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Para todos los públicos Cocina con Sergio - Bacalao con salsa de fresas - ver ahora
Transcripción completa

Hoy familia, os va a sorprender este bacalao

que haremos crujiente, jugoso en el interior

con salsa de fresas y canónigos aliñados.

Pepa, ¿te hace? Me hace.

Tengo muchas ganas de probarlo porque la verdad es una combinación

que yo no había probado nunca, bacalao con fruta.

La verdad que sí, les va a sorprender ese sabor,

esa combinación, claro, es bacalao,

otro tipo de pescado no nos lo permitiría

pero esa combinación de la salsa de fresas con el toque de cítricos,

ese bacalao crujiente, doradito, una auténtica maravilla.

Con esa mirada de reojo, te conozco bacalao, aunque vengas disfrazado.

¿De qué vengo disfrazada? ¿De merluza?

¿Estás promocionando la pescadería? Yo veo ahí bogavantes.

Sí, sí, sí. Están con las pincitas. Hoy hablamos de bacalao.

Para hablar de bacalao, dime un dicho que conozcamos todos,

aquí... ¿quién cortan el bacalao? Aquí la tenéis.

Yo no corto nada.

Si no me da el cuchillo, me da la cuchara.

¿No partes los postres todo el rato?

Bueno, ¿de dónde viene ese dicho? A ver.

América Central, el Caribe.

Los trabajadores en las plantaciones,

agotados esperando el condumio

y el capataz era quien partía el bacalao,

por eso se asocia a quien manda aquí.

Por eso, el que parte y reparte se queda con la mejor parte.

También.

El bacalao tiene muy poco que ver con los aires caribeños.

Hay que pescarlo en aguas muy frías

como las de Terranova que está por Canadá,

el caladero del Gran Sol

que está al oeste de las islas británicas.

Tú ponte en el siglo XVI, cuando los primeros navegantes,

los primeros pescadores españoles como los de Galicia o el País Vasco,

se marchaban cinco meses y se iban a esas tierras tan lejanas

en el Atlántico Norte.

Cinco meses se pasaban en la mar pescando,

lo salaban en el barco, por eso les aguantaba

y luego volvían a puerto.

Las mujeres les ayudaban, descargaban los barcos,

bueno, era un trabajo un poco en equipo

y otra vez a pescar.

Anda que no tienen un trabajo duro y lo siguen teniendo

porque siguen pasando mucho tiempo en altamar.

Hablamos de bacalao y nos vamos mentalmente a Portugal.

Los portugueses llevan cocinando bacalao

aproximadamente desde el siglo X,

cuando los vikingos que intentaban invadirles y nunca podían,

decidieron que lo mejor era venderles bacalao a cambio de sal.

Con la venta vinieron las recetas, desde entonces,

tienen 20.000 recetas de lujo. Unos maestros.

Y si asociamos a una época del año concreta al bacalao,

tenemos que irnos a Semana Santa. Potajes, rebozados.

No se puede comer carne, pues la carne que se consumía

era en forma de potaje y en forma de bacalao

que llegaba a todas las partes de la península,

no solamente a la costa.

Y de hecho, este bacalao, como veis,

lo encontramos en el recetario de interior.

Platos de Castilla, de Madrid, porque se podía conservar

sin problema el bacalao en sal varios meses y utilizarlo,

por eso muchas recetas vienen de ahí.

El único pescado de mar que se puede consumir en el interior.

Desde luego, fijaos la suerte que tenemos.

¿Nos ponemos?

Nos ponemos, pero antes nos vamos a dar un paseo

por nuestro rincón de las especias, los condimentos,

las hierbas aromáticas. Hoy vamos a coger un poco de salvia.

Mira qué bien huele. ¿A ver?

Nos va a aromatizar, nos va a venir muy bien.

¿Lo pongo?

En lugar de infusión en ingredientes.

Recordamos los ingredientes.

Claro que sí, pero tenéis que venir conmigo

a mirarlo en primer plano.

Os leo la lista. Hoy necesitamos:

Bueno, con estos ingredientes aprenderemos a hacer una salsa

que va a ir reduciendo, el azúcar moreno sabor, intensidad,

la cebolleta nos va a dar también todo su sabor

y los fresones junto con el zumo de naranja va a rematar la fiesta.

Una salsa que cuando haya espesado,

la vamos a colar y vamos a bañar con ella

el pescado rebozado como este bacalao

pero no va a ir con un enharinado básico,

la salvia juega un papel importante.

Y si nos van a aportar sabor las naranjas,

los limones en pastelería, desempeñan un papel importante

por eso hoy en la escuela de pastelería

vamos a hacer unos pastelitos unos bocaditos de limón,

sobre todo, me interesa que aprendamos

a elaborar esa crema de limón que como veis,

corona estas tarteletas de pasta quebrada.

Yo es que veo un problema. ¿Cuál?

Que lo veo un poco abigarrado.

Cogería uno de aquí y lo repartiría un poco mejor.

Ya estamos negociando.

Y ya estaría contenta el resto del programa.

¿Lo veis? ¿Lo veis? ¿Veis quién parte el bacalao?

Siempre lo digo yo. Yo solo sugiero.

Sobra uno porque iba a hacer una mudanza

de la pizarra al estómago. Claro. Yo para los bogavantes.

En 20 minutos doy de comer a los bogavantes.

Mientras tanto que se quede la cosa aquí.

Anda, vamos a cocinar.

¿A qué no me dejas el cuchillo? ¿Para qué quieres el cuchillo?

Para partir algo.

Ay madre, como está Pepa hoy. Qué peligro que tiene.

Familia, vamos con este plato

muy sencillo de elaborar con ese paso uno.

El paso uno comienza con la salsa.

Salsa en la cual, un poquito de aceite que te doy por aquí.

Vamos a poner un poquito de aceite y empezaremos a sofreír ligeramente,

podemos subir el fuego un poquitín. Vamos a sofreír la cebolleta.

Quedan dos o tres laminitas. Te voy a dar sal.

Le vamos dando algo de sabor con la cebolleta

aunque la salsa veáis que tiene cebolleta,

que tiene fresones que va a tener naranja,

luego todo se va a pasar

y va a quedar este extracto que veíamos antes cargado de sabor

y de color.

Bueno, poquito a poquito que vaya rehogando,

que vaya haciéndose lentamente. Vamos a incrementar el sabor.

Vamos a darle todavía más sabor. ¿Cómo lo vamos a hacer?

He cogido un poquito,

no hace falta que sea la piel de las dos naranjas,

simplemente cortamos un poquito la piel

que no lleve demasiada parte blanquecina.

Como veis, no la pico muy fina porque luego la voy a colar,

quiero que le dé sabor e intensificar aún más el sabor.

¡Qué bien huele!

Ya ves cómo va oliendo. Simplemente un poquito de piel,

la cebolleta y la vamos haciendo poco a poco.

A continuación los fresones que tengo por aquí.

Que no tenemos fresones y nos sobró un poco de frambuesa

porque decoramos un postre, lo podríamos aprovechar.

Pongo fresón ya que tiene buen precio.

Los tengo ya lavados,

los cortamos como veis en cuatro cuartos,

los vamos a dejar a fuego medio unos cuantos minutos

para que se vaya deshaciendo el fresón,

que nos vaya aportando sabor,

que se vaya entremezclando con esa cebolleta y con la naranja.

Como veis es un plato muy sencillo.

Añadimos los fresones y que se vayan poco a poco deshaciendo.

Venga, marchando y marchando. ¿Seguimos sin subir el fuego?

Si observáis que baja mucho la temperatura,

sí que podemos jugar. Siempre lo mismo,

si vemos que se nos viene abajo, incrementamos, que no...

Como el embrague, si chilla un poco, vale.

Hay quien no suelta el embrague y la lía,

que yo escucho coches y ya no hay más vueltas.

Está obsesionado con los aparcamientos.

A todo el mundo los tiene vigilados

a ver si levanta o no levanta el pie.

No, me gusta mucho cuidar los coches,

lo reconozco, y cuando escucho ese embrague que no se suelta

y está dando vueltas el motor, bueno...

También vamos a añadir azúcar moreno,

un poquitín de azúcar moreno va a ser el espesante,

va a incrementar el sabor y color. Ahora no tengas prisa, Pepa,

trabajamos bien esta mezcla.

¿Esta no hay que dejarla a su aire?

No pasa nada, esta la puedes ir trabajando..

Porque el azúcar blanca me dijiste que no había que tocarla.

Cuando queremos caramelizar directamente para flanes y demás.

Vale.

Verás que en breve se empieza a deshacer...

Mira, mira, mira qué blandito se está poniendo todo.

Se empieza a deshacer el fresón,

el azúcar empieza a extraer el agua del propio fresón

y luego añadiremos el zumo de la propia naranja

y a reducir, sal, pimienta, colamos y esa salsa os puedo garantizar

que os va a impresionar el sabor tan rico que puede llegar a tener.

Mira el aroma que ya va andando.

Por un lado tenemos esa salsa, por otro paso dos.

En el paso dos vamos a cortar los dientes de ajo laminados,

los vamos a freír, queremos que nos dejen en el aceite

un sabor, el ajo y la cayena, pero que no se nos quemen.

El aceite donde vamos a añadir estas láminas de ajo,

no tiene que estar demasiado caliente

porque así conseguimos el toque crujiente.

Empieza a cocinarse por el interior y luego sí,

subimos el fuego y terminará por hacerse del todo.

En el aceite voy a echar una lámina en principio.

Veis que debajo empieza a soltar pequeñas burbujas,

esa temperatura es la ideal cuando queremos los ajos crujientes.

Voy a subir un puntito, porque para otras elaboraciones

insisto siempre, ojo, que ese ajo se dore desde el principio

pero en este caso no, en este caso queremos...

Qué aromatice.

Que primero a aromatice el aceite y que empiece a deshidratar

para que queden las láminas crujientes,

por ese motivo hoy como sesión el aceite del ajo que esté frío,

bueno, templado, ya veis que empieza a flotar.

En cuanto floten todos subir el fuego y que se dore.

Mira qué melosa está quedando la salsa.

Está quedando bien y mirar el sabor,

el aroma y la textura que va cogiendo.

Se ha deshecho todo el azúcar

y ahora en breve voy a agregar zumo de naranja

y vamos a dejar reducir.

En función de la cantidad de zumo que nos den las naranjas

unos seis, siete u ocho minutos, lo vais calculando en casa.

Añadimos el zumo de naranja. No está diluido con agua.

Nada, directamente el zumo de las naranjas,

dejamos que vaya reduciendo. Lo dejo.

Exacto, que reduzca por un lado, por otro lado, mirad el ajo,

ya están flotando casi todas las láminas.

Ahora subo el fuego, se va a terminar de dorar,

ya veréis qué dorado va a quedar, qué bonito

y ese aceite nos queda con todo el sabor de la cayena

y del ajo. Por otro lado, dentro del paso dos,

simplemente tengo harina por la cual pasaremos el bacalao.

Será enharinado, no rebozado.

Enharinado, pero aparte de esa salvia seca

que a veces ponemos en infusiones

se lo vamos a incorporar a esta cantidad de harina

que tenemos aquí de manera que cuando lo vayamos a freír

nos vamos a encontrar un sabor muy agradable, mentolado.

Voy a moler un poquito la salvia ligeramente

y pásame un poquito de sal que ayudará a que se muela mejor.

Me quedo moliendo, lo mezclaré con la harina.

Las láminas del ajo ya empiezan a coger ese toque doradito,

lo retiraré y me incorporo contigo allí.

Venid conmigo de nuevo al bodegón.

Antes de llegar os tengo que dar un dato que me ha sorprendido.

El tamaño máximo de un bacalao capturado la verdad que es enorme,

más de 2 m de longitud y 100 kilos de peso.

Imaginaos lo que puede ser eso nadando,

como un torpedo. Y en cuanto a datos de producción,

captura, consumo, los pescadores españoles,

que hemos dicho antes

que les agradecemos el trabajo durísimo que desarrollan

y gracias a ellos tenemos un pescado de excelente calidad,

pues capturan casi 1 millón de toneladas

de todo tipo de pescado al año. No está mal.

No está mal, la verdad que no está mal

y además, como decimos, muy bueno.

De consumo, los españoles comen bastante bacalao,

unos 48 millones de kilos, 30 de ellos en fresco,

18 en congelado y, como decíamos antes

y lo comentábamos, ha sido el único pescado de mar

que se ha comido en el interior durante muchos años.

Gracias a la sal como conservante y podías tenerlo mucho tiempo

y luego todo el juego que nos da confitado, una vez desalado,

que se va haciendo poquito a poquito en el aceite.

Los buñuelos de bacalao, fijáos qué cosa tan rica

o por ejemplo, la brandada de bacalao...

Tenemos las salinas detrás de ti. Ahí la tenemos.

Gracias a esa combinación

hemos podido comer durante siglos pescado de mar.

Y de hecho, aquí tenemos una buena muestra en este bodegón.

Observad, hemos puesto adrede gran cantidad de sal.

El bacalao con la sal van de la mano.

Para desalar, ¿siempre agua fría, no?

Agua fría, hacemos varios cambios

para que esa ósmosis se realice perfectamente

y al final nos quede ese bacalao desalado en su punto.

Vamos a por ese paso 3.

Ya tenemos las láminas de ajo muy crujientes, con la cayena,

eso es muy buena señal.

La salsa ni la he triturado

y mirad cómo va espesando el color de los fresones,

de la naranja.

Ahora vas a probar esta salsa que la voy a bajar al 2.

Por otro lado, este aceite ya está caliente

y nos pide el siguiente paso. Freírlo.

Harina, le voy a echar esas salvia que ya tengo molida

para que nos vaya dando sabor.

Fijaos, personalizad los enharinados, los rebozados,

los empanados, va muy bien.

Pero de forma un poco prudente, ¿no?

Tiene aroma y siempre que aromaticemos algo, al principio,

como cuando ponemos en un guiso apio o cuando usamos curri,

con precaución para que ese primer golpe de sabor

no nos inunde el paladar y ya no nos guste más.

Hay quien rechaza un alimento porque en su momento lo probó

y no le gustó, claro, porque se pasaron con los cominos

o con otra cosa.

Vamos a ir dorando el bacalao, lo haremos en dos tandas.

La espumadera ahí al lado, Pepa. Ya la he visto, ya.

Bien. Dejamos que se dore, que haga una capa

pero no demasiado porque lo que quiero

es que me quede jugoso en el interior.

Marchando, que va el segundo. Me estás poniendo la cocina...

Ya lo sé, a veces pasa bueno, luego,

la persona que parta el bacalao que decida quién va a limpiar esto.

Hombre, me has puesto a fregar ya.

Al lado tienes, como ves, un plato con papel de cocina,

para que los dejes reposar en cuanto que estén hechos.

Mira a ver el primero cómo anda que el aceite estaba muy caliente.

A ver, el primero lo vamos a sacar ya, escúrrelo bien.

Como veis ha hecho una capa crujiente por fuera, no quiero más.

Ahí está, perfecto.

Con todo el sabor y el aroma que la salvia va soltando poco a poco.

También recordad que sabor del ajo y guindilla permanece en el aceite.

Si ves que el aceite baja un poco de temperatura,

subimos en torno al 6 o 7. ¿Por qué? ¿Qué sucede?

Estamos templando poco a poco ese aceite.

Estamos metiendo este bacalao que podría ir también rebozado.

Pero hoy, personalmente, creo que simplemente enharinado sobra.

No hace falta ponerle huevo ni hacerlo de ninguna otra manera.

¿Otra opción? Muchas veces lo hemos hecho confitado, es decir,

un aceite que está en torno a 60°, más o menos,

que nos lo va a dejar muy meloso, muy sabroso.

Es otra opción a la fritura, nos iría muy bien.

¿Que no queremos frito? No pasa nada.

Un golpe de horno con un chorro de aceite de oliva

o bien un golpe de microondas.

Por lo tanto tenemos todas las opciones.

Venga, dejamos que se termine de hacer,

que se dore y luego tú elegirás qué tajada es la que más te gusta.

Ese bacalao, importante, cocinado por concentración,

es decir, que selle por fuera rápidamente pero que luego,

al sacar las lascas del bacalao nos encontremos en el interior

esa carne jugosa, llena de sabor.

Mientras que Pepa sigue friendo y manchando la placa de inducción.

Tengo las lentejuelas mate de todo lo que ha saltado.

No, será brillo en todo caso.

Luego hay quien se piensa que nos llevamos mal.

Aquí, como la vida misma.

Si nos llevamos mal con todo lo que hay aquí, vamos.

Qué peligro, madre mía.

Luego Pepa, que le da por no soltar el embrague del coche... en fin.

Los canónigos que tengo por aquí, toque de sal y un toque de pimienta.

Les vamos a dar en este paso 4 un sabor muy suave

y simplemente un chorro de aceite de oliva,

no les quiero dar mucho más sabor, que mantengan ese crujiente,

esa textura, algo muy natural.

Removemos ligeramente, no demasiado y la hoja del canónigo

hay que aliñarla un poco antes de llevarla a la mesa,

como ocurre con la lechuga.

¿Por qué no le pones nunca vinagre?

Bueno, el canónigo tiene un sabor tan intenso

que cuando va acompañando a una salsa como hoy o un bacalao,

no le quiero introducir mucho más sabor.

En ese paso 4, aparte de aliñar los canónigos

vamos a ir pensando ya en la presentación del plato.

Voy a traer la salsa, esta salsa que además, Pepa,

quiero que pruebes, porque al principio me decías,

"¿fruta con pescado? ¿Esto qué es?" Raro suena.

Vas a coger un poco de salsa, sopla, te aviso,

que luego dices que te has quemado.

Prueba la salsa y mira qué sabor que tiene.

¿Rica, verdad?

Y además está un poco salada. Muy bueno.

Ahí está, fijaos qué sencillo.

Vamos a colocar por un lado esos canónigos,

una base con estos canónigos,

le damos la vuelta para que se vea la parte más verde.

Suficiente. Mira qué bonito.

Y ahora a un lado vamos a colocar el bacalao, por ejemplo,

de todos los que tenemos vamos a ver...

Esta ha quedado bonita.

Mira qué rebuscado, la de abajo tenía que ser.

Venga vamos a poner un poco en un lado.

La salsa que ha reducido, la podéis dejar si queréis más espesa,

con esto es suficiente.

Mira qué colorido. ¿Has visto?

Así, unas gotas goteando por fuera y solamente nos queda,

ya que hemos dorado las láminas de ajo...

Eso te iba a decir, que le faltaba un punto crujiente.

Le falta aroma.

Bueno, vamos a colocar ese toque, ya que tenemos la guindilla,

cogemos un poco de esas láminas crujientes, las ponemos por encima,

una cayena, al que le guste lo picante que la mastique

y al que no que la utilice solo como decoración,

mínima cantidad de sal sobre los ajos,

no ha caído prácticamente nada.

Familia, preparad cuchillo, tenedor, pan si queréis mojar la salsa

porque a esto ya le toca degustarlo.

Pepa, tráete el mantel

y familia, a disfrutar de un bacalao con salsa de fresas y canónigos.

¡Mirad qué pinta! Marchando.

Lo que el ojo no ve nos muestra en detalle esa salsa, como veis,

brillante, densa, con todo sabor del cítrico y de la fresa.

Vamos viendo también esa suprema de bacalao dorada por fuera,

crujiente por fuera y muy jugosa en el interior.

Los canónigos aliñados y servidos para que no se queden lacios.

Y remataremos esta fiesta de sabores con las láminas crujientes de ajo

y el toque picante de la guindilla.

Programa 100% de servicio público y por eso Pepa, abre el mail,

busca y busca todos los correos y dice:

venga, vamos a ir resolviendo alguno que otro.

Como por ejemplo el que manda Mercedes, de A Coruña,

que me ha parecido muy interesante

porque suele ser una duda que tenemos todos.

Bueno, mi consejo es no lo laves. ¿Por qué?

Porque esa carne va a absorber parte del agua y luego,

si lo vamos a freír o lo vamos a dorar a la plancha

no nos va a quedar muy rico.

Si alguna vez compramos un pollo o una carne y viene, por ejemplo,

manchada de sangre, con papel de cocina lo vamos a limpiar.

Y luego, respecto a cualquier germen que pueda tener,

cualquier bacteria

a las temperaturas a la cual se va a someter,

me da igual el horneado, a la plancha o a la fritura,

va a quedar totalmente destruida.

Pero si las carnes, ternera, pollo...

al final tienen gran cantidad de agua porque lo hemos lavado,

no nos va a quedar muy rica.

Así que siempre mejor evitar no lavarlo.

Mira qué respuesta más concreta. Vamos con la que nos dice Anabel.

Bueno, importante.

Tenemos levadura fresca, como veis, tiene humedad y levadura seca.

Al fin y a cabo ambos son fermentos vivos.

¿Cuál es la diferencia? Aquí les han retirado la humedad.

Por tanto, cuando vayamos a quitar esta parte de levadura fresca

y queremos sustituir por levadura seca, siempre de panadero,

más o menos con un tercio, aproximadamente,

va a ser la equivalencia.

Si quitamos el agua más o menos equivale a ese tercio.

El tema de la levadura, que la masa esté muy hidratada,

muy elástica, blandita e hidratada.

Porque claro, si la masa nos queda muy seca,

da igual que ponga levadura fresca, levadura seca,

ahí no va a haber vida.

Por eso esta equivalencia, con poner un tercio, le dejamos tiempo,

temperatura templadita, un ambiente tapado,

preservado de corrientes de aire y tiene que funcionar igual.

Ahora, siempre de panadero, no la levadura química,

que eso es otra cosa.

De todas formas es valiente, ¿eh? Porque el roscón es dificilísimo.

Bueno, a ver, ¿dónde nos puedes mandar todas esas dudas?

¿Dónde puedes consultar todos estos trucos?

Todas las recetas que llevamos ya puestas que son ya más de 200.

Pues en nuestra página web.

La tengo aquí abierta.

Una página donde veréis las recetas que vamos a hacer próximamente,

la escuela de pastelería, las que ya hemos hecho.

Mira, tenemos hasta un enlace de un video

que nos hicieron nuestros compañeros de la web muy divertido.

En fin, una página para consultar, para disfrutar,

para perderse y navegar, para recuperar esos videos

y recordar cómo se hacían esas recetas.

Visitadla, que de verdad os va a gustar.

Y también tenéis, como siempre digo, todas las recetas de pastelería.

Hoy vamos con esos pastelitos al limón.

En su momento aprendimos a hacer la pasta quebrada.

Tenéis la receta en la web. Formábamos tartaletas.

Ahora vamos a aprender una crema de limón

que pondremos sobre esas tartaletas una vez que estén horneadas

y vamos hacer unos pastelitos de limón que no os quiero ni contar.

Lo primero, 10 g de maicena que incorporo al bol

y 100 g de azúcar.

Primero mezclamos bien para que no haya ningún grumo,

por eso se reparte perfectamente la maicena con el azúcar.

A continuación, un poco de ralladura de limón

para reforzar más el sabor de esta crema.

Añadiremos tres yemas de huevo, seguimos mezclando bien,

nos va a quedar una pasta azucarada.

Llega el momento de añadir 100 ml, pero mirad,

mi consejo es poner el zumo de un limón y medio

y el resto hasta los 100 ml de agua, una versión ligera.

¿Que os gusta la intensidad?

Poned todo de limón, pero no me hago responsable.

100 ml de líquido, un limón y medio en zumo,

seguimos mezclando poco a poco y para dar un poco más de cremosidad

añadiremos 20 g de mantequilla.

Mantequilla que yo tengo empomada y no os preocupéis

porque como esto va a cocer se va a ir fundiendo.

Lo ponemos a fuego medio sin dejar de remover

y esta crema de limón va a ir espesando, espesando

y se convertirá en una crema de densidad de la crema pastelera.

En ese momento, cuando ya esté fría, nos vamos a los pastelitos.

Cogemos una base de masa quebrada, masa quebrada ya horneada,

añadimos la crema de limón,

damos un golpe de cinco minutos de horno a 170°, retiramos,

enfriamos y decoramos con grosella y ramitas de vainilla.

Y tenemos unos pastelitos que Pepa va empezar a probar

cuando nos hagas el resumen,

porque comer y hablar no suele quedar bien.

No suele quedar bien.

Estoy aquí agarrándome las manos, que se note.

Bueno, pues venga, vamos con ese resumen,

veremos paso a paso cómo hemos hecho la receta de hoy.

Estos son los ingredientes que necesitamos para hacer

el bacalao con salsa de fresas. Y esta la receta paso a paso.

Paso 1. Sofríe la cebolleta a fuego medio con la piel de naranja.

Cuando empiece a pocharse añade los fresones y el azúcar moreno

y manten al fuego unos minutos.

Incorpora zumo de naranja y deja hervir unos seis o siete minutos más

y cuela.

Paso 2. Corta los ajos en láminas finas

y dóralas junto con las cayenas, en aceite no muy fuerte.

Retira y reserva.

Muelen un mortero la salvia con un pellizco de sal

y mezcla con la harina.

Paso 3. Pasa los trozos de bacalao por esa harina

y fríe en el aceite aromatizado con ajo y cayena.

Paso 4. Sirve el bacalao, salsea ligeramente

y acompaña el plato con una ensalada de canónigos

aliñados con aceite, sal y pimienta.

Bueno, y ahora sí que se ha ganado Pepa un pastelito de limón,

que ha hecho un buen resumen. Un cuarto.

Te lo he troceado para que no te atragantes.

Claro, claro.

Pero no va ser el único dulce que haya hoy aquí.

Pues no señor, porque hoy tenemos en nuestra cocina,

mirad qué foto la de Raquel Martínez,

nos ha escrito un correo desde Calatayud, os lo voy a leer.

Se metió en la cocina y decidió hacer uno de tus platos.

Dice, "hola Sergio (a mí que me zurzan)

a quí os envió una foto de las violetinas están buenísimas

y son muy fáciles y rápidas de hacer.

Un saludo que yo te devuelvo porque no soy rencorosa.

¿Lo veis, cómo...?

Bueno, dan ganas de cogerlas, ¿verdad?

El fresón bañado en chocolate

con la molienda del caramelo típico de las violetinas.

Propuestas sencillas, animáos,

modificad un poco en casa los postres, que lo van a agradecer,

y postres, ideas, guarniciones, platos y la web que maneja Pepa.

Todo en "Cocina con Sergio".

Nos os perdáis el próximo programa porque lo vamos a pasar muy bien

y además seguro que hacemos un plato riquísimo.

Vamos a estar esperándoos, no nos falléis.

Hasta luego.

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Cocina con Sergio - Bacalao con salsa de fresas

07 mar 2015

INGREDIENTES:

4 porciones bacalao

4 dientes ajo

2 cayenas

2 naranjas

1 cebolleta

6 fresones

30 g azúcar moreno

100 g canónigos

Aceite, sal

Pimienta molida

Harina

PASO 1. Sofríe la cebolleta a fuego medio con la piel de naranja. Cuando empiece a pocharse, añade los fresones y el azúcar moreno y mantén al fuego unos minutos. Incorpora el zumo de naranja, deja hervir unos 6 ó 7 minutos y cuela.

PASO 2. Corta los ajos en láminas y dóralas, junto a las cayenas, en aceite no muy caliente. Retira y reserva. Muele en un mortero la salvia con un pellizco de sal y mezcla con la harina.

PASO 3. Pasa los trozos de bacalao por esa harina y fríe en el aceite aromatizado con ajo y cayena.

PASO 4. Sirve el bacalao, salsea ligeramente y acompaña el plato con una ensalada de canónigos aliñados con aceite, sal y pimienta

 

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