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No recomendado para menores de 7 años Centro médico - 17/10/18 (1) - ver ahora
Transcripción completa

-Merino es un gran médico y lo sabes de sobra.

Lo ha demostrado cien veces.

¿No crees que igual te has podido precipitar?

-Andrés, por favor.

-Ángela, tú y yo también hemos tenido nuestras diferencias.

-Tu caso es distinto al de Merino.

-Somos médicos.

Al final todos buscamos lo mismo, ¿o no?

-A mí me designaron para tomar una decisión, un peritaje.

¿Sabes lo que es eso?

Pues que sea la última vez

que me tachas de apuñalarte por la espalda.

¿Qué pensabas?

¿Que porque no conocíamos iba a cambiar mi criterio médico?

¿Que iba a ignorar las normas, como haces tú?

-Solo tuve piedad de mi paciente.

-Una piedad que te llevó a los juzgados.

¿Por qué no le diste un papel a firmar?

-¡Porque estaba en muerte cerebral!

-¡Pues habérselo dicho a sus familiares!

-¡No se fiaba de sus familiares!

¿Por qué iba a necesitar su consentimiento?

-¡Pues porque la vida es así, Merino! Porque ser médico es así.

Tú no eres nadie para decidir sobre la vida de...

-¡Que yo no decidí! ¡Decidió él!

-Deja de culpar a los otros lo errores que tú cometes.

Deberías estar inhabilitado.

-Eres un sol por preocuparte por mí, pero estoy bien, de verdad.

Has hecho un gran trabajo conmigo, ¿vale?

-Ven a verme, anda, ¿eh? -Claro.

-Que quiero hablar contigo. -Vale.

(Música cabecera)

¿Qué haces?

-Tenemos que hablar.

Te tengo que contar una cosa.

Elena, no, por favor.

Elena, espera. -¡Déjame en paz!

-Elena, escúchame un segundo, por favor.

¿Por qué no vamos a casa, nos relajamos los dos un poco

y hablamos de esto de manera civilizada?

-¿Por qué? ¿Hay algo más que me tengas que contar,

a parte del bochorno este? -Elena, sé cómo te sientes.

Sé cómo te sientes, de verdad.

No es fácil enfrentarse a esto, pero...

Déjame que te explique, por favor.

-¡No me toques, David, no me toques! -Vale, tranquila.

Estás en shock, lo sé.

Pero te juro que no quería que te enteraras de esta manera, de verdad.

-¿Por qué no?

Si una imagen vale más que mil palabras.

-No, Elena, no. Esta no es la manera.

Se ha precipitado todo. Lo siento.

-Ya...

¿Y cómo pensabas contarme que eres...?

Bueno, no sé... ¿Qué eres?

¿Transexual?

Dios mío... Si es que me suena a chiste.

-Pues no lo es.

Esta soy yo.

Así, tal y como me ves.

Y esta ropa refleja un poco cómo me siento.

David... David...

Amor mío, dime que todo esto no está pasando.

Por favor, dímelo.

-En realidad,

soy Natalia.

-¿Estás enfermo? -No, Elena, no...

-Sal de aquí. -Elena, no estoy enfermo,

así es como me siento.

-Sal de aquí ahora mismo. No te quiero volver a ver en la vida.

-Por favor, no me hagas esto.

Elena, no me hagas esto, por favor. -¡Es que no me lo puedo creer!

O sea, y has tardado...

¿Veinte años en decirme esto?

¡Sal de aquí ahora mismo!

¡Es que no te quiero volver a ver en la vida nunca más!

-Por favor, no me hagas esto. -¡Sal del coche, David!

-Elena, no me hagas...

-¡Por favor!

(Frenazo de coche)

¡David!

¡Bote! Gracias.

¡Buongiorno! -Hola, Rafa, lo de siempre.

-Marchando un café hirviendo.

¿Qué tal está? -Bien, ¿por?

-Lo digo porque...

Que me he enterado de lo del despido del doctor Merino.

A ver, que me imagino que no es fácil despedir a alguien,

y menos cuando uno se lleva bien y... -Estoy bien, Rafa, gracias.

-Vale, voy a por el café.

-Pero bueno...

¿Tú no tenías que estar

en una reunión con los de suministros de ortopedia?

-Tenía... La he anulado, sí.

-Bueno, si estás muy liada,

te puedo echar una mano, me puedo encargar yo.

Además, le tengo unas ganas al estirado ese

que nos trae los clavos de titanio, que cuando le pille...

-¿De titanio? ¿Pero qué tratan, con pacientes o con transformers?

¿Qué le pongo? -Un cortado.

-Te lo agradezco.

Lo de los implantes digo, pero ya me encargo yo.

La he aplazado un día porque no he dormido

y quiero estar bien fresca con esos buitres.

-Ya...

-¿Cómo que "Ya"?

-Bueno, que me imagino de dónde puede venir tu insomnio.

Y si te sirve de consuelo,

aunque fui yo el que insistió que contrataras a Merino,

apoyo totalmente tu decisión.

-No es eso lo que me quita el sueño.

-Gracias.

¡Ah! ¡Qué caliente! Este es el tuyo.

-Ahora ya sé para quién son los implantes de titanio.

Para todo aquel que ose tocar el café de la señora directora.

-Sea lo que sea, estoy contigo con lo de Merino.

Hoy invito yo. Toma, mira, justo. -Gracias.

-¿Te veo luego en el hospital?

Venga, hasta luego. -Adiós.

(Música)

(Megafonía) "Los familiares de Cecilia Martín

pueden pasar a la sala de espera, por favor".

-Toma.

Buenas. -Hola.

-¿Esa cara que llevas es de concentración o de sueño?

-Pues esta cara es un 10% de sueño y un 90% de tedio.

-Vaya...

Si se te ocurre algo que pueda hacer

para disminuir esos nieles de tedio, me lo dices.

-Ya, es que el otro día entendí que...

-Sí, sí, perdona. El otro día estaba yo un poco...

Oye, que luego tengo libre.

-Buenos días. -Hola, Matías.

-Doctor Herrera...

-Eh... Bueno, me voy que tengo una operación en 10 minutos.

-¿Qué tenemos para hoy, Candi?

Herrera siempre tiene que aparecer en el momento menos indicado.

Tiene un don para eso, igual que mi mujer.

Por lo menos, ella no se ha dignado a venir nunca al hospital.

Dice que le dan aprehensión, pero yo creo que es más bien que...

Que no le importa demasiado dónde trabaja su marido.

Y yo he de reconocer que, a mí, eso me va bien.

-¡Sonia, Sonia, Sonia! ¿Se puede saber qué te pasa?

-Déjame en paz.

-El doctor solamente está haciendo su trabajo, ¿eh?

-¿Es que por qué me has traído aquí?

Estoy bien. -Mira, no estás bien.

¿Es que no te ves?

Haz el favor de entrar y le pides disculpas al doctor.

-¿Disculpas de qué? Si no tiene ni idea de nada.

-Sonia es muy complicada, es complicadísima.

Es más cabezona que una mula.

Y hay veces que a mí me hace perder los nervios.

Pero bueno, yo...

Yo soy el adulto y se supone que tengo que mantener la calma.

Así que cálmate, Rober, cálmate...

Bueno, mira, vale, nos calmamos los dos, ¿vale?

-Sonia... -Estoy bien.

Solo es que tengo un catarro.

-No, Sonia, que esto es mucho más que un catarro.

Que tienes asma, que te acaban de decir que eres asmática.

Se trata y ya está. -No pienso tomarme más veneno de ese.

No estoy enferma. -Sonia, por favor.

Por favor, te lo pido.

-Mira, paso de ti y de los de las batas blancas.

-Sonia, espera, por favor. -¡Déjame!

Espera, te has dejado la mochila.

-Gracias.

-Discúlpela, que ella no lleva nada bien

que le hayan dicho que es asmática.

Es que es una de cracks del equipo de baloncesto del centro.

-¡Que no soy asmática! -Sonia, por favor...

Perdón, ella no es así normalmente, de verdad.

No, no, tiene carácter.

Eso es fundamental para competir, ¿no? ¿En qué posición juegas, Sonia?

-De dos, de escolta y a veces de base.

-Lo hace bien donde la ponga.

Hay partidos en los que se hincha a coger rebotes.

Sí, no hace falta que lo jures, lo acabo de ver hace un momento.

¿Tienes un minuto, Sonia? -¿Para qué?

Me gustaría que tuvieras una conversación con alguien.

Será breve, ¿eh? -¿Para hablar de qué?

Pues, verás, creo que te podemos ayudar con el tema del asma,

o lo que sea que tengas. -¿No serás un loquero o algo así?

No, no, no, no.

Tampoco te voy a llevar al psiquiatra, ¿eh?

Será una conversación, breve... Bueno, y si no te convence,

pues te puedes levantar y marcharte cuando quieras.

-Paso.

-Muchas gracias, doctor... Yo intento convencerla. ¡Sonia!

¡Sonia, espérame, por favor! ¡Sonia!

¿Que no es un loquero?

Si se sabe todos los trucos.

O sea, primero te llama por tu nombre, ¿sabes?,

para pillar un poquito de confianza. Luego, yo qué sé,

un poquito de peloteo, o te cuenta un chiste...

Pues no. Pues a mí no me la das

porque yo esto ya lo he vivido, ¿sabes?

O sea, le tendría que haber contado lo de mi último psicólogo,

que pilló una baja por depresión.

Pues no fue por mi culpa. Pero...

Bueno, no sé, a lo mejor sí, pero porque el pavo se rayó, y ya está.

-Hola. -Hola.

-A ver, entonces...

Tu nombre es David Castillo.

-Bueno, en realidad, me llamo Natalia,

pero todavía no he ido al registro civil

para lo del cambio de nombre y todo eso.

-Pero tú no te preocupes que aquí te llamamos como tú quieras.

¿Qué tal va el dolor? -Mal.

-Es que ha tenido que ser una caída fea.

-Bueno, y podía haber sido peor.

Menos mal que el coche me esquivó para no darme de lleno.

-Y menos mal que no ha sido una fractura abierta.

Pero lo que sí que en la radiografía hemos visto

que tienes una doble fractura de tibia y peroné.

-No, por favor... Pensé que iba a ser menos.

-Pues lo siento mucho, Natalia, pero es que te tenemos que operar.

-Lo que me faltaba...

-¿Tienes algún tipo de enfermedad crónica?

-No, que yo sepa.

-¿Algún tipo de alergia, ácaros, polen, medicamentos, metales...?

-No... Mira, lo que tengo es un dolor insoportable.

-Bueno, pues tú no te preocupes que yo ahora aviso a la enfermera

y que te suba la dosis de los analgésicos

para que te sientas mejor. -Sí, por favor,

porque es que cada vez me duele más. -Vale.

¿Has venido acompañada? ¿Quieres que llamemos a alguien?

-Bueno, no sé si estará mi mujer fuera.

Ella estaba cuando lo del accidente, pero...

No sé, no creo... No creo que esté.

-Bueno, yo me voy a pasar por la sala de espera a ver si hay suerte. ¿Vale?

-Vale. Ella...

Me conoce más por...

Por David.

-Vale, muy bien.

-Oye, otra cosa. -¿Sí?

-¿Podrías avisar a Lucía Velázquez? Fui su paciente.

-Claro, claro. Sí, voy a ver si está y se lo digo.

-Muchas gracias otra vez. -Nada.

Por cierto, que me encantan tus zapatos porque son muy flamencos.

(Móvil)

-¡Flor!

Hola, cariño, ¿qué tal?

¿Que estás en el aeropuerto?

Pero...

Sí, vale, vale, vale.

No me enrollo más, pero déjame un mensaje cuando llegues, ¿vale?

Vale. Sí, sí, yo todo bien. Todo bien, ya estoy llegando a casa.

Vale. Mucha suerte, amiga.

Se llama Sonia, y está internada en un centro de menores

y, por lo que me cuenta su entrenador,

pues no lo ha pasado demasiado bien.

Ya, ya, si conozco el perfil. He trabajado en voluntaria en alguno.

Hay cada historia...

Ya, pero algunas historias salen bien.

De hecho, el chico, que se llama Rober,

me ha comentado que el baloncesto es como su terapia, ¿no?,

y ha conseguido que el equipo sea

como una tabla de salvación para muchas de ellas.

¿Ah, sí? Pues si la chica es deportista,

enterarse de que es asmática, ha debido ser un palo, ¿no?

Eso parece.

Ha tomado algo de inhalación con un broncodilatador,

pero luego se cabreó, salió de aquí corriendo, en fin.

Yo lo que creo es que el entrenador necesita un poco de ayuda extra.

Ya, pero si a ti no te escucha y al entrenador tampoco le hace caso,

¿cómo voy a ayudar yo? Con tu experiencia, Pepa.

Con tu experiencia.

Le he dicho a Rober

que tú estás llevando un programa de educación para la salud.

¿Cómo? No. Llevaba.

En este hospital ni siquiera existe ese departamento, Ramón.

Ya, pero eso Sonia no lo sabe, ¿eh?

Y además, aunque el departamento no exista,

estás tú, que es lo que cuenta. -Pero vamos a ver.

¿Y si se entera dirección?

Es que eso es saltarse las normas a la torera.

Tú mismo dijiste que había que tener cuidado.

Ya, pero no tienen porqué enterarse.

Si no sale de esta consulta, yo no veo el motivo.

No, no, no sé, no sé... Escúchame.

Tú eres la única persona que puede convencer a esa chica

para que se someta al tratamiento.

Por favor, esa chica necesita una oportunidad.

Pero es que me estás pidiendo una ilegalidad.

A ver...

Oye, cuando Rober me ha llamado

para decirme que Sonia había aceptado tener la entrevista,

me ha puesto en antecedentes.

Esa chica es adicta desde que tiene 11 años.

¡Buf! Escúchame.

Y tú y yo sabemos que el deporte es lo único que se interpone

entre esos chicos y una recaída.

Y a veces ni tan siquiera el deporte funciona.

¿No crees que merece la pena intentarlo?

Por favor.

Vale. Está bien, dile que venga hoy mismo.

Gracias, pero no hace falta porque están ahí fuera esperando.

¿Cómo? Pero... Serás... ¿Y si te llego a decir que no?

Pero me has dicho que sí.

Yo creo que, algunas veces,

los pacientes no mejoran de sus enfermedades,

es más, empeoran, porque no siguen adecuadamente los tratamientos,

y las causas pueden ser muchas.

Falta de comunicación con el médico o con todo el personal,

no tienen claro cuáles son las pautas de administración,

pueden tener una falsa sensación de mejoría

o tienen miedo a la medicalización,

la desorganización del paciente también cuenta...

Y yo creo que mi trabajo consiste en detectar también estos problemas

y ayudas a esas personas.

Bueno, Pepa, te presento a Sonia y él es Rober.

-Hola.

Es nuestra paciente que se le ha diagnosticado asma,

así que trátala bien, por favor.

-Sí, bueno, es normal que estés asustada, ¿eh?

Pero si sigues las pautas del tratamiento

puede ir todo bien, y si tienes alguna duda

solo tienes que preguntar.

-Pues sí, tengo una duda,

¿en la NBA, los jugadores pueden jugar con esa mierda en la boca?

-Sonia, córtate un poco, ¿vale?

El doctor y la enfermera están aquí por ti, para ayudarte.

-Déjame tranquila, ¿vale?

-Bueno, el doctor Landó y tu entrenador van a salir fuera

y nosotras nos quedamos un ratito hablando, ¿te parece bien?

Venga, vamos.

-No la líes. -No, pesado.

-Siéntate, anda.

-Bueno, ¿tú también me vas a dar la chapa?

-¿Sabes una cosa? Tu entrenador se equivoca.

-Muy bien, te has dado cuenta.

-Se equivoca en que yo no estoy aquí por ti,

esta es mi consulta, yo me voy a quedar aquí,

tanto si te quedas como si te vas, así que me da igual lo que hagas.

-Pues que te den a ti también.

-Vale, muy bien, que me den a mí también,

pero antes déjame decirte una cosa.

Si no te tratas, no vas a poder jugar al básquet.

-Me da igual.

Eso no te lo crees ni tú. -¿Y tú qué sabes, si no me conoces?

-Tienes razón, no te conozco,

pero conozco muchos deportistas asmáticos.

-¿Sí? Paralímpicos y esos, ¿no?

-Es una pena que no los respetes más, deberías admirarlos,

porque ellos practican deporte a pesar de su circunstancia especial.

¿Te suena Gemma Mengual?

¿Induráin? -No.

-¿David Beckham?

-El último un poco más, pero tampoco.

-Son todos números 1 del deporte,

han ganado medallas olímpicas, Tour de Francia, mundiales de fútbol,

y todos tienen una cosa en común, son asmáticos, igual que tú.

-Venga, va.

-Es verdad,

míralo en el móvil.

Y que te vaya bien, ¿eh? Suerte.

-¿Y ya está, se ha acabado la visita?

-Claro, para qué vamos a continuar, si tú no quieres tratarte.

-Bueno, a ver, pero puedo probar unos días a ver cómo me va.

-O te comprometes de verdad o ya sabes dónde está la puerta.

-A ver...

Si yo vengo aquí,

¿podré jugar a baloncesto?

-Claro que sí,

pero primero vamos a tratar esa crisis que tienes ahora,

¿te parece? Venga.

-Hola, Carmen, ¿le puedes dar esto a Rocío cuando la veas?

-Claro. -Muchas gracias.

Hola. -Hola, ¿qué tal, Lucía?

-Bien, bien.

-Estoy aquí por David,

ha tenido un accidente y se ha fracturado la tibia y el peroné.

-Ya, ya me había contado ella lo que había pasado.

-¿Ella? -Sí.

-O sea, ¿que tú lo sabías?

¿Lo sabías y no me dijiste nada?

-Elena, no te podía decir nada

porque no puedo contar lo que pasa dentro de una terapia,

es que es secreto profesional.

-Pero David hacia terapia por otra cosa,

él estaba haciendo terapia contigo

para liberarse del estrés en el trabajo, no entiendo qué...

-También.

-Yo soy tonta.

-Intenté que lo asimilara y que lo hablara contigo, la verdad.

-Enhorabuena,

tu terapia ha sido un completo fracaso.

-Lo siento, y sé que puedes estar dolida,

y vamos, es que estás en tu derecho...

-¿Dolida? He llegado a mi casa

y me he encontrado a mi marido vestido de mujer

diciéndome que ya no se llama David, que se llama Natalia,

o Natasha, o no sé cómo...

-Natalia, quiere que le llamemos Natalia.

-Natalia...

-Quiero que pienses que aunque haya pasado esto,

en esencia sigue siendo la misma persona

y que estaría muy bien que le escucharas,

aunque solo sea por todos los años que habéis pasado juntos.

-Esto es una pesadilla, y no me está pasando, Lucía.

-Si quieres empezar a salir de esa pesadilla,

mi recomendación es que la escuches, que dejes que se explique.

¿Lo vas a intentar?

-Pues no sé si voy a poder.

El mundo de Elena es que se ha derrumbado, ¿no?

De la peor manera posible, porque ha sido sin previo aviso,

y Natalia y ella tiene muchas cosas de las que hablar.

Yo creo que van a necesitar ayuda,

pero bueno, por lo que he hablado con ellas,

me da la sensación que ya no confían mucho en la terapia.

-¿Te queda alguna duda, Sonia?

Es muy importante que tengas claro cómo y cuándo

tienes que usar el inhalador, ¿eh? -Tranqui, lo he pillado.

-Vale.

-¿Tú me ves preparada para jugar el sábado?

-Sí, pero tienes que seguir el tratamiento,

y dos cosas, no te metas mucha caña, ¿eh?

Y que no se te pase ningún "puf". -Vale, sí.

Pues me voy, que Rober me está esperando.

Muchas gracias. -A ti.

-Ah, por cierto, el rollo este de educación para la salud mola mucho,

y ya te contaré qué tal el partido.

-Gracias. -Chao.

-Bueno, bueno, bueno. Partido.

-Juega al baloncesto.

-Ah, no sabía que tenías montada una consulta privada

para deportistas en la consulta del doctor Landó.

Ya que tienes un negociete, espero que le des una buena comisión.

-Me pidió ayuda con una paciente, eso es todo.

-Tampoco sabía que en el hospital hubiera

un departamento de educación para la salud.

¿Esto es cosa tuya o también es del doctor Landó?

-Es cosa mía, necesitaba que pareciese oficial

porque si no, ella no iba a querer estar en el tratamiento, así que...

-Vale, vale, excusa no pedida, culpa manifiesta.

-No es una excusa, es la verdad.

-Llámalo X. He venido a buscar al doctor Landó,

y como veo que tú tienes mucho tiempo libre, localízalo tú, por favor.

Que vaya a neonatología.

(Llaman a la puerta)

¿Sí?

-¿Puedo pasar?

-Claro, pasa.

Gracias por venir.

-Me han dicho que van a operarte.

-Sí, me he roto la tibia y el peroné,

y parece ser que me tienen que poner unas placas

para que se suelden los huesos, y...

Elena,

sé cómo te sientes.

-Lo siento, pero no tienes ni idea, David.

-¿Te crees que ha sido fácil para mí?

No sabes lo terrible

que ha sido tener que ocultar mi identidad durante tantos años.

-Tantos años, ¿eh?

Tantos años y no has reunido el valor suficiente o la decencia

para decirle a la mujer con la que te acuestas cada noche, David,

que eres gay, o travesti, o lo que quiera que seas.

-No soy gay,

soy una mujer a la que por desgracia

le ha tocado vivir dentro del cuerpo de un hombre.

No lo entiendes,

pero llevo toda mi vida sintiéndome Natalia.

-Para,

no voy a tener la conversación más triste de mi vida

llamando a mi marido Natalia.

-Está bien.

Para ti, hoy,

y por última vez,

seré David.

-No lo entiendo, estaba deseando llegar a casa,

meterme en el sofá contigo y que me abrazaras.

-¿Pero qué te crees, que yo no?

Elena, tú eres la que me da el amor, el cariño que necesito,

yo también estaba deseando verte.

Elena, te quiero.

-Cállate, por favor.

-Eso lo tengo claro, pero también tengo claro

que me siento mujer.

Lo único de lo que me arrepiento es de no habérselo dicho antes,

y de otra manera.

Me voy a ir a casa.

Ya ha sido suficiente por hoy, estoy agotada.

-Tienes razón, ha sido un día muy largo.

Vete a casa, intenta descansar, y si quieres, mañana hablamos.

-Quiero que te vayas de casa, David.

-¡Elena!

-Sí, mañana te traeré una maleta con tus cosas.

Si quieres coger algo más,

te pido por favor que mandes a alguien,

pero que tú no aparezcas por casa.

-De acuerdo.

Tráeme solo la bolsa de deporte

que está abajo guardada en mi armario.

Ahí tengo una muda y un neceser.

-Ok.

¿Tienes un momento? -No.

-¿Qué estás haciendo, te puedo ayudar en algo?

-Buscando el planning de los cursos de formación del próximo trimestre.

-Bueno, pues vamos a ver...

Aquí tienes tu planning.

Tengo dos problemas. -Ya, y yo, mil. Adiós, Matías.

-¿Te encuentras bien, Ángela?

-Está bien, a ver, primer problema, suéltalo.

-Bueno, a ver, no es grave ni es urgente,

pero sí que me parece curioso.

Una de las enfermeras, de las nuevas,

ha creado un departamento que se llama educación para la salud.

-¿Y qué quiere, una medalla?

Porque si que lo que busca es dinero,

no me queda ni un euro más para ningún departamento.

-A ver, no es que nos esté sugiriendo que lo creemos, no,

el problema es que vaya diciendo por ahí a los pacientes que existe.

Eso va en contra de la filosofía del hospital,

y es una muestra evidente de indisciplina.

-Gestiónalo tú, carta blanca.

Siguiente problema. -Gracias por la confianza.

Bueno, el siguiente problema es un poquito más peliagudo,

no deberías delegar. -Eso lo veremos. Suéltalo.

-Se trata de Merino y el paciente que tiene cáncer, Imanol Cánovas.

-¿Está aquí? -No, que yo sepa,

pero bueno, el tema es que un amigo mío,

un contacto cercano al coordinador de zona me ha dicho

que va a venir a verte. -¿Y qué quiere tu amigo, trabajo?

-El que va a venir a verte es el coordinador de zona, Ángela.

Ya, por el despido, supongo.

-Alguien ha ido diciendo por ahí que es improcedente.

-Nada nuevo, no conozco a nadie que piense

que su propio despido es procedente. -Lo más seguro

es que haya sido Merino, pero no lo sé, la verdad.

¿Quieres que investigue un poco más para saber quién ha podido ser?

-No hace falta, si quiere venir el coordinador, que venga,

no tengo nada que ocultar. -Muy bien,

solo quería que lo supieras. -Pues ya lo sé, gracias, Matías.

-Bien, hasta luego.

Ahora, que tiene que ser un papelón, ¿eh?

Tú imagínate que llegas a tu casa

y encontrarte a tu marido con tu camisón puesto.

-Ya, pero hay que tener cuidado,

porque también tiene una actitud Elena...

¿Quieres café, no? -Sí, sí.

Ya, ya, pero es que...

¿Tú crees que esa mujer ha podido convivir todos esos años

sin sospechar ni un poquito de su marido?

-Pues mira, es que hay gente que sabe mentir

de una manera que no te digo cómo.

-Ya, pero hay gente que solo ve lo que quiere ver.

-Pues como todo el mundo.

Tarde o temprano,

la gente lo que hace es mentir para no enfrentar la realidad.

¿Leche o qué? -Sí, un poquito.

-A ver , ¿ya? Ya está, ya está. -Venga.

-Es que a veces, la realidad tiene su tela, porque vamos,

yo me pongo en la piel de Elena, y tiene que estar flipando en colores.

-Hombre, si su marido le decía

que estaba viniendo a terapia por estrés laboral. ¿Quieres azúcar?

-No, no. Vaya tela, ¿eh? -Sí.

-¿Y tú no estuviste un poco tentada, tú sabes,

decirle algo a la mujer o darle una pista, aunque sea?

-Rocío, que yo no puedo decir nada, lo tiene que decir el paciente.

-Ya, ya, ya.

Pero vamos, ahora la que va a necesitar terapia,

pero a chorro, va a ser Elena. -Hombre, debe tener la cabeza a mil.

-¿Y tú crees que un palo así se supera alguna vez en la vida?

-Pues yo que sé, hay gente que lo supera y hay gente que se hunde.

-¿Y qué crees que va a pasar con estos dos?

-Si fuese adivina... -Ya.

Tener empatía es fundamental para ser un buen médico,

pero si soy sincera, me cuesta mucho trabajo

ponerme en el lugar tanto de Elena como en el de Natalia,

así que me voy a centrar

en que se recupere de su fractura de tibia y peroné,

y el resto, pues se lo dejo a Lucía.

Sonia, ¿qué haces aquí? -Te estaba esperando.

-Pero teníamos cita mañana, ¿no? -Ya te vale, me la metiste doblada.

-¿Cómo, por qué dices eso? -¿Que por qué?

Porque ese tratamiento es una mierda.

-Entramos al hospital

y me lo cuentas con tranquilidad en la consulta.

-Quita, contigo no voy ni a buscar dinero.

O sea, me fundí el inhalador para nada. -¿Qué hiciste?

-A ver, me entró asma antes del partido,

o sea, no pude jugar ni cinco segundos,

y además, Rober me tuvo que cambiar.

-Te advertí que no te excedieses con la dosis.

-No, tú lo que me dijiste es que podría jugar.

-No, yo te dije dos cosas, que siguieses el tratamiento

y que no te metieses caña, y por lo que veo,

no has hecho ni lo uno ni lo otro.

-Mira, entre tú y Rober, me tenéis contenta.

-¿Qué haces?

-¿Qué pasa, tampoco me puedo echar un piti?

-Ah, o sea, que fumas, ¿no? -Sí.

-Me mentiste. -Mira quien habla.

Pues ahora ya estamos empatadas.

-Yo no te he mentido a ti, Sonia, y mientras tú sigas haciéndolo,

todo esto no va a servir para nada. -¿Sabes qué?

Que para qué te lo voy a decir,

si voy a seguir fumando por mucho asma que tenga.

O sea, ¿para que me estés dando la chapa todo el día?

Además, Rober lo sabe y pasa.

-Pues qué pena.

-No hace falta que sientas lástima por mí, ¿eh?

Que ya sé que soy una causa perdida, me lo dicen cada dos por tres.

-No, no, si no siento pena por ti,

siento pena por la hora que perdí estando contigo,

porque hay pacientes que sí que quieren mejorar.

-Tranqui, que solo he venido a decirte

que tus consejos no me han servido para una puta mierda.

-Ni te van a servir, Sonia,

tu asma no va a mejorar mientras sigas fumando,

y no vas a aguantar ni un minuto en una cancha de básquet.

-¿Sabes qué te digo?

Que me la pela, paso de ti y del baloncesto,

que lo tendría que haber dejado hace tiempo.

¿Qué tengo que dejar de ir a baloncesto?

Pues mira qué problema,

imagínate el coñazo de tres veces a la semana a entrenar.

Además, que era un favor para Rober, ¿sabes?

Que a mí me la pela,

que me la suda él y me la suda todo el mundo.

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Centro médico - 17/10/18 (1)

17 oct 2018

Docuficción basada en un exitoso formato internacional que recrea cada día dos historias basadas en casos clínicos reales, curiosos y atractivos. A través de siete personajes fijos -cinco médicos y dos enfermeras- los espectadores irán conociendo los casos que llegarán a las consultas.

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