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Para todos los públicos Crónicas - El rastro del tiempo - ver ahora
Transcripción completa

En el año 1947 que yo por primera vez pisé el Rastro,

aquello era emocionante,

porque es que el arte estaba en la calle.

Encima del asfalto

y encima de las aceras, estaba el arte.

Todas las actividades.

Y el arte para mí,

el Rastro para mí ha sido la escuela más importante.

Romero.

-Hombre. Qué tal.

Don Vicente, cuánto tiempo amigo mío.

Qué tal.

Hacía años que Vicente Carranza no pisaba las calles del Rastro.

Me acuerdo mucho de vosotros. -Y nosotros mucho de usted.

Hoy ha vuelto.

Las cosas han cambiado,

pero todavía ha encontrado a alguno de sus viejos amigos,

esos que alimentaron su gran pasión, la cerámica.

Desde que empecé con el coleccionismo de cerámica,

hasta hoy, mis 88 años, sigo pensando en la cerámica,

vivo para la cerámica,

la ilusión mayor de mi vida es la cerámica.

No envidio nada, solamente envidio aquella cerámica

que no he podido poseer.

Es usted un gran aficionado a todo lo que es arte.

Bueno. -A todo.

Ya hasta el final, ya no hay nada que hacer.

Se ha terminado todo.

-Pero usted sigue con su afición en su cuerpo.

Durante más de 50 años,

cada domingo por la mañana, temprano,

acudió al Rastro con Pepita, su esposa.

El rastro para mí es mi vida.

Le debo al Rastro el ser coleccionista

y en el Rastro he vivido las mejores horas de mi vida.

Hemos vivido mi mujer y yo.

Porque claro, encontrar de madrugada, a oscuras,

una pieza en el suelo, eso no tiene precio.

Eso ahora, han olvidado todo.

Este es el panorama curioso y pintoresco del viejo Rastro madrileño

que sirvió de inspiración a saineteros y costumbristas,

y al que dedicó uno de sus mejores libros Ramón Gómez de la Serna.

Vendedores y compradores pululan en este mercado abigarrado

que es como el despeñadero de un Madrid castizo,

donde entre los pregones ambulantes y los puestos de baratijas

y prendas de vestir,

alternan con comerciantes de ocasión

gente que van buscando las más variadas mercancías,

y toda clase de tipos populares.

Sabemos dónde nos corresponde a cada uno,

luego vienen los municipales

y comprueban que tengamos la longitud adecuada y el permiso en regla y tal.

No se vende mucho, pero la bandera republicana sí se vende.

Aquí la convivencia es máxima, hay payos buenos, hay gitanos malos..

hay de todo, pero normalmente nos llevamos bien.

Hasta hoy, hasta que nos toque los huevos con lo del Atleti

―Eso, no ves, porque por ahí vienen las peleas.

―Nos conocemos de toda la vida,

es que prácticamente pasa esto de abuelo a padres

y de padres a hijos.

Cuando el titular renuncia o se jubila,

pues pasa o bien a los hijos, a los herederos,

o renuncia y si no tiene herederos a cualquier otra persona.

No, no, está prohibido alquilarlos.

Siempre en una adjudicación de un puesto en el Rastro

hay un titular y un suplente.

¿Y tiene que estar siempre?

Sí, sí, sí.

Tiene que estar siempre uno u otro.

Antes te reservaba el puesto pues el del puesto de al lado.

No había que pagar una tasa al Ayuntamiento.

¿Tú cuánto pagas por este puesto?

Son cerca de 200 euros.

¿Tu puesto qué tamaño tiene?

Un metro.

De más de 3 metros no te dejan montar.

―“Cuánto te cuesta la licencia al año?

Casi 600 euros, quinientos ochenta y tantos.

Hay muchísima competencia, está todo muy mal.

Desde que abren los centros comerciales

con todos los horarios que tienen, ¿tú te crees que es normal?

Se ha notado mucho.

Está muy flojo, no remonta.

Se nota muchísimo la crisis, pero bueno,

hay que aguantar el tirón.

Mira, pues llevamos botellas antiguas de estas que ya no se ven por ahí.

El mismo vecino donde yo guardo esto,

a lo mejor tiene cosas que él no interpreta y yo llego y le digo,

dame eso.

O tu mismo, voy a tu casa, y en ese cajón,

y ese cajón a mí me vale.

Y tu me lo vendes a lo mejor por 20 euros todo el cajón,

y yo le saco 40.

Lo que nunca has podido imaginar te lo encuentras aquí.

Yo de los rastros que he visitado

este es, creo que es el mejor de todos.

En París, en Marruecos, el mejor de todos, sí.

Tú no vas a ver un puesto como este en todo el Rastro.

No, porque hay que colocar 700 piezas chiquititas.

No tienes ninguna matrícula de carro.

No, de carro no, de ciclomotores. -Tengo el carro en el pueblo y...

se las arrancaron.

Avanza la mañana y el ambiente crece

en torno al bronce de Eloy Gonzalo, madrileño de inclusa, héroe en Cuba,

de esos héroes de causas perdidas tan del gusto del pueblo.

No cambió su arrojo el curso de aquella guerra de ultramar,

pero consiguió al menos inscribir en el itinerario del Madrid castizo

el nombre la pequeña localidad donde probó su audacia, Cascorro.

A su espalada,

ya la multitud se estrecha por la Ribera de Curtidores,

por las calles y las plazas del Rastro.

Es día de mercado.

A las puertas de su establecimiento,

Isabel expone algunas piezas a la atención de los curiosos.

En el interior, la oferta se multiplica del suelo al techo.

Esto lo compro yo en pisos.

Voy a las casas y lo compro.

Pisos porque se muere la gente que a lo mejor un sobrino lo vende,

se muere la gente y yo voy y lo compro.

Yo he comprado pisos muy buenos.

Yo compré la casa de la viuda de Banús,

muy buena casa, compré una casa muy buena,

estuve casi 3 meses sacando cosas del piso,

pero claro, imagínate, hasta que salga un piso de esos

pasarán 100 años

Yo tengo cosas aquí caras.

Yo tengo espejos que valen 2.000 euros y 3.000.

Y tengo mesas que valen 30 euros,

y tengo jarrones que valen a lo mejor 10 euros.

Depende también cómo esté tu bolsillo.

Yo hay a veces que estoy dando género que estoy perdiendo dinero,

pero como me hace falta que tengo que pagar la luz,

lo tengo que dar, porque no me voy a comer la botella.

El mercado está animado.

Un buen día.

Entre semana es otra cosa.

En la parte donde estoy yo, ahí la única que abre soy yo.

Aquí hace como unos 15 años abrían por la mañana y por la tarde todas.

Yo abro porque no tengo un puto duro.

Si tuviera dinero, a lo mejor no estaba

ni por la mañana ni por la tarde”

Si aquí se abriera,

lo que pasa que ahora la gente ya no quieren venir al Rastro

porque han venido muchas veces

y han visto que estaban todas las tiendas cerradas

la gente que vendría a ver o a comprar,

la gente se ha desengañado y ya no han vuelto.

Mi padre ya era anticuario.

Empezó pues como todos en esa época, un poco de almonedista,

de comprar y vender, y luego se fue afianzando más,

y yo pues me seguí afianzando más todavía.

Hace tiempo que cumplió los 80,

Tomás Pérez ha pasado la mayor parte de su vida entre tablas flamencas,

imaginería medieval, viejos portones, antiguas porcelanas.

Arte pegado a la historia, al tiempo.

Reparte sus piezas en 4 locales y un almacén.

Sus tiendas en Galerías Piquer son un tesoro.

Esta es una porcelana de Meissen, siglo XVIII,

y su precio serán aproximadamente 9.000 euros.

Esto son tarros de farmacia, Talavera, siglo XVIII,

que en principio no he querido nunca venderla, era mi colección.

Yo me he enamorado de cosas que nos las quiero vender.

A lo mejor ahora ya sí, porque los años pasan y...

Pero no he querido vender cosas.

Esto tiene garantía y todo. Tú haces facturas y pones lo que es.

Tu vendes un mueble del siglo XVIII, y es un mueble del siglo XVIII,

entiendes, que no es del siglo XVIII tu eres el responsable de él.

En mayo de 1950 se inauguraron Galerías Piquer,

un emporio comercial para la época,

69 locales para mayor lustre a los años dorados del Rastro.

El nombre homenajeaba a doña Concha Piquer,

que alguna participación tuvo en la aventura,

y que el día inaugural deleitó con un par de coplas

en el escenario montado al efecto.

Mi padre inauguró el edificio éste, sí.

Los políticos de entonces, venían con clientes americanos,

les enseñaban lo que era el Rastro.

Porque en sí, el edificio éste Galerías Piquer era muy famoso.

Tú cogías un taxi,

no tenías que decir ni a Ribera de Curtidores,

Galerías Piquer, y el taxista te traía.

Dicen quienes los vivieron que fueron los años mejores, los 50,

los 60, hace medio siglo,

cuando El Rastro reunía desclasados y hacendados, pompas, oropeles,

joyas y baratijas, charlatanes, artistas...

Nunca olvidará Tomás aquel día que la actriz Úrsula Andrews

entró en su tienda.

Le vendí unos leones muy bonitos, le vendí cosas.

Le vendí unos leones muy bonitos que luego salieron en una revista

de esas del corazón en Palma de Mallorca.

Se dice que, sobre todo de hace bastantes años,

las generaciones anteriores a la nuestra,

que era la gran escuela de los anticuarios, El Rastro,

y era el gran núcleo,

el gran centro de las antigüedades de España,

incluso también venían a comprar gente de Estados Unidos,

anticuarios de Estados Unidos, del resto de Europa.

Venían que yo recuerdo, vamos me han contado otros anteriores a mí,

que se llevaban incluso contenedores enteros cargados de muebles,

y de objetos para luego vender en sus tiendas.

Venían a comprar a El Rastro.

Estos son franceses. -Estos son Maillard, verdad.

―Sí, sí, son Maillard.

Son muy bonitos también, además, se nota el trabajo del coloreado,

está hecho a mano,

Está pintado a mano.

Eduardo examina unos grabados del siglo XVIII

que le ha traído Alfonso, uno de sus suministradores.

Arreglarán precio y pasarán a formar parte

de la oferta de “Globoterráquea” su tienda en Nuevas Galerías,

el centro comercial que se inauguró un año después de Galerías Piquer,

al otro lado de Ribera de Curtidores.

Esto pertenece a una orden religiosa,

esta orden religiosa tiene un hospital

para personas con pocos recursos

y las rentas que pagamos tienen un buen fin, una buena causa”

Eduardo llegó en los 90,

tras dedicar sus años jóvenes a una ONG.

Comenzó con artesanía

y poco a poco se introdujo en las antigüedades,

hasta llegar a los globos terráqueos, su especialidad.

El primer globo terráqueo del que se tiene conocimiento es de 1492.

Curiosamente coincide con la fecha del descubrimiento de América.

Pero, lógicamente no estaba América en el globo representada.

Un globo del XVIII está por encima de los 10.000 euros.

Lo que ocurre es que eso ya casi es un objeto de museo,

no es tanto un objeto que esté en el mercado al uso.

Del siglo XIX pues ya a partir de 1830-1850 se consiguen,

y esos están en unos precios entre 2-3 mil euros,

una cosa así es en lo que se pueden conseguir, se pueden vender.

El coleccionismo ha afectado muchísimo internet.

Ahora hay muchas plataformas, suelen ser objetos pequeños,

entonces es de fácil envío,

funciona de esa manera de forma muy operativa.

Nosotros hemos dejado de vender

durante los años duros de la crisis un 50-60%, nos hemos quedado en eso.

Y ha habido de hecho muchas tiendas que han cerrado.

Muchas tiendas de Rastro han cerrado,

luego, poco a poco, se ha notado una ligera mejoría,

han ido reabriendo algunas, de forma distinta,

completamente distinta.

Ya no se ve tanto el mundo de las antigüedades como tal,

ahora son cosas más prácticas, del ámbito de la decoración,

lo que se llama vintage.

Se puede husmear, andar, ver a la gente.

Y la verdad es que para mí es muy divertido.

Yo a la hora de buscar soy una persona muy ecléctica.

Me puede gustar cualquier guarrería que me divierta,

y sobre todo trato de encontrar música, música,

sobre todo en vinilo.

He encontrado cosas supermaravillosas, no?

Es un tipo popular en el Rastro.

Un habitual de los que siempre encuentran algo.

Aquí ha labrado en gran medida esa imagen de artista excéntrico,

amable y divertido.

Aquí también ha nutrido

su extraordinaria colección de vinilos, más de medio millón.

Me gusta muchísimo el pop, y sobre todo pop español,

en la franja esa que hay del ye-yé, que es muy divertida,

sobre todo en España.

Luego pues así cosas curiosas, pues por ejemplo rarities,

me gustan mucho las rarities.

Pues a lo mejor los Brincos cantando en italiano.

Eso me divierte muchísimo.

Las portadas de los discos me interesan muchísimo

porque hay verdaderas obras de arte.

Pintores como Picasso, Dalí, por ponerte un ejemplo,

a Ouka Lele, Cesepe,

que han hecho arte en las portadas.

Y es muy curioso.

Mucha gente a lo mejor no lo sabe, no lo conoce.

¿Este es el Patxi, es colega tuyo? ―Sí, lo conozco.

Mira, últimamente he estado con él que hizo un recital de poesía,

y está maravillosos y está actuando.

Este es el que cantaba una, dos y tres, una, dos y tres.

Llego creo que en marzo de 1971, en la salida de la mili.

Yo estaba haciendo la mili

cuando te dan las primeras vacaciones esas después del campamento,

vine aquí a comprar un perchero,

me encontré con un amigo que su padre era conserje de estas Galerías,

y aquí me quedé.

Fue 2 años después de su llegada cuando Patxi Andión publicó

la canción que acabó siendo un himno de El Rastro.

Fue, subiendo precisamente una silla

que habían tirado ahí en la basura y me interesó y la cogí,

y subía yo con la silla en la mano,

y entonces una señora que no me acuerdo como se llamaba,

una anticuaria que tenía la tienda de la esquina,

al pasar me dijo la frase, me dijo, una, dos y tres,

lo que usted no quiera para El Rastro es.

Los códigos son distintos, la gente del Rastro,

bien porque haya nacido aquí o bien como yo,

que lleve tantísimos años aquí,

sentimos una serie de rasgos diferenciales,

incluso con Lavapiés que está pegado, pero es distinto,

la gente del Rastro somos diferentes.

Es un barrio artístico, muy distinto.

“El mercado era otra cosa de lo que es ahora.

Incluso la sociedad civil, es decir,

la gente que estaba alrededor de esto,

había muchos artesanos, había muchos talleres, todavía,

y luego de aquí para abajo estaba

lo que se llamaba las Américas del Rastro,

que eran corralones abiertos, con enseres y chamarilerías enormes”

El Bazar de la Américas se alzaba desde principios del pasado siglo

en la parte baja del Rastro.

Acabó siendo un conglomerado de talleres, chatarras, cartones,

almacenes y ruina.

A finales de los 70 comenzó su derribo

y la transformación de esa parte de la Ribera de Curtidores.

El paso del tiempo también se deja notar

en la calle de Fray Ceferino González, la calle de los pájaros.

La ordenanza del año 2000 prohíbe la venta de animales vivos

y alimentos frescos en los puestos callejeros de El Rastro,

así que los pájaros volaron con la ordenanza.

Quedan las jaulas vacías,

junto a otros complementos para mascotas.

Las cosas tampoco son como antaño en la calle de San Cayetano,

la calle de los Pintores...

Los extranjeros suelen también visitar el Rastro

y ponen en él su nota de exotismo en ese mundo bullicioso

donde se efectúan toda clase de pequeñas transacciones,

se encuentran objetos raros o artículos de saldo

y también deshechos de almonedas, pequeños útiles de artesanía

o lo que no se encuentra en ninguna otra parte.

El lugar comenzó a llamarse El Rastro,

en referencia a la huella de sangre

que dejaban a lo largo de la Ribera de Curtidores

las reses sacrificadas.

La historia cuenta que había ya actividad comercial en el siglo XV,

"los ropavejeros" ,vendedores de ropa usada, fueron los primeros.

La construcción de 3 mataderos el más viejo cuando finalizaba de s XV,

y los otros 2 a mediados del XVII,

propició la aparición de tenerías, y curtidores.

Quedan algunos comercios

que entroncan con aquella actividad de curtido, el más antiguo:

“El Valenciano”

Actualmente hemos cumplido 123 años abiertos al público.

No ha estado siempre en el mismo lugar,

porque este edificio no tiene los 123 años,

pero siempre ha estado dedicado al mundo del curtido,

dedicado al mundo de la guardicionería.

Lo que hacemos es manipular lo que es el cuero

para realizar artículos para guarniciones.

Artículos de cabezadas,

en el mundo del caballo prácticamente hacemos un 80-90%.

Tenemos el clásico cliente que hace bolsitos

para luego venderlos en un puesto en el Rastro o para hacer una feria,

tenemos también el clásico cliente

como puede ser un profesional de la tapicería.

Tenemos para hacer tanto coches como para...

estamos especializado mucho en el mundo del vehículo,

como también para sofás en domicilios o para antigüedades,

la reparación, restauración de antigüedades.

Y luego también enfocamos mucho al exterior,

tenemos muchísimos clientes de todas las partes del mundo.

El mercado semanal comenzó a realizarse

a mediados del siglo XIX,

después de que se establecieran en el barrio chamarileros

y anticuarios.

Hasta hace 4 décadas había puestos también en días laborables.

Aquí los que no tienen permiso

se les cobra una sanción que equivale a 10 pesetas los domingos y festivos,

y días entre semana, 5.

Buenos días.

¿Me permite la documentación del puesto?, por favor.

En todas las autorizaciones que están expedidas antes del 2010,

tienen una renovación que debe ser anual,

se refiere a la ubicación, la persona titular, auxiliar,

los lugares autorizados para su ubicación.

Y los productos que están autorizados a vender.

Esa comprobación se hace de todos los puestos que están instalados.

Y si no está autorizado, se levanta el puesto

y se hace un acta de intervención de los útiles

para su instalación y de los elementos que tiene para la venta.

Venta no autorizada,

el mayor problema se produce a primera hora de la mañana.

La ordenanza vigente del Rastro estima un máximo de 3.500 puestos,

que se podrían autorizar.

Actualmente, las dimensiones del Rastro

desde el momento en que se aprobó la ordenanza, se han reducido

y se vienen montando en torno a de 750-800 puestos

son los que cada domingo, aproximadamente, se colocan.

Objetivamente El Rastro es un lugar seguro,

pero se puede concentrar en un día normal de Rastro

aproximadamente en torno a de 100.000 personas

con mucha aglomeración eso posibilita que carteristas,

intentan sustraer lo que pueden, carteras básicamente y teléfonos.

No hay mucho, El Rastro, ya le digo es un lugar tan seguro

como cualquier punto del centro o de cualquier sitio de Madrid.

En este otro mundo del comercio,

uno puede encontrar desde botas deportivas

a viejas camisas del ejército,

sin olvidar cascos protectores de pasadas batallas.

Cuando existía la mili,

yo creo que era la mejor época, cuando había mucha gente,

mucho soldado, había mucho producto,

vendías a 4 lo que podían vender a 5.

Había almacenes con montones de ropa que las cuales tu llegabas y decías,

bueno yo me quedo con esa partida,

y la traías aquí la vendías en el Rastro para trabajar,

para reponer a los propios soldados cuando les faltaba una gorra,

o les faltaba cualquier cosa, y valía para reponer.

Que luego se licenciaban y te venían a venderte el petate,

usted me darías que me está sobrando en casa,

y le dabas 4 pesetas y te quedabas con un lote de productos para vender.

Un traje ruso, mira, los hay también de la marina.

Unos están demasiado usados,

que precisamente viene mucha gente para hacer películas,

para hacer cortos, viene buscando ropa para poder...,

y si se la das nueva, no, es que la queríamos vieja.

Hay mucho coleccionista que viene, o bien por cuchillos,

o bien porque coleccionan gorras.

El cazador cuando quiere algo normalmente viene aquí.

Aunque ahora otro problema gordo que hemos tenido son los hipermercados.

Los hipermercados hoy tienen de todo con lo cual te cierran el camino.

Y por si fuéramos pocos, parió la abuela: los chinos.

Los chinos que traen productos similares al tuyo,

digo similares o parecidos, nunca los mismo en calidad,

y quizás los tengan a mitad de precio.

¡Nuria!

Hombre, Paco, por dios, cuanto bueno por aquí

Que maravilla.

Qué cutis tiene cariño.

Paco Clavel acude a mostrar sus últimas adquisiciones a Nuria,

Nuria Palacios.

Mira lo que he encontrado

Fíjate, esto es un Gregorio Prieto. Ah, sí, el gran pintor.

Un pintor valdepeñero maravilloso. -Cómo se nota que tira la tierra.

Hombre, de la generación del 27, amigo de Lorca,

Pero, fíjate, a qué no sabes quién es este.

-¿Ese de la derecha? Sí.

A ver, a ver, adivina adivinanza. -No tengo ni...

Paco de Lucía, sí señor, muy bien.

En su tienda, el patriarca, Mariano Palacios, trastea con un reloj,

o con algún viejo juguete, o una máquina de escribir.

El tiempo aquí parece pasar más despacio.

Don Mariano es el decano de los anticuarios del Rastro.

Nació en la misma Ribera de Curtidores, hace92 años.

Acude a diario a la tienda.

Lleva haciéndolo más de 70 años.

Sus 4 hijos continúan con el negocio.

Vengo todos los días, mañana, tarde, y festivos.

Que los festivos mis hijos a las 7 de la mañana ya están aquí

para sacar las cosas a la calle.

O sea que normalmente los domingos me toca comer a las 5 de la tarde.

La tienda esta pequeña la cogieron mis tíos, que bueno, eran mis padres,

y eran ropavejeros, se dedicaban a la ropa usada.

Luego ya pasó la época esa de la ropa,

y entonces fui yo el que ya me dediqué

a ir por ahí con un socio que me eché,

a ir por los pueblos comprando antigüedades.

Hoy los Palacios tienen 3 locales en la plaza del general Vara del Rey,

ellos ya estaban ahí

cuando la plaza aún era conocida como el Cerrillo del Rastro,

Cuando el joven Mariano veía pasar por delante del escaparate,

camino del colegio, a aquella niña

con la que años después se casó, Amparo.

Hace de eso 60 años.

Yo antes he tenido piezas buenas porque era otra época

donde parece que las antigüedades se apreciaban más

y la gente las compraba.

Pero ahora hay que atenerse a las circunstancias.

Ahora la gente pues no quiere más que cosas baratas, de 10E, 5E, 20E,

y hay que atenerse a eso,

o sea que yo ahora tengo un género que antes no trabajaba, pero...

Vamos a mirar bien, por qué, por si le falta alguna pieza,

luego de esto recambios es casi imposible de encontrar.

Otro de los Palacios, Luis Miguel,

revisa a conciencia el organillo que le ha traído un suministrador.

Afinar. -Y limpiar.

Y barnizar, pero lo complicado son los afinadores,

Que hoy en día ya..., hay un señor en Zaragoza que es el que afina,

pero claro, si tenemos que irnos a Zaragoza.

Cuando llega un niño que venía aquí a ayudarte...

La plaza esta, esto era una mina de oro en aquellos tiempos

porque es que era todos los días 10, 12 camiones de mercancía

de primera clase.

Y entonces venían todos los anticuarios de España.

Pues unos años fantásticos.

Qué ocurrió.

Pues que quitaron eso de hacerlo todos los días

que ha sido un gran fallo, porque eso entresemana ha bajado mucho El Rastro

Y ahora pues solo tenemos el domingo y los festivos

y claro ya es otro plan.

Qué pasa.

Yo es que estabas más joven que yo.

Qué pasa, hombre. -Qué tal.

El saludo de 2 viejos amigos en su reencuentro con El Rastro.

Vicente no podía dejar de visitar a Tomás Pérez.

Aquí en la tienda de Galerías Piquer

adquirió no pocas piezas de su colección.

Hoy pueden revivir antiguos debates.

Triana para mí es la cerámica... -Es fina.

Talavera es culta, pero la cerámica trianera, el pintor trianero...

Ese que el pintor lo suelta. -Que sí que sí.

Eso es lo bonito.

En cambio, Talavera es el colegio de niños

que te enseñan a seguir con el pincel la línea.

No tiene nada que ver.

Cuando yo empecé a coleccionar Triana en el Rastro de Madrid,

los platos de Triana costaban 20.000 pesetas, 15.000 pesetas.

Cuando se dieron cuenta que hacía una colección de Triana

ya tenía 100 platos, ya no había platos.

Ya los platos de Triana se cotizaban

a 150.000 y a 200.000 pesetas.

Un error que tuvieron los anticuarios

Porque Triana estaba despres..., no desprestigiado, no contaban para nada

La cuna de la cerámica en España es Triana.

Siempre ha sido coleccionista,

entradas de cines, afiches de películas,

billetes de tranvía, ceniceros...,

hasta que llegó a la cerámica.

Vicente Carranza lo ha logrado en 45 años, ahora este importante legado...

Hoy posee la mayor colección privada de cerámica de España, 5.000 obras,

la mayor parte cedidas a 4 Museos: el Museo de Sta Cruz de Toledo

el centro de Cerámica de Triana,

los Reales Alcázares de Sevilla,

y el Museo Comarcal de Daimiel, su localidad natal.

Las colecciones se deben hacer para divulgarlas al pueblo.

Si han nacido en el pueblo, deben volver al pueblo.

En El Rastro, en los 50, una mañana afortunada,

encontró su primera obra importante.

Esta fue la primera.

Este azulejo firmado por Daniel Zuloaga.

Esto me costó 25 pesetas.

Es una obra que yo la considero importante

porque solamente empleó azules.

Debe ser de alrededor de los años 20, aproximadamente.

Fue por aquellos años, cuando desarrolló, junto a su mujer,

un peculiar método de compra, el método del codazo.

Al ver una pieza cuando te llamaban, te miraban a los ojos,

porque tú ahí reflejabas la ilusión.

Entonces nos dimos cuenta que cometíamos un grave error,

ahí nos enganchaban en el precio.

Entonces decidimos, dar a conocer la ilusión de una pieza

dándonos un codazo.

Ese codazo fue célebre.

En 1995, falleció el hijo al que había transmitido su pasión,

fue entonces cuando aceleró la donación de sus obras,

pero aún amontona centenares de piezas para clasificar,

investigar, para disfrutar.

Acariciar la textura de una cerámica es algo inenarrable, indescriptible.

Jamás vendería una pieza, jamás.

No, prefiero morir de hambre.

Posee numerosas medallas y distinciones,

es miembro de dos Academias de Bellas Artes,

pero a sus 88 años,

Vicente Carranza conserva mucho de aquel joven, casi niño,

que un día de posguerra salió de Daimiel

con un duro en el bolsillo para buscarse la vida en la capital.

Yo empecé a venir al Rastro en el año 47,

pero además disfrutaba

porque yo leía mucho a Ramón Gómez de la Serna, las Greguerías,

y entonces ya había leído el libro del Rastro,

que leyendo el libro de Ramón, ya no tienes que..., es el Rastro.

Sobre todo lo que se ve, está lo que es posible que esté,

lo que es posible que pueda estar y lo que es posible que haya estado.

Entre estas cosas posibles que se sospechan con verdadera insistencia,

están, no se sabe por qué, la dentadura sarcástica de Schopennauer,

el manuscrito que perdió Oscar Wild en un coche

y del no pudo saberse nada, bártulos, vestigios...

Al madrileño Rastro ha llegado los hippys,

y en su mundo multicolor y abigarrado han hallado inspiración.

Veamos y oigamos como lo sienten ellos.

Todas las tribus han tenido aquí hueco y escenario.

Agonizaba la dictadura cuando en las calles del Rastro

eclosionaba el impulso renovador la Movida.

Después creció y se extendió a otros barrios,

tomó otras direcciones.

Durante los años 80, el movimiento que hubo aquí en Madrid, musical...

fue un lugar de encuentro donde se cocieron muchísimas cosas.

Y además es que venían todos, yo recuerdo desde Tino Casal,

pasando todos los grupos, gente que se dedicaba a la pintura,

OukaLele, Cesepe.

En esa etapa, punkies, mods, de todo un poco, la verdad es que sí.

El Rastro siempre ha sido un lugar de encuentro.

Yo barajaba el nombre de Marihuana, Cocaine y LSD.

Me gustó más Marihuana porque era más impactante,

más popular.

Y creo que acerté.

Aquí vienen las viejas glorias,

toda la gente de la época de los 70-80,

ahora están volviendo incluso.

No obstantes, lógicamente viene la gente joven.

Hace casi 40 años

que Marihuana abrió sus puertas en la plaza de Cascorro.

Desde entonces, ahí sigue, con sus calaveras, sus colgantes,

sus muñequeras, sus pinchos, sus camisetas

que ofrece también on line.

José Luis, su dueño, tiene ahora menos pelo,

pero no ha perdido un ápice de energía.

Al rockanrol,heavy metal.

En Vara del Rey, en la esquina del Santurce,

los días de mercado huelen a sardinas asadas.

El gentío toma la plaza y se aprieta ante los puestos.

Mariano y su mujer, Amparo, no comerán hoy hasta las 5.

Las ofertas se multiplican de Cascorro

a Campillo del Mundo Nuevo, Ribera de Curtidores.

Mira el Río Baja, Carnero, Carlos Arniches....

No todos encuentran lo que buscan en las plazas y calles de Rastro,

pero casi siempre encuentran algo,

si no es un oleo de la escuela sevillana, será un viejo teléfono,

o una regla mágica por 5 euros...

Y así hasta que se cierre por completo la circunferencia.

Son 3 discos de diferentes tamaños y dos circunferencias

de diferentes diámetros.

¿Cuántos años llevas tu aquí?

37 con el cacharro éste.

¿37 años? ―Por el país, sí.

Tiene instrucciones en muchos idiomas, desde el sueco

hasta el japonés.

Esto es un álbum de fotos,

con fotos en cartón, de familia, de finales del siglo XIX

principios de siglo XX.

Han sido 260 por los 4.

Joyas antiguas, de principios del siglo pasado.

Cosas que puedes encontrar aquí bastante surtido

pero por buen precio.

¿Todavía se encuentran cosas?

Sí se encuentran cosas, tienes que buscar.

O sea, no es llegar y comprar, pero si buscas, encuentras.

Viniendo a primera hora,

lo primero que es más cómodo porque hay menos gente,

y lo segundo porque se suelen encontrar más cosas.

Yo solo trabajo con pluma antigua, de los años 60 hacia atrás,

nada más, pero tienes desde 10E hasta 800-900 puedes tener.

Hay todo el abanico de precios.

He recorrido bastantes rastros de Francia,

sobre todo, Francia e Inglaterra en Europa

Y luego en EEUU muchas ferias.

Y los rastros,

donde quizás haya ámbito y más costumbre es en Inglaterra.

Los sajones no tiran nada.

En cambio los latinos tiramos todo.

entonces es más difícil encontrar cosas antiguas.

Ahora como está todo tan regulado, nadie puede venir

a no ser que tengas el cartón y el permiso

y eso ha quitado mucha espontaneidad, ya no tiene tanto atractivo,

como tenía antes.

Estoy buscando libros antiguos, de finales del XIX,

sobre todo libros que sean científicos.

La mayoría de los puestos pues un 70% somos todos gitanos.

Y familia todos porque todos somos familia.

Yo llevo aquí toda mi vida, nunca he tenido una disputa ni he tenido nada.

Y mis mejores amigos, como decimos los gitanos, son payos.

esto del regateo, cómo lo levas tú.

Casi todo el viene a comprar son amigos míos

y me da vergüenza regatear.

euros, 20 euros. -Tú además como eres experto ya porque llevas muchos años,

Les pido un precio justo o casi justo.

El fichaje 49, Álvaro, y el fichaje 52, Munir.

¿A ver si alguno los tiene por ahí para intercambiar?

Sí.

¿Traéis mucho para intercambiar vosotros?

Uf, todo el taco para cambiar.

Empecé de pequeño, lo que pasa que mi madre me las tiró,

por no estudiar.

Y he empezado ahora.

¿A estudiar?

A estudiar y a hacer colecciones, sí.

Vendo tebeos, sobre todo tebeos y comics antiguos.

Antes se vendía más tebeos de guerra, hazañas bélicas,

zona de combate, y mucho tebeo porno de Playboy, Interviú, Lib,

pero eso desde que salió el CD que es más en vivo,

y el papel lo tocan menos.

Yo soy trabajador de limpieza viaria,

Esto es un hobby, llevo muchos años haciéndolo, de momento...,

Nos querían hacer autónomos hace muchos años, que no lo consigan

porque entonces esto se va a perder

porque hay gente que no trabaja entre semana y vive de ello.

Ha atravesado el tiempo con la dignidad intacta,

adaptándose a las circunstancias de cada día, de cada época.

Ha superado mil dificultades,

sobrevivió incluso a un intento de traslado a otra zona en 2004,

no dudó en movilizarse para evitarlo,

seguramente a nadie se le volverá a ocurrir.

El Rastro sigue siendo un extraordinario espectáculo,

un laberinto al que hay que acudir dispuesto a perderse.

Tomás, me alegro mucho.

Entre los viejos comerciantes se extiende la añoranza

de otros tiempos, se lamentan de la soledad de los días laborables.

Ha cambiado, seguirá cambiando, siempre cambiará.

Hace años Vicente Carranza donó las piezas cerámicas

que decoran el banco con farola que se eleva en el patio

de Nuevas Galerías.

Una manera de agradecer los buenos momentos.

Han sido muchos, es la última escala de su visita.

Cierto que desde que llegó por primera vez al Rastro hace 70 años

ya casi todo ha cambiado.

Pero esas calles, encierran parte de los mejores recuerdos

que guarda su memoria.

Las calles, las plazas, las esquinas del Rastro.

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Crónicas - El rastro del tiempo

20 feb 2017

Tuvo su origen en la actividad de los ropavejeros que acudían a la zona para vender ropa usada. Después, cuando allí se instalaron los mataderos de la villa, llegaron los curtidores. Y cuando el barrio era ya un enjambre comercial -zapateros, carniceros, tahonas, quincalleros-, cuando comenzó a celebrarse un mercado nutrido de oferta y demanda, aparecieron los chamarileros y los anticuarios. El Rastro de Madrid aguanta estoico el paso del tiempo. Es otro monumento de los que adornan la capital.

Pero los días van dejando su huella. Hace dos siglos que en la zona comenzó a celebrarse el mercado de los días festivos. Hasta finales las últimas décadas del pasado siglo aún se levantaban puestos callejeros a diario. Ahora ya no. Ahora a la algarabía dominical le sucede un vacío de calles lánguidas. Si cada festivo el Rastro atrae a cerca de 100.000 personas que reparten curiosidad y bullicio por las tiendas y puestos callejeros, entre semana reina el silencio en un paisaje con más persianas bajadas que abiertas. Los comerciantes añoran los buenos tiempos. Puede que no encuentres lo que busques, pero en el Rastro siempre encuentras algo. En eso, nada ha cambiado.

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