Pinocho, un mono de 11 años (Macaca mulatta) de una isla de Cayo Santiago, Puerto Rico, ha descubierto una manera inédita para abrir cocos. Tras cogerlo de una palmera, en vez de cargarlo en sus brazos como hacen el resto de sus congéneres, lo lleva rodando hasta uno de los muelles de la isla.
Allí lo tira al aire, un par de metros de altura, y observa, tranquilamente, cómo se estrella contra el cemento y se parte. Desde que el coco se rompe hasta que se lo come, sólo pasan unos segundos.