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Para todos los públicos Cocina con Sergio - Crema de alubias con pastel de morcilla - ver ahora
Transcripción completa

un plato contundente, sobre todo para días un poco más frescos:

Y hoy, familia, vamos a disfrutar con un plato de cuchara,

un plato contundente, sobre todo para días un poco más frescos:

una crema de alubias con pastel de morcilla.

Fijaos, con ingredientes

de andar por casa, lo que podemos conseguir.

Anda, has utilizado alubias rojas, alubias blancas.

Ya podías haber utilizado alubias verdes, ¿no?

No me lo digas dos veces porque también tenemos verdinas.

Verdinas, canela, pintas, negras de Tolosa...

Bueno, en fin, de riñón...

Y no solamente judías, eh.

No solamente judías sino que también tenemos lentejas,

soja, garbanzos...

Legumbre que no falten. ¿Te digo un refrán?

No, te lo voy a decir yo:

"Garbanzos y judías, hacen buenas compañías".

¡Cómo viene ella... y se queda tan ancha!

Y "mejor comer alubias con amor que ternero cebado con rencor".

Pues yo te digo un tercer refrán. Tiene réplica.

"Buenas judías y buenas mujeres en nuestra tierra las tienes".

Lo que no dice es la tierra, para toda España.

Por lo menos en la cocina tengo una buena mujer, ¿verdad?

¡Pepa, vamos, vale un tesoro!

Mi peso en oro, que es su barbaridad.

Aunque diga que le meto caña cocinando...

No, que no me da poderes, no me das atribuciones.

La cuchara es lo más importante en la cocina.

Cuéntanos algo sobre las alubias.

Pues, por ejemplo, una relación curiosa:

qué tendrá que ver una alubia con una oreja.

Ya estamos, Pepa y su búsqueda de información.

Bueno, pues os tenéis que fijar en esta parte de la oreja.

Mejor, yo tengo mucho pendiente, la de Sergio.

¿La veis? Bueno, pues es que el término "alubia"

viene del término griego "lobion" que es 'lóbulo'.

¿Por qué? Pues porque la forma recuerda, un poquito, ¿no?

Entendido, vale. Se parece un poquitín, sí.

Bueno, más cosas que añadir sobre las alubias. Por ejemplo,

que todos pensamos que vienen de América.

Y en buena parte es verdad,

las trajeron a España y luego al resto del continente europeo

los descubridores. Pero antes, ya en tiempos de griegos y romanos,

en el Viejo Continente, en Europa,

ya se cultivaba un tipo bastante parecido

a la alubia y al frijol, que luego descubrieron en América.

La verdad que nos da muchísimas combinaciones;

¿habéis visto el plato? Se pueden tomar guisadas tal cual

o en una crema, una crema es algo fantástico, si la consigues;

como veíamos al principio, en ensalada... llega el calor:

pues un poquito de legumbres, las refrescas bien, una vinagreta

y tienes una ensalada.

Por lo tanto, fíjate... Una ensalada que, además, da

pues vigor... ¿Sabes a quién le encantaban las alubias?

A Napoleón Bonaparte. A lo mejor por eso era tan guerrero.

Puede ser. O por eso tenía todo el día la mano... no.

No, porque tenía el hombre ahí malestar.

¿Nos ponemos a cocinar? Nos ponemos, pero antes,

como siempre, vamos a buscar acompañamientos, especias,

condimentos que aporten sabor, que tengan una lógica en la cocina

que ayuden a reducir la cantidad de sal. Hoy,

vamos a añadir poquita cantidad, muy poquita...

Pero un toquecito; mira qué bien huele, pero luego engaña, eh.

Jengibre, un toquecito de jengibre.

El olor... luego no se corresponde con el sabor,

¡ojo con el jengibre, no os paséis!

Y recordad que pica un poquitín.

Más de uno en un japonés se comió...

Pensando que iba a ser algo así como carne.

Cuando lo tengo en casa y viene algún amigo y no lo conoce,

digo: pruébalo, verás. Parece jamón.

Le chafo la comida. Cuéntanos los ingredientes.

Pues venid con nosotros a mirar en primer término

qué es todo lo que necesitamos

para el plato de hoy, contundente Desde luego.

Venid, venid.

200 g de alubias blancas cocidas,

200 g de alubias rojas cocidas,

un puerro, 100 g de repollo,

200 g de morcilla, una zanahoria, un hinojo, una patata,

mantequilla, tres yemas de huevo, un vaso de nata,

caldo de ave, sal, pimienta y jengibre.

Bueno y ya, de paso, aparte de en ensalada, guiso o crema,

si te ha sobrado de un guiso unas poquitas alubias,

por qué aprovecharlas en crema como vamos a hacerlas.

Que seguimos dándole vueltas,

aprovechar lo que nos vaya quedando, en buen estado.

Y si nos sobra un poquito de chocolate, venid.

Me parece raro, eh. Se va a tirar aquí encima,

vamos a aprender a hacer unos bombones músicos:

chocolate con frutos secos o fruta deshidratada;

muy sencillos, muy rápidos

y que, desde luego, el paladar va a dar palmas.

¿Oyes o no la sinfonía del chocolate?

Música celestial están tocando, pero les quedan tres asaltos;

van a ir "muriendo"... No, no, no.

Lo va a coger Pepa, se lo va a llevar a la nevera

y lo vas a mantener ahí... Me tendré que atar las manos.

De verdad, que hay diez, están contados.

Familia, diez. A ver los que quedan luego, a la nevera.

¡Dios mío! Y vamos a cocinar,

vamos con ese paso uno del plato.

Hoy el paso uno y el paso dos se parecen un poquitín,

¿por qué? Porque en ambos vamos a elaborar las cremas,

las cremas de las judías, de las judías blancas

y las rojas. Pero, claro,

se van a diferenciar en cuanto a color, sabor...

Va a haber unas pequeñas diferencias,

matices, pero al final se va a agradecer.

¿No habrás cogido ninguno? ¿No estás masticando?

Nada. Eso me tranquiliza.

Vamos a empezar con una crema.

Vamos a empezar en este recipiente,

ponemos un poquitín de mantequilla.

Ahí está... ve removiendo. Por no dejarme a mí.

Se lía, se lía... El tema cuchara es cosa mía.

Como veis, temperatura muy suave del recipiente

para que esa mantequilla no sufra.

Y en principio, la base de ambas cremas

va a ser la misma; vamos a partir de puerro,

hortaliza de condimentación.

Ya sabéis que me gusta mucho, me parece muy agradable.

Y vamos a incorporar aquí el puerro y ahora podemos subir un poco más.

Bueno, lo teníamos al 4 y lo hemos subido al 7

para luego bajarlo en cuanto empiece...

Ya no me preocupa,

porque hay que tener cuidado. Alguna vez,

de tener el recipiente calentándose en el fuego

y cuando echo la mantequilla tiene temperatura

y corremos el riesgo de que se queme. Cuidado.

Por otro lado, mirad vamos a coger el hinojo,

vamos a cortar tiras del hinojo también

y lo vamos a introducir;

nos va a dar un aroma que nos va a recordar

un poco al anís, muy agradable.

Bueno, pues en la crema de alubia blanca,

el puerro, el hinojo...

Marchando, que va por ahí, ahí está.

Y seguimos removiendo, seguimos ahí,

poquito a poquito, que se pochen.

Que vayan liberando todo el sabor. Simplemente lo mantenemos

unos minutos en casa y vamos a incorporar la alubia blanca.

Si hemos dicho que es la crema de alubia blanca,

pues incorporo la blanca, que se vaya rompiendo

y que se vaya entremezclando con los sabores.

Por lo tanto, paso uno: elaboración de esa crema.

Esa crema tan sencillita

y cuyo elemento que va a ayudar a espesar,

por un lado será la judía;

alguna vez, cuando hemos hecho un guiso,

las hemos machacado al final para que den de textura.

Y también vamos a ayudar con unas cuantas patatas.

Unas patatas que tengo aquí cortadas.

Añadimos las patatas. Y ya en casa,

cuanto más tiempo tengáis esta base

mezclándose, rehogando, compartiendo sabores, mejor.

Cubriremos con caldo, dejamos cocer,

salpimentamos, trituramos y colamos. Y tenemos una crema

de judías espectacular. En el paso dos,

vamos con la otra crema; voy a subir un poco el fuego.

Te voy a dar otra cuchara para no mezclar

sabores e ingredientes...

O sea, ¿las vamos a hacer igual pero por separado?

Por separado no, cada crema tendrá su ingrediente,

va a tener un toquecito de sabor. ¿Pero la base es la misma?

Claro, el juego que yo quiero conseguir en el plato es:

pues que una de ellas tenga, por supuesto, un color más intenso,

un color más vivo y que la otra tenga el color oscuro

que nos van a dar las alubias rojas.

Pero no solamente eso, en el caso de las alubias rojas,

voy a reforzar más el sabor; lo voy a reforzar con puerro,

vamos a añadir puerro cortado en juliana...

De hecho, cuando hacemos un guiso de alubias y añadimos...

Esto es repollo, ¿no? Perdón, repollo.

Cuando añadimos repollo o berza, le va muy bien, un sabor muy rico.

Incluso en los cocidos en general, ponemos repollo

y el da un sabor muy agradable.

Pues en la crema, vamos a partir en la de las rojas,

con ese repollo. También incorporaremos zanahoria.

Zanahoria cortada en tiras finas.

Ahí está, marchando, para que nos dé color.

Todavía nos va a ayudar

a que las rojas intensifiquen más el color, eh.

¿Esto lo debería bajar un poquito? No te preocupes,

vamos a mantenerlo un pelín más porque, a continuación,

añadiremos el caldo y no hay ningún riesgo de que se nos pueda

quemar, pegar o demás, eh.

Te voy a dar sal, un pelín de sal para que añadas ahí, que nos ayude.

Y aquí solamente nos faltaría lo mismo:

las alubias rojas, que vamos a añadir

y un poquito de patata, como elemento de ligazón,

como espesante que nos va a dar textura a estas cremas.

Si tenéis un buen robot de cocina, una buena batidora

y lo trituráis muy bien,

pues no haría prácticamente falta colarlo.

Ya sabéis que me gusta que todo vaya colado

porque la presentación es más bonita

y os merecéis un plato bien presentado. Fíjate qué aroma sale

y qué aroma sale de otra, ¿verdad? Y además ya huele distinto.

Pues ahora, a continuación, marchando aquí...

La judía roja,

ahí está; dos colores, dos sabores,

pero al fin y al cabo, misma elaboración: una crema.

Marchando... y la patata.

Ya, de por sí, tiene buena pinta. Pues la verdad es que sí.

Si tiene buena pinta, todo triturado y bien sazonado,

pues mejor que mejor. Luego, al final,

a la de alubia blanca le pondremos un toquecito,

un poquito, de jengibre. Un poquitín sólo al final.

Vale. Marchando caldo por aquí.

Ahí está, poniendo un poquito de caldo.

Me siento como cuando vas a hacerte el psicotécnico,

conduciendo a dos manos.

Tengo que renovar dentro de nada. El otro día

tuve un control de la guardia civil

y me avisó de que va a caducar el carné.

Ya le han pillado... No, no, además yo soy

de los que todavía le tocó los últimos estos de color rosa,

este enorme, gigante 2x2, el carné; a ver si ya lo renuevo.

Bueno, pues simplemente dejamos cocer,

vamos a poner un toquecito de sal a cada una.

Crema blanca por un lado de alubia blanca

y crema roja, por otro lado, de alubia roja.

Un toquecito también de pimienta.

Podemos subir fuegos a tope y a cocer, ¿cuánto tiempo?

Pues mi consejo: cuando veáis

que la patata, la zanahoria empieza a estar tierna,

en ese momento dejamos unos cinco minutos más

y listo para triturar.

¿Te molestan las cucharas? No.

Podemos salpimentar ambas elaboraciones

y, una vez tiernas, a triturar y a colar.

Luego en el plato, como veíamos, jugaremos con los dos colores.

Podemos dar una presentación muy original.

Porque, aunque sea un alimento tan económico:

alubia, patata, repollo,

pues puede dar como resultado esos platos que estamos viendo.

Cocción, sin prisa. Y mi consejo:

cuando hagáis una crema de un día para otro,

en lugar de triturarla en el mismo día,

podemos dejar toda la crema elaborada, todo cocido

y triturarlo el día que lo vayáis a servir.

Porque ahí ya calculas si le quitas agua, le pones

y te va a quedar mejor recién caliente y triturada.

Es un consejo que os doy.

Me quedo con ellas y ahora me incorporo,

que tienes un producto muy original.

Lo tengo, pero antes de hablar de él, lo vamos a ver enseguida,

tenemos que hablar de las alubias como fuente de salud.

Todos sabemos que son muy sanas.

Tenemos que recordar además que han salvado

de muchas hambrunas, sobre todo, acordaos de la Edad Media;

que son una fuente importante de vitamina B,

muy importante para el sistema nervioso.

Y ahora sí, lo que os decía.

Hemos visto legumbres al natural,

pero al forma más original de comer legumbres

pues la tenemos aquí, incorporada a nuestro bodegón de hoy.

Este producto que veis, este que parece carne.

Bueno, pues tiene una textura muy parecida a la carne,

unas propiedades nutritivas muy parecidas

pero está hecho con harina de legumbre.

Desde luego que sí, un innovador. Carlos, mil gracias;

porque contactó con el programa, nos mandó esto, lo hemos probado.

Simplemente hidratándolo, ahí lo que vemos,

aunque parezca mentira, es una combinación

de soja, de judía y de arroz.

Le dan una textura, una textura concreta; lo hidratas

y lo puedes cocinar como si hicieses una carne,

luego lo acompañas de una salsa; y para vegetarianos, por ejemplo,

es una opción... O para celiacos,

porque también lo pueden consumir, producto 100% vegetal

y sin aditivos; producto que, por cierto, hay que decir

que nos viene de Tudela, de Navarra.

Una fuente de proteínas con menos grasa y menos colesterol,

nada de colesterol a diferencia de la carne.

Para pensárselo, ¿no? Y nos lo ponen fácil.

Tan fácil que, fijaos, vienen ya preparaditos.

Por ejemplo, con arroz;

simplemente hidratar, cocinar, hacemos un risotto.

Para una sopa, fijaos, con sus fideos, los trocitos

de esta soja texturizada que, al hidratar,

pues coge todo el sabor y toda la gracia.

Harina, mirad... por ejemplo, para hacer algún rebozado,

enharinado o cualquier elaboración también de repostería.

Incluso un guiso, fijaos: el tomate, la soja texturizada.

En fin, otro ingrediente que tenemos que probar

que es de máxima calidad

con su trazabilidad, con su control.

Una maravilla y, encima, saludable, ¿qué más queremos?

¿Pues qué queremos ahora? Una vuelta por España

porque hablamos de legumbres. Hay muy buena legumbre

en muchas partes de España, pero si le unimos el turismo,

¿pues dónde nos tendríamos que ir? Por ejemplo,

a La Granja de San Ildefonso, donde tienen unos judiones...

Y donde además se puede hacer visita espectacular, ¡mira!

Es el palacio... perderse por los jardines, es maravilloso,

ahora que se acerca ya el buen tiempo.

Es una buenísima oportunidad para conocerlo

y para comer muy bien.

Y más lugares para visitar relacionados con las legumbres:

por ejemplo, Asturias. Zonas como Luarca,

que vamos a ver en imágenes;

Villaviciosa, Llanes...

Ahí se come, naturalmente... mira qué imágenes,

¿no me digas que no te apetece darte una vueltecita?

Pues podemos disfrutar de fabas, que tienen denominación de origen,

que son espectacularmente ricas

y de otros muchos guisos que también se utilizan en...

Bueno, pues en la cocina asturiana.

Y otro lugar digno de mención: Tolosa.

Tolosa, donde tienen una legumbre espectacular,

especialmente las judías.

Y es que si un día nos quedásemos sin un mapa

de España en el cual no pusiese los nombres de las provincias,

si un día olvidásemos los nombres de pueblos, provincias, regiones,

con los platos, con la gastronomía y las alubias

podríamos identificarlos. Pues sí, porque cada pueblo, región

tiene su idiosincrasia gastronómica.

Judiones, fabada... qué recorrido.

Por eso tenemos una alacena y estupenda.

Pues vamos a seguir con el plato, qué vamos a hacer en el paso tres:

en el paso tres elaboraremos

un pastel de morcilla. Muy sencillito.

¿Normalmente cómo nos encontramos un guiso?

Podíamos poner esas judías a cocer

con la zanahoria, ¿verdad? Con el puerro,

con repollo, una buena morcilla, todo cociendo

y conseguiríamos un guiso para esos días de invierno

que apetece, ¿verdad? Pero ese mismo,

le estamos dando un giro. Claro.

Lo hemos convertido en crema, y cuál será la guarnición:

va a ser un pastel de morcilla, en lugar de encontrarla cocida,

vamos a servirlo en pastel. Y es muy sencillo hacerlo;

por un lado, lo primero, mirad, he cogido moldes tipo flaneras,

engrasadas con un poquito de mantequilla,

mínima cantidad de mantequilla, ¿veis?

O aceite de oliva, pero ya que hemos usado

mantequilla para la crema,

lo poquito que ha quedado, con una brocha los he pintado.

Pintarlo un poquito, que a veces para desmoldarlo, nos acordamos

de ese momento en el que se nos pasó.

Por otro lado, mirad, morcilla. Una morcilla que sea suave.

¿Qué voy a hacer primero? Quitar la tripa

y trituraremos en la jarra de la batidora la morcilla...

La cuerdecita vamos a dejarla ahí. Y ahora, mirad,

todo el interior de la morcilla

lo vamos a meter en el interior. Acércame, por favor,

una cuchara del cajón de la derecha.

Y añadiremos toda la morcilla... Una cucharita pequeña.

Sí, pequeñita. Y vamos incorporando todo

el contenido, mirad, va saliendo sin problema.

Morcilla que no sea de arroz. Mejor que no sea de arroz.

Si tenéis una de arroz, tampoco pasaría nada.

También se puede triturar bien.

Pero si es de cebolla, mejor que mejor.

Pues añadimos bien toda la carne

de esa morcilla, ahí al interior,

que no quede nada fuera, vamos a apurar bien.

A mí me gusta igual que con el papel de las magdalenas,

que no quede nada. Vale, pues marchando eso por ahí.

¿Retiramos? Venga, marchamos eso por ahí.

Y la cuchara la voy a dejar ahí. Más cositas,

vamos a incorporar tres yemas de huevo.

Fijaos que podríamos añadir las claras.

No habría ningún problema en ponerlas,

pero las yemas nos van a dar más cremosidad y sabor más rico.

Toquecito de nata, así con esto suficiente;

un chorrito generoso de nata.

Pásame el paño, por favor.

Y ahora un poquito de sal, mínima cantidad y de pimienta, eh.

Ya la morcilla va a aportar su propio sabor.

Un pastel de morcilla que, por ejemplo, si lo hacéis

y aparte unos pimientos rojos caramelizados,

servís el pastel de morcilla, ponéis los pimientos

y es como una tapa, eh.

Ideas para todos los gustos. Vamos a triturar un poquito, así.

Hasta conseguir, ahí está, una mezcla homogénea,

una crema ni más ni menos.

Ahí lo tenemos, un poquito más... uy, se suelta.

Perfecto, ya lo vamos a quitar. Suficiente.

Ahí lo tenemos y esto nos lo vamos en la pizarrita...

Trae, me lo llevo yo. Marchando.

Bien, pues ahora mirad lo que vamos a hacer: cogemos la mezcla

y vamos a rellenar los moldes. Mi consejo:

al ser guarnición, no lo llenéis demasiado.

Que tenga, más o menos, un centímetro de grosor.

Porque si hacemos, al uso, un pastel muy grande

va a quitar importancia al resto de las cremas.

Un centímetro de grosos no más, que si no se va a hacer muy pesado.

Bueno, pues esto ya lo tenemos... marchando, voy a apurar por aquí

y ahora, simplemente, incorporaré un poquito de agua

para hacerlo al baño María.

Este tipo de pasteles va a agradecer

que cuando lo pongamos en el horno,

que vayan al baño María; nos garantiza una cocción

pues paulatina, nos va a mantener una temperatura constante

y no van a sufrir tanto y nos quedará más rico.

Pues venga, añadimos el agua, el horno en torno a 170 grados.

Si ponemos calor en la base del horno, mejor que mejor.

Y vamos a llevar esto al horno. ¿Sólo en la base?

Mejor en la base para que le vaya dando el calor.

Aunque se va a tostar un poquito por encima, lo metemos.

Y como son pequeñitos, en torno a un cuarto de hora

van a estar listos, van a estar para llevarlos a la mesa.

Pues vamos con el paso cuatro, ese paso cuatro

en el cual vamos a presentar, vamos a presentar las cremas.

La batidora la ponemos por allí, nos traemos el plato, perejil.

Y vamos con ello. ¿Cómo nos ha quedado lo primero?

Unos pasteles que ya tengo terminados. Mirad,

los pasteles; aquí tengo terminados dos como veis.

Bueno, voy a desmoldarlos, ¿veis que salen sin problema?

Ahí están. ¿Y cómo te gustan más, Pepa,? De la siguiente manera,

¿o así, boca abajo; o boca arriba, cómo te gustan más?

Boca arriba, pero hay que advertir a los comensales

de que van a comer pastelito de morcilla, parece chocolate.

Y luego se llaman a engaño, se pegan un susto y nos protestan.

Como te pasó a ti con un paté de anchoas, ¿verdad?

Pues sí, pensaba que era chocolate.

¡Esta Pepa, qué vamos a hacer Las cremas, mirad,

ya están trituradas y coladas; tenía unas terminadas.

La crema de la alubia roja

y la crema de la alubia blanca.

Pues bien, en la blanca le puse al final un toquecito muy ligero

de jengibre; jugando: hinojo, jengibre...

Un sabor muy, muy agradable.

Ahora vamos a hacer lo siguiente, mirad: vamos a añadir las cremas.

Ahí está... ahí, marchando.

¡Mira qué bonito! Que se vayan uniendo,

si hace falta más, ahora ponemos más... que se encuentren

a mitad de camina, ahí está.

Vamos a poner un poquito más de alubia blanca.

Y fijaos qué forma de presentar las cremas de alubias.

Ahí está, un poquito más por aquí, marchando.

Lo vamos a presentar, de momento, así, no vamos a recargar el plato.

Ahora, cogemos un poquito de perejil.

En este caso tengo perejil rizado.

Colocaremos un pelín de toque verde

por un lado del plato, por ejemplo saliendo del pastel.

Vamos a colocar otro poquito en este rincón de aquí.

Y una manera de disfrutar, fijaos, del sabor de las judías

tomando también hortalizas,

tomando legumbres; es decir, plato muy, muy sano

que no tiene por qué ser una versión aburrida

ni muchísimo menos.

Un plato sencillísimo. ¿Nos lo llevamos a la mesa?

Claro. Venga, pues cojo el plato,

nos lo llevamos a la mesa y marchando con él.

A ver, quito la tablet. Cremita

de alubias: dos sabores, dos colores.

Lo que el ojo no ve nos muestra dos cremas, dos colores,

dos sabores y dos aromas,

uno más intenso que el otro pero pueden convivir perfectamente.

Y rematan y combinan con ese pastel de morcilla

muy suave, gracias a la nata y a las yemas de huevo añadidas.

Bueno y momento en el cual Pepa abre el correo, ve vuestros mails,

ve vuestras fotos, sugerencias; servicio público,

como tiene que ser un programa.

¿Y hoy qué preguntas has seleccionado?

Bueno, pues hoy he seleccionado, entre otros correos,

el de Mercedes Capdevila. Me parece interesante su consulta:

¿cómo se hace el huevo hilado, puedo hacerlo en casa?

¿Qué ingredientes necesito? Me gustaría saberlo

para preparar rollitos de jamón cocido y serrano con huevo.

Muchas gracias y recibe un cordial saludo.

Puedes hacerlo, hay que practicar. Los primeros no serán muy hilados,

pero luego ya le irás cogiendo el tranquillo.

Por un lado, prepara un recipiente, un almíbar:

agua y azúcar, que cueza y tenga cierta densidad.

Cuando ya tenga densidad, baja un poquitín el huevo.

Aparte, desclara huevos; por un lado la clara,

nos quedamos con las yemas.

Las batimos ligerísimamente y las colamos.

Colamos las yemas para quedarnos sólo con la esencia.

¿Y qué necesitamos? Pues mira, esto que tengo aquí

es un colador de huevo hilado.

Parece una jarrita como muchas patitas, ¿verdad?

Por donde va a salir esa yema de huevo.

Para que entendáis la función de este colador:

tengo un bol, voy a echar agua.

Cuando echo agua, va cayendo poquito a poquito.

Bueno, pues simplemente, si ponemos la yema de huevo,

vamos haciendo este movimiento sobre ese almíbar

formando los pequeños hilitos de huevo hilado, de ahí su nombre.

Si se atasca, no te frustres,

que me ha comentado Sergio que en la escuela...

Es muy importante colar las yemas,

para que no haya ningún trocito de nada.

Y una vez que ves que ya te queda hilado, lo refrescas en agua fría,

lo pones sobre papel de cocina y listo para degustar.

Huevo hilado casero. ¿Y qué tenemos más en la escuela de repostería?

Pues algo que no lleva huevo, un postre que no lleva huevo...

Para los que no lo pueden tomar. Pero muy fácil de elaborar. Mirad,

chocolate blanco y negro. Vamos a hacer músicos,

son un tipo de bombón

al cual se le pone frutos secos, fruta deshidratada... por encima

y es un bocado exquisito.

Pero lo más importante, mirad, por un lado,

he fundido con suavidad al baño María

o al microondas, potencia muy, muy bajita,

el chocolate. Importante: una vez que esté fundido

y que nunca se caliente demasiado,

hay que atemperarlo. Atemperarlo es removerlo un poquito

para que vaya perdiendo temperatura y así luego tenga más brillo.

Pues ahora en estos moldes vamos a ir echando así, un poquito.

¿Lo has fundido así, tal cual, sin mantequilla?

Nada, solamente el chocolate tal cual.

Podemos rellenar los moldes, de momento, con cuatro

para que veáis en casa el ejemplo.

Marchando con este cuarto de chocolate negro.

Y ahora vamos con el chocolate blanco, misma operación.

Atemperarlo un poquito, lo vamos removiendo

para que no tenga tanta temperatura

y así luego el brillo será más bonito. Misma operación.

Vamos rellenando, ¿y qué os parece si en el de chocolate blanco

rallamos un poquito de lima? También le iría bien mandarina

o, por qué no, naranja o limón.

Un cítrico le va a ir muy bien rallado.

Incluso poníamos jengibre en esa crema de alubias.

Pues añadir un poquitín de jengibre

sobre estos músicos tampoco le va a ir nada mal.

Vamos a ir jugando con los sabores. Vamos a hacer lo siguiente:

rallamos en el blanco... primero damos unos golpecitos,

para que todos estén rectos.

Aquí rallamos un poquito de lima,

así, que vaya cayendo un poquitín. Marchando.

¡Qué bien huele! Huele bien.

Vamos a ir colocando, por ejemplo, una pasita.

Lo podéis recargar más, poner muchísimos más frutos,

lo que más os guste.

Una pasita y marchando también unos piñoncitos,

un par de piñones en cada uno.

Y en el del chocolate negro...

En el mortero he machacado distintos frutos.

Pues vamos a poner estos frutos, ligeramente molidos,

pero podría ir la nuez entera,

podría ir, por supuesto, la almendra, los piñones.

Metemos en la nevera,

desmoldamos, ¿y el resultado cuál es?

Os dije al principio que había diez, Pepa se ha comprometido

y mantiene los diez. Y había cuatro más.

¿Nos haces el resumen?

Os hago el resumen pero luego me das uno, uno de cada. Gracias.

Atentos en casa.

Estos son los ingredientes que necesitamos

para hacer la crema de alubias con pastel de morcilla.

Y esta la receta, paso a paso.

Paso número uno: rehoga con mantequilla puerro e hinojo;

cuando se pochen, añade las judías blancas cocidas

y la patata loncheada,

cubre con el caldo, sazona con sal y pimienta y deja cocer,

tritura y cuela.

Paso número dos: en otro recipiente

rehoga con mantequilla el puerro, la zanahoria y el repollo;

una vez tierno, incorpora las judías rojas y la patata

cubre con caldo, sazona y mantén al fuego,

tritura y cuela.

Paso tres: tritura yemas, nata y morcilla

hasta obtener una crema homogénea;

rellena con ella unos moldes previamente engrasados

y hornea al baño María 15 minutos a 170 grados.

Paso número cuatro: sirve ambas cremas a ambos lados del plato

y coloca en el centro el pastel de morcilla,

decora con perejil rizado.

Y para que todo lo que hacemos en la cocina:

los platos, los postres perduren, estén vivos.

Y por ejemplo, si dentro de cuatro meses quieres la receta de hoy,

pues para eso existe, ¿verdad?

Existe una web maravillosa, apuntad ahí:

www.rtve.es/cocinaconsergio.

Os vais a encontrar, incluso, las recetas que vamos a hacer;

las recetas que ya hemos hecho,

podéis recuperar los vídeos para... recordar más fácilmente

cómo se hacía cada receta, pero también las podéis imprimir.

Es una página abierta a vosotros; nos tenéis que mandar fotos,

ahí está la forma de mandárnosla. Ahí.

También el enlace para vuestras consultas.

En fin, esto es un libro interactivo de cocina;

estamos en contacto los fines de semana

y permanentemente en la web. Foto de vuestros platos,

de vuestros productos...

A lo mejor has plantado tomates y quieres presumir.

Nos envías la foto. Y ahora, Pepa, quiero que pruebes las cremas,

¡ya verás qué suavidad! ¿Con cuál te vas a lanzar tú?

A la blanca, que me pilla cerca, pero luego la otra.

Pues yo la roja... ¿A ver?

Suavidad, aroma... os esperamos. ¡Qué bueno!

Sábados y domingos... Cocina con Sergio.

Y prueba también sus platos. Sí y luego los músicos. ¡Adiós!

Mira, la combinación, ya verás, qué suavidad...

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