Las actividades humanas inducen altas tasas de mortalidad y molestias a muchas poblaciones animales. Una de las que más lo sufren es la del oso pardo ('Ursus arctos') en Europa. Para evitar la presencia de las personas, estos animales alteran sus patrones de movimiento y el uso del hábitat en áreas con actividades estacionalmente intensas, como las estaciones de esquí.