Presentado por: Julio Somoano Dirigido por: Julio Somoano

Un programa de entrevistas a personajes de reconocido prestigio que pretende profundizar en la riqueza y la diversidad de las sociedades latinoamericanas. Invitado y periodista conversarán en los salones de Casa de América, un espacio de encuentro entre culturas que se traslada a la televisión a través de Canal 24 Horas y de Canal Internacional de TVE a través de sus señales de América.

Este programa recupera el término conversación como lugar de encuentro propicio para la conversación tranquila. Con una mirada limpia, curiosa y sin prejuicios, este nuevo programa ahondará en la riqueza, diversidad y cultura de las sociedades latinoamericanas. El programa se emite los sábados a las 20:30 en el Canal 24 Horas, con reposición el domingo a las 7:30 en La 1

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Conversatorios en Casa de América - Diego Cabot, Maye Primera y Wilfredo MIranda - ver ahora
Transcripción completa

Periodismo es publicar

lo que alguien no quiere que publiques,

eso decía Orwell, todo lo demás son relaciones públicas.

Hoy tenemos con nosotros a tres premios

Rey de España de periodismo.

Bienvenidos a los "Conversatorios en Casa De América".

(Música)

Diego Cabot, argentino, ¿qué tal, cómo estás?

¿Cómo andas?

Maryelina Primera, Maye, venezolana, residente en EE.UU.

¿Qué tal? Muy bien, Julio.

Wilfredo Miranda, nicaraguense, exiliado ahora, bienvenido.

Gracias.

Bueno, vamos a empezar por el principio.

¿Cuál es vuestra definición de periodismo?

Si tuvieseis que sintetizar eso que es vuestra vida

en una frase, ¿cuál sería?

Para mí contar historias, tan simple como eso,

escuchar y contarlas,

obviamente con la veracidad que requiere,

pero es básicamente contar historias,

las grandes notas periodísticas,

en general, o todas te diría,

tienen una gran historia atrás de historias humanas.

Ahora hablaremos de tu gran historia.

Maye, ¿tú cómo lo definirías?

Creo que saber escuchar

y compromiso.

Yo creo que periodismo es observar lo que pasa a nuestro alrededor

para tratar de mencionarlo y explicar a la gente

lo que está pasando a su alrededor y también creo que periodismo

es no claudicar frente a poderes autoritarios.

Ahora vamos a analizar vuestras tres historias de compromiso,

de escuchar, de no claudicar.

Empezamos por ti, Diego,

tú y tu equipo del diario de La Nación habéis sido premiados

en la categoría de prensa por el artículo

"Los cuadernos de las coimas", sobre la corrupción

en el anterior gobierno de Kirchner,

¿cómo surge esa historia?

Surge un poco por casualidad y un poco por causalidad,

por un vecino mío con el que yo tenía una relación

ya de bastante tiempo, de fuente

y que un día me cuenta,

él me contaba historias de un entorno,

de uno de los Ministerios o del Ministerio más poderoso

que tenía el Kirchnerismo,

en cuanto a poder político y poder económico, financiero

y me cuenta que un amigo suyo era chofer

de uno de los funcionarios más importantes de ahí,

entonces, yo ahí entendí porque tenía él información

de ese núcleo que a mí me interesaba,

sobre el que yo conocía mucho, yo había escrito tres libros

en mi carrera periodística sobre ese núcleo,

que básicamente es el que interviene entre el Estado y las empresas

más grandes, concesionarias y demás, en contratistas de obra pública.

Y un día me dice, bueno, mi amigo me trajo una caja,

porque tiene miedo, con documentos, me dijo,

porque tiene miedo de que un juez allane su domicilio

y me dijo que él venía a buscarlas.

Y bueno, y fui.

Era un vecino, como te digo y yo lo conocía de mucho tiempo

y fui a buscarlas y me encontré con un puñado de cuadernos

con una letra manuscrita de un chofer de un funcionario

que empezó en 2005 a hacer viajes domésticos

para lo que era el Ministerio, él trabajaba para una empresa

que a su vez era proveedora del Estado de autos de alquiler

y terminó, digamos, siendo el núcleo de confianza

de esos funcionarios y terminó llevándolos

tanto al gimnasio como a recaudar millones de dólares

en bolsos de las empresas más importantes de Argentina.

Y así surgió, a partir de eso empezó una investigación periodística

que duró varios meses en absoluto silencio,

en la que logramos llegar, o por lo menos chequear

gran parte, si no te diría la mayoría de los datos

que estaban ahí volcados, por lo menos lo que tenían que ver

con viajes para buscar o llevar en algunos casos

millones de dólares de un lado a otro.

Entonces, nos dedicamos mucho tiempo a chequear eso

y a entender si finalmente esa narración,

que era maravillosa porque era como una narración en primera persona

de alguien que nos contaba qué cosas iba viendo

y qué cosas iba escuchando en el auto,

si eso era realmente cierto

y llegamos a la conclusión que sí,

verificamos cantidad de datos, domicilios, nombres,

dominios de auto y él anotaba a veces los dominios en la patente

de los autos en los que pasaban los bolsos de un lado a otro,

nombre de compañías, todo lo que él veía o escuchaba

en el auto, lo iba anotando.

Me vas a preguntar por la finalidad, ¿por qué lo hacía?

Bueno, tienes si quieres dos grandes motivaciones,

algunas más altruistas y otras más miserables,

algunas podrán tener que ver con dejar sentado este recorrido

que él hacía y poder alguna vez echar uso de eso,

o podrá haber sido, digamos, un hombre que buscaba

extorsionar a alguien o en su caso también defenderse

si alguna vez le pasaba algo, con esos patrones que él tenía.

Yo como periodista y desconfiado me quedo más con las miserables.

Y cuando hablas con tu director de La Nación de que tienes eso,

¿cuál es la reacción del periódico? porque es una bomba de relojería.

Claro, esto hay que entender,

que, digamos, yo tengo 15 años en el diario

y hay como una relación de mucha confianza entre unos y otros,

entonces, yo hablé con dos personas, con el secretario de redacción,

con José del Río y con Fernán Saguier,

el dueño del diario y les dije, bueno, tengo esto

y los dos me dijeron lo mismo, la primera pregunta fue

¿qué piensas hacer?

y entonces yo le dije: "Nada por ahora",

no vamos a publicar nada por ahora,

vamos a tomarnos todo el tiempo que necesitemos

porque lo tenemos nosotros solo y vamos a tomarnos tiempo

para chequear y así fue,

tardamos dos o tres meses.

Yo trabajaba en el periódico normalmente,

en Argentina se trabaja tarde hasta las diez de la noche a veces

y a esa hora nos íbamos a mi casa

con dos periodistas del máster de periodismo,

que era el diario, Candela Ini y Santiago Nasra,

que fueron mis colaboradores,

y nos íbamos a casa y trabajábamos hasta las tres o cuatro de la mañana

hasta que el sueño nos venciera y a esa hora nos dedicábamos

a chequear datos, a buscar, a pasar lista de cosas

para hacer al otro día y así nadie se enteró en la redacción

ni en ningún lado que estábamos trabajando en esto

y siempre fue cautela, mucha, mucha cautela.

¿Has pasado miedo en algún momento?

Sí, mucho, porque en un momento,

hubo un momento allá por marzo donde este hombre

que era el transportado, el funcionario que iba de un lado

a otro, sale de la cárcel y entonces ese núcleo

se moviliza y entonces mi fuente

empieza a tener la presión de su amigo para que le devuelva

los cuadernos, a quien nunca le dijo

que esos cuadernos salieron de esa casa,

entonces yo me encontré en la disyuntiva de qué hacer,

si entregarlos o no entregarlos, si devolverlos o no devolverlos

y finalmente tomé la decisión de hacerlo, básicamente

por el hecho de que yo sentía, en la Argentina, digamos,

por silencio se mata, por venganza no tanto,

pero sí por silencio y yo sentía

que si yo publicaba eso así, digamos, descarnado,

que había que acallar una voz para desbaratar todo,

que era la voz del remisero, que después, efectivamente,

se podía probar todo judicialmente, pero ya los tiempos eran otros,

entonces decidí entregárselos y ahí fue donde empezamos.

También lo hablé con el diario, les propuse una estrategia,

que era básicamente hablar con un fiscal,

que era quien tenía la causa en ese momento de esos funcionarios

o exfuncionarios y entregarle toda la investigación

que habíamos hecho a la justicia, para que ellos chequeen

lo que nosotros habíamos logrado probar y así, digamos,

tener consecuencias, no solamente contra los seis funcionarios,

que es relativamente más fácil pegarle al poder una vez que se fue,

si no que íbamos contra toda la clase empresaria,

que todavía era el poder y lo sigue siendo.

No solamente íbamos contra exfuncionarios

que cuando se van del poder, por decirlo así, caen en la mala,

si no que íbamos contra el poder de las empresas más importantes,

entonces ahí hubo momentos duros y hubo algunas discusiones

entre el fiscal y el juez, no discusiones, pero por lo menos,

teníamos algunas conversaciones incómodas para mí,

donde discutían respecto de si me iban a matar o no,

en cuánto salía en Argentina contratar a alguien para que me mate

y entonces me ofrecieron custodia y demás,

yo dije que la mejor custodia era que nadie se enterara,

el silencio, el secreto,

porque yo sentía que perdía una parte importantísima de mí,

de periodista a andar con custodia,

yo les dije que no, seguí solo, con los riesgos que eso llevó,

mientas nadie supo nada, era la mejor defensa.

Cuando esto apareció y cuando se publicó allá por agosto,

siete meses después del inicio, ahí cambió un poco todo

y ahí sí tuve sensaciones de que andaban cerca mío.

Bueno y ahí están los cuadernos de las coimas,

Premio Rey de España en la categoría de prensa,

en la de periodismo digital se lo ha llevado Maye,

os lo habéis llevado tú y tu equipo con un reportaje titulado

"De emigrantes a refugiados. El nuevo drama centroamericano".

¿En qué consiste ese reportaje?

Bueno, esto nació con un cafecito

que nos tomamos el director de El Faro, José Luís Sáenz

y yo en Medellín una vez,

él me contaba cómo había pueblos enteros de El Salvador

que se estaban vaciando, las familias estaban huyendo

desesperadas y ya no era una emigración económica,

de gente, como solía ser antes,

de jóvenes en edad productiva, 20 años,

que buscaban un mejor futuro en el norte, en EE.UU.,

si no que eran familias enteras que se iban para salvar la vida

de la amenaza de las pandillas.

Y uno de sus periodistas, Carlos Martínez,

tenía mucho rato registrando este fenómeno

y decidimos juntar esfuerzos

para ver a dónde se estaba yendo esta gente,

que ya su objetivo no era necesariamente llegar a EE.UU.,

si no salir de territorio salvadoreño,

de Honduras o de Guatemala, a cualquier lugar.

Notamos que había un grupo importante

que se estaba quedando en Méjico y solicitando allí refugio,

otros se iban a Belice, que es un destino

que uno no suele ver en las noticias

y otros tomaban el camino contrario, el camino de Costa Rica,

entonces, empezamos a trabajar,

primero a decidir a dónde ir,

con un equipo de ocho reporteros,

que viajamos por seis países,

luego hicimos un trabajo fuerte de postproducción

para contar sus historias en los formatos más diversos

que pudiésemos, ¿no?

en digital, con grandes textos

a los que ya nos tenía acostumbrados El Faro,

y además audiolibros, videos documentales, animaciones,

y bueno, es un proyecto de cuatro capítulos

los tres primeros transcurren en estos tres países mencionados

y el último en El Salvador, que recoge historias

de los que quedaron atrás, de las familias que quedaron

y que ahora tenían una parte de ellas

en Méjico, en Belice, en Guatemala,

en El Salvador y en EE.UU.

Algunos de los fragmentos de ese reportaje nos muestra

como una persona va a denunciar a la policía

y de repente el policía le hace un gesto,

que inequívocamente ese gesto significa

que él también forma parte de una pandilla, ¿no?

es decir, el miedo de estas personas,

¿vosotros lo habéis notado a la hora de realizar el reportaje,

a la hora de hablar con ellos, incluso a la hora de grabar?

¿habéis notado esa sensación?

Sí, claro, en el caso de El Salvador es un país muy pequeño,

nosotros lo comparábamos con el reportaje que se publicó

al mismo tiempo en El Salvador y en EE.UU.,

es del tamaño de New Jersey,

entonces, no hay lugar donde esconderse.

Uno pensaría que el fenómeno de las pandillas

es un fenómeno urbano y no necesariamente,

en el campo también se vive mucho temor,

recuerdo un día que estábamos reporteando

en unos cañaverales donde no se escuchaban si no las chicharras

y fue el lugar donde sentimos más temor,

porque pasó un ciclista descamisado y el chofer nos dijo:

"Tenemos que irnos ya, porque este es un pandillero

que va a alertar que nosotros estamos acá".

Es una violencia que bueno,

se siente más violencia por la violencia misma, ¿no?

donde se disputan territorios estos grupos criminales,

que además han logrado permear

en estructuras del Estado, en las Policías

y la gente ya no se siente segura allí,

muchas de las familias con las que habíamos hablado,

se habían mudado hasta cuatro veces dentro del mismo territorio

antes de decidir dejar el país

y gente muy pobre,

que uno dice, bueno, ¿qué querrían arrebatarle a ellos?

y bueno, les arrebataron el país,

les agotaron sus países a cada uno.

"De emigrantes a refugiados. El nuevo drama centroamericano",

Premio Rey de España de periodismo digital.

Y vosotros os habéis impuesto en el Premio iberoamericano

de periodismo por el artículo "Disparaban a precisión a matar",

un titular bastante impactante,

¿qué significa?

Creo que ese titular refleja algo de la investigación

que básicamente nació en el contexto de las protestas

contra el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo,

fue una investigación que nació en caliente

por la necesidad que imponía el contexto,

es decir, en Nicaragua el 18 de abril

los jóvenes estudiantes, los universitarios salieron

a protestar, después se sumaron otros sectores sociales

y al tercer día de las protestas ya estábamos contando diez, veinte,

cuarenta muertos, cuando yo inicio esta investigación,

en Nicaragua había 35 muertos, si no mal recuerdo,

yo asistía a diario al Instituto de Medicina Legal

a hablar con los familiares de las víctimas y yo me encontré

con dos patrones que me llamaron poderosamente la atención,

el primero fue que a los familiares de las víctimas les obligaban

a firmar un papel donde decía que deslindaban toda responsabilidad

de la muerte a la policía de Nicaragua y también

de que no le iban a hacer la autopsia al cadáver,

cosa que en toda muerte violenta es por rigor que se debe hacer

una autopsia, pero además ellos me decían, "tiene la cabeza

desbaratada, tiene un balazo en el cuello, en el tórax,

entonces, la mayoría de los testimonios coincidían

en eso y además yo estuve básicamente

casi todos los días en los territorios

donde la Policía y después grupos paramilitares

reprimieron y me encontraba a la gente que decía:

"Hay francotiradores", pero no había certeza

más que ver a las personas caer muertas en la calle

por disparos letales, entonces, yo logré,

entre una serie de médicos que se articularon,

indignados por la masacre, médicos que son funcionarios

públicos, logré acceder a una base de datos

de tomografía del principal hospital de Nicaragua,

donde está la principal unidad de neurocirugía del país,

entonces, un médico me proporcionó 20 tomografías de los primeros

79 fallecidos, y básicamente lo que se comprueba

es un patrón de disparos letales, a matar, en la cabeza, en el cuello

y el tórax, pero además se comprueba el uso de armamento

pesado, de armas de alto calibre, de AK-47, fusiles Galil,

de armas que en teoría solo se usan en guerras convencionales

y no contra manifestantes pacíficos,

entonces, yo agarré esa información,

acudí a otro médico, de hecho, que tenía experiencia en guerra

en los 80 en Nicaragua, especializado en balística,

me enseñó a leer el tomógrafo y lo que encontramos fue

trayectorias de disparos desde posiciones privilegiadas,

que se correspondían con las denuncias,

con los testimonios de los heridos,

de las víctimas fatales, de los familiares,

y aparte de eso, yo logré conseguir hablar con una de las víctimas

que, de milagro, lo dicen los médicos, sigue viva,

que le entró un disparo de AK aquí en la nariz

y le quedó en el agujero magno, aquí en el cerebro

donde pasan todas las terminaciones nerviosas

y el muchacho, un muchacho de 19 años se salvó de milagro

y logré hablar con él y logré construir esta historia

que tuvo un impacto inmediato en las protestas

en Nicaragua, es decir, cuando yo publiqué esto,

el 26 de mayo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos

comprobaba con nombres y apellidos 79 fallecidos,

es decir, pero este patrón de asesinatos se volvió

total para todos los 350 muertos

que se cuentan en Nicaragua un año después de iniciar esta crisis.

¿Cómo reaccionó el gobierno de Ortega a esa información?

El gobierno de Ortega ha reaccionado obviando, no solo la investigación,

si no los informes que retoman la investigación de la CIDH

y también del Alto Comisionado de las Naciones Unidas de la ONU,

el gobierno de Ortega más bien dice que en Nicaragua

existen terroristas, terroristas que han atentado

contra el gobierno, que han propiciado una intentona

de golpe de estado y desconoce las muertes

y desconoce la violencia que ha aplicado a través

de grupos parapoliciales y policiales.

Este trabajo lo publicáis en tu diario, en el Confidencial,

que seis meses después de esa publicación,

ha sido clausurada su redacción, es decir, ese periódico sigue vivo,

pero sigue a través de informaciones de personal

desde fuera del país, desde fuera de Nicaragua,

¿cuál es la situación ahora mismo?

Sí, el diario fue cerrado en diciembre, el 13 de diciembre

del año pasado, no fue cerrado precisamente por mi investigación,

si no por una acumulación de investigaciones, de trabajos

que todo el colectivo de El Confidencial habíamos hecho

antes y durante esta crisis sociopolítica,

la Policía de Nicaragua, que responde al mando supremo

de Daniel Ortega y Rosario Murillo, cerraron el periódico

sin una orden judicial y hasta el día de hoy la redacción

sigue tomada por policías armados de fusiles de guerra

y seguidamente lo que ha sucedido

es que la mitad de la redacción ha tenido que exiliarse

porque después que cierran nuestro medio de comunicación,

cierran otro canal de televisión, pero con el agravante de que apresan

a dos periodistas que a día de hoy siguen siendo presos políticos

del Régimen, es decir, nosotros recibimos

muchas informaciones de alerta, que había que abandonar el país,

nos resistimos hasta donde fue posible,

pero en mi caso personal, yo en enero tuve que salir del país,

el director de mi periódico salió un poco antes

y más de 60 periodistas en Nicaragua,

de los pocos medios independientes, de los pocos medios que no controla

la pareja presidencial a través de su hijo, están en el exilio,

porque el oficio periodístico ha sido criminalizado

totalmente por la dictadura.

¿Y qué te dice tu familia y amigos?

sigue así porque la libertad de prensa es fundamental,

o mejor dedícate a otra cosa, que te estás jugando la vida.

Pues mi familia está más tranquila desde que estoy fuera,

en realidad yo tomé la decisión, el último paso de salir,

porque la insistencia de ellos era a diario,

yo no vivo con mis papás, mis papás viven en un pueblo,

pero a ellos les llegaron a apedrear la casa,

entonces yo también decidí por salud mental de ellos

y nada, ellos me alientan a seguir, pero al final del día, cuando sales

a la calle a hacer periodismo y los riesgos que conlleva,

no es solo para uno, si no que también la familia lo sufre.

En 2017 murieron 60 periodistas haciendo su trabajo

por todo el planeta, en 2018, 80, veinte más,

¿qué está pasando?

Me parece que hay una radicalización

de, no solamente los gobiernos, si no de los fanáticos,

los gobiernos claramente lo alientan, estamos de acuerdo,

pero me parece que también hay un fanatismo que va ganando

algunos sectores sociales y que es muy difícil de controlar,

una de las cosas que yo siempre pienso,

en realidad por consejo de algunos que me sientan a reflexionar

de vez en cuando, de algunos colegas y demás,

es que uno se crea una cantidad de enemigos que no conoce la cara,

y que para nosotros no son enemigos, obviamente, porque nosotros

publicamos y demás, pero en realidad hay gente que vive,

si queréis llamarlo en la actualidad, en la política,

los dramas de otra manera, ¿no?

y decodifican por ahí la información de una manera casi religiosa,

pero me parece que eso tiene que ver,

más allá de que los líderes políticos alientan

ese tipo de fanatismo, pero la verdad es que la sociedad

también los abrazan, entonces, tiene que ver también con eso.

Y también con el hecho de que hoy por hoy es muy difícil,

a veces da la impresión

de que es muy pequeño el país como para ocultarse,

bueno, también los políticos tienen la sensación de que cada vez

se saben más cosas, que una foto, que una filtración,

que sus mail, que archivos, y se sienten más desprotegidos

y bueno, hay quienes ven en la posibilidad

de matar al mensajero, digamos, el camino más fácil

para mantener sus fechorías,

es un problema el periodismo claramente.

Matar al mensajero, tú has escrito una información que es un misil

a la línea de flotación del Kirchnerismo,

Maye, tú vienes de Venezuela,

tú estás exiliado de Nicaragua, ¿habéis tenido presiones

para no publicar determinadas cosas o para publicarlas de otra forma,

desde fuera de vuestro medio de comunicación

o en vuestro mismo medio de comunicación?

Sí, pero en el caso de Venezuela,

no necesariamente se llega al extremo del asesinato

para silenciar a los periodistas, pero sí a la criminalización

del oficio a través de llevar a los periodistas

a juzgados civiles o militares

por la información que publican.

Cuando yo trabajaba en Venezuela, trabajaba en un diario,

que se llama Tal cual, que solo ese diario

recibió siete demandas, el director de ese diario, Teodoro Petkoff,

que murió el año pasado,

tuvo durante muchos años prohibición de salir del país,

por artículos de opinión o por investigaciones

que se publicaban en el diario,

entonces, ese también ha sido uno de los mecanismos

que en este caso ha utilizado el chavismo para ocultar

las tramas de corrupción, sobre todo,

que ha descubierto el periodismo y las violaciones sistemáticas

a los derechos humanos durante los últimos 20 años

que se ha mantenido en el gobierno.

Wilfredo, tú en El Confidencial hablabas de la casa de tus padres,

a ti personalmente, ¿se han acercado, te han dicho algo?

Sí, en el caso de acá es un contexto diferente y en el caso de Nicaragua

yo el año pasado me tuve que mudar en tres ocasiones de casa,

en julio del año pasado durante una semana mi casa estuvo

rodeada de policías, llegaban cada día,

se ponían cinco tipos con fusiles hasta que un día se decidieron

a llegar al umbral de mi casa y dijeron: "Venimos a requisar",

yo no estaba en ese momento, pero mi pareja les preguntó

"¿tienen una orden judicial? ¿tienen algo",

y los tipos: "No, venimos aquí por nuestras pistolas".

Al final no lograron requisar mi casa, pero sí requisaron

mi vehículo y después de eso yo recibí una serie de amenazas

por teléfono, por redes sociales.

Y creo que venimos de una región bastante complicada,

como decía Diego, los gobiernos instalan estos discursos de odio,

y además en el caso de Nicaragua ha sido la vicepresidenta

la que ha comenzado, no desde hace un año,

si no desde hace diez años, a instalar un discurso

que deslegitima o que descalifica

y que criminaliza el ejercicio periodístico

y que al final del día lo que termina haciendo

es justificando los desmanes

y en el caso del triángulo norte-Centroamérica, en Méjico,

donde es nocivo hacer periodismo, porque ahí te matan y te matan,

donde hay otros factores como el narcotráfico,

el crimen organizado, que calla periodistas,

yo creo que también es mucha corresponsabilidad de los gobiernos,

porque en América Latina y en especial en esta región,

la institucionalidad que rige a los Estados básicamente

está socavada por estos poderes fácticos.

El periodismo está en una encrucijada,

por un lado la crisis económica, luego la revolución tecnológica,

han mermado las redacciones, cada vez hay menos periodistas

en los medios de comunicación, con menos tiempo para investigar,

las redes sociales además, han hecho que dejemos de ser

intermediarios en buena parte de la realidad,

¿cuál es la receta?

¿hacia dónde tiene que ir el periodismo?

¿qué tienen que hacer los medios de comunicación?

Bueno, la receta,

creo que no la tiene nadie

y me parece que además, depende mucho del tipo de medio

o del tipo de audiencia que tenga cada medio,

por lo tanto, es bastante difícil la copia, porque si hubiese

posibilidades de copia, no sé que dicen mis colegas,

ya se hubiese hecho, sin embargo, lo que funciona en un lado,

por ahí no se puede extrapolar, te diría a pocos kilómetros, ¿no?

incluso en la misma ciudad, por el tipo de lectores distintos,

de audiencias distintas que tienen los medios.

Lo que ha sucedido, obviamente, hay un acceso a la información

mucho más amplio a través de las redes sociales

y no solo de las redes sociales, si no de mensajería incluso,

que nos llega a nuestro teléfono

y los periodistas tenemos un desafío enorme, digamos,

yo creo que el buen contenido, finalmente encuentra su lugar,

lo que pasa es que transitar el desierto porque un buen contenido

hay que financiarlo, sale dinero

y los medios grandes también tienen que...,

si quieres deconstruir un paradigma que construyeron,

porque no te olvides que históricamente nosotros

salimos a internet diciendo: "Todo te lo regalamos",

y ahora hay que deconstruir eso, ¿no? ver cómo financiamos

esta nueva etapa, pero me parece que finalmente,

las historias y el buen contenido

se sigue imponiendo, hay que pasar el desierto.

Yo creo que igual, opino igual, que nadie tiene la fórmula

y creo que en estos tiempos donde la información bulle,

creo que Twitter es adictivo y creo que muchos periodistas,

a veces tenemos la primicia y queremos tirarla,

yo creo que al final del día lo que va a salvar al periodismo

es el mismo periodismo, es decir, volver a contar historias,

a tomar el tiempo para contrastar,

para analizar, para ir más allá

y no caer en eso de ser el primero en dar la noticia,

es decir, esa frase vieja de cajón de Gabriel García Márquez,

que "la mejor noticia no es la que se da primero,

si no la que se cuenta mejor", por lo menos yo intento

hacer eso incluso en contextos de "breakings"

como lo que sucedió en Nicaragua,

que es difícil y además depende mucho del medio donde trabajas,

porque hay medios que te quieren ya, o sea, una entrevista

y hace una nota, yo creo que ese es un poco el reto

y buscar un poco la vuelta.

Me quedo con la frase de que lo que va a salvar

al periodismo es el mismo periodismo.

Maye, una última reflexión, que tenemos ya que despedirnos.

Nosotros hemos apostado por la colaboración

y el trabajo premiado es un ejemplo de eso,

en tiempos de recursos escasos,

unir lo mejor que tenemos, varias redacciones

para sacar adelante un tema regional

y hacerlo visible a todo el continente.

Creo que juntos somos más fuertes y hacemos un mejor trabajo.

Bueno, la receta de tres premios Rey España de periodismo,

Diego, Wilfredo, Maye, muchas gracias por estar aquí,

en los "Conversatorios en Casa de América"

y hasta otra ocasión.

Muchas gracias.

Y a ustedes les seguimos viendo, seguiremos conversando

dentro de una semana aquí, en el mismo lugar, hasta entonces.

(Música)

Conversatorios en Casa de América - Diego Cabot, Maye Primera y Wilfredo MIranda

13 jun 2019

Programas completos (241)

Los últimos 243 programas de Conversatorios en Casa de América

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