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5004001
Para todos los públicos Crónicas - El silencio roto - ver ahora
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La edad exacta no la recuerdo,

desde que tengo uso de razón, no sé si son 3,4 o 5 añitos,

desde muy pequeñita

hasta los 8, 9 años por ahí

pues sufría abusos.

Mi madre abusaba de mí y ...

me cuesta mucho contar.

Fueron muchos años.

No había penetración porque no era un hombre,

pero había sexo oral, había tocamientos,

había quiero estar con mi hija, ella decía quiero estar con mi hija,

o sea ella lo veía normal,

ella me contaba que con su tía había hecho cosas así.

Yo no he querido tener hijos,

yo no he querido tener hijos

no porque piense que yo vaya a abusar de los niños,

porque yo jamás haría una barbaridad así,

pero por un lado

no creo que fuera una buena madre con lo que he vivido.

Hay que hablar

porque necesitamos ayuda las víctimas

y también porque le puede pasar a cualquiera,

a veces es que la gente ante algo muy doloroso

como que no quieren

pero es que si les hubiera pasado a ellos,

o si les hubiera pasado

si tienen hijos y les hubiera pasado a sus hijos,

cómo reaccionarían,

cómo reaccionarían.

Todo es vivirlo.

Dos de cada diez adultos

han sido víctima de abusos sexuales en la infancia.

De media los menores sufren cuatro años de agresiones.

Ocurre en todo tipo de familias.

La madre de Ángela era bailarina.

Cuando le falló este trabajo, se dedicó a la prostitución

y finalmente a la mendicidad.

La pequeña Ángela la acompañaba a todas partes.

Yo me acuerdo que una vez

un policía me empezó a preguntar qué hora es,

enseñándome el reloj, claro yo no sabía la hora,

no sabía nada,

no había ido nunca al colegio, ni nada.

Nos llevaron al juzgado

y del juzgado ya me acuerdo

que la policía empezó a tirar de mi brazo

y mi madre y mi abuela tirando del otro brazo,

y ya de ahí directamente

me llevaron rápidamente al Centro de Menores.

No me explicaron nada,

simplemente me dijeron

ahora vas a estar aquí un tiempo,

estos van a ser como tus hermanos y hermanas,

allí en el centro de menores,

y nada,

allí lo pase muy mal también.

Yo muchas veces tengo mucha rabia, mucha ira contra el sistema,

contra los Gobiernos, contra todo,

por decir a ver,

yo sé qué hace años era aún mucho peor

o hace siglos

pero es que dices,

a ver

si se enteran,

mira yo nunca había comido una comida normal

porque mi madre me hacia todo triturado en papillas,

y yo cuando me metieron en el centro de menores

nunca había comido una comida normal,

pues ellos pensaban

que yo no quería comer porque no quería comer,

y me encerraron en un armario ropero donde tenían lo de toda la gente,

hasta que no te comas,

había cocido,

hasta que no te comas esto, no sales.

Otra vez me acuerdo

que todos mearon en un vaso y me obligaron a beberlo,

yo que se

me intentaron ahogar una vez con una percha,

en la piscina también varias veces me intentaron ahogar,

yo no sabía nadar,

y una vez en las duchas,

pues,

es que entraban y continuamente nos duchábamos,

entraban y salían continuamente como si nada,

y una vez ah

pues tú has hecho no sé qué, has tenido relaciones,

no sé qué, no sé cuántos, metiéndose conmigo,

vamos a probar,

y con una llave me intentaron...

El Consejo de Europa afirma

que uno de cada cinco menores

sufre abusos sexuales antes de cumplir 17 años.

El 85 por ciento

de los delitos sexuales a la infancia

no se denuncian.

En 2017 en nuestro país,

hubo casi diez mil denuncias por delitos sexuales,

la mitad eran menores.

La Fundación Anar

con las llamadas a sus teléfonos de ayuda

ha detectado que en los últimos ocho años

casi se han triplicado los abusos sexuales a menores.

El 70 por ciento de los casos

se producen dentro de su propio entorno familiar,

es decir,

principalmente el agresor es el propio padre biológico,

luego la pareja de las madres,

luego abuelos,

personas que están cerca, familiares, tíos

y a veces, amigos incluso de la familia.

Solamente algunos casos se producen fuera de ese entorno

y ha crecido un 178 por ciento desde el año 2009 al 2016,

luego la tasa de incremento

implica que donde había un caso, casi hay tres actualmente.

Uno de cada diez menores lo cuenta.

Y en muchas ocasiones no se les cree.

Solo el quince por ciento lo denuncia

y de esos casos,

el 70 por ciento no llega a juicio

porque se considera que no hay pruebas suficientes.

Lo que es muy importante

es que desde el momento cero

en el que hay sospecha de un caso de abuso sexual

se recojan las pruebas,

se recojan los datos

porque es verdad que hay pruebas

que son luego muy difíciles de conservar.

Recuerdo un caso, yo creo que fue hace año y medio,

en el cual una niña de 9 años

tuvo que meterse una grabadora en un calcetín

para grabar cómo su padre aceptaba que estaba abusando de ella

porque no la había creído ni la policía

ni la había creído un juez

y esa niña todavía tenía que ver a su padre.

Entonces estamos viendo

que el sistema no protege a estos niños

porque en gran medida no les cree.

Estamos en la Sección de Análisis de Comportamiento Delictivo

de la Guardia Civil.

Han explorado a 800 menores de entre tres y siete años

para determinar si han sufrido o no abusos sexuales.

En solo la mitad de los casos

se ha podido probar que existieron los abusos.

Hola Laura,

¿te han contado quiénes somos y a qué hemos venido?

es importante que sepamos cómo ha sido esa revelación,

si es que la ha hecho,

en qué contexto se ha hecho,

cómo lo contó,

qué se le ha preguntado,

qué reacciones ha visto el niño en la familia

porque todo eso

que ha visto en el caso de que haya hecho una revelación,

todo eso que el niño ha visto después,

lo está condicionando.

Lo que solemos hacer es una prueba preconstituida.

Hablamos con el juez

y le recomendamos hacer una prueba

para no revictimizar al menor

y para preservar ese testimonio

porque en un niño de tres años

pasados seis meses

es posible que el olvido haya hecho mella

y no sea capaz de reproducir ese relato.

En general,

la prueba preconstituida

solo se utiliza en dos de cada diez casos.

Ahora la nueva ley de Protección Integral de la Infancia

obligará a los jueces de instrucción

a realizarla

cuando el perjudicado tenga menos de 14 años.

Uno de los problemas detectados por Save The Children

tras analizar 200 sentencias de abusos a menores

es el calvario que pasan los niños en los juicios.

Hablamos de procesos judiciales

que duran de media tres años

en los que el niño o niña

tiene que contar al menos cuatro veces

lo que le ha sucedido, a distintas personas,

con lo cual

reviven el trauma cada vez que lo cuentan

y luego un sistema judicial

que es totalmente hostil a la infancia,

espacios no adaptados,

en muchos casos los niños han tenido qUE declarar ante público

por así decirlo,

no hay suficientes medidas

que garanticen

que no se van a encontrar con su agresor en el juzgado.

Muchas de las denuncias

se producen en contextos de divorcio litigiosos

y no quiero decir con esto

que todas sean malintencionadas,

a veces simplemente

la suspicacia entre los dos miembros de la pareja

está a flor de piel,

es posible que tengan otras parejas

con las que el menor conviva

y que una frase se malinterprete.

Muchos niños cuando yo les pregunto por qué lo cuentas ahora,

me cuentan cosas

como es que antes mamá quería a papá,

ahora como ya no, ya se lo puedo decir,

entonces,

muchas veces los niños aprovechan esta separación

para poder contar lo que ha vivido durante hace tiempo,

y hay otros casos

en los que las madres se separan

cuando empiezan a ver ciertos indicios de abuso.

Bueno estamos aquí

para ver un poquitito

como estáis llevando la situación difícil

que estáis teniendo a nivel familiar.

Quisiera saber

cómo estáis llevando vosotros toda esta situación con los niños

con el abuso,

quien quiere comenzar a hablar?

Yo espere un mes

para ir a la Unidad Especializada.

Cuando llego allí

me dicen qué casualidad que se está usted separando,

yo empecé a sentir terror,

así os lo digo,

o sea un terror, de decir dónde estoy,

esto es real lo que me estaba pasando.

A mi hija solo se le hicieron dos sesiones más de 20 minutos

y a los pocos días otra intervención

donde se le preguntó

si tenía susto en las casas de su familia,

y de allí

se sacó la conclusión

que esa niña no había sufrido abuso.

Además mirad que feliz esta.

La mayoría de los niños, quieren,

o sea hay es como un amor odio hacia la persona,

quieren a su papá

pero por otro lado

tienen como cierto temor a eso,

a ese juego que no les gusta.

Mi niña ahora esta con el padre,

yo la tengo solamente visitas

y la niña

todos los días que me ve

me pide lo mismo,

mamá por favor lucha por mí,

no quiero estar con él,

no quiero mamá,

me hace cosas que no me gustan.

Cuando vas a denunciar, piensas bueno,

ya está,

bueno voy a hacer lo que tengo que hacer,

voy a denunciar

y la justicia me va a ayudar,

y te encuentras pues totalmente lo contrario,

empiezan a cuestionarte y a prejuzgarte a ti

y no lo principal,

no escuchan al menor,

no quieren escuchar el testimonio de los niños,

se desprotege al menor,

se le obliga a ir con el padre,

cuando lo primero es protegerlo ante un caso de presunción de abuso

lo que tienen que hacer es protegerlo

y hacer la investigación correspondiente.

En mi caso, yo directamente yo le veía,

porque se masturbaba con la niña encima

y digo que estás haciendo,

al principio no lo quieres creer, no lo quieres ver,

porque dices,

no me estoy inventando yo,

me estoy imaginando cosas que no son,

pero ya cuando empecé más a fijar,

porque cuando le cambiaba el pañal a la niña

cerraba la puerta con llave, con cerrojo, en el baño,

y entonces yo le miraba después a la niña

y tenías pelos en el pañal,

tenía toda la zona roja.

y al final,

vamos se fue de casa,

porque le dije

mira esto no puede seguir así,

y a partir de ahí

con denuncias

y a hoy día no han protegido a las niñas,

al contrario

están con él,

y yo no las veo,

vamos las veo cada quince días,

en un punto de encuentro.

La mayoría de los agresores son varones heterosexuales.

Según el Registro Central de Delincuentes sexuales,

en España

hay más de 45 mil condenados por delitos sexuales.

La mitad por agredir sexualmente a menores.

Hay más casos de agresiones sexuales a niñas que a niños.

Ellas empiezan a sufrirlos más pronto.

Mis abusadores fueron mis hermanos,

es duro salir de esa situación

porque vives continuamente con ellos y vives continuamente con miedo,

te amenazan, te pegan,

te insultan,

entonces es muy complicado el poder parar

porque no lo entiendes

piensas que es culpa tuya, que nadie te va a ayudar,

porque ellos te hacen creer eso,

entonces con el tiempo, vas creciendo te haces fuerte,

conoces otras cosas,

y consigues pararlo.

Yo sufrí abusos,

más o menos

entre los cinco o seis años, hasta los 13, 14,

ahora tengo 36 años,

y hoy en día

todavía tengo secuelas

de la lucha interna por sobrevivir a esa época.

Al principio eres muy pequeño,

y crees que es algo normal,

porque no conoces otra cosa,

tú has conocido eso,

te han dicho que eso es un juego

y que las cosas se hacen así.

Cuando tú te vas dando cuenta

es cuando los agresores empiezan a ser más violentos,

claro tú te estás dando cuenta, tú quieres parar,

ellos no quieren parar.

Ellos quieren seguir,

entonces es muy complicado.

Te sientes mal,

te sientes sucia, totalmente.

Es culpa tuya, tú eres un asco de persona,

te sientes mal por la calle

porque piensas que te están mirando y lo saben,

y te van a señalar,

entonces es muy difícil

el decirlo a alguien

aunque sean tus padres,

porque pierdes toda la confianza en todo el mundo,

aunque sean tus padres no confías en ellos,

porque te han hecho tanto daño que no confías en nadie.

Hubo una época

que ni siquiera me duchaba

porque me daba asco a mí misma

y quería darles asco a ellos para que no se acercaran a mí

y asco a todo el mundo que nadie se acercara,

cuanto menos me duchaba mejor.

Sabes, falta de higiene,

falta de relaciones con la gente, falta de comunicación.

Son muchos hábitos que cuesta mucho tiempo el romper

y el salir de esa vida de descuido hacia ti,

porque te han hecho sentir que no vales nada

y tú te lo crees y no vales nada.

Yo me sentí muy sola, muy abandonada, totalmente,

porque no me sentía cuidada por mis padres

porque en parte,

yo creo que no lo saben

y un poco si lo saben y no hicieron nada

y es

¿cómo no te enteras que pasa esto en tu casa?,

es complicado.

Yo me sentí muy sola y muy mal cuidada.

“No pudimos hablarlo

y ahora no podemos callarlo.

No nos vamos a callar”.

Con la nueva Ley de Protección Integral

de la Infancia y la Adolescencia

frente a la violencia

se cambian los plazos de prescripción.

Antes empezaban a contar

desde que la víctima cumplía 18 años,

ahora será a partir de que alcance los 30.

Las victimas piensan

que este tipo de delitos no debería prescribir nunca.

Cuando ocurre esto

normalmente lo que se hace es callarse,

no se cuenta,

y puede ser que incluso se olvide,

todo esto resurge con una determinada edad,

que puede ser los 30, los 40, los 50, incluso los 60,

yo recuerdo,

es uno de los testimonios que a mí más me impresionó

que fue una señora de 62 años

que vino a contar que su padre había abusado de ella,

y entonces

con 62 años sabía que había tenido una vida

en la cual todo este tema le había afectado mucho,

pero como lo había olvidado

no sabía el por qué,

y claro una vez que vinieron las imágenes,

los recuerdos,

todo lo que había sido su vida, le cuadraba,

con 62 años.

Tenemos que entender

que esto no es una cuestión solo penal,

esto no es una cuestión solo de los jueces,

es una cuestión que empieza por las familias,

sigue por las escuelas,

atañe también al sistema sanitario,

a los servicios sociales,

a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado,

es decir,

a toda la sociedad en su conjunto.

A cualquier ciudadano

que oyendo,

un vecino que oiga una queja

está obligado hoy a denunciar este tipo de delitos,

todos tenemos que ser detectores

de los casos en los cuales

pueda haber un niño

que esté sufriendo

algo tan terrible como un abuso sexual.

Mi padre abuso de mi desde los siete a los doce años,

más o menos,

porque las edades se pierden un poco en el recuerdo.

Los doce si me acuerdo

porque fue cuando puse yo fin a la historia,

pero empieza muy pequeña

y estas metida como en una nebulosa

que no eres capaz tampoco

de discernir lo que está pasando.

Mi padre me decía muchas veces que no llorara

que eso lo hacían todos los padres con sus hijas.

Yo recuerdo perfectamente

ver un programa de televisión de abusos sexuales

con mi padre en mi casa

y darme cuenta en ese momento

de que aquello era lo que me estaba pasando a mí,

y que no era consciente que era

ni tan terrible ni tan malo

porque era muy pequeña

y recuerdo empezar a llorar, a llorar,

y empezar a entender que eso estaba mal.

No lo llegue a denunciar

porque era muy pequeña

y cuando ya tenía capacidad de poderlo denunciar

ya había prescrito.

Yo creo que cuando ocurre fuera de casa

es horrible igual

pero al final hay un malo fuera

en el que si tu núcleo familiar te cree

pues puedes ir contra esa persona e intentar pararlo ahí.

Pero cuando está dentro de casa es súper complicado

porque es el padre de todos,

es el marido de tu madre,

y tienes una red familiar ahí dentro,

o sea que es vivir con el enemigo en casa realmente

y tener mucho miedo,

cada día, cada noche,

levantarte con miedo, acostarte con miedo,

y claro eso pues es horrible.

Yo cuando se lo dije a mi madre,

ella no sabía nada claro,

no sabía nada

y al poco tiempo se separó de mi padre.

Ella me dijo

que a ella también le había pasado de pequeña,

y que mi abuela también

o sea que realmente

en mi familia,

hay tres generaciones de mujeres que han sufrido abusos

y una de mis hermanas

no llegó a ser tan fuerte como conmigo

pero hubo intentos también de lo mismo.

Entonces pues en mi caso,

eran tres generaciones de abusos

y cuando yo tuve mi primera hija

pues ya rompí relaciones con mi padre,

yo había estado hablando con él

intentando trabajar el tema,

pero ya no...

Tienes que superar muchos miedos,

tienes que romper con muchas cosas que has vivido

y tienes que ser fuerte y tirar para adelante,

pero se puede

y se puede ser muy feliz y vivir normal,

lo que pasa que claro tienes mucho trabajo que hacer.

Nadia ha colaborado

en la campaña

contra los abusos sexuales en la infancia

“Rompamos el Silencio” de Save The Children.

Las victimas necesitan una media de diez años de terapia

para recuperarse del daño que han sufrido.

Me he refugiado en el arte,

en pintar,

escribir,

y un montón más de facetas,

escribo bastante

y estoy escribiendo un libro

que en parte

es ensayo de psicología

y en parte es mi propia vivencia básica,

de mi experiencia vital.

Mi libro lo titularé

Como pegar un corazón roto,

si es que no está cogido el nombre,

y hay un libro que es

Después del silencio

que yo lo recomiendo

a las personas que hayan sufrido abusos

porque tiene ejercicios prácticos

y también tiene sugerencias,

ejercicios propuestos para superar los flash back

y un montón de cosas,

un montón de secuelas que te quedan.

A mí me han quedado pues las pesadillas nocturnas,

el sentir que toda entera yo soy una lija,

las plantas pegarropas,

que se me pegan en la ropa

y yo me siento así como que no me puedo despegar,

un ritual que hacía en las manos

que era como si tenía una tela de araña

de pequeña en el colegio

todas las niñas me preguntaban por qué.

Luego tienes limitaciones,

por ejemplo

yo tenía una limitación con la encimera de mi cocina,

porque cada vez que estaba sucia me recordaba el primer abuso

porque después

me sentaban...

... en la encimera

y a mi cada vez que la encimera de mi cocina estaba sucia

a mí me recordaba eso al semen

y tenía que estar limpiándola,

entonces me pasaba todo el día limpiando la encimera.

El primer abuso que tuve

fue alrededor de los cuatro años y medio, cinco.

Me dejaban en casa de los abuelos

y allí había una abuelastra que tenía un hijo

y ese hijo que tendría unos 18 años,

una cosa así,

era muy fornido

pues me cogía y en principio jugaba conmigo

y luego abusaba,

entonces como yo gritaba y pataleaba y me enfadaba

ejercía la violencia física conmigo,

me pegaba fuertemente

y me ponía una almohada encima de la cabeza

y me decía que si no me callaba

pues que no me quitaría nunca la almohada

y que no volvería a ver a mi madre nunca más.

Y eso duró aproximadamente

un año y medio una cosa así.

La segunda experiencia de abuso

viene sobre los ocho años y medio, nueve años,

cuando fallece mi madre

a esa edad y....

en casa estábamos todos con depresión

y todos huíamos del sitio

porque no lo podíamos soportar

y luego encima

pues mi padre en ese momento

era un enfermo mental sin control médico

y era violento

y entonces había muchas agresiones continuas

y entonces mi hermana y yo

nos íbamos...

...lo más que podíamos de allí.

Entonces yo allí vi que en el local de mi casa,

en el portal de mi casa, había un local

y en ese local había una lavandería

en esa lavandería había un perro.

Entonces yo baje a jugar a la lavandería

y el dueño de la lavandería que era un señor mayor

abusaba de mi sexualmente

convenciéndome de que íbamos a jugar a un juego muy divertido,

que nos iba a gustar a los dos,

y que no se lo podía decir a nadie

porque entonces

no podía volver a bajar a jugar con Bianco, con el perro.

Callé, callé y callé

y después...

esto duró aproximadamente

desde los ocho años y medio hasta los diez, una cosa así,

que lo que sucedió fue que una amiga,

compañera de clase en el colegio de las monjas

le pasó un episodio de abuso con un cura del colegio,

y ella no se calló

y empezó a llorar

y a decírselo a todo el mundo, y tal,

y nadie la creyó,

y entonces yo en principio

me vi reflejada como en un espejo,

como si de repente la lógica viniera a mí

y me dijera

oye que a ti te está pasando lo mismo con el dueño de la lavandería.

Entonces, decidí no volver más.

Según el Informe de la Fundación Anar

sobre la violencia que sufren los menores,

el abuso sexual infantil y el maltrato físico y psicológico

van parejos.

Si además se da violencia de género,

las victimas tardan más en reaccionar o denunciarlo.

A veces hay casos de violencia de genero

dentro del entorno familiar

y la madre no tiene culpa

pero es que

no es capaz de dar los pasos apropiados

para proteger a sus hijos.

Porque nos encontramos casos

en el que la madre está protegida

pero los hijos tienen que seguir viendo a su padre

hasta que no hay una sentencia condenatoria.

Desde el mismo momento en que se pone la denuncia

ya debería adoptarse esas medidas de alejamiento

también para ellos.

Mi padre abusaba de mí los fines de semana

cuando me sacaba del internado.

Tenía yo seis años hasta los ocho o nueve años.

Y cuando quise tener conciencia de lo que me estaba pasando

eran unos abusos brutales

que se me estaban cometiendo

pero no tenía defensa,

no tenía comprensión en lo que estaba sucediendo.

Uno de los fines de semana

de todo aquello

vi como mi padre tenía dentro

o estaba haciéndole cosas a mi hermana

y aquello fue lo que me dio fuerzas

para de alguna manera decírselo a mi madre.

Es cuando estalla todo

y se empieza pues un calvario de denuncias.

En el internado,

a sabiendas de que mi madre

tuvo que explicarle que tenía que salir a juicio

por los abusos de mi padre,

y tuve también momentos

de gente que lo supo en el internado

y aprovecharon la circunstancia

para que en periodo vacacional

marchábamos a un pueblo de vacaciones

y en reiteradas ocasiones,

intentaron abusar de mí.

Y el juicio pues bueno

no fui lo suficientemente protegido tampoco por los abogados,

pues veía enormes personas gigantes vestidas de negro,

que venían preguntándome,

y yo no alcanzaba mi calzado al suelo.

En aquellos asientos

pues tenía que debatirme entre que si estaba borracho,

no estaba borracho...

De todas maneras,

hubo una sentencia donde...

fue muy dura para mi madre,

en la cual esa

sentencia decía recuerdo,

que eran dos hijos para cada uno,

y en la que aun a mí me tocaba con mi padre,

mi hermana la mayor y yo,

mi hermana mayor que yo,

y mi hermano menor que yo

pues iban a estar con mi madre.

Mi padre estuvo en la cárcel,

era un personaje,

no sé como calificarlo todavía,

pero yo no sé por qué salía ni por qué dejaba de salir.

Yo sé que se escapó,

y aun tuvo la osadía de ....

.... hacer más daño por ahí.

En 1980,

cuando Gloria Viseras tenía quince años

fue campeona de España de gimnasia artística y olímpica.

Sufrió agresiones sexuales entre los 12 y los 15 años

y treinta años después

reunió el valor para denunciar

por trato vejatorio y abusos sexuales a su antiguo entrenador,

el entonces seleccionador nacional Jesús Carballo.

La policía consideró los hechos totalmente veraces

y el Consejo Superior de Deportes

prohibió al entrenador entrar a las instalaciones.

La denuncia fue archivada, había prescrito.

Al año siguiente

el entrenador denunció por supuesto daño a su honor.

Hemos pasado un calvario judicial de seis años

desde nuestra denuncia

hemos recibido insultos, humillaciones,

amenazas por redes sociales

de un grupo de personas que le defienden mucho,

y bueno nos sentamos en el banquillo de las acusadas

mi compañera Irene y un entrenador que fue testigo de tocamientos,

un montón de periodistas y yo,

y nos tuvimos que defender otra vez de él

y ganamos el juicio en primera instancia,

luego el recurrió

y la Audiencia Provincial de Madrid le dio la vuelta completamente,

desestimó todos nuestros testimonios, todos nuestros testigos

y nos condenó a pagarle diez mil euros cada uno,

por daño a su honor,

por supuesto daño a su honor.

Nosotras recurrimos

y por suerte,

el Tribunal Supremo anuló esa sentencia por completo

y nos dio la razón,

dijo que efectivamente

podíamos hablar de lo que nos pasó,

de lo que nos hizo cuando éramos niñas.

Ahora trabaja

en la prevención y detección

de abusos sexuales en el deporte

con el Consejo de Europa y la Comisión Europea.

En nuestro país,

desarrolla con el Consejo Superior de Deportes

una estrategia de protección de los menores

para los clubes deportivos.

El deporte es uno de los entornos

donde todavía los niños están en riesgo de sufrir abusos

porque antes de que se traspase la línea del abuso sexual

ocurren muchos otros abusos antes,

el abuso emocional, psicológico, físico ...

y si somos capaces de detectar esos marcadores

o esos indicios de abuso emocional,

podremos a lo mejor evitar un abuso sexual.

Un entrenador no tiene que decirte

lo que te ha pasado cuando te has caído,

para eso están los médicos.

Tampoco es masajista,

tampoco debería dar masajes un entrenador

y este tipo de cosas

hace que se crea una confusión tremenda en los niños,

y entres en una espiral de la que no sabes salir,

no sabes pedir ayuda,

aparte ya

luego cuando empieza el abuso sexual pues eso te sientes culpable,

te sientes responsable,

sientes que es tu culpa

y piensas que si lo dices nadie te va a creer

porque él es un gran entrenador.

Los abusadores preparan a los niños

pero también a las familias,

te dicen

tu hija va a ser una campeona y va a tener muchos éxitos,

va a ser muy popular, muy conocida,

no sé,

y los padres tienden un poco algunos, a bueno, muchas veces,

conozco casos

hasta que creen al abusador antes que creer a sus propios hijos

cuando los hijos cuentan alguna cosa.

Tienen mucho poder, en nuestro caso,

controlaba absolutamente todo,

lo que comíamos, el descanso, la música que escuchábamos,

nos controlaba absolutamente todo

y también nuestra seguridad.

Cuando tenía 14, 15 años

un sacerdote del colegio abusaba de mí.

Yo era un niño muy solitario

en un entorno familiar muy grande,

y el sacerdote era

el hermano del ministro de Marina de Franco

y el que casaba a todos sus ministros

para que os hagáis una idea

de la diferencia de ascendente

entre mí y la persona que está abusando de ti.

Me llega a amenazar con contárselo a mis padres,

porque eres un niño,

porque estamos hablando de 1975

en la España franquista ultra católica

en la que eres un niño

en la que una persona

que se supone

en la que tienes que confiar

coge tu sexualidad y la desbarata.

Te ha privado de la inocencia,

me ha privado de la fe,

eso se lo agradezco,

pero también me ha privado de la capacidad de amar,

ha introducido la sexualidad

como algo más importante de lo debido en mi vida.

Me ha hecho mucho daño.

Yo era un niño pequeño solo en el colegio,

con mi hermano gemelo

que ha estado conmigo, toda la vida juntos,

y que el sacerdote aprovecha mi soledad.

Son verdaderas depredadores,

saben perfectamente escoger a un niño solitario

o un niño con problemas familiares.

Gracias a Dios

esto se ha destapado de alguna manera

y todos estamos tomando más conciencia

de la gravedad de los hechos

y tratando de poner remedio

y que en el futuro esto no vuelva a suceder.

La Iglesia,

la práctica que tenía a veces era de detectar los problemas

y trasladar los sacerdotes de lugar,

por supuesto reprendiéndolos siempre y, en algunos casos,

pues lo que ha sucedido

es que el propio sacerdote se ha dado cuenta

y ha tenido una vida ejemplar posteriormente,

no, pero,

no se ha tenido en cuenta a las víctimas,

es decir,

yo en ese sentido

creo que hay una deuda con las víctimas

de acompañamiento, de cercanía, y sobre todo espiritual

porque muchas de ellas desgraciadamente

han perdido la fe por esta causa, no,

lo cual es una herida muy profunda.

Es pederastia,

estamos hablando de personas adultas

a las que se ha confiado los hijos menores de una familia,

que abusan de ellos.

No hay ninguna posibilidad de que el menor denuncie

o se defienda

y la persona

a la que se le ha confiado esos niños

es porque tiene un ascendente moral o religioso

o educacional,

y lo aprovecha para esto.

Al mismo tiempo

creo que la Conferencia Episcopal

en lugar de aprovecharlo para hacer una clara,

un claro acto de contrición y un buen propósito de enmienda

lo que está haciendo es echar balones fuera

e intentar compartir las culpas

y salir del apuro ante su clientela

pero no resolver el problema.

Ciertamente nos avergüenza

como le da vergüenza al Santo Padre

lo que está sucediendo en toda la Iglesia

y bueno,

por eso pedimos desde nuestro arrepentimiento,

pedimos perdón

y nos proponemos en lo que este de nuestra parte,

poder regular esto,

de manera que sea preventivamente

o implementando normas

para que la Iglesia sea un lugar seguro

y realmente se pueda tener a los menores

con toda la seguridad y confianza en su seno.

Ha habido casos de sacerdotes

que han dicho

que son los menores los que seducen al sacerdote,

otro miembro de la Conferencia Episcopal

ha dicho

que el número de casos en España es insignificante,

me gustaría que tuviera el valor de decir eso

a la cara

a un padre de un niño abusado de 14 años.

San Juan Pablo Segundo,

ha dicho que en la Iglesia

no hay cabida

para aquel sacerdote que tenga,

que haya hecho prácticas de este tipo con menores,

y yo creo que eso es lo que tenemos que hacer,

y el objetivo que debemos de perseguir,

que aquellas personas que accedan al ministerio sacerdotal

pues tengamos la garantía

que no van a cometer nada de este tipo

Piden perdón

pero luego enseguida

empiezan a achacarlo a la homosexualidad.

Que no van a entrar homosexuales en los seminarios,

me hace gracia,

primero como vas a reconocer

que los niños que entran a esa edad son o no son homosexuales

y en segundo lugar,

están trasladando la culpa a la homosexualidad.

Los casos de pederastia no son por homosexualidad,

a ver si nos dejan en paz a los homosexuales,

los curas abusan de niños y de niñas,

y son simplemente casos de perversión

que proceden de la represión

y son pederastia, no son abusos.

La Iglesia tiene personas muy valiosas en su interior

y tiene una actividad muy importante en la sociedad

pero debería ser la propia Iglesia

la que se encargara de limpiar esta lacra,

de corregir este cáncer,

de hacer una verdadera revisión de lo que está pasando

y creo que tiene que ver con el celibato.

Yo no soy religioso

pero creo que el hecho de ser víctima de abusos

me da derecho a opinar:

el celibato es una represión.

Son personas que crecen antinaturalmente,

reprimidas en sus pulsiones sexuales.

Una de las cosas que a mí me salvo la vida

fue que el cine para mí

fue como un aliciente

de olvidarme de todo lo que pasaba en casa,

yo desde muy pequeñita iba cada semana al cine,

vamos no fallaba ni una

incluso había semanas que iba dos o tres veces.

Y luego también

cuando por fin aprendí a leer

pues para mí fue descubrir un mundo nuevo,

yo casi todos los días me leía un libro,

iba a la biblioteca todas las semanas,

y era como mi escapatoria de la vida que llevaba.

Mi madre cuando alguna vez quiso,

me propuso,

hace tiempo

porque mi madre le decía hacer las tijeras,

hace tiempo que no hacemos las tijeras hija,

hace tiempo que no estamos juntas,

pues yo ya le decía que no,

la rechazaba totalmente y en ese sentido,

la insultaba,

le decía de todo,

ya no me volvió a...

pero tuve que cuidar de ella.

Yo llegue un momento que le empecé a decir

mamá

con todo lo que me has hecho que yo podría,

muchas personas dejan a sus madres en los centros,

y no van nunca más a verlas,

madres normales,

digo

yo soy incapaz, te he vuelto a traer a casa,

te estoy cuidando,

ah pero es que eres mi hija, es que lo tienes que hacer,

y un día le dije,

mamá que abusaste de mí,

pues se lo decía cabreada, airada, agresiva, normal,

y me dice

pero a ti te gustaba,

y no me perdonas,

cada dos por tres, no me perdonas hija,

ha pasado mucho tiempo

es que no me perdonas,

eres una rencorosa no sé qué,

y ahí esos meses para mi han sido los peores.

De tener que cuidar de ella hasta que falleció.

Yo digo

no sé en qué mundo vivimos que no ves ayuda por ningún lado,

y que dices he sufrido abusos,

yo a la médico de cabecera,

he sufrido abusos,

y como si le dijeras

me duele la cabeza o me duele el pie,

seguir así,

ni mirarte

y dices

¿qué podemos hacer?

Es que yo principalmente lo quería hacer por eso.

En la asociación hay muchas chicas

que aún están viviendo con el abusador,

muchas,

no tienen derecho a nada,

no tienen ni siquiera que les digan

vete a tal sitio a dormir,

y si lo dicen

la familia a lo mejor no les habla más,

o les dicen no vuelvas más a casa

o lo que sea.

Guardaron el secreto,

lo ocultaron

e intentaron borrarlo de sus vidas.

Para sobrevivir y protegerse.

Pero han roto el silencio para visibilizarlo,

sanar

y para que las victimas del abuso sexual infantil

tengan el apoyo que necesitan.

Rompí el silencio

y di la cara por mis hijas,

y por las hijas de mis hijas,

por la generación futura

que necesita un mundo

en el que esta lacra este completamente exterminada,

y no se defienda a los culpables.

Para que los malos triunfen

los buenos tienen que estarse quietos,

si la Iglesia no se revisa a sí misma,

los malos van a seguir campeando en el interior.

Cuando un niño o una niña les cuente

que alguien ha tocado debajo de su braguita

que por favor que le crean

que no piensen que eso es mentira

o que se lo ha podido inventar

porque un niño, una niña

no tiene la capacidad de inventar eso

porque no sabe lo que es tener una vida sexual.

Era mi secreto

y yo me iba a ir a la tumba con este secreto,

si no llega a ser

porque años más tarde

tuve la oportunidad de encontrarme con mis compañeras.

Es muy liberador

el poder contarle a tus amigos sin ningún problema

todo lo que has sufrido en la infancia.

Basta ya y protejamos a los niños,

eduquemos a los padres

y eduquemos a la sociedad

porque esto es muy doloroso

y no nos gustaría que nos pasara a ninguno de nuestros hijos.

Subtitulado por: María Victoria CEREZO OLIVARES.

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Crónicas - El silencio roto

21 feb 2019

El reportaje denuncia los abusos sexuales en la infancia, que siguen considerándose un tabú. Uno de cada cinco menores los sufrirá antes de cumplir los 17 años, según el Consejo de Europa. Solo uno de cada diez lo cuenta y en muchas ocasiones no se les cree. De los que se atreven a decirlo, el 70% no llega a juicio porque se considera que no hay pruebas suficientes.

Uno de los problemas detectados por Save The Children tras analizar 200 sentencias de abusos a menores, es el calvario que pasan los niños en los juicios.

Hay más casos de agresiones sexuales a niñas que a niños. Ellas empiezan a sufrirlos a edades más tempranas. Las víctimas se quejan de falta de apoyo. Necesitan una media de diez años de terapia para recuperarse del daño que han sufrido.

Un equipo de ‘Crónicas’ ha hablado con víctimas de abusos sexuales infantiles para entender lo que supone una experiencia tan grave como esta y explicar las ayudas que necesitan.

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