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Para todos los públicos Cine en TVE - La luz de Elna - ver ahora
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(Música)

"Cuando vivíamos en el castillo

me parecía enorme,

y creía que estaba encantado.

Ahora ya no lo sé,

quizás entonces yo era muy pequeño.

(GRITA). ¿Ya, ya sale?

¡No! Aún no he roto aguas.

Eso no ocurre siempre.

¡Aurora, Aurora!

¡Todas preparadas, Raquel está de parto!

¡Aurora, Aurora!

¡Raquel! ¿Ya? ¡Oh!

¡Mamá, mamá! ¿Dónde está mi madre?

¡Mamá!

¡Mamá...!

¡Mamá!

Mamá...

¡Mamá! ¿Qué?

¡Raquel! ¿Qué?

¡Está de parto!

¡Poned agua a hervir, rápido!

La hoja de las apuestas, mamá.

(SOLLOZA) Respira. Sí, eso es. ¡Respira!

¿Ha vuelto Elisabeth? No, ya llegará.

-Espera, espera. Raquel. Aún no es el momento.

Venga, vamos. No, no quiero.

Irá bien, ya verás. Todo irá bien. -Venga: uno, dos...

Tranquila. -Raquel, tranquila.

Acuérdate de lo fácil que fue mi parto.

Raquel, bonita. Que sea muy cortito. Ay. Eulalia.

¡Será rápido! ¡María, no!

Aún no es el momento, no puede ser.

Tranquila, Raquel.

Venga. ¡No, no!

¿Quieres hacer el favor de salir?

que aquí no se entra. ¡Mamá pon una niña por mí!

Será una niña.

¿Una niña? Si tiene una cara de niño que no puede con ella.

Vas a perder... ¡No, no!

¡Sí! No, no.

Sí, sí, sí, sí. No, no, no, no.

¡Sí! Ah...

(Claxon)

(Claxon)

¡Elisabeth! ¡Hola!

¿Estáis bien? ¿Has visto a Blas?

Sí, tranquila. ¿Y a mis padres?

-¿Sabes algo de mi marido? No, no he podido verlo.

A ver qué tenemos por aquí...

No, esta no.

¡Esta es para ti, Remedios!

¡Gracias! Y esta para ti, Eulalia.

¿Es de José?

Sí. ¡Josefina! ¡Aquí!

¡Por fin...!

¡Matilde!

Matilde, carta de tu hermana. Gracias, muchas gracias.

¡María! ¡Elisabeth, Raquel está de parto!

¡Y lleva mucho rato chillando!

(CHILLA) ¡Empuja!

¡Empuja, empuja!

(CHILLA)

(CHILLA) Mira, ya llegó Elisabeth.

(LLORA) Tranquila.

Tranquila, respira. Ya está.

(LLORA) Respira. ¡Inspira, Raquel!

Tranquila... ¡Muy bien! (CHILLA)

Empuja. ¡Un poco más, ya sale!

(CHILLA) ¡Empuja, más! Muy bien.

¡Más! Muy bien.

(Bebé)

(SOLLOZA)

Es un niño.

(RÍE)

¿Le quieres llamar Isaac, no?

¡Mira qué guapo!

¿No es muy pequeño?

No.

¿Qué pasa?

¿Qué, has perdido otra vez?

¡Raquel ha tenido dos niños, dos!

¡Dos! Me cago en...

¿Tú también habías apostado que sería una niña?

No, había apostado que solo sería uno.

¡Ostras! -Victoria.

-Dile a Lola que ahora voy, ¿eh?

De acuerdo.

-¿Hasta cuándo tenemos que quedarnos aquí?

-Eso depende de tu hermano, o hermana.

Mi marido está en Nueva York y tenemos que ir con él.

El pobre David le echa mucho de menos, ¿verdad?

Estamos tan agradecidos a Elisabeth por sacarnos

de Rivesaltes... Es un lugar horrible.

Apenas hemos visto nada, pero no te lo imaginas.

Nadie debería de nacer en un lugar así.

-Sí que me lo imagino, yo estuve en el campo de Argeles,

parecido, cuando salimos de España con la guerra.

De allí nos sacó Elisabeth a mi hijo y a mí, a Pat.

Mira mamá, es Neus. ¿A que parece una brujita?

¿Parece una brujita...? ¿Cuántos años tienes?

¿Dos? ¡Es una niña fea, pero normal!

¡Ah!

-¿Qué pasa aquí?

¡Ha salido de un cesto!

¿Nos la podemos quedar?

Ahora almorzamos. Ahí está el comedor, ¿ves?

Anda, venga, ya podem... ¡Ven!

-¡El puchero!

Doctor, ¿cómo han ido las visitas? Los mellizos están bien.

No hay que preocuparse, y Neus no tiene piojos.

Solo desnutrición.

Perdone, ¿está seguro de que la niña no tiene piojos?

Siempre hay márgenes de error en medicina.

Sí, es verdad...

quizás está incubando.

Muchas gracias, doctor. Le acompaño.

Aprendió a tocar en el conservatorio de Bruselas.

Puedes tocarlo siempre que quieras, David.

¿Tenéis hambre?

¿Sí? Vamos.

¡Caramba! ¿Quién es esta preciosidad?

Dile hola, Lola.

Se llama Neus.

Estaba sola en Rivesaltes, ¿no? Tenía a mi abuela.

Pero ya no.

Pobre mujer.

La recuerdo.

No pudo con el último invierno. ¿Qué no pudo?

Quitarse el frío.

Siempre decía: tengo el frío dentro.

Y como no se lo pudimos sacar se murió.

Cuéntale a Victoria cómo te escapaste.

Los niños de Rivesaltes somos esmirriados.

¡Los guardias del campo son unos hijos de puta,

y nos matan de hambre! Y los niños cabemos

en los cestos.

¿Y quién te contó eso a ti? Ella se lo dijo a la enfermera

del campo, a Friedel.

Vete a jugar, Lola.

No sabía que estaba escuchando.

¿No creerás que sacamos a los niños así,

por las buenas, sin permiso?

Neus.

Te quedarás con nosotras, pero no quiero que hables

como Victoria.

Eh...

¿Pat?

No. -No...

-Eh...

Espero que el comisario se trague la historia del tifus.

Me costó mucho trabajo sacar a David.

No quiero que sea el último.

Al cabo de unos días les conté a David y a Neus lo del hechizo,

lo de la magia que nos protegía de los dragones

que había allí fuera.

Me miraron como si yo fuera tonto.

Me dijeron que ahí fuera no había dragones,

sino soldados en guerra,

y que a la guerra se va con armas.

Y creo que fue entonces cuando...

más o menos, la magia dejó de funcionar.

Llega tarde, comisario.

Buenos días. ¿Entramos?

Usted sí, él no.

Apártese.

Esto es territorio suizo, señor.

No puede entrar.

Espere aquí.

A la señorita Eidenbenz no le gustan las pistolas.

Montserrat Cots. Contrato de trabajo

como sirvienta y la inscripción del bebé

María Caral. (ASIENTE)

¿Y Raquel Orovitz?

Dirección y número de pasaporte.

A la espera del contrato de trabajo,

inscrita con sus dos hijos, Isaac y Jacob Orovitz.

¿No tiene contrato? Está en trámite.

Afortunadamente contamos con vecinos dispuestos a ayudar.

O sea, que de las ocho mujeres que llegaron aquí hace dos meses

de los campos de refugiados de Rivesaltes,

solo regresarán tres.

Le dieron permiso para una maternidad

y usted monta una agencia de colocación.

Nadie debería regresar a aquel infierno.

La lista de las recién llegadas.

también hay una huérfana, Neus Solana.

Ahí están los detalles.

Tifus, ¿eh?

El doctor Übert cree que está

en la primera fase de la enfermedad.

No sé si es consciente pero los refugiados

están hacinados, desnutridos,

en pésimas condiciones. Mi gobierno es consciente

de las deficiencias de los campos de refugiados,

por eso el nuevo jefe de policía de la zona, Marcel Latour,

ha decidido solucionarlas.

Oigo la misma cantinela desde que llegué

en 1939, comisario.

Y el gobierno aún no ha movido ni un dedo.

El señor Latour ya ha hecho algo,

ordenar que los envíos de provisiones de la Cruz Roja

se queden en Rivesaltes. ¿Cómo?

No podemos permitir que miles de personas pasen hambre

mientras cuatro embarazadas disfrutan aquí de unas vacaciones

de lujo, hay que gestionar los recursos eficazmente.

¿Eficaz? ¡La Cruz Roja manda muchas más provisiones

a Rivesaltes y la comida desaparece,

el señor Latour debería ocuparse de lo que pasa allí.

Hoy mismo recibirá un camión de provisiones

porque tiene internas, pero será el último.

¡Imposible! Deberá trasladar la maternidad

a un barracón de Rivesaltes, allí las embarazadas

tendrán la atención necesaria pero no saldrán,

ni a parir ni a trabajar.

¡Es absurdo, comisario!

¿Dejará que mueran decenas de recién nacidos?

La decisión ya está tomada, señorita Eidenbenz.

Ni usted ni yo dictamos las normas, solo las cumplimos.

Latour se reunirá pronto con ustedes para ultimar

los detalles del cierre.

debería ir preparando el traslado.

ya conoce la salida, comisario.

(Claxon)

¡Ya ha llegado Friedel!

-¡Vamos a ver qué ha traído!

¡Hola, chicas!

-¡Hola! -Hola, Friedel.

-Traemos harina.

También chocolate.

¡Y queso!

Hola, Friedel.

¿Quién iba en ese coche?

Era el comisario.

Dice que este será el último camión.

Sí, ya me avisaron cuando llegó a Rivesaltes.

Al menos, parece que está todo.

Los gendarmes ni lo han abierto esta vez.

Pat, Pat. Mira.

Son las cajas del pabellón de las cruces.

No me sorprende.

A partir de ahora no tendrán ni que tomarse la molestia de robar.

¿Eres tú?

¡Casi no te reconozco!

¡Qué cambio!

Friedel, no podemos aceptar que cierren la maternidad.

La princesa Luisa de Suecia irá a visitar los campos.

Habla con ella para que presione a las autoridades.

Sí.

¡Si no dejo de decirlo!

No tenemos agua corriente,

ni electricidad ni ropa,

¡Está lleno de ratas!

Los barracones están infestados de chinches.

hay otra epidemia de tifus y la gente muere como...

Lo sé, pero nadie lo creerá sin verlo.

Hay que mostrar la miseria de Rivesaltes

para impedir que trasladen la maternidad allí.

No sé si lo podré resistir, Elisabeth.

No veo más que...

los horrores del campo.

Y yo no soy una prisionera,

pero imagínate las madres y las miles de personas

que hay hacinadas allí.

Por eso debes hablar con la princesa cuando vaya.

Es una mujer.

Ella nos ayudará.

(CANTA) ¿Qué hacer, qué decir?

¿Qué decir, qué hacer? (CHISTAN)

¡Cállate ya y tira pa' allá que están los niños durmiendo!

Está loco con los menairons.

(CHISTAN)

Fíjate, este año han salido antes de tiempo.

Aún falta para la verbena, ¿no?

-Ay, la verbena... ¿Y quién piensa en eso ahora?

No estamos para fiestas.

-¿Que no? ¡Si aquí celebramos to'!

Antes eran navidades, Reyes, San Juan...

Como solo estábamos exiliadas de la guerra de España,

ahora con la guerra de Europa llegan de todas partes

y celebramos el hanukkah,

el 14 de julio y lo que haga falta, ¿a que sí?

Yo cuando salí de Jaén no sabía hacer na',

sabía hacer tres cosas, y ahora te hago una vichyssoise

o lo de los garbanzos, el hummus ese. (RÍE)

Cuando celebremos San Juan

si lo celebramos, claro...

¡San Juan!

Pues claro que celebraremos San Juan.

Lo mismo hago una coca...

y un poquito de chocolate caliente

como el año pasado. No, este año haremos

una fiesta de verdad, y una hoguera que se verá desde Rivesaltes.

¡Más grande, que la vean mis padres desde Vinaroz!

Desde Berlín, la van a ver.

¿Y para qué tenemos que hacer una hoguera?

-Mujer, para que funcione la magia de San Juan.

Y también para divertirnos, ¿no? Claro.

¿Cómo era el dicho, Carmen? ¡Que nos quiten lo bailao!

(RÍEN) Exactamente.

¿Qué es eso?

No es nada. Venga, cómo no va a ser nada.

-David, es un objeto muy importante para las mujeres del campo.

-Yo también tengo uno, mira.

Eso es lo que lleváis casi todas.

Sirve para guardar los menairons. ¿Los menairons?

-Sí.

Los menairons son unos duendecillos muy chicos, muy chicos,

capaces de hacer cualquier cosa que les pidas.

Lo que sea, ¿eh, verdad Pat? Sí.

Y salen las noches de luna llena.

¡Hoy hay luna llena!

-¿Sí? -¡Es noche de duendes, Pat!

La luna llena es noche de partos, y los menairons

solo salen por San Juan.

Ya, duendes... -Sí.

Cuando tienes un tubito como este

en el solsticio de verano se llena mágicamente

de menairons. Pero hay que tener cuidado,

porque cuando lo abres salen diciendo:

-¿Qué dicen? -¿A ver?

(CANTA) ¿Qué hacer, qué decir?

¿Qué decir, qué hacer? (CANTAN TODOS)

Y si no les pides enseguida tu deseo,

lo destrozan todo.

-¡Oh...! -¿Ya?

¡Aurora está de parto!

¡Será una niña!

¡No sabía que chillaban tanto!

¡Aurora está de parto! ¡Va a ser una niña!

(CHILLA)

-Has tenido una mala racha.

Tienes que remontar.

¿Por cuánto te gana tu madre?

(Gritos de parto)

-Ya asoma la cabeza.

-Sí, se la veo. ¡Así!

-¡Me da igual lo que sea, pero que se acabe ya!

(GRITOS DE PARTO)

No pasa nada, el bebé llorará enseguida.

Elisabeth...

La quiero ver...

Déjame verla...

¡Agua!

¡Traedme agua!

¡Deprisa!

(LLORA) ¡Déjame verla!

¡La quiero ver!

¡Elisabeth!

(SOLLOZA) La quiero ver...

Se la comerán. En Rivesaltes las ratas

se comen a los bebés.

Lo siento, Aurora. Creía que te gustaría.

Ya. Échale tierra.

-Lo siento mucho.

Elisabeth.

¿Cómo son los campos?

¿Por qué yo no voy nunca?

Porque estás mejor aquí.

Todos los niños deberían vivir en un sitio como este.

Todo el mundo debería vivir como nosotros.

¡Anda, sonríe!

"A veces le preguntaba a mi madre

dónde vivíamos,

antes de ir al castillo.

Y me decía que en la playa.

Aquel día me acordé de aquella playa,

la de Argeles.

Siempre hacía frío y un viento muy fuerte.

Dormíamos sobre la arena,

y no teníamos nada para comer.

No sé por qué lo había olvidado.

Tal vez por la magia.

Mi madre siempre me decía que era mejor no recordar.

¿Tú has visto esto? Parece que haya visitado

una casa de colonias, joder.

No han permitido ni que Friedel la saludara.

¿Cómo van las gestiones con los Mathieu?

¿Les has hablado de Raquel?

No, aún no. Tengo que pensar cómo les digo lo de los mellizos.

¿Por qué no les pides que vengan a conocerla?

¿Qué pasa?

Lo de Aurora ha sucedido otras veces.

Quieren cerrar la maternidad. Centralizarlo todo en el campo.

Según ellos, aún es mejor que un balneario.

¡Me cago en la madre que los parió!

¡Hijos de la gran puta! ¡Putos nazis de mierda!

¡Estoy hasta el coño de ellos! ¡Putas alimañas!

¡Imbéciles!

¿Ya está? ¿Tranquila?

¿Y qué vamos a hacer? Buscarles trabajo a las madres

para que no tengan que volver a Rivesaltes.

Te dicen que cierres la maternidad y tú la cierras sin más.

No me lo puedo creer.

Demostraré a mis jefes y a las autoridades

que la maternidad funciona perfectamente.

Y para que comparen, haré fotos del campo.

No te lo permitirán. No les pediré permiso.

Eso es muy peligroso, mucho.

Y además, ¿por qué? ¡Son campos de concentración, joder!

¡Les da lo mismo cómo funcionen!

Lo único que quieren es tenerlos encerrados allí,

y quedar bien con sus amigos nazis.

Eres una ingenua, Bethly, siempre te lo digo.

Hmm...

Espera... Espera, espera, espera, espera...

Tú lo que quieres, es hacerle chantaje con las fotos, ¿no?

Les amenazarás con publicarlas.

Se me ha pasado por la cabeza.

Se las mostraré a Latour en la reunión.

¿A Latour? ¿El jefe de policía? ¿Irás a Vichy?

No, él vendrá a Perpiñán.

Me lo ha dicho el comisario.

Haré las fotos cuando acompañe a las madres

que deben regresar al campo.

Tengo que visitar unos viñedos y la fábrica de bolsos

que empleó a madres el año pasado. Aprovecharé para ver a los Mathieu.

No les digas nada de... Sí, sí, sí, sí...

No les diré nada de los mellizos.

Volveré en cuanto pueda.

Te dejo a Lola, espero que no te dé mucha guerra.

(Llaman a la puerta)

Maya ya va a dar a luz.

Adiós, pequeña.

(Ríe)

¡Hola Jorge!

¿Cómo estás? ¿Has venido a jugar con Lola?

Está allí, en las hamacas. ¡A ver si la encuentras!

¡Anda, corre!

Nació aquí, justo cuando abrimos la maternidad.

¡Buenos días, Señora Mathieu! ¡Buenos días!

¡Buenos días, señor Mathieu! ¿Qué tal? ¿Cómo está?

Bien, bien. Algo resfriada pero bien.

Le apetecía mucho venir a veros,

pero entonces ha llegado el veterinario,

y ha insistido en quedarse a ayudarle.

Es una trabajadora incansable, usted ya la conoce.

Y Gloria también. Pero como piensa en volver a Gerona,

tiene la cabeza más allí que aquí. La extrañaremos mucho.

A ella y a sus tartas. ¡Qué ricos hace los gâteau!

Y los hace prácticamente sin nada.

Es una joya.

-Les acompañaré a ver a Raquel. Sube, ahora vamos.

Les estamos profundamente agradecidas

de que la quieran emplear, pero Raquel es un caso un poco especial.

Sí, claro; lo de su marido.

-Haremos lo que se pueda.

Contrataremos al marido si logran sacarlo del campo.

-Donde comen cuatro, comen cinco. Y será una buena ayuda en la finca.

No es eso.

Quería hablarles... no sé si Victoria les dijo...

Sí, claro. Victoria no nos dijo nada

pero por el nombre ya nos imaginamos que eran judíos.

Estamos en la Francia libre, aquí eso no es problema.

Ahora en París les obligan

a llevar una estrella amarilla, es una vergüenza.

Lo leí en el diario, y mi cuñado que vive en Lille...

(Bebés)

Créanme, son muy buenos. No lloran jamás.

¿Verdad, Elisabeth?

(Llantos)

Todos los bebés lloran,

pero ellos ya saben que si no te contratan

volverás a Rivesaltes.

Y lo que significa eso. No llores, Isaac.

Oh... Vamos a buscar a Jorge.

Habría que ir tirando. ¡Se lo suplico!

Les juro que no los oirán.

¡Ni se darán cuenta de que existen!

Cálmate, Raquel. Todo irá bien. Se lo suplico.

(Bebés)

Haremos lo que podamos.

¡Ya está, estoy preparada!

Nosotros le recogeremos.

Son los trámites.

Acostumbran a tardar un par de días.

Con Gloria tardaron un poco más, por no sé qué papel

-¿Cree que podrá sacar al marido de Raquel de Rivesaltes?

Lo intentaré.

Pues lo conseguirá.

Lo que usted no consiga, señorita Eidenbenz,

que nos han delegado una parejita como si nada.

(Motor)

(CHISTA) Justo acaba de dormirse.

-Disculpe.

La verja estaba abierta.

Busco a Victoria.

-Pregúntele mejor a Elisabeth.

-Buenos días.

Soy Agustín, un amigo de Victoria.

¿Sabe dónde está?

La ando buscando. ¿No está aquí?

No.

Creía que era ella.

Ah, ¿por esto?

Sí, dejó el motocarro en casa.

Llevamos días sin verla.

No sé si llamar a la gendarmería. ¡No, no lo haga!

No va a ser necesario; me dijo que le había surgido un imprevisto

y que tenía que ir creo que a Toulouse,

Tengo que decirle algo.

¿Podemos entrar?

Sí.

Esta foto la hice yo.

Perdone, pero todavía no me ha dicho

a qué... ¿A qué he venido, no?

Pues tengo entendido que quiere hacer unas fotos

y no deberían caer en malas manos.

Le aseguro que puede confiar en mí.

tendrá muchos problemas si la descubren haciendo fotos

en el campo. ¿Dónde iba a revelarlas?

Pensaba mandarlas a Suiza.

No, no. Las fronteras siempre son un riesgo.

Yo soy fotógrafo, trabajo en un laboratorio en Perpiñán.

No sé, con un poco de tiempo podría revelarlas

cuando mis compañeros no estén, con total discreción.

Yo mismo las podría sacar si tuviera un pase.

No, no. Yo voy a menudo a Rivesaltes.

No sospecharán.

¿Está segura?

Es un riesgo muy grande. Ya lo sé.

Se lo digo porque estuve encerrado en Argeles.

Allí conocí a Victoria,

vi cómo estaba y el cambio que ha hecho.

Ella es amiga mía y todo lo que yo haga por usted

es poco para devolverle el favor. El mérito no es mío.

Es de la maternidad. Para Victoria y para todos,

usted es la maternidad.

-¿Victoria está contigo? -No.

He encontrado el motocarro con las llaves en el contacto

en un prado; tenía manchas de sangre

y creí que estaba aquí. -Me cago en todo.

¡No, aquí no está!

En el tiroteo mataron a dos de los nuestros,

pero nuestro contacto confirmó... -¡Debe de estar escondida!

Seguiré buscando.

-¿Miraste cerca del prado? -¡Sí!

-Si hay sangre estará escondida. -¡Ramón!

No está muerta.

Victoria está bien.

-Eso espero.

No hables con nadie todavía.

-No. -Todos quietos hasta que sepamos

qué coño pasa. -Entendido.

-Anda, vete.

(SUSPIRA)

¡Venga, rápido!

Espera, casi la alcanzo.

Mira, mi primera tarta.

Se me ha quemado.

Bah, Raquel. No pasa nada.

Nunca lo conseguiré. ¡Claro que sí!

¡Pero qué desastre!

Se me ha quemado toda.

No sé si se podrá aprovechar... (GRITAN)

(Ruidos)

¿Se puede saber qué está pasando aquí?

Ah, el chocolate.

¿Queréis probar mi tarta?

Con un poco de suerte estará buena. ¡Neus no podía comer chocolate

porque lo escondían en el barracón de las cruces!

¡Calla, chivato! La gente muere por hablar

del barracón de las cruces. ¿Verdad que no, Elisabeth?

Hay centenares de cajas, Friedel.

Son muestras de azúcar, harina, chocolate...

Los guardias no cogen un poco para sus familias,

vacían los camiones para vender todo en el mercado negro.

Y no queda nada para los refugiados.

Neus se coló en el barracón con un niño.

Pillaron al pequeño y desapareció;

la abuela de Neus le hizo prometer que nunca volvería allí,

le dijo:

"Prefiero morirme de hambre a que te maten."

Hay que denunciarles.

¿A quién?

El director del campo seguro que está en el ajo.

Y el comisario también.

¿Neus te ha dicho dónde está el barracón?

Ella solo tenía acceso a la Zona C.

No sabe decirme dónde está.

Lo llama el barracón de las cruces, por las cajas de la Cruz Roja.

Hablaré con ella.

Mira, esto son las zonas.

los bloques: el A, el B, el C.

El C era el tuyo, y aquí está la estación de tren.

Y dentro del C hay barracones.

Aquí están el 20...

el 21, el 22... ¿eh?

Dinos cuál es el barracón de las cruces.

Señálamelo.

No tengas miedo.

Confía en ella.

No lo entiendo.

Neus.

Aquí está el 23.

Y el 24.

El 24 es el barracón donde dormías.

Espera.

Esto es un bloque, ¿de acuerdo?

Aquí está la entrada.

Las tazas son los barracones.

Aquí Friedel reparte la leche.

Y esto son las letrinas.

Y aquí está mi barracón. Exactamente.

Y alrededor...

del bloque...

Así, ¿ves?

Hay una alambrada.

¿Dónde está el barracón de las cruces?

No podíais salir del campo, tiene que estar aquí.

Yo siempre iba por aquí detrás

y me agachaba para esconderme de los gendarmes.

Cuando los gendarmes se giraban pasaba rápido entre la alambrada.

Aquí había una madera que estaba rota

y si la empujabas quedaba un agujero por donde pasar.

¿Y cómo era de grande?

¿Crees que yo pasaría?

Yo podía pasar.

La cámara pasará.

Elisabeth, sigo pensando que soy yo quien debería hacerlas.

Enseguida se darían cuenta de que no estabas en tu puesto.

Cuando yo llegue con las madres tú distrae a los guardias.

De acuerdo.

Muy bien.

Ah, sí. No te pongas el uniforme de enfermera si no quieres

llamar la atención en las zonas reservadas.

Entendido.

¿Algo más?

Reza por nosotros.

Parí otra niña en Argeles.

Dos semanas la tuve en brazos

viendo cómo se moría.

(SOLLOZA) Pensé...

ahogarla en el mar como hacían muchas, pero...

No hizo falta.

No tenía leche.

Ahora sí.

Pero no pienso amamantar a ningún niño.

Ya sé que eso es lo que hacéis aquí,

que todas esperan que lo haga.

Pero te juro que yo no lo haré.

Pues tendrás que ayudar a Carmen en la cocina,

o preparar conservas, tú misma,

pero no hacer nada no ha curado nunca a nadie.

Lo que quieras,

pero sin criaturas.

¡Esto se me da a mí fatal!

La que sabe coser de verdad es Maya,

¿por qué no le pedís...? No quiero inquietarla

con más problemas, ya tiene con lo suyo.

¡Suficiente tendrás tú como te pillen con la cámara!

(RÍEN)

(GRITAN)

¡Vamos! ¡A ver quién llega antes!

¡Somos los cazadores del castillo! ¡Y luego, a cazar topos!

¡Venga, a ver quién gana!

¡Uh, he ganado yo!

¡Venga, dispara!

En América ponen una navaja en la punta.

Cazan bisontes con esto.

¿Tu padre hace esto en América?

¿Caza bisontes?

Trae que me toca.

No sabe ni lo que es un bisonte.

¡Idiota...! ¡Ahí, ahí!

¡Cojámoslo! ¡No, dejadlo en paz!

(CHISTA)

¡Mirad, está allí!

¡Vamos, vamos!

¡Ah, ah, ah!

¿Estás bien? Sí.

(SUSPIRA)

¿Qué es eso?

Ay...

Tenemos que avisar a Elisabeth.

¡Cállate! (SUSURRA) ¡Calla!

¿Está muerta?

Creo que no...

(GRITAN)

¡Ah!

No pasa nada.

No pasa nada, no...

No es nada.

¡Pat, corre, baja, Pat!

¡Que no te veo!

Ah...

¿No estabas muerta, verdad?

No.

Claro que no. Cuando tienes menairons...

eres inmortal.

-¿Eres un soldado?

Llevas un arma.

-¿Sabéis guardar un secreto? Sí.

¿A que sí, Pat?

-¿Podéis avisar a Ramón?

¿Seguro que os queréis ir?

¿Vuestros maridos no preferirían que os quedarais?

Yo os puedo proteger más tiempo.

No. Cuanto antes pueda estar con los Mathieu, mejor.

podrían echarse atrás.

y mientras me sellan los papeles en Rivesaltes,

iré a ver a Bertrand.

Quiero que conozca a los gemelos.

Blas aún no conoce a su hijo.

Y mi madre...

Mi madre está muy enferma.

De acuerdo.

Nos iremos mañana.

Gracias. -Gracias.

Te mandaré mi mejor tarta para tu cumpleaños.

Gracias, Elisabeth.

Gracias por todo.

De nada.

Y aquí tienes un regalito para los niños.

-Esto es para Isaac y Jacobo.

-Pero si no podré salir de mi barracón.

-Ya encontrarás la manera.

Dale esto a mi Vicente.

Me las dio el doctor Übert.

(Bebé)

Remedios.

Por favor.

-Toma, para que pasen bien calentitos su primer hanukkah.

-Shalom. -Shalom.

¡Lola!

Con un poco de suerte, volveré con tu mamá.

Si no está allí mañana la buscamos, ¿eh?

Victoria está bien.

¡Bocazas!

¡Venga, que nos vamos!

Gracias, ramón. De nada.

¡Adiós!

(Motor)

(TODOS) ¡Adiós!

¡Adiós, adiós! ¡Adiós!

(AMBOS) ¡Adiós!

El arsenal estaba lleno de gendarmes.

Nunca vi tanta vigilancia.

¡Ah!

No sé cómo logré salir de allí.

-Pues de milagro, por lo que veo. -Sí.

-Pero al menos la herida es limpia.

-No, si el tiro fue cuando volvía,

en un control.

Me lo tuve que saltar.

Llevaba esto.

-Joder...

Eso no es de valientes, es de idiotas.

Tenías que haberla tirado al salir del almacén.

Más vale perder una pistola

que correr un riesgo. -¡Hasta que no tengamos armas

cada pistola cuenta! -No tenemos gente para asaltarlo

y montar la maniobra de distracción. -¿Sabes cuánta seguridad

necesitará Latour cuando venga? Dejarán tres guardias.

-Eso de Latour es un rumor. -¡Que no, joder!

Elisabeth se reunirá con él, debemos averiguar cuándo.

Dale esto a Pat, lo andará buscando.

(Pasos)

Ay, por fin.

¡Estaba preocupadísima!

¿Todo bien?

¿Pudiste hacer las fotos?

Te he guardado un poco de comida.

No, gracias. No tengo hambre.

Hazme un favor.

Lo que sea.

Lleva esto al estudio fotográfico de Candessous, en Perpiñán.

Coge el primer tren.

Y dásela a Agustín.

A nadie más.

No te preocupes por nada.

Gracias.

¿No quieres ni un trozo de...?

¿Pastel de Raquel? Está mu' bueno, ¿eh?

Me tengo que ir que estoy de guardia de algunas,

pero si quieres me quedo contigo. No.

(Piano)

¡Judith!

(Tumulto)

(Bebé)

¡Bertrand! ¡Raquel!

-¿Qué más queréis, qué más queréis? -¡Raquel, por favor!

¡Bertrand! -¿Qué más queréis?

¡No somos ganado! ¡Bertrand!

-¿Qué más queréis? ¡Nos lo habéis quitado todo!

¿Qué más queréis?

¡Elisabeth!

¡Somos seres humanos!

¡No nos olvidéis!

¡No os olvidéis de nosotros!

¡Elisabeth!

¡Fuera de aquí, está prohibido!

(Tumulto)

(CANTURREA)

¡Mierda!

(TOSE)

¿Victoria?

(TOSE)

¿Qué tienes ahí?

¿Puedes traerme agua?

No te muevas.

Es una herida de bala.

No soy imbécil.

¿Quién te ha disparado?

Los gendarmes.

¿Por qué?

Por no parar en un control de carretera.

¿Te has vuelto loca?

¿En qué te has metido?

No quieras saberlo.

Aquí cada uno hace la guerra a su manera.

Yo no estoy en guerra.

Todos estamos en guerra.

Yo no, yo ayudo a las víctimas.

Es lo que hacemos aquí. ¡Cuando acabemos con los verdugos

ya no habrá más víctimas! Todo lo demás es una gota

en el desierto. Escúchame bien.

Estamos aquí para ayudar a las mujeres.

Si crees que no sirve de nada pregúntate si este es tu sitio.

¡Vete si quieres!

Lesli, ¿qué pasa?

Se han llevado a Raquel.

Y a los otros judíos.

En vagones de ganado.

Cuando han entrado en el campo los han metido en un tren

y se los han llevado.

¡Los han tratado como a bestias!

¿Entonces, de qué sirve todo esto?

¿Y los gemelos?

¿Y Maya y David, qué haremos con ellos?

Friedel y yo hemos hecho las fotos.

Latour se verá obligado a dejarnos seguir.

¿Sabes cuándo será la reunión?

Aún no.

¡Lo que tenemos que hacer es matar a ese hijo de puta!

Seguir solo con la maternidad no es suficiente.

Elisabeth, hasta ahora las cosas iban mal

Las deportaciones lo cambian todo. ¿No te das cuenta?

No podemos perder la esperanza, Victoria.

¿La esperanza?

¡La esperanza no sirve para nada!

Como esta mierda de silbato.

¿Ves? ¡Tampoco sirve para nada!

Solo para que las mujeres estén más tranquilas

en el campo y se crean que alguien las va a ayudar

pero te juro que dejas de silbar a la primera hostia

que te dan antes de violarte.

Un gendarme, un guardia...

O un soldado senegalés.

Y después...

Después,

te sigues vendiendo por un mendrugo de pan.

No necesitamos silbatos.

Necesitamos armas.

Pero lo llevas siempre.

Tú no saliste de Argeles gracias a un arma.

Un arma no salvó a Lola,

fue esta maternidad.

No lo olvides.

¡Tendrás que escoger, Victoria!

¿La maternidad o la guerra?

Si quieres quedarte,

deja lo demás.

¿Es una orden?

Muy bien.

Lo dejaré.

(Motor)

(Puerta)

Gracias.

-¿Gracias? O sea, todo el trayecto desde Perpiñán y solo "gracias"?

-Has sido tú el que me ha parado, yo pensaba volver en tren.

Gracias es suficiente.

¿O esperaba algo más?

-Enséñamelo.

-¿El qué? -El retrato.

-¿Qué retrato?

-El que te has hecho en la tienda. -¡Ah!

El retrato...

Es que no lo tengo, me lo hice pero no lo tengo.

-¿Me harás una copia? -No, es que me lo dan

la semana que viene y no me dan copias.

-¿Pero por qué no me das una copia? -¡Que no, es para mi marido!

-¿Para tu marido? -Tengo un marido

que está en Argentina, eso me dijo cuando se fue.

-Oye...

¿Tienes mucho trabajo en la maternidad?

¿Los niños te dan mucha guerra? -El que más, mi hijo.

-Te lo digo porque...

el domingo pensaba ir a la playa,

¿por qué no te ausentas un momento y te vienes conmigo?

-El sábado es San Juan y nos iremos a la cama tarde.

-¿Y por qué no me invitas?

Así puedo convencer a tu hijo de que se venga a la playa.

Te aseguro que si quedase contigo el domingo,

no me llevaría a Pat.

¡Hola!

¡Que viene la tita!

Yo solo cojo un tren que nos lleve a Marsella.

Debemos coger el barco a América, tengo el billete.

No tienes salvoconducto para Marsella, Maya.

Si os paran os mandarán al campo a los tres.

¿No puedes conseguirnos uno?

Lo intentaré, pero no es tan fácil.

¡Deberías inscribir a la niña

con un nombre español para que pase desapercibida!

Déjanosla hasta que termine la guerra, viajarás más rápido.

No, Elisabeth.

España está al otro lado del Canigó.

Hay gente que ha huido por allí.

Nos vamos a ir a Marsella y nos vamos a ir los tres.

-Ya has oído a Elisabeth, sin ella será más fácil llegar a América.

¿Por qué le has dicho que no?

Antes no podías viajar porque la llevabas en tu barriga,

pero ya ha salido.

Déjala aquí y vámonos.

-Pero David, yo os quiero a los dos. -¡Yo me voy a América!

Tú haz lo que quieras.

(Bebé)

Muchas gracias.

Tengo que convencer a Maya de que inscriba a la niña

con un nombre español; los apellidos judíos son peligrosos.

No soportaría verlos en vagones de ganado como...

¿Y tú vas a saltarte la ley?

¡Ah! Me va a oír.

Vamos Lola.

El tren que vio en Rivesaltes iba a Drancy,

al norte de París. Desde allí viajarán

al este de Europa. ¡Lamento que no se lo hayan consultado,

ha cambiado la política

de atención a los refugiados judíos. ¡No tiene sentido!

¿Alemania expulsa a sus judíos y les obliga a regresar?

Se avecinan tiempos horribles y usted lo sabe.

En Alemania falta mano de obra.

¡También se llevan a los bebés y a los niños!

¿Los van a poner a trabajar? El señor Latour

cree que es una crueldad separarlos de sus madres.

Ah, ya veo.

Ahora se las da de humanista.

¡Van a morir por el camino!

(SUSPIRA)

(CARRASPEA)

Según la documentación que me entregó tiene con usted

a una refugiada belga, de origen judío,

Maya Cohen, que hoy debe presentarse en la oficina

de asuntos judíos del campo Rivesaltes.

¿Por qué motivo? ¡Yo no cuestiono las normas!

¡Las cumplo!

Si tiene la bondad de avisarla, yo mismo la acompañaré al campo.

(CARRASPEA)

Aurora.

¿Puedes dejarnos solas?

El comisario ha venido a buscarte.

Le he dicho que habías huido, pero volverá.

Tendrás que esconderte.

(SUSPIRA)

(LLORA)

Hay caminos seguros.

Vías secundarias, yo ante slas tomaba.

Podría llevar a Maya y a los niños a Marsella.

Sé dónde hay pocos controles.

¿Pocos controles?

¿Y dónde te dispararon?

Sobreviviste de milagro.

A ellos les deportarán.

Hay que buscar otra solución. (CANTA) ¿Qué hacer,

qué decir? ¿Qué decir...? -¡Mira, Pat!

(VICTORIA) ¿Qué hacéis?

-¡Buscar madera para la hoguera de mañana!

Mamá no nos había dado nada para quemar.

¡Dice que somos pobres!

-¡Anda...! San Juan.

(RESOPLA)

¿A ti te parece buena idea la verbena?

Buenísima.

Ahora más que nunca.

Vamos, Pat.

¡Espera que pesa mucho!

¡Qué hoguera más grande! ¡Y otra, cuantas más mejor!

¡Debajo del árbol hay muchas ramas!

-Diles a los niños si les puedes ayudar.

¡Corre!

-Latour llega a Perpiñán el domingo por la mañana.

A las 12 entraremos en el arsenal; solo dejarán a tres guardias.

¿Y ahora qué te pasa?

¿No te alegras? Fue idea tuya.

-Sí, ya lo sé.

-Oye, si no estás preparada dilo ahora y buscaremos a otro.

Pero necesitaremos la pistola y tu motocarro.

Y tu puntería tampoco nos vendría mal.

Victoria, tienes que decidirte.

Yo me voy a Perpiñán.

Ya le he dicho a Carmen que estaré dos días fuera.

De acuerdo, pues.

Me voy ya.

Nos vemos en el piso franco.

¡Quietos! ¡Mirad qué he encontrado!

¡Quietos! ¡Déjamela!

¡Mirad! ¡Quietos, joder, quietos!

Pat.

Pat, escúchame. Dame eso, por favor.

Pat. Dámela.

Es de Victoria, es suya. Dásela.

Pat.

¡Cuidado, que está cargada!

¿Qué vas a hacer?

Deshacerme de ella.

¡No puedes hacerlo, no puedes! La necesito.

Me he arriesgado mucho para llegar hasta aquí.

¡¿Tú te has arriesgado?!

¡Has puesto en peligro a los niños y a nosotras!

No puedes quedarte aquí si nos traes la guerra.

Me iré y no volverás a verme jamás,

pero necesito la pistola.

Dámela.

Intenta llevártela y te denunciaré.

¡Lola!

Vamos.

Lo siento.

Eres imbécil.

"Yo ya no sabía si la magia existía,

si existían los menairons.

pero en realidad daba igual;

por mucho poder que tuvieran no harían que las cosas

fueran como antes."

¡Y aquí llega más champán!

¡Champán francés!

(RÍE)

(ACENTO FRANCÉS) ¡La France!

¿Eh, qué te parece?

Sí, muy bueno.

Es el tuyo, Neus. Gracias Pat.

(SILBA)

Al final resultará que no eres tan fea.

¡Qué tonto!

Bueno, entonces ¿encendemos la hoguera?

No. (RÍE) La hoguera se enciende a las 12,

por los menairons. -¿Los qué?

-Los menairons.

Lo que puedes hacer es abrir una botella de champán.

(RÍE) ¡Claro!

-¿Yo? -Sí, pídeselo tú.

¡Elisabeth, un discurso!

(TODOS) Sí, sí. -¡Que hable!

-Venga, Elisabeth...

(RÍEN)

Me siento feliz

de celebrar la verbena juntos y de que nuestros vecinos

de Elna nos acompañen.

Ver vuestras caras y trabajar con vosotras cada día

me da fuerzas y coraje

para luchar por lo que me parece justo.

Aquí en la maternidad

hacemos lo contrario de lo que ellos quieren,

damos vida, damos alegría,

y damos esperanza.

A pesar de las adversidades

estoy convencida de que juntas contribuimos a hacer

este mundo un poco mejor.

Gracias.

¡Por la esperanza! (TODOS) ¡Por la esperanza!

¡Por la esperanza!

Salud.

Por la esperanza.

Salud.

¡Por la esperanza!

(LLORA)

Lo siento, no sé qué le pasa.

¿Quieres que cierre la puerta?

-No, no. -Me la llevaría a otro sitio,

pero dije que me encargaba del resto de bebés.

-No te preocupes.

Me sabe mal que no puedas estar abajo

(Teléfono)

-En realidad odio las fiestas.

Con mi marido íbamos a todas...

(Teléfono)

Siempre me siento inadecuada.

No...

(Bebé)

(Teléfono)

Diga.

Si existiera de verdad la magia de San Juan

pediría despertarme mañana en América con mi padre.

Si no crees en ella la magia no funciona;

a medianoche tendremos menairons. Los tendré yo.

¡Ya veré si te los dejo!

¡Cállate!

¡Brujita! ¡Idiota!

-¡A cantar! (CANTAN TODOS)

(CANTAN)

# Nos, nos, nos. # # Tocan las campanas... #

(CANTAN EN CATALÁN)

(CANTA)

(CANTAN EN CATALÁN)

Hola.

Señor comisario, dígame.

"Tiene que presentarse mañana en el monasterio

de Sant Domenec de Perpiñán. Entre por la puerta lateral.

El señor Latour la espera a las 12." ¿Mañana?

Gracias por avisarme con antelación.

"Es por motivos de seguridad.

Recuerde, a las 12. No se retrase."

"¿Diga?" ¿Agustín?

"¿Quién es?" Soy Elisabeth,

de la maternidad de Elna. Perdone que le llame tan tarde,

¿tiene las fotos? "He terminado esta misma tarde.

Son terribles, Elisabeth. Es atroz.

es aún peor que en Argeles." Lo sé.

Temía que hubieran salido movidas o borrosas.

Ahora mismo las pasaré a recoger.

¿Me puede esperar? "No, no es necesario.

Se las he dado a Victoria, ella se las llevará."

"Digo que las tiene Victoria, se las acaba de llevar."

Gracias, Agustín.

¡Vamos, Pat! ¿La encendemos juntos?

De acuerdo.

(RÍE)

A ver.

-¡Con cuidado, que corre aire!

(RÍEN)

¿Ahora puedo yo? Sí, con cuidado.

¡Cuidado!

¡Agáchate!

¡Oh...!

La última, tú.

¡Oh!

¡Venga, vamos a darle siete vueltas! ¡Dadle siete vueltas!

(CANTAN) ¡Menairons, menairons!

¡Menairons! -Saltaremos sobre las brasas...

-¡Más rápido!

¡Una!

¡Dos!

¡Tres! -¡Ya es medianoche!

¡Ya tenemos menairons!

¡Cuatro!

¡Cinco!

(HABLAN ALEMÁN A GRITOS)

"¡Seis!"

"¡Y siete!"

(ACENTO ALEMÁN) ¡Todo el mundo aquí arriba, a las mesas!

¡Escóndete, anda, escóndete!

(GRITA) ¡Silencio, que nadie se mueva!

Quietas.

Silencio.

¡David, corre, escóndete, vamos! -¿Por qué, qué pasa?

-¡No hagas preguntas y date prisa!

hasta que te diga que puedes volver. ¡Corre, al escondite de Victoria!

(ACENTO ALEMÁN) ¿Quién de vosotras es Maya Cohen?

¡David! ¿Qué haces? ¡Se quieren llevar a mi madre!

¡Se la quieren llevar! ¡La pistola, vamos a por ella!

¡Está en el escondite! ¡Suéltame!

¡Me la quería llevar, por eso no dije nada!

¡Por favor, vamos a buscarla!

¿Dónde está Maya Cohen?

No está aquí. Sabemos que está aquí.

O nos la entrega o la arrestaremos a usted.

¡Le he dicho que no está!

Lléveme a mí si quiere.

(HABLA ALEMÁN)

¡No! ¡Están en territorio suizo, no pueden pasar!

¡Quieta, no se mueva!

¡Maya Cohen!

¿Es usted Maya Cohen? -No, no.

(HABLA EN ALEMÁN)

¡Venga!

Corre, dentro del cesto.

¡Neus, aquí no está!

¡Neus, abre!

¿Qué haces? ¡No me hagas esto! ¡Trae el tronco más gordo que veas!

¡Los menairons! ¿Los menairons?

¡Esto es solo un silbato, la magia no existe!

¡Trae un tronco, joder! "¡Abre, no me hagas esto!"

"¡Me has engañado! ¡Neus, quítate de ahí!"

¡Para, déjame salir!

¡Deprisa! "¡Neus!"

¡Maya Cohen!

(Rezos)

(Rezos)

(GRITAN EN ALEMÁN)

¡No!

(HABLA ALEMÁN)

Tú ya has parido, trae a tu cachorro.

Nació muerta.

Mi niña nació muerta.

-¿Sí? Vaya casualidad...

Trae a tu hija, zorra.

-Es verdad, la enterramos.

Les puedo enseñar la tumba.

¡Que cada una coja a su hijo!

(HABLAN ALEMÁN)

Volveremos.

Sabemos que tiene al niño judío.

Iros a la cama.

(Portón)

(Puerta)

(Motor)

(Pájaros)

La Cruz Roja de Marsella se encargará de David

hasta que zarpe su barco,

pero no nos ayudará a sacarle de aquí.

Pues yo sigo dándole vueltas a quién nos delató.

No.

Nadie nos ha vendido.

Fui una ingenua.

Creí que Maya estaría segura aquí, que se creerían que se había ido.

¡Seré estúpida!

Elisabeth...

El doctor Übert fue raro. ¿Crees que pudo ser él?

Al salir era como si le conocieran.

Ni siquiera le registraron el coche, fue el único al que no registraron,

y si fue él...

yo le invité.

Ahora hay que sacar a David de aquí.

Ha llegado el comisario.

Busca a David, que no salga de su habitación.

¿Puedo pasar?

Sabe de sobra que no necesita permiso.

Sé que anoche hubo un registro aquí, créame que lo siento.

¿Esto es una visita oficial?

No. Si ha venido a disculparse,

no merece la pena. Tengo mucho trabajo

y usted se limita a cumplir órdenes.

Ocultar judíos o ayudarles a huir es un delito.

Para usted puede que sí, yo no soy como usted.

Las órdenes contradicen lo que me dicta mi conciencia.

¿Duerme bien por la noche?

No crea.

He pedido la jubilación.

Sí.

No quiero tener nada que ver con lo que pasó anoche

ni con lo que va a pasar en Francia a partir de ahora.

¿Y qué espera, que le felicite?

¿Qué diferencia hay entre hacer y dejar hacer?

pero no sé por qué quería que usted lo supiese.

Ya me imaginaba que tenía a Maya Cohen, que no había huido,

pero yo no dije nada.

Buena suerte en la entrevista con Latour.

El doctor Übert.

Fue él, ¿verdad?

Dígamelo.

Nos ayudaría saberlo.

Sí, fue él.

Tienen a su hermano preso en Alemania y cree que si colabora

lo soltarán.

Suerte, señorita Eidenbenz.

Todos la necesitaremos.

¡Carmen!

Vendrán a buscar a David y se os llevarán a todas.

Saben que sois refugiadas,

pero no que pertenecéis al Partido Republicano

o a un sindicato.

Debéis eliminar todos los documentos comprometedores,

las fotos, las cartas, todo.

Cuando lleguen no tendréis mucho tiempo.

Pero... ¿tú estarás aquí, no?

(Puerta)

Rápido.

¿De acuerdo?

Le he dicho que después del disgusto de ayer

necesitaba distraerme y el cabrón se lo ha creído.

Viene para acá, vamos a la playa de Port Vendres.

Gracias, Carmen. Nada nos asegura que no registren el coche.

Habrá que arriesgarse. Te puedes meter en un lío.

Dijo la sartén al cazo.

¿Cómo? Nada, nada.

Es otro refrán.

Que eres muy valiente y que todo irá bien.

El trayecto hasta la playa

es corto, tendrás aire en el maletero;

pero no digas nada, no te muevas un milímetro.

Yo vendré a por ti

y te acompañaré al barco, ¿entendido?

No le dije a mi madre que yo también la quería.

No se lo dije.

Ya sabe que la quieres mucho.

¿Me puedo despedir de mi hermana?

Sí, cuando sea el momento iré a buscarte

a la sala de las cunas.

Anda.

(Hipo)

Sabine, está todo aquí.

Es la historia de la maternidad.

A partir de hoy, pasa a ser de la Cruz Roja.

Impide que destruya los documentos.

Haz lo que puedas.

Al menos salva los discos.

¿Pero volverás?

Llevas a David y vuelves ¿no?

Ya no sé si habrá un sitio donde volver.

(Claxon)

Está aquí.

¡Venid, vamos!

¿Qué?

¿Qué nombre quieres ponerle?

¡Ah! Buenos días, Juan.

¿Cómo estás?

Buenos días, doctor.

¡Ah! Gracias, Adelle.

¿Ya? ¿Salgo ya? No, no, espera.

David no está en la sala de las cunas.

Hay que encontrarle.

¿Habéis visto a David?

Hola.

Hola.

Perdón es que estaba buscando, esto.

¡Ah!

Aquí está.

Que está Pat como loco buscando esto.

Vuelvo enseguida.

¿Te espero en el coche?

-Genial. -Muy bien.

-¡Buenos días! -Genial...

Seguro que se ha escondido aquí.

¡Iros! Dejadme en paz.

David, por favor, tienes que irte.

¡No abandonaré a mi hermana!

¡Métete en el maletero, ya!

¿Qué me harás esta vez? ¿Pegarme?

¿Encerrarme?

Lo que haga falta.

¡Aparta!

David, te tienes que ir. Tu padre te está esperando.

Hazlo por él. Por nosotros.

Por Elisabeth.

Te está buscando.

No le hagas esto.

(Claxon)

(Claxon)

Demasiado tarde.

Neus, pide ayuda. Suerte David.

¡Ah!

¡Pat! ¡Pat!

¿Pero qué has hecho, Pat?

David, vete.

¡Venga que me duele!

¡Socorro! ¡Socorro!

¿Habéis oído?

¡Socorro, por favor!

¿Oís el silbato?

¡Socorro!

Viene de allí.

(Silbato)

¡Ya vamos!

Pasa algo.

¡Socorro!

(LLORA)

¡Pat!

¿Qué ha ocurrido? ¿Quién le ha hecho esto?

¡Ha sido él! ¡Ha sido todo gracias a él!

¿Dónde está David?

Se ha ido hacia allí.

Anda, vamos, Pat.

Venga, vamos.

Pat...

Te vas a curar enseguida. Ya lo verás.

¿Carmen? ¿Carmen?

Estoy bien, mamá. No es nada.

Os tenéis que ir.

¿Os puedo ayudar?

¿Carmen? Si quieres, vamos a la playa otro día.

Lo he hecho para que David se escondiera en el coche.

Y casi no me duele.

¿Carmen?

Claro, claro que te traeremos una caracola.

¡La mejor, de las que se oye el mar!

El doctor Übert y yo vamos a ir a buscarte una.

¡Ah!

¡Elisabeth!

A mi hermana, dile a Aurora que le ponga Esperanza.

Sí, tranquilo.

(LLORA)

Sí, aún podían echarnos del castillo.

Y David, aún tenía que llegar a América.

Pero yo estaba contento.

Al final, nos había salvado el colgante de Neus.

Sí que era mágico.

Aunque, quien haga la magia, sea la gente.

Y no los Minairons.

¿Qué hacen los alemanes en la puerta?

¿Qué ha pasado?

¿Ahora te interesa?

¡Ah! Ahí están.

Si quieres las fotos, tendrás que devolverme la pistola.

Está en el cajón de la izquierda.

No te costará trabajo forzar el cerrojo.

Olvidas las fotos.

Para tu reunión con Latour.

¿Pero qué haces?

No voy a la reunión.

Llevaré a David a Marsella.

Han arrestado a su madre.

¿Qué? ¿Cuándo?

Dime cuál es el camino más seguro.

No, imposible.

Pues apártate, tengo prisa.

Estos caminos son difíciles, hay que conocerlos.

Si os paran, a ti te encerraran y a David lo deportarán.

Es su única oportunidad.

¿Y todo esto?

¿Qué pasa, también es su única oportunidad?

Cerrarán la maternidad, ¿no te das cuenta?

¿Y qué puedo hacer, Victoria?

Tienes razón.

La maternidad solo es una gota en el mar.

No sirve de nada.

¿Que no sirve de nada?

Si no nos hubieras sacado de Argeles,

Lola y yo estaríamos muertas.

O estaríamos encerradas aún en aquel horror sin fin.

Si no podemos detener el horror, ¿para qué seguir?

¿Y qué? Tienes que seguir.

Cada criatura, cada madre, cada vida cuenta.

Sino, no habrá esperanza.

¡Joder, Bethly!

Ten. Haz lo que quieras con ella.

¿Dónde está David? Yo iré a buscarle.

Señor Latour, Elisabeth Eidenbenz.

Si permito que la maternidad siga abierta,

quiero que me entregue los negativos.

Le doy mi palabra, señor Latour.

Pero tarde o temprano se sabrá.

Se sabrá cómo trataron a la gente

que huía de la guerra buscando un refugio.

Y encontraron alambradas y vagones de ganado.

Es posible.

Pero mi país tiene muchos problemas para preocuparse de los extranjeros.

Mi obligación es ocuparme de los míos.

¿Los suyos? ¿Los otros?

Créame, todas las personas nacemos iguales.

Todos somos lo mismo.

¡David! ¡Corre, sal!

¡Ve hacia allí, corre!

Querida Elisabeth, te mando de recuerdo las hojas de las apuestas.

Neus los ha contado.

Nacieron 597 bebés,

pero ni ella ni yo aparecemos.

Ni David.

Tampoco los niños enfermos

que fueron llegando después de aquel San Juan,

hasta que cerraron la maternidad dos años después.

Pero vaya, ¡fueron 597 bebés!

para que luego digan que la magia no existe.

¿Has recibido noticias de David?

¿Llegó a Estados Unidos?

Neus ya sabe leer y escribir.

Dice que quiere ser enfermera, como tú.

Gracias, querida Elisabeth.

Por demostrarnos que la magia sí existe.

Un abrazo de tu Pat.

¡Elisabeth, está nevando!

¡Vamos! ¡Venga!

¡Vamos a buscar un trineo!

¿Queréis que vayamos a buscar un trineo?

¡Sí! ¡Venga!

¡Vamos todos a buscar el trineo, sí!

¡Seguidme!

Cine en TVE - La luz de Elna

09 sep 2017

Basada en hechos reales. Verano de 1942. Cuando las autoridades de Vichy deciden cerrar la Maternidad de Elna, donde se acogen embarazadas de los campos de concentración del sur de Francia, la directora, Elisabeth Eidenbenz, y sus colaboradoras están dispuestas a luchar por salvarla.
 

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  1. Dori

    Tienes que tener licencia de tv en el reino unido para ver peliculas britanicas y pagar.. No son gratis a no ser q sean pirateadas sin derechos de autor.. Vivo en reino unido.. No subestimes mi pais España.

    11 sep 2017
  2. Clari

    Si es un verdaderi pesar

    11 sep 2017
  3. criolla

    Que mentalidad cerrada, España cerrada al mundo, privando a los que pagamos para ver TVE poder ver películas. Veo películas, series del Reino Unido, Korea,China,Sud América, Europa gratis ,pero España que no se enteró de la globalidad se aferra a cerrarse en un mundo provincial. RIDICULO.

    10 sep 2017