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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 20/09/18 (1) - ver ahora
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-En cuanto saque una muestra de la masa

te la tienes que llevar a analizar al laboratorio... Rapidito.

-Que acabe de llegar al hospital no significa

que acabe de llegar a la profesión, ¿eh?

Que ya tengo muchos años de experiencia.

-Si tiene muchos años de experiencia

sabrá que no puede alterarse en un quirófano.

-Te estoy diciendo que lo que has hecho es denunciable

y que yo te puedo poner un parte.

-Creí que iba a tener autonomía y libertad

para gestionar mis propios pacientes.

-Sí, pero no para ejecutar una mala praxis

y poner en riesgo la gestión de este hospital.

-Ah, es eso. Lo que te preocupa es que mi forma de actuar

ponga en peligro tu puesto.

-Aquí no voy a consentir lo que te pasó en el anterior hospital.

-Eso ha sido un golpe bajo.

-No vamos a llegar a nada con esta discusión así que seré tajante.

Como vuelvas a excederte en tu conducta

o pongas en peligro la reputación de este hospital,

me veré obligada a tomar medidas.

-Yo decido si es el momento o no es el momento

de preguntar lo que considere necesario. ¿Lo ha entendido?

-Esto no es lo mismo, de verdad. Yo estoy desubicada totalmente.

-Lo que tenemos que hacer es estar juntos y hacer equipo.

Esta panda no va a poder con nosotros,

que te lo digo yo. ¿Vale?

Vaya nochecita.

Pues nada que no hayamos vivido antes, Ramón.

Si es que tú yo somos veteranos. Muy positiva te veo.

Y eso que el otro día me comentabas

que te estaba costando adaptarte a este nuevo hospital.

Ya, pero es porque hoy no tengo turno en quirófano.

Porque te lo digo así, entre tú y yo...

No llevo aquí ni cuatro días, pero estoy... del doctor Herrera ese

hasta aquí, fíjate.

¿En serio? Sí.

Bueno, pero es un monstruo de la cirugía, ¿no?

Sí, un monstruo sí que es.

Doctor Landó, ¿puedes?

Sí, sí, yo me ocupo. Hola. -Hola.

¿De cuántas semanas estás?

Pues no lo sé, creo que de unas 20 o algo así.

Por favor, no puede nacer todavía, haga algo, doctor.

Escúchame, ¿no sabes de cuánto estás? ¿De seis, siete meses?

Sí, sí, sí. De siete meses, estoy de siete meses.

Por favor, no nazcas todavía, no nazcas todavía.

-No creo que tarde mucho. Ha dilatado unos seis o siete centímetros.

¿Te encargas tú, que yo tengo que volver a salir?

Sí, sí. Además, no hemos parado en toda la noche.

Ha roto aguas. Pues no creo que paréis.

Hasta luego. Hasta luego.

Vamos a la sala de partos.

¿Quieres que llamemos a alguien? Es que no hay nadie a quién llamar.

Me quiero morir, por favor, me quiero morir.

Venga, cariño, no digas eso, hombre.

Ya verás cuando tengas a tu bebé en brazos.

Dar a luz es una de las cosas más bonitas

que le puede pasar a una mujer en esta vida.

Pero esta pobre está muy asustada, la verdad.

Y no me extraña, porque se la ve como muy sola e indefensa.

Mira, yo cuando me ha dicho que se quería morir...

es que se me ha encogido el corazón de la pena. Pobrecita.

Tranquila, Valeria,

que de aquí no te vas hasta que sepamos lo que tienes.

-Gracias, doctor. Parece que me duele un poco menos ahora.

-Eso es muy buena noticia.

Y otra mejor es que como médico, te puedo asegurar que tu cuerpo

te va a durar como mínimo, toda la vida.

-Doctor Merino, ¿algún problema?

-Buenas noches, doctora Vega.

Valeria tenía unos dolores insoportables

y he venido a ver si podía echar una mano.

-Muy bien, pues siga con su guardia. Ya me ocupo yo de mi paciente.

-Yo sé que hay muchos pacientes, pero llevamos mucho tiempo esperando

y mi hija no para de quejarse. -Mamá, no empieces, por favor.

-Os dejo en buenas manos. Tranquilas. -Adiós, doctor.

-Vamos a ver. ¿Desde cuándo tienes este dolor abdominal?

-Pues no sé, desde hace unas horas.

Pero la verdad es que, desde que ha venido el doctor,

me encuentro mucho mejor.

Es guapo, ¿verdad?

Es que, por como habla, percibo que tiene que ser guapísimo.

-Voy a auscultarte. Vamos allá.

-Ay, ay, me duele más ahora.

-Tranquila. Déjame un momento.

-Hija, ¿qué te pasa?

-Un segundo.

-Hija, ¿qué te pasa? -Tranquila mamá.

-Dos celadores. Al box número 4. Ya.

Apártese, señora, déjeme aquí.

-Si hubiera venido antes, mi hija no estaría con estos dolores.

-Tranquila. Voy a pedir que te pongan una vía.

Subidla a planta, hay que ingresar inmediatamente.

-Tranquila, cariño. Te vas a poner bien, de verdad.

-Pues claro que sí, mamá.

Venga, sigue empujando, así... Yo no estoy preparada para esto.

No dejéis que salga, ¡no dejéis que salga!

Claro que estás preparada. Venga, Julia, tranquila.

Un último esfuerzo, pero ya está aquí.

Además, ya le veo la cabecita.

Así que venga, tranquila.

Venga. El bebé está encajado.

-¿Qué significa eso? ¿Qué le pasa a mi bebé, por favor?

¿Qué le pasa a mi bebé? Tranquila, tranquila.

Que de todas maneras va a nacer esta noche. No te preocupes.

Julia, necesito que hagas un último esfuerzo.

Ahora ya no podemos hacer una cesaría.

Escucha, por favor, escúchame.

Quiero que tomes aire y que empujes con todas las fuerzas que te quedan.

No puedo. Sí, puedes. Venga, una vez más.

Dale. Un poco más, un poco más.

Ahora, suave. Ya asoma la cabecita. Venga, suave, suave...

Mantén ahí. Suave, suave. Venga, ya.

Muy bien. Lo tengo. Aquí está. Aquí está.

Ya está tu bebé contigo. Ya... Mi pequeñín.

Y además, es un niño. Mi niño.

-¿Qué le está haciendo a mi bebé? Nada, no te preocupes.

Lo vamos a dejar bien limpito. Enhorabuena, Julia, ¿eh?

Le vamos a hacer unas pruebas para comprobar que todo esté perfecto.

-¿Por qué? ¿Qué le pasa?

Tu bebé acaba de nacer antes de tiempo.

Vamos a chequear que todo está bien. Pero tranquila.

Respira tranquila, Julia.

Pero no os lo llevéis, por favor. Yo necesito abrazarle. Mi pequeñito.

No te preocupes, ahora te lo traen. Va a estar contigo siempre.

Mi pequeñín.

En toda mi carrera habré ayudado a nacer a... no sé. 2000, 3000 niños.

No sé. Ya he perdido la cuenta.

Pero lo que sí sé es que esta noche, al ver nacer a esa criatura,

me he sentido muy orgullo de ser médico.

Quizás ha sido la emoción, el cansancio

y que voy a volver a ser padre

y voy a tener que enfrentarme a esto nuevamente.

Tenemos los resultados de las pruebas

y no hay signos característicos de ninguna de las enfermedades asociadas

al dolor abdominal.

-¿Entonces qué tiene? -Ay, mamá, por favor.

Deja hablar a la doctora, para variar.

-De momento, hemos descartado que tenga apendicitis ni colecistitis.

-¿Entonces me van a hacer más pruebas?

-Eso es.

-Yo no quiero que le hagan más pruebas. No quiero escuchar nada más.

Yo solo quiero que curen a mi hija, por favor.

-Estamos en ello, señora. ¿Te sigue doliendo con la misma intensidad?

-No, no, algo menos, quizá.

-Señora, ¿puede salir un momento de la habitación?

Quiero hablar a solas con Valeria.

-¿Para qué? ¿Qué tiene que hablar con ella?

Por si no se ha dado cuenta, mi hija en invidente

y yo estoy al cuidado y al corriente de todo lo que le pasa.

-Ay, mamá, no empieces con eso, por favor. Soy ciega, no sorda.

Deja que la doctora me diga lo que me tenga que decir.

-Vamos a ver, Valeria.

¿Sabes por qué le he pedido a tu madre que salga de la habitación?

-No. ¿Por qué? No tengo cáncer, ¿verdad?

-No, no es eso. Quería hablar a solas contigo

porque creo que no me estás diciendo toda la verdad.

Llevo unos años en esto de la medicina y sé distinguir

cuando alguien finge dolor y al revés.

Cuando alguien quiere hacer ver que está perfectamente.

-¿Tanto se me nota? -Es por tu madre, ¿verdad?

-Si es que ya ha visto cómo me trata.

Le he dicho mil veces que se olvide de lo que no puedo hacer

y se fije en lo que sí puedo hacer,

pero está empeñada en protegerme como si fuera una idiota.

-Supongo que no debe ser fácil para ninguna de las dos.

-Pues no, no lo es.

Yo he terminado mis estudios de educación social,

tengo un trabajo que me encanta

y he encontrado un piso monísimo con gente majísima,

pero yo no sé cómo decirle a mi madre que me quiero ir de su casa.

-Para una madre, eso de dejar volar a sus polluelos es muy difícil.

-¿Tú tienes hijos? -Sí. Una hija.

-¿Y qué le dirías a ella?

Supongo que no intentarías retenerla a toda costa.

Por tu voz, percibo que eres una persona inteligente.

-Esa es otra historia. Yo estoy aquí para curarte.

Si quieres demostrar que eres una persona adulta,

tienes que empezar por decir la verdad.

Si no a tu madre, sí a tu médico.

-Vale. Tienes razón, lo siento. No va a volver a pasar.

-Siento ser brusca, Valeria, pero es tu salud la que está en juego.

-Ya.

-De momento, voy a subirte la dosis de paracetamol

y te voy a poner un protector gástrico,

a ver si mitigamos ese dolor. -Gracias, doctora.

-Hasta ahora. -Hasta ahora.

Vale, sí, me duele muchísimo el estómago,

pero lo que más me duele

es que mi madre me trate como una pobre niña enferma

que no se vale por sí mismo.

No soporto que me trate como una enferma,

por eso intento todo el día que no se preocupe tanto por mí,

pero es que esa guerra la tengo ya perdida.

-¿La han hecho la resonancia?

Ahora me paso a ver al paciente. Gracias, María.

-Hola, doctor... Merino. -Hola, muy buenas.

¿Qué tal está su hija? Valeria, ¿verdad?

-Valeria, sí. Pues todavía no saben lo que tiene

y la han dejado ingresada para hacerla más pruebas.

¿Usted no podría echarle una mano a la doctora?

Que será buenísima, pero a mí me parece que está un poco verde.

-No sabe cómo me gustaría que estuviera ahora mismo

en este momento aquí, fuera de broma.

Estoy seguro de que la doctora Vega está haciendo exactamente lo mismo

que había hecho yo. -No lo creo.

Usted no me habría echado de la habitación de mi hija. -¿Cómo?

-Al parecer, la doctora considera que una madre no puede estar presente

cuando está en juego la salud de su hija.

-Bueno, ya sabe cómo son las jóvenes.

Les cuesta sincerarse con un médico si tienen a su madre delante.

Ahora si me disculpa... -Pero,

¿qué tiene mi hija que ocultarme?

¿No estará pensando que mi hija está embarazada?

No me lo estará diciendo, porque eso es imposible, por mi hija no...

-No, no, no. Eso no.

Los médicos a veces necesitan hablar a solas con su paciente.

No tiene nada de extraño.

-Extraño es que no paren de hacerle pruebas y no sepan lo que tiene.

Eso sí que me tiene preocupada. -Estese tranquila.

La doctora Vega es una excelente profesional

y estará haciendo muy bien su trabajo. ¿De acuerdo?

-¿Y usted seguro que no puede darme una opinión sobre

lo que le pasa a Valeria?

Si solo le va a llevar un poquito de tiempo...

-No puedo, de verdad. Se lo agradezco, pero no puedo.

-¿Puedo hablar con usted un momento? -Claro. ¿Ya sabe lo que tiene? -Sí.

-El doctor Merino me acaba de insinuar

que mi hija podría estar embarazada, pero eso es imposible.

-No, no, no. Yo no he dicho eso... Eso lo ha dicho usted.

Yo solo defendía que la doctora Vega hablara a solas con su paciente.

-Da igual. Valeria sigue con un cuadro de abdomen agudo

así que voy a pedirle unos análisis de sangre

y voy a hacerle una ecografía abdominal.

-¿Y a usted qué le parece?

-Ya se lo he dicho...

Yo tengo los mismos protocolos médicos que la doctora Vega.

Lo que ella diga me parece perfecto.

-Ya veo que has estado opinando sobre mi paciente.

-La señora me ha preguntado.

-Y él me ha informado muy amablemente.

¿Por qué no le deja que le ayude? Cuatro ojos ven más que dos.

-Mire, Carmen. En un hospital las cosas se hacen de otra manera.

-Yo no sé cómo se hará. Lo que quiero es que mi hija se ponga buena.

Y no se moleste por lo que le voy a decir,

pero a mí el doctor Merino me daba mucha confianza.

-Pues muy bien. Valoro mucho su opinión, señora,

pero le aseguro que en este hospital todos sabemos trabajar

y cuál es nuestro cometido,

así que, si quiere ayudar, por favor, vaya a hacerle compañía a su hija.

-Me esperan en REA.

Hola. Hola.

¿Cómo está mi niño? ¿Cuándo me lo van a traer?

Pues mira, le siguen haciendo pruebas, así que tranquila,

que está en muy buenas manos, ¿vale?

Pero ¿no puedo ir a verle? Aunque sea un minuto,

si es que yo ya me encuentro muchísimo mejor.

Mujer, pero ¿dónde vas? Que tienes la vía puesta.

Eso es.

Ahí tranquilita, que te voy a tomar la tensión a ver cómo estás.

Que has estado muy bajita y te tienes que recuperar del parto.

Vamos a ver.

Muy bien.

¿Sabes qué te vendría bien ahora? Algo de compañía.

¿Tú estás segura que no quieres que llamemos a un familiar o a alguien?

Es que no tengo a nadie.

¿El padre de la criatura?

Al padre de la criatura le faltó tiempo para irse

según se enteró de que estaba embarazada.

Bueno, espera un momentín. No hables ahora.

Pues mira, entonces mejor que ni se presenten por aquí,

porque se iba a llevar un par de collejas bien dadas.

Una por sinvergüenza y otra por cobarde.

Así, a pelo, sin epidural ni nada.

Bueno... Es lo que tiene desahogarse. ¿Ves?

Contando las cosas uno se aligera.

¡Ahí va!

Pero ¿qué haces? Mujer, que se ha caído el bolso.

Ya está, tranquila. Aquí lo dejamos otra vez como estaba, ¿vale?

Lo siento.

Es que estoy un poco nerviosa. Sí, un poco nerviosa sí estás.

Pero bueno, tranquila, que es normal.

Ahora lo que tienes que hacer es descansar y verás cómo se pasa.

¿Y esta noche voy a poder ir a verle?

Mira, en un rarito vendrá el doctor Landó

y nos explicará cómo están las cosas.

Ahora tienes que descansar.

Ya verás cómo después te vas a sentir mucho mejor.

Más tranquila, ¿vale? Vale.

Venga, hasta ahora.

Que me traigan ya a mi niño, por favor.

Que a mí no me importa si le tienen que hacer pruebas,

pues le hacen pruebas.

A mí eso de verdad que no importa.

Yo lo que quiero es que esté conmigo. Tenerle aquí conmigo.

Es que si le pasa algo...

Si le pasa algo yo me muero.

Me mato, me quito del medio. Lo sé yo.

Me lo tienen que traer ya. Yo tengo que ver que está bien.

Es mi niño. Tiene que estar bien.

-Vaya noche, ¿eh? Ha sido un no parar.

-Claro, igual si te centrases en atender tus casos

y dejar los casos de los demás para los demás...

estarías menos ocupado.

-Oye, si lo dices por la madre de la chica invidente...

-Claro que lo digo por ella.

¿Me quieres explicar qué ganas poniendo a mis pacientes

y a sus familiares en mi contra?

-Eh, para, para... Lo único que la he dicho a esa mujer

es que su hija estaba en las mejores manos.

-Ah, sí, por eso estaba empeñada en que el caso lo llevases tú.

-Se acercó ella a mí.

¿Qué quieres que haga si desprendo profesionalidad por todos los poros?

Si además de guapo soy buen médico.

-No estoy de broma, ¿sabes?

No voy a seguirte este rollito de médico enrollado.

-Ah, ¿así que crees que soy enrollado?

-No. Eso es lo que tú quieres que tus pacientes crean que eres.

No te conozco mucho, pero yo diría que sí te lo tienes un poco creído.

-Tienes razón, no me conocemos mucho.

Oye, lo siento, pero esta vez no ha sido culpa mía, de verdad.

¿Y si te invito a cenar, hacemos las paces y me conoces un poco mejor?

-Ciñamos nuestra relación a lo estrictamente profesional.

-Nuestra relación hasta ahora solo se ha ceñido a eso.

-Exacto.

-Hola, amor. Te dejo este mensaje porque no te pillo en casa.

Bueno, nada. Tampoco era nada importante.

Llevo todo el día pensando en ti y...

Bueno, que quería decirte que tengo muchas ganas

de que tengamos a ese niño y que te quiero mucho...

Y nada, cielo. Luego te llamo, ¿vale? Venga, un beso.

¿Qué tal? ¿Ya tienes los resultados de las pruebas?

No, no, todavía no. Pero supongo que no tardarán.

Vengo por otra cosa.

A ver. ¿Cómo puede complicarse la noche?

Bueno, es por Julia, la mamá prematura.

¿Qué le pasa? ¿Sigue hipotensa? No, no. Se ha estabilizado ya.

Pero tiene un comportamiento muy extraño, Ramón.

A ver, Clara. Haz un poco de honor a tu nombre y dame más detalles.

No, no puedo darte más detalles, Ramón, no puedo.

Solo sé que hace cosas muy raras y ya está.

¿No te acuerdas cuando vino con la ambulancia?

Pero Clara, esa chica estaba muerta de miedo.

Ya, si ya lo sé, pero es que no es eso.

Hay algo más. Estoy segura, vamos.

Julia tiene algún problema

y no se atreve o no quiere contarlo por lo que sea, fíjate.

Vale, mira.

Si quieres mañana hablo con Lucía

y le digo que charle con ella un rato.

Lucía está de guardia.

Si quieres me acerco yo y le digo

que venga un momentín a verla esta noche.

Tú y tus corazonadas.

No te preocupes. Ya llamo yo a Lucía.

(Llaman a la puerta)

Hola, Clara. ¿Qué tal?

Este es el informe del bebé prematuro, ¿no?

Eso es. Presenta un cuadro de irritabilidad y temblores.

Bastante importante.

Veo que tiene una respuesta excesiva

a los estímulos leves e hiperreflexia.Eso es.

Imagino que le vais a hacer más pruebas.

Por supuesto. Vale, por favor, dale prioridad.

Claro. Hasta luego.

Igual dos corazonadas en la misma noche son muchas corazonadas,

pero yo estoy segura de que al doctor Landó le pasa algo.

Supongo que con todo lo que ha vivido hasta ahora.

Primero su adicción, luego la recaída de Berta,

el hombre no tiene que estar pasando por su mejor momento.

Lo que está claro es que algo le ronda.

Pero bueno, vamos a confiar en que mañana estemos todos

un poquito más enteros porque... vaya nochecita.

Bueno, vamos allá.

-¿Qué me ha puesto? -Es un gel que sirve para que este

aparatito que estoy deslizando sobre tu abdomen

funcione correctamente. Se llama transductor.

-Oye, me duele mucho menos, de verdad. Y esta vez va en serio.

-Tranquila, te creo.

Esta prueba te la hago porque en los análisis de sangre

ha salido que tienes anemia.

¿La has tenido antes? -No que yo sepa. ¿Por qué?

-Valeria, tengo que ser un poco pesada y preguntártelo otra vez.

¿Seguro que no tomas alimentos picantes,

bebidas alcohólicas o estimulantes?

-Que no, que no. Que no tengo por qué ocultarle eso. Ya se lo dije que no.

-Bueno.

¿Y me has dicho...

que tampoco tomas ningún medicamento así frecuentemente?

-A ver, ninguno, ninguno...

Alguna vez me tomo un ibuprofeno de vez en cuando.

Pero, ¿eso es un medicamento?

Si me lo venden en la farmacia sin receta...

-Ya lo creo que es un medicamento.

¿Y cuánto es alguno? ¿Dos, tres al día?

-A ver, eso... Alguna vez me he tomado dos o tres,

pero esa es la excepción.

Lo que pasa es que llevo semanas con el tema este

y el runrún me está matando, la verdad.

-¿Te refieres a tu madre? -Pues sí.

Que quiero explicarle que me quiero ir de casa,

pero es que no puedo, no encuentro el momento

porque ella está tan angustiada que me angustia a mí.

-Pues tanta angustia no es buena, ¿eh? Ni para tu madre, ni para ti,

ni para tu estómago.

-¿Y no puede que sea el ibuprofeno lo que me esté provocando esto?

-No si lo tomas las dosis recomendadas.

Pero la angustia y los nervios nunca son buenos.

Bueno, esto ya está.

Te voy a limpiar, ¿de acuerdo? -Gracias.

-Muy bien, Valeria.

Pues ya estás limpita.

Ahora te veo. -Gracias.

Gracias, Murillo.

De verdad que te agradezco mucho que le hayas dado prioridad. Adiós.

¿Qué dicen los de neonatología?

Le han hecho una exploración más completa al bebé.

Por lo visto, hay sospechas de que sufra un síndrome de abstinencia

por consumo de cocaína. Madre mía.

¿Qué riesgos hay? Pues muchos y bastante diversos.

De hecho, ahora empiezo a entender que el parto prematuro ha sido

precisamente por el consumo de cocaína de la madre.

Seguramente. Y también puede afectar negativamente

al crecimiento del feto.

Yo he visto algunos casos que te ponen los pelos como escarpias.

Sí, además todo ese cuadro explicaría tanto la irritabilidad

como la hiperreflexia del bebé.

Bueno, pues voy a hablar con la madre ya, si os parece.

No, no. Espérate. Mejor esperar al informe toxicológico.

Además, Murillo está en ello. Va a tardar poco.

Sí, pero bueno, Ramón.

Que sepamos aquí todos

que por mucho que el examen toxicológico dé positivo en drogas,

ella casi seguro que no lo va a reconocer.

Ya, ya, sí, ya lo sé, ya lo sé.

Bueno, os tengo que dejar. Tengo que atender a más pacientes.

Hola, doctora.

-Impresionante. ¿Cómo has sabido que era yo?

-Tranquila, que no tengo superpoderes.

Se acaba de ir la enfermera y me ha dicho que iba a entrar.

¿Hay novedades?

-Pues sí, después de ver los resultados de las pruebas

y de la información que me diste, he reorientado el diagnóstico.

Creo que puedes tener una úlcera gástrica.

-¿Una úlcera? Eso es una cosa de abuelas.

-Desgraciadamente, le puede pasar a todo el mundo.

-Y me tiene que tocar a mí.

Eso es como tener un agujero en el estómago, ¿no?

La tía de mi amiga Carol tuvo una y no podía comer casi nada.

-Una úlcera es como una llaga abierta

en el revestimiento del estómago por dentro.

Ese revestimiento se rompe y queda desprotegido

ante la acción de los ácidos gástricos que es muy fuerte.

Por eso tenías ese dolor al llegar al hospital.

-Pero ¿todo esto es por mis nervios?

¿Por no decirle a mi madre lo que me pasa?

-Una úlcera suele ser provocada

por una infección bacteriana de helicobacter.

Lo veremos después con el test del aliento, pero... Sí.

Los nervios, la angustia y los ibuprofenos no habrán ayudado, no.

-¿Qué pasa? ¿Qué tienes?

¿Y usted por qué no espera que esté en la habitación

para hablar de mi hija? -Porque su hija es mayor de edad.

-Perdóneme.

Lo normal es que cuando se tiene una paciente

con las limitacionesy los problemas que tiene mi hija,

se tenga informada a la madre en todo momento.

-Señora, por el bien de su hija y el de todos,

le pido, por favor, que se tranquilice.

-Y yo le pido a usted que me tenga al corriente de todo lo que le hace

y le deja de hacer a Valeria.

-¿Qué pasa, Valeria? -Valeria, Valeria, cariño.

¡Por favor, sale sangre! -Por favor, salga de la habitación.

-Que no salgo más, hombre. Dígame qué tiene mi hija.

-Por favor, hágame el favor de salir. -Valeria, por favor.

-Saca al familiar.

-Acompáñeme. -¡Que no me muevo!

-Señora, o sale inmediatamente de la habitación

o tendré que llamar a seguridad.

Ya está, ya está. Ponle una sonda nasogástrica

y 80 de omeprazol intravenoso.

Ya, ya está...

-Si es que de verdad. Pero a quién se le ocurre.

Una mujer embarazada de siete meses y tomando drogas.

Ya, pero es que seguramente es una chica que tenga adicción,

entonces tenemos que tener muchísima paciencia para ayudarla.

Ya, si eso es lo primero.

Pero no me digas que como madre no se te cae el alma a los pies

cuando ves una cosa así.

Cuando entremos me dejas hablar a mí, ¿vale?Por supuesto.

Pero ¿dónde está?

No sé, igual la están haciendo alguna prueba.

Qué va, no me consta.

Bueno, pues hablamos con la supervisora. Hola.

Pero mujer, ¿dónde te has metido? Estamos aquí preocupadas por ti.

Estaba en el baño, me hacía mucho pis.

Ya. Pues otra vez que tengas que ir al baño nos llamas,

que para eso estamos aquí, para ayudarte.

Claro. ¿Y cuándo voy a poder ir a ver a mi bebé?

Pasa.

Me parece que vas a tener que esperar un poquito, cariño.

-¿Por qué? ¿Qué pasa? ¿Le pasa algo?

Bueno, le están terminando de hacer unas pruebas y ya está.

Ahora viene el doctor Landó y te explica todo.

¿Y usted también es médico? ¿Ha visto a Daniel?

Dígame algo, por favor, no me tengan así.

-Eh... Julia, yo soy psicóloga. Me llamo Lucía Velázquez.

-Psicóloga... ¿Y para qué quiero yo una psicóloga? ¿Dónde está mi hijo?

-Como te ha dicho Clara,

el doctor Landó está recogiendo unos resultados de unas pruebas

que le han hecho al bebé,

pero antes me gustaría hablar contigo un rato.

-¿Hablar de qué? ¿Le pasa algo a Daniel?

-Bueno, el bebé ha nacido con un cuadro importante de irritabilidad

y le han hecho un examen toxicológico.

-¿Para qué? ¿Qué tienen que ver los tóxicos con un bebé recién nacido?

-Pues no tiene mucho que ver con él.

Tiene más que ver con algo que te pueda estar ocurriendo a ti.

-A mí no me pasa nada, yo estoy perfecta.

-Julia, por tu bien, pero sobre todo por el de tu hijo,

me gustaría saber si eres consumidora habitual de drogas.

-¿Pero esta señora qué está diciendo? Yo no consumo nada, por favor.

¿Por quién me toma? -Que no estamos aquí para juzgarte.

Ella te lo ha dicho Clara, estamos aquí para ayudarte.

-¿Me quieren ayudar? -Sí.

-Pues dejen de echar mierda y tráiganme a mi hijo.

Hola.

Doctor, ¿quién es esta señora que me está acusando de ser una drogadicta

y hacer daño a mi bebé?

-Julia, yo no he dicho que quieras hacer daño a tu hijo.

A ver, a ver... Julia, esto es un informe toxicológico

que le hemos hecho a tu hijo.

En él se confirma la presencia de trazas de cocaína

en la sangre del bebé.

Tu hijo está sufriendo un síndrome de abstinencia.

¿Qué le han hecho a mi hijo?

Le han envenenado y ahora me están echando a mí la culpa, ¿verdad?

¿Es eso?

Pues les voy a denunciar. Escucha...

No me toque. Julia, escúchame atentamente.

Los dos sabemos que has consumido drogas,

así que deja de engañarte y deja de engañarnos.

Lo mejor que puedes hacer por tu hijo

es colaborar y decirnos la verdad.

¿Entiendes que has puesto en riesgo tu vida y la vida de tu hijo?

Tú necesitas inmediatamente ponerte en manos de un especialista, Julia.

Ramón. Ramón, por favor.

Ramón, Clara, ¿podéis dejarnos que hablemos solas un momento?

Ramón, por favor.

Ramón, vamos a tomar un café, ¿vale? Venga...

Tranquila.

Ya verás como todo se soluciona.

-¿Eso le he hecho yo a mi niño? -No, cariño, no te preocupes.

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Centro médico - 20/09/18 (1)

20 sep 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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