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3009213
Para todos los públicos Con mis ojos - Tierra de Guergue (Etiopía 2) - Ver ahora
Transcripción completa

Para alejarse de los estereotipos de África,

hay que dejar de lado los senderos trazados.

Llevamos más de dos horas por una pista, el precio para visitar

un pueblo alejado de los circuitos habituales.

Etiopía, la otra punta del mundo

desborda por las risas de los niños gurague,

uno de los pueblos de agricultores más antiguos del país.

Empiezo a oír voces de niños por todas partes,

parece que reducimos un poco la velocidad.

Quizás ya estamos llegando al pueblo.

A esta región del sur, no se llega de cualquier manera.

Recibir a una extranjera conlleva todo un protocolo.

Vamos, Pongo, qué bien que ya hemos llegado.

Te pongo el equipo y buscaremos a Kelemua.

¡Ostras!

Noto cómo se acercan, no sé quién es quién.

¡Hola! ¿Kelemua?

Hola, encantada de conocerte.

Hola, Sophie, ¡bienvenida!

Los gurague

son una de los cientos de etnias que pueblan Etiopía.

Son los guardianes de un tesoro,

una planta que les ayuda a combatir la maldición de las sequías.

(Pitido)

Hola, soy Sophie.

Pongo y yo nos vamos de viaje.

No veo,

así que quiero descubrir el mundo de otra manera,

tocándolo, sintiéndolo.

Quiero compartir mis experiencias

y descubriros otra forma de ver el mundo:

a través de los ojos de los demás.

CON MIS OJOS

¿Te sigo? Sí.

Kelemua se encarga de darme la bienvenida en nombre del pueblo.

Ya no me soltará la mano.

Tengo la sensación de estar entre un buen puñado de mujeres.

Nunca me había encontrado entre tantas que hablan otro idioma.

Así que aquí estoy.

¿Es tu casa? Sí, bienvenida a mi hogar.

Parece inmensa. Sí.

Qué bien huele, huele a madera,

hay alfombras por el suelo, parece muy grande.

¿Quieres que me siente? Vale.

Espera, Pongo, aparta.

Estás en una de nuestras casas tradicionales.

Pero, primero, déjame prepararte un café.

Genial, he oído que el café es muy importante para vosotros.

Es que el café significa mucho para nosotros,

es todo un ritual de bienvenida.

Mis respuestas se ven envueltas de silencio...

Vale, de acuerdo.

...y parece como si mis anfitrionas no se soltaran.

Parecen garbanzos gordotes.

No siempre es fácil interrumpir las costumbres de un pueblo.

Está al fuego, vale.

¿Cuánto tiempo tarda en tostarse?

Preparar todo requiere de una hora:

se lava, se tuesta, se muele...

Una hora en total.

Huele muy bien, todavía no huele a café, huele a fogata.

Venga, hay que remover bien.

Al hacer algo con alguien se rompe el hielo.

En el campo, las personas son muy abiertas

y están dispuestas a compartir contigo lo que saben hacer.

Y es cuando te llevan a su terreno, te cogen de la mano

y haces con ellos lo que normalmente hacen.

En ese momento, sobran las palabras y todo va sobre ruedas.

¿Se pone aquí adentro?

Sí, hasta aquí llego.

Vale, lo había pillado.

Vale, ¿y ahora? Ah, se machaca.

¡Les hace mucha gracia verme con el pilón en las manos!

¿Así? ¡Se parten de risa!

¿Sabes qué? Me pondré de pie, será más fácil.

Sí, sí, se parten de risa.

Sí, animadme, ¡es muy difícil!

¡Fantástico! ¡Lo haces muy bien!

¡Creo que nunca había hecho algo tan divertido en la vida!

¡Sí, una canción!

(Alaridos con la lengua)

Es genial, ¡me hacen los lulululú!

Me las doy de espabilada

pero me ha emocionado su bienvenida.

La ceremonia del buna, el café etíope,

es toda una tradición en el país.

Aunque donde cobra sentido es con los gurague.

¡Estoy viviendo algo realmente increíble!

Es para partirse.

Y yo que pensaba que me quedaría sentadita tranquilamente.

Ya ha pasado una hora desde mi llegada.

Casi me olvido del motivo de la ceremonia.

Ah, ahora toca probar.

Me lo sirve como se sirve el té en el Magreb,

desde bastante arriba parece.

Si mis orejas no me engañan, llegó el momento.

¡Muchas gracias! Está caliente...

Me quemo los dedos.

Es un café muy muy fuerte.

No es amargo, es superfuerte, con mucho sabor y muy tostado.

Cuando me haga un café,

pensaré en este momento que acabamos de compartir

y en tu manera de prepararlo.

Kelemua es una mujer parca en palabras.

Aunque no necesito sus palabras para percibir su sonrisa.

Parece que el pueblo me ha aceptado.

En Guademar, 50 familias viven sin electricidad,

al ritmo de las estaciones.

Aquí están acostumbrados a las sequías.

Esencialmente, gracias a un árbol:

el ensete, una especie de falso platanero.

En Europa, no es más que una planta decorativa,

pero para mi amiga Kelemua es el orgullo de su gente.

La dejaremos pasar, Pongo. Te sigo, ups, perdón.

Pongo la ha lamido y no le ha gustado.

¡Enséñame vuestros árboles!

¡Oh, si es enorme! Es suave y redondeado.

Es completamente redondo y tiene unas hojas supergrandes.

El tronco es enorme, completamente liso y blando.

Chirría y suena a hueco.

¿Y cómo se recoge esto? ¿Tiene un fruto dentro?

No, está en el tronco.

Se tiene que cortar el árbol para recogerlo.

Así es.

Casi nos dan...

Huele a humus al arrancar las hojas.

A tierra húmeda y el tiempo es superseco.

Debe de ser por la savia que se huele.

¿Tenemos que empujarlo? Sí.

¿Hacia ahí? ¿Así?

¡Ayúdame! ¡No puedo sola!

Sí, así es.

Por todos los...

Cuánto más le das, más se mueve.

Al final, lo conseguiremos.

Cuidado que caerá de un momento a otro.

Venga, cariño. ¡Un esfuercito más!

Un momento.

¡Conseguido!

Tiene su gracia, ya que es una actividad colectiva.

Une a hombres y mujeres, y no solo de una misma casa,

de una misma familia, sino todo el pueblo.

Cambia bastante de cómo practicamos nosotros la agricultura;

con su familia o trabajando para alguien.

Entonces cojo un trozo, oh, si está empapado.

¿Lo empujamos?

No, se tiene que pelar,

se suelta solo, no hace falta cortarlo.

Aguantará bien las sequías, está empapado por dentro,

debe de hidratarse solo.

Parece como un puerro enorme,

pero con hojas supergordas, como una planta gorda,

y con capas y más capas.

¡Espera, Sophie!

Déjalo, las rompes, ¡déjanos a nosotros!

Sin duda, me he cargado un poco el pelado del tesoro local.

El ensete es una de las pocas plantas que puede aguantar

varios meses de sequía.

Y este es el único sitio del mundo en el que se cultiva.

Los oigo rascar algo.

Creo que debe de ser la siguiente etapa.

¿Están en el suelo?

Todavía no he captado del todo su técnica

pero me dejaré guiar por Wudu.

Recoge el ensete desde que tenía seis años.

Aquí estoy, sentada en una especie de tronco.

Tengo los pies sobre una melaza pringosa.

Ah, así.

¿Y después?

Con el pie, vale...

Lo bloqueo con el pie, muy bien, ¿y?

Así, utiliza las manos ¡y rasca!

Más fuerte, aprieta más fuerte. ¡Así!

Los gurague llevan siete siglos repitiendo este gesto.

Se rascan las fibras del tronco

para recuperar una especie de pasta rica en almidón.

Huele como a pepino...

El pie izquierdo suelta diez centímetros de jugo

y en el otro, que utilizo para bloquear,

tengo como una tonelada de melaza no muy apetecible...

Esta melaza

salva a diez millones de personas de la hambruna en el sur de Etiopía.

¿Es la primera vez que ves a una europea hacer esto?

Pues sí, ¡la primera!

¿Y qué tal? ¿Lo hago bien?

Pues sí, no está mal.

Estoy muy contenta de hacer esto contigo.

(CANTAN)

Al final, lo domino.

Y, pasadas unas horas, también he recogido un kilo de esta papilla.

Agáchate. Vale, tengo que agacharme.

Me han dicho que este botín no se conserva

al estilo occidental...

Nos paramos aquí.

Siéntate. Vale, ya me bajo.

Hay agujeros, imagino que son para poner los cestos.

Ah, no, se vacían aquí... ¡Vale!

¿Por qué se entierra en estos agujeros?

Es para que fermente.

Se entierra durante dos semanas para que fermente bien.

Vale, parece más bien un pienso con el que hacer compost,

y eso que será comida al fin y al cabo y no un abono.

Ahora quiero saber cómo se cocina esta papilla de ensete.

Bueno, imagino que tienes más en casa para poder cocinarlo.

Sí, ven, te enseñaré cómo se hace.

Todo el mundo se parte de risa cuando pasamos.

Pongo y yo somos la atracción.

Pero son unas risas muy suaves y amables.

El pueblo es muy llano y suave, hay hierba seca por todas partes.

Es fácil desplazarse, los caminos son muy anchos,

pero es complicado orientarse.

No es en plan "a la tercera calle a la derecha".

¡A eso no hemos llegado!

Así que a saber cómo se hace para ver dónde vive cada uno.

Wudu me enseñará a preparar el kotcho.

Es el alimento básico de aquí, se hace con esta pasta fermentada.

¿Es tu casa?

Bueno, ahora soy tu alumna de kotcho.

Es un poco...

Tiene un tacto parecido al estado anterior de la fermentación.

Quizás, con algo menos de agua dentro.

Ah, el cuchillo... Lo hago contigo.

Aguántalo así.

¿Así? ¿Se corta en rebanadas?

Huele a levadura de panadería.

Es un olor bastante fuerte y ácido.

Deja que lo haga yo ahora.

Es mucho más rápida que yo cortando.

Ahora empieza a estar mejor.

Entiendo.

Ya tiene aspecto de pasta.

En Francia también hacemos una masa así para preparar pasteles.

Y a mí, cada vez que lo intento, ¡me sale mal!

Espero que hoy no te salga mal el kotcho por mi culpa.

Sí, aquí lo hacemos igual, pero déjame hacerlo a mí.

No confía en mí.

No confía en mí.

Ahora que le he dicho que siempre me sale mal la masa de los pasteles.

En cualquier caso, ¡sabia decisión!

¿Ya está? ¿Ya?

¡Qué envidia, qué rápida!

Pues sí, ya está, lo ha conseguido en menos de diez segundos.

Bueno, exagero,

han sido treinta segundos preparar una masa superelástica.

Ya solo queda trabajarla.

¡Bien! ¡Nuestro kotcho tiene una pinta normal!

¡Bravo, Sophie!

¿Más? Sí, venga.

La torta de kotcho no es que sea de lo más completo.

No aporta proteínas, por ejemplo, pero en el Cuerno de África,

al menos tiene el mérito de alimentar cuando hay hambre.

¡Ya está lista!

¿Probamos? ¿Lo compartimos?

Déjame probar primero.

Entre los gurague, siempre es el anfitrión el que prueba primero.

Ya está, puedes probar.

Tiene el sabor de una crepe muy espesa, caliente...

Un poco ácida.

Ahora veo por qué puede alimentar a su marido.

Con un trocito ya basta para no tener más hambre,

así que mejor que mejor.

Bastan pocas palabras y los gestos lo dicen todo.

Así que no lo dudo y me autoinvito a quedarme a dormir en el pueblo.

Kelemua, la que me inició en la ceremonia del café,

me invita a quedarme.

Venga, Pongo, ya te sabes el camino.

Hey, genial, hay una pequeña fogata. ¡Bien!

¿Esta es mi cama?

Estaremos muy bien aquí.

Es perfecto.

¡Pongo, déjame en paz!

¡Pongo está celoso por mi colchón!

¿Te parece bien aquí? ¡Es supercómodo!

Es nuestra casa de invitados.

Es un sitio muy bonito,

y estoy muy contenta y agradecida por estar aquí.

Estoy muy bien aquí.

Muy relajada.

Tengo un colchón supercómodo, hay cojín y todo.

Qué tranquilidad.

Es la primera vez que siento tanta tranquilidad en este pueblo.

Qué bien se está aquí.

Se parte. ¡No sé por qué, pero lo pasaremos genial juntas!

¡Qué bien se está! ¡La hospitalidad aquí no tiene nada de leyenda!

Te dejo dormir.

Gracias, voy a prepararme para dormir.

¡Muchas gracias!

Por la noche, un silencio sepulcral se apodera de Guademar.

Tengo la impresión de que, aquí, mis sueños volarán.

Aquí por la mañana hace fresquito.

Me gustan los ruidos del campo.

Los animales, la gente se prepara..

Pongo vuelve de su paseo matutino.

La noche ha sido tranquila.

Es divertido este contraste

entre la vida del pueblo durante el día, bastante ruidosa,

con sus cantos, con todo el mundo haciendo mil cosas,

y la noche, increíblemente tranquila.

Ha sido mi primera noche en este pueblo

y ha sido muy agradable.

Mi anfitriona me ha esperado pacientemente a que despertara

para hacerme un regalo.

¡Salamno!¡Gracias!

¡Es el pequeño cesto para guardar las cafeteras!

¡Muchísimas gracias! Es nuestra tradición.

Voy a buscar una fuente para lavarme y espabilarme un poco

porque todavía no sé muy bien dónde estoy.

Wudu me guía hasta la fuente.

Son las seis de la mañana y el pueblo duerme.

¡Aquí los domingos también son para tirarse a la bartola!

Sí, sí, Pongo, estás contento.

A Pongo le encanta este pueblo.

Está contento como unas pascuas.

Se ha asustado un poco, ya que se nos ha tirado encima.

Es la primera vez que ando tanto para poder lavarme los dientes.

¡Ya está, ya debemos de estar llegando!

Cuidado, hay una piedra. Poco a poco, súbete.

Ah, tengo que subirme aquí, ¡hop!

Aquí tienes el grifo.

¿Cómo funciona? Vale, un grifo, ¡muy bien!

¿Lo levanto?

Me los está enseñando todos, probaré con este.

No funciona. ¡El primero no tiene agua!

Coge el bidón.

¿Pero cómo va esto?

¿No hay agua hoy?

¿Y cómo lo hacéis cuando no hay agua como hoy?

Vamos al río a por agua y la guardamos.

¿Hay veces que no funcionan? No, depende de cómo les dé.

Ayer había y quizá habrá mañana,

ya veremos.

Esta mañana, las bombas están alimentando otro pueblo.

Guademar tendrá que esperar.

Cuando sopla el viento del mar Rojo, es que se acaba la estación seca.

Si todo va bien, dentro de unos días lloverá en el pueblo.

Creo que ya me conozco todos los rincones del pueblo.

Siempre recto, así de fácil, Pongo puede ir a sus anchas.

Se ha ido a jugar con los perros y los niños.

No sé a dónde me dirijo, pero allá voy.

(Cantos)

(Alaridos con la lengua)

Vamos a ver qué hacen estas mujeres.

Si están cantando, estarán trabajando también.

Ah, ya está, me da la bienvenida.

¡Hey, Sophie!

¿Qué tal? ¡Nos volvemos a ver! ¿Qué tal?

¿Qué están haciendo?

¡Ah, creo que es una alfombra! Así es.

Así que toca alfombra. Así.

Tengo un manojo de filamentos, son las hojas de un ensete, ¿no?

Sí, son las hojas del árbol que hemos cortado juntas.

Ah, vale.

Está claro que, sin el ensete, no se podría vivir aquí.

¡Todos dependemos del ensete!

Sin ensete, no se puede hacer nada.

No sé cómo lo trenzan así que me lo invento... ¡Improviso!

No, así no se hace.

Deshace lo que hago y otra me coge de la mano

para explicarme cómo se hace.

¿Así? Perfecto, ya lo he entendido.

Oh, Sophie, lo siento por ti, que eres ciega.

A veces, aquí parece como si os sorprendiera que haga cosas.

¿Es porque soy extranjera o ciega? ¿No hacen nada aquí los ciegos?

Me sorprende porque sé que no lo podrás hacer, pero lo intentas.

Mira, aquí los ciegos no hacen nada.

En los pueblos, en el campo, no sirven para nada, no trabajan.

A lo mejor se aburren. Oh sí, sí que se aburren.

Venga, ¡vamos!

Venga, ¡a trabajar!

En este pueblo en el que los ciegos no pintan nada,

creo que me han aceptado un poco.

No sé si habré contribuido a hacerles cambiar su mirada;

ellos han cambiado la mía respecto a Etiopía.

Sophie, ven con nosotras.

¿Sabes bailar?

¿Quieres bailar con nosotras? Sí, ¿por qué no?

La complicidad entre mujeres hace el resto.

Me siento a gusto aquí, intentaré quedarme unos días más,

aunque sea para poder estar con todas estas mujeres.

De este viaje con los campesinos gurague,

recordaré durante mucho tiempo la sonrisa silenciosa de Kelemua

y las risas durante la ceremonia del café.

También recordaré cómo chapoteaban mis pies

en el puré de esta planta milagrosa...

Y nunca olvidaré esa mañana con mis amigas de Guademar.

Una vuelta al mundo con 40 destinos,

un sueño que nunca hubiera imaginado.

Muy bien, déjate llevar.

Déjate llevar. ¡Probemos una aceleración!

Es genial, soy yo quien te guía, me das el brazo.

¡Venga, te llevo, vamos! ¡Hasta el final de la isla!

Creo que la gente se comporta contigo como tú te comportas con ellos.

Si eres simpático, no hay razones para que ellos no lo sean.

Cuando tengo que hacer algo con ellos,

como tengo que cogerlos para que me guíen,

se rompe el hielo al instante y se producen encuentros especiales.

¡Es genial sentirse libre así, saltar!

Hoy os voy a contar la historia de esta aventura,

una vuelta al mundo nunca vista.

(Pitido)

Hola, soy Sophie.

Pongo y yo nos vamos de viaje.

No veo,

así que quiero descubrir el mundo de otra manera,

tocándolo, sintiéndolo.

Quiero compartir mis experiencias

y descubriros otra forma de ver el mundo:

a través de los ojos de los demás.

CON MIS OJOS

Para comprender el mundo, he visitado 23 países distintos.

Y he tenido la suerte de vivir la excitación de la aventura,

como en el bosque de Madagascar.

Bueno, pues ya llegamos al árbol.

Al árbol que vamos a trepar.

Nunca he subido a un árbol, aunque ganas no me han faltado.

Lo tenemos justo a la derecha. Vale.

Supongo que tengo que ponerme arnés.

Ya empiezo a notar el subidón de adrenalina.

Empuja con la pierna. No lo voy a conseguir en la vida.

¿Y hay 20 metros así? No te preocupes.

He subido 30 centímetros.

Ponte de pie otra vez. Ay, madre mía.

Sube el nudo blanco. Me encanta.

Puedo afirmar que nunca he tenido miedo.

¿de qué debería tener miedo?

No hay motivos para tener miedo si no se corre riesgo,

si la gente confía en mí y yo, en ellos,

si están deseosos de compartir sus actividades o su cultura.

(Gemidos)

Es genial estar a su altura.

Están más o menos a nuestra altura, están ahí detrás.

Creo que nunca he estado tan cerca de animales salvajes.

En los árboles, seguro.

No tengo miedo si estoy bien acompañada.

En el viaje, no soy la única que se lo ha pasado pipa.

Sé de uno que también ha vivido sus aventuras.

Él, mi perrito con manchas y hocico estirado.

Incluso le hacían más caso que a mí.

Me da que hay personas que se quedan delante de mí sin moverse.

Veo sus sombras.

Esperemos que sea por el perro.

Cuando estoy en una ciudad que no conozco,

me encanta llevarme a mi perro a una nueva aventura.

Quiero ir al mogollón, veremos qué pasa.

Normal que sea la estrella, no tiene miedo de nada si se lo pido yo.

Incluso ha practicado deportes extremos para perros.

Pongo, vas a hacer algo que no has hecho nunca.

Eso es. Pongo, venga.

Venga, empuja un poco con el pie para empezar. OK, elfi, elfi, elfi.

¡Venga, Pongo, tira!

Ah, se ha liado, espera, frena. Lo conseguiremos.

¿Qué ha hecho? Lo conseguiremos.

En cuanto empiecen a andar irá bien, tiene que entenderlo y ya, es normal.

Lleva su tiempo, ¿no? Oh, no.

Esta seguro que va bien. Eso es, avanza, bien.

¡Elfi!

Vamos, vamos, venga.

Venga, Pongo, que tú puedes, eres el más fuerte, eres el mejor.

Venga, Pongo.

Filú, muy bien. Muy bien, Pongo.

Me emociona que Pongo haya aceptado prestarse al juego.

Seguro que no entiende ni la mitad, el pobre, y le cuesta físicamente.

El trineo pesa lo suyo.

(Gritos de animación)

Es un buen compañero de aventuras,

pero para eso lo tienen que aceptar junto con mi equipaje.

Le gusta venir al aeropuerto.

Me pregunto qué le encuentra de especial,

pero eso me tranquiliza.

Así sé que no les tiene miedo a los aviones.

Gracias. La puerta.

Y aunque le gusten los aeropuertos, no siempre es bienvenido.

Hemos tenido más de una discusión,

pero Pongo no viajará nunca en la bodega.

¿Por qué? Por varias razones:

Porque es muy incómodo y no quiero que se traumatice.

Tampoco tengo transportín, pero, si Pongo es mi perro guía,

es porque lo necesito, necesito que esté conmigo.

Pero la ley nos ayuda: Pongo debe viajar conmigo siempre.

Nos van a pedir sus papeles, su pasaporte, etc.

Podrá entrar en cabina porque el reglamento europeo

dice que en cualquier vuelo

procedente o con destino a la Unión Europea,

en cualquier compañía, tienen que aceptar al perro gratuitamente,

porque es un perro guía, así que no tiene que haber ningún problema.

Algunas compañías son quisquillosas.

La azafata quiere que Pongo lleve un bozal durante todo el vuelo.

Sí, tengo uno, no se lo voy a poner, pero lo tengo.

Va a tener que ponérselo. Vale.

Se lo pondré porque me obligan, pero cuando no me miren se lo quito.

Tenga cuidado, la tripulación india no está acostumbrada.

-¿Y tiene que llevarlo todo el viaje? -Si se lo piden, sí.

Yo le garantizo que no lo llevará.

Pongo es una extensión de mí,

así que cuando lo rechazan, me están excluyendo a mí.

Gracias a su encanto nato, consigue lo que quería: tumbarse a mis pies.

Pongo se porta bien durante los vuelos.

El más largo fue el de China o de la Reunión, algo parecido,

unas 12 horas, y quien dice 12, dice 14 sin hacer sus necesidades,

porque hay que estar una hora antes y luego recoger las maletas.

Eso es algo que me preocupa al ir con él,

está demasiado bien educado para hacer pis en el avión.

Es curioso, piensas que será un lío con el perro:

no lo conocen y no están acostumbrados

y al final todo va como la seda.

Hay países en los que es más complicado por la religión.

En algunos países musulmanes, no en todos, en Marruecos no,

pero en Oriente Medio fue complicado

porque hay interpretaciones del islam que consideran el perro impuro,

así que tienes que explicarte y hay barreras culturales que lo impiden.

Hemos negociado en restaurante, hoteles y taxis

para que aceptaran a mi perro, como aquí, en Marrakech.

Es obligatorio, es un perro guía, no podemos dejarlo.

Vamos hasta la plaza Jama El Fna.

A pesar de algunos contratiempos, Pongo siempre ha estado a mi lado.

Y se las da de guapo, el tío.

Incluso cuando fuimos en búsqueda de los caimanes en Luisiana.

Aquí hay muchas flores de loto, son amarillas, muy bonitas.

Las raíces y las semillas se pueden comer.

¿Sí? ¿Las ha probado?

Nunca he tenido tanta hambre para comérmelas,

pero, si nos perdemos, podremos probarlas.

Vale, me parece bien.

Para captar la luz junto a Pongo,

he tenido que adaptarme a reglas del rodaje,

como el maquillaje.

Y no es uno de mis fuertes.

Así que los periodistas son los que han echado mano a los pinceles.

Sophie, a maquillarse.

Como bien sabes, es el momento que más me gusta del día.

Me lo imagino. ¿Tu mujer ha sido la cobaya?

No, he aprendido sobre la marcha. Sobre la marcha, qué morro tienes.

No, una formación de media hora y listo.

(CÁMARA) ¿Qué tienes ahí dentro?

Los utensilios fundamentales para un maquillaje ligero,

para una secuencia de aventuras.

No, en serio, siempre preguntamos a la señora si se ha puesto la crema.

La señora dice que sí. Es importante, si no, quedan pegotes.

Sophie, ¿te has puesto la crema? Sí, Benoit.

A continuación, sepan que soy un novato total.

Soy periodista, así que le pongo un poco de polvo

y le pido a Sophie que no se mueva

y que cierre los ojos para ponerle esto sin mancharlo todo

y dejarlo todo bien homogéneo.

Con la piel tan estupenda que tengo no me hace falta nada.

En el día a día, cuando no salgo por la tele, no me maquillo nunca.

No me gusta y no es nada sencillo hacerlo bien yo sola.

Como no tengo un maquillador personal o un Benoit en casa, no me maquillo.

Bueno, la base ya está. Siempre estás buscando el lápiz.

La base ya está, ha quedado homogéneo y no habrá sombras.

Ahora a por los labios, toma el pintalabios.

Esto puedo hacerlo más o menos sola.

Si me río se complica y puede acabar en los dientes.

Y ahora la última fase

para darle un toque más sofisticado que simplemente el lápiz.

Al principio me daba cosa, ahora mejor, si el lápiz está bien afilado.

Hay que hacer una línea homogénea y no muy gruesa.

Baja un poco la cabeza, Sophie.

Benoit tiene mucha más seguridad,

porque al principio ni se atrevía a tocarme y ahora va a saco.

Sí, cuidado. Mírame, cierra los ojos.

No está nada mal. Perfecto, es periodista y mi espejo.

Habrá que pedir de todas formas una segunda opinión,

que suele ser un ingeniero de sonido o un cámara, ¿qué te parece?

Está guapa. Gracias, bonita.

Si usara un adjetivo para definir mi relación con la imagen seríasimple.

No es algo que me preocupe.

No sé dónde están las cámaras ni sé lo que están grabando.

¿Las manos, la cara, la persona a mi lado, el paisaje?

Hago como si no estuvieran, en el buen sentido de la palabra.

En el documental soy igual que en mi vida diaria.

Filmar mi visión del mundo ha cambiado

las costumbres de los realizadores de la serie.

Como Yann, han tenido que adaptarse a mi visión diferente.

Tuvimos que cambiar la forma de filmar, y mucho.

Hay planos que no hacía antes:

manos que tocan una tela, una pared,

todo lo que nos rodea, cosas que no filmábamos.

Tuvimos que explicarle, enseñarle con el tacto, por ejemplo,

explicarle qué es algo desenfocado, algo nítido y detrás está desenfocado

y, como es inteligente, lo entendió al instante.

Rodaje tras rodaje he aprendido a colocarme con las cámaras,

menos por algún que otro accidente.

He decidido compartir la vida diaria de un pastor corso,

al parecer, cada vez quedan menos.

(Risas)

Al final, no fui yo la que tuvo más problemas

para encontrar su sitio y el ritmo adecuado.

Pongo también tuvo que aprender una forma de trabajar.

Despacio, Pongo, caerán de culo si les haces ir rápido marcha atrás.

Cuando estamos en la calle, queremos enseñar la ciudad,

tenemos que hacer planos de paseo.

Es algo complicado de hacer no por Sophie, sino por Pongo.

Cuando repetimos un plano con Pongo,

hacemos un desplazamiento y lo repetimos para mejorarlo,

Pongo se lo toma como un error, para él es un error.

Lo ha hecho mal y hay que repetirlo.

Tuvimos que acostumbrarlo a eso también.

¡Repetimos!

En los rodajes más complicados Pongo se quedó fuera.

Por ejemplo, para hacer parapente en Córcega.

Hay un poco de viento, avanza tranquilamente,

mantente de pie y desciende, avanza, avanza, continúa avanzando.

¡Ya está! ¡Ya lo tienes!

El despegue es complicado, pero aquí, qué felicidad.

Lo gracioso es que ni te das cuenta del despegue, qué pasada.

Mira, casi estamos encima de donde hemos despegado.

¡Oigo a mi perrito llorar!

(Silbido)

¡Pongo!

¡Mi pobre Pongo!

40 rodajes, 40 viajes,

pero viajar no basta para hacer un reportaje.

Voy a ver al montador

para que me cuente las secuencias que ha elegido.

Guten Tag. ¿En qué secuencia estás?

Estamos con la del Muro de Berlín. Mi favorita.

El montaje es un nuevo lenguaje que he tenido que aprender.

Después pasamos al momento en el que te vas con el taxi,

cuando vas bordeando el Muro, nos permite lanzar el tema.

La imagen está ligada al sonido,

puedo deducir lo que hay por lo que se está diciendo, por los recuerdos.

Mi relación es indirecta, se basa en lo que me cuentan.

No es complicado, cuando captas los métodos, los trucos,

es algo mecánico,

como cuando estás ante la página en blanco para escribir:

hacen falta una introducción, un nudo y un desenlace.

No lo estudié cuando hice periodismo,

no me especialicé en televisión, lo aprendí más tarde, ahora.

La última etapa es la mezcla de sonidos.

Hay que acabar la narración y que coincida con las imágenes.

Ceará, al noreste de Brasil,

es célebre por sus costas salvajes azotadas por el viento.

Me sumergiré en este Brasil alejado de las postales,

gracias a Evi, un hijo de pescadores apasionado por su región.

Perfecto.

¿Cómo mezclas todas esas narraciones?

Recibo por mail las narraciones y las paso a este ordenador.

Es como un bloc de notas pero en vez de pantalla, tiene una línea braille,

una línea táctil que se va moviendo en los cajetines

según las letras que se forman, es lo que llamamos braille efímero.

No es como el braille en papel.

Aquí los puntitos van moviéndose en los cajetines según la letra.

Si abro una de las narraciones, la de Brasil que grabamos, pone:

"Me sumergiré en este Brasil, alejado de las postales, gracias a Evi."

¿Es complicado aprenderlo? El braille es muy sencillo.

Hay que aprender de memoria de la A a la J,

y luego para el resto hay algunos truquillos.

Te aprendes 10 letras y hay un truco que solo revelaré si me torturan.

¡Al lío, cuando queráis!

La mezcla permite hacer los últimos ajustes.

"Muchos turistas que menciona Rosa vienen atraídos por el kitesurf.

En cinco años, la pasión generada por estas..."

No, más tarde, porque el "vienen atraídos por el kitesurf"

justo en ese momento aparece una chica despampanante.

¿Y al hacer la mezcla, recuerdas cosas?

¿Vuelves a vivir lo que grabamos?

Durante el montaje, pero sobre todo durante la mezcla,

porque tengo puestos los cascos, es fantástico.

Reencuentras a los personajes, los ambientes,

todo lo que nos gustó.

Reencontrarse con los personajes, con las sensaciones,

ahí está la esencia de viajar.

Para mí, los recuerdos son voces, personalidades, sonrisas.

Como la de Marina, que me enseñó su favela en Salvador de Bahía.

Pongo, aquí eres un invitado, así que cállate.

Hola,bom dia.

Uy, ahora esto se hace estrecho.

Sí, es verdad.

Noto que si extiendo los brazos, toco las dos paredes, por los oídos.

Si notas esto, ¿por qué no abres los brazos a ver si tocas la pared?

Sí, las toco sin problemas, aunque no extienda los brazos.

Cuando llega a casa de alguien no se sienta y se pone a hablar.

Tiene que sentir el sitio,

lo que le permite entrar en la intimidad de la gente rápido.

Hemos llegado a mi casa. ¡Estás sudando!

Muy bien. Sí, tengo mucho calor, siempre hace calor en Brasil.

A menudo, estos encuentros han dejado huella en mí

y en algunos de mis interlocutores también.

Estudio periodismo y a lo mejor un día consigo ser como Sophie.

Aprendí muchas cosas, que no se ve solo con los ojos,

hay que tocar, hay que sentir.

Ella compartió conmigo, mientras otros se hubieran quedado sentados.

Tiene una sensibilidad más afinada que la mía.

Sophie, en verdad, no le tiene miedo a nada.

Otros tienen miedo de todo, pero ella no.

Lo afronta todo con sencillez, y eso es muy importante.

De toda esta gente es lo que recordaré,

la humanidad vista desde el mejor lugar: los ojos de los demás.

Como con Charmaine en Nueva Orleans,

en su barrio devastado por el huracán Katrina.

Esto es lo que quería enseñarte.

Aquí vivían miles de personas, cada día llegaba gente nueva.

Y se nota...

¿No notas que está vacío?

Sí, se nota el vacío y no se oye absolutamente nada.

Nada, ni perros ladrando, ni niños gritando... (SUSPIRA)

Mira eso.

(SOLLOZA)

Ni siquiera han intentado hacer nada aquí.

Siento hacerte remover esos sentimientos...

Perdona, dame un minuto, por favor. Claro.

Lo que recuerdo de los encuentros más emocionantes

son los momentos que compartimos,

las emociones que compartimos,

agarrar una mano porque es un momento importante

y es la única forma de decirse "gracias por este momento".

Cogerse de la mano porque no hablamos el mismo idioma.

Esas emociones, lo que compartimos, las risas...

Cuando no nos entendemos, ¿qué compartimos?

Compartimos el lenguaje corporal.

Lo siento.

No, no pasa nada, así son las cosas, lo entiendo perfectamente.

Siento haberte pedido que me acompañaras aquí.

Pero tenías que verlo.

Sé que querías acompañarme. Sí.

Además de verlo, tenías que saber que nadie ha hecho nada.

Hay personas que no me olvidaré nunca

y dentro de 10 años seguiré acordándome de lo que vivimos.

Hay una frase de Albert Jacquard que me gusta:

"Soy los lazos que tejo con los demás."

Entre otras cosas, estamos hechos de las personas que conocemos.

(CANTAN EN INGLÉS)

¡Hallelujah!

Con mis ojos - Tierra de Guergue (Etiopía 2)

22 feb 2015

 Sophie y su perro Pongo pasan varios días en el pueblo de Werdene en el sur de Etiopia, en el corazón de una fértil zona rural donde viven los Guraghe, una etnia autóctona. En esta región, cultivan, una "falsa banana" que algunos creen hoy podría salvar a África de la desnutrición, el ensete.

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