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Para todos los públicos Cocina con Sergio - Cóctel de legumbres - Ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Hoy tenemos un plato 10, supersaludable,

un cóctel de legumbre y marisco con una salsa de papaya.

Pepa, fíjate, esto se come con la vista.

Además, un plato saludable y qué buena idea

mezclar legumbre con un toque refrescante.

Desde luego que sí,

y un toque refrescante tiene por todos los rincones.

Cuando llega el frío, los inviernos duros,

uno llega a casa, se encuentra un potaje

y entra solito, ¿verdad? Fenomenal.

La legumbre, el caldo, productos cárnicos...

Pero cuando llega la primavera o el verano,

la legumbre tiene que seguir siendo protagonista.

En ensalada, con su vinagreta, acompañada de hortalizas.

Aquí veo que Pepa, que ha buscado en el almacén

con nuestro compañero Claudio, han buscado muchas legumbres.

Judías verdes, guisantes, garbanzos, judías blancas, lentejas, soja...

Pero el arroz es un cereal, Pepa. Hasta ahí, llego.

Y lo has puesto con las legumbres y luego lo mezclas todo en el bote.

Lo saben hasta los niños del cole por qué está ahí el arroz.

Porque es el complemento perfecto a la proteína de las legumbres.

Si hacemos un buen plato de legumbres

y queremos que sea una comida redonda,

le ponemos un poco de arroz y perfecto.

De ahí las abuelas, que en esas pintas cocinadas

o en esas lentejas, no faltaba ese puñado de arroz.

Ahora sabemos las propiedades tan buenísimas de la legumbre,

pero siempre ha sido una comida, un poco, de pobres, ¿no?

No tenía muy buena prensa.

Incluso hay referencias literarias sobre ello.

¿Te acuerdas de los cuentos del conde Lucanor?

¿Del infante Juan Manuel? Son de 1330, ¿eh?

Acordaos de aquel hombre rico que estaba apenado de sí mismo

porque ya no lo era y tenía que comer altramuces.

Con lo ricos que están.

Y se dio cuenta de que las cáscaras de los altramuces que tiraba

se las comía otro hombre que era más pobre que él.

Tiene una moraleja

que se nos debería quedar a todos presentes,

sobre todo ahora que hemos pasado una etapa un poco difícil.

"Por padecer pobreza, nunca os desaniméis,

porque otros más pobres un día encontraréis".

Si investigamos un poquito, hablamos de historia, de origen,

nos tendríamos que ir a Mesopotamia

para encontrar el origen de las lentejas y los guisantes.

La soja también nos llega desde muy lejos, desde el Oriente Lejano.

El primer cultivo del hombre, junto con el trigo y la cebada,

fueron las legumbres, hablamos de hace más de 8000 años.

En la Biblia hay muchas referencias sobre las legumbres.

El rey de Babilonia ordena que se alimente

a los hijos del profeta Daniel con una ración diaria de legumbres

y el rey Salomón, el hombre justo

que hacía esas sentencias tan estupendas, dice:

"Mejor es la comida de legumbres donde hay amor

que buey engordado donde solo crece el odio".

Hablamos de hace muchísimos años,

y hoy todavía nos podría aplicar esa sentencia.

La soja también es muy antigua.

Su cultivo está fechado, por lo menos, en el año 2800 a. C.

Es uno de los cinco cultivos sagrados de la antigua China

junto con el arroz, mijo, cebada, trigo.

Y hay otras legumbres que nos llegan de otros sitios muy lejanos,

de la América precolombina.

Cuando llegaron los conquistadores, se encontraron con que los aztecas,

los mayas, los incas, basaban su alimentación,

no solo en las legumbres, sino también en cultivos autóctonos

como la yuca, las patatas.

Y Egipto, qué curioso, acabó siendo la despensa de las lentejas

del imperio romano.

Había un montón de barcos que cruzaban el mar

para llevarlo a la antigua Roma, a la capital.

Hay una cosa muy curiosa,

si vas a San Pedro, a Roma, hay un obelisco

y se dice que ese obelisco, que, por cierto,

se paralizó la ciudad, hubo una orden de silencio

para que se pudieran concentrar y levantarlo,

venía envuelto en lentejas para que no se les rompiera.

Qué curioso.

Ya sabemos cómo transportar cuando haya que llevar una vajilla

o un jarrón de cristal. Amortigua los golpes.

En cualquier caso, no pueden ni deben faltar en nuestra dieta

y repito, lo digo muchas veces, siempre lentejas o garbanzos...

Hay mil y una forma de cocinarlas en frío, caliente,

legumbres secas, frescas... A disfrutar de ellas.

Hoy vamos a decorar este plato, este cóctel que vamos a hacer,

con un toque de perejil rizado.

Unas hojas retorcidas, pero con todo el sabor y el aroma del perejil.

Lo pongo por aquí. ¿Nos cuentas los ingredientes?

Por supuesto. Venid para acá y los vemos todos a la vez.

Como veis, la papaya y la yema de huevo

como protagonistas de esa vinagreta que bañará la alubia y el marisco

y acompañado de pimiento, cebolleta y tomate.

Todo muy de ensalada, pero en otra versión.

El plato es muy saludable,

una combinación de legumbres, hortalizas y marisco de primera.

Pero si de postre tomamos un bizcocho con aceite de oliva,

con miel, con semillas de amapola, ¿cuál es el resultado?

Que en la Escuela de Pastelería vamos a preparar este bizcocho,

un bizcocho muy esponjoso, muy muy saludable a base de miel,

copos de avena...

En fin, lo que nos vamos a encontrar en el interior de este bizcocho.

Pinta saludable tiene... Estate quieta, muchacha.

¿Pero estará bueno? ¿Lo pruebo? ¿Me dejas?

¿Que si estará bueno? Tú, ¿hueles? Huele muy rico.

Fermín, nuestro productor, me ha dicho que le corte los trozos

porque ha comido regular, estáis todos detrás del bizcocho.

Déjalo ahí. Ya se lo ha comido...

No, déjalo detrás, perdona, ya le has metido mano,

luego te lo comes. ¡Lo iba a dejar ahí!

Guárdatelo ahí, que te lo doy.

Se va a enfadar el productor porque se lo está comiendo todo.

Familia, vamos con el paso 1

para poner ese toque refrescante al plato.

Lo primero, tengo por aquí pimiento cortado en dados muy pequeñitos,

he quitado las pepitas, esas vetas blanquecinas

y dados muy pequeños. Eso por un lado.

Más cositas, tengo por aquí... ¿Tengo que cogerla o no?

No, vas ahora mezclando. El tomate, ¿qué he hecho con él?

Le he quitado las semillas.

Para una salsa u otra cosa, las dejamos,

para un cóctel, mi consejo es que quitéis todas las pepitas,

porque todo el agua que desprenden las pepitas,

rebajará el sabor de la vinagreta.

Al fin y al cabo, es agua y si aportamos agua

y lo añadimos a la salsa, no va a quedar muy rico.

El tomate, igual. Solo la carne, ¿no?

Claro, la carne, en tiras muy finas, a su vez, le doy la vuelta,

y cortamos dados chiquititos, todo en versión mini

para que cada cucharada o tajada que nos vamos a llevar,

lleve un poquito de pimiento, un poquito de cebolleta

y un poquito de tomate.

Luego, el cuchillo como está afinado,

no machaco el tomate y le doy un corte bastante limpio.

Si fuese para una salsa, me daría igual,

dejaría las pepitas y me da igual que el tomate se machaque un poco,

pero veis cómo hace el cuchillo un corte muy limpio.

Por eso, de vez en cuando, hay que visitar al afilador

o se puede comprar un afilador eléctrico

y darle una pasadita en casa.

El caso es que los cuchillos, al igual que el coche,

tienen su mantenimiento. La ITV.

Porque hay cuchillos que llevan décadas sin afilarse en casa

y, al final, el cuchillo hace el amago, ni puede con la vida.

Va intentando dar un corte, pero... Y es peligroso, además, ¿no?

Es muy peligroso, porque no lo dominas.

Cuando no corta, va un poco para donde tu quieras,

entonces, simplemente, hay que tener esa precaución.

Lo puedes ir mezclando, pimiento, tomate...

Un poquitín, sin machacarlo demasiado.

Al mezclar ensaladas y cócteles, despacito, no lo machaquéis mucho,

suavemente, porque sería una pena que llegue a la mesa destrozado.

Por eso, cuchillo afilado y corte limpio.

Voy a terminar ya con el tomate

y lo siguiente que haré es cortar las cebolletas.

Como veis, hortalizas muy de ensalada,

que las vemos en otras versiones.

En un sofrito, nos encontramos, en este caso,

la cebolleta y el tomate guisados.

En una ensalada, nos lo encontramos pelado y muy bien troceado.

Cada ingrediente juega un papel

en función de la técnica y del plato que vayamos a cocinar.

Y el color, que también importa. También, ese juego de colores.

Los rojos son muy atractivos en las ensaladas,

los granates, los blancos... También hay que jugar.

Al final es, simplemente, gusto, aroma, sabor.

Este es el último y ahora me pongo con la cebolleta.

Si no tenéis cebolleta y tenéis cebolla, perfecto.

Que no sea muy... Que no sea de las bravas.

Yo aguanto muy bien la cebolla y me da igual que sea morada...

Soy muy de cebolla. Los ojos con callo.

Yo lloro con cada cebolla.

Alguna vez sale brava y no veas la que me lía.

Por un lado, vamos mezclando eso.

Voy a secar un poco la tabla para cortar la cebolleta.

A continuación, la cebolleta que tengo por aquí.

Es cierto que la cebolleta nos dará ese toque más refrescante

y es más suave.

Ahora, la cebolleta. La chalota, ¿no se pone en crudo?

La chalota, debido al aroma que desprende durante el cocinado,

suele ir en guisos o en salsas. En trozos pequeños...

Pero la chalota en crudo, también tiene su fuerza.

También, guerrera.

Si tenéis una chalota en casa, la podéis trocear y echar.

Cortamos también cebolleta, que va a entrar ahí

y, vuelvo a insistir en la tabla.

Una tabla estable, no hace falta gastarnos un dineral.

Cuéntanos el truco de cómo consigues que la tabla no se mueva.

Cuando la tabla se arquea un poquito o una tabla que no es muy estable...

O una encimera muy lisita... Exacto.

Pones debajo, simplemente, un toquecito de papel,

1-2 pliegos de papel de manos, del de cocina, mojado

y eso hace una especie de ventosa y consigues que no se vaya.

Pequeños trucos que, en el día a día,

nos vienen muy bien.

Terminamos con la otra mitad.

Como veis, cortes verticales sin llegar al final

y cuando hemos terminado, uno horizontal

y ahora, a cortar esa cebolleta.

Mientras tanto, Pepa, vas a subir el fuego.

El fuego del recipiente que tenemos ahí.

Ponlo, al 7 o al 8 y vas a añadir un chorrito de aceite.

Porque cuando termine con la cebolleta,

en el paso 2, ¿qué vamos a hacer?

Vamos a añadir, por un lado, tenemos los mejillones ya cocidos,

pero nos falta cocer los berberechos,

que los vamos a echar en el recipiente

con el aceite y con la tapa.

Por lo tanto, que se caliente. Está al 8, ¿no?

Sí.

Vamos a esperar un poquitín para que se caliente.

Termino de añadir aquí y ahora puedes mezclar todas las hortalizas.

Al estar tan troceadas... Mira qué colorido.

Qué olor tan rico que dan. Como veis, ninguna está machacada.

Todas están bien troceadas.

Por otro lado, hemos puesto aceite, añadimos el marisco, tapamos.

Vamos a dejar, nada, unos segundos y se van a abrir,

se harán rápidamente, no va a tardar nada.

En un poquitín, van a estar hechos. El paño, lo tengo por aquí.

En cuanto que estén abiertos,

les quitaré las valvas y me quedaré con la carne.

Misma operación que voy a hacer con los mejillones,

que tengo ya cocidos.

Lo que voy a hacer es ir retirando, poco a poco, la valva.

Hoy no queremos la valva para nada, nos vamos a quedar con la carne.

Así, vamos a ir quitando.

Toma el paño, levanta, porque seguro que esos ya casi están abiertos.

Se están abriendo todavía.

En cuanto que les des un meneíto, los tendremos.

Mira qué buena pinta. Veo alguno abierto.

Todos a la vez. Luego, corren mucho. Sí, sí. Están en ello.

No sé si los veis, porque con el humo...

Si tapas el recipiente y lo apagas,

con el calor residual se acabarán de hacer.

Si te parece, termino de retirar las valvas a los mejillones,

los voy a retirar también del fuego, y, en breve, seguimos con el plato.

Antes, me gustaría que nos des datos de consumo.

Legumbres, que debe ser alto, ¿eh? Y algún hecho histórico.

Tengo uno muy bueno.

Os he dicho antes que a los romanos les encantaban las legumbres.

Pues no solo a los romanos, también a los cartagineses.

Un general, en las proximidades de Cartagena,

ordenó a los soldados que plantaran legumbres

en aquellos tiempos de paz, para que no estuvieran ociosos

y no se entregaran al ocio, que nunca conduce a nada bueno.

Seguimos, a los griegos les encantaban las habas,

salvo a uno muy ilustre, a Pitágoras, gran matemático.

Las aborrecía de tal forma que cuentan

que cuando estaba a punto de morir por sus perseguidores, sus asesinos,

le tocaba atravesar un campo de habas, se negó

y ahí lo mataron. Fíjate si las odiaba.

Qué cabezonería.

Ahora, los datos de producción y consumo españoles que, la verdad,

son importantes.

Entre alubias, lentejas, garbanzos y guisantes,

cultivamos y producimos 257 000 t de legumbres, no está mal.

153 000 t al año, lo que viene a ser por persona unos 3,5 kilos.

El campeón de todas las legumbres, el garbanzo.

Producimos y consumimos, sobre todo, 58 000 t

y empatadas, lentejas y alubias, 46 000 t.

No está mal, pero no es una cifra demasiado alta,

podríamos aumentarla, que son muy sanas.

La industria nos lo pone muy fácil, hemos comprado tres frasquitos,

lentejas cocidas, judías, garbanzos, que llegas a casa

y quieres hacer un guiso de judías, pero tienes poco tiempo.

Pon la olla a presión, da un hervor a una punta de jamón, chorizo,

un poco de zanahoria y media cebolla. 10 minutos.

Abres el recipiente, cuando haya perdido el vapor,

añades un frasquito de judías hervidas,

das a todo un hervor, un sofrito de pimentón

y en 20-25 minutos tienes un plato de judías.

No hay excusa para no disfrutar e incorporar en nuestra dieta

cualquiera de las legumbres que tenéis por aquí.

¿Nos ponemos otra vez a la cocina? Venga, volvemos con el paso 3.

El plato empieza a tener color.

Tenemos todo el picadillo con las distintas hortalizas

y vamos a incorporar ahora las judías hervidas, refrescadas.

Te ha cundido, has sacado las valvas...

Cuando uno es rápido, es rápido.

La cocina tiene que ser muy visual, muy limpita, todo recogido.

Añadimos con mucho cuidado las judías y las vamos a mezclar.

Judías que has refrescado de alguna manera, ¿no?

El consejo, nunca cuando hayáis hervido una legumbre,

no la escurráis directamente, porque si está cociendo al fuego,

lo escurrimos, las dejamos al aire, se agrietan, se rompe el hollejo.

Mi consejo, cuando estén al dente, paralizáis la cocción,

dejáis unos minutos que se atemperen en el agua de la cocción

y pasamos a otro recipiente con agua fría o las lavamos.

Añadimos también el marisco.

Qué buena pinta ese brillo que tiene.

Ahora, con cuidadito, lo vas mezclando.

Eso por ahí.

Por otro lado la salsa, que va a dar es tu vida.

Va a dar color. Papaya. Está troceada.

La yema de huevo, que nos va a ayudar...

¿Te acuerdas de las salsas emulsionadas?

Sí, es verdad. La vinagreta es inestable.

Pero si añadimos un poco de yema de huevo,

nos va a ayudar a que quede un poco con más cuerpo.

También vamos a poner papaya y nos va a ayudar.

Papaya que tengo pelada y troceada. Quieta, no te escapes.

Vamos a ponerla ahí.

También la yema de huevo.

Podemos añadir un picadillo de perejil,

pero lo vamos a dejar para el final, para decorar.

Ya que es rizado... Entonces te lo vuelvo a quitar.

No pasa nada.

Chorrito de vinagre.

Vamos a poner un toque de sal.

Aunque ya sabes que a veces le pongo una pizca de azúcar

a las vinagretas, hoy no le voy a poner porque la papaya es dulzona

y le va a aportar ese toque dulce y nos va a rebajar en parte

la acidez que nos pueda dar el vinagre.

Siempre contrarrestando.

Aceite de oliva virgen que vamos a poner.

Lo vamos a dejar todo bien triturado.

Cualquier fruta que se vaya a estropear,

que se vaya a poner mala, a la vinagreta.

Hacemos una mahonesa con ella, no hay ningún problema.

Vamos. Al principio le damos despacio.

Más que nada para que no salte.

Y ahí ya toda la fruta, la papaya, la yema de huevo,

se ha triturado por completo.

El aroma que sale es muy rico, la verdad que sí.

Ahí lo tenemos.

En casa trituradlo muy bien para que no quede ningún resto pululando.

Y otra salsa fría que habéis aprendido.

Aceite de oliva, yema de huevo, papaya troceada,

valdría mango también, toque de sal...

Y lo tenemos.

Marchando, quieta por ahí. Mirad, fijaos.

Lo voy a poner en un bol para que veáis

qué densidad ha cogido.

Y el sabor no os quiero ni contar qué delicia.

Parece una mahonesa, pero en realidad, si os dais cuenta,

los ingredientes son los mismos que para la vinagreta.

Y el aroma que tiene es espectacular.

Todo esto respecto al paso tres.

Ahora vamos con la presentación, el paso cuatro.

Voy a dejar aquí la salsa.

Traigo el plato, no te preocupes. Empezamos ya a servir el cóctel.

Mi consejo, podéis añadir un chorro de aceite como una pizca de sal,

por ejemplo.

Lo tapáis con papel film y lo metéis en la nevera.

Lo dejáis reposar.

Llega el momento de servirlo, de llevarlo a la mesa,

hacéis la vinagreta, que se tarda un minuto,

la hacéis en el último momento y salseáis.

Os va a quedar mucho más bonito presentado.

Si le pones aquí la vinagreta, no va a haber ningún problema, ¿eh?

Vamos a añadir este picadillo, toda la legumbre,

todas las hortalizas, el marisco que anda entre medias.

Este tipo de cócteles, este tipo de ensaladas queda muy bien.

¿El tema cuál va a ser si añadimos el vinagre?

El vinagre acelera y macera los productos.

Si se tira mucho tiempo aquí, el tomate va a quedar más blando,

la cebolleta va a quedar más blanda.

Simplemente es si queréis ganar textura

o si no queréis. Hay quien prefiere sacrificar

textura por sabor. No hay ningún problema, ¿eh?

Voy a rescatar un mejillón por aquí, naranjita, lo ponemos ahí.

Un toquecito por aquí... Y salseamos.

Plato muy sencillo, ligero, en la línea de lo que decimos

de incorporar en la dieta distintos productos.

Una cuchara, por favor. Cualquiera de ellas.

Le ponemos nuestro toquecito de esta salsa vinagreta

con la papaya y la yema de huevo. Lo ponemos así, cruzando el plato.

Ahí lo tenemos.

Por eso os decía que nos va a decorar más si lo ponemos

justo al final.

Toque verde, que es lo único que nos pide el plato.

Es verdad, ¿eh?

Creo, Pepa, que esto está listo para llevar a la mesa.

Pues para probar también. Vamos a poner este ramillete,

que está muy fresco.

Se lo vamos a colocar.

Se lo ponemos justo ahí. No le ponemos nada más.

Una opción de primer plato o una opción,

que acompañándolo con un poco de pan o bebida,

casi tenemos un plato único.

Familia, hay que saber cocinar de forma económica, rápida,

y por supuesto, saludable.

Lo que el ojo no ve nos muestra la estabilidad de la salsa.

Salsa de aceite, papaya, yema de huevo, con mucho aroma,

color y sabor.

Baña perfectamente a ese cóctel de mejillón, cebolleta, tomate,

pimiento...

Sabores, aromas y colores por todos los rincones.

(Música)

En este consultorio, servicio público que abrimos

en cada programa vamos a empezar con una cuestión interesante,

que no solamente nos hace un amigo, sino que nuestro productor

también tiene problemas con los churros.

Que le estallan y todo. ¿Productor o realizador?

Realizador. Perdón, he cambiado la categoría...

Encima, además de boca chancla, encima te cambia la categoría.

Que es que tiene un problema con los churros.

Vamos con el mail. Déjate de meterte en líos.

Correo que nos escribe Rodrigo, desde Salamanca.

Eso está bien. Vamos cumpliendo años.

Receta de los churros.

250 ml de agua con sal,

y un chorro generoso de aceite a hervir.

Lo ponemos a cocer. Aparte 125 g de harina.

Cuando haya hervido un rato, que vemos que empieza a cocer,

añadimos de golpe la harina.

Trabajamos como si no hubiese mañana.

¿Te acuerdas que alguna vez lo he hecho? Mueve, mueve, mueve.

Hasta que te duele... Hasta que te duele el brazo.

Hasta que sea una pasta, una pelota que si quiere despegar

de los bordes del recipiente.

En ese momento volcamos en la encimera, con cuidado,

que sale a una temperatura elevada, con las palmas de las manos

le damos golpecitos para amasar ligeramente.

¿Qué es lo que estamos haciendo? Sacar cualquier burbujita de aire

que quede en el interior.

Si queda alguna burbuja de aire, hacemos el churro con una churrera,

con una manga pastelera, luego lo freímos ha quedado...

Explota. Esa burbujita de aire explota.

Por eso es importante amasarlo. Trabajamos bien, sacamos el aire,

formamos los churros y a freír.

Luego los rebozamos con un poco con azúcar...

Ya nos invitarás a desayunar cuando vayamos por Salamanca.

Seguro que sí.

Vamos a pasar a un correo salado. No sé si da respuesta...

Nos la ha enviado Carmen desde Jaca, Huesca.

Bueno...

Un sofrito suave que aporte sabor. Un fumet suave que aporte sabor.

Empezaremos haciendo un sofrito con ajo, cebolla o cebolleta,

pimiento verde. Un sofrito tranquilito, sin prisa,

que nos deje todo el sabor.

Incorporar los dados de sepia, por ejemplo, calamar,

chipirones troceados, unas gambas que guardaremos al final.

Añadimos el arroz, rehogamos bien, cubrimos con el fumet,

añadimos la tinta y dejamos cocer despacio.

A última hora las gambas, sazonamos en su momento,

y ese arroz va a estar de lujo, seguro.

Pues también nos contarás.

¿Dónde nos podéis enviar vuestros correos, vuestras dudas?

¿Dónde puedes consultar todas las recetas

que hemos dicho que son 260?

¿Dónde podéis ver los videos para recordar cómo se hacían,

o imprimirlas, ver trucos de cocina, utensilios que pueden ser útiles?

¿O la escuela de pastelería? En nuestra página web.

www.rtve.es/cocinaconsergio.

Tenéis que dedicarle un ratito, porque está hecha para vosotros,

por vosotros y la vais a disfrutar.

Ahora nos vamos a la escuela de pastelería.

(Música)

Vamos con ese bizcocho que va a llevar copos de avena,

miel y semillas de amapola.

Primero repasemos los ingredientes y lo cocinamos.

Si no tenemos semillas, no pasa nada.

La elaboración es muy sencilla.

En un bol añadimos los huevos y el azúcar.

Tú, Pepa, le das que se mezcle bien.

Sin problema, ¿eh?

Mezclamos en un primer lugar huevos con azúcar.

Cuanto más tiempo estemos batiendo en casa, más esponjoso va a quedar.

Vamos a añadir aceite.

Como si estuviéramos haciendo una mahonesa.

Poquito a poco.

Vas a notar cómo va quedando más cremoso.

Estás haciendo como una semiemulsión.

También añadiremos a esta mezcla levadura que tengo por aquí.

Y parte de las semillas de amapola que van a dar un toque

de decoración bonito.

Nos las vamos a encontrar en medio.

De vez en cuando algún granito crujirá y va a quedar agradable.

¿Podemos echar semillas de sésamo, por ejemplo?

Le va bien sésamo, por ejemplo. Si tenemos de lino, otra cosa...

Vamos a añadir también un chorrito generoso de miel,

que va a dar un toque suave y cremoso.

Más o menos.

Mira qué color tan bonito, ya coge un dorado precioso.

Vamos a añadir los 140 de harina.

Al principio hay una situación de crisis, que no se mezcla,

que están todos los grumitos. Tranquilidad.

Me ves la cara de pánico, ¿no? No, lo notó en el brazo.

Ha dicho: "Dios mío, la que me viene encima".

Ya empieza a pesar de esto. Mientras que Pepa mezcla,

tengo un molde engrasado con mantequilla

y espolvoreado con harina.

En el interior de este molde, añado unos copos de avena.

Pensar que este molde, aunque los copos van en la parte de abajo,

cuando desmoldemos el bizcocho, van a quedar en la parte de arriba.

Esos copos de avena como elemento decorativo.

Ya está, perfecto. Ya no hay grumos.

Me duele todo. Estás que no puedes más, ¿eh?

Sí. Ahora hacemos lo siguiente.

Quitamos la varilla del medio.

Esto por ahí. Ponemos aquí el molde.

El horno encendido a 170°, calor arriba y abajo, como veis.

Una temperatura moderada.

Lo vamos a tener 35 minutos.

Cubre todos los copos de avena que pusimos.

A esta temperatura, este bizcocho, que como veis la mezcla es densa,

irá subiendo, creciendo, y el resultado, ¿cuál va a ser?

Vamos a ver el que tenemos ahí.

Cómo huele de rico el aceite de oliva.

Este lo metemos en el horno...

Y el resultado, venid por aquí. Pepa nos hace el resumen...

Como ella ya lo probó, lo voy a probar yo, si te parece.

Pues venga. Apuntad en casa. Luego nos apuntamos al bizcocho.

Estos son los ingredientes que necesitamos para hacer el cóctel

de legumbre y marisco. Y esta la receta paso a paso.

Paso número uno. Pica finamente el pimiento rojo,

la cebolleta, el tomate pelado y sin pepitas,

y la clara de huevo cocido.

Mézclalo en un bol con las judías blancas cocidas.

Paso número dos. Pon un chorro de aceite en un recipiente con tapa,

y cuando esté caliente, cuece los berberechos al vapor

hasta que se abran. Sepáralos de añádelos al picadillo.

Paso número tres. Para la vinagreta, tritura con la batidora

la papaya con la yema de huevo cocido,

aceite, vinagre y sal.

Paso número cuatro, sirve la ensalada de legumbre

y marisco y salsea con la vinagreta de papaya.

Has cortado para que no se note, pero falta un trozo.

Es que se disimula muy bien.

El plato de hoy y este bizcocho tan rico se lo vamos a dedicar

a Honduras. En concreto a Berta.

Dice: "Me encanta el programa y la página que ustedes tienen

en la web. Las instantáneas invitan a ponerse a cocinar

un día y otro, otro. Un saludo desde la capital

de este querido país que ahora me acoge por motivos familiares.

Claro que sí, un saludo a Honduras y a todos los rincones

de dónde veis "Cocina con Sergio".

Platos como habéis visto, propuestas saladas, dulces,

y sobre todo, disfrutando de la cocina. Os esperamos.

No os lo perdáis, ¿eh?

Toma, otro.

(Música créditos)

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Cocina con Sergio - Cóctel de legumbres y marisco

05 dic 2015

Sergio Fernández nos enseña cómo cocinar un CÓCTEL DE LEGUMBRES Y MARISCO. Consulta aquí cómo hacer esta receta paso a paso.


 

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