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Para todos los públicos Crónicas - La ciudad del recuerdo - ver ahora
Transcripción completa

Una neumonía acabó con la vida de Teresa

cuando aún no había cumplido 34 años.

Siendo adolescente se había enamorado de su primo, Sisco.

Juntos vivieron una intensa historia de amor.

Tuvieron dos hijos.

Como no estaban casados, cuando Teresa murió,

el párroco del pueblo se negó a enterrarla en el cementerio.

No había sitio en el campo santo para una madre soltera.

Ocurrió el 10 de mayo de 1916.

Aquella misma noche,

los vecinos de la aldea levantaron, en un claro del bosque cercano,

un cercado de piedra: un cementerio,

para que no le faltara a Teresa la última morada.

Fue una muestra de cariño.

El cementerio de Teresa es el más pequeño de España.

Está en Bausén, en el valle de Arán.

El más grande está en Madrid.

El cementerio de La Almudena tiene 120 hectáreas.

Es el mayor de España.

Es uno de los más grandes de Europa.

Se estiman que hay inhumados en torno a 4 o 5 millones de personas

Es una ciudad dentro de otra ciudad.

Es la ciudad de los muertos:

la metrópolis del recuerdo y el silencio.

La necrópolis de Nuestra Señora de La Almudena

abarca también el cementerio civil, el hebreo y el crematorio.

Cada año se realizan en torno a 6 mil inhumaciones.

Tras más de dos décadas de gestión privada,

el Ayuntamiento de Madrid

aprobó la remunicipalización de sus servicios funerarios.

En septiembre de 2016,

la empresa municipal, creada al efecto,

se hizo cargo de la gestión del cementerio de La Almudena,

junto a otros 13 cementerios, 2 crematorios y 2 tanatorios

de la capital.

Hola, buenos días. -Dígame, ¿qué desea?

-Pues, mire. Que sé dónde está enterrada mi madre,

pero, mi padre, llevo mucho tiempo buscando la tumba...

-Dígame, cómo se llamaba.

-Mi padre se llamaba Vicente Montesinos Fernández.

-Nosotros estamos aquí, la capilla es esta.

Usted entra con el coche por la puerta del centro,

hasta la capilla... -Vale.

-... y luego sigue el bulevar a la derecha...

-Muy bien. -Y justo, el que está enfrente.

-Lo que más nos preguntan

son anteriores ubicaciones de los fallecidos...

Los entierros del día, nos suelen preguntar...

el horario, por qué puerta entras, el responso, la gente...

Mucha gente no sabe lo grande que es,

se hacen líos, si pueden pasar con coche,

si no pueden aparcar...

Nos preguntan mucho, también de archivo.

Mucha gente que está haciendo el árbol genealógico,

están buscando algún familiar... temas de herencias.

-Lo que estoy viendo es que está pendiente de cambiar la titularidad,

desde el año 2008.

En las oficinas de administración encontramos a Paloma.

Lleva más de tres décadas trabajando en el cementerio.

Pocos como ella conocen esta necrópolis.

Es toda una experta.

Desde hace 17 años escribe un libro sobre el cementerio,

que algún día verá la luz.

Va recopilando más de mil personajes célebres aquí enterrados.

Junto a Javier, otro entusiasta,

ha impulsado la asociación "Cementerios",

con la intención de difundir y conservar el patrimonio funerario

y, en particular, el de La Almudena.

Hemos encaminado algún tipo de acciones, por ejemplo,

hemos solicitado a Patrimonio de la Comunidad de Madrid

que todo el recinto sea declarado Bien de Interés Cultural.

Fue en 1877, cuando el Ayuntamiento de Madrid convocó un concurso

para construir, en las afueras de la ciudad,

la que se llamaría "Necrópolis del Este".

Entre los seis proyectos presentados,

ganó el firmado por los arquitectos Fernando Arbós y José Urioste.

Al poco de comenzar las obras, una epidemia de cólera

causó el cierre de los campos santos madrileños

y obligó a habilitar,

junto a la necrópolis en construcción,

un cementerio provisional,

conocido como "Cementerio de epidemias".

Aunque su nombre oficial fue Nuestra Señora de La Almudena.

La titularidad municipal del nuevo cementerio

suponía una importante pérdida de ingresos para la Iglesia,

gestora única de los actos funerarios,

hasta entonces;

de manera que el Ayuntamiento hubo de negociar,

para conseguir que las autoridades eclesiásticas

bendijesen los terrenos.

En ello estaban cuando una joven, de nombre Maravilla Leal,

se quitó la vida.

Como una suicida no podía recibir sepultura

en la tierra que iba a ser bendecida,

se la enterró en una zona anexa.

Fue el 9 de septiembre de 1884.

Nacía así el Cementerio Civil.

Al sepelio de Maravilla asistió el rey Alfonso XII,

tal vez para presionar en la negociación

que sostenían Ayuntamiento e Iglesia.

Lo cierto es que se alcanzó el acuerdo

y el cementerio fue bendecido.

El Ayuntamiento pagaría a la Iglesia católica 5 pesetas,

de aquella época, claro,

5 pesetas por cada enterramiento de adulto

y 2,50 por enterramiento de niños.

Fue una forma de compensar el dinero que perdían

al no enterrar ya a sus fieles en las iglesias.

Fue un niño, Pedro Regalado,

el primer enterrado en el "Cementerio de epidemias",

cuatro días después del entierro de Maravilla Leal.

La revista "La Ilustración Española" recogió el triste acontecimiento

y hasta lo ilustró con este grabado.

Las tumbas de Maravilla Leal y Pedro Regalado,

las primeras del cementerio,

son las únicas de concesión perpetua,

por orden del rey Alfonso XIII.

Una de las partes más vistosas de la zona de "Epidemias"

es la zona que se llamó "de Gloria".

Era una zona que estaba dedicada exclusivamente a los niños,

que en aquella época había mucha mortandad infantil

por culpa de la epidemia de cólera.

Es una zona donde podemos ver muchas figuras de niños,

angelitos e incluso los propios niños con sus vestiditos, sus flores...

Es una de las zonas también más visitadas.

El "Cementerio de epidemias" es, junto al Civil,

la parte más antigua de la necrópolis,

es también la que quizás conserva mayor encanto,

pese a que el tiempo y el olvido han causado estragos.

Algunos de los grandes panteones que se elevan en esta zona

han sucumbido al deterioro.

Construcciones brillantes, de arquitectos notables,

sepulturas de renombradas estirpes, extinguidas en muchos casos.

Edificios que se resisten a claudicar al olvido.

Hay previsto un plan de inversiones

que incluye una parte destinada a rehabilitar las zonas deterioradas

Ante la falta de inversiones que hubo en la anterior gestión,

se ha aprobado un plan de inversiones,

a ejecutar en el periodo 2017-2019.

El plan contempla inversiones por 34 millones de euros,

21 millones de euros van a estar destinados a los cementerios

y en particular, para ese cementerio de La Almudena

se tiene previsto realizar una inversión de 12 millones de euros

en esos 3 años.

Mientras las obras de la Necrópolis del Este

avanzaban con lentitud,

por la expropiación de los terrenos y varios conflictos laborales,

el "Cementerio de Epidemias" y el Civil fueron creciendo,

de forma paralela, a uno y otro lado del camino

que hoy es la Avenida de Daroca.

La parte civil fue configurándose

como el último territorio de librepensadores, heterodoxos

e inconformistas de todo signo.

Este cementerio está lleno de simbolismo.

En sus lápidas se pueden ver mensajes masónicos, socialistas,

de los primeros judíos que se enterraron,

antes de que se construyera el cementerio hebreo...

Es un cementerio lleno de historias de libertad.

Es un cementerio donde se enterraban las personas extranjeras

que, al no ser católicas,

no se podían enterrar en la parte de la necrópolis

y entonces se tenían que enterrar en el Cementerio Civil.

Aquí están enterrados

los tres primeros presidentes de la Primera República española.

En 1892, por suscripción popular,

se elevó el mausoleo de Estanislao Figueras,

que había fallecido 10 años antes.

Le sucedió en la presidencia Franciisco Pí i Margall.

Su mausoleo, diseñado por el arquitecto Francisco Roca,

es una obra maestra del modernismo funerario,

llena de originalidad y simbolismo.

A su lado está enterrado su sucesor, Nicolás Salmerón,

que, como reza la inscripción,

prefirió dimitir a firmar una sentencia de muerte.

Frente al de Nicolás Salmerón está el mausoleo de Pablo Iglesias,

fundador del PSOE y de la UGT, construido en 1930.

En el centro, el imponente busto yaciente,

esculpido por Emiliano Barral,

a partir de la máscara mortuoria del líder socialista.

Es un Mausoleo lleno de simbolismo.

Lo que hace es representar la vida de Pablo Iglesias,

desde el símbolo del infinito,

que sería la primera piedra que nos recibe en el mausoleo.

La maternidad, que es obra de Emiliano Barral,

que representa el amor que tenía Pablo Iglesias por la Humanidad;

hasta terminar en la torre triunfal, inacabada,

expresando que la obra de Pablo Iglesias, no está acabada,

la obra del socialismo.

Junto a Pablo Iglesias, a la entrada del Cementerio Civil,

está la tumba de Dolores Ibárruri.

Otros políticos comunistas

están enterrados en el pequeño cementerio;

entre ellos Julián Grimau, fusilado en 1963,

tras un consejo de guerra

que levantó una ola de protestas en el exterior.

Una placa, junto a los viejos osarios,

recuerda a las víctimas de la represión durante la dictadura

Muchos de sus restos acabaron aquí.

En la actualidad, ya no existe ninguna diferencia

entre el enterramiento en el Cementerio Civil

y lo que era antes llamado Cementerio Católico.

Actualmente, es un cementerio laico,

donde cualquier persona puede elegir libremente donde ser enterrado.

Por una pequeña puerta se accede,

desde el Cementerio Civil,

a la sobriedad rectangular del Cementerio Hebreo,

inaugurado en 1922.

Contrasta la ausencia de adornos, de flores.

Aquí, cada tumba contiene los restos de una única persona.

El 17 de julio de 1925, se inauguró, por fin,

la Necrópolis del Este,

casi medio siglo después del comienzo de las obras.

El proyecto inicial de Arbós y Urioste

fue levemente modificado en 1905 por el arquitecto municipal,

Luis García Nava.

Mantenía la base de forma basilical, de cruz griega,

y dotaba a la obra de un estilo más modernista.

Además aumentó el número de sepulturas.

En teoría, el nuevo cementerio tendría capacidad suficiente

hasta el año 2.000.

Sólo en teoría.

En la obra destaca el gran pórtico

que separa la ciudad de los vivos de la de los muertos.

En el centro están las dos últimas obras

del escultor Mateo Inurria.

Recibe a los visitantes el Cristo del Perdón,

los despide San Miguel Arcángel, pesando las almas.

Tras cruzar el pórtico se eleva la capilla.

Sobre la cúpula, el ángel,

al que los madrileños bautizaron como Fausto,

con la trompeta apoyada en su regazo,

aguardando la llegada del apocalipsis para hacerla sonar.

Hay quien asegura haber oído la trompeta en días de viento.

Cosas de ángeles.

El servicio principal es la atención a los familiares

que vienen acompañando al difunto.

Entre los meses de finales de diciembre y enero,

son los meses donde más defunciones se dan

y por tanto, pues puede haber 18, puede haber 13 o puede haber menos.

Este es el servicio principal.

Un poco de consuelo, de atención, buscar la paz en la familia.

Pues, dentro de lo duro que es despedir a un ser querido,

tratamos de inculcar esperanza.

Es duro, porque la persona está sufriendo

y, lógicamente, a nosotros nos toca también el corazón.

De alguna manera, estamos sufriendo con ellos.

Compartimos este dolor que ellos tienen.

Enrique acude a diario a la misa.

Luego, acude a honrar a los suyos.

Cuando murió mi padre, hace 18 años, venía de vez en cuando.

Pero, desde que murió mi madre, vengo diariamente.

Vengo aquí, le rezo unas oraciones a mis padres,

bueno, a lo que queda de mis padres...

Son cosas que las siente uno

y cuando sales de aquí, sales mejor, no sé..., parece que es así.

-Yo recuerdo una frase,

bueno una frase, un escrito que había en un...,

estaba en euskera, en un pueblo vasco, que decía:

“Hoy yo, mañana tú”.

Es decir que el cementerio anuncia, implícita o explícitamente,

que nosotros, de una u otra manera,

bueno, pues somos, efectivamente, efímeros..., mortales.

Y yo creo que eso produce,

insisto, de una manera más soterrada o de una manera más abierta,

varias reacciones en nosotros.

Primero de melancolía,

respeto..., porque todavía está el respeto al cadáver,

y por otro lado, miedo.

El miedo que nadie nos lo va a quitar.

Hay gente que lo tiene menos, hay culturas que lo tienen menos,

pero de una u otra manera,

el considerarse que se va a truncar nuestra vida

y que los deseos no se van a cumplir

y que cuando queremos a alguien es de una manera eterna

y eso no se va a dar,

pues eso produce, entre otras emociones, el miedo.

Y eso también está en el cementerio.

El cementerio de La Almudena

reúne un extraordinario patrimonio artístico.

Hay cerca de 300 tumbas protegidas,

incluidas en el Plan general urbano de Madrid.

Podrían ser bastantes más.

Tal vez la obra más significativa,

dentro del arte funerario, sea esta figura doliente,

un mármol esculpido por Mariano Benllure.

Fue un encargo de Pilar Rubio, la viuda de Santiago Núñez.

Ella posó para el escultor.

Una manera de inmortalizar el amor a su difunto esposo.

20 años después de la muerte de Santiago, falleció Pilar.

Está enterrada junto a su marido.

En el Cementerio Civil pueden apreciarse,

además del mausoleo de Pablo Iglesias,

otras obras del realismo autodidacta,

antiacademicista, del escultor Emiliano Barral.

Alguna cincelada sobre piedra rosa de Sepúlveda,

su localidad natal.

Fue un artista reconocido en su época,

y casi olvidado, desde que un obús le quitó la vida,

al poco de estallar la Guerra Civil.

Junto a obras de firmas reconocidas, brillan otras de autores anónimos.

Una de las más estimadas es esta sepultura,

con una figura desconsoladamente tendida sobre el sepulcro

en el que descansan, desde hace más de un siglo,

los restos de una señora que se llamó Enriqueta Menéndez

y de su hija Julia.

Las hay que encierran historias curiosas.

Como la tumba de Amando Álvarez González.

Cuando falleció, en 1951,

sus dos perras pequinesas desaparecieron.

Dos días después, las encontraron a los pies de su sepultura.

Así que decidieron incorporarlas a la escultura

que sostiene el recuerdo de don Amando.

Allí siguen, velando la yaciente figura de su dueño.

Dos pequinesas escoltan a Amando Álvarez,

dos caballos a José María González, “Junior”, domador,

director del Gran Circo Mundial,

fallecido en accidente de tráfico en 2002.

Gracias a una pequeña placa solar,

la del domador es la única tumba del cementerio

que puede iluminarse por la noche.

30 años después de su inauguración,

la Necrópolis del Este se había quedado pequeña.

En 1955 el cementerio se amplió

para alcanzar su configuración actual.

Una enorme extensión,

un océano de silencio,

surcado a ratos por el rumor mecánico de un autobús,

un autobús de transporte público.

La línea 110 de los autobuses urbanos madrileños

discurre, en buena parte, por el cementerio de La Almudena.

Un caso único.

Son más de 4 kilómetros de recorrido entre sepulturas,

con 12 paradas.

Estos vehículos hace tiempo que no circulan.

Nos encontramos en un edificio

que es un depósito que alberga 9 carrozas fúnebres,

9 carrozas fúnebres que datan del primer tercio del siglo pasado,

que construidas en su momento para ser tiradas por caballerizas,

debido a su majestuosa prestancia, a su valía artística,

se carrozaron, en algunos casos, sobre chasis metálico

y daban servicio a lo más granado de la sociedad madrileña

de mediados del siglo pasado.

Estuvieron prestando servicios hasta comienzos de los años 60.

Hay algunos que son color blanco, como se puede apreciar,

porque, en aquellos años,

había una importantísima mortandad infantil.

Entonces había coche fúnebres específicamente destinados

para portar, trasladar, los restos de los niños

o incluso de las doncellas,

que eran las personas que no habían tocado varón,

que se decía entonces.

La última vez que rodó uno de estos carruajes fue en 1986,

con ocasión del funeral de Enrique Tierno Galván.

No pudo, sin embargo, cumplir su cometido.

No lejos de depósito de Carruajes descansa el "viejo profesor",

el alcalde Tierno Galván.

Madrid, ciudad abierta, ciudad universal,

en este instante y por boca de su alcalde,

invita a todos los españoles y extranjeros que quieran,

a concurrir a las fiestas de San Isidro.

-Trabajamos en cuadrillas.

Habitualmente somos cuatro personas,

más que nada por el bajar la tierra y por el trabajo físico.

Hemos llegado a ser 80 personas,

pero, ahora mismo, hay bastantes más incineraciones

y estamos 35 personas, más o menos.

Nos vamos turnando para sacar tierra,

porque tenemos que sacar bastante tierra,

y luego, a la hora de enterrar,

necesitamos cuatro personas, para coger de los tiros

y bajar la caja en condiciones.

Miguel y su cuadrilla preparan un enterramiento.

Lleva 28 años trabajando en esto.

En ocasiones, lo sigue pasando mal.

Enterrar niños es bastante...

y sobre todo, ver sufrir a la familia,

pues lo pasas mal.

Hay ciertos momentos que no vale esa coraza que ponemos habitualmente.

En el cementerio de La Almudena,

la gran mayoría de los panteones son anteriores a los años 90.

En estas sepulturas,

las inhumaciones siguen realizándose en tierra.

Las nuevas, se construyen con suelos de rasilla

para separar un máximo de 4 féretros.

Son concesiones administrativas.

Se cede el terreno municipal

por un periodo determinado de tiempo.

Desde el pasado año, las concesiones en La Almudena son por 75 años,

antes eran 99.

Una concesión de una sepultura, en el cementerio de La Almudena,

vale 5 mil novecientos y pico euros, sin impuestos.

En el caso de un nicho está en torno a los 3.500,

todos a 75 años.

La concesión conlleva

el mantenimiento de los viales y de las zonas comunes.

El resto, en lo que se refiere a la sepultura en sí,

es una concesión hacia la familia

y es la propia familia quien debe ocuparse de su mantenimiento.

En pocos lugares se escribe la historia como en los cementerios.

Reúnen a héroes y villanos, célebres o anónimos.

Y las guerras suelen tener espacio reservado.

Esta sobria sepultura del Cementerio Civil

contiene los restos del teniente José del Castillo,

militar republicano, asesinado en Madrid,

el 12 de julio de 1936,

por cuatro pistoleros de extrema derecha.

Pocas horas después del crimen,

un exaltado de las milicias socialistas

asesinó al diputado de derechas, José Calvo Sotelo.

Fue enterrado en la parte católica, junto a la capilla.

El drama de las dos Españas cobraba sus primeras vidas.

El golpe ya se planeaba en los cuarteles.

La guerra tenía fecha.

Durante los primeros años de la dictadura, entre 1939 y 1944,

una parte de la muralla del cementerio

se transformó en paredón de fusilamiento.

Se estima que cerca de 3.000 personas murieron aquí,

víctimas de la represión.

Entre ellas, las que has pasado a la historia como “Las 13 Rosas”

En una fatídica noche del 5 de agosto del 39,

en la que se ejecutaron a 63 personas,

entre ellas a las 13 rosas, que eran 13 jóvenes,

13 mujeres jóvenes.

Se ha querido homenajear a todos, de alguna manera,

poniéndolas a ellas como ejemplo de lo que fue aquella triste historia

Yo vine aquí a Madrid a hacer el servicio militar

y fue mi suegro quien me enseñó el oficio,

al que estoy agradecido,

y pues así empecé, aquí llevo 22 años y hasta el día de hoy.

Lo que más le gusta es tallar escudos heráldicos,

para Ayuntamientos o particulares,

pero más del 90 % de su trabajo está en los cementerios.

Y no le falta.

Leonardo es un tallador veterano.

Son pocos...,

pocos los que controlan tipos diversos de letras,

los que graban en distintas superficies...

Los tres tipos de piedra que se trabajan aquí

es la piedra de Novelda, piedra de granito y el mármol.

No todos son iguales.

El granito es el más duro,

te da más ventajas, trabajas más relajado.

La piedra de Novelda es muy blanda,

pero, puedes tener errores por confianza.

Y el mármol es una piedra dura, no como el granito,

ni blanda como la Novelda,

es la mejor piedra que se puede trabajar.

Tanto en bajo relieve como el alto relieve.

Nos dice que hay que estar atento al sonido de la lápida,

que avisa cuando puede romper.

Nos dice también, que el agua ablanda la piedra,

que mojada se trabaja mejor.

En los últimos años ha disminuido, notablemente,

la afluencia de visitantes al cementerio.

No hay datos precisos,

pero se estima que, si hace dos décadas,

por Todos los Santos, acudían un millón de personas,

ahora, apenas llegarán a 200.000.

Sólo los domingos y festivos se aprecia algo más de actividad.

Aquí tenemos enterrados nuestros padres,

nuestro padre y nuestra madre.

Empezamos por la abuela materna y luego los hijos,

que son mi madre y otro tío y los maridos correspondientes.

-Todos los hijos de la abuela. De momento.

Venimos casi todos los domingos que podemos,

una tradición que tenemos...

-Venimos a regar, también. -Ahora, que empieza a hacer calor...

A tenerla bonita. -Bueno...

-Y por hacer una visita. -Vivimos muy próximos,

entonces, no nos cuesta mucho trabajo.

-Tradiciones... de no olvidarlos.

―Venimos y nos descargamos un poquito con ellos.

―Nos reconforta, es la palabra.

―Hemos venido a recoger las cenizas de mi madre hoy,

que falleció el sábado pasado,

y aprovechando que estábamos aquí, hemos venido a ver a mis abuelos.

Y... pues he venido con mis tías y con mi hermana, de casualidad,

y estamos aquí con la indecisión

de que no sabemos qué hacer con las cenizas.

No sabemos muy bien que es lo que a ella le hubiera gustado,

porque ha sido muy repentino, muy rápido.

Para mí, sobre todo, tener un sitio...

donde poder ir... a estar con lo que queda de ella,

tener un sitio para poder hablar con ella,

igual que sea este que sea otro,

pero... parece que como aquí, al estar la familia,

pues... un poco más propio.

―Tengo a mis padres, a mi abuela, a una tía y a un hermano.

En verano, pues me voy unos días fuera

y entonces no puedo venir,

pero, prácticamente, vengo todos los domingos.

Para poner flores y que estén siempre vivas.

Se murió primero mi padre, cuando era muy joven,

y mi madre, la mujer, venía con una asiduidad impresionante,

cuando además no había transporte ni nada.

Y yo aprendí de mi madre,

que si ella le traía flores a su marido,

pues yo le tendría que traer a todos los que están ahí.

José María Jarabo, aquel asesino chuleta

que pasó del lujo al garrote vil a finales de los 50,

fue enterrado en el panteón de sus abuelos maternos.

No muy lejos están dos de sus 4 víctimas.

Jarabo integraría una ruta de las mentes siniestras.

Seguro que hay varias enterradas en el cementerio.

Pero, al visitante le interesará más la ruta de las mentes prodigiosas,

de inventores, científicos, literatos...

Una ruta en la que nos encontramos con dos premios Nobel:

Santiago Ramón y Cajal y Vicente Aleixandre.

Los oficiales trabajan en la reducción de un panteón.

En presencia de los familiares de los difuntos enterrados.

Cuando una sepultura tiene el tope de 5 ó 6 cadáveres,

y no tiene espacios libres,

cuando la van a tener que utilizar en un tiempo breve,

lo que se hace es, reducir los cuerpos que hay,

para dejar espacios libres,

para que puedan meter a más familiares.

Es sacar cuerpo por cuerpo e ir metiéndolos todos en una caja.

―Ese es el muerto, ¿no? -Sí.

-Lo limpiamos... -... Hacia arriba.

-Una vez que se sacan todos los restos,

se vuelven otra vez a enterrar en una caja.

El último enterrado, tienen que haber pasado dos años,

para poder mover el último cuerpo.

Los demás se pueden reducir, menos el de dos años.

Para poder reducir todos, tienen que ser cinco años.

Las reducciones generan espacio

para seguir enterrando en un cementerio repleto,

en el que apenas quedan metros para construir más sepulturas.

El futuro pasa por reconvertir algunas partes.

Está previsto ir haciendo reconversiones

de las zonas que son más antiguas que las concesiones están prescritas,

con lo cual se prevé que para, al menos un par de décadas más,

no debe haber problemas para enterrar.

Yo le veo a usted aquí, y voy y le digo: hola buenos días,

o buenas tardes.

¿Quiere usted que le deje la lápida limpia,

blanca como se la pusieron?, con cepillo de alambre de acero

y ganas de trabajar, y ale que te dale.

Es fácil verle con sus cubos y sus cepillos por el cementerio,

ofreciendo sus servicios como cuidador de tumbas.

Ya quedan pocos como él.

Lleva más de 70 años acudiendo.

Tiene 91.

Se llama Francisco Lucena,

aunque todos le conocen como “Telefunken”,

desde que trabajó de guarda nocturno en la fábrica de electrodomésticos.

Yo he trabajado toda mi puta vida.

Siempre he estado buscando dos jornales,

uno por la noche y otro por la mañana.

Ahora lleva el cuidado de unas 200 sepulturas.

Ha llevado más.

Limpia, hace trabajos de jardinería o albañilería.

Cobra la voluntad.

De 100 euros al año, a 50-60.

Pero hay que tenerlas bien para que te paguen.

Si las tienes hechas una guarrería y ven que no vas, pues te despiden.

Dice “Telefunken” que esto es su vida,

aunque lo que realmente le habría gustado es ser torero.

Hubiera ganado más dinero.

También te puedes buscar la muerte.

Porque te coge el toro,

pero a mí, para cogerme un toro, tiene que...,

como tenga que... no me engancha. (Ríe).

Son las tumbas más visitadas, muchas siempre tienen flores.

Son las sepulturas de los héroes populares,

ídolos que triunfaron en las plazas, los estadios y los escenarios.

La ruta de sepulturas de personajes populares es extensa.

El panteón más visitado es el de la familia González Flores.

Que el Señor nos bendiga,

nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Bendigamos al Señor, demos gracias a Dios.

El crematorio del cementerio de La Almudena

fue el primero de España.

Comenzó a funcionar en 1973.

Aquel año se realizaron 44 incineraciones.

Ahora están en torno a las 7.000.

Una media de 18 a 20 cremaciones diarias en sus 3 hornos.

El proceso de cremación de un cadáver

dura en torno a 3 horas.

La temperatura de combustión, varía, entre los 500 y los 1.000 grados.

Durante el proceso, la madera del féretro,

así como los órganos blandos, se volatilizan.

Alfinal, quedan los restos óseos del fallecido,

que tras la incineración, pasan a un cremulador,

un pulverizador que reduce a cenizas los restos.

Algo más de la mitad de las inhumaciones

que se realizan en el cementerio, ya son en urnas de cenizas,

restos incinerados que se depositan en los columbarios.

En el cementerio hay también un espacio reservado

para esparcir cenizas: el Jardín del Recuerdo.

Un acto realizado por los propios oficiales,

habitualmente en presencia de los familiares del difunto,

cuyo nombre se recordará en una pequeña placa

adosada a unos monolitos.

Hay sociedades, estas que suponemos muy evolucionadas,

civilizadas, donde es de mal gusto hablar de la muerte,

cosa que verdaderamente está mal, porque...

uno de los aspectos fundamentales que deberíamos tener

es naturalizar la muerte.

Tomarlo como algo natural.

El miedo, quizás no se nos quite, por lo menos a mí, nunca;

pero sí, verlo como algo que es un proceso

que tiene que ver con eso que llamamos naturaleza humana.

No para estar llorando siempre, sino para saber que,

pase lo que pase, al final, todos acabaremos muriendo.

Cuando anochece y el cementerio ha cerrado sus puertas,

sólo queda un rastro de vida en la ciudad de los muertos.

Yo llevo 31 años, he hecho en febrero.

En el cementerio. 31 años.

Me lo conozco igual que mi casa.

Trabajamos por turnos.

Trabajamos turnos de 12 horas.

Luis está hoy en turno de noche. No es el que más le gusta.

Si vamos a ser sinceros, es mejor por el día.

Por la noche, con perdón,

por la noche aquí hay que tener un par de cojones

para estar aquí por la noche.

Él sus compañeros se encargan de abrir y cerrar el cementerio.

Pasan las horas haciendo rondas de vigilancia

y echando una mano en lo que puedan.

Aquí hacemos de todo.

Aparte de vigilante, pues hacemos de sanitarios, de bomberos,

incluso hasta de psicólogo.

De sanitario, porque si vemos a alguien que se ha caído,

que ha tenido un accidente,

pues los primeros que los auxiliamos somos nosotros.

Hay veces que saltan.

Por eso estamos aquí, para evitar que haya vandalismo,

para ahuyentarlos.

Si vienen a robar, que roben lo menos posible.

Y si roban una vez, que no roben dos.

Dejamos a Luis, el único vivo

entre más de 4 millones de historias sepultadas.

Le dejamos haciendo sus rondas,

vigilando la larga noche de las avenidas del recuerdo.

Subtítulos realizados por Chus Suárez Liaño.

  • La ciudad del recuerdo

Crónicas - La ciudad del recuerdo

15 may 2017

Es, con sus 120 hectáreas, el mayor cementerio de España y uno de los mayores de Europa. Cada año se realizan en el Cementerio de La Almudena unas 6.000 inhumaciones, más de la mitad son ya en urnas de ceniza, restos incinerados en el crematorio de la necrópolis.

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