www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.11.0/js
4040519
Para todos los públicos Crónicas - El cielo en la tierra - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por TVE Accesibilidad.

Hace cientos de años, en la Baja Edad Media,

un maestro constructor conocía el rito ancestral

de sentir la tierra para fundirse con la energía de la Naturaleza.

Observaba el movimiento del sol en las horas, los días

y las estaciones.

Llevaba la alquimia de la luz al interior del templo

y creaba caminos sutiles para salir de las tinieblas de la vida.

Yo creo que todo lo que la Naturaleza tiene es bueno pare el hombre.

Nada hay de más, nada sobra en este mundo.

Labraba la piedra siguiendo los dictados de su código mineral

y tallaba misteriosos capiteles.

La estructura del templo completa está hecha

con una intención muy precisa.

Y esa intención tiene que ver con la trascendencia del ser humano.

El templo tenía que ser una metáfora de la Creación,

un espacio ordenado según las leyes matemáticas que rigen el Universo.

800 años separan al maestro constructor medieval

de estos alumnos de la Escuela de Arquitectura de Madrid.

Asisten a un taller de cantería histórica

impulsado por los profesores Enrique Rabasa y Miguel Sobrino.

Los estudiantes trabajan manualmente la piedra

con los mismos instrumentos que un cantero de la Baja Edad Media

o del Renacimiento.

Es muy gracioso cuando, por ejemplo, tienen que encontrar

un punto determinado para trazar una línea simplemente

y les ves que están haciendo cuentas en la mesa con el lápiz,

sacando raíces cuadradas, yo que sé.

Digo: "pero qué estás haciendo...". "No, es que tal,..."

Pero vamos a ver, con la escuadra y el compás, tenemos que sacarlo.

El proceso que te lleva a conseguir una forma, una dovela,

algo tan sencillo como la dovela de un arco, una escultura, o lo que sea,

ese proceso es que es lo interesante.

No se trata de producir algo, sino de realizarlo

y aprender en ese proceso.

-Creemos que no hacían dibujos pequeños a escala,

hacían dibujos grandes, y de ahí sacaban las medidas, las plantillas,

para ponerlas en la piedra, empezar a dibujar y empezar a trabajarla,

aproximarse a la forma definitiva.

De aquí va a salir un trocito de un arco,

estamos trabajando con eso,

y al final, cada trocito del arco, que se llama dovela,

puesto uno al lado del otro, formará el arco.

-Yo aquí he aprendido muchísimas cosas viendo trabajar a los alumnos,

y una de ellas es que cada persona tiene una letra también

sobre la piedra.

O sea que vamos dejando nuestra impronta personal.

La piedra es casi una especie de sensor,

del interés que pones en lo que estás haciendo

y todo eso queda además impreso allí...

Miguel Sobrino, que además de profesor, es escultor,

habla de la piedra como un material vivo.

El pálpito que humaniza las obras de arte y las hace latir.

Un ejemplo creo que de una claridad meridiana

es el Monasterio del Escorial.

Si ese edificio estuviese hecho con el mismo diseño,

las mismas proporciones, la misma piedra,

el granito de la sierra de Madrid, todo igual,

pero resuelto con máquinas, sería horrible, sería horroroso.

Yo estoy convencido. Sería insoportable.

La belleza del arte románico y del gótico

traduce una forma de entender el mundo.

José Luis Corral, profesor de Historia Medieval, y escritor,

nos ayuda a hacer, en el terreno de las ideas,

un viaje en el tiempo para entender cómo pensaba la sociedad medieval.

En la Edad media no se entiende el mundo, tanto el mundo judío,

como el cristiano, como el musulmán, sin Dios.

Dios es el gran hacedor, Dios es el gran arquitecto.

Nosotros, en la Edad Media, no vamos a ser como Dios,

pero vamos a intentar emular la obra divina.

Porque Dios es la perfección.

De tal manera que los arquitectos que conocemos

que construyeron catedrales, se representan a sí mismos

como maestros de la creación.

Y Dios en algunas miniaturas o en algunas pinturas medievales,

aparece como el gran arquitecto.

Y de hecho, en algunas pinturas medievales,

Dios está construyendo, está ordenando el mundo

con un compás y una escuadra,

exactamente igual que un maestro de obras de una catedral gótica.

El mapa del conocimiento estaba mucho menos fragmentado que ahora.

Música y salud, filosofía y geometría, astronomía y astrología,

caminaban de la mano.

No en vano, por ejemplo, como ocurre en las pirámides de Gizá, en Egipto,

donde las tres grandes pirámides, Keops, kerfén y Micerinos,

están ubicadas tal cual en el cinturón de las estrellas

de la constelación de Orión,

en la Edad Media, el Campo de Pisa, donde está el baptisterio,

donde está la Torre Inclinada y la Catedral,

responden a la constelación de Aries, que regía,

según los principios de la astronomía,

y sobretodo de la astrología, los orígenes de la ciudad de Pisa.

Raymond Montercy ha sido ingeniero del laboratorio europeo

de física de partículas,

y es un gran experto mundial en arquitectura sagrada.

Nada en un templo, ni siquiera la elección del lugar

donde se iba a construir, era aleatorio.

Una vez que el obispo decidía el lugar,

se buscaba un patrocinador, se buscaba un maestro de obra,

salvo que fuera el propio obispo el que hiciera esta función,

como solía ocurrir en bastantes ocasiones.

Y a partir de ese momento,

se iniciaban las primeras fases para construir el edificio.

Era en ese momento cuando hacían un trazado en el suelo,

delimitaban por primera vez la zona,

para posicionar el edificio, tomando como base datos solares.

Lo primero que hacían era buscar el norte geográfico,

observaban la salida y la puesta del sol en el solsticio,

y cuando ya se había tomado la medida de por dónde salía y se ponía el sol,

esa se convertía en la primera geometría del lugar.

El encuentro con Jaime Buhigas,

arquitecto y especialista en geometría sagrada,

es en el camino de Santiago, a su paso por Madrid.

Va a trazar en el suelo los números y las formas básicas de un templo.

La geometría que utilizaban los maestros constructores

para recrear el orden del cosmos.

El primer símbolo de una geometría sagrada, lógicamente,

es el principio, que es el centro.

Determinar exactamente dónde empieza todo.

Ese centro viene marcado en los templos

por el lugar en el que ha ocurrido algo,

por el lugar en el que la Naturaleza se expresa de una manera especial.

Y desde ahí, aparece el segundo símbolo,

el primero el centro y el segundo la medida,

el logos, que llamarían los antiguos, los griegos, la unidad de medida,

es decir, una distancia primera que lo que hago es conservar.

Conservar significa trazar la primera forma sacra

vinculada con la conservación de la medida,

que como todo el mundo sabe, es el círculo.

Lógicamente, todos los puntos están a la misma distancia

de eso que llaman centro,

y es la base de toda la geometría sagrada universal.

A partir de este momento, empieza la aplicación de los números.

Pitágoras decía y Platón que todo está hecho

según el número, el peso y la medida.

Ese número es un sistema de proporciones que se basa precisamente

en esta primera distancia

y las cosas que puedo construir de manera muy elemental desde aquí.

La segunda forma sagrada importantísima va a ser el cuadrado.

Yo cojo el radio, lo convierto en diámetro, y hago la perpendicular.

El círculo, o la circunferencia, es una forma que se asocia

con la perfección, con la divinidad, con lo inconmensurable,

con la idea de la manifestación de lo divino.

En cambio, la perpendicular que me genera el cuadrado, aquí lo tenemos,

solamente con hacer dos diámetros perpendiculares,

se convierte en la forma asociada con la naturaleza, la materia,

lo conmensurable, lo finito.

De ahí que el románico, muchos templos,

parta de cuatro pilares que luego sujetan una bóveda.

Ese cuadrado que se transforma en círculo,

la dialéctica entre cuadrado y círculo,

es la metáfora de la trascendencia.

Una Iglesia moderna, entendida como lugar donde se reúnen los fieles,

es un concepto distinto al de templo medieval.

Esteban Fernández Cobián es especialista

en arquitectura sagrada contemporánea,

y tiene algunas claves para saber si Gaudí o Le Corbusier,

dos de los más grandes arquitectos de nuestro tiempo,

interpretaron los espacios sagrados de forma parecida

a un constructor de catedrales.

Lo que está claro es que un templo siempre es una recreación del mundo,

una recreación del universo.

De alguna forma, se trata de construir un paraíso

con las propias leyes de la arquitectura.

Sólo a veces aparece lo que Le Corbusier denominaba

el espacio inefable.

Un espacio donde, al entrar, a uno se le conmueven las entrañas.

Tiene que ver, y Le Corbusier lo sabía,

con la conexión del interior con el exterior,

con la conexión entre nuestro espacio vital,

donde nosotros habitamos, con el espacio global, con el cosmos.

Decía que había construido templos o Iglesias de 5.000 años a.C.

Nuestros ancestros pensaban que somos tributarios

de un intercambio de energía entre la tierra y el cielo.

En esos espacios de comunión, están los megalitos,

los templos paganos de la antigüedad,

las pirámides egipcias o las catedrales.

La pregunta es qué tienen en común lugares sagrados

de tiempos tan distintos y de geografías tan lejanas.

Raymond Montercy tiene una respuesta:

todos vibran, todos tienen una energía especial.

Y vibran porque la tierra vibra.

Sabemos que cada latitud tiene una vibración particular.

Esto parte del ecuador.

La tierra en ese punto vibra a 47 hercios

y en función de la latitud esta frecuencia aumenta o disminuye.

¿Cómo lo percibía aquella gente?

No lo sé.

Nosotros ahora sí sabemos calcular estas frecuencias.

Pero lo que ellos sabían era respetar

los parámetros de expresión de la tierra.

El edifico se expresa a través de la vibración,

y respetándola, conseguimos en ese lugar,

la plenitud, la calma, la plenitud total.

Santa María de Bareyo, en Cantabria,

vibra con la misma intensidad que hace cientos de años.

La Fundación Marcelino Botín ha restaurado esta colegiata

respetando sus parámetros energéticos.

Una decisión poco habitual, para la que contaron con la asesoría

del psicólogo clínico y geobiólogo Daniel Rubio.

Tiene una magia, en el más bello sentido de la palabra,

tiene un aura, algo que destila, que se respira en los capiteles,

en la simbólica...

Para mi es un lugar precioso,

pero sobretodo, que vira de un modo impresionante.

Aunque suene algo misterioso hablar de energías telúricas,

son las que proceden de la tierra.

Agua subterránea, fallas y corrientes eléctricas

de pequeño voltaje que tienen que ver

con el movimiento de la tierra sobre su propio eje y alrededor del sol.

Sin corriente telúrica, no hay lugar sagrado.

Esa es la primera clave fundamental.

Lo que se ha llamado la energía de la serpiente,

de la culebra, la energía del dragón...

En relación a esta energía serpentina que va circulando

por la superficie de la tierra,

se mete hacia la profundidad de la tierra,

y en determinados lugares, emerge.

Y cuando emerge en la tierra, es cuando aparece el lugar sagrado.

El otro elemento fundamental que vamos a encontrar siempre

en todo templo, es el agua subterránea.

La Iglesia habla con muchos lenguajes.

Daniel Rubio encuentra en los capiteles del ábside

un repertorio de pistas sobre la energía de este lugar.

Pero si vamos viendo esta relación con el agua,

encontramos rápidamente esta otra figura

que enmarca perfectamente, con las ondas, el juego del agua,

y está justo en un lugar donde hay cruce de agua subterránea.

De hecho, cuando se hizo la última restauración,

aparecieron toda una serie de humedades

que hubo que restaurar en esta parte de la Iglesia.

Y luego, nos encontramos otro capitel con una serie de volutas en espiral

que son muy interesantes porque las vamos a ver

en muchas iglesias románicas.

Nos hablan, desde esta perspectiva más simbólica,

de lo que es el movimiento de las energías.

Encima de estos capiteles,

una figura demasiado grande para el tamaño del templo,

descansa las manos en el centro energético

que se relaciona con la determinación,

la resolución de conflictos y la acción positiva.

Vamos a hacer una pequeña demostración de cómo un lugar,

un espacio, puede influenciar

potenciando o debilitando a una persona.

Ella va a ser la modelo y voy a utilizar su brazo

para testar como está ella en este lugar concreto del templo.

Yo le digo que resista y veo cómo está su fuerza muscular,

y es la respuesta.

Resiste, y compruebo que este lugar le debilita.

Hemos buscado otro lugar más cerca del altar

donde las energías son más sutiles

y vamos a ver qué ocurre con su test muscular.

Le digo que resista, y me puedo colgar del brazo

que está fuerte.

Este lugar del templo a ella la fortalece.

El cuerpo responde a la prueba de forma inconsciente.

Están en el lugar donde confluyen todas las energías de la Iglesia.

Nos ayuda a conectar con nosotros mismos

y a reconocer nuestras emociones, como nos encontramos,

incluso a liberarlas.

-Cuando tú quieres conectar con el agua subterránea,

que es un elemento fundamental, conectas emocionalmente

y te abres a captarla, tu cuerpo la está captando.

Buscas un elemento que amplíe esa señal

y te permite ordenar la información.

Esta misma técnica es la que han utilizado

desde siempre los zahoríes para localizar los pozos de agua.

También los maestros de obra de la Edad Media,

eran grandes radiestesistas.

El agua se carga vibratoriamente,

el agua se carga con nuestras emociones,

el agua se carga con nuestros pensamientos,

con lo que vamos sosteniendo,

el agua se carga cuando tu estás en un lugar sagrado

con la emanación que te va llegando de ese lugar sagrado,

con la interacción que se va produciendo.

En esta Iglesia, como en casi todas, hay una corriente en la entrada

que hace la función de filtro.

No es casualidad que coincida con la zona

donde solían colocarse las pilas bautismales.

La que se conserva en Santa María de Bareyo

es una pieza espectacular del románico, y sigue en la entrada,

aunque algo desplazada respecto a su posición original.

Una segunda corriente separa la parte más física del templo

de la más espiritual.

Y una tercera, atraviesa la iglesia de este a oeste.

Las corrientes del dragón, también trazan una cruz.

En esa intercesión,

es donde Belén y Chelo han experimentado la fuerza del templo.

Las grandes construcciones que la humanidad ha hecho

no tienen sentido como ellas mismas, como construcciones de piedra,

sino que es el ser habitadas por el ser humano lo que le da su dimensión

y la pone en marcha.

Una Iglesia es una máquina de trascendencia.

Salvando las distancias, algo parecido a un motor magnético

con su estructura fija, su corriente y su rotor.

¿Y cuál es la pieza que gira en la Iglesia?

Cuál es el elemento que falta en la Iglesia

para que el motor funcione.

Se llama ser humano.

Es muy importante andar.

De hecho, en las Iglesias no existían los bancos.

Si eso lo hacemos en consciencia y encima en grupo, todos unidos,

la energía que se genera es impresionante.

En el Camino de Santiago, Jaime Buhigas sigue explicándonos

la geometría de los maestros constructores.

Ahora, elige como centro uno de los extremos

del primer círculo que ha había trazado,

y surge una nueva figura sagrada: la vesica piscis.

Esa almendra en la que muchas veces aparece representado

el Cristo en Majestad.

La primera medida con la que hizo el círculo, es una raíz de dos.

Y la diagonal de la vesica piscis es una raíz de tres.

Lo bonito de la geometría sagrada es que además es muy sencilla

y que las proporciones que se han usado

en la mayoría de los templos a lo largo de todas las civilizaciones

obedecen a números muy fáciles de dibujar,

pero difíciles de comprender, los famosos números inconmensurables.

Son los mismos números y medidas que le sirven para dibujar

un cuadrado dentro de otro.

Acaba de aparecer la idea de proporción.

¿Para qué sirve eso?

Siempre se ha pensado que la idea de proporcionalidad

sirve para hacer edificios estéticos, bellos,...

Pero es que la belleza en el caso clásico,

que es lo que después se conserva en Roma, en los colegios romanos,

y por tanto en los gremios medievales de maestros constructores,

la belleza no es sólo una cosa estética,

es un lenguaje a través del cual la divinidad se manifiesta.

Cuando un maestro constructor en sus planos,

en sus planchas de madera o de cera, dibujaba todo esto,

sabía que estaba reproduciendo la propia creación.

Lo interesante es que luego eso que estaba en un plano,

había que hacerlo así, picar en un sitio, preparar el terreno,

y dibujar con cuerdas y con palos, así como lo estamos haciendo,

exactamente ese esquema con un carácter,

cuánto más atrás nos vamos, completamente ritual.

Desde los egipcios, sabemos que el simple trazado de la cruz en el suelo

es un acto simbólico, es el hombre que está midiendo el mundo.

De hecho, esa idea de medir la tierra a través del dibujo

es el origen de la palabra geometría, la medida de la tierra.

Cada vez que sale el sol y se pone, el hombre puede medir el tiempo.

La percepción del paso de las horas, los días y las estaciones

nos integra en el Cosmos.

En griego, Cosmos significa orden y está dentro del templo.

Le voy a mostrar una aplicación.

En las vidrieras de Chartres, pusieron los datos solares del lugar,

con líneas transversales, como estas.

Lo hicieron en función de la latitud de allí,

que entonces ya sabían calcular.

Esto representa exactamente los valores de Chartres.

Tenemos aquí los valores de salida del sol en el solsticio de verano,

con la puesta del sol, aquí, por la noche.

Esto es la salida del sol en el solsticio de invierno,

con su puesta, por la noche.

Y aquí tenemos los equinoccios.

De esta forma, nos dicen que, en verano, el sol hace este camino,

y en invierno, hace este otro.

Cuando unimos todo el conjunto, se crea un cuadrilátero,

que yo he llamado "cuadrilátero solsticial".

Esta proporción cambia dependiendo de la latitud.

Y así, basta con aplicar la geometría determinada por el sol

para respetar las características del lugar.

Los constructores de catedrales no estaban equivocados.

Ahora sabemos, científicamente, que las matemáticas ordenan el Universo.

Los números y sus formas son el lenguaje

a través del que se expresa la naturaleza.

Patrones sencillos y eficaces que se encuentran en el orden galáctico,

el crecimiento de las plantas, la estructura de las flores,

o la distribución de las semillas de un girasol.

En los círculos, hexágonos o espiral de la naturaleza,

hay una belleza matemática.

Detrás de números sagrados, como el número PHI,

se esconden proporciones tan familiares

como la del cuerpo humano.

Y por supuesto, la belleza y armonía de los templos

que ha construido la humanidad a lo largo de toda su historia.

La geometría sagrada reproduce el orden del universo.

Son las mismas leyes.

En pleno siglo XXI,

Álvaro de La Torre restaura iglesias románicas

o construye casas siguiendo los principios de la geometría natural.

Trabaja con la filosofía de un maestro de obras

de la Baja Edad media.

Eligiendo ciertos lugares sobre la superficie de la tierra,

construyendo con ciertos materiales,

empleando cierto tipo de proporciones,

se potencia la posibilidad de lo trascendente.

Todo en torno al misterio de la vida.

El rito del nacimiento, el de la muerte, el del matrimonio,

que da lugar a otro nacimiento.

Entonces, la gente de nuestro oficio se especializa en crear el espacio

donde todo eso se potencia.

Álvaro es, por ahora, el último eslabón de una larga saga familiar

de constructores que ha conseguido documentar hasta el siglo XVII.

Este legajo, de 1690, son las cuentas del proyecto de renovación

de una Iglesia a orillas del Duero.

Lo escribió un delegado del maestro de obras

llamado Antonio de la Torre, que en aquel momento, dice el documento,

se encontraba en las montañas.

De Cantabria, y en concreto de la comarca de Trasmiera,

salieron la mayor parte de los canteros y maestros de obra

de las catedrales españolas.

Si tu manejas un sistema de proporciones

que esté de acuerdo con la tierra,

eso influye, por ejemplo, acústicamente.

Cuando la gente se ponía a tocar instrumentos

o a cantar en una iglesia, es un sonido maravillosos. ¿Porqué?

Porque las alturas de la nave están construidas

según la proporción de la escala musical.

Un espacio sagrado es un lugar

que podemos construir para que anide el espíritu.

Cuando se levantaron las Iglesias del Camino de Santiago,

del camino de las estrellas,

los peregrinos conocían el significado profundo

de los templos de la ruta jacobea.

También sabían que la aventura espiritual

que les había llevado hacia el ocaso, hacia el final de la Tierra,

solo cobraba sentido en el viaje de vuelta.

Al regresar, siempre caminaban hacia la luz.

Orar hacia oriente es una costumbre antiquísima de los cristianos

que, de alguna forma, recoge todos eros cultos solares

para adorar a Jesucristo, que ha nacido en Oriente,

que volverá a venir desde Oriente, y que desde allí nos trae la luz.

La luz ordena el templo desde la parte más profana a la más sagrada.

Primero el atrio,

un espacio intermedio entre el exterior y el interior.

Luego, el nártex, el lugar reservado a los penitentes

y a quienes se van a bautizar.

Y sólo después, la puerta.

Atravesar una puerta es un acto intencional y siempre simbólico,

es una metáfora muy sencilla del camino espiritual del fiel

que pasa del pecado a la gracia, de la oscuridad a la luz.

Por eso, la puerta siempre se coloca a occidente

y el altar siempre se coloca a oriente, a la salida del sol.

No hay que olvidar que hasta hace más o menos un siglo,

no había luz eléctrica en las Iglesias.

La liturgia, tenía que celebrarse de día.

Eso quiere decir que las Iglesias estaban pensadas

para que la iluminación incidiera en determinados puntos concretos

a mediodía o en las horas centrales del día.

Y que esta iluminación cambiara también

según se iba moviendo el sol a lo largo del año.

En el equinoccio de primavera, cuando la luz vence a la oscuridad,

el último rayo del sol poniente ilumina la Anunciación de la Virgen

en la iglesia románica de San Juan de Ortega.

Nueve meses después se celebra el nacimiento de Jesús.

Es el solsticio de invierno.

Con el gótico se pueden abrir enormes vanos, enormes ventanas,

las paredes ya no sustentan las bóvedas,

se sustentan a través de los pilares.

Y en consecuencia, se puede introducir en la casa de Dios,

a Dios mismo, que está en la luz.

Y además, construyendo vidrieras de colores,

la luz blanca, la luz divina, se humaniza,

se pueden resaltar figuras, contar historias a través de las vidrieras.

La Edad Media era una época de signos y de símbolos

que se transmitían de forma oral.

El problema es que ahora no somos capaces de interpretar

algunas de esas señales

sencillamente porque hemos perdido el diccionario.

En el siglo XIII, cuando se construyó Santa María de Bareyo,

la mayor parte de la población era iletrada,

pero entendía el lenguaje simbólico.

Es muy importante pensar que no hay nada que esté hecho al azar.

Daniel Rubio encuentra en los capiteles de la colegiata

un mensaje que va más allá de las escenas cotidianas

o los pasajes bíblicos.

Yo, de repente, veo un hombre que nos está enseñando la rodilla,

con la rodilla doblada.

Nos está diciendo que hay alguien que está iniciado, comprometido,

un maestro constructor que sabe lo que está haciendo.

Y resulta que está sujetando dos bueyes.

Es el animal más telúrico por excelencia,

es el que trabaja la tierra.

Aquí están dominadas las energías telúricas.

Enfrente, otro capitel nos muestra dos dragones,

no los pisa la Virgen; ningún ángel los mata.

Los dragones de Bareyo tienen alas.

Nos está hablando ya de una energía telúrica

que ya ha sido totalmente trasmutada.

Y además se está mordiendo la boca y están colocados así,

te está diciendo que hay dos corrientes de dragón en ese sentido,

y las hay.

Santa María de Bareyo ha sido, hasta hace muy pocos años,

el lugar donde siguiendo una antiquísima tradición,

se reunían los maestros canteros de Trasmiera.

Su oficio y su aliento todavía se respiran

en la catedral de Salamanca, o el Monasterio de El Escorial.

Eran evidentemente individuos que se formaban en unas cofradías,

en unas logias de maestros constructores

de carácter muy cerrado,

no secreto en el sentido esotérico,

sino secreto en el sentido de que guardaban de una forma celosa

sus conocimientos.

Pero no solo técnicos, aritméticos, geométricos, matemáticos, de cuentas,

de cálculo, sino que tiene que tener un gran bagaje intelectual.

Poder dirigir a unas 300 personas que solían intervenir

en la construcción de una catedral,

todo eso conlleva conocimientos de todo tipo, extraordinarios.

En la Edad Media y en francés, Mason significa albañil.

Masones eran los miembros de los gremios de constructores.

Ese mundo se ha olvidado.

Las técnicas de construcción son distintas,

las formas de construir son nuevas a partir del siglo XVI,

y los masones medievales se perderán

en la oscuridad y en la sombra de la historia.

Se desvanecieron al tiempo que desaparecía su mundo,

pero no del todo ni en todas partes.

En Alemania y Francia, consiguieron mantener viva la tradición.

Los Compganons franceses, con los que ha estudiado Álvaro de la Torre,

son la consecuencia de las antiguas cofradías medievales.

El oficio no es solo un trabajo, es una manera de entender el mundo.

La cuestión es que a través del trabajo físico, del esfuerzo,

del mismo modo que tú vas transformando los materiales,

la piedra sobretodo, los materiales de la construcción,

y sobretodo de un espacio sagrado, tú te vas transformando a ti mismo.

Los antiguos decían "ad astra per aspera",

a las estrellas por lo duro.

Empezamos en el oficio y en la vida con el intento del dominio

de las cosas físicas, luego pasas al dominio de las cosas energéticas,

de las cosas psíquicas, intentando cultivar tu alma

y llegar a vislumbrar la conexión con Dios.

En la interminable llanura de la Tierra de Campos,

cerca de una aldea que antiguamente se llamaba Villasirga,

la orden del Temple levantó una Iglesia dedicada

a Santa María la Blanca.

Un templo majestuoso que respira los fundamentos del arte gótico.

La sede espiritual de los monjes guerreros

en una de sus encomiendas castellanas.

Los templarios siempre han trabajado en la ruta jacobea,

siempre han sido verdaderos guardianes

de la ruta del peregrinaje,

pero siempre hacen sus enclaves en lugares muy especiales

que permiten una búsqueda espiritual a otro nivel.

Y en este lugar, es totalmente evidente incluso hoy día

a pesar del paso de los años.

Esto pasó en aquel tiempo que la Virgen comenzó

a hacer en Vila Sirga milagros porque sanó...

Alfonso X el Sabio dedicó parte de sus cantigas

a relatar los milagros de la Virgen de Villasirga.

Hechos y sanaciones portentosos que obraba en los peregrinos

de la ruta jacobea.

El camino te coge, te engancha.

Te cambia.

Y cuando llegan a estos sitios,

es el trabajo que ha ido haciendo el camino poco a poco,

cuando empieza a florecer.

Igual que el camino hace su trabajo, la Iglesia también hace su trabajo.

-Es un ordenador, es uno de los mejores ordenadores que tenemos.

Si sabemos manejar los programas que nos permite una iglesia,

entonces nos vamos a encontrar con resultados impresionantes.

Daniel Rubio ha estudiado los parámetros geobiológicos del templo,

y ha encontrado cuatro grandes corrientes del dragón,

y hasta siete corrientes de agua subterránea.

Un monje templario lo hubiera definido

como un atanor alquímico.

Marinati es una de las pocas personas que ha sobrevivido

a quemaduras en el 80% de su cuerpo.

Ese milagro, tras un terrible accidente,

se lo debe a los médicos del hospital Valld'Hebron.

El fuego abrasó su cuerpo y le robó la sensibilidad.

Años después, la ha encontrado, aunque de otra manera,

en un curso para aprender a sentir la energía.

Lo que más me impresionó fue cuando hicimos lo del resentir.

La primera vez que sentí algo es cuando hicimos ese ejercicio.

Y es que es una cosa difícil de explicar, pero no sé.

Cogiendo las energías con las manos y, de repente, sentí,

con esta mano sentía, no agarraba nada,

porque no había nada que agarrar,

sentía como que tenía un globo entre las manos, que no le veía,

pero le tocaba.

Entonces fue la primera vez que sentí algo y me gustó la sensación.

Es la energía telúrica de la Iglesia.

El dragón que en el friso de la Puerta meridional

está pisando una talla de la Virgen María.

La fuerza que domina, pero no mata, el Arcángel San Miguel,

el protector de la orden templaria.

Esto es un amplificador de ondas.

Todo lo que está aquí está resonando,

está resonando con una potencia infinita.

De aquí sería muy fácil transmitir a la luna,

porque es una caja de resonancia impresionante.

Para llegar a la luz, hay que pasar por las sombras.

El peregrino, en su camino de regeneración,

va dejando atrás capiteles tallados con plantas depurativas,

y figuras que le hablan a medida que se acerca al altar.

Hay un perro guardián que nos está diciendo,

oye, a partir de aquí, las cosas cambian,

tienes que empezar a dominar tus pasiones, tus instintos,

tus dificultades, tus emociones más bajas,

para seguir el avance que quieres hacer.

Sirenas aladas de orejas estilizadas.

Hay algo que escuchar.

Y elpez, el primer símbolo de la cristiandad,

está ahí, justo encima del pozo de la Iglesia.

Es un lugar para detenerse, para meditar, para orar,

para girar alrededor de la columna, para poder ver.

Entre la tierra y el cielo, cuatro grandes figuras hablan al peregrino.

San Pedro señala algo que tenemos que ver:

rostros humanos que sufren atrapados en un amasijo vegetal.

Tiene además su llave, y la llave siempre es para abrir algo,

para que tú puedas salir de esa maraña en la que nos encontramos.

San Pablo porta la espada y el Ángel, el mensajero celestial,

tiene bajo sus pies un león, el símbolo del sol.

Tú tienes energía, cuando te enseñan el león,

que te están diciendo que está bajando la energía cósmica,

está bajando nutriendo la tierra,

o tienes energías como el dragón debajo de María Magdalena

que te dice que la energía ahí está subiendo hacia el cielo.

Hailas, hailas, como dicen los gallegos, hailas, hailas.

Lo que pasa es como todo el mundo hay que tener sensibilidad

para sentirlas.

La gente que entra cada día aquí, empieza a sentir algo especial

que te va empujando, te va empujando, para que vivas mejor.

La misma idea, con otro lenguaje,

está esculpida en la parte más elevada del templo,

muy cerca del altar.

Es una figura coronada y sin piernas.

Alguien que ya no está anclado en la tierra.

Y además está apoyado en dos cabezas,

ya no es hombre ni mujer, sería andrógino,

un ser que ha resuelto la dualidad y está en la antesala del cielo,

con todo lo que tiene que ver con el espíritu.

El maestro constructor de Santa María La Blanca

no dejó nada al azar.

Su obra tenía que ser perfecta.

Transformó la física de la luz, de la piedra, de la tierra y del agua,

en pura metafísica.

Subtitulación realizada por Mercedes Escudero.

  • El cielo en la tierra

Crónicas - El cielo en la tierra

29 may 2017

Nos acercamos a la arquitectura sacra del Románico a través de iglesias y catedrales. Los maestros constructores de las cofradías medievales las edificaron para conectar la tierra con el cielo; para impulsar la trascendencia del ser humano.
Por qué sintonizan con nosotros; qué secreto guardan su belleza y armonía; cuál era el propósito de los maestros constructores que las edificaron; quiénes eran y qué mapa del conocimiento manejaron.

ver más sobre "Crónicas - El cielo en la tierra" ver menos sobre "Crónicas - El cielo en la tierra"
Programas completos (194)
Clips

Los últimos 765 programas de Crónicas

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios