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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 18/10/18 (2) - ver ahora
Transcripción completa

-Gracias, de verdad. Sé que estás muy liado.

Hombre, si no tiene unos cinco minutos para tomarse un café.

Además, me viene bien, así me despejo.

Rafa, por favor, ¿nos pones un par de cafés?

El mío solo. -Vale. ¿Y usted?

-El mío también. Gracias. -Marchando.

Vamos para adentro.

Qué local más bonito, ¿no?

Sí, está bien.

Solemos venir mucho por aquí, se come bien.

Mira, vamos a sentarnos aquí.

Ramón, si creyeras que es algo serio, me lo dirías, ¿no?

Que sí, hombre, que sí.

No te preocupes, de verdad, que no va ser nada. Ya verás.

Es que también es mala suerte, joder.

Con lo mal que lo ha pasado el chaval,

y ahora que estaba saliendo del bache...

¿Y eso por qué? ¿Estaba enfermo o algo?

No, enfermo no, gordo. Gordo, Ramón.

Sí, parece una tontería, pero al pobre le ha dado la vida adelgazar.

Bueno, adelgazar no, lo que le ha dado la vida es

que hayan dejado de hacerle bullying en el instituto.

¿Cómo? ¿Bullying?

Sí, sí. No me contó nada porque si no, yo habría hecho algo.

El tema es que venía a casa deprimido, no quería ir al instituto.

Yo creía que todo eso era porque era un vago, pero no.

Era porque allí lo pasaba muy mal.

Y yo no me di cuenta.

No me di cuenta, joder.

Pues bien que lo siento, ¿eh? Porque no sabía nada.

¿Por qué lo ibas a saber?

Tú solo lo traías a casa de vez en cuando.

Oye, ¿tú te acuerdas de Marcos, de mi hijo?

Marcos. Sí, claro, sí.

Juanma y él iban a la misma clase

hasta que lo cambiasteis de instituto.

Bueno, no lo cambiamos, la verdad es que lo echaron.

En el instituto fueron muy amables porque no dijeron nada,

pero la verdad es que lo echaron. Lo echaron.

¿Y por qué?

Bueno, pues porque hacía bullying a algunos compañeros.

Marcos.

Sí, no creo que fuera tu hijo, pero la verdad es que no lo sé.

No sé...

Verás, no sé, yo no me lo creía cuando me lo dijeron.

La verdad es que no sé si es porque no te lo quieres creer, ¿no?

Porque yo entiendo que tiene que ser muy duro,

no sé, saber que a tu hijo

lo están acosando, están abusando de él,

pero te puedo asegurar

que es tu hijo el que está abusando de otros,

pues tampoco es fácil. Lo supongo.

Oye, Ramón,

muchas gracias, ¿eh?

No, gracias a ti, gracias a ti.

A veces se te olvida que existe el otro lado del problema.

No se me había ocurrido pensar que tampoco debe haber sido fácil

para los padres de los chavales que acosaron a mi hijo.

Seguro que ellos también se sintieron fatal cuando se enteraron

y que también se culpan de no haberse dado cuenta y no haber hecho nada.

De todas maneras, dudo que haya muchos padres

que sean capaces de hacer una autocrítica

como la que ha hecho Ramón.

Qué buen tío.

-¿A Sergio le habéis subido ya a la planta?

Sí, lo subimos hace una hora.

Hola. Marco, ¿te ha contado Clara?

-No. ¿El qué? Pero ¿no se lo ibas a contar tú?

-Eh, no.

Bueno, no nos hemos entendido. No pasa nada.

Que, bueno, me ha dicho Pablo

que parece ser que su madre toma ansiolíticos regularmente,

y que su hermano pequeño podría haberlos tomado también.

-Pues eso es importante. Vamos a comprobarlo.

-Perdón, quería preguntar si puedo darle agua a Sergio,

es que como me han dicho que no le puedo dar nada.

No, es que de momento no puede beber, ¿eh?

Pero, vamos, que no te preocupes,

que tiene el suero y está hidratado, o sea, que tranquila.

-Vale. -No, Rosa, espera.

Quiero hacerte una pregunta. -Sí.

-¿Puede ser que Sergio se haya tomado algún medicamento?

-¿Algún medicamento? -Ansiolíticos, concretamente.

-Eso os lo ha contado Pablo.

-¿Puede ser o no?

-Sí, puede ser.

-Es que es importante.

Tendrías que habérnoslo dicho

porque puede ser que se haya intoxicado con los ansiolíticos.

-¿De verdad? -Por los síntomas, podría ser, ¿vale?

Pero no te preocupes.

Como ya le forzaste el vómito,

lo que vamos a hacer ahora es administrarle carbón activado.

Para neutralizar el efecto

de cualquier posible resto que haya quedado.

Yo hago las cosas lo mejor posible, como cualquier madre.

Pero desde que nos dejó Juan, el padre de mis hijos,

pues no doy a basto.

Empecé a tomar ansiolíticos y ahora no puedo dejarlos.

Y a veces siento que no puedo con mi vida.

Sergio es que es un amor, pero Pablo...

Pablo está en una edad difícil.

-Ramón, soy yo, Rocío.

Nada, que ya tengo los resultados de las pruebas de Juanma,

el hijo de tu amigo,

y era por si querías tú decirle que ya tenemos un diagnóstico,

pero imagino que estarás liado, así que nada.

Ya hablo yo con ellos, ¿vale? Venga, hasta ahora.

-Buenas. -Hola.

-¿Esperamos a Ramón?

-Es que Ramón está teniendo a otros pacientes, pero, vamos,

que él ha estado conmigo analizando todas las pruebas,

pero si queréis esperarle, yo...

-No, no, por favor, si ya sabéis algo,

cuanto antes, mejor.

-Pues sentaos. -Pasa.

-A ver, ya tenemos un diagnóstico claro.

En el análisis de heces que le hemos hecho a Juanma

hemos visto segmentos desprendidos en el colon.

Juanma tiene teniasis.

-Perdón, pero es que no sé qué es eso.

-Es un parásito que vive en el intestino delgado

y que se llama Taenia solium.

-Tengo la solitaria.

-Sí, también se puede llamar así, pero vamos, que no te preocupes,

que ya sabiendo lo que tienes,

podemos empezar cuanto antes con la medicación. ¿Vale?

¿Tienes alguna idea de cómo has podido contagiarte?

-Ni idea. ¿Cómo se coge?

-Pues o comiendo carne cruda

o carne poco cocinada de animales infestados. -Ya.

-Pues a Juanma le encanta la carne muy poco hecha, casi cruda, vamos.

-Sí, pero porque tampoco sabía que era malo.

A ver, es que mi abuelo es cazador

y siempre me hace los filetes que trae cuando sale.

-Te los comes prácticamente crudos, Juanma.

-Pues ya sabéis dónde se ha contagiado.

-Entonces, ¿es seguro que he adelgazado tantos kilos por eso?

No sé, ¿no me ha podido cambiar el metabolismo o algo?

-Seguramente sí que sea por eso.

-Pero es que es raro porque yo llevo adelgazando como casi un año

y los vómitos han sido los últimos días.

-Sí, pero la infección por tenia

no tiene por qué llevar unos síntomas asociados.

Puedes haberla tenido durante mucho tiempo y ahora,

como has tenido una gastroenteritis, pues por eso los vómitos.

Vamos, que eres la primera persona que conozco

que una gastroenteritis le ha venido bien. -Sí.

-Así que nada, enseguida vendrá la enfermera con la medicación

y te desharás del bichito cuando muera por las heces.

-Y, una pregunta, ¿es muy grande?

-Pero que no te preocupes por eso,

que tú ni te vas a dar cuenta cuando lo eches.

Y nada de mirar en internet,

que ya veo que eres un poquito aprensivo.

-Pues sí. Y, doctora, ¿cómo se toma la medicación?

-Bueno, eso os lo explica la enfermera.

Yo os voy a dejar la receta.

¿Estás bien? -Sí, sí, sí.

Es que solo pensar que tengo ese bicho ahí dentro...

-Pero que tú no te preocupes por eso,

que enseguida te vas a deshacer de él.

Parece que con el pescado y el Anisakis

estamos más mentalizados porque aparece más en los medios

que con los parásitos de la carne,

pero es importante no comer carne cruda y hacerla más de 60°.

También sería conveniente congelarla igual que con el pescado,

aunque esto no es del todo efectivo

porque podrían no eliminarse todos los huevos.

Y aunque sea obvio lo voy a volver a repetir,

hay que lavarse las manos antes y después de usar el baño

o podrían contagiarse otras personas.

-¿Ya? -Sí.

-Te encuentras mejor, ¿no? -Sí.

-Eh, amor.

Amorcito, te quería decir una cosa,

que siento mucho haberme dejado las pastillas por ahí.

Que es que pensaba que tú sabías que no te las podías tomar. ¿Eh?

Que te veo muy mayor.

A ver, dime, ¿cuántas te has tomado? -No lo sé, mamá.

No me hables ahora de eso, por favor. -Vale, vale.

A ver, ¿de qué quieres que hablemos?

Del helado que te voy a comprar cuando salgamos de aquí, ¿verdad?

¿De qué lo quieres? ¿De fresa, de chocolate?

¿Qué te gusta más? -Chaval, ¿cómo estás?

-Mejor. -¿Mejor?

Mira, te he traído una cosa.

Mi móvil viejo, para que juegues, ahora que estás por aquí.

Le dejas, ¿no? -Sí, a ver qué dicen los médicos.

-Toma, chaval. -Guay.

-Anda, que casi te lo cargas, ¿eh?

-Mi amor, voy a hablar un momentito con tu hermano, ¿vale?

A ver, estabas tú en casa.

Podías haber vigilado de que no cogiese las pastillas.

-¿Ahora va a ser culpa mía?

¿Tengo yo la culpa de que estés todo el día fuera?

-No, yo no estoy todo el día fuera,

yo estaba haciendo la compra en el supermercado.

-Sí, cuando no estás haciendo la compra, estás trabajando, ¿no?

Yo no tengo la culpa de que decidieras tener otro hijo

y de que papá te dejara.

-A ver, me paso la vida trabajando por vosotros y lo sabes.

Creo que cuidar a tu hermano un ratito no es nada difícil.

-Cuidar también de dónde dejas las pastillas es mi trabajo.

-Mira, no vamos a seguir discutiendo, ¿de acuerdo?

Lo importante es que tu hermano está bien. Eso es lo importante.

-¿Se queda aquí esta noche? -Sí, me voy a quedar yo con él.

Hay unos filetes de pollo en la nevera. ¿Te apañas?

-No te preocupes.

Ya me había mentalizado en quedarme, que tú debes estar cansada.

-No, de eso nada. Mañana tienes clase.

-De verdad. Me puedo quedar.

-Que no, tranquilo, que he pedido permiso en el trabajo.

Además, ¿no decías que te costaba cuidarle? ¿No?

-Vale.

Iba a hacer el esfuerzo, pero paso. Me piro.

Pero me voy porque quiero, no porque me lo digas tú.

-Muy bien, me parece muy bien.

-Venga, chaval, a ver si me ganas algún récord, ¿eh?

-Venga, descansa, anda.

-A ver, ¿a qué estás jugando?

-Esto. -Ah, qué chulo.

Tú lo haces muy bien, ¿eh?

-¿Sigue con fiebre? -Sí.

-No le ha bajado en toda la noche, por eso hemos vuelto.

-Bueno, es normal tener dos o tres días de fiebre

con cualquier tipo de gastroenteritis vírica.

Pero lo importante es que no dejes de tomarte el suero.

-Sí, sí, si lo hace. -¿Qué haces, papá?

-Pues buscar el suero, hijo. -¿Nos podemos ir ya?

Tengo exámenes finales y me estoy perdiendo clase.

-¿Y esto?

-¿No te has tomado la medicación?

Es que si no te la tomas, no te vas a poner bien.

-¿Y si no quiero curarme? Es que...

No quiero volver a pasar por lo mismo.

A lo mejor prefiero que me duela la cabeza de vez en cuando

a que me vuelvan a insultar porque estoy gordo.

Si yo sé que parezco imbécil, pero es que...

Es que me insultaban y...

Y no tenía amigos.

Y lo siento, lo siento muchísimo por la doctora y por mi padre.

Sobre todo por mi padre.

Con lo del instituto no me cosqué de nada

y me prometí que iba a estar más atento.

Y me ha vuelto a pasar.

No me lo puedo creer.

No... No recuerdo mi adolescencia,

pero supongo que todos seremos así a esa edad,

expertos en ocultar cosas.

No me he dado cuenta de que le daba terror

la posibilidad de volver a engordar.

Bueno, menos mal que nos lo ha contado.

Espero que me deje ayudarle.

(Megafonía) "Victoria Gutiérrez, acuda a sala de curas".

-Parece que el tratamiento con carbón activado ha hecho su efecto,

porque yo le veo mucho mejor. -Sí.

-¿Cómo te encuentras, campeón? -Mejor.

-¿Sí? ¿Ha dormido bien? -Sí, toda la noche.

-Genial. ¿Y tú?

-Bueno, yo he dormido un poquito peor porque he estado pendiente de él,

pero por un día que no duerma no pasa nada.

Permiso. -Sí, pasa.

-Ya están los resultados.

-Vale.

Son los resultados de los análisis toxicológicos.

Qué raro. -¿Pasa algo malo?

-No, que han salido negativas las benzodiazepinas, los ansiolíticos.

-¿No han sido mis pastillas? -Parece que no.

-¿Y entonces qué ha sido?

-Pues todavía no lo sabemos,

pero aunque él tiene mejor estado general,

como te acabo de decir, su ritmo cardíaco, su corazón,

sigue latiendo más lento de lo normal.

-Pero el lavado de estómago le ha sentado bien, ¿no?

-Sí. A ver, el carbón activado le ha sentado bien

y yo por eso en principio creo que se trata de una intoxicación,

pero lo que está claro es

que no ha sido una intoxicación con ansiolíticos.

Así que lo que vamos a hacer es

hacerle un análisis toxicológico ampliado, ¿vale?

Vamos a hacer un análisis más detallado. -Vale.

Bueno. ¿Qué tal, cariño? ¿Ha venido tu hermano a verte hoy?

-No lo sé. -No, es que tiene clases,

tiene que estudiar, así que no creo que venga.

Muy bien. -Casi mejor.

¿Quieres un poquito de agua? ¿Sí?

Hola, Esther. Eh.

Oye, ¿te has enterado de lo de Sergio?

No. ¿Qué le pasa? No, no, está bien, está bien.

Además, ha pasado una buena noche,

pero le han hecho un análisis de orina

y no han encontrado ni rastro de los ansiolíticos de la madre.

¿En serio?

¿Entonces?

Pues no lo sé, se habrá intoxicado con otra cosa.

Ya me extrañaba a mí. ¿El qué te extrañaba?

Pues que un niño como este,

que tiene una cara de listo que no se tiene,

se tome unas pastillas así de golpe, sin ton ni son.

Ya. ¿Y el hermano ha dicho algo? ¿Algo de qué?

A ver, fue él el que me dijo

que la madre había dejado las pastillas a la vista.

Bueno, me dio a entender que su hermano se las podía haber tomado.

Vamos a ver, Esther, ¿qué te dije?

Que ese chico tenía pinta de ser un manipulador de libro.

Clara, pero qué necesidad tiene de contarnos eso si no es cierto.

Bueno, vete tú a saber, los adolescentes son así, ¿eh?

Si yo te contara...

-Hola. -Hola.

-Voy a bajar a desayunar. Ah, muy bien.

Pues mira, espera que te acompaño,

que tengo que ir yo también para allá, ¿vale?

Muy bien. Hasta ahora.

Hasta ahora.

(Megafonía) "Doctor Seijas, acuda a quirófano 3, por favor".

-Buenos días. -Buenos días.

-¿Cómo va la cosa con la directora? -Ahí andamos.

-Pero ¿al final ha sido un despido procedente, improcedente,

o ha metido la pata hasta el fondo? -Pues no lo sé.

Estoy pendiente de que me dé una documentación.

He venido para eso, para que me la dé.

¿A usted qué le gustaría que pasara? -¿Cómo?

-Pues eso, que cómo le gustaría que acabara esto.

-No lo sé, no lo había pensado.

-Todavía tiene unos cuantos pisos para pensárselo.

-Para mí lo primero es el hospital... siempre.

Y solo espero que lo que ocurra no manche su buen nombre.

Eso sí, si la Dirección de este hospital

cometiera un grave error con un colega,

entonces, sí que sería importante tomar medidas,

para que sirva de ejemplo y para que los demás sepan

que aquí hacemos las cosas bien,

aunque la que haya cometido el error sea la directora.

-Dicen que como cirujano es un crack,

pero creo que también sería muy buen político.

-No le entiendo.

-¿Tiene algo personal contra la doctora Vega?

¿O es solo que si ella cayera,

usted sería el principal candidato a ocupar su puesto?

-Se equivoca. Se equivoca completamente.

-Aunque la doctora Vega piense que solo soy un gestor de camas,

llevo años ocupándome de asuntos como este,

y si algo he aprendido es que nadie

pone una denuncia contra otro compañero

si no espera sacar algo de ello.

-Siempre hay una primera vez para todo, ¿no?

No tengo el menor interés en ser director, Tévez.

Lo mío no es el papeleo,

bastante tengo yo con ser subdirector.

Yo soy más de terreno.

Lo mío es la consulta y el quirófano, lo demás ni me viene ni me va.

-Vale, perdone si le he ofendido.

Pero no lo haría usted nada mal.

En mi trabajo me encuentro bastante gente como Herrera.

Cuanto más subes en el organigrama de las empresas,

más te encuentras a ejemplares como este.

Pero prefiero no meterme en guerras que no van conmigo.

Yo hago mi trabajo independientemente de los motivos de la denuncia.

Si el despido ha sido justo, lo reflejaré en mi informe;

si no ha sido justo, pues también.

Eso sí, me ha tocado un poco la moral que Herrera me considere un tonto.

Todo ese disco sito de:

"A mí lo único que me importa es el buen nombre del hospital".

No me lo trago.

Qué va. No.

-Me faltaría una firmita por aquí y otra por aquí, ¿vale?

-¿Qué tal? -Hola.

-¿Cómo estás? -Pues ya ves, aquí con el finiquito.

¿Qué tal? ¿Alguna novedad por aquí? -No, qué va.

Como siempre, bastante jaleo. Te echamos de menos, la verdad.

-Gracias.

Y supongo que mi plaza sigue libre, ¿no?

¿Sigue llevando mis casos Vega? -A ver, sí.

No ha entrado nadie nuevo, y tus pacientes,

algunos los lleva Vega

y otros los hemos repartido entre el resto de médicos.

Yo, por ejemplo, llevo el cólico de Israel Benítez

que, por cierto, tuvo una complicación.

-Bueno, si necesitas saber algo que no esté en el historial,

me dices, ¿vale?

Empecé con él a trabajar aquí, o sea que...

-Claro.

Pues muchas gracias. Me alegro de verte, la verdad.

-Igualmente.

-Ay, que vaya bien. -Igualmente. Adiós.

A ver. -Doctor Merino.

-Supongo que aún se me puede llamar así, ¿no? ¿Me la quedo?

-Sí. -Gracias.

-No me gustó la conversación que tuvimos el otro día.

-Y eso que quedaste por encima.

No te preocupes, no llames a seguridad, que ya me voy.

Perdona, tengo el boli. -No sé para qué me molesto.

-A mí tampoco.

Tampoco me gustó la conversación.

Supongo que necesitaba echarle la culpa a alguien.

-Yo no te apuñalé en el juzgado.

Me mandaron hacer una valoración e hice lo que tenía que hacer.

-Ya, lo sé.

Yo también hice lo que tenía que hacer

sedando al paciente y asumiendo mis consecuencias.

-Que yo no comparta tus razones

porque tenemos criterio médico distinto,

no quiere decir que no las entienda.

-Bueno, espero que eso no impida que podamos trabajar juntos.

Quién sabe, quizá la próxima vez.

-Suerte.

La verdad es que no esperaba este tono de Merino, ¿eh?

No sé, imagino que a todos nos afecta llevarnos mal con los compañeros.

Y que conste que yo tengo la conciencia muy tranquila,

porque entiendo perfectamente

las razones que pueden llevarte a apiadarte de un paciente, soy médica.

Pero también creo que las cosas tienen que hacerse bien,

según las reglas y con comunicación.

Porque al final todo esto se reduce a que Merino no acepta mi opinión.

Bueno, que no acepta ninguna opinión que no sea la suya.

Pero, bueno, lo importante es que ya está hablado.

Mi paciente no me pidió, me rogó que le sedara.

Ojalá hubiera estado su familia, me hubiera ahorrado muchos problemas.

Lo peor es que si tuviera que volver al pasado,

volvería a hacer lo mismo.

Hice lo que me dictó mi conciencia.

Y si alguna vez me obligan a cambiar mi forma de hacer las cosas,

pues mira, dejaré la medicina.

Eso sí, me dolió mucho la valoración de Reina.

Y no porque alguien no te dé la razón,

sino porque ese alguien es una persona a la que respetas.

Si no compartiera su criterio, o me diera igual,

no habríamos llegado a este punto.

-Te dejo aquí la cuenta. Gracias.

Pablo, no sabía que ibas a venir.

¿Qué tal, cariño? -Tenía una hora libre.

He ido a ver a Sergio. -Muy bien.

Pero ¿tú no tenías un examen mañana?

-Sí. Pero tengo toda la tarde para estudiar.

¿Te importa si me organizo solo? -Claro.

Lo que pasa es que me ha extrañado verte por aquí.

-¿Cómo está Sergio? -¿No has subido a verle?

-Sí, está bien.

Quiero decir que qué han dicho los médicos.

-Pues al final no se había tomado las pastillas.

-Entonces, ¿qué le pasa? -Todavía no lo saben.

Tienen que hacerle más pruebas.

-Seguro que es un empacho de patatas fritas, como come tan mal.

¿Me das dos euros para un bocadillo? -Sí, claro. ¿No has desayunado?

-No, me he gastado el dinero para venir hasta aquí.

-¿Quieres que me quede contigo mientras desayunas?

-¿Para qué? -No, para nada.

Bueno, pues voy a subir a ver a Sergio. ¿Subes ahora?

-En un rato. -Vale.

¿Tú estás segura de que no lo han dejado aquí, Carmen?

-Voy a mirar en las carpetas por si estuviera, pero...

A lo mejor lo han dejado en la recepción...

-Clara. Oye, ¿has visto a Landó? No.

¿Por? ¿Pasa algo?

Pues nada, que le están buscando de Neonatos y no daban con él.

A ver si se ha quedado dormido. ¿Has mirado en su consulta?

He mirado en su consulta, en la sala de personal y no está.

Ay, no le habrá pasado algo a la niña.

Pues es que no sé, no me quieren decir nada.

Mira, ahí está.

Ay.

¿Qué tal? Ay, la Landoncilla. Es igual que tú.

Bueno, os dejo, que tengo mucho lío, ¿vale? Hasta luego, Ramón.

Chao.¿Qué tal? ¿Todo bien? ¿Qué ha pasado?

Sí, sí, todo bien. Le han dado el alta.

Bueno, ¿y por qué no estás dando saltos de alegría, hombre?

Pues básicamente porque tengo un bebé dormido en brazos.

¿Y qué tal? ¿Sabes si van a quedar secuelas o algo?

Bueno, pues todavía es pronto para saberlo, pero en principio no.

Pues buenas noticias, ¿no? Sí, sí, claro que sí.

Sonríe, hombre, que al final tienes aquí a tu niña en brazos.

Sí, la verdad es que no veía el momento de llevármela casa.

Aunque ahora empieza otra batalla, ¿eh?

Porque no sé si voy a poder cuidarlo solo.

Bueno, ya ves, tú has tenido dos hijos ya.

Ya, pero antes tenía una mujer que me ayudaba

y ahora Berta, la pobre, no está para ayudar a nadie,

y menos a su hija. Tranquilo, que todo va a ir bien.

Sí, a ver cómo me lo organizo.

Porque, la verdad, es que no sé con quién la voy a dejar

cuando tenga que venir a trabajar.

Pues con algún familiar que te pueda echar una mano.

No, si es que... Yo qué sé, con todo el lío de Berta,

pues... Y, además, con mis hijos era Lucía la que lo organizaba todo y...

Bueno, pues ahora te va a tocar pelear el tema de la conciliación.

Supongo que sí.

Bueno, seguro que encuentras a algún familiar

o alguien que te eche una mano, ya verás.

Y al final piensa que qué suerte tienes de tener a tu hija

y que te vas para casa. Sí.

Ya quisiera yo poder decir lo mismo.

Oye, pero... ¿El vuestro todavía sigue en el hospital?

Sí. Y hoy todavía no me ha dado tiempo a ir a verle,

así que se me está haciendo eterno.

Ya.

Bueno, que te dejo,

que todavía tengo que intentar poner la silla en el coche,

que no las tengo yo todas conmigo.

Pues yo te echaría una mano,

pero soy un desastre para esas cosas, así que...

Gracias. Bueno, hasta luego.

Adiós.

Oye, ¿quieres que hablemos de...? -Que sí, que ya te lo he dicho,

que me lo voy a tomar. Puedes estar delante si no te fías.

-No, no, no me refería a eso. Me refiero a tu miedo a engordar.

-Pero es que no sé qué hay que hablar.

Está bastante claro, ¿no? No quiero volver a engordar y que...

Y que me hagan eso otra vez. No es tan difícil de entender.

-No te pongas a la defensiva. Solo quiero ayudarte.

-Pues no necesito tu ayuda. Gracias.

-Juanma.

Juanma,

todos necesitamos ayuda en algún momento.

Ya sé que soy la última persona a la que se la pedirías

porque solo soy un puretas que no se entera de nada.

Pero déjame intentarlo, por favor.

Es una ayuda de ti a mí, ¿eh?

No de mí a ti, que ya sabemos que tú no lo necesitas.

Ah, venga.

Pero no lo intentes muy fuerte, ¿eh?

Mira, hijo,

entiendo tu miedo, pero créeme

que mantenerte en tu peso es algo que solo tiene que depender de ti,

no de un parásito en tu barriga. -Pero ¿tú has visto la foto?

Es asquerosa.

-Ah, no quería decirte nada por si te daba mal rollo.

-A ver cómo me duermo yo esta noche

sabiendo que tengo ese bicho ahí dentro.

-Ni lo pienses. ¿Sabes qué?

Me ha llamado la doctora

y me ha dicho que tiene un servicio de dietistas

y que nos pasemos por allí para que te hagan una dieta personalizada

y un seguimiento. ¿Qué te parece?

-Pues que tú también podrías aprovechar,

porque últimamente también te has venido un poco arriba.

-Pues sí. Seremos el comando brócoli.

Pero antes una cosa,

si al final engordas un poco por tu metabolismo o lo que sea,

no pasa nada.

Tienes que aprender a quererte, y a querer tu cuerpo,

que es el único que tienes para toda la vida.

-Cuando te intentas poner serio, te pones de un pedorro...

-Tú sí que eres pedorro.

Anda, vamos.

Ay, oh.

Ah, Rosa. Mira, por favor, quédate un momento con tu hijo, ¿vale?

-¿Ha pasado algo? Vamos a ver, tranquila.

Sí, ha empezado a vomitar.

Dice que le duele mucho la barriga y no entiendo nada

porque esta mañana estaba perfectamente.

Oye, ¿tú le has dado algo? -No, yo no.

¿Seguro? -Sí. Segurísimo.

Vale, pues entonces no te preocupes.

Voy a avisar a la doctora, ¿vale? Quédate con él. Enseguida vengo.

Amor, ¿cómo estás?

-Bueno, pues aquí están los artículos del reglamento del régimen interno

y del régimen disciplinario del personal sanitario

que infringió Merino.

-A tu juicio. -A mi juicio.

-¿Están todos?

-A no ser que se te ocurra pedirme

el código deontológico del personal de cocina, sí.

Te lo pasas bien con todo esto, ¿eh?

-Bueno, esto es igual de aburrido para mí que para ti.

-Lo dudo. He dormido cuatro horas preparando esa documentación

y he tenido que anular varias citas esta mañana.

-Pues suena bastante interesante.

Supongo que son los gajes del oficio de directora de hospital.

-¿Te hacen mucha gracia mis problemas de sueño?

-Lo que me hace gracia son las vueltas que da la vida.

Recuerdo mis noches de insomnio

los días previos a que me dieran el cargo de coordinador de zona.

Había mucha gente empeñada en que no me lo dieran a mí.

-¿Vas a volver con todo esto? -No, no. Hemos terminado.

Ya te llegará una notificación con la resolución.

-La verdad es que con el poco tiempo que llevas se te da bien, ¿eh?

-¿Lo dices en serio o me estás haciendo la pelota?

-Descúbrelo tú, eres el coordinador de la zona.

-Si lo dices en serio, me alegro, ¿eh?

Un poco de ilusión sí que me hace, para qué te voy a engañar.

-Nunca bromeo, ni con el trabajo ni en el trabajo.

-Me gusta tu política.

Sigue así frotando la lámpara,

a ver si con un poco de suerte el mes que viene tienes aquí

la nueva máquina de diálisis.

-Tévez, más te vale que tampoco seas de los que bromeaban en el trabajo.

-Ya me irás conociendo. -Eso espero.

Ah, por cierto, y dile al doctor Merino

que si lo que quería era fastidiarme, lo ha conseguido.

-No, no, Merino no ha tenido nada que ver con esto.

-Déjate de coñas, que esto es importante para mí.

-No, no, no estoy de coña. No bromearía con algo así.

Ya te llegará la resolución.

-Ciao. -Adiós.

-¿Qué no sabes?

-Pues que a lo mejor no le gusto.

A lo mejor no le gusto lo suficiente, por eso...

-Por Dios, cómo no le vas a gustar. Si me gustas hasta a mí.

-Va en serio. -Que sí.

-A mí nunca me ha pasado esto con un tío, y si pasa es por algo.

-Oye Clara, una cosa, tú estuviste por aquí, ¿verdad?,

el día que vino el coordinador. Sí.

¿Le viste hablando con alguien aparte de conmigo?

Pues la verdad no me fijé. ¿Por?

¿Puedes preguntarle al resto de enfermeras?

-¿Y qué es lo que tiene? No sé, es que no entiendo nada.

Si estaba bien, ¿cómo es que de repente ha empeorado?

-Rosa, nadie tiene la culpa de lo que le pasa a Sergio.

En cuanto tengamos los resultados, te digo algo.

-Gracias. -Venga.

"Disfunción eréctil".

Que me he dejado una cosita por aquí. No sé si...

¿Esto? Justo, sí.

Es que tengo un amigo que juega al tenis conmigo

y me ha pedido consejo.

-A lo mejor tú sabes algo que ellos no saben.

-¿Cómo?

-No sé, que tú pasas mucho tiempo con Sergio.

-Yo no paso tanto tiempo con Sergio. -Pablo, es tu hermano.

-Y es tu hijo. ¿Por qué no ayudas tú a los doctores?

No coincidirías tú el otro día aquí con el coordinador de zona, ¿verdad?

Sí, le acompañé al despacho de la directora.

Ah, ¿sí? ¿Y sabes lo que hizo después?

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Centro médico - 18/10/18 (2)

18 oct 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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