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Conversatorios en Casa de América - Javier Cercas - ver ahora
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Hola, ¿qué tal? Hoy hablamos de literatura,

Javier, ¿qué es la literatura?

Qué pregunta tan complicada,

la literatura es muchas cosas, para empezar es un placer inmenso,

pero también es una forma de vivir más,

es decir, una forma de vivir más intensamente,

de manera más rica y más compleja.

El placer es que estés tú aquí, Javier Cercas,

novelista traducido a 30 idiomas

y que acaba de recibir el Premio Planeta

por su libro "Terra alta".

Comenzamos estos "Conversatorios en Casa de América".

(Música)

57 años, a esa edad empiezan cambios profundos,

algunos cambian de dieta, otros hacen maratones,

otros cambian de coche, otros cambian de mujer

y tú has cambiado del escritor que llevabas dentro,

¿cómo es eso?

Eso me gustaría, me gustaría que eso es lo que hubiese ocurrido,

me gustaría que este libro fuese un libro radicalmente distinto

de todos los que he escrito y a la vez radicalmente fiel a ellos,

no, lo que ocurrió es que mi último libro que se titula

"Monarca de las sombras" es un libro

que para mí cerraba algo, cerraba una etapa,

una etapa que empezó con "Soldados de Salamina",

que todavía es mi libro más leído hace muchos años, en el 2001

y que ese libro era como el fin de algo,

de hecho, es el primer libro que yo quería escribir,

era el libro sobre el héroe de mi familia, entre comillas,

y siempre lo quise escribir y cuando terminé de escribir

ese libro que forma como un díptico con "Soldados de Salamina",

es como la otra cara de "Soldados de Salamina",

yo me quedé diciendo: "¿Y ahora a dónde voy?"

De hecho, un periodista me dijo: "¿Y ahora que vas a escribir?"

Y dije: "Pues si no tengo nada más que escribir, no escribo nada más".

Había otra solución que era seguir escribiendo los mismos libros

porque de "Soldados de Salamina" a ese hay muchos parecidos,

había un territorio común de autoficciones,

a veces, había novelas sin ficción,

el pasado tenía una presencia potentísima,

en fin, tenía muchas cosas en común,

se hablaba siempre en primera persona, muchas cosas en común,

pero yo sentía después de ese libro que ese territorio estaba colonizado

y podría haber seguido escribiendo esos libros, pero estaría muerto,

porque un escritor que usa una fórmula que le ha ido

más o menos bien y que la repite incansablemente,

no es un escritor, es un escribano.

Los escritores somos gente que corren riesgos

o no son escritores, entonces bueno,

yo tardé mucho tiempo en ponerme a escribir este libro,

tardé más de un año, porque no sabía qué iba a escribir,

hasta que se presentó la oportunidad,

ocurrieron una serie de cosas

y aquí está,

aquí está el libro.

Y este nuevo escritor que está naciendo, de alguna manera,

o cree que está naciendo,

¿en qué se diferencia del escritor de antes?

Qué pregunta tan difícil, hay una respuesta buenísima a eso,

que es el libro, pero así decirlo en abstracto,

es complicado, aquí en este libro...,

este libro, por ejemplo, tiene una apariencia de thriller, ¿no?

de novela policíaca, al menos empieza así,

con un asesinato múltiple

en un lugar donde nunca ocurre nada,

un personaje dice: "Aquí nunca pasa nada", pero pasa,

estamos hablando de una comarca, la Terra alta, que es un sitio

muy desconocido, yo le llamo la Cataluña pobre,

está casi en la frontera con Aragón,

un territorio desolado,

relativamente pobre, hay un personaje en la novela

que dice: "De nosotros solo se acuerdan para bombardearnos",

porque ese territorio solo es conocido, un poco conocido

porque allí transcurrió la Batalla del Ebro,

entonces, de hecho yo fui allí,

yo lo descubrí, yo no lo conocía,

fui allí porque el último capítulo de "Monarca de las sombras"

transcurre en la Terra alta,

el protagonista muere en la Batalla del Ebro,

entonces fui allí para documentarme, entonces, la novela tiene

inicialmente un aire de thriller, a mí me gusta decir

que es un western disfrazado de thriller,

la Terra alta es un paisaje de western realmente

y en eso parece que se distingue de mis otras novelas,

pero no tanto, porque tú sé que has leído otras novelas,

vamos, las novelas que yo he escrito y en el fondo toda tienen

un aire de thriller, en todas hay un enigma

que tiene que ser resuelto por alguien,

ese alguien, a veces, se llama Javier Cercas, a veces, no,

en eso consiste básicamente un thriller y aquí estamos también

ante eso, todas mis novelas también a su modo intenta ser westerns,

a mi me encantaría decir como John Ford

que me llamo Javier Cercas y hago westerns,

porque como decía Borges, es muy bonito, decía:

"La épica desapareció de la novela en el siglo XX

y se refugió en Hollywood", o sea, se refugió en el western

y es verdad, mis novelas a su modo,

intentan recuperar la ética, intentan ser novelas de aventuras,

esta lo es, sin duda y muchas otras,

aunque traten de política como "Anatomía de un instante",

pero tienen ese ímpeti o intentan tener ese ímpetu épico,

entonces fíjate, aparentemente es un libro muy distinto,

porque hay un policía, hay un asesinato, hay que descubrir

quién cometió ese asesinato, etc.,

pero en el fondo sigue siendo fiel a cosas esenciales

que forman parte, digamos, de mi visión de las cosas,

lo que si que es verdad es que aparte de algunos cambios

formales que son fundamentales de los cuales no voy a hablar aquí,

pero son fundamentales, porque la literatura es forma,

una buena historia bien contada es una buena historia,

una buena historia mal contada es una mala historia,

en la literatura la forma es el fondo, eso es así.

Es verdad sin embargo, que por una parte hay una forma

distinta y por lo tanto hay temas distintos,

aquí aparecen temas que nunca había tratado,

el valor de la ley, la posibilidad de la justicia,

que quizás es el tema central,

la legitimidad de la venganza, la traición,

esos temas nunca habían aparecido antes en mis libros.

"Los Miserables" del siglo XXI.

Bueno, ojalá, fueran "Los Miserables" del siglo XXI,

"Los Miserables", la novela desempeña un papel fundamental

y es verdad que uno de los temas fundamentales de "Los Miserables"

es la justicia, como uno de los temas fundamentales

de este libro es la justicia. Yo concibo mis libros

como..., para mí escribir una novela consiste

una pregunta compleja de la manera más compleja posible,

en eso consiste escribir una novela y además, no contestar esa pregunta,

porque los novelistas tenemos prohibido contestar preguntas

que formulamos, por lo menos en las novelas no hay

respuestas claras, unívocas, taxativas

a las preguntas que formulamos,

las respuestas son siempre ambiguas, contradictorias, poliédricas,

en el fondo el único que tiene las respuestas es el lector.

La mitad de la respuesta es del escritor

y la mitad del lector, ¿no? Eso lo dice un personaje

de la novela muy importante, que es el francés,

que es el bibliotecario de... Guille.

Exactamente, también le llaman Guille porque se llama Gill,

unos le llaman Guille y otros les llaman en francés

y este hombre, que le cambia la vida a Melchor,

porque le hace leer "Los Miserables",

este le dice a Melchor: "La mitad de un libro la pone el autor,

la otra mitad la pone el lector".

Y esto es exactamente lo que ocurre con la literatura,

es decir, una novela es una partitura

y es el lector el que la interpreta

y cada lector la interpreta a su manera y en eso consiste

la magia de la literatura y Melchor es un ejemplo perfecto de eso,

porque Melchor lee "Los Miserables", Melchor es un salvaje,

es un chaval que es totalmente salvaje, es una bestia,

es un tío que ha nacido en un barrio pobrísimo, su madre es puta,

le han echado de todos los colegios, se ha liado a puñetazos

con los profesores, es un pistolero,

va a la cárcel por pistolero con 18 años,

por pistolero de una banda de narcos

y allí un día por casualidad

se pone a leer, lee este libro, "Los Miserables"

y se vuelve literalmente loco y no solamente se vuelve loco,

bueno, eso le hace querer ser policía,

porque se enamora literalmente del teórico malo de la novela,

o sea, el malo, malo total de "Los Miserables"

se llama Javert, es el policía y es el prototipo de policía

obsesivo, justiciero y para él es su héroe,

se convierte en su héroe y por eso se quiere hacer policía,

él ve en Javert determinadas cosas que nosotros no vemos.

Así es la literatura,

es el lector el que termina un libro.

Dice, por cierto, el bibliotecario, Guille: "Hay dos tipos de libros,

con imaginación y sin imaginación".

Este libro, "Terra alta" posiblemente sea el libro

con más imaginación de los que tienes,

es decir, que se sustenta más en una ficción pura.

Está muy bien visto eso, al menos desde "Soldados de Salamina",

eso es muy exacto.

La ficción pura no existe,

eso hay que decirlo de entrada,

la ficción pura es un invento

de los que no saben lo que es la ficción.

La ficción siempre está preñada, impregnada de realidad,

el carburante de la ficción es la realidad,

desde que el mundo es mundo,

es decir, Homero es ficción y realidad, no sabemos en realidad

qué es ficción y qué es realidad, pero Shakespeare, todos,

la literatura siempre es una mezcla de ficción y de realidad,

si existiera la ficción pura no la entenderíamos,

la ficción tiene interés porque parte de la realidad,

pero tienes toda la razón, hay libros míos

en los que ni siquiera hay ficción,

es decir, un libro como "Anatomía de un instante",

como "El impostor", yo les llamo novelas sin ficción,

porque en teoría las novelas tienen ficción, pero yo,

como Cervantes, que es el único al que tenemos que rendir cuentas

los escritores, nos dijo: "Hagan ustedes lo que quieran",

pues hago lo que quiero, en eso consiste la fidelidad

a Cervantes, que es el que manda en este asunto.

Entonces, sí, muchos de mis libros, o estaban muy apegados a la realidad

y a la historia, a la biografía, a mi propia biografía, etc.,

o es así, en cambio, en este caso,

no es así, es decir, aquí estamos ante, realmente una fábula,

una ficción total, el protagonista de la novela

no tiene absolutamente nada que ver conmigo, en mis novelas muchas veces

había un protagonista que se llamaba Javier Cercas, compartía rasgos

conmigo, algunos más y otros menos,

aquí estamos ante un tipo que no se parece en nada a mí,

cuya biografía no tiene ninguna relación con la mía ante un ámbito,

en realidad, más que de la Terra alta,

este libro establece un diálogo entre la Terra alta, un lugar quieto

donde nunca pasa nada, pacífico, un paisaje de western como decíamos

y por otro lado, una Barcelona durísima,

nocturna, prostibularia, violenta, etc.,

de ahí, de ese diálogo entre el campo y la ciudad

surge la novela, yo eso nunca lo había tratado y efectivamente,

aquí hay más fantasía, más imaginación,

pero sobre todo, más fantasía, más ficción

que en ninguna de las novelas que he escrito, ¿por qué?

No te lo sé decir, pero ese es el territorio nuevo que he, digamos,

reconquistado o he empezado a reconquistar

o a colonizar con este libro. Y sin embargo, decía Stendhal

o escribía Stendhal y tú lo retomas en "El impostor",

que solo a través de la novela se puede llegar a la verdad.

¿Compartes esa filosofía?

Sí, es decir, lo que quiere decir Stendhal,

lo dijo todavía mejor muchos años antes.

¿Perdón? Vargas Llosa también...

Va por ahí, en el fondo todos vamos por ahí porque hay una verdad

que es la siguiente, es que una cosa es la verdad de la ficción

y otra es la verdad del periodismo o de la historia, eso Aristóteles

lo dijo antes que nadie, una cosa es la verdad de la historia,

que es una verdad factual o la verdad del periodismo,

la verdad factual, concreta, precisa,

que lo que busca es que ocurrió en determinado lugar

en determinado momento, esa es la verdad que buscáis los periodistas,

los historiadores, pero por otro lado está una verdad distinta,

es una verdad que Aristóteles llamaría poética,

es una verdad que es una verdad moral, es una verdad universal,

es una verdad abstracta, digámoslo así,

es decir, que busca, que persigue averiguar

que es lo que nos ocurre a todos los hombres y a todas las mujeres

en cualquier tiempo y lugar, esa es la verdad que busca

"El Quijote", "Madame Bovary", no son verdades concretas,

porque Madame Bovary nunca existió ni don Quijote tampoco,

pero a través de ellos encontramos estas verdades morales, universales

y Aristóteles decía que la poesía era superior a la historia por eso,

porque esas verdades, las de la poesía,

son universales, mientras que las de la historia

son concretas, precisas e históricas,

eso es lo que quiere decir Stendhal en esa frase,

que a esa verdad universal solo se puede llegar

a través de la ficción, es una paradoja, pero es así.

Yo no creo que la verdad, entre nosotros que no nos oyen,

no creo que la verdad, habría mucho que discutir sobre si la verdad

poética, literaria, es superior a la verdad histórica,

yo creo simplemente que son verdades distintas,

son verdades de naturaleza diversa

y son complementarias, más bien. Y con tu nueva novela "Terra alta",

¿a qué verdad has llegado?

Eso solo puede decirlo el lector,

porque las verdades de la literatura, ¿sabes lo qué pasa?

Y en particular de la novela, son siempre contradictorias,

esto es lo que nos enseñó Cervantes,

fue una de las primeras lecciones de Cervantes,

don Quijote está loco de remate,

como una cabra, debería estar en un sanatorio psiquiátrico

y al mismo tiempo es el hombre más lúcido del mundo,

capaz de discurrir con la mayor claridad e inteligencia

acerca de las cuestiones más complejas,

eso es una verdad literaria, que una verdad puede ser

contradictoria, don Quijote es un tipo ridículo, grotesco,

la gente se ríe de él y al mismo tiempo

es el mayor héroe que conocemos, el rey de los hidalgos,

señor de los tristes, como decía Rubén Darío,

eso son las verdades literarias, son verdades poliédricas,

verdades ambiguas, contradictorias,

entonces, en este libro se discurre,

uno de los temas centrales, como ocurre en el mundo

de las novelas policíacas, las novelas negras,

llámalas como quieras, sobre la justicia,

o en "Los Miserables", es el tema central de "Los Miserables"

y es el tema central de este libro,

este chaval, Melchor Marín es un hombre

ferozmente sediento de justicia,

absolutamente sediento de justicia, por motivos personales también,

que no vamos a desvelar aquí, pero que tienen que ver

con su durísima vida personal,

pero hay un personaje en el libro que dice

lo siguiente, dice: "La justicia absoluta puede ser

la peor de las injusticias".

Y creo que eso Melchor Marín lo aprende a lo largo de la novela,

es decir, Melchor es el defensor de la ley como Javert,

como el personaje en el que él se mira de "Los Miserables",

pero donde no llega la ley, llega él,

es decir, está dispuesto a violar la ley

con tal de impartir justicia.

Y eso es tremendo,

y él es capaz de verdaderas barbaridades,

yo adoro a este chico, cuando pienso en él,

pienso en ese verso de Borges que dice:

"Bienaventurados los limpios de corazón porque ven a Dios",

este chico es un limpio de corazón, pero es capaz de barbaridades,

que no vamos a desvelar aquí, es un hombre lleno de sombras

y de contradicciones.

Creo que el lector es quien tiene que decidir,

en definitiva, repito, el lector es quien termina los libros,

el lector es el que pone la otra mitad de los libros,

pero creo que una cosa muy importante que hay en el libro

y que aprende Melchor, es que es todo muy complicado,

es decir, no podemos apostarlo todo a un valor,

lo bueno llevado al extremo

se convierte en malo,

la justicia llevada al extremo,

como dice ese personaje, se puede convertir

en la máxima injusticia, la verdad llevada al extremo,

se puede convertir en terrorífica, etc., etc.,

es decir, esto se puede ver también como una novela de aprendizaje,

un chaval joven que aprende cosas, esto los alemanes lo llaman

el "Bildungsroman", un tipo de novela de aprendizaje,

y una cosa que creo que aprende, una cosa muy importante,

que es la vida adulta, la vida adulta, si llegamos a la vida adulta

porque hay gente que se muere sin llegar a la vida adulta,

consiste en que no podemos apostarlo todo a un valor,

en que hay que equilibrar de algún modo los valores,

en que si lo puedes tasar todo a un valor, puedes acabar

pervirtiendo ese valor, la libertad absoluta

puede ser una forma de esclavitud, de hecho, es una forma de esclavitud

porque esclavizas a los demás, etc.

No hay respuestas absolutas,

eso creo que es lo que aprende Melchor y es una cosa muy difícil

y muy importante.

Vamos a bucear en tu pasado,

escribe el Javier Cercas de "El impostor":

"Yo enamoré a mi mujer haciéndole creer que era escritor

y al final tuve que hacerme escritor".

¿Cómo era el Cercas que escribió sus primeras líneas?

¿Tiene algo que ver con ese Cercas de "El impostor"?

Probablemente, yo nunca creí que iba a ser escritor,

o sea, mi familia no era..., no tengo familia literaria,

nadie era escritor,

para mí cuando tenía 14 o 15 años,

que es cuando empecé a soñar con ser escritor,

ser escritor era como ser, qué sé yo, astronauta,

porque no veíamos a los escritores, no sabíamos quiénes eran,

no es como ahora que van a los institutos,

entonces, fíjate, yo hace poco estuve

conversando con un cardenal, me encantó, en Roma,

en el Vaticano, con el cardenal Ravasi,

que se ocupa de la cultura, un hombre cultísimo,

extraordinario, encantador, y conté una cosa que es verdad

y es que a mí, "mí Los Miserables",

a Melchor le cambia la vida "Los Miserables",

a mí me cambió la vida un libro que no he vuelto a leer

desde entonces, a mí me daba vergüenza antes hablar de esto,

pero es la verdad, que es "San Manuel Bueno Mártir",

de Miguel de Unamuno, yo leí ese libro con 14 años

en unas circunstancias especiales, yo siempre había sido un lector,

desde pequeño leía novelas de aventuras, etc.,

pero ese libro me cambió la forma de leer, la forma de vivir,

todo y me hizo concebir el sueño de ser escritor,

porque ese libro habla, no sé si lo has leído,

habla de un cura, un sacerdote que pierde la fe

y que a pesar de ello sigue predicando a sus feligreses

porque cree que sin las seguridades de la fe

perderán todo, sus vidas no tendrán sentido.

A pesar de no tener fe, sigue predicando esa fe

para protegerlos de algún modo,

lo hace por necesidad de estar con ellos, para protegerlos,

entonces, yo leí ese libro y literalmente, bueno,

yo era un chico estupendo, un chico obediente, deportista,

católico, mi familia era muy católica y tal,

yo vengo de Extremadura, familia muy católica, bueno, perdí la fe,

empecé a fumar, a beber cerveza y entré en un estado de confusión

del cual todavía no he salido,

entonces, para mí, a partir de ese momento empecé a decir,

bueno, la literatura tiene que ser, creo que así lo entiendo ahora,

busqué en la literatura una especie de sucedáneo

de la religión, de las seguridades, de las certezas, de la religión,

lo cual es paradójico, yo se lo decía esto al cardenal y se reía,

porque es bastante cómico,

porque en la literatura no se pueden contar certezas,

la literatura es el reino de la paradoja, de la contradicción,

de la ironía, entonces, yo creo que desde ese momento

empecé a soñar con ser escritor, luego además cometí el error

de leer todo Unamuno que te crea un caos mental fabuloso,

nunca he vuelto a leer ese libro.

¿Con quién te identificabas, con San Manuel Bueno o con Lázaro?

Que es una persona con más referencias culturales.

No, ah, te acuerdas del libro, claro, sí.

Que al final acaba siendo el ayudante, ¿no?

Sí, señor, te acuerdas muy bien, te acuerdas mejor,

porque yo no he vuelto a leer ese libro, no me acordaba de Lázaro.

No, yo era San Manuel, no sé,

me entraron todas las dudas,

el caso es que..., no sé porque decíamos esto, por Unamuno, ¿no?

Por cuando empezaste a pensar que ibas a ser escritor.

Claro, entonces desde ese momento yo empecé a concebir,

empecé a leer de otra manera,

ya no leía como leía de chaval, que leía para entretenerme,

ya empecé a leer en busca de seguridades.

Hay una frase de Cesare Pavese, el escritor italiano,

que me encanta, él decía: "La literatura es una defensa

contra las ofensas de la vida". Es fantástica,

eso también, eso valdría para Melchor,

el protagonista de "Terra alta", porque él dice

que "Los Miserables" es el espejo en el que se mira,

pero también el hacha con la que lucha contra la realidad,

para mí fue algo así, sí, yo empecé a leer

en busca de certezas, empecé a leer

de una manera encarnizada, empecé a leer por necesidad,

más que por entretenimiento

y en fin, empecé a concebir el sueño insensato

de llegar a ser escritor, pero nunca me pude imaginar

y nunca pretendí ganarme la vida, sinceramente,

como escritor, porque yo era un profesor,

hasta los 40 años fui un profesor en la Universidad,

en una Universidad de provincias, en Gerona, donde era feliz,

escribíamos libros y ya está, nunca pensé que estaría aquí contigo

y que mis libros se traducirían a muchas lenguas

y que me darían el Premio Planeta y me ganaría la vida con esto,

pero fue mi vocación desde el principio, yo nunca fui

un profesor de literatura que de vez en cuando escribía

novelas, si no, un novelista que se ganaba la vida

en la Universidad

y sí, supongo que mi caso es un caso de vocación,

se llama así, no sé si es correcto o no, pero creo que sí,

que es eso, se llama vocación.

En algún libro mencionas a Cavafis

la famosa frase que siempre llega en algún momento

a la vida de alguien, siempre llega el momento

en el que alguien tiene que decidir

su gran no, que tiene que decir: "Esto no",

o sea, la rebeldía de Camus, ¿no?

Sí, eso es muy importante, ¿no?

Te iba a preguntar antes de que empieces a reflexionar,

¿cuál es tu gran no? Si ha llegado es día y cuál ha sido tu gran no.

No, lo que dice Cavafis es un poema que se titula

con un verso célebre de Dante,

que habla de Celestino VI que fue el primer Papa,

que no sé cómo se dice, abdicó, seguramente se dice,

que dejó de ser Papa, entonces el verso dice:

(HABLA EN ITALIANO)

Que significa: "Aquel que por vileza dijo el gran no",

entonces, Cavafis viene a decir en ese verso,

en ese poema, perdón,

que a todo el mundo le llega el momento del gran sí

o el gran no y yo añado:

"Y aquel que dice sí parece salvarse,

pero en realidad se condena y aquel que dice no

parece condenarse, pero en realidad, se salva",

es decir, los protagonistas de mis libros

son gente que..., los héroes son gente

capaz de decir no, por ejemplo, un soldado

en "Soldados de Salamina", que cuando todo conspira

para que mate a un hombre, estamos al final de la guerra civil,

el hombre es Rafael Sánchez Mazas, un jerarca fascista, un enemigo,

estamos en medio del bosque después de un fusilamiento colectivo,

cuando todo conspira para que lo mate,

porque en la guerra la gente se mata y porque a ese tipo le han ordenado

que lo mate y decide no matarlo,

lo mira a los ojos y se va.

O Adolfo Suárez,

23 de febrero de 1981, entran los golpistas

en el Parlamento a tiro limpio, se lían a tiro limpio

en un lugar muy pequeñito

y cuando tiene que tumbarse al suelo porque le han ordenado que se tumbe

y porque es lo que le toca hacer, porque es lo que todo el mundo

a su alrededor, excepto otros dos, hace

y es lo que todo el mundo haría, yo más que tirarme al suelo,

me hubiese metido en el sótano, hay gente que cuando ha leído

ese libro, algunos que estaban presentes en el Parlamento creen

que les acuso de cobardes, en absoluto,

lo que digo es que es un acto excepcional, este tipo dice "no",

en vez de tirarme al suelo, digo "no".

Hay una frase de Albert Camus que me encanta,

que es el principio de "El hombre rebelde":

"¿Qué es un hombre rebelde? Es un hombre que dice no",

mis héroes son tipos capaces de decir "no"

en el momento en que todo conspira para decir "sí"

y para esa gente no hay premio.

El soldado de "Soldados de Salamina"

acaba su vida pues en un asilo,

nadie lo conoce, nadie sabe qué ha hecho,

nadie sabe nada y va un periodista que se llama Javier Cercas

a entrevistarlo y ya está.

Y Adolfo Suárez, sí, después de muerto

era una mezcla de Pericles y la Madre Teresa de Calcuta,

pero como tú sabes muy bien, que conoces muy bien a Suárez,

fue el político más triturado

de la democracia española, porque fue triturado

y los mismos que lo trituraron

luego lo santificaron.

Si yo he dicho sí o no, no sé, me encantaría decir "no",

cuando hay que decir no, pero a todos nos llega ese momento,

eso lo creo, como Cavafis.

A quien sí que dices sí es a Latinoamérica,

este programa que se ve en toda Iberoamérica,

me contabas antes que tienes previsto viajar en unos días

a la Feria del libro de Guadalajara

y luego también estarás en Colombia y el año que viene

visitarás más países, es decir,

que pueden escuchar las reflexiones de Javier Cercas allí en directo.

Sí, yo voy muy a menudo,

porque yo no soy un escritor español,

o no solo soy un escritor español, yo soy un escritor en español

y esta lengua es una lengua universal,

tenemos ese inmenso privilegio, España es un, no sé,

un diez por ciento del conjunto de los hablantes del español,

eso es un privilegio absolutamente extraordinario,

tenemos una lengua riquísima, con unos escritores formidables,

a mí me gusta mucho ir allí,

yo creo que el futuro está allí

hay gente valiosísima

y nunca me siento fuera de casa cuando estoy allí,

siempre me siento en casa.

Hugh Thomas, el gran historiador británico, recientemente fallecido,

muerto hace poco, decía una frase que me encanta:

"Quien solo conoce España, no conoce España".

Tú vas a Méjico y reconoces una parte de España,

vas a Argentina y reconoces una parte de España

y a la inversa, los colombianos que viajan..., ¿no?

Eso es así, tenemos una suerte extraordinaria

y creo que no somos conscientes de ella.

Javier Cercas, autor de "Terra alta",

Premio Planeta 2019, enhorabuena otra vez,

muchas gracias por estar aquí y hasta una próxima ocasión.

En cuanto me invites, aquí me tienes.

Y a ustedes también les emplazamos aquí en el mismo lugar

el mismo día y a la misma hora seguiremos conversando.

(Música)

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Conversatorios en Casa de América - Javier Cercas

13 nov 2019

Un programa de entrevistas a personajes de reconocido prestigio que pretende profundizar en la riqueza y la diversidad de las sociedades latinoamericanas.

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