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Para todos los públicos Crónicas - 18 años y 1 día - ver ahora
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-Salvamento marítimo, le facilito la posición de una patera.

Posición sur-suroeste. -De acuerdo, recibido.

-Proseguir la búsqueda, empezando en la latitud de la isla de Alborán.

-¿Posición del cóndor? -Están ahora parados

y es neumática de unos seis o siete metros.

-Salvamento marítimo, entiendo que la tenéis ya a la vista a la patera.

Europa se ve como la tierra de las oportunidades, de las luces,

donde todo es fácil, nada es difícil, esa palabra no existe,

y mucha gente lo sigue viendo,

aunque digan lo que digan las noticias, digan que hay crisis,

la gente no lo cree.

Yo soy una víctima de la vida

por la culpa de mis padres o de quien sea,

nací en Marruecos, y estoy sufriendo las consecuencias.

Yo quería cambiar la realidad.

Veía que eso no era justo

y la justicia la tenía que tomar con mis manos.

A partir de diez años ya empecé a pensar en el futuro,

tuve que parar los estudios, y desde entonces empecé a trabajar,

y digamos que eso es lo que te hace madurar rápido,

pensando que ganando cinco euros,

que son cincuenta dírham en Marruecos cada semana,

así no vas a llegar a ningún lado.

Hasta que llegó el día que dije ya está, no voy a aguantar aquí más.

Vienen del Magreb o del África subsahariana,

son menores de edad y viajan solos jugándose la vida en el desierto,

en una patera o escondidos en un camión.

Con suerte, alcanzan la tierra prometida,

y viven en los centros de menores hasta llegar a la mayoría de edad.

Pero ese día, el de su 18 cumpleaños,

les dicen adiós

y salen más solos y vulnerables que cuando llegaron al paraíso.

Su día de cumpleaños les pasa que en la mayoría de los casos

se quedan en la calle.

En la calle expuestos a tener que vivir como adultos

pero sin recursos,

en muchísimas de las ocasiones

sin que tengan un lugar de residencia tramitado con anterioridad,

y muchas veces teniendo que llamar directamente al Samur social

para que les puedan dar una plaza en cualquier albergue de transeúntes

de las distintas comunidades autónomas.

Me llamo Redouane,

nací en Tetuán,

el 12 de enero de 2000.

Cuando estoy en centro de menores queda poco tiempo para salir mayor,

y ellos no van a hacer contigo nada, si vas a cumplir 18,

ellos no van a hacer contigo nada.

El día de mi cumpleaños te dicen tienes que salir.

Y yo lo sé que tengo que salir.

Pero yo quiero ayuda, yo no tengo familia aquí.

Ellos te dicen que tienes que salir a la calle o llamamos al Samur Social.

Yo digo llama al Samur Social, yo no tengo donde ir a dormir.

-En la mayoría de las ocasiones lo viven como

aquí está la puerta y búscate la vida...

Los propios servicios

del Samur Social en Madrid nos dicen,

es que no nos podéis traer a una persona

que acaba de cumplir 18 años

y que la noche anterior ha dormido en un centro de menores

porque no es una situación de urgencia.

Esto se tenía que haber previsto.

Se tenía que haber previsto un alojamiento adecuado.

Mi cumpleaños he dormido en un garaje,

como un garaje, con borrachos.

Y la cama no es la cama, es una silla dura.

Y dormimos ahí.

Lo que he soñado en Marruecos

cuando llego aquí el sueño no es verdad, ¿sabes?

La vida es dura.

En la Fundación Raíces,

una entidad que trabaja por los derechos de los jóvenes,

encontramos a Ayoub.

Necesita ayuda porque la policía le ha entregado una orden de expulsión.

Si hay algo peor que cumplir 18 años en la calle,

es salir del centro de menores sin los papeles en regla.

Ayoub pasó casi cinco meses en este albergue de Víznar, en Granada,

habilitado en 2017 como centro de emergencia

ante la llegada masiva de menores extranjeros no acompañados.

Le dieron techo, comida y cama,

pero le pusieron en la calle sin permiso de residencia,

convertido en un adulto en situación irregular.

Si no hay tutela, por supuesto,

no va a haber tramitación del permiso de residencia,

en muchos casos no va a haber ni siquiera

tramitación su documentación,

no se van a dirigir a las embajadas y consulados correspondientes

a obtener los documentos oficiales de estos niños,

y van a quedar en la más absoluta situación de ilegalidad

provocada por la administración española.

Según datos del gobierno,

en los nueve primeros meses de 2018 habían llegado a España

casi cinco mil niños inmigrantes

y solo se estaba tramitado el permiso de residencia

para un escaso ocho por ciento.

Casi la mitad de esos menores arriban a nuestro país

por las costas de Andalucía.

A veces es imposible llegar, yo te lo reconozco,

entre otras cosas si al menor

le quedan tres meses para la mayoría de edad, poco podemos hacer.

Afortunadamente, te puedo hablar por Málaga,

se pueden contar con los dedos los casos que ocurren.

Nosotros, por ejemplo,

tenemos un nivel de prioridad

donde el que esté más cerca de la mayoría de edad,

que no podemos esperar,

se le hace inmediatamente la resolución de desamparo.

Pero si nos llega con escasos meses para ser mayor de edad,

si el consulado correspondiente no colabora en absoluto,

lo tenemos muy crudo.

A Málaga no solo llegan los jóvenes extutelados

que salen de los centros de protección de la provincia.

Vienen del resto de Andalucía

y muchos, también, de Ceuta y Melilla

porque saben que en la ciudad

existe un dispositivo para personas sin hogar

del que forman parte el Ayuntamiento y diez entidades sociales.

Se llama Puerta Única

y tiene un protocolo específico para extutelados.

Hace cinco años nos salta la alarma

de que aparece un perfil nuevo de jóvenes de 18 a 20 años

que empiezan a ocupar viviendas en el centro de la ciudad.

Cuando la policía interviene,

nos damos cuenta que suelen ser de nacionalidad marroquí,

muy jóvenes, es verdad, sin ningún tipo de preparación,

sin ningún tipo de papeles administrativos en regla,

y en muchos casos sin hablar español.

Empezamos a trabajar con ellos

y vemos que han salido recientemente de centros de tutela,

o centros de protección de menores de la Junta de Andalucía,

pero nadie nos había avisado.

Es decir, se les da veinte euros, literalmente en Andalucía,

y cuando cumplen los 18 años se abren las puertas del centro

y salen sin ningún tipo de sistema de tutela, ni de nada.

Estos jóvenes, están, no vulnerables,

están en la escala más baja de la exclusión social.

Porque cuando tú no tienes papeles, no sabes el idioma,

no tienes dinero, no tienes formación,

no tienes lugar donde dormir,

es el escalón más bajo de la exclusión social.

Yo he venido de Melilla aquí, yo estaba en la calle,

y conozco gente que está durmiendo aquí,

gente de la calle que está durmiendo aquí.

Chico que ha salido del centro de menores, ha cumplido 18,

no ha cogido ni papel ni nada,

y gente que ha venido de barco de Melilla, de Ceuta o de Marruecos,

ha venido aquí a dormir.

Tienes dos colchones, lo ha arreglado arriba...

Ese colchón lo ha cogido de basura, lo ha venido aquí

y lo ha arreglado chabola.

El techo como esto, madera y cartones.

Los plásticos sirven para lluvia,

para no entrar agua dentro.

En verano se puede dormir sin plástico,

pero de frío no se puede, que entra lluvia y todo y frio.

Abdelali es un chico que estuvo tutelado en Melilla

y cumplió allí la mayoría de edad,

y cuando salió no tenía documentación,

tuvo problemas administrativos

que le hicieron permanecer diez meses en situación de calle en Melilla

hasta que pudo obtener su permiso de residencia.

Como el efecto es retroactivo,

cuando obtuvo el permiso de residencia

ya solo le quedaban dos meses para que tuviese que renovar,

y es cuando él viaja a Málaga

y entra a la red de recursos de persona sin hogar.

Lo primero, lo más urgente,

es buscarles techo y cama en el albergue municipal,

en San Juan de Dios

o en alguno de los pisos de los que dispone Puerta Única

para alejarlos de la calle y sus peligros,

porque la droga siempre está ahí y la prostitución, a veces, también.

Es muy fácil decir estos chicos no se integran, no se adaptan,

pero cuando lo ves desde su visión, ves otra cosa,

no es fácil la palabra integración.

Si no hay herramientas que te acompañen, no es fácil.

Solos no pueden, porque el sistema, eso es fundamental,

el sistema no está hecho para ellos.

El sistema los ha dejado solos.

Ya los nuevos,

suelen estar debajo de los puentes que hay aquí en Málaga,

y algunas casas okupa

y en verano suelen estar cerca de la playa, claro.

Puerta Única tiene una unidad de calle

que recorre la ciudad 365 días al año

para ofrecer a las personas sin hogar

los recursos de este dispositivo en la ciudad de Málaga.

Hoy es Nordin quien de forma excepcional

nos acompaña para ver si hay chicos extutelados durmiendo en la calle.

Muchas veces a lo mejor nosotros

encontramos una persona, en este caso los chicos, durmiendo en la calle,

invadimos su espacio.

Es fundamental ese respeto, es fundamental pedirle permiso,

si se puede sentar con él, sentar con ella,

son habilidades que tienes que trabajar.

Vamos a intentar entrar en el puerto, no sé si estarán ahí,

pero vamos a intentarlo.

Normalmente suelen estar allí, bajo ese puente,

los que llegan nuevos a la ciudad,

lo que pasa ya es que como ha llovido estos días,

ya el río ha subido, entonces ya no se ven aquí.

Hay una persona ahí que se ve

pero yo creo que es una persona adulta con una barca.

Es su casa, eso es lo que tiene,

tiene una puerta imaginaria, es su casa.

Estos chicos empiezan a contarte cosas, historias de vida,

cómo han llegado, por qué han llegado,

es muy importante saberlo, el porqué,

porque detrás hay una historia.

Ningún niño quiere hacerse mayor en los centros de Ceuta y Melilla,

se escapan y van al puerto para subir a un barco o a un camión

que les lleve a la Península.

Prefieren jugarse el tipo a vivir hacinados en centros de menores

donde impera la violencia y su vida queda estancada.

Hay algunos, no voy a generalizar a todos,

algunos que abusan de los nuevos,

por ejemplo, si vas con ropa, dinero, te la pueden...

No es que te la puedan quitar, es que te la quitan,

allí la ley que manda es la ley del bosque,

el más fuerte come al más débil.

Los días pasan, las semanas,

y ves que estás en la misma situación anterior,

una rutina, un círculo cerrado otra vez,

tu vida se va a quedar en el cero, no se va a mover,

entonces hay que buscar la oportunidad,

lo que soñaba desde pequeño lo tienes que lograr.

El 26 de enero del 2014, esa fecha la tengo bien memorizada.

Bajé con un chico sobre las siete o las ocho de la mañana,

hemos saltado la valla del puerto

y nosotros hemos aprovechado que empezó a llover

y la policía empezaron a dejar todos los camiones pasar

y nos hemos metido dentro del contenedor de un camión,

y un policía al revisar el contenedor por dentro dijo que estaba limpio,

y cerró el contenedor.

Eso sí que es una emoción mezclada de alegría, de miedo,

y es que el miedo que teníamos era cierto, el contenedor era de hierro,

de chapa, que no podíamos salir.

Tenía aire acondicionado encendido

y durante los 45 que tarda de cruzar el ferri de Ceuta a Algeciras

hemos pasamos bastante frio.

Cuando hemos llegado a Algeciras

todos los camiones pasaron la aduana de la Guardia Civil menos el nuestro,

que lo abrieron y nosotros hemos estado dentro.

No sabíamos español,

y el guardia civil intentó explicarnos

que el contenedor iba a permanecer casi 23 días sin abrirse,

sin que le revisen.

Hemos tenido mucha suerte.

Es heroico tener 18 años,

dormir en un albergue y no perder la esperanza.

Redouane lo consigue cada mañana

asistiendo a un taller de inserción socio laboral de carpintería

que imparte la Asociación Cultural La Kalle, en Madrid.

Con él hemos hecho derivaciones a los pisos de acogida

que hay para jóvenes de 18 a 21 años extutelados,

pero son pocas plazas y muchos jóvenes.

Un albergue tiene tipo de perfil de persona sin hogar,

a veces con adicciones,

a veces con situaciones muy duras que él las ha vivido

y las lleva viviendo diez meses.

Y lo difícil en este caso es hacer las cosas bien, tener paciencia,

esperar una plaza, cumplir con los objetivos,

cumplir con las normas, esa lucha con el día a día.

Este muchacho no tiene nada que envidiarle a cualquier otro joven

a la hora de insertarse al mundo laboral.

-Yo estoy en albergue, en albergue no duermo bien,

pero por la mañana me esfuerzo para ir al curso.

Yo quiero un trabajo bueno, como carpintería o mecánica,

trabajar todo el año

y ganar dinero suficiente para vivir

y puedes enviar un poco de dinero a tu familia.

Pero no va a ser fácil, porque su permiso de residencia,

como casi todos, es temporal y no le autoriza a trabajar.

Para cambiar esta situación necesita que un empresario le ofrezca

un contrato de un año a jornada completa.

Casi un milagro, también para un chico español.

Redouane vuelve cada noche al albergue

y cuenta el tiempo que le falta para renovar sus papeles.

Porque entonces la misma administración

que no le autoriza a trabajar

va a pedirle que demuestre medios de vida

para no expulsarle del país.

El sistema los toma como unos yogures o unos paquetes de leche

que cuando cumplen la mayoría de edad ya están caducados,

no sirven para nada.

A una persona que cumple la mayoría de edad

le dan documentación que no autoriza a trabajar,

te está obligando a que vas a robar, a delinquir.

Puerta Única ha diseñado en Málaga

un protocolo que va mucho más allá

de proporcionar a estos jóvenes un sitio donde dormir.

Les ayudan con sus papeles, les enseñan nuestro idioma,

les invitan a estudiar en el Instituto

y les ofrecen cursos de inserción socio laboral

que les abren las puertas al mundo del trabajo.

Muchas veces cuando se habla de los chicos que vienen

hay que entender que ellos se inician en el proyecto migratorio

con mucha esperanza pero realmente con muchos posibles fracasos.

Tener que huir de tu país de origen

y desarraigarte de tus vínculos familiares,

conseguir cruzar el Estrecho,

ellos tienen compañeros que no cruzan el Estrecho

y que los pierden.

Y luego cuando por fin a los 18 años ellos ven que ahora empieza su vida,

con lo que se encuentran es con una situación de sin hogarismo,

con una situación que no, que estaban equivocaos,

que el permiso que tienen no les autoriza a trabajar, que no,

que aquí hay mucho desempleo

y que ellos no tienen un perfil profesional que pueda competir

frente a otros perfiles.

Tienes que aprovechar la oportunidad del piso, ahora no te digo nada,

en el piso igual que se entra se sale, ya las tonterías...

-A mí no me gustan tonterías.

-Sí, pero sabes que las tonterías están por ahí rondando.

-Esto nos tiene que aprovechar el tiempo.

-Ya es la última oportunidad, o todo o nada.

¿Hace falta algo en el piso?

El otro día me dijisteis que las sartenes otra vez ya...

-Sí, hacen falta sartenes.

Vivir en un piso significa autonomía, libertad, sosiego,

es el recurso más deseado

y el que más compromiso exige para cumplir las normas.

Puerta Única cuenta con 37 plazas en la ciudad,

la Junta de Andalucía con otras quince,

pero nunca son suficientes.

Otra cosa ¿qué tal con los vecinos? ¿Hay algún problema?

-No hay problemas, no tenemos ningún problema con nadie,

y la cosa va bien.

-Yo eso lo suelo preguntar

porque los que ya llevan tiempo en el programa, piso bien,

pero los que habéis entrado nuevos

pues me quiero asegurar que sí va todo bien.

Málaga Acoge trabaja bajo el modelo de proyectos de emancipación.

Tener en cuenta que mientras el chico ha estado en el sistema de tutela,

los horarios están marcados, las decisiones están marcadas.

Muchas veces el inicio del trabajo

está empezar a gestionar la autonomía.

Lo que pretendemos es ir apoyando a los chicos

en todas las fases de su proyecto de emancipación,

siendo figuras que les acompañan pero que no deciden por ellos.

Tú ya eres mayor para tener una responsabilidad,

ya no eres un niño, ya llevas tiempo.

Así que ya es hora de que...

-Pero no es fácil llevar una cocina solo, para nada.

Ahora estoy de cocinero...

Vemos qué tipo de formación tienen esos jóvenes para intentar hacer,

si ya tienen alguna, un reciclaje, viendo los nichos

y oportunidades de mercado que hay en Málaga,

que suelen ser sector servicios, turismo y demás,

para que las empresas que hemos conseguido,

que ya son más de doscientas empresas

colaboradoras con los jóvenes extutelados,

después sean capaces de absorber a esos jóvenes.

Vamos a hacer hoy tortillita de patatas,

yo creo que es la receta, junto a la paella,

más típica en España.

Ingredientes, patatas, por supuesto, huevos,

aove, qué era aove,

aceite de oliva virgen extra, muy bien, exactamente.

Sal y cebolla, opcional.

Vienen con muchísima ilusión, con muchísimas ganas...

Se les nota que quieren tener un proyecto de vida

y un proyecto de futuro que probablemente

no encontraran en sus países de origen.

¿Claro la técnica de corte, tanto de cocinado y de ingredientes?

Pues manos a la obra, aquí se trata de cocinar.

Ahí estamos nosotros para reconducir, para motivarlos

y para decirles que su futuro es inmenso

y que todo va a depender en la medida en la que quieran trabajar.

Siempre los dedos hacia dentro la uña.

Despacito, despacito, no necesito velocidad,

quiero buena técnica, luego ya la velocidad vendrá luego.

Me encantaría aprender cocina, cocino bien,

y si tengo suerte voy a encontrar trabajo

eso gracias a dios pero voy a empezar poco a poco,

porque la cosa no es fácil.

El trabajo te abre muchas puertas,

porque con el trabajo vas a conocer mucha gente

y vas a aprender muchas cosas en la vida,

hay que tener mucha paciencia,

la paciencia es la madre de la ciencia,

eso es lo más importante.

Esta también hay que mezclarlo con la papa,

se sazona un poco y se mezcla todo y se fríe.

Yo voy delegando en ellos según voy viendo que van avanzando,

y así intentamos emular una situación lo más parecida

a la que se puedan encontrar luego en una cocina de verdad.

Hay algo que no se conoce muy bien.

Actualmente se piensa que somos tierra de paso.

Muchos menores continúan camino hacia Madrid,

hacia Bilbao, hacia Cataluña, eso es cierto,

pero es que el porcentaje de los que se van es del 20%.

Si haces los cálculos, y entran mil menas, ahora mismo,

la realidad de hoy, es que doscientos se van,

pero ochocientos se quedan.

Y se van a convertir en extutelados.

El programa de mayoría de edad de la Junta de Andalucía

proporciona pisos a los jóvenes extutelados

y también recursos llamados de media intensidad,

que empiezan a preparar a los chicos para la vida adulta

cuando todavía viven bajo el sistema de protección.

Yo estaba estudiando,

pero no me gustaban los estudios en mi país, en Marruecos,

y he decidido venir aquí.

He ido al puerto,

he estado cinco meses durmiendo en la calle,

y un día he subido debajo de un camión y he llegado a España.

Cuando he llegado me ha cogido la policía

y me ha metido en un centro de menores.

Hamid estudia formación profesional básica de fabricación y montaje.

Es uno de los 1300 usuarios del programa Labora,

la mitad de ellos menores extranjeros no acompañados.

Cuando llegan a nuestro programa,

nosotros trabajamos todas las capacidades,

ya sean personales, en habilidades sociales

o destrezas profesionales

para el desarrollo de una vida autosuficiente en el futuro.

Desde formación para el empleo, habilidades sociales,

cómo se saca una cuenta bancaria,

como se puede resolver un contrato del arrendamiento de un piso,

o como enfrentarse a una entrevista de trabajo.

Lo ideal, lo ideal sería que el chico llegara a nosotros con 16 años

y tuviéramos dos años para trabajar con él

antes de que cumpla la mayoría de edad.

-Me gustaría vivir en Sevilla,

me encantaría trabajar un trabajo en lo que me gusta a mí,

en electromecánica.

Voy a ayudar a mi familia porque por ellos estoy aquí

y por mí también, porque quiero llegar a algo grande

y me gustaría viajar, voy a viajar por todo el mundo.

El trabajo que se hace desde el programa Labora

con un chico nacional es totalmente diferente al chico inmigrante.

Al nacional cuesta mucho más trabajo meterlo en la dinámica

de valerse por sí mismo, de tener unos ingresos propios,

el mena no, el mena esa dinámica ya la trae adquirida

y quiere empezar a trabajar lo antes posible.

Al finalizar el año

siete de cada diez chicos en búsqueda activa de empleo

consigue firmar un contrato de trabajo.

El problema son los otros, los que no acceden a estos recursos

y salen del sistema a los 18 años sin formación laboral,

sin la secundaria, y en ocasiones hasta sin hablar español.

Ellos tienen el objetivo laboral, trabajar,

pero cuando llegan aquí se dan cuenta que el objetivo laboral

va unido al objetivo formativo, que es esencial,

y que sacarse el título de secundaria,

es tener el título de persona,

es el título más bajo que hay en la sociedad hoy en día,

y que ellos lo necesitan más que sus compañeros de clase.

Porque están en una situación desfavorecida socialmente,

eso es inapelable.

-Hablabais antes de la faringe y el esófago,

¿dónde está el esófago?

Es un tubo.

Es un tubo que llega, ¿hasta dónde? -Hasta el estómago.

Hay chicos que duermen en un coche en la calle,

y otros duermen en un sofá

que les deja alguna organización benéfica

porque no hay recursos para todos.

Tener la calma suficiente, y la constancia suficiente

para venir todos los días al instituto es muy complicado,

muy complicado, hay que trabajarlo mucho.

Málaga Acoge apuesta por la educación secundaria

para los chicos que hayan decidido quedarse en España.

De los dieciocho extutelados

que estudian en el Instituto Vicente Espinel,

sólo un tercio acabará la educación secundaria obligatoria.

El alimento es triturado con los dientes.

La lengua y la saliva...

-Mustafá ¿entiendes lo que quiere decir triturar?

Dímelo en tu idioma. -¿Triturar en árabe...?

-¿En árabe? -Sí, en árabe, ¿cómo es triturar?

-Pero no me vas a entender. -No te voy a entender.

-El problema es que ellos se den cuenta

de la importancia que tiene estudiar.

Hay que respaldarles, hay que estar detrás de ellos,

hay que comportarse muchas veces como si uno fuera

el padre y la madre de los alumnos,

y regañarles, o hacerles llorar o darles un abrazo,

a partir de ese momento no hay ningún problema.

Ahora estoy estudiando en el Instituto

y en el instituto también he aprendido muchas cosas ahí

porque la profe Yolanda es muy buena gente,

es una persona genial, maravillosa.

Voy a sacar el graduado y después del graduado

voy a buscar un trabajo porque con la ESO te van a ayudar,

más fácil, mejor.

Encuentro un trabajo bien, y gano el dinero

y compro una casa aquí y un coche,

y tener una familia e hijos aquí, puede ser.

Yo algunas veces me pongo llorando, porque cuando pienso en mi familia

muy lejos y yo estoy en la península, me siento muy mal, muy mal.

Ellos me dicen tienes seguir adelante, no vuelvas atrás,

no tienes que hacer las cosas malas porque la vida te engaña.

Si vas a seguir el juego de la droga no vas a tener ningún futuro,

te vas a encontrar en la calle tirado y eso,

porque la vida tienes que seguir con ella recto.

En muchas formas puedes venir a España.

Por ejemplo, puedes venir con papeles,

pero papeles tienes que pagar,

yo no tengo dinero para pagar tres mil euros,

y otra forma tienes que venir en patera,

y tienes que pagar por lo menos 500 euros,

y otra forma, tienes que pasar por Melilla o por Ceuta.

Yo estuve en la calle en Melilla.

En la calle tienes que aguantar de frio,

tienes que aguantar de hambre, tienes que aguantar de muchas cosas,

y estas cosas no son fáciles para todas las personas.

Al cumplir 18 años

Abdeselam ya había tomado la firme decisión

de encauzar su vida y estudiar.

Salió del sistema de protección y viajó a Málaga.

Puerta Única le ofreció un curso de cocina que ha cambiado su vida.

-Abdel marcha una de rusa. -Oído.

Estuve haciendo el curso de ayudante de cocina

con Málaga Acoge de tres meses, y fue maravilloso, muy bueno,

y estuve aquí después de prácticas aquí,

y me contrataron y ya estoy trabajando.

Estoy aprendiendo poquito a poco y llevo aquí ya casi siete meses.

La verdad es que todos los compañeros que están aquí, los camareros,

la limpiadora, los cocineros, todos son muy buenas personas.

Gracias al programa Incorpora, financiado por la Fundación la Caixa

y a empresarios que apuestan por los jóvenes extutelados,

el fantasma de la clandestinidad y la marginación se aleja.

Abdesalam ya tiene el contrato de un año que necesitaba

para conseguir su permiso de trabajo.

Antes no me gustaba

pero ya he venido aquí ya me gusta la cocina,

es la única cosa donde hay mucho trabajo en España.

La experiencia lo que nos ha demostrado

es que la mayoría de los chicos a los que se dedica tiempo y recursos

consiguen emanciparse de forma autónoma,

salen adelante, se emancipan, trabajan,

cotizan a la Seguridad Social,

pagan sus impuestos, sus alquileres

y tienen una vida plenamente normalizada

como cualquier otro ciudadano.

Soy Lamin Keita,

soy de Guinea Conakry

y tengo 17 años.

Yo estuve trabajando con mi padre allí todo el tiempo

cuando estuve en mi país.

Soy una persona muy importante para él,

porque yo le ayudaba mucho, muchísimo.

Yo quería estudiar, quería estudiar de verdad,

pero como mi padre insistió, insistió mucho,

yo no podía hacer nada.

África y Europa son muy diferentes,

muy muy diferentes, porque en África

tú no puedes tomar decisión para ti mismo sin tu padre.

Lamín se despidió de una vida que no deseaba

y con quince años emprendió

uno de los viajes migratorios más peligrosos.

La ruta lleva a los africanos occidentales desde Bamako,

la capital de Mali, hasta el mar a través del desierto del Sahara.

Me pidieron dinero, me pidieron dinero,

que me van a llevar hasta Argelia, hasta la capital, hasta Argel.

Yo les dije que sí, vale, porque yo no sabía nada.

No sabía si me iban a engañar o qué.

Nos fuimos tres días en el autobús,

hasta una ciudad de Mali, que se llama Gao, hay guerra ahí.

Nos dijeron que tenemos que pagar dinero ahí también,

que tenemos que pagar dinero y luego vienen con un camión

para llevarnos ahí, un camión grande,

había hasta doscientas personas o así.

Gao es la puerta del desierto.

A partir de ahí, los traficantes de personas

tienen todo el poder y la impunidad

que les otorga un horizonte de arena infinito.

Se comunican con el chofer de este camión

porque sabían que nosotros tenemos dinero.

Me dicen que si yo no pago dinero yo no voy a pasar,

porque yo era muy pequeño, más que todos,

que tengo que pagar dinero, y le digo que no tengo dinero,

estaba llorando y me dejan.

Casi dos semanas de viaje en el camión, no teníamos casi nada,

ni comida, porque hay desierto

no hay nada ahí para comprar comida.

El viaje de Lamín es lento, para en las aldeas del camino,

trabaja, vuelve a pagar a las mafias, y sigue,

siempre hacia el norte.

No voy a volver sin ayudar a mi madre, sin hacer algo en Guinea,

entonces prefiero morir

más que la vergüenza en mi país.

Lamín tiene ahora 17 años y debería estar en un centro de protección,

pero vive en un piso para adultos de la Asociación Pueblos Unidos.

Aunque los documentos de su país dicen que es menor de edad,

para la administración española Lamín ya es adulto.

A las dos semanas

de estar en el centro de primera acogida de Hortaleza, en Madrid,

le hicieron las pruebas de determinación de la edad,

concluyeron que tenía más de 18 años

y el fiscal firmó su decreto de mayoría de edad.

Yo estaba llorando, no digo nada.

Mi abogado me dijo Lamín ¿quieres hacer prueba?

Porque me dijo que íbamos a hacer prueba de todo el cuerpo.

Y yo le digo que sí y fiscal ya me pregunta

Lamín ¿quieres hace prueba?

Y yo digo que sí prefiero hacer prueba,

si no llegan mis papeles ahora prefiero hacer prueba.

Fuimos a hacer prueba y luego me dijo que tengo 18 años,

que tengo que salir, y hasta ahora.

Fundación Raíces denuncia que estas pruebas de edad

se hacen de forma sistemática a los niños

que vienen del África Subsahariana, Marruecos o Argelia.

Habitualmente una radiografía de la muñeca,

otra de la boca y una exploración física.

Quitar ropas, todas tus ropas y una mujer me está mirando,

porque en nuestra religión eso no está vale,

no está bien de ninguna manera, que una mujer se pare

y mire a un hombre desnudo así, y mirando,

y me hicieron eso, pero yo acepté todo.

Hay comunidades, como Andalucía, en las que las pruebas radiológicas

se reducen a la radiografía de la muñeca.

Entonces la posibilidad de equivocarse

en la edad del niño aumentan.

Efectivamente es una prueba que tiene un margen de error importante,

que se estima en más menos dos años.

Entonces, lo que hay que aplicar siempre es un margen de error.

Es decir, si una persona, un médico, un radiólogo

nos da una horquilla de 19 años más menos dos años,

esa horquilla se va a interpretar en favor del menor por el fiscal,

se va a interpretar que tiene 17 años.

En teoría, estas pruebas solo deberían realizarse

cuando la supuesta edad del menor y su apariencia física

son claramente contradictorias, y siempre que la fiscalía,

que es el órgano competente para decretar

si el niño es mayor o menor, considere que están indocumentado.

Lo que queremos es que sean reconocidos menores

los que realmente lo son y no aquellos adultos

que intentan hacerse pasar por menores

alegando el carácter sacrosanto de una documentación

que en muchas ocasiones presenta claros déficits.

En 2018 el Comité de Derechos del Niño de la ONU

ha sido especialmente duro con España.

Denuncia la utilización de métodos invasivos para determinar su edad,

incluso cuando tienen documentos,

y el máximo peligro al que quedan expuestos cuando hay un error.

¿Y eso qué significa?

Que al niño se le va a dejar en la calle

con en una mano un decreto de un fiscal que dice que es mayor de edad,

y en la otra un pasaporte que dice que es menor de edad,

pasaporte que es el válido

para el resto de administraciones de nuestro país.

Con lo cual, no puede solicitar un permiso de trabajo,

si no tiene permiso de residencia,

tampoco puede solicitar un permiso de residencia,

porque solo tiene derecho si está tutelado,

como no está tutelado, no puede.

No puede, por ejemplo, operarse,

no pueden empadronarse, no pueden tramitar su tarjeta sanitaria...

Incluso, y esto es muy paradójico, a ese niño o niña, con el pasaporte,

que dice que es menor de edad, no se le puede expulsar.

Se le condena a vivir en España, en la calle,

hasta que cumpla 18 años por su pasaporte,

el mismo pasaporte que el fiscal ha dicho que no es válido.

Lamín trabaja cuatro meses en Argel

para pagar la última etapa de su viaje.

El objetivo es llegar a Castillejos,

la ciudad marroquí

donde los africanos que no pueden pagar una patera

preparan el asalto a la valla de Ceuta.

Encontramos mucha gente allí, hasta setecientas personas o así.

Para intentar entrar, yo estaba hasta delante.

Porque a los menores, no nos van a pegar,

por eso siempre los menores tienen que estar delante

para ir a afrontar la valla.

Abrimos la primera puerta con martillo,

había gente también que está saltando

y otra rompiendo en la puerta, el candado.

Ninguna persona quería volverse,

todo el mundo tenía ánimo para entrar,

sí o sí.

Abrimos la primera puerta y entramos al segundo,

entramos corriendo, por eso yo estuve delante directamente en el vídeo.

Hay algunas personas que estaban llorando,

porque estaban sufriendo mucho, muchísimo.

Desde mi país yo decidí que voy a salir

y no voy a volver

sin....

Sin tener nueva vida.

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Crónicas - 18 años y 1 día

07 feb 2019

Detrás del término MENA, menor extranjero no acompañado, hay miles de niños de carne y hueso, sobre todo magrebíes y subsaharianos, que se juegan la vida para llegar a España en patera o escondidos en los bajos de un camión.

Viven en los centros de menores hasta la mayoría de edad. Salen, en muchas ocasiones, sin tener siquiera donde ir a dormir. En la calle, y a falta de una red familiar que les acoja, pasan a formar parte del colectivo de personas sin hogar

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