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No recomendado para menores de 12 años Concepción Arenal, la visitadora de cárceles - ver ahora
Transcripción completa

(Truenos)

Profesor.

(ACE. FRANCÉS) Disculpe el retraso, pero no ha sido fácil llegar aquí.

-Lo imagino.

Alphonse Dumond, "Le Figaro".

Le agradezco que me haya concedido unos minutos.

Sé que no es muy dado a las entrevistas.

-Pero no hablaremos de mí, ¿no? -Eso lo dejamos para otra ocasión.

Hoy se ha aprobado el nuevo código penal.

Usted dijo que eso sería la culminación del trabajo

que ella comenzó. -Así es.

Por primera vez un código penal humanitario,

como ella quiso.

-La conoció personalmente, ¿verdad? ¿Cómo era?

Quiero decir como persona.

-Muy persistente, como usted. -Si uno no persiste,

no consigue nada en la vida. (RÍEN)

-Eso es cierto. Doña Concha consiguió muchas cosas.

Y cambió muchas vidas.

Aquellos fueron años inestables.

"El país se había desangrado con las guerras carlistas

e iba dando bandazos con breves gobiernos

de conservadores y liberales.

Pero no conseguía romper cadenas con el antiguo régimen.

Y otro tipo de espectáculo público

congregaba a los dignatarios y a la ciudadanía".

(Griterío)

(Griterío)

-¡Asesina!

(Timbre)

-Señora condesa. -Muchas gracias.

Oh, gracias a Dios.

Hay que darse prisa.

(Música trepidante)

(Griterío)

-Asesina.

(Tambores)

(GIME)

(GIME ASUSTADA)

(LLORA) -Hija.

(CONDESA) Dejen pasar. Paso.

Apártense, dejen paso.

Rápido, déjenos pasar.

Déjennos pasar, por favor.

Aparte el arma.

Detengan la ejecución.

-¿Quién lo ordena?

-La reina manda aplazarla hasta que se resuelva el caso.

-Señoras, me sorprenden.

¿También para semejante asesina han pedido indulto a la reina?

Nadie merece un espectáculo tan repugnante.

Su pueblo tampoco, señor gobernador.

(GIME)

(JADEA)

¿Todas las reclusas duermen en estancias como esta?

(JADEA EXCITADO)

(JADEA CON MÁS INTENSIDAD)

(JADEA)

Hasta la tercia. Y no te retrases.

(Se cierra la puerta)

(SUSPIRAN)

-¿Estás bien, Flor?

Antes de nada... De tus padres.

Les he contado nuestros planes. -¿Y qué dijeron?

-Tu madre, que ya se pone a coser el vestido de novia.

Y tu padre, ni mu. Pero parecía agradecido.

Toma, aquí van unas cuantas monedas de más.

Quizá la próxima vez el cabo de vara te deja más minutos.

-Ya sabes que la tercia me quiere de vuelta.

-Pues para un poco más de rancho. Estás en los huesos.

Supongo que la prisión obtiene buenos beneficios de este trabajo.

Esas cuentas las lleva el comandante.

Mi labor aquí es otra.

-Tú, holgazana. No te duermas.

(GIME)

¿Cuántas horas al día trabajan estas mujeres?

De sol a sol, como todos.

¿Y también reciben un salario como todos?

Reciben alimentos, sustento y apoyo espiritual.

Hay ropa de hombre, ¿de dónde sale?

De los presos de la prisión contigua.

Buenos días.

(Campanadas)

A la capilla.

(Campanadas)

Diariamente acuden a oraciones de prima, sexta y vísperas.

Cuánta devoción. No se haga ilusiones.

Son obligatorias, como todo lo demás.

Es la señora Arenal, visitadora de prisiones.

Él es Goyo, el cabo de vara.

Encantada.

Señor.

Blanco.

¿Le importaría seguir enseñándole el presidio?

Llévatela.

Sígame.

Estas son celdas de aislamiento.

¿Debe estar aquí la viuda de Taro? Por su propia protección.

Pero no será la única homicida del presidio.

Es la única que mató a sus propios hijos.

¿Y eso la condena al aislamiento?

Cuando llegó, las otras casi la matan a palos.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

La señora visitadora.

Señora Arenal.

Por favor. Señor Garrido.

Ya ha visto usted toda la prisión. Eso creo.

Y aún le quedan ganas de seguir con su trabajo de visitadora.

Más que nunca.

Me nombraron visitadora para cuidar de las presas,

no para abandonarlas.

Debería poner su empeño en tareas menos inútiles.

(Música de órgano lejana)

¿Y esa música quién la toca?

Sor Eloísa, una gran amante de la música.

Aunque me temo que la música no la corresponde.

(RÍE)

Debo admitir que es admirable

que con un número tan elevado de reclusas

reine el orden y no el caos.

Oración, trabajo y disciplina.

Esa es la receta.

Aunque no necesariamente en ese orden.

¿Es por disciplina o por voluntad propia

que muchas reclusas van descalzas?

Descalzas y sin sombrero.

Y no se han quejado, de momento.

Muchas de ellas no han tenido zapatos en su vida.

Ya, ya lo sé.

Con lo que la prisión gana con la limpieza de las pieles,

no tendrían por qué ir descalzas.

Es poco dinero, señora.

Cuando hablamos de curtidos, nunca es poco dinero.

Son muchos los gastos. Y hay prioridades.

Mire,

una cosa es hacer beneficencia a los pobres y a los huérfanos,

y otra muy distinta,

perder el tiempo con esas zarrapastrosas.

Con zapatos o sin ellos,

delincuentes son y delincuentes morirán.

Créame.

La mayoría son analfabetas.

Mujeres descarriadas, más que auténticas criminales.

Les prohíben todo contacto con el mundo exterior para evitar

malas influencias. ¿Ni siquiera con la familia?

No.

Esos hombres solo conciben el presidio

como un escarmiento diario.

A esas mujeres el mundo las ha dado por perdidas para siempre.

¿Qué podemos hacer nosotras, las Magdalenas?

Darles apoyo físico y moral.

Hablar con ellas, instruirlas.

Y guiarlas cuando salgan del presidio.

Yo encontraré más voluntarias.

A la fuerza, si hace falta. (TODAS RÍEN)

-¿Y la viuda de Taro?

¿Es cierto que la han aislado por su protección?

Dicen que las otras la atacarían si estuviera entre ellas.

Si se vuelven contra ella es porque tienen conciencia moral.

O falta de compasión

por quien ha caído más bajo que ellas.

¿Son empleados de la condesa? No.

Vienen a las clases gratuitas para adultos de doña Juana.

¿En su propia casa?

-Ella misma da algunas de las clases.

-Señora Arenal, preguntan por usted.

Perdonen.

Jesús, qué agradable sorpresa.

Tus hijos me dijeron que estarías aquí.

¿Cómo tú por Coruña?

Tengo un concierto pasado mañana en Santiago.

Te avisé por carta, ¿no te acuerdas?

No podía estar tan cerca y no venir a verte.

Londres, París, Bruselas...

Pero la verdad es que echo mucho de menos esta tierra.

El calor de la gente.

Y a ti.

En París vi tu "Manual del visitador del pobre"

traducido al francés. Me hizo mucha ilusión verlo allí,

entre Victor Hugo y Balzac.

No sería en compañía tan ilustre. Sí, ya lo creo que sí.

Allí estaba abriéndole los ojos a la intelectualidad francesa.

(RÍE)

Me alegra mucho verte tan animada.

Lo estoy.

Y asustada también.

¿Asustada, tú?

En presidio no saben con quién se las van a ver.

Esas mujeres llevan mucho tiempo aisladas.

No conocen sus derechos, no tienen esperanza.

La recuperarán.

Recuérdame el motivo de que no me visites a menudo.

¡Eh! ¿Por qué unas tanto y otras tan poco?

-Venga, pasa.

(Música inquietante)

-Eh, tú. ¿Qué haces?

¿Qué te has creído?

(FORCEJEAN)

-Al sitio.

(GIME)

Los carceleros les enseñan que las presas no son nada.

Y que el único método posible es la violencia.

En el colegio también nos pegamos para arreglar las cosas.

Alguien habrá que os diga que eso no se hace.

Ya sé que estáis hartos de que os lo diga,

pero si os dan y os insultan,

no tenéis por qué dar e insultar también.

Para eso os ha de servir la educación.

Tiene razón. Estamos hartos de que nos lo diga.

(RÍE)

(Campanadas)

Señora Arenal.

Sí.

Quería darle las gracias a usted y a la condesa.

Sé que pidieron indultos por muchos condenados.

Pero es que mi hija es inocente.

¿Es usted la madre de Petra? Sí.

Siento el calvario por el que están pasando.

(SOLLOZA) Es inocente. Debe creerme.

¿La ha visto usted? ¿Cómo está?

De momento está aislada, por su bien.

¿Quiere que le diga algo de su parte?

Dígale que la sigo esperando.

Buenos días.

Silencio.

Hoy no se come.

Buenos días.

Me gustaría presentaros a mi buena amiga Juana de Vega,

que me acompañará en estas visitas.

La asistencia es voluntaria.

Palabra que, imagino, habéis olvidado lo que significa.

Que si queremos, nos quedamos. Y si no, nos vamos.

(TODAS RÍEN) Eso es.

Pero creo que pueden ser interesantes para vosotras.

Os he escrito unas cartas que leeremos en voz alta.

También me gustaría mantener entrevistas con vosotras,

para ver de qué manera os puedo ayudar a cada una.

Cuando quieras, Juana.

(LEE) "Vuestra pobre alma está débil.

No se le exige cargar grandes pesos de arrepentimiento y virtud.

Hacedlos proporcionales a sus fuerzas.

Probad a hacer una cosa buena, aunque sea muy pequeña

y probad, sobre todo, a dejar de hacer

una cosa mala.

Si blasfemáis, por ejemplo,

no os digo que dejéis de blasfemar, pero si antes lo hacíais 20 veces,

que ahora sean 19.

Y luego 18, después 17..."

¿Cómo te llamas? María.

¿Qué te ha pasado?

¿Y si una presa le ha dado una azotaina de bienvenida?

La propia reclusa.

Según ella fue el cabo de vara,

por quejarse del trato de favor a otra presa.

Para gobernar a las presas, no queda otra que la disciplina.

Una cosa es la disciplina, señor Garrido,

y otra, la violencia.

Esas mujeres solo entienden a golpes.

Son como animales.

Han nacido con ese quebranto moral que las empuja

a la violencia y al crimen.

Nada evitará que caigan una y otra vez.

¿Qué me dice de los sobornos?

El presidio imita al mundo exterior.

Tanto tienes, tanto vales.

La escasez de alimentos es lo que provoca los sobornos.

Las reclusas pasan hambre.

El presupuesto del comedor es muy ajustado.

El contratista casi pierde dinero.

Muy bien.

Ni zapatos, ni comida.

Pero al menos, a los empleados habrá que instruirlos.

¿Instruirlos? Sí. Yo me encargaré de eso.

Respecto a las goteras,

ya sé que no hay dinero, pero esas mujeres lavan la ropa

de los presos de la prisión contigua.

Ellos podrían hacer algo a cambio, ¿no?

(LLORA) -¿Por qué lloras, Flor?

¿No has visto hoy a tu Pauliño?

Qué te pasa.

Si ya te queda poco para cumplir la pena.

-Gusté mucho tu carta. (ESCRIBE) -"Tu carta...

me llenó de alegría". -Sí, sí.

Pedí que me la lean mucho y ya me la sé.

-"Y tus palabras son como poesía".

(LEE) -"Yo no exijo que reprendáis a la compañera de prisión

que obra o habla mal.

Basta que calléis.

Que la ignoréis cuando se jacte de sus hazañas".

(GIME) -Déjame.

(SOLLOZA)

(GRITA)

-Chivata.

-¿Qué me vas a hacer? Déjame. (GIME)

Suéltame. No me pongas las manos encima.

¿Qué haces? (GRITA)

Ábreme.

Ábreme, cabrón.

(GRITA) ¡Ábreme!

El problema es que la enseñanza de la mujer

viene a ser hoy en día la enseñanza de la señorita.

Todas las clases sociales deberían disfrutar del saber.

Algo he oído sobre las prácticas que está poniendo en marcha.

Don Álvaro es el contratista de la prisión.

¿Realmente cree que la mujer no debe ser excluida

de ninguna profesión?

Sí. De las armas.

Ese se lo dejo al sexo masculino.

¿No le parece, don Álvaro, que el mundo seria más agradable

con mujeres en todos los oficios?

A mí me lo parecería si hubiese mujeres en las orquestas.

-Vaya, don Jesús.

Tenía entendido que las mujeres nunca faltan en su entorno.

-Lo que prueba que las mujeres tienen una sensibilidad especial

para apreciar la música y para interpretarla.

-Mujeres en las orquestas.

¿Y por qué no en la universidad? (RÍE)

¿O en los seminarios?

La mujer puede ser santa y mártir, pero es indigna para el sacerdocio.

No tiene lógica.

Siento mucho que no puedas quedarte más tiempo en Coruña.

Pídeme que no me vaya.

Sabes que no lo haré.

Lo sé, por eso te lo he dicho.

Prométeme que no tardarás en escribirme.

Lo prometo.

(Música inquietante)

-Visitadora.

Eh, visitadora.

Señor Blanco.

Hoy empezaré a entrevistarme con las reclusas.

Vaya trayéndolas para hablar conmigo.

¿No me ha oído?

Puede usted esperar sentada. Ninguna quiere ir.

Ya. Temen represalias, ¿no?

¿Quiere que se las traiga no voluntariamente?

(Grito)

(Sollozos)

(Gritos)

(GRITA)

¿Qué están haciendo? Dele sus zapatos y callará.

Suéltenla.

¡Suéltenla! ¡Basta ya!

Por el amor de Dios. ¡Suéltenla!

(SOLLOZA)

(SOLLOZA)

Ya está, ya está. (SOLLOZA)

Ya está, ya está. (SOLLOZA)

Llévensela de aquí.

A ser posible, a una celda donde pueda respirar.

Ya está.

Esta mañana estuve con tu madre.

No sé si te lo han dicho, pero viene a verte todos los días.

Me ha pedido que cuide de ti.

Lo de hoy no volverá a repetirse. Te doy mi palabra.

¿Me oyes?

(Portazo)

Me llamo Concha.

(Oleaje)

"Los críos tenían dos y tres años.

Estaban envueltos en sangre y sábanas".

Cosidos a cuchilladas.

Me encontré crímenes horrendos en mi vida,

pero nada parecido a esto.

Conozco los datos de la investigación.

Pero intento saber cómo era ella antes de pasar por el presidio.

¿A usted le pareció una persona en su sano juicio?

Por lo que leí en las actas,

cuando ella declaró se expresó con coherencia.

Ella siempre mantuvo la misma versión.

Que salió de la casa para ir al mercado de Oleiros

y cuando volvió les atacó un mozo salvaje,

una especie de cazador furtivo,

que según ella venía de los bosques a veces,

para espiarla a ella y a los críos.

Lo describió al detalle, pero hicieron una batida

y nunca lo encontraron.

Y cuando la sorprendieron

lavando su propia ropa ensangrentada en el río

¿no se vino abajo? ¿No dio muestras de dolor?

Estaba como ausente, ida.

Y desnuda, con medio cuerpo metido en el agua.

He hablado con gente, pero nadie cree que estuviera loca.

Dicen que era una chica triste,

dada al desánimo, pero no se le conocían rarezas.

¿Cuál pudo ser el motivo para semejante crimen?

Si no la locura, o la desesperación.

Cabo, ayúdeme, por favor.

¿Qué lleva ahí?

Cortesía de las Magdalenas.

Si alguna no encuentra de su talla, que lo diga.

Y no olvidéis que estoy aquí para escucharos.

Para ayudaros, para que me contéis

vuestras necesidades.

Pero, hija, así te despellejarás el pie.

Espera.

Toma, pruébate estos.

(UNA MUJER RÍE) Parece un pato.

(LAS PRESAS RÍEN)

-¿Te has puesto zapatos en tu vida?

-Para la primera comunión. (RÍEN)

-Anda ya, si tienes el estómago sin usar del hambre que has pasado.

(MOLESTA) -Dejádla en paz.

-Cuando salga de aquí me compraré unos zapatos rojos.

-¿Con qué dinero, con el que robes? -No robaría si pudiera trabajar.

Verdad, ¿María? -Esta, ni para criada.

-Si quiero, trabajo. -Eh.

No, no.

Pues claro que sí. ¿Por qué no?

Confiad.

No perdáis la esperanza.

Preparaos para cuando salgáis de aquí.

No tengáis miedo.

Usted no sabe lo que es vivir con miedo.

Claro que lo sé.

Si te libras de él,

serás dueña de tu vida.

(JADEA EXCITADO)

"A veces damos nombre de favor a la justicia

y creemos de muy buena fe que fuimos buenos y generosos

cuando no hemos sido más que justos".

Sé lo duro y desagradecido que es vuestro trabajo.

Que vuestra labor está muy poco reconocida

y encima lo único que recibís de las presas es rencor

y resentimiento.

Pero hay una manera de convertir ese rencor en respeto.

Cada vez que os dejáis sobornar,

que sois injustos,

y castigáis en exceso,

perdéis el respeto de las presas.

¿De qué nos sirve el respeto?

¿Preferís que os odien?

Que nos tengan miedo.

El respeto nos hace más obedientes que el miedo.

Si sois justos, os respetarán.

Y saldrán de aquí con fe en el ser humano,

que es el primer paso para no delinquir.

Vamos a leer y comentar en voz alta

algunos artículos de la "Ordenanza de los Presidios del Reino",

que son especialmente importantes para vosotros.

¿Ocurre algo? Señor Blanco.

¡Cabo!

Ya tiene la instrucción de sus reclusas.

Y hemos mejorado la comida. ¿Qué más quiere?

Esas mujeres trabajan muchas horas sin salario alguno.

Señora, si pagamos a las presas,

todos los pobres del reino querrán estar en prisión.

Pero con una pequeña cantidad... Quiere usted hundirme el barco.

El trabajo de esas mujeres no da mucho beneficio.

¿No ha pensado en otras fuentes de ingresos?

Yo, no. Pero veo que usted sí.

La mitad de la jornada laboral

podrían dedicarla a aprender a bordar.

Yo aportaría las maestras.

La mitad de los beneficios de los bordados

serán para la prisión y la otra mitad, para ellas.

Y mientras cosen, les leemos textos sagrados.

Por mí no hay inconveniente. Si a usted le cuadran las cuentas...

Así aprenden un trabajo para ganarse la vida.

Los dos sabemos que cuando salgan, no les darán trabajo

en una curtiduría.

¿Y un día más de patio a la semana?

Señora, no tiente su suerte.

Los jueves, a la hora de vísperas.

"Mi querido Jesús,

Han sucedido tantas cosas desde la última vez que nos vimos.

Me gustaría que estuvieras aquí.

Tenías razón.

Creo que las reclusas recuperan la esperanza.

Las Magdalenas las visitan a diario

y aprecian las mejoras que vamos consiguiendo".

Qué enredo.

(Música emocionante)

Que suba a las celdas.

Los sacos, a la entrada.

(RÍEN)

(Música emocionante)

Está usted empapada, señora Graña. He venido a verla a usted.

Venga conmigo.

A mi hija la volvieron loca en prisión.

O enloqueció cuando mataron a los pequeños.

¿Alguna vez Petra

había pegado a sus hijos?

¿O se había comportado violentamente con ellos?

Ella quería a sus hijos. Nunca les hubiese hecho daño.

¿Cree que les atacó aquel joven salvaje?

Lo que pasa es que no lo buscaron lo suficiente.

(Truenos)

Petra siempre dijo que aquella mañana

había estado en el mercado.

Pero nadie la vio allí.

(SUSPIRA)

Nadie la vio, porque no estaba.

Había ido a ver a un hombre.

Germán.

¿Germán?

Germán Bustos.

Un asturiano que vino a trabajar a Oleiros.

A mí nunca me gustó.

Pero ella perdió la cabeza por él.

¿Por qué nunca lo mencionó? Imagínese.

Una viuda que deja solos a sus hijos

para estar con su querido.

¿Qué pasó con ese hombre?

Marchó.

Llegó con el viento y se fue con él.

-¿Usted cree que lo hizo? ¿Que ella mató a sus hijos?

No lo sé.

Pero en cualquier caso debemos sentir compasión por ella.

¿Aunque sea una asesina? Entonces más todavía.

Eso es imposible.

Todas las cosas son imposibles mientras lo parecen.

Pero hay que luchar y ser valientes.

(SUSURRA) Buenas noches.

(Campanadas)

Ayer vi a tu madre.

Te echa mucho de menos.

Se siente mal por no haber podido pasar más tiempo contigo,

cuando te quedaste sola con tus hijos.

Yo también enviudé.

Me quedé sola con dos niños pequeños.

Quise mucho a mi marido.

Pensé que yo también me moriría de la pena,

pero, ya ves... Saqué fuerzas de ese cariño

para seguir adelante.

Tu madre me habló de Germán.

Tú le querías, ¿verdad?

Y pensabas que él también te quería a ti.

Pero un día se marchó.

Y te diste cuenta de que ese cariño no era más que humo.

(SOLLOZA) Y aunque te quisiera,

¿habría cargado con tus hijos?

Ellos te separaban de él, ¿verdad?

Ellos eran los culpables. (GRITA)

(GRITA)

(GRITA)

Fuera.

¡Basta! ¡Basta ya, por Dios!

Le agradezco su intervención, pero la paliza sobraba.

No es culpa suya.

Encierros, palizas, cubos de agua helada...

Cualquiera se volvería loco en su lugar.

Esa mujer no debería estar aquí, sino en un sanatorio.

Tal vez pronto lo tengamos.

Hay un convento abandonado en Santiago,

que podría habilitarse como centro para dementes.

El arzobispo ya ha cedido los terrenos.

(SUSPIRA) Dios te oiga.

Juana, tengo que pedirte algo.

Tú tienes muchos contactos.

Ayúdame a encontrar a ese hombre.

Germán Bustos.

Por favor.

Necesito entender a esa mujer.

Veré lo que puedo hacer.

(Campanadas)

(Música de órgano)

(UNA MUJER SOLLOZA)

Acompáñeme, vamos.

Tranquila, yo me encargo.

Ven, hija. (SOLLOZA)

Esta paga por vuestros bordados

no es para malgastarla en sobornos.

Sino para que tengáis ahorros cuando salgáis.

¿Qué pasa, mujer? Ya tienes los bolsillos llenos.

(FLOR GIME)

-¿Qué pasa, Flor? Ya, ya, tranquila.

Cabo, ayúdeme.

Tranquila, tranquila.

Cabo, ¡muévase!

(GIME)

(GIME)

(Gritos)

(Gritos)

(Gritos)

(Llanto de bebé)

-Otro desgraciado para este mundo.

(Llanto de bebé)

(Llanto de bebé)

(JADEA)

(Llanto de bebé)

(EL BEBÉ LLORA)

(Música de piano)

(RESOPLA)

(Truenos)

No me lo pone fácil.

Si pagara un poco más por las pieles,

paga muy poco por un trabajo muy valioso.

(Llaman a la puerta)

Perdón por la interrupción. No se preocupe.

Ya habíamos acabado la charla.

Creo que se conocen, ¿verdad? Así es.

Confío en que esté satisfecha con la alimentación de las presas.

Ha habido una mejoría y se lo agradezco.

Pero la economía del presidio se va a pique.

Pero las reclusas ya no se mueren de hambre.

Usted que es cristiano de misa diaria,

estará de acuerdo conmigo.

Señora, esas presas no tendrían con usted

la contemplaciones que usted tiene con ellas.

Hablaremos en otro momento. Señora Arenal.

¿Ha venido a propósito a provocara a don Álvaro,

o ha sido pura casualidad?

Casualidad.

Necesitamos aumentar la ración de Florentina.

Y ropa y cuidados para su criatura.

¿Y qué más?

Florentina no puede criar a su hijo en estas condiciones.

En eso estoy de acuerdo.

Llevaremos al niño a un hospicio.

El niño se tiene que quedar con su madre.

Florentina saldrá pronto en libertad.

¿Y eso cambia algo?

Ese niño estará mejor en un hospicio,

que con una madre prostituta que no tardará en volver a prisión.

Florentina no es prostituta.

La condenaron por hurto doméstico.

¿No es prostituta?

¿Y el niño, de dónde ha salido? ¿Del aire?

No creo que ese niño haya venido al mundo

por gusto de su madre.

La familia de Florentina querrá conocer al niño.

Si se permitieran las visitas... Si se va a poner así...

que se quede el niño.

Pero las visitas aquí solo las hace usted.

"Es preciso buscar un punto medio en el que dentro del cautiverio,

se le dejen algunos movimientos libres al cautivo.

A la reclusa,

se le dice todos los días y a todas horas que debe,

y nunca se le pregunta si quiere.

La reclusa no podrá cambiar la pobre percepción

que tiene de ella misma

ni se considerará como verdadera personalidad,

si no hace alguna vez lo que quiere".

(Gritos)

(Gritos)

(SE SOBRESALTA)

(LLORA)

(EL BEBÉ LLORA)

(Golpes)

(LLORA)

(SOLLOZA)

(Campanada)

(EL SACERDOTE DA MISA)

(HABLA EN LATÍN)

(Murmullos)

(HABLA EN LATÍN)

(SUSPIRA)

Señor Blanco.

¿Me permite ver su mano?

"Los cabos de vara procurarán ser moderados e imparciales

en el uso que se les permite de la vara".

(LEE) "Distinguirán los casos de descuido o negligencia

de los de insurrección o resistencia a mano armada.

En cuyo caso actuarán con decisión y todo rigor".

Nada de vara cuando la presa flojea en el trabajo.

Cabo, ¿podría leernos en voz alta el artículo 116 de la ordenanza?

Aquí. Artículo 116.

Bueno, mejor lo leo yo.

Este artículo es un poco difícil.

Señor Blanco.

Señor Blanco.

Doña Juana de Vega tiene una escuela de adultos en su casa.

Yo podría hablar con ella.

Las clases son por la noche.

"Garrido ha intentado llevarse al niño a un hospicio,

pero no lo ha conseguido.

Las presas se han volcado mucho con el bebé

como si con él recuperasen una dignidad perdida

hace mucho tiempo".

"Me encantará visitar el presidio la próxima vez que vaya a Coruña.

De tanto leer sobre las presas en tus cartas,

ya tengo ganas de conocerlas.

Y ese niño, a falta de una madre, ahora tiene un puñado de ellas".

"Hay una reclusa que era muy amiga de Florentina.

Tiene ya dos hijos y cumple condena por robar para alimentarlos.

Ejerce de escribienta en el presidio

y apenas le quedan meses para salir.

Sé que sería una buena madre para el niño.

Pero a ver cómo convenzo a Garrido.

Ya me puedo imaginar lo que me dirá:

'Si robó para alimentar a dos...'"

Qué no hará para alimentar a tres.

Catalina está decidida a llevar una vida virtuosa

cuando salga de aquí. Y tiene una familia que la espera.

A ver si nos entendemos.

¿Dice que una ladrona está más preparada para adoptar un niño

que un matrimonio cristiano y pudiente?

Está arrepentida de sus faltas.

Y el cariño que siente por el niño es el de una madre.

Señora, no se me ponga sentimental.

Ese niño se quedará aquí

hasta que se encuentre una familia que quiera adoptarlo.

Ni un día más.

Hola, Petra.

¿Cómo te encuentras?

Hoy hace un día bonito, ¿no te gustaría salir al patio?

¿O a comer con las demás?

Sé que las otras te pegaron cuando llegaste.

Pero las cosas han cambiado mucho.

¿Y el niño?

¿Se lo llevaron?

No.

Se quedará un tiempo más con nosotras.

Hasta que encontremos una familia para él.

¿Te gustaría verlo?

(SUSURRA) Va, tira.

(SUSURRA) Tus muertos.

(Música tranquila)

-De parte de la condesa.

(Música de intriga)

-Vamos. (ARREA)

¡So!

¿Germán Bustos?

La conocí en el mercado de Oleiros

Ella venía una vez a la semana a comprar

en un puesto en el que yo trabajaba.

Me dijo que era viuda.

Y que su madre era su única familia.

¿No le habló de sus hijos?

No.

Me enteré de que tenía hijos por casualidad.

Alguien la reconoció en el mercado y le preguntó por ellos.

¿Y usted cómo reaccionó al saberlo?

Ella sabía que yo no me quedaría en Galicia, tenía otros planes.

Luego me despedí del trabajo

y fui a verla para decirle que me iba a Asturias.

Después vino a buscarme a la pensión, estaba nerviosa.

Fuera de sí.

Me dijo que se venía conmigo.

Y que los críos ya no eran un problema.

Que se quedaban con la madre.

¿Ese encuentro fue el día de la muerte de los niños?

Sí.

¿Por qué no contó esto a la Guardia Civil?

¿Para qué?

Nadie se creyó la historia del chico medio animal

que decía que la atacó.

-La visitadora se está pasando de lista.

Con sus exigencias, el beneficio del comedor

se ha ido al traste.

Y con la tontería de los bordados, hay pérdidas en la curtiduría.

Sí, pero ha demostrado que los bordados son rentables.

Pagan los gastos y aún queda algo para las presas.

¿Desde cuándo se ha vuelto usted tan liberal?

Ya sabe usted que la señora Arenal informa al gobernador,

y que doña Juana lo ampara. Tiene muchas influencias.

Y usted se deja mandar como un cordero.

Tengo otras aspiraciones que dirigir el presidio

el resto de mi vida.

Yo podría utilizar mis influencias de Madrid para pararle los pies.

Pero si usted me ayuda, no hará falta.

Ya sabe que pago mis deudas generosamente.

-Cuídate mucho. -Lo haré.

La visitadora me encontró trabajo en casa de la condesa.

-Qué bien. -Me alegro por ti, Aurora.

-¿Y el chico de la cartas, qué?

-Pronto lo sabré. Solo le quedan unos meses para salir.

(LAS DOS RÍEN)

-Cuídate.

-Verás lo que tarda esa en caer otra vez en el vicio.

En un par de días la tenemos por aquí.

Señor Blanco.

Un matrimonio recomendado por Magdalena

tenía que visitar ayer al bebé.

¿Sabe usted qué pasó?

No se presentaron.

Que yo sepa.

Debemos abrigar bien a esa criatura ahora en invierno.

Como se nos enferme, más motivos daremos a Garrido

para que lo lleve a un hospicio o se lo dé a una familia.

Yo también perdí a una niña.

Era tan pequeñita como el bebé de Florentina,

pero enfermó

y Dios quiso llevársela muy pronto con él.

Ya no recuerdo su llanto.

Aunque es casi lo único que escuché de ella.

Pero hay algo dentro de mí que lo busca

cada vez que oigo a una criatura llorar.

Tendría ahora 15 años.

Me encerré en casa, como cuando murió mi marido.

La gente del pueblo me llamaba loca.

Pero hay un tiempo para cada cosa.

Hay un tiempo para llorar a los que se nos han ido,

y un tiempo para levantarse y seguir.

Y ahora que llega el invierno, debemos conseguir

que esa criatura lo pase sana y salva

y se quede con nosotras.

(LEE) "Oh, santísima Madre, hazme esta gracia

fija mi corazón...

(Llaman a la puerta)

Señora visitadora.

(TODAS SE SORPRENDEN)

-Anda, que vaya tela.

(SILBAN) Disculpe la interrupción, Eloísa.

Hoy tenemos el raro privilegio de recibir una visita muy especial.

Él es mi buen amigo

Jesús de Monasterio. (LE LANZAN BESOS)

Ha venido a visitarnos desde Santander.

El famoso violinista.

Qué sorpresa y qué alegría.

Jesús, quiero presentarte a sor Eloísa.

Concepción me ha dicho que es usted una amante de la música.

Y que deleita a las presas con el piano.

-Hago lo que puedo, no soy tan buena como usted.

Pero dejo que Dios guíe mi corazón y mis manos.

(PRESAS) ¡Guapo!

-Bach y Haendel son mis compositores favoritos.

-Yo soy más joven que la visitadora.

-Yo sé más trucos de alcoba. (RÍEN)

-Cuidado con esa, que siempre cobra.

-Las canónicas se me resisten un poco.

-Si sois tan buenas en el resto, como con el bordado,

seguro que podríais enseñarme muchas cosas.

(LAS PRESAS RÍEN PROVOCATIVAS)

-Y usted solo toca para los que pagan.

-Yo le doy una moneda si toca. -Y yo.

-Tócame a mí, tócame.

(RÍEN)

-Tóqueme.

(Música de violín)

-¿Qué va a hacer, señora?

Confía.

No lo haga.

(Música inquietante)

Su hija.

¿Cómo se llamaba?

Concepción.

(Música de violín)

(Música trepidante)

(UNA MUJER GRITA) ¡Fuga!

¡Fuga!

¡Fuga!

¿Cuántas?

Parece ser que son tres, Jacinta entre ellas.

Maldito concierto.

Nunca debí haberlo autorizado. Tranquilícese, volverán.

No tienen dinero ni a nadie. Dinero sí tienen

gracias a la señora visitadora.

La que se fugó es una asesina. No me diga que me tranquilice.

Cógete a cinco hombres y rastrea el monte con los perros.

No diga que no se lo advertí.

Les das la mano

y te arrancan el brazo.

Tengo entendido que una de ellas es una peligrosa asesina.

Fue condenada por homicidio, sí.

Compadezco a su próxima víctima.

Estas mujeres son incorregibles.

¿Qué regla hay para considerar incorregible a un penado?

La reincidencia, supongo.

¿Y en cuánto fijaría el número de reincidencias?

Dos, tres, ¿cinco?

Solo nos preguntamos, doña Juana,

si la labor benefactora de nuestras esposas

no estaría mejor orientada hacia otro destino que no fuera

el de la prisión de mujeres.

-¿Quién puede necesitarlo más? -Necesitarlo no es merecerlo.

La degeneración moral de la mujer delincuente

es mayor que la del hombre.

Puesto que ella no solo ha violado las reglas legales,

sino también las propias de su condición de mujer.

Pensar en la rehabilitación es una ilusión.

-Y un desperdicio del esfuerzo caritativo

de nuestras señoras.

-¿Acaso los presos varones no se fugan?

-Ve por la otra bandeja. (MOLESTA) "La condición de mujer".

Gracias.

Sé que a pesar de lo ocurrido,

ninguna de las presas lo olvidará.

Yo tampoco.

Señora condesa. "Esto puede tener consecuencias".

Ya has visto cómo se ha puesto el comandante.

Lo que ha pasado no es culpa tuya.

-Dísculpame, Concha.

Las malas noticias nunca vienen solas.

(Música inquietante)

La ejecución tendrá lugar dentro de una semana.

No sabes cuánto lo siento.

Petra, por Dios.

Todavía estás a tiempo de salvar tu alma.

He pedido que venga un sacerdote

para ofrecerte confesión. No tienes que rendirle cuentas

a nadie salvo a Dios.

Entrégate a él.

Y pide perdón por tus pecados.

"Mi vida, a quién le importa.

¿Quién soy yo?

Una hoja caída que un día barrerá el huracán".

(Llaman a la puerta)

¿Está tu madre en casa? Pase.

Gracias.

Madre.

Goyo.

¿Qué pasa? ¿Se sabe algo de las fugitivas?

Ni rastro, que yo sepa. Pero estaba visto.

Ayer Garrido me entregó una nota para don Álvaro.

Me usa de recadero porque cree que no sé leer.

No sabe lo de la escuela de la condesa.

¿Qué decía la nota?

Habla.

Son ellos los que organizaron la fuga de las presas.

¿Cómo?

¿Por qué?

Para mancharla a usted.

¿Garrido se juega el puesto facilitando la fuga de unas presas

solo para desacreditarme?

Garrido es marinero, no patrón.

Se sacaba su parte de los cuartos que sacaba don Álvaro

con los curtidos. Hasta que llegó usted.

Entiendo.

Señora visitadora,

yo no le he dicho nada.

Tranquilo.

Solo me preocupo por usted.

Don Álvaro es poderoso, ya sabe a lo que me refiero.

Gracias, Goyo.

¿Qué va a hacer?

(SUSPIRA)

Ser valiente.

Buenos días, señora visitadora. ¿Qué se le ofrece esta mañana?

Espero que no sea otro concierto.

Ya ha visto que esos esparcimientos solo son fuente de preocupaciones.

A usted lo que le preocupa son los beneficios

que obtiene del trabajo de las presas.

Le exijo que abandone por completo

toda actividad relacionada con curtidos.

O de lo contrario,

daré parte al señor gobernador.

¿Que usted me exige qué?

Ya me ha oído.

No creo que le guste saber que el responsable de la prisión

facilita la fuga de las presas más peligrosas.

No sabe con quién se está metiendo.

Creo que sí.

(Música de intriga)

El detenido ha sido encontrado fisgoneando en casa de la viuda.

La descripción coincide.

(ALTERADA) Es él. Él mató a mis hijos. Es él.

¡Es él! (GRITA)

Encontró al chico atacando salvajemente a sus hijos.

(Música de intriga)

Un cuchillo.

Yo chillé.

Levántese la capa, señor.

-Por eso, este tribunal le declara culpable

y le condena a la pena capital.

(SUSPIRA)

(LEE)"Muy señora mía, le comunico por la presente

que queda cesada de su cargo de visitadora

de cárceles de Galicia".

-Concha, espera.

Acabo de enterarme de la carta.

Le escribiré a la reina y pediré explicaciones.

No podemos permitir que el trabajo de tantos meses

se vaya al traste sin saber por qué.

Nunca nos dirán la verdadera razón,

pero las dos la sabemos, ¿no?

Es evidente quién está detrás de todo esto.

Entonces está claro que el gobierno

no tiene intención de moralizar las prisiones.

Pero la reina no se quedará sin saber lo que pienso.

¿Adónde vas? A Taro.

Me preocupa Petra.

A esa mujer no se la puede soltar así como así.

Podrán impedirnos entrar en el presidio,

pero no ayudar a esas mujeres cuando salen.

Voy al pueblo.

Estaré fuera solo una hora.

¿Por qué no te acuestas un rato?

Has pasado mala noche.

Pronto dejarán de murmurar a tu paso.

(Mugidos)

(Llanto de bebé)

(Llanto de bebé)

(Llanto de bebé)

(Niños gritando y riendo)

(Gorjeos)

(Tintineo metálico)

(Abucheos y gritos)

(GIME)

(Niños riendo)

(Niños riendo)

(GRITA)

(Niños llorando)

¿Hay alguien?

Petra.

(Niños llorando)

(GRITA)

(GRITA)

(Niños llorando)

(GRITA HISTÉRICA) ¡No llores!

¡No lloréis! ¡No lloréis!

¡No lloréis!

Petra.

Ya está, ya está.

Chist. Tranquila. Ya está.

Tranquila. (LLORA)

(SOLLOZA)

Yo volví de ver a Germán

y quería acabar con todo.

Yo estaba con el cuchillo.

Y entonces,

entró él

y quiso quitármelo.

¿Quién? Él.

¿El salvaje? Sí.

No era malo.

Venía del bosque, parecía un animal,

pero no era malo.

Le gustaban los niños.

Yo...

luché con él.

Le clavé el cuchillo.

Y entonces...

él vio a los niños muertos.

Y se escapó.

(SOLLOZA) Yo los maté.

Yo los maté.

(Música inquietante)

(SOLLOZA)

Chist.

(SOLLOZA)

Ya está.

Ya está.

Vas a tener que contar toda la verdad.

Ahora hay que salvar a ese muchacho.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Creo que he recogido todas mis cosas.

He dejado algunos libros que pueden ser útiles aquí.

Usted siempre tan optimista.

(SUSPIRA) Ya ve.

Casi nos engaña a todos.

Con su ayuda.

No todo ha sido en vano.

Al menos ahora irá a un hospital para dementes.

Que es donde debe estar.

Le deseo mucha suerte.

(Música de intriga)

(Murmullos)

(SUSURRA) ¿Qué dices?

(CUCHICHEA)

-Han despedido a la visitadora.

-Venga, hijas. ¿Qué os pasa?

Esto no ha hecho más que empezar.

(Música emocionante)

Atención. Volvemos a trabajar pieles a tiempo completo.

Se acabaron los bordados.

Celadores, pongan orden inmediatamente.

Señor Blanco, ¿no me ha oído?

Los cabos de vara procurarán ser moderados e imparciales

en el uso autorizado de la vara.

Celadores, pongan orden. "Distinguirán faltas de descuido".

"Las malas leyes formarán hombres peores que ellas".

-"Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie".

-"Nos levantaremos cuantas veces sea necesario,

porque el hombre que se levanta es más grande que el que no cae".

-Poco después,

Concepción fundó el periódico "La voz de la caridad",

donde no dejaba de denunciar la situación de las prisiones.

Publicó su famoso libro "Cartas a los delincuentes"

y muchos otros más.

La llevaron a convertirse en un referente moral e intelectual

en toda Europa.

Más tarde, Goyo se fue a trabajar con ella en la imprenta

del periódico. -¿Y usted?

-¿Yo?

Yo pude haber acabado en el hospicio.

Como Garrido quería.

O haber sido criado aquí, por las reclusas.

Pero no.

No, mi padre me llevó con él.

Luego supe que él saboteó todas las visitas de matrimonios

que venían a adoptarme.

Crecí entre el traqueteo de la imprenta

y el olor a tinta de los libros.

-Y usted se convirtió en uno de los penalistas españoles

más reputados.

Su madre estaría muy orgullosa de usted.

-"Todas las cosas son imposibles mientras lo parecen".

Concepción Arenal, la visitadora de cárceles

28 sep 2015

TV movie con Blanca Portillo en el papel protagonista, que aborda la figura y la labor de la abogada, escritora y humanista gallega que luchó en el siglo XIX por mejorar las condiciones de vida de los presos y reformar las instituciones penitenciarias. 

En 1863, en un contexto en que la ejecución pública es un fenómeno de masas y donde los presos no tenían ningún derecho, Concepción Arenal, escritora y humanista, es nombrada visitadora de cárceles de mujeres. Así, en la prisión de A Coruña, empieza su lucha por mejorar las condiciones de vida de las presas y poner en marcha la reforma de las instituciones penitenciarias.

 

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  1. Carole

    J ai regardé avec grand plaisir ce film, d une grande profondeur

    24 feb 2017
  2. Jairy

    No puedo verla chalé ¿¿¿¿

    05 mar 2016
  3. catalina martinez lastra

    Es una pena que no se le de más publicidad a este tipo de programas y que además se ponga a esas horas. Sólo he podido ver un trozo, pero haré todo lo posible por verlo entero. Muy, muy interesante y muy bien rodado.

    12 oct 2015
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