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Para todos los públicos Mañanas de cine - El gran McLintock - ver ahora
Transcripción completa

-Dios del cielo...

¿Otra vez?

Relinchos del caballo.

Hola, Drago. -Hola, Rizos.

-Son siete veces este mes las que ha vuelto borracho.

-Solo seis. -Siete.

-Una era su cumpleaños, no cuenta. Dame mi látigo.

No ha querido desayunar

más que dos huevos crudos y una jarra de vino.

-No... Rizos...

-Sí, jefe.

Si dices que hace un buen día te pego un tiro.

¡Lárgate de aquí, bicho!

Buenos días. (NIÑOS) Buenos días.

Carlos, ¿qué haces ahí arriba? -Coger el sombrero,

Sr. McLintock, mis hermanos ya tienen todos uno.

Vale, da la salida.

Disparo.

Aparta... -Déjame llevarlo,

me prometiste que me dejarías. No.

(ARREA A LOS CABALLOS) -Cuidado al girar,

un día nos vas a matar.

-¡Gracias, señor!

Mugidos del ganado.

-Hay ganado en el bancal.

(LAS VACAS MUGEN)

(ARREA A LOS CABALLOS)

Vamos...

(LOS CABALLOS RELINCHAN) Seguid así,

30 centavos el quilo de aquí a Kansas City.

-Jefe, ahí hay un viejo jubilado al que deberías olvidar.

¿Bunny? -Sí.

Sabía que su cara me sonaba. -No es de por aquí,

solo lleva en el pueblo dos años.

Oh, no tienes ni una pizca de caridad.

-Buenas, Sr. McLintock. Muy buenas, Bunny.

-Veo que goza de buena salud.

Nunca he estado mejor, contrariamente a lo que dicen.

-Mis riñones ya no son lo que eran

y mi hígado ha tenido mejores tiempos.

Drago... -¡Bah!

Hola, Ben. -¿Qué hay, McLintock?

Drago, echa esto en el carro. -Enseguida.

-Vaya montón de colonos. Sí, muchos.

-Eso hará feliz a Douglas,

se va a llenar los bolsillos con las ventas.

-¿Qué vamos a hacer? Yo no sé que vas a hacer tú,

yo no pienso hacer nada.

-200 familias, un cuarto de buey a la semana por familia.

Si duran dos años, será una cantidad considerable.

Tengo 20 cabezas por cada una de las otras marcas

en la Mesa Verde, no lo notaré.

-Algunos no tenemos todo el dinero del mundo,

ni estamos viejos ni cansados.

Ni nos dejamos pisar. Me interesa lo que dices,

joven Ben, continúa.

-La primera vez que me encuentre una piel con nuestra marca

colgando de la valla de alguno de esos nuevos colonos,

me cargaré al responsable.

Haga lo que quiera, McLintock,

pero yo lo haré. La gente de mi edad

suele llamarme G. W. o McLintock.

Los críos me llaman Sr. McLintock.

-De acuerdo, Sr. McLintock, no es que le tenga miedo;

es el jefazo del territorio y alguien de mi edad

debe llamarle señor.

Sirena del tren.

-Ya es mayorcito, G. W., y casi dueño de todo esto.

Le convertí en mi socio

el día que el médico me puso mala cara.

Pero querrás que vote cuando este territorio

se convierta en estado, ¿no?

Sirena del tren. -Desde luego.

Si a esos colonos les pasa algo, la gente pensará

que esta zona es demasiado salvaje para formar un estado.

Y seguirá siendo, únicamente, un territorio...

Con un montón de comisionados políticos queriendo enseñarnos

lo que aprendieron en una universidad;

donde creen que las vacas son algo que da leche

y los indios estatuas a las puertas de las tiendas.

(AMBOS RÍEN) Confío en que controles

al joven Ben. -Haré lo que pueda.

Pásate por mi casa

y echaremos unas manos a las cartas.

-Lo haré en cuanto tenga tiempo.

-Hace buen día, ¿no, jefe?

Cada uno tiene derecho a dar su opinión.

-¿Está enfadado? Seguro que esto le anima.

Hay unas mil cabezas de unos 550 kilos.

Algunas no están tan gordas como quisiera.

¿Estaban en la zona norte? -Sí.

Colonos... traen una azada y una Biblia

y no tienen ni idea de dónde han llegado.

Drago...

Saca tu revolver. -Sí, jefe.

Quiero que me escuchen.

-¡Yijaaaa! ¡Amigos...!

¡Amigos, venid aquí!

Acercaos...

Vamos, amigos, acercaos.

Soy McLintock, creo que piensan asentarse

y trabajar en la Mesa Verde.

-Sí, señor, nos han dado 160 acres a cada uno.

El gobierno nunca ha regalado nada a nadie.

Hace unos años, llegó más gente como ustedes,

tuvieron un buen primer año, un buen verano

y un invierno suave.

Pero, al año siguiente, dejó de llover en febrero.

Y para junio, hasta las liebres

fueron lo bastante lista para largarse.

-Amigos, ¿saben quién es? Es McLintock,

G. W. McLintock.

Ya te lo advertí, Douglas. -Él controla el agua

en un cuadrado de unos 300 km de lado.

La madera que han comprado procede de sus tierras,

sus hombres talaron los árboles y los serraron en sus serrerías.

Douglas... estuve a punto de matarte dos o tres veces,

cuando éramos jóvenes...

Lamento no haberlo hecho.

-¿Se imaginan que un hombre posea todo eso?

Oh, y minas también, me olvidaba mencionarlo.

Y todo eso... y aún así, envidia a la pobre gente,

la miseria de 160 acres.

-¿Es verdad, Sr. McLintock?

¿Nos envidia por tener esas tierras gratis?

Las tierras gratis no existen.

Si logran vivir de esas granjas, se habrán ganado

hasta el último acre.

Pero es imposible que alguien lo logre en la Mesa Verde.

Dios hizo esta tierra para los búfalos,

es muy buena para el ganado.

Pero odia la azada.

Y hasta el gobierno debería saber que no crece nada

a 2000 metros sobre el nivel del mar.

-¿Algún problema, señor? Ninguno, Jeff.

-¿Qué pasa, Douglas?

-Douglas... solo soy Douglas y a él lo llamas Sr. McLintock...

¿Por qué?

-Verás, Douglas, porque él se lo ha ganado.

Sr. McLintock. ¿Sí?

Sé manejar el ganado, Sr. McLintock, ¿me da trabajo?

Pareces bastante fuerte, ¿vienes con los colonos?

Sí, señor,

pero no tenemos tierras. Lo siento.

Silbidos del tren. -Ya llegará tu momento.

No tiene sentido ser agricultor en estas tierras.

-Este es el mejor encaje de "chatily"

disponible en cualquier lugar.

-Chantilly, Sr. Birnbaum. -Pues créanme, es el mejor.

Oh, disculpen, por favor, echen un vistazo sin prisas.

Drago, mil puros habanos y 12 sombreros

esperándote ahí. -Me parece que 12 sombreros

no van a durar mucho tiempo, tal y como alguien bebe.

-Oh, oh... (LAS MUJERES CHARLAN)

Buenos días, G. W. Buenos días.

Te he robado un caramelo.

-Por favor, sírvete, pasa.

Davey, olvídate de ensillar el caballo, ven aquí.

¿Problemas? -Sí.

Si juegas con las negras mueve la reina a rey 4.

-Sí, tienes razón, había comenzado a concentrarme

cuando llegó la carta. ¿Una carta?

-Ajá... -No quiere que...

Buenos días, Sr. McLintock. Hola, Davey.

-Me ha ahorrado usted un viaje, el traje y el sombrero

que eligió para mi cumpleaños.

Bueno... en lugar de este de vaquero,

me gustaría este... si está usted de acuerdo.

Pues claro que estoy de acuerdo, claro que...

parece la clase de sombrero que se lleva

por la calle mayor cuando se busca pelea.

-Para eso no necesito sombrero, no tengo más que pasear

por la calle y algún listo me llamará "indio"

y ya está la pelea liada. -Davey...

La carta, es para ti y tú eres indio.

-Sí, ya sé que soy indio; pero también soy

el que más corre del pueblo, he ido a la universidad

y soy telegrafista del ferrocarril.

Pero ¿alguien me dice "hola, universitario"?

¿"Hola, corredor"? ¿"Hola, telegrafista"?

No, ni siquiera "hola, cretino".

Solo dicen... "que lo haga el indio".

-¿Quieres salir a atender a las señoras?

-Ya voy, también soy contable y dependiente;

pero solo oigo... "que lo haga el indio".

-La trajo una mujer esta mañana

y pidió que te la lleváramos al rancho.

Era guapa, alta, pelirroja, me llamó Sr. Birnbaum

como si no me hubiera visto antes,

como si el velo que le tapaba la cara impidiese

que la reconociera.

Creía que se encontraba en Nueva York o en Europa.

Yo también. -Jake, más vale

que añadas dos cajas del bourbon favorito del jefe,

últimamente se nos está acabando enseguida.

Sí, es evidente, que deberías deja de beber.

-Katherine ha vuelto.

-¡¿Katie?!

Buenas...

Buenos días.

Buenos días, señores. (LOS VAGABUNDOS SALUDAN)

Buenos días. (TODAS) ¡Hola, Mac!

Hola, Luffy.

-Buenos días. ¿Qué haces aquí?

¿Por qué no estás en recepción? -Ayudo al camarero.

Sí, ya veo que está muy ocupado.

Dame la llave de la 17. -¿Qué?

De la 17 y sé un poco más discreto.

-Tiene compañía, McLintock.

Sírveles. -Whisky...

-¿Un día libre?

Un mal día...

-Me pregunto por qué parece tan serio.

-¿No lo has oído? -No, qué...

-Katie ha vuelto al pueblo. -¿Katie?

-Sí, cielo, la de la alta sociedad.

(TODAS RÍEN)

-Vaya, hola, hijo. Buenos días. ¡Oh!

Risas de las mujeres. -No está mal.

Sr. McLintock, no quiero... Lo siento, chico,

ya te dije que no hay trabajo.

Katherine... George Washington McLintock...

Creí que te apetecería.

Ha sido la primera puya,

pero ¿quién soy yo para frustrar tus planes?

¿No te sientes idiota?

Yo nunca me siento idiota.

Es porque no tienes sentido del humor.

¿Por qué no podemos sentarnos en el comedor del hotel

y charlar sobre lo que sea que quieras que discutamos?

¿Por qué no puedes ir a casa?

¿Y que todos se enteren de que nos vemos?

Ya se han enterado y qué más da, estamos casados.

Esa es un de las cosas que me gustaría cambiar.

Ya conoces la respuesta, Katie...

Y no me has hecho venir por eso,

déjate de bobadas. Vaya, esa es una de las palabras

que siempre me ha encantado oír de tu boca.

Vale, se abre la discusión. Muy bien.

Nuestra hija vuelve a casa en unos días,

mejor dicho, vuelve a aquí, ha sido un lapsus

lo de referirme a este sucio pueblo como casa.

Nuestra hija... ¿tanto te cuesta decir su nombre? Es Becky.

¡Rebecca! Detesto ese nombre...

Es lo mismo, vuelve a casa, espero convencerte

para que viva conmigo.

Parte del tiempo en la capital,

parte del tiempo en Nueva York y... desde luego

en Newport en la temporada de sociedad.

Estás hablando con las paredes, Katie.

Si se queda aquí, se volverá tan grosera

y tan vulgar como toda esa gente.

Y si se va contigo será apariencia, sin nada debajo.

Ni hablar, Katie.

Te odio... cómo te odio.

La mitad de los seres humanos son mujeres...

¿Por qué tienes que ser tú la que me guste?

¡Eres un animal! Efectivamente...

Vi en el periódico tu foto en el baile del gobernador,

bailando con el gobernador.

Él es un caballero. Lo dudo mucho,

hay que ser hombre antes para poder ser caballero.

Él suspende en ambas cosas.

-Chico... ¿volverás a pedírselo?

No... -Muchacho, debes olvidar

tu orgullo y suplicarle. Haz caso a un experto, hijo,

tienes que llegar a su corazón, siempre funciona.

Señor... déjeme en paz.

-Todos suplicamos de un modo u otro.

En cuanto al trabajo, señor... Ya te he dicho, hijo,

que no necesito agricultores. No hay trabajo para ellos.

Un momento, Sr. McLintock,

mi padre murió el mes pasado por eso perdimos nuestras tierras.

Tengo una madre y una hermana que mantener.

Necesito trabajar de verdad.

¿Cómo te llamas? Devlin Warren.

Ya tienes trabajo, hijo, ve a ver a mi capataz.

Está en el corral.

(BUNNY SE RÍE)

Baje, ahora mismo, de ese carro, señor.

Relinchos del caballo. No, guarda eso.

Han intentado pegarme muchas veces en mi vida;

pero nunca por contratar a una persona.

No sé qué decir,

nunca había suplicado. Me revuelve el estómago.

Debí mostrarme más agradecido

por darme el trabajo. ¿Darte?

Estás muy equivocado,

yo no doy trabajos, contrato hombres.

-Vas a trabajar bien para él, ¿verdad, joven?

¿Quiere decir que aún estoy contratado?

Pues sí, señor, trabajaré lo mejor que pueda.

Por eso te pagaré un sueldo justo,

tú no me darás nada y yo, tampoco, te daré nada a ti.

Ambos tenemos orgullo.

¿Dónde vives? En el campamento,

junto a la mina.

¿Ese es tu caballo? Sí, señor.

Pues móntalo e iremos a buscar tus cosas.

Arrean a los caballos.

Hola...

-Hola, Sr. McLintock. Buenos días, Sr. Dubois.

-Estoy seguro de que a todos les interesa saber

lo que puede dar una porción de esta tierra

que va a ser su nuevo hogar.

Bien... Johnson, McAllister, ya que ustedes son

los líderes del grupo,

me gustaría que subieran aquí y que comprobaran la situación.

Enseguida vuelvo.

Ve tras ese chico y dale 30 dólares,

dile que McLintock paga a su gente un mes por adelantado.

-Estoy seguro de que les vendrá bien.

Mamá, el Sr. Drago.

-Buenos días.

-Vaya... ¿a qué debemos esta visita

del rey de los rancheros?

Tengo un poco de resaca, burócrata,

así que no me tientes.

-¡Eh, Maclin!

-Eh, esos son indios, ¿viven indios en estas tierras?

-Son inofensivos, amigo mío. -Eh, Maclin...

Eh, Búfalo Rápido. -Oh, Maclin,

mucho tiempo no emborrachar juntos.

Y mucho más tiempo va a pasar,

porque va contra la ley y estás con el sheriff.

-A mí no me metan en líos, han venido a esperar el tren,

los jefes indios vuelven a casa.

Oí que los habían perdonado. -No saben si llegarán

esta semana, la próxima o el mes que viene.

Mientras, tengo que darles de comer, ¿puedo matar

a dos de sus vacas? Si no, podrían desaparecer

las vacas lecheras de los colonos.

-Así es, Maclin. (RIENDO) Coge lo que necesites.

-Sheriff, ¿vas a dejar que acampen estos salvajes

entre todos estos colonos? Buscas problemas.

-Douglas, ya tengo muchos problemas por favor, déjame en paz.

Búfalo Rápido, que tu gente pase a este lado.

-Hola, Sr. Maclin. ¡Ratoncito!

Tal vez no te lo creas, pero hace 20 años

era una jovencita muy atractiva.

-Hace 20 años, usted también creer, Sr. Douglas.

-Recuerdo que una vez tuve a Búfalo Rápido

en mi punto de mira... y mi rifle se negó a disparar.

Durante la revuelta de los 40,

¿te acuerdas? Lo recuerdo.

-¿Quieres probar

algo hecho en el cielo? ¿Qué?

¿De dónde los has sacado?

-Los hizo la madre del chico, ¿estás pensando lo que yo?

Es una viuda con hijos y lleva una vida muy dura.

Contrátala.

-Siempre he dicho que tenías intuición.

Sr. McLintock, es mi madre...

¿Tu madre? Y mi hermana.

-Un placer Sr. McLintock. -Señora...

Este es mi jefe y desea decirle una cosa

acerca de sus bollos.

-¿Sí, Sr. McLintock?

Eh...

Que me encantan.

Bueno, viejo chino renegado, ¿qué quieres?

-Si usted echarme, yo suicidar.

No he dicho que quiera echarte, sino jubilarte.

Llevas preparándonos la comida

unos 30 años, ahora puedes dedicarte a pastar,

solo tendrás que dar consejos, ser uno más de la familia.

-Yo suicidar... Tal vez yo te ahorre

ese trabajo.

-Ching, si te suicidas te cortaré la coleta

y no entrarás en el cielo.

-¿De verdad quiere que sea de la familia?

Te doy mi solemne palabra.

-No muy buena familia, beber mucho,

pelearse y gritar todo el tiempo.

Córtale la coleta. -Vale, yo ser de la familia,

adelante, adelante.

-Espero que todo sea de su agrado.

Esta casa es tan grande que tardaré en acostumbrarme.

Por favor, no duden en decírmelo

si algo está mal. -No sopa nido.

Lo demás muy bien, todo muy bien. -Está riquísimo, señora.

-La mejor tarta que he comido nunca.

Rizos tiene razón, me he comido hasta las migas.

¿Lo celebramos con un trago? -Jefe...

Le ayudaré con los platos, Alice,

¿tú también ayudarás? -Sí, Drago.

-Muy bien, coge esto, yo fregaré y vosotros secaréis.

¿Te parece?

-Me parece imposible que una sola mujer

pueda usar tanta ropa.

Mantén tu sucia lengua dentro de tu antiestética boca.

-Sí, señora. Baja mi equipaje, por favor.

-Sí, señora, por cierto, ¿qué significa eso de antiestética?

-Sra. McLintock. ¡Hola, Carlos!

Ayuda al conductor con mi equipaje.

No confío en que nadie más de esta casa haga algo correctamente.

¿Equipaje? Échale una mano, Rizos.

-Sí, jefe, Sra. McLintock. ¿Te mudas aquí?

Sí... pero no cambia nada, salvo mi lugar de residencia.

Estoy dispuesta a soportar a los salvajes,

para que no se me niegue la compañía de mi hija.

¡Y voy a demostrarlo mudándome aquí!

Sr. McLintock, ya que es mi primer día...

¿me disculpa usted si...? Adelante.

Katherine... este es Dev Warren,

se ha unido al equipo hoy. Es un placer.

Gracias...

Vaya, qué sorpresa, un joven educado aquí.

¿De dónde ha salido?

Es agricultor. ¡Un agricultor!

-¡Que me aspen! ¡Katie, bienvenida!

¿Qué demonios estás haciendo vestido de forma tan absurda?

¡¡Y deja de llamarme Katie!!

-Es mi uniforme, soy el mayordomo,

lo siento Katherine, lo de Katie se me escapó al recordar

cuando eras una buena... persona.

¿Piensas quedarte ahí con esa cara de estúpido

mientras un empleado insulta a tu esposa?

Es un ignorante, no sabe que no puede decirse la verdad

y yo no puedo evitar tener cara de estúpido,

se me puso cuando empezaste a adquirir importancia social.

-Sra. McLintock, ¿dónde dejo sus cosas?

Llévalas a mi dormitorio.

¡Sí! Pero llévate las cosas del Sr. McLintock

a cualquier otra habitación, si es posible

junto a la puerta trasera para que no despierte

a todo el mundo cuando vuelva a casa todas las noches

poco antes de amanecer. -Sí, señora.

-Oh... disculpen, traigo sus puros, Sr. McLintock.

Soy la Sra. McLintock. -Katie... digo, Katherine,

esta es la cocinera, la señora que cocina para nosotros.

La Sra. Warren, la Sra. McLintock.

¿Cómo está? -Encantada de conocerla,

Sra. McLintock, es un placer.

Lo mismo digo.

-He llegado hoy mismo y me había precipitado

pensando que esta casa era... la casa de un soltero.

Lo es... aunque no lo es.

Se lo explicaré para que todo quede muy claro, Sra. Wallace.

-Es... -Mi apellido es Warren.

Sra. Warren, ha sido la casa de un hombre soltero

durante algún tiempo.

Y volverá a serlo pronto, en cuanto yo salga

de ella, que será en cuanto logre arreglar las cosas

para llevarme a mi hija al Este conmigo.

Verá... volverá del colegio en unos días

y, luego, nos iremos juntas y podrá usted volver

a comportarse como considere oportuno en la casa de un soltero.

-Katie... ¡Cierra el pico!

Hasta entonces, soy la señora de la casa.

Y yo daré las órdenes. -¿Has oído? ¿No vas a decir nada?

¡No! Un huevo escalfado,

té con leche, una tostada...

Ah, G. W., en cuanto coloque mis cosas

quiero hablar contigo de Rebecca.

Sí, Sra. McLintock, claro, Sra. McLintock,

como desee, Sra. McLintock.

La tostada que no se queme y sin mantequilla.

-Sí, señora.

-Oye, ¿dónde crees que vas? He recordado que tengo una cita.

-Ha dicho que quiere hablar contigo.

Ya lo he oído.

Buenas noches, Lem. -¿Qué tal, Sr. Mac?

¡Eh...! Sr. Mac, ¿qué significa antiestético?

A mí me lo llamaron una vez y lo miré en el diccionario,

es mejor que no sepas lo que es. -Gracias.

-Eh, ¿qué quieres que le diga cuando pregunte por ti?

Cuando dudes, di la verdad.

Katie nunca esperaría de ti una cosa así.

-¿Dónde va el Sr. McLintock?

-Me parece que a quemar su último puente.

¿Notas el olor a gallina que viene de allí?

-¿Del Sr. McLintock? -Ajá.

-Él no le tiene miedo a nada. -Eso pensaba yo.

Drago... -¿Sí, señora?

¿Dónde está? -Se largó sin más.

¡Le dije que quería hablar con él! -Lo sé,

yo estaba aquí cuando lo dijiste y estaba ahí,

junto a la puerta, cuando salió cogió el caballo,

lo desató, se subió y lo arreó.

¿Dónde ha ido? -Eh... al salir de aquí

iba hacia el Este pero ya sabes,

podría ir hacia el Norte, el Sur... o al Oeste.

Tráeme un coche. -Sí, pero...

Pero ¿qué? -Pues...

Que tal vez no deberías seguirles donde haya ido.

¿Qué significa eso?

-No lo sé, ojalá no lo hubiera dicho.

Vamos, tráeme un coche. -Sí, señora.

¿Que pasa? -Trae el coche.

¿El coche? -Sí, date prisa,

quiere ir al pueblo.

Pero la Sra. McLintock no me ha dicho nada.

-Oye, jovencito, yo soy el que...

Aquí yo soy el que manda, así que ya puedes obedecer

corriendo o se te caerá el tejado entero en tu cabeza.

Sí, señor.

Hola, Davey. -Hola, Sr. McLintock.

Pórtate bien. -Como siempre.

Hola, Bunny, ¿cómo va todo?

-Bien, Sr. McLintock,

hasta la próxima.

-Vamos, Albert...

Vaya... mirad quién viene.

-¿Qué va a ser, Mac, lo de siempre?

-Chicas...

Hola, G. W. Jake...

-Mal hecho. ¿Qué?

-Lo del ajedrez, la reina peligra.

Arreo de caballos.

¡Mata a esas bestias! ¡Supongo que sabrás hacerlo!

Camille, has venido sola.

-Sra. McLintock...

-Oh... soy Camille, Camille Reedbottom.

Estamos... jugando al ajedrez.

Es una forma de pasar el tiempo.

No he tenido nada que hacer en todo el día. Eh...

Tengo un poco de prisa.

-¡Oh... Katherine!

No te he oído entrar. Sr. McLintock,

le dije antes que quería hablar con usted.

Ahora no. -¿Te apetece una copita de jerez?

Gracias, Sr. Birnbaum, me vendrá bien.

He venido dando botes todo el camino.

Drago no domina los caballos. Ha sido ese joven

cuya madre finge ser tu cocinera.

-Katherine, tu vino. Oh, gracias, Sr. Birnbaum.

Sr. McLintock, tenemos muchas cosas de las que hablar.

Esperar al alba es lo primero que aprendí

de los indios.

¿Qué tiene que ver nuestra conversación con ellos?

El modo de luchar de los indios

es un buen aprendizaje para conversar,

así que espera, Katherine.

Hola, sheriff, Sr. McLintock,

ha sido un viaje fantástico.

Por fin he conseguido que se calmen.

Tú mueves. -No, te toca a ti, he movido yo.

Escúchame, no vas a quedarte aquí toda la noche

jugando al ajedrez mientras no resolvamos

el asunto de nuestra hija.

Voy a seguir jugando al ajedrez

y ese asunto ya está resuelto, se queda.

Oh, eres un cabezota. -Katherine... tu pelo.

Oh... estará fatal después del espantoso viaje.

-No, no, es que hacía mucho que no te veía

y me parece que la última vez que te vi

era un poco más oscuro, ¿no?

Con ese truco se despista hasta los hombres más listos.

Sr. Birnbaum, creo que ha perdido el juicio por completo.

Sí que te has hecho algo en el pelo.

¡No me he hecho nada! (TODOS RÍEN)

De hecho, no os importa, no me tiño el pelo

como todas esas rameras rubias que pareces preferir.

-Cógela. ¡Oh!

Llénala. ¡Oh!

-Buenos días...

¿Seguís jugando todavía?

-McLintock no se rinde... pero Birnbaum sí.

No tengo nada que hacer. Qué va, Sr. Birnbaum.

Aún puede defenderse.

-Oh... ¿juegas al ajedrez? Sí.

-Por favor, relévame.

¿Juegas bien? Regular.

Vaya, parece que no tendré que venir al puebla

a echar una partida.

Pero recuerda que no sé perder.

Tú mueves... Sí, señor.

-Buenos días...

Buenos días.

¿Ha amanecido ya?

-¿Un café...? Sí, gracias, Jake.

-De nada, Katherine.

¿Tienes leche?

-Solo de lata. Vale.

-Es leche condensada...

Ahora recuerdo que estaba ordenando mi mesa el otro día...

Y encontré una cosa que quiero devolverte.

Aquí está.

Es una medalla, ¿te acuerdas?

Del presidente de los Estados Unidos de América,

al sargento primero Michael Patrick Gilhooly,

por su inmenso valor más allá del deber.

Me acuerdo de la primera vez que te vi,

hace más de 17 años,

entraste en mi tienda.

No eras mucho más grande que el bulto que llevabas,

y en ese bulto estaba el bebé más precioso

que he visto jamás, y qué hambre tenía.

Viniste caminando desde el arroyo superstición

para cambiarme esa medalla por una caja de leche en lata.

G. W. estaba fuera, como de costumbre

peleando contra los indios.

-Sheriff, sheriff Lord.

¿Has visto al sheriff?

-Aún es temprano, ¿has ido a su casa?

-Pero un momento.

-Birnbaum tiene abierto,

puede que haya alguien dentro.

Así que estás aquí, sheriff.

Te dije que tendrías problemas.

-¿Problemas? -Quiero saber con qué autoridad

dejó a esos indios quedarse aquí,

a esos salvajes los tutela el gobierno,

y yo soy el representante que...

Fui yo quien le dijo al sheriff que podrían quedarse allí.

-Como el pueblo se llama como él se cree que es suyo.

Si revisas los libros del registro civil

verás que desde luego tengo una buena parte de él.

Agard, si supiera algo de indios, sabría

que están haciendo todo lo posible para soportar

lo que eufemísticamente llamamos benévolo patronato

y a los papanatas que están a cargo de ellos.

-Esos indios necesitan mi permiso

para salir de la reserva.

Esos jefes han dado órdenes toda su vida,

les cuesta mucho entender que deben alzar la mano como un...

niño pequeño en el colegio.

-La ley está muy clara.

-Ya le dije que esta gente no le serviría de nada

en absoluto, recuperaremos a la niña.

¿Qué niña? -La que raptaron los indios,

pero no te preocupes, he repartido armas

y ordenado rodear a esos diablos rojos.

-¿Qué es eso de una niña?

-Millie Jones, la hija de un colono.

-Los indios la raptaron. -Eso es absurdo,

¿y has armado a esos agricultores?

-Desde luego que sí. Estás loco.

Vamos, sheriff.

Señor Douglas. -Ah, señora McLintock.

Por mucho que odie estar de acuerdo con G. W. en algo,

no ha cambiado usted nada, sigue siendo un idiota histérico.

-Estaba preocupado por ti.

¿Por qué? -Por si Katie te disparó.

Aún no, Drago, me he controlado.

-Un momento,

le llevaremos con nosotros aunque no nos servirá de mucho.

Drago, dale tu caballo.

-¿Pe, pe... pero qué hace?

Oh...

Conduciré yo. Sí, señora.

(RELINCHA) -¿Qué hace, hombre?

-Quieto. -Sujételo.

Tire de las riendas, tire de las riendas.

-Oh...

-Agard, ¿quiere dejar de presumir y subirse al coche?

-Lo siento.

-¿Que lo siente?

Su amigo está un poco verde.

En marcha, ya.

Oye, ¿adónde te crees que vas?

No te tolero que uses ese tono conmigo.

Carter,

nos dirigimos hacia las minas,

necesito unos hombres

-Bien, jefe, ya habéis oído.

-No me gusta, señor McLintock,

no me gusta ni un pelo.

¿Qué no te gusta? -Quieren colgar a los indios.

-Ah...

-Vamos, Sheriff, yo querer botella whisky.

(RÍE) -Quieto.

Oh.

-No corra tanto, señor amor del territorio,

a no ser que quiera llevar un agujero en el estómago.

¿Cuánto tiempo va a dejar G. W.

que ese cretino le presione así?

-Ese cretino lleva un fusil cargado.

¿Cómo sabe que no se ha ido de paseo con algún amigo?

-¿Qué quiere decir, que no eduqué bien a mi hija?

¿Qué se fue por ahí con un hombre?

Hay muchas cosas que no pienso decirle

mientras tenga esa escopeta apuntando a mi estómago.

¿Cómo sabe que ese indio tiene algo que ver con ella?

-No está, ha desaparecido. -Papá.

¡Papá estoy aquí!

Papá.

¿Me estabas buscando, papá?

-¿Dónde estabas? -El joven Ben

me llevó a ver el amanecer y el caballo se nos escapó.

(TODOS RÍEN) -Baja de ahí.

-Papá...

-Dice la verdad, señor McLintock, no hemos hecho nada.

Eso no importa ahora mismo,

lo que importa es que si no llegas a aparecer

habría habido más tiros que en Dog City un sábado.

-Sube ahora mismo a la carreta.

Ya hablaremos luego.

Voy a ocuparme de ese imbécil. Nadie sufrió ningún daño

y el joven Ben es uno de los mejores muchachos

del territorio, baje esa escopeta...

-Le enseñaré a jugar con mi...

Y ahora vamos a calmarnos todos.

-Sólo está un poco nervioso.

Lo sé, lo sé, lo sé, y lo tengo en cuenta,

nunca perdí los estribos en 40 años,

pero, amigo, ha causado usted muchos problemas,

hoy podría haber muerto alguien

y tal vez debería partirle la boca,

pero no lo haré.

No lo haré, o quizás sí. -Oh.

Oh...

-McLintock, cuidado.

Tumulto.

(RÍE)

-Oh, McLintock.

-Eh, tú, ¿te acuerdas de mí?

Oh...

-Eh, McLintock, bonita fiesta.

Oh...

-Por favor, no lo haga. ¿Que no haga, qué?

Gritos.

Golpes.

Ah... -¡Ah! ¡Ah!

Ahora verás.

-¡Oh!

Ah... -¡Ah!

-Ah...

Golpes. -¡Oh! ¡Ah!

-¡Ah! ¡Ah!

(RÍE) -Eh, eh, ¿quién eres tú?

Eh... ¡Espera!

Ah, uy... Un momento. ¿Pero qué haces?

¡Soy un representante del gobierno!

Gritos.

¡Ah...!

-¡Ah!

-¡Ah! Tú no te metas, Jake.

-La pelea es de todos.

¡Ah!

Gritos.

Golpes.

-¡Ah! Oh...

-¡Abran paso! -¡Ah!

¡Abran paso!

-McLin, ¿dónde está el whisky?

-Ah...

-¡Ah!

Gritos. -¿Dónde está el whisky?

-¡Ah! -¡Pelea! ¡Pelea!

-¡Ah! -¡Oh! ¡Ah!

-¡Ah! ¡Oh! Ah...

-Lo siento, McLintock. (RÍE)

-Oh... -¡Ah!

-Oh, McLin...

-¡Ah! Gracias.

Golpes.

(RÍE) -Fue divertido.

Sí, muy divertido.

¡Ah! -¡Oh!

Gritos.

-¡Ah...! ¡Ah!

-Ah... -¡Oh!

-¡Ah!

-¡Ja! ¡Señor Douglas, perdone!

(RÍEN) -Oh...

Gritos. -¡Cuidado con el charco!

¡Ay...!

-¡Ah! Oh...

Golpes. -¡Ah!

-Ah... ¿Todavía estás aquí?

-Eh, estás muy limpito.

-No le hice nada a su hija... ¡Ah!

Oh... ¡Vamos, al charco!

-¡Ah! -¡Ah!

Buen golpe. Gracias.

Golpe. ¡Ah!

Soy universitario. -Para esto no te hace falta.

-¡Ah!

¿Tú qué quieres? ¡Abajo!

Ah...

-Ah... ¡Ah!

Ah... -¡Ah!

¡Ah! -¡Ah!

¡Ah! Oh...

Ah...

¡Oh, McLintock, es imposible!

¡Oh, espera que suba! ¡Te voy a...!

-Buenos días, señora McLintock.

¡Sucio, vago! ¡Eres...! ¡Oh! ¡Ah...!

¡Oh! -¡Ah!

¡Ah! ¡Oh!

Ah... ¡Ah!

G. W., ¿qué demonios te crees que haces?

Puedo explicártelo, estaba arriba y...

Ah... -¡Oh!

-¡Paso! ¡Paso! ¡Ah!

Ah... Oh...

Ah...

Esto lo vas a... -Oh, McLin,

buena fiesta, pero no whisky,

Golpes. así que irnos.

¡Tú y tus amigotes!

Al menos, tu sombrero se ha salvado.

Oh...

¡Ah!

-Eh... ¿Dónde está todo el mundo?

¡Oh, santo cielo! Oh...

(RESOPLA)

-¡So!

Drago, ¿es que nunca vas a aprender a llevar un coche?

-Lo estoy intentando, te lo juro.

-Yo no familia. -¿Quieres perder tu coleta?

-No familia. Perder dignidad.

-Vas a perder otra cosa.

Katie... ¿Sí?

¿No podríamos... ayudarnos el uno al otro?

¿Puedo preguntar cómo?

Podríamos quitarnos el fango... mutuamente.

Antes lo pasábamos bien haciendo cosas así.

Hay muchas cosas que hacíamos antes,

que ya no haremos más.

Ay...

-¿Hubo suerte? ¿De qué estás hablando?

-Hablo... del divorcio. ¿Aún lo quiere?

Sí. -Pues me parece raro.

Ha peleado como una gata salvaje a tu lado.

Y cuando llega a casa, te cierra la puerta en las narices.

¿Lo del divorcio no es eso de pagar a una mujer

para que... no viva contigo? Más o menos.

-Con ciertas mujeres valdría la pena.

¿Sabes? Si tuviéramos sentido de la ética,

no estaríamos aquí cubiertos de fango, bebiendo,

en vez de bañándonos. -G. W...

Drago... (RÍE)

-Los pollos son deliciosos. Hum...

-Oh, gracias, Drago.

Buenos días, señora Warren. -Buenos días, señor McLintock.

¿Hay café para el jefe?

-Lo tiene en la mesa, señor McLintock.

Huevo escalfado, té,

tostada poco hecha y sin...

Vaya, señora McLintock, tiene un ojo morado.

¿En serio? Ah...

Oh...

Ay... Becky vuelve a casa hoy.

-Eso no es todo.

Hay un detallito que deberíamos aclarar.

¿Eh? -Ahora no hay hombres escuchando,

así que vayamos al grano.

Sí la dejé salirse con la suya la otra noche,

pero ahora que estamos solas...

Cuando desee oír la opinión de una criada se la pediré.

-Puede que acabe con los dos ojos morados.

¿Qué?

-Oh, comprendo que tenía que montar ese numerito,

todas lo hacemos justo antes de perdonar a nuestros hombres,

normalmente por algo que no han hecho.

Pero usted y yo sabemos que eso

es para que no se hagan a la idea de que mandan ellos.

¿McLintock le puso el ojo así? ¡No!

Nadie me lo ha puesto así,

yo lo quise.

Música.

-Buenos días, señor Beech. Señora Beech...

Timbre de la estación.

-¿Qué tal, Becky? Bienvenida. Señor Douglas...

-¡Papá! Señora Douglas...

-Te encuentro muy bien. ¡Oh, papá!

-¡Mamá...!

(RÍE) ¡Papá!

(RÍEN)

Qué dos años tan largos. Me parece que tendré que dejar

de llamarte chicaza. (RÍE)

Becky... ¡Mamá!

Oh... Oh, mamá...

No sabía si vendrías. Llevo aquí varios días.

Te he comprado tres maravillosos vestidos.

-Rebecca... ¡Tío Drago!

(RÍE)

-¿Le has traído a tu tío un regalo del Este?

Pues claro. -¿Qué es?

Una jarra para bigotudos. -Oh...

¿Qué tienes para mí? -Un precioso potro palomino,

el más bonito del mundo. Ya desbravado pero sin domar.

(RÍE) Oh...

Tuba.

¡Tío Jake! (RÍE)

¿Qué haces con la tuba del señor Douglas?

El señor Douglas ha tenido un ligero accidente.

Ah...

(RÍE)

-Te he traído una caja de regaliz para ti sola,

pero ahora que veo cuánto has crecido creo

que lo cambiaré por algo mejor para una señorita, ¿eh?

(RÍE) Gracias.

-El alcalde iba a venir pero ha ido a la capital

por un robo de caballos. Yo daré su discurso.

Aplausos y vítores.

No te preocupes por el alcalde, seguro que lleva el contrato

de compra de los caballos. (TODOS RÍEN)

Ah... Damas y caballeros,

hemos venido a recibir a la más...

Ay, ¿pero qué hago?

Venimos a dar la bienvenida a la chica más guapa

que ha nacido jamás en McLintock

o en cualquier parte de este territorio.

Ahora...

(RÍEN)

-¡Eh, Davey! -¿Sí?

Tengo algo para ti.

El superintendente me dijo que tenía que traerlos,

así que los encerré aquí.

Tengo mucho cariño a mi cuero cabelludo

y deseo conservarlo.

Bullicio.

(HABLAN EN COMANCHE)

-Vuelve a nosotros

sin las coletas

pero conservando las pecas

en la cara más bonita

que ha nacido jamás en McLintock.

(CANTAN EN COMANCHE)

-Eh... ¡Es Puma!

Era verdad, por fin los han soltado.

El viejo Puma...

Nunca olvidaré que trajo a G. W. a casa.

Tu padre tenía un agujero en el pecho

y cuarenta grados de fiebre, claro que no se mostró muy humano.

Pasó junto a la casa al galope

y lo tiró al lado de la puerta.

-Parece que recuerdas los viejos tiempos, ¿no, Katie?

Katherine. -Oh...

(SALUDA EN COMANCHE)

(SALUDAN EN COMANCHE)

Puma, mi honorable enemigo...

-¿El gran McLintock olvidar también hermanos de sangre?

No, nunca lo olvidaré.

-¿Y herida, todavía doler?

Aún me dice cuando se acercan las lluvias,

más arriba y no me diría nada.

-Ah, gran McLintock, siempre recordar esa lucha.

En aquellos tiempos

nuestro pueblo tener

más problemas,

ahora haber aprendido tu idioma, McLintock.

Aprender en cárcel pero querer que tú

hablar por nosotros en juicio de blancos.

Tengo entendido que el gobernador Humphrey

va a presidir esa vista.

Sí, Puma, traduciré vuestros deseos.

-Señor McLintock, ¿puedo pedirle un favor?

Que diga en comanche a esta gente que...

Puma es el jefe de los comanches y habla muy bien nuestro idioma.

-Ah... bueno...

Su gente seguirá mis instrucciones al pie de la letra,

primero deben ir a... -Irnos.

Jaleo. -Pero, un momento...

Bueno, esto clama al cielo.

Música.

-Perdona, voy a adelantarme.

-¿Vas a ir al baile? -Pues claro.

-Te veo allí entonces. Pues claro, Davey,

te guardaré el primer baile. -Beth, vamos.

Mis hermanas no hablan con extraños.

-Davey no es un extraño,

trabaja para Birnbaum.

-Es un indio.

Vamos...

-¡Cuidado, Drago!

Mire lo que ha hecho.

-Becky, este es Devlin Warren, trabaja para tu padre.

Dev, la señorita Becky McLintock.

Esas son mis cosas.

Perdone, la habría reconocido en cualquier parte.

¿De qué está hablando?

Oh, porque es igualita a su madre,

o más guapa. Oh, señor Warren,

mamá es mucho más guapa que yo.

-Así empiezan muchas peleas.

Vamos, sube. Hola, Ching.

¿Hay gelatina para cenar?

-Yo no cocinar.

No, ya no.

Junior. -¿Sí, señorita Becky?

¿Te acuerdas de Junior Douglas? Pues claro.

¿Y la universidad? -He sido el mejor de mi curso.

Enhorabuena.

Señores Douglas, esperamos verles en la fiesta.

-Encantado.

-Le será difícil apartar a los jóvenes de ella.

-Desde luego. Drago.

-El equipaje está cargado.

G. W.

¿Recuerdas al joven Junior?

-Ah. Ah, sí,

de tal palo, tal astilla.

-Señor McLintock,

espero que no me considere impertinente

pero sería un honor invitar a salir a Rebecca.

La tienes ahí, pregúntale a ella.

-Gracias, señor.

-Ching, esto se pone feo, vámonos de aquí.

-Gracias, señor, gracias.

Eh... oh.

Adiós, nos veremos en la fiesta, Junior.

Sí, sí.

-¿Sí, qué?

De tal palo, tal astilla.

-¿Qué quiere decir?

-Vamos, Ching, empuja con fuerza.

(CHING HABLA EN SU IDIOMA)

Mugidos.

-Vaya, está quedando precioso, señorita McLintock.

Gracias, señora Warren. -Dev, cuando acabes ahí

ve a ayudar a Drago con los barriles de cerveza.

Sí, mamá.

Eh, Dev,

¿podrías ayudarme?

Me sorprende que hayas ido a la universidad.

¿Por qué? No lo sé,

Junior dice que Purdue es una buena universidad

para un pueblo perdido de Indiana.

¿Eso dice? ¿Puedes seguir?

Yo no llego.

¿Por qué dejaste de estudiar?

Falta de fondos,

mi padre enfermó y...

vinimos al Oeste.

Pedimos tierras.

¿Sabes? Tu madre es muy guapa,

es una pena que no heredaras sus ojos.

Es una pena que tú no heredaras ciertas cosas de tu padre.

Oh, ¿en serio? ¿Por ejemplo?

Pues el sentido común.

¿El sentido común?

Sí, él no se porta como un bobo con idiotas como Junior Douglas.

Junior no es idiota,

es elegante.

Eso necesita un toque femenino.

Y además, tiene una beca para estudiar.

¿Por qué deporte?

Por el coro. Ja... qué enérgico.

Ja...

Oh, ah...

No te atrevas a abrazarme.

Oh. No tenía intención de hacerlo.

Hum...

Música.

Bullicio.

-Las mujeres están muy guapas, Katherine,

es una fiesta estupenda.

Oh, gracias, Ben, aunque tuvimos que invitar a todo el mundo.

A demasiada gente.

-Disculpa, G. W., este es mío. (RÍE)

Gracias, señora Warren, tengo que ser

un buen anfitrión en mi propia fiesta.

-El próximo es suyo, señor McLintock.

Gracias. (RÍE)

Risas.

Para la música.

Aplausos.

Drago, haz lo que te dije. -No, Katie.

Katherine, y obedece.

-Drago haz esto, Drago haz lo otro...

Yija... Amigos, escuchadme.

Ese tal Douglas... ¡Drago!

-Sí, señora. El señor Douglas Junior

va a presentarnos, damas y caballeros, un nuevo baile

que nos ha traído directamente desde la ciudad de Nueva York.

(TODOS APLAUDEN)

-Adelante, señores.

Música.

(TODOS) Oh...

Dame un whisky.

-Esto ser mala fiesta. ¿Qué?

-Esto ser mala fiesta, jefe,

quedar sin whisky.

Yo me encargaré de eso, Ching. (CHING HABLA EN SU IDIOMA)

-Indio...

Si todavía tienes la intención de pedir un baile a mi hermana,

levanta y volveremos a repetir todo esto.

-Sí. -Ya basta, separaos de una vez.

-Aparta, viejo, o cobrarás antes que tu protegido.

-Oye, ha sido una pelea limpia.

Bueno, a mí no me ha parecido tan limpia.

-¿Quieres continuar tú en su lugar?

Si lo hiciera no me tumbarías tan deprisa.

-Eh, basta de peleas.

-¿Cuándo vas a dejar de huir de mí?

En cuanto nos quitemos de la vista de los demás.

Me enseñaron a no pelear delante de las mujeres.

-Ya no nos. Así es.

-Uh, oh, oh...

Oh...

¡Ah...!

Qué vulgaridad.

Alguien debería impedir eso.

-Tienes razón,

toda la razón.

-Uh, oh, oh...

¡Oh...!

Uh... ¿Estás bien, muchacho?

-Muy bien, señor McLintock.

Peleas muy bien para ser un agricultor.

Estuve tres años en Purdue,

en el equipo de boxeo.

-Nunca creí que un granjero me venciera,

pero lo has hecho.

Límpiate, tráele un poco de agua Jake.

-Voy.

(RESOPLA)

Y tú sacúdete un poco el polvo

y pídele un baile a esa chica.

¿A cuál?

Ah...

-¿Me he perdido algo? (RÍE)

-¿Dónde está el mocoso que pegó a mi sobrino?

Problemas. -¿Dónde está ese agricultor?

¿Dónde está, G. W.?

Oh... así que eres el granjero que ha vencido a mi sobrino.

Soy Fauntleroy Sage, tío de Ben.

Yo no soy Granjero, pero si usted es el tío de Ben, sí, le vencí,

no se inmiscuya.

-¿Qué significa eso? Meter las narices.

-Ah, así que estás insultándome,

ahora tengo otra razón para darte una paliza

además de que le pegaras a mi sobrino el joven Ben.

Fauntleroy no puedes inmiscuirte en las peleas de jóvenes.

-Por el honor familiar, si no dirán

que un granjero ha vencido a un Sage.

Eres el doble de grande que él.

No se preocupe señor McLintock.

Si el señor Fauntleroy insiste, tendré que darle una lección.

Oh, oh.

Uh. -Eh...

Oh..

(JADEA) -Lo siento, joven.

(RÍE)

-Siento haber tenido que hacerlo, sin rencores.

Aún no. ¿Aún no qué?

No hemos acabado.

Un momento.

Fauntleroy, esta va a ser una pelea limpia.

-Claro que sí, claro que sí, G. W.

Así que nada de esto. -Yo nunca haría eso, G. W.

¿Qué no harías? -Uh... yo no haría eso.

Y Dev, no quiero que le des patadas en las rodillas.

-No ha hecho nada de eso.

Y nada de retorcerle la nariz.

-Uh, uh...

Todo tuyo.

Uh...

-Ah...

¿Y mis gafas? -¿Estás bien, joven?

Ah,

Estaré bien si este idiota de agente deja de pisotearme.

-Lo siento mucho. -G. W.,

tú eres imposible,

pero quiero que sepas que ese chico

pelea de una forma justa.

Me alegra oírlo, Fauntleroy.

-Es mi tío.

Tío Fauntleroy, ¿qué estabas haciendo?

Espero que mi tío no les haya molestado.

Tranquilo. Deberíamos ir con las señoras

antes de que curioseen, Drago...

-Fauntleroy, tomemos una copa.

-En seguida. Jake...

¿Crees que un poco de árnica les ayudará?

-Tal vez.

A ti te ayudaba.

Caballeros, vamos al botiquín.

Buenos días, Drago. -Hola, Becky.

¿Y papá? -Salió esta mañana

con su escopeta en la mano, a caza.

Oh.

Disparo.

Relincho.

Buenos días. Casi buenas tardes.

¿Cómo has salido tan tarde?

Hay una cosa que me preocupa.

¿Sí, cuál?

Mamá.

¿Por qué dejasteis de vivir juntos, papá?

¿Por qué os separasteis?

¿No vas a contestarme? No.

También es asunto mío, creo yo.

Yo no.

¿Fue por otra mujer?

Es lo normal.

A tu edad siempre se sabe lo normal.

La señora Warren.

Becky...

no quiero empezar a ponerme duro el primer día que estás en casa,

pero no pienso aguantarte eso,

no había visto a la señora Warren hasta la semana pasada.

Tiene un trabajo que hace estupendamente

y espero que seas educada y no te metas

en los asuntos de los demás.

Disparo.

Como los de tus padres.

Ha sido un gran tiro.

Comprendo que te moleste,

mamá es tan... bueno,

tan petulante... ¿Petulante?

Has aprendido muchas palabras en el Este, Becky,

ojalá hubieras aprendido también su significado.

Sólo tenías seis meses cuando...

tu madre vivía sola contigo en una cabaña

cubierta por la nieve,

y yo me fui a 600 kilómetros al Sur para protegeros,

fue muy duro.

Tenías poco más de un año cuando la gran incursión comanche.

Mantuvimos lejos a 500 indios durante 9 días.

¿Petulante, Becky?

Será mejor que te vayas a casa.

Dale esos patos a Ching.

Becky...

Ven aquí.

(RELINCHA)

(RESOPLA)

Hay algo que quiero decirte

y este es un buen momento.

Todos los jóvenes al oeste del Missouri

querrán casarse contigo,

principalmente porque eres muy guapa,

pero también porque yo poseo todo el territorio

que alcanza la vista.

Creerán que vas a heredarlo,

pero no.

Dejaré la mayor parte a...

a nuestra nación, en realidad

será un parque

donde ningún leñador tale todos los árboles

para hacer casas con goteras

y donde nadie cace a los castores para hacer gorros,

ni mate a los búfalos por su piel.

Pienso dejarte las 500 cabezas de ganado

que están en la parte alta del río.

Quizá no te parezca mucho

pero es más de lo que teníamos tu madre y yo.

Algunos pensarán que hago todo esto

para sentarme en la otra vida y...

saber que hay un parque que lleva mi nombre,

o porque tú me has decepcionado

y no quería darte todo mi dinero,

pero la verdadera razón

es que te quiero mucho

y deseo que tú y el que elijas tengáis lo que yo tuve,

porque ni todo el oro del Tesoro de los Estados Unidos,

ni todas las arpas del cielo valen tanto

como lo que pasa entre un hombre y una mujer

que están creciendo juntos.

No puedo explicártelo mejor.

Sí, papá.

Becky.

Cuando llegues a mi edad me lo agradecerás.

Papá, ya soy mayor,

no me preocupaba por mí,

pensaba en ti y en mamá.

Risas.

(RÍEN)

Risas.

Oh...

-Verá, señor, las tres están debajo de la carreta.

(RÍEN)

Bueno, se está haciendo tarde, Becky, acuéstate.

Madre.

¿Ajá? Si lo trajo supongo

que querrá usarlo.

-Bueno. Cántanos algo.

-Bueno, si de verdad te apetece.

No he tocado nada. ¿Conoces "Perfecta para mí"?

-Claro. Es la canción de moda

(RÍE) -Oh.

Oh. (RÍEN)

Dev, ¿qué haces?

Oh, es que...

he ido a buscar otro puro.

Tienes uno en la boca y dos encendidos en el cenicero.

(RÍE)

Muevo yo.

Banyo. -Siempre me piden que la toque.

(CANTA EN INGLÉS)

Con ese ritmo no, hazlo como lo hacen en El Plaza,

yo me la sé. -Claro, Becky, ¿la cantas conmigo?

Pues claro. -Muy bien.

(CANTA EN INGLÉS)

Te toca mover. Oh.

Dev, estás jugando como un aficionado.

Dejémoslo por hoy, me gustaría saber en qué estás pensando.

Cantan en inglés.

No está mal,

es como su padre.

(CANTAN EN INGLÉS)

Vaya...

lo haces tan bien que siento aguaros la fiesta.

Pero la vista de los indios es mañana.

-Eh... Señor, sobre nuestra conversación

de esta tarde, creo que debo disculparme.

¿Sí? -Lo he estado pensando

y... cuando le llamé reaccionario, eso...

eso... eso es lo que mi generación. dice de su generación.

No era nada personal. Oh, ¿en serio?

-Eh... (TOSE)

Eh, bueno, adiós, señor.

Adiós, señora McLintock. Buenas noches.

Vuelve otro día.

-¡Adiós, Drago! -¡Adiós!

Jefe, ¿qué es un reaccionario?

Yo, supongo.

Dijo que cualquiera que quiera llevarse beneficios

es un reaccionario. -¿Éramos reaccionarios

aquellos años en que vendías el ganado a 12 centavos el kilo?

Bueno, no quería discutir con un universitario.

-Devlin, si fueras un hombre de verdad,

no dejarías que nadie te quitara a la chica más guapa

al oeste de Denver sin presentar pelea al menos.

¿Se me nota? ¿Pero qué voy a hacer?

Solo soy un empleado de su padre, un simple trabajador a sueldo.

De vez en cuando, Dev,

tienes una ideas muy extrañas.

Todo el mundo trabaja para alguien.

Yo trabajo para cualquier persona de los Estados Unidos

que entre en una carnicería para comprar un buen chuletón.

Y tú para mí. ¿Qué diferencia hay?

Alguien se acerca corriendo.

Papá, ha pasado algo terrible.

El caballo de Junior huyó,

el que alquiló en el establo del pueblo.

-¿No ataste un caballo alquilado?

Ya debe de estar en su establo otra vez.

Podemos dejarle a Junior algo para que pueda marcharse.

Preferiría acompañar a Junior a su casa en el coche.

Hace una noche preciosa y seguro que al tío Drago

no le importará llevarnos. -Me importa,

y como no tengo modales, no dejaré de decirlo

solo por educación. Lo le llevaré, señor McLintock.

No es necesario que vengas, señorita.

Me encargaré de que llegue bien.

-Yo sé cuidarme solito. ¿No atando el caballo?

Dev, coge el coche. Drago...

Yo iré con ellos. -¿Ahora tengo que hace de niñera?

(CANTAN EN INGLÉS)

Señorita Becky, debería guiarme.

Casi no conozco esto. Podría confundirme.

Devlin Warren, sabes muy bien que no hay más que un camino

de aquí al pueblo.

(CANTAN EN INGLÉS)

¡Ah!

Oh...

Devlin, ¿qué intentas hacer? ¿Matarnos?

¿No le gusta la velocidad?

¡Ah! Oh... ¡Ah!

¡Ah! Oh... Esta vez...

¡Ah!

¿Papá? Papá, no me había sentido

tan humillada en toda mi vida. Lo que dije es cierto.

Lo mantendré hasta que muera.

Mátale. ¡En este momento!

¿Por qué? Mi honor está en juego.

Vaya, ¿tu honor? En efecto.

Ha calumniado mi persona. ¿Calumniado? ¿Qué significa eso?

Ensuciado, ha ensuciado mi honor. Ah, ¿sí?

Dije lo que dije y voy a mantenerlo hasta el fin.

¡Lo admite! ¿Ves? Mátale.

¿Pero qué está admitiendo? Me ha llamado...

No puedo repetir la palabra. No creo haberla calumniado,

pero dije lo que dije y lo mantendré hasta que muera.

Para que conste en acta, ¿únicamente qué le dijiste?

Dije que cualquier chica que permite que un hombre le bese

sin estar prometidos, es una mujerzuela.

¡Ha vuelto a decirlo! ¡Mátale! Un segundo.

¡No, nada de un segundo! Si eres mi padre,

si me quieres, mátale. Bueno, soy tu padre.

Y claro que te quiero, así que...

Disparo. Oh...

¡Oh! Le has disparado.

Lo has hecho de verdad. ¡Eh!

¡Morirá!

Si muere, será el primer hombre asesinado por un revólver

de fogueo.

Lo usamos para dar la salida en las carreras.

¡Eh! ¡Me ha dado!

Oh, pobrecito. ¿Pobrecito?

Querías que me matara a sangre fría.

Pero no lo ha hecho. ¿Así que te insulté?

Lo que te hace falta es una buena tunda.

¡Dev! ¡Papá! A mí no me metas.

Y pienso darte tu merecido. ¡No te atreverás!

¿Crees que no? ¡Ah!

Ya es hora de que te den lo que te mereces

antes de que alguien muera por ti.

¡Para! ¡Papá! Gracias.

¡Papá, basta, sálvame! ¡Ah! ¡Oh! ¡Oh!

¡Ah! (LLORA) ¡Papá!

Papá, ¿qué haces? ¡No le dejes! ¡Ah!

¡Oh, oh! ¡Socorro! ¡Socorro!

¡Oh, papá, no te quedes ahí!

G. W., ¿he oído un tiro?

(LLORA) Oh...

¡Ah!

Hija, ¿qué ha pasado? ¡Que me ha pegado!

Ah...

¿Tú has pegado a mi hija? Dev.

Portazo. Oh...

¿Y te has quedado ahí mientras ese bruto pegaba

a tu hija? G. W., ¿qué te ha pasado?

en estos dos años? -Ven conmigo, hijo.

¿No te basta con haberme tratado como a una india?

¿Ahora tienes que someter a la querida Becky a esta cruel

y vulgar humillación? ¿Por qué las mujeres tenéis

que armar escándalo por una cosa cuando lo que os preocupa

es algo muy diferente? ¿No crees que ya es hora

de que me cuentes qué fue lo que te hizo abandonarme así?

No pienso quedarme aquí de pie a media noche

a mantener una conversación con un hombre embriagado.

Ah...

¡Yo no estoy embriagado!

Cierran una puerta.

¡Aún!

-Hola, amigos. -¡Hola, gobernador!

-¡Bravo! -¡Muy bien!

Vítores. -¡Bien!

-¡Bravo! -¡Bien!

-¡Bravo! -¡Bravo!

Murmullos.

Risas.

-¿Jefe Puma? -Sí, sargento.

Gran McLintock, sabemos que tú hacer un juicio justo.

Caballeros, síganme.

Murmullos.

Risas.

Bueno, Jake... -G. W...

-G. W., cuánto tiempo sin verte. No lo suficiente, Cuthbert.

-Su marido es un grosero. Sí, Cuthbert, lo sé.

(TOSE)

-¡Oh!

Risas.

-¿Dónde pongo a los indios, señor McLintock?

-McLintock no preside la vista.

-Sargento, siente a los indios.

-A la orden. Señores, siéntense.

Murmullos.

Desde que esos han llegado aquí, no hay quien viva.

-Proceda.

Golpes.

-Se abre la sesión. Preside el gobernador Humphrey.

Suerte, papá. No va a ser fácil.

(LEE) -Caso 826.

Orden de traslado de la Nación Comanche

a la actual reserva de Fort Sill.

Según el gobernador y también el agente indio,

señor Agard,

los jefes, tras ser puestos en libertad

por la bondad del gobierno, comenzaron a causar revuelo

y desórdenes entre las tribus.

Creo, señores, que aunque algunos de estos jefes hablan

nuestra lengua, como el jefe Puma, que se expresa bastante bien,

han elegido al señor McLintock como portavoz.

Yo hablaré por los comanches.

Mejor dicho, traduciré este documento.

-Proceda, señor McLintock.

Los comanches dicen...

(LEE) Somos un pueblo antiguo y también orgulloso.

Cuando el hombre blanco llegó a nuestras tierras,

éramos tantos como los matojos de la pradera.

Ahora somos pocos, pero aún somos orgullosos.

Porque si cualquier hombre pierde su orgullo, no es nada.

Ahora nos decís que si os permitimos enviarnos

a ese lugar que vosotros llamáis Fort Sill,

nos cuidareis y alimentareis.

Solo diremos esto. La ley comanche dice

que un jefe nunca come sin asegurarse antes

de que tienen suficiente carne los platos de las viudas

y los huérfanos. Es la forma de vida comanche.

Eso que el hombre blanco llama caridad, es una buena cosa

para viudas y huérfanos,

pero los guerreros no la aceptan,

porque si lo hacen, ya no son hombres,

y si no se es hombre, no se es nada.

Preferimos la muerte. Nos decís a los comanches

que somos viudas y huérfanos, que no somos hombres,

y los comanches decimos que preferimos estar muertos.

La lucha que acabe con nosotros no será recordada,

porque ahora somos pocos y con pocas armas,

pero lucharemos y moriremos como comanches.

-Gracias, gran McLintock.

-¿Debo entender que desafían al gobierno de los Estados Unidos?

Sí, puede entender que los comanches desafían

al Gobierno de los Estados Unidos, o, al menos,

a esta comisión. -Caballeros...

-Es inadmisible. -No podemos.

(MURMURAN)

-No creo que debamos. -Si cedemos ahora,

deberemos ceder siempre. -Estoy de acuerdo.

-Este tribunal ordena que los jefes sean encarcelados

hasta el momento en que haya disponible

un regimiento de la caballería de los Estados Unidos

para escoltarlos a ellos y a la Nación Comanche a Fort Sill.

Golpe. Se levanta la sesión.

Murmullos.

-¡McLintock!

Tú ser jefe importante entre hombres blancos.

Influirlos.

Haz que darnos armas para la lucha valer la pena.

Tengamos una última batalla memorable por el bien comanche.

Murmullos.

Me gustaría mucho poder hacerlo, Puma.

(HABLA EN OTRO IDIOMA)

(REPITE LAS MISMAS PALABRAS)

Murmullos.

-Sargento... -Señor...

Todos en pie, vamos. Caballeros...

Murmullos.

Los tiempos están cambiando.

No son los tiempos los que cambian, mamá.

Murmullos.

Canto nativo.

-Hola, G. W. Hola, Lem.

Gritos.

Risas.

Murmullos.

Bunny... -Ah, eh, hola, McLintock.

Eh... Parece... que ha bebido bastante.

Verás, he estado bebiendo y pensando, Bunny.

¿Sigue el vagón de carga en su sitio?

-Claro, pero... pero... ¿Pero qué?

-¿Para qué lo quiere? ¿No te lo imaginas?

-¿Has pensado que los indios podrían dar esquinazo

a la caballería?

Podría molestarse el gran padre blanco.

Se molestará e investigará,

y se enterará de cómo estuvo fastidiando

ese gobernador a los comanches.

Y dará a los indios un juicio justo.

-En el vagón hay armas y municiones.

¿Sabe lo que pasará si los indios se hacen con las armas?

Que habrá heridos. ¿No te basta la palabra de Puma?

-Pues...

(RÍE) McLintock, cuenta con un socio.

A mí no me metas.

-Eh, McLintock... ¿Eh? (RÍE)

(RÍE) Buenas noches, Bunny.

Buenas noches, gobernador.

-Ay, gobernador. (RÍE)

(CANTA CON EMBRIAGUEZ) ¿Dónde está Katie,

la del pelo rojo?

Dulce como las rosas

del verano, oh...

La encontraré cuando la luna salga

de pronto...

Relincho. ¡Y le diré que la quiero!

(RÍE) Y que la amaré como al cielo.

¡Uh! ¡Katie!

¡Katie Gilhooly!

(RÍE) ¡Yuju!

¡Eh, Katie!

¡Katie!

¡Katherine Gilhooly McLintock!

¿Dónde está la mujer de la casa?

-Señor McLintock...

Oh, lo siento, señora Warren. (RÍE)

Buenas noches.

-Le estaba esperando, señor McLintock.

Qué amable. Quería hablarle de una cosa.

Encantado, encantado,

309 veces seguidas.

-¿Perdone? 309 veces seguidas sin fallar.

Es un récord. -Eh, supongo.

Verá, señor McLintock, quería hablarle de...

Un kilo de peso, un gran sombrero.

A 16 metros de altura. Debe de ser un récord.

-Seguro que sí, pero... la razón...

Maldita sea, mujer, ¿no sabe dejar quieto ese vaso?

-Claro, señor. Bien.

(RÍE) Bebamos por mi récord mundial.

(RÍE) Eche un trago.

-Eh... Sí, señor.

Ah...

Y, ahora, por el gobernador del territorio.

-¿Por... por... el gobernador del territorio?

No se ponga de su parte, señora Warren.

Es una buena mujer, señora Warren,

pero descenderá mucho en mi estima si defiende a Cuthbert H. Humphrey,

gobernador del territorio. -Yo no he dicho que...

Otro trago. -Oh...

Sí, señor, otro trago.

Ah... Cuthbert H. Humphrey, gobernador de este territorio,

es un cretino.

¿Sabe lo que se hace con un cretino?

Un cretino es un espécimen tan inútil,

que debes apartarlo de los demás.

Si todas las personas del mundo formaran una manada,

Cuthbert sería el que habría que apartar.

El quien... El que... habría que separar.

Cuthbert es un inútil.

¿Otro trago, señora?

-Oh, no, señor, no. (RÍE)

Eh... Sí que voy a echar otro.

Hacen falta dos patas para sostenerse...

Oh, no quería ser vulgar. Quería decir, dos piernas.

-No se preocupe.

Ah... Solos las aves se sostienen sobre dos patas.

¿Conoce a mi mujer? Se llama Katie.

Aunque ella insiste en que la llamen Katherine.

¿La conoce? -Pues claro, señor McLintock,

de eso quería hablarle.

Pues ella cree que Cuthbert H. Humphrey

babea por ella como un búfalo por las primeras hierbas

de primavera. Pero por lo que babea Cuthbert,

es por mi dinero. Ah...

-No, no, no, no... No me gusta beber solo, señora.

-Muy bien, señor McLintock. Si insiste...

Otro trago. Bien.

Ah...

-Ah...

(RÍE) Señor McLintock...

(TOSE) Tengo algo muy importante que decirle.

Eh...

Muy importante.

Ah...

(RÍE) Tendrá que esperar hasta mañana.

Chao. Oh...

Oh... -Déjelo. Quieto.

Hasta mañana. Ah...

¡Oh! (RÍE)

(TOSE) Ah...

(RÍE)

¡Oh!

Señora Warren... (RÍE)

-Ah... Déjeme ayudarla.

-Muy amable. (RÍE)

Ah...

(RÍE)

-Ah... Oh... ¡Oh!

-¡Oh! ¡Ah!

Oh... ¡Oh! (RÍE)

Ah...

¡Oh! (RÍE) -Ah, oh...

¿Qué ocurre aquí?

Oye, Katherine, ¿vas a creerte lo que estás viendo

o lo que yo te diga? (RESOPLA)

(RÍE) -Señora McLintock...

Espero que no lo malinterprete.

Lo hice las primeras cien veces que vi mujeres en su regazo.

A la 101, ha dejado ya de importarme.

¡G. W. McLintock...!

Se ha quedado dormido.

Justo cuando sé exactamente todo lo que quiero decirle,

se ha quedado dormido.

-Espere despierta al señor... McLintock.

(RÍE) Eh... Para decirle que me marcho.

Verá, el sheriff Lord me ha pedido que me case con él

y... Oh, enhorabuena.

No quiero parecer mojigata, pero si va a casarse

con el sheriff Lord, está sentada en el regazo del hombre equivocado.

-Oh...

(RÍEN) Vamos, la acompañaré a su cuarto

y charlaremos sobre los hombres.

Señoras...

Un momento.

Oh...

Ah...

Oh, oh... Oh... ¡No te atrevas a caerte!

Oh... ¡Ah! (AMBAS GRITAN)

¡Oh! Ah...

Un momento, señoras, recuperaré el aliento

y las subiré por esas escaleras tan seguro,

como que me llamo George Washington McLin...

Oh...

Rotura de cristales.

Ah...

¡Ah, ah! Ah...

Tal vez se marche, señora Wallace. -Señora Warren.

Pero no esta noche. Quiero desayunar en la cama,

quiero... -Lo sé, una tostada poco hecha...

Alguien me ha hecho un boquete en el cráneo.

-Ha sido Katie. La he visto. ¿Katie? ¿Por qué?

-Eh, estaba la señora Warren ahí. Oh...

-Y tú también. Oh...

Y la botella de whisky también. Oh...

-Y como Katie tiene ese temperamento,

pues ya sabes.

(EBRIO) Drago, amigo mío... -¿Qué...?

Mi mujer no me comprende. -¿Por qué ibas a ser

distinto a los demás? Vamos, te llevaré arriba,

mañana hay un gran acontecimiento.

¡Oh...! ¡Ah...!

¡Ay...!

Oh...

Drago,

dormiré en la cocina.

RODEO DEL 4 DE JULIO DE MCLINTOCK.

Explosiones.

Risas.

(GRITA) -¡Gamberros!

¿Es que no respetáis a los mayores?

(LOS NIÑOS GRITAN) ¡Bunny se ha enfadado!

¡Bunny se ha enfadado! ¡Bunny se ha enfadado!

¡Bunny se ha enfadado! ¡Bunny se ha enfadado!

-¡Fuera de aquí, largaos! ¡Ojalá explotéis!

(ARREAN A LOS CABALLOS)

Vamos, súbete.

¿Estáis listos?

-Al número 5 le falta una manta.

Dale una.

Avisad cuando estéis listos.

-Damas y caballeros,

es un honor presentarles

al gobernador

de nuestro territorio.

Aplausos. Cuthbert H. Humphrey.

-Gracias, alcalde.

Amigos,

como ciudadano de este gran territorio,

este es el noveno año consecutivo

que tengo el enorme privilegio

y el gran placer de inaugurar la fiesta

del 4 de julio en McLintock.

Lo primero será la doma de caballos salvajes

pero antes de hacer el disparo para dar la salida

me gustaría decir una cuantas palabras

relacionadas con mi manera...

(SE QUEJA) ...de administrar el territorio.

Explosión. -Es... ¡Ah!

(EL PÚBLICO JALEA)

(EL PÚBLICO ANIMA)

-¡Muy bien, bien hecho! ¡Muy bien!

-¡Yuju, yuju!

¡Yuju, yuju!

-Ya, profesor Birnbaum. -Señores...

-Sheriff, su caballo.

-Vamos, sepáralo, Ching.

Amigos, todos conocéis las reglas.

Se va dos veces por dentro y una por fuera.

El primero que llegue a la meta sin romper el huevo gana.

Y os aconsejo que nos os los comáis,

algunos son del año pasado.

Muy bien, ¡montad!

Disparo de salida.

(EL PÚBLICO ANIMA)

-Katherine, querida, pareces estar disfrutando.

Oh, sí... Es magnífico,

esto es lo único que siempre disfruto

de esta bárbara región, la fiesta del 4 de julio.

-Llevo aquí tres días y no he sabido nada de ti.

Ah... -¿Pasa algo?

No. -Sólo espero que no haya sido

necesario que le dijeras nada a...

G. W.

¿Pero de qué estás hablando?

-Bueno, Katherine,

estoy en una situación muy delicada al ser gobernador del territorio,

ya sabes, y espero que no haya sido necesario que dijeras nada de...

¿Nada, de qué?

-Pues de ti y de mí.

(RÍE A CARCAJADAS)

Eres un pomposo y un fantoche.

¿Te crees que eres el único hombre

que ha intentado hacer manitas conmigo

o que ha intentado llevarme a ver la luna?

-Pues no, pero... Ya soy mayor y sé cuidarme

muy bien solita, y mi marido lo sabe.

Le aseguro, gobernador, que su reputación está inmaculada,

y ahora quítese de mi vista.

Risas.

(EL PÚBLICO ANIMA)

-El ganador,

ya tenemos un ganador, Curly Fletcher.

(EL PÚBLICO APLAUDE) -Así se hace, Curly.

(RÍEN)

-Dame el huevo.

¡Descalificado! (TODOS RÍEN)

-Lo siento mucho.

¡G. W., G. W.! No vas a creerte lo que ha pasado.

¿Qué?

Uf... Apestas a cerveza.

Es natural, la estoy bebiendo. (TODOS RÍEN)

Oh... -Damas y caballeros,

el siguiente concurso del día

será entre los dos campeones

desbravando caballos

de nuestro territorio.

¿Recuerdas el año que participé

y usé tus ligas para sujetarme las mangas?

Chis... Hicimos una apuesta y la gané.

(TODOS RÍEN)

George Washington McLintock, eres un hombre muy grosero.

Sí, es posible, pero aquel era un caballo duro,

era como una batidora. (TODOS RÍEN)

Valió la pena...

¡Oh! (TODOS RÍEN)

¡Sigamos! (TODOS) ¡Sí, vale!

PROPIEDAD DEL DEPARTAMENTO DE LA GUERRA DE LOS ESTADOS UNIDOS.

NO IMPORTUNAR

-¡Una! ¡Dos!

¡Tres! ¡Ya!

(EL PÚBLICO JALEA)

Silbidos.

(ANIMAN) ¡Vamos, Dev, ánimo, ánimo!

-¡Dev, sigue, muchacho!

¡Eso es, sigue tirando, Dev!

(TODOS) Oh...

Oh... Dev, ¿estás bien?

Creo que sí, sólo tengo herido mi orgullo.

(RÍE) -Eso equilibra la balanza, granjero.

¿Por qué? -Por el otro día,

se me hinchó la nariz.

-A él no se le va a hinchar eso. (TODOS RÍEN)

(RÍE)

(GRITAN)

-La última prueba es la carrera de caballos.

La meta está junto a la barbacoa,

así que acercaos todos.

¡Vamos!

-A ver, ¿qué escondes ahí detrás, hijo?

(RÍE) -Oye, sabes muy bien

que un Douglas nunca hace una cosa así.

Quiero que subas a ese caballo, te pongas el primero

y llegues el primero.

-Estaré el primero y llegaré.

-Ah, buen chico.

Y recuerda, no te dejes adelantar.

¡Ponte el primero!

-¡Eh, eh, eh...! ¡Quieto ahí!

(PITA)

(RÍEN) -Vaya, el tren llega a su hora.

(RÍE) ¡Ah...!

-¡Eh! ¿Qué haces? -La carrera no ha empezado.

-¡Tramposo!

(GRITA ASUSTADO)

(EL PÚBLICO JALEA)

-¡Eh, espera! ¡No corras!

¡Ay, ay, ah...!

Disparos.

Disparos.

Disparos.

(GRITAN)

(HABLAN EN OTRO IDIOMA)

Disparos.

Gritos.

Disparos.

-¡Eh, McLin, gran fiesta!

¿Dónde estar whisky?

-Creía que era tu amigo.

-Agáchate, esas balas son de verdad.

¡Ah...!

Disparos. ¡Oh...!

¡Oh!

Disparos. ¡Oh...!

(SORPRENDIDA) ¡Ah!

Toques de corneta.

Toques de corneta.

-Esos soldados no son tan rápidos como los indios.

-Puma se ha salido con la suya pero creo que se dirige

a su última batalla. No llegarán muy lejos.

-Hay algo que aún no entiendo.

¿De dónde han sacado las armas?

Me estoy preguntando lo mismo.

-Me duelen mucho los riñones. Bunny...

G. W.

(RÍE)

Ha sido una broma idiota.

¿Broma, crees que ha sido una broma?

Cierra el pico, ¿quieres que todos me vean con esta pinta?

Las plumas te sientan bien. Oh...

Dev, creo que ya se han ido.

Sí...

¿Qué piensas hacer? ¿Y qué quieres que haga?

(ENFADADA) Nada, lo mismo que haces siempre.

Oh...

-¿Cuánto va a durar?

¿Cuánto va a durar qué? -Eso.

-Katie lleva ya dos años tomándote el pelo.

-Soy un hombre paciente pero mi padre siempre decía:

"Si levantar la voz no da resultado es hora de levantar la mano".

He pensado hacer algo a propósito de eso.

Dejad que charle con ella.

-Charlar dices...

¿Charlar dices? ¡No te servirá de nada!

Becky, ¿has visto a tu...?

¿Se puede saber de dónde sales?

Estás llena de paja.

-Han pasado cosas muy graves durante esa incursión,

señor McLintock.

¿Quién dijo que sólo una mujerzuela besa a un hombre

sin estar prometidos formalmente? Estamos prometidos, señor.

¿Ah, sí? Bueno, con su permiso.

Pues lo tienes. (RÍEN)

Señora Warren...

-Me parece maravilloso. (RÍE)

Me parece que este es el único compromiso

que ha nacido de una azotaina. (RÍE)

-Birnbaum tenía razón.

Está bien.

-Dios os bendiga.

Este va a ser un gran día.

-Escuchad, amigos, no podemos dejar

que esa incursión india nos estropee la barbacoa

ni el rodeo.

(TODOS) ¡Bien!

-¡Seguidme! -¡Vamos!

-Que los concursantes se preparen para la carrera.

(TODOS GRITAN) -¡Venga, vamos!

Llaman a la puerta.

¿Quién es?

Soy yo, ábreme.

Ahora no.

¿Te has vuelto loco? Quiero hablar contigo.

Tendrás que esperar.

¡Ah! Escúchame.

¿Qué haces? Ya no pienso aguantarme

más tonterías. ¿Estás loco?

Vas a decirme ahora mismo por qué hiciste las maletas

y te largaste. Hace dos años, ¿te acuerdas?

Tú llegaste de Denver

con carmín por toda la... ¡Ah!

(GRITA)

Risas.

Fue en el cuello de la camisa.

Eso lo demostraba.

¿Qué?

¡Que eres un puerco!

(GRITA ASUSTADA) ¡Ah!

(TODOS RÍEN)

(SORPRENDIDA) ¡Mamá!

¡Ah, ah...!

-Katherine...

(RÍEN)

-G. W., eres un rufián.

Cuthbert, eres imbécil.

(TODOS RÍEN A CARCAJADAS)

-¿Qué clase de familia es esa?

¡La mejor!

No te metas con ella.

(EBRIO) -Señor, ¿quién ganó la carrera?

-¿Y qué mas da? Seguro que yo no.

Bullicio.

-¿Sí? -Sólo quiero informarte

de que he cambiado de idea sobre el matrimonio.

-¡Ah...! ¡Ralph...!

-¡Eh, señora McLintock!

¡Ah! -Ka...

¡Katherine!

Que no entre nadie.

-¡No paséis de aquí!

-¡Ah! -G. W. va a comprarte

la tienda entera. -Me temo que sí.

-¡Famila mala, familia mala!

-¡G. W.!

(GRITA)

¡G. W., G. W.!

¡Ah, ah...!

¡G. W., G. W.!

¡Ah...!

(TODOS RÍEN) (FURIOSA) ¡Oh!

(RÍE) -Señora McLintock, está empapada...

¡No soy la única! (TODOS GRITAN)

¡Ja!

Gritos y risas.

-Uf... -Ha sido tu mujer, G. W.

Perdona, Camille. -¡Ah!

-Señora McLintock, ¿es una nueva moda?

¡Oh...!

Chis...

(SUSPIRA ALIVIADA)

-¡Señor McLintock,

está aquí!

¡Oh!

(GRITA)

(SE QUEJA)

¡Oh...!

Sigues siendo tan salvaje como el día en que te conocí.

Pues protestar lo que quieras, note servirá de nada.

(SE QUEJA) Tú siempre has hecho

lo que te daba la gana, ahora recibirás tu merecido.

Gracias. (SE QUEJA)

(RÍE) -Mi padre estaría orgulloso.

(GRITA) ¡Y también el mío!

¡Ah...! -So...

¡Quieto! ¡Ah...!

(TODOS RÍEN)

Guárdala, quizá la necesites.

Ahora puedes divorciarte.

¡Oh...! Oh...

A casa, y date prisa. -¿A casa, estás...?

¿No me has oído? ¡No creas que vas a librarte de mí

con tanta facilidad! (ARREA AL CABALLO)

(TODOS RÍEN)

(RÍEN)

¿Se acabó vivir en la capital? Sí.

¿Y la temporada de sociedad en Newport?

Sí.

¿Y también los bailes del gobernador?

Sí, G. W. Felicidades.

Trescientas diez veces sin fallar.

Es un récord.

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  • El gran McLintock

Mañanas de cine - El gran McLintock

24 abr 2019

El señor McLintock, un gran terrateniente generoso, recibe la visita de su esposa, una mujer de fuerte temperamento, que se fue a vivir a Nueva York, porque no podía soportar el estilo de vida de su marido.

Contenido disponible hasta el 1 de mayo de 2019.

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