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Para todos los públicos Crónicas - Portales a ninguna parte - ver ahora
Transcripción completa

(Tráfico)

(Música tensión)

Nuestro mayor temor era la heroína, que volvió con bastante fuerza.

Una cosa como olvidada de los años 80.

Además se nota mucho,

porque la degradación para la persona es total.

A veces había en un narcopiso hasta 100 personas al día.

Entonces nos dimos cuenta que algo estaba cambiando

y que en el barrio empezó a haber muchos más robos,

roturas de lunas, inseguridad...

(Sirenas)

Entonces empezamos a controlar, como vecinas,

hay que tirar para adelante y hacer lo que haga falta.

Es que aquí fíjate lo que pasa. Están vendiendo droga.

Está el barrio lleno.

(Música suspense)

Los narcopisos no se han extinguido en el Raval.

Continúan.

La asociación nuestra ha reforzado a las autoridades

que están funcionando en estos momentos,

que tenemos constancia y plenitud

de que están activos y están vendiendo

toda su oferta de drogas a propios y extraños.

En el último año, en el distrito al que pertenece el barrio del Raval

en el centro de Barcelona, se han desmantelado más de 74 pisos

donde se vendía y consumía droga.

Ha habido 100 detenidos.

Esto era como el portaviones de la flota de narcopisos

que empezó a operar poco a poco dentro del barrio del Raval.

Desde, aproximadamente, el año 2015,

hasta el 22 de octubre de 2017,

ahí funcionaron tres narcopisos y una sala de venopunción.

Aquí en Barcelona tenemos, en estos momentos,

la llegada de muchísimas personas a consumir drogas.

Aquí sienten que no les pasa absolutamente nada.

-Se va a pinchar. Se ha puesto el cinturón.

-Sí, sí. Se está pinchando, sí. Ni en los años 80.

Eso ha creado esa situación en la cual

los toxicómanos están, definitivamente,

vinculados con el territorio para consumir drogas.

Pero eso ha creado problemas serios de convivencia entre los vecinos.

Nos han roto puertas, nos han hecho robos,

nos han provocado tirones en la calle.

El incremento de la delincuencia común.

Hemos tenido muchísimos problemas.

Eso vinculado absolutamente con el microtráfico.

Encontramos, yo diría, que la puerta al infierno.

Eso era un lugar infrahumano.

Heces, orina, sangre en las escaleras,

jeringuillas por todos los lados,

colchones para que la gente durmiera en los rellanos de las escaleras.

Era realmente insufrible todo lo que encontramos.

-En mi propia comunidad tenemos un narcopiso.

Lo tengo enfrente.

La constante diaria de ir pasando clientes a buscar su dosis

es a todas horas.

Abierto 24 horas para consumir.

Tú imagínate que son las 3:00 de la mañana

y te llaman al interfono.

(Gritos)

Es tan escandalosa la cuestión...

Es un malvivir.

Hay vecinos que viven en bajos que comentan

que por las noches se lía la de Dios.

Hace de dos días explicaba una vecina,

abajo, entre dos camellos, se pusieron a discutir

porque no le había pasado la mercancía al otro

en unas condiciones correctas.

Cogieron una botella, se enlazaron entre los dos

para cortarse la cara con la botella.

Aquí situaciones como la que se vivió hace poco entre machetazos se ven...

(Gritos)

Este problema es muy fuerte vivirlo.

Tengo una hija de 17 años que no la quiere influenciar mucho,

no la quiero inmiscuir mucho en el tema,

pero sí que es cierto que hay mucha inseguridad

y que no sabes si vas a bajar a la calle y te van a tirar el móvil,

te van a atracar,

ya nunca sabes cuando sales de casa lo que te va a pasar.

El problema es este edificio que hay enfrente.

Hay problema de ruidos.

Hay problema de suciedad extrema.

A veces las ratas corren por ese tejado.

Esta gente se dedica, aparte de la droga,

a tunear bicicletas robadas.

Las cambian a cambio de una dosis.

Ellos venden una bicicleta por 10 E y eso es una de dosis.

He visto peleas con navajas, he visto peleas con botellas.

Todo esto en un horario escolar.

He visto cómo maltratan a mujeres porque no cumplen los cupos

que se supone que quiere el proxeneta.

Hemos visto situaciones muy duras, sobredosis,

muchas situaciones que quisiera olvidar.

El problema más importante que yo, personalmente,

tengo en este barrio es no poder salir con tranquilidad de mi casa

con los niños.

No poder salir sin que me encuentre la situación

en la que me pueda ver involucrada porque alguien tenga una sobredosis,

por encontrar una jeringuilla que pueda tocar mi niña de tres años.

Personalmente me afecta en eso.

-Consumidores de droga pasaban por aquí.

Algunos te insultaban,

entraba en el lavabo y no sabemos lo que hacían.

En otras épocas, había mucha cocaína.

Siempre ha habido el chocolate, porro, marihuana. Esto siempre.

Pero ahora sí que se ve, yo creo, bastante heroína.

-Este es el número 13 de Riereta.

Actualmente, hay algo de movimiento.

Por la noche trafican.

Toda esta calle era uno de los puntos más calientes,

sino el más caliente, de todo el Raval en cuanto a venta.

Estos locales pertenecen a entidades financieras.

Los traficantes, una vez los sacaban, lo ocupaban.

Mediante la lucha vecinal, hemos conseguido sacar a los traficantes

y recuperar estos locales para que no los vuelvan a reocupar.

Ahora estamos justo al lado, en el número 3.

En este caso, se tiraron también otros dos años y pico traficando,

cuando lo abandonaron, porque aquí no intervino la Policía.

Lo abandonaron los traficantes por la presión vecinal.

Tomamos la decisión de liberarlo.

Actualmente, hay unos estudiantes que viven.

Hemos transformado lo que era un local de tráfico,

que nadie se hacía cargo de él,

los vecinos nos hemos hecho cargo y ha vuelto a la normalidad.

Exactamente igual que en este, pasaba lo mismo.

Se quedó vacío.

Decidimos que una persona que había tenido un desahucio,

una persona mayor, lo ocupara y pudiera hacerle uso.

Así nos evitamos, de alguna manera, que los traficantes vuelvan.

Con esto, lo que queremos decir es que la ocupación no es el problema.

El problema es el uso que se le da a la vivienda o local en sí.

Como trabajamos en todo el barrio, vamos donde podemos.

Nos queda uno que ahora lo vamos a ver.

Es el 14. -El 14.

-Pensaba que aquí había menos.

-Estamos en ello todavía.

El 75 % de pisos donde se trafica pertenecen a entidades financieras.

Bancos, fondos buitres, inmobiliarias, grandes inmobiliarias.

Entonces... Es el problema.

A más de 600 km en el barrio de Vallecas, en Madrid,

el problema se repite.

Hace seis meses, cuando se hizo la redada,

se desmantelaron muchas casas y se han seguido desmantelando un montón.

Pero últimamente, tanto Conchi como yo,

hemos visto la gente que tuvieron y ya están en la calle.

¿Y dónde están? Otra vez en nuestro barrio.

Como no hay una reforma de la ley, a los cuatro días salen.

-Creo que hemos avanzado mucho

con todas las narcocasas que están cerradas.

Pero todavía hay narcocasas abiertas y todavía hay trapicheo en la calle.

Tenemos que estar atentas

a que no vuelvan a meterse en las casas tapiadas.

-Exactamente.

Además, regenerar de alguna manera,

porque con casas tapiadas haces un cementerio.

Lo que tienes que hacer es empezar a abrir cosas.

Claro, si no vuelven. Obviamente.

-También hay miedo, a parte de las casas que son de fondo de inversión.

(Música suspense)

El problema más acuciante ha sido el abandono que hay en el barrio

y que, como consecuencia,

montones de viviendas vacías han sido ocupadas

con gente que se dedica a la venta de drogas.

El barrio tiene casitas bajas que dan a la calle,

muchas de ellas tapiadas, otras no.

Eran viviendas de los fondos de inversión o de los bancos,

Se metían dentro y han generado problemas de inseguridad,

problemas de robo, problemas de ver mucho toxicómano por la calle,

con todo lo que eso trae.

-Tuve un vecino, yo vivo en el bajo derecha y él en el bajo izquierda.

Había entre uno y otro un metro.

Les dejaron el piso y empezaron a vender droga.

Era el portero todos los días... También allí consumían.

¿Qué tipo de droga vendían?

Yo no sé, no puedo decir que vendieran heroína,

pero desde luego, entraba la gente, consumía, dormían.

Aquello era un desastre.

Cuando se enfadaban con alguien que no le pagaba,

nos han estropeado dos veces la puerta.

Con todo lo que eso conlleva.

Los jaleos eran por parte de los que iban a comprar.

Lo mismo iba un señor con traje muy elegante,

que iba cualquier colgado a 10 E.

-En un radio de unos 500-700 m, había unos 40 narcopisos.

Todo lo que conlleva esa drogadicción la pagamos los vecinos.

Los niños no pueden salir a la calle, jeringuillas,

todo lo que os cuente es poco.

-Policía. -Al suelo, al suelo.

(Gritos)

Manos arriba todo el mundo.

-De cómo estaba el barrio a finales de 2017,

que tenemos un problema bastante grave vinculado a la ocupación

de viviendas y el tráfico de drogas en estas viviendas,

a cómo estamos actualmente porque hemos mejorado bastante.

Se han desmantelado más del 80 %

de los puntos de venta que existían en aquel momento.

Había una sensación de degradación general en el barrio de muchos años.

Este fenómeno ha sido un poco... la gota que colmó el vaso

y que obligó a los vecinos a salir a la calle

a demandar una actuación urgente.

(GRITAN) ¡A ti que estás mirando también te está pasando!

¡A ti que estás mirando también te está pasando!

-La heroína no era la principal sustancia de las incautaciones

que habían hecho, pero durante muchos años,

esa sustancia no aparecía en Vallecas,

de año y medio a esta parte, cuando se desmantela uno de estos puntos,

aparece esa sustancia.

Sí que es cierto que había desplazamiento

de ese consumo de sustancias.

El desmantelamiento de un sector de la Cañada Real tiene una causa efecto

en cuanto al incremento de narcopisos en Vallecas

por la sencilla razón de que los perfiles que veíamos de toxicómanos

moviéndose por el barrio era un perfil de gente cronificada,

de una edad entre 40-45 años a los que físicamente se percibía

que tenían un deterioro físico importante

y eso no estaba motivado porque de repente hubiese un rebrote

de un determinado consumo.

Se notaba que se estaban desplazando a algún lugar

donde se estaba desmantelando como era parte del sector seis

en la zona más problemática de la Cañada Real.

A pesar de todo, la Cañada Real sigue siendo

uno de los hipermercados de la droga más grandes de nuestro país.

Para llegar hasta allí se usaban las cundas,

es como se conoce a los coches que llevan a los toxicómanos

desde el centro de las ciudades

hasta los poblados donde se vende droga.

Según los vecinos de Vallecas, este transporte casi ha desaparecido.

Ahora dicen que se llega en metro hasta los narcopisos de su barrio.

Aquí se vende más coca que heroína.

Aunque el consumo de heroína es muy habitual.

Muy difícil, dificilísimo,

ver a un consumidor que solo consume heroína.

Es muy habitual que los consumidores consuman coca y heroína.

Respecto a hace 15 años, ha bajado de una manera muy importante.

Tanto la venta como las personas que acuden a consumir.

Si nos vamos al año 2000, acudían unas 15 000 personas

a los poblados marginales.

Ahora mismo nuestras estimaciones

son de entorno unas 3000 personas diarias.

Aquí los drogodependientes no quieren hablar a nuestra cámara.

Dicen que no quieren que sus familias sepan que están aquí.

Les preguntamos cuánto cuesta la dosis.

Nos dicen que el chute de cocaína o heroína tiene el mismo precio,

cinco euros.

Hay veces que la Policía

entra en este poblado para ayudar al equipo de asistencia.

Cuando hay heridos graves, son los encargados de llevarles al hospital.

Este hombre rechaza el traslado con la Policía,

a pesar del riesgo que corre con una herida abierta en el brazo.

¿A ver cómo la tienes? -Ponerte unos puntos...

A lo mejor hace falta ponerte unos puntitos.

-¿Ahora estás tranquilo?

-¿Por qué no me dais metadona aquí? -Ahora lo vemos.

-Lo hablamos cuando te cures. Te podemos dar de alta.

¿Te vas a quedar mucho tiempo por aquí?

-No, mañana me voy.

-Eso duele un poco. -Te estamos desinfectando.

-Al final, sanitarios y educadores consiguen convencerle

y le curan allí mismo.

-Somos como el centro de atención primaria

y el centro de servicios sociales de los consumidores de drogas

que pasan su vida aquí.

-Otro de mortadela.

Y luego tenemos una labor asistencial básica

en la que facilitamos material de consumo estéril

para prevenir enfermedades infectocontagiosas como el VIH

o la hepatitis,

facilitamos desayunos, comidas y meriendas.

El objetivo es facilitar la supervivencia de esta población

que está en condiciones muy duras, contactarla,

ofertarles el servicio desde aquí,

y ofertarles servicios de tratamiento.

De la Cañada de Real, la heroína nunca se fue.

Los vecinos que conviven con narcopisos

aseguran que ha vuelto a sus barrios.

Aunque en los últimos datos oficiales

no se detecta ningún aumento.

En el último año propio a la encuesta,

el 0,1 % de la población de 15 a 64 años de edad

había consumido heroína.

Esa es exactamente la misma cifra

que durante toda la década anterior de encuestas.

Por lo tanto, el indicador de consumo en el último año

estaría absolutamente estabilizado desde hace más de 10 años

en nuestro país.

Lo que no hay en este momento es ningún indicador que marque

que efectivamente se está produciendo un incremento

de las personas que puedan estar consumiendo heroína

o que puedan tener problemas derivados del consumo de heroína.

Si hubiera un incremento en el consumo,

serían, por un lado, las urgencias y la mortalidad

relacionada con consumo de heroína y, por otro lado,

todo lo que es el trabajo de control a nivel de calle

del narcomendeo y de las personas que puedan ser detectadas

consumiendo en la vía pública.

En Estados Unidos viven en emergencia sanitaria nacional

por la alta mortalidad provocada por consumo de opioides,

heroína y derivados sintéticos como el fentanilo.

En algunos casos, los médicos prescribieron medicinas

para mitigar el dolor y los enfermos se convirtieron en adictos.

Aquí se vigila este posible riesgo,

aunque dicen los expertos que nuestro Sistema Nacional de Salud

evitará que ocurra en España.

Aunque haya una diferencia notable en cuanto al volumen de población

en Estados Unidos y en España,

en Estados Unidos el año pasado fallecieron más de 60 000 personas

como consecuencia de reacción aguda al consumo de opioides.

Sean medicamentos, heroína o similares.

En nuestro país, por término medio,

podrían fallecer, aproximadamente,

unas 300 personas por consumo de heroína o derivados

de reacciones agudas al consumo de heroína u opioides.

Esa diferencia de 60 y tantos mil a 300 yo creo que marca

claramente la diferencia.

Aunque no han aumentado las muertes, hay otros indicadores que preocupan.

El precio está alto y se mantiene alto porque hay demanda de heroína.

Si no se vendiera, bajaría el precio, eso es evidente.

Al suelo, al suelo.

(Gritos)

Los alijos que se van cogiendo son cada vez mayores.

Empezamos hace tres, cuatro, cinco años

entre cinco, tres, ocho kilos

y ahora las incautaciones que se hacen

oscilan de 10 kilos para arriba.

Sí que hay una tendencia al alza en las importaciones,

por lo menos por los traficantes.

Al tener esas importaciones tan altas de heroína,

siempre se presume que puede haber más consumo,

pero no necesariamente tiene por qué haber más consumo.

¿Qué eficacia policial hay ahora a la hora de las aprensiones?

¿Cuánta heroína prendemos que quitamos del mercado?

Son ecuaciones que son muy difíciles de establecer.

Si tienes fortuna, igual estás quitando el 50 % de la heroína

de la calle.

Entonces, nuestra eficacia subiría.

Pero si no es así,

si estás quitando un 10-15 %, resulta que hay más heroína en el mercado.

Son países de destino y el gran problema

son las macroproducciones que tiene Afganistán.

Según Naciones Unidas, en 2017 hubo un récord

con 9000 t de opio.

Suponen en el mercado 900 t de heroína pura.

Cuando se hablan de alijos de 30, 40, 60 o 10 kilos,

hay que suponer que tienen un porcentaje de pureza muy alto

y esos alijos habría que multiplicarlos por 10

de venta al público.

Es decir, si importan 20 kilos,

tendrían 200 kilos de heroína en la calle.

A finales de 2017 se incautó el mayor alijo de heroína

que nunca se había intervenido en España.

330 kilos. Fue en el puerto de Barcelona.

Todo va aumentando.

No sé si los traficantes,

en vez de distribuir en riesgo o están más tranquilos,

no lo sé, prefieren acumularlo y llevarlo de una sola vez.

O hay muchísimo, y entonces los traficantes se arriesgan

a que si pierden una partida, pierden una partida completa,

o están muy tranquilos, cosa que no me gusta nada.

El paso de la tonelada en un contenedor a los 300 kilos

en tres contenedores es muy claro. Es una diversificación del riesgo.

Volver ahora no ya a 1 t, sino a cinco o seis,

la verdad es que es preocupante.

(Música)

Esto es una pequeña muestra de brown sugar,

la heroína que habitualmente se consume en nuestro país.

Dependiendo de su pureza y su peso,

el informe que hagan los expertos será determinante

para el tribunal que juzgue al traficante.

La heroína, lo que nos viene a nivel de calle,

está en el orden de riqueza de un 20 %.

Se adultera con paracetamol y cafeína, o ambos.

Normalmente, las drogas,

si proceden de una incautación más directa del proveedor,

vienen menos adulteradas.

De ahí que se deduce que los puntos de venta o el pequeño traficante

es el que normalmente las adultera

para obtener más beneficios económicos.

Normalmente, los que consumen heroína también consumen cocaína.

En teoría, dicen, un efecto compensa al otro.

Las malas cosas de una droga las compensa,

pero la mezcla es peligrosísima.

En toxicología no hay uno y uno son dos.

Uno y uno pueden resultar 100 o mil.

Es decir, se potencian por sinergismos

los efectos tóxicos,

y eso puede desencadenar una muerte por policonsumo.

Aquí se analiza todo lo que puede dar pistas sobre un delito.

Son pruebas que guardan cadena de custodia.

De las drogas aquí solo queda una pequeña muestra.

Ahora ya, sobre todo en la última década,

se han introducido lo que se llaman nuevas sustancias psicoactivas,

que son superpeligrosas.

Se venden con una apariencia de seguras no siéndolo en absoluto.

Esto se compra por internet. Es un gran problema.

Llevo 31 años aquí viendo cómo...

Pasando por mis manos casos de muertes por sobredosis de drogas,

que no es algo banal, que no hay ninguna droga segura,

que no hay consumo responsable de drogas.

-Hola.

-Hola.

-Ester, ¿el número? -8361.

-Las manos, hay que lavárselas antes de consumir.

-Era un importante objetivo que esas personas que consumían drogas

lo hicieran en las condiciones que les permitieran no morir,

remontar la sobredosis en el caso de darse,

poder reducir la prevalencia de enfermedades infectocontagiosas

que en su día, sin conocer se acercaban a esa mortalidad

y luego, en el intercambio de parafernalia higiénica,

jeringuillas, en este caso, para no contraer esas enfermedades.

-¿Y ese cambio de rellenar la copa?

-Porque lo he probado y me ha gustado, por desgracia.

Mira que no quería probarlo.

-Nuestro éxito terapéutico no es la abstinencia.

Es decir, es preparar a alguien para que pueda entender

que es una de las múltiples opciones que existen, que es la abstinencia.

Tenemos una población estándar que podría ser hombre,

cerca de los 40 años, consumidor de heroína o cocaína,

que mayoritariamente transita o habita en la calle.

La heroína no es tan mala porque mate de inmediato

y porque su efecto haga que se deprima el sistema nervioso central,

sino porque todo el tiempo te tiene pendiente de ella.

Por la mañana te despiertas pensando en cómo conseguir el dinero

para conseguirla a ella,

y conseguir el efecto que una vez administrado,

rápidamente podamos pensar en conseguir nuevamente

formar parte de esa rueda.

Nunca se fue, ahí estaba.

Ahora que está en los núcleos céntricos y urbanos

la heroína ha vuelto.

No es que haya vuelto, es que se ha hecho visible.

-Llegué aquí a Barcelona y me metí en el consumo de lleno

vía venoso.

Heroína, cocaína, heroína, cocaína.

En el centro este, Baluard, era donde lo hacía.

Conocí a Pau, mi educador que hay aquí

y casualmente estaban haciendo un taller de boxeo.

Hablando con él, me dijo: "Oye, te puedes venir con nosotros".

Siempre estaba diciéndomelo cada vez que me veía.

Detrás, motivándome para que lo hiciese.

Y le dije: "Vale".

Es cuando empecé a tomar la metadona. Así fue.

(Música)

Hacedlo despacio, hacedlo despacio.

Chicos, ¿qué tal? ¿Estamos cansados? -No.

-Uno, dos, crochet, uno, dos, crochet.

Vuelvo con la derecha. Vuelves con la derecha.

-Realmente me tiene muy centrado el deporte.

Me motiva un montón.

Es el motivo de muchísimos días para levantarme de la cama.

Mi autoestima se cura.

Me miro al espejo y digo: "Ostras, vamos, vamos, león".

-Gancho, gancho, gancho, gancho, crochet, derecha. Despacio.

Despacio.

Uno, dos... Crochet.

Los golpes certeros.

-Me llena de tal manera y me motiva tanto

que estoy solamente pensando en el próximo día.

Los sueños son de entrenamiento, de ver a esta persona, a la otra.

Me está ayudando un montón a mí y a otras personas.

Estoy superagradecido.

Se me saltarían hasta las lágrimas.

Vamos, que si sigo hablando, se me van a saltar las lágrimas.

Venía aquí.

Aparte de hacer un consumo más limpio,

tienes la posibilidad de hablar con alguien,

viene alguien a hablar contigo. Todas esas cosas que buscas.

Esa explosión que surgió tan bonita que hay personas que apuestan por ti.

Apuestan por una vida sin hacer distinción de nada,

ni de raza, ni de sexo ni de religión.

Están detrás tuyo porque saben que puedes mejorar,

porque saben que lo estás pasando mal,

porque en este mundo se pasa muy mal.

Lo pasamos muy mal aunque vaya un poco en silencio, ¿no?

Si miras con interés, puedes llegar a ver muchas cosas

y ves el dolor y el sufrimiento de una persona.

Esta persona como Pao, esas cosas se ven.

-¿Cómo te sientes emocionalmente cuando acaba un entreno?

Si notas alguna diferencia entre antes y después a nivel relacional.

¿Qué sensación tienes?

-Me siento maravillosamente bien.

Me quiero un montón.

Quiero un montón a los que están conmigo también en ese momento.

Es una catarsis, la verdad.

Es una celebración.

-A lo que nos dedicamos nosotros es intentar reducir un poco el daño

psicológico, emocional y físico de los efectos del consumo.

-Quítamela.

Con tu izquierda y con su derecha. ¿Has visto?

La quitas tan larga, te engaño y te doy por arriba.

Vuelvo luego a la derecha.

-A través del boxeo puede establecer un cambio

porque es un sitio donde otras personas integradas en la sociedad.

Tengo que cuidar la higiene, hábitos sociales, saludar,

coger confianza...

Esa fobia social que te llevas con la exclusión social.

Que no es tanto una fobia, sino una consecuencia normalizada

de estar en espacios excluidos.

Todo esto que estamos haciendo de ir a entrenar,

si no estuviéramos en estas iniciativas,

¿cómo crees que sería la situación?

-Muy oscuro, tío.

A mí me ha dejado un poco incomodo porque veo otra vez lo anterior.

Veo consumo, veo delincuencia, mucha degeneración y daño.

Mucha oscuridad.

Isaac tiene 38 años. Empezó a consumir con 14.

Ahora lleva varios meses viviendo sin droga.

En los centros de atención y seguimiento de drogas,

al haber las dos unidades,

la unidad de las personas que entran a hacer un tratamiento

de heroína, pero también las personas que entran en las salas

de venopunción para consumir en un entorno de mayor seguridad,

sabemos que de esas personas que entran en esa sala de venopunción,

un 10 % pasan a hacer tratamiento para dejar de consumir heroína.

(Música)

En nuestra ciudad, los consumidores de heroína no aumentan.

Sí que hay un desplazamiento de consumidores de unas zonas a otras,

pero no aumenta.

Siempre comparto una cifra,

porque creo que la abstinencia hay que mirarla

en el narcotérmino también.

una cifra que creo que nos ayuda a entender es que en 2004

en la ciudad de Barcelona recogíamos 156 000 jeringuillas.

En el año 2017 hemos recogido 27 000.

(Música suspense)

Sí que es cierto que en el barrio del Raval

tenemos un repunte de consumidores de heroína.

Por lo tanto, en Barcelona, desde el primer día que se detectó

este repunte y esta situación de mayor consumo que en otros momentos,

desembarcamos con un plan de choque y unas políticas especiales

para este barrio, en concreto, y este distrito.

La alarma ha saltado en otro barrio fuera del Raval.

Aquí en el gótico, se han desmantelado algunos narcopisos.

-Iros a tomar por culo.

-A tu casa, desgraciado.

Este es el barrio que queremos, un barrio bueno.

Los vecinos de los barrios más afectados se han organizado.

Han salido a la calle a protestar.

También se reúnen para tomar decisiones

que faciliten la convivencia.

El primer punto sería no enfrentarse nunca a los traficantes,

el segundo sería llamar a la guardia urbana o los Mossos,

tercer punto, localizar al propietario del piso

o local en el que se trafica.

-Aquí el problema ha venido por la especulación.

Si no hubiera habido tanta especulación,

aquí no hubiera llegado el extremo que hay con los narcopisos.

Esto ha servido para mucha gente, para muchos,

les ha servido de tapadera para que nos vayamos la gente del barrio.

Y la gente del barrio no nos queremos ir.

(Música suspense)

Otros han colgado trapos rojos en sus ventanas

para mostrar su rechazo a los narcopisos.

Definitivamente, tiene que haber un tipo de política pública

orientado hacia la facilitación de los alquileres.

Que no haya alquileres tan altos en esta zona.

Es preferible, obviamente, tener vecinos

que tener pisos vacíos.

(Silbatos, cazuelas)

Con las protestas también ha habido tensión en algunos momentos.

A los vecinos de Vallecas les llegaron a tirar

lejía y amoníaco por la ventana cuando denunciaban un narcopiso.

Nosotras hemos seguido narcotraficantes,

hemos seguido drogodependientes para ver dónde iban a consumir.

De alguna manera, les hemos reventado el negocio.

A mí, verbalizarlo no me lo han verbalizado.

No me han dicho: "Te voy a matar" como tal.

Pero sí me han dicho, me han hecho así,

que me van a cortar el cuello, que me van a pegar un tiro,

no con palabras, sino con gestos.

(Música)

En el mismo barrio ellas siguen en una lucha

donde llevan batallando casi 40 años.

Algunas perdieron a sus hijos.

Son las madres contra la droga.

Mi hijo murió, pero yo no he luchado solo por mi hijo.

He luchado por los hijos de los demás también.

Ahora mismo tengo uno en la cárcel.

(Gritos)

Mi hija tenía 17 años.

Estaba estudiando.

Tenía el bachiller superior terminado

y estaba haciendo el acceso a la universidad.

Hablaba correctamente alemán, porque vivimos en Alemania

y correctamente el francés.

Los chavales jóvenes que estaban metidos en organizaciones

que luchaban por una enseñanza mejor,

que luchaban por tener en el barrio los centros sociales,

luchaban por...

Esa gente fue la primera que cayó.

-¿Te acuerdas cuando detuvieron al hijo de Adelina?

La llamaron para ir a comisaría y le dijo el policía:

"Hemos pillado a su hijo con una china".

Dice Adelina, estupenda la mujer,

pero que no sabía de lo que iba el tema.

Y dice: "Mi hija con una japonesa, con una china y con quien quiera".

Y le saca el policía con una chulería la china de hachís.

En aquel entonces ni siquiera sabíamos.

-Yo no lo sabía, desde luego.

-Sí que tuvimos que descubrir,

que hemos descubierto juntas y se nos ha quitado el miedo,

quién traía la droga, quién la ponía donde los chavales,

y cómo destruía familias enteras.

-Ahora otra vez está volviendo la heroína.

Y eso de que el Estado no puede controlar eso es mentira.

Es totalmente mentira.

Nosotros, cuatro personas sin ningún poder de ningún tipo,

sin pistola, y sin tal,

hemos sacado de sitios a gente que vendía y se han ido.

Han tenido que irse.

Imagínate con todos los medios que tiene el Estado.

Si hubiera intención de hacerlo...

-Otra vez vuelven los corritos, la heroína.

Otra vez estamos en las mismas.

-Lo de La Cañada, estaban allí...

Hubo cuatro o cinco años que iban todos a parar allí.

Era como un cementerio de personas.

En los barrios estaban más tranquilos.

-Volvemos otra vez...

Son los mismos, están mayores y encima...

les ha pasado factura.

Yo veo a mi hijo, no es como era.

Está muy acelerado, tiene muchos problemas de salud...

En fin.

-Antes pasaban por aquí cayéndose.

Aquí cuántos muertos ha habido.

Los chavales jóvenes, jóvenes.

-Pues dos generaciones, por lo menos.

-Sí, sí, ha habido mucho.

(Ópera)

Había sitios, incluso,

que los chicos se oponían y esperaban

hasta que les daba el subidón.

Lo que pasa es que antes había muchos poblados de chabolas

y la gente iba allí a comprarla y consumirla.

Y luego, en las calles, en los barrios,

perfectamente señalizados están.

Quién la ha vendido, quién la vende y quién la venderá.

Ahora los llamamos narcopisos, entonces funcionaban igual

aunque no estaban en el centro de las ciudades.

El daño a los que entraban y salían, el mismo en los 80 que en 2018.

(Ópera)

(Música créditos)

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Crónicas - Portales a ninguna parte

25 jun 2018

Los llamados "narcopisos" siguen condicionando la vida de los vecinos de algunos barrios como los del Raval (Barcelona), y Vallecas (Madrid). La presión policial y vecinal hace que los narcotraficantes cambien de barrio, pero no que salgan del centro..

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