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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 21/09/18 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-¿Cómo estás, Felipe? -Acojonado. Bueno, perdón. Asustado.

Para qué la voy a engañar.

-Tranquilo.

Es que hemos tenido que drenarte el líquido que tenías en los pulmones,

porque tenías un derrame pleural.

Que antes de que me lo preguntes ya te explico yo lo que es.

Es una acumulación de líquido entre el pulmón y la pared torácica.

Aquí tengo los resultados de la serología que hemos hecho

del líquido que hemos extraído,

y se descarta que haya una infección.

-Pero eso es bueno, ¿no?

-Es bueno, pero me preocupa que sea un derrame paraneoplásico.

-¿En cristiano?

-Que el derrame pueda deberse a un tumor.

-¿Eso es un cáncer?

-Eso todavía no es nada porque hemos hecho algunas pruebas de imagen,

y en principio parece que no.

Pero hasta que no hagamos más pruebas no podemos descartarlo del todo.

-Doctora: me va usted a perdonar.

Pero se equivoca usted más en el diagnóstico

que echando yo la primitiva.

Mujer, no se ponga así, que es una broma.

-No, no, ya, ya. Es que... estoy... Estoy pensando.

Ahora vamos a hacerte una fibrobroncoscopia.

Trata de meter un tubito muy fino por la nariz, que lleva una cámara,

y así podremos ver bien qué es lo que hay en los pulmones.

-¿Y si encontramos algo chungo, qué?

-Si encontramos algo chungo cogeremos una muestra para analizarlo.

-Pero a ver, para que quede claro.

¿Puede ser que tenga cáncer de pulmón?

-Felipe: no quiero que te pongas en lo peor. Vamos a ir paso a paso.

Voy a prepararlo todo. -Doctora: ¿Sabe algo de mi hijo?

-¿No ha venido hoy? -No.

-Si quieres me puedes dar su teléfono y yo le llamo

en cuanto hagamos la prueba y le cuento cómo ha ido todo.

-Gracias.

-Venga, tranquilo.

-Vale. -Ya verás que todo va a ir bien.

Ahora te veo.

-Cuando me ha dado la crisis, estaba a punto de contarle a mi chaval

algo que llevo mucho tiempo ocultándole.

Y bueno, no sé. A lo mejor es una señal y no se lo tengo que contar.

Él me admira. Y no quiero que deje de hacerlo.

¡Hola! Hola.

No tenía ni idea de que estabas aquí.

Sí, no había ninguna consulta libre y casi prefiero quedarme por aquí.

Así estoy tranquilo. Qué bien.

¿Qué tomas, una infusión?

¿Una tila? No, un té. Yo creo que soy adicta.

Oye, ¿y tomas mucho aguacate? Eh... Para desayunar a veces, sí.

¿Por qué?

No, el otro día leía un informe de un japonés...

Que tomaba mucho aguacate,

y por lo visto la teína provoca una reacción con...

Bueno. No sé con qué... No sé qué partícula,

no sé qué enzima que tiene el aguacate,

que por lo visto libera proteínas cancerígenas.

¿Qué dices?

Así que el tipo se murió de cáncer de estómago.

¿En serio?

Es de coña, ¿no?

Sí, es de coña, sí.

Es que, de verdad, eres un... imbécil.

Vaya cara. Sí, sí, es de coña.

Bueno, por lo menos te veo un poco más animado.

Sí, la verdad es que sí.

Es que he estado pensando en lo que hablábamos y...

La verdad es que uno puede hacer lo que puede hacer.

Y te debes preocupar, bueno. Pues lo justo.

Ya sé que es fácil decirlo, ¿eh? Pero...

Y difícil hacerlo.

Porque yo estoy que no le paro de dar vueltas a lo de Julia y su bebé...

Oye: ¿Qué..., qué pasa con Servicios Sociales?

Pues que se lo van a llevar a un centro de acogida.

Es que ella dice que no tiene ningún familiar que se pueda hacer cargo

mientras está en rehabilitación.

No. ¿Ya estás pensando en Berta? No...

No, no, Lucía. No estaba pensando eso.

Sí, sí estabas pensando. Y no es lo mismo.

Porque Berta está en tratamiento. Ya, ya lo sé.

Y yo lo único que quiero es que..., que no vuelva a recaer.

Y no va a volver a recaer. Y si no, estás tú. ¿No?

No te vas a quitar de en medio. No, no...

Ah... No.

¿Te imaginas..., yo solo criando un niño?

Pues sí me lo imagino. Porque eres muy buen padre.

Y además, no vas a estar solo,

que está aquí la tita Luci para lo que necesites.

Es que hacemos muy buen tándem tú y yo como padres. ¿O no?

Sí, la verdad es que sí. Pues eso.

Gracias. Ven aquí. Dame un abrazo.

Oye. Oye. A ver si va a entrar alguien

y se va a pensar lo que no es.

Mira. Que piensen lo que les dé la gana.

-Déjeme que adivine. Viene a hacerme más pruebas, ¿verdad?

Pues como no me haga un test de embarazo,

yo ya no sé lo que me queda, ¿eh?

¿Y esa cara?

Trae malas noticias, ¿no? -No.

Todavía faltan los resultados de la anatomía patológica del líquido

que te drenamos del pulmón.

Pero en la fibrobroncoscopia no hemos visto ningún indicio

de que sea cáncer de pulmón.

-Pues no será porque no han buscado. -Hombre, por supuesto.

Y no te vas a ir de aquí hasta que no sepamos qué es lo que te pasa.

-Doctora: dígame la verdad.

¿Qué probabilidades tengo de tener un cáncer?

-Es que he visto muchos casos distintos, y cada caso es un mundo.

No... -Pues por eso. Dígame. No sé...

¿Más de un 10 %?

-¿Para qué te voy a decir un porcentaje,

para que te preocupes para nada? Es que no tiene sentido.

-¿Más de un 25?

-No me hace gracia, Felipe.

-Mire, doctora. A mí tampoco me hace gracia

no saber las probabilidades que tengo de morirme.

-Vamos a hablar seriamente:

una cosa sería que te diagnosticara un cáncer de pulmón,

y otra muy diferente que fueses a morirte.

Si se detecta precozmente, la tasa de supervivencia es de más del 70 %.

-Vaya... Parece que sí sabe hablar de porcentajes.

Doctora: ¿Más de un 50?

-¡Hola! ¿Puedo hablar un momento contigo?

Sí, claro. Mientras no vengas a ofrecerme un té...

No. Es tila. Es que resulta que me contaste lo del japonés,

y ahora ya me da miedo tomar té. Ya.

A ver. Dime. ¿En qué puedo ayudarte?

Es que... quiero hacer una cosa y no sé si será una locura.

Uf... Seguro que es una locura.

¿Tú conoces a alguien que pueda mirar los archivos de Centro Médico?

Sí. Podría hacer alguna llamada. ¿Por?

Porque mira. Estos días estaba mirando a Julia,

y el caso es que me sonaba de algo.

Y entonces he mirado mis archivos

y he visto que había estado en el Servicio de Psicología,

aunque no fue paciente mía. Ya. ¿Y?

Bueno. Pues que fue por un tema de insomnio, que bueno:

seguramente es debido a que consumía estupefacientes...

A ver, Lucía: ¿Adónde quieres ir a parar?

Pues que fue hace muchos años.

Y a lo mejor vivía todavía con sus padres

y puede haber algún teléfono o algo, de algún familiar.

Ya. Porque tú eso de que ella esté sola en el mundo no te lo crees.

No lo sé. Pero me da muchísima pena ese niño.

Y de verdad: si hay algún familiar que se pueda hacer cargo...

Pero vamos a ver. Si tiene familiares,

serán Servicios Sociales los que los localicen.

Ya. ¿De acuerdo?

No vas a ir tú ahora de detective privado.

¿No me vas a ayudar?

¿Eh?

Vale, vale, está bien.

A ver. Dime el apellido de Julia. ¿Cuál es?

Noguera. Julia Noguera. Vale.

-¿Qué pasa, viejo?

-Mira, te he dicho mil veces que no me llames viejo.

Que con la mano que me queda libre te reviento, ¿eh?

¿Y esa chupa? -Mola, ¿eh? Me la he comprado hoy.

Y estas botas, también.

-¿Y de dónde has sacado tú las pelas? -Buscándome la vida.

Fui a ver al Largo. -¿Al Largo? ¿Pero tú eres idiota?

-No. Yo solo quiero... progresar. Salir del barrio.

-¿Progresar? ¿Vender hachís es progresar?

-¿Qué tiene de malo que quiera ganarme la vida como tú?

-Perdona, hijo.

Mira.

Hay algo que nunca te he contado.

¿Te acuerdas cómo murió tu primo? -Sí. Le pilló un coche. ¿Por?

-No. No le pilló un coche. Murió de sobredosis.

-Pero... si salió hasta en el periódico.

-Ya. Tu primo... estaba enganchado a la heroína, y tuvo un mal viaje.

Y el Largo se encargó de que pareciera un atropello

para que la pasma no siguiera preguntando.

-El Largo le vendió el caballo. -No.

Se lo vendí yo.

-¿Al primo Pedro? ¡Pero si era un chaval!

-No he vuelto a vender heroína, de verdad.

-Eres asqueroso. Ahora entiendo a mamá.

Ella lo sabía, ¿no? -Sí, pero...

-¡Déjame en paz!

-¡Lucas!

Bueno. Oye, Javier. Que un abrazo. Y muchísimas gracias, ¿eh?

Venga. Te dejo. Hasta luego.

Bueno. Eh...

Teléfono fijo. ¿Llamamos, o qué?

Venga, llama, claro. Sí.

Buenas. Eh... Preguntaba por Julia Noguera.

Sí. Espero.

Es su marido.

Sí. Eh... Me llamo Lucía Velázquez.

-Parece que no te alegras de verme.

-Pensé que era mi hijo.

¿Tiene ya los resultados de las pruebas?

-Sí. Ya tengo los resultados de las pruebas.

Y no puedo darte buenas noticias, Felipe.

-Vaya. Parece que hoy no es mi día.

-Tienes un mesotelioma pericár...

-Tengo un cáncer, ¿no? -Sí.

Uno muy poco frecuente. En la membrana del corazón. Lo siento.

-Pero me voy a curar, ¿no?

Usted me dijo que una cosa era tener cáncer y otra cosa morirse.

No me voy a morir, ¿verdad?

Dígame que no me voy a morir.

-Felipe va a tener que someterse a quimioterapia,

pero va a ser una quimioterapia paliativa.

Es decir: no es un tratamiento con el que pretendamos curarle.

La esperanza de vida en casos como el suyo es corta.

Y dar ese tipo de noticias es, sin lugar a dudas,

lo peor de nuestra profesión.

(Llaman a la puerta)

Hola. ¡Hola! ¿Estás mejor?

Sí, sí.

Madre mía. Es que en este hospital, le dan a uno hasta sofocos.

Ya. Que... viene hoy el marido de Julia.

Ah, bien. Y ¿crees que el hombre sabe algo?

No, no. Yo creo que no sabe nada.

Y a saber hace cuánto tiempo no ve a Julia.

Pues menuda papeleta. Vamos.

Pierdes de vista a tu mujer. Y luego cuando te la vuelves a encontrar,

está embarazada. Con un niño, y en esas condiciones.

Pobre hombre. Ramón...

No, no. No. Si lo digo porque...

yo creo que tener un hijo es lo mejor que te puede pasar en la vida.

Encontrártelo, sin quererlo,

y encima sin poder disfrutar de él, pues...

Bueno. Es que ni siquiera sé si es su hijo, ¿eh?

Ya.

Escucha. Hablando de padres e hijos,

que tu hijo mayor, Ramón, se ha echado novia.

Pues muy bien.

Y... se llama Yolanda, es una chica muy rica, muy mona, la verdad,

encantadora, con el pelo moreno...

Pero ¿qué pasa? ¿Que tú ya la conoces?

Sí. Se vinieron el otro día a dormir a casa.

Pero no se lo digas a tu hijo

hasta que él te lo cuente, por favor. ¿Vale?

A mí el otro día me llamó... Me llamó Marcos.

Pero no le pudo... contestar luego y... Porque tenía consulta...

Hablé yo con él. Y me dijo que está bien,

que está muy ilusionado con el baloncesto, la verdad...

Ya, ya. Lo sé. Bueno. ¿Te ha dicho cuándo viene?

En seis semanas. Ah, no fastidies.

No. Es que... me contó un rollo que yo no sé hasta qué punto será verdad,

que si el campeonato de baloncesto era solo los sábados,

en el internado,

entonces, que no podía venir...

Pero vamos, que a lo tonto y a lo bobo llevamos... ¿Qué?

Dos meses sin verlo, ya. Sí.

Oye. Pues yo... no sé. Yo voy a buscar algún fin de semana,

y me voy a verlo, ¿eh?

A mí también me gustaría. Lo que pasa que, claro. Sin el coche...

De todas maneras avísalo, ¿eh?

Oye, pues vente conmigo. Bueno.

Sí, y vamos los tres. ¿Con Ramón?

No, con Ramón, no. Con Berta. Ah... Ber... Bueno, no sé.

Es que yo pensaba que Berta ya estaba embarazadísima. Que no...

No. Bueno... Es decir... Le vendrá bien airearse un poco.

Y además: Marcos y ella tampoco han coincidido mucho.

Y me gusta que pasen tiempo juntos.

Bueno, que no te molesta, ¿no? ¿O qué?

¿El qué? No, hombre, no. Encima que me acoplo yo... Lo que faltaba ya.

Ah, claro. Además, mira: Berta no sale de cuentas...

hasta la semana que viene, no. La otra.

Es decir, que... Por ahora va bien. Bueno.

¿Vale? Vamos este fin de semana. Este fin de semana no sé si podré.

Lo tengo que mirar. ¿Eh? Vale.

Me voy, no vaya a ser que venga el marido de Julia

y no esté yo en la consulta. Vale.

¿Vale? Vale.

-Hola, ¿se puede? -Hola. Adelante. Pase.

-¿Qué hay? Soy Fernando Guillén.

Hemos hablado por teléfono esta mañana.

-¡Ah, sí! Gracias por venir. Encantada. Yo soy Lucía Velázquez.

Siéntese.

-Eh... Dígame. ¿Ha pasado algo? ¿Está...?

-Sí, sí. Julia... Julia está bien. ¿Sabe que ha tenido un hijo?

-¿Julia? -Sí.

-¿Está segura? -Sí, porque está aquí ingresada.

-¿Cómo es posible? Yo hace seis o siete meses la vi y... Y no...

¿Y el niño está bien?

-Bueno, está estable, nació con síndrome de abstinencia,

le encontraron restos de cocaína en la sangre... Pero ahora está mejor.

Me gustaría hacerle una pregunta. ¿Usted cree que podría ser el padre?

-Pues no lo sé. Eso tendría que preguntárselo a ella.

-Ella dice que, cuando le dijo al padre que estaba embarazada,

se quitó de en medio. -Eso no es cierto.

Quien se marchó fue ella.

De todas formas eso da igual ahora mismo.

Ese niño no tiene ninguna culpa de tener una madre drogadicta.

Bastante ha sufrido ya.

-¿Entonces estaría dispuesto a hacerse cargo del niño

si fuese necesario?

-Pues no lo sé.

Es que es muy fuerte. De la noche a la mañana Julia desapareció.

Se cambió de móvil, no me dijo nada, me abandonó,

y encima me entero que...

¡Que estaba embarazada! Y que acaba de tener un niño.

Que... Es que ni siquiera sé si soy yo el padre.

-Es verdad. Estoy casada. Pero nunca he estado enamorada de mi marido.

Cuando me enteré de que me había quedado embarazada,

sabía que me iba a obligar a ir a un centro de rehabilitación.

Así que lo tuve claro y me quité de en medio.

-¿Cuánto tiempo me queda?

-Esto ya es mejor que lo hables con el equipo de oncología.

-No. No conozco a los de oncología. Prefiero que me lo diga usted.

-Según las estadísticas, la esperanza de vida es variable.

Puede llegar a ser un año, pero también pueden ser pocos meses.

-¿Y no se puede hacer nada?

-Hombre, por supuesto que no nos vamos a quedar de brazos cruzados.

Vamos a acompañarte y a estar contigo durante todo el proceso:

primero vamos a tratar la insuficiencia cardiaca.

Y después, seguramente que te recomienden

someterte a quimioterapia.

-Qué cosas tiene la vida, ¿no? Toda mi vida metiéndome de todo,

y ahora que llevo dos años sin probar nada,

me tengo que dar quimio, con lo chungo que es eso.

-Bueno, lo de la quimio ya lo hablarás con el oncólogo

y juntos, decidiréis qué es lo mejor.

Yo ahora voy a intentar estabilizar tu corazón.

Voy a tratar la insuficiencia cardiaca

para que puedas irte a casa sin ningún síntoma. Sin ahogo.

-¿El tiempo que me quede?

¿Y si no me doy quimio?

-Si no te das quimio, seguramente que todo vaya mucho más rápido.

-Pues casi que lo prefiero.

-Felipe: acabas de recibir la noticia.

Yo no creo que sea el mejor momento para tomar decisiones.

Aprovecha todo el tiempo que puedas para dejarlo todo cerrado. Para...

Para pasar tiempo con tu hijo y despedirte de él.

-Mi hijo no quiere verme. Al final le conté mi secreto.

-Seguro que te perdona. Deja pasar un poco de tiempo.

-Ese es el problema, doctora. Que no tengo tiempo.

-Pues a mí es que me parece muy raro.

Porque este hombre viene todos los días, se pide un café,

y se tira horas, ahí, sin hablar con nadie, sin decir nada...

Hombre. No lo voy a echar. Porque no se mete con nadie.

Pero es raro raro, ¿no? La cosa.

-Sí. Sí, es ella.

Pues no lo sé, madre. Supongo que ya estaría embarazada.

Se fue hace siete meses. No, aún no he visto al bebé.

Lo que sí sé es que tiene síndrome de abstinencia.

Si ni siquiera sé si es mío.

Disculpe. ¿Le puedo pedir un café solo, por favor?

-Un café solo. -No, mire, mire.

-Sí. -Una cerveza.

-¿Cerveza?

-Mira, madre. No estoy para sermones, de verdad. No sé lo que voy a hacer.

Cuando tome una decisión, te llamo. Vale. Yo también. Chao.

-Una cervecita.

-Mire, ¿sería mucho pedir que me lo cambie por un whisky?

-No, se lo cambio. -¿No será muy pronto?

-Hombre, para gustos los colores.

Pero yo creo que a esta hora mejor una cerveza,

y luego ya vamos viendo, ¿no? -Mejor.

Qué manía con solucionarlo todo con el alcohol. Eh...

Perdone que me entrometa. Verá: soy el doctor Ramón Landó.

Soy médico, aquí en el hospital de al lado,

y por lo que le he oído en la conversación,

creo que estaba hablando de Julia.

Lo digo porque conozco el caso. Y si le puedo ser de ayuda...

¿Ha visto al bebé? ¿Me puedo sentar?

Sí, sí lo he visto. Y es un crío precioso.

¿Y está bien? Pues verá. Eh...

No le voy a engañar.

Ahora mismo tenemos que ver cómo va evolucionando,

porque no sabemos si puede tener secuelas o no.

Siempre he querido ser padre, pero... ha sido así, todo tan...

Tan de repente, tan de sopetón, que...

Supongo que por eso tardan tanto los embarazos, ¿no?

Para que uno tenga tiempo para hacerse a la idea.

Sí, es posible. No lo había pensado.

Mire.

Eh... Estos son mis hijos.

Aquí son pequeños, ¿eh? Ahora ya son mayores, y pasan de mí... Vamos...

Son lo mejor que me ha pasado en la vida.

Y... yo, cuando creía que esto ya se había terminado,

pues ahora la vida me da una nueva sorpresa.

¿Vas a tener otro?

Sí, sí. Eso parece. Voy a tener otro hijo, sí.

Pues yo todavía no lo tengo claro.

Verá. Se me ocurre una cosa.

¿Por qué no me acompaña al hospital?

Quizás... eso le ayude a tomar una decisión.

Vale. Está bien. Pues venga. Acompáñeme.

Rafa: esto me lo apuntas. No hay problema, doctor.

(Llaman a la puerta)

-¿Sí?

Hola, Ana. Hola. ¿Qué tal?

Mira. Él es Fernando. Es el padre del crío que acaba de nacer.

Hola. Hola, ¿qué tal? Encantada.

Este es tu niño.

¿Quieres tocarlo?

Bueno.

-Te echo un poco de gel, y lo puedes tocar. ¿De acuerdo?

-Hola, chiquitín.

Qué pequeño es.

-Hola. -Hola. Creí que no ibas a venir más.

-Si quieres me voy. -No.

-Solo he venido porque me ha llamado la doctora.

-¿Te han contado lo que tengo? -No. ¿Te estás muriendo?

-No. Si al final era una tontería. Me van a dar el alta ya mismo.

-Entonces me largo. -No, por favor, no te vayas.

-Paso. -Un minuto.

No me hagas perseguirte por el hospital.

-Un minuto.

-Quiero pedirte perdón.

-¿Por lo del primo, o por no habérmelo dicho nunca?

-Por las dos cosas. -Vale. No te perdono. ¿Algo más?

-Mira. Lo del primo Pedro fue un accidente. Y ya no tiene remedio.

Pero te juro que no hay un solo día que no me arrepienta.

-Podrías habérmelo dicho. -Te lo he contado ahora, ¿no?

-Sí. Tres años después.

-Porque pensaba que no me ibas a perdonar.

Tú eres lo más importante para mí. Y no quería fallarte.

-¿Y para qué me lo cuentas ahora? Yo te admiraba, papá.

Quería ser como tú. ¡Y resulta que eres un mierda!

-No tienes que ser como yo. -Ni lo dudes.

No quiero saber nada más de ti. Ni del Largo.

Ni del mundo asqueroso en el que te mueves.

Mamá tenía razón. No eres ejemplo de nada.

-Hola. -¿Cómo me has encontrado?

-¿Ese niño es mío?

-Sí.

-¿Y no crees que tenía derecho a saber que soy padre?

-Tú no quieres un hijo. -Ah, ¿no? ¿Y tú cómo lo sabes?

-Pues porque una vez te lo pregunté y me dijiste que no querías ser padre.

-No quería tener un hijo con una yonqui.

-Pues mira, por eso no te lo conté. Porque no era lo que tú querías.

-¿Lo que yo quería? ¿Desde cuándo te preocupas tú por lo que yo quería,

si solo piensas en ti y nada más que en ti,

y ni siquiera has sido capaz de dejar la droga

cuando supiste que estabas embarazada?

-¿A qué vienes? ¿A darme sermones? -No. No vengo a eso.

Vengo a decirte que me voy a encargar del niño.

-¿En serio?

Entonces no se lo van a quedar los Servicios Sociales.

-Sí, pero no te pongas tan contenta. Voy a pedir la custodia.

Y con tu historial, pues raro será que no me lo den.

-No serás capaz... -Sí. Claro que soy capaz.

Tú querías criar a ese niño solo, sin..., sin mí,

pues... yo lo voy a criar sin ti.

Y no me cabe la menor duda de con quién va a estar mejor.

-No pienso permitir que me robes a mi hijo.

-Pues por suerte eso no depende de ti, sino de un juez.

Y no creo que haya un juez en este planeta

que le vaya a dar la custodia a una drogadicta.

¿Sabes que por tu culpa el niño ha nacido con síndrome de abstinencia?

-¿Pero de verdad eres capaz de hacerme esto?

O sea... ¿Me vas a robar a mi hijo, en serio? ¿Sí?¿Tan rencoroso eres?

-Mira, no se trata de rencor. No lo hago por castigarte.

-Ah, ¿no? -No.

Lo hago por el niño. Porque no quiero que tenga una madre como tú.

-¡Pero que no me voy a dejar! ¡Que no me voy a volver a meter!

-Ya. Y de verdad confío en que lo hagas.

Pero hasta entonces no vas a volver a ver al niño.

Adiós.

-No. Mi niño. ¡Me van a quitar a mi niño! ¡No, no, no, no! ¡No! ¡¡¡No!!!

-Es que yo soy madre.

Y yo sé lo que va a sufrir Julia separada de su hijo.

Pero es que tenía que pensar qué era lo mejor para el niño.

Y sinceramente: creo que va a estar bien con su padre.

Y lo que espero es que Julia se pueda rehabilitar pronto,

y pueda estar lo antes posible con su niño. Ojalá.

-Hola, Rafa. -Hola.

-¿Has visto a Esther? -No, no ha venido esta tarde.

-Qué raro... No sé, me ha mandado un mensaje,

me ha dicho que viniera urgentemente,

la llamo, pero no me contesta. -Pues no es usted la única, ¿eh?

El doctor Merino también la está esperando.

-Hola. -Hola. ¿Quieres sentarte?

-No, no. Tengo mucho trabajo. Espero a Esther y me voy.

-Pues ya puedes esperar sentada. Porque me da que no va a venir.

-¿Por?

-¿No te das cuenta de lo que ha hecho?

Esto es una cita a ciegas de toda la vida. -No.

-Mm... Mm... Lo que no sé es de dónde ha sacado Esther

que esta pareja tenía futuro.

Porque yo a ti te veo solo como la jefa, vamos.

Como si fueras la Merkel. Latina, pero la Merkel.

-No, si lo entiendo perfectamente, ¿eh?

Yo no puedo mirarte como otra cosa que no sea un subordinado. -Ah...

Hombre. Yo, esforzándome mucho, y con unas cuantas cañas más...

A lo mejor te veía un puntito. -Un puntito, ¿eh?

-Pero esforzándome mucho.

-Pues yo... Esforzándome mucho mucho, y borracha como un piojo,

a lo mejor te veía... algo. -¿Como un piojo?

Bueno, pues vamos a tomarnos una ronda de esto, y vamos cogiendo tono.

-No, no. Tengo lío. Otro día, ¿eh? -Vale. Otro día.

-¡Otro día...! -¡Otro día!

-¿Le pongo alguna cosa más? -No, no, gracias.

¿Puedo? -Eh... Sí, claro. Siéntese.

-¿Qué? ¿Problemas con la novia? -Eh... No. No es mi novia.

Es una compañera de trabajo.

-No me digas que tú también trabajas en el hospital.

Carlos Merino. Internista. -Imanol. -Encantado.

-¿Te apetece otra cerveza? -Claro.

-Oye, dos cervezas más.

-Vladimir: ponles dos cervezas y unas aceitunas.

-Es mi madre. ¡Y le duele mucho el estómago!

¡Joder! ¡40 minutos en Urgencias no es normal!

-Ese señor se ha desmayado.

-¿Qué le pasa?

-No veo las teclas del móvil. ¡No veo las teclas del móvil!

-Vente conmigo, que tengo un momento antes de empezar a pasar consulta.

Estuviste ingresada hace poco, ¿no? -Sí. Sufrí un aborto.

-Esta mañana, en Urgencias, yo tenía un paciente,

que te has quedado tú, al final...

Habría estado bien que fueses a mi consulta, a hablarlo.

Puede ser grave, Arturo. -Le aseguro que todo va a salir bien.

No se va a morir.

-Pero, ¿quién es usted para decirme eso?

-¡No podemos asegurarle que no se va a morir! No me gustan tus formas.

¡En este hospital no se miente a los pacientes! ¿Estamos?

-Aquí tenemos una manera de hacer las cosas.

Y lo que no puedes hacer es saltártela a la torera,

decir lo que te dé la gana a los pacientes,

y no contrastarlo con dirección.

Solo quiero que sepas que no estaba hablando de ti. Ni pretendo hacerlo.

Es más: no me interesa nada de lo que respecte a ti

más allá de lo que atañe al hospital. -Perfecto.

-Mira. Yo creo que lo mejor será que hagamos como que no nos conocemos.

Subtitulación realizada por Teresa García Román

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Centro médico - 21/09/18 (2)

21 sep 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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