrillas Reserva.

¿Le gusta? Pues está muy bien, sí.

Pues estas dos son para usted.

Hombre, muchas gracias. Que Dios te bendiga.

Y quiero que me lo entregue al Obispo y al Arzobispo.

¿Me haría usted la gestión? Hijo, yo soy un cura modesto.

Usted es un cura cojonudo. Hombre, Antonio.

¡Algún contacto tendrá!

Algunos tengo, sí... Haga usted la gestión, por favor.

Yo a cambio, le regalo a la iglesia una cajita de seis botellas

de reserva para consagrar.

Desde luego... Gracias, hijos. ¡Que Dios le bendiga!

¿Te has dado cuenta? Todo pensado y personalizado.

Sí. Mira, coño.

Esta es la de Carrillo. Se la entregas tú en mano.

¿Yo a Carrillo? A Carrillo yo no le doy ni la hora.

¿Y eso? Hasta ayer era Dios. Sería Dios, pero hoy es un traidor.

Un Judas es lo que es Carrillo, te lo digo yo.

Carrillo es un vestigio estalinista, Antonio.

Con su actitud lo único que ha conseguido

es fragmentar el Partido Comunista de España,

pero vamos, tal cual.

Y no lo digo yo, lo dice todo el mundo.

No digas monsergas, ¿a mí qué me importa? Coño.

Que somos un negocio, de Gaulle, que tenemos que vender, ¡leche!

Vamos a entrar en el Mercado Común Europeo.

Fíjate la primera palabra lo que dice: mercado.

Ahí nos tenemos que mover como pez en el agua, en un merado.

¿Entiendes? Pues eso, hombre, déjate de...

Hala, mercado. De bobadas.

Estupendo. Coño.

Al mercado.

Joder, qué susto me ha dado, me cago en la leche, ¿qué es eso?

¿De dónde ha salido esto?

¡María, hija! ¿Qué haces ahí? Que te has estampado.

¡Bájate de ahí, hombre! ¿Te has hecho daño?

¿Eh?

Cago en la mar, a ver.

¿Dónde tienes las gafas? Aquí.

¿Y qué haces con las gafas ahí? Póntelas, hombre, inmediatamente.

Te he dicho que no quiero verte en ese trasto.

Me he despistado, pero lo controlo perfectamente.

¿A que sí?

¿Y tú quién eres?

¿Tú eres es el nieto de Eladio, el mudito?

¡Que no es mudo! Sólo que no habla.

Pues así empiezan las cosas, pocas palabras y malas compañías.

¡No es una mala compañía!

¡Calla la boca y vete para casa! ¡Y ponte las gafas!

¡Jo!

¡Ponte las gafas, hombre, que si no, no ves!

Venga. ¡De verdad, qué pesadilla!

¡Eh!

Déjame que te diga una cosa, chaval.

María Alcántara es mi hija, ¿entiendes?

Métetelo en la cabeza. Y va a ser una química muy buena.

Hasta va a inventar la vacuna contra el cáncer.

Ándate con ojo, chaval, o te corto los dedos de la mano

y no puedes hablar ni por signos, ¿estamos?

Venga, hombre.

¡Espérate un momento, espérate un momento,

¿Cuántos sois los que andáis con el monopatín ese?

¿Está usted segura?

-De tú.

-Vale, ¿pero esto lo has hablado con el señor?

-Que se llama José Ignacio.

-Bueno, yo prefiero llamarle "el señor".

-Bueno, mira, como quieras. ¿Dónde están las cucharas?

-Allí.

-¿Lo descorcho? -¿Eh?

-¿Quién bebe vino? -El señor.

Digo...

José Ignacio.

-Bueno, bueno, bueno.

Así que sí.

No es una broma, vamos a comer en la cocina.

-Sí, claro. El cuarto de estar

es muy grande.

Y así estamos mejor, ¿no? Los cinco.

-Ah, ¿que vamos a comer todos juntos?

-Corta el pan.

-Me troncho.

-Eh...

(SUSPIRA)

Inés.

Inés, escúchame, por favor. -¿Qué?

No puedes llegar aquí y cambiarlo todo.

-¿Te resulta ofensivo comer con ellos?

-¿Sabes si quieren comer con nosotros?

Igual se sienten violentos.

Más violenta me siento yo teniendo criados que lo hacen todo.

-No son esclavos, cobran por esto.

-Te dije que no encajaría aquí. Te lo dije.

-A lo mejor eres tú la que se empeña en no encajar.

Relájate y acepta las cosas tal como son.

¿Aunque sean injustas?

-¿Quién está hablando de injusticia? Es su trabajo.

-Ya.

O sea, soy yo la que se tiene que adaptar, ¿no?

-Yo he intentado adaptarme a tu vida. Y lo he hecho encantado.

Todos tenemos que adaptarnos poco a poco.

Inés, esta es una buena vida

y quiero compartirla contigo y con tu hijo.

No la desprecies antes de vivirla.

Nieves, ¿has visto a mi madre?

¡Madre, por Dios!

¿Sabes el susto que me he llevado, madre?

A estas horas estás preparando la comida, mujer.

Ay, de verdad.

Pues no pienso volver a guisar, hija.

Mientras la casa no vuelva a ser como era.

Porque es que vamos, me niego.

Si ha bajado llorando y todo, la pobre.

Me he encontrado una pared de arriba abajo de cajas delante del armario.

No he podido ni cambiarme de ropa interior.

Pero ¿ha traído más cajas? Sí, esta vez de camisetas.

Mañana salgo con el mago

y quiero sacar de ese armario el vestido que me compré en rebajas.

¿Cómo que de camisetas, qué es eso de camisetas?

Mira.

(LEE) "Cruz de Sagrillas, Alcántara Fernández e hijos".

Yo a este hombre lo mato.

Madre mía, cuánto se debe de haber gastado en esto.

Pues yo le he dicho a Antonio

que como no me vuelva a dejar la habitación tal como estaba,

le doy las camisetas al del mercadillo.

Pues harás bien. Mira, Mercedes.

A mí también me ha regalado una. Yo lo mato.

(TELEVISIÓN) "Felipe González recibió en el aeropuerto de Barajas,

en una escala técnica, a Daniel Ortega,

coordinador de la Junta nicaragüense, y a Fidel Castro,

primer ministro cubano".

-¡Joder! ¡Una rata tío, que he visto una rata!

Una rata enorme, como un conejo.

Se ha metido por detrás del váter. Estamos en el pueblo.

¿Tenéis veneno? Creo que hay debajo de la cocina.

Perdona, me dan una dentera que te cagas, no puedo con ellas.

No sé qué hacer. ¿Con la rata?

Con Julia. Con esto nos la cargamos, ¿no?

Es que cada vez que la vuelvo a ver es como un viaje.

Yo creo que estoy colgado de ella. ¿De quién?

De Julia. ¿Y Karina?

Es que yo creo que estoy colgado de las dos.

¿Tú cuánto hace que no mojas, Carlos?

No, no va por ahí, esta vez no va por ahí.

Hace un poco, pero de verdad, que no es eso.

Que es que las quiero de verdad. Es amor de verdad.

¿Igual a las dos?

Pues no sé si igual o...

Bueno, un poco distinto, es diferente, pero sí,

o sea, en intensidad es igual, ¿sabes?

Es que yo creo que tengo tanto amor dentro

que mi corazón es capaz de partirse en dos

y darle a dos personas diferentes la misma cantidad de amor.

Como si yo fuese un repartidor de amor.

Muy poético, pero no me lo trago.

Esta noche voy a echar el cerrojo a mi habitación,

no sea que intentes... Que te den, que te den.

Qué coño, la invito a cenar.

¿Y las lentejas?

(LEE) "Manténgase fuera del alcance de los niños".

Buenas. Hola, tía.

Hola. Vamos a ser tres: mi madre, la niña y yo.

Estupendo, porque hay unas lentejas buenísimas.

Mira qué bien. Uy, lentejas,

que son ricas en magnesio y en zinc, vamos, "afrofollacas".

¿Eh? Afrodisíacas.

Bueno, afrodisíacas. Eso, sí.

-Tía, yo no sé dónde meterme. Es que no sabe hablar de otra cosa.

Otro.

¿Molesto? ¡No, qué va! Siéntate, Mercedes.

Necesito tu ayuda. Claro, dime.

Quiero que hables con Antonio

y le digas que tiene que moderar los gastos, por Dios.

Hablas de los estuches.

No, de los estuches y ahora de las camisetas. Está desatado.

No te lo quería decir, pero Miguel me ha dicho

que quiere hacer también bolígrafos y mecheros.

Pero, por Dios...

Si es que tienes que frenarle, darle un buen susto.

El problema es que tu marido es el típico...

obsesivo.

¿Obsesivo? Sí, obsesivo.

Que se le mete una idea en la cabeza y se obsesiona,

ya sea trabajo, dinero, estuches... Se obsesiona.

Yo en el banco tengo muchos clientes de esos.

¿Qué están obsesionados con el trabajo?

Con el trabajo, el dinero, las cuentas corrientes...

En general. Bueno...

Menos uno que... Menos uno que se...

¿Qué?

Uno estaba obsesionado conmigo.

Hombre, cuéntame más.

Bueno... ¿Sabes lo que me pasa en este barrio?

Que llevo aquí solamente tres meses

y todo el mundo sabe lo que llevo ocultando 30 años.

Ya. Es un barrio muy...

Pero esa persona que dices que estaba obsesionada contigo,

¿cómo te libraste de él?

Escuchándole. Escuchándole.

¿Tú escuchas o solamente oyes?

Hombre, yo...

La gente que se obsesiona es para demostrarle algo a otra persona.

La gente obsesionada en el banco, con las cuentas corrientes,

con el dinero, es para demostrarle a otra persona

que tiene poder, que tiene dinero.

Este tío del que te hablaba, que estaba obsesionado conmigo,

lo que pasaba es que tenía miedo.

Porque tenía una doble vida, como yo...

Ah, que tú... Sí.

Y estaba intentando reunir el valor necesario para...

Bueno, pues para cambiar esa situación.

O sea, que... Bueno, en fin.

Y cuando le escuchaste se acabó la obsesión.

Sí, sí. La suya, sí.

Empezó la mía.

Así es la vida. Y aquí me ves,

comiendo solo,

más solo que la una, exactamente, leyendo el periódico... En fin.

Ah.

Y volviendo a Antonio,

¿tú crees que hace todo esto para demostrarme, el qué?

Pues que no te equivocaste de hombre al elegirle.

Tu también has ido al psicólogo, ¿verdad?

No, qué va, pero llevo media vida en los bancos.

No te puedes ni imaginar la de cosas que he tenido que oír. Ni imaginar.

No, no, me lo imagino.

Ya está, de Gaulle.

Me he hecho amigo hasta de la recepcionista, fíjate.

¿Cuándo comemos? Vaya chollo esto del estudio, ¿eh?

Aquí al lado de casa, y vienen los mejores artistas de España.

¿Sabes quién viene hoy? No, ¿quién?

No te lo vas a creer. ¿Quién?

Ana Belén.

Estupendo. Antonio, llevamos todo el día pateando Madrid,

el Ministerio, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo,

la chica rubia esa del Ayuntamiento...

Esperanza, ¿y qué? Esperanza, me da igual.

Mi única esperanza es que no se me junte la comida con la cena.

Espérate un momento, que me ha dicho la recepcionista

que Ana Belén está a punto de llegar.

Bueno, pues coges una tarjeta, le escribes algo,

lo dejas en la caja, lo llevas a recepción y ya está.

¿Sin saludarla?

Pero saludarla, ¿para qué? Si no la conoces de nada.

Bueno, pero le voy a dar vino. Que no creo que le siente tan mal.

Antonio, ella no te ha pedido nada, se lo das porque quieres.

No, pero no le cuesta nada darme las gracias,

que le voy a dar vino. Pero que ella viene aquí a trabajar.

¿Y a qué he venido yo? Pues a trabajar también.

Igual que ella.

No seré tan famoso como Ana Belén, pero no hay que ponerse antipática.

¡Qué antipática! ¡Que no la conoces de nada!

Dices que no me va a hacer caso, me cabreo.

(BALBUCEA) Mira, Antonio, relájate un poco, ¿eh?

Oye, que yo no estoy loco. Un poco, sí.

Mira, vamos a hacer las cosas como tú dices.

Le mando una tarjetita, pero las cosas no se hacen así.

Anda, déjame un bolígrafo.

He leído muchas biografía, de Gaulle,

y siempre es lo mismo, una idea y un hombre detrás de una idea.

Ese soy yo. A ver, ¿"para Ana y para Víctor"?

¿O "para Víctor y para Ana"?

Tiene más pinta de beber Víctor.

Venga, "para Víctor y para Ana con cariño".

Cago en la leche.

"He embarcado a mi familia en esta historia

y no voy a parar hasta que media España tome Cruz de Sagrillas.

Antonio Alcántara". A ti no te pongo.

No me pongas, no hace falta. Hala, venga.

La recepcionista se llama Olvido. Que sí, Olvido, muy bien. Venga.

Es que tengo esto...

Ese señor de ahí hace vinos...

Una para usted y otra para Víctor.

Que lo disfruten.

Si quiere llamarle, ahí tiene el teléfono.

Antonio Alcántara se llama mi hermano.

¡Qué suerte, Antonio!

¡Qué suerte he tenido! No te lo vas a creer.

¡Ana Belén! ¿Era Ana Belén?

¡Ana Belén! Me cago en la leche.

Sin Víctor Manuel. Sola. ¿Le has dado el vino?

El vino, la tarjeta... Todo. ¿Qué te ha dicho?

No me ha dicho mucho, la verdad.

Yo no la he oído, pero qué simpática...

¿Sí? Oye, qué llana, ¿eh?

Como nosotros, vamos. ¡Fíjate!

Y lo bien que huele.

Lo bien... Me lo he perdido, me cago en la leche.

Me lo he perdido. Toma, anda, toma, joder.

Joder. Bueno, a lo mejor te llama.

Pues claro que llama, Miguel, ¿cómo no me va a llamar,

con el vino que le he dado?

Dos días tarda Víctor Manuel en llamarme, ya lo verás.

(Ladridos)

Tranqui, pon solo dos ¿eh? Que yo aquí esta noche sobro.

¿Adónde vas? Al bar, con el Rana.

¿Qué llevas ahí? Un libro, por si me aburro.

¿Y dónde vas a dormir? A tu rollo, Carlos.

Ya me busco la vida. Ya soy mayorcito.

Además, que no quiero ser un incordio.

-¡Hola! -Hola, Julia.

Estás muy guapa. -Gracias.

Tranqui, que ya me iba.

Lo dicho, vosotros a lo vuestro, que yo ya...

Hasta luego. -Hasta luego.

Hola. Hola.

Mmm, hay tortilla.

Es lo que mejor cocino, sí.

¿Y esas flores?

Para ti, que me gusta regalárselas a los hombres.

¿Sabes por qué?

Porque todos ponéis la misma cara. (RÍE)

Estás impresionante.

Pues tú tienes la corbata mal puesta.

Anda, ven.

Voy a lavarme las manos.

¡Carlos, que hay una rata! ¿Qué?

Te lo juro, una enorme, en el baño. ¿Pero viva o muerta?

¡Viva! Muy grande, mátala... Qué asco.

¿Y el raticida? Da igual, ¡mátala!

Con lo que sea, una escoba o algo, pero mátala.

(TELEVISIÓN) "...en relación con la querella

del Fiscal General contra el presidente de la Generalitat,

Jordi Pujol, y otros 24 exdirectivos de Banca Catalana".

-"Jordi Pujol Solei, actual presidente de la Generalidad,

es el candidato de la coalición Convergencia y Unión."

"Nacido en Barcelona hace 53 años,

es licenciado en Medicina..." María.

Apaga la tele.

¿Por qué?

Estrenan una serie americana muy buena:

"Vientos de guerra".

Vientos de guerra es lo que sobra en esta casa, hija.

(RÍE)

Por cierto, estás toda la semana castigada sin televisión.

Porque soy una niña, ¿no? Pues no, por el patinete.

Si fuera un niño, me dejarías, ¿por qué no me dejas?

Pues porque no quiero. Es porque soy una niña.

¡Es porque no me da la gana! Porque eres un machista, papá.

(Televisión)

¿Qué me has llamado? Machista.

Machista, Merche.

Esto no puede seguir así, un día le cruzo la cara.

Vete a la cama, anda.

Sin postre, claro, porque soy una niña.

Si no has cenado, ¿qué más da? Que vayas a la cama, hija, por Dios.

Vete a tu cuarto, anda, vete a tu cuarto, por favor.

Y no te olvides de las gafas.

Cago en la cuna que me arrolló.

Coño, si es que no me escucha nadie porque vivo en un matriarcado

y me están chupando la hombría. ¡Antonio, por Dios!

"Antonio por Dios" dice la otra, y quiere tirar las cajas a la calle.

Y tú quieres vender las camisetas, Milano, delante de mi hermano,

me lo dices delante de todo el mundo,

hasta de la niña, que cree que ha inventado algo.

¡Y no has inventado nada, hija!

Te estás pasando, ¿eh?

No te has terminado la manzana.

Tengo un nudo en el estómago. ¿Quieres bicarbonato?

No. Quiero volver a ser el hombre de esta casa.

Que se me escuche, a ver si te enteras.

Pero si yo te escucho, Antonio.

Desde luego...

¿A que nosotras le escuchamos?

Yo creo que sí.

Perdóname, ha sido sin querer. No, da igual.

Te juro que ha sido sin querer. Da igual.

De verdad, perdóname, me he despistado

entre lo de Luis, la rata, el matarrata.

Ya me lo has dicho. Tenías que haber ido a buscar a Luis.

Julia, no te vayas, por favor. ¿Y qué hacemos?

¿Nos vamos los dos a buscar a Luis con la linternita?

Pues yo no, gracias.

¿De verdad lo vamos a dejar así? Así es como ha salido, Carlos.

Además, por hache o por be siempre pasa lo mismo entre nosotros.

¡Como no se haya matado, lo mato yo! No se ha matado, Carlos.

¿Te das cuenta de que nunca estamos solos?

Siempre hay gente flotando a nuestro alrededor,

tus padres, mi padres... O un novio, un novio tuyo.

Un novio mío.

Por encima de todo, este pueblo de mierda que no soporto.

Julia, de verdad, ven aquí. Carlos, me has llamado Karina.

¡Espera, Julia, te dejas esto!

Julia, te dejas esto.

¡Julia, Julia, de verdad!

No te vayas, por favor. Mira, Carlos, ¿sabes qué?

Si de verdad te importo, ven a buscarme a Barcelona.

Pero vienes tú solo, sin fantasmas.

¡Carlos!

¡Carlos, joder!

Tío, me levanto a las siete menos cuarto,

que es noche cerrada y hace un frío de pelotas y ¡hala!

¡Al puto campo a correr como los conejos!

Joder, Carlos, echo de menos Madrid.

Qué coño, echo de menos el mar. Yo echo de menos mi vida.

¿Puedes pensar en mí un momento? Tengo miedo de fallarte, ¿vale?

¿Por eso te llevaste el matarratas? ¡No me he llevado nada!

¿Y qué llevas en la bolsa? ¡Un libro! Regístrala si quieres.

¿Se puede saber dónde has dormido? Me tenías preocupado, gilipollas.

En casa del Rana.

No pases de mí, Carlos.

¿Qué no pase de ti? Ojala pudiese. Si no sé pasar de nadie.

Sí. Pasaste de Nuka. ¿Qué dices?

Tú mismo me lo dijiste. Y anoche pasaste de Karina.

No me hables de Karina. ¿Tú qué coño sabes?

¿Te has convertido en Pepito Grillo o qué?

¿Y los dientes? Te he regalado un cepillo, ¿por qué no te los lavas?

Es que me sangran mucho las encías, Carlos.

Mira, las tengo coloradas.

¡Jódete!

¿No podríamos pillar la moto e irnos a ver el mar, Carlos?

¡Carlos, joder!

-(PELÍCULA) "Házmelo."

"Házmelo". -"Te gusta, ¿eh?"

-"Sí".

-¿Cuándo termina esto? Joder, qué pestiño.

(RESOPLA) Todavía le queda.

Te estás durmiendo, Ramón, coño.

No, el que se está durmiendo es tu hermano.

-Esta película es más antigua que el hilo negro.

No tiene ni ton ni son, ni argumento,

ni fundamento, ni presupuesto, ni nada.

Lo único que tiene es un poco de intríngulis.

¡Eso sí!

-Y la chica, ¿qué queréis que os diga?

A mí me pone más Carmen Sevilla.

Pero ¿qué dices, hombre? ¿Cómo te va pone más Carmen Sevilla?

¿Tú has visto "La Cera virgen"? Que sí, hombre, que sí.

Sale Carmen Sevilla... Que no, hombre.

Vas a comparar, por Dios. Mira. Está muy delgada.

-Chis. ¡Delgada dice!

Es hueso todo. Delgada sí, pero...

(Gemidos en la película)

Joder.

Pues yo creo que es muy profesional la actriz.

Se mete... Se mete muy bien en el papel.

-Sí que se mete, hay que reconocerlo. Se mete...

Vaya lo que se mete.

Si le dejan se mete la pantalla, el cine...

Se mete... Todo Madrid se mete. Vamos, qué barbaridad.

Y éste... La garganta hasta aquí...

Que se me está revolviendo el estómago,

tanta boca, tanto diente.

Yo me estoy excitando, ¿vosotros no os excitáis con esto?

-Pepe, por Dios, que te conocemos todos,

sabemos que te excitas hasta con Dumbo.

(Gemidos en la película)

Oye...

¿Esos de ahí no son los mormones esos que han estado en el barrio?

Sí, sí, es verdad.

(SUSURRA) ¡Hey! Chis. ¡"Mormons"! ¿Qué?

(Gemidos en la película)

(SUSURRA) Chis. ¡Mormones!

¡Mormones!

-Chis. -¿Qué?

¿Y cómo te va en el colegio, cariño?

Dan Sociales, Música y Plástica en inglés.

No me entero de nada.

Bueno, pero como eres tan listo, aprenderás enseguida.

Además, no te puedes quejar,

con la habitación tan grande que tienes, y tan bonita.

Tenía una tele, pero mamá la ha liado como siempre.

-Oye, la tele solo los fines de semana.

Haz caso a tu madre.

Venga.

Sábanas dentro.

Madre mía. Qué cómoda.

¿Y cuántos armarios tiene?

(Timbre)

Mira, ese debe de ser tu abuelo.

Hala. Te quiero mucho.

Adelaida, ya abro yo, gracias. -Sí, señor.

Antonio. Muy buenas. Perdón por el retraso.

Llegas perfecto. ¿Puedo dejar el coche aquí?

Mejor en el garaje, pero ya lo aparca Benjamín.

El coche del señor en el garaje.

Cuidado con la marcha atrás, que rasca.

Descuide, yo me ocupo. -Pasa.

Gracias.

¿Qué hay?

Toma, el vino. Ah, perfecto.

¿Te apetece un aperitivo?

Te lo agradezco mucho, José, pero tengo el estómago...

Vaya, prepárele al señor un zumo de papaya.

-Sí, señor.

¿De papaya? Sí.

Tiene enzimas digestivas. Mano de santo.

Muchas gracias. Vamos.

¿Y qué te ha sentado mal? Pues la película.

He ido a ver con unos amigos "Garganta Profunda", imagínate.

Hola, papá. Hola.

¿Qué tal la película?

(Gemidos)

Regular. ¿Y eso por qué, qué has visto?

No me acuerdo de cómo se llama. El caso es que era muy mala.

Bueno, ¿vamos pasando? Eh... Sí.

¿Has visto los estuches, has visto cómo destacan, qué te parecen?

Eh... Bueno.

Esas cosas hay que decidirlas en Junta.

Somos una sociedad.

Lo más importante, hija, es empezar a vender, ¿sabes?

Lo importante es que respetes las reglas.

Bueno... Los estuches están muy bien.

También lo creo, Ignacio, están gustando mucho.

Ana Belén ha llamado para decir que le había gustado el vino.

No se lo has contado, ¿no, Merche? No se lo he contado.

Ni lo de Suárez. Claro, lo de Suárez no lo sabes.

Me ha llamado también esta mañana Adolfo Suárez.

Sabe un montón de vino.

Esta mañana ha llamado y ha dicho:

"Antonio Alcántara, te felicito por tu vino".

Merche, no lo has oído porque no sé dónde estabas, ¿dónde saliste?

He ido a la tintorería. La tintorería, exacto.

Perdón, el zumo de papaya.

Ah, muchas gracias. Esto, ¿no?

¿De papaya? Sí.

Muchas gracias, muy amable.

(Gemidos)

¡Hola, familia!

¡Hola! Ah, hola.

¿Qué tal?

¡Guau!

¡Guau!

¡Qué madre tan guapa! Eh... Gracias.

Inés, te pareces más a tu padre.

Sí.

Sí. Tú eres Luchi, ¿no?

Yo, Luchi. Sí, hola. Encantada.

Encantada.

Luchi. Es un regalo para ti.

Es una tontería de la bodega, pero me hacía ilusión.

Te va a gustar ¿verdad?

(RÍE)

A ver...

Bueno, me encanta. ¿Te gusta?

Para la piscina.

(RÍE)

Cuando acabes la papaya, nos vemos en el comedor.

Yo voy a hablar con Adelaida. Luchi, ¿me acompañas?

-Sí, ve con él.

¿Dónde dejo esto, hija? Dame, papá.

Gracias, hija.

Escúchame, Milano, por Dios, tú no digas nada.

Tú deja que hable yo. Que sí, Antonio.

Tú no sabes la cantidad de gente que conoce José, muy importante,

que puede hacer que el vino llegue a círculos de poder,

a los que tienen pasta de verdad. ¿No ves que utilizamos a tu hija?

Coño, también es su negocio. ¡Que va a ser tu yerno!

A mí me cae mejor que a ti.

No quiero problemas con tu hija por la bodega.

Por Dios, acábate tú la papaya, que a mí me sabe rarísima.

Por Dios, qué mala está.

Jo... ¡Dios santo!

Mercedes. Sí, gracias.

Tenemos una sorpresa para ti, papá. ¡Vaya!

Ostras de Arcachon.

Ah, ostras de Arcachon.

(Gemidos)

Muy bien.

Luis.

¿Me vas a hablar? Te estoy hablando.

Ya era hora.

He estado pensando. Vas a empezar a hacer algo por mí.

Me parece injusto que yo me ocupe de ti y que tú no.

Sí, si me gustaría poder hacer algo por ti,

pero no se me ocurre, Carlos.

Pues a partir de mañana te encargas de la casa.

De la casa.

Cuando yo vaya al campo o la bodega,

tú te quedas y lo haces todo: friegas, barres, limpias, cocinas.

Todo.

Pero tendré que salir a comprar. La comida, digo.

Ajá. Te dejaré dinero debajo de la cubeta de los cubiertos.

Dinero para comida, ¿queda claro?

Clarísimo.

Bien.

Y me vas a leer. Ajá.

De noche me lees en voz alta lo que escriba durante el día.

Muy bien.

¿Sí? Sí.

Me encanta leer en voz alta. Estupendo.

Así tú dependes de mí y yo dependo de ti.

Es mejor. Claro.

La amistad es cosa de dos.

Fijo.

Comer ostras es un ritual, ¿eh?

Dicen que hay que echar la cabeza hacia atrás,

dejar que la ostra se deslice, masticarla solo una vez y tragar.

¡Venga, sin miedo!

-No sé cómo podéis comer un ser vivo.

-A Hemingway le encantaban las ostras.

-Hemingway sería un salvaje.

-Y después, un trago de Albariño.

¿Es blanco?

Pero no te preocupes. El tuyo sale con el steak tartare.

No está mal.

Papá, que antes hemos estado hablando de la oficina.

¿De qué oficina, hija? Pues de la empresa.

Mamá me dice que tenéis la casa invadida.

Pues no le hagas caso, porque... Porque no es así, Merche.

Tú no te preocupes, José, que no hay problema.

Yo tengo un local que está muy bien.

No, ahora mismo no podemos alquilar

hasta que no salgamos del bache.

Vamos a ver, depende del precio... Aquí no hay precio que valga.

No, no, no, eso tampoco. Yo gratis no quiero nada.

Solo hasta que salgáis del bache. ¡Que no hay bache!

¿Te lo ha dicho Merche?

Pues no le hagas caso porque es una exagerada.

Es que yo creo que no es bueno mezclar negocios con familia.

Yo no creo que estemos mezclando familia,

porque hasta el día de hoy José es un muy buen amigo de Inés

que invierte en algún negocio. Bueno.

Bueno, hasta el día de hoy, un amigo

que nos ha prestado un millón de pesetas.

¿Les has prestado un millón?

-He invertido un millón.

Bueno, Antonio, ¿no quieres más?

-Pensaba que no teníamos un duro.

-¿Dejamos de hablar de dinero y hablamos del colegio de Oriol?

-Hablar del colegio de Oriol es hablar de dinero.

-Los socialistas defienden la enseñanza pública,

pero si queremos que Oriol hable perfectamente inglés,

debería ir a un colegio privado y bilingüe.

-Yo lo hablo y no me sirve de nada. -Tú no das un palo al agua, Luchi.

-Tampoco veo que tú te mates a trabajar, Inés.

-Bueno, ¿qué? ¿Están ricas o no? ¡Sí!

(Gemidos)

Arriba, la segunda puerta.

¿Quieres qué te acompañe?

No...

Las ostras están buenísimas.

¡Abuelo!

Hola, hijo. ¿Qué pasa?

¿Me ayudas a hacerme el nudo de la corbata?

Hay muchos tipos, vamos a hacer uno estupendo.

Dejamos una parte más larga, ésta,

y ahora lo cruzamos así

y esto lo pasamos por...

¡Detrás! Detrás. Sácalo.

Así. Muy bien.

Ah, ¿que están al caer ya? Ah, sí, sí. Muy bien.

Adiós, gracias, adiós.

Pili, no puedo cerrar, están al caer.

-Oye, ¿y las niñas? -Las niñas están con Miguel.

-Ya... ¿Quién viene? ¿Quién es esa persona?

-Es gente muy importante de incógnito.

No me ha dado ni el nombre de verdad.

Paquita, si es gente importante, dales tres lotes de botellas,

que en la casa ya no podemos con más.

-Vamos a quedar muy bien con el vino. Sí, señor.

-Herminia, una cosa. ¿Su cita con el mago éste no...?

Ay, pues está visto que me ha dado plantón, hija.

¡Qué asco de hombres! -Ya, pero sin ellos, ¿qué?

-Sin ellos, ¿qué? Sin ellos ni violaciones,

ni guerras, ni malos tratos, ni películas porno.

Ni los domingos habría fútbol sin hombres.

Ayúdame con la mesa, Pili. -Voy.

Voy, voy, voy. -Venga.

-¿Sabes qué, Paqui? Que me voy a quedar.

No voy a ir sola al sitio este que te iba a llevar, un karaoke.

-¿A un qué?

-A un... -Olmedilla, una pregunta.

Usted echa mucho de menos a sus hijos, ¿verdad?

-Pues sí.

-Ya... Yo también, y eso que no tengo.

¡Que ya están ahí, que ya están ahí!

Vamos, que es gente importante, venga.

-Vamos. Bueno, bueno, bueno.

Oye, ¿y si es Rafael? ¿Y si es Rafael, te imaginas?

Ay, qué nervios. O Pedro Marín.

-Buenas noches. -(TODOS) Buenas noches.

-Su Majestad necesitaría pasar al servicio.

-¡Ahí, ahí!

-¡Coño, el rey!

Madre mía.

Antonio. Antonio, despierta. ¿Eh?

Que despiertes.

Merche... Llevas más de una hora dormido.

Joder. No vuelvo a ver una película porno

antes de cenar nunca más. Sí, será eso.

Y entonces, ¿qué?

Ese bicho que tienes dentro, que no paras.

¿Qué bicho, Merche, qué bicho? ¡Qué bicho!

¿Qué ha pasado?

Vamos a dejar las cajas, los estuches y las camisetas

en un local que tienen en Valdezarza. Como almacén.

Ah. La oficina sigue estando en casa.

Mejor.

Y nos abre toda su agenda.

¿Nos abre toda su agenda entera? Chis.

Lo que estábamos esperando, Milano. Ya lo sé.

¿Y cómo se te ocurre invitarles en Semana Santa al pueblo?

¿Tú estás loco? ¿Yo?

(BALBUCEA)

Para que conozca la bodega. ¡Te mato!

No, hombre, no. Vamos.

A ver si lo vas a despertar.

Le he enseñado el nudo de la corbata.

Ya lo he visto. Está guapísimo.

Parece un hombrecito.

Ay, madre mía.

¿Has visto que cada vez se parece más a su padre?

Vamos.

Madrugada del viernes y lo único que he conseguido

es que mi nieto sepa hacerse el nudo de la corbata.

Y de eso se va a acordar toda la vida.

Cuando tú ya no estés, les dirá a sus hijos:

"Mi abuelo me enseñó a hacer el nudo de la corbata".

Ya verás.

Mira para adelante.

Ay, ven aquí, anda. Ven aquí.

Para.

¡El rey, el rey! -Allí, allí.

-El rey. -El rey.

¿Los de la moto? ¡Claro, el rey!

Pero ¿era el rey, nuestro rey? -¡Sí, nuestro rey!

Juan Carlos. ¿Has oído, Antonio?

¿Sí? ¡Que era el rey!

¡No te puedes imaginar lo majo que es!

Sí, y muy educado.

Y no sabe cómo mira a las mujeres de bien.

Es muy educado.

-Ha venido a comer las lentejas de Paquita.

Le has dado lentejas. ¡Estaban muy buenas!

-¡Ha sido demasiado!

¡Se ha llevado tres estuches de Cruz de Sagrillas!

¿Tres estuches? ¡Tres estuches, Merche!

Sí, tres estuches. Tres.

¡Ha dicho que eran muy elegantes!

-¿Qué? -Hemos hecho una foto.

-Ah, sí. La foto. Mira.

Todos y él. ¡Coño, es el rey!

¡Sí, es verdad, es el rey! ¡Claro!

Ay, por Dios. ¿Y con el vino no habéis hecho?

¡Sí! -Sí, sí.

-Mira...

¿Qué? (RÍE)

Cruz de Sagrillas. No se ve la etiqueta.

¡Claro que se ve! ¡La ha hecho él!

"En el mundo animal, la competencia entre ejemplares

de la misma especie es fuerte

y la orina es su forma de marcar territorio a los demás."

"Los Alcántara somos territoriales como los animales."

"Incluso creamos miniespacios privados en nuestra casa."

"Un asiento preferido desde donde sufrir el desorden

que amenaza con poner patas arriba nuestro pequeño mundo."

"Una mesa de trabajo,

una foto enmarcada que nos transmite seguridad."

"Marcamos territorio también con ciertas señales

con las que declaramos devoción sobre lo que más queremos."

"Marcamos territorio con nuestro valor

y nuestra rebeldía."

"Marcamos territorio poniendo límites."

"Generalmente es un perímetro de unos 50 centímetros

del espacio que nos rodea."

"Un espacio que los Alcántara solo dejamos invadir

en dos ocasiones: en la lucha y en el amor".

Pues para esto vas a tener que utilizar más tu imaginación.

Miras al horizonte,

entornas un poco los ojos

y ahí lo tienes: el mar.

Cuéntame cómo pasó - T17- Capítulo 297, 'Territorios'

11 feb 2016

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