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Para todos los públicos Crónicas - El final de El Gallinero - ver ahora
Transcripción completa

Aquí vivimos muy bien

y no sabemos si irnos del Gallinero o quedarnos,

porque aquí es nuestra historia,

es nuestra vida.

Aquí llevamos 14 años

toda la vida con mis padres

y con mi familia,

yo prefiero estar aquí que es mi mundo,

es donde he vivido estos años y donde hemos crecido y nacido.

Ahora vamos a ir a un piso

pero tengo miedo de que fracasemos y que nos quedemos en la calle

y yo con mi familia y con mi madre y mis hermanas

no puedo estar en la calle.

También los niños tienen miedo de que sus padres no tengan trabajo

y no tengamos ni para comer,

y mi madre siempre va a pedir por las mañanas

desde las seis de la mañana

para que nos traiga de comer pan y agua

y es así nuestra vida.

Estamos en un barrio donde hay cuarenta familias viviendo

pero ha llegado a haber 90 familias,

unas 500 personas y más de la mitad eran niños,

un espacio en el que los chavales han jugado,

han estado conviviendo durante 10, 15 años,

realmente hay lazos de amistad y de convivencia muy fuertes.

Ya voy casi por los ocho años, aquí en el Gallinero,

y vine a los 18 años por ahí.

Mireia tiene 25 años.

De pequeña le gustaba leer, escribir, las matemáticas

su padre la empezó a llamar Diagrama y así se quedó.

Vive en el Gallinero con dos hijos pequeños,

tiene otros tres en Rumania

y está esperando el sexto.

Mis padres no me casaron obligatoriamente,

yo me case por mi cuenta,

no me dijo eh tu Diagrama que tú te vas a casar con este

porque a mí me da la gana,

no, me gusto a mí el chico y yo me case con el

esta es la ley nuestra rumana, se casan a los 13, 14, 15 años,

nosotros no somos pequeñitos a esa edad.

Pero Miruna no quiero que se case hasta que ella tenga 18, 19, 20 años,

que si se quiere casar y esta con su marido, conmigo,

pues que se este y mi hijo tampoco

porque yo me case a los 12 años y lo pase muy mal.

Estas no son condiciones para vivir, los niños, ni nosotros,

ni otra gente,

y también me pone muy triste

pues porque no tenemos lo que necesitamos.

Quizá algún día podremos salir de esto,

tener trabajo, pensar, pero tener mucha paciencia

porque con esto tenemos que tener paciencia,

pues alegre me pone también que ya me voy de aquí,

estar en una casa con una ducha para mis hijos,

estar limpios,

y no estar así.

Hace más de diez años, un grupo de familias

levantaron chabolas en este terreno a 13 kilómetros de Madrid.

Al borde de autovías y carreteras y próximo a las vías del ave

Un erial aislado en un cruce de caminos.

Vinieron a España desde Rumanía para ganarse la vida.

Y terminaron viviendo en la Cañada Real,

un territorio hostil donde reinan traficantes y toxicómanos.

Allí duraron poco.

No podían pagar los alquileres de las casas

y los dueños del negocio de la droga los expulsaron.

Entonces se desplazaron a menos de un kilómetro de la Cañada

y llegaron aquí.

Encontraron los muros de un viejo corral de gallinas

y levantaron las primeras casas de cartón y plástico.

Al poblado lo llamaron El Gallinero.

Parecía una solución provisional

pero se convirtió en el barrio de 200 niños

que crecieron entre escombros y basura, rodeados de ratas,

sufriendo inundaciones, frio y calor extremo.

Con el paso del tiempo, muchas familias

se marcharon a otros países hasta que quedaron unas treinta.

Doce años después, la comunidad y el ayuntamiento de Madrid

firman un convenio para llevar a cabo su realojo.

Muchos niños se enfrentan a los cambios con miedo.

Este era su mundo hasta ahora.

Buenos días Emilio, ¿que tal?, ¿cuando te van a dar la vivienda?

Hoy me voy al ayuntamiento de Madrid para sellar un contrato,

no lo sé qué sellar.

Me voy de aquí a una casa, solo los dos, yo con mi mujer.

¿Tu antes habías vivido en vivienda o siempre has vivido en chabola?

Si he estado en un alquiler antes.

¿En alquiler?,

¿dónde vivíais?

En Vicálvaro.

Pagábamos 300 euros al mes.

300 euros al mes.

O sea que en el alquiler de Vicálvaro

como no teníais dinero para pagar la renta os vinisteis para acá.

Si me cambie para aquí.

¿Te han dicho cuánto tienen que pagar?

Si me han dicho que 65 euros al mes

y gastos.

¿Cuánta renta mínima cobras, que cantidad?,

512 euros.

¿Entonces pagando esos 65 euros de alquiler,

y luego la luz, el agua y los gastos, yo creo que si podrás vivir?

Si se puede, sí, creo que está bien.

Quieres o no quieres, de aquí se va todo.

Así que...

¿Van a tirar todo?

Si tiran todo de aquí.

Jorge es de la combativa Iglesia San Carlos Borromeo.

Junto a los voluntarios de la iglesia de la Cañada,

la de Santo Domingo de la Calzada

ha acompañado a las familias del Gallinero

desde el primer momento

y ha velado porque no se vulneren sus derechos.

Te leo lo que pusimos ayer:

Deseo hacer constar que mi autorización

para derribar mi chabola está condicionada

no a la adjudicación de la vivienda,

sino a mi aceptación de la vivienda concreta

que se me ofrezca y las condiciones, derechos y obligaciones

que esta aceptación suponga.

Así como que la vivienda cuente con la equipación mínima

para hacerla habitable.

Queremos garantizar que todo el mundo cuando se vaya ahora que es verano

que tenga lo mínimo, lo indispensable,

lo básico para poderse ir a vivir.

Si señor.

¿De acuerdo?

Esto es tuyo para cuando ahora te vayas a la reunión.

Catorce años aquí en España.

Catorce años aquí.

Y muy bien aquí.

Muy bien.

Todos los hijos al cole.

Temen que les engañen.

Y se aferran a la que ha sido su casa

durante tanto tiempo.

La han ido construyendo poco a poco,

tienen frigoríficos, lavadora.

En ella han criado a sus hijos.

Pese a la pobreza cuidan su casa y la mantienen limpia.

La gente hace un esfuerzo muy importante por crear un hogar,

las mujeres y los hombres ponen telas, recubren toda la casa,

la tapizan, diferencian los espacios, ponen cortinas, ponen flores,

cuadros, con muchísima creatividad.

Realmente la combinación de las telas y los colores se ve un gusto

por hacer el espacio especial,

el espacio de donde viven con su familia.

Mira esta es nuestra casa donde vivimos y dormimos.

Pero no sabemos si vamos a estar mucho tiempo

en el piso ahí, o no sé,

porque si mi madre no sabe leer ni hablar bien español

no sé si va a tener un trabajo o no,

y no sé si vamos a mantener la casa y la familia en un piso.

A mí me gustaría que ahora que vamos a ir a un piso

que también hubiera un cambio un poco,

que tenga un trabajo de limpieza, porque a ella le gusta mucho,

ese sueño es su vida entera,

lo que quiere hacer ella desde años

y mi madre,

se levanta desde las seis de la mañana para ir a pedir

para que nos traiga agua y pan para que comamos, de todo digo.

Gracias a Dios por tener una madre como ella.

Es muy guapa, me gusta como es, se hace la fuerte

pero a veces es muy blanda, tiene como un corazón grande

pero por dentro es un corazón muy pequeñito que tiene miedo

y cosas que puede pasar.

Ella es Sara, tiene siete años que lo acaba de cumplir

hace unos meses en abril,

a veces se porta mal y a veces bien, pero es muy cariñosa.

Mi hermana Alicia tiene 9 años que también ha cumplido en marzo,

y tiene sus cualidades como cualquiera.

Es adorable y mimosa, pero me gusta como es,

no quiero cambiarla por nadie del mundo.

La presencia de niños en el poblado removió conciencias.

A medida que fue creciendo el número de chabolas

empezaron a acercarse más voluntarios.

Hace dos años el Ayuntamiento puso hormigón en el suelo

para evitar el tema de barro y demás, y también hicieron unas letrinas

que mejoró un poco la calidad de vida de los vecinos,

pero durante todos esos años

han tenido una vida muy muy dura, y se han ido adaptando pues

a las circunstancias y a la zona en la que vivían.

Al principio no había agua, había solo una fuente,

la imagen que se veía era los niños y las mujeres como en África

cargando el agua llevando en bombonas de plástico hasta la chabola

para poder cocinar y para poder asearse.

Con el paso del tiempo empezaron a ocurrir emergencias

que hicieron que la población, los vecinos,

viniera a ayudar a las familias y a hacer proyectos educativos

con estas personas que viven aquí.

En un primer momento vinieron solamente voluntarios,

gente relacionada con el movimiento vecinal,

que hicieron una labor de denuncia en cuanto había una inundación,

cuando había un incendio, cuando había también ratas,

cuando intentaban que limpiaran el poblado.

La escolarización de los menores fue el primer caballo de batalla.

Cruz Roja hizo un censo de los niños del poblado y se convenció

a los padres para que les dejaran ir al colegio todos los días.

Además se encargó de las rutas escolares.

En el año 2008 empezamos un centro socioeducativo,

el centro socio educativo Henry Dunat,

que lo que buscaba era favorecer el tránsito de la escolarización,

de la primera escolarización de los menores

que se encontraban desescolarizados en el asentamiento,

para su incorporación progresiva a centros educativos normalizados

en el distrito.

La comunidad de Madrid cuando Esperanza Aguirre

era presidenta, hizo un gueto, que no estuvimos de acuerdo,

que lo denunciamos, que fue un centro educativo,

el Henry Dunat que estaba en Aluche

y todos los días un autocar

llevaba a los niños y niñas del Gallinero a este centro

al Henry Dunat y ellos decían que era para que se adaptaran

a labores de higiene y bueno horarios y rutinas,

una vez que eso se superó, el Henry Dunat se cerró

y ya los niños los escolarizaron en los colegios de Villa de Vallecas.

Me gusta una profesora que se llama Isidora,

es como mi segunda madre, porque siempre me cuidaba

y hace dos años me ha llevado a su pueblo, y era muy bonito,

y me gusto un montón,

porque todos me conocían a mi

porque siempre estaba hablando de mi Isidora

y ahora como nos vamos a cambiar de casa no me va a gustar

alejarme de mi profesora y de mis compañeros.

Inicialmente los profesores nos expresaban las dudas

sobre como vivían, donde vivían,

y cuáles eran las particularidades de estos niños.

Nos expresaban que venían con barro en los zapatos

y todo eso lo hemos ido trabajando,

conectando no sólo a las familias con los centros educativos

sino también acercando los centros educativos al propio asentamiento,

para que unos y otros conocieran la realidad y a partir de ahí

se pudieran producir los procesos normalizados de escolarización.

Como en las chabolas era imposible estudiar,

Cáritas colocó un prefabricado como aula de apoyo

que ha permanecido abierto hasta el final.

En ella, por las tardes, los niños han hecho las tareas del colegio.

Cada día, durante todos estos años,

los voluntarios les han ayudado con los libros.

El que hayan estado escolarizados no significa que hayan podido ejercer

su derecho a educación en igualdad de condiciones

con el resto de los niños.

Aquí hay rutas que no coinciden las rutas

con los horarios de las clases en los colegios.

Hay niños que han perdido sistemáticamente

la primera hora de clase o la última durante todo el curso

y en cuyas notas aparecía asignatura no calificada

por ausencia del alumno siempre.

Están escolarizados pero si en la escuela

resulta que no tienes el uniforme

y que te tienes que ir una hora antes,

pues esos derechos son relativos.

Hay un vínculo muy especial con los pequeños.

A veces los voluntarios han sido el puente

entre las familias y los profesores.

Los niños son bilingües,

en algunos casos ayudan a comunicarse a sus madres,

que no han podido aprender bien el castellano.

Ellas se sienten orgullosas de sus hijos.

Allí he venido de Rumania, no tenemos casa,

no tenemos como allí,

pero para que no salgan como he salido yo,

que no se leer escribir que nada.

Quiero que los niños estén como todo el mundo.

Cuatro, todos están en el colegio, todos saben escribir, saben leer,

están mejor en colegio.

Tenemos dentro de casa mucha cucaracha,

es mejor en una vivienda.

Es mejor, una cama buena, un duchar, una cocina buena

es mejor,

aquí está más difícil por nosotros y por los niños.

El poblado carece de sitios para jugar,

pero la imaginación de los pequeños vence la realidad.

Beckham está en quinto de primaria y tiene ocho hermanos.

Son ciudades, las piedras significan casas y las piedras estas altas

significan como torres.

Las he hecho porque me apasiona la geología

y me encantan los continentes, las islas, las ciudades,

y se me ocurrió un día que podía hacer unas ciudades

en estos trozos de tierra.

Porque a mí me gustan un montón los continentes

y todo lo de la tierra, me fascina.

Pero yo quiero ser veterinario

porque me encantaría ayudar a los animales

y me encantan desde pequeño.

Voy a echar de menos El Gallinero un montón, y por eso he hecho esto,

porque si no quitan esto pues quiero que el Gallinero

tenga un recuerdo de mi.

Mis hermanos son increíbles y tengo un montón.

Son divertidos, me ayudan cuando lo necesito.

La más mayor se llama Bianca y la más pequeña se llama Marta,

que es un bebe de dos años.

Mi padre es el héroe porque siempre está trabajando,

nos enseña muchas cosas, ayuda a Jorge en las excursiones,

a Paco, a monitores que vienen aquí para jugar con nosotros

y es uno de los padres que también limpian El Gallinero

y habla bien de la gente de aquí.

Stejar lleva trece años trabajando de vigilante de seguridad

en turnos de noche.

Tengo nueve hijos y todo mi sueldo esta en familia,

solo para comer y un paquete de tabaco,

nada más y mi familia gracias a Dios que todo bien, me hace caso,

estudian mucho, mira Beckham, Beatriz, todos los niños,

muchas veces no me acuerdo su nombre, nueve hijos,

no me acuerdo de sus nombres.

Y me gusta también la hija grande para su madre,

mi mujer le quiero muchísimo, hay una mujer con familia de 9 hijos

y como vivimos aquí, solo Dios sabe que ella también tiene mucho miedo,

siempre me dice por favor tú te marchas, y yo estoy aquí,

tengo miedo de policía.

Si hay uno que hace cosas mal, como el español que le he visto,

que trabajo de mucho tiempo y se, hay bueno hay malo,

hay rumano bueno, hay mal, hay gitano bueno, hay mal también,

para la otra gente pasamos cosas muy mal también, con policía,

cuando voy a trabajo tengo mucho miedo

ahora pega para mi familia, con miedo, con 9 hijos,

solo eso cosa mal pasamos con policía.

La relación con la policía ha sido muy conflictiva

y muy traumática para los niños.

Ha habido unos despliegues policiales espectaculares aquí,

desde mi punto de vista poco justificados

porque la población aquí no es violenta,

y nunca se ha opuesto a ningún tipo de intervención.

Antes por la noche no dormíamos porque pasaba mucho la policía

y pegaban en las chabolas y pues nos daba miedo.

A mí no me han hecho nada pero cuando gritaban y pegaban voces

pues me daban miedo, por la noche más

y despertando por la noche me asustaba mucho y a los niños más.

Cuando han venido a detener a gente por distintos motivos

normalmente han venido con unos despliegues

muy espectaculares, de caballos, helicópteros, muchos furgones,

muy temprano por la mañana con uniforme de antidisturbios,

entonces esto generaba muchísimo miedo en los niños.

Me gustaría que no viniera más policía y pegara a nuestros tíos,

a nuestra familia, por eso yo cuando sea abogada

voy a defender a todas las personas que necesitan ayuda,

hasta de los policías voy a defender,

porque los policías no tienen derecho a pegar a las personas

aunque sean policías, aunque manden

pero no tienen derecho a pegar a nadie, porque eso es un delito.

Los niños son las víctimas de la situación marginal

que tiene el poblado,

nosotros hacemos siempre todo lo posible para evitar

que se produzca un episodio que ellos pudieran pensar que es violento

delante de ellos, de hecho cuando tenemos que realizar

la entrada en el poblado porque hay que detener a una persona

lo hacemos en tiempos o en momentos en los que ellos

no se encuentren en el lugar,

pero es inevitable que ellos de vez en cuando

perciban la situación de la policía como represiva

u opresora porque se han llevado a un familiar suyo.

En El Gallinero se había establecido una organización mafiosa

que recogía cable robado para sacar cobre.

En una de esas operaciones que dirigió la Guardia Civil

se detuvo a más de 40 personas en el poblado.

Somos policías, y lo que tenemos que hacer

es prevenir la delincuencia

y es nuestra obligación

porque las víctimas en este caso,

son víctimas que residen fuera del Gallinero,

por lo tanto, tenemos que proteger a esas víctimas,

personas que les han robado el bolso, el monedero, un móvil,

personas que les han ocasionado lesiones para poder robarles

y empresas que han sufrido muchísimo daño,

empresas que han sufrido el robo de cobre,

ten en cuenta que Telefónica por ejemplo, y Adif

son las mayores empresas que han sufrido todo esto.

Otro de los momentos de mayor tensión

ha sido el derribo de chabolas por orden judicial.

Algo que ha ocurrido con frecuencia durante estos años.

Ha venido policía, me ha tirado la chabola

y esta chabola, dos chabolas, ha venido aquí.

Todos dormíamos aquí.

No tengo cama, no tengo ropa, no tiene dinero, para poner.

Tiene muy mal.

No tengo nada.

En El Gallinero han trabajado varias ongs,

entre otras Cooperación y Ayuda para la salud,

ACCEM, El Fanal,

Asociación Barró,

Save the Children, Médicos del Mundo

y por supuesto, las administraciones.

Lejos de pensar que el Estado, que la administraciones locales

no están presentes en este espacio, podemos decir

que están continuamente presentes, hay muchísimas organizaciones

interviniendo y la forma de intervención

es lo que ha dado también lugar a este espacio

en el que la excepción de alguna manera,

se ha convertido en regla.

Sí que hay ese debate, esa discusión entre si tenían derecho a realojo

o no tenían derecho a realojo.

Es muy interesante como parte de todo el discurso

estaba fundamentado por esta idea de que a la gente le da igual,

que no sufre con el derribo de las casas,

que tienen esa forma de vida así precaria,

incluso se llega a justificar

que vivan bajo cuatro tablas y plásticos,

entonces es importante legitimar esa idea de que el acceso a derecho

es a través del territorio y a través del empadronamiento.

De hecho el realojo

se hace a través del empadronamiento de las personas a partir del año 2011.

Las familias respetan sus costumbres.

La mayoría hace el pan porque les sale más barato

que comprarlo.

Aparentan más edad de la que tienen

por las condiciones en las que han vivido.

En el caso de las mujeres además, por el número tan alto de embarazos.

Durante estos diez años, cada día hasta el Gallinero,

se ha desplazado un equipo del Servicio Madrileño de Salud

para atender sus necesidades médicas,

entre otras la planificación familiar.

Florica tiene 25 años.

Cocina recetas de su tierra para no olvidar sus orígenes.

Yo llegué aquí con once años,

tengo cuatro niños nacidos aquí,

uno tiene diez años, otro tiene 9 años,

una niña de siete años y otro de tres años.

Aquí mismo perdí a mi marido también, me quede con tres niños,

además yo quería irme para mi país pero no me iba

porque no tenía una vivienda ni esta que tengo mismo aquí,

no tenía otra opción.

Desde los 18 años que me quede sin marido

yo saque a mis niños adelante, fui a pedir,

gracias a otros voluntarios que me echaron una mano,

me daban comida los fines de meses, más una comida que compra ellos,

a base de cosas, cuando uno necesita salir de un hospital o algo,

y no tienes dinero,

no tienes cómo salir,

alguien de los voluntarios o de las personas

que te quieren te ayudan.

Yo he venido el año 2000 aquí,

porque como en Rumania no había trabajo ni nada,

que son muy diferentes de nosotros, dicen los gitanos no trabajan,

los payos si, y si tú te encontrabas un trabajo si te ve a la cara

que tu pareces gitano dice ya no tengo trabajo.

A cinco minutos si viene un payo ya tenía trabajo

y por eso digo,

vamos a España ahí puede vivimos bien,

ya tengo veinte años,

estuve tres veces en Rumania para visitar mi familia.

Ahí está un poco mejor que en Rumania,

aquí te vas a pedir coges diez euros, 15 euros comes,

pero en Rumania si te lo ven pidiendo te lo cogen, pagas una multa,

si no tienes con que pagar, vas detenida,

pero ahí el otro policía te lo dice, que no está bien para pedir,

yo salgo fuera y ya está, me voy al otro metro, paso otra vez,

lo saben también que estoy pidiendo de mucho tiempo,

los vigilantes también.

Si, sí, míralos,

están muy chiquitinos,

tengo 4, ya ha dado a luz, no quiero sacarlos fuera,

porque es muy chiquitino, es mucho sol, los dejo ahí.

María tiene dos niñas pequeñas.

Su marido cumple una condena de 15 años.

Han presentado un recurso.

Es que tiene casi tres años

cuando estaba detenido estaba preventivo,

es que lo confundió la policía con otro chico,

y le ha pedido quince años y medio.

Mi padre, mi madre, toda mi familia están en Rumania,

yo estoy aquí con mis cuñados, con mis cuñadas, con mis suegros,

con mis niñas.

Por aquí siempre que había elecciones se paseaban todos los políticos,

todos, absolutamente todos,

para hacerse la foto con el niño que tenía un moco,

o el niño que estaba descalzo, o ver las ratas, la miseria

y todos iban a cambiar esta realidad.

En once años ha habido muchas elecciones,

y todos hacían la misma promesa que esto desaparece,

no os preocupéis, no va a seguir viniendo la policía,

no se va a vejar a la población, vamos a conseguir,

vamos a conseguir

y nunca se conseguía absolutamente nada.

Esa ha sido nuestra denuncia constante a todos los políticos.

La ciudadanía tenemos que acompañarnos a los ciudadanos.

El realojo es verdad que porque hay voluntad política se puede hacer,

durante muchos años no la había y no se hizo, pero también es verdad

que yo creo que esto es fruto pues de mucha gente,

que desde el tejido social ha sido capaz de acompañar

y sobre todo también de ser permeable a los procesos

y las necesidades de quien realmente sufre esta vida calamitosa

que son las familias del Gallinero.

La alcaldesa y el presidente de la Comunidad de Madrid

visitaron el poblado para reflejar su acuerdo

en la desaparición de El Gallinero.

El ayuntamiento y la comunidad de Madrid

pagan al cincuenta por ciento los gastos del realojo

de estas familias.

Son unas ciento diez personas, la mitad menores.

La ciudad os espera

y la ciudad quiere que tengáis los mismos derechos

que tienen todos los ciudadanos de Madrid.

Así lo quieren y vosotros tenéis que ser capaces de demostrar

que os lo merecéis.

No hay por qué tener desconfianza por ninguno de vosotros,

pero tiene que ser a base de apostar por aceptar las normas de la ciudad.

Para esta nueva etapa la mediación va a ser muy importante

para hacer frente a los cambios de forma positiva.

Tengo ilusión para trabajar de mediadora

porque me he esforzado mucho y formándome en este proceso.

La mediación va a ser la llave del éxito

para construir una ciudad diversa, abierta y que de verdad nos quiera.

Vamos a estar siguiéndoos en vuestro día a día,

y dándoos toda la ayuda que preciséis

porque para eso estamos las administraciones,

y vosotros tenéis que sentir que estamos detrás de vosotros,

que el ayuntamiento y la comunidad va a apostar por todos vosotros

y vamos a ayudaros a que este proceso como digo termine bien.

Unas diez familias, las que cuentan con la renta mínima de inserción,

van a una vivienda de alquiler de protección social

y se harán cargo de la luz y el agua.

El resto, las familias que no disponen de ningún recurso,

van a ir de momento,

a un programa de alojamiento provisional supervisado.

Aquí estoy con mis padres y mi chica y un hijo.

La situación no sé cómo decirte, últimamente como yo estoy trabajando

resulta más fácil para que mi hijo este mejor,

y que tenga el alimento debido, todas las cosas,

porque he hecho un curso de mediador, gracias a Dios, he podido trabajar.

Los momentos más duros, creo que después de estudiar

porque ya me hice adolescente y ya veía la diferencia,

y al hacerme un poco más mayor, como toda gente,

como todo ser humano, que ya siente la diferencia

entre las cosas que tiene que tener y que le haga falta.

Ya vamos a ser realojado dentro de nada,

espero que mi vida mejore mucho más de lo que ha mejorado

y mi hijo tenga unas situaciones muy buenas.

Aquí duermo yo, en la cama duermo yo con Neymar, Natalia y mi mujer.

Esa es mi tele, tenemos dos teles, TDT de Rumania para ver las noticias,

qué pasa en Rumania.

Aquí es la habitación de los niños que duerme Georgiana y Corina.

Le he puesto mi tele de plasma donde ven películas de los niños.

Aquí está mi ropa, aquí los zapatos de los niños.

Aquí tenemos preparada la ropa de los niños

para llevarla al piso, donde, yo sé dónde me ha dado el piso,

me ha dado en Villaverde Alto, y Villaverde Alto lo conozco

porque yo ahí he trabajado bastante de mi historia,

y nos mudamos a Villaverde alto.

Por fin ha llegado el día del realojo

y se mezclan diversas sensaciones.

Los primeros que son trasladados a los pisos

son las familias con bebes.

Una de ellas es Mireia que ya ha dado a luz

a su pequeño Arturo

el niño ha vivido un mes en El Gallinero.

Tantos años que vivo aquí,

bueno por una parte por mis hijos pues me siento muy bien

para que me vaya en una casa.

Mi marido ya está con su trabajo y ahora, va a tener un trabajo fijo,

si Dios quiere, y pues me siento bien por mis hijos,

pero me siento un poquito mal porque tengo casi toda la vida aquí.

Algunos de los voluntarios que les han ayudado estos años

están también aquí.

El camino ha sido largo pero hoy se sienten recompensados.

Las personas solo podemos imaginar un futuro diferente al que vivimos

si tenemos unas condiciones mínimas, y esas condiciones mínimas

en primer lugar las facilita el tener una casa,

el tener un techo no.

Por eso nos parece que dar una oportunidad a estas familias

pues es procurar un futuro a ellos y sobre todo a sus hijos

y vemos que hay un montón de niños en este poblado,

pues mejor que el que han tenido sus padres o sus abuelos.

Stejar dice adiós a su chabola.

En la puerta espera la furgoneta cargada para ir a su nueva casa.

Toca despedirse de los amigos porque a partir de ahora

no estarán juntos

los recuerdos, malos y buenos aquí se quedan.

Stejar y su familia sienten un poco de miedo

pero están ilusionados con todos los cambios

que se avecinan.

El primero su nueva casa.

Con cuatro habitaciones y muebles por desembalar y montar.

Otra cosa, cambiamos todo.

Está muy bien.

Me parece bien.

Me encanta que hay cocina, que hay ducha, hay luz, hay de todo,

hay habitaciones muy bien.

Una casa, una casa bonita.

Y gracias a Dios que tenemos una casa.

Ahora pueden imaginarse todas las familias

un futuro con más oportunidades,

lo que les permite creer en sus sueños.

Mis sueños serian que mis hijos no tengan la misma vida que yo tuve.

Primero quiero viajar por el país, por el mundo, conocer ciudades,

leyendas, yo que se esas cosas que molan mucho.

A mí me gustaría ser de mayor actriz y costurera y también abogada

y dar trabajo a mi madre.

Yo policía pero yo no voy a ser mala con los otros.

Mis sueños seria que fuera todo el mundo muy bueno

y que no haya ladrón nunca más.

Casa para vivir, tener un nuevo trabajo, vivir bien

y sentirnos muy bien.

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Crónicas - El final de El Gallinero

29 oct 2018

El poblado El Gallinero, en Madrid, ya no existe. Una pala mecánica derribo las últimas chabolas. Entre los restos de plástico y cartón podía verse algún juguete, cuadros y objetos personales.
Los técnicos aconsejaron a las familias que se llevaran lo imprescindible para no trasladar ninguna plaga a los pisos donde los realojaban. Porque allí se vivía en la miseria. Eran las últimas 30 familias de El Gallinero. Unas 110 personas, la mitad de ellos niños, de origen rumano y etnia gitana.
El Gallinero era una vergüenza difícil de ocultar. Allí vivían sin las condiciones de salubridad adecuadas. Sólo hace dos años se puso hormigón y se instalaron baños, pero ya habían pasado más de diez años habitando un barrizal en invierno, inundaciones y de ratas, soportando frío y calor extremo.

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